Subido por Patricio Borrás

figuras grupalidad nestor

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Figuras de la grupalidad adolescente1
Néstor Carlos Córdova
Escribe Baudelaire: “Bajo un inmenso cielo gris, sobre una inmensa polvorienta llanura sin
caminos, sin hierba, sin siquiera un cardo o una ortiga, me encontré con unos hombres que
caminaban encorvados [...] Le pregunté a uno de estos hombres adónde iban cargados de
este modo. Me respondió que él no lo sabía ni ninguno de sus compañeros, pero que sin
duda iban hacia algún lugar porque les impulsaba una necesidad invencible de seguir
adelante”.
El adolescente atraviesa estados oscilantes entre la melancólica soledad de su cuarto y
momentos de algarabía grupal. Si el devenir adolescente se despliega en múltiples escenas,
es indudable que la grupal es decisiva en sus trabajos de creación e intercambio de los
nuevos semblantes.
El grupo es el lazo que anuda y sostiene, apuntala y cobija al adolescente cuando comienza
a desatar su dependencia del lazo familiar y vivencia la pérdida del apuntalamiento infantil.
Vinent afirma que: “Lo grupos que representan las dialécticas con idealización propia y
desidealización de lo diferente, especialmente de lo que representa ideales paternos. Es fácil
recurrir a las identificaciones grupales de modo semejante al fenómeno de identificación
histérica. Esta defensa permite salir de la angustia puberal ante la ambigüedad.”
A partir del trauma puberal el adolescente busca reorganizar su narcisismo y un modo
inicial es vincularse con otros construyendo una realidad imaginaria compartida: la ilusión
grupal de fusión y completitud, de reencuentro con la unidad narcisista originaria perdida,
el retorno al tiempo del narcisismo primario.
La ilusión grupal se constituye a partir del anhelo de seguridad y la búsqueda de retorno a
un estado indiferenciado. Pero simultáneamente se activa la angustia ante las tendencias
regresivas y la amenaza de disolución de los límites y la identidad.
El grupo puberal restaura la función del espejo ante las vivencias de fragmentación del
tiempo puberal y la amenaza a la integridad del yo.
1
Córdova, Néstor Anamorfosis de la pubertad en publicación 2019
Estos grupos están regidos por la primacía del proceso originario y su modelo
pictogramático de fusión o rechazo.
En estos grupos predominan el amor como tendencia a la fusión o el odio como
movimiento de rechazo, negatividad que da lugar a ciertos casos violencia entre pares.
El grupo puberal se constituye con la premisa de la negación de lo otro; el imperativo es la
subordinación al funcionamiento en masa cuya fórmula se podría resumir en un No(s)otros.
Cuando el grupo puberal perdura, se transforma en un espacio cerrado, regresivo y
ritualizado que no promueve intercambios y salidas saludables. Estos grupos en los que se
comparten consumos problemáticos y actuaciones transgresoras se caracterizan por los
trabajos de lo negativo.
Resuelta progresivamente la fase de ilusión narcisista de fusión característica de lo
originario puberal, la escena grupal por los trabajos de lo adolescente se transforma en un
espacio intersubjetivo que promueve salidas creativas.
La pulsión es demanda de trabajo psíquico e intersubjetivo . El grupo adolescente permite
crear un circuito pulsional intersubjetivo que favorece la circulación, ligadura y
sublimación de las tensiones pulsionales.
Si la pulsión representa una demanda de trabajo psíquico, este trabajo no debe interpretarse
sólo desde la perspectiva intrapsíquica.
Es en el espacio compartido de cooperación y aprendizaje donde se crean, ensayan e
intercambian los nuevos semblantes con los que protagonizar cada uno su papel en la
comedia de los sexos supliendo ese desconocimiento radical desde el cual debe partir.
Durante la adolescencia, los momentos grupales se alternan con estados de soledad.
Lejos del bullicio del grupo, la soledad, diferenciada del aislamiento y la marginación, es
condición para una transición adolescente saludable.
Refiriéndose a los estados del adolescente durante el proceso de desasimiento de los
primeros objetos de amor, Varela Viglietti sostiene: “La importancia que adquieren las
fantasías incestuosas que acompañan al empuje pulsional que ocurre durante la pubertad
provocan en general el aislamiento y repliegue del adolescente con respecto a su núcleo
familiar. Se aísla de sus padres y hermanos, pasa largas horas en la soledad de su
habitación, evita el contacto físico, y trata de pasar buena parte del día fuera de casa”.
La soledad es el momento de intimidad en la que el adolescente se reencuentra con sus
objetos más preciados y sus sentimientos profundos. En soledad, no sin otros, se conecta
con su erotismo, sufre y elabora sus duelos, ama en secreto, fantasea y poetiza, pone en
juego su creatividad.
En mi cuarto,
en mi cuarto he vivido horas hermosas
en secreto,
en secreto aventuras amorosas
En mi cuarto,
en mi cuarto tengo hermanos a montones
tengo libros,
tengo libros que aclararon mis errores.
Tiempo sin tiempo en soledad y vagando en grupo sin prisa, explorando lúdicamente los
confines de lo desconocido, experimentando; soñando conquistas heroicas y evocando
gestas mínimas. Atravesando el espacio virtual para encontrarse en un punto imaginario del
otro lado de la pantalla o sentados muy juntos en el cordón de una vereda.
Desgranándose paulatinamente del grupo, cada adolecente, de acuerdo a un tiempo singular
que paradójicamente se gesta en una trama intersubjetiva, encontrará en soledad el
momento de concluir y acudir al encuentro angustioso y anhelado con el Otro sexo,
alteridad radical cuya máscara feroz se conjura gracias a los sortilegios del grupo, la
soledad, la poesía y el amor.
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