Reflexiones sobre el tiempo y el espacio. - UAM-I

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Reflexiones sobre el tiempo y el espacio.
Caupolicán Muñoz Gamboa,
Departamento de Ingenierı́a Eléctrica,
UAM–Iztapalapa
Recibido: 16 de marzo de 2007
Aceptado: 25 de junio de 2007
do lo que podemos observar en nuestro más próximo
entorno, la destacada caracterı́stica de que prácticamente todas las cosas nos parece que tienen un tamaño determinado o una duración establecida. Sólo
el universo mismo nos puede dar la idea de una extensión infinita y de una existencia perpetua. Sin
embargo, conviene recordar que hasta los astrofı́sicos coinciden en que hubo un momento de inicio
(algo ası́ como el tiempo cero) con el denominado big bang (o gran estallido), aunque todavı́a debaten acerca del tamaño del universo y no se ponen de acuerdo en que si éste es finito o infinito, pero tampoco concuerdan en que si el cosmos es eterno
o tendrá un final (o como suele llamársele, un big
crunch— gran compresión).
Resumen
Se reflexiona sobre ciertas caracterı́sticas importantes del universo, en especial del tiempo, en relación
con nuestras limitadas percepciones, hasta llegar a
encontrar algunas consecuencias inesperadas y establecer para ciertos casos particulares posibles implicaciones en los mundos de la imaginación y de la
literatura.
Introducción
Los humanos somos criaturas que nos desenvolvemos en el tiempo y en el espacio, pero estos dos elementos de la realidad difieren notablemente entre sı́.
La fı́sica supone que estamos inmersos en un universo de cuatro dimensiones compuestas de volumen
(alto ancho y profundidad) y tiempo, sin embargo,
para nosotros resultan ser percepciones muy diferentes. Por otra parte, la fı́sica considera al tiempo como una dimensión “imaginaria”, lo cual en términos matemáticos, significa que los tres ejes del espacio son de números reales pero el cuarto – el tiempo – es un eje imaginario el cual se suele considerar multiplicado por la letra “j” en las ecuaciones.
Por otra parte la vida, como la conocemos, se caracteriza desde el punto de vista temporal en forma muy distinta porque siempre tiene un primer
momento de inicio, un segundo periodo más o menos largo de subsistencia, que incluye un crecimiento y un desarrollo sostenido para rematar en una declinación, y un tercer instante en que todo concluye. Ası́ ocurre con cada ser viviente, ha pasado con
una buena parte de todas las especies conocidas y sucede hasta con los objetos inanimados. Desde el punto de vista de la dimensión, es bastante claro que para nosotros todo lo observable tiene una medida finita. Tal vez por estas especiales propiedades que tiene todo lo conocido, el ser humano tiende a pensar
en la eternidad y en el infinito como cualidades inalcanzables para él (y para todo lo demás, por supuesto) y solamente las considera factibles cuando se trata de entidades religiosas o de conceptos matemáticos, ya que muchos de éstos son concebidos de modo que sı́ pueden llegar a ser perpetuos y(o) de dimensión infinita.
Nuestra percepción del mundo coincide un poco con
la de la fı́sica porque, aunque nos podemos desplazar con entera libertad por los tres ejes del espacio (si descartamos los naturales obstáculos fı́sicos), no ocurre lo mismo con el tiempo, ya que nos
puede parecer que estamos “atrapados” en él, “moviéndonos” todos juntos hacia adelante a una “velocidad constante” que no podemos alterar desde nuestro nacimiento hasta el presente y, seguramente, hasta el final de nuestras vidas. Por ello, el tiempo puede ser motivo de reflexiones o de consecuencias como las que se incluyen en este artı́culo.
Fuera de estos dos casos, se antoja pensar si
tirá en la naturaleza algún objeto, ente
co, fenómeno o evento con caracterı́sticas de
nidad. Pero esta ilusión se desvanece con la
Perpetuidad y extensión
El medio en el cual nos desenvolvemos tiene, para nuestros mortales e imperfectos sentidos y en to61
exisfı́sietercien-
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se después del big crunch serı́a la continuación del actual.
La diosa Nut es ayudada por el dios Shu.
La figura reclinada es el dios Qeb de la tierra.
cia, porque de acuerdo a las teorı́as más modernas, que ya hemos mencionado, el propio universo parece tener, cuando menos, un inicio (por lo que
no serı́a raro que también resultara tener una extensión finita o que tuviera un final por muy remoto que éste sea), por lo que la imaginación tiende a pensar que todo en el mundo material debe comenzar, existir y terminar. Parece que la experiencia y el razonamiento llevan como primera impresión a la única conclusión posible que consiste en que no sólo las inmensas galaxias, las estrellas, la tierra, todo lo que hay en ella, el propio universo y hasta nosotros mismos como individuos o especie estamos sometidos a experimentar estas tres etapas.
Sin embargo todavı́a puede quedar para nosotros
una esperanza de eternidad porque, desde otro punto de vista, aunque la materia representada por los
átomos puede ser destruida y recompuesta, ası́ como la energı́a puede ser transformada en mil maneras diferentes, no hay que olvidar que la teorı́a de
la expansión del universo también predice como posibilidad que el propio universo puede terminar colapsándose en un punto como al principio. De modo que si no es eterno, al colapsarse existe la posibilidad de que pueda dar lugar a algo nuevo. Esto serı́a
muy similar al principio de conservación de la masaenergı́a que establece que la materia y la energı́a no
se crean ni se destruyen, ya que sólo se transforman. Visto ası́, el “nuevo universo” que podrı́a crear-
Por otra parte debe recordarse que la muerte de
los individuos en lo particular facilita la continuación de la vida de la especie en su totalidad. Por
eso, desde este punto de vista, aunque los individuos no puedan hacerlo, la especie alcanza un granito de eternidad, aunque ésta también pueda extinguirse. Además, la desaparición de algunas especies allana el camino para otras más adaptadas al
medio. De la misma forma, debemos considerar seriamente que los continuos cambios fı́sicos que cambian o transforman (por ejemplo) el polvo en rocas, las rocas en arena o las estrellas en energı́a, sólo
implican el final para una forma de existencia, pero al mismo tiempo posibilitan otra nueva y diferente. Por ello, aunque en la búsqueda de un ideal concreto de perennidad sólo se encuentre muerte, cambio y transformación, este mismo resultado quiere
decir que de una u otra forma se hace realidad el mito del Ave Fénix que renace de sus cenizas y por esta simple razón logra aproximarse al infinito y tocar un poco de eternidad. Todo lo contrario de la visión antigua del universo que suponı́a que todo era
estable, fijo e invariable, aunque ya sabemos que no
es ası́.
Estabilidad
A través de casi toda la historia, el género humano
ha tenido la tendencia a considerar que el universo es permanente, estático e inalterable. Esta visión contribuyó en la antigüedad a formar la idea
de que es un producto perfecto de la divinidad porque a los ojos del ser humano medieval, por ejemplo, el sol salı́a con mucha puntualidad cada dı́a, los
astros y las estrellas cruzaban con constancia el cielo nocturno, las estaciones se sucedı́an con gran regularidad y las posibles variaciones a esta armonı́a eran
tan pequeñas que no eran observadas o no se consideraban como reales alteraciones al concierto universal. Por ello, los movimientos aparentemente erráticos de los planetas, las estrellas fugaces, los eclipses y otros fenómenos extraordinarios para aquellos
dı́as eran objeto de curiosidad y de estudio para tratar de encontrarles una explicación que no rompiera con esta idea de estabilidad.
Por otro lado, era ampliamente aceptado que el orden cósmico tenı́a estrecha vinculación con el destino humano por medio de la astrologı́a (seudo ciencia que todavı́a conservamos), lo que no sólo significa
que los destinos de todos los seres humanos están es-
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llo. Un momento importante ocurrió cuando la propia representación geocéntrica tuvo que ser desechada dolorosamente, para ser sustituida por la visión
heliocéntrica. El duro golpe al ego humano, sin embargo, se vio compensado con una mejor explicación del movimiento supuestamente irregular de los
planetas.
Mapa celeste de Suzhou, 1247
critos en forma inalterable en las estrellas, sino que
también implica que la misma vida diaria forma parte de la idea divina del universo y que está comprendida en la totalidad de la creación, lo que reforzaba el concepto de estabilidad generalmente aceptado en esa época.
Este pensamiento era admitido tan universalmente que el propio Kepler, antes de establecer las leyes que gobiernan el movimiento de los astros, dedicó parte de su tiempo a escribir tanto almanaques
como horóscopos e intentó en vano situar a los planetas en el interior de esferas cristalinas que cumplieran con la proporción áurea o que estuvieran situadas a distancias definidas por medio de los cinco poliedros regulares. Este intento inútil da una idea de
hasta donde se podı́a llegar tratando de respetar la
opinión de la época y de conservar la idea de perfección inalterada.
Pero este pensamiento llevó a nuestros ancestros a
imaginar necesariamente que el universo, además de
perfecto, es estable, geocéntrico, infinito y eterno.
Los primeros indicios de que algo no funcionaba bien
con esta visión aparecieron cuando se encontró que
las pequeñas variaciones que experimentan ciertos
eventos astronómicos son incompatibles con esta
concepción, aunque el proceso no fue nada senci-
En los últimos tiempos la idea (apoyada por los nuevos descubrimientos y teorı́as astronómicas) de que
el cosmos no cumple con las caracterı́sticas ideales de inmovilidad y eternidad que tradicionalmente se le habı́an asignado se ha convertido en un concepto del dominio popular. En efecto, el sistema solar
y los planetas (incluida la tierra) han existido solamente durante los últimos miles de millones de años
y al propio sol se le supone que tendrá una existencia de tan sólo unos 10 mil millones de años más.
En forma similar, ya se sabe que las más grandes estrellas tendrán un periodo de declinación y muerte en forma de gigantes rojas o supernovas, algunos de cuyos acontecimientos ya han sido observados
y son motivo de comprobación permanente por parte de los astrónomos. De igual forma, todos los objetos astronómicos (incluyendo galaxias, cuásares, pulsares, etc.) tienen una vida limitada, aunque ésta pudiera ser extremadamente larga. Y como si esto fuera poco, hoy es posible imaginar que el propio universo, que según se supone deberı́a tener actualmente alrededor de 14 mil millones de años, en algún momento futuro podrı́a comenzar a colapsarse y terminar convertido en un solo punto súper concentrado. Exactamente en la misma forma en que, según
las más modernas teorı́as, comenzó.
Frente a estas alternativas de cambio, muerte y
transformación, que contrastan con las antiguas
ideas tradicionales de estabilidad y permanencia, el
hombre moderno debe reflexionar sobre su propia
persona intentando sacar provecho de la falta de estabilidad para adaptarse a este continuo cambio y salir fortalecido de este ejercicio. Si nada de lo que
se conoce es estable, infinito y posiblemente ni siquiera eterno, conviene tenerlo muy presente porque
tarde o temprano puede producirse un cambio sorprendente que ni siquiera podemos imaginar en estos
momentos.
Por otra parte, para nosotros el tiempo suele dividirse en pasado, presente y futuro en virtud de que
somos criaturas que “viajamos” en él. Aunque estamos permanentemente experimentando el presente y, muchas veces soñando con el futuro para tra-
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hace unas cuantas fracciones de segundo (aunque
también en tiempos menos cortos y bastante más
largos) constituyen el universo donde el ingeniero
y el cientı́fico encuentran elementos de juicio para realizar predicciones de variables o de procesos
que cambian con rapidez. Estas herramientas les
permiten diseñar estructuras, procedimientos, equipos o aparatos que serán seguros y funcionarán
adecuadamente.
Radiación cósmica de fondo.
Cada grupo de picos corresponde a una radiogalaxia.
tar de dilucidarlo, resulta que el pasado es el lapso de tiempo que tiene como consecuencia lo que
hoy somos en el presente. Además, muchas veces debemos tomarlo como punto de partida para imaginar nuestro futuro y a veces para intentar controlarlo, si es que no podemos adivinarlo.
El pasado como elemento para predecir
Como ya se ha mencionado, el pasado tiene gran
importancia cuando se trata de anticipar el futuro, ya que proporciona elementos de juicio para imaginar o suponer lo que posiblemente ocurrirá. La información que se disponga sobre los acontecimientos
que ya han sucedido puede permitir que se identifiquen tendencias o situaciones estables que de manera concebible permanezcan aproximadamente constantes o, también, que puedan cambiar en forma previsible. Pero ¿qué es realmente el pasado?
Los acontecimientos un poco más antiguos, de hace algunas horas por ejemplo, son la materia prima con que trabajan los comentaristas de la radio y
la televisión (polı́ticos, económicos o deportivos) tratando de sacar conclusiones inmediatas de lo acaecido. En cierta forma, obtienen predicciones generales
que tratan de delinear el futuro respectivo. También
son elementos importantes de trabajo para los periodistas en general, aunque sólo los presenten sin sacar conclusiones.
Si se avanza otro poco hacia atrás en el tiempo, se encuentra con que los sucesos de los últimos dı́as semanas o meses casi constituyen el presente, puesto
que son el entorno en el cual nos encontramos. Aunque tales hechos se encuentren impresos en los diarios y revistas, y sean circunstancias imposibles de
modificar, porque ya ocurrieron, forman parte de la
actualidad. Seguirán siendo contemporáneos a nosotros y motivo de comentarios permanentes en la calle, en la oficina o en el café, porque a todos nos atrae
la incógnita sobre las consecuencias que estos sucesos pueden acarrear.
Siguiendo en la dirección del pretérito, se llega al
ámbito donde los historiadores se mueven con gran
soltura y donde los eruditos de las humanidades tratan de delinear o de encontrar los orı́genes de nuestra cultura, por ejemplo. Con tales conocimientos
Considerando que lo conforman todos los hechos
acaecidos, los que hace poco acaban de ocurrir y los
que están sucediendo en este momento también deben formar parte de él, ya que el momento presente se va convirtiendo en la historia reciente en forma constante y esta última en historia más antigua, de modo que puede suponerse que los acontecimientos remotos deben organizarse de alguna
manera.
En efecto, desde el punto de vista de quién se interesa en ellos, los hechos que han ocurrido sólo
Placas de hielo en Europa, luna de Júpiter
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tal vez puedan deducir lo que ocurra con ella, como consecuencia. Aquı́ también se encuentran las
raı́ces de la religión, de los procesos sociales y polı́ticos, ası́ como de las costumbres, la moda o la
economı́a.
Todavı́a más atrás en el tiempo, se encuentra el espacio que interesa al arqueólogo y al antropólogo, cuando tratan de saber más sobre el origen del ser humano, de las circunstancias que tuvo que enfrentar desde el momento en que apareció sobre la tierra, de establecer los efectos que tuvieron sus acciones y también, al conocer mejor al ser humano, de las
consecuencias que tendrán nuestras propias acciones. Asimismo, los cientı́ficos de las ciencias biológicas actuando en forma similar, aunque con un horizonte más lejano, utilizan la información de este lapso del tiempo para tratar de inferir las condiciones
del nacimiento y la evolución de la vida. Y si se continúa avanzando hacia atrás, se llega a la etapa primitiva del planeta y del universo, en la cual los geólogos, astrónomos y fı́sicos tienen gran interés para explicar la formación de las rocas, de los astros y del
propio universo.
Como puede verse, la relación causa –efecto o de
origen–– consecuencia aparece como una constante en todos los casos. Por esta razón es que, sin importar el intervalo del tiempo que se escoja como espacio de estudio, de interés o de búsqueda, la motivación para realizar tales actividades se encuentra en el momento actual, donde todos los acontecimientos ocurridos convergen y donde se genera el presente. Porque es el instante presente donde las cosas tienen lugar y donde, además, se entreabre un poco la puerta del porvenir. Tal vez sea esa la
razón por la cual muchas personas tienen concepciones muy especiales respecto del tiempo y del universo, como la idea de construir una máquina de movimiento perpetuo o de “ver” a través del tiempo
en forma similar a como vemos en las otras tres dimensiones o de moverse hacia delante o hacia atrás,
como si pudiéramos desplazarnos en él con entera
libertad.
Perpetuum mobile
El deseo de construir una máquina que funcione permanentemente sin consumir energı́a es una fantası́a
del ser humano que se remonta a tiempos muy antiguos, por lo que de cuando en cuando es posible ver
cómo aparecen inventores o soñadores que creen haber encontrado una solución concreta y maravillosa a este viejo anhelo.
Máquina de movimiento perpetuo diseñada
por Villard de Honnecourt, 1250
La idea es muy simple y no por ello menos compleja: se trata de construir fı́sicamente una máquina o dispositivo (podemos suponer que es un motor),
el cual pueda trabajar eternamente sin que sea necesario proporcionarle energı́a ni combustible. Debe funcionar por sı́ solo y, lo más importante, debe entregar una cierta cantidad de potencia para que
ésta sea aprovechada eventualmente.
Tal dispositivo tendrı́a un éxito increı́ble en la actualidad puesto que serı́a una fuente inagotable de
energı́a que terminarı́a desplazando a los combustibles fósiles (carbón, petróleo, etc.), harı́a innecesaria la construcción de presas hidroeléctricas o centrales núcleo eléctricas, serı́a más económico que utilizar la energı́a solar, etc. Por tal razón se convertirı́a en el más grande descubrimiento de la historia y acabarı́a resolviendo los principales problemas
de nuestro mundo moderno. Seguramente lo maravilloso que podamos aventurar en relación con este artilugio fantástico también nos pondrá incrédulos respecto a su viabilidad. En efecto, cualquiera puede tener una actitud escéptica frente a la idea de obtener tanto con tan poco o con nada. Muchos cientı́ficos dirı́an con mucha razón que en esta forma se es-
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tarı́a “burlando” la ley de la conservación de la materia (masa) y de la energı́a al generar una potencia de la nada. Esta ley dice que en todos los procesos que se llevan a cabo en el universo nada se
crea y nada se destruye, porque la masa y la energı́a
sólo se transforman, lo cual quiere decir que si queremos obtener algo, tendremos que proporcionar o gastar otra cosa.
Un motor de automóvil funciona al quemar combustible, un motor eléctrico por el consumo de electricidad, una turbina se mueve con la energı́a potencial del agua al caer de la represa, una central núcleo
eléctrica con la fisión de núcleos atómicos, el molino de viento gira con energı́a eólica, la celda fotoeléctrica produce una corriente cuando sobre ella
incide energı́a luminosa, las baterı́as producen voltaje por medio de una reacción quı́mica, la radiación solar puede calentar el agua, etc. En estos ejemplos la energı́a de un determinado tipo se utiliza para alimentar el dispositivo, máquina o artilugio, el
cual sólo la transforma en otro tipo de energı́a, o (en
su caso) la pequeña cantidad de masa que se pierde cuando los núcleos son fisionados se ha convertido en energı́a, por lo que en ningún caso ésta ha sido creada de la nada.
Por tanto, si se quiere obtener movimiento (energı́a
mecánica) de un motor hay que proporcionarle otro
tipo de ella, la que puede ser térmica, eléctrica,
mecánica, quı́mica, radiaciones, etc. En este proceso siempre hay una cierta pérdida debida a fugas, calentamiento o roces, a las imperfecciones del proceso que lo hacen poco eficiente o al diseño mismo del
aparato. A causa de estas pérdidas tampoco es posible mantener funcionando una máquina en ciclo
cerrado (sin extraer energı́a de ella) por un tiempo indefinido, porque tarde o temprano ésta se detendrá al agotarse la energı́a disponible debido a
las inevitables pérdidas, aunque hay algunos interesantes intentos que valdrá la pena revisar en otra
ocasión.
A pesar de todas estas restricciones, el ser humano se
ha puesto a la inútil tarea de construir tales dispositivos, esfuerzos que se llevan a cabo incluso en la actualidad, aunque sea en forma simulada con la ayuda de la computadora personal y con una muy buena dosis de imaginación. Los interesados en estos esfuerzos para alcanzar el movimiento perpetuo y en
los problemas asociados a él, pueden visitar algunas de las varias direcciones de Internet para conocer los problemas allı́ planteados e intentar resolver-
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los. Con un poco de intuición y de ejercicio lógico podrı́an explicar por qué no pueden funcionar
algunos de los artilugios allı́ presentados, podrı́an
tratar de construir una nueva máquina maravillosa que resuelva los problemas de energı́a del mundo (aunque esto es muy dudoso), ganar un pequeño
premio o, cuando menos, intrigarse analizando artefactos que funcionan aparentemente sin consumir
energı́a.
Ver y viajar por el tiempo
Pero, si extraer energı́a de la nada en un tiempo
muy largo o infinito es una aspiración que no ha sido concretada hasta ahora y que todo indica que no
se podrá lograr, los viajes en el tiempo son también
una idea tan descabellada como la anterior. En nuestro mundo moderno, H. G. Wells es uno de los primeros en plantear en La máquina del tiempo la posibilidad ficticia de viajar en el tiempo hacia atrás y hacia adelante. Esto último implica adelantarse a los
acontecimientos del futuro, conocerlos con anterioridad y vivirlos personalmente antes de regresar al
tiempo original. Aunque en la novela se eluden parcialmente los problemas de que el viajero se encuentre consigo mismo en alguno de sus viajes o que altere el futuro con su presencia en el pasado, no deja de ser interesante la forma en que se resuelve la
trama, ni el enfoque totalmente diferente que se hace sobre la naturaleza del tiempo. Como se sabe, este tema ha creado un pequeño género de ficción que
ha dado lugar a varios libros y pelı́culas que exploran la posibilidad de visitar el pasado o adelantarse a los acontecimientos.
Asimismo, aunque la idea de hurgar en el futuro pueda ser considerado como algo insensato, en la actualidad es posible encontrar en las páginas de la mayor parte de las revistas, diarios y periódicos de gran
circulación, una sección de horóscopos que permite al lector anticipar su futuro o tener una lı́nea general de los acontecimientos que le esperan (aunque
en realidad es a modo de juego y según las propias
creencias personales). Adicionalmente, la modernidad ha incorporado a la cultura popular otros mecanismos de adivinación (también con muy poco sustento cientı́fico), como son el biorritmo, el cual viene a ser una especie de horóscopo numérico, junto con el espiritismo, la quiromancia, el tarot, la
tabla guija, ası́ como a una serie de adivinos, gitanos y brujos del más diverso tipo, cuya principal función es satisfacer la necesidad del ser humano de escudriñar el futuro porque ésta parece
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ser la motivación final de los anteriores métodos de
adivinación.
Por otra parte, en los principales medios de difusión
modernos también pueden encontrarse los pronósticos del tiempo para información del público en general. Debe recordarse que estos pronósticos señalan, a
grandes rasgos, las modificaciones que sufrirá el clima en las próximas horas o en los próximos dı́as, lo
que sugiere un cierto contenido de predicción. El estado de la técnica es tal que el porcentaje de aciertos
es elevado, llegándose a determinar con errores mı́nimos los valores extremos de temperatura y la evolución del clima en todo el mundo.
Como si esto fuera poco, los actuales fı́sicos de las
partı́culas subatómicas, no sólo consideran como algo cotidiano lo que dice la relatividad acerca de que
todos los cuerpos móviles se mueven también hacia el futuro, aunque más rápidamente que los cuerpos inmóviles, sino que han especulado también sobre la existencia de partı́culas que tendrı́an la propiedad de avanzar en el tiempo en sentido inverso (hacia el pasado), aunque muy brevemente.
Todas estas actividades son una especie de preludio de viajes por el tiempo, que intentan seguir la
trayectoria trazada por Wells en alguna forma. Razonando en esta dirección, puede reflexionarse que
si las aves deben prepararse durante algún tiempo
(sin poder volar), para finalmente emprender el vuelo, ¿por qué no imaginar que estos intentos de escrutar el futuro puedan ser una forma de preparación del ser humano para realmente tener una visión hacia el futuro y hacia el pasado? Todo nos indica que tal vez nunca lleguemos a observar en esta forma el tiempo y mucho menos a viajar por él.
Pero, ¿acaso el género humano no ha soñado desde siempre con esta posibilidad?
A prueba de fallas
Más realista que las anteriores aspiraciones de muchos seres humanos, resulta el deseo de todo diseñador de aparatos tecnológicos de la ingenierı́a aspirar a que estos nunca fallen o se detengan sin importar el tiempo de uso de ellos y a pesar de los inconvenientes que pueden retardar, impedir o simplemente eliminar las funciones para las cuales fueron concebidos. Como la tecnologı́a es el eje angular
de nuestra vida moderna parece inevitable que tarde
o temprano tengamos que encontrarnos con máquinas o dispositivos que realizan alguna función especialmente útil para nosotros y posiblemente indispensable. Por esta misma razón, cuando alguno de
Imagen satelital de distribución de temperatura
estos artefactos comienza a fallar, a cometer errores o definitivamente se niega a funcionar, nuestra vida se trastoca, nuestro mundo se vuelve caótico y
quisiéramos que alguien inventara una máquina perfecta que resultara a prueba de fallas.
Este deseo ha motivado la imaginación de múltiples inventores que se han dado a la tarea de encontrar tales dispositivos. Por eso actualmente disponemos del vidrio inastillable, del plástico irrompible,
del piso antirresbalante, del reloj a prueba de agua,
de la ropa que no se arruga, de la tela que no encoge, y de muchas otras innovaciones similares que parecen ser una buena solución a ciertos problemas, pero lo verdadero es que bajo ciertas condiciones todas
ellas pueden fallar. Algunos ejemplos históricos famosos son el Titanic, diseñado para nunca hundirse,
y la lı́nea Maginot, construida para detener el avance del ejército alemán en la segunda guerra mundial. Otro ejemplo muy conocido, tomado de la biblia, es la torre de Babel cuya erección fue planeada para alcanzar el cielo, pero que nunca fue concluida y terminó confundiendo a sus constructores.
Una vez que hemos identificado nuestro deseo de resolver un problema mediante el instrumento supuestamente perfecto, la pregunta que surge es ¿existirá la máquina que nunca falle? La ingenierı́a ha logrado desarrollar múltiples mecanismos que de cierta forma son a prueba de fallas, algunos de los
cuales son los siguientes 1) los circuitos integrados
electrónicos, que por estar construidos en un blo-
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que sólido de silicio tienen una estabilidad fı́sica que
les permite operar correctamente por un tiempo virtualmente indefinido; 2) los sistemas digitales, que
prácticamente son inmunes al ruido y otras interferencias porque trabajan codificando las señales con
pulsos lo que implica que están muy bien protegidas;
3) los códigos de transmisión de información con detección y corrección de errores, ya que pueden reconocer un error y en casi todos los casos, corregirlo; 4)
los sistemas automáticos, que están programados para evaluar diferentes situaciones y tomar la mejor decisión en cada situación para corregir o modificar
adecuadamente un sistema; además de un sinnúmero de técnicas avanzadas que son muy poco conocidas por la generalidad de la población. Sin embargo,
cuando se trata de sistemas muy complejos el número de partes o de elementos que lo constituyen hacen
que la probabilidad de falla de cada uno de ellos influya muy fuertemente en la probabilidad de un desperfecto general. Esto significa que, como todo puede fallar, lo más que podremos hacer para desarrollar nuestra máquina perfecta es tener una probabilidad de fallas muy baja, porque lamentablemente ésta nunca será igual a cero.
Efectivamente si, por ejemplo, queremos regular el
tránsito en un cruce importante sin que se presenten
errores o mal funcionamientos, podrı́amos imaginarnos un semáforo que cuando no haya energı́a, tenga
baterı́as de respaldo; cuando alguna de sus lámparas
se funda, que tenga otra de reemplazo; que esté perfectamente aislado de la lluvia y de las inclemencias del tiempo; que cuando su reloj falle, disponga de otra referencia de tiempo o de otro reloj; que
no requiera de intervención humana, para estar libre
de los clásicos errores humanos; que no tenga partes móviles sujetas a desgaste, para evitar el envejecimiento; que sus conexiones eléctricas sean duraderas,
etc. En tal caso estarı́amos pensando en un semáforo con componentes redundantes y con la capacidad
de auto reconfigurarse, porque cuando algún componente falle, habrá otro que lo sustituya en sus funciones sin que la operación total se altere.
Sin embargo, a pesar de todas las precauciones que
hemos tomado, si a este dispositivo no se le proporciona mantenimiento especializado y continuo pueden ocurrir muchos acontecimientos catastróficos.
Por ejemplo, las baterı́as de respaldo llegarán a agotarse después de algún tiempo, las lámparas de reemplazo se fundirán como cualquiera otra, las vibraciones terminarán afectando a las conexiones eléctricas lo que puede generar falsos contactos en ciertos
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casos y, tarde o temprano, las referencias de tiempo fallarán en forma simultánea Adicionalmente, todos los componentes electrónicos, que son los elementos más estables, envejecen naturalmente aunque este proceso sea lento, y son afectados por la temperatura y las radiaciones, entre otras cosas. Y como si todas estas contingencias fueran pocas, nuestro semáforo puede ser alcanzado por un rayo o ser
derribado por un accidente.
En consecuencia, si no existe personal técnico para revisar, mantener, poner a punto, arreglar, modificar o reparar un dispositivo cualquiera, llegará necesariamente el momento en que fallará sin remedio, lo
que nos demuestra que la supuesta máquina a prueba de fallas que estamos imaginando no existe sin la
intervención humana y que si se reúnen las condiciones favorables para ello, todas fallarán sin importar lo complejas y costosas que sean.
Es como para que sigamos confiando en que sólo
el ser humano es capaz de reflexionar sobre el universo, hacer volar la imaginación, desarrollar grandes ideas y en esta forma confiar en que todavı́a somos necesarios en nuestro mundo moderno mecanizado y tecnificado.
Bibliografı́a
1. Big Bang: The origin of the universe, Simon
Singh, HarperCollins publishers Inc., 2004, Nueva York.
2. Harry Gilbert y Diana Gilbert Smith, Gravity,
the glue of the universe: History and activities,
1997, Teacher Ideas Press, Englewood, CO.
3. http://www.geocities.com/RainForest/5832
/index.html (entre otros).
4. Stephen Hawking, A brief history of time, 1996,
Bantam Books, Nueva York.
5. H. G. Wells, The time machine, 1st World Library – Literary Society, 2004, Fairfield, IA.
cs
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