Cómo educar la abstinencia sexual en los adolescentes

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Cómo educar la abstinencia sexual en los
adolescentes
Emol
Lu. 11 de julio de 2011, 09:02
La postergación del acto sexual pareciera ser uno de los grandes temas de la educación
sexual y unas de las cuestiones que más complican a los padres a la hora de guiar a sus
hijos por este camino.
Basados en preceptos religiosos, muchos padres les inculcan el valor superior de no
sostener relaciones prematrimoniales y llegar vírgenes al matrimonio, pero muchas veces
este mensaje no tiene eco en los jóvenes.
El psiquiatra Ricardo Capponi sabe que lo anterior es cierto y por eso aborda el tema de la
postergación sexual en su último libro “Sexualidad sana, qué y cómo enseñar a los hijos”
de editorial El Mercurio-Aguilar. El tema es un capítulo del libro que comprende muchas
otras materias referidas a prevención y cuidado que se deben transmitir a los jóvenes.
El especialista sostiene que uno de los componentes de la voluntad del ser humano es saber
renunciar a las satisfacciones inmediatas y en el caso de la sexualidad eso implica posponer
un encuentro sexual en un momento en que no se dan las condiciones para que el encuentro
sea vivido en respeto, amor y cuidado.
A esta voluntad, dice Capponi, que opta libremente y promueve el crecimiento de uno
mismo se le llama “voluntad saludable” y es la que se debe promover en los hijos.
“La voluntad saludable no se construye sometiéndose a máximas, prohibiciones, interdictos
y dogmas cuyo sentido no se entiende. Al contrario, este tipo de subyugación a la ley
genera resentimiento y, más temprano que tarde, la rebelión que tales sentimientos
promueven llevan a la voluntad fallida”, explica.
Capponi dice que esto es lo que acontece especialmente en la adolescencia, cuando se
transita por un sano período de marcada rebeldía a la autoridad, especialmente la de los
padres. Sin embargo, agrega que el problema es mayor cuando los mensajes que reciben los
jóvenes son permanentemente ¡gocen!, disfruten al máximo todas sus experiencias sin
importar las consecuencias. Aún así cree que la crisis de voluntad que se observa en estos
tiempos, va a la par con la voluntad férrea que muestran muchos jóvenes por obtener sus
metas a base de esfuerzos.
Ricardo Capponi, entonces, sostiene que hay que tener presente que la vida sexual del ser
humano, al no estar regida exclusivamente por la fuerza de la biología, del instinto vía
excitación sexual, como en los animales, deja espacio para el ejercicio de la voluntad en su
desarrollo y realización. Así, añade, al incorporarse un elemento conductor, que proviene
de la capacidad reflexiva del individuo y le da plena conciencia y libertad a su acción, se
hace posible que las manifestaciones finales de la sexualidad sean resultado de opciones, de
la elección entre distintos caminos y metas.
“Lo sano para el desarrollo sexual es que a partir de la pubertad se aborde la excitación para
poder así transformarla en deseo erótico. En esta etapa no es recomendable promover la
represión ni la negación. Una vez constituido el deseo erótico, la tendencia natural es a
experimentarlo cuando éste se active en los vínculos posteriores de la adolescencia y
adultez. Sin embargo, una vez constituido el deseo erótico, cabe la posibilidad de renunciar
a él, de sacrificarlo”, postula.
El especialista aclara que la renuncia o sacrificio de la sexualidad consiste básicamente en
la opción por contener en la mente, en la imaginación todas las variantes del deseo sexual y
aplicar la voluntad para disminuir la intensidad de ese deseo, evitando así traducirlo en un
acto que lleve a la relación sexual. La voluntad opera acá privando al cuerpo del placer de
la realización concreta de la fantasía, que busca el acto carnal con el cuerpo del otro” y en
esto la mente se expuesta a la necesidad de un trabajo de elaboración, de un esfuerzo
emocional exigente que promueve la sublimación del deseo erótico. Sin embargo, hay que
tener presente que la voluntad opera con realismo y no somete a la mente a situaciones que
la ven a ser imposibles de manejar.
“Hay que tener presente que este camino de renuncias le va a exigir trabajo emocional al
aparato mental. Si el aparato mental no tiene las condiciones ni los recursos necesarios para
buscar y encontrar caminos sublimatorios, se corren dos riesgos: la actuación impulsiva
como una forma de descarga de la tensión acumulada en esa exigencia imposible de
cumplir, o la vuelta a un camino de negación y represión de la sexualidad”, explica.
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