Gestión y tecnología: un desafío para la alta dirección Donald A. Marchand Aunque el alcance y la escala del uso de la tecnología de la información dentro de muchos sectores ha aumentado y la reducción de los precios de mercados se ha trasladado a los clientes, a los altos directivos les queda la sensación de que el precio de la tecnología de la información ha aumentado por “necesidad competitiva” y no por “ventaja competitiva”. La pregunta fundamental que se están formulando los altos directivos es la siguiente: ¿cómo deberíamos abordar la tarea de integrar la información y la tecnología de la información en nuestra cartera de instrumentos competitivos para mejorar los resultados empresariales? En esta materia, se enfrentan a cuatro desafíos esenciales que deben resolver para mejorar la forma en que sus empresas emplean la información y la tecnología a la hora de competir. Donald A. Marchand es profesor de Gestión de la Información y Estrategia en el IMD de Laussane y director del programa del IMD “Competir estratégicamente con la tecnología de la información” (CSIT). Hoy día, la alta dirección se enfrenta a nuevas oleadas de procesos de información y tecnología de la información en sus empresas. Además, también están los efectos perturbadores de Internet en la competencia basada en la red, a escala local, regional y global. Asimismo, en los preparativos para el problema del efecto 2000, muchas empresas de servicios y fabricación han realizado costosas e importantes inversiones destinadas a rediseñar y automatizar sus procesos de la cadena de oferta o demanda y los sistemas de información afectados con una especie de malestar con respecto a los resultados que dichas iniciativas iban a tener en su sector, sus empresas y en ellos mismos. DESAFÍO 1: DESARROLLAR LA MENTALIDAD ADECUADA Las percepciones de los altos directivos son, indudablemente, relevantes a la hora de definir la estrategia, distribuir los recursos y poner en práctica el cambio. Durante los últimos quince o veinte años, la mayor parte de los altos directivos ha considerado que los principales instrumentos para gestionar el cambio empresarial eran la estrategia, las estructuras organizativas, los procesos y las personas. Durante los años noventa, muchos directivos pusieron en tela de juicio este modelo tradicional de gestión del cambio empresarial, no porque no hubiese dado buenos resultados en el pasado, sino porque este modelo no concedía suficiente importancia a tres dimensiones que iban a ser fundamentales en el liderazgo del cambio empresarial en el futuro. El modelo emergente incluía los factores tradicionales, pero añadía unos cuantos más. En primer lugar, se hace mucho más hincapié en la creación y aplicación del conocimiento y en el modo en que se pueden acelerar y perfeccionar estas actividades; todo esto suele recibir el nombre de “gestión del conocimiento”. En segundo lugar, existe una conciencia cada vez más generalizada de que hoy día no se entiende suficientemente bien el empleo de la información en las empresas y las prácticas mediante las cuales las organizaciones perciben, reúnen, organizan, procesan y conservan la información, y, por lo tanto, no se gestionan bien. En tercer lugar, con frecuencia se ha considerado que la tecnología de la información era una necesidad o un centro de costes en muchas empresas, no un instrumento para que el cambio empresarial se pusiese en práctica con éxito. La percepción tradicional de la tecnología de la información sigue existiendo en la mente de los altos directivos junto con la creciente percepción de que la tecnología de la información es esencial para el futuro éxito empresarial en la era de Internet y del comercio electrónico. Por ello, el primer desafío que deben afrontar los altos directivos es su propio punto de vista sobre la forma de concebir el conocimiento, el empleo de la información y el despliegue de la tecnología de la información como instrumentos del cambio estratégico, junto con la estrategia, los procesos, la estructura y la cultura. Además, el principal obstáculo para el desarrollo de un mejor conocimiento de los tres nuevos factores para la gestión del cambio empresarial es la percepción de que el punto de vista tradicional sigue siendo válido. Si es cierto el aforismo según el cual “la percepción de los altos directivos es la realidad empresarial”, nunca ha habido un momento en el que haya sido más importante que los directivos desarrollen la mentalidad adecuada con respecto al modo en que hay que gestionar a los trabajadores del conocimiento, la información y la tecnología de la información. DESAFÍO 2: SABER CÓMO LA INFORMACIÓN CREA VALOR EMPRESARIAL Al examinar de qué forma piensan en la información y cómo la emplean los directivos de muchas empresas de servicios y producción, descubrimos la existencia de cuatro formas fundamentales de utilizar la información para crear valor empresarial, como indica la figura 1. No todas las empresas tienen las mismas capacidades para gestionar la información a lo largo de cada uno de los ejes, y esto es la causa de las amplias variaciones en el modo en que las empresas utilizan la información para competir. Con el tiempo, estas diferencias pueden dar lugar a oportunidades competitivas para algunas empresas pertenecientes a determinados sectores, que podrán destacar en el uso de la información dentro de su empresa y con sus clientes, proveedores y asociados. La primera y más antigua forma de crear valor empresarial utilizando la información consiste en gestionar los riesgos. Durante el siglo XX, la evolución de la gestión de riesgos en la empresa ha proporcionado un estímulo para el crecimiento de funciones como finanzas, contabilidad, auditoría y control. Además, estas funciones intensivas en información son importantes consumidoras de recursos y tiempo de tecnología de la información. La segunda manera de utilizar la información para crear valor empresarial consiste en reducir los costes. En este caso, la atención se centra en la mejora de los procesos y transacciones empresariales para que la información utilizada en los procesos y la empleada para controlarlos sea lo más eficaz y económica posible para obtener los resultados requeridos. Este punto de vista de proceso con respecto a la gestión de la información está más estrechamente relacionado con los movimientos de reingeniería y mejora continua de los años noventa. La tercera forma de crear valor empresarial con la información centra su atención en añadir valor para los clientes con los productos y servicios antes, durante y después de la venta. Muchas empresas pertenecientes a sectores de servicios y de producción han centrado su atención en la creación de relaciones con los clientes y en la gestión de la demanda como manera de utilizar la información para mejorar la respuesta del cliente. Estos cambios han dado lugar a inversiones en sistemas de punto de venta, gestión de clientes, elaboración de perfiles de clientes y sistemas de gestión del servicio que utilizan la tecnología de la información de forma novedosa. Por último, las empresas pueden utilizar la información para innovar y crear nuevas realidades, inventar nuevos productos, prestar servicios diferentes y utilizar las tecnologías emergentes. Empresas como, por ejemplo, Intel y Microsoft están aprendiendo a trabajar en “modo de constante descubrimiento”, inventando nuevos productos en períodos de tiempo más breves y utilizando la inteligencia del mercado en todos los ámbitos de la empresa, con el fin de mantener su ventaja competitiva. Dentro de estas empresas, la gestión de la información se centra en el desplazamiento de las personas y los procesos de trabajo de colaboración para compartir la información y promover el descubrimiento y la experimentación en toda la empresa. Cada empresa emplea combinaciones diferentes de las estrategias anteriormente mencionadas. Las empresas (como, por ejemplo, la empresa B) que centran su atención en el uso de la información para crear nuevas realidades y añadir valor para los clientes en el eje vertical contrastan marcadamente con otras (como, por ejemplo, la empresa A), que operan en el eje horizontal, en las cuales la reducción de los riesgos y los costes son los principales motores de la gestión y el uso de la información. En una escala del uno al siete, el uno indica que una empresa está realizando el mínimo en esa dirección y el siete representa a la mejor práctica del sector. Aunque la escala del uno al siete varía a lo largo del tiempo y según el sector, la identificación de las prácticas adecuadas en cada eje puede llevar a los directivos a evaluar en qué punto se encuentra actualmente su empresa y en cuál debería encontrarse en el futuro. DESAFÍO 3: UTILIZAR LA TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN PARA DESARROLLAR LAS COMPETENCIAS EMPRESARIALES ADECUADAS El tercer desafío al que se enfrentan los altos directivos consiste en determinar la mejor manera de invertir en tecnología de la información para desarrollar las competencias empresariales adecuadas en sus mercados. He preguntado a cientos de ejecutivos que participan en los programas de directivos del IMD qué prioridades de aplicación han decidido poner en práctica. La inmensa mayoría menciona la administración financiera como principal aplicación, seguida de fabricación, gestión de existencias y distribución. Otros directivos incluyen también en su lista las aplicaciones de recursos humanos y la cumplimentación de pedidos. De forma invariable, estos directivos han afirmado que tratan de conseguir una “ventaja competitiva” en sus sectores mediante la puesta en práctica de las mismas aplicaciones que sus principales competidores y casi en idéntico orden. La figura 2 ofrece un esquema para la evaluación del valor competitivo de la renovación del diseño y la puesta en práctica de aplicaciones de tecnología de la información en las cadenas de valor de una empresa. En el eje vertical está colocado el rendimiento de la información que la mayoría de los directivos espera obtener con la mejora del software y las bases de datos de tecnología de la información desde el punto de vista de tres tipos de competencias empresariales. El “rendimiento de la información” se define como el valor empresarial que una empresa espera obtener como consecuencia de la mejora de la calidad, la cantidad y el empleo de la información en la adopción de decisiones. En la parte derecha del gráfico se hallan las competencias necesarias para que funcione una empresa, como, por ejemplo, los sistemas de información de apoyo para la contabilidad general, las nóminas, la contabilidad de gestión y los informes financieros. Las aplicaciones de este tipo son necesarias para el funcionamiento de la empresa, pero proporcionan escaso o nulo valor directo para el cliente. En el centro del gráfico se encuentran las competencias esenciales para ser competitivo, como, por ejemplo, cumplimentación de pedidos, gestión de la producción, gestión de existencias y distribución. En esta categoría, los clientes cuentan con que las empresas posean todas estas capacidades para estar entre los participantes más destacados del sector. En el mejor de los casos, las cinco o diez mejores empresas del sector reciben beneficios comparables de estas aplicaciones. Por ese motivo, estas empresas deben utilizar estas aplicaciones, aunque sólo sea para mantenerse a la cabeza de su sector. En la parte izquierda del gráfico están las competencias empresariales que pueden dar lugar a que una empresa destaque en exclusiva al proporcionar valor al cliente con la información. En esta categoría, los directivos hablan de sistemas de información para la elaboración de perfiles de clientes, innovación de productos, atención al cliente y gestión de clientes. Las empresas individuales piensan que estas aplicaciones proporcionan el mayor rendimiento por el uso de la información, ya que la información genera directamente un mayor valor percibido para el cliente. A la pregunta de cómo distribuyen sus inversiones de tecnología de la información actualmente, la mayoría de los directivos responde que invierte en aplicaciones que son “necesarias para trabajar” y “esenciales para competir”. Los directivos raramente afirman que una parte considerable de sus inversiones actuales de tecnología de la información se centra en aplicaciones que proporcionan competencias exclusivas para los clientes. Sin embargo, a la pregunta de cómo les gustaría distribuir sus inversiones de tecnología de la información en el futuro, la mayor parte de los directivos contesta que desearía destinar más recursos a aplicaciones de información que convirtiesen a su empresa en exclusiva con respecto a la creación de valor para los clientes. Por lo tanto, da la impresión de que en la mayoría de los sectores, hoy día, los directivos son conscientes de que existen oportunidades de competir con la información a lo largo de la cadena de valor, pero la mayor parte de ellos piensa que sus inversiones en tecnología de la información proporcionan escasa o nula ventaja exclusiva para los clientes. Por tanto, existen oportunidades para las empresas que utilicen sus recursos de tecnología de la información en las “zonas” de competencia basadas en la información. Pueden reducir los costes de instalación y funcionamiento de las aplicaciones que son esenciales para competir y necesarias para trabajar. Alternativamente, pueden asignar los recursos de tecnología de la información a aplicaciones que ofrecen competencias empresariales exclusivas mediante el empleo de la información que crea valor para el cliente. No obstante, también pueden hacer ambas cosas. DESAFÍO 4: HALLAR EL EQUILIBRIO ENTRE LA FLEXIBILIDAD Y LA ESTANDARIZACIÓN EMPRESARIAL Muchas empresas trabajan simultáneamente en el ámbito local, regional y global. En estas empresas, los directivos se plantean con frecuencia la siguiente pregunta: ¿cómo podemos obtener la máxima flexibilidad para lograr crecimiento de mercado y rentabilidad y, al mismo tiempo, estandarizar las prácticas empresariales para reducir los costes, multiplicar la experiencia poco común y utilizar la tecnología de la información para compartir la información sobre clientes, productos y condiciones de mercado por toda la empresa? La flexibilidad operativa es necesaria para que la unidad de explotación o los directivos de país tengan libertad para adaptar los productos y servicios y sus operaciones a las concretas necesidades de sus mercados locales. Asimismo, la estandarización empresarial refleja la necesidad concurrente de hallar maneras de reducir el capital de explotación invertido en las operaciones empresariales mediante la adopción, siempre que sea posible, de un marco común de procedimientos empresariales, software de aplicación de sistemas de información e infraestructura de tecnología de la información. Hallar la combinación adecuada de flexibilidad y estandarización empresarial es un constante desafío para los directivos. La figura 3 presenta una variedad de opciones en relación con la combinación adecuada de flexibilidad y estandarización en el ámbito local, regional y global. Muchas empresas han desarrollado sus actividades a partir de un modelo país a país, unidad de explotación a unidad de explotación. Esta forma descentralizada de operar proporciona a los directivos locales flexibilidad para configurar sus cadenas de valor de forma que satisfagan las necesidades del mercado local. Normalmente, las aplicaciones de tecnología de la información que ofrecen respaldo a los procesos empresariales y administrativos también han sido configuradas localmente. Unas operaciones descentralizadas ofrecen el máximo grado de flexibilidad, pero también tienen algunos inconvenientes. En primer lugar, muchas empresas descubren que, con el tiempo, este método es una forma muy cara de hacer negocios. La excesiva duplicación de los procesos empresariales y el respaldo de la tecnología de la información tienen como consecuencia una deficiente puesta en común de la información y comunicación entre las unidades de explotación. Como no puede ser de otro modo, los altos directivos se muestran reacios a abandonar las ventajas de este método descentralizado; sin embargo, desean conseguir una reducción de los costes de explotación de los procesos empresariales y de la tecnología de la información entre sus unidades de explotación. Muchas empresas optan por el segundo método, en un intento por coordinar y estandarizar los procesos empresariales y la tecnología de la información con el centro corporativo. Uno de los primeros pasos en esta dirección es el nombramiento de un alto directivo de tecnología de la información o director general de tecnología de la información. Este director es el responsable de reducir los costes de la tecnología de la información en la empresa mediante el descubrimiento de servicios compartidos y procesos y tecnología de la información comunes cuando sea posible. No obstante, el director general de tecnología de la información suele encontrarse con el problema de que únicamente consigue descubrir sinergias entre las unidades de explotación y reducir los costes mediante la cooperación voluntaria de los directivos de las unidades de explotación. Por consiguiente, los intentos de reducir los costes de la tecnología de la información y adoptar unas aplicaciones de tecnología de la información comunes en las operaciones locales suelen fracasar o su puesta en práctica requiere varios años. Tras un período de entre cinco y siete años en algunas empresas, los altos directivos se acaban frustrando por el lento ritmo de la estandarización de procesos y tecnología de la información y exigen soluciones más drásticas. Cuando llega este momento, algunas empresas adoptan el método 3; otras prefieren el método 4 o, incluso, el método 5. El método 4 (regionalización) y el método 5 (globalización) requieren que las decisiones de los altos directivos con respecto al funcionamiento de la empresa se adopten de una forma mucho más centralizada, a escala regional o global. Las empresas que avanzan en estas direcciones dedicarán entre cinco y diez años a intentar regionalizar sus cadenas de valor y sus sistemas de tecnología de la información locales. Por ejemplo, los altos directivos intentarán “pensar en Europa como un país” y conseguir una regionalización similar en todo el mundo. Además, tras regionalizar sus actividades, algunas empresas, como, por ejemplo, Procter and Gamble, tratan de globalizar también sus procesos empresariales y la tecnología de la información. Una alternativa a los métodos 4 y 5 es el método 3, una estrategia “híbrida” de funcionamiento en un entorno empresarial descentralizado con una infraestructura de tecnología de la información global. Con este método, las empresas tratan de conseguir un equilibro óptimo entre la flexibilidad y la estandarización empresarial que les permita crear un considerable valor empresarial para los clientes y, al mismo tiempo, reducir los costes de funcionamiento de la empresa globalmente. Hewlett-Packard ha hecho esto y se ha convertido en punto de referencia para muchas otras empresas que intentan seguir una estrategia parecida en diversos sectores. A diferencia de lo que ocurre con los métodos 1 y 2, el método 3 trata de reducir al mínimo los elevados costes de la tecnología de la información en una empresa descentralizada allí donde la flexibilidad no añade ningún valor directo para los clientes. Al contrario que los métodos 4 y 5, el método 3 puede proporcionar flexibilidad empresarial cuando la creación de valor para los clientes es fundamental y, al mismo tiempo, puede encontrar prácticas uniformes regionales o, incluso, globales para las funciones empresariales en las que también se desea reducir los costes de explotación. CÓMO PUEDEN LOS ALTOS DIRECTIVOS CONSEGUIR LA GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y LA TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN QUE MERECEN Nunca antes la gestión de la información y la tecnología de la información habían estado tan estrechamente vinculadas con los resultados empresariales ni habían supuesto un riesgo tan grande de destrucción de valor para el accionista, rentabilidad y credibilidad de mercado. Al mismo tiempo, los altos directivos se muestran optimistas con respecto a las perspectivas de dirigir sus empresas hacia el crecimiento, la innovación y el acercamiento al cliente. Con este propósito, tendrán que decidir cómo van a emplear la información y la tecnología de la información para competir de manera más inteligente, mejor y más rápida. No obstante, todo esto comienza con el desarrollo de la mentalidad adecuada y una actuación en consecuencia. Ésta es la buena noticia. La competencia con la gestión de la información y la tecnología de la información comienza por usted. © Ediciones Deusto
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