li SEHOBITi DE 4B1PTÍD

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Miérí^es 8 de Oetabre de 1862.
Año Vn—Ntím. 2084.
Edición de la mañana.
IIIBIKTJLDBB I ; DERECHOS iqpmBVALK*.
RKFORÍlAg ASlimiSTRATITAS t BCOSÓMICAS.
Snfragiovmivefsal.—Libertad completa de la prensa, sin
lep¿sito,?editor, ni penalidad especial.—Seguridad individual, garantizada por el Habeos Corpus.—Absoluta inviolabilidad de la correspondencia y del domicilio.—Derecho de
reunión j de asociación pacificas.—Libertad de industria, de
trabajo y de tráfico.—Libertad de crédito.—Enseñanza l i bre.-^Unidad de legislación y de fuero.—Abolición de la
pena de muerte.
LA DISCUSIÓN
ORGAHlZACIoa DEL ESTADO É IK8TITUCIOSE8 POLÍTICAS,
Una Cámara.—Elecciones independientes del gobierno.ilibia Nacional.—Inamovilidadjudicial.—Jurado para toda
clase de delitos.—Justicia criminal gratiiita.—^Desoentralizacion administrativa.—Independencia de la Iglesia.—Participación d« las colonias en la representación naeional.
J
DI ARIOIDEMO CJRlÁTXGO.
Inmediata reforma de las leyes hipotecarias para la creación de Bancos de crédito territorial y agrícola.—Desamortización de todo lo amortizado.—Desastanco de todo lo estancado.—Supresión -de los consumos y del papel sellado.—
Contribución única directa.—Conversión de toda ia deuda
del Estado á una sola clase.—Kefbrma liberal de los aranceles com relación, sobre todo, á las clases pobres.—lleducoion
de los gastos improductivos, y aumento efe los reproductivo»,
especi^mente respecto de las obras públicas que sean de
cuenta del Estado.—Abolición de las quintas y matriculas
de mar.—Enseñanza primaria uiÚTersal y gratuita.—Establ<íoimieBto de escuelas profeáonales.—Helonua de las cárceles, estinoion de los presidios y planteamiento del sistema
penal penitonciario.
El prosrama pcUtioo, económico y admiaiatrativo d e la democracUi coa qvo eBcabezamos Boestre periAdieOí ftaé deauáciado el 2 3 d« lEaero d e t Í S 9 | y absuelto el 7 d e M a n o del ademo a i * .
NuoTameate deauneiado e l I S de Julio de 1861) Alé otta^roi abmelto el 8 de Acrotto del adimó a£o.
¿POB aaÚ SUBSISTE EL MINISTERIO
liberal? ¿Qué importa que se discutan los p r e supuestos, si subsiste el misinoruinoso sistema?
O'DONNELL?
Pero lo que no podemos dejar sin el conve¿Por qué inconcebible prodigio, pregunta
niente correctivo es la singular ocurrencia que
ayer El' Constitucional, se sostiene el ministehemos calificado de lapsus cdami, y que t a m rio O'Donnell en el poder? ¿Cómo es que h a bién se puede llamar lapsus intelleclus, de h a biendo periódicos de oposición. Cortes en las
blarnos de la dignidad de la patria, á propósito
cuales se depuran minuciosamente todos los a c de este gobierno.
tos del goMerno, y con el espíritu de libre exa¿Quién no recuerda con indignación la guermen de que participan todas las clases de la sora de Marruecos, sobre todo si se la considera
ciedad, cómo es posible que un gobierno SÍ
relativamente á sus resultados?
sostenga, si no es el mayor de los portentos, el
¿Qué español no se siente avergonzado al r e gobierna óptimo, la maravilla del siglo?
cordar nuestra abdicación ante la Inglaterra ?
Tal es la consecuencia que El Constitucional
¿Qué verdadero español no se avergüenza hoy
deduce, y claro está que no le censuramos por
de serlo al recordar la cuestión de Méjico, el
ello. ¿Cuál es su oficio sino alabar lasescelencias
tratado de Londres y el discurso de Bonaparte
del sin par gobierno de la Unioniiberal?
al embajador de España?
Ahom bien: el prodigio es muy fácil de es¡Qué lamentable estravíos, decimos también
plicar, "por niás que el ex-progresista cofrade
nosotros,
produce la pasión política i
*o obstine én deducir de aquí las más favoraPero
El
Constitucional continúa impertérrito
bles y lisonjeíidoras consecuencias para el a c preguntando: si los cargos de las oposiciones
tual gabinete.
son ciertos, ¿cómoes q i e se mantiene firme y
¿Qué son, en efecto, los periódicos de oporobusta esta situación después de cuatro años
sición?
y medio de vida?
La pálida sombra de lo que debían ser, el
El prodigio, repetimos, es muy fácil do esplieco débil de k verdadera opinión del país,
car. La situación se mantiene merced á lo que
«Meodido el precario esíado de la imprenta en
El Constitucional parece tener empeño en no
España bajo -este régimen poco menos que ¡nrecordar, esto es, á la iniciativa y á la voluntad
uisitoriál,'dTgan loquetpieran los interesados
de la corona.
efensores del actual gobierno.
Y por lo que resjiecta al paíi, cuya actitud
¿Qué es la mayoría de !;« Cortes?
resignada considera El Constitucional como
No queremos penetrar en esta cuestión. Un
un signo evidente de asentimiento, de aprosentimiento de respeto hacia el sistema reprebación y de aplauso hacia el actual gabinete,
sentativo, por más que entre nosotros se e n debemos decirle que se equivoca de medio á
cuentre tan lamentablemente bastardeado, nos
medio, y que ia causa de esa aparente designaimpide censurar como se merecen ciertos actos y
ción consiste en que siempre un período de
ciertas cosas que son, más bien que resultada del
marasmo y de engañosa indiferencia precesistema en toda su pureza, el resultado de la ya
de á las grandes perturbaciones políticas y s o famoáa y celebérrima influencia moral, descuciales.
brimiento nunca bastantemente bien ponderado,
No se engañe El Constitucional: después de
cuya gleria inmortal pertenece de derecho á esesos cuatro años y medio, vendrán otros tiemta buena gente y á este incomparable siglo.
El Constitucional continúa luego hablando á pos, y se convencerá de que la quietud presente
* su gusto de las maravillas y portentos dé la es proporcionada á la magnitud de esfuerzos ulUnión liberal, y por ultimo incurre en el i n - teriores que llenarán de espanto á El Constitu.cothprpúsible lapsus calami que haremos notar cional y á todos sus conmilitones.
i nuestros lectores. En su lastimosa ceguedad ••• • ¡Siempre á las grandes tempestades precede
un lúgubre silencio!
dice así;
«Y si de la ley de imprenta se pa?a á considerar
el sistema de su administración, ¡cuántos y cuan
La Época ha reoibido una carta de Paris
gravísimos cargos no se dirigen al ministario! E«
centralizador, á pesar de que permite á tos ayun- que es notable. En ella se dice que los partidatamientos una gran latitud en la gestión, de los in- rios de la unidad italiana deben desesperar de
tereses municipales; Impulsa y fomeata los intiexesesde localidad, y se le acusa de faltar 4 sü pro- que el emperador acceda á su política oí á sus
pretensiones de volver Ruma á los italianos. P e mesa de liberalizar la marcha administrativa; presenta y hace discutir los presupuestos, y se suporo al mismo tiempo dice que el Papa puede ir
ne malignamente que obedece á un sentimiento de errante por el mundo si se empeña en la políti•vituperable hipocresía; pide á las Cortes autoriaaoion para seguir cobrando los impuestos, y se ca que hoy sigue, y en no conceder las reformas
dice que falta al precepto constitucional; por últi- reclamadas por la opinión pública. Pues bien:
mo, cuando no echa por tierra la dignidad de la nosotros no nos cansaremos de decirlo. Aquí
patria, castigando la arrogancia marroquí, atunta
"contra la integridad del territorio español por h a - hay dos términos insolubles que no se pueden
bérsenos anexionado la codiciada isla dé Santo Do- de ninguna suerte armonizar. Italia no renunmingo. ¡Qué lamentables estravíos produce la pa- ciará ni ahora ni nunca á su unidad. El Papa
sión política!))
no renunciará ni ahora ni nunca á su política.
Prescindimos de que eri efecto es csentraliza- Este estado de pugna entre la nación y el Papa
dor, de que no es verdad que liberalice la m a r - podrá durar mucho tiempo, pero no llegará
cha administrativa, y nada tampoco diremos nunca á acabarse si no se sacrifica la Italia al por e c e t o á la presentación y discusión de los der temporal del Papa, ó el poder temporal del
presupuestos, pues que el sistema tributario es Papa á la Italia.
Napoleón lo conoce asi; Napoleón sabe que
el misnlo de Mon, el mismo de Narvaez, el
mismo délos doctrinarios, con más él autilento c! poder temporal del Papa no puede vivir. Su
indefinido que al iin nos conducirá á la b a n - permanencia en Roma no tiene ninguna signifi<^rota. riada diremos, porque en este concep- cación religiosa; tiene una dignificación política.;
***» «qué nuevo títolo puede presentar la Union Napoleón está en Roma, porque de esta suerte
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cuya bandera no podía confundirse con ninguna
bandera inmoral ó antisocial. Los neo-católicos pusieron el grito en el cielo: tratándose de Loja, no
se estaba en el caso de dar amnistías: era necesa^
rio castigos prontos y terrihles; la revolución de
Loja era antisocial; se 'trMaba de atentar í lá
propiedad, á la religión y á'ia familia. Los ministeriales, ante estas acusaciones, guardaron silencio; el gobierno fué terrible, ilegal é injusto, como
querían los neo-católicos: los ministeriales aplaudieron. Cuando nuestros diputados propusieron
una ley do amnistía, los amigos del gobierno la
rechazaron é hicieron, coro á los neos en sus acusaciones á los de'sdic lados de Loja.
«Como estos dos ejemplos, podríamos citar muchos otros; pero basta para la historia de los años
anteriores, y vamos á citar el que se refiere al presente.
«De.ode hace algún tiempo los neo-católicos se
han propuesto acabar con la enseñanza y con los
profesores liberales. No hablaremos de lo que se
ha hecho con un catedrático de Zaragoza, el señor
El Constituciond viene ayer diciendo que
Sí; el partido neo-católico detrás de la corti- Ruiz Pons: eso no tiene nombre; eso no puede hoy
para los oposicionistas solo son importantes y na manda, detrás de la cortina dirige los desti- calificarse; se calilicarii en su dia. Hablamos de lo
valiosos los hombres que figuran en la oposi- nos del país. Cuantas indicaciones ha hecho, que estamos viendo en Madrid.
»Se ha organizado una cruzada contra los profeción, al paso que nada valen, nada significan otras tantas se han cuinplidp. La historia consores liberales y los libros de testo que de ellos
los hombres que figuran en el ministerio ó al temporánea está ahí para demostrarlo. .Ahora proceden. Los ataques al principio, fueron débiles,
lado del ministerio. Al ver acusación , por lo solamente le falta tomar por asalto el * fuerte al- y los ministeriales creyeron poder salir más ó raeque á nosotros respecta, tan gratuita, tan falta cázar d é l a ciencia. No quiere que las nuevas nos vergonzosamente á la defensa de la razón y de
de todo fundamento, no hemos podido repri- generaciones salgan de la máquina pneumática la justicia. Pero hoy los neos atacan con vigor, y
ya observamos él principí\l síntoma que precede á
mir Un sentimiento da justa indignación, n o h e r en que las tuvo encerradas el absolutismo, la k s ordinarias concesiones del gobierno: el silenmos podido acallar un grito de la conciencia. : escolástica. Desea que volvamos á los tiempos cio de. los ministeriales. En pos de ese silencio," no
Nosotros jamás hemos sido tan mezquinos y en que pensar libremente era uri crimen. Quie- liáy que dudarlo, vendrán las medidas gubernatirastreros que hayamos dejado de reconocer el re arrancar sus togas á catedráticos que las han vas que los neos piden, y detrás de ellas, como séquito obligada, los aplausos de los ministeriales.
mérito, do quiera que el mérito se encuentre. , ganado al amparo de las leyes. El pretestu os la
«Los profesores que tengan la nota de liberaNosotros hetnos creído siempre que no es m é - ' religión. La realidades la política. Saben que les, y á quienes los neos hayan puesto en sns t a rito brillar en un cielo de astros opacos, sino mientras'se Oiga unasólavoz liberal, no podrán bhllas de escomunion; los libros de testo que los
donde haya mucha luz, y por eso jamás ha e n - volver sus malhadados tiempos. Saben que la neos hayan incluido en su indico espurgatorio, seehminados, los unos de las cátedras, los otros
trado en nuestro pecho ul ruin sentimiento de juventud sigue las ideas liberales con verdadero rán
de los catálogos. No se adoptará tal vez asta prola envidia. Los hombres eminentes de todot los entusiasmo. Y. quiere que la ciencia, esencial- videncia de un modo colectivo y en conjunto; pero
partidos hdji sido por nosotros ensalzados. Los mente libre, vuelva á la escolástica. Eso no es ; se tomará individualmente y en detalle. La reacoradores elocuentes que en el Congreso, en el posible. Si cuando quemaban á los primeros ción así lo exige; el gobierno la complacirá: es el
de sostenerse ¿Qué le importa ni la enseAteneo, en la Universidad, en las academias, filósofos nada pudieron cohtra la filosofia, ¿qué medio
ñanza ni la libertad? ¿Qué le importa lo que puehan dado lustra á la patria, han oído el rumor podrán ahora?'
de deairse dentro y fuera de España?
de nuestros aplausos, nunca regateados AI ver«Preparémonos para ver buenas cosas antes de
La¿ Novedades, sin embargo, les da más im- que
caiga este gobierno.»
dadero mérito. Jóvenes oradores tiene la Union
portancia de la que tienen en el siguieate bien
liberal que lo podráa decir. Ministros haliabido,
meditado artículo:
como el Sr. Posada Herrera, que han obtenido •
El discurso leído por el Sr. Nunez Arenas en
.
«Un fenómeno: singular so observa de algún tiemun aplauso nuestro por su manera hábil y sutil <
la
apertura
de la Universidad central ha sido
po i esta parte, sobre el cual conviene quQ los lecde argumentar en momentos en que se; ensa- tores ñicn su atención. Los diarios ministeriales objeto de entusiastas elogios de parte de toda la
ñaban con nosotros, porque no nos duele a u n - , Suelen a veces matlteaer una tesis liberal y racio- prensa. Hay én él profundamente unido al esnal; pero acuden los neo-católiéos á sostener la pirita filosófico de nuestro tiempo, ese espíritu
ca reconocer el verdadero mérito.
íu^
contraria, y no solo á sostenerla, sino á reclamar
Pero lo que nosotros no podremos i l u d i r su aplicación en la práctica; y entonces los minis- liberal que so respira en la atmósfera de la ciennunca, lo que nos repugna con repugnancia in- teriales enmudecen; en seguida el gobierno aplica cia. Sobre lodo, al despedirse de sus discípulos
vencible, es la conducta de los hotnlMfes ¡de la las doctrinas neo-católicas y sus órganos al fin el Sr. Nuñez Arenas, recordó la infausta suerte
Union liberal. La facilidad con que \mi olvida- rompen el silencio y aprueban lo mismo que antes con que naciera á la ciencia la generación á que
.babiaa condenado, ó condenan lo que hablan
él pertenece, humeantes aún las hogueras de la
do sus compromisos, la desmoraüzacioa• que ,apiaudidOv ,
han traído s o h r e ^ pais, sus apostásíis^ qiie se
«Dos ejemplos notables, entre muchos, presenta Inquisición, cerradas la.s puertas de las univerhan elevado «verdaderas traiciones, y la.facili-: la histoi-ia de los últimos años, y uñó está presen- sidades. Esto, unido á que el Sr. Nuñez Arenas
la del año actual, que vienen á confirmar
profesa el principio 'de la unidad de la ciencia
dad con que, por un puñado del oro del presu- tando
plenamente esta verdad.
puesto, acaban de entregar como Julias la causa,
«Ocurrió la misteriosa rebelión de San Carlos y de la armonía del espíritu y la*naturaleza en
de la libertad. Eso será siempre objeto para de la Rápita, aquella rebelión cuyas ramiftca- el hombre, y de la armonía de la fé y la razón
cioncs, si se hubieran descubierto, habrían hecho en la vida , ha bastado para que un periódico
nosotros de santa indignación.
esclamar, según la espresion de un núnistro de la qeo-católico baya salido á decir que es panteiso
•. ,
corona: \Tu quoquel á. ciertos encumbrados persoEl Diario español hace una comparación e n - najes. Los diarios mini?teriales sostuyicron el prin- ta , que revela el deplorable estado á que ha
tre la esclavitud cubana y la esclavitud de los; cipio de igualdad ante la-ley. Los neo-ca.tólioüS se llegado la Universidad central, y especialmente
separatistas-americanos. Nosotros, no lo hemos lanzaron a lá areria, rechazíando ese principio en la facultad de letras, conjurada contra la r e nombre del derecho divino, y por otras razones,
negado, ni ahora ni nunca $ la esclavitud está ' y reclamaron á voz en grito una amnistía. Los ligión.
El Sr. Nuñez Arenas , por carácter, por conmuy dulcificada en la isla de Cuba, cuando se diarios del gobierno entonces enmudecieron: el micompara con los Estados-Unidos. El principio nisterio dio la amnisti., saltando por encima de l a vencimiento, si ha sido siempre uno de los c a de igualdad, tan arraigado en las almas españo- ley; los neo-católicos aplaudieron, y los ministe- tedráticos más ilustres dé la Universidad, ha siriales acabaron por formar coro con los neo-ca-;
do también uno de los más templados en opilas, no se desmiente nunca, absalutamente n u n tólicos.
. .•
ca. Pero ¡ay! la esclavitud existe, el mal exis-' «ün año después de estos sucesos, sé vetificaba niones cientílicas. Pero no pueden perdonar los
te. No hay paliativos áestemal, qo los hay, no la sublevación de Lqja. Lo» ministeriales fueron enemigos jurados de nuestra ciencia , dé nuespuede haberlos. Donde quiera que existe u n a los primeros que publicaron : las noticias y cartas tra civilización, que en su discurso se aclame la
raza degradada, vil, allí exjste la inmoralidad, referentes á la índole de esa sublevación. De un libertad científica y la libertad política , esos dos
periódico ministerial toiaamos nosotros una carta,
allí el menosprecio al trabajo, allí la falta de li- en que se decía que los sublevados, aunque estra- polos de la vida de los pueblos modernos. Esto
bertad, ^1 msíyor bien de la vida, el primer t e - viados, eran hombres de probidad y de buena fé. demostrará una vez más lo que tantas veces hemos
impide que á las puertaá de Francia se levante
una nación de primer orden. Pero el vacío se
verifica á su alrededor. Italia, por la cual ha h e cho tantos sacrificios, le abandona. Inglaterra se
le muestra hostil, pero en tales términos, que
bien puede decirse que la opinión del pueblo
inglés entraña en sí una tempestad para el César. ¡Política incemprensible de Napoleón!
¡Derramar tanta sangre para alcanzar tan Solo
tener cuatro enemigos formidables en Europa,
el Papa, Italia, Inglaterra y Austria! Esto prueba que no hay en su.maite una idea política, y
que, ascendido por azar al primer trono del m u n do, fia al azar la decisión do todos los problemas. AJ término de todo esto hay un abismo
para el imperio.
.
^
I
soro del hoipbre. La isla 4e Clal;>a podrá tener
más ó menos dulcificada la esclavitud, pero la
tiene. El hombre, la imagen de Dios, es una.
Su<;uerpo, sus hijos, pertenecen á otro hombre.
No hace muchos días que leitnos en los periódicos de Cuba: sSe venden uña berlina, ün c a ballo y un negro.> Como en el mundo romano, el esclavo se cuenta después del perro y del
eaballó de la casa. Eso no puede durar en nna
sociedad libre y civilizada; eso no debe durar.
Ya nos anuncian los periódicos que los EstadosUnidos se aperciben á decretar la libertad completa, incondicional, del esclavo. En ese dia
una corriente eléctrica agitará al Nuevo Mundo.
¿Y qué piensa el gobierno para ese dia? ¿Por
qué no lo dice El Diario espailoll
—
S!
—Demasiado bien conocí yo que la causa de vuestro enojo naaquellos celajes de carmín y oro entre los cuales el' sol se con esposas coiúo est$s, y luego, si quieren usar con él de
133
hundía en Occidente i
misericordia, le envían á media noche un,sacerdote..,,, des- cía de qce Jaime os encontró en el forro del sombrero una boly por la mañana aparece un cadáver sita de seda con unos papeles. ¡Y cuidado, que yo os habia regis¡Cuántos y cuántos seres humanos, por más abatidos que se pués entra el verdugo
encontrasen de dolor y de tristeza, yerian en aquella hora un pendiente del anillo. ¡Y tal vez dirán que el reo, á quien por trado antes con el más escrupuloso esmero! Jaime, como tan pehermoso símbolo de esperanza en el sol que se ponía para rena- compasioii sé le habían dejado las manos libres, se ha suicida- rito en lainateria, dio con el escondite, y no tengáis duda, señor,
cer en otro hemisferio con los magníficos esplendores' dé otra do, 16 cual probará hasta la evidencia que no podia soportar el que os haforia encontrado los papeles aunque los hubieseis tenido
nueva auroral
peso de sus crímenes íii acallar los remordimientos de su con- guardados entre cuero y carne. ¡Maldito de cocer, y qué ladrón
tan fino!
Pero no hay dolor comparable con el dolor de perder la liber- ciencia culpable!
NOVELA ORIGINAL
—¡Maldito sea! añadió Cárdenas lanzando una mirada furipsa
tad ó la esperanza.
'
y una risa indescriptible Iluminó aquel rostro sombrío y fiero,
y poniéndose de pié más rápidamente de lo que pudiera esperar¡Eltriste prisionero solo esperaba la muerte!
como un lívido relámpago ilumina el horror de la tempestad.
SE
Con un grillete á los pies y con esposas en las manos, se h a —¡Todo lo comprendo ahora! repetía Cárdenas. ¡No es la se de un hombre cargado de grillos.
—Vamos, señor, no os enojéis de esa manera, porque entonce»
llaba un hombre joven y robusto en una estrecha y oscura p r i - muertedel buhonero la que me mata, sino el pertenecer al bansión situada en el piso bajo del palacio áé. virey en Barcelona. do borbonista! Si yo pudiera sobornar al carcelero..... ¿Por no os quitaré las esposas.
El prisionero estaba sentado en el suelo, apoyado contra el qué he sido estos días tan desdeñoso para con ese hombre? ¡Qué
Y el carcelero, ya fuese por temor, de que Cárdenas se desmuro, y vueltos los ojos hicia un ventanillo qué daba á Una es- iiiibécil sOy!
mandase, ya porqae realmente necesitase la ayuda de sus com'
tensa galería. El preso tenia constantemente vuelto el rostro
En esto se abrió la puerta del [calabozo, y entró el carcelero pañeros, llamó:
n }¡MA peoaamie&to atériwior abrumaba incesantemente el cnerhacia el ventanillo, como las hajas del heüótropo se vuelven con una cantarilla de agua y una cesta.
—¡Julián! ¡Felipe!
l » y é l alma del infeliz prisionero. Sn cuerpo estaba oprimido
siempre hacia el sol.
Al punto acudieron dos mozos provistos de unas tenazas y un
DonRodrigo
se
alannó
al
observar
que
aquel
día
le
llevaban
' j o r pé6ai4aa cadenas.en"US lóbrego calabozo, ínientras que su
De pronto se oyó ruido de llaves y cerrojos. El preso esperi- otras provisiones más delicadas, pu^s que hasta entonces solo martillo, y les dio la orden de que le quitasen al preso los griespíritu atiaba también inexorablemente encerrado en esta idea
lletes.
pan y agua ie habían servido.
i'igubre como una lámpara mortuoria: «iOondenado á muerte!» mentó una emoción semejante á un sacudimiento eléctrico.
En seguida el carcelero abrió el pequeño candado que pendía
Súbitamente
el
encarcelado
ahogó
un
lijero
grito
de
júbilo.
—¡Quieren
obsequisúrme
con
la
Cena
Libre!
(1)
pensó
Cár. í*iaventud, el amor, la ambición, la fortuna, el placer, el dode
las esposas, y que constituía una complicada cerradura de
denas.
El
caJabozose
haWa
inundado
de
luz.
'
lor* ^e^idio, la yengjausa^ todos los engueñosde lafantasia, todos
Parece increíble hasta qué punto esta circunstancia influyó
El carcelero miró al preso de reojo; pero contra su costumbre, , nueva invención que le habia tocado estrenar al malaventurado
los sentimientos del corazón, todas las ideas de la mente venían
'•
se detuvo más tiempo que el necesario para xiejar allí las pro- Cárdenas.
i estüeUaitsei como las otasen la roca, ante un solo pensaniiento, e a e l ánimo del prisionero.
-'¡Ohl murmuró el infeliz encarcelado. ¡Me quitan los grillo»
¡Oh! ¡La luz es la hermosura y la alegría del ittündo! fin «1 visiones.
que como; un fantasma de sangre se presentaba á los ojos del
y me dejan las manos libres para poder probar mañana que ""^
—¿Estáis hoy de mejor humor? preguntó alfinel carcelero.
prisionero y le miraba frente á frente con espresion satánica- orden intelectual, es la verdad; en el orden físico, es el sol. ¡La
he suicidado! ¡Esta noche es la última de mi vida!
—Ya me voy acostumbrando.
mente burlonaf ciando quería fijarse'en las risueñas imágenes luz es la vida!
Y luego añadió en voz alta:
El carcelero habia abierto las ventanas de la galería, y un
—Hoy tengo muy buenas noticias que daros.
de otros tiempos más dichosos. Él infeliz no podía volver la ca—¿A qué puedo atribuir esta nueva Orden?
Y el carcelero saro una llave muy pequeña, sin duda para
beza ni cerrar los ojo». El espectro implacable estaba siempre dorado rayo del sol poniente penetró por el Ventanillo en la
—La «splicacion'es muy sencilla.
prisión
como
una
sonrisa
del
cielo.
quitarle
al
preso
las'esposas.
,
.
.,
allí, en el fondo de la prisión, señalando con su bíazo de esque—¿Qué queréis decir?
—¿A estas horas? pensó don Rodrigo. ¡Imposible! ¡Imposible!
Cárdenas comenzó á coinprénder, y de pálido que estaba se puleto hacia ese horrible trono de la muerte que sé llama un ca¡Aún noraehan enviado un sacerdote!.... ¿Servirá este calabozo so lívido como un difunto.
, , —iQuei sin duda tenéis muy poderosos protectores.
dalso.
Cárdenas pensó naturalmente en don Diego de Berliz.
también
de
capilla?....
¿Y
el
Crucifijo
y
las
velas?....
¡Todavía
no!
—Vos habéis tenido la culpa, dijo el carcelero, de que se os
Era una hermosa tarde de otoño.
—¿Y conoces á las personas que me protegen?
y el preso giraba alrededor sus ojos y examinaba la prisión haya tratado con tanto rigor. No lo digo por los grillas, porque
El sol navegaba en un océano de fúlgidos vapores.
El carcelero fingió no haber oido esta pregunta,
La gaviota apenas rozaba con sus alas el azulado espejo de con ademán estraviado. Los ennegrecidos sillares de piedra y la muy pocas veces faltamos A esta costumbre; pero las esposas
ü n momento después, concluid» y» *" tarea, salieron de la
maciza bóveda le oprimían el corazqn y la frente como la losa de pudieran haberse escusado, si hubierais querido ser un poco melos mares;
prisión los dos ayudantes del
nos intratable.
El suspirar de las olas que venían á morir en la playa, se con- un sepulcro.
carcelero, el cual, cerrando la
fundía con él lastimero gemido de la golondrina de mar y con
~ ¡ A y ! esclámó de pronto reparando én un grueso anillo de
—Yó estaba furioso, no contra tí, sino.contra ej?o infame banpuerta,
se
dirigió
á
don
Rodrigo,
diciendo:
esos mil y mil vagos rumores que se escuchan en las últimas hierro incrustado en la pared. ¡Ahoralocomprendotodo!.... ¿Pa- dido Jaime Canet.
—¿Y cuánto me daréis por esa noticia?
horas del día y que semejan como la voz intima y misteriosa, ra qué necesitan tribunales ni patíbulo ni regalar al público un
*
I
^ i . ,
-. . . a
1.
,
" -•. ' " I •
—¿Por cuál?
dulce y triste del genio del crepúsculo.
(Ij . Así llamaban los antiguos ál banqijcte que, daban á los
espectáculo aterrador? Cuando en estas intrigas cortesanas un
condenado^
á
la
liltimia
"pehA
en
la
víspera
de
sii
muerte.
¿Quién
'
—Por saber quiénes son vuestros protectores,
iCuántos amsi^ites Venturosos se encontrarían en aquel piómép- ' hombre como yosale vencido por un hombre'como el v^rey, se
tto reconoce como restos de está costumbre' ciertas comp lacén—Demasiado bien sabes que no tengo dinero, supuesto que
to respirando ^1 %ijfeiibre y-embalsamado de los campos y fin^ le encierra sin escándalo en un calabozo como este, sé le pone^ ¡cias, si bien razonablesé inocentes, que hoy sé tienen éil l a é a al entrar aquíte llevaste el que tenia.
giéndose hennoaos mundos de amor y de ternOTa más allá de A lospiég un par de grillos como estos, se le suoaarraif las manos pilla con lo8,q«e hai\ de ser ajusticiados?
-^Eso 00 impoxtá para que entremos en tratos.
FOLLETÍN.
l i SEHOBITi DE 4B1PTÍD,
D, Juanee DiosdeMorji.
^V
I
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