¿Ausencia, `minusvalía` y estafa de nuestros servicios públicos

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¿Ausencia, `minusvalía` y estafa de nuestros
servicios públicos?
Por Roberto Bertossi
Investigador CIJS – UNC.
No disponemos de servicios públicos en cuanto tales. En efecto, esto es así conforme la
ausencia de sus propias características y condiciones. Veamos las mismas una por una: a)
continuidad; b) confiabilidad; c) generalidad, d) uniformidad; e) regularidad; f) calidad y
eficiencia; g) información adecuada y veraz; h) tarifas justas y razonables; i) regulación de
los servicios públicos con la necesaria participación de los usuarios; j) autonomía del
usuario.
La pronunciada heteronomía en la concesión/prestación/regulación de servicios públicos
como contraposición a una elemental autonomía e independencia de los usuarios, es tan
irrefutable como perniciosamente inaceptable.
Los usuarios de servicios públicos ante el imperio de tal heteronomía, exhiben voluntades
y conductas que no se encuentran determinadas por su razón, sino impuestas
perjudicialmente por ´fuerzas´ ajenas y extrañas a esta.
Claramente, en materia de servicios públicos, entre nuestra Constitución Nacional (Arts.
14, 42, 43 y cc.), la ley o, las Corporaciones, lamentable y arcaicamente, prevalecen estas
últimas, todavía.
Si consultáramos las normas magnas citadas o, Vg., el artículo 194 del Código Penal: “El
que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento
de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios de comunicación, de provisión de agua, de
electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a dos años“,
constataríamos su inoperancia práctica/operativa por “prudencia, impotencia u omisión
judicial”.
Concretamente en lo concerniente al derecho (no absoluto) de huelga y sus implicancias
negativas en la regular prestación de servicios públicos, emergen en primer término,
invariables discontinuidades tan dañinas como desaprensivamente denigrantes.
Concretamente, la totalidad del servicio de que se trate no podrá ser interrumpida ni
discontinuada sin admitir una penosa y recurrente preponderancia anárquica de intereses
corporativos sobre el interés público general.
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Por todo eso, las características de los servicios públicos deben ser aseguradas siempre.
Caso contrario, cada gremio o sindicato infractor, socialmente irresponsable, debiera ser
pasible de las sanciones correspondientes establecidas en las leyes respectivas como en
nuestro Código Penal vigente, mucho más allá de lo básico en términos de estricta justicia:
“día no trabajado, día no cobrado” y, todo ello, sin eludir políticamente la intervención
cautelar administrativa de la Secretaria/Ministerio de Trabajo respectiva, sin perjuicio de
la correspondiente indemnización a cada usuario damnificado porque “…sólo si las leyes
justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los
lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes
tenemos alguna autoridad…”(Felices los que trabajan por la paz, p.6; Conferencia Episcopal Argentina, Mayo
2014)
Esto es así, porque en la prestación de un servicio público, todas sus actividades deben
ser consideradas como esenciales e ineludibles, sin excepción, en orden a impedir caos
renovados e ir recuperando simultánea y efectivamente la supremacía de la Constitución,
de la ley y de los Usuarios sobre las Corporaciones, definitivamente.
Las anomalías cotidianas en la prestación de los servicios públicos argentinos, provocan
crecientes irritaciones, rabietas, enfurecimientos y multitudinarios enojos, resumiendo, un
estado de crispación que se viene instalando en la población de usuarios, una población
también harta y asqueada de estructurales corrupciones en las concesiones y regulaciones
respectivas.
Finalmente entonces, urge desactivar tanta violencia por incumplimiento e
irresponsabilidad estatal respecto a una de sus primeras obligaciones como la de asegurar
una plena vigencia de los derechos y garantías reconocidos en las Constituciones de la
Nación, de las Provincias y Municipios en su caso, como de las leyes que reglamenten su
ejercicio. Ya es hora de que el Estado regenere su funcionamiento, observando y haciendo
observar un desempeño solidario y de servicio estatal en todos los aspectos de su
actividad, garantizando en nuestro caso, la calidad, eficiencia y justo precio de las
prestaciones y servicios a su cargo como de aquéllos otros que estén sujetos a su
regulación, control y sanción; (Vg., saneamiento, gas, educación, salud, seguridad y tales).
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Maestría en derecho, economía y administración de los servicios públicos; 2005
(USAL, Carlos III de Madrid y Universite Paris X Nanterre)
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