Serenidad - Universidad de Granada

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Serenidad
Francisco A. Muñoz y Marcelo Lorente Lindes
Cualidad de las personas que conservan en los momentos de peligro, o ante un
suceso imprevisto, la capacidad de obrar como conviene. También ser dueño de sí,
conservar el aplomo, la sangre fría, estar sosegado, en calma y tranquilo en momentos
difíciles o de miedo. En sentido negativo significa no verse perturbado por alguna pasión,
la cólera, la ira o una alteración del ánimo.
Aunque en un primer momento venía a denotar la sequedad -tal vez por ello se
hable del sereno de la noche- los romanos lo aplicaban al tiempo y a fenómenos
atmosféricos tales como el estado del cielo, el viento, las estaciones, etc., queriendo
indicar una meteorología tranquila y libre de las perturbaciones (del latín serenitas y este a
su vez de serenus, que significa «seco») que caracterizan al mal tiempo; sin ningún
fenómeno atmosférico que la haga desapacible (lluvia, tormenta, etc.).
Después, pasó a emplearse como imagen del estado de ánimo imperturbable,
tranquilo y sosegado de quien no se deja afectar por los accidentes exteriores. En la
Antigüedad hubo escuelas filosóficas que hicieron de este estado su ideal de vida y que la
colocaron como bien supremo del hombre; es el caso de los estoicos, doctrina filosófica
fundada por Zenón de Citio, en trono al 300 a.C., cuyos principios directores eran el vivir
conforme a la naturaleza, que la virtud por sí sola bastaba a la felicidad y que las pasiones
suelen perjudicar más que beneficiar, por lo que no dejarse impresionar por los sucesos
exteriores es, sin comparación, el partido más seguro que puede adoptar un hombre. Esta
virtud ha perdurado como una de las señas de identidad del hombre cabal y racional, que
se rige por principios y no sirve ni a las pasiones, ni a la emoción del momento; idea que
se ha plasmado en el título de honor de algunos príncipes, a los que se conoce con el
nombre de su «serenidad».
La serenidad es una cualidad válida para las situaciones de conflicto en las que,
por encima de las sensaciones inmediatas, máxime si hay implicaciones personales en el
mismo, es necesario buscar las verdaderas razones que hacen que la situación se
produzca, intentar -con paciencia y tranquilidad- que las dinámicas sean lo más pacíficas
posibles y evitar llevar a cabo acciones precipitadas que sólo puedan agravar la situación.
Con el paso del tiempo y más modernamente también ha venido a derivar de la
virtud personal e íntima que era un principio, a una pública y social. Muestra de ello son
los políticos que reclaman serenidad ante cualquier desgracia colectiva, ante
conmociones sociales como un atentado terrorista, que provocan reacciones de ira e
indignación y que ofuscan por su misma injusticia y violencia el ejercicio de la razón y el
buen sentido. Muchos han sido los ejemplos de serenidad dados por las sociedades
civiles occidentales frente al fenómeno del terrorismo en los últimos años, sin perder
nunca la sensatez, ni el espíritu de la justicia que informa a las sociedades democráticas.
Bibliografía:
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LONG, Anthony (1997), La filosofía helenística. Estoicos, epiccúreos y escépticos.
Madrid, Alianza Editorial.
ORTIZ GARCÍA, Paloma (1996), Epicteto. Disertaciones. Barcelona, Planeta De
Agostini.
VEYNE, Paul (1995), Séneca y el estoicismo. México, F.C.E
Si citas el artículo, cita la fuente:
MUÑOZ, Francisco A. y LORENTE LINDES, Marcelo. Serenidad. En: LÓPEZ
MARTÍNEZ, Mario (dir.), et al. Enciclopedia de Paz y Conflictos: L-Z. Editorial
Universidad de Granada, 2004. Pp. 1043.
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