LEER PALABRAS DE RAFAEL ALFONZO HERNÁNDEZ

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Queridos amigos:
No hay futuro posible sin libertad. Nuestro continente
ha buscado afanosamente una alternativa al ser libres, ha
apostado al caudillo y más de una vez se ha entregado en
los brazos del “hombre fuerte” para conseguir como único
resultado la desesperanza y el malestar de haber perdido el
tiempo y la capacidad productiva de generaciones enteras.
En estos doscientos años de nuestra historia republicana
hemos invertido muchos de nuestros esfuerzos en buscarle
viabilidad a esa mezcla de romanticismo y socialismo utópico
que narramos con tanta belleza en el mito de El Dorado. Fue
infructuoso. Cada vez que lo intentamos salimos escaldados,
extraviados en un laberinto de desencuentros, crueldad y
miserias que siempre terminaba por colocarnos en el mismo
sitio, frente a ese Minotauro feroz que se alimenta de los
tiempos sociales mal invertidos, acumulando no solamente
pobreza sino también decepción y resentimiento.
No hay libertad posible sin propiedad y sin que se
reconozca a la propiedad como un derecho humano imperativo,
inalienable, innegociable y no interpretable desde las ganas
del poder autoritario de los gobiernos. La propiedad es esa
pretensión legítima que tiene todo ser humano de reclamar
como propio la vida, la libertad, sus opiniones, y los resultados
de su capacidad para crear. Es esa convicción de poder ser
y hacer con la única condición de no ser siervo de nadie,
pero también de evitar la servidumbre de alguien. En estos
doscientos años de búsqueda vehemente vivimos muchas
épocas en las que el emprendimiento y las ganas de realización
han tenido que subordinarse a la fatal equivocación de querer
alimentar las ganas inagotables de ese monstruo colectivo que
niega al individuo, que niega sus poderes y sus haberes, y que
puede llegar a ser capaz de sojuzgarlo solo para mantenerse
vigente.
Los seres humanos siempre han aspirado a vivir bien.
En eso consiste la prosperidad. En tener más, en ser más y
en disponer de más capacidades para tomar las decisiones
apropiadas y regir nuestras vidas. No es posible el disfrute de la
prosperidad a la sombra de un gobierno ilimitado que pretenda
tomar las decisiones que solo a nosotros nos corresponde. Es
infructuoso intentar siquiera un mínimo de autonomía si es
otro el que planifica nuestras vidas e incluso está dispuesto a
imponernos por la fuerza sus convicciones morales.
Pero la vida buena, además de ser una aspiración
indeclinable, debe ser también el resultado de un esfuerzo
constante y sistemático. Por esa razón no es viable la libertad
cuando se ve intoxicada de populismo. Nos equivocamos
cada vez que sustituimos el trabajo productivo por el ansia
de distribuir una renta que primero no hemos transformado
en riqueza. Pero no ha sido fácil superar de una vez por todas
ese “canto de sirena” engañoso y fraudulento que promete
encargarse de nuestra felicidad a cambio de entregarles
nuestro poder de realización. El populismo latinoamericano
es esa tentación constante, es ese tatuaje fiel y auténtica de las
pretensiones mesiánicas de los socialistas.
No hay otro futuro que la decepción cuando se impone
el populismo y la demagogia. Los resultados del populismo
latinoamericano están a la vista de todos. No solamente en
la explotación del resentimiento que envilece las relaciones
sociales y anula la convicción que relaciona la riqueza con
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el esfuerzo personal. También se aprecia en la pobreza que
exhiben nuestras ciudades, que está estrechamente imbricada
de ese falso mensaje que ofrece y cumple a través de la
expoliación de las oportunidades del presente y la negación
de las posibilidades del futuro. El populismo nos ha hecho
creer que el problema es la pobreza como resultado y no la
riqueza como propósito social. Por eso el mensaje populista
confisca esa fortaleza que tienen todos los seres humanos para
empinarse sobre sus propias circunstancias y hacer de la vida
de cada uno el legado que deja a las generaciones futuras. Por
eso el populismo termina convirtiéndose en un ídolo falso, en
el fraude que lo exige todo a cambio de mendrugos de presente
y ningún futuro.
No hay libertad si uno solo es el dueño de todo. No hay
libertad cuando un gobierno es la única opción para consumir
un bien, demandar un servicio, o buscar un empleo. Ese
estado omnipotente es una tentación perenne de sumisión y
entrega que nos niega y que termina repudiándonos. Se nos
ha querido vender una falacia contumaz en esa contradicción
entre el Estado y los mercados. Cada uno tiene su espacio y
su propósito. Lo que resulta un error aparatoso es que los
gobiernos pretendan sustituir los mercados. Cuando esto
ocurre terminamos atorados en la escasez, el desempleo,
la inflación y los excesos impositivos que solo sirven para
alimentar a una burocracia que se paga y se queda con el
vuelto. El capitalismo de estado no ha funcionado en ninguna
parte y en ninguna época. No funciona ni siquiera cuando
los gobiernos cuentan con renta petrolera. No funciona para
los propósitos de los países, pero si ha servido para esas
transferencias indebidas de las posibilidades sociales a través
de los trasvases de la corrupción.
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Por eso debemos decirlo con claridad: No hay alternativa a la
competencia, las sociedades abiertas, los mercados respetados
en sus propias reglas y los gobiernos que se confinan a ser
socios afables de millones de emprendimientos exitosos.
Estimados amigos.
Me gustaría que dejáramos de soñar con la libertad y que
comenzáramos a vivirla con plenitud, confianza y consistencia.
El ser libres es a la vez una vivencia y un inmenso compromiso
moral porque nos coloca en la responsabilidad de construir
y reconstruir las bases de convivencia que permita a todos
los que se atrevan el ser los héroes de su propia vida. Esos
héroes discretos que no están dispuestos a la inmolación ni a
la entrega. Esos hombres que se entienden como una increíble
circunstancia de realizaciones, que saben que no solo se
trata de la plata, sino como bien lo plantea Felícito, uno de
los personajes de la última novela de Mario Vargas Llosa,
consiste esencialmente en que “un hombre no se debe dejar
pisotear por nadie en esta vida”. Se trata de eso, no más, pero
no menos.
Todos los que estamos aquí sabemos que la libertad no ha
dejado de ser uno de esos retos inextinguibles que unos viven
con mayor esplendor y otros con más oscuridad. Algunos
estarán en la capacidad de afirmar que el camino del bienestar
está adosado de libertades que hoy se disfrutan y se cuidan
con cautela. Desde la contracorriente otros no tendremos más
remedio que decir que la ausencia de la libertad se vive en forma
de ruina, carencias y represión crecientes. Desde el penoso
contraste a los avances de otros, algunos podremos exhibir el
testimonio que surge del retroceso, cuando la libertad no es
otra cosa que un anhelo que a veces sentimos lejano, porque
los tiempos difíciles también son propicios para demostrar que
hay inmensas diferencias a la hora de juzgar por qué vivimos
o no vivimos una vida buena. Algunos podrán compartir con
nosotros sus temores, al pisar ese hielo quebradizo que supone
encarar las tentaciones constantes de ese inmenso ogro que
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acecha a la vuelta de la esquina para volver a engatusarnos.
Otros podremos contar cómo se vive desde las fauces de ese
monstruo, cómo disuelve lo mejor del hombre y cómo termina
engullendo su claridad de miras para volverlo parte de esa
cosa informe y confusa que es el totalitarismo.
Cedice Libertad nació para apostar fuerte a la vigencia
del valor y la práctica de la libertad. Nunca pensamos que el
combate iba a ser tan arduo y tan largo como estos 30 años
han demostrado. Tampoco imaginamos que íbamos a tener
la inmensa suerte de contar con la presencia, el respaldo y
las convicciones de todos Ustedes. Ha sido y seguirá siendo
siempre un honor y un inmenso compromiso el sabernos
soldados dispuestos a defender la condición más noble, pero
también más incomprendida del hombre.
Por eso mismo aquí estamos para debatirlo todo y demostrar
desde la discusión de las ideas que nunca se apagará en nuestra
América esas ganas de realizar nuestros sueños, que seguimos
invictos y firmes en las convicciones, que la libertad es ese don
preciado y envidiado que tenemos como atributo exclusivo,
y que seguiremos dando la batalla para que todos, desde el
más modesto hasta el más encumbrado, pueda disfrutarla a
plenitud y sumarse a nosotros en su defensa. Porque de lo
que se trata es de intentar una sociedad en donde nadie quiera
pisotear a nadie, y en donde nadie tenga razones para dejarse
pisotear alguna vez.
Bienvenidos y muchas gracias.
Rafael Alfonzo Hernández
Presidente de CEDICE LIBERTAD
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