LEANDRO FERNANDEZ DE MORATÍN Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, de noble familia asturiana por parte de padre,[1] el también poeta, dramaturgo y abogado Nicolás Fernández de Moratín. Su madre fue Isidora Cabo Conde, con raíces en Pastrana (Guadalajara). Se crio en un ambiente donde eran frecuentes las discusiones literarias, pues su padre Nicolás fue un hombre dedicado a las letras y fundador y asiduo tertuliano de la Fonda de San Sebastián. A los cuatro años, enfermó de viruela, lo que afectó su carácter, volviéndolo tímido; además se volvió un lector compulsivo de poesía clásica española, del Quijote, el Lazarillo y de obras históricas como la del padre Juan de Mariana y las Guerras de Granada de Diego Hurtado de Mendoza.[2] Siguió al principio la profesión de joyero del abuelo paterno. A los 19 años, en 1779, ya había conseguido un accésit de poesía del concurso público convocado por la Real Academia Española con el romance heroico La toma de la Granada por los Reyes Católicos. Enamorado desde niño de una apuesta vecina, Sabina Conti y Bernascone, cuando el poeta contaba veinte y ella apenas quince esta se casó sin embargo con su tío, que le doblaba en edad; el poeta quedó sumido desde entonces en la melancolía y abrigará una antipatía ante los matrimonios desiguales que expresará en su futura creación dramática. Para más desgracia, su padre fallece en 1780, lo asaltan las estrecheces económicas y Moratín debe cuidar de su madre. En 1782 ganó esta vez el segundo premio de la Real Academia con su Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía española, una especie de manifiesto del neoclasicismo en poesía lírica. En 1787, y gracias a la amistad de Jovellanos, emprendió un viaje a París en calidad de secretario del conde de Cabarrús, entonces encargado de una misión diplomática que pretendía aconsejar a Luis XVI medidas antirrevolucionarias. La experiencia fue muy provechosa para el joven escritor; por ejemplo, conoció al dramaturgo neoclásico Carlo Goldoni. Vuelto a Madrid, funda una academia literaria burlesca, la de los "Acalófilos o amantes de lo feo", que se reunía en casa de su erudito amigo Juan Tineo Ramírez (1767-1829), jurista y sobrino de Jovellanos, y que incluía además al gran políglota y arabista José Antonio Conde, un amigo que en el futuro se casará con su prima Mariquita. Era este grupo fundamentalmente una tertulia de amigos que se consagraba a leer y criticar obras teatrales. La caída de Cabarrús no le afecta; incluso se sospecha que escribe en su defensa la Carta sobre el comercio de nabos de Fuencarral. Muy horaciano, obtiene su primer gran éxito con la publicación de la sátira La derrota de los pedantes y se enemista con el erudito Cristóbal Cladera, quien al parecer inspira el personaje de don Hermógenes de su pieza La comedia nueva o El café, en la que critica el teatro popular y en especial a su dramaturgo más representativo, Luciano Francisco Comella, bajo otro nombre. Lee al conde de Floridablanca una imitación del violinista de la capilla real y tonadillero Marcolini, al que era muy aficionado, donde le insinúa que desea ser abate: Solo quiere ser abate. / ¡Qué pedir tan moderado / el suyo, si por ventura / el ser abate es ser algo! Le cae en gracia a Floridablanca y le concede entonces la merced de un beneficio de trescientos ducados sobre el arzobispado de Burgos; Moratín es ordenado de primera tonsura por el obispo de Tagaste, requisito indispensable para poder disfrutar del beneficio. A poco de llegar Godoy al poder logró la protección del favorito, que le ayudó a estrenar sus comedias y aumentó sus ingresos con otras sinecuras eclesiásticas: tres mil ducados en una feligresía en Montoro y seiscientos sobre la mitra de Oviedo. Portada de La derrota de los pedantes (1789). Madrid, en la Oficina de Benito Cano Con estas rentas logra un discreto pasar que le permite consagrarse solo a escribir teatro. Retirado en Pastrana, cuna de su madre, retocó La mojigata y El barón y escribió La comedia nueva o El café, una gran crítica de los géneros del teatro popular y sus autores. Una vez estrenada esta última, viajó con una beca o bolsa de viaje suministrada por Godoy durante cinco años por Europa: Francia de nuevo, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Suiza e Italia, regresando a Madrid en 1797 para ocupar el cargo de secretario de interpretación de Lenguas, que había quedado vacante por el fallecimiento de uno de los hermanos Samaniego. Esto le permitió vivir sin apuros económicos, aunque él habría deseado, por el contrario, el puesto de director de los teatros que le hubiera permitido hacer una gran reforma de principios neoclásicos. El asalto de las Tullerías el 10 de agosto de 1792 Desde Francia tuvo que ir a Inglaterra a causa de la Revolución Francesa: había quedado asustado por el asalto a las Tullerías del 10 de agosto de 1792 y la formación de la Comuna de París. De esa época son sus amenas Apuntaciones sueltas de Inglaterra (1792), diario de viaje lleno de interesantes notas costumbristas. Aprovecha para estudiar el teatro de Shakespeare, aunque como no domina bien el inglés se apoya en las refundiciones de Jean-François Ducis, y traduce Hamlet (impreso en 1798). Pasó luego a Bélgica y a Alemania, donde perdió sus escritos y temió ser robado y asesinado, a Suiza y a Italia, de la que dejó también un extenso diario (Viaje a Italia, 1793) y donde se encontró con tantos amigos y admiradores (muchos de ellos jesuitas expulsados de España en 1767) que le hicieron miembro de la Academia de la Arcadia de Roma, con el sobrenombre de Inarco Celenio. Se embarcó en Niza para volver a España, en el buque La venganza, pero las tormentas y los compañeros lo marearon tanto que el viaje fue un infierno. Aunque marchaban a Cartagena, tuvieron que desviarse a Algeciras. En Madrid, estrenando su nuevo cargo, amista con Francisco de Goya (Moratín había estudiado dibujo de joven), y con Francisca Muñoz, "Paquita". Son sus años más felices. Frecuenta la tertulia del crítico literario y helenista Pedro Estala (quien lo llama "el Molière de España" en 1794)[3] y consolida su amistad con el abate y humanista Juan Antonio Melón (1758-1843), poderoso censor de libros, quien habla de él en sus memorias, que llevan el título de Desordenadas y mal digeridas apuntaciones. Tiene ya escritas sus piezas El barón y La mojigata, que conseguirá estrenar, aunque no sin la oposición de quienes ven en él un afrancesado que se ha beneficiado grandemente del odiado valido Manuel de Godoy. Al fin, como desea, es nombrado miembro de la Junta de Dirección y Reforma de los Teatros (1799), pero sus disensiones con el director de este organismo le hacen abandonar el cargo desilusionado a los tres meses. En ese mismo año (1799) su amigo aragonés Francisco de Goya le pinta el primero de los dos retratos que le dedicó, a lo que el poeta correspondió con su Silva á D. Francisco Goya, insigne pintor; menos conocido es que por la misma época también le hizo otro buen retrato el pintor dandy Luis Paret y Alcázar como un apuesto petimetre pisaverde, que se conserva en el Museo de Navarra.[4] En 1803 estrena El barón y en 1804 La mojigata, que tuvieron buena acogida. Pero fue el 24 de enero de 1806 cuando obtuvo el mayor éxito de su carrera, uno de los mayores del teatro de entonces, con el estreno, al que acudió Manuel Godoy, en el coliseo de la Cruz, de El sí de las niñas, que se repone durante veinte días hasta el cierre de los teatros por la Cuaresma y de la que se hacen cuatro ediciones. Pero la situación política no es halagüeña: su protector Godoy pende de un hilo. Además, sus planes de casarse con Paquita se van al traste, probablemente a causa de la indecisión del poeta (quien, según las anotaciones de su Diario, era un asiduo del amor mercenario, como su padre), y esta se casa con otro. El motín de Aranjuez en 1808 produce la caída de Godoy; huyó a Vitoria y de allí volvió como afrancesado, por lo que se le confiscaron los bienes. Pero José Bonaparte se hace con el poder y llega a ser nombrado en 1811 bibliotecario mayor de la Real Biblioteca por el nuevo monarca, que reina con el nombre de José I. Su contribución fue hacer un nuevo catálogo de fichas sueltas. Además se le nombra caballero de la Orden Real de España, que él llamó "Orden del Pentágono", creada por el monarca, que era masón. En 1811 escribe un prólogo contra la recién derogada Inquisición para encabezar una fracasada edición del fray Gerundio de Campazas; reimprime además, bajo pseudónimo, el Auto de fe celebrado en la ciudad de Logroño en los días 7 y 8 de noviembre del año de 1610, siendo inquisidor general el cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Sandobal y Roxas. Segunda edición, ilustrada con notas por el bachiller Ginés de Posadilla, natural de Yébenes (1811): Una autoridad que, embruteciendo al pueblo y usurpando la jurisdicción episcopal, amenazaba al trono mismo, [...] detenía los progresos de la ilustración, propagaba errores absurdos, atropellaba la formalidad de las leyes, los derechos más sagrados de los hombres, castigaba delitos que es imposible cometer y oponía obstáculos invencibles a la gloria, al poder y estabilidad del grande imperio que gobernaban[5] A partir de entonces fue tachado de «afrancesado». Por entonces inicia sus traducciones de Molière, que en realidad son adaptaciones, y La escuela de los maridos es estrenada en 1812 por su amigo el gran actor Isidoro Máiquez, afrancesado como él e igualmente retratado por Goya. Con los avatares de la Guerra de la Independencia española se produce un cambio político y ha de refugiarse progresivamente en Valencia (tras la batalla de Bailén) donde canta algunas de las reformas del mariscal francés Suchet y colabora en la gaceta afrancesada Diario de Valencia (1812) junto con su amigo Pedro Estala; pero la plaza no se sostiene y tiene que huir primero a Peñíscola, donde sufre un largo y feroz asedio, y luego a Barcelona, donde lo acoge favorablemente el barón de Eroles. Aunque le han levantado el embargo de sus bienes, con el pretexto de su afrancesamiento la Iglesia no le paga las rentas de Montoro, Burgos y Oviedo; padece hambre y experimenta una grave depresión. Sin embargo, se sobrepone; traduce Cándido o el optimismo de Voltaire y entrega al actor Felipe Blanco, primer gracioso del teatro de Barcelona, otra adaptación de Molière, El médico a palos, que se estrena allí el 5 de diciembre de 1814 con éxito; el autor dedicará además al retrato de este personaje un agradecido soneto; poco después logra por fin la restitución de sus bienes. Recibe su correspondencia a nombre de Melitón Fernández, Joseph Sol o Francisco Chiner. En sus cartas informa de cómo transcurren sus días: Yo sigo haciendo aquí la vida tont a, sin otra diversión que la de leer un rato por la mañana, pasear una hora por la tarde y clavarme a la luneta por la noche... Hablo en catalán con aullido perruno que no hay más que pedir.[6] Portada de la edición príncipe de El sí de las niñas (Madrid, Imprenta de Villalpando, 1806) En 1816 su prima Mariquita se casa con su amigo, el erudito José Antonio Conde, y en 1817 los temores a la Inquisición lo llevaron de nuevo a Francia con el pretexto de tomar las aguas en Aix-en-Provence; luego marcha a Montpellier, París y a Bolonia (Italia); en 1817 había empezado a preparar una edición de las Obras póstumas de su padre muy corregida por él. El éxito del pronunciamiento del liberal Rafael del Riego en enero de 1820 vuelve a instaurar la Constitución de Cádiz y retorna esperanzado a Barcelona a fines de 1820, donde sus amistades le consiguen el puesto de juez de imprentas. Pero se declara la peste en la ciudad y Moratín huye a Bayona en 1821; ya no volverá jamás a España; en Barcelona se imprime, sin embargo, su edición de las Obras póstumas de su padre en ese mismo año, en que además la Real Academia Española lo nombra miembro de número. Se establece por fin en Burdeos con la familia de Manuel Silvela, su fiel amigo; allí se reencuentra con Goya, quien le pinta un segundo magnífico retrato. Sus cartas de esta época reflejan más amargura que nostalgia: es muy revelador un soneto que escribe con el título de La despedida: Dócil, veraz, de muchos ofendido, / de ninguno ofensor, las Musas bellas / mi pasión fueron, el honor mi guía. / Pero si así las leyes atropellas, / si para ti los méritos han sido / culpas, adiós, ingrata patria mía. Aunque en 1825 sufre una apoplejía, sigue de nuevo a la familia Silvela a París, donde fallece el 21 de junio de 1828. Deja como heredera a una nieta del propio Silvela, María Francisca Figuera y Silvela. Fue enterrado en el cementerio de Père-Lachaise, pero sus restos fueron trasladados a Madrid el 5 de octubre de 1855 y ahora reposan en un mausoleo conjunto con Goya, Donoso Cortés y Meléndez Valdés, obra de Ricardo Bellver, en el Cementerio de San Isidro de Madrid. En 1825 se habían editado en París sus Obras dramáticas y líricas. Póstumo apareció su ensayo Orígenes del teatro español (1830-1831). Sus Diarios (1968) y su Epistolario (1973) tuvieron que esperar más tiempo, editados por el hispanista René Andioc.[7] Moratín fue un hombre de teatro en el sentido amplio de la palabra. A su condición de autor teatral hay que añadirle otros aspectos menos conocidos, pero que fueron tan importantes para él como este y le ocuparon a veces más tiempo, esfuerzo y dedicación que sus propias obras. Fue Moratín uno de los fundadores de la historiografía teatral española. Sus Orígenes del teatro español, obra que dejó inédita y que fue publicada en 1830-1831 por la Real Academia de la Historia, es uno de los primeros estudios serios y documentados del teatro español anterior a Lope de Vega. Es también de gran interés el «Prólogo» a la edición parisina de sus obras en 1825, en donde resume, desde una perspectiva clasicista la historia del teatro español del siglo XVIII. Moratín fue también un activo impulsor de la reforma teatral de su tiempo. Relacionado con los círculos del poder que estaban interesados en esta reforma y heredero de las ideas de su padre, no dejó de promover una renovación de toda la estructura teatral vigente en la España de su época. La comedia nueva es uno de los hitos de esta campaña de reforma emprendida por los intelectuales que se movían alrededor del gobierno desde mediados del siglo cuando proponían reformas Ignacio de Luzán, Agustín de Montiano y Luyando, Blas Nasarre y Luis José Velázquez. EL SI DE LAS NIÑAS La obra se desarrolla con un triángulo amoroso como argumento y su tema principal es la opresión de las muchachas forzadas a obedecer a su madre y a entrar en un matrimonio desigual (en este caso, además, con una gran diferencia de edad entre los contrayentes). Esta obra refleja la antipatía que Moratín sentía hacia los matrimonios desiguales como consecuencia de que su vecina de quince años, Sabina Conti y Bernascone, de quien él estuvo enamorado desde niño, fuera obligada a casarse con su tío, que le doblaba en edad. Aprovecha en ella para ridiculizar los vicios y costumbres de la época, usando el teatro como vehículo para moralizar las costumbres. Argumento Cumpliendo con la regla dramática de las tres unidades, la unidad de acción (contar una sola historia), unidad de lugar (en una sola ubicación) y unidad de tiempo (en no más de 24 horas), la obra narra una sola historia: cómo Doña Francisca (Paquita), una joven de 16 años es obligada por su madre Doña Irene a casarse con Don Diego, un sensible y rico caballero de 59 años. Sin embargo, este ignora que Doña Francisca está enamorada de un joven militar, un tal «Don Félix», quien en realidad se llama Don Carlos, y es sobrino de Don Diego. En el argumento se abordan asuntos cotidianos, no hechos heroicos; problemas con los que el público medio del momento podría identificarse: matrimonios concertados, educación de los hijos, relaciones amorosas, fidelidad en la pareja, relaciones paternofiliales... La clave de la obra se encuentra en la contradicción que caracteriza a Don Diego en el tema de la educación de los jóvenes y la elección de estado: su práctica, su actuación, no concuerda con la teoría. Pide libertad para la elección de estado (una libertad negada entonces a los jóvenes), crítica la falsa concepción de la autoridad por parte de los padres: comprende que ese falso autoritarismo es la raíz de muchos males; quiere que Paquita elija con libertad. Pero en la práctica, don Diego, que es el protector de su sobrino Carlos, comete con él los mismos errores que critica en teoría. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es el hilo que conduce la trama teatral. (Hablar del conflicto dramático y clímax. ¿Qué ocurre? ¿Cuál es la situación inicial? ¿Qué objetivos se confrontan? ¿Cuál es el momento del punto álgido?) Acción dramática y desenlace Toda la materia está distribuida en tres actos, lo cual es considerado aceptable por los preceptistas del momento para adecuar mejor la estructura externa de la obra al reparto de la acción aconsejado por Aristóteles en tres momentos clave: el planteamiento, el nudo y el desenlace. Consecuentemente con ello el acto primero de la comedia va a contener el planteamiento; el segundo, el nudo; el tercero, el desenlace. Para construir el argumento se utilizan una serie de recursos que forman parte de la poética de la comedia de buenas costumbres. Entre ellos se encuentran los que comentamos a continuación. Así, la introducción «in medias res», necesaria dado el uso de la unidad de tiempo que se impone. Los dramaturgos no pueden escenificar la historia completa que presentan. Tienen que dar paso a la acción con los hechos iniciados, y luego, mediante el recurso de la retrospección, narrar los antecedentes, la «prehistoria» de los sucesos. Así consiguen que sea verosímil el desarrollo de unos acontecimientos determinados en tan corto espacio de tiempo. La acción se articula por medio de un triángulo amoroso, en cuyos vértices se sitúan tres de los protagonistas principales: Don Diego, el viejo convertido en galán y pretendiente; Doña Francisca, la niña obediente, obligada por su madre a una boda que no desea, y que se halla enamorada de un joven al que ella llama Don Félix; y Don Carlos, nombre auténtico del supuesto Don Félix, que desea casarse con Doña Francisca. El enredo pone en movimiento toda la acción y la complica, posibilitando así la aparición del nudo. Se produce cuando se descubre la relación existente entre los dos galanes de la obra, el viejo y la joven: Don Carlos es sobrino de Don Diego, quien también es su tutor; y cuando ambos coinciden en una posada en la que también se halla la dama de los dos, Doña Francisca. Es un enredo complicado, pero racional, adecuado al gusto de los neoclásicos. Todos los elementos que lo producen son perfectamente explicados y justificados en la comedia. Así se facilita su solución, que posibilita el advenimiento, lógico, del desenlace. La carta se convierte en un eficaz auxiliar del enredo. Se incluye en el acto tercero. Posibilita la culminación del nudo. Pero a la vez facilita el advenimiento del desenlace, pues gracias a ella Don Diego llega a conocer las verdaderas relaciones existentes entre su sobrino y Doña Francisca. Se relaciona, pues, con la anagnórisis. La anagnórisis (el paso de lo desconocido a lo conocido) hace importante acto de presencia. Por ello afecta a los personajes, pues, gracias a ella, Doña Francisca llega a descubrir la verdadera identidad de Don Carlos. Pero también a los sucesos, dado que, por ella, Don Diego termina por conocer las auténticas relaciones que se han establecido entre su sobrino y Doña Francisca y los verdaderos sentimientos de ambos jóvenes. Es fundamental para posibilitar que Don Diego torne a su sano juicio, al darse cuenta, mediante un descubrimiento de la realidad auténtica (mediante una anagnórisis), de lo ridículo que resulta su papel, -al que le había impulsado Doña Irene, la madre de Doña Francisca, por motivos egoístas-, de viejo pretendiente, de desfasado galán. Su aparición, pues, se convierte en recurso importante para posibilitar el advenimiento del desenlace. Espacio y tiempo Cumpliendo con la regla dramática de las tres unidades, la unidad de acción (contar una sola historia), unidad de lugar (en una sola ubicación) y unidad de tiempo (en no más de 24 horas), la obra transcurre en una posada de Alcalá de Henares de siete de la tarde a cinco de la mañana. El teatro representa una sala de paso con cuatro puertas de habitaciones para huéspedes, numeradas todas. Una más grande en el foro, con escalera que conduce al piso bajo de la casa. Ventana de antepecho a un lado. Una mesa en medio, con banco, sillas, etc. ¿Por qué ocurre allí? ¿Influye en la aparición o desarrollo del conflicto dramático? ¿Cuándo ocurre? Año, época, estación . ¿Influye en el conflicto dramático? Personajes Según uno de los preceptos de la poética neoclásica que se iba a convertir en constituyente de la comedia de buenas costumbres, para no complicar excesivamente la obra y no distraer la atención del espectador, era importante que en las piezas sólo incluyesen entre seis y ocho personajes. La construcción de los personajes se realiza sobre la base de los tipos que al autor le proporciona la poética del género. En El sí de las niñas únicamente aparecen siete personajes: - D. Diego. Es el personaje más complejo de todos. Ha sido diseñado utilizando como base varios tipos diferentes (técnica de sincretismo: el personaje se comportará con rasgos y con funciones de un tipo u otro según sea la situación en la que se encuentre en cada momento). Se forma parcialmente sobre los tipos: · El entrometido puede ser joven y bien parecido, y es egoísta, interesado, cobarde, activo. El entrometido crea el triángulo amoroso, complica la acción, forma el enredo, provoca la aparición de conflictos y contribuye al desarrollo del tema de las relaciones amorosas. En El sí de las niñas Don Diego es un entrometido dulcificado y despojado de la carga más negativa, de la maldad, que suele tener el tipo. Es, pues, el entrometido funcional, pues este protagonista lo es a su pesar y no por voluntad propia. · El viejo forma personajes masculinos. Muestra interés por el matrimonio, por casarse, pero con mujeres más jóvenes que él. Es adinerado. Tiene edad avanzada y suele tener achaques físicos. Es insensato, egoísta, autoritario, celoso, tacaño, testarudo, irracional. Es tipo negativo. Forma triángulos amorosos. Contribuye a la creación y desarrollo del nudo. A veces provoca la aparición de momentos cómicos. Plantea el tema de los matrimonios desiguales y el de la libertad de las hijas para elegir esposo. Introduce crítica social y crítica moral. ·El padre puede dar lugar a personajes masculinos o femeninos. De él no se hacen caracterizaciones físicas. Suele ser maduro y viudo o sin pareja. Cuando es positivo, es sensato, buen consejero, generoso y carente de egoísmo, buen educador y preocupado por la formación y educación de los hijos, juicioso, experto, bien curtido por la edad. En este caso se encuentra Don Diego con respecto a Don Carlos. Entre sus funciones se encuentra la introducción del tema de las relaciones paternofiliales, de la educación de los hijos, de la imposición del matrimonio a los hijos. A través de él se introduce didactismo, pues se pone su comportamiento como modelo de actuación. · El tutor no tiene caracterización física. Suele ser maduro. Se puede transformar en personaje masculino o femenino. Es juicioso, buen consejero, dotado de autoridad, racional, sensato, preocupado por la educación, lleno de buenas y claras ideas. Su función principal es ser el transmisor de doctrina. Resuelve conflictos. Introduce el tema de la buena educación de los hijos. Critica comportamientos. A través de él se introduce la justicia poética, el didactismo y la tesis que la comedia puede contener. Los caracteres de cada tipo y sus funciones se van sucediendo a lo largo del argumento (los del entrometido casi no aparecen, sólo sus funciones), según sea el momento concreto de su desarrollo y la situación concreta en la que se halle el personaje. Al final termina por prevalecer la función de tutor, con su sensatez, con su disposición a resolver los conflictos, con su tendencia a adoctrinar y facilitar la aparición de la justicia poética. Él es razonador y termina, desde esta función, desde su papel de tutor, por reconocer sus culpas en los conflictos creados, al intentar desposarse con una niña que no le corresponde. Con ello facilita la llegada del desenlace. - D. Carlos. Este personaje se forma sobre el tipo “el galán”, que suele ser joven, bien parecido, valiente, atrevido, leal, inexperto, activo, enamoradizo y enamorado, no egoísta ni interesado, sensato. Entre sus funciones se encuentran el servir de medio para desarrollar el tema de las relaciones paternofiliales, del honor, de la educación. Forma el triángulo amoroso que sirve para articular la acción de la comedia. - - - Dª Irene. Este personaje se forma sobre el padre, en su versión negativa, y como tal es egoísta, interesada, mala educadora, deseosa de imponer a su hija un matrimonio que ella no quiere… A través de este personaje se introduce didactismo, pues se rechazan sus comportamientos. Dª Francisca. Este personaje se forma sobre la base del tipo “la dama”. Es joven, hermosa, discreta, recatada, pasiva, obediente, fiel, racional. Puede refrenar los impulsos apasionados del galán. Ella sirve para desarrollar, junto al galán, el tema de las relaciones amorosas, el de las relaciones paternofiliales, la educación, los matrimonios desiguales. Contribuye a la creación del triángulo amoroso y es uno de los ejes, como el galán, sobre los que se construye la acción. Rita, Simo y Calamocha están creados sobre el tipo “el criado”. Es un tipo sobre el que se pueden crear personajes masculinos o femeninos. Suele estar preocupado por su bienestar físico y material, por el dinero. Es experimentado (aunque no siempre se alude a su edad), juicioso, sensato, leal, buen consejero. Forma personajes de diálogo, con lo que facilitan a otros que expongan sus ideas, sus preocupaciones, sus intenciones... Es narrador, transmisor de noticias, introductor y presentador de personajes. Suele ser buen consejero. A veces introduce comicidad, aunque nunca como el gracioso del teatro barroco. Forma pareja con su señor, y, en ocasiones, puede entrometerse en la vida y los asuntos de los demás. Género: comedia de buenas costumbres. Las máximas de Moratín son: el teatro como deleite e instrucción moral (escuela de buenas costumbres) y una acción que imite de modo verosímil la realidad. De ahí nace el apego a las reglas dramáticas en todas sus facetas, especialmente la regla de las tres unidades: la de acción (contar una sola historia), de lugar (en una sola ubicación) y tiempo (en no más de 24 horas). La separación de géneros la realizó con tal precisión, que no llegó a escribir tragedias, pese a ser un género muy en boga en el neoclasicismo europeo. Su carácter le llevó a la comedia, género que define diciendo: «pinta a los hombres como son, imita las costumbres nacionales existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica; y de estos acaecimientos, de esos privados intereses, forma una fábula verosímil, instructiva y agradable». La definición que hace Moratín del género cómico es: «Imitación en diálogo (escrito en prosa o en verso) de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio del cual, y de la oportuna expresión de afectos y caracteres, resultan puestos en ridículo los vicios y errores comunes en la sociedad, recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud». Estilo de la obra. El sí de las niñas puede ser analizada desde una perspectiva realista, pues Moratín afirma que el género de la comedia «pinta a los hombres como son, imita las costumbres nacionales existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica; y de estos acaecimientos, de esos privados intereses, forma una fábula verosímil, instructiva y agradable». Lenguaje: prosa, verso, cantado, etc. El sí de las niñas es una obra escrita en prosa, pues el autor considera mejor el uso de la prosa para la comedia por corresponderse más con el habla de las gentes que se pretende reflejar. Didascalias (Analizar las acotaciones. ¿Son descriptivas? ¿Breves? Describen los sentimientos de los personajes, el lugar, la acción, el tiempo…)
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )