DEL PENSAMIENTO GRIEGO A LA MODERNIDAD

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DEL PENSAMIENTO GRIEGO A LA MODERNIDAD
La filosofía helenística había dado una orientación práctica al saber, dirigiéndolo hacia la
felicidad del hombre. Es el caso del estoicismo y del epicureismo, que habían colocado a la ética en el
vértice del saber. A lo largo de los primeros siglos de nuestra era, la progresiva expansión del
cristianismo y otras religiones mistéricas irá provocando la aparición de otros modelos de felicidad o
“salvación individual”, que competirán con los modelos filosóficos. Frente a la inicial hostilidad hacia la
filosofía manifestada por algunos de los primeros padres apologistas cristianos, sus continuadores
encontrarán en la filosofía, especialmente a partir del desarrollo del neoplatonismo de Plotino, un
instrumento útil, no sólo para combatir otras religiones o sistemas filosóficos, sino también para
comprender, o intentar comprender, los misterios revelados. Surge de ahí una asociación entre filosofía
y cristianismo o, más en general, entre filosofía y religión, que pondrá las bases de la futura filosofía
medieval.
LA EDAD MEDIA
De acuerdo con los criterios historiográficos usuales, la Edad Media comienza a partir del
hundimiento del imperio romano, a finales del siglo V, y se prolonga hasta el siglo XIV.
La destrucción del imperio romano trajo como consecuencia inmediata una decadencia
generalizada y la pérdida de muchos logros de la civilización romana, especialmente en el ámbito de las
comunicaciones (correos, rutas terrestres y marítimas). El sistema socioeconómico correspondiente a
esta situación es el feudalismo, que divide las poblaciones en dos clases, la de los señores y la de los
vasallos, que cultivan las tierras de aquellos.
Ya a partir del siglo XII comenzó a cambiar la situación, iniciándose un proceso ininterrumpido de
recuperación en todos los aspectos. Se produjo un crecimiento notable de la agricultura y un aumento
de la población. Gracias a esto se inició una cierta economía de mercado y las ciudades crecieron,
aumentando su peso e importancia. De este modo se inició la ruptura del sistema feudal.
El proceso de crecimiento y de transformación se acentuó en el sigo XIII. En este siglo, floreció el
arte gótico, se fundaron nuevas órdenes religiosas (como los dominicos y los franciscanos) y se crearon
las primeras universidades (Partís, Oxford). Las consecuencias de este proceso se dejaron notar
ampliamente en el siglo XIV.
La política general en la Edad Media cristiana se articulaba en torno a dos poderes: el religioso
(el papa) y el político (el emperador).
En el aspecto cultural, la Edad Media se caracteriza, en fin, por el predomino de la religión en
todos los ámbitos (formas de vida, arte, literatura, pensamiento). La filosofía se puso al servicio de las
creencias religiosas. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la divinidad, quedando subordinada
la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la sociedad, etc. al conocimiento que se
pueda obtener de lo divino. La fe, que suministra las creencias a las que no se puede renunciar, tratará
de entrar en diálogo con la razón. La inicial sumisión de la razón exigida por la fe, dejará paso a una
mayor autonomía propugnada, entre otros, por Santo Tomás de Aquino.
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RENACIMIENTO
A la Edad Media le sigue el Renacimiento (siglos XV y XVI), que conducirá, tras la crisis de la
Escolástica (nombre con el que genéricamente se conoce a la filosofía medieval), a la exigencia de la
independencia de la razón con la que se iniciará la filosofía moderna (siglo XVII).
Características del Renacimiento
El humanismo y el avance de la ciencia son, sin duda, elementos de indiscutible importancia
durante este periodo.
El primero volvió su atención a la cultura grecolatina, generándose un notable interés por los
grandes filósofos griegos -muy especialmente Platón y Aristóteles- que fueron traducidos, comentados y
asimilados por los filósofos humanistas, que buscaban en sus escritos un modelo de educación capaz de
hacer a los seres humanos más cultos y más libres.
Pero fue sin duda el avance de la ciencia (particularmente en los ámbitos de la Matemática, la
Física y la Astronomía) lo que impulsó en mayor medida el pensamiento europeo hacia la modernidad
y propició una nueva imagen del universo, diferente a la aristotélica predominante durante la Edad
Media. Bacon, Copérnico, Galileo, Kepler, son figuras centrales en el desarrollo de la ciencia, que
supondrá la destrucción de la imagen ptolomeica del mundo, inspirada en el universo cerrado y
geocéntrico de las dos esferas; la creciente y progresiva matematización de la naturaleza y el desarrollo
del método experimental serán dos de las bazas más significativas de su triunfo.
Una de las características filosóficas más notables del Renacimiento es el antropocentrismo, lo
que supone una valoración no sólo de la personalidad del ser humano, sino también de su individualidad.
También el naturalismo irá asociado al desarrollo del Renacimiento. Se destacan los aspectos naturales
del hombre versus los aspectos sobrenaturales. Es algo de lo que encuentran los renacentistas que
“vuelven” a Aristóteles: la separación del universo y de Dios y la exaltación de la naturaleza; al igual que
los que se “vuelven” hacia Platón, buscando una religiosidad natural y la exaltación del hombre y de su
libertad (el hombre no es malo, es ignorante, no necesita, pues, la gracia divina para su redención). El
Renacimiento supone, pues, el renacer del espíritu de libertad de un ser humano que se quiere inserto en
la naturaleza y en la historia.
FILOSOFÍA MODERNA
Suele afirmarse que la filosofía moderna tiene su comienzo en el siglo XVII y se extiende hasta el
primer tercio del siglo XIX. De acuerdo con esta cronología, su iniciador fue Descartes y su último gran
representante fue Hegel. La filosofía moderna incluye los siguientes momentos fundamentales:
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Racionalismo (siglo XVII).
Empirismo (siglo XVII-XVIII).
Idealismo trascendental de Kant ( siglo XVIII).
Idealismo absoluto de Hegel (siglos XVIII-XIX)
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Características de la filosofía moderna
Podríamos señalar que las características que presenta la filosofía moderna, a grandes rasgos, son:
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Desplazamiento de la cuestión teológica en favor de una mayor centralidad de los problemas de la
naturaleza y el hombre. Este desplazamiento se hace patente por la situación de crisis, aunque un
análisis riguroso nos hace ver que, en el fondo, la mayoría de los pensadores de la modernidad
intentan, de una u otra forma, fundamentar su visión de la realidad en Dios. A pesar de todo, hay
una nueva forma de acercarse a la realidad en esta época de crisis. Ésta va a venir suministrada
por la naciente ciencia (Galileo) que al hacer una interpretación mecanicista de la realidad física,
le aporta una regularidad tal que de ella es posible un conocimiento firme, seguro, matemático,
indudable. Éste comenzará a ser el paradigma nuevo del conocimiento y se buscará en todos los
ámbitos una seguridad semejante a la aportada por él.
Insistencia en el sujeto humano como punto de partida del conocimiento. Ello supone el abandono
de la tesis del realismo ingenuo de la Antigüedad y el Medioevo que sostenía que en el
conocimiento se ofrece el objeto o cosa tal como es, y tal como sería aunque yo no lo conociera.
Primacía de la Gnoseología sobre la Ontología. Al desplazarse el interés de la realidad tal como es
al sujeto. Lo que nos interesa fundamentalmente –y esta afirmación habría que matizarla muchoes lo que el sujeto conoce. En consecuencia, la filosofía primera, el saber fundamental y fundante
de los otros, ya no será la Ontología, reflexión sobre el ser, sino la Gnoseología o Teoría del
Conocimiento, reflexión sobre el conocer. De ahí que, quizás, el primer problema que se
plantearán los filósofos de la modernidad será el del alcance o límites de nuestras facultades
cognoscitivas.
El concepto de verdad también varía. La verdad ya no es entendida en el sentido clásico de
“adecuación de la cosa con el intelecto”. Aunque a veces se defina así o de forma parecida lo que
se quiere decir es otra cosa. Las riendas del conocimiento y por tanto de la verdad, propiedad del
conocimiento, ya no estarán en la cosa misma, sino en el propio intelecto del ser humano. Pero,
¿qué hay en el entendimiento que pueda darme noción de verdad? La certeza. Es decir, el
sentimiento de seguridad que siempre acompaña a la posesión de la verdad. Aquí estará el punto
arquimédico, por eso, habrá que buscar los rasgos de esa certeza que tienen que ser comunes a
todos los seres cognoscentes.
Características del racionalismo
Es común en la historia de la filosofía usar el término racionalismo para designar una cierta forma
de fundamentar el conocimiento: cabe pensar que el conocimiento descansa en la razón, o que descansa
en la experiencia sensible; así, puesto que valoraron más la razón que los sentidos, podemos llamar a
Parménides, Platón y Descartes racionalistas; y podemos decir que Aristóteles, Santo Tomás y, por
supuesto, Hume, tienden al empirismo, dado el valor que dieron a la experiencia sensible o percepción.
Sin embargo, a pesar de que pueda recibir distintas acepciones y aplicarse en esferas distintas, el
término “racionalismo” se utiliza primordialmente para referirse a la corriente filosófica de la Edad
Moderna que se inicia con Descartes, desarrolla en la Europa continental con Spinoza, Malebranche y
Leibniz, y se opone al empirismo que en esta misma época tiene éxito en las Islas Británicas. Los rasgos
que mejor caracterizan al racionalismo moderno son los siguientes:
La tesis de que todos nuestros conocimientos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de
la razón, del entendimiento mismo.
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El conocimiento puede ser construido deductivamente a partir de unos primeros principios.
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Los primeros principios del conocimiento no se pueden extraer de la experiencia empírica sino
que se encuentran ya en el entendimiento: el innatismo de las ideas.
Consideración de la deducción y más aún de la intuición intelectual como los métodos más
adecuados para el ejercicio del pensamiento.
La consideración de la matemática como ciencia ideal.
Reivindicación del argumento ontológico para la demostración de la existencia de Dios.
La apreciación optimista del poder de la razón, ésta no tiene límites y puede alcanzar a todo lo
real.
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