Señal Coparmex 82 – Lic. Gerardo Gutiérrez Candiani Eliminar el

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Señal Coparmex 82 – Lic. Gerardo Gutiérrez Candiani
Eliminar el IETU
20 - Junio - 2011
El próximo 30 de junio vence el plazo para que la Secretaría de Hacienda y
Crédito Público entregue a la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados
una Evaluación sobre la conveniencia de derogar diversas disposiciones
contenidas en la Ley del Impuesto Sobre la Renta.
El objetivo expreso de esta disposición fijada en la Ley del Impuesto Empresarial a
Tasa Única de 2007 es decidir si algunos tratamientos considerados en el régimen
del ISR deben regularse dentro del marco del IETU.
Sin embargo, más importante y oportuno es evaluar y decidir sobre la
permanencia del propio IETU o su eventual derogación, en función de su
desempeño recaudatorio y el impacto en la economía, en particular, su eficacia
como instrumento promotor de la inversión, el crecimiento y la creación de
empleos.
Desde un inicio, el IETU se planteó como un mecanismo temporal para corregir
debilidades en el ISR y posible paso a un solo impuesto directo a tasa única, lo
que implica que eventualmente habría que escoger entre los dos gravámenes. Es
tiempo de decidir. El diagnóstico que presentará Hacienda y el análisis que hagan
los legisladores al respecto deben conducir a ello.
Para Coparmex, existe evidencia suficiente en favor de la eliminación urgente del
IETU: dejar solamente un ISR reformado, que incorpore los aspectos rescatables
del otro gravamen.
Si bien el IETU es un impuesto de control, no se han alcanzado las metas
recaudatorias proyectadas, y en cambio, ha generado distorsiones y una gran
complejidad en el sistema tributario mexicano –que de por sí ya lo era–, obligando
a los contribuyentes a administrar, calcular y pagar dos impuestos directos, con
bases distintas de determinación, como no ocurre en casi ningún otro lugar del
mundo.
Los ingresos tributarios totales han aumentado ligeramente: 0.7% entre 2007 y
2010, llegando a 9.6 por ciento del PIB. Sin embargo, aún no retomamos los
niveles del 2008 y seguimos muy por debajo del promedio de 20% del PIB entre
los países de la OCDE. El incremento recayó principalmente en el ISR y el IVA,
con mucho, los más importantes en la estructura tributaria.
Entre el 2009 y el 2010, el ISR tuvo un incremento real en su recaudación de más
de 12% y el IVA de casi 19%, en tanto que el IETU tuvo una disminución de 3.20
por ciento. En los primeros tres meses de este año, su captación volvió a caer en
más de un 8%, en términos reales.
La recaudación por concepto de IETU no ha alcanzado los objetivos fijados en
ninguna de las sucesivas leyes de ingresos, desde que entró en vigor en el 2008.
Ese año, se quedó corta en un 33%; en el 2009, la brecha fue de 19% y en el
2010 cerró con 15% menos de lo presupuestado, a pesar de que la economía
creció 5.5 por ciento. Este año, la tendencia es similar: durante el primer trimestre
se recaudó 18% menos de lo proyectado.
Para las empresas, el IETU ha significado una carga administrativa adicional, que
afecta directamente su competitividad. Se han implementado medidas para
simplificar, pero no compensan el hecho principal de lidiar con dos impuestos de
forma paralela.
Varios sectores enfrentan inequidades muy importantes, como aquellos cuya
principal erogación corresponde al pago de regalías que no pueden deducir, las
empresas que se ven en la necesidad de financiar sus operaciones o inversiones
con préstamos de terceros que generan intereses y compañías de servicios cuyo
principal costo es el del personal.
Cuando surgió el nuevo impuesto se dijo que promovería la inversión, al permitir la
deducción de adquisiciones de activos al momento de su pago. Sin embargo, en el
2009 se incorporaron restricciones que impiden acreditar los efectos en el IETU de
deducciones mayores a los ingresos contra el ISR.
La posibilidad de incentivar la inversión nacional a través del IETU se desvaneció,
y existe el riesgo de que se desaliente más la inversión extranjera directa. Está
latente la posibilidad de que en Estados Unidos no se permita acreditar este
impuesto para efectos del ISR. Esto impactaría a multinacionales con presencia en
México y podría ahuyentar la inversión significativamente.
Los problemas estructurales de nuestro sistema hacendario y los grandes retos
fiscales y presupuestarios que enfrentamos no van a ser resueltos con una
solución provisional, como es el IETU, que además, en mancuerna con el ISR,
provoca efectos colaterales nocivos para la actividad productiva. Esto termina
reduciendo la recaudación, al decaer la actividad empresarial.
El IETU fue una respuesta alternativa, ante la ausencia de acuerdos entre las
fuerzas políticas con representación en el Congreso para emprender la reforma
hacendaria que se necesita desde hace décadas. Como en otros temas torales
para el país, han dominado las necesidades y los intereses políticos, con un
predominio de criterios ideológicos y electorales; no técnicos y económicos.
Lo que procede es tener un solo impuesto directo, que facilite el cumplimiento de
las obligaciones fiscales; que acote los tratamientos preferenciales, incentive la
formación de capital al permitir la deducción de activos al momento de su pago, y
reconozca deducciones fundamentales que ayuden a generar la riqueza gravable,
como son los salarios y aportaciones a la seguridad social.
Hay que despejar el camino para una reforma hacendaria que realmente le dé
sustentabilidad a nuestras finanzas públicas y promueva la inversión, el ahorro, el
empleo, y con ello, bienestar social. También llegó el momento de darle autonomía
al SAT, otro aspecto fundamental.
La propuesta que promueve Coparmex desde el año pasado está orientada
principalmente a la instrumentación de una política tributaria que estimule la
inversión; la revisión de tratamientos preferenciales tanto en IVA como en ISR, a
efecto de determinar si realmente cumplen con su función y, en su caso,
aprovechar el potencial de recaudación respectivo; la disminución de nuestra
dependencia de los ingresos petroleros; la simplificación fiscal; una mejora en el
ejercicio del gasto público y mayor recaudación a nivel local.
Además de nuestra iniciativa, existen propuestas por parte del PAN, el PRI, el
PRD y otros sectores.
Es momento de encauzar esfuerzos y mostrar voluntad política para acordar
cambios que nos hagan crecer como país y reducir los rezagos que no podemos
superar desde hace varias generaciones. Esto es lo que estamos pidiendo los
mexicanos.
Los gobernadores deben sumarse al esfuerzo y voluntad para impulsar una
reforma hacendaria de mayor alcance. Sus estados serán beneficiarios directos,
en la necesidad de resolver sus problemas de sus finanzas públicas y la
transparencia de los mismos.
En la decisión sobre la conveniencia de mantener el IETU hay que tener altura de
miras. Nuestra clase política tiene otra oportunidad para generar certidumbre,
simplificar, fomentar la inversión y empezar a cambiar la percepción que existe
sobre su desempeño y actitud. Impulsémoslos para que no desperdicien la
ocasión.
Un saludo afectuoso.
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