Subido por Hugo Pereyra Mondine

Vallespín - Hobbes (en Vallespín TII), ocr (2)

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Fernando V~ilespín. Joaquín Abellán,
Hnf:1cl Jcl/\guiln, J\tilano Domínguez,
Juan Gil, Julio A . Pnrdos,
Manuel Segura Ortega :
HisLoria de la Teoría Política, 2
EstadD y teoría polítíca modern¡¡
Compilación.Je Fernando Vallcspín
El Libro de Bolsillo
Alianza Ediwrial
Madrid
®
25~
Tom:ís Hol ·be~ y la tcorín políticn
de la Ren''ución
ingles:~:
Fernando 1 al/espfn
Tom:ís Hobbes viene al mundo el 5 de :1bril de 1588
en Westport, una pequeña nldc:~ junto a Malmcsoury.
Nace en el ~::no de la familiil de un conflictivo e inc.ulto
vicario. que abandonó :1 su mujer .y tres hijo~ tr:1s verse
implicado en unn reyerta con repercusiones jt1dícialcs.
_fui tÍO (!:t!~, 110 3COI110dado fl.~l:l.D.l~C ...b.i.w_s:JI!!O
9_c...á\!S ~o_brinos y proporcionó al jo,·cn 1lobbcs la l'(' ~i­
bilidad de caudi:tr en Oxford. Aquí entra en C0nt:ICt(l
con la filoso:ía c~col;ística Jc raíz aristotélic:1 ,. se cmretienc leyend, libro~ de ,·i:~jec; y c:ltl:J'> ge(l¡!~Mica". En
1608 entra :!L~"jc.i.o.. dc.Jnlamilia...ili:_\'\-'illiarn Cn\'(:ñ."'
~· primer ctirl de Dcvomhirc. como tutor de su J¡¡.
~ a quien [ Iohbcs apenas lb·ab:1 diferencia Jc edad.
A partir de este momentO r ltast:'l su muerte, b ,·inculación Jc I kbbes wn l0s Ca\·cndish . una familia tk. r:tnci~bol~ 4--!!t.au....iJifl~ polític:J, '':t :1 s"r ca~i
c<¿ntinua. Siguiendo una co~turnbre de l:t época en la
educaci6n de los hijos de la nobleza. C,!l. l6l0 acomp~iia
2~4
a su pupi lo a un vi :ú de estudios or Fr~ncia e Italia,
don< e c<:~micnz:~ a familiarizmse con el mtC\'0 tono intelcctuíl l del continen te. S~ílr!i<jpación en el mundo so~ial
de l0s Cqvcpdish le permite también entrar en c~cto
con filósofo$ como fr:~nds !3acon, llen Jonson o Her·
ber"it!Cl:.hcrGury. Esta es la época en la que e~picza
:1 cobrnr interés no }':l sólo por la filosofía, sino también
- · sociales de su tiempo. Fruto de este
por los prob!cmns
interés y de su ndmiración por los clásicos es ~ traducción de Los ocbo libros sobre la uerra del elo 1 o
e ucídi es ( __2), que le sirve para dar el primer
10guc de atención a sus contemporáneos sobre los peligros de la dcmos:vcia.
Tras In muerte de su di~cí ulo en 1628, pasa ahora
al ~ervicto < !iit
r a
inton para hacerse cargo de
a e ucación de Sll hijo. Con este motivo vuelve al continen te. donde p:-.s:~rá dos :~ños y qm·dará absolwam¡;otc
fascin:~Jo con el mundo de las matemáticas Y.J en particulu ;tle · la comctrí'ii':"l:e entusiasma especialmente k_
pulida ex icación cduc_tiva desde axiomas o piincipios
incontrovcrti es, ta y corno se viene practicando ya por
las nuevas ciencias de la naturaleza. Desde entonces ffi.
qb~!il_ón va a consis tir en trasladar este método al ám·
bito de la reflexión filosófica. como luego en efecto hará
en SLI obr:1 posterior.
En l(, l le recbm:tn de nuevo los Ca,·endish como tutor < e n11evo t:111 , liJO e e pr imer discípulo de Hobbes.
·
1634-1637),
Con él inici:-. su tercer:! ,·isitn al e·
que e~ta \'C7 le 'Om :
a con a unos
ele loe; prota un· st as de la nuc,·a ciencia : cn Florencia ·
\'I~Íl:t :1 Ga íleo, \' en París entra en el círculo acl abate
francJ(cnno f\1. l'-tcrsennc. donde rraba amistad con Gas·
sendi \' conoce <1 Desc:~nes. Durante estos fructí(ctos intercan~bitlS'IñiCicctu<~lcs se gesta ya el primer esbozo de
su si~tcma de pensamiento. Se trata del diseño de una
triJ<,~Ía filosófica: De corpore, donde i~tenta plasmar
ln idc:1 de que todos los fenómenos físicos son ex lica·
256
cornn cncr~rn::ción dd 'rinc1''0 dl'l ltH l\'tm icn
"
natura e7.:1 w.n :ma; y, por fin. ?(' cia. d<"!nde se equ.
~s impl icaciones de l0s :ltl:í li ~i~ atHrríore~ ~nhrc el
gobictno civil v la N ;tniz:1ción S(lCinl. 1\ún pcn..-::tda como una o H:l unitnria donde cada una de Ja, p:1rtcs se
engarza con l~s demá ~ siguiendo una cscr.lonadn l0gica deductiva Hobhes trnhaja en c:~da una ele cll:ts indi~tinr:t' no puede ev1tnr
. que la tercera vaya comp1eran,
mente,}'
dese con cierta independencia respecto a bs dos anteriore~. Como .;J mism(l rccord:ttá más aclel:mte, en b Introducción a !a edición de De cit•c de l6..J7 , fuero~ los
P.t-cocu )antes acontccnmento m t o v se cia
_ ••:
":tís los t ue 1:' condu'eron a ccntrar~c más en b filosoía 'Oiítíca: ''E pnís esta J<l tlrvJerH o con cucstume' re·
lati\·as a o~ derechos de dnminnci6n, y :1 b obediencia
debida por p:nte Je los stJbcliws. las \·erdnderns precursoras de una r..uerra que se nvecinaba>> (E. \VJ. II: XX)*.
Estn relativa :cindependenci:H> o «autonomía>> en la elaboración Je :>U teorfn política es lo que , wmo luego
veremos, dad pie a un sector de los comentaristas posteriores de la obra hobbesiana para nfirmar una rebtiva
«desconexión:~ entre su fil osofra natural y su pensnmicnto político pt"piamentc dicho. Lo cietro es que, una vez
que Hobbes hubo vuelto a lnglatcrrn en 16.3 7. se dedicó
de lleno a esl: a~pec:to concreto de sus inquietudes intelect u;¡ les.
Por estas fechas se habín desatado ya la guerrn con
Escocia como conseeuencin de la imposición de una nueva liturgia, e Book o/ Common Prayer; asimismo, el
" Las rcfcrcn ·: i:~s de l:ts C'brns de 1lobhcs se contienen en la
bibliografía adjl_nt~. Dentro de lo po~iblc nos \'~ldrernCis de la
compilación de lns mi~m:1s de W. Wobwonh, Englr.1b \í'orks
(E. \V.). Las úric:~s excepciones scdn el Lt'l'ic;/Jn, t.kl que us:t·
remos la cdicióa de C. 13. 1\bcphcrson, y los ElcmCitts of Lau:,
que cit;trernos p:>r 1:1 cdicii.Ín de r:. Tiinnie<. S:~lm la' (Íta~ lite·
r:~lcs del Lcri11t!Ín. d<'nde tt:ili7~remm 1:~ traducci6n del mismo
de CMI0s MC'lli:·.0 (i\li:~n?.:l Ediwri:~l. 19~9), no< \'~.!d!l'nl'>~ ~i,':n·
pre de trnd uccÍ •mc~ pwpi:~s . P:~t ~ (:tcíliJ:u la loc:~ liz:~.:i0n de las
cítns de otras Cl!icioncs se har:í com tar t:\mbién d capítulo y, e'l
su caso, el pari'.grafo.
25i
l:n¡!n c1~ nfli rw entre la.; diqímas élitcs políticns reprc·
~rntnd:~s en i:t C:ím;tra de lo~ C(HDUOC~ V e! rv\nnnrca
sobre qui~n er:1 el ' efectivo tillllnr de h .sober<!nÍrt. no
"<ílo 110 lln·nh:~ \'Í~ns de :tpaciguarsc, ~inn que parcd;1
haber ent 1 ado en unn f nse cxpl0si\·a. Estos dos f:1ctores,
el reli!-!iosn ~· el m;ís est rictnmente ideológico, serían percibidL's después por Bobbes en su B('/;cmotb ( Diálogos l-4) como 1:-ts en usas fundament;lcs de la guerra
civil. En torno a 1640 deja circular en versión manuscritn lo que lue¡!o--;r;recerá impreso al cabo de un:-t
déradn como Los Eirnu•,;tos del Derecho. Natura/..J:....Poljticg__ un:~ especie de síntesis en dos partes de algunos
aspectos de sus reflexio nes sohre el hombre y el ciud:~ ­
dann. Ácptí se contienen \'a, en Jo cscnci;~l, los r:tsgos ~~
Si'((')
s1 t
tro )OI('>gicn y políti,sa. /\ pesnr de
su rigurosa formulación filosó ica, · e¡a trnslucír perfectamente las posturas del au tor sobre las cuestiones disputadas en l¡¡ esfera política del momento. _El mens<~·e es
daro: dndt~ la naturaleza humnnn, fa paz civil só o es
rOSible ba¡o el somcumrcnto total a una .s oberan(a in"divísit5'fe¡-¡i6soluta. Se erige, pues. en firme OfJOsitor a
las tem del Einndo parlnmenr;~rio, favorable, al menos
en <lquelfa época, a una sob~ompartida coner'Rcy;
pero no por ello conligue congr~~~-12_ erpnrtido
rc:tlim, Pllrtidario del;~ teoría deL;u-_~JL.dü:.in.Qael poder rcnl y poco dispuesto a aceptar argumentaciones no
t~ológisas.
A fínn les de 1640, tras ln elección de un nuevo Parlamento con síntomas de gran bcligeranci:t, y consciente
de la precariedad de su situación, decide exiliarse en
París. Como él mismo reconocerá más~ adelante. «fui el
primero entre lo~ que huyeron>>. Allí perman~ce once
años. frecuentando el círculo de Mersenne v dedicado
¡)QT entero n su acti\·idad cienrífica. Fue, si~ duda . su
perítldo más productivo. Tntenta rcfutnr, con poco éxito.
lns ¡\f cd il nci?uc r m el ali'>ira' y In Dió fJt rica de Desc,¡ll'tcs;
CQJDpk.I.a Fus eswdios Je óptic_:t v de otras disciplinas matcm;ítkn~: rer(l, sobre todo ; formula !a prcsentaci6n' nJ;Ís
desnrrolbl:1 de su teoría política. Ei primer hito lo con~-
o'
1 \'fll~tl<l" \'nlk<pín
L)'J
titu\'C la ¡'ublicación de su /)(' rirr, 411e :1po~rccc en un:1
edici<ín limitada en IG-12, ¡¡ la que seguir~ 1111:1 más arnpli:~, en 1(, 17. cu i hll:mda. (!),!_) c~tc lihro ~c \':t a J.!r:mjcar ¡wr fin In adrnir::ción dC' gr:•n parle de b imdcctualidad ch·l momento, y su repercusión ~erA practic~­
mcntc mmedl:tt:leñ'Ftancin y llolnndn. En él se amplían
los argumentos ya expuestos con :mtcriorid:HI en el mamJscriw de Elementos del Dcrrcho, c.les<:(lnncidos aún
en toda s1.1 fuerza en el cont inente. Su gr:u1 novedad
reside en la int.roducción de 1111:1 terce r:~ parte .sobre la
rclíf<in, Cll [:¡ 11e ahrm:t J:¡ C$ 11 al
- :1 ~ el
esta o y a g esia eristi;m:l, n CllY:l c:tb<:7:1 está el sohct:tno. Ün iC1tnCtlle a él corre~ mnde Jetcrmtnnr b forma
lléCüito p•tblico. así c.orno el con trol en :1 intcrrrctación
de bs Esnlfuras. Esto no s11pone. sin embJ.!.tr.o. (Q!!)O
h~o soSLf nJr[ s;n d Lcz:int(Íu, {JIIC el snbcr:mo ~e arr.ogue literalmente la c_.1~idad ti!:_ intc~pret~r laLEscritur:ls, sin(l l;ólo er JCrcc o :l....,!•deciJir» _tuák~ _s.lc las intCr'j:ñCiácioñCs vigentes
disna de Qhtener el marchamo
oTtml de rell tÓn del stnc.lo.
--csdc París o scr\·a arcnramcn tc los actm tccimientos
políticos ingleses, que le van narr:~ndo de primera m:mo
los re:Jiistas refugiados en la capit:~l fmnee~a . A es1c
contin¡:.entl! se une en 16-16 el mismo pdncipc de Gales,
que fi ja su residencia en Sninr -Germ :~in y rro nto se roden de una irnpro1·isada corte ele lcgitirnis t :l~ cxilindos.
Oumnte nlgunos mcsc5 se le cncarpa a II~,~ ll()cs la i n~truc­
ción en matcm:íticas del futuro Cnrlos 1!, lo cual contribu\'C a introducirle aún más en la cnrarccidn atmósfera
de l~s ex!latriados ingieses. E~tos contactos le Yuclven
a sumergit en sus preocup:~ciones filos<ific<l-políticas. En
1650 publica en }ib¡os jodq:u;nc.Jicmt·s, l;ts _dos_par.t;s
c.lifcu:nciadas del mannsctito duos ElcmCJJlof· L.a_naluralc:ta l uma11t1 \' De mrporc politico. Su contenido
lo compcr.dia poco después en una versión de los mismos más completa y conswnnch p:micu brrneote res~to
c.klJ.r,ats1.1UÍCDIO l;jll~ se h:tce dci P tOhkm:~ cr...n!r;:t) ael
poder y d,~ la obligación....n.o.l.U i c~ v a la cmuc incorpora
una punzante crítica de I:J lglcsin y Jc In teoría teocrá-
tica del Dcrcch<> y ele! Estado. Se rr:na del Let•intán escrito en ln[!lés v dirÍgídofUndarncntalmente a desti~ata­
rios in¡ziC'~es con l;~ clara intenci<Sn de solventar de una
~e~ por INhs. no. \':1 sóiCl sus inquietudes filosófico-polwcas, ~mo su rn1srn:~ postu ra nnte los acontecimientos
de su paí~ . $nlc editado en Inglaterra en 16 J, en pleno
pcríod(l rcpuhlic:mo, y contenicnc o una lcgitimndón iwplícitrt del nuevo orden Con esto no pretendemos decir
uc el Leuiat!m _fue~.~~ escrito son 1~_1!.!.1l9L.iÜn1c.o~ióm>
el_<:_ cguun:u :1 recién inst:wrada Co!!J.!!!OIIWC'trltb de Crom·
wcfT. e!'tWicbd:~ tra~ el ajusticiamicnt.o 'dCCarlos I y la
abolición de la Cóm:1t:t de los Lores. Parece hnbcr un
amplio wn~rnso en fijar b fcchn de mnduracióo de las
tesis fon d:tmrntnlcs del pcns:1miento político de Ilobbcs
hacin rin:~lcs de los arios trein ta, poco antes de que comenz:'lr a a circular su manuscrito Je los Elrmmlm Y
está también fuera de wda duda que dicho pcns.1miemo
se enmarca· dcmro de un proyeco filosófico mucho mós
ambicioso, que trasciende, por su peso específrco, como
E
auténtico <1cl:ísico» , In posible irnportnnci:1 que tuviera
en el clcbntc rolít ico del momento. Pero no hay que negar tampoco, como se encarga de recordar Q. Skinncr
(1972), que el Leviotóu fue escrito en parte com'OC'Oñtribución a la controversia sobre el derecho de los )odere~ e tt<.'lo n obtener :1 o e' lenct:l e sus su ( llOS 1•
~l a par te 1n:1 (e <. ic:l1o 1ibro ( (( Res u me~ y Conclusiones») subray;¡ c!:lramcnte l:.s implic:tciones ~e su teoría a este rcsp.ect<:>. Si un poder p~lítico es capnz de prot er a sus !>ubdJtos, }' estos «viVC!!_ abiertamente bajo
su protecc1on» se es supone sometidos al gobi~rno. Hobbes mrsmo reconoce h:~ber escrito el LerinftÍit influido
por los «desórdenes del 1iempo presente», y «sin 01111
La discu~i6n mhre si el l..criatán fue esc rito dc:ctivamcntc
como coprríbució~ :ti dch:ttc sobre los poderes de /neto, tnl >'
corno SktntH:r lo u~tc rprt'tn, nc~bl rc~u l tnnuo uu l:l OIP $intplist:t,
como se cnc;ll(tn ~e dcrnnmar J_ $tcrnbcrg. Tht: 0/m:nion of
Thomf/I Tiobbn, Nueva Yo rk, Pw:r Lang, 1988.
·
260
rernalldo
Vallc~piu
gún pro~sit<• excepto el d~ poner ante los ojos de los
hombres a rel tción mlll\1:1 entre P.IQ.t..!:._criciLLy OEe<ltenCl<l>>.
·-sea como hcre, lo cterlo ésq;te la recepción del ll pro
entre los re;1listas ex ilindos en Franci¡-¡ no pudo ~m~s
ñcgat iva. A resa r de la clíi ra _o~ción de. l.lobbcs por. 1:1
monarquía ah><lluta com0 la untca conJtctón de pPstbt·
lidad de la paz civil , llls implicaciones de su t<;oría slein·
ban al monar·:a en una sllu:1CtÓn poco honrosn. tao en
vano presu .te ue sólo le es ddmla la oGedicnci;¡ ni
soberano en tanto en cu:1nto sea capnz e ¡prnnli~~_s(ec·
t iv:~ me n te ht se urllhd de sus subdtws, :1lgo qur , en
ver( :lt, no parecía estar :1 """iifcancc J e uií rey en el ex ilio.
Si a esto añachoos IQs..furibunJos ataques ~te el L-:r-·iatán
dirige contra };¡s argumcntacion ~tcológicn~..Y, t'n par·
ticuhtr, a In 1~lcstn c:lt<';"fi~:il.esf:kil imaginnr la rc:tcci<ín
de rechazo pc.r parte Je los clérigos del enwrno del Rey
y. sobre todt' , de las propias autoridadco; cclc,.iás.lli'a"
francesns. Con~ccttcnt;Tícntc, en el invierno de 16 '52, con
casi ~csenta y cuatro nños de edad, d irige de.: nuevo' sus
pasos :1 [J_).glnl!.:r:l· Como ci.tce en sü Jl;¡tr¡biOP.!_fl/ín, «~!
a mi pnís nat •l sin dcmn~tndn ar:tn t:t (fe Jnt ~e urt<~:td,
pew porque no abín nin ún otro lu ar dt,ndc 'll< tcrr.
estar más scg:tro>>. na vez ¡-¡Jií no es mal rccibito por
el rcgtmen u:tperantc, ni que promete 5urnisi6n, pero
~e desvincula de b ar~umcmnci(m política par:t encerr:tr·
se :1 re rna t t~ r sus trabnjos más cstrictnmcnte fi losMicos.
EJtOs cul minan con In publ icación de De hmninc ( 1952)
y De corpor~· (1655 ). Se implica tambtén en n lg~nas
diSputas teóricas: sobrc el libre alhcdrío con el obt"po
Braholl, y otrJs c.le índole más estrictamente ma temático
y de filosofía mccanicistn.
La rc,.taur;!Ción de C:~rlos li en ló60 tiene un efecto
ambivalente ~obre .Hobbes. De un l:tdo con~~ue el f:tvor rcrsonaJ de SU att ti UO d iscí ,u lo de llll.I ~ !UíÍ!ÍCas,
ue e recibe en la corte y e otor a una c ns1nn ; pero,
e otro . llene rente n o; a e ero y a import:ui!.C" sectores de l:t Untvcrst<hJ de Oxford . que no le pcrdon:m
las crí ticas < u tgtdas contra clb en el
·· í11. Allí
ataca a ststctna umversllano por abcr apoyado :ti Papa
l om<i~
l lobbc~
2úl
y h:tbl'r vertido enseñanzas «anticuadas», proclives a incitar a la rebelión :1 los hijos de la genlr}'. Al cabo del
tiempo, estos ene migos l9 ran la prohibición de sus
obras políticas ba jo la ::~cusacion
~ ·
U66~_y
muchas de ellas son quema as en Oxford. ya después Cie
ia...rnuerte Clellilosofo. La Sociedad RealcfeCicnci:i'Stii'mbién le c1erra sus pu en:~ s, y e!1 sus últtmos años Robbcs
se rcttra, ya :metano, aunque todavía tncreí6lemente pro·
duct"iVo, n las posesiones de los Ca\-cndish. Por estas
fechas c:scnbe <io~ hbros de historia y teoría política,
como son el TJchemotb. Historia de las causas de 1a
guerra ciui/ de ·r;¡;r¡¡r¿rr.tJ, y su Diálogo entre un [tló·
so{O' v tm estudiante de derecho cómrín de In !aterra.
:s te IÍ ttmo cons tituye una act( a crÍIICil ce a tcona cohs·
titucion:ll Jcl Common LaJY inglés, representad:~ funJa.
mentalmeme por EJward Coke. Ambos se editarán tras
su muerte. en 1682 y 1681, respectivamente. i\ún le
quedará 1iempo , en un sorprendente retorno a sus afi.
cioncs juvénilc.:s, para tn1ducir al i ng~ y en verso, la
llíada ,. la Oclirca de llomero. En curiosas rimas lati·
n:ts e~ también su Autobio¡?,I'O ía, UIY.l breve rcl¡-¡ctón
de su vid:t llena de re erenctas irónicas. Otras obras su·
yas a dest:tc:tr son su versión latina del Leviatán ( 1668),
donde matiza algunos de sus pasajes más duros sobre
la reli¡!kín, y su Historia Eccfcsiastica ( 1688). En el in·
vierno de l..G.ll.. n u n<~ edad bíblica, como tiln t<ls de sus
referencias simbólicas, fa llece en Hardwick . .En su lá·
pida figur:1 la ins<:ripció~a \!ir probus el fama eru·
ditio,ds domi {orisquc bl'lft> co;.11ifus. Se dice que él
hubiem preferido otra, más acorde con sus prderencias
por lo$ juc~os del lenguaje y por In concepción que tenía
de sí mismo: This is the lrue Philosopber's Stone.
II.
CONTEXTUAL I ZACIÓN GENERAL
Durante los noventa y un :tños de la \·ida de Hobbes
Inglaterra vi,•i6 uno de los períodos más cntcinles de
su histori:t moderna. cu>1ndo no el proceso dccisi\'a ha-
262
cia lo que lucg~) constituid~ la flJCille Je su identidad
política. Narc, en cfcc1o, un p:~r de meses :m1cs ~le '"
derrota de 1:\ 1\rm:~d;~ espnñol:t . que supu~tl el nf•:m7.rt·
miento de una lngl:11crra protest:1n1c e indcprndicnlc. y
durante la época en la que esle pílÍS consi{!uC al fin asen·
tarse como Estado moderno tras superar las frnnur:.1s
creadas por hs displuas feudales y los enfrcn1amiemos
con el papado. Su inf:mci:-t tran$currc asf durr~ntc el pe·
ríodo álgido del :~bsolutisrno pro~rc~ista isabclin~, 4l~C
pronto dará paso, tra~ el establccum:nto de la. d~n~<;tJ:I
T udor (160 3). a unn épocn de crccJcntc confiJCti\"J(.bd
socinl y polí<icn. Entre 16-10, niio de 1:1 CtHlvocntori;¡ del
«Parlamento Corto» y JCT"i)rimer enfrcnt:tJnicnto fwntal
de cst:J inst ituci6n con 1:-t Coronn, h;~stn 1660, :u)o de l:t
rcst:Jumción rnon~rquien Jc Cario~ 11, diswrre el período de gncrr:-t o guerrns civiles, de hs que 1h)bhcs va
a ser un tes.igo de excepción. Como él mismo recontKe
:~1 abrir el J:ehcmotb, «si en el tiempo, como en el es·
pacio, hubie1:1 niveles de altur:-. y b:tjur:-.. creo firmemen·
te que el mr.s alto de todos los tic_mpos ~erlo :1qucl que
trr~nscurrió entre 1640 y 1660>> (E. \VI., Vl : 165). Las
{actores a tener en cucnt:1 en In explicación de lns c:-.us:1s
que condujeron n la «Gríln Rcbcli6n» no son fáciles de
enumernr y exigen un anñlisis de una cnvergadurn que
excede con mucho los límites de este tr:'lbnjo. fiaste con
decir nhora que esta «Rebelión>> es el producto de una
lug:t y fiera disput:~ cpmtítucion:-~1 entre d Parl¡¡mc.nto
In Corona sobre uién cr:1 el :'luténtico titulnr
1:1
so er::~nía.
e o 1:1y que :-~ñ;~ 1r un c~mr ejo tras fondo
de intereses económicos \', sobre todo. la perY! \·~ncia del
problema r<'ligioso. N~ ~n lo que .s~ rcfr~re :1 la
re acron entre
oder es trttu:1l ,. olmco, stno a .h.
misma n:ltur:~lq:~ de la to erancw religiosa. L:ts creen·
cías religiosas fueron un factor decisi\·o ~_la hor~ de
ootar por uno 11 otro b:~ndo en 1:1 guerra Cl\'11. En 16-19
é~t:l culmina con 1:~ ejecución de Carlos 1 y la procl~­
mación de h Commomuc11llh o Rcpliblica, que :1 p:1rt1r
de t65J col-r:-~rá la form:-t de Protectorado b:~jo 1~. aut~·
ridad casi indiscutida de O li verio Cromwell. Su hiJo R1-
263
cardo, que le S\tccdc en el cargo, no es c:~paz de imponerse ante lns intereses en li7.a, y en 1660 un nue\'O
Parlamenro re~r.111ra b dinasría Estuartlo. t\unqtlC Carlos 11 !fllll:t el poder bajo dcrermin:~das wndici<lncs dieradas por el Parbmento, pronto vuelve a rcsucit:~r viejas
querella<; polític:~s y religiosas que d~_semboc:m en la
«Revolucil'n Glorio~a» de 1688. Su h1¡o Jacobo ~us
obligado :~hcm :1 abando~r ~~no, _!!<:_usaJó Je -~e·
t!!nder rc!'t:tblecer el cawhc1smo CJ1lngl~. y _Gudrer·
mo de Or::~ngc y.J.latía, G:misma .fiija__p;;otesuore.._(kj
re\· deq ron:~do, son cle,·ados cQ!!jum:~meme a OCUQ:lr la
Córon:l. COñ a-;(:Jrreglorcvolucionario» (revolutionaT)'
sclt/cmcJtt) SC cierr:1 eJ ciclo de luchas civiles }' S~
t1!n lo~ presupuestos rara la y;:¡ ioduda~le su~a
:~rl:~~ncntari:-~. Tüdo esto acontece cu:tndo apenas ha
tr:mscurrit o un:1 cléc:~dn desde la muerte de Hobbes . Un
par Je :-uio~ después de su fallecimiento es también cuando Locke comicnz::~ a madurar su Segundo tratado sobre
el gnbiemo cit:if.
Corno se puede observar, la_vida de Hobbes abarca
un período apa~inn:mte, m:~rcado por la ry_pttiJ:ll del eq_uilibrio entre la Corona y los ~c.rgres rná_s ..te.kvam_e~ ~
la_g,mtrr 1 _Uru_ n1,.1cv.n claseLNilll!rciale.s._urba~as_. Al
menos el consegu ido por el gobierno de los ultJmos
Tudor, que supieron imponer un estilo 4e gobier~ ­
soluti$ta ~in ::~Iterar significativ:~mentc el juego de poderes con<>titLJcionat~~ entre Corona, Pnrla:l_!!!_r¿to y tribun.alcs:-Los -iñrcrcse~ de -~n ge~CL).:._sle_la in.~ipie1Úe ~llf·
guesía urban::~ cuincié.IW!Cón I~Lil.Oií!.icl!.s c!e_los Tudor
dirgláas :1 ahanzar la uniJ:idd~Estado. Se_¿_~l!l:m los
poaeres de ·la alta noble7.a, a la par que se u~¡f¡can ~as
leyes y el srstema de pcS:1S y m~didas. La anstocraCJa,
a su \'eZ, se ve f:-~vorecida por la compra dClOSbienes
exprop1:1dos a la lglcs1a tras la ruptura con Roma, lo
que aumcnt:~ . su poder económico, y, en tOdo caso, sigue
' L;¡ P.L'.lJ/fJ comprende a la nobleza menor. de o~igen esencial.
mente: IIIIGI, intcgrnJa por lus kui¡.hts, c.tq11ir~s y genlt'imm.
~Csí,ccto. P Lnsleu ( 1987 ), pp. 41 y ss.
2(,4 •
Fcrn:~ndo V:tllcs¡·~tl
ma nteniendo importantes pnrcclns de poder Sl"~C i:JI ·y político en el :irnbito rural. a~í como a tra\'és de ~-u rcpre~entaciún directa en ln Cámnrn Jc los Lorc~. No es posible okidat. como ~e C!_],<¿~~gn de subra~·ar Christophcr
1Ji1l.0961: 102- 103), In clara situ aciÓn de ds.P.~.pde n cia
de la mon :n qu íaJ.!2&k~a_lli2f..9..Q.. Je_l;l)J.QQlcztl •• ln. . .l(c.ot.rr .
y rás-·Otras- :G"scs prominentes en Jos núcleos utban¿s,
reprcsentatb; estas dos últimas en la CTmara de los Comuoc<;-:- to que Ja dt!erCI1Ciab.1 fundame ntalmente . res·
pccto de la:. rnonarquí3s francesa o cspai'ioln, por ejem plo. era su · nca acidad ara cobrar impuestos contra Ja
voluntad dr sus conttibuventcs. rue 1a te e o es que
rríientr:ts en Francia loS'rCVes pudieron prescindir de
convocar lo~ Est<ldos Generales desde 1614 hnstn la rnisn~evolut io'ñ,eñTngla tetut Carlos~ sólo J?Ud_s¡ -~
nnr un m:Íx mo de once <lt
·
~ u:ri r el 'lp;)):.O..-.d.cl
Par amento. ' ucra e la :1rm:~da, que servía como escudo
rrotector- frc: nte a encmtgos externo~. Inglatcrr:t carecía
de un e' érci :o 1ermanente y de una administraciónCCñ:'
tra izada con unc~onatLOS --·R'"iQ~Ot.!n.ll;:lclps·L·ás~.;r;;~ia­
dos. Para );;s re:1lizacioncs de funciones ptíblícas clave,
tales como tcc:1udar los impuestos nprob:tdos por el Pnrlamen to, s upervisar y h acer ejecutnr innumcrnblcs leyes
y estatutos, alistnr a J;¡ milicia, cte., el rey dependía, en
los condndos rurales, de un conjunto de scn·icios no remunerados de los nobles y de las figurns m:ís relevantes
Jc la g,entry , y en l:ts urhcs, de determinados ciudndnnos
de presti¡:tío (\lid. C. llill, 1961: parte l.').
Son f:lcilc; de imaginar entonces las consecuencias que
debió arrnst iar la quiebr:1 de dicho consenso. El país se
encon tró ame la disyuntiva Je convertirse en :1lgo parecido a una monarquía nbsoluta de es tilo cont íncntaí , como en efecto pretendieron los primeros Estuardo 3, o
\ Prctcnsioucs que ~e (ent rahan fun<bmcnrnlmcntc en tres rrinb:ísiw~. la afi rnwcí6n incuC$IÍI'na hlc de l dc1n·ho di\'ino
de lo~ rcrcs. d derecho :1 cst~blcccr tribtJtos de modo Mbitnuio
cipio~
- sin ncécsíd. d de requeri r la aprobación del PAd:~mc:mo-, y
la indi$olublc uuidad de Estado y Rdi!!ÍÓn.
Tom:í~
í lobbcs
265 ·
bien en .mantener y desarroliar el vte;o modelo de equilibrio ent re In Corona y los otros poderes del Estado.
Eso si, blljo unos pre~upucstos tota l ment~ nuevos derivados de las necesidades de una cambia~te estructura
sociaL Jlo ' se halla en entredicho la tesis de gue, en
última ins tancia, las causas e ic a ruptura o edeci~ra n
a un confl icto de clases entre Ja aristocracia terrateniente
de un !;~do. y el poderoso grupo de la entr · • las. nue'
v s e ases ur anas, e Ott9- e trllta de la tesis convencionn l, ya establecida en formulaciones más o menos matizadas por autores corno M. Guizot, Marx: y Engels,
T:1\mey y, masrecTentemente, por Ch. Hill 4• Sin entrar
eñerdebate, !<1 crítica fund amental que--se hace a este
enfoque estrib:1 en subrayar la dificul tad, cuando no impost5tTidad, de demostrar la extstencia de un vínculo
firme en tre dase ob¡ettva y 6ando ocupado dÜ~ la
guerra CJvtl. f'Jo parece h;~ber una conex10n dtrecta entre
ourguesta -() «actitudes bt~rguesas»- y radicalismopohtlco, nt s1quíera dentro de Ja propta g;,/rrj"' 3e"'t:n iremezcTa, adcm:ís, el factor religioso, decisivo a ]; h~
exphcar por qué ~tro _de un determinado grupo se
optaba por una u otra faecr&n-. ~u n asi, Sln que sea preciso reconocer que las causas
de la guerra civil se debieran a un confl icto más o menos explícito entre clases y/o actitudes feudales v burguesas. sí parece importante resaltar cuál fue el 'efecto
q~e tuvieron todos estos aconrecimientos gue se· cierran
C.2.!_~evoluci?n Gloriosa. Y aquí consideramos que
esbástan te diiTcíl refut:1r la interrretación convencional:
la consecuencia fundamental de todo este proceso revolucionario no fue otra que la_JQ¡na del poder político
or parte ~<: las é_!ites mercantiles }' bancarias, estrechamente asocta as a una nueva da
ietarios a ríe~ as contagta os de su mismo esvíriru empresanal. Libre empresa e individualismo posesivo van a ser ahora
los dos grandes principios que orie nten la marcha de
ae
' Vid. más abajo, epfgrafe 7 in fine.
26i
Fern~ ndo \'~ l lc.•pín
t:~ll! pais en pleno despegue hacia su dominación mundial s.
En el ;\mbito de 1:1 tcor.ín pgllticn. que es en ddini·
tivael que nquí nos intercsn. el bpso que vn ele 16-10
a 1660 e~ uno de los de «m:wor 11
r:m ·n. tanto
para a 1 oso ía po wca ingle~a como pr~ ra la de Europa.
En l ngl a tcrr;~, ningún período de ~emejante bn:,·edaJ
ha producido una cosecha ran espléndida» (P. Zngorín.
1954: 1). Esta es una de las vent:tjns de los l'roccsos
revolucionarios, que, como dice es1e mÍ¡;mo W!Or, inci·
t!ln a correr a p!!hli.9J_r a aquellos que gcncr:Jimcntc hubieran estado «rumi:~ndo en silencio sobre sus Biblias
y sus larr.cntos» (íbid.). Los frutos de cWl época, que
desde luego no hay por qué rcstrin!!ir a estas dos décadns, v:m de la ;¡pa~ionndn y ric:1 pnnflctística de autores
menorc~ ,. muchas veces ancínim0s, a las lll:Í'i ~i!'tcm~­
tic;ls racic~nnlizaciones de los grnndes pcns;~dorcs políticos. Las posturas defendidas son también de una gran
plmalidad, combinándose las tc~is realistas corwcncionalcs con otras más heterodoxas en defensa Jcl nh~olutis­
mo re ;~l, o el democmtismo radical y el comunismo utópico con el republicanismo. Entre toda esta fuente de
pensamiento político sobresale claramente b obra de
1Jobbes. Desde luego. más por sus waliJ;~dcs filosóficas
ySU" ro\'ecci§Jl_],<;>b}c IQJ_¿}]I'?_~ ros tc ri o rcs q ue por su
e ccto inmc iato sclirc sus contcmponíncos. aunque esto
hav:t sido tmnbién sujeto a rcvi~ión en los últimos años 6 •
r::~a misma repercusión y fuerza filos~jficn, que lo han
conve rtido en un clárico indiswt ible de b tcmla pCllíticn, no debe sin embargo Jlc\·:mlos a olvidar la influencia que todos estOs bcwres contexwales ejercieron so-
En esto coincidir!an :~utorcs como L~,,·rcncc Sl(lnc ( ••Jhe
RC\'\llu tion <>f Sc,·cntccnrh Ccnwry En¡!bnd Hc,·i<itcJ ... Pasf (~ l'rfscnt, núm. t09, 1911"1 y el mismo C:h llill. qne
en sus ülrimm tr~bajos sobre el tl'm~ ha mnJcraoo un tnnto
sus posturas iniciales (vid. "/\ Bourgcois Rc\'olution?,, en J. G.
A. Pocock cd., 1980).
' Rc$pccto :1 la i:1flucnd~ c.lc llnboc~ sohrc m< conH·mpo•:íncos, ~·id. l.3o·.de ( 1969) y ~lintz ( 1%21. ~si como <'1 mismo
Skinner (1969) y In obra de Stei11bcrg (1988) ~ntcs cit~dn.
bre el pensamiento de Hobbes. Este autor, en tanto qu~
teórico político, no tuvo otro ol)etivo e ue e1 de contnb_uir a evitar la g~erra crvt . omo dice en 1::~ Tlltroduc·
ción a De nvc. su preocupaci<Ín básica residía en discernir 1:~~ causa~ que disuelven el Estado, o las razones de
1:1 scd ici<'i n; por tilnto, CCJ:l. lliÍ.....lliS...,p.c.s.qujsas en torn~ , a
los problemas n~~ ~pli~ ~~~v_ados <k-LL.g~on
yjl m:mtenimieruo dcl mdcr;;o~tal Cthe very '!'atler o~
crvil f..Ot'Cr/111/CII/). La «lllltonomla» que a partir de aht
pueda :'ltribui rsc a su pensamiento será _}':l siempre una
cuestión debatida y responde a una prE:vtn toma de p::~r­
tido metodológica 7 • Nosotros nos sentimos satisfechos
con una postura ecléctica que trale de ponderar a~bas
dimensiones. Como alirma Connolly, «el pcnsamtento
tiene un m(lmcnto de autonomía ~uc le hace irreductible
al'ns circunstnncias personales y social~ de las q~te br?·
tñ, incluso aunque no pueda ser bren ~~mprcndrdo s1n
tomar en .cuentn el contexto de su crenc1on. Los contextos inspiran d pensamiento; los grandes pensadores se
ven inspirados a reconstituir los conLextos» ~
liJ .
MÉTODO CIENTÍFICO Y ESTUDIO DE LA POLÍTICA
1
finurj:~'Ois
' A este rc~pccto, l'id. nuestro <"apítulo introdu~torio ~n F. \'~­
llc~rin, cd , /1/Sinria d<" la teoría po/ítrca, 1, /llndnd, Ahanz.a Ecl!-
torinl, 1990, I'P· 19-52
' Connolh• Poltlicr:l Thcory and Modcrmty, Oxford: Black·
wcll, l988.''
263
mn filosófic0 tmitn,.;o anclado en los presup11c~tos h~si­
cos Je l:1 nucvn cicnci:1. El mismo así lo parece dar a
entender cuando nri 1 ;t < l!C la fiJosofí:1 Cllll~tiiii\'C llll:l
unidad cu a~ p:mcs sóln difieren en nom 11c < d1il ti :1
la rvcrsr :t< e ; .
r"ns so 1rc ns que \'Crs:l; no son
más que ramas que remiten a un tronco común~o diversos mares :1 los que sólo l:t atribi.rción de nombres distintos puede permit ir d i~tinguirlos del común océ;mo en
el gue se funden (De cil'e, E.W. JI: iii-iv). F.nt r<.· csns
divers~ :; rnrn:~s, como una más entre ella!', se cnwcntra
la «filosofía ;'laturah, que no es sino ht física . •<Filoso·
fía» \' «cicnci~)> no van a concebirse asf co-mo saberes
sep:tr~Jos, y no hay por qué pensar que HÓbbcs
tenalcta ow• cos;t cuando -como en el Lf.rint/m- se
ocupn esencialmente de una de sus <<partes» :::_¡a «filosofía civil>> en este caso.
-si'ñembarpo, frenle a la idea de esta supuesta unidad
metodológica se alza una buena parte de los comcmnrisrns de llol>bcs, que creen ver una import:l nte Jife·
rencia entre 1· ·que nuestro autor denominn filo~ofín <(mo·
ral» y «tivil» y el resto de su cuerpo filosófico. Resu ltaría así que, junto a In filosofía de corte rncc:1nicista
Hobbes habría desarrollado una tcorí:l política ttpoyada
en determína<.!.os presupuestos éticos derivndos de ltr rra·
clición del <.le! echo natural cristiano 9 • No h:l\' rnl unidad
metodológica. y cabría, por tanto, un nn:llisis sistcrná·
tico independ:!nte de S\1 teoría política unn vez diseccionados tales rwesupucstos. Sin pretender :tfirmnr q11c en
la obra de llobbes no haya (isuras r disconrinllidades
que hng:m di! :cil esn visión de su proyecto filosófico general como un todo comprehensible y unitario, sí consi·
deramos que no es posible alcanzar una intelección completa de su teoría sin antes haber descrito las Jfr\eas básicas de tal proyecto. Vayan por delante, sin embargo,
pre-
' Esta es la •<:si$ que
l~n:r.ó
dos a<kc ncncia~ prclimin:~rc~: primero, que el lt'~mito
l:ll.tcia el nuevo p_!!.radi¡?,m::t mct(>doló¡!ico que él ~
po .i!nplic:~ una ~ncia tornl y drastJ~ lt1s
SQp~adigllla Wll\'Cnciüna! 10 : ,., en ~<'¡!llndo
lug-ar 1 quCSllrCf!CXI6il ¡iOlfticn posee una ambiciosa dimensión Jc tipo retórico que no es fácil de aiu~t:tr a su
proyecto filosófico pcner:1 l, y no sale a la luz sino tt;tS
nnn cuid<1tk1sa n1ntrn ~tac i ón con los elementos contcx·
tuale~. Esto va lo :~nn li za rcmos n su debido tiempo. Empeccmo~. pués. por In mcwJologh gcneríll Jc Ilobbcs.
Decir que 1Tobbcs dcsnrrolln o incorporn a su filtJ~l)·
fía el modelo de cienci:t natural que comenzaba a abrirse
c:nmino en el stglo XVII es unn afirmación un tnnto am·
big.ua. No hahí;t :-rún un p:mtdigmn claramente establecido de lo que huhicrn de entenderse por <<método cien·
tífico>) 1 ,.• mucho mcn()S todavía una visión dnra sobre
cómo podrín ndnptarse a 11n objeto tan escurridi7.o como
es la sociedad . Puede mantenerse entonces que Hobbes
Ratticipa Jc esa visión del mét_.o.dn_cie.o.tlfim-.qllC~­
ml!n a gr:mJes ras os a b pr~ü~~S.\!!.-RQ.t....GaHlco_en. l::~
ffS'íé:!O' por nn·cv en rr med icina t.-y qu~_i~~CJ1·
tra in con ven icn te en l1 morcr;:¡¡:-;¡su!.1r'O}•cctOfilosófico
general ( ~·rit,--rr¡mr:-lJCc:IR'. en De corpore-;-F.:\V: 1).
Consiste , antes de nnda, en unn afirmnción rndicnl y
dnística de materialismo mccanicista. «El universo - nos
Jice-
C5 \1 0-
~~rcgndo de todOS Jos
CUCtPoS, nQ
hay
Ul1:1
pííf'ferc¡¡l del mismo que no sea también cuerpo>> ( L.ev.,
cap. 34: p. 428). I2c ahí se dertva el reconocimiento
de la físicn como philosophia prrmn y. por tanto, !a exp11tao6n de la naturaleza como su¡eta al princ:i io u~
~·crsal oc movtmren o y a os axtomas y principios deJ
lenguaje de !.1s marcm~ucas.
t l análts1s de lOst'cnómenos se sujeta a una computatio, Rcckoni11g o «cálculo>> en el que se desgnjan o
<<Sustraen» las distintas partes de un objeto, se estudian
A. E. Taylor. ya desde 19,}8 (su
trab:tjo <<The Ethic~l Doctrine of Ilobhe~•> fue recdirado en
Brown, cd., 19M, pp. 35-57) y fue rc(c)gid~ ron po~tcrioridad
por H. \XI arrcndcr ( 1957 ). Desde entonces se ha somelido a un
continuo dcb?.tc y re\'isión.
•• 1\ este rc~pccro C$ tremcndnmcnte íhtstr~t i vo el libro de
T. Spragcns, jr., Tbe Politio o/ lrlotiqn, Londres, Croom Helm,
1973.
270· .
Fern~ndt>
Vnllc>pin
sus propied~de!' m;Ís simples y lc>s principios uni,·ers~les
que lo gubiern~n. pnra luego <•ndicinnnrhs>> o rerompClnrrlns y wntempl:u nsí su «llHn·imiento•>. !..¿1 esencia del
p~_cienh_í.(kQ__consÍs_tc, desde Jucgu. Cll cJ CClll<'CÍ·
miento de lns causas que hny detr:ís de lo~ ·fenc'>rnenns
ql)~ obsúviunos, si bien pam 1Iohhes d e!'tudio de ];¡
reln'Cllín-causa:cfecto puede centrarse en G1ci:1Ui1Cl tlcTos
p6íoSC:Iee'St:1 ú:f.1cííSn ( r•id. LcZ.~:--ff5 )~Jodemos
empeznr por cr;·,0ffiis ele un fenlÍmeno que es un ,.efecto", y ni dncomponcrlo descubrir sus cansns: o hien ror
unn «cnusn» que pof compmirió11 o dedun:icín nps conduce a sus efectos. Si nPs fijnmos en el "Estndn)). por
ejemplo, que no es nlgn naturnl o físico, pero sí un
«cuerpo» nrtificinl en tnnto que es creado por b \'oluntr~d de los l10rnbres, es preciso disolverlo en sus uniclrides esencir~les . los individuos, v éstos a stl \'CZ c·n s11s
propiedndes fundamentales (la r.:m'•11, hs pasionc·s, el poder, etc.). De rHplÍ extraemos hs C:HISa> qtle exf'lican el
«efecto>> Estr~do. O podernos comenzar por lns cnusns,
los nlrihulos de In nntm:~lez:1 1111111:111:1 y, n pnrtir de su
rcconstrtiCCilín decluctivn, lleg:u ni efecto 11 • A este mé·
t.uiliz.desnrrolbclo en la Escueb __,_I~Padua v~_i_c:~d_I~_ P()t
Gr~lileo se le conoce como l:c.wllltir•o-wm{.l!lsitim y 1Iobbe~n1ismo nos ofrece un bu'C;~.. CJC~lplo de su funcionnmiento nplic:~Jo n su nuevn ciencia de b política :
l9 (
"En lo que atañe a mi método ( ... ) tomé el punto de pan ida
'del ¡m-.pio ohjeto del gohicrno civil. y ele ah! pasé a su rrcacit'>n
y forma, l' a los primeros principios de la justicia. p 'l''e tndo
se comprende mejor recurriendo a sm c:111sas constituti1·as. Pues
al igual que en un reloj o en alguna pequeña máquina, la ma·
" Este es el fundamento de la explicación more J'.COIIIflrico,
donde se inquiere por los "primeros datos Jcl dlcul<"'. no habicmlo una <iifercncia sustancial cnt re el método empleado :1 la
hora de definir un cortccpt() pwpio de la geometría. como un
«cuadrndn» por ejemplo, que rt·<hKim<>s a sm partes esenciales
--<:uatro líneas rectas y ClJatro :Ínglilos rectn<: -- o el de «lnmlhtc», que dciinirnos de igu;-tl manera -<•Jcrpo. sensaciones, racionalidad, etc., !'id. Lcl' .. c:1p. V, y la dcfinici<Jn de «!il o sofí~»
en el inicio Jd cap. XLVI.
Tom:ís 1lohbcs
271
tcria, form~ y movimiento de las rucdccillns no puede conocerse
bien a menos que se desmonte y se vea en partes; de i¡:;ual modo,
para emprmdrr una indagación rn:í~ perspicaz de los derechos de
los E~tados y los dchcrc~ de los Slibditos es ncccsario (no digo
ya que despedazarlos, pero ~1 al menos) que sean considerados
como si hubieran sido disueltos» (De cive, E.W. 2: 14).
Medim1te unn adecuada construcción de la cadena del
científico:-«r:Tc'nciri es el conocirriicnfo ae - las · cohsecuencins y
(rc--tn dependencia de un hecho con respecto a otro»
(LctJ., cap. V, p. 115). 1\_Ilobbes no se le escapa, como
es obvio, 1:1 irnportm1cia decisiva que compete al lcnJ'.II!!k en la intelel"Cil)n de todo este proceso . El «verdadero» etJilorimiento se obt iene a partir de su---correcta
aplicncl(ín, de b pulidn formulnción de definiciones de
los sígnific:~dos de hrs-¡TirhrBrtlSTCle su ordeli dentro del
Jiscurso. Estn actividad , cuando la centramos sobre el
estudio el¡: los fenómenos sociales, es tanto m:ís difícil
cuanto que el lenguaje, como ya había observado Bacon,
constituye el ámbito idóneo de la ocultación; el «arte
de la pal:~brn" permite que «algunos hombres puednn
represen tnr :1 otros lo que es bueno dándole la apariencia de malo , o lo malo dándole la npnriencia de bueno;
y aumentnr o disminuir n su nntojo las dimensiones de
lo bueno y lo mnlo, sembrando r~sí el descontento y perturbando su paz y bienestar» (Lcu., cap. XVJI, p. 226).
Hobbes ~tribuye, pues, ni análisis lingüístico una función emanc ipndorn respecto de los «prejuicios;>, b clocuenciaV fú1ii ·y (TCi1cútirliniento ideológico. Ad3ptar el
modch matemático n nuestro estudio del lenguaje equivale a dest,elar, desde el rigor de este nuevo disciplin:~­
miento metodológico, el origen contingente y relativo
-ya que no es sino el poso de un determinado proceso
histórico- de nuestras opiniones sobre lo justo y lo
injusto, sus mistificaciones y presupuestos; y, a la pnr,
construir una ver(bdera ciencia -de la política, en nuestro caso- a pnrtir del modelo axiomático deductivo, sujeto a definiciones no contradictorias.
r~ñmrriciíTó- ni:cctlcmos-;--¡)ucs~-arcoñocTmiento
)
272
Con estos '.n pucst o~ metodológico~ cnmn telón de fondo. ln reflexión hobbesiana se sujeta al siguiente escalonamien to hgico:
P~ro: en aplicación del método rcst,fu tivo·C<'rnposi·
ti\·o. el nn:ílists ~~Q~ hombre y lo~Qrindpios
que le ~n. A pMlir de éstM se cnEtarznr¡í tmb_la
cadena causaChasta llegar al Estnuo. Se trata fu ndamentalmente de unn teorb delas pasiones, la m:ón y el
«poder» en r:mto que ¡lltibuto humano.
Segundo: l:t anterior dc~c~ipc ión de b nat uralc~a humana ~umrlir la función de ilustrar a In" pcnonas so·
bre l:ls consecuencias de im~inñ"r un estnd<) o si¡¡:¡;ci<ín
siñcTsometÍ{I) icntonle~-firmc;-r cfiotccs . /\sí ~e introduce !.1 (icci<Ín Jcl ~dC! nn.ttmtlc:.n, dcstin:tdo :t
resaltar bs ce •11$CCucnc.ias Jcscst:1hil i;ador:J'\ ,. tlest ruCLÍ·
vas de los rasgos <<i nmutable$)) Jc la n:ttttrnlc.zn htl lllllll:t.
Te~: Ilobbes nos presen ta ahun1 lasJ.i)'f.'L!Jc fr1 nnl!!_mfe::n en tanto que <•:lrtÍculos de la p:17.>>. Snn k's preccpt.os de racJ<.HlalithJ moral t¡uc no:; dkt:t n «:h¡uctlo.s
deberes que es preciso cumpl ir con respecto a lus t1 lros
cñ "orden a garn!"tizar la pn,pi:t supervivenciM> (D<' civc,
E.\X7 . Il: TI, 2, p. 16). Imponen, pues, el sometimiento
racional y con~cicnte de los hombres a dctcrrni nad:ts pautas de cooperaci(>n socinl. SiQ_~-.SQtO y di-:dplinamiento de csr «derecho :1 todm> de que goz:~n en el
cstadq~tlC"ñ?rt Liialcza:- mostdntlole"$1?l~ pnuws que h:tn
.s_le_s~guir p:;ír.,¡ evitnr ca.~ gn toda amenaza a la p<17.
social.
- G 1arto.: b convicción Jc que, <Inda la n:ttmnlcza humnna. no cxi~.1e ningut;a ~egu ridad de que la::: pcrson:1s
se somcl:ln a 'as leves de la n:Hur:1lcza. lleva a llohbcs
:l presenl<tr al EUt,jo o Lcr•ialti11 C~lrno la inqitpcj!Ín nc·
cesaria para n :so lver el problema humano de la convivé'iiC'íi r el t'··Jen ~ocia!. El pc1dcr del sober:tno dchc
complctnr :thora lo que los seres lwrnanos son incnpm:cs
de con !;c~ uir ror sí mismos. Cc1mo I11Cg0 vc rclt\ t\~ . ~ñlo
un Estado que satisf~!!a detcrminndns wndit:ío ne~ ,. ejerza dctcrmínad·1S derccbos esrará cnp~1CÍ iado p:nn llcvnr
a cabo c·s ta ta ·ea.
27 3
A WIVés de estos pasos lógicos, que
mos ~irnplificad os a efectos puramente
va d e~b roz ando Hobbes In esencin de su
que es la que n comínuación pnsamos a
IV .
:tqui presentadidácticos, nos
teoría política.
desarrollar.
TEORÍA DEL HOMBRE
La dependencia de Hobbes del nuevo paradigma de
las ciencias n'-lturales se hace pnrticularmente manifiesta
cunndo nos enftcnramos a su concepción de la natura·
le;>;a hl1mann. Ya hemos visto cómo pgr imperativo me·
todoiQ.gi¡ o se dcscomQoncn los fcnórñer~-o~ u o~jey:>s analizado!: -~astillegar a sus u~ade?__§ifsicas 'En la reflexión política esto nos conduce hnsta el último <<cuerpo))
de l:t vkb social, que es el hombre . Pero una vez que
íocaliznmos nuestro estud'loSObrc-· él, hemos de analizado siguiendo ese mismo imperativo; es decir, diseccionaría en stis partes esenciales hasta capwr. las últimas
leyes del movimiento guc lo ~biernan, la forma en que
funciona su <<mecanismq>>. Aquf,Uña véz más, l-Ioboes
hace ga ln de l111 reduccionismo fisicalista radical. Comienza así presen d nclonos ut1a visión de la naturaleza huma"
na, de ese «agregado de rn~neria en mo~;.i.miemo», como
mera inst:~ncia receptora de estímulos ext~E!Q.S~ nuestras
imágenes de los Objetos externos las obtenemos por el
efecto o la «impresión» que nquéllos producen en «d
adecuado órgano sensoriah>. <cEste esdmu lo, a través de
los nervios v de otras ligadu ras y membrnnas del cuerpo ,
continúa hacia dentro hasta llegar al cerebro y al cora·
zón» y se concreta en <(apariencias» y «fantasías>) (Leu .•
cap. J, p. 85). Sólo lo que acontece en el cuerpo es
real; los fenómenos mentales son meras apariencias provocadns por nuestro cuerpo materiaL El lenguaie nos
permitirá después almacena r las percepCÍ.Qn~y-~ng_fjg ·
nes así obteniJ:1s y procesarlas lógicamente en enunciados de cnu~a-dccto, así como «dejar constancia de nuestras sec~tcncias de pensnmientos» para poder utilizarlas
en un (uLuro ; orgnniza todo un conjunto de percepcio·
274
275
nes bnsndn~: en un sil'tcma de conocimiento $Írnplificndn
(Leo. I. cap. IV).
~1 mouimicn/'1 es >ccífic(' r_resentc en el ~er hum:mo
r~l....e en...s;.1 intento eor conscr\'ar su \'tt:ificGd ;1 ir:l~·é5
de un ~ulso dialéctico ele ntrnccl0nvrcpiíf51<í1L-scdn
n1go Símllii¡:;¡Jprinciph-;(lc 1;-incrci:~ cju; \'el~-de$:~rro·
llnnc.lo Galileo ( todn materia dejada por sí mi$ma tiende
a mantener el C$tndo de movimiento o de reposo en que
se encuentrn). Lus dcscM o <<:lpetitos» son lns respuestas
a _estímulos placenteros que nos mscila un determin:~do
objeto. CuJndo ésrc-nos produce -In renccilÍn cvntrarin
esrnñios ante un l111(!_Uiso J~vc srt~m> o rccha7(). Generalmente vinculnmos b 1< en de b!f.!r a nyuellg_~
aoetc:ccmos y la de mal n todn lo uc nos prcwocn rcp~lsión: N.1 h:ty entonces unn e\•:tlunci(m «o Jetlva>) del
b1en, smn que se hace depender ele 1 grad0 de s:lt isfacción o placer que nos provoc:t; c.le b!i prcferencins subjetivas de ::nda personn tn l y corno se presc n t<~n a un
Rurq cál<;ul? Jl~ u_tjli~¡¡d_. ~stos impulsos pueden wer
Lln 3 en usa ·
1s 'Cn o J nsttnl l V:t~ como la apctcr)Ü<l o
e rec :1zo de los ;¡ irnentO$, por ejguplo. tJ mm más
p_ropl_nmente . «inter3CllV:1>>, c¡uc :;e npo,yn y:1 en b cxpcrrencta prop1:1 (l en In de <ltros hombres. Ln vnriedñd
cXistcme cntferosaístintos deseo~ de bs
nas se
cxp 1ca por as t 1 erentes ex 1criencins e 11e hnyn tenido
o pue a tener ene n cu:t ; •gun que ns mismos cos~o
tienen por qué gcncr<~rlc siempre los mi;;mt~s estímulos
a una misma pcrson:t. El cuer )() humnno está en <<mut:lCton contllllt:t». L_!l dicidt~d se >btiene cunnc o conseg~ <<éXito continuo» en el logro e .,., cosas yuc.
d~eaf!lOS y es, en con<;ccuenei:t, el lm últ1m0 ni que
aspira cu<~lquier pcrson;¡. Pero no se t rat:t de un nl-jctivo que podamos :~lcnm:nr de un rn0do permnnentc. T odo deseo satisfecho rcncti\•a inmcdia t:uncntc otros nuevos hast:1 hacer Je la vid:1 un puro mQYimicnto puí:1do
po_r_deseos y .!!i'LllÉQncs gne sctctcoalirncn.t.:lrw:om.iouamente (t:id Lct•.. c:tp. VI).
"Eñlrc éstos, no hncc f:1ltn decirlo, ~~ m:ís ap~c miantc
y poderosc es el impulso de subsistencia o autoconser·
~- Ir!
m;¡n~; en
\'erdndern fuerz:1 nmtriz de In conducta hujustn corrcspondenci:t, In Íltente de mayor re·
pulsron \' temM es l:t muerte. Es t<~mbién el único deseo
que :~fctt:t :1 wdo!> 10r igunl; tñtln persona <<dc~e:t» m:tn·
tenerse en \'IC :1, 111( epen< 1entemente de que at!cmár se
someta ~ otws estímulos. Este deseo predominante y In
tendenc1n gencrnl de querer sntisf<~cer nuestros impulsos
engendra un «perpetuo e incnnsnble deseo de conseguir
poder tras poder. deseo que sólo cesa con la muenc»
(Lev., cnp. XI, p. 161). El poder cumple l:t función de
calmar In ansiedad que nos genera el sabernos perma·
nen.tem~llle nmen:llndos y nos impele a orgnnizar un e$pacr,o vlt:tl sobre _el que c¡crcer nuestro sci\orío. Aunque
aqut, como ya ,·uno!' arnb;¡ <1l referirnos a l::t idc:t de
fclicidnd. nuntn - por muy grande que llegue a ser nuestro poder- n<'" e<;tnr:í permitido conseouir -adormecer del
todo lns pulsinncs que incesan temente :>nos acecha n 12 • El
hombre no puede eludir l:t ;¡ntícipación de sus privaciones fuwras, bomo /ame (rttura famelicus (De Homi11e
O.L. 11, c:tp. X, 3). De ahl esa necesidad e0ns tantc
d_e sentirse protegido Y. d7 ncapnrar wdos los medios precisos a es tos efectos. El rmpulso de subsistencia no sólo
genera, por tanto, el iernor a la muerte, sino también
a lo que nns depnre el futuro.
Nótese el c:tr:lcter :tbs(llutamente ccntr:tl oue en la
antropoln~í:t hobbe~iana cobr:1 este vínculo e~trc auto·
m_nservaci!Ín, tcmor-:msieJ:td v ~der. El rasgo principal !iohre el que es preciso fijar nuestra atención -v lo
subrny:~mo~ UM vc7. más- es aquello que constitm·~ la
causa última de todo el proceso impulsi,·o del se; humano: la neccJidad Je dar respuesta a nuestra constitu·
11
«Es imposible: que un hombre constantemente preocupado
rrc:ej!l'I<C: CC'IIIr~ IC'Is m~les que teme y en procurar~e Jos
b1c:~cs que de~<'" no ·~ encuc:nnc en un cst:tdo de f>Crpetu:t
ans~cd~~ :IJII<: c-1 1'<>1 \·c:rur ( ... ) l' renctlp~do por )(1 que h~brá de
vcmr, llene c-on<l:lnlcmc-ntc su cor~7.<Ín c:~rcomido por el miedo
a lo. muen e. ~ l:~ robrc7.a o ~ cu:tlquicr cnra c~ l3mi dad y no
encuentra rc:pC'I<O rri r~~~·~ en su :msiedad, c:xceoto cuand~ duerme» (i..cv., C~fl. X1I : 169).
·
e~
276
psicohiolcígicn . T('do fp dcm:1s ('ll el homhre r icnc
un car:íctcr in~trumcnt;~l cara a satisfacer esto-; C'>tÍmll·
los primnri1·s que nos suscita d mundo extcnnt De :~!.í
que el hombrr no pueda eludí r su n;H 111 alc7;¡ de ser
<(centrado l\'Jbrc sí mismo•• , de ente que encuentra en
sf mismo la Cuente de wJo lo que existe y focalizn sobre
sí toda la rc.alidad . El indhtidualismo en H(.)hbcs responde, pues. a ese supuesto antropológico de que el nexo
causal de tt Jo lo humnno comienza en csn lrcviñ'"ctC!iClon
pertenece
11
A este n·~pccto l'id Andrzei R:~p:1c7.yn~ki , N dfurr ami Politics, Ithnca r Lond res, Cornell Unh·nsit>' Prcss, 1987. pp. 46
y
S~ .
277
acción del hombre no e::: entonces nlgo así como la consecución mmnl de la vida buena en su acepción aristotélica: y la política tampoco es el ámbito en d que los
individuos ('(lncurren en pie de iguakbd sin mayor fin
que el clc realizar su naturaleza de seres sociables denrro
de un mt~rco de comunicación dialógica. La política es
instrumental v como toJo lo ue i ne su o ri en en el
hom nc, posee un cnníctcr de artificio. «Natural» en
el hombre no son sino sus Impulsos. ese "rñ''Vimiento
interno ele que hablá bamo~ nn tC!I. ~a propia razón, v su
más im lOWtnrc producto, la cicncin com artcn rambiln
e
· t
as m:íximns mornles, como vetemos m:Í!; nhajo, son reglas prudcñcíales dirigidas a re·
frennr nucsuas pno;ioncs :t efectos de garantizar nucstrn
autoconscn•aci<>n }' seguridad; y nucsuo conocimiento
del mundo, nsí como cualquier otro tipo de saber, no
tiene m:ls fin que el sc~nos ritif. «El fin y objeto de la
filosofín consiste en que poda~os hncer uso en nuestro
.~ovccho de cosas v1sfas con nnterioridad; o qHe, me<Ii'ant<: la apltcactón de unos cuerpos a otros, -podamos
producir los mismos efectos que ya hemos imaginado en
nuestr:~s mcnrcs, en la medida en que nos sea permitido
por la mlltcria, fuerza e industria, y par::t la comodidad
de la vidn humana» (De corporc, E.W., 1, I, 6, p. 7).
En términos Jtencralcs, la ciencia es una activid:1d esencialmente humana , no porque nos permito p:1tticip:n del
proceso de una nJ7.Ón cósmica, universal, que podemos
aprchcn~cr por nuestra cnpacid::~d rncional, sino porque
es el rmducto de una acción productiva; s6lo deviene
inteligible entonces aquello que hactmos: y lo que así
hemos poseído - el conocimiento, la ciencia- reviene
a su vez sobre nuestra capacidad de controlar el mundo.
Elj.ahcr se convierte, a la postre, C!l_una for ma de f1Pder,
' de modo que nuestra ansia Xlr controlar el mundQ que
, por ---nos_r.Qtlca se corrcspon e con nuestro a an
cono·
cerio ...
" A este rcsp«:to r:id. Ulr!ch Wc:iss. •Wi!'sen~haft al& ~c:n­
schhchcs ll:mdcln», en Zcitschrift fü r So;.ialforrchrmg, 37. 1,
1983, pp. )7.55.
278
Fcrn~ndo
V:~ltc~pín
Una de l:!s cuestiones que es preciso tener preseme
cuando se nbordn el estudio del método honhc~inno es
el <<g,iro :~ntropológico)) _- por ll:un:ul() de nl~trnn mnn_ernue este autor Introduce en su in ter 1retnción
fllosófico -l·ient.! icn. Se tratn te a eva uncron privilcgia¿r;¡ que Hob5es concede al estudio de todo nqucllo yue
<<crenmos)) de lo que tiene su origen en el nrtificio humano y C!it:Í destinado, por t:mto, a contribuir n $U bienestar. Por ~.f.o, afir:na,, ~á como en b geomctrín trn:-rmos
nosotros ,nu~~os las lmens y las fiwi!"• de rr,11:1l moJo
láldosolra ctvd nos ~rmite CClnstnrir clT.s..tnd(' (1/rcil'e,
E.\'(/, '·' :_ XX). _1 l:ty_ llll:l npucsla ror iniCIH:ll imnr.innr
Y descnbrr l:t C!cncra desde el ¡wi5mn de b nccíón humana. Ln <etcconstruccióm> de los ttrtrfnctnr humnnos
ofrece la \'l;ntnjn sobre el :málisis de lm fcll(Íillcnos de In
nntur:dezn Je que «dependen del propio arbitrio del hombre» We corporc, E. \\J., 1: 1, &, p. l 0). En ciertn
for~1:1 s?n por tnnto, susceptibles Je unr~ percepción
aprrorfstrcn; podemos nprchender sus principios de un
modo en el que los de In nncurnlcz:i. se nos cscapnn. J\s[,
en In Tntrc:ducción al Lc6nlán ntis dice qtic << Ll rnhidurín se ad tl'ere, no leyendo libros, sino /;o, ·n,, (p. 8l};
e acceso :1 o
~ \' e conocimientu de nuestra
potenc1n 1 n en tnnto que miem ¡ros e e 1111:1 mr<ma especie eqa ~~ nuestro n'k":mct' por un mero neto de introspcccron l ~n tilfrma Jnstnncra, la causn uhimn de- nllcsTros
ilc!Os jmt:de retror racrsc a ese último neto de wmciencin. n nlgo qne !i:tbemos cómo « fu ncinn:~»; Jo., fcn<;menos
n:tturnles, aunque podemos llcg:n ; observnrl<~~. descnbirlos e incluso controlnrlos, nunca nos pcrmiridn akan7.nr ese mismo cipo de inrclección. Erme otrns mzones,
no sólo porque tínic:1mcnte «Dios, que creó In nnturnlezn, ~>abe c(l lllo func ion:l>> (De corporl', 1 ~. \X' .. l, •1, 25,
p. 388). si nn porque ella sólo puede c:tJbrnr !'C'ntido p:1ra
nnsorr(1S u nn vc7. que la hcrnos «hurn:mizndo>>: esto es,
instrumentalizado para nuestros propios fi nes.
Tomás
V.
llubbt:~
2i9
EL .ESTADO DF. NATURALEZA
Gcncrnlmente se suele identifica r la teoría del hombre
de Hobhcs, ~u nruro 1olo Íll, con l¡¡ tkciilii:]OOcl !;:;tado
de natura leza. , 1 nsr uese, como bien ha obscrvndo )ulíen Frcuti. todnvín e~t:uíarnos viviendo allí 15 • Pnra · lo
que sirve en rcnlidad es para ilustrar al unas de Ja-;cQnsecuencia~ dcsestnhili7.:t orns de la naLUrn eza
umnnn.
Está cl1ri1!1do n ol recer una descripción de lo que ocurriría si no cxisticrn unn nutoridnd cfectivn invcsrida e n
tp o~ os pot eres necesarios. La pnrticular distinción que
Hobbes nos ofrece entre hombre «nnturah> y hombre
«civili7.ndo» ng significn enronccs qys_el vínculo social
sirvn por !>Í mismo pnr11 rransformnr la propia naturaleül!lümana. como ocurre por c¡emplo en Rousseau. Los
atributos b~sicos del hombre permanecen. Aunque su
amena7.ndor potencial de conflicto pueda ser atenuado
mediante un proceso socinl más o menos «disciplinadon> 16, éste sicm\He puede volver n h11cer ¡¡cto ele presencia, como se <cmucstra cuando un gQbierno pncífi co
«degenera en guerra civi l» (Lev., cap. Xll l , 187 ). U
eswdo de nnturnlezn es por ello unn mera ficción o situaciÓn h1potct1c:1 d~r~gida a sncar: \la luz lo que quiül
no sea 5mo nlgo Intente, soterrado, pero no por ello
menos renl ; nl¡::o que en cualquier momemo pueJe hnccr
acto de presencié! si no nos sometemos a determinadas
u «Anduc>p<ll«'P.i•chc \'oraussct7.ttn¡:cn zur Theorie des Politischcn bcí Thomas 1loobes», en U. Bcrmb:tch/K. M. Ko<.lalle
(1982), p. 127.
" Como F Tric:IUd ~e cncar~a «le ~ubrantt, cada una de 1:"
causas del c-s1:1do de ¡!Ucrra no aparcC'cn i>ondcrad~ por rgual
en la~ di~tinl:ts ohr~~ en que 1lobbcs se ocupa de este tcm:~ . El
rdnsiro dt·~dc lO$ 1:/cmrnls al Lcl'i.1tán aparcct:ría marcado l",r
el owrgacni~:nto de ttrt:t mayor impNtancia al fac lor tic la <•Wrn·
petcnci:l'>, que I'Tl tíltimo término reviene sobre una cv~ l u:tci6n
del fac10r «ohjerivc"'· la escaso., como la cau~a üldma del con·
flicto. De C' tro !aJo, pnrcce fuera c.lc toda duda que la sobrevaloraci\in de qut: l lllbhc~ dora a la «gloria,, «vnnaglori:t», '<V:toi·
dad». etc. responde :t la lecwra que h:tcc del comportamiento de
los hombrt:< ele m tiempo. (\'id "' lob~'s Conccption ()( rhc
Statc of Naturc•. en G A. j. Rogcrs/ A. Ryan,'l9~. pp. 107-12·1).
280
f"c rn~ndo
Vnllcspín
formas de mganizacton social y política . Y la idea no
es otra que aportar razones 1arn generar la ohcdicnrÍ<i
a una dete:ininnda confí¡!Ur<lCIÓn <e pOl cr : :mvc como su meca -1ismo le itimador. Es to cs. ofrece u~rs ­
pectiva que cada uno e nosotros -desde la sociedadpodemos asumir y desde la cual se nos permite comprender por qué sería racion:d acordar con wdos los
demás la insti tucionali7.ación de un soberano efectivo,
asegurándose así la estabilidad y viabilidad de las instituciones existentes; siempre que éstas coincidan con el
resultado dt: nuestro cálculo mcional, desde luego.
En tanto que clave metodológica, está fuera de toda
duda que n1) se trata de una situación histórica «anterior>> a la s:.Jpuesta «S e, 17.ac1o
om re, si bien
es
o exc 11v .
ontem o de
cri ción ueda
pr~entarse de hecho entre «os pueblos salvajes de muchos lugares de Améric:ll> (Lev., cap. Xlll, 187!. 1.:.1 De
crve es bast ante claro al respecto: «Volvamos de nuevo
al estado dt. natmaleza y consideremos a los hombres
como si acabaran de surgir de la tierra y de repente.
como setas, llegaran a la plena madurez sin ningün tipo
de vínculo e:1tre sí» (E.W.: JI, cap. 8, 1: 108-109). Y d
capítulo XJ 1I del Leviatá11 nos describe ya con detalle
qué es lo que ocurre cuando estas personas así consideradas entraP. en relación: el paso a un estado de guerra
generalizado. Por tal se en tiende aquella situ;1ción en
la cual no existe un poder soberano «que los mantenga
atemorizados» y hay una «voluntad de confrontación
violenta sufi<:ientcmente declarada)>. No hace falta, pues,
que exista una lucha efectiva; basta con que esa predisposición se dé de un modo generalizado (Lev., cap. XIII,
185).
Recordemos algunas características de la naturaleza
humana oue nos inclinan a caer en tal situación. Está,
en primer- lugar, el s:g.oísmo del hombre, su impulso por
dotar de rioridad a todo lo ue contribuya a satist1cer
su autoconscrvacion, segun ad_ y_ vt a confort;1 e; .n o
Q..osee un dc.se.o.....o.cig.i.oal.-J~c.,1r su asoCiación con
ot~s person;1s, ni ningún otro sentimiento de simpatía
Tomás 1 Iobbcs
28t
natural bacía sus semejantes, aunque esto no tiene por
que presuponer que sea mos maliciosos, q ue deseemos el
sufrimicnw :1jcno por sí mismo. El vínculo social deriva
~ ncinlmen1e de los beneficios que nos reporta, no de
un imper:tti,·o natLtr:t . e ot ro a o, esta asoc1acion nos
preJt~ponc a dejarnos guiar por el orgullo y la yanaglori:t, que hacen a lns personas sentirse por encima de los
demás y son irracionales. En suma, los deseos y necesidades humanos son de una naturaleza tal que, unidos
a la escasez de medios para satisfacerlos, necesariamente
las colocan en una situación de competencia permanente.
A ello hay que nñ;1dir que los hombres son lo suficientemente iguales en dotes naturales - facultades mentitlcs
como pnr;1 que nat te pueda esc.1par a la ostili ad de
los Jcrn:ís; «aun el más débil tiene fu erza suficiente. para
matar al más fuerte, ya mediante maquinaciones secretas, o agrupado con otros que se ven en el mismo pe·
ligro que ¿1» (Lev. , cap. XIII, 18.3). El as ccto más sobresaliente de a · hhd ht
n resi e entonces en
¡;- corrcl aliva exposición al riesgo de perder la v¡ a .
.,_A partir de es tos su puestos, la argumentación que conduce del estado de naturaleza al estado de guerra sigue
el siguien te escalonamiento l6gico: la igualdad (de dotes n<lturalcs y facu ltades mentales) conduce a una igual·
dad en b esperanza de obtener nuestros fines; esta igualdad en las cspcr:.m7.as -dada la escasez de medios- si·
túa a las personas en una situación de competencia generali7.;'1da y las convierte en enemigos potenciales; esta
competencia - ante la falta de certeza respecto de las
pretensiones de los demás y las estratagemas que pudieran estar urdiendo con otros en nuestra contra siembra
la desconfianza; e$la desconfianza, a su vez, potenciada
por la posibilidad de que otros se dejen arrastrar por
su ambición y deseo de gloria, y de que ningún pacto
sea capa7. de dotarnos de la suficiente seguridad, les lleva
a la convicción de que una actividad predatoria es quizá
más rentable que la propia actividad productiva, y que
bajo circunstanCÍ;'IS favorables un ataque an ticípatorio
permite gozar de una mayor seguridad, siempre relativa.
Fcrn~ndo Va!!c~plu
Cuando este estado de cosas se generalizn v wdos se
encucntr:m por ig11nl en estn sit~ración l:ttcnte 0 cxprcsll
de conflicto ge:1ernli7.ado. cstam o~ ,.a en pleno cstndo de
gucrrn. ~· Y la vida de c:tda hombre e~ s<,lit:tria. pobre,
desagradable, brutnl y corta» ( Lc11., Cllp. Xl 1J. 18(, 1.
VI.
ÜDJ.IGACIÓN MORAL Y LEY NATURAL
La descripción del estado de naturnlezn e::: lo suficien·
temente desolndot<l como pam cstimuhrnos n abandonar las at m:~s y dedicarnos :1 unn <~ctivitl:ld productiva
xa libres de inquiewd por nuestra vida. Y el medio ade~uado par'l h:~ccrlo lo encuenrm l l obhc~ en el ctmccNo
de lf!.J nnttmrl. Su máxima primern consiste en un precepto o re la general encontrada
r la rm:ón , ~
cual se rrohíbe a o
· lo ue sea des·
truct1vo para su v1da o le <~rrebatc los medios para . '@..
~a vt .
ev., caps. •
y 1 V); ncer a paz y
mantenerla, en suma . Las leyes naturnles , de las que
Hobbes nos ofrecerá uhas dieciocho o d iecinueve, son.
por tanto, <cnrtículos de la paz», y como tales imponen
el sometimiento racional y consciente de los hombres a
e' as a ttns de cooperacton soet;tl. En principio, pues,
estns pautali racion:t es n s conmtn:tn a ab;tndonnr el deN!cho natmal que en el estado de natmalcza ten~o:mos
t9dos a todo, el derecho a usar de nuestro propio p~er
como nos pb7.ca . No hay que olvidar que en el estado
de natura !eza, aunque inseguros y c·argados de temores,
somos librc·s de aplicar todos los medio~ a nuestro alcance para satisbcer nuestro impulso de autoconservación.
Entre las leyes de la naturnleza que I Jobbes nos irá
presentando sólo nos interesa detenernos nhora en las
tres primeras, que son las que nos van a dar la clave
de su contrato social. Como acabamos de ver. la prime.rn
de elbs define el fin o la obligación principal. Las otrns
dos se encargan ra de poner los medios para que este
fin principal pueda ser llevado a cnbo. La ~unda ley
Tomás 1h>bbc~
283
establece e impone que cada cual debe estar dispuesJ.Q,,
cuando los otros lo estén taml5tén a «no h::~cer t
e
su derecho a to o. v a contentarse con tanta liber~ad
en_su relación con los otros hombres como la que éf
permitiría a los otros en su trato con él» (cap. XIV, págma 190). Esta franslercneta mutua de sus derechos «es
lo gue los hombres ll<~man coutrnto>). Cuando a través
suyo se obl ignn rnornlmcnte a respetar lo acordado estomos ya en prcsencin de In tercera ley de la natura!C'ta
(«que lo~ hombres deben cum )lir los convenios que han
hecho. 111 cst<l ey os conveniOS se 1acen en vano y
S'Ol'Oson palabras vací:ts>)) (cap. XV, p. 20 1 ). En gene·
ral, tedns las leyes de la n:~turale7.a serínn corolarios o
derivnciones de la m:íxirnn contcnidn en In regla de oro
«no hngas a otro lo que no quieras que te hagan a ti».
Falta un clemenw. sin cmbnrgo, que garantice el auténtico y efectivo cumplimiento del pacto por parte de todos
los contratantes -«sin In csp.ada. J.Q.§ pactos no son sino
p:V!_bras» (cap. XV II , p. 223 )¡ «Tiene que haber un poder coercitivo uc obli ue a todoslos hombres JOr i uif
:1· cump tm tcnto de ~ sus conven ios, or terror a gu
castigo que sea mayor que os ene tctos que esperanan
o'Eteñer del infringimiento de su acuerdo» (cap. XV, 202).
Esa realidnd política, esa instnncia de poder que haga
efectivas las leyes de la naturaleza será, ob\·jameote, el
Estado.
--rones de entrar ya en cómo se formula el contrato
social hobbesiano propinmente dicho, conviene que nos
detengamos algo rnás en la explicnción que nuestro autor
ofrece de estns leyes de In naturnleza. E n particular nos
interesa eva luar ahora cuál es la fuente de su vnlidcz
normativa; o. si se quiere, ¿por qué hemos de sentirnos
obligados por ellas? Como se recordará, en la tradición
e~olástico-cristjaoa del Derecho natur:tl, las leyes de la
naturaleza ernn dictados 1<' i~l:nivos de Dios, única 1ns·
rancia con ro er originano so Jrc e munoo y las cria·
turas que en él hnbit:~n. En tanto que crnan:tban de El,
estas leyes debbn entenderse corno auténticas prescripciones y, en consecuencia, como «leyes)) en un sentido
a
284
rC'tnando Vallespin
estricto. éum <<na tural~s » (en o )Osici6n a lns Jisposicio·
nes «revchdas» ), puesto gue aquello que prescn f::~n,
así cOino el mismo ' hecho de que provinieran de Dio~.
podía ser ~onocido mediante la correcta utili7ación ele
nuestras facultades naturales Jc la ra1.ón una vez que n<lS
hubiéramo-; detenido a rdlexiCinar
el
n lo ( ue
. nos rot ca. En este sen tido, nues tra capacidad racional
está diseñada para sintonizar con este conju nto de prescripciones obje tivas. A primera vista, f lobhcs no parece
andar demasiado lej<Js de esta concepción t· inci LJso remite expr<-samcntc al origen divino de la In natur:1l.
Esto h;~ llevado a algunos autores a defender Ía tesis de
que Hobbes cs. en efecto, un autor perfecrnmentc a:similable ll la docr rina tradicional Jcl Derecho natu ral. Para \Xl:nrender ( 1957 ), por recurrir a quien inició c~t a
discusión. el hecho de que H obbes parezca convenir la
moral en una mera cuestión Je interés propio no tiene
por qué ir en contra de la posible interpretación Je su
teoría en IJ línea de la doctrina del Derecho natural.
Habría que comenzar por fijarse en la fueru obligaloria
de los prw:ptos de la ley natural. Y aquí sería necesario
distinguir entre la «fuente>) de 1:\ obligación, las razones
por las cuales una acción es obligatoria, y la$ «condiciones de validez» de la misma, lns circunstancias en las
que dicha •)bligación es aplicable. Un<1 cosa es suscitar
la cuestión ;ohrc el por qué debo ansi<1r la paz (la fuente
de la obligación), y otra distint:-t es inquirir por el qué
he de hacer en orden a alcanzarla (las condiciones de
validez). P;.r::~ Warrenc.ler entonces est:trín elato que la
justificación prudencial de Hobbes responde únicamente
a esta tilti rna cuestión. E11 comecucncia , desde el mo·
mento en cue se reconoce que la ol>l if!aciún moral responde a un imperativo divino, cobra sentido afirmar que
«el estado ·Jc naturaleza no es Je ninguna manera una
l'ituación er: la que no existan obligaciones; menos aún
que sea un estndo en el que no hay:t principios mor:tlcs.
Suponiendo que puedan llegar a s:uisfaccr~c determinadas condiciones de v<tliJez, los hombres cst:ín $iernpre
sujetos a la ley y pueden seguir extendiendo estas obli-
Tmnd~ l lvbbe~
285
gaciones mediante los pactos. La explicación de la socie-
dad civil es esencialmente una explicación sobre cómo
pueden lle¡!nr a satisfacer!\e esas condiciones de vali-
dez ( ... ). La pauta resultante de las obligaciones en la
sociedad civil es, por tanto, el producto, bajo condiciones especiales, de principios morales que sujetan al hombre en tanto que hombre , y no sólo en tanw que ciudadano» ( 1957: l02 ). La función del Estado debería
ser, pues. la de dotar de seguriJad a aquellos que actúan
mornlmente; la obligación moral es anterior, aunque en
el est:~do de naturaleza sólo obligue in /oro interno (vid.,
páginas 52-79 ).
No parece, sin embargo, que esta descripción que \VJ::~­
rrcnder nos hace de la teoría de la ley natural en Hobbes
sea fácil de engarzar a su concepción general del hombre
ni a su descripción de la racionalidad . Las referencias
d~ Hl1bbes al origen divino de la lcv natural parecen
responder más a su ánimo por congraciarse con la tradición ue 11 lA bús tJ~a de st¡ (u<:r~a gbligrum:i_a. ~O'
a.
:1 este origen, además, en un párrafo un tanto forzado al fina e e capnulo XV deíeevialan. Síñeñtrar en
la-diswslon sobre si 'Aoboes estuV<> imbuido de un espíritu agnóstico, ateo, o simplemente deísta, sí nos dejó claro
que es im asible demostrar racionalmente la existencia
y natu~ e Dios; nQ_si_en o «cuerpo; no ptíede constit~irsc en objeto de la ciencia (De corpore, E. \V, f,
l. 8, p. 10), y no compete por tanto a los filósofos el
pronunciarse sobre El. Basta con conceptualizarlo como
«causa primera», a uclla ue one en marcha el encadenamiento indefinido de causas y e ectos. raduciendo
-eSto al ~rnl3 i to de Jíl obligación moral , resulta que ésta
bien puede en tenderse como prescripción del Crcr~clor,
pero sólo como imperativo que cobra fuerza oblig<Horia
desde el momento en que es rcali;:abk O, lo que es lo
mismo, fuer7.a obl igat<Jria y condiciones de validez coinciden. Nuestras indinacione~ naturales - que también deben cmenderse como producto de la \·oluntad de Dios-,
guiad:1s por la razón prudcnci:rl, suborJinan b eficacia
de la le>· natural a las condiciones concretas de su efec-
Fernando Vnlle5pÍn
Tomás Hobbcs
287
.e..ortarnos en orden a alcanznr ese obje tivo. La ciencia
moral hobbcsi:mn pasa a identificarse as! con su concepción de ciencia general, y comparte con ella ese mismo
carácter instrumen tal. Parece que, dc.spués de todo. el
método hobbesiano sí posee esa (<unidad>> que algunos
autores han pretendido discutir.
Pero con e$10 no acaban los problemas. Lo peculiar
de la teorín mornl hobbcsiana no es sólo la form a en la
que se pretende justifi car la obligación moral, sino sobre
todo el modo en el que se b 1\omete al factor político.
Como vimos llntcs, pnra H<)bbes fuerza obliga toria y
condiciones de validez Jebían coincidir necesariamente.
Y esto introduce una considerable dific11lt:Jd a In hora
de intentar ar~ument:tr desde presupuestos eslflctos de
filosofía moral, ~n que la racionnlidad de los agentes no
va a depc11der, en última Ín$L:tncia , de la aprehensión
de una determinad:~ objctivid:td moral, en el sentido limitado e ir~ t rumental que rm tcs hemos conferi do a este
concepto, sino del hecho de que ésta sea reconocida como wl por todos los dem:ís. Así, el rasgo decisivo parece
residir eo el cl~mento conut•ncionol, en el «tCfQ!12fÍ·
miento» mutuoY.-.s2~~~o de q~~_1:1l objeti':.idad existe y
qu.e
onsccuencJll estamos d ispuestos u nquar segú n
suLflictados. ¿Significa esto entonces que la «ver ad»
y, por tanto, la rucrza obliglltOtia de los imperativos morales depende únicamen1c de una «convención» . o es
efectivamente anterior al acuerdo de desarme?
Una ces:~ sí que resulta evidente, y es que Hobbes
muestra en toda su crudeza la intcr:~cción, por no habl:tr
de de
e ia entre ét ica • olít" n. Ln pnradoj:1 pllede
pla~ tea.r~e en estos e r ~Jnos: e. un lnd~"'. pnra que la
obhgac1on moral sea cf1cnz reqt~~ere del factor «políuco»,
poder coercitivo del Estndo; ~e otro, este poder
ofrece pocas at<lntías de estabil idad si no cuenta con
e apoyo - es e a << uerza>> e a convJccJon e sen·
tíñiieñiO moroiu a ano~. e aquí n:1ce la
perpleJidadquc hn acosado a );¡ fi losofía política desde
Hobbcs hast:J Rawls y no es sino el problema que se
esconde detrás del concepto de legitimidad. Para nues·
9e1
2R8
tro autor este prCiblema se su!\eÍt:l desde el mi~mo mo·
mento en que rompe n1n la concepción :~ri~totélico-es­
col~stica de la iJcntid:~d entre ~;ocictbd y p<llítíc:~. L:t
soctedad 1olític:l no tiene un Migcn «nMmnl ... c;ino ;'lt·
tificial: ca !:1 persona «construye,, concerr:índt~s<· C<'n los
dem:ís, llll1 <•persona civil»_ \' ;'I r romrer~e tnl idcntidnd
hace falta justificar de alguna mnnera In existencia del
poder. Ln descripción del estado de nnturaba como estado an1ír:¡uico ya vimos que cumplín cst:\ ftltKión de
demostrar por qué es legítima una determinada configuración POlítica. En su teoría del c0ntrato s0ci:~l, en
definitiva, lo que se hace es responder :1 la pregunta
sobre cóm.> y por qué «debe>) cada persona <•reconocer»
su vinculación a la autoricbJ est:n:~L Y se pbntc:t :~sí
una curiosa dialéctica entre In nutonomía de la vohmtad r el criterio objcti\-o. t\mbns se funden en el dictameiT rcctn, rattnnir que h;1ce que la decic;i6n indiviJu<~l
no sea simple producto del libre :~lbcd r í(l . sino que responda a rdacioncs Je necesidad que ohlignen a «reconocen) y. por tanto, a «~·aJoran) el fundamen to de la
obed iencia. ¿Signific:~ es to entonces ·-como !'eñnlábamos arriln- que ya se estarí:1 prc\·inmcnte oblignJo al
«reconocimiento>>? Est:~ pregunta incide sohre el auténtico probkmn que pl:tntca 1<~ cucsti(Íil de b lc~itimidacl.
Sintéticamente se p\lede contest:n afirm:md0 que el individuo nr' debe obediencia inclucliblcmc:ntc :~1 Estado
en cuanto que tnl, sino sólo a un Estado t•Ndndt-ln. Exis·
te una vinculación ético-nmmati\'a que se funcb en el
sometimiento voluntario de las personas, en el sentido
de gue ést::.s clcciden - dentro de de tcrm inrtdPs límitesobedecer todas sus órdenes o imposiciones. pero no por·
q~te prover.¡!nn de tal instancia n secas. !\ino pMquc prcvtamente se ha emitido unn dcáJÍÓII que b Jccl:~r:~ como
la organiz:~dún m:ís «rncion:th), esto es, la m~s eficaz para
la satisfncdón del fin del cual e~ medio: b p:1z v segurid:~d.
·
A nuestro juicio. pues, parece que lo dcci~i\'Q es este
cálculo de utilli,!ad. Es lo más congruente tambiéñ7o""n
la concepci.)n del l1ombre de IIobbes. No oh-idcmos que,
289
para él, pasiones y razón se necesitan mutuamente 17 • En
términos kantianos puede afirm11rse entonces que las leyes nntumles serían imperativos categóricos asertóricos:
es decir. aquellos que presentan la necesidad pdctica de
la acción como <<medio» para fomentar la felicidad -en
términos hobbcsianos, d iríamos que para satisfacer las
p:tsiones «fundmnentalcs>). Y habría que ai1adir: suponiendo qlle todos los dem;Ís se someten también a los
mismos. D. Gauthier ( 1969) fue el primero en observar
cómo I lobbe.s nns ofrece un ejemplo de libro de un tf.
pico supuesto de dilema de los prisioneros generalizado 18 • En este sentido, simplificando lo que es un sonsticado csquem:t de decisión racional, el estado de naturaleza se presenta como una situación que afecta a una
pluralidnd de personas, que desconocen sus ínrenciones
mlltuas v se hallan en una situ;~ci ón de desconfianza
permane~te. En vist<~ de ello se p!:lntcan i?.s siguientes
opciones: a) si In mayoría de ellos vulneran las leyes de
la naturnlcz:1. cn trnn en el cst:tdo de guerra y, por tanto,
en la destrucción mutua potencial; b) si, por el contrario, se sujetan a sus dictndos, habrá paz y esto es beneficioso para toJos; e) caJa individuo puede intentar obtener 11 veces el rn:íxinm rendimiento posibic de l11s quiebras de In k·y n:ttural, siempre y cuando orros se sometan a ellas; d ) cuando se producen estas vulneraciones,
aquellos que ~í se guían por ellas salen claramente perjudicados, rn~s que si no lo hicieran. A partir de estos
supuestos se suscitatí;~n los siguientes problemas: (i) definir el estado mutunmente beneficioso de la paz civil;
(ii} institiJir dicho estrtdo; y (iii) estabilizarlo; es decir,
11
«L:ts pn~ioncs que inclinnn ~ los hombres a buscar la paz
son el miedo a 1~ muerte, el deseo de obtener las cosas ncccsari:lS
para vivir cúrnodnmcn 1c }' In C$pernn7.a de que, con su 1rabnio,
puedan comc¡:uirlas. Y la ra16n su¡;icre cOn\·cnientcs normas de
pnz, bas~nJosc en las cuales los hombres pueden llegar a un
acuerdo• (/.n•., c:~p. XIII, p. 188).
u Para cnconwtr un2 cxrosición general del «di!C'mn de los
prisionerCls" !"id., Luce v Hniffa. Grmtei ond Decisiom Nueva
York, Wllcy, t957. Un:~ ·sl.'fisticaJ~ aplicación de la teorÍa de los
juegos a )a obra hobbesiann se cncm·nrra en ]. Hampron (1986).
1 crnllndn V:tllc-<pin
290
dar a cada persona un motivo o r:n:ón suficiente para
sujetarse a las normas cuya efic:1cia constitllye la condición de posibilidad de tal estado. La solución a cadn uno
de estos problemas sería la sif!uiente: a ( i ): rcwrl(lcer las
leyes de la naturaleza adem:ís de la idea de un soberano
efectivo con todos los poderes necesarios para mantenerlas; a ( ii ): a través del contnuo social o, lo que es
lo mismo, mediante Ja institucionali7.aci6n del soberano
por autori7.ación; a (iii ): mediante el sistema de sanciones impuesto por un soberano efectivo.
VII. EL
?ODER DEl. LEVIATÁN
La institucionalización del Estado responde a la volunrad de ..:ada uno de los indi\•iJuns de entr:u en un
pacto que sigue In siguiente formulnciún: «t\utorizo y
concedo el derecho de ~obernarmc a mí mi'>mo, dando
esa autoricbd a este hombre o a cstn nsamblcn de hom·
bres, con la condición de que tú también le concedas
tu derecho de igual manera, }' les des es;¡ r~utoridad en
todas sus acciones» ( Lev., cap. XVll, p. 227). De aquí
puede extraerse una importante particularidad del con·
trato socinl hobbc~irtno. No se conternpln yn In típica
relnción bilateral del contrato Je gobierno. Como se recordará, en lns teorías pactistas antcriore!', la comunidilll previamente ínStíiüi<:!a en cuerpo pclli!tco merced
al pactum associationis, contratahacon el sobernno el
contrniJo y los lí~Je S,hJ,.,som~tlm•cnto (pactum sub·
jectionis). Había dos partes bien cféHmitaJas. En Hob·
bes. sin embargo, se da la peculiaridad de que uñi\Serie
.depcrsonas~llrat.:m entre Jl.a_f_av(~c_r)s Y.lJ-.!S~.
El motivo que hay detrás de esta rccstructurncitin de
la fórmula convencionnl no reside sólo en el plantcamicn·
to inclividualistn del método; rellpondc también :1 b necesidad de n dar el mas mínimo ,¡e ;1 c:ter Je nuevo
en e estado de :~narguíll. 'na \'CZ «autori?.ado•>, e sober"ano dispone y:1 de un poder irrevocable capa7. de
protegerse automáticamente frente a posibles intentos
291
Torn:is 1lohbt·<
por parte de los contrata~tes para recuperar lo~ de.rechos
a él ennjenacios. Lo que tmpottn es que los subdttos se
sometan a In discrecionalid:td del soberano 19• Esto queda muy claro cu:-~ndo Hobbes contempla el ouo su~u_e~~o
de instiwcionr~liz:-~ción del soberano: por adqumcron
(vid. Lev., cap. XX, pp. 251-252). Es decir, P.?r conquista
o cual uier otro medio violenw mediante el cual se hace
con toe o e po er e ecttvo. qu , a «autorización» sed:~
urameruc hi >otética pero no menos va 1 a. 1 e so erano e¡erce un po ér e /acto cnpnz de satisfacer nuestro interés rncion;~) en un gobierno efectivo, si es capaz
de evitar que caigamos en un estado de guerra, hemos
de enrender que goza de la misma ·legitimidad que aquel
al que explícitamente nos sometimos ( t'~d.. Lev:· «Re~:t·
so y Conclusión», pp. 717 y ss ). En uluma mstanc1a,
lo ue im orta es que cumpla el fin p;¡ra eJ que existe,
inde en icntemcnte e como se aya constttul o.
El símil que o es uu t7.a par. caractenzar a esta
criatura no "puede ser más gráfico: ~11, el monstruo
marino de que nos h:~bla la I3iblia en el Libro de Job.
Con ello se quiere hacer referencia tnnto n la desmesura
de su poder cuanto a una <.le las finalidades básicas que
debe cumplir: obligar «por el terror que ese poder y
esa fucr7.a producen» (LeLJ., cnp. XVII, p. 227) a que
se mantenga la paz interna y se genere la ayuda mutua
contra los enemigos de fuera. Pero su naturaleza no es
la de un ser :111imado; es ame todo un automaton o má·
quina, un artificio creado o producido por. el hombre,
responde a un diseño racion:1l. Y, por enéstma vez, sus
atributos deben corresponderse a los fines para los que ha
sido forjado. Una lectura del c:tpítulo XVIII del Leviatán
sobre los derechos de que dispone deja bien cl:.~ro qué
es lo que se rretendc e vi t:u: el ( raccionamiemo del oder. In guicb a del principj, ·
1' e
a soberanÍ;J.
El soberano no puede renunciar o dejar de ejercer nin·
" Un mecanismo íorm:1l de
a~c¡tur:~r
que el soberano no pueda
romper el pacto cs. prcci~amcnac, cuando no forma palie de él.
Queda, pues. labre de toda responsabilidad para actuar discrc·
cionalmcnte.
FC'rnand•• \' ~lk<pin
293
guno de les derechos rllnd:II11CI1t:llc~ de la ~nher:lllÍ:I <:Ín
que los dcmñ~ picrdnn ¡;t1 dic:KÍ:l . Tocln hendedur:1 abierta en su poder unit:nio est:í llam:1da :1 'rO\'IIC:ll" ~u nunn .
~n sus prr.p1:1<; pabhr:t~ . «si trnn-:(icrc el poder <>obre la
militia, cst;lt;l reteniendo en \':mo el de b jmlic:-ttur:l, pN
falta de fucrz.1 que obl i~ue a que Ja¡; leyes se cumplan;
y si renuncia al poder de rccaud:~r dinero, la militio será
entonces nigo vano; y si renuncia a tener CPntrol sobre
las doctrinas, los hombres se nlzarán en rchclión por
miedo n lvs espíritus. As!, cuando consideramos cualquiera de ¡os derechos mencionndos, vemos que poseer
todos los olcmñs no tcnJrñ dccto alguno en b wn<:erv;~ción de la pn7. }' la ju~ticin, que es prC'ci~nmcntc el
fin parn d qt1e los Estado~ son ínsiÍI\Iidos•' ( Lcr ., capítulo X\' ~ ll, p. 236; y t·id., en general. todo el cnpítulo XXI :X sobre « Estns coslls que debilitan y tienden a
la disoluci(-n de un Est:tdo>) ).
Entre e! enorme elenco de derechos que Hobbcs :~tri­
buye al sobera no, que seda prolijo reproducir nc¡uí, ndemás de de;tacar este ra5go de la innlicnabilidacl e indivisibil idad de l<1 sober<1 nfa del Est:1do, es necesario su brayar aquc[ que le faculta para estnhlecer lns rcgbs básicas de la co nvivcnci~; «que los hombres sepnn cuáles
son los bimcs que pueden Jísf rutar y qué acciones pueden realizar sin ser moles tados por ninguno de sus súbditos)) (p. 2J4 ). Ln<; reEllns que est:tblccen el tuw11 y el
meum, lo bueno y lo malo. lo legal y lo ilcg<~l. Todo el
orden jurí\lico es un:t cre:tci6n Jcl Est~d.~ .. En ult1m?.
instancia, por tanto, los presupuestos ¡unc.l•cos dentro
de los cuales ha de enclluz;use b \"ida econom1cn y social , así como todo lo rellltivo lll p:~pel. reJe,•antc o
subordin:tdo, que deba juJ!:n cnd:~ cu:tl.
Una cierta sensibilización «contcxtulll>), que contemple la obrn hobbesiana cnmarcadn en el período y lu~ar
al que pertenece, nos permite rercibír en esta d csc~• r·
ción de bs facult?.dCli del Estndo la exnctn contrnpa rt td:t
a lo que según Hohbes const ituía In causa fund nmental
de las contiendns civiles de su épocn . El LeiJrattÍn o dctts
mo,·talis rcquerla de todo este poder hiperbólico para
enfrcnt:use a licb('111{1/b . In cncflrnacton -b<ljo el nom·
bre de otro m0ñstrutl bíblico- de In guerra dvJl. A~[.
al finnl del cnpírulo X V l 11, pretende persuadimos, de
que aun uc 1:1re1.ca uc hcmo~ atribuido un · caso
poder .1! Lcvi:H:lll. éste e!> e Imprescindible parn conseguir imponer 1:! pnz civil. L:t obsesión de HobbeS"ño
es otra, por decirlo una VC7. m:í~, que evitar l:t disgregación del poder p<lt lns di~putas de los distintos actO·
res políricos, nsí como el constante cuestionamiento de
la «legi 1imid:~d» del soberano, tanto por las facciones
relígiosn!' o políticas como por quienes hoy lhmaríamos
los «intclccw:tle~»- El Estado debe ser inmune a este
tipo de cue$tionamicntos o Jcsafíos. El principal peligro
a la efecti,·idad del sobcrnn<' lo encuentm Hobbes en los
poderes /á<ticos, por cmplc.1r otro término al uso en
nuestros días; es decir, en :~qucllos capaces de acumular
el suficiente r ode r como pMa compet ir con el monarca
en el ejcrc~cio de nlguna~ de sus func iones. Advierte así
sobre el poder excesi\'o que pueden llegar a adquirir algunos c:lUdillos militares, que mediante tretas demagógicas pueden pretender gan:trse el f:wor popular; o el
de las personas o grupos de interés adinerados, cuyo
poder económico pueden intentar poner al servicio de
causas distintas de l:ts querid:ts por el soberano; o el
de las grnndes corporaciones locales, cuya capacidad pnra
organizar ejércitos propios debe !'er cortada de raíz por
el auténtico titular legítimo del poder militar. De ahí
la import:~ncia que nuestro autor Mribure al derecho del
soberano para atribuir honores y distinciones, par?. canalizar y disponer de la estructura de los distintos rangos sociales.
De hecho, llobbes man:ficsta una dar;~ animadvers:ón
hacia todas esas élitcs sociales y políticas que amparándose en su poder social efectivo intentan eludir su sometimiento a la ley (vid. Le u, cap. XXX). El destinatario fundamcnt:~l de su poder debería ser el hombre
común, la generalidad de los ciudadanos, aunque esto
no tiene por qué condicionar su arbitrariedad a la hora
de dispensar fnvores a unos u otros grupos o personas
292
294
f7crnnndt> V:~llc~pín
concretas. f la' como se ve, al modo maquiavcliano. b
presentación de cierras max1mas o «conse os e e Jnnci·
uc Hobbes cons1 era necesari
er de re 1eve.
. unto a líl presentación de lo~ poderes C1 facultade~ ele
soberano te entremezclan así di\·crsos «consejos>> o m~í­
ximas de prudencia, que permiten inter 1retar t::tmbién
el evtatan en esa 1nca e os « .::s 'e os e Príncipes».
1ernpre, chro es ta, como «añat Ido» :1 fin básico que
trata de satisfacer, que no es sino fundamentar la necesa riedad de un F.stado absoluto, único capaz de velar
efecti\,amente por la paz civil. }lobbcs com arte con l\Iaquíavelo no sólo un<J visión )esim1 ~t:t e :1 atu :1 eza
humana, smo esta nece~ariec <Jd de consolida r el poder en
t;a IOSiaOCI:l CCntr:llizada C:tp'!7. ae COntrol:!r :1 rivales'potencia cs. . sm cm :~rgo, sus consejos :1 ríncire van
:iscrradicrdrnente dis tintos de los que el autor it<1liano
ofrece al goi.Jcr n:~nte. Como ha obse rvado D. l3aumgold
( l988: 106), rn~.otrns este último se ccntrn e~ir
las c;tr:Kterísticas b:ísip s que debe uawi r «q.u.i.cu-gQbierna», St!_yi[.!,rí, !~-~-preocupa r or objet ivar los r11S·
gos propios de la << f unct<lll•> de ohtcrn(i"; muc~lr:lli'iia
autcnttca o 'seston por <e Imitar cu~ es el c<~mpo y el
papel del ejercicio de la sobcr:-~nía. f..l;ls gue el gobern:mte
en sí importan sus atribuciones, el rol re debe cumplir
1:-~ le>' como instrumento eñ manos de Estado. No en
vano nos dtcc llobbes, 'en b Epístoln Detlícatoria del
Leviatán, que en este libro no hnbb de los hombres,
«~in.z, en :~bstracto, de la sede del poder» (p. 75 ).
Cwmdo se :~borda el problema del :-~bsolut i smo en
Hobbcs se suele pasn r por alto el capítulo que este autor
consagra :l los deberes del sobemno (cap . XXX). Llama
la atención que ést0s se co~spon dc n a grandes r:-~sgos
~n los derechos contenidos en el cap. XVlll, y prescriben algo que pocltí.1mos ca!tftcar como las «condiciones
mínimas>> de b función de gobierno (o//ice). Delimitar este officium es una de l:1s principales tarens ele In obr:1 hobbesiana. Estos <<deberes» buscan )romover un !!Obierno
justo dirigido n tntcres común. ·ntre otras cosns se
encomtend<l :11 soberano J:¡ promulgnCÍÓil de le\'CS buc-: ·
l'omñs llobbcs
295
nas , asegurar el repnrto propo@~_Jill.inwuestos,
fa educación política, la just~ y ~yitativa aplicación de
casttgos y recompensas. un sistema iudicial imparcial, creétera. En cierto modo con!>tituyen la otra cara de sus
derechos (cap. XVIII del Leviatán). Si hubiera que reaucir este officium de! soberano a una única fórmula,
ésta poclrb concretarse en d~ur inci pios básicos: primero, en velar porque no disminuya su poder soberano;po¡:)nan tcncrlo firme y unitario ; y, en segundo térm1 no";l5or
garant tza r
), . ctvJ y e lene ta
·
(salus populi suprema ex, E. L. ll, 9, 1: p. 142).
Desde luego, Hobbes no ofrece ninguna g:-~rantía a los
súbditos de que ef soberano v<1 a a actuar siguiendo tales
preceptos; no existe mnguna instancia capaz e asegurar
su cumplimiento. Sí deja entrever, sin embargo, que f!L
sober:~no le conviene actu:-~r en esta línea si su deseo es
mantenerse en el poder, ya que un go5terno despótico
es fuente constante de la sublevación popular y, por ende, de l:1 guerra civil (vid., DC' ciz'e, XIII, 2, p. 157).
Cua ndo se refiere :1 I r~ :~cción «racional>> del goberrwntc,
Hobbes no pt!cdc eludir, nquí tampoco, su vinculación
al cálculo de interés. s¡ su «dcbcm consiste en el «buen
bicrno del JUcblo (. .. así t:-unbién su anancia>> (pro/it) (E. L., IX, 1, p. 142). Entendida ésta, des luego,
como un interés puro y simple por conservar su officc.
Saltan :1 In vista las diferencias entre Mnquia\·clo y Hobbes por la forma en la que c:~d:1 uno de ellos prescntn
los criterios de instrumcntali7,nción de la conscrv<1ción del
poder. El dlculo rudcncial lleva a Hobbes a su erir al
Príncipe una actuación no despótic:~ ero irme en el
n:antentm tcnto e e a u ni< nc so crana - implícitamente
20
e
"' Piénsese que en ~plic~ción de la tercera lcv de:: la naturalcz~
el sobernno es la (mica instnncia cnpacitada 'para dicrnr IC}•cs:
que serán ncccs:uiamcnrc «ju~ta~»; es el único cnpa7. de enjuiciar
lo justo e injusto. E~10 no obsta pMa que no pueda dictar leyes
«malas». no equit:l!Í\'as. con lo cual no estaría contr:l\'inicndo
ninguna prc~cri¡xión de tipo jurídico, pero sí de tipo moral y,
lo que p:ua 1lobbcs tiene m:ís impon:mcia, de natur:~lc7.a .-pru·
dencial» , ya que la prol iferación c.le leyes no equitativa~ es una
de las causas <k la sedición ( 11id. discusió n posterior en el texto)
296
Pernnndo
Vallc~piu
cont.ienc a uí una diferenci:Jción ent re despotismo y
absolutr~rno. ~ar:1 e autor italiano, (ICir e c<,ntr:mn. y
pN dccrrlo una vez m:Ís, la virttí del ohernante no se
hace de cr:der de una re\·ia ddinicilín de 1:1~ unciones
.¿_ gobicr:to. o que sí es n·rdaJ e~ r¡ue mn )()~ se searan de a( uellos :ltllOfC~ - casi todos ell(lS contcmpor:t·
neo~ <e . o> >es y, por t:mto. p:1rtícipes del Jeh:1 te sobre
lñl nul rmd:1d de la ~<,bcranía- que utili7.a n el recu rso ¡¡
m ccn n i~rnos proceJirnen tales corno ~aran t ía de la adecua·
cilín de la acción >olític:t a · ~~ r itc~ ~ r 011.,¡
_::r:m necrs:trio:; 21 • ~s, por ~ll parte, opta por el
puro rmer<·s clei ~obe rano por segmr al frente del E~rado
Por eso t?.vorcce también la forma de Clbi~on:ír­
quicn. a <ue en e :1 e rnterés pú lico wrncide con el
pr~. «Pues. no 1:1): rey que pue< :1 ~cr rrco, ni g nrior so, 111 l'C¡!U I O. !'t SUS suhdrtOS son pobre~. (l dc~preciables,
o dcmasirrdo débiles -por c:uestía o Jisemi<',n intern:l\ p:mr sostcr•er unrr guerra contra sus enemigosn ( l.ev., ca~pftulo XD:, p. 241).
L:1 delinrirnción del ámbito de las funciones del soberano acnba de completarse cuando no$ ncc·rc:unos a la
descripción que Hobbes nos ofrece de los librrtades de
los Stíbditns (Leu., cap. XX I ). Jnsistimm: ésto~ no pue·
den ~ozar de ningún mecanismo in~titucion:tl c:~paz Je
velar por ~u protccci(\n, así que se dccrewn tic un modo
puramente- retórico, como dc~arrollo o cnmplcmcntn Jc
las funcion~s del soberano. Los rac;gos m~~ ~ohrcc;alienlcs
del clenc0 que no~ ofrece Hobbes de e~tns «libertades»
ptrcdcn c:~quemn t i7.í'l rsc en los si guicntes plHl l o:~: Pti mcfO:
los stíbd it ~•s sólo p.o7.nn de lihcrtad <<c:kc ti\·a» rc~pcc t o de
lJQ.Ile.lhs e0;as ((cuyo derecho a ellas no Quede transfcrirJ>e
medr:1nte 11n convenio» (p. 268). Tienen, pues, pleno
derecho n la autodefensa r. como corobrio, a opori'Cr5e
a cual4ure:- drctado del soberano que arente CO'ñ"ir.i su
" Desde •uego, h~hd que cspcr~r a J. Loe ke J'~ra encontrarnos ~~n un:1 arl!rnncntnC'i(\n comC'cucnre de c~ta idea, pero csd
t~mhren presente en la impcwosa dcfcns~ dr: b so~cranía p<•pular
que ofrc('(~n ~utorcs rrpuhltC•IIIOI tales cCimn ¡\ , Sruncy, J. t-lilton
y, «1bre lOÓ>. James ll:mington.
·
l'vm:í~
1lobh~·~
297
vida y se~uridnd (que se matrn, se hieran o se mutilen
a sr mr:;mns, que no hagan rcsi~tencia a quienes los asalten. cte.; 1pcluso a nc arse a luchar contra el enemigo,
aunque en es1e caso el sobcrnno tendrá el acree o de
castigar ~u negati\'a). Con<:ecuencin lógica de todo esto es
que In obli l:tcil',n d obeJicnci:1 de los súbditos cesa Jcs·
d.c~L.JiiiiOlJ!Il~HflC.'tJ.laZ
~·
Y, ~eg u n d o: sal ,·o este derecho absoluto e inalicnnble,
«b mavor libertad de los stíbditos reviene del silencio
de la cy,, ( p. 271 ). osee entonces un carácter residual
respecto de aquellos :ímbitos no regulados prcvinr.1cntc
por In ley . A estos cfcc10s. )' visto desde ho}', no deja
d_e ~orprcnder la can1idad de <(c~pacios» que el (<!Ot:tlit:l·
TI O>> llo~.lbes presume que estén a la entera disposición
de los crudadanos. «Tal cs. por ejemplo. la libertad de
comprar y vender, b de cst:1blecer acuerdO$ mutuos; In
de esco~er el propio lugnr ele residencia , la comida. el
o.ficio, }' 1:~ de educrrr a sus hijos según el propio criLeno, eLe.» (cap. XXI, p. 26-1).
Esta~ .afirm:tcio~es d~ nues tro :nrtor nos muestran, por
tanto, como lll racronahd:1d que haya de orienr:1r al sobenmo en Slt gobierno debe gui!_r~~-llQ.LliL..PJ.QmUI&;.c:Tón
~ leves generales, capaces de canalizar la libre iniciativa
de suc; súhdit_m en la conlormactÓn de su pr~pio destino.
Esto ha suscrt:1c.!o, como no podía ser menos, una imcrprctaclói1 ií[i'Cr,Tl de la teoría hobbcsiana. Así, HabCrñlas
imputa :i HoOñeSersef (<el auténlic'(;" fundador l'eilJberal.isJ.:xto,> 11 : en su obra se con rendría la !'anción :-~bsolu­
tista . de clcrcr mína~los con tenidos liberales. En el capí·
tu lo Xrli del De Cf [J(', donde se habla de las obligaciones
del sobcrnno, se incluiría un importante elenco de los
deberes que le incumben para ((satisfacer las intenciones
liberales del derecho naturah\. El núcleo de su interpretación radica en valorar el carácter instrumental del ~
der absoluto en lo que éste pudrera representar como
marco ob¡ctivo necesario pa_r:~ 1'1 desarrollo de un libre
11
Tbroru rmd Praxis, frankfurt: Suhrkamp, 1971, t'id
ginas 77 y
~s
p~·
Tom:l~
VIII.
" La dimensión liber~l burguesa de 1~ obra de llobbcs es des·
arrollada desde otra perspectiva por el conocido libro de C. B.
Macpherson ( 1964 ) sobre el «individuali<rno poscsi\'0» donde se
subrayan los "supuc<tos sociales» o comlicion:tntcs rociocconómicos que pudier:tn informar la obr:t de llobbcs. Este au!or,
«más o menos con~cicntementc". habría introducido en su imagen
dd hombre un al:ín tompetiti\·o propio de la époc:t, y un modelo de !'ociedad en el que tod:t pcr~ona tiC'nde de modo poten·
cial a obtener el m:tyor beneficio individual posible, in5trumcntalizando a lo• dcm:ís si fuera necesario. De lo que se trat:~ cs~n·
cialmcnte es de verificar hasta qué punto cst:í prcscnte en la
teoría hobbcsinnn un tipo de sociedad capit:distn aún no del todo
desarrollada, rero en ví:t~ de comolidación.
P:~ra un an.ílisis de b obra de Hobbes - y 1,ockc- en el q ue
se pas:1n revista :1 todo este tipo de intcrprctadoncs :1 In lu z de
las circunstan~i:t~ sociocconómicas de b época, ,.¡¿_ F. Vallespín,
<•Contrato Soctal y orden burgués:o, Rel'Ísta de Estudios Políticos
número 38. marzo -3bril, 1984.
'
llt•hht•<
LA ESPAD A Y FL AÁClll.O
Otro impnrt:ulle Mpccto n tener en cneiHa :1 la lwr:1
de delimit:n l:~s func iones del sobernno, pero t¡¡mbién los
supuec;tos contenidos liber:tles de la teoría de Tlobbcs.
es el rclarivo a ~u po~lllrn sohre l:t religión. A este tema
dedica nucst ro autor 'ñ:~da menos que la tercer:~ y cuarta
¡)3riC del Laintán. c:1si l:t mi t:~d dcl libro y, curiosamen
te, es el :l!>pec to menos e~tudiado de su teoría. En lo que
sigue vamos a ofrecer un:~ sintética visión de sus contenidos miís relcv<lntes al solo efecto de completar todo
lo dicho con nnterioridnd.
El primer a~pcc to que exige sor explicado es por qué
Hobbcs t~ÍC:l tanto csp:tcio para in trincarse cncomplejas :trgllmcntnciones teológicns que no ai1aden, al menos en aptlricncin, n:lda sustautivo a sus argumentos cen
trales. Pueden apunt:tr~e dos re~puestas, rcbcion:tdns nm·
bas con consideraciones estrictamente contextualcs. J.a
primera, Óbvia por otra pnnc, teniendo en cuenca las
peculi:~ridncles de la é ,oc:1 ue le tocó vi\·ir, obedecea
la nccestt a e e o tar e un:t o e ¡us · ~ rrciún a su teo·
ría ; no sólo mediance es tric!Os argu mentos filosóficos
sino, t:1mbién, recurriendo a fuentes bíblicas. Nos referimos, claro es tá, y como en seguida veremos, a su pretensión de otorgar al soberano la potescad absoluta en ma
teria de reli!tión. L:t segundn es deriva tiva de la anterior
e incide directamente sobre el corazón de la teoría hobbesiana: su obsesión por b guerr:1 civil. Ya desde un prin·
cipio hemos ventdo aludtendo al pa~oel central que par:~
nuestro :1utor tuvieron las disputas religiosas en el estalltdo de 1:~ guerra ctvtl mglesa. y no sólo en este país.
Hobbcs :1front:~ el problem:1 <le la disensión religiosa QE.:_
tando ~ una de las pretensiones en Jispura - la subordinacion
In Iglesia ni Estado- pero, eso sí, utilizando
argumentos 15ien d1suntos de aquellos a los que solía recurrir el bando monárquico 14 • Su objetivo no es así otro
oc
1
' La necesidad de :~firmar v defender al wberano protestante
británico frente al intrusionismo de: la Iglesia católica llevó a
lOO
que contr 1vcnir las aspimcione~ de lns distint:t~ sectas
pn,testanl··s ---l; de la propi;~ lt!lcsia ca11íli\a -- a b su
pre111acín ('Spiritual. Y lo hace -COilll' acr~harnos de seiíalar- dunro de su propio terreno. rn d discurso tC(l·
lógico.
Como vemos, la línea r~rgumental de r lohhcs \'a dirigida :1 clil'linar uno de los mayores obstáculos que se interponían ~ntre !as pretensiones absolutas del poder civil y sus ~:'1bditos. Los deberes de los hombres para con
Dios no debían ser impedimento -como de l1echo ocurría- pnra su oblignción de obediencia ;~l ~ohcr:1no . De
ahí que nuestro autor busc:tr<l r<HificM en las F.scrituras
lo que cmhlcrnátíc;Jmcnte reprcsent:lt:l en el gr:~bado que
ahría
. ' ;Íatán: !:1 unidad en una sola persona de la
espada y ci báculo. i\horr:~remos a los lectores os :íspe·
ros argunwntos teológicos de que se vale e iremos dircct;unente al grano. En este sentido, el capíwlo más esclarecedor del Leviatán es el 43, con el que cierra b tercera
parte de s11 obra. Ahí nos ofrece :1lgo así t·omo los mínimos necesarios para alcanz:tr la « s :~lvación>>: la creencia
de que Jesús es el Cristo, el salvador, que const ituye el
111111111 nccc.uaritll!l de la fe cristi:~na (p. 61 O); y la ohediencia a los dictados del soberano. El primero de estos
principios se podría extraer sin nin~t"m género de dudas
de l:ts Escrituras, t:1nto del Antiguo Test:~me nt.o. que
:lllunci;-~ 1::~ v enid;-~ del Mc~ías, como del Nuevo, donde se
nos deja constancia de la misma . Y el origen div ino de la
TollláS llobbc5
301
Sintetiz:mdo. la ~usti{icación última de esta «teología
de mínimos1> sería la siguiente: el «Reino de Dios» se
manifestaría en este mundo de una doble manera: como
Reino de Dios natural; esto es, corno aquellos dictados
de nuestra razón que nos conminan a creer en El y nos
prescriben como obligación ~riorit:tria_ velar ~~r nuestra autoconservación. Y el Remo de Dtos pro/etiCO, que
describe el vínculo directo entre El y el pueblo de Israel
hasta aue «fue rechazadn en la elección de Saúl», y será
rcstaur~do «cu:mdo Cristo vengn en majestad a juzg:1r al
mundo y a gobcrnu de hecho a su propi~ pueblo» (~a­
p(tulo XXXV, p. -148) . /1. partir de aqut, ~¡ propóstto
de Hobbcs va d iri gido a combinnr. estas dos 1deas en una
fórmul:l única, guiada por la fuerzn prescriptiva de la
ley natural. No_ existe va nin¡;una autorid~d legítima caPJ!Z de imponernos una única ínterpretac~n (f:'las-sa:
gradas Escrituras; luego, ésta corre~p~ncl~E~~ gu¡en «per·-sonifica» l;l nplicaoóñ"de'laTev natur;tl: el so6eranc
«( ... ) sólo scnin l'íbrüs ca nónicos en cada nación , es decir sólo sed ley lo que ha sido establecido como tal por
la 'autoridad soberana. ( ... ) Pero la cues tión aquí no se
refiere a la obeJicncia de Dios, sino al cuándo y al qué
nos ha dicho , cosas que. para los súbditos que no han
tenido una revelación sobrenatural, no pueden ser conocidas sino mediante el uso de la razón n<ltural que los
guia, p~rn 1:1 obtención de la paz)' 1:~ justicia. a_obedecer
la autoricl<1d de sus respcclivos Estados, es deCi r, de sus
l3iblia, 1Iobbcs no parece ponerlo en dudn en ningún
respectivos soberanos1> (cap. XXXIII, p. ~1~}.
momento. Por lo que hace al segundo, la ju~tificación a
la que recnrre remite directamente a su argumcnt:~ción
sobre la le;- natural y explica en cierto modo la insistencia que all! pone en seiialar su origen en In volunt:ld
de Dios.
Unn vez asentnda esta idea, Hobbes se ltm1ta a pasar
revista ni problema de la interpretación racional que comportnr. algunos de los dictad~'s de las ~scritu~as: A !a
hora de optar por unn u otra tnterpretacton, cast stcmpre
nos dejan en 1:1 duda sobre su veracidad, aparte del problema de la auten ticidad de muchos de los supuestos
Libws Sagr:~dos, o de ias revelaciones, profecías, milagros, etc., que ahí se narran, y frente :t los cuales Hobbe_s
se muestra siempre escéptico. Toda lectura J~ lns Escr~­
turas lleva c<.,nsign, como se ve, grandes dosts de dectsionismo, y aun aplicando una hermenéutica apoyada en
racional iznr 1~ sohccanía del rey, ahora Godly Prina, en temas religios<'s. recurriendo a su p~pd como rcprncnt~ntc ele Dio< en la
tierra. Esta misma argumentación {! ) scrí:t utili7aJ,, dtspués en
su enfrentamiento a los puritnnos y presbi~e:ri~nos, que se opusieron a la s•..prcmacía regia en ternas rel igiosos.
.
.302
Fernando
Valk~p111
principios lógicos estrictos, siempre estarnos expuestos a
errar. La ley naturnl, por el contrario, no dn lugar a ninguna conjetura, sino que se muestrn a la rnzón como un
imperati\'0 indubitable. Dejemos, pues, que ya que h:1y
que «decidir», sea el soberano quien lo haga. y nsí ~1
menos nos someternos a la volunt:1d de Dios m:1nifiesta
en la ley nlltural. Corno se puede percibir, ~~ recurso :1 l
f.!:!,!!damento divino Je la ley natur:1l, que antes se nos
antojaba mnecesano, cu~· :1hora una f~mción decisin1
nra ll\'tl(b r a legitimar 'e poder es )i ritual de los fll(;ñ,,(-.
cns. Resu ta, a a pos re. que ro rá haber tant:ts tnter¡1'i7taciones distintas cuantos EstnJos hnya. Al menos en
lo referente
al «ctdto )úbhcÓ>>. a Ir~ reTI
Ion
olíC~iñÍnlc JÍtc
rcconoctc a, o ttc no obsta para que crtda cua . en su
Intimidad, 1egue a as conste ernctonc:s qJJ.c....:;ea.n_J.IJ..~~
ter: pero eso ya es un problemn ele conciencia . Lo rele'V:iñte a nuestros efectos es..la disoluci<í¡;- del kmímeno
religioso en el Estado, que es una· manifestación más del
«pn mado de b política» (Goynrd-fonbré ) que caractcrir.ll
toaa la o5ra ac 'Hobocs.
En la cuarta y tí !tima p:trte del l.et•ialtÍn, «Del Reino
de las Tinieblns», el lcngulljc de 1Iobbcs recupera toda
su ch1spa y mordacicl:td, que d i ri~c sobre todo contra las
Iglesias católica y presbiteriana. Lo gue :1hora lc~~a
Jjlfes tanto cn~;onrror á.fgllm(:l)tos pa ra justificnr la idcn·
tidad religión-Estado, cuan to vitupcrn r a los dos g;;tnd~s opositores de esta idea. Y quien ~ale :1quí peor
pnrncla es la Iglesia C<ltólica y el Pnpado, al que ncusa
d!; sct un •<rerno de brujns» y de «oscurecer>> la lu~c
em:1na e la razón. El reino de las t tntc1,1as uno e~ sino
un:t confcderacióll de enJ!.aiiadores qfle, a fin de ohtencr
a
dominio sobre los hombres en este m11ndo presente, intentau, mediante oscuras y erróneas doctrinas. extin.fl..uir
la luz en ellos, tanta la {m: 1111/uraf como fn del f;ut111f!.e·
fío» (Lcv., c<1p. XLIV, pp. 62 7-<í28: énf<1sis del <1utor).
Sus doctrinas no ~erínn sino pura «demon0logín» hipócri-
ta ni servicio de los interc~es más e~purio~; pura~ supersticiones, con el agrnvan tc de habcr~c introducido plenamente en lns universidndcs. La amcnaz:t p<1r:t Inglaterra
Tomás llol:>hcs
-303
no vendría, sin embargo, únicamente d~ la Iglesi~ católica, de la que ya casi hahría consegutdo emanctparse,
sino de la presbiteriana, dispuesta ahora a ocupar el lugar
de aquélla. Se trnta , en su~~· de un <1lcg<1ro contra la
irracionalidad del mundo reh toso, que cautelarmente se
< mge sólo contrn algun:~s de sus man_i{estaciones, Y a
favor del poder ema nCipador de In raz~n. ••
1
Una leC!ura en esta línea nos permne atstpar
In racionalidad que subyace a est:ts líltgas e intensas .~n~umen·
taciones contenidas en las dos partes del LeultJian que
ahora an:tlizarnos . Esta es una cuestión que ya desde C.
Schmitt (1938) hn obsesionado a algunos d~ los c~men­
taristas ele I lobbcs . tentnclos de buscar ~n el ,un:~ _m terpretación teológico-filosófica ~e. ~odn s~ f¡losoft:t._ Stn entrar en el debate, nucstr:t postcron aqu1 se aprox11na bastante a la so~t cn ida recien temente por D Johnston
(1986 ), p:1ra quien el Lct•iatán. contrariamen~e a otra};
obras Jc JJobbes, tiene un import:1nte contemdo «rc~o­
rico» d irigido n la «transforrnaci6n cultural>> ; n 1~ b~s­
qucda de un discurso c:tpnz de desvela_r la f~lsednd. t?tnnseca de bs argomcnt:~cioncs de 1:~ ftlosofta tradtc~o~_al,
de la religión o c.lc cu<J iquicr ot ra forma de supersuc10n.
IX. EN
E L UMBRA L DE LA MODERN IDAD
Siguiendo est:t interpretación que acabamos de intr~
ducir Hobbes se nos aparece as! como un heraldo de la
Ilust;:tciÓn; :1lguien preocupado por «!ibe:ar» al hon:~re
de t<lnta mcn¡ira depositada por l:ts docmnas y tr~
ncs, y por cnsr.iínrle a aplicar su capaci.dad racJo:_ñal para
pOder con~egu1r una :tuténttca az soc:al Y ma ·.or prosen ;¡ . ,on e o nos sumamos ni con¡unto de tnterpretaciones que ven en nuestro aLltor a ,un precur~or de la
modcmidad. Generalmente, cuanto mas se acentua la rup·
tura de Jlobbcs con res 'ecto a l:t ética y la filosofíadel
TIStado tr:tdicit,na es . t::tlltO mns se comtenza a. v:t ornr o
p~ibir en su oErñla presencia de raSf!OS proptos de unn
nueva concepción del mundo producto del desarrollo Y
}04
Tom:Ís llnhhcs
nacirnicnro de ~t !l:l bu r"IIC~Ía inci icnt
rrn
de su tiempo. a en una época tcmpr:m:1 adopt;l e$!<1
actitud un autor d~sico C01lll' f . Ti)nn ic.; ( 1971) n el
rropio L<el Str:lli!'S ( 19 36 ), quien 11(1 Jud:-t Cll l'l'C(1110CCr
Ir~ raíz bmgucsa del pens:1rn icnw hl1bbc.:;iá:w en ra~I!<'S
tales com.;, la l<1jnntc divi~ión que aqLtél cst;1hlccc entre
derechos 'ubjctivos (rtf!.ÍJis, ius ) y derecho ohjcti\·o (/aw,
!ex); en ~ · 1 punto Jc partida dc~dc los derechos llllll tra lcs
sin ningu'la considcrnción de los deberes; o, v en es to
estnría cr~ la Jínca de Maquiavclo o Spinoza, por su .~!!!..:
tarnient0 pu ramente técnico de los problemas p~os
s in ~a~ns idcr:tClOJ1 de pnncip10 S(1brc SUS lines V
~brnÍot llc~ro:- 1\pnrte de esto. est:l vi~dón se hanCJ
tanto ma~ patente cu:m to c¡nc dcri\·a 1.1 concepción ~lcl
1~ d~ Hohbcs de la profunda obscrvaci<'n yue éste
hiciera d(· sus contempor:íneos, hecho que habría de tcn~&s t ·ascendcñci:~ ~para su pensamiento globa l que el
método resolutivo-compositi vo.
Desde luego, el indí,· idunlismo y subjetivismo hobbe·
síano, su 11a terirdismo y racíonafur11o, desembocan nnrnd<~tc en In más h rme JliStifuación del nbsoluti ~mo .
Esta es In paradoja que asolt~ toda su oGr:~, y que no es
explicable -como señalábamos nrriba, si no nos :lcercamos a los conJicion:1ntes propios de su épocn, que ponen de manifiesto su «obsesión» por la g11crr:t civil. No
han fahm\o intenws por reconci liar la~ premisa!' de lct
filosofía pol ítica hobbcsiana con su dcri\·acitín política.
Y el propio Jolm::tQll ( l9RR) no!' (>frece ltll:'l ~a lid:~. ~
juicio, llo!)hcs hahrí:t tr::llndn de distllvcr en una fórm ul~nicn dos mtcre~cs contrafiCi~Tos: fa nccesi<GJCJc prc·
scrvarla r.az soctal, de un l:tdo, y - bu~car un::¡ rcs~ucS­
ta a las crectcntes demandas de dcmocr:llt7.nCÍÚn . Jc c•t ro.
El primero se venn gar:~ n t iZ:ltlo f )('r
si~~ al)~olu ·
tista, y el otro medtmíteCI- d'KCTioJcunméiOclo <]u ~
p"'friíiíti'éra rcconoec!' como lcg1t1 mo d ich9 po(~gr p~tc
del puchlo y, por t:mto, «autorizar» su trasbcíón: su
tcorÍ:l dcr Contrn to Soc1nl.
Esta cx plicaci{ín tw deja de tener sentido. pero, a
nuestro ju icio, pierde de vista un hed10 funJament:·tl: la
cr
30 5
<<contríldicción>) q1tC ílsola la <>bm hobhesiana no tiene
por q11é ser reconcilia<b desde !'US mismn~ prcmi$aS, ra
que e!\ ur1:1 wntrndicci<)n que asola a todo el proct~o d~
la .rnodcrnicb d. Si Hobbcs es el «padre de la moJerni·
dac.h>. lo es porque c.n él se m:uJ,ifiesta csw paradoja en.trc
emancipación \' sumisi6n de un modo cxtraordm:trto, y
éste es uno de los grmld~i\·os de su teoría. Hobbcs
es el primero en desprenderse de un modo rndical de l<'ls
losas metafísicas y on tológicas, y el primero en ofrecer
una teorín de la legitimidad r:1ciona!, pero es también d
iniciador de b «cultura del despotismo)>. Liberación y
discipl innrnicnto son los dos e·es ~obr~ los ue desde sus
iñlctos 1:1 < iscurri o la m0dernidnd, \' ntuf se
re·
sentan por pruncra -}' quizás ú tima- vez. con una ni·
tidez sln parangón.
BIBLIOGRAFIA
A)
ÜB RA S
oc HoBaEs
La única cdici6n de referencia de las obr~s de Hoboes es la
de si; William Molcs\l·onh, En?,lúh \Vor.b, en Xl \'ols., y Opera
l..atiua, V voh., Londrc~. John Rohn, J8J9-18.;5. Jlay una rccdi·
dón rccicnlc en Aalcn, lhden·Würtcmberg: Scicntia Verbg, 1961 ·
1966. Dos r~ ~¡:os pueden destacarse de esta edicíón: primero, que
no agot;l tod:~s las obras ile flobbcs; y, en segundo lugar, que
muchas de la• ediciones que rccopib no
$On
las mis fiables. Esto
es cspccialmcnlc cierto rc~pceto de los Elcmrlll.f o/ Low y el
Dcb.cmntb. Pr.r:t encontrar dos excclcnics ediciones de estos ¡¡.
bros hay q ue rcmidr :t lns prcparad:ts por F. Tonn ics, q\JC se
apoya en scndns cnpi:ts m:musnit:~s. Ambas aparecen en Londre.~, Simpkin, Marshall & Co., en 1889, y son reeditadas en
1969 con un:t introd ucción de M. M. Goldsmith. Respecto :tl
LcviatÓ11, entre las numcro>as edirioncs en lcn!\U~ inglesa del
siglo xx. p:mcc hnhcr ncuc rdo en considerar la edición de C. B.
Macphcr~on (Pclicnn Clr~s~ics, Pcn!'Hin 13ooks, !968) como In m~s
fiel a b ,,¡ Jcnd ctli¡ion,.. de Aodre\\' Crookc de 1651, ctJya P<l8Í·
nación ori¡l.innl rcw¡::c ~dcm~s en el texto; e~ también un;\ de
las m~s acc:c~ihlc~ .. Rccicnlcmente c~ t :í en proyecto la edición de
las obm~ de l lobhcs en Oxford Univc rsity Prcss. Hasta el mo-
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