El mestizaje es parte de la dialéctica - Bolivia

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Bolivia
El mestizaje es parte de la dialéctica
Ernesto Joaniquina Hidalgo
Si tan sólo intentáramos ver a nuestro entorno, estoy seguro que nos
reconoceríamos
en
aquellos
a
los
cuales
despreciamos,
pues
todos
absolutamente todos somos parte de ese complejo y variopinto mosaico de la
diversidad, todos habitamos bajo un mismo firmamento, un mismo sol y una
tierra que nos vio nacer, somos como ese abanico de colores que tiene el arco
iris, pues no hay colores estancos ni nada en estado puro y porque las leyes del
movimiento en la naturaleza desde el mismo instante en que hubo vida fueron
inexorables con el cambio.
La dialéctica como ciencia rompe todas esas elucubraciones y rarezas que la
ceguera del hombre ocasiona y conjetura respecto al linaje, al absurdo concepto
de la raza pura, de la supremacía de estas, el prejuicio al color de la tez y todas
esas desatinadas monomanías que llevamos consigo cuando salta de súbito el
desenfreno y brota a flor de piel la discriminación y el racismo, como las tirrias
que aún se polarizan entre oriente y occidente y nos conturban el ánimo como la
sal en la herida.
Desde aquellos debates de la Junta de Valladolid en 1550-1551 donde
cuestionaban si los indígenas de América eran seres humanos con almas y pese
haber pasado varias centurias de exterminio y de explotación esta pregunta por
demás irracional y reduccionista ha tenido sus gregarios como el entonces
historiador y ensayista cuya universidad de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra
lleva su nombre, Gabriel René Moreno sostenía con soltura que “los indios eran
asnos que sólo generaban mulos cuando se cruzaban con la raza blanca", la
misma injuria por el mestizaje la tenía Alcides Arguedas autor de “Pueblo
enfermo” (1937), el desprecio a la mezcla racial y su visión jerárquica de las
razas fue radicalizándose a lo largo de sus trabajos literarios y cuyos textos eran
material pedagógico en los liceos para la formación de los estudiantes en
Bolivia. Tiempos de adormecimiento colectivo, de una colonización en mente y
alma.
Este ser, de extraña figura para Castilla pero legítimo morador de estas tierras
desde que irrumpiera en su mente la cruz y la espada, estuvo predestinado a
obedecer y servir como animal de carga en el largo peregrinaje de la mita y el
pongeaje, vilipendiado, marginado y catalogado como el paria destinado al
último peldaño social de la colonia, más bajo de la plebe a la par del esclavo
negro llegado de Guinea, pero pese al sometimiento supo resistir con estoicismo
siglos a su suerte, esta nación clandestina de secreto a voces, hilvanaba su
cultura solariega y narraba sus historias en onomatopeyas. Las mujeres que
perdieron su virginidad y su deshonra por el abuso del patrón y los sacerdotes,
las mujeres indígenas fueron pariendo criaturas y así nos fuimos poblando en
una suerte de compuesto, muchos escritores tomaron esta temática en su
narrativa como “Hijo de opa” de Gaby Vallejo Canedo, premio nacional de
novela Erich Guttentag 1976 o como declamara el poeta peruano Nicomedes
Santa Cruz:” Las mismas caras latinoamericanas de cualquier punto de América
Latina,
indoblanquinegros,
blanquinegringos
y
negrindoblancos,
rubias
bembonas, indios barbudos y negros lacios”.
El mestizaje no fue más que el resultado de esta historia que ya todos
reconocemos, para el filósofo Heráclito natural de Éfeso del siglo V antes de
Cristo el fundamento y el meollo de todo, está, en el cambio incesante de la
naturaleza y cuya fuente de este movimiento es la lucha de opuestos y lo ilustra
con esa célebre frase:”nadie se baña dos veces en el mismo río”.
Si bien todo cambia, es porque no hay nada en estado puro, excepto la materia
bruta, todo fluye y cambia como cambió ese viejo orden con el advenimiento del
Voto Universal en 1952 y la Reforma Agraria un año después dándole la
oportunidad de no ser más un ser invisible sino un ser con derechos y
obligaciones, aunque sólo haya sido hasta hace poco en las buenas intenciones
de las leyes, porque aún subsiste el concepto peyorativo de indio y esto nos
cuesta cambiar, ya que permanece de manera escondida y latentes a punto de
brotar. Eduardo Galeano no se equivoca en sostener que para cambiar esta
realidad se debe de empezar por asumirla: “Este es el problema en América
Latina. No podemos verla todavía. Estamos ciegos de nosotros mismos porque
estamos entrenados para vernos con ojos de otros. Por ello el espejo nos
devuelve una mancha de azogue y nada más que una mancha. ( Galeano” Del
sueño y la vigilia”).
El cantautor argentino Piero años atrás nos cantaba:”Bolivia sangra entre el
oriente y el occidente” y tenía razón porque son verdades que aún quedan y nos
laceran porque nos cuesta entender que somos diversos y a la vez hijos de una
misma historia, que todos tenemos algo en común y que nos falta vernos con los
ojos de nuestra conciencia, sólo así ubicaremos la causa y por ende aplacaremos
el efecto. Hoy se lucha por democratizar aún más los espacios, para que esas
mayorías que siempre estuvieron postergadas también tengan posibilidades de
bienestar.
Bolivia no está fraccionada, la que está anquilosada es esa oligarquía
reduccionista que cabe en los dedos de la mano, porque los demás están
repantigados en sus cómodos refugios amparados por los Estados Unidos, lejos
y frustrados de no haber logrado el desmembramiento del país, pero no hay que
subestimarlos porque siguen tozudamente queriendo dividir esa verdadera
unidad en la diversidad, recurriendo a las perennes cruzadas entre hermanos
donde el pueblo siempre cuenta sus muertos y en plena batalla uno no sabe
quién es quién porque todos nos parecemos y gritamos injurias al indio.
Por estas razones es histórica la conmemoración de este 22 de enero de nuestro
Estado Plurinacional de Bolivia, una criatura constitucional que nació con
buena salud hace 4 años y se muestra gallarda de unir a los bolivianos y en sus
primeros pasos camina resuelta dando ejemplos de desarrollo y progreso.
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