COMENTARIO FILOLÓGICO Heródoto nos habla en estos fragmentos, que se encuentran en su primer libro, de las diversas costumbres que podemos encontrar dependiendo del pueblo del que se trate, en esta ocasión en concreto, en Lidia o en Persia; pero se centra sobre todo en las costumbres del pueblo persa ya que muestra sus costumbres en cada uno de los ámbitos: religión, trato, guerra, moralidad... El historiador comienza hablándonos de Lidia. Al comienzo de su narración, se podría decir que parece que desprecia un poco al territorio de los lidios, pues asegura que en Lidia no hay nada fuera de lo normal para describir, exceptuando unas pepitas de oro que se encuentran en Tmolo. Sin embargo, en este lugar encontramos la sepultura de Aliteo, padre de Creso, personaje del que hablamos en la tarea anterior (Presentación de Cresos). Pero lo más relevante y curioso de este fragmento lo hallamos en ἐνεργαζόμεναι παιδίσκαι (prostitutas). Heródoto nos ha dejado saber que en Lidia las mujeres se prostituían para poder adquirir su dote y así casarse, lo que nos muestra que en esta ciudad las mujeres jugaban un papel algo más importante en el sistema androcéntrico ya que gozaban de algo más de libertad. No obstante, considero que esto tampoco es algo positivo puesto que, si en Atenas la mujer es tratada como un objeto sexual, en Lidia ella misma se considera un objeto sexual. Así pues, considero que en esta ciudad el sistema sexo-género tiene todavía más peso que en otros lugares, pues es la propia mujer la que debe vender su cuerpo (cumpliendo así las necesidades de cualquier hombre que lo desee, es decir, sometiéndose a él de todos modos) para poder casarse, o lo que es lo mismo, para someterse también a un hombre, pero a uno solo. La vida de ellas, como la vida de cualquier otra mujer, gira en torno al hombre: esta “costumbre” no cambia. En el siguiente fragmento, nos encontramos ante una situación muy complicada para los lidios ya que no está en las mismas condiciones de siempre, sino que la decadencia se está apoderando de ella. Por esta razón, comienzan a inventar distracciones para poder sobrevivir y no dejar de pensar en el hambre que tienen, y así algunos llegaban hasta los dieciochos años de vida. A pesar de esto, la situación no mejoró así que tuvieron que buscar otro lugar donde vivir. Así es como llegaron los lidios a manos de los persas, de quienes nos hablan con más precisión en estos fragmentos, según el historiador. A partir de este punto, observamos las costumbres de los persas en sus diferentes ámbitos. Pero antes de comenzar a detallar estas, hemos de aclarar que el historiador asegura que los persas son quienes menos problema tienen a adaptarse a costumbres nuevas, y nos da pruebas de ello con ejemplos como los siguientes: en el caso de realizar sacrificios, el hecho de realizarlo hacia una nueva divinidad, Afrodita Mitra (para ellos), por influencia de los asirios y los árabes. Y también en el caso de la guerra, en la que utilizan vestimentas y corazas de otros lugares: y en el caso de la relación con niños, que lo toman de los griegos. En efecto, también tienen sus propias costumbres; pero es un hecho muy digno de destacar esa facilidad para asumir y aceptar otras costumbres ya que en la antigüedad las costumbres de uno propio eran únicas, es decir, ni se cambiaban, ni se introducían unas nuevas. Así pues, en cuanto a la religión, los persas no erigían templos, altares o algo parecido a los dioses, pues no creían en unos dioses humanizados como los griegos. Por otra parte, sí realizaban sacrificios para las divinidades, pero tampoco llevaban a cabo el mismo ritual que los griegos, sino de otra manera. Entre algunas de estas diferencias, considero que la más importante a destacar es el hecho de que se pedía el bien en común, y no individualmente, pues 1 COMENTARIO FILOLÓGICO el hombre persa, al hacer un ritual, debía pedir su bien pidiendo el de todos los demás, sino no se realizaba el sacrificio. Respecto a los negocios, parece ser que se trataban cuando estaban ebrios, aunque se decidía cuáles se llevarían a término y cuáles no una vez ebrios. Pero también es interesante el tratamiento de la comida, pues, al contrario que los griegos, los persas comen más postres que comida principal ya que consideran que los postres son la comida más valiosa. En cuanto al trato, Heródoto nos cuenta que se puede saber si dos hombres son muy cercanos o poco por la manera de saludarse: si son muy cercanos se saludan besándose; y si no, simplemente se dan la mano. Y su cariño aumenta o disminuye dependiendo de si se vive más cerca o más lejos de su territorio; a quienes viven más cerca los quieren más, y a quienes viven más lejos, menos. Y Heródoto también nos muestra que los persas no entierran al hombre muerto hasta que un ave o un perro no lo han arrastrado y hasta que no están cubiertos de cera; además del hecho de que sus nombres no van en función de su grandeza sino que son iguales tanto para los hombres de grandeza como para los cuerpos, y que todos acaban por la misma letra. Ahora bien, la costumbre que más hemos de comentar es la que tienen para con las mujeres ya que podemos observar, una vez más (pues ya lo hemos comentado anteriormente), como la mujer es un sexo meramente social, pues ella, tal y como se espera en esta sociedad bajo el sistema androcéntrico, se somete al hombre, y para ella no tiene importancia hacerlo ya que tiene muy asumido que pertenece al sexo femenino y, por lo tanto, que debe hacer en concordancia a esto. De este modo, como bien nos cuenta en el fragmento 135 del libro primero Heródoto, “cada uno de ellos se casa con muchas mujeres legítimas, y todavía adquieren muchas más concubinas1.”; y ellas lo consienten y así viven felices, pues su sexo debe ser así puesto que es lo que les han inculcado desde pequeñas sus propias madres, lo que quiere decir que las mismas mujeres perpetuaban dicho comportamiento ya que así educaban a sus hijos: a ellos para someter y a ellas para ser sumisas. Finalmente, en el fragmento 136 es donde mejor podemos apreciar esta situación, pues las mujeres son quienes paren a sus hijos; sin embargo son ellos quienes se llevan el mérito por su “hombría”: “Esta hombría se muestra, después de ser el valeroso luchador, quien muestra muchos hijos; y a quien muestra la más grande cantidad el rey envía regalos durante todo el año2.”. En esta situación es evidente que la mujer es utilizada para la reproducción, pero que ni siquiera esto le otorga un mínimo de valor. Además, también hemos de fijarnos en el hecho de que son las madres quienes crían a sus hijos hasta los cinco años, es decir, quienes pasan con ellas la etapa más dura. Y no se entrega al padre antes de esta edad 1 Γαμέουσι δὲ ἕκαστος αὐτῶν πολλὰς μὲν κουριδίας γυναῖκας, πολλῷ δ' ἔτι πλέονας παλλακὰς κτῶνται, Las Nueve Historias de Heródoto, Libro I (135) 2 Ἀνδραγαθίη δὲ αὕτη ἀποδέδεκται, μετὰ τὸ μάχεσθαι εἶναι ἀγαθόν, ὃς ἂν πολλοὺς ἀποδέξῃ παῖδας· τῷ δὲ τοὺς πλείστους ἀποδεικνύντι δῶρα ἐκπέμπει βασιλεὺς ἀνὰ πᾶν ἔτος· Las Nueve Historias de Heródoto, Libro I (136) 2 COMENTARIO FILOLÓGICO porque no se quiere que sufra este dolor, y el dolor que aquello puedo causar a la madre no adquiere ningún tipo de importancia. 3