Subido por Carolina Dieguez

Paul gauguin - Diario Intimo

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D I A R I O
P A U L
Í N T I M O
G A U G U I N
Ediciones elaleph.com
Editado por
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DIARIO
INTIMO
PREFACIO
Ha surgido una fantástica leyenda Gauguin, tergiversada
en muchas repeticiones. Una leyenda mucho mejor conocida
que sus notables cuadros, y por lo menos, en este país, discutida por millares de personas que olvidan la reconocida
categoría de mi padre como uno de los más grandes maestros de la pintura.
Esta conseja ha captado la fantasía popular en todas
partes. Erase que se era un corredor de Bolsa de edad madura, algo común y moderadamente próspero. Tenía esposa y
tres hijos por quienes sentía gran afecto. Ni los suyos ni sus
amigos tenían motivo para sospechar que abrigaba otra ambición que la de terminar sus días como un próspero hombre
de negocios y un buen padre de familia. Por aquel entonces,
cierta noche, dejó de lado sus virtudes domésticas mientras
dormía. Despertó hecho un monstruo inhumano. Su amor
por la familia, sus ambiciones burguesas y su respetabilidad
habían desaparecido. Lo poseía una fiebre ardiente de pintar.
Huyó a París, sin tener nunca un recuerdo o una preocupa3
PAUL
GAUGUIN
ción por su necesitada familia, dedicado a su recién adoptado
arte, en sublime desafío a la tradición académica. Finalmente,
hallando a la civilización demasiado tediosa para ser soportada, se retiró a Tahití, donde vivió y amó y pintó y murió
como un salvaje.
Es un lindo cuento. Es una pena contradecirlo, ya que
ha entretenido a tantas almas crédulas. Pero, iay!, no es verdad. La decisión de mi padre de convertirse en pintor no fue
una transformación tipo Jekyl y Hyde. Tengo un dibujo que
hizo de mi madre allá por 1873, el año de su casamiento. En
verdad, se había interesado por la pintura durante toda su
vida, para mayor fastidio de mi madre, cuando él acostumbraba utilizar sus mejores manteles de hilo como lienzo o sus
más finas enaguas como trapos para los colores. En 1882
renunció definitivamente al comercio, por el arte. Su determinación fue tomada luego de la debida consulta con mi
madre. Ella convino en dejarlo ir, no porque tuviera fe en su
genio, sino porque respetaba su pasión por el arte. Fue valiente. Significaba esto que ella debía asumir la carga del
mantenimiento y la educación de sus hijos. Mi padre la llamó
sale bourgeoíse, pero la respetó profundamente toda su vida.
Durante sus viajes nunca perdió completamente contacto con nosotros. A intervalos irregulares acostumbraba
escribirnos, pidiendo noticias y enviándonos afectuosos saludos. Una vez., incluso, nos envió desde Tahití un paquete
de sus notables pinturas, que fueron examinadas con indiferencia, si no con desdén, y arrojadas a un desván. El se sintió
más bien molesto cuando mi madre, considerando estas telas
como una contribución para el mantenimiento de sus hijos,
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DIARIO
INTIMO
trató - ¡ay! en vano- de venderlas. Se vendieron unos pocos
años más tarde, según creo, a precios ridículamente bajos.
Mi último recuerdo de él es singularmente vívido. Había
ido a Copenhague a decirnos adiós antes de su último viaje a
Tahití. Nunca pareció más tranquilo y tierno. Indudablemente era muy feliz ante la perspectiva de retornar a su paraíso tropical. Como regalo de despedida me dio un retrato
que le había hecho ese año Eug1nc Carriére. Un parecido
excelente; todavía lo tengo.
Estaba en las Marquesas cuando fue completado este
"Diario". Lo envió al señor André Fontainas con el pedido
de publicarlo después de su muerte o, si ello no fuera posible, de guardarlo como prueba de la estimación de Paul
Gauguin. El señor Fontainas no encontró editor y el "Diario" perlas e ne fas, pasó a poder de mi madre y de mi hermano menor. Luego de la muerte de mi madre lo ofrezco a
mi vez al público lector de habla inglesa. Sales bourgeois...
quizás.
Por lo que he sido capaz de averiguar, este "Diario" es
el ensayo suelto más largo de mi padre en el arte literario.
"Noa-Noa" fue revisado por el señor Charles Morice a base
de los manuscritos de mi padre y, mucho me temo, apenas
conserva el espíritu de trabajo de su autor. Comparad su
estilo con el de estos Escritos, o con los ensayos ocasionales
sobre temas de arte con que mi padre colaboró en revistas
francesas, y la diferencia resulta evidente. En lo que a mí
respecta, al menos, estos Escritos constituyen el autorretrato
esclarecedor de una personalidad única. Transfiguran y hacen vívidos los recuerdos de mi padre, recuerdos demasiado
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PAUL
GAUGUIN
confusos y escasos. Enfocan, para mí ajustadamente, su
bondad, su humor, su espíritu rebelde, su clara visión, su
odio inmoderado por la hipocresía y la impostura.
6 Ignoro lo que otros deducirán de ellos, y no me importa mayormente. Durante toda su vida mi padre ofendió a
la respetable gente presumida, la ofendió deliberadamente y
por la misma endiablada razón que lo impulsaba a colgar en
la pared esas fotografías obscenas de que nos habla en este
"Diario". ¿Qué más apropiado que continúe ofendiéndola
luego de su muerte?
La otra clase de gente no se equivocará. No dejará de
percibir que estos Escritos son la expresión espontánea del
mismo espíritu libre, intrépido y sensible que habla en las
telas de Paul Gauguin.
EMILE GAUGUIN
Filadelfia
Mayo de 1921
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DIARIO
INTIMO
AL SEÑOR FONTAINAS TODO ESTO - TODO
AQUELLO
Movido por un sentimiento inconsciente
nacido de la soledad y del salvajismo Cuentos inútiles de una criatura perversa,
siempre amante de lo hermoso, que a veces reflexiona. La belleza que es personal La única belleza que es humana.
PAUL GAUGUIN
Esto no es un libro. Un libro, inclusive un mal libro, es
un asunto serio. Una frase que pudiera ser excelente en el
cuarto capítulo sería inconveniente en el segundo, y no todos
conocen la treta.
Una novela... ¿dónde comienza y dónde termina? El inteligente Camille Mauclair nos da esto como su forma definitiva; el asunto queda resuelto hasta tanto un nuevo
Mauclair venga y nos anuncie una nueva forma.
"¡Fiel a la vida!" ¿No basta la realidad para dispensarnos
de escribir acerca de ella? Además, uno cambia. Hubo un
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PAUL
GAUGUIN
tiempo en que odiaba a George Sand. Ahora Georges Ohnet
me la hace aparecer casi soportable. Las lavanderas y los
porteros de los libros de Emilio Zola hablan un francés que
me llena de cualquier cosa, salvo de entusiasmo. Cuando
terminan de hablar, sin darse cuenta, Zola continúa en el
mismo tono y en el mismo francés.
No tengo ganas de hablar mal de él. No soy escritor. Me
gustaría escribir como pinto mis cuadros... es decir, siguiendo a mi fantasía, siguiendo a la luna y encontrando el título
mucho después.
¡Memorias! Esto significa historia, fechas. Todo en ellas
es interesante, excepto el autor. Y hay que decir quién es uno
y de dónde viene. Confesarse a sí mismo a la manera de Juan
Jacobo Rousseau es un asunto serio. Si os cuento que, del
lado materno, desciendo de un Borgia de Aragón, virrey del
Perú, diréis que no es verdad, que me estoy dando ínfulas.
Pero si os digo que esta familia es una familia de basureros,
me despreciaréis.
Si os digo que del lado paterno todos se llaman Gauguin, diréis que eso es absolutamente infantil; si me explayo
sobre el particular, con la idea de convenceros de que no soy
un bastardo, sonreiréis escépticamente.
Lo mejor sería callarme, pero callarse exige un esfuerzo
cuando a uno lo domina el deseo de hablar. Hay personas
que tienen un fin en la vida, otras ninguno. Durante mucho
tiempo la virtud estuvo adormecida en mí; lo sé todo sobre
el particular, pero no me gusta. La vida es apenas algo más
que la fracción de un segundo. ¡Tan poco tiempo para preparares para la eternidad!
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DIARIO
INTIMO
Me gustaría ser un cerdo: sólo el hombre puede ser ridículo.
En otros tiempos los animales salvajes, los grandes, rugían; hoy están rellenos. Ayer pertenecía yo al siglo decimonoveno; hoy pertenezco al vigésimo, y estoy seguro de que
vosotros y yo no vamos a ver el vigesimoprimero. Siendo la
vida lo que es, se sueña con la venganza... y hay que contentarse con soñar. Sin embargo, no soy de los que hablan mal
de la vida. Se sufre, pero también se disfruta, y por breve que
haya sido este goce, es lo que se recuerda. Me gustan los
filósofos, salvo cuando me aburren o cuando son pedantes.
También me gustan las mujeres, cuando son gordas y viciosas; su inteligencia me molesta; es demasiado espiritual para
mí. He deseado siempre tener una amante gorda y nunca la
he encontrado. Para mi mayor escarnio, están siempre encintas.
No significa esto que no sea yo sensible ala belleza, sino
simplemente que mis sentidos no quieren saber nada de ello.
Como notaréis, no conozco el amor. Decir "te amo", es algo
que me rompería los dientes. Digo esto para mostraros que
soy cualquier cosa menos un poeta. ¡Un poeta sin amor! Las
mujeres, que son astutas, adivinan esto, y por esa razón las
ahuyento.
No tengo quejas. Como Jesús, digo: "La carne es la carne, el espíritu es el espíritu". Gracias a ello, una pequeña
cantidad de dinero satisface mi carne, y mi espíritu queda en
paz.
Aquí me tenéis, pues, ofreciéndome al público como un
animal, despojado de todo sentimiento, incapaz de vender
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PAUL
GAUGUIN
mi alma por cualquier Gretchen. No he sido un Werther, y
no seré un Fausto. ¿Quién sabe? El sifilítico y el alcohólico
serán quizás los hombres del futuro. Me parece como si la
moral, como las ciencias y todo el resto, estuviera en camino
hacia otra moral enteramente nueva, que será quizás la
opuesta ala de hoy día. El matrimonio, la familia y muchísimas cosas buenas con que aturden mis oídos, parecen alejarse en automóvil a toda velocidad.
¿Esperáis que concuerde con vosotros?
El con quién se acuesta uno no es asunto sin importancia.
En el matrimonio, de los dos, el cornudo más grande es
el amante, a quien una pieza de teatro en el Palais Royal llama "el más afortunado de los tres".
En Poirt Said compré algunas fotografías. El pecado
cometido... ab ores. Las coloqué bien a la vista en mi domicilio, en una glorieta. Hombres, mujeres y niños se reían de
ellas. Casi todos, en realidad; era cosa de un momento y nadie pensaba más en ello. Sólo la gente que se llama a sí misma respetable dejó de venir a mi casa; sólo ellos pensaban
acerca del asunto durante todo el año. Durante la confesión
el obispo hizo toda clase de averiguaciones, y algunas de las
monjas incluso empalidecieron más y más y se tornaron ojerosas.
Pensad en esto y clavad alguna indecencia bien a la vista
sobre vuestra puerta; desde ese momento en adelante estaréis libres de toda gente respetable, la más insoportable que
Dios ha creado.
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DIARIO
INTIMO
*
Sé, todos saben, todos seguirán sabiendo, que dos más
dos son cuatro. Hay un largo camino desde una convención,
desde la simple intuición, hasta el verdadero entendimiento.
Estoy de acuerdo y, como todo el mundo, digo: "dos más
dos son cuatro"... Pero esto me irrita; trastorna completamente mi manera de pensar. Así, por ejemplo, vosotros que
insistís en que dos más dos son cuatro, como si fuera una
certeza que no podría ser de otra manera ¿por qué mantenéis
también que Dios es el creador de todo? Aunque sólo fuera
por un instante ¿no podría Dios haber dispuesto las cosas de
manera diferente?
¡Extraña clase de Todopoderoso!
Todo esto a propósito de pedantes. Sabemos y no sabemos.
El Santo Sudario de Jesús subleva al señor Berthelot.
Por supuesto, el docto químico Berthelot puede estar en lo
cierto; pero, por supuesto el Papa... Vamos, mi encantador
Berthelot ¿qué haría usted si fuera Papa, un hombre a quien
besan los pies? Millares de imbéciles piden la bendición de
todos estos Lourdes. Alguien debe ser Papa y un Papa debe
bendecir y satisfacer a todos sus fieles. No todos son químicos. Personalmente no sé nada acerca de tales asuntos, y
quizás si alguna vez tengo hemorroides comenzaré a pensar
cómo obtener un trozo de este Santo Sudario para introducirlo en mi cuerpo, convencido de que me curará.
Esto no es un libro.
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PAUL
GAUGUIN
*
Además, aun cuando no tenga lectores serios, el autor
de un libro debe ser serio.
Tengo aquí, enfrente, algunos cocoteros y bananos; son
todos verdes. Deseo deciros, para complacer a Signac, que
pequeñas manchas de rojo (el color complementario) están
dispersas entre el verde. A pesar de esto - y ello desagrada a
Signac- me atrevo a jurar que en todo este verde se pueden
observar manchones de azul. No confundáis; no es el cielo
azul sino solamente la montaña a la distancia. ¿Qué puedo
decir a todos estos cocoteros? Y sin embargo debo charlar;
así, pues, escribo en lugar de hablar.
¡Mirad! Allí está la pequeña Vaitauni camino del río...
Tiene los pechos más redondos y encantadores que podrías
imaginar. Veo ese cuerpo dorado, casi desnudo, camino del
agua fresca. Cuidado, querida criatura, el peludo gendarme,
guardián de la moralidad pública, que es un fauno en secreto,
te está observando. Cuando no desee mirar más, te acusará
de una transgresión, en venganza por haber alterado sus
sentidos y ultrajado así la moralidad pública. ¡Moralidad pública! ¡Qué palabras!
¡Oh, buenos señores de la metrópoli, no tenéis idea de
lo que es un gendarme en las colonias! Venid aquí y mirad
vosotros mismos; veréis indecencias tales como no podríais
haber imaginado.
Pero habiendo visto a la pequeña Vaitauni siento que
mis sentidos comienzan a hervir. Me dirijo hacia el río en
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DIARIO
INTIMO
busca de diversión. Ambos nos hemos reído, sin preocuparnos acerca de las hojas de parra y...
Esto no es un libro.
Permitidme que os cuente algo que ocurrió hace años.
Recordaréis que el general Boulanger estuvo escondido
en Jersey. Justamente por aquella época -era invierno- estaba
yo trabajando en Pouldu, sobre la costa desierta, al extremo
de Finisterre, muy lejos de las granjas. Apareció un gendarme con órdenes de observar la costa para impedir el supuesto desembarco del general Boulanger disfrazado de
pescador.
Fui astutamente interrogado y se me sonsacó tanto que,
completamente intimidado, exclamé: "¿Me toma usted por
casualidad por el general Boulanger?”
El: "Hemos visto cosas más extrañas que ésa".
Yo: "¿Tiene usted su descripción?”
El: "¿Su descripción? Se me ocurre que es usted un poco impúdico. Será mejor que lo lleve conmigo".
Fui obligado a ir a Quimperlé para explicarme. El sargento de policía me probó, inmediatamente, que desde el
momento que yo no era el general Boulanger, no tenía derecho a hacerme pasar por el general y burlarme de un gendarme que cumplía con su deber.
"¡Qué! ¿Hacerme pasar por el general?”
"Tendrá que admitir que lo hizo", dijo el sargento, "ya
que el gendarme lo tomó a usted por Boulanger".
Más que estupefacto, estaba yo lleno de admiración por
tan magnífica inteligencia. Se diría que uno es engañado más
fácilmente por los imbéciles. No necesito que se me diga que
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PAUL
GAUGUIN
estoy repitiendo la fábula del oso, de La Fontaine. Lo que
digo tiene un sentido completamente diferente. Habiendo
hecho mi servicio militar, he observado que los suboficiales,
y aun algunos oficiales, llegan a enojarse cuando se les habla
en francés, pensando, sin duda, que es un idioma creado
para burlarse de la gente y humillarnos. Lo cual prueba que,
a fin de vivir en este mundo, se debe estar especialmente
atento contra la gente menuda. Se tiene muchas veces necesidad de alguien más humilde que uno. ¡No, eso no! Debo
decir que a menudo se tienen razones para temer a alguien
más humilde que uno mismo.
En la antesala, el adulón enfrenta al ministro.
Recomendado por cierta persona importante, un joven
pidió un empleo a un ministro, y fue prontamente despedido; ¡pero su zapatero era el zapatero del ministro! ¡No se le
rehusó nada!
Con una mujer que siente placer siento el doble de placer.
El Censor: ¡pornografía!
El Autor: ¡hipocritografia!
*
Pregunta: ¿Sabe usted griego?
Respuesta: ¿Para qué? Sólo tengo que leer a Pierre Louys. Pero si Pierre Louys escribe con excelente francés es justamente porque sabe también el griego.
*
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DIARIO
INTIMO
En cuanto a la moral, bien merecen ellos lo escrito por
los jesuitas:
Digitus tertius, digirus diaboli.
¿Qué demonios somos: gallos o capones? ¿Debemos
llegar hasta la postura artificial de huevos? Spiritus Sanctus!
*
El matrimonio está comenzando a hacer su aparición en
este país; una tentativa para regularizar el estado de cosas.
Los cristianos importados se dedican en cuerpo y alma a este
singular negocio.
El gendarme ejerce las funciones de alcalde. Dos parejas, convertidas a la idea del matrimonio, y vestidas con ropas flamantes, escuchan la lectura de las leyes matrimoniales;
una vez que han dado el "si” ya están casadas. Al salir, uno
de los dos varones dice al otro: "¿Qué te parece si cambiamos?" Y muy alegremente cada uno va con su nueva esposa
a la iglesia, donde las campanas llenan el aire de alegría.
El obispo, con la elocuencia que caracteriza a los misioneros, truena contra los adúlteros, y luego bendice a la nueva
unión que en este santo lugar es ya el comienzo de un adulterio.
Otro caso: al salir de la iglesia, el novio dice a la doncella
de honor: "¡Qué hermosa es usted!". Y la novia dice al padrino de la boda: "¡Qué buen mozo es usted!" Muy pronto
una pareja va por la derecha y otra por la izquierda, en lo
espeso de la maleza, donde, cobijados por los bananos y ante
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PAUL
GAUGUIN
el Todopoderoso, dos matrimonios se celebran en lugar de
uno. Monseñor está satisfecho y dice: "Estamos comenzando a civilizarlos...”
En una islita cuyo nombre y latitud he olvidado, un
obispo ejerce su profesión de moralización cristiana. Dicen
que es realmente lujurioso. A pesar de la austeridad de su
corazón y de sus sentidos, ama a una colegiala; paternalmente, con pureza. Por desgracia, el diablo se mete a veces
en lo que no le importa, y un hermoso día nuestro obispo,
caminando por el bosque, observa a su adorada criatura en el
río, completamente desnuda, lavando su camisa:
A orillas del río, la joven Teresa
Lava su camisa en la corriente.
Está manchada por el accidente
Que doce veces al año le ocurre.
"¡Hola!", dijo, "pero si está justo a punto...”
¡Ya lo creo que estaba a punto! Preguntad si no a los
quince jóvenes vigorosos que esa misma tarde disfrutaron de
sus abrazos. Se resistió al decimosexto.
La adorable criatura estaba casada con el pertiguero que
vivía en el vallado. Prolija y activa, barría el dormitorio del
obispo y cuidaba del incienso.
Durante el oficio divino el marido tenía la vela.
¡Cuán cruel es el mundo! Las malas lenguas comenzaron
a menearse y yo, por mi parte, estaba profundamente convencido de la verdad de cuanto decían cuando una piadosa
católica me hizo notar un día: "Ves" - y al mismo tiempo, sin
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DIARIO
INTIMO
pestañar, vaciaba un vaso de ron-; "ves, chico, es un disparate eso de que el obispo se acuesta con Teresa; simplemente
la confiesa para tratar de aplacar su pasión".
Teresa era la haba reina. No tratéis de comprender.
Oslo explicaré.
Para Epifanía monseñor dispuso que el chino hiciera
una soberbia torta. La tajada de Teresa contenía una haba, de
manera que se la nombró reina, siendo monseñor el rey.
Desde ese día Teresa continuó siendo la reina, y el pertiguero, el marido de la reina.
Pero ¡ay!, la famosa haba envejeció, y nuestro lujurioso
que era astuto, encontró una nueva haba a pocos kilómetros
de distancia.
Imaginad una haba china, tan rolliza como sea posible.
Cualquiera la hubiera comido.
Tú, pintor en busca de un tema gracioso, toma tus pinceles e inmortaliza este cuadro: nuestro lujurioso, con sus
galas episcopales, bien plantado en su montura, y su haba,
cuyas curvas tanto delanteras como traseras bastarían para
devolver la vida a un niño del coro del Papa. Y, además, una
cuya camisa... comprendéis... es innecesario repetir. Cuatro
veces bajó del caballo, y la alcancía de Picpus se aligeró en
diez piastras.
Para vosotros son chismes... pero...
Esto no es un libro.
*
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PAUL
GAUGUIN
Durante largo tiempo he querido escribir acerca de Van
Gogh, y lo haré sin duda el día menos pensado, cuando esté
en vena. Voy a deciros ahora algunas cosas, pocas y oportunas, acerca de él, o más bien acerca de nosotros, a fin de
corregir un error que ha corrido en ciertos círculos.
Ocurre que han enloquecido varios hombres que estuvieron mucho en mi compañía y que acostumbraban discutir
conmigo.
Esto fue cierto con los dos hermanos Van Gogh, y algunas personas malignas, entre otras, me han atribuido infantilmente sus demencias. Algunos hombres tienen,
indudablemente, mayor o menor influencia sobre sus amigos, pero hay una gran diferencia entre eso y provocar la
locura. Mucho tiempo después de la catástrofe, Vincent me
escribió desde el asilo particular en que estaba en tratamiento. Decía: "Qué afortunado eres de estar en París. Es decir,
donde uno halla los mejores doctores, y tú ciertamente debes
consultar a un especialista para curar tu locura. ¿No estamos
todos locos?" El consejo era bueno, y por eso no lo seguí;
por espíritu de contradicción, digamos.
Los lectores del Mercure habrán observado en una carta
de Vincent, publicada hace unos pocos años, la insistencia
con que trató de hacerme ir a Arlés para fundar un estudio
del cual sería yo director, según su idea. Trabajaba yo en
aquella época en Pont-Aven, en Bretaña, y sea porque los
estudios que había comenzado me retenían en ese lugar, o
porque un vago instinto me advertía de algo anormal, me
resistí largo tiempo, hasta que vino el día en que emprendí el
18
DIARIO
INTIMO
viaje, arrastrado finalmente por el sincero y amistoso entusiasmo de Vincent.
Llegué a Arlés a altas horas de la noche, y esperé el alba
en un pequeño café que permanecía abierto. El dueño me
miró y exclamó: "¡Usted es el compañero, lo reconozco!”
Un autorretrato, que había enviado yo a Vincent, explica
la exclamación del propietario. Al mostrarle mi retrato Vincent le había dicho que era un compañero suyo que vendría
pronto. Fui a despertar a Vincent, ni demasiado temprano ni
demasiado tarde. El día fue dedicado a establecerme, a mucha conversación y a pasear de manera que pudiera admirar
la belleza de Arlés y las mujeres arlesianas, acerca de las cuales, dicho sea de paso, no cobré gran entusiasmo.
Al día siguiente pusimos manos ala obra, él, continuando lo que ya había comenzado, y yo, comenzando algo nuevo. Debo confesaros que nunca he tenido la facilidad mental
que otros encuentran, sin dificultad alguna, en la punta de
sus pinceles. Estos individuos descienden del tren, recogen
su paleta y os despachan en seguida un efecto de luz. Cuando está seco, va al Luxemburgo y es firmado Carolus-Duran.
No admiro la pintura, pero admiro al hombre. Es tan
seguro, tan tranquilo. Yo, tan inseguro, tan intranquilo.
A donde quiera que voy necesito un cierto período de
incubación, a fin de poder aprender cada vez la esencia de
las plantas y de los árboles, de toda la naturaleza, que nunca
desea ser comprendida o entregarse a sí misma.
Pasaron, pues, varias semanas antes de que yo estuviera
en condiciones de captar indistintamente el agudo sabor de
Arlés y de sus alrededores. Pero ello no impidió que trabajá19
PAUL
GAUGUIN
ramos duro, especialmente Vincent. Entre dos seres tales
como él y yo, uno un perfecto volcán, el otro hirviendo
también, interiormente, se estaba preparando una especie de
lucha. En primer lugar, por todas partes y en todo encontré
un desorden que me chocaba. Su caja de colores apenas
contenía todos esos tubos, amontonados y nunca cerrados.
A pesar de ese desorden, de ese revoltijo, algo brillaba en sus
telas y también en su conversación. Daudet, Goncourt, la
Biblia inflamaban su cerebro holandés. Los muelles, los
puentes, los barcos de Arlés, todo el Midi, ocuparon e[ lugar
de Holanda para él. Incluso olvidó cómo escribir el holandés, y, según puede verse en las cartas a su hermano, nunca
escribió sino en francés, admirable francés, con un sinfín de
"puesto que" y "por cuanto".
A pesar de todos mis esfuerzos para desenmarañar de
ese desordenado cerebro una lógica razonada en sus pensamientos críticos, no podía explicarme la absoluta contradicción entre sus cuadros y sus opiniones. Así, por ejemplo,
tenía una admiración sin límites por Meissonier y un odio
profundo por Ingres. Dégas era su desesperación y Cézanne
un falsario. Lloraba al pensar en Monticelli.
Una cosa que le irritaba era deber admitir que yo tenía
mucha inteligencia, aunque mi frente era demasiado pequeña, signo de imbecilidad. Poseía junto con todo esto la más
grande de las ternuras, o más bien el altruismo del Evangelio.
Ya desde el primer mes vi que nuestras finanzas comunes iban tomando la misma apariencia de desorden. ¿Qué
hacer? La situación era delicada. La caja era apenas modestamente llenada (por su hermano, empleado en lo de Goupil,
20
DIARIO
INTIMO
y por mí, mediante la venta de cuadros. Me vi obligado a
hablar, a riesgo de herir su gran susceptibilidad. Encaré el
asunto con muchas precauciones, y con un muy amable engatusamiento, de una clase muy ajena a mi naturaleza. Debo
confesar que tuve éxito mucho más fácilmente de lo que
hubiera supuesto.
Mantuvimos una caja: tanto para excursiones higiénicas
por la noche, tanto para tabaco, tanto para gastos incidentales, incluso alquiler. Había una tira de papel encima y un
lápiz, para que escribiéramos virtuosamente lo que cada uno
tomaba de ese cajón. En otra caja estaba el resto del dinero,
dividido en cuatro partes, para pagar cada semana por nuestra comida. Abandonamos nuestro pequeño restaurante, y yo
hice la comida en una cocina de gas, mientras Vincent compraba las provisiones, sin ir muy lejos de casa. Una vez, sin
embargo, quiso Vincent hacer una sopa. Cómo la preparó,
no lo sé; casi diría que como sus colores en sus cuadros. De
cualquier manera, no pudimos comerla. Y mi Vincent soltó
la carcajada y exclamó: "Tarascon! La casquette au pére
Daudet!" Sobre la pared, escribió con tiza:
Je suis Saint Esprit
Je suis sain d 'esprit
¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? No podría decirlo, lo
he olvidado completamente. A pesar de la rapidez con que
se aproximaba la catástrofe, a pesar de la fiebre de trabajo
que me poseía, el tiempo me pareció un siglo.
21
PAUL
GAUGUIN
Aunque el público no tenía sospechas de ello, dos hombres estaban realizando allí una tarea colosal que era útil a
ambos. ¿Quizás a otros? Hay algunas cosas que producen
frutos.
Vincent, en la época en que Negué a Arlés, estaba en
plena corriente de la escuela neoimpresionista, y encontraba
muchas dificultades, sufriendo como consecuencia de ello, lo
que no se debía a que esta escuela, como todas las escuelas,
era mala, sino a que la misma no correspondía a su naturaleza, que distaba mucho de ser sufrida, y que era tan independiente.
Con todos esos amarillos sobre violados, todo este trabajo en colores complementarios, un trabajo suyo desordenado, no realizaba nada sino las más suaves de las armonías,
incompletas y monótonas. Faltaba en ellas el sonido de la
trompeta.
Emprendí la tarea de ilustrarlo: fue una tarea fácil, por
cuanto encontré un suelo rico y fértil. Como todas las naturalezas originales que están marcadas con la estampa de la
personalidad, Vincent no tenía miedo a los demás, y no era
testarudo.
Desde ese día mi Van Gogh hizo progresos asombrosos; parecía adivinar todo lo que tenía en sí, y el resultado
fue aquella serie de efectos de sol y más efectos de sol a plena luz.
¿Habéis visto el retrato del poeta?
La cara y el cabello son amarillo cromo 1.
Las ropas son amarillo cromo 2.
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DIARIO
INTIMO
La corbata es amarillo cromo 3 con un alfiler de corbata
esmeralda, sobre un fondo amarillo cromo 4.
Esto me lo decía un pintor italiano, y agregaba: "Marde ;
marde! Todo es amarillo. ¡Ya no sé más qué es la pintura!”
Sería ocioso entrar aquí en problemas de técnica. Esto
es sólo para haceros saber que Van Gogh, sin perder una
pizca de su originalidad, aprendió de mí una provechosa
lección. Y cada día me lo agradecía. Es eso lo que quiere
decir cuando escribe al señor Aurier expresándole que debe
mucho a Paul Gauguin.
Cuando llegué a Arlés, Vincent estaba tratando de encontrarse a sí mismo, mientras que yo, que era mucho más
viejo, era un hombre maduro. Pero debo algo a Vincent, y es
la conciencia de haberle sido útil, la confirmación de mis
propias ideas originales acerca de la pintura. Y también, en
momentos difíciles, el recuerdo que se guarda de otros más
desgraciados que uno mismo.
Sonrío cuando leo la observación de que "el dibujo de
Gauguin recuerda en algo al de Van Gogh".
En los últimos días de mi estada, Vincent se volvía excesivamente brusco y ruidoso, y luego guardaba silencio.
Durante varias noches lo sorprendí en el acto de levantarse y
venir hacia mi cama. ¿A qué debo atribuir mi despertar justo
en ese momento?
De todas maneras, bastaba que le dijera muy severamente: " ¡.Qué te pasa, Vincent?", para que volviera a su
cama sin decir palabra y se durmiera profundamente.
Se me ocurrió la idea de hacer su retrato mientras él estaba pintando la naturaleza muerta que tanto amaba: algunos
23
PAUL
GAUGUIN
arados. Cuando el retrato estuvo terminado, me dijo: "Soy
ciertamente yo, pero yo que me he vuelto loco".
Esa misma tarde fuimos al café. Tomó un ajenjo liviano.
De repente me arrojó el vaso y su contenido. Evité el golpe;
lo tomé en peso en mis brazos y salimos del café, atravesando la plaza Víctor Hugo. No muchos minutos más tarde
Vincent se encontraba en su cama, donde a los pocos segundos dormía, para no despertar hasta el día siguiente.
Cuando despertó, me dijo muy tranquilamente: "Mi
querido Gauguin, tengo un vago recuerdo de que ayer a la
tarde te ofendí”.
Contestación: "Te perdono de buena gana y de todo corazón, pero la escena de ayer puede repetirse, y si fuera golpeado perdería el dominio de mí mismo y te estrangularía.
Permíteme que escriba a tu hermano y le diga que regreso".
¡Dios mío, qué día!
Cuando llegó la tarde y hube engullido mi almuerzo,
sentí que debía salir solo y tomar aire a lo largo de algunos
senderos bordeados de laureles en flor. Había atravesado
casi la plaza Víctor Hugo cuando oí detrás de mí unos pasos
bien conocidos, cortos, rápidos, irregulares. Me di vuelta en
el momento en que Vincent se abalanzaba sobre mí, con una
navaja abierta en la mano. Mi mirada en ese momento debió
tener gran poder, pues se detuvo y, agachando la cabeza,
comenzó a correr hacia casa.
¿Fui negligente en esta oportunidad? ¿Deví desarmarlo y
tratar de calmarlo? He interrogado a menudo a mi conciencia acerca de esto, pero no he encontrado nunca nada qué
reprocharme. El que quiera, que me arroje la primera piedra.
24
DIARIO
INTIMO
De un salto estuve en un buen hotel arlesiano, donde,
luego de preguntar la hora, tomé una habitación y me fui a
acostar.
Estaba tan agitado que no pude dormirme hasta alrededor de las tres de la mañana, y me desperté más bien tarde,
más o menos a las siete y media.
A llegar a la plazoleta, vi una multitud reunida. Cerca de
nuestra casa veíanse algunos gendarmes, y un pequeño caballero con sombrero hongo que era el inspector de policía.
Esto era lo ocurrido:
Van Gogh, de regreso a casa, se había cortado inmediatamente una oreja, junto a la cabeza Debió de llevarle algún
tiempo parar el flujo de la sangre, pues al día siguiente una
cantidad de toallas mojadas se encontraban desparramadas
en las baldosas de las dos habitaciones de la planta baja. La
sangre había manchado las dos habitaciones y la pequeña
escalera que conducía a nuestro dormitorio.
Cuando estuvo en condiciones de salir, con la cabeza
envuelta en una boina que se encasquetó lo más posible, fue
directamente a cierta casa donde a falta de una camarada uno
puede escoger una amistad, y entregó su oreja al encargado,
cuidadosamente lavada y colocada en un sobre. "Aquí tiene
un recuerdo mío", le dijo. Luego corrió hacia casa, donde se
metió en cama para dormir. Se tomó sin embargo el trabajo
de cerrar los postigos, y puso sobre una mesa, cerca de la
ventana, una lámpara encendida.
Diez minutos más tarde toda la calle asignada a las mozas de fortuna estaba en conmoción, y éstas charlaban acerca
de lo ocurrido.
25
PAUL
GAUGUIN
No tenía la más mínima sospecha de todo esto cuando
me presenté a la puerta de nuestra casa y el caballero del
sombrero hongo me dijo abruptamente y en un tono más
que severo: "¿Qué ha hecho usted a su camarada, señor?”
"No sé...”
"Oh, sí... usted lo sabe muy bien... está muerto".
Nunca podría desear a nadie un tal momento; me tomó
un largo rato recobrar mi presencia de ánimo y refrenar los
latidos de mi corazón.
Me sofocaban el enojo, la indignación y la pena, así como la vergüenza por todas esas miradas que despedazaban
mi persona. Contesté tartamudeando: “Muy bien, señor,
subamos. Podemos explicarnos mejor allí”.
Vincent yacía en la cama, arrollado en las sábanas, encorvado como el percutor de un arma; parecía sin vida. Suavemente, muy suavemente, toqué el cuerpo, cuyo calor
mostraba que todavía estaba vivo. Fue para mí como recobrar repentinamente todas mis energías, todo mi ánimo.
Dije entonces en voz baja al inspector de policía: "Tenga la amabilidad, señor, de despertar a este hombre con gran
cuidado, y si pregunta por mí dígale que me ido de Arlés; mi
vista podría resultarle fatal".
Debo reconocer que a partir de ese momento el inspector de policía fue tan razonable como era posible, e inteligentemente mandó llamar un médico y un coche de
alquiler.
Una vez despierto, Vincent preguntó por su camarada,
su pipa y su tabaco; incluso pensó en preguntar por la caja
que estaba abajo y contenía nuestro dinero: ¡una sospecha,
26
DIARIO
INTIMO
diría yo! Pero yo había pasado ya por demasiados sufrimientos para molestarme por esto.
Vincent fue llevado a un hospital, donde, ni bien llegó,
su cerebro comenzó a desvariar nuevamente.
El resto lo saben todos aquellos que tienen algún interés
en saberlo, y sería inútil hablar al respecto si no fuera por el
gran sufrimiento de un hombre que, confinado en un manicomio, recobraba lo suficiente su razón a intervalos mensuales para comprender su condición y pintar furiosamente
los cuadros admirables que conocemos.
La última carta suya que recibí estaba fechada en Auvers, cerca de Pontoisc. Me decía que había esperado recuperarse lo suficiente para reunírseme en Bretaña, pero que
ahora se veía obligado a reconocer la imposibilidad de su
cura: "Querido maestro" (única vez que haya usado esta palabra), "después de haberte conocido y causado sufrimiento,
es mejor morir en un buen estado mental que en uno degradado".
Se pegó un tiro de revólver en el estómago, y murió
unas horas más tarde, recostado en su cama y fumando su
pipa, en completa posesión de sus facultades mentales, lleno
de amor por su arte y sin odio para los demás.
En Les Monstres, Jean Dolent escribe: "Cuando Gauguin dice ‘Vincent’, su voz es dulce". Sin saberlo, pero habiéndolo sospechado, Jean Dolent está en lo cierto.
Sabéis por qué...
Notas desparramadas, sin ilación, como sueños, como
una vida compuesta de fragmentos; y porque otros la han
compartido, el amor de cosas bellas vistas en casa de otros.
27
PAUL
GAUGUIN
Cosas que son a veces infantiles cuando se escriben, fruto
algunas de nuestra holganza; otras la clasificación de ideas
queridas, aunque quizás tontas (desafío a una mala memoria), y algunas, rayos que penetran el centro vital de mi arte.
Si un trabajo de arte fuera un trabajo de azar, todas estas
notas serían inútiles.
Creo que el pensamiento que ha guiado mi trabajo, una
parte de mi trabajo, está misteriosamente ligado con un millar de otros pensamientos, algunos míos propios, otros ajenos. Hay días de imaginación ociosa de los cuales recuerdo
largos estudios, a menudo estériles, más a menudo perturbadores: una nube negra acaba de oscurecer el horizonte; mi
alma es dominada por la confusión, y soy incapaz de hacer
algo. Si en otras horas de brillante luz solar y con una mente
clara me dedico a tal y tal hecho, o visión, o a fragmentos de
lectura, siento que debo hacer alguna breve crónica de ello,
perpetuar su memoria.
A veces he ido muy lejos, mucho más lejos que los caballos del Partenón... hasta el Dadá de mi niñez, el buen caballito mecedor.
Me he arrastrado entre las ninfas de Corot, he danzado
en el sagrado bosque de Ville-d' Avray.
Esto no es un libro.
*
Tengo un gallo de alas purpúreas, pescuezo dorado y
cola negra. ¡Dios mío, qué hermoso es! Y me divierte.
28
DIARIO
INTIMO
Tengo una gallina gris plateada, con plumaje desordenado; araña, picotea, destruye mis llores. No establece distingos. Es divertida, sin ser remilgada. El gallo le hace un signo
con sus alas y sus pies y ella le ofrece inmediatamente su
rabadilla. Lentamente, vigorosamente también, él trepa encima de ella.
¡Oh! ¡Pasa rápidamente! ¡.Fue la suerte favorable? No lo
sé.
Los niños se ríen, yo me río. ¡Dios mío, qué idiotez! Soy
tan pobre que no tengo nada qué poner en la olla. ¿Y si comiera al gallo? Estoy hambriento. Estará demasiado duro.
¿La gallina, entonces? Pero en ese caso no podría divertirme
más observando a mi gallo de alas purpúreas, pescuezo dorado y cola negra trepando encima de mi gallina; los niños
no se reirían más. Todavía estoy hambriento.
*
¡El diluvio! Una vez el mar enojado se elevó hasta los
más altos picos. Y ahora el mar, aplacado, lame las rocas.
En otras palabras, vois-tu, ma fille, ayer trepabas, hoy
desciendes. Desciendes pensando que subes.
*
Tengo una deuda con la sociedad.
¿Cuánto?
¿Cuánto me debe la sociedad?
Mucho, demasiado.
29
PAUL
GAUGUIN
¿Pagará algún día?
¡Nunca! (¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!).
*
Una tranquila siesta en la veranda, todo en paz. Mis ojos
ven el espacio, sin observarlo; y tengo la sensación de algo
infinito, de lo que soy el comienzo.
En el horizonte, Moorea; el sol se te acerca. Sigue su
marcha luctuosa; sin entenderlo, tengo la sensación de un
movimiento que ha de seguir eternamente: una vida universal que no será nunca extinguida.
Y he aquí la noche. Todo está tranquilo. Mis ojos cerrados, para ver, sin captarlo, el sueño de un espacia infinito
que huye ante mí. Y tengo la dulce sensación del triste desfile
de mis esperanzas.
*
Cenamos. Una larga mesa. A ambos lados, hileras de
platos y copas. Colocados en este sentido esos platos, esas
copas en perspectiva hacen parecer larga la mesa, muy larga.
Pero esto es un banquete.
Stéphane Mallarmé preside; enfrente está Jean Moreas,
el simbolista. Los invitados son simbolistas. Quizás son lacayos también. Por allá, lejos, al final, está Clovis Lugnes (Marsella). Lejos, también, en el otro extremo, Barrés (París).
Estamos cenando; hay brindis. El presidente comienza;
Moreas responde, Clovis Lugnes, rubicundo, cabellos largos,
30
DIARIO
INTIMO
exuberante, pronuncia un largo discurso, en verso, naturalmente.
Barrés, alto y delgado, afeitado, cita a Baudelaire de una
manera seca, en prosa. Escuchamos. El mármol es frío.
Mi vecino, que es muy joven pero robusto (soberbios
botones de diamantes resplandecen en su camisa de muchos
pliegues) me pregunta en voz baja: "¿Se encuentra el señor
Baudelaire entre nosotros esta noche?”
Me rasco la rodilla y contesto: "Sí, está aquí, allí, entre
los poetas, Barres está hablando con él".
EL: "¡Oh! ¡Me gustaría tanto selle presentado!”
*
En cierto lugar algún santo dice a uno de sus penitentes:
"¡Guárdate del orgullo de la humildad!”
Carta de Strindberg:
Usted se ha propuesto que yo escriba el prefacio a su
catálogo, en memoria del invierno de 1894-95, en que vivimos detrás del instituto, no lejos del Panteón, y bastante
cerca del cementerio de Montparnasse.
De buen grado le habría dado este recuerdo para que lo
llevara consigo a esa isla de Oceanía, adonde va usted en
busca de espacio y escenario en armonía con su poderosa
estatura; pero, desde el comienzo, me siento en una posición
equívoca, y le respondo en seguida con un "no puedo", o,
más brutalmente todavía, con un "no lo deseo".
31
PAUL
GAUGUIN
Al mismo tiempo le debo a usted una explicación por
mi negativa, que no proviene de falta de sentimiento amistoso, o de una pluma perezosa, aunque me hubiera sido fácil
cargar la culpa al mal que afecta a mis manos que, dicho sea
de paso, no ha dado tiempo a la piel para crecer en las palmas.
Ahí va: no puedo entender su arte y no puedo quererlo.
No comprendo su arte, que es ahora exclusivamente tahitiano. Pero sé que esta confesión no lo asombrará ni le herirá,
pues usted siempre me pareció fortificado especialmente por
el odio de los demás: su personalidad se deleita en la antipatía que despierta, ansiosa como está de conservar su propia
integridad. Y quizás esto es una buena cosa, pues en cuanto
usted fuera aprobado y admirado, y tuviera partidarios, lo
clasificarían ellos a usted, poniéndolo en su lugar y dando a
su arte un nombre que, cinco años más tarde, la generación
más joven estaría usando como un rótulo para designar un
arte pasado de moda, un arte que harían cualquier cosa por
tornar todavía más anacrónico.
He hecho ya muchos intentas serios para clasificarlo a
usted, para introducirlo, como un eslabón en la cadena, de
manera que pudiera yo entender la historia de su desarrollo,
pero en vano.
Recuerdo mi primera estada en París, en 1876. La ciudad estaba triste, pues la nación lamentaba los acontecimientos que habían ocurrido y se mostraba ansiosa acerca
del futuro; algo fermentaba.
En el círculo de artistas suecos no habíamos oído todavía el nombre de Zola, pues El Matadero no había sido pu32
DIARIO
INTIMO
blicado aún. Presencié una representación de Roma Vencida
en el théátre Francais, en el cual Sarah Bernhardt, la nueva
estrella, fue coronada como una segunda Rachel, y mis jóvenes artistas me arrastraron a lo de Durand-Ruel a ver algo
completamente nuevo en pintura. Un joven pintor, entonces
desconocido, fue mi guía, y vimos algunas telas maravillosas,
la mayoría firmadas por Monet y Manet. Pero como yo tenía
otras casas que hacer en París que mirar cuadros (como secretario de la Biblioteca de Estocolmo era mi tarea buscar un
viejo misal sueco en la biblioteca de Santa Genoveva), miré
esta nueva pintura con tranquila indiferencia. Pero volví al
día siguiente, no sé exactamente por qué, y descubrí que
había "algo" en estas raras manifestaciones. Vi el bullir de
una multitud sobre un muelle, pero no vi a la multitud misma; vi el rápido paso de un tren a través de un paisaje de
Normandía, el movimiento de ruedas en la calle, terribles
retratos de personas excesivamente feas que no habían sabido posar tranquilamente. Muy impresionado por estas telas,
envié a un diario de mi país una carta en la que trataba de
explicar la sensación que yo pensaba habían tratado de provocar los impresionistas. Mi artículo tuvo cierto éxito como
ejemplo de incomprensibilidad.
Cuando volví por segunda ver a París, en 1883, Manet
había muerto, pero su espíritu vivía en una escuela que con
Bastien-Lepage luchaba por la hegemonía. Durante mi tercera estada en París, en 188.5, vi la exhibición de Manet. Este
movimiento se había colocado ahora en primera fila; había
producido su efecto y estaba ya clasificado. En la exposición
Trienal, que se celebró ese mismo año, hubo una anarquía
33
PAUL
GAUGUIN
total: todos los estilos, todos los colores, todos los temas;
históricos, mitológicos y naturalistas. La gente ya no deseaba
oír nada acerca de escuelas o tendencias. La libertad era ahora el grito de guerra. Taine había dicho que lo bello era lo
lindo, y .ola que el arte era un fragmento de la naturaleza
visto a través de un temperamento.
Sin embargo, en medio de los últimos espasmos del
naturalismo, un nombre era pronunciado por todos con
admiración: el de Puvis de Chavannes. Se erguía completamente solo, como una contradicción, pintando con un alma
crédula, aun cuando tomaba cota al pasar del gusto de sus
contemporáneos por la alusión. (No poseemos todavía el
término simbolismo, un nombre muy infortunado para una
cosa tan vieja como es la alegoría).
Mis pensamientos se dirigieron hacia Puvis de Chavannes ayer a la tarde, cuando, al son tropical de la mandolina y
de la guitarra, vi en las paredes de su estudio ese confuso
montón de cuadros, inundados de luz, que me persiguió
anoche en mis sueños. Vi árboles tales como ningún botánico pudo haber descubierto jamás, animales cuya existencia
nunca sospechó Cuvier, y hombres a quien sólo usted pudo
haber creado, un mar que quizás haya manado de un volcán,
un cielo que ningún Dios podría habitar. "Señor", dije en mi
sueño, "usted ha creado un nuevo paraíso y una nueva tierra,
pero no gozo de m( mismo en medio de su creación. Está
demasiado empapado de sol para mí, que gozo del juego de
luz y sombra. En su paraíso habita una Eva que no es mi
ideal; ¡pues yo, yo mismo, tengo el ideal de una o dos mujeres!" Esta mañana fui al Luxemburgo a echar un vistazo a
34
DIARIO
INTIMO
Chavannes, que seguía presente en mi mente. Contemplé
con profunda compasión al pobre pescador, tan atentamente
ocupado en la obtención de la pesca que le traerá el fiel amor
de su esposa, que está recogiendo flores, y a su ocioso hijo. i
Esto es hermoso! ¡Pero ahora estoy dando coces contra la
corona de espinas, señor, y eso es lo que odio, como usted
sabe! No quiero saber nada con ese lastimoso Dios que
acepta golpes. Mi Dios es más bien aquel Vistsliputski que
en el sol devora el corazón de los hombres.
¡No, Gauguin no ha sido creado de una costilla de Chavannes, ni mucho menos de una de Manes o de BastienLepage!
¿Qué es él, pues? Es Gauguin, el salvaje, que odia a una
civilización sollozante, una especie de Titán que, celoso del
Creador, hace en sus horas de ocio su propia pequeña creación; la criatura que despedaza sus juguetes para hacer otras
con ellos, que abjura y desafía<á, prefiriendo ver los cielos
rojos antes que verlas azules con la multitud.
Realmente me parece que desde que me he acalorado a
medida que escribo, estoy comenzando atener una cierta
comprensión del arte de Gauguin.
Se ha reprochado a un autor moderno de no pintar seres reales, de crear simplemente sus personajes él mismo.
¡Simplemente!
Buen viaje, maestro; pero regrese a nosotros y venga y
véame. Entonces, quizás, hablé aprendido a comprender
mejor su arte, lo que me permitirá escribir un verdadero prefacio para un nuevo catálogo en el hotel Drouot.
35
PAUL
GAUGUIN
Porque yo también estoy comenzando a sentir una inmensa necesidad de tornarme salvaje y de crear un mundo
nuevo.
AUGUST STRINDBERG.
36
DIARIO
INTIMO
De Achille Delaroche:
ACERCA DEL PINTOR PAUL GAUGUIN, DESDE
UN PUNTO DE VISTA ESTETICO
No sería apropiado que yo estudiara la pintura de Paul
Gauguin en su aspecto técnico. Es cosa de los pintores, sus
rivales. Pero aparte del hecho de que un artista es a menudo
menos imparcialmente valorado por sus pares que por un
intruso, me parece que hay un cierto interés en que los trabajadores de las artes vecinas lleguen a un entendimiento
sobre las líneas principales de la estética general.
No es, pues, por ningún espíritu de diletantismo que
exaltaré en esta simple charla, sobre fundamentos de fantasía, por supuesto, esta visión de color y dibujo que ha surgido tan idealmente, pero también con tantos signos
significativos, de un método que es de interés para todos
nosotros, soñadores y artistas por igual.
Hoy en día ya no hay duda de que artes diferentes (pintura, poesía, música), luego de haber seguido separadamente
sus largos y gloriosos caminos, han sido presas de un repen37
PAUL
GAUGUIN
tino malestar que les ha hecho quebrantar sus monótonas
tradiciones de antigua reputación, demasiado estrechas en la
actualidad, y se están extendiendo como para confundir sus
ondas en una sola gran corriente e inundar los territorios
adyacentes.
Sobre las ruinas de edificios venerables y de sus síntesis,
se está levantando un mundo enteramente estético, un mundo extraño, paradojal, sin reglas definidas, sin clasificaciones,
con límites fluctuantes c inexactos, pero más rico, intenso y
poderoso debido a que es ilimitado y capaz de conmover a
los seres humanos hasta en las más íntimas y secretas fibras
de su espíritu.
Los estrictos guardianes del templo están muy afligidos,
abrumados por este cataclismo e impotentes para hacer uso
de los pequeños rótulos que gustaban pegar detrás de cada
manifestación intelectual; ¿pero qué se puede hacer? ¿Mide
uno la ola y delimita la tempestad? Hay quienes, revelando
escasa aptitud para la espiritualidad, creen que pueden contenerla haciendo oír sus pobres e infantiles tonaditas, ¡como
si lo ridículo ocupara algún lugar en el arte! Otros, tristemente, invocan al Espíritu Galo, a la Raza Latina, a la Educación Griega, etc., lo que no viene al caso, e imaginan que
tienen demostrado por A mas B que esta evolución es ilegítima y que terminará en un aborto. Sin embargo, les han
llegado desaires irrefutables de todos lados: del lirismo musical de Wágner y su escuela, de las composiciones poéticas de
las escritores simbolistas, de las telas cubiertas de maravillas
por pintores recientes.
38
DIARIO
INTIMO
Entre estos últimos deje darse un lugar alto y único a
Paul Gauguin, no sólo por su prioridad, sino también por la
novedad de su arte. En ocasión de la reciente exhibición a
que nos imitó, caminamos a través de los encantos de un
país de hadas de luz, una luz tan deslumbradoramente intensa que parecía imposible, cuando salimos, considerar de otra
manera que como efectos de crepúsculo, en contraste, las
telas de nuestros ordinarios hacedores de imágenes.
Gauguin es el pintor de naturalezas primitivas; las ama y
posee su simplicidad y sugestión de lo hierático, su ingenuidad algo desmañada y angular. Sus personajes comparten la
espontaneidad no estudiada de la flora virgen. Era lógico,
por lo tanto, que haya exaltado - para nuestra delicia visuallas riquezas de su vegetación tropical, donde una vida libre
de Edén crece lozanamente bajo las estrellas felices. Son
expresadas aquí con una encantadora magia de color, sin
adornos inútiles, ni redundancia, ni italianismo.
Es sobrio, grandioso, imponente. i Y cómo abruma la
vanidad de nuestras insípidas elegancias y de nuestras infantiles agitaciones la serenidad de estos nativos! Todo el misterio del infinito se mueve detrás de la ingenua perversidad de
estos ojos suyos, abiertas a la frescura de las cosas.
Me es igual si estos cuadros son o no reproducciones
exactas de la realidad exótica. Gauguin hace uso de este ambiente extraordinario a fin de dar a su sueño una morada
local. ¡Y qué escenario más favorable que éste podía ser,
impoluto como todavía está por las mentiras de nuestra civilización!
39
PAUL
GAUGUIN
De estas figuras humanas, de esta flora en llamas, lo
fantástico y lo maravilloso surge tan bien o mejor de lo que
lo hacen de las quimeras y de los mitológicos atributos de
otros. Estaba de moda, justamente entonces, romper a reír
en presencia del escándalo de esos cuerpos realmente demasiado simiescos y poco animados, y de esos paisajes verticales que carecen de la espaciosidad de una perspectiva
suficiente. ¿Es posible deformar de esa manera la naturaleza?
Y la gente invocaba arbitrariamente la euritmia de la escultura griega y de la pintura italiana. Pero aparte del hecho de
que sería fácil recordar el arte egipcio, japonés y gótico, que
poco toman en cuenta las llamadas leyes irrevocables, la escuela holandesa, en la época en que el clasicismo estaba en
pleno florecimiento, demostraba ciertamente que lo feo
puede ser también lo estético. De manera que será bueno
ignorar los prejuicios de nuestras academias, con sus líneas
correctas, sus ambientes estereotipadas, su retórica del torso,
si se desea tener una justa apreciación de este arte extraño.
Aunque el arte plástico, concordando en esto con el arte
literario y con la metafísica, se adhirió alguna vez al estricto
dominio de definición formal y objetiva: la conmemoración
de las características del héroe o del burgués, la ilustración de
cierto paisaje, el transformar en perceptibles y distintas las
fuerzas naturales, esto ocurría, y no podía haber sido de otra
manera, a través de un conjunto de líneas preconcebidas que
expresaban esta categoría del ideal. Así, teníamos al Discóbolo, a la Venus Genitrix, a los Apolos con sus armoniosos
gestos, a las Madonnas de Rafael, etc., que pueblan nuestros
museos y avergüenzan las incoherentes disertaciones de los
40
DIARIO
INTIMO
profesores de estética. Pero hoy en día, en que una vida de
pensamiento más sutil ha penetrado las diferentes manifestaciones del espíritu creativo, el punto de vista anecdótico y
especial cede lugar a lo significativo y general. Un torso gracioso, un rostro puro, un paisaje pintoresco nos parecen
florecimientos magníficos y multiformes de una simple fuerza, desconocida e indefinible en sí misma, pero cuyo sentimiento se afirma irresistible en nuestra conciencia. El artista
nos interesará menas, por lo tanto, por una visión tiránicamente impuesta y circunscripta, por armoniosa que sea, que
por una fuerza de sugestión que es capaz de ayudar el vuelo
de la imaginación o de servir como decoración a nuestros
propios sueños, abriendo una nueva puerta sobre el infinito
y el misterio de las cosas.
Hasta ahora, Gauguin mejor que nadie nos parece haber
comprendido este papel de decoración sugestiva. Su método
se caracteriza principalmente por un cercenamiento de características particulares, por la síntesis de impresiones. Cada
uno de sus cuadros es una idea general, aunque no hay en
ellos suficiente observación de la realidad formal como para
que la verosimilitud nos cause impresión. En ninguna obra
de arte se encuentra una mejor exteriorización de la constante concordancia entre el estado de ánimo y el paisaje, tan
luminosamente formulada por Baudelaire. Si él nos representa los celos es mediante una llamarada de colores de rosa
y violado en que toda la naturaleza parece participar como
consciente y tácitamente. Si de labios sedientos por lo desconocido fluyen aguas misteriosas, será en una liza de extraños colores, en las ondas, sobre algún brebaje diabólico y
41
PAUL
GAUGUIN
divino, no se sabe cuál. Aquí un huerto fantástico ofrece sus
insidiosos capullos a los deseos de Eva, cuyos brazos se extienden tímidamente para arrancar la flor del mal, mientras
las trémulas alas rojas de la quimera revolotean alrededor de
su frente. Está aquí el30 exuberante bosque de la vida y de
la primavera; aparecen figuras errantes, lejos, en una calma
afortunada que no sabe de preocupaciones; pavas reales fabulosos despliegan sus relucientes alas de zafiro y esmeralda;
pero aparece el hacha fatal del leñador, golpeando las ramas,
y detrás de él se eleva un débil filamento de humo, una advertencia del destino transitorio de esta fiesta. Nuevamente
aquí, en un paisaje legendario, se levanta el (dolo formidable,
hierático, y el tributo de hojas se derrama en olas de color
sobre su frente; niños idílicos cantan con sus flautas pastoriles la infinita felicidad del Edén, mientras a sus pies, tranquilos, encantados, como genios del mal que vigilan, yacen
los heráldicas perros rojos. Más lejos, una ventana de vidrios
de colores, llena de flores abigarradas, fiares humanas y flores de plantas; con su divino niño en hombros, la aureolada
aparición de una mujer ante quien otras dos estrechan sus
manos en medio de los capullos, con los gestos de un serafín, exhalando místicas palabras surgidas como un cáliz milagroso. Vegetación sobrenatural que reza, carne que florece
sobre el umbral indeterminado de b consciente y de lo inconsciente.
Todas estas telas, y aun otras que ofrecen sugestiones
similares, muestran suficientemente la íntima correlación de
tema y de forma en Gauguin. Pero en citas la armonización
magistral de colores es especialmente significativa, y com42
DIARIO
INTIMO
pleta el símbolo. Los tonos contrastan o se confunden uno
con otro en gradaciones que cantan una como sinfonía, en
múltiples y variados coros, y desempeñan un papel que es
realmente de orquesta.
Considerado de esta manera, el color, que al igual que la
música es vibración, alcanza a lo que es más general y por lo
tanto más vago en su naturaleza: su fuerza íntima. Era completamente lógico, por k) tanto, que en el actual estado de
los sentimientos estéticos tomara poco a poco el lugar del
dibujo, que, en su valor sugestivo, pasa a segundo lugar.
Aparece aquí definitivamente la meta hacia la cual están
tendiendo las diferentes artes, el lugar en que quizás se encontrarán: la ciudad futura de la vida espiritual, a ser edificada por ellas, de las cuales la poesía, como estado del alma,
sería el gesto de mando, la música la atmósfera y la pintura la
decoración maravillosa. En efecto, los experimentos dispersos que se han intentado hasta ahora no tienen significado
sino como los primeros bocetos, como si fuera la adivinación de esta era de construcción ideal.
La humanidad siente más o menos obscuramente que su
estado actual de indigente realidad cotidiana es sólo transitoria; y la quiebra total de las viejas formas sociales es el indicio
significativo de esta impaciencia por establecer, finalmente,
luego de asegurar los instintos de la nutrición, el juego desinteresado de una vida cerebralmente sensitiva.
En su niñez, maravillándose del nuevo espejismo de las
cosas, colocaba los encantados palacios donde habitan las
hadas entre las intrincadas enredaderas de este mundo exterior. Luego vino el período de abstracción, en el que se for43
PAUL
GAUGUIN
mularon los métodos científicos, ricos en clasificaciones,
divisiones y categorías de toda clase. Cada objeto fue desarmado, estudiado, pesado, analizado, definido. Orgulloso de
su dialéctica, el espíritu humano llegó a considerarla sofisticadamente por sí misma y a creerla, como lo hizo Kant, la
única realidad. Pero la ilusión duró poco. Eminentes pensadores arrojaron lejos de sí este vano instrumento, cuya esterilidad es comparable a la de una máquina que funciona, a
pesar de estar vacía. Los místicos, por su parte, al no encontrar satisfacción de sentimiento en estos secos silogismos, se
hablan retirado en el éxtasis como el camino más seguro y
directo hacia la comprensión. Pero fuera de que ese estado
es difícilmente accesible al común de las gentes, y es una
intoxicación algo peligrosa, la pasividad contemplativa deja
sin un objetivo a toda la parte activa de nuestras naturalezas.
El arte que cuenta hoy en día, el arte órfico, parece pues
a punto de ocupar el lugar de las modalidades discursivas del
pensamiento desacreditado y conducirnos a la hermosa conquista, arte que amansa las bestias salvajes y mueve en cadencia armoniosa las criaturas informes del mar. I?I arte, en
efecto, simboliza desde su creación a la naturaleza, y esta
creación es equivalente a una idea, ya que crear es comprender. Incluye pues en sí el eslabón de conexión entre lo consciente y lo inconsciente. Nos está permitido así esperar que
por un proceso análogo al de la intuición de Schelling, que
era un resplandor fugaz de la verdad, se formulará una especie de agnosticismo estético, ampliando el supremo Olimpo
de nuestros sueños, Dioses o Héroes.
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DIARIO
INTIMO
La pintura es el arte que, entre todas, preparará el camino, resolviendo la antinomia entre los mundos sensible c
intelectual. Y en presencia de un trabajo tal como el de Gauguin, se comienza a concebir a aquellos verdaderamente iluminados, no a los idiotas maniáticos que conocemos hoy en
día, los coleccionistas de chucherías tontas, proveedores de
histeria y de fuegos artificiales, sino a los espíritus bellamente
intelectuales que, con una fantasía libre, tejerán el tapiz de
sus sueños. Allí los luminosos frescos de un Gauguin representarán el paisaje mural, en el cual las sinfonías de un
Beethoven o de un Schumann cantarán sus misterios, mientras las sagradas palabras de los poetas cantarán solemnemente la leyenda espiritual de la Odisea humana.
A. DELAROCHE.
45
PAUL
GAUGUIN
LOS CAMARONES ROSADOS
Invierno de 1886.
La nieve comienza a caer; es invierno. Quiero ahorraros
la descripción: es simplemente la nieve. Los pobres están
sufriendo. A menudo no comprenden esto los caseros.
En este día de diciembre, en la calle Lépic de nuestra
buena ciudad de París, los transeúntes se dan más prisa que
de costumbre, pues no tienen deseos de callejear. Entre ellos
se encuentra un hombre fantásticamente vestido que, tiritando, se apresura para llegar a los bulevares exteriores. Está
envuelto en un sobretodo de piel de oveja con una gorra que
es sin duda de piel de conejo, y tiene una hirsuta barba pelirroja. Parece un arriero.
No lo miréis por encima; por más frío que haga, no sigáis vuestro camino sin observar cuidadosamente la mano
blanca y graciosa y esos ojos azules que son tan claros e infantiles. Es algún pobre mendigo, seguramente.
Su nombre es Vincent Van Gogh.
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DIARIO
INTIMO
Entra apresuradamente en una casa de comercio donde
venden herrajes viejos, flechas de salvajes y cuadros al óleo
baratos.
¡Pobre artista! ¡Pusiste un trozo de tu alma en ese cuadro que has venido a vender!
Es una pequeña naturaleza muerta, camarones rosados
sobre un pedazo de papel rosado.
"¿Puede usted darme algo por este cuadro para ayudarme a pagar el alquiler?”
"¡Dios mío, amigo, mis negocios van mal también! ¡Me
piden Millet baratos! Además -agrega el comerciante-, sus
cuadros, sabe usted, no son muy alegres. Ahora está de moda el Renacimiento. Bueno, dicen que usted tiene talento y
me gustaría ayudarlo. Venga, aquí tiene cinco francos".
Y la moneda redonda rueda sobre el mostrador. Van
Gogh la toma sin murmurar, da las gracias al comerciante y
sale. Recorre penosamente el camino de regreso a la calle
Lépic. Cuando ha llegado casi a su alojamiento, una pobre
mujer, que acaba de salir de Saint Lazare, sonríe al pintor,
esperanzada en su amparo. La hermosa mano blanca sale del
sobretodo. Van Gogh es un lector, está pensando en la niña
Elisa, y su moneda de cinco francos pasa a ser propiedad de
la desgraciada mujer. Rápidamente, como si se avergonzara
de su caridad, huye con su estómago vacío.
Vendrá el día, lo veo como si ya hubiera llegado. Entro
en la sala número 9 de la galería de subastas. Al llegar yo el
martillero está vendiendo una colección de cuadros. "Cuatrocientos francos por `Los Camarones Rosados': ¡Cuatrocientos cincuenta! ¡Quinientos! Vamos, señores, vale mucho
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PAUL
GAUGUIN
más que eso". Nadie dice nada. "¡Vendido! `Los Camarones
Rosados', por Vincent Van Gogh".
*
Al igual que en otras partes, a 17 grados de latitud Sud
hay generales, consejeros, jueces, funcionarios, gendarmes y
un gobernador. Toda la crema de la sociedad. Y dice el gobernador: "Veis, mis amigos, no hay nada que hacer en este
país sino recoger pepitas".
Me visita un ahogado gordo, el fiscal, luego de haber
interrogado a dos jóvenes ladrones. En mi choza hay toda
clase de objetos que parecen extraordinarios porque son
poco habituales aquí: impresos japoneses, fotografías de
cuadros: Manet, Puvis de Chavannes, Dégas, Rembrandt,
Rafael, Miguel Angel.
El fiscal, gordo, un aficionado que, según dicen, hace
muy lindos bocetos a lápiz, mira a su alrededor y delante de
un retrato de la esposa de Holbein, de la Galería de Dresden,
me dice: "¿Es de una escultura, no?”
"No, es un cuadro de Ho1bein, escuela alemana".
"Oh, bueno, es lo mismo. Me agrada. Es lindo".
¡Holbein!, ¡lindo!
Su carruaje está esperándole, y debe seguir viaje para
merendar lindamente en el césped, a la vista del Orofena,
rodeado por el lindo campo.
También el cura (un miembro de la clase educada) me
sorprende mientras estoy pintando un paisaje.
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DIARIO
INTIMO
“¡Ah, señor, usted está obteniendo una hermosa perspectiva ahí!”
Rossini acostumbraba decir: Je sais bien que je ne suis
pas un Bach, mais je sais aussi que je ne suis pas un
Offenbach”.
Dicen que soy campeón de billar, y soy francés. Los
norteamericanos están furiosos y proponen que juegue una
partida en los Estados Unidos. Acepto. Se apuestan sumas
enormes.
Tomo el vapor para Nueva York; hay una tormenta espantosa; todos los pasajeros están aterrorizados. Luego de
una cena perfecta bostezo y me voy a dormir.
La partida se juega en una sala grande, lujosa (lujo norteamericano). Mi adversario juega primero. Se anota ciento
cincuenta. Los Estados Unidos se alegran.
Juego yo: tos, tic, tos, precisamente así, despacio, parejo.
Los Estados Unidos desesperan. De repente nos ensordece
una rápida sucesión de disparos de fusil. Mi corazón no se
sobresalta; siempre lentamente, parejo, las bolas zigzaguean:
tos, tic, tos. Doscientas, trescientas.
Los Estados Unidos son derrotados.
Todavía bostezo; lentamente, parejo, las bolas zigzaguean: tos, tic, tos.
Dicen que soy feliz. Quizás.
*
El gran tigre real está solo conmigo en su jaula; despreocupadamente exige una caricia y demuestra su agrado
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PAUL
GAUGUIN
mediante movimientos de su barba y de sus garras. Me quiere. No me atrevo a golpearlo; estoy atemorizado y él se
aprovecha de mi miedo. A pesar mío, tengo que soportar su
desprecio.
Por la noche mi esposa busca mis caricias. Sabe que le
temo y se aprovecha de mi miedo. Ambos, criaturas salvajes
nosotros mismos, llevamos una vida llena de miedo y de
baladronadas, de alegría y de pena, de fuerza y de debilidad.
Por la noche, a la luz de las lámparas de aceite, medio sofocados por el hedor animal, observamos a la estúpida, a la
cobarde multitud, siempre hambrienta de muerte y de carnicería, que siente curiosidad por el vergonzoso espectáculo de
cadenas y de esclavitud, del látigo, y del pinche, nunca saciada por los alaridos de las criaturas que los soportan.
A mi izquierda, el alojamiento de los animales adiestrados. La orquesta, a punto de comenzar, deja oír repentinamente sonidos ásperos y discordantes. Dos pobres hombres,
los reyes de la creación, se dan de puntapiés y puñetazos.
Los monos adiestrados no se molestarían en imitarlos.
¡Una imagen de la vida y de la sociedad!
*
A lo largo de senderos convergentes, figuras rústicas,
vacías de pensamiento, buscan no sé qué.
Esto parece Pissarro.
Un pozo junto a la costa del mar: algunas personalidades parisienses con vestidos a rayas, de colores alegres, sedientas de ambición, buscan indudablemente en ese pozo
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DIARIO
INTIMO
seco el agua que saciará su sed. Todo es confeti. Todo parece de Signac.
Existen colores encantadores, que no sospechamos y
que pueden adivinarse detrás del velo que ha tendido la modestia. Niñas concebidas en clamor, con manos que ciñen y
acarician, invocando tiernos pensamientos.
Por Carriére, digo sin vacilar.
Uvas maduras desbordan un plato poco profundo: sobre el mantel están mezcladas manzanas de color verde subido y de un rojizo violáceo. Las blancas son azules y las
azules son blancas. i Un demonio de pintor, este Cézanne!
Cierta vez, mientras cruzaba el puente de las Artes encontró a un camarada que se había hecho famoso.
" Hola, Cézanne, ¿adónde vas?”
" Como ves, voy a Montmartre, y tú al Instituto".
Un joven húngaro me dijo que era alumno de Bonnat.
"Felicitaciones", le respondí. "Su maestro acaba de ganar el premio en el concurso de sellos postales con su cuadro
del Salón".
El cumplido llegó a destino; podéis imaginaros si te
gustó a Bonnat. AL día siguiente el joven húngaro estaba
decidido a pelarme.
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PAUL
GAUGUIN
LOS JARRONES ESMALTADOS
Allá, lejos, la campiña nipona está cubierta de nieve; los
campesinos están todos en su casa.
Para evitaros entrar por la chimenea -pues las puertas
están todas cerradas- os introduciré por el recurso único de
un cuento, en medio de una familia nipona cuyos miembros
son labriegos durante nueve meses al año y artistas los tres
meses de invierno. Lo que habéis visto en una casa os dirá
acerca de todas; pues son todas iguales, animadas por la
misma vida, las mismas tareas, especialmente la misma alegría. El interior es a la vez un pequeño taller, un dormitorio,
un refectorio, etc., pero apenas si recuerda a la cajita que tan
bien describe Pierre Loti, nuestro gran, gran académico.
Tampoco encontraréis a la pequeña Crisantemo, la
hermana de Rarahu (la doncella tahitiana), tan incapaces
ambas de comprender el distinguido corazón de un joven
gastado y hastiado. El joven japonés está gastado también,
pero no esta todavía desilusionado. Además, no tiene a su
lado a su hermano Yves a quien abrir su corazón.
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DIARIO
INTIMO
En un hogar japonés todo es simple y sosegado, tanto la
naturaleza como la imaginación. Producen frutos y viven de
ellos, y la naturaleza es rica en frutos. Usted sabe todo esto
muy bien, Loti, pero se debe saber gustarlo, olvidar que se es
un oficial. ¡Demonios! ¡No se duerme con las charreteras
puestas!
¡Ah! ¡Qué refinada fragancia tiene el té cuando se le bebe en una taza confeccionada por uno mismo y libremente
decorada! Y esas adorables cestillas que todos hacen para
recoger cerezas cuando vuelve el buen tiempo. Tejidas por
hábiles dedos, los arabescos japoneses les dan una estampa
propia.
Y esos maravillosos jarrones esmaltados que exigen una
dedicación y un gusto tan pacientes. Todos los labriegos
japoneses manufacturan sus propios jarrones para colocar en
ellos sus flores cuando llega la primavera. ¡Labriego! Excepto
la clase instruida, campesinos y gente de la ciudad son la
misma cosa.
¿Queréis tomar parte en la operación? Para ellos será
cosa de dos o tres meses, para vosotros y para mí sólo unos
pocos minutos. No pondré a prueba vuestra paciencia con
un largo relato (el cuento llenaría páginas). Eso no le gusta a
los editores cuando el libro no ha de producir billetes de mil
francos.
Además, esto no es un libró; no es nada, sino una charla
inútil.
En primer lugar, el labriego nipón hace cuidadosamente
su dibujo y su composición en un trozo de papel que, cuándo está enrollado, tiene la misma superficie que el jarrón.
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PAUL
GAUGUIN
Sabe dibujar, pero no exactamente como lo hacemos nosotros, del natural. En la escuela se enseña a todos los niños un
esquema general establecido según los modelos de los
maestros. Pájaros volando o en reposo, casas, árboles, toda
la naturaleza, en fin, tiene una forma invariable que el niño
aprende perfectamente. Sólo no se le enseña composición y
se le da toda clase de estímulo a la imaginación.
Tenemos aquí, pues, a nuestro dueño de casa japonés
instalado frente a un jarrón de cobre, con su dibujo a la vista,
a su lado.
Toda su existencia de herramientas: pinzas, tijeras,
alambre achatado de cobre. Con gran habilidad y exactitud
da a su alambre de cobre, colocado sobre la superficie del
jarrón, todas las formas del dibujo que está delante de él;
luego, suelda con bórax los contornos en cobre, colocándolos, por supuesto, de manera que correspondan con el dibujo
en el papel. Una vez completada esta operación, no sin extremo cuidado y con la mayor habilidad, resulta juego de
niños llenar con pastas de cerámica de diferentes colores
todos estos espacios vacíos. Sin embargo, requiere reflexión,
y un sentido muy especial de las infinitas variedades de la
armonía, no prestándose atención a los colores complementarios.
Terminada su obra de arte, el artista se convierte en hábil alfarero. Sólo le resta cocer su jarrón. Puede comprar su
horno de tierra incombustible a cualquier comerciante; los
labriegos siempre los tienen de diferentes tamaños. Hay una
puertita para poner y sacar el medidor de calor. Ahora entran
en escena las mujeres y los niños; rodean el horno y su con54
DIARIO
INTIMO
tenido con carbón de leña que arde lentamente, muy lentamente. Todos soplan alternativamente el fuego con un abanico, y hay algunas diversiones inocentes. A su reverencia, el
sacerdote, no le gustan estos Nohs, que son sin palabras y
consisten exclusivamente en gestos, un pasatiempo en el que
todos sobresalen.
Las prendas son dijes y peines, rápidamente ofrecidos y
rápidamente perdidos. Se acaloran, el abanico se torna más y
más activo; el trabajo infernal está casi completo en la retorta. Esta parranda disimulada se acompaña con canciones y
risas. Pronto no resta nada por perder, y los contendientes
terminan por quedar tan hermosamente desnudos como
cuando nacieron. ¡Ni siquiera una hoja de parra! No teniendo nada qué dar, se dan a sí mismos, y os aseguro que ni el
escribano ni su señoría el alcalde regularizan estos amores
del momento que no podrían ser eternos.
Es tarde y todo se está enfriando, lentamente, muy lentamente: la gente joven y el terrible horno. El descanso sucede al trabajo bien hecho.
Por la mañana todo está en calma, y en uno de esos cofres japoneses, con incrustaciones de nácar, el jarrón hace su
primera aparición. No está terminado todavía, pero ya quieren echarle una mirada. Retrocediendo unos pasos, acercándose, el artista examina su trabajo.
Si regaña, los niños consideran que el jarrón es muy feo;
si está de buen humor y les da golosinas, el más pequeño de
todos, el bebé, dice: “Si”, y permanece silencioso. El de más
edad, lleno de admiración, dice: "¡Papá, qué hermoso es!"
Por supuesto, lo dice en japonés.
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PAUL
GAUGUIN
Trabaja día tras día para terminar el jarrón, puliéndolo
cuidadosamente.
Durante la primavera salen en parejas, alegres y felices,
vagando por los bosques en flor, donde, en medio de perfumes afrodisíacos, los sentidos recobran su vigor. ¡Hacen
ramilletes que combinarán tan bien con sus jarrones esmaltados!
P.D. -Conté esto una vez a alguien a quien consideraba
inteligente. Cuando hube terminado me dijo: "¡Pero tus japoneses son vulgares puercos!”
Sí, pero en el puerco todo es bueno.
*
A este respecto Remy de Gourmont dice (en el Mercure): "Es verdaderamente un espectáculo único en la historia
esta furiosa preocupación por la moralidad sexual que, ante
nuestros ojos indiferentes, destruye la sensibilidad de tantos
hombres bondadosos y de tantas mujeres amables".
El niño judío va a las Tullerías a jugar. Lo lleva su nodriza.
El niño judío está muy cansado de jugar con su globo
rojo.
El niño judío observa a un pequeño cristiano que está
también muy casando de jugar con su soberbio caballo de
madera. Se acerca y, mirando desdeñosamente al caballo de
madera, dice: "Tu caballito es muy feo". Luego juega con su
globo con chillidos de alegría.
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DIARIO
INTIMO
El niño cristiano llora; luego, suspirando tímidamente,
dice: "¿Quieres cambiar?”
El niño judío regresa triunfalmente a su casa con el caballo de madera, y su padre exclama: "¡Esta criatura es un
amor! ¡Exactamente como yo! ¡Irá lejos!”
No aconsejes ni reprendas a nadie que haya venido a
pedirte un favor, especialmente si no se lo haces.
Cuidado con pisar un pie a un idiota erudito. Su mordedura es incurable.
*
Ocurrió en los días de Tamerlán, creo que en el año X,
antes o después de Cristo. ¿Qué importa cuándo? La precisión a menudo destruye un sueño, quita toda vida a una fábula. Por allá, en dirección al sol naciente, por cuyo motivo
el país es llamado el Levante, se encontraban reunidos en
una fragante arboleda algunos jóvenes de piel cetrina, cuyo
cabello era largo, al contrario de la costumbre de la soldadesca, indicando así su futura profesión.
Estaban escuchando, ignoro si respetuosamente o no, a
Vehbi Zunbul Zadi, el pintor y dador de preceptos. Si tenéis
curiosidad por saber qué pudo haber dicho este artista en
esos bárbaros tiempos, escuchad.
Dijo: "Usad siempre colores del mismo origen. El índigo hace siempre la mejor base; se torna amarillo cuando se lo
trata con extracto de nitro, y rojo con vinagre. Los farmacéuticos siempre lo tienen. Manteneos estrictamente fieles a
estos tres colores; con paciencia conoceréis entonces cómo
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PAUL
GAUGUIN
componer todos los matices. Que el fondo del papel aclare
vuestros colores y provea el blanco, pero nunca lo dejéis
completamente liso. Lienzos y carne pueden ser pintados
sólo por quien conoce el secreto del arte. ¡.Quién os dice que
la carne es color bermellón claro y que los lienzos tienen
sombras grises? Poned una tela blanca junto a un repollo o a
un ramo de flores y ved si se tiñe de gris.
"Descartad el negro y esa mixtura de blanco y negro que
llaman gris. Nada es negro y nada es gris. Lo que parece gris
es una composición de tintes pálidos que un ojo experimentado percibe. El pintor no tiene la misma tarea que el albañil,
la de edificar una casa, con el compás y la regla en la mano,
según el plano provisto por el arquitecto. Está bien que el
joven tenga un modelo, pero dejadle bajar el telón sobre él
cuando está pintado. Es mejor pintar de memoria, porque
vuestra inteligencia y vuestra alma triunfarán sobre el ojo del
aficionado. Cuando queréis contar los pelos de un asno, descubrir cuántos tiene en cada oreja y determinar el lugar de
cada uno, vais al establo.
"¿Quién os ha dicho que debéis buscar contrastes en los
colores?
"¿Qué más dulce para un artista que hacer perceptible
en un ramo de flores el matiz de cada una? Aunque dos flores se parezcan ¿pueden ser idénticas, hoja por hoja?
"Buscad la armonía y no el contraste, lo que concuerda
y no lo que choca. Es el ojo de la ignorancia el que asigna un
color fijo e invariable a cada objeto; como ya os he dicho,
tened cuidado con este obstáculo. Practicad pintando un
objeto en conjunción con, o matizado por -es decir, cerca de
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DIARIO
INTIMO
o medio atrás de- otros objetos de colores similares o diferentes. De esta manera gustaréis por vuestra propia variedad
y veracidad; pasad de lo oscuro a lo claro, de lo claro a lo
oscuro. El ojo busca renovarse mediante vuestro trabajo;
dadle alimento para su goce, no excrementos. Sólo el pintor
de letreros copia el trabajo de otros. Si reproducís lo que
otros han hecho no sois sino hacedores de remiendos; embotáis vuestra sensibilidad e inmovilizáis vuestro colorido.
Dejad que todo en torno a vosotros respire la calma y la paz
del alma. Evitad, pues, el movimiento en una pose. Cada una
de vuestras figuras debe estar en una posición estática.
Cuando Umra representó la muerte de Ocrai, no elevó el
sable del verdugo, ni asignó al Khakhan un gesto amenazador, ni doblegó a la madre del reo en convulsiones. El sultán,
sentado en su trono, arruga su frente con ceño irritado, el
verdugo, de pie, mira a Ocrai como a una víctima que le
inspira piedad; la madre, reclinada contra el pilar, revela su
pena sin esperanzas en ese abandono de su fuera y de su
cuerpo. Se puede por lo tanto, sin cansancio, pasar una hora
ante esta escena, tanto más trágica en su alma que si, luego
de pasado el primer momento, actitudes imposibles de
mantener nos hubieran hecho sonreír con una burla divertida.
"Estudiad la silueta de cada objeto; la claridad de los
contornos es el atributo de la mano que no está debilitada
por ninguna vacilación de la voluntad.
"¿Por qué embellecer las cosas arbitraria y deliberadamente? Desaparece así el verdadero sabor de cada persona,
flor, hombre o árbol, todo se borra en la misma nota de lin59
PAUL
GAUGUIN
deza que produce náuseas al conocedor. No significa esto
que debáis desterrar el tema gracioso, sino que es preferible
reproducirlo tal como lo veis antes que verter vuestro color y
vuestro dibujo en el molde de una teoría preparada de antemano en vuestro cerebro".
Se oyeron algunos murmullos en la arboleda; si el viento
no se los hubiera llevado, podrían haberse escuchado palabras tal malsonantes como Naturalista, Académico y otras
por el estilo. Pero el viento se las llevó mientras Zadi arqueaba las cejas y calificaba a sus alumnos de anarquistas;
luego continuó:
"No retoquéis demasiado vuestro trabajo. Una impresión no es lo suficientemente durable para que su primera
frescura sobreviva a una prolongada búsqueda de infinitos
detalles; de esta manera dejáis enfriar la lava y transformáis
sangre hirviente en piedra. Aunque fuera un rubí, arrojadlo
lejos de vosotros.
"No os diré qué pincel debéis preferir, qué papel debéis
usar, o en qué posición debéis colocaros. Esta es la clase de
preguntas que hacen niñitas de cabellos largos e inteligencia
corta, que colocan nuestro arte al mismo nivel que el de
bordar chinelas y hacer sabrosas tortas".
Zadi se retiró gravemente.
Alegre e impetuosamente, los jóvenes se alejaron.
Todo esto ocurrió en el año X.
*
Juicios contemporáneos:
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DIARIO
INTIMO
Una dama petulante1 (experimentada, demasiado experimentada) decía a mi prometida: "¡Por supuesto, mi niña, te
casas con un individuo honesto, pero cuán estúpido es, cuán
estúpido, es!”
Poco tiempo después decía un joven pintor recién desembarcado: "¿Sabes?, Gauguin es un rudo marino. Es muy
hábil para construir barquitos con su equipo de velas bien
arregladas. Quizás Fulana lo pula".
¡He aquí algo para salvarlo a uno del pecado de orgullo!
Poco tiempo después escribió otro joven precoz: "Pionero ardiente, con la cabeza llena de ideas, cavé y no encontré nada, en vista de lo cual, Gauguin, que era más hábil que
yo, recogió todos los tesoros".
En lo referente a este buscador, un amante del arte ha
dicho: "Bosqueja un dibujo, luego bosqueja su bosquejo, y
así sigue hasta el momento en que, como el avestruz, con su
cabeza en la arena, decide que no se parece más al original.
¡Entonces firma!”
Para vengarse de Gauguin, este joven encantador, que
era mantenido por un crédulo Mecenas, escribió a un amigo
de Gauguin: "Mi estimado y afectuoso amigo: Gauguin os ha
dicho cornudo".
A lo que el amigo, justamente convencido de que era
una calumnia, respondió: "¡Adivine de nuevo!”
Y nuestro joven encantador, para vengarse de este incrédulo amigo, que era también pintor, escribió en una carta
que le estaba dirigida: "Señor Z, arrendador de propiedad".
1
Una mujer que me había asustado y a quien yo, un José no
me había atrevido a comprender.
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GAUGUIN
En vista de lo cual, el amigo escribió de vuelta, a El Cairo:
"Señor Zero, arrendatario".
Esto os enseñará a no tener relaciones con gente impúdica.
Pero no almaceno estas cosas. El camino se torna más y
más duro; uno envejece. El recuerdo del mal se desvanece en
humo. El terciopelo tendido sobre nuestra conciencia oculta
las espinas y suaviza su pinchazo.
La gloria es poca cosa si está tan pobremente construida
que se desmorona al primer suspiro. Además, la gente que
realmente cuenta la evita. La soledad es tan buena, el olvido
restaura tanto nuestra seriedad cuando, conscientes del pecado, deseamos la liberación, aun mientras tememos al desconocido Más allá.
"Gigante, eres mortal". Esto es bastante para humillarnos.
El problema que se trata de resolver -fácil al comienzoes una esfinge en la muerte.
Un puñado de moneditas arrojadas a todos los vientos
por un Creso, de las cuales, luego de una lucha, el más fuerte
o el más hábil recoge una insignificante porción, vanagloriándose de su victoria. Su orgullo se desploma rápidamente
cuando trata de conseguir algo en la cigarrería con la monedita que ha ganado con tanta dificultad.
Me decía un vecino: "Por supuesto, hay algo en la filosofía de ese caballero; si hay mucho de bueno en ella tanto
mejor; pero en lo qué a mí respecta, que soy sólo un tonto,
digo que eso se reduce a muy poco".
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DIARIO
INTIMO
"Es un individuo enteramente honesto, sin duda", dijo
ella, "¡Pero cuán estúpido es!”
Esto no es un libro.
*
En un camino de herradura, ambos de azul con franjas
plateadas, dos buenos señores caminan tambaleándose, pues
la línea curva es ciertamente la más corta; el vino del gobierno afloja los miembros y espesa la lengua. Sería exactamente
como en la canción si no estuviéramos en las Marquesas. A
la vista de una linda carita dorada el sargento de policía exclama: "¡Es mía!" A lo que responde en seguida el gendarme:
"¡Sargento, en eso se equivoca usted!”
Y la alegre carita también responde, sin desconcertarse
en lo más mínimo: "El primero paga dos piastras, el segundo
sólo una".
Esta vez el gendarme, en vista de que la pequeña es tan
realista como si estuviera en París, responde: "Sargento, ¡usted tiene razón!”
"No, no, señor gendarme, usted dispara primero: exactamente como el inglés".
Pero un gendarme no podría ir delante de su sargento:
el estar en las Marquesas no cambia las cosas. Y estas damas
conocen el asunto. Los misioneros les dicen: "El pecado
debe tener su excusa". El dinero es la excusa.
Leyendo el Journal des Voyages un hombre sueña con
abandonar París y una civilización que le atormenta; toma un
tren y, en Marsella, un barco, un suntuoso vapor.
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GAUGUIN
Una vez a abordo y a los pocos días, comienza a conocer este mundo colonial del que no ha tenido sospechas.
"¡Oh, las delicias de vivir en un regimiento, bajo una férula, con la seguridad del rancho y la posible aureola de una
palma" (Remy de Gourmont).
Brillantes banquetes todos los días; largas mesas con
platos suculentos; un funcionario preside cada mesa.
"¡Camarero! ¿Qué es esto? ¿Piensa usted que estoy
acostumbrado a comer esta clase de alimento? El gobierno
paga aquí, y quiero algo por mi dinero".
En casa el empleado cena con higos que valen unos
céntimos, y algunos rábanos. Los domingos, ensalada, con
pan empapado en vinagre y sazonado con ajo. A bordo es
diferente; se está de licencia y cuando el gobierno paga la
cuenta nos gusta engullir y rezongar al mismo tiempo.
*
Al otro lado del océano, un barco acaba de tocar tierra,
un islote que no figura en el mapa. Hay tres habitantes, sin
embargo, un gobernador, un empleado del comisario de
policía y un tratante en tabacos y sellos de correo. ¡Ya!
¡Ah!, lectores, pensáis que sería agradable encontrar un
rincón tranquilo al abrigo de gente malvada. Ni siquiera la
isla del Doctor Moreau, ni siquiera el planeta Marte ofrece
esto, como lo acabamos de descubrir desde que los marcianos, para vengar a los boers, descendieron sobre Londres y
provocaron el pánico entre esos valientes ingleses.
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DIARIO
INTIMO
Al arribar a Tahití, los viajeros que regresan abandonan
el barco. Los que llegan por primera vez deben ser inspeccionados; allí está el gobernador (el sombrero de copa es
indescriptible) y toda la gentuza. Cuchicheos... Finalmente,
pero muy graciosamente, preguntan: "¿Tiene usted dinero?”
Pero no perdáis las esperanzas aún; llega la tarde, y al fin
vais a gustar del olvido de la civilización. En el centro de la
plazoleta hay una pequeña glorieta, apenas lo suficientemente grande como para contener a todos los miembros de
la sociedad filarmónica. Una vez encendidas las lámparas, os
deleita una deliciosa música moderna. AL ver a un empleado
con gorra que distribuye billetes para la calesita os olvidáis de
vosotros mismos y pedís un boleto para el ómnibus Madeleine-Bastille. Todavía distraídos, tomáis asiento en un pequeño vehículo tirado por caballos de madera. Gira, sigue
girando. Esto no es la Bastilla. ¡Un error! ¡Es Tahití!
Voy al café, en el bulevar, número 9. Todos van, la
hermosa raza aria viene y va. En el café, sobre el bulevar,
número 9, dibujo, miro a mi alrededor, escucho, sin encontrar nada que me atraiga. Las mesas del café, cubiertas de
mármol, invitan a nuestro lápiz. Los helados atraen a la multitud, una promiscua multitud; todos están allí. Dibujo promiscuamente, también. Todo es hermoso, todo es feo.
¡Hola, una cabeza que conozco ¿Dónde demonios la he
visto antes? El perfil es anguloso y trato de recordar quién
puede ser. ¡Ah!, ya lo tengo: ¡soy yo mismo! Me resigno, sin
lamentarlo demasiado. Creía ser más buen mozo. ¡La verdad!
En el número 9 la señora dice: "¿qué se servirá usted? ¿Su-
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pongo que champaña? "Contesto modestamente: "Deme
una menta".
Ella, elegantemente vestida y con un pesado olor a verbena, bebe un pequeño vaso de cerveza. Los espejos me
devuelven allá también rostros de hombres y mujeres; no
son bellos. Y yo, sentado al lado de la hetera, me observo:
"Dicen que el amor hermosea". Trato de convencerme; mi
lápiz se rehusa despiadadamente. ¡La verdad!
*
A menudo, muy a menudo, el negro, el mulato, el cuarterón, gobierna una colonia en la que no nació. A menudo
educado, aun inteligente, permanece siempre negro, mulato,
cuarterón. El gallo galo, el antiguo amo, se torna esclavo y ya
no canta, cucu-ru-cuu, como lo hacía en tiempos pasados.
En su lugar, el cuervo etíope se transforma en amo y grazna:
”Allons, enfants de la Pal'ie, le jou' de gloi e é pa' mi nous...!”
*
Durante mi permanencia en la Martinica, un negro,
mulato, cuarterón, entabló una disputa con un bordelés, y se
insultaron. El bordelés exigió un duelo, que fue aceptado por
nuestro negro, mulato, cte., y se convino en reunirse en una
plantación de caña de azúcar.
Ya en el campo nuestro bordelés sufrió un cólico. Excusándose por el accidente, se introdujo entre las cañas de
azúcar, para bajarse los pantalones. La operación, debemos
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DIARIO
INTIMO
suponerlo, le tomó largo tiempo, pues los impacientes testigos vinieron en su auxilio.
"¡Qué!", dijo nuestro bordelés, "¿el negro, mulato... no
se ha ido todavía? Decidle inmediatamente, de mi parte, que
así espere cincuenta años allí, durante cincuenta años estaré
ocupado aquí'.
Los bordeleses no quieren a los negros, mulatos, cuarterones.
*
Un diario de Tahití que no fuera político no sería respetable. Las elecciones en Tahití son como Picpus y el oso
en Berna. Y así (¡quién lo habría pensado!) me veis hecho un
Picpus, a fin de no estar obligado a hacerme suizo.
De un lado un sacerdote sucio, del otro un miserable
protestante llamado Parpaillot. Nunca, jamás en mi vida, ni
siquiera cuando recibí mi primera comunión, fui tan ardiente
católico, y con tan buena razón. Sabréis por qué.
Había llegado yo al punto en que me dije que era tiempo
de buscar un país más primitivo en el que hubiera menos
funcionarios. Estaba pensando en embalar mis baúles e irme
a las Marquesas, La Tierra Prometida donde hay tantas hectáreas de terreno que uno no sabe qué hacer con ellas, alimentos, caza y, para guiaros, un gendarme tan bondadoso
como una oveja merino.
En seguida, sin preocupación alguna, tomé un barco y
llegué pacíficamente a Atuana, la principal ciudad de Nívahoa.
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PAUL
GAUGUIN
Fue completamente necesario que bajara un escalón o
dos dentro de la jerarquía social. La hormiga no es prestamista, ese es el menor de sus pecados; y yo tenía el aire de
una cigarra que ha cantado todo el verano.
La primera noticia que tuve a mi llegada fue que no había tierra para comprar o vender, excepto en la misión. Aun
así, como el obispo estaba ausente, debía esperar un mes.
Mis baúles y un cargamento de madera para construcción
esperaban en la playa. Durante ese mes, como podéis imaginaros, fui a misa cada domingo, forzado como estaba a representar el papel de buen católico y de murmurador contra
los protestantes. Mi reputación estaba hecha, y su reverencia,
sin sospechar mi hipocresía, tuvo la mejor buena voluntad
(ya que se trataba de mí) de venderme un pequeño lote de
terreno lleno de guijarros y malezas al precio de 650 francos.
Comencé a trabajar valientemente y, gracias de nuevo a algunos hombres recomendados por el obispo, estuve pronto
establecido.
La hipocresía tiene sus ventajas.
Cuando hube terminado mi choza no pensé más en hacer la guerra al pastor protestante, que era un joven bien
educado y, además, de una mentalidad liberal; ni pensé más
en ir a la iglesia.
Vino una polla, y comenzó la guerra. Cuando digo una
polla soy modesto, pues todas las pollas llegaron, y sin ninguna invitación.
Su reverencia es normalmente lujurioso, mientras que
yo soy un duro gallo viejo bastante bien sazonado. Estaría
diciendo la verdad si dijera que el lujurioso comenzó. ¡Que68
DIARIO
INTIMO
rer condenarme a un voto de castidad! Esto es más que demasiado; nada de eso, Lisette.
Cortar dos soberbios pedazos de palo de rosa y tallarlos
según la moda de las Marquesas era juego de niños para mí.
Uno de ellos representaba un demonio cornudo (el padre
Paillard), el otro una mujer encantadora con flores en la cabeza. Fue suficiente llamarla Teresa para que todos sin excepción, aun los escolares, vieran en ello una alusión a la
celebrada historia de amor.
Aun si todo es un mito, no fui yo quien lo inventó.
¡Dios mío, esto es chisme para vosotros! Si alguna vez
regreso a París puedo ofrecerme en seguida como portero y
leer todas las mañanas el folletín en el Petit Journal. Pero
ninguna conversación es posible aquí sino chisme e inmundicia. Desde su cuna, la criatura está en todo; siempre lo
mismo, para hablar correctamente, como el pan nuestro de
cada día.
No es siempre estrictamente espiritual, pero es un descanso, luego de los trabajos de arte, dejar jugar a nuestra
mente, y a nuestro cuerpo también. (Las mujeres son mercenarias sin lugar a duda alguna). Además, os preserva de la
aburridora austeridad y de la vil hipocresía que hace a la
gente tan malvada.
Una naranja y una mirada de reojo, no se necesita más.
La naranja de que hablo varía de uno a dos francos; no vale
ciertamente la pena privarse de ello. Podéis ser fácilmente
vuestro propio pequeño Sardanápalo, sin arruinaros.
Sin duda, el lector está buscando el idilio en todo esto,
pues no hay libro sin un idilio. Pero...
69
PAUL
GAUGUIN
Esto no es un libro.
Digo al intérprete nativo: "Muchacho, ¿cómo decís `un
idilio' en el idioma de las Marquesas?" Y contestó: "¡Qué
persona divertida es usted!" Adelantando todavía más mis
investigaciones le pregunto: "¿Cuál es la traducción de virtud?" Y el buen hombre responde, riendo: "¿Me toma usted
por un imbécil?”
El sacerdote dice que todo esto es pecado. Las mujeres,
como ciervos atónitos, parecen decir con sus miradas de
terciopelo: "Eso no es verdad".
Sé muy bien que en París y en provincias también, los
funcionarios que están de licencia en sus hogares narran
siempre cuentos fantásticos. Pero no creáis ni una palabra de
ello; aquí los monstruos son perfectamente naturales. Ven
bastante claramente, sin parecerlo, que nuestras ropas son
ridículas y que, aunque nos jactemos de lo contrario, apenas
si somos brutos pretenciosos.
"Prometen -dicen las mujeres- y no cumplen sus promesas". Aparte de ello levantan sus narices hacia nosotros como Colin lo hace con Tampon.
*
Si en lo de Helder, o en alguna otra reunión, os encontráis con un gobernador llamado E. Petit, miradle dos veces,
ya que es un maldito asno.
Debéis saber que hace años, cuando era sobrecargo a
bordo del Hukon, vino a las Marquesas y celebró una cantidad de matrimonios como los de Loti. Orgulloso de uno de
70
DIARIO
INTIMO
ellos, deseaba darse el gusto de tener la cabeza de su suegra,
que vivía a unos pocos centímetros bajo tierra en esa encantadora isla que llaman Taoata.
Cavaron y la extrajeron, y cuando el sobrecargo estaba
por llevarse la famosa cabeza, el suegro gritó: "¿Cuántas
piastras?”
"No tiene precio", replicó nuestro ingenioso sobrecargo.
Nada hay más obstinado que un suegro que desea piastras, y la famosa cabeza fue devuelta a su eterno domicilio.
Inadvertidamente nuestro sobrecargo esparce pequeñas
piedras a lo largo del sendero, y durante la noche se lleva la
codiciada cabeza.
El misionero (un hombre vigilante que no deja escapar
nada) protesta por escrito, y el capitán del Hugon, completamente irritado, informa a nuestro sobrecargo que una suegra es inviolable.
Durante su examen en la Escuela Colonial le hicieron
esta pregunta: "¿Cuál es la manera correcta de equilibrar un
presupuesto?”
"Completamente simple, destruidlo".
Este gobernador extraordinario al que llaman E. Petit
escribió al ministro: "En las Marquesas la raza está desapareciendo día a día. ¿No sería una buena idea enviarnos el excedente de la Martinica?”
Esto fue escrito después de la catástrofe de la erupción.
Me hace recordar a aquel edecán que fue al encuentro
del emperador Napoleón I:
"Sire, cien mil hombres os esperan abajo. ¿No sería una
buena idea hacerlos subir por la escalerita privada?”
71
PAUL
GAUGUIN
Y Napoleón contestó: "Decidles que vengan, mi buen
hombre".
Si en lo de Helder, o en cualquier otra reunión, o aun en
Folies-Bergére, os encontráis con E. Petit, decidle que no
hay nadie como él.
*
Dios, a quien he ofendido tan a menudo, me ha perdonado esta vez; en el momento en que estoy escribiendo estas
líneas una tormenta realmente excepcional ocasiona los más
terribles destrozos.
Anteayer por la tarde el mal tiempo, que se había estado
preparando durante varios días, asumió proporciones amenazantes. A las ocho de la noche era una tempestad. Solo en
mi choza, esperaba a cada momento verla derrumbarse. Los
enormes árboles, que en los trópicos tienen poca raíz, y ésta
en un suelo que no ofrece resistencia cuando está húmedo,
crujían por textos lados y caían produciendo un fuerte ruido,
especialmente los "minores" (los árboles del pan) cuya madera es muy quebradiza. La destrucción de mi casa, con todos mis dibujos y los materiales que había coleccionado
durante veinte años, hubiera sido mi ruina.
Hacia las diez me llamó la atención un ruido continuo,
como el del desmoronamiento de un edificio de piedra. No
pude soportarlo más y salí de mi choza. En seguida mis pies
estuvieron en el agua. A la pálida luz de la luna, que acababa
de levantarse, pude ver que estaba nada más ni nada menos
que en medio de un torrente que, barriendo consigo los gui72
DIARIO
INTIMO
jarros, chocaba contra los pilares de madera de mi casa. No
me quedaba nada por hacer sino esperar la decisión de la
Providencia y resignarme.
La noche fue larga. En el momento en que rompió el
alba, asomé mi nariz afuera. ¡Qué espectáculo extraño, esa
sabana de agua, esa rocas de granito, esos enormes árboles
venidos del cielo sabe dónde! El camino que pasa frente a mi
terreno ha sido cortado en dos secciones. Gracias a esto me
encuentro encerrado en una isla. El demonio habría estado
mejor en una fuente de agua bendita.
Debo deciros que lo que llaman el valle de Atuana es
una garganta, muy estrecha en ciertos lugares, donde la
montaña forma una pared. En estos puntos toda el agua de
las mesetas superiores desciende en un torrente casi perpendicular. La Administración, carente de inteligencia, como de
costumbre, ha hecho precisamente lo opuesto de lo que debió hacer. En lugar de facilitar el flujo de las aguas de las
crecidas les ha cerrado el paso por todas partes con pilas de
piedras. No sólo eso, sino que a lo largo de las orillas, aun en
medio de la corriente, ha permitido que crezcan árboles que,
naturalmente, son derribados por el torrente y forman otros
tantos instrumentos de destrucción, barriéndolo todo a su
paso. Las casas de estos países cálidos, donde nadie tiene
dinero, son de construcción liviana, y una nada las derriba,
de manera que se tornan agentes de destrucción. ¿El sentido
común es realmente tan sin importancia que la gente puede
pisotearlo así? Aun ahora su único pensamiento es la apresurada reparación de los agujeros hechos por el torrente. En lo
73
PAUL
GAUGUIN
que respecta a los puentes: ¿dónde está el dinero? La eterna
pregunta: "¿Dónde está el dinero?”
¡Si nos dejan a nosotros, simples colonos, manejar
nuestros propios asuntos y emplear en trabajos útiles el dinero que tenemos, en lugar de mantener a todos estos funcionarios indolentes y mediocres! Entonces verían lo que puede
llegar a ser una pequeña colonia, quiero decir una pequeña
colonia como ésta de las Marquesas.
Mi choza ha resistido, y lentamente trataremos de reparar el daño sufrido.
¿Pero cuando llegue la próxima crecida?
*
El Journal des Voyages y la geografía del Eliseo Reclus
nos han dado una autorizada descripción de las Marquesas,
con sus costas inaccesibles y sus montañas de granito de
empinadas laderas. No hay nada que yo quiera agregar, de mi
propia invención; no sería científico.
Quiero hablaros de los habitantes de las Marquesas, lo
cual será bastante difícil hoy en día. No hay nada pintoresco
en qué husmear. Aun el idioma está ahora arruinado por
palabras francesas mal pronunciadas: un cheval (Chevalé), un
verre (vena), etc.
En Europa no parecemos sospechar que existe un arte
decorativo muy avanzado tanto entre los maoríes de Nueva
Zelandia como entre los de las Marquesas. Nuestros refinados críticos se equivocan cuando toman todo esto por arte
papú.
74
DIARIO
INTIMO
En las Marquesas especialmente hay un sentido sin paralelo de la decoración. Dadle a un nativo un tema, incluso
de la forma geométrica más torpe, y logrará mantener el
conjunto armonioso, sin dejar desagradables o incongruentes
espacios en blanco. La base es el cuerpo humano o la cara,
especialmente la cara. Uno se admira de encontrar una cara
donde se pensaba que no había nada sino una extraña figura
geométrica. Siempre la misma cosa, y sin embargo no es
nunca la misma cosa.
Hoy en día, aun a precio de oro, ya no podríais encontrar ninguno de esos hermosos objetos de hueso, de roca o
de palo hacha que acostumbraban hacer. La policía los ha
robado todos y los ha vendido a coleccionistas aficionados;
sin embargo, la Administración no ha soñado nunca, ni por
un instante, en fundar un museo en Tahití, como pudo haberlo hecho tan fácilmente, para todo este arte de Oceanía.
En esos pueblos que se consideran a sí mismos ilustrados, nadie ha sospechado ni por un momento el valor de los
artistas de las Marquesas. No hay esposa de ninguno de los
oficiales de más inferior categoría que no exclame a su vista:
"Es horrible. Es salvajismo".
¡Salvajismo! Sus bocas están llenas de él.
Maritornes de pies a cabeza, con su elegancia en retiro
forzoso, caderas vulgares, corsés destartalados, codos que os
amenazan o que parecen salchichas, bastan para arruinar
cualquier fiesta en este país. Pero son blancas; i y sus estómagos sobresalen!
La población que no es blanca es realmente elegante.
Nuestro refinado crítico se equivoca de medio a medio
75
PAUL
GAUGUIN
cuando dice, desdeñosamente: "¡Negras!" A menos que sea
yo quien se equivoca en la forma en que las describo, y que
las dibujo también. Una persona dice que son papús, otra
que son negras. Es suficiente para hacerme dudar seriamente
des¡ soy realmente un artista.
¡Loti, gracias a Dios, las encuentra encantadoras!
Establezcamos, por de pronto, cuál debe ser en mi opinión la designación de esta rara, y llamémosla raza maorí,
dejando que algún otro, más tarde, alguien más o menos
fotográfico, la describa y pinte con un arte más civilizado y
literal.
Digo con premeditación "realmente elegante". Todas las
mujeres hacen sus propios vestidos y son rivales para cualquier sombrerera de París en lo de tejer y adornar sus sombreros; preparan ramos de flores con todo el gusto del
bulevar de la Madeleire. Sus cuerpos, hermosos y sin impedimentos, ondulan graciosamente bajo la camisa de encaje y
muselina. De sus mangas salen manos que son esencialmente
aristocráticas, y sus pies descalzos, anchos y pesados, nos
chocan durante un tiempo; luego son los zapatos los que nos
chocan. Otra cosa de las Marquesas que choca a los mojigatos es que estas niñas fumen en pipa, que es sin duda la pipa
de los indios para los que ven salvajismo en todo.
De cualquier manera que sea, a pesar de todo y no obstante todo, la mujer maorí, aun si quisiera serlo, no podría
ser maritornes o ridícula, pues tiene en sí el sentido de la
belleza decorativa que luego de estudiarlo he llegado a admirar en el arte de las Marquesas. Pero ¿es eso todo? ¿No hay
nada en una hermosa boca que, cuando sonríe, revela dientes
76
DIARIO
INTIMO
que son igualmente hermosos? ¡,Negras éstas? ¡Vamos! iY
ese hermoso pecho con sus rosados pimpollos tan rebeldes
contra el corsé!
Lo que distingue a la mujer maorí de todas las otras
mujeres, y hace que a menudo se la confunda con un hombre, es la proporción del cuerpo. Una Diana cazadora, con
anchos hombros y caderas estrechas. Por más delgados que
sean los brazos de estas mujeres, la huesosa estructura es
moderada; es de líneas flexibles y hermosas. ¡.Habéis observado alguna vez en un baile a las niñas de Occidente, enguantadas hasta el codo, con sus delgados brazos, sus codos
puntiagudos, excesivamente puntiagudos -feos, en una palabra-, el antebrazo más largo que el brazo? He mencionado a
propósito a la mujer occidental, porque el brazo de la mujer
maorí es similar al de todas las mujeres orientales, aunque
más ancho. ¿Habéis notado también en el teatro las piernas
de las bailarinas, esos enormes muslos (precisamente los
muslos), con rodillas enormes y hacia adentro? Proviene esto
probablemente de un exagerado desarrollo de los cóndilos
del fémur. En la mujer oriental, y especialmente en la maorí,
la pierna, desde la cadera hasta el pie, ofrece53 una hermosa
línea recta. La cadera es muy pesada, pero no ancha, lo que
la hace redonda y evita ese ensanche que da a tantas mujeres
de nuestro país la apariencia de un par de tenazas.
Su piel, por supuesto, es de un amarillo dorado, que es
feo en algunas de ellas, ¿pero es tan feo en el resto, especialmente cuando están desnudas y cuando se las tiene por
casi nada? Una cosa, sin embargo, me molesta en las mujeres
de las Marquesas, y es su gusto exagerado por los perfumes.
77
PAUL
GAUGUIN
Los comerciantes les venden un terrible perfume hecho de
almizcle y pachuli. Cuando están reunidas en la iglesia, todos
esos perfumes se vuelven insoportables.
Pero de nuevo aquí la culpa es de los europeos.
En lo que respecta al agua de Lavanda, nunca la oleréis,
pues los nativos - a quienes nos está prohibido venderles una
gota de alcohol - la beben ni bien pueden ponerle las manos
encima.
Volvamos al arte de las Marquesas. Gracias a los misioneros, este arte ha desaparecido. Los misioneros han considerado que la escultura y las decoraciones eran fetichismo y
ofensivas al Dios de los cristianos.
Esta es la historia, y el desgraciado pueblo se ha sometido.
Desde su misma cuna la nueva generación canta los
cánticos en un francés incomprensible, recita el catecismo, y
luego... nada... como comprenderéis.
Si una niña recoge algunas flores, hace artísticamente
una corona y se la pone en la cabeza ¡su reverencia monta en
cólera!
El nativo de las Marquesas será incapaz dentro de poco
de subir a un cocotero, incapaz de trepar a las montañas en
busca de bananas silvestres tan nutritivas para él. La criatura
a la que se tiene siempre en la escuela, privada de ejercicios
físicos, con el cuerpo siempre cubierto de vestidos (por razones de decencia) se torna delicada e incapaz de soportar
una noche en las montañas. Están comenzando a usar zapatos y sus pies, que son tan tiernos ahora, no pueden correr
sobre los duros senderos y pasar, sobre las piedras, los to78
DIARIO
INTIMO
rrentes. Así estamos presenciando el espectáculo de la extinción de la raza, una gran parte de la cual es tuberculosa, con
entrañas estériles y ovarios destruidos por el mercurio.
La vista de esto me conduce a pensar, o más bien a soñar, en el tiempo en que todo estaba absorto, entumecido,
postrado en el sueño del principio elemental, en germen.
Principios invisibles, indeterminados, indistinguibles en
esa época, todos en la primera inercia de su virtualidad, sin
un acto perceptible o de percepción, sin realidad o cohesión
activa o pasiva, poseyendo sólo una característica evidente, la
de la naturaleza misma, entera, sin vida, sin expresión, en
solución, reducida a la vacuidad, sumida en la inmensidad del
espacio. Este, sin forma alguna, como si estuviera vacío y
penetrado hasta lo más recóndito por la noche y el silencio,
debe de haber sido un vacío sin nombre: era el caos, la nada
prístina, no del Ser, sino de la vida, que luego sería llamada
imperio de la muerte, cuando la vida, por ella producida, a
ella vuelve.
Y mi sueño, con la intrepidez de lo inconsciente, resuelve muchos problemas que mi entendimiento no se atreve a
encarar. De repente estoy sobre la tierra, y en medio de extraños animales veo seres que pudieran muy bien ser hombres, aunque apenas si se parecen a nosotros. Me aproximo
sin miedo; me miran vagamente, sin sorpresa. Junto a ellos
un mono parecería, con mucho, superior.
Extraigo una moneda de mi bolsillo y se la doy a uno de
ellos. Es la cosa más inteligente que pienso puedo hacer en
ese momento. La agarra, se la lleva a la boca, luego, sin enojo, la tira lejos. ¿Ha pensado? No me atrevo a esperarlo.
79
PAUL
GAUGUIN
De vez en cuando salen de su garganta, como de una
caverna, sonidos roncos.
Y en mi sueño un ángel de alas blancas viene hacia mí,
sonriendo; detrás, un anciano que tiene en su mano un reloj
de arena.
"Es innecesario hacerme preguntas", dice, "comprendo
tu pensamiento. Debes saber que estos seres son hombres
tales como tú lo fuiste en otro tiempo, antes de que Dios
comenzara a crearte. Pide a este anciano que te conduzca
más tarde al Infinito, y verás lo que Dios quiere hacer contigo y aprenderás que hoy estás lejos de tu consumación. ¿Cuál sería la obra del Creador si fuera hecha toda en un día?
Dios nunca descansa".
*
El anciano se desvanece y yo, despertando, elevo mis
ojos hacia el cielo y veo el ángel de alas blancas subiendo
hacia las estrellas. Sus largos y rubios cabellos dejan en el
firmamento una como estela de luz.
Permitidme que os hable de un cliché que existe aquí y
que me irrita profundamente: "Los maoríes vienen de Malasia".
"Pero qué os hace pensar así?", exclamáis.
No hay razón, es el cliché. No tratéis de resistirle, aunque seáis un pintor observador; os anonadarán.
De los que no han oído este cliché, algunos dicen: "Son
papús", y otros: "Son negros".
¿En qué época ocurrió el Diluvio? Sólo la Biblia se ha
atrevido a hacer una declaración categórica.
80
DIARIO
INTIMO
Las aguas se retiraron de las más altas montañas; nuestra
bella Francia surgió del mar.
Las aguas del otro hemisferio sumergían a Oceanía.
¿A quién le importa? Sólo Malasia ha producido hombres. ¿Producir hombres la vieja tierra de Oceanía? ¡Qué
idea! ¿En qué época comenzaron a existir los hombres en
nuestro planeta?
Qué importa, si os digo que sólo Malasia...
¿En qué época adquirió el pensamiento, liberado de su
animalidad, algunos de sus elementos rudimentarios, dando
en consecuencia comienzo al lenguaje, cuyos primeros componentes fueron los primeros sonidos que salieron de una
garganta?
Cuando se piensa en ello ¿no hay razones para suponer
que las primeras formas del pensamiento eran idénticas, o
casi idénticas, a las primeras formas de lenguaje? No hay
nada extraordinario, entonces, en el hecho de que todos los
asnos del mundo dejen oír la misma tonada. No hay nada
extraordinario en el hecho de que más tarde, mucho más
tarde, se encuentren en Malasia, así como en Oceanía, en
Africa, etc., las pocas palabras genéricas que era capaz de
articular la garganta de los seres primitivos, y la misma manera de pensar. Al principio, en todos los pueblos, lo que el
hombre veía, tocaba y olía formaban sus pensamientos. Luego vino el deseo de tomar la mano como designación del yo,
y del medio de agarrar. De ahí esa palabra rima o lima, que
significa mano y que se encuentra en todas las lenguas, en
Malasia y en cualquier parte, más o menos transformada en
su pronunciación. ¿No se le parece la palabra latina rama? Lo
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PAUL
GAUGUIN
mismo es cierto para el número S, que representa una mano,
y para el 10, que representa dos manos. En todos los tiempos conocidos, los salvajes han usado los brazos extendidos
para medir, y también el pie.
Como en La Caria Robada, de Edgar Allan Poe, nuestra
inteligencia moderna, perdida como está en los detalles del
análisis, no puede percibir lo que es demasiado simple y demasiado visible. Como dice la Biblia, la mente del hombre
asciende al cielo y desciende de nuevo a los abismos, pero no
podemos ver tan bajo y, a pesar de todas nuestras búsquedas, somos incapaces de percibir el modo de pensar de los
animales; como las golondrinas, por ejemplo, se las ingenian
para volver al lugar de su nacimiento. Con sonidos o con sus
colas los perros expresan sus sentimientos. Salimos de la
dificultad mediante el cliché: instinto. Este problema del
lenguaje ha sido una de las principales causas de la adopción
del cliché malayo-maorí.
Es mejor no saber que saber equivocadamente.
Y sostendré que para mí los maoríes no son malayos,
papús ni negros.
*
Cuando llegáis a las Marquesas os decís, viendo esos
tatuajes con que se cubren la cara y todo el cuerpo: "Estos
individuos son terribles, y, además, han sido caníbales".
Estáis completamente equivocados.
El nativo de las Marquesas no es de manera alguna un
individuo terrible; por el contrario, es un hombre inteligente
82
DIARIO
INTIMO
y completamente incapaz de tramar algo malo. De tan amable que es resulta casi tonto, y es temeroso de todos los que
tienen autoridad. La gente dice que ha sido antropófago,
figurándose que esto ha terminado, lo que es un error. Lo es
todavía, pero sin ferocidad; le gusta la carne humana como al
ruso le gusta el caviar, como al cosaco le gusta una vela de
sebo. Preguntad a un anciano adormecido si le interesa la
carne humana; completamente despierto -una vez siquieracon los ojos relucientes, os responderá con infinita amabilidad: "¡Oh, qué rica es!”
Naturalmente son unas pocas excepciones; excepcionales como son, inspiran un gran terror a todos los otros.
A propósito del viejo padre Orans, que murió hace poco tiempo, puedo contaros un cuento que quizás os interese.
El padre Orans, el misionero, cuando era joven, seguía cierta
vez alegremente una senda que conducía a un distrito donde
tenía algún negocio, cuando se dio cuenta de que era rastreado por una cantidad de individuos de mal57 aspecto (las
excepciones de que acabo de hablar), quienes habían decidido que el misionero estaba justo a punto para ser consumido. Estaban preparándose para ejecutar su plan cuando el
padre Orans, que tenía un oído muy agudo, se dio vuelta de
repente y con la mayor compostura les preguntó qué querían. Uno de ellos, muy atemorizado, le preguntó si tenía
algún fósforo, a fin de poder encender su pipa. El misionero
sacó de su bolsillo un ancho lente y encendió con él el borde
de su sotana. Atónitos ante el poder del hombre blanco,
hicieron una respetuosa reverencia, pero el lente pasó a ser
propiedad del nativo.
83
PAUL
GAUGUIN
Otro cuento, éste mucho más reciente:
Un joven norteamericano, fascinado sin duda por las
mujeres, abandonó su barco y se quedó en las Marquesas. Se
estableció en el distrito de Nívahoa y, forzado por la necesidad, trató de dedicarse al comercio en pequeña escala.
Un día tuvo la infortunada idea de regresar de Atuana
con su bolsa de piastras sujeta. bien a la vista en la perilla de
su montura. Caía la noche: desapareció.
En seguida recayeron las sospechas sobre un chino; el
gendarme -mala persona, como todos ellos- dijo que era éste,
y eso bastó.
Tres meses más tarde, es decir, luego que hubieron llegado tres correos, la Corte regresó a Sapeete con el chino y
varios testigos. Naturalmente, el chino fue absuelto de inmediato.
Esta palabra "naturalmente" exige una explicación. En
las Marquesas es la regla, cuando se comete un crimen. El
gendarme hace su averiguación, con su cabeza en la arena y
siempre en la pista equivocada, a pesar de la información que
le dan los hombres inteligentes de la vecindad. Los magistrados policiales llegan mucho después, y su opinión en seguida
coincide con la del gendarme. Demasiada minuciosidad es
indeseable en las Marquesas.
Los nativos están acostumbrados a basar su conducta en
el terror que les inspiran los malvados. Cualquier persona
que no se atenga a esta regla sería condenada a muerte de
inmediato. Cuando se comete un crimen todos saben acerca
de él; pero ante el tribunal nadie sabe nada.
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DIARIO
INTIMO
Los testigos embrollan sus respuestas con oscuridades.
Su lenguaje -siempre mal interpretado- les da toda clase de
facilidades para hacerlo. Son capaces de atenuar todas las
contradicciones con notable inteligencia c imperturbable
compostura.
"Pero ¿por qué dijo usted una cosa hace un momento y
todo lo contrario ahora?”
"Es porque el tribunal me atemoriza, y cuando estoy
atemorizado no sé lo que digo".
Si son dos, se acusan recíprocamente, y cada uno invariablemente contesta: "Acuso al otro hombre porque de lo
contrario el juez dirá que soy yo".
Recuerdo esta muestra de ingenuidad de parte de un
juez que presidía en el tribunal de Papeete:
"Intérprete, dígale a este hombre que contesta muy inteligentemente a todas mis preguntas. ¿Es porque ha pensado todas mis preguntas antes de oírlas?”
Respuesta: "Este hombre dice que él no sabe por qué se
le pregunta eso y que él responde lo mejor que puede".
Volvamos a nuestro chino. Era claro para todos lo que
conocían las costumbres de los nativos y reflexionaban, que
el chino no podía haber cometido solo este crimen y, especialmente, hacer desaparecer el cuerpo, a pesar de la proximidad del mar. Un chino es demasiado inteligente para eso,
pues sabe (quizás los dioses maoríes ven todo lo que ocurre)
que nada puede hacerse sin que lo sepan los nativos y que,
en consecuencia, él -un extranjero- sería inmediatamente
denunciado.
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PAUL
GAUGUIN
Era claro, por lo tanto, que el chino tenía cómplices, especialmente porque el amante de una de sus hijas era conocido como una de las malas y criminales excepciones. Pero el
sargento de policía no quería saber nada.
Esto fue lo que ocurrió, según la información que se me
dio, como a todos. Concuerdan, excepto en un punto: la
hora y el lugar en que se cometió el crimen. Hay diferentes
versiones de esto, pero sospecho que son contradicciones
deliberadas.
Tan pronto como la víctima llegó al distrito cercano a su
choza se observó la famosa bolsa de piastras, y nuestro joven
norteamericano, vigoroso y resuelto, confiado como lo son
generalmente los jóvenes, no se tomó la molestia de ocultarla.
Nuestro joven norteamericano fue muerto de un vigoroso garrotazo en el cuello, justamente como lo habría hecho
la guillotina. Hubo dos en el asunto: el chino y su yerno.
Comenzaron a reñir por el reparto de las piastras.
Luego el yerno y otros dos nativos se abandonaron a su
glotonería. El norteamericano fue comido.
Paso por alto muchos detalles que no tienen importancia en esta narración.
Aquí el lector me hará una pregunta que responderé en
seguida.
¿Por qué, ahora que se conocen todos estos hechos, no
se hacen cargos de nuevo contra los cómplices?
Porque habría un silencio inmediato; y todo esto -bien
atestiguado por el chisme - se tornaría en una fábula, inventada para divertir a los crédulos europeos.
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DIARIO
INTIMO
Como sabemos, la lengua nativa de las Marquesas dista
mucho de ser rica. El resultado es que el nativo se entrena en
el hábil uso de la paráfrasis. Así, por ejemplo, cuando el gendarme aparece, evidentemente en busca de información,
siguen hablando sin dar señas de turbación. Uno de ellos
dice: "Pienso que la luna estará muy brillante, de manera que
no vamos a atrapar ningún pez". Esto significa: "Debemos
estar en guardia y mantener las cosas a oscuras; debemos
tener cuidado del brillo de la luna".
Los europeos no pueden deducir nada de ello, y aunque
pudieran no estarían seguros.
*
En Oceanía una mujer dice: "No sé si lo quiero, pues no
he dormido con él todavía". La posesión da el título.
En Europa una mujer dice: "Lo amaba; después que me
acosté con él, no lo quiero más". O: "Sólo lo amo cuando
está conmigo".
Si diez. minutos antes de su casamiento una mujer no
está aún dispuesta a entregarse, podéis estar seguros de que
se está vendiendo.
¿Le falta confianza a ella? Entonces es vuestro turno para desconfiar.
Una mujer rica engendra un niño con su sirviente; ¡un
hombre más que abandona su criatura! ¡Pobre mujer! ¿Tan
mal andan las cosas? ¡Pero el sirviente dice que es él quién ha
sido abandonado!
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PAUL
GAUGUIN
Una mujer tonta dice que no quiere casarse porque desea tener a su criatura para ella sola. El egoísmo del amor
maternal.
Es fácil decir: "Esto es mío". Pero cuánto más cuesta
decir: "Esto es nuestro".
Pregunta: "¡Cómo! ¡.Usted vio a alguien que se ahogaba
y no lo ayudó?”
Respuesta: "¡pero si no me lo pidió!”
*
¡Máximas! No son practicables, están destinadas a la
conversación y para dar a alguien la oportunidad de decir:
"¡Hola, he aquí a un filósofo!”
*
Saber dar: eso es bueno,
Saber recibir: es todavía mejor,
¡Ah, la vanidad del dinero!...
Tener voluntad es querer tenerla.
*
Dicen: "Tal el padre, tal el hijo". Los hijos no son responsables por las faltas de sus padres. No tengo un céntimo;
es culpa de mi padre.
La canción dice: "Si mi padre es un cornudo, es porque
mi madre así lo quiso".
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DIARIO
INTIMO
*
Algunos de estos proverbios morales se dan maña para
evitar tener un contenido moral.
Permitidme que os hable por un momento de Bretaña.
De Oceanía a Bretaña no hay mucha distancia cuando se
está en calma y se tiene la pluma en la mano; nuestra fantasía
vaga. ¡,Por qué no? Además, nada ocurre por casualidad.
Un diario que estoy hojeando me habla de ciertos hombres que con Dérouléde acaban de descubrir el verdadero y
patriótico republicanismo. Entre ellos está cierto nombre
que trae a mi memoria a un melancólico individuo a quien
conocimos en Pont-Aven. Es por cierto el mismo Marcel H.
Este caballero, de apariencia muy distinguida, acostumbraba palmear a su esposa en el hombro como para decirnos: "¡He aquí un lindo trozo de carne para vosotros!" En
efecto, ella era carne, nada más que carne.
Y su pequeño ojo de cerdo humano, agregaba: "Esta
carne es mía, sólo mía".
Durante la primera semana fue regularmente a recibir el
coche que traía el correo y preguntaba: "¿Hay un paquete
para mí?”
Todos teníamos mucha curiosidad y deseábamos saber
qué podía ser ese paquete.
Llegó el famoso paquete.
A partir de la mañana siguiente vimos a nuestro Maree¡
H. instalado junto al río que serpentea a través de la propiedad de David, el molinero, con una gran tela ante sí en el
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PAUL
GAUGUIN
caballete, y mas lejos, sobre un soberbio canto rodado, el
famoso paquete, un enorme cisne disecado. Nuestro caballero estaba haciendo su cuadro para el próximo Salón (una
Leda).
El hermoso pedazo de carne, a quien conocemos ", ya
había sido pintado -sin cabeza- en París. Sólo restaba pintar
el cisne.
Sentada junto a él, pero vestida y con su cabeza puesta,
el hermoso pedazo de carne zurcía un par de medias.
"Para el blanco del cisne", dice, “utilizo sólo blanco de
zinc; para el lindo pedazo de carne utilizo laca de betún”.
En la mesa común, de la fonda, dirigiéndose al hombre
que estaba sentado a su lado, un pintor impresionista, dijo:
"Sabe usted, Manet hace un bosquejo por día, y cuando encuentra uno que le parece bien lo envía al Salón. Y entonces
es trabajo de pura imaginación".
AL llegar el mes de setiembre, dijo: "Estoy obligado a
regresar a París, pues ésta es la época en que llega mi negociante; exporta cuadros a las islas Guaneras.
*
Bocetos japoneses, impresos de Hokusai, litografías de
Daumier, crueles observaciones de Forain, reunidos en el
álbum, no por casualidad sino con premeditación, por mi
propia voluntad. Entre ellos estoy disfrutando de la fotografía de un cuadro de Giotto. Porque parecen tan diferentes
quiero demostrar sus vínculos de relación.
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DIARIO
INTIMO
En este guerrero de Hokusai, el San Miguel de Rafael se
ha vuelto japonés. En otro dibujo suyo, se encuentran él y
Miguel Angel. Miguel Angel (¡el gran caricaturista!) estrecha
la mano de Rembrandt.
Hokusai dibuja libremente. Dibujar libremente no es
mentirse a sí mismo.
En esta pequeña exhibición Giotto representa el papel
principal.
La Magdalena y su acompañamiento llegan a Marsella
en una barca, si el corte de una calabaza puede representar
una barca. Los preceden ángeles con las alas extendidas. No
puede establecerse relación posible entre estas personas y la
diminuta torre en la que están haciendo su entrada hombres
también diminutos.
Estos personajes en la barca, que parecen como cortados en madera, a pesar de ser inmensos deben de ser muy
livianos ya que la barca no se hunde. Entretanto, en primer
plano, una figura vestida, mucho más pequeña, se mantiene
de la manera más improbable sobre una roca, no sé por qué
maravillosa ley de equilibrio.
En estas telas lo he visto a El, siempre el mismo El, el
hombre moderno, que razona sus emociones como razona
las leyes de la naturaleza, sonriendo con esa sonrisa de hombre satisfecho y diciéndome: "¿Entiendes eso?”
Ciertamente, en este cuadro, las leyes de la belleza no
residen en las verdades de la naturaleza. Mirad a otra parte.
En esta maravillosa tela no se puede negar una inmensa fecundidad de concepción. ¿Qué importa si la concepción es
natural o no? En ella veo una ternura y un amor que juntos
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PAUL
GAUGUIN
son divinos. Me gustaría pasar la vida en tan honesta compañía.
Giotto tenía algunos hijos muy feos. Como alguien le
preguntara por qué en sus cuadros hacía tan adorables rostros c hijos tan feos en su vida, contestó: "Mis hijos son trabajo nocturno... mis cuadros son trabajo diurno".
¿Comprendió Giotto las leyes de la perspectiva? No
tengo deseos de saberlo. El procedimiento que engendró su
obra es suyo y no mío; considerémonos felices si podemos
disfrutar de su trabajo.
Converso con los maestros; su ejemplo me fortifica.
Cuando estoy tentado de pecar, me sonrojo ante ellos.
Tres caricaturistas:
Gavarni bromea elegantemente.
Daumier esculpe ironía.
Forain destila venganza.
*
Tres clases de amor: amor moral, amor físico, amor manual. ¡Moral, Libertinaje, Prudencia!
*
Al hombre que no ha triunfado le decimos: "Cometió
usted un error".
Al que ha perdido a la lotería: "Tuvo usted mala suerte".
92
DIARIO
INTIMO
*
Cuando se tienen veinte años hay dos cosas difíciles de
hacer: elegir una carrera, elegir una esposa. Todas las carreras
son buenas, pero uno no puede decir: "Todas las mujeres
son buenas".
*
Anomalías. De todos los animales, el hombre es ciertamente el menos lógico, el que menos sabe lo que quiere hacer y el que comete las mayores locuras. ¡.Por qué es así, sino
porque sabe cómo razonar mejor? Esto debiera darnos materia para pensar en la importancia del razonamiento y de la
educación.
Sin ser un Buffon se debe estar capacitado para hacer
unas pocas observaciones. Todos los días, a la hora de la
comida, no pocos gatos se invitan a mi casa y los honro regularmente con abundancia de arroz y salsa.
Son todos casi salvajes. Quieren su ración, sin caricia alguna, excepto miradas. Una gata, la única que es lo bastante
civilizada como para que yo no pueda salir al camino sin que
ella me siga de cerca, es feroz en todo sentido, egoísta, celosa. Es la única que gruñe mientras come. Todos le tienen
miedo, aun los machos a menos que ocurra que se aficione a
uno de ellos. Pero aun entonces muerde y araña. El macho
se somete a los golpes, inclinándose ante esta hembra que
representa tan bien el papel de amo.
93
PAUL
GAUGUIN
Todos los animales domesticados se tornan estúpidos,
apenas si saben cómo encontrar su propio alimento, son
incapaces de buscar las sustancias que los curan. Los perros,
que terminan por tener malas digestiones, son culpables de
indecencias que conocen, pero no sospechan que huelen
mal.
*
Estuve cierta vez en la rada de Río de Janeiro, como
aprendiz de piloto. El calor era extremo; todos estaban dormidos en cubierta, algunos en la proa, otros en la popa. El
pequeño camarero de los oficiales soñaba demasiado violentamente, y, también demasiado violentamente, cayó al
agua. "¡Hombre al agua!" Todos despertaron y observaron
estúpidamente al niño que era arrastrado por la corriente
hacia la popa del buque. Un marinero negro gritó: "¡Jesús, se
va a ahogar!" Luego, sin pensarlo, se arrojó al mar y llevó al
pequeño camarero a la escalera de popa.
*
Tened cuidado de esas almas puras, y si hacéis de alguien un cornudo, no vigiléis al marido sino a vuestra bolsa.
*
Con intención, más bien por malicia premeditada que
por instinto, escribo a veces un poco obscenamente. Es por94
DIARIO
INTIMO
que quiero impedir que esta miscelánea sea leída por mojigatos, esos insoportables mojigatos que no saben cómo vestirse si no es con una librea.
*
"Usted comprende, amigo mío, que no puedo llevar a
mi legítima esposa a esas recepciones suyas en las que aparece su amante".
Cuando la señora está presente (ella es una mujer honesta porque está casada), todos se comportan de la mejor
manera. Cuando termina la reunión y todos van a sus casas,
nuestra honesta señora, que ha bostezado durante la noche
entera, cesa de bostezar y dice a su marido: "Hablemos de
porquerías antes de hacer aquello". Y el65 marido dice: "No
hagamos nada, hablemos. He comido demasiado esta noche".
*
Una joven virgen, que ha terminado brillantemente su
doctorado en medicina, no se atreve a especializarse en enfermedades secretas, y habla del señor Pene sonrojándose.
A propósito del señor Pene, es digno de hacer notar que
hoy, cuando está de moda enviar a los estudios a niñas puras
a estudiar pintura con los hombres, todas estas vírgenes dibujan el modelo masculino desnudo con el mayor cuidado, al
señor Pene con mayor precisión que el rostro. Cuando
abandonan el estudio, estas jóvenes vírgenes, extranjeras en
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GAUGUIN
su mayoría y siempre respetables, con sus modestos ojos
ligeramente bajos, echando un vistazo a través de sus pestañas, van a Lesbos para consolarse. Una curiosa anomalía.
Recuerdo a una de ellas, una chica escocesa muy bonita
que acostumbraba tomar sus comidas en una pequeña lechería frecuentada por artistas. Un buen día apareció una insípida chica belga, cuyo chato corsé parecía un peto. Nuestra
chica escocesa fue a sentarse a su lado y con una cantidad de
sonrisas tontas la interrogó acerca de su llegada a París, qué
planeaba hacer y si iban a tener el placer de verla en el estudio. Y, con los ojos muy agitados y las mejillas sonrojadas,
agregó: "Ven a verme". La belga del peto contestó secamente: "Gracias". ¡Cómo se rió de esto la famosa Minna!
El gran erudito, el famoso misógino, temblaba ante ella.
Hay misóginos que son misóginos porque aman demasiado a
las mujeres, y tiemblan ante ellas...
Yo amo a las mujeres, también, como sabéis, cuando
son gordas y viciosas; pero no soy un misógino y no tiemblo
ante ellas. Mi único miedo, en tales casos, es no tener un
céntimo en el bolsillo. ¿Por qué iba yo a preocuparme por
ésta antes que por otra? Infortunadamente, soy yo, y no las
mujeres, quien dice: "No hay nada que hacer". En tanto el
cerebro es fuerte, ¡,qué importa el señor Pene?
Carta de Paul Louis Courier:
"Piense, señora, en lo que le dije ayer, y téngame un poco en cuenta. Acepto que la cosa en sí sea indiferente para
usted, ¿pero el placer de dar placer, es cosa de nada? ¡Vamos,
entre nosotros, sé que eso no le da a usted ni frío ni calor, no
la beneficia ni la perjudica, no le ocasiona placer ni pena,
96
DIARIO
INTIMO
pero esa es una linda razón para decir que no cuando se le
ruega! ¡Uf!, ¿no se avergüenza usted de hacer que alguien le
pida dos veces cosas que cuestan tan poco, como dice
Gaussin, y por las cuales, después de todo, usted no siente
repugnancia?”
Otra carta (un pasaje solamente).
"Abre la puerta sin verme; un paso y un salto y allí estoy
yo adentro de ella. Una viva disputa, una escena teatral. Desea echarme; me quedo. Está desesperada; me río: "Piange,
prega, ma in vano ogni parola sparse”
"Salvar podía venir, estaba viniendo a decir verdad; era
la hora, el peligro aumentaba a cada instante. Sin ninguna
delicadeza, sin lenguaje florido, le dije el precio que ponía a
mi retirada: "Dunque, fa presto", dijo ella. Presto. Le hice y
me fui. Desde entonces puedo hacer lo que quiero con ella,
pues está a mi merced; podría incluso traicionarla. Un pelafustán como tú, seguramente lo haría. Pero como sabes, no
me tomo el trabajo de imitarte. La veo, le hablo como antes;
el mismo tono, los mismos modales".
¡Qué vergüenza, señor Courier!, me gusta más la otra
carta.
En cuanto a mí, si una mujer me dice: "Apresúrate", o
me pide 5 francos más, habría terminado conmigo.
Catalina la Grande, Catalina de Rusia, no tenía sino un
deseo sin satisfacer; deseaba que hubiera un simple soldado,
fuerte y buen mozo, apasionado y lo bastante intrépido como para penetrar en sus aposentos y violarla.
En vista de ello, su amante, su gran favorito, buscó y
encontró al buen mozo en el ejército y le dijo: "He aquí una
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PAUL
GAUGUIN
llavecita que abrirá la puerta de los aposentos de Catalina.
Entra y viólala tan ruda y violentamente como puedas. Si lo
haces, serás premiado; si no, recibirás cien azotes con el
knut.
Catalina disfrutó del mayor de los placeres.
Un buen día, el favorito le confesó su duplicidad. Fue
asesinado (por orden de Catalina). ¿Hay algo de extraño en
esto? ¿No fue bárbaramente estúpido el favorito?
El autor agrega esta reflexión a su relato: "¿Es realmente
posible llamar grande a tal mujer?”
¡Autor estúpido! Yo diría que fue grande. Y precisamente por esto.
*
Los chinos están en un reducto, protegidos por bambúes grandes y puntiagudos.
Son asaltados por un batallón francés que no ha esperado encontrar tanta resistencia y es obligado a retirarse, casi
presa del pánico. El sargento abanderado queda solo, clava
su bandera en tierra y, medio muerto de miedo, se esconde
entre los bambúes.
El batallón vuelve a la ofensiva, en vista de lo cual
nuestro sargento abanderado, siempre a su cabeza, llega al
reducto. En vista de lo cual, también, el gobierno le otorga la
cruz, la famosa cruz. En vista de lo cual, también, todos dicen: "¡Era un valiente, ese tipo!”
*
98
DIARIO
INTIMO
Uno de los maestros suplentes de mi escuela, el abuelo
Baudoin, era un granadero que había sobrevivido después de
Waterloo. Tenía mucha habilidad para colorear pipas. En el
dormitorio solíamos levantar nuestras camisas y decir irrespetuosamente: "¡Atención! ¡Presentes armas!" Y el viejo, con
una lágrima en sus ojos, comenzaba a pensar en el gran Napoleón. El gran Napoleón sabía cómo hacerlos morir; sabía
también cómo hacerlos vivir. "No quedan soldados", solía
decir el abuelo Baudoin. En nuestros estudios él era la criatura y nosotros éramos los hombres. Uno de los niños dijo:
"Seré un Mirabeau"; llegó a ser un Gambetta. Yo dije: "¡Seré
un Marat!"... ¡,Sabe alguien realmente lo que llegará a ser?
*
En Taravao el viejo Lucas le dice a su esposa: "Lillia, sé
amable con el gobernador cuando venga; nuestras vacaciones dependen de eso".
Y el misionero, encantado, dice orgullosamente: "Fuimos nosotros quienes hicimos casar al viejo Lucas". No había tratante de blancas que quisiera tenerla. Este juicio fue
emitido por Manet cuando alguien le reprochó haber hecho
un retrato de la Pertinset. En todas las esferas existen los que
sobreviven y los que fracasan.
*
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Tres barcos balleneros han estado durante algún tiempo
en nuestras aguas y los gendarmes se encuentran todos en la
costa. ¿Por qué tanta excitación, por qué ese hosco enojo?
"¡Balleneros!... ¡Balleneros!...”
¿Qué demonios significa todo esto? ¿Traen mala suerte
los balleneros? ¿Traen el cólera consigo, o alguna plaga de
ballenas que pueda tornarse plaga humana? Todo lo que sé
es que los gendarmes me dicen: "¡Señor, los balleneros son
una peste!”
"Vamos a echar una mirada", dice uno de ellos. "Veamos qué pasa", dice otro. Y ambos comienzan a contar
cuentos. Yo también os contaré un cuento, pero os contaré
el verdadero.
Pues bien; es costumbre de los balleneros no traer nunca dinero consigo, pues saben perfectamente que el dinero
no puede comerse en el mar y que en tierra hay filósofos que
desprecian el vil metal.
Es así que vienen a las Marquesas, especialmente a
Taoata, imbuidos de esas falsas ideas. Calculan obtener su
provisión de agua y cambiar sus mercaderías baratas y franelas livianas por bananas, carne y otras provisiones.
¡Qué idea! ¡Desembarcar mercaderías que no han pagado derechos!
Los nativos, encantados de cambiar productos de tierra
que no necesitan por cosas que les gustan, no pueden decidirse acerca de si nosotros realmente queremos beneficiarlos
o dañarlos. Pero hay tres o cuatro comerciantes en bacalao,
la canalla y la chusma, que gritan que esto es "competencia
antipatriótica".
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DIARIO
INTIMO
El resultado es que los gendarmes andan sofocados,
mientras cada noche, en todas direcciones, el barco es aligerado de sus mercaderías. Bien abastecido de provisiones,
parte de nuevo. Y la isla de Taoata es más rica en unos pocos productos europeos. ¿Dónde está el daño, y por qué
todos esos clamores? ¿Cuándo se comprenderá qué significa
Humanidad?
*
Varios episodios, muchas reflexiones, unas pocas fantasías han encontrado su camino en estas misceláneas; nadie
sabe de dónde vienen convergiendo y separándose, juegos de
niños, figuras de un calidoscopio. A veces serio, a menudo
chistoso, tan frívolo como la naturaleza quiere. El hombre,
dicen, arrastra tras sí a su doble. Recordamos nuestra infancia, ¿se recuerda el futuro? ¿Memoria de lo anterior; memoria, quizás, del después? No lo sé precisamente. Pero, cuando
decimos: "Habrá buen tiempo mañana", ¿no estamos recordando el pasado, la experiencia que nos hace pensar como lo
hacemos?
Recuerdo haber vivido. También recuerdo no haber vivido. Sin ir más lejos ayer por la noche soñé que estaba
muerto.
Cosa curiosa, esto ocurrió en una época en que en verdad me siento muy feliz.
Los sueños estando despierto son casi lo mismo que los
sueños estando dormido. Los sueños estando dormido son a
menudo más atrevidos, y a veces un poco más lógicos.
101
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GAUGUIN
Permitidme volver a lo que ya os he dicho: esto no es
un libro.
Además, creo que, como yo, vosotros todos sois mucho
menos serios de lo que queréis admitir, y precisamente tan
perversos, algunos más inteligentes, otros menos.
"Lo sabemos bastante bien", diréis. Pero es bueno decirlo de nuevo, decirlo sin cesar, todo el tiempo. Como las
inundaciones, la moral nos abruma, ahoga la libertad por
odio a la fraternidad.
Moralidad religiosa, moralidad patriótica, moralidad del
soldado, del gendarme... El deber de ejercer su cargo, el código militar, partidarios y enemigos de Dreyfus. La moralidad de Drumont, de Dérouléde. La moralidad de la
educación pública, de la censura. La moralidad estética; la
moralidad de la crítica, por cierto. La moralidad del tribunal,
etcétera.
Mi miscelánea no cambiará nada de esto, pero... es un
alivio.
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DIARIO
INTIMO
DEGAS
20 de enero de 1903.
¿Quién conoce a Degas? Decir que nadie, sería una exageración; sólo unos pocos. Quiero decir, conocerlo bien. Es
un desconocido, incluso de nombre, para los millones de
lectores de los diarios. Sólo los pintores admiran a Degas,
muchos porque le temen, el resto porque les inspira respeto.
¿Lo comprenden realmente?
Dogas nació... no sé cuando, pero fue hace tanto tiempo
que él es tan viejo como Matusalén. Digo Matusalén porque
supongo que Matusalén a los cien años debe de haber sido
como un hombre de treinta años en la actualidad. En realidad Degas es siempre joven.
Respeta a Ingres, lo que significa que se respeta a sí
mismo. Su apariencia, con su sombrero de copa en la cabeza,
sus anteojos azules sobre la nariz -no olvidéis el paraguas- es
la de un escribano, un burgués del tiempo de Luis Felipe.
Si hay un hombre al que importa poco parecer un artista, es ciertamente él. Detesta todas las libreas, aun ésta. Es
103
PAUL
GAUGUIN
tan bueno como el oro; sin embargo, refinado como es, la
gente lo cree áspero.
Un joven crítico, que tiene la manía de emitir juicios,
dijo cierta vez, como un augurio pronunciando una sentencia: "Debas es un oso viejo bonachón". ¡Dégas un oso! El,
que en la calle se comporta como un embajador en palacio.
¡Bonachón! Eso es una cosa trivial: es algo más que eso.
Dégas tuvo como sirvienta una vieja holandesa, una reliquia de familia que, a pesar de ello, o quizás debido a ello,
era insoportable. Servía la mesa y el señor nunca hablaba. Un
día, cuando las campanas de Nuestra Señora de Loreto doblaban ensordecedoramente, ella gritó: "¡Nunca doblarán así
por ese Gambetta suyo!”
¡Ah! Sé qué quieren decir con "oso"; Dogas rechaza a
los que lo entrevistan. Los pintores buscan su aprobación,
piden su opinión y él, el oso, el rudo, a fin de evitar decir lo
que piensa, os dice muy amablemente: "Discúlpeme, pero no
puedo ver claramente, mis ojos...”
Por otra parte, no espera a que seáis conocidos. Tiene
un poder de adivinación con los jóvenes y él, que todo lo
sabe, nunca habla de una falta de conocimiento. Se dice a sí
mismo: "Aprenderá más tarde", y a vosotros os dice, como
un buen papá, como lo hizo conmigo en mis comienzos:
"Tiene usted su pie en el estribo".
Nadie que tenga poder lo molesta.
Recuerdo también a Manet, otro a quien nadie molestaba. Cierta vez, viendo un cuadro mío (al comienzo) me dijo
que era muy bueno. Le contesté, por respeto al maestro:
"¡Oh, soy sólo un aficionado!" En aquella época me dedicaba
104
DIARIO
INTIMO
a los negocios como corredor de Bolsa, y estudiaba arte sólo
de noche y en los días libres.
"Oh, no", dijo Manet, "no son aficionados sino los que
hacen cuadros malos". Eso fue dulce para mí.
¿Por qué hoy, cuando miro hacia atrás, en el pasado,
hasta este mismo momento, estoy obligado a ver (es bastante
obvio) que de todos aquellos a quienes he aconsejado y ayudado, hay escasamente alguno que me conozca todavía?
No quiero comprenderlo.
Sin embargo, no puedo decir, con falsa modestia:
Qu'as ni fait, O toi que voila,
Pleurant sans cesse
Dis, qu'as tu fait, roi que voila
De ta jeunesse? (Verlaine).
Pues he trabajado y he pasado bien mi vida, inteligentemente, incluso valientemente, sin llorar, sin destrozar las
cosas, y tengo muy buenos dientes.
Degas siente desprecio por las teorías de arte, no se interesa por la técnica.
En mi última exhibición en lo de Durand-Ruel (Trabajos en Tahití, 1891-92) dos jóvenes bien intencionados no
podían entender mi pintura. Como eran amigos respetuosos
de Degas, y deseaban ser ilustrados, le pidieron su opinión al
respecto.
Con esa sonrisa suya, paternal a pesar de ser tan joven,
les recitó la fábula del perro y el lobo: " ¿Comprendéis?
Gauguin es el lobo".
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PAUL
GAUGUIN
Eso en cuanto al hombre. ¿Qué es el pintor?
Uno de los primeros cuadros conocidos de Degas representa un depósito de algodón. ¿Para qué describirlo? Sería
mejor para vosotros ir a verlo, mirarlo cuidadosamente, y
sobre todo no venir a decirnos: "Nadie podría pintar mejor
el algodón". Él algodón no es el punto, ni siquiera los hombres que lo están manipulando. Tan bien sabe esto él mismo
que pasó... a otros trabajos. Pero ya sus defectos (desde un
punto de vista académico) se habían hecho sellar, dejando su
marca, y se podía ver que, a pesar de ser joven, era un maestro. ¡Un oso ya! No se ve con facilidad la ternura de los corazones inteligentes.
Educado en un ambiente elegante, se atrevía sin embargo a extasiarse frente a los talleres de las modistas en la Rue
de la Paix, los encantadores encajes, esos famosos toques
mediante los cuales nuestras mujeres parisienses os inducen
a comprar un sombrero extravagante. Y luego verlos de
nuevo en el hipódromo, elegantemente encaramados en los
moños, y, debajo, o más bien a través de todo ello ¡la punta
de la más insolente de las narices!
¡Ir luego, por la noche, como un descanso tras un día de
trabajo, a la ópera! Allí, se decía Dégas, todo es falso, la luz,
el escenario, las pelucas de las bailarinas, sus corsés, sus sonrisas. Nada es real, salvo los efectos que crean, el esqueleto,
la estructura humana, el movimiento; arabescos de todas
clases. ¡Qué fuerza, qué flexibilidad y qué gracia! En cierto
momento, interviene el varón, con una serie de "entrechats",
para sostener a la bailarina que se desvanece. Sí, se desvanece; pero se desvanece sólo en ese momento. Si aspiráis a
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DIARIO
INTIMO
dormir con una bailarina, no os permitáis esperar, ni por un
solo momento, que se desvanezca en vuestros brazos. Eso
nunca ocurre; la bailarina sólo se desvanece sobre el escenario.
Las bailarinas de Degas no son mujeres, son máquinas
moviéndose en líneas graciosas y con maravilloso equilibrio,
adornadas con todos los bellos artificios de la Rue de la Paix.
Las gasas sutiles flotan hacia arriba y nunca se os ocurre que
estáis viendo el lado inferior de ellas; nada hay que empañe
su blancura.
Los brazos son demasiado largos, según el caballero
que, con el metro en la mano, es tan sagaz para calcular proporciones. También yo lo sé, en tanto se refiere al natural.
Una decoración no es un paisaje; es decoración. De Nittis
hizo algo diferente, y mucho mejor.
En las escenas de Degas los caballos de carrera y los
jockeys son a menudo lamentables jamelgos cabalgados por
monos. No hay modelo en ninguna de estas cosas, sólo la
vida de las líneas, líneas, líneas de nuevo. Su estilo es él mismo.
¿Por qué firma sus trabajos? Nadie tiene menos necesidad de hacerlo que él.
En estos últimos días ha hecho una cantidad de desnudos. Los críticos, por regla general, ven a la mujer. Degas
veía a la mujer, también... pero no está más interesado en las
mujeres de lo que lo estaba en las bailarinas: cuando mucho
en ciertas fases de la vida aprendidas mediante indiscreciones.
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¿Qué le interesa a él? El dibujo estaba en su punto más
bajo; tenía que ser restaurado; y mirando a esos desnudos,
exclamó: "¡Está de pie, ahora!”
Hombre y pintor, él es un ejemplo. Degas es uno de
esos raros maestros que teniendo sólo que inclinarse para
tomarlos ha desdeñado la fortuna, las palmas, los honores,
sin amargura, sin celos. Pasa tan simplemente a través de la
multitud. Su vieja sirvienta holandesa ha muerto, de lo contrario diría: "Las campanas nunca doblarán así por usted".
Uno de los muchos pintores que exhiben con los Independientes a fin de ser llamado independiente dijo a Degas:
"¿Tendremos algún día el placer de verlo a usted entre nosotros en los Independientes?”
Degas sonrió con su habitual amabilidad... ¡Y decís que
es un oso!
*
En el drama de Ubsen Un Enemigo del Pueblo, la esposa (al final solamente) alcanza la estatura de su marido. Tan
vulgar y egoísta como la multitud, si no más, durante toda su
vida, tiene un impulso que funde en ella todo el hielo septentrional. Y ella va a la tierra donde viven los lobos.
Esto puede haber sido estudiado cuidadosamente del
natural, aunque lo dudo, por estar yo mismo humanamente
interesado en cierta forma.
Conozco a otro enemigo del pueblo cuya esposa no
sólo no siguió a su marido, sino que incluso educó a sus hijos tan bien que no conocen a su padre; tan bien, que este
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DIARIO
INTIMO
padre, que está todavía en el país de los lobos, nunca ha oído
murmurar a su oído: "Querido padre". A su muerte, si hay
algo que heredar, aparecerán.
¡Basta!
Como quiera que sea acerca de esta conclusión, el drama se desarma repentinamente. Un trabajo literario, un drama para el teatro, no es obra de la casualidad; sujeto como
está a las necesidades de la convención y de la observación,
su margen de sentimiento debe ser medido cuidadosamente
a la luz de la verosimilitud.
En Pot-Bouille, de Zola, la señora de Josserand permanece desde el principio hasta el fin la misma señora de Josserand.
Estoy muy lejos de ser competente en la materia, pero
sin discutir de ninguna manera el genio de Ibsen, me gustaría
decir que nosotros, los franceses, somos tan serios -quizássin ser tan pesados. En esta mitología del Norte los vientos
me parecen muy fuertes y me envían en busca de un rayo de
sol.
Todos esos pastores, esos profesores, esas jovencitas
que, por sentimentales que sean, nunca olvidan sus buenas y
sanas comidas, pescado ahumado y jamón, sin mencionar la
carne de caza, parecen pesadas estatuas en nuestra escena
francesa. Están sólidamente construidos, es cierto, pero un
escultor griego habría deseado refinarlos.
Comenzarían a gustarme en manos de un Rodin. Ibsen
las estudia con su ojo. Es bueno que las estudiemos nosotros
también, por miedo a la invasión protestante, una invasión
de esos casamientos práctico espirituales en los que se juega
109
PAUL
GAUGUIN
con todo, excepto con "aquello", y esa turbia filosofía que
trata despóticamente a los cánones.
En la balanza del Norte el más generoso de los ánimos
no resiste una moneda de cinco francos. También yo he observado el Norte, y lo mejor que encontré allí no fue ciertamente mi suegra, sino la carne de caza que ella cocinaba tan
admirablemente. También el pescado es excelente. Antes del
casamiento, todo es cálido y amistoso, pero luego, cuidado,
todo cambia.
En Copenhague una gran dama olvida su bolso, que
está marcado con su monograma, y lo deja olvidado en una
casa de comercio. En su bolso hay un preservativo. Pero en
un altillo de mi casa vivía una pareja sin estar casada. La llevaron en seguida a la cárcel.
*
A propósito de Ibsen, y hablando de teatro, me parece
que tenemos un futuro cadáver, algo que no podemos salvar,
pero que nos gustaría disecar a fin de mostrarlo a la multitud,
a la distancia, para hacerle creer que todavía existe.
Ciertamente el arte literario del teatro exige el derecho a
vivir; esto lo concedo de buena gana. Gracias a Dios, hay
todavía lectores. Pero creo que el arte del teatro, alejado del
teatro, ganaría con tener sólo lectores. En el teatro mismo
hay exigencias escénicas que entumecen al autor; y desde el
comienzo mismo la producción constriñe a los adores y al
público.
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DIARIO
INTIMO
En la escena existen sólo tres cosas: los adores, el problema o entretenimiento y el escenario. Todo se reduce a
efectos teatrales y disimulo.
Cuando una madre ha perdido su criatura y la encuentra
de nuevo, no son las palabras que preceden las que traen las
lágrimas a los ojos, ni siquiera el grito: "¡Bendito sea el cielo!
¡Mi hija!", sino la aparición efectiva de la querida criatura
diciendo "¡Mamá!”
Todo lo que necesitáis en el teatro es un Sardou y algunos buenos actores. No censuréis a Sardou; es el único que
ha tenido la idea acertada. Mediante toda clase de tretas y
evasivas intentan probar lo contrario. "La educación del público... un público ilustrado", etcétera. Decid un público
lector ilustrado y estaréis en lo cierto.
En escena, el burgués de las piezas de Labiche es un payaso atroz; cuando leéis el drama del burgués es una buena
persona, un hombre al que s respetáis. Recibís de él una
cierta clase de filosofía doméstica enteramente buena y deseable.
"Pero, diréis, en escena el actor refuerza la emoción y
clarifica la situación". ¿Necesita eso un público ilustrado? ¿Y
si el autor es realmente grande, para qué llamar a otros? En
tal caso, pues, ¡.quién va a decirnos que, por ilustrado que
seamos, nuestra emoción no surge enteramente de los actores y del escenario?
El hecho desnudo, confesado, es que el teatro produce
dinero. Bien, proseguid entonces, como lo hace Sardou; él es
lo suficientemente hábil como para tener el don del teatro.
111
PAUL
GAUGUIN
¿Pertenece realmente a la literatura la palabra hablada?
Si es así, cuán cansadora es en su falta de realidad y en su
pedantería. Representad ese drama de Remy de Gourmont2 y
decidme si el viejo rey, el padre, no es un lamentable gaznápiro, las hijas unos vampiros atroces y caballeros de Martes
de Carnaval los guerreros. Pero es algo muy diferente cuando se lo lee.
El director del Teatre de 1'Oeuvre nos dice, muy razonablemente: "Dadme buenas piezas, pero piezas que puedan
representarse".
Paul Fort, que fundó ese teatro, era demasiado buen artista para no prever la cercana muerte del teatro literario, y
ha abandonado su proyecto a fin de escribir obras teatrales
admirables que no pueden representarse.
Podría coleccionar gran cantidad de ejemplos sin convencer a un alma; lo sé. Pero como amante, a mi manera, de
la literatura, digo aquí lo que pienso.
Mi propio teatro es la vida; en ella lo encuentro todo,
actores y escenario, el hombre noble y el trivial, lágrimas y
risas.
A menudo, cuando estoy conmovido, ceso de ser el auditor y me vuelvo actor. Es de no creer cómo, viviendo en
un medio primitivo, cambian nuestras opiniones, y cómo se
ensancha el teatro. Nada molesta mi juicio, ni siquiera el
juicio de los demás. Miro el escenario cuando yo, y sólo yo,
quiero, sin ningún constreñimiento, sin siquiera un par de
guantes.
2
No recuerdo el título; la obra fue publicada en el Mercure.
112
DIARIO
INTIMO
*
He escrito en alguna parte, y mi opinión no ha cambiado, que leer en París no es lo mismo que leer en un bosque.
En París se vive de prisa. En el restaurante, mientras
comía, no podía leer nada, sino el diario. Leía mis cartas en la
oficina de correos, aunque las releía más tarde. En el tren leía
invariablemente Los Tres Mosqueteros. En casa leía el diccionario. Por otra parte, nunca leía libros de los cuales conocía ya la crítica. En lo que a mí respecta los anuncios están
desechados. Lo más que podría hacer, luego de haber leído
los carteles, sería probar la mostaza Bornibus. Aquí os estoy
mintiendo atrozmente, pues no me gusta la mostaza. Pero
¡hombre prevenido vale por dos! No tratéis de leer a Edgar
Allan Poe salvo en un lugar muy tranquilizador. Por más
valientes que seáis, sin haberlo siquiera mostrado (como dice
Verlaine) lo lamentaréis. Y, especialmente, no tratéis luego
de ir a dormir a la vista de un Odilon Redon.
Permitidme contaros un cuento verídico.
Mi esposa y yo leíamos junto al fuego. Afuera hacía frío.
Mi esposa leía El Gato Negro, de Edgar Allan Poe, y yo,
Bonheur dans le Crime, de Barbey d'Aurevilly.
El fuego se estaba apagando y afuera hacía frío. Alguien
tenía que ir a buscar carbón. Mi esposa bajó al sótano de la
casita que habíamos alquilado al pintor Jobbé-Duvol.
Sobre los escalones, un gato negro dio un salto, asustado; lo mismo hizo mi esposa. Pero, después de vacilar un
poco, continuó su camino. Había tomado dos paladas cuan113
PAUL
GAUGUIN
do una calavera salió rodando de entre el carbón. Dominada
por el pánico, tiró todo en el sótano, y se abalanzó escaleras
arriba; cayó luego desvanecida en la sala. Descendí a mi vez y
al sacar el carbón destapé un esqueleto entero.
Era un viejo esqueleto articulado que había sido usado
por el pintor Jobbé-Duval, quien lo había arrojado al sótano
cuando se hubo roto.
Como veis, todo era extremadamente simple, y sin embargo la coincidencia era extraña. ¡Cuidado con Edgar Allan
Poe! Volviendo a mi lectura, y recordando al gato negro, no
puedo menos que pensar en la pantera que sirve de preludio
al extraordinario cuento de Barbey d'Aurevilly, Bonheur
dans le Crime.
También al leer se tropieza a menudo con un incidente
relatado por el autor exactamente como le ha ocurrido a
uno.
Los martes solía ir a casa de ese hombre y poeta admirable llamado Stéphane Mallarmé. En uno de esos martes se
habló de la Comuna, y yo también hablé acerca de ella.
Volviendo de la Bolsa, algún tiempo después de los
acontecimientos de la Comuna, había entrado yo en el café
Mazarin. Sentado a una mesa vi a un caballero de aire militar,
muy parecido a un antiguo condiscípulo; como lo mirara
demasiado atentamente, me dijo altanero, tirando de su bigote: "¿Le debo algo"?”
"Perdóneme, contesté, ¿no estaba usted en Lorial? Mi
nombre es Paul Gauguin".
"Mi nombre es Dennebonde", dijo él.
114
DIARIO
INTIMO
Al instante recordamos el uno al otro, y comenzamos a
contarnos lo que había sido de nosotros. Era oficial graduado en Saint-Cyr, había sido tomado prisionero por los prusianos, y comandado un batallón al entrar en París las tropas
de Versalles. Llegó con su batallón por los Campos Elíseos a
la Plaza de la Concordia, y luego siguió hasta la estación de
Saint-Lazare, donde encontró una barricada hecha por los
prisioneros. Entre éstos se encontraba un valiente niño de
París, de alrededor de 13 años, que había sido tomado con
las armas en la mano.
"Disculpe usted, capitán, dijo el jovenzuelo, antes de
morir me gustaría decir adiós a mi pobre abuela que vive en
la guardilla que usted ve allí; pero no se inquiete, no tardaré
mucho".
"¡Márchate, pues!”
Quería estrujar la mano de este bueno de Dennebonde,
el camarada de mi niñez; sin embargo, me contuve, y continuó:
"Fuimos calle arriba hasta la puerta de Clichy, pero antes de llegar allí nos alcanzó el niño, jadeante, exclamando:
"¡Aquí estoy, capitán!”
Y yo, Gauguin, curioso, pregunté: "¡,Qué hiciste tú?”
"Bien, dijo, lo fusilé. Comprendes, mi deber como soldado...”
Desde ese momento he creído entender lo que es la famosa "conciencia del soldado". Pasaba el camarero; pagué la
consumición sin decir una palabra y me fui rápidamente, al
instante, trastornado por completo.
115
PAUL
GAUGUIN
Stéphane Mallarmé fue a buscar un soberbio volumen
de Víctor Hugo, y con su voz de mago -que manejaba tan
bien- comenzó a leer en voz alta el breve cuento que acabo
de narraros, sólo que al final Hugo, demasiado respetuoso de
la humanidad, no hizo fusilar al joven héroe.
Me sentí embarazado, temeroso de que pudieran pensar
que yo había querido embaucarlos. Felizmente, la buena
gente se entiende entre sí, ¿no es verdad?
La tapa de un libro con el nombre de Lamartine trae a
mi memoria a mi adorable madre, que nunca perdía una
oportunidad de leer su Jocelyn.
¡Libros! ¡Qué recuerdos!
El marqués de Sade, os lo aseguro, no tiene interés para
mí, pero el cielo es testigo de que ello no se debe a la virtud.
*
Tengo ante mí una fotografía de un cuadro de Degas.
Las líneas del piso corren hacia un punto muy alto y
alejado en el horizonte, una hilera de bailarinas las cruza en
un progreso rítmico, en un avance ordenado. Su mirada,
estudiada, se dirige hacia el varón en el fondo, en la esquina
de la izquierda. Arlequín, con una mano en la cadera, sosteniendo con la otra una máscara. También él está observando.
¿Cuál es el símbolo? ¿Es el amor eterno, la tradicional antigualla que se llama coquetería? De ninguna manera. Es la
coreografía.
Debajo, un retrato de Holbein, de la Galería de Dresden. Manos muy pequeñas, demasiado pequeñas, sin huesos
116
DIARIO
INTIMO
ni músculos. Esas manos me molestan. "Esas manos, digo,
no son de Holbein".
Una cosa conduce a otra, lo que me hace hablar de algo
que me molesta: la estimación de cuadros por hombres que
ciertamente no pueden ser expertos. Todas las ventas de
cuadros las realizan hombres que son al mismo tiempo subastadores, expertos y corredores. Ahora bien, ocurre con
los corredores de cuadros como con los críticos (especialmente con los corredores)... hablan de cosas de las que no
saben nada. Aunque el corredor tiene a veces una intuición
del alza y de la baja de los precios, él ve sólo el momento
presente. Cuando el problema es el de la autenticidad o falsedad de un cuadro, no sabe nada. ¿Sabe si el cuadro es bueno o malo? ¡Nunca! Es una gran desgracia para el pintor no
tener un corredor capacitado para reconocer su talento.
Una vez que se ha reconocido éste -y debe ser reconocido, tan obvio es- ¿qué diremos del título de "experto"?
¡Expertos que se os imponen ellos mismos, y a quienes tenéis que desollar!
*
Se discute mucho respecto a la alegoría, el símbolo y los
emblemas en los monumentos públicos de nuestra buena
ciudad de París.
El escritor no puede ser representado nunca sin su viejo
libro y su pluma de ganso. El inventor de una enema debe
tener su jeringa. Si alguna vez erigen en Londres una estatua
a H.G. Wells, pediré que tenga su rayo de calor. Pero si le
117
PAUL
GAUGUIN
dedican algún día una estatua a Santos Dumont ¿tendrán que
esculpir un globo? ¿Y cómo, en el caso de Pasteur, indicarán
el cultivo de microbios?
Otra cosa que parece sin importancia y que sin embargo
es importante es la glorificación de la agricultura, la piscicultura, etc., en alego- irías que estén a quince metros del
suelo. En el Trocadero todo el techo está decorado de esa
manera, sin que nos sea posible distinguir si las decoraciones
son obras maestras o mamarrachos. LY dónde está la firma?
Si la intención es patrocinar las artes, el artista debe ser recompensado. Admitido ello, bajemos todo eso, y adornemos
las galerías bajas. Pero ¡ahí está el busilis! Entre esos artistas
hay algunos cuya reputación caería todavía más bajo.
Hay señores que se llaman españoles, pero que no son
sino españoles postizos.
Lo mismo ocurre en el Hótel de Ville. Desde sus nichos, los prebostes de París nos miran de arriba a abajo y
nos encuentran muy pequeños. Nosotros miramos también
hacia ellos, para ver si tenemos buen tiempo, y los encontramos aún más pequeños.
A veces, al mirar hacia arriba, se ven cosas extrañas en el
aire. Una niña danesa, que bailaba en nuestra capital, caminaba cierto día cerca de Nuestra Señora. Al oír graznar unos
cuervos, levantó la cabeza y vio una curiosa bandera negra,
en forma de llama, que se destacaba contra una de las torres.
La bandera zigzagueaba de una manera extraña. Era una
joven que colgaba de una barandilla, donde un soporte le
había perforado el pecho (Souvenir de la Morgue).
118
DIARIO
INTIMO
Se ha abierto un concurso para un monumento público:
para el pedestal, se presentan un arquitecto y un escultor. El
escultor considera que un pedestal ancho arruinará su estatua; el arquitecto estima que su pedestal debe ser lo importante.
En este monumento ¿cuál es el asado y cuál es la salsa?
¡Oh, esos concursos!
Afortunadamente San Pedro, en Roma, no se decoró
mediante el método de concurso.
En el concurso para el famoso carro que debía adornar
el Arco de Triunfo vi el modelo de Falguiére. Era, como
dicen, una acertada, en los flancos de los caballos había una
flexibilidad que nos encantaba.
Una vez que el monumento estuvo en su lugar, no pude
ver nada sino los vientres de los caballos. Un conocido escultor, a quien hice esta observación, contestó: "Después de
todo, una figura colocada arriba debe aparecer como el sujeto vivo lo haría si estuviera en la misma posición". iHum!
iHum!
Cenaba cierto día con Dalou en casa de este conocido
escultor, quien me dijo: "Señor, la escultura será republicana
o dejará de existir".
¡Dérouléde, eclipsado!
Los jóvenes que buscan el arte no encontrarán en una
lata esa nutritiva leche que necesitan. La Escuela es aquí la
lata.
No seáis mezquinos en nada, excepto en el nombre de
amigo, y tened cuidado de no desperdiciar vuestros insultos.
119
PAUL
GAUGUIN
La gente está siempre copiando a Dégas, pero él no se
queja. Su bolsa de malicia está tan llena que ágata más o menos no lo empobrecerá.
*
Escribe Albert Wolff en el Fígaro:
"La posteridad coloca siempre a los hombres en su verdadero sitio, derribando de sus pedestales a los que han sido
elevados mediante engaños, a fin de hacer lugar a otros que
tienen derecho a ello. Por esta razón los grandes que son
desconocidos pueden continuar su camino con la certidumbre de la justicia eterna, que es a menudo tardía, pero que es
siempre segura en el tiempo fijado".
¿Albert Wolff? Un cocodrilo.
*
Mi abuela era una anciana dama divertida. Su nombre
era Flora Tristán. Proudhon dice que tenía genio. Como no
sé nada al respecto, le tomo la palabra a Proudhon.
Estaba vinculada con toda suerte de asuntos socialistas,
entre ellos los sindicatos obreros. Los agradecidos obreros le
erigieron un monumento en el cementerio de Burdeos. Es
probable que no supiera cocinar. ¡Una literata socialistaanarquista! A ella, en sociedad con el tío Enfantin, se les
atribuyó la fundación de cierta religión, la religión de Mapa,
en la que Enfantin era el dios Ma y ella la diosa Pa.
120
DIARIO
INTIMO
Nunca he sido capaz de distinguir entre la verdad y la
fábula, y os ofrezco esto por lo que vale. Murió en 1844;
muchas delegaciones siguieron su féretro. Lo que puedo
deciros con seguridad, sin embargo, es que Flora Tristán era
una dama muy bella y noble. Era íntima amiga de la señora
Desbordes-Valmore. También sé que gastó su fortuna entera
por la causa de los trabajadores, viajando incesantemente.
En el intervalo fue a Perú a ver a su tío, el ciudadano don
Pío de Tristán de Moscoso (de una familia aragonesa.)
Su hija, que fue mi madre, recibió educación en una escuela, la Pensión Bascans, un establecimiento esencialmente
republicano. Fue allí que la conoció mi padre, Clovis Gauguin. Mi padre era en esa época corresponsal político del
National, el diario de Thiers y de Armand Marast.
¿Previo mi padre, después de los acontecimientos del 48
(yo nací el 7 de junio de 1848) el golpe de Estado de 1852?
No lo sé. Sea ello como fuere, se le ocurrió trasladarse a Lima, con la intención de fundar allí un diario. La joven familia
poseía algún capital.
Tuvo él .la mala fortuna de dar con acierto capitán, una
persona terrible, que le infirió un insulto atroz cuando ya
padecía de una enfermedad del corazón. Cuando iba a desembarcar en Puerto Hambre, en el Estrecho de Magallanes,
sufrió un colapso y murió de la ruptura de un vaso sanguíneo.
Esto no es un libro, ni son mis memorias, y si os hablo
de mi vida es porque en este momento está mi mente llena
de recuerdos de mi infancia.
121
PAUL
GAUGUIN
Mi viejo, viejísimo tío Don Pío se enamoró completamente de su sobrina, tan hermosa y tan parecida a su queridísimo hermano don Mariano. Don Pío se había vuelto a
casar a los ochenta años y tenía varios hijos de este nuevo
casamiento, entre otros Etchenique, presidente del Perú durante varios años.
Constituían todos una numerosa familia, y entre ellos mi
madre era una verdadera niña mimada.
Tengo una notable memoria visual, y recuerdo esta época de mi vida, nuestra casa, y tantas otras cosas que ocurrieron; el monumento en la Presidencia, la iglesia, cuyo domo
era de madera tallada, colocado más tarde. Veo todavía a la
negrita que, como era costumbre, llevaba a la iglesia la pequeña alfombra sobre la que nos arrodillábamos para rezar.
Veo también a nuestro sirviente chino, tan hábil para planchar. El me encontró en un almacén de comestibles, sentado
entre dos barricas de melaza, chupando activamente caña de
azúcar, mientras mi llorosa madre me hacía buscar por todas
partes. Siempre he tenido el antojo de escaparme de esta
manera; en Orléans, a los nueve años de edad, se me ocurrió
escaparme al bosque de Bondy con un pañuelo lleno de arena en el extremo de un palo, que llevaba sobre el hombro.
Un cuadro me sedujo, un cuadro que representaba un
viajero con su palo y su atado sobre el hombro. ¡Cuidado
con los cuadros! Afortunadamente, el carnicero me tomó de
la mano en el camino, me trató de pícaro, y me condujo de
regreso a casa de mi madre.
Como era natural en una muy noble dama española, mi
madre era irascible, y recibí algunas bofetadas de su pequeña
122
DIARIO
INTIMO
mano, tan flexible como la goma. Es cierto que minutos más
tarde mi madre me besaba y me acariciaba, llorando.
Pero no nos adelantemos, volvamos a nuestra ciudad de
Lima. Allí, en Lima, ese delicioso país donde nunca llueve,
los techos eran terrazas en aquellos días. Si había un loco en
la familia, tenía que ser mantenido en casa; esos locos vivían
en la terraza, sujetos por una cadena a un anillo, y el propietario de la casa, o el inquilino, estaba obligado a proveerlo de
una cierta cantidad de alimento muy simple. Recuerdo que
una vez mi hermana, la negrita y yo, que dormíamos en una
habitación cuya puerta abierta daba al patio interior, fuimos
despertados y vimos a un demente que descendía la escalera
del lado opuesto al nuestro. La luna alumbraba el patio. Ninguno de nosotros se animó a articular una palabra. Vi, y todavía puedo verlo, entrar al demente en nuestra habitación,
lanzarnos una mirada y luego, tranquilamente, trepar de nuevo a su terraza.
En otra oportunidad fui despertado de noche y vi el
magnífico retrato de mi tío que colgaba en la habitación, con
los ojos fijos en nosotros, moviéndose.
Era un terremoto.
Por valientes que seáis, por más sabios que podáis ser,
tembláis cuando la tierra tiembla. Es una sensación común a
todos, y que nadie puede negar.
Me di cuenta de esto más tarde, en el tiempo en que
estuve en la rada de Iquique y vi derrumbarse parte de la
ciudad; las olas jugaban con los barcos como si fueran pelotas lanzadas por una raqueta. Nunca he deseado ser masón,
poco inclinado como soy, por instinto de libertad o por falta
123
PAUL
GAUGUIN
de sociabilidad, a pertenecer a sociedad alguna. Pero reconozco el valor de esta institución entre los marinos. En la
misma rada de Iquique vi un bergantín mercante arrastrado
por una poderosa marejada hacia su destrucción en los arrecifes. Izó al tope del mástil su gallardete masón, y en seguida
la mayoría de los barcos del puerto enviaron sus pequeños
botes para remolcarlo con bolinas. Fue pues, salvado.
A mi madre le gustaba contar sus jugarretas en la Presidencia. Entre ellas se encontraba la siguiente:
Un oficial del ejército, de alta graduación, que tenía sangre india en sus venas, se había jactado de ser muy aficionado a los ajíes. Mi madre ordenó al cocinero que preparara
dos platos de ajíes dulces para la cena a que había invitado a
este oficial. Uno se preparó como de costumbre, el otro fue
sazonado abundantemente con los ajíes más picantes. Mi
madre se hizo colocar durante la cena junto a él, y mientras
todos fueron servidos con el plato ordinario, nuestro hombre lo fue con el especial. El oficial no vio sino fuego cuando, luego de servirse una porción enorme, sintió que la
sangre le subía al rostro.
Con voz muy medida, mi madre le preguntó: "¿Está mal
sazonado el plato? ¿No lo encuentra bastante fuerte?”
"Por el contrario, señora, el plato es delicioso". Y el infeliz tuvo el coraje de vaciar su porción hasta el último bocado.
Qué graciosa y bonita era mi madre cuando se ponía su
vestido limeño, con la mantilla de seda que le cubría el rostro
dejándole espacio para echar un vistazo con sólo un ojo, un
ojo tan suave e imperioso, tan puro y acariciador.
124
DIARIO
INTIMO
Todavía veo nuestra calle, con los pollos picoteando
entre la basura. Lima no era en aquellos días la grande y
suntuosa ciudad de hoy.
Pasaron así cuatro años, hasta que un buen día llegaron
cartas urgentes de Francia. Teníamos que regresar para arreglar una herencia de mi abuelo paterno. Mi madre, que
siempre fue poco práctica en cuestiones de negocios, volvió
a Francia, a Orléans. Fue un error, pues al año siguiente, en
1856, el viejo tío, cansado de embromar exitosamente a la
señora Muerte durante tanto tiempo, se dejó ganar.
Don Pío de Tristán de Moscoso ya no existía. Tenía 113
años de edad.
En memoria de su queridísimo hermano, había dejado a
mi madre una renta anual de 5.000 pesos, que llegaban a un
poco más de 25.000 francos. Pero la familia, en su lecho de
muerte, anuló los deseos del viejo y tomó posesión del total
de su inmensa fortuna, que fue malgastada en París en tontas
extravagancias.
Quedó en Lima un primo soltero, y allí vive todavía,
muy rico, una perfecta momia. Las momias del Perú son
famosas.
Al año siguiente vino Etchenique para sugerir un arreglo
con mi madre, quien, como siempre orgullosa, respondió
que no era "nada".
Aunque nunca fuimos realmente pobres, a partir de esa
época nuestra vida fue extremadamente simple.
Mucho más tarde, creo que en 1880, Etchenique vino
nuevamente a París, como embajador, en misión para arre-
125
PAUL
GAUGUIN
glar con el Comptoir d’escompte la garantía del empréstito
peruano (sobre una base de guano).
Se alojó en casa de su hermana, que tenía una casa espléndida en la calle de Chaillot y, como embajador discreto,
le dio a entender que todo iba bien. Mi prima, satisfecha por
esto, como lo estaban todos los peruanos, se apresuró a especular en la casa Dreyfus con el alza del empréstito peruano.
Pero lo cierto era lo contrario, y pocos días más tarde
las acciones peruanas eran invendibles. ¡Ella se bebió varios
millones en esta sopa!
"Caro mio, me decía, estoy arruinada. No me queda nada, salvo ocho caballos en el establo. ¡,Qué será de mí?”
Tenía dos hijas bellísimas. Recuerdo a una de ellas, una
criatura de más o menos mi misma edad, a la que parece
traté de violar; en esa época tenía yo seis años. La violación
no pudo haber hecho mucho daño, y probablemente ambos
pensamos que no era sino un juego inocente.
Como veis, mi vida ha estado llena de altibajos y agitaciones. En mí hay muchas mezclas extrañas. Un rudo marino; ¡así sea! Pero también hay raza allí, o más bien dos razas.
Podría vivir sin escribir esto, pero ¿por qué no escribirlo, ya que no tengo otro propósito que divertirme?
*
Debo necesariamente divertirme a mí mismo estos días,
encerrado como estoy en mi islita por la inundación, como
os he dicho más arriba.
126
DIARIO
INTIMO
La inundación y la tormenta acaban de pasar, todos tratan de salir de dificultades lo mejor que pueden, cortando los
árboles desarraigados y tendiendo pequeños puentes para
peatones, de manera de poder transitar de vecino a vecino.
Estamos esperando el correo, que no viene, y dándonos
cuenta de que hay poca probabilidad de que llegue; esperamos que dentro de un año la administración repare nuestros
desastres y nos envíe un poco de dinero.
El correo también debe traernos un juez para emprender la investigación de un crimen. He aquí una carta que he
preparado para el juez, una carta que os ilustrará acerca de la
manera en que administran las colonias francesas.
AL MAGISTRADO DE POLICIA.
Atuana, enero de 1903
Permítame que le informe sobre ciertos hechos en conexión con el asesinato que usted va a investigar. Atañen a
un hombre que, por falta de pruebas a su favor, quizás sea
condenado injustamente por asesinato.
Nosotros, el público, estamos informados imperfectamente acerca de lo que el sargento de policía ha dicho en su
declaración; por otra parte, sabemos todo lo que no se ha
hecho, porque nos hemos tomado la molestia de hacer el
trabajo nosotros mismos.
Pero ¿es cosa nuestra hacer el trabajo de la policía?
127
PAUL
GAUGUIN
El sargento debe de haber interrogado al negro, luego,
muy brevemente, a la víctima y a su amiga. Eso fue todo, y
eso era prácticamente nada.
Cuando se hubo hecho esto, se entregó la víctima para
su examen y cuidado a un practicante del hospital que, aunque ha tenido un breve aprendizaje en el hospital de Papeete,
es todavía un joven cabeza hueca e inexperto.
Dos días más tarde, un difundido rumor me hizo saber
que esta mujer tenía una horrible herida en la vagina, en
avanzado estado de descomposición.
Sin imaginar ni por un momento que esta herida pudiera
haber pasado sin observar, no presté atención al asunto, y
sólo quince días después el farmacéutico vino a pedirme
consejo, declarando que, incapaz de soportar su sufrimiento,
la mujer había admitido que tenía una herida grave en la vagina. Se había declarado ya la gangrena, y se produjo la
muerte.
Puede asegurarse en base de ello que esta última herida
fue la única causa de la muerte de la mujer.
¿Es el negro su autor?
¿Qué se ha hecho para averiguarlo?
¿Sobre quién recae la responsabilidad por esta negligencia? Seguramente que sobre usted no, señor, pues habiendo
llegado aquí mucho tiempo después no se encuentra en condiciones de estar informado.
La policía, desde el comienzo, se ha contentado con interrogar más o menos al azar, al negro, a la víctima y a su
amiga.
128
DIARIO
INTIMO
Desde entonces no ha habido interrogatorio como si, a
pesar de todo, no supieran o no quisieran saber nada acerca
de esta última herida o acerca del amante, mientras la población se ha alarmado tanto que un colono informó al sargento
de policía que, aunque el amante vivía a gran distancia del
domicilio del negro, estaba en el lugar alas tres de la tarde, en
compañía de la víctima y de su amiga.
Resulta casi obvio que hay una conspiración para salvar
a este amante.
El sargento de policía sabía demasiado bien, como lo
saben todos aquí, que el pastor Vernier y yo (especialmente
el señor Vernier) tenemos un conocimiento muy amplio de
medicina. ¿Por qué no nos consultó en esa oportunidad? Por
vanidad, sin duda, la estúpida y autocrática vanidad de un
gendarme.
Puedo declarar sin vacilación que si hubiera sido llamado, esta tercera herida no pasaba inadvertida y que me habría
sido fácil decir si fue producida con un cuchillo.
Sé, sin embargo, que las otras dos heridas fueron examinadas y sondeadas, examen que probó que ambas habían
sido ocasionadas por un cuchillo de tamaño mediano y no
por una hoz.
Este cuchillo debió ser encontrado en la maleza. Además, si hay contradicción entre las declaraciones de las dos
mujeres y el hecho observado, ¿no hay motivos para suponer
una mentira interesada, dicho para despistar a la policía?
Pero lo que está fuera de duda es el completo silencio,
antes y después, acerca de esta tercera herida, que ocasionó
la muerte, y la renuencia a acusara nadie, incluso al negro.
129
PAUL
GAUGUIN
El amante estuvo permanentemente junto a su lecho,
urgiéndola con protestas de amor mezcladas con amenazas a
guardar silencio, que la pobre víctima mantuvo hasta sus
últimos momentos.
Inevitablemente es forzoso reconocer que hay en todo
esto un gran interés pasional (un interés de amor) por salvar
a un asesino el amante. Lo que da aún mayor fuerza a esta
suposición es que la horrible herida, hecha tan brutalmente
en la vagina, fue producida con un pedazo de madera, que la
destrozó en todas partes, y de la que varias astillas (según
confesión de la víctima) fueron extraídas por ella misma.
Ese es el trabajo de un nativo. Una cantidad de casos
anteriores nos han ilustrado acerca de los usos y costumbres
en las Marquesas. El salvaje reaparece cuando se ha inflamado la pasión y está poseído por el demonio de los celos. Se
arroja sobre esa parte del cuerpo imaginando un cruel y sanguinario coito. .
El rumor público, así como la lógica, indican que era allí
donde debieron buscar para aclarar el misterio. Y fue eso
exactamente lo que no se ha hecho.
El amante no ha sido interrogado o molestado nunca
por la policía y nadie ha sido preguntado acerca de él. Digo
la policía intencionalmente, pues el nuevo sargento, siguiendo los errores de sus predecesores, no quiere saber nada,88
absolutamente nada. Hoy, cuando es demasiado tarde, este
nativo podría encontrar tantas testigos falsos como quisiera
para probar una coartada. Esa es la costumbre en las Marquesas.
130
DIARIO
INTIMO
¿Dónde está nuestra seguridad en el futuro si la policía,
siempre protegida por sus jefes, continúa esta siniestra tradición, vejando al colono y al nativo sin protegerlos? Digo
premeditadamente esta siniestra tradición, pues con esta
manera de proceder todo crimen cometido en las Marquesas
ha sido considerado oscuro por la Corte y en consecuencia
ha quedado siempre sin castigar; mientras tanto el público,
que es siempre informado indirectamente, sabe la verdad en
seguida.
Cuando se comete un crimen, el culpable amenaza de
muerte a cualquier persona indiscreta, y eso basta. Todos
callan, salvo entre amigos, al menos oficialmente, haciendo
causa común de esta manera con los gendarmes, que son
voluntariamente tan cortos de vista.
PAUL GAUGUIN.
*
Permitidme presentaros a una clase de individuos de cuya existencia no tenéis sospecha. Son los inspectores coloniales. Cada uno de ellos nos cuesta, término medio, 80.000
francos por año.
Llegan a la colonia, tan simpáticos como sea posible,
con órdenes de escuchar a los que tengan algo qué decir, y
distribuyendo falsas promesas por todas partes.
Cuando se van todos exclaman: "¡Por fin!... Ahora las
cosas van a cambiar. El ministro sabrá lo que ocurre".
Turlutu mon chapeau pointu!
131
PAUL
GAUGUIN
Hay a veces, es cierto, unos pocos cambios, pero es
siempre para peor, y el colono dice: "No me engañan más".
Lo que no impide que, a pesar de todo, sea engañado de
nuevo.
Yo también estoy pidiendo que me engañen de nuevo.
Acaban de llegarnos a las Marquesas dos inspectores,
anunciados como liberales, encantadores, inteligentes; en una
palabra, mirlos blancos.
Les escribo:
A LOS INSPECTORES COLONIALES DE PASO
POR LAS MARQUESAS
Señores:
Nos han pedido, incluso, nos han intimado ustedes a
que les informemos por escrito acerca de todo lo que sabemos concerniente a la colonia y a las reformas que pudiéramos desear, y ello con cualquier comentario que se nos
ocurra.
En lo que personalmente me concierne, no tengo deseos de exponer a ustedes el eterno sumario de la situación
financiera, administrativa y agrícola.
Estos son asuntos graves que ya han sido debatidos durante mucho tiempo y que tienen la peculiaridad de que,
cuando más se agitan, cuando más quejas hace uno, cuando
más violentas polémicas uno se permite, más tiende todo a
una agravación de los males que se han señalado y ala ruina
final de la colonia, y más rápidamente el colono maltratado
132
DIARIO
INTIMO
se ve en la obligación de emprender la búsqueda de un país
mejor, menos despótico, y más favorable a la vida.
Quiero simplemente rogarles que investiguen ustedes
mismos el carácter de los nativos, aquí, en nuestra colonia de
las Marquesas, y el comportamiento de los gendarmes hacia
ellos. Esta es la razón:
Es porque, por razones de economía, se envía aquí a un
juez sólo cada dieciocho meses.
Llega luego el juez, de prisa, para pronunciar sentencia,
sin saber nada, de cómo son los nativos. Viendo ante si una
cara tatuada, se dice: "Es un bandido caníbal", especialmente
cuando el gendarme, que tiene interés en el asunto, así se lo
dice.
Veamos por qué dice eso. El gendarme inicia un procedimiento contra treinta personas que han estado divirtiéndose bailando y unos pocos que han estado bebiendo jugo de
naranja. Los treinta son sentenciados a una multa de 100
francos (aquí 100 francos equivalen a 500 en cualquier otro
país),lo que hace 3000 francos, más las costas, lo que produce 1.000 francos para el gendarme, su tercio de la multa.
Se ha suprimido recientemente este tercio de la multa,
pero, ¿qué importa eso? La tradición está ahí, y el bajo deseo
de venganza también: aunque sea solamente para probar que
cumplen su deber a pesar de esta supresión.
Deseo también señalar que esta suma de sólo 3.000
francos con las costas, excede a todo lo que el valle puede
rendir en un año (fas todavía peor, pues hay aun otras infracciones; ese es siempre el caso).
133
PAUL
GAUGUIN
Deseo señalar además que esta sentencia viene después
del desastre del ciclón que ha destruido todos los vástagos
del maiore (el árbol del pan) lo que significa que durante seis
meses estarán privados de su único alimento.
¿Es esto humano; es esto ético?
Llega el juez, y por su propia voluntad se establece en la
gendarmería, hace sus comidas allí y no ve a nadie sino al
sargento de policía, quien le da los registros junto con sus
opiniones. "Este... aquel otro... todos bandidos. Usted ve,
excelencia, si no fuéramos severos con esta gente, seríamos
asesinados todos..." Y el juez es convencido.
Ignoro si hay connivencia entre ellos.
En la audiencia se interroga al acusado con intervención
de un intérprete que no conoce ninguno de los finos matices
del idioma y que, especialmente, no conoce el lenguaje jurídico, un lenguaje muy difícil de interpretar en esta lengua
primitiva, excepto mediante el uso de mucha paráfrasis.
Así, por ejemplo, preguntan a un nativo acusado si ha
estado bebiendo. El contesta: "No", y el intérprete traduce:
"Dice que nunca ha bebido". El juez exclama: "¡Pero si ya ha
sido condenado por ebriedad!”
El nativo, muy tímido por naturaleza en presencia del
europeo, que le parece muy instruido y su superior, recordando también las armas de fuego de los viejos tiempos,
aparea ante el tribunal aterrorizado por los gendarmes, el
juez que preside, etc., y prefiere confesar, aun cuando sea
inocente, sabiendo que una negación implicará un castigo
todavía más severo. ¡El reino del terror!
134
DIARIO
INTIMO
Puedo decir que hay un gendarme que ha iniciado proceso contra varios nativos que no deseaban enviar sus hijos a
la escuela del obispo, ¡una escuela parroquial inscripta en el
anuario como escuela libre!
¡Puedo también decir que el juez los ha condenado!
¿Es esto legal?
En ciertos puestos hay gendarmes cuya palabra es ley en
la Corte, que tienen absoluto poder, que no tienen fiscalización inmediata y cuya única preocupación es llenar sus propios bolsillos, viviendo a costa de los nativos, que son
generosos, aunque pobres. El gendarme frunce el ceño y el
nativo entrega pollos, huevos, cerdos, ele. De lo contrario,
¡cuidado con las infracciones!
Cuando, por alguna casualidad -no es común- un colono con un poco de coraje sorprende a un gendarme delinquiendo, inmediatamente todos se apartan de este colono. Y
lo peor que puede ocurrirle a este gendarme es una de las
llamadas pequeñas admoniciones de su teniente.(a puertas
cerradas) y un cambio de puesto. El gendarme es aquí rudo,
ignorante, venal y feroz en la ejecución de sus deberes, pero
muy hábil para ocultar su pista. Así, si recibe un porrón de
vino, se puede estar seguro de que tiene un recibo en su bolsillo. Pero ¡.cómo puede probarse oficialmente lo que todos
conocen fuera del tribunal?
No tomo en cuenta que, además de cubrir su puesto
como gendarme, es aquí escribano, subagente especial, cobrador de impuestos, oficial del jefe de policía, capitán del
puerto todo, en suma, salvo un hombre de probada honestidad e inteligencia.
135
PAUL
GAUGUIN
Es de hacer notar sin embargo, que es siempre casado,
sin tener en cuenta las numerosas amantes que se rinden por
miedo a los procesos legales contra ellas por haber sido vistas en el río sin la reglamentaria hoja de parra.
Además, por humilde que sea la condición de su esposa,
ella nunca carece de un sirviente, y para esto toma a cualquiera sobre quien pueda echar mano, incluso a un preso o
al guardia de la prisión; y todo esto a expensas de los contribuyentes.
Peros¡ hay un crimen, un asesinato... todo cambia. El
gendarme, temeroso de su propia seguridad, se apresura a
alentar el silencio, va hacia la izquierda cuando debiera ir
hacia la derecha, y no interroga a nadie, ni siquiera a los colonos, diciendo que cuando venga el magistrado él decidirá
acerca de todo esto (Consúltese el registro de crímenes, y
especialmente el último, un caso juzgado en Atuana en febrero de 1903).
Aparte de los crímenes, que son afortunadamente muy
raros, pues la población es en general muy mansa, no quedan
sino transgresiones como la ebriedad.
Como las nativos no tienen nada, absolutamente nada,
con qué divertirse, recurren siempre, en toda ocasión, a la
bebida que la naturaleza les ha provisto gratis, hecha de jugo
de naranjas, flores de coco, bananas, etc., fermentadas durante unos días y menos perjudiciales que nuestras bebidas
alcohólicas europeas.
Desde la reciente prohibición, que ha suprimido un comercio que es remunerador para los colonos, el nativo piensa en una cosa solamente, en beber, y por eso abandona la
136
DIARIO
INTIMO
aldea a fin de esconderse en cualquier lugar. A ello se debe la
impasibilidad de encontrar trabajadores. Podríamos decirles
además que tornen al estado salvaje.
Lo que es peor, la mortalidad aumenta.
El gendarme atiende su negocio, que es la caza del
hombre.
Una excelsa moralidad, como se ve.
Ruego por lo tanto a los inspectores que investiguen el
asunto seriamente, a fin de pedir a las autoridades en Francia, a esos hombres que se preocupan de lo relativo ala justicia y a la humanidad, lo que voy a solicitarles:
1°- A fin de que ¡os tribunales en las Marquesas puedan
ser respetables y respetados, pido que las jueces eviten rigurosamente toda relación que no sea profesional con la gendarmería, alojándose y haciendo sus comidas en otro lugar.
Se les paga para eso.
92 2°- Que el juez no acepte los informes de los gendarmes, salvo luego de haberlos verificado cuidadosamente y
de haber buscado información oficial incluso entre los colonos, procedimiento que encontrará muy útil; y sobre todo,
que no invoque la ley excepto cuando el gendarme ha actuado según el reglamento. Ya este efecto pido que las reglas
que gobiernan la gendarmería sean colocadas en la oficina de
la misma a fin de que cualquier infracción cometida por un
gendarme, pase en seguida a una Corte de Apelaciones y sea
severamente castigado.
3° - Pido que las multas por ebriedad sean proporcionales a nuestra riqueza, pues es inmoral e inhumano que en
un país que tiene una producción de sólo 50.000 francos se
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PAUL
GAUGUIN
impongan multas por más de 75.000 francos. Los impuestos,
los pagos en especie y los derechos, que, dicho sea de paso,
van a otros cofres que a los de la colonia, están a la absoluta
discreción del gobernador.
Esta es la situación, señores; verifiquen las cifras mientras estén aquí.
Pido, también, que los informes de los gendarmes no
sean aceptados sin discusión por el tribunal hasta tanto llegue el momento en que puedan ser verificados cuidadosamente, como lo son en nuestro país, hasta que la` población
nativa sea capaz (por conocer el idioma francés) de presentar
testimonio contra el gendarme sin ser aterrorizada, y también
sin pasar por las manos de un intérprete, que está inclinado a
ser demasiado prudente, dependiente por entero como es de
la buena voluntad de la policía (en ello le va el empleo) y
que, además, como puede probarse fácilmente, sabe el francés muy imperfectamente.
Si, por una parte, promulgan leyes especiales para impedirles beber, aunque se les permita hacerlo a los europeos y a
los negros, mientras, por otra parte, sus declaraciones, sus
afirmaciones ante el tribunal no cuentan para nada, es absurdo decirles que son electores franceses e imponerles escuelas
y otras tonterías religiosas.
Hay una ironía singular en esta hipócrita estima por la
Libertad, ta Igualdad y la Fraternidad bajo bandera francesa,
cuando se piensa en este repugnante espectáculo de hombres
que ya no son nada sino carne, sometidos a impuestos de
toda clase y a la merced del gendarme. Y con todo esto están
obligados a gritar: "¡Viva el gobernador! ¡Viva la República!”
138
DIARIO
INTIMO
Cuando llega el 14 de julio, encuentran en su caja sólo
400 francos para sus propios gastos, mientras que, además
de los impuestos directos e indirectos, han pagado más de
30.000 en multas.
Nosotros, los colones, creemos, pues, que esto es un
deshonor para la República Francesa, y no deben sorprenderse si algunos extranjeros aquí residentes les dicen: "Estoy
muy contento de no ser francés", mientras el francés dice:
"Desearla que las Marquesas pertenecieran a los Estados
Unidos".
Resumiendo: ¿qué pedimos? Que la justicia sea justicia,
y no palabras huecas, y que, para llevar eso a cabo nos envíen hombres competentes, hombres de sentimientos bondadosos, que estudien el asunto en el lugar y luego actúen
enérgicamente... abiertamente.
Cuando, por casualidad, el gobernador pasa por aquí, es sólo
para tomar fotografías. Una persona responsable que se
atreva a hablarle y pedirle la rectificación de una injusticia no
obtiene nada sino malos tratos y castigo por su molestia.
He aquí, caballeros, todo lo que tengo que decirles.
Puede ser de interés para ustedes, a menos que consideren
como Pangloss que "Todo está perfectamente en el mejor de
los mundos posibles".
*
No sabemos nunca lo que en realidad es la estupidez
hasta que la hemos experimentado en nosotros mismos. A
veces os decís: "Cielo santo, ¡qué idiota fui!" Es precisa139
PAUL
GAUGUIN
mente debido a eso que percibís que podríais haber actuado
de otra manera. Por desgracia, sois viejos antes de que observéis que ha llegado el tiempo de la reflexión. Dejemos por
lo tanto las cosas como están, ya que somos incapaces de
hacerlo de otro modo; vivamos fuera de las escuelas y en
consecuencia sin constreñimientos.
Precisamente ahora el sargento de policía está muy ocupado diciendo a los nativos que él es el amo y no el señor
Gauguin.
¿Qué están haciendo ellos allí?
El y Pandora son una pareja.
La pequeña Taia, que le lava su ropa, no es tonta. Cuando quiere sonsacarle un franco, dice: "Es usted muy sabio", y
él se lo da.
"¡Yo soy el amo aquí, y no el señor Gauguin!”
¿Qué pensáis de la pequeña Taia? Os la presento como
a una verdadera nativa de las Marquesas. Grandes ojos redondos, una boca de pescado con una hilera de dientes capaces de abrir una lata de94 sardinas para vosotros. No se la
dejéis mucho tiempo, pues se la comerá. De cualquier manera, ya conoce ella de memoria a su sargento.
Este sargento es el mismo que una vez, en las islas meridionales, tenía que traer a un hombre que se había ahogado
accidentalmente; un tiburón le había comido una pierna.
Vacilaba en ponerlo en el féretro, y el teniente, impaciente, le
dijo: " ¡.Qué espera usted?”
"Discúlpeme, teniente, pero falta una pierna".
"Bien, póngalo sin la pierna".
"Discúlpeme, teniente, pero hay muchos gusanos".
140
DIARIO
INTIMO
"Bien, póngalo, con gusanos y todo".
El es el amo, y no el señor Gauguin.
Sobre su pecho, las medallas resplandecen con todo su
brillo. Sobre su rostro rubicundo el alcohol resplandece sin
brillo. En testimonio de lo cual, consecuentemente, subsecuentemente, le hemos dado su certificado de identidad,
seguido de su descripción. Saludadlo, pues es el amo. De
frente ¡mar! ¡Conversión derecha! ¡Gire a la derecha, caballo
viejo! ¡Mirad, patea, tenga zapatos o no!
*
Recordando ciertos estudios teológicos de mi juventud,
y ciertas reflexiones posteriores sobre estos temas, y también
algunas discusiones, se me ocurrió establecer una especie de
paralelo entre el Evangelio y el espíritu científico moderno, y
a base de ello la confusión entre el Evangelio y la dogmática
y absurda interpretación del mismo en la Iglesia Católica,
una interpretación que la ha hecho víctima del odio y del
escepticismo.
Había un centenar de páginas tituladas "El Espíritu Moderno y el Catolicismo". Indirectamente, muy indirectamente, hice llegar esas hojas manuscritas a poder del obispo.
Para aplastarme, sin duda, me envió como respuesta indirectamente también- un enorme libro lleno de ilustraciones con fotografías y documentos de la historia de la Iglesia
desde su comienzo.
Siempre muy indirectamente, logré devolverle con el libro mi evaluación; mis críticas, si lo preferís.
141
PAUL
GAUGUIN
Fue el final de la discusión. He aquí mi respuesta a ese
libro:
Ante nos, a nuestro cargo, para ser leído por un profano, un libro sacro.
Francia sobre la cubierta. iHum! Roma hubiera sido más
exacto.
"Las Misiones Católicas Francesas en el Siglo Decimonoveno".
¿Son francesas? Es dudoso. Sean lo que fueren, Francia
protege y Roma manda... Un concordato encantador.
Cuatrocientas treinta páginas publicadas con gran esplendor, fotografías en confirmación del texto; la colaboración de doce dignatarios.
Antes de hablar de las 96 páginas de la Introducción, la
única parte discutible del libro, deseamos expresar aquí
nuestra profunda extrañeza, nuestro disgusto, también, por
el notable (e incontestable) trabajo que se observa en la segunda parte del libro. El lector ilustrado puede estudiar el
Oriente sin la ayuda de la Geografía de Eliseo Reclus.
El Colegio de la Sagrada Familia de El Cairo.
San Francisco Javier de Alejandría.
Se trata de dos edificios que bastan por sí solos para
probar que no es la Iglesia sino la República Francesa la que
ha hecho voto de pobreza.
Nuestra Señora de Sión en Ramleh y especialmente las
Hermanas de Nazareth en Beirut eclipsan cualquier palacio. .
Esperemos que un nuevo Sardanápalo no convierta estos palacios en casas de placer y transforme a todas estas
encantadoras monjas en esclavas de la carne.
142
DIARIO
INTIMO
¿Qué mejor argumento puede haber contra esta Iglesia
que el despliegue de toda esta riqueza y este poder casi inigualable en manos de un simple hombre, revestido por sí
mismo con el manto de la infalibilidad?
Dos mil años de Era cristiana para llegar a tal resultado,
con la ayuda de todos los soberanos y de torrentes de sangre
y de lágrimas vertidos por la codicia de unos pocos que han
tomado, por la fuerza o mediante consentimiento, el oro de
los fieles. ¡En nombre de la Caridad!
¿No es esto significativo? Hoy ya no dicen: "Somos
grandes". Dicen: "Somos ricos".
La historia política de la Iglesia Católica, y en especial el
trabajo de las Congregaciones, el ejército regular, muy cuidadosamente documentada y admirablemente descrita en este
libro, nos pone casi brutalmente frente a una máquina infernal, un sistema de engranajes bien organizado y apenas perceptible. Ya lo sabíamos, pero era bueno que la Iglesia lo
declarara precisa y positivamente para nosotros.
Esta historia política forma la mayor parte de la Introducción y sólo nos interesa moderadamente; deja lugar a
sólo unas pocas líneas de teología, si se puede llamar teología
a una serie de argumentos para explicar la razón de ser de
esta Iglesia. Una serie de argumentos enteramente extraordinarios y contradictorios para un lector atento que esté acostumbrado a tales ejercicios, pero que, desviados de su
verdadero significado por ese sofístico espíritu de retórica,
tan peculiar de los discípulos de Loyola, tienen un aire de
verdad enteramente engañoso.
Examinémoslos un momento.
143
PAUL
GAUGUIN
Página 4. "La Filosofía tiene la razón por guía".
Página 8. "La tercera forma de idolatría, la creencia en
las deidades públicas y nacionales, destruye otro elemento
esencial de civilización, la paz. La civilización no puede tener
una mentira como fundamento".
Página 10. "Pero las idolatrías, impotentes para sujetar a
las sociedades y a los individuos dentro del orden mediante
leyes morales, han tenido que asegurar este orden por el Artificio de una fuerte jerarquía que mantiene a los pueblos
inmutables".
Una conclusión artera y contradictoria.
Pero continuemos. En otro punto, Platón dice: "Conocer al Creador y al padre de todas las cosas es una empresa
difícil, y cuando se le ha conocido es imposible explicárselo a
todos".
Página 12: "En lugar de pertenecer a una casta de nobles, China pertenece a una casta de letrados y todos los
derechos corresponden a la clase ilustrada".
Aquí debemos completar la información suministrada.
En China todos los derechos pertenecen por cierto a las
clases ilustradas, y todos los empleos se dan como resultado
de concurso entre estos letrados. Pero estos letrados no
pueden formar una casta, del mismo modo que los letrados
de Europa no forman hoy en día una casta. Todos tienen el
derecho a entrar en ella.
Es de hacer notar que Platón, Confucio y el Evangelio
concuerdan en este punto, el de la sociedad dirigida por una
aristocracia intelectual (animada por el sentimiento de justicia y basada en la Razón y la Ciencia) que instruye a los de144
DIARIO
INTIMO
más, a los incapaces, sólo en los simples preceptos de honestidad, tal como las leyes de Moisés, que los doctores de la
ley deben defender públicamente, sea mediante la claridad de
sus enseñanzas orales o mediante la simplicidad de un modelo de escritura fácilmente comprendido.
El Evangelio es más explícito en este punto, y parece
confirmar la conclusión de todos los filósofos. Parece prever
el futuro con extrema lucidez, y nunca deja de ponernos en
guardia contra una Iglesia que no quiere ser basada en la
Razón y la Ciencia. "Mantened secreto lo que os digo. Sólo a
vosotros pertenece el reino de los Cielos; en cuanto a los
otros, se les hablará sólo mediante parábolas, a fin de que... "
Recomienda con ahínco la simplicidad, incluso la pobreza, el
desprecio de las riquezas.
En contraste con esto, si reflexionamos sobre lo que
precede, podemos sólo deducir que esta Iglesia trata, con
una negación completa de estos preceptos, de invocarlos,
por un lado, y por otro de reconocer la necesidad del Artificio de una fuerte jerarquía a fin de mantener al pueblo inmutable.
Y agrega: Cristo apareció cuando todas las filosofías y
todas las religiones se habían mostrado impotentes para explicar la vida y mantener los hombres fieles a su deber. A
través de El la Fe aparece fundada en la Razón, y la Razón
surge de la certidumbre de la Fe:
"Ama a tu prójimo como a ti mismo".
"Haz con los otros como quisieras que se hiciese contigo".
145
PAUL
GAUGUIN
¡Disculpadme! Esto no es del Evangelio sino de Confucio (el libro Chung-Yungow). Cuando el autor dice: "Cristo
apareció entonces", comete un serio error, pues el culto de
Cristo, después de haber sido durante largo tiempo puramente astronómico, se tornó terrestre por lo menos 3.000
años antes de la Era cristiana.
El Cristo de los Evangelios es, por lo tanto, sólo la continuación del antiguo Tatu Messiah, con esta diferencia (una
diferencia que la Iglesia se apresura a negar) que él se tornó
esencialmente el hijo del hombre, lo que es por cierto la única base comprensible, razonable, humana, ya que la ciencia
ha matado a todo el supernaturalismo, la base de esa superstición que es opuesta a la civilización.
¡Superstición que es el Artificio!...
Durante los primeros cinco siglos de la Era cristiana, la
Iglesia Católica, no comprendiendo su alcance, no queriendo
comprenderlo, trató, a pesar de los esfuerzos de unos pocos
hombres, de reemplazar con este Artificio toda la grandeza
de la nueva filosofía. Y en esto ha tenido éxito. Eso es lo que
se propone.
Página 18. " L a lucha que desde entonces se ha librado
para reemplazar con esta moral civilizadora los errores de los
crédulos, la enemistad de las razas y el egoísmo de las pasiones ha llegado a constituir el hecho más importante de la
historia. Desde la época de Cristo hasta el día de hoy, ha sido
continuado incesantemente a través de los siglos por el
Apostolado".
146
DIARIO
INTIMO
Página 21. "Cristo fue objeto del estudio de todas esas
escuelas, y la mayoría de ellas vio en él únicamente al hombre; eso era ver en la Iglesia sólo su carácter humano".”
Aquí se indica claramente la situación que la Iglesia Católica ha deseado establecer, es decir, rechazar la razón en
cada uno, continuar la antigua idolatría, aplastar bajo su pie
la nueva filosofía humana que está tan bien preparada para
proporcionar la felicidad a todos en el futuro, habiendo
comprendido el progreso que puede realizar el hombre, apoyado por la ciencia, junto con el ejemplo de Jesús, el hijo del
hombre.
Su disculpa es la necesidad del Artificio a fin de conducir como guste a los pueblos sumisos, mientras, en completa
contradicción, toma como fundamento para esta Iglesia:
"Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Esta piedra, que es la
Razón misma y no la superstición.
Y por qué, también, ese extraño, sutil argumento, tan
apto para engañar a cualquiera: "A través de Cristo aparece la
Fe, fundada en la Razón, y la Razón surge de la certidumbre
de la Fe". En francés esto no significa absolutamente nada,
pero sus inferencias son tan vastas como el mundo.
Esta Razón que, según se deduce, se torna razonable
solamente cuando acepta como certidumbre la superstición,
la superstición artificial. ¡La única cosa que puede guiar a los
pueblos! Estos colaboradores tienen razón en sumergir estas
pocas páginas engañosas bajo la historia política documentada de la Iglesia, que se ha vuelto lo suficientemente fuerte
como para conquistar al mundo por el terror, la efusión de
sangre y la ayuda de todos los reyes.
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GAUGUIN
¿Dónde está la Razón en todo esto, dónde incluso la Fe,
fuera de toda esta acumulación de todo el poder y de toda la
riqueza?
En resumen, este libro nos expone (además de su infame comportamiento) un suntuoso edificio de mármol y oro,
que no es el edificio de San Pedro o el del Evangelio.
En la historia política de estas misiones, descrita en este
libro, un pasaje es especialmente digno de mención debido a
lo inoportuno de su significado hoy en día.
Hablando de Confucio dice el autor: "Como encontraron en él una porción de las verdades cristianas consideraron
que su autoridad sería una garantía para ellos. La mayoría de
los jesuítas pensó que era exagerado prohibir, so pretexto de
posibles peligros, prácticas que podían ser inocentes y a las
que cuatrocientos millones de hombres no renunciarían.
"Los jesuitas vivían en la Corte o en las provincias; hicieron las más útiles conquistas entre los mandarines. Las
doctrinas de Confucio habían sido preservadas con mayor
pureza entre esa gente selecta.
"Finalmente, el 11 de julio de 1742, Benedicto XIV con
la bula Exquo singulari, anuló todas esas dispensas y de una
vez por todas condenó las ceremonias chinas. Desde ese
momento se detuvo la propagación de la fe. En China no le
quedaba nada por hacer sino sufrir".
Así, y son ellos mismos quienes lo confiesan, China les
había abierto sus puertas hasta el día en que los misioneros,
por orden del Papa, y con bastante poca gratitud por la espléndida hospitalidad que habían recibido, comenzaron a
ejercer su poder arbitrario y autocrático, condenando las
148
DIARIO
INTIMO
ceremonias que habían sido adoptadas por más de cuatrocientos millones de hombres, a fin de reemplazarlas por
nuevas ceremonias.
¡Es para esa faena que vamos a enviar a nuestros hijos a
China a pelear contra los que deseen convertirse una vez
más en dueños de su país y de sus propias creencias!
¡A eso se reduce la famosa conciencia del ejército cristiano!
Resumiendo, y para poner fin a esta limpieza de chimenea.
En el siglo vigésimo, la Iglesia Católica es una Iglesia rica que se ha apoderado de todos los textos filosóficos a fin
de falsearlos, y el Infierno prevalece. La Palabra queda.
Nada de esa Palabra ha muerto. Los Vedas, Brahma,
Buda, Moisés, Israel, la filosofía griega, Confucio, el Evangelio, todo existe.
Sin una sala lágrima, sin ninguna asociación monopolística, la Ciencia y la Razón han preservado, solas la tradición:
fuera de la Iglesia.
Desde el punto de vista religioso, ya no existe la Iglesia
Católica. Es ahora demasiado tarde para salvarla.
Orgullosos de nuestras conquistas, seguros del futuro,
decimos "¡alto!" a esa Iglesia cruel y artificial. Entonces explicamos nuestro odio y la razón de ese odio.
El misionero no es más un hombre, una conciencia. Es
un cadáver en manos de una cofradía, sin familia, sin amor,
sin ninguno de los sentimientos que nos son caros.
Le dicen: "¡Mata!" y él mata. ¡Es Dios quien lo quiere!
"Apodérate de esa región" y él se apodera de ella.
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GAUGUIN
"Apodérate de esa herencia" y él se apodera de ella.
¡,Vuestra riqueza? No hay un centímetro cuadrado de
tierra que no hayáis quitado a los fieles extorsionándolos con
la promesa del Cielo, obligándolos a daros los frutos de todo
lo que se vende, aun los frutos de la prostitución. Pobres
buzos que, desafiando a los tiburones, buscan perlas en las
profundidades del mar. Una señal de la cruz es todo lo que
obtienen por ello.
Comprendemos vuestros artificios, caballeros.
Al hombre moderno no le gusta la suciedad, y el misionero que ha santificado la piojería se encuentra generalmente
con que lo llaman el Barbudo Piojoso.
Castrado en cierto modo por su voto de castidad, nos
ofrece el penoso espectáculo de un hombre deformado e
impotente o empeñado en una estúpida e inútil lucha con las
sagradas necesidades de la carne, una lucha que, siete veces
de cada diez, lo conducen a la sodomía, ala horca o ala prisión.
El hombre ama a la mujer, si es que ha comprendido
qué es una madre.
El hombre ama a la mujer, si ha comprendido qué es
amar a una criatura.
¡Ama a tu prójimo!
Con tristeza y disgusto a la vez veo pasar a las buenas
Hermanas, procesión de vírgenes sucias, enfermizas, conducidas por la fuerza, sea por la pobreza o por la superstición
de la sociedad, a entrar al servicio de un poder invasor.
¿Eso una madre?... ¡,Eso una hija?... ¡Nunca!
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DIARIO
INTIMO
Y como un artista, un amante de la belleza y de las bellas armonías, exclamo: "¿Eso una mujer? ¡Oh, no!”
Cerebros inapropiados para investigaciones intelectuales, que no tienen conciencia de la vida, salvo para comer y
beber, sin objetivo fijo, salvo obedecer a una regla, cubiertos
con un manto de hipocresía que es usado con desprecio por
otras vírgenes varones.
Admitiendo que la policía es calumniadora, y todas esas
historias también, a pesar de estar ricamente documentadas:
la condición de los conventos en los días de Juana, la prostituta de los monjes que llegó a ser la Papisa Juana; la historia
de la monja de Diderot en la época de la Revolución; el descubrimiento de todos esos cadáveres de niños, matados al
nacer, cuando se cavó la tierra en los jardines de ciertos antiguos conventos de mujeres -admitiendo que todo eso son
calumnias puras y simples- queda sin embargo el estado de
cosas que es antinatural, cruel y, en consecuencia, inhumano.
¡Fuera con todo ese sentimentalismo que es la máscara
del sentimiento, ese falso respeto por la vestidura!
Mirad de cerca las Hermanas en los hospitales coloniales, y los que las dirigen, los varones. Requieren habitualmente más personas para servirles que la gente enferma.
Junto a la cama de un paciente parecen simples entrometidas, aunque algunas de ellas, por supuesto, son chicas campesinas de buen corazón, capaces (en el mejor de los casos)
de excitar compasión, que de vez en cuando dan tortas a los
soldados para que vayan a misa. En cuanto a los varones,
coleccionados en todos los países (¡misiones francesas!) están afuera en busca de niñitos chinos, recolectando dinero
151
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GAUGUIN
para reparar y mantener las iglesias, y obteniendo suscripciones para su publicación La Propagation de la Foi. En esa
publicación podéis leer. "X... 50 francos, ¡por un trabajo
hecho con éxito!”
Edificante, como veis, y esto nos da una idea de la grandeza de la Iglesia.
*
Escuelas y letrados.
Pablo estudia a Rembrandt. Enrique estudia a Pablo.
Bonnat estudia a Enrique. Veis el encadenamiento.
Una caricatura por Daumier: al sol, algunos pintores
están alineados. El primero copia del natural, el segundo está
copiando al primero, el tercero está copiando al segundo...
Veis el encadenamiento.
Un bosquejo, un bosquejo de un bosquejo... y se firma.
La naturaleza es menos indulgente. Luego de la mula no
viene nada.
Pablo economiza, pero muere de hambre. Su hermano
Enrique no economiza, pero muere de indigestión. ¿Quién
es más cuerdo, Juan que llora o Juan que ríe?
*
El y ella se amaban con un amor tierno, y esto siguió
tanto tiempo como fue posible. Llegó luego el día en que el
amante, el menos ingenuo de los dos, cansado de ello, enfriada su pasión, advirtió que su amada era en realidad un
vampiro odioso.
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DIARIO
INTIMO
Los vampiros no quieren que la gente los abandone.
El, el abate Combes, estaba decidido un buen día, inclinándose ante la voluntad del pueblo, a informar a su antigua
novia de algunos de los detalles de esa voluntad.
Varios matones, obstinados como lo son siempre los
bretones, elegidos para guardar a la bella, se prepararon para
defender su olla de sopa (la gratitud del vientre, por cierto).
Recogieron todo el contenido de las letrinas y los excrementos de las Hermanas y anegaron a los mensajeros del
abate con esos perfumes suyos. Ahuyentad a la inmundicia y
vuelve al galope.
Era desolador; por toda la campaña lloraban, juraban.
Bretaña y Vandea estaban a punto de sublevarse; no se
iba a recurrir a la bacinilla esta vez, sino al cañón. ¡Ay! ¡tres
veces ay! Non dis in ideen.
Pero no seáis demasiado confiados... El ejército... La
conciencia cristiana...
Queríais desahogar vuestro despecho en vuestra antigua
novia, el vampiro que amasteis, y estuvo a punto de ocurrir.
No sabíais que en el ejército hay varias clases de conciencia.
Una conciencia que- permite, incluso que ordena, matar sin
piedad a los hombres, a las mujeres indefensas, incluso a las
criaturas, cuando son comunistas. Otra conciencia que
prohibe arrestar a los matones que vacían bacinillas en la
cabeza de los gendarmes.
*
153
PAUL
GAUGUIN
Están todos listos; partirán rumbo a China para hacer
una carnicería de chinos que no desean permitir que los gobiernen los cristianos.
Esta buena Francia, tan generosa y tan caballeresca, está
siempre lista para iniciar una guerra a fin de ayudar a los ingleses a vender su opinión, y luego a indicar de nuevo una
guerra para vender el Viejo y el Nuevo Testamentos.
El Papa, a quien no le queda nada sino esta estúpida
Francia para apoyar sus misiones, no quiere estar enojado.
Dice: "Podéis pedir el divorcio, pero nuestros principios no
lo autorizan. En principio no reconocemos el divorcio".
Es astuto, nuestro Santo Padre, el pequeño León; no
hay nadie más astuto.
A los que le piden que haga concesiones, a fin de mantenerse a la altura de los tiempos, responde invariablemente:
"¡Concesiones! ¡Sería nuestra muerte! Necesitamos tiempo.
Debemos preservar nuestra riqueza".
Y a fin de ganar tiempo hace unos pocos dogmas.
La fotografía del Santo Sudario, cuando se la sumerge
en agua de Lourdes, produce centenares de impresos, por
medio de la irradiación, sin duda, como el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. En las Marquesas esperan iniciar muy
pronto una gran suscripción para comprar uno de esos extraordinarios ejemplares. ¡Las piastras van a zumbar!
Los nativos, me toman por un letrado, vienen a mí cada
día para pedirme informaciones. ¡,Qué puedo decirles? Debería iniciar el estudio de la química clerical, y a mi edad carezco de energía para eso.
Les digo: "Preguntad al sargento; él es el amo".
154
DIARIO
INTIMO
¡Otro individuo que tiene una conciencia!... como goma
de borrar. Debierais ver cuán fino parece cuando dice: "Mi
deber". Y cuán importante cuando dice: "Mi querido camarada, acabo de acostarme con una virgen". Es verdad que al
mes siguiente, en el hospital, el practicante mayor dice:
"¿Qué es esto? Dadle un poco de protoioduro de mercurio".
Estas pequeñas vírgenes, de la clase de las que pinta Pissarro,
son distribuidoras de veneno.
Vais a decir, mis lectores parisienses, que os estoy tomando el pelo en lo referente a los gendarmes. Venid alas
colonias, especialmente a las Marquesas, y veréis si os estoy
tomando el pelo. Si tenéis alguna influencia, lo mejor será
decirle algunas palabras al ministro.
Pero no he terminado con este tema. Os hablaré nuevamente al respecto.
*
Hace un momento, cuando os estaba hablando de mi
niñez en Lima, olvidé deciros algo que ilustra el orgullo de
los españoles. Puede interesaron.
En los viejos tiempos había un cementerio de estilo indio en Lima: filas de casilleros, con ataúdes en su interior;
inscripciones de todas clases. Un comerciante francés, el
señor Maury, tuvo la idea de visitar las familias ricas y sugerirles que debían tener sepulturas de mármol esculpido. Tuvo un éxito maravilloso. Este fue general, aquél, gran
capitán, etc.,... todos héroes. Para la empresa se había armado de varias fotografías de sepulturas esculpidas en Italia.
155
PAUL
GAUGUIN
Fue un éxito deslumbrante. Durante varios años llegaron
barcos llenos de mármoles esculpidos en Italia a muy bajo
precio y que producían muy buen efecto.
Si vais ahora a Lima veréis un cementerio que es diferente de cualquier otro, y descubriréis cuánto heroísmo hay
en ese país.
Con esto hizo el viejo Maury una inmensa fortuna. Su
historia, tan simple como es, merece ser contada.
Una gran casa de comercio de Burdeos tenía una vez en
su poder una transacción muy grande que consideraba poco
menos que perdida. En la casa había un joven empleado: el
joven Maury, al que se había distinguido como a un chico de
inteligencia excepcional.
Enviaron a este joven a Lima, con entera autoridad para
exigir el pago de sus créditos, y convinieron en pagarle un
determinado porcentaje ole lo que obtuviera, suponiendo
que no sería mucho. Estaban equivocados, pues el joven
Maury se desempeñó tan bien que salvé) casi todo el importe.
Como consecuencia se encontró en posesión de un
hermoso capital y en contacto con los negocios en Lima, y
decidió quedarse. Comenzó por edificar un confortable hotel, luego dos, luego varios más; fue él quien ordenó la construcción, en secciones, de la cúpula de madera entallada para
la iglesia, que tenía simplemente que ser colocada sobre la
antigua. Mi madre, que había aprendido a dibujar en la escuela, hizo un admirable -es decir, un atroz- dibujo a pluma
de esta iglesia, con su jardín rodeado de barandillas de hierro.
156
DIARIO
INTIMO
Como era una criatura, pensé que este dibujo resultaba
muy lindo; mi madre lo había hecho; seguramente me comprenderéis.
Vi en París nuevamente al viejo Maury, muy viejo esta
vez, con dos sobrinas a su lado, sus únicas herederas. Poseía
una colección muy hermosa de jarrones (alfarería de los Incas) y joyas engarzadas por los indios en oro puro.
¿Qué ha sido de todas esas cosas?
También mi madre había conservado unos pocos jarrones peruanos; especialmente una cantidad de figurinas en
plata maciza, exactamente como sale de las minas. Desaparecieron en el incendio de Saint-Cloud por los prusianos, junto
con una biblioteca considerable y casi todos los documentos
de nuestra familia. Hablando de documentos de familia:
cuando me casé me pidieron en la oficina municipal los certificados de defunción de mis padres. Poseía sólo el de mi
madre, lo que significaba bastante, pues decía: "Señora de
Gauguin, viuda". Pero el empleado sostenía que yo no podía
casarme sin el certificado de defunción de mi padre.
"¿Pero el hecho de que mi madre era la viuda de Gauguin no prueba que mi padre murió?”
Nada más obstinado que un empleado de una oficina
municipal. Por fortuna el alcalde era un hombre inteligente y
todo se arregló.
Al nacer mi hijo fui de nuevo a la municipalidad a declarar este nacimiento. Cuando dicté al empleado: "Un niño
llamado Emile Sause", escribió: "Emile Sauzé".
Llevó un indescriptible cuarto de hora escribir correctamente el nombre. Yo era un chistoso que me burlaba de
157
PAUL
GAUGUIN
los empleados, etc. Un poco más y habría llegado a cometer
una transgresión.
Como veis, nunca he sido serio, y no debéis ofenderos
de mi estilo burlón.
*
Sin preaviso alguno la vieja Moo vino y se instaló en mi
casa. Como hacía calor, se sacó la camisa. Es muy delgada, y
sabéis que me gustan las mujeres gordas. Su piel está arrugada; pensadlo bien: ha sido madre once veces. Además, tendría mejor aspecto si recibiera una capa de crema para
blanquear el cutis. Ha tenido realmente once hijos, pero
si106 le preguntáis de cuántos padres se queda asombrada.
Cuenta con sus dedos, y de nuevo con los dedos... largo rato.
Pero cuando llega al número 100 le falla la memoria.
Posee un pequeño terreno y, si se le ha de creer, todos
los días se le ofrece un verdadero marido. Pero lo dice con
intención.
¿Qué importa? Se acuesta y ofrece lo que tiene, como si
fuera la mujer más hermosa del mundo. Nada más, nada
menos. Pero no me gustan las mujeres flacas.
Por el momento tengo dolor de cabeza. Se va a convertir en sarampión.
La conversación cesa y ella se va a dormir.
Entonces me atrevo a mirarla; no hay duda de que debiera tener una capa de crema para blanquear.
158
DIARIO
INTIMO
Vuelve durante varias noches. Cuando viene, tengo
siempre sarampión; mi castidad depende de ello. Y, además,
no tengo fuego.
Finalmente, no viene más. Cuando le preguntan por
qué, dice que no puede soportar eso, es tan cansador. Mostrando todos sus dedos dice: "Sí, así, cada noche!”
Así es cómo se hacen las malas reputaciones; no os
equivoquéis al respecto.
*
En una época los únicos cuadros míos que podían venderse eran los que había regalado. Un individuo pequeñito a
quien yo había regalado treinta cuadros, se apresuró a venderlos en lo de Vollard, luego de haberlos copiado y estudiado.
¡Excelente joven!
Nunca regaléis vuestros cuadros, excepto a vuestro cocinero.
Van Gogh tenía también esta manía. ¿Quién no recuerda el café de La Siccatore, esa italiana que había sido modelo? Vincent decoró gratis todo este café de Tambourin).
Durante mi estada en Arlés me contó una historia más
bien curiosa acerca del mismo, cuyo final nunca oí. Como él
estaba muy enamorado de La Siccatore, que era todavía
hermosa a pesar de su edad, recibió muchas confidencias de
ella acerca de Pansini.
La Siccatore tenía un hombre con ella, para ayudarla a
atender el café. En este café acostumbraban reunirse toda
clase de personajes de aspecto sospechoso. El administrador
159
PAUL
GAUGUIN
quería tener todas las confidencias de la mujer, y un buen
día, sin ton ni son, le arrojó a Vincent a la cara un vaso de
cerveza que le produjo un corte en la mejilla. Vincent, cubierto de sangre, fue expulsado del café.
Un gendarme, que pasaba en ese momento, el dijo severamente: "¡Circule!”
Según Van Gogh todo el asunto Pansini, así como muchos otros, fueron incubados en ese lugar, con la connivencia de La Siccatore y del amante.
Es digno de hacer notar que casi todos estos establecimientos están en los mejores términos con la policía.
De este caso Pansini surgió otro, también, según Vincent, incubado en este famoso café, el caso Prado.
Este hombre, a fin de robar a cierta prostituta, la asesinó, luego a su sirvienta y finalmente a su niñita, a quien había
violado. Mucho tiempo después la policía, cansada por el
ruido que hacían los diarios, encontró al llamado asesino,
quien había buscado refugio en La Habana. Resultó casi
imposible descubrir el verdadero nombre de este hombre
extraordinario. Se encontró una mujer que lo acusó de todo
lo que la policía quiso que lo acusara, aunque ella no fue
considerada cómplice. Nadie comprendió nada al respecto:
la prensa, el tribunal o el criminal, quien exclamó: "Es cierto
que soy un ladrón y que he asesinado antes de esto. pero ni)
soy culpable de este crimen".
El caso recordaba en este aspecto a Ténébreuse Afaire,
de Balzac. ¿Qué importaba? La policía estaba obligada a tener la última palabra y este hombre fue condenado a muerte.
160
DIARIO
INTIMO
Yo y un amigo fuimos informados por un telegrama enviado al café "Nouvelle Athénes" por un capitán de la guardia municipal. A las dos de la madrugada estábamos en la
Place de la Roquéte, dando patadas en el sucio, pues el frío
era extremo en esa noche muy oscura, esperando la ejecución, o por lo menos (lo que ayudaría a pasar el rato) la llegada e instalación de la máquina. No hubo ni por un
momento esperanzas de entrar al pequeño espacio reservado
junto a la máquina, pues estaba ya lleno de gente inmóvil,
apretada, esperando la mañana. Por fin se acercó la hora. Un
débil destello que anunciaba la salida del sol me permitió dar
un vistazo a la plaza. Había un gran semicírculo alrededor de
la guillotina: soldados, la policía.
A un lado estaba el carro de la guillotina y el coche fúnebre; al otro, el espacio reservado.
Delante de la guillotina, en el centro, cinco gendarmes
montados.
Y de repente, la policía comenzó a empujarnos brutalmente hacia el borde exterior del círculo a todos los que
estábamos a pie.
Imposible ver, o casi...
Los portones de la prisión se abrieron y la guardia comenzó a salir. Los gendarmes habían desenvainado sus sables y se produjo de repente un extraordinario silencio,
como obedeciendo a una voz de mando; muchos se sacaron
el sombrero. Junto a ellos, de negro, estaba la policía especial
y el verdugo. Los ayudantes del verdugo llevaban blusas
azules.
161
PAUL
GAUGUIN
Yo quería ver todavía, y cuando quiero algo soy muy
obstinado, de manera que me lancé a través de la plaza
(rompiendo el respetuoso silencio) y, escabulléndome entre
las dos botas de un gendarme, llegué al centro. Nadie se
atrevió a moverse.
Luego vi a la guardia avanzando lentamente y, entre los
dos postes de la guillotina, una cabeza odiosa, inclinada, aniquilada, como loca de terror.
Estaba equivocado; era el capellán. ¡Qué extraordinaria
actriz es la angustia para ser capaz de falsificar un asesino!
El asesino, realmente pequeño, pero al parecer robusto,
tenía una cabeza agraciada, orgullosa; era de buen aspecto, a
pesar de la mala apariencia de su cabello cuidadosamente
afeitado y de su camisa de tela ordinaria.
El tablón osciló, de manera que en lugar del cuello fue
golpeada la nariz. El hombre luchaba con el dolor y los dos
blusas azules, empujándolo brutalmente por los hombros,
pusieron su cuello en el lugar apropiado. Pasó un largo minuto, y luego la cuchilla hizo su trabajo.
Me esforcé por ver la cabeza cuando era levantada de la
caja; tres veces fui empujado hacia atrás. Se alejaron unos
pocos metros para traer agua en un balde y verterla sobre la
cabeza.
Es de preguntarse por qué no se había preparado para
esta tarea una toma de agua justo debajo de la caja. Y me
extrañaba que no hubieran medido al prisionero de manera
que, con una vuelta de tornillo, la tabla estuviera a la distancia exacta deseada de la abertura que recibe el cuello del
condenado.
162
DIARIO
INTIMO
Ahí tenéis el famoso espectáculo que ofrece tanta satisfacción a la sociedad.
Afuera se oyeron gritos de "¡Viva Prado!”
*
Estoy dibujando en la playa, en la frontera. Un gendarme del Sur, que sospecha soy un espía, me dice a mí, que
vengo de Orléans: "¿Es usted francés?”
"Pues ciertamente”
"Es curioso. Vous n'avez pas l'accent (lakesent) frangais':
*
Rafael era alumno de Perugino. Bouguereau también. Y
Bouguereau escribe arrobado: "Cara a cara frente a la naturaleza, no veo nada sino el color".
Rafael no buscaba valores;, en sus cuadros no hay distancia. Preguntaos a vosotros mismos si entendía de valores.
*
En una exposición en el bulevar de los Italianos vi una
extraña cabeza. No sé por qué algo pasó en mi interior, por
qué habré oído extrañas melodías frente a un cuadro. La
cabeza de un doctor, muy pálido, con ojos que no os miran,
no os ven, pero escuchan.
En el catálogo leo: "Wagner, por Renoir.
163
PAUL
GAUGUIN
*
Hay gente que dice: "Rembrandt y Miguel Angel son
ordinarios; me gusta más Chaplin.
*
Una mujer muy fea me dice: "No me gusta Degas porque pinta tantas mujeres feas". Luego agrega: "¿Ha visto
usted en el salón mi retrato, por Gervex?”
Una figura vestida, por Carolus-Duran, es indecente; un
desnudo, por Degas, es casto.
¡Pero ella se está bañando en una bañera!
Es precisamente por eso que está limpia.
¡Pero podéis ver la bañera, la jeringa, la palangana!
Todo está precisamente de la manera que eso está en
casa.
La crítica destroza las cosas, pero eso es otro asunto.
*
Un crítico ve mis cuadros en mi casa. Muy perturbado,
me pregunta por mis dibujos. ¡.Mis dibujos? ¡Nunca! Son mis
cartas, mis secretos. El hombre público-el hombre privado.
Deseáis saber quién soy yo; mis trabajos no os bastan.
Aun en este momento, mientras escribo, estoy revelando
únicamente lo que quiero revelar. Qué importa que me veáis
a menudo desvestido; eso no es argumento. Es al hombre
164
DIARIO
INTIMO
interior al que queréis ver... Además, no siempre me veo
muy bien a mí mismo.
*
Dibujo: ¿Qué es eso? No esperéis una conferencia mía
sobre este tema. El crítico probablemente diría que es una
cantidad de cosas hechas sobre el papel con un lápiz, pensando, sin duda, que allí se puede descubrir si un hombre
sabe dibujar. Saber dibujar no es la misma cosa que dibujar
bien. ¿Sospecha él, el crítico, este juez, que trazar el contorno
de una figura pintada resulta en un dibujo totalmente diferente? En el "Retrato de un Viajero", de Rembrandt (Galería
Lacazes) la cabeza parece cuadrada. Tomad el contorno del
mismo y veréis que la cabeza es dos veces más alta que ancha.
Recuerdo la época en que el público, reunido para juzgar el dibujo de los cartones de Puvis de Chavannes, afirmó,
aunque concediendo que Puvis tenía grandes dotes de composición, que no sabía dibujar. Provocó sensación cuando un
buen día hizo él una exposición en lo de Durand-Ruel, consistente exclusivamente en estudios con lápiz negro sobre
fondo rojo.
"Bien, bien", dijo este público encantador. "Puvis sabe
dibujar, como todo el mundo. Sabe anatomía, proporciones
y el resto. ¿Pero entonces por qué no sabe dibujar en sus
cuadros?" En una multitud hay siempre alguien que es más
sagaz que otros, y este individuo dijo: "¿No podéis ver que
165
PAUL
GAUGUIN
Puvis se ríe de vosotros? Es uno más que quiere ser original,
y no como los otros".
¡Dios mío, qué será de nosotros!
Es probablemente lo que este crítico deseaba cuando
preguntó por mis dibujos. El se dijo: "Veremos, ahora, si
sabe dibujar". No necesitaba preocuparse acerca de eso, yo
lo ilustraré. Nunca he sabido hacer lo que llaman un dibujo
correcto; una gorra tampoco, o amasar pan. Me parece que
siempre falta algo: color.
Ante mí, la figura de una mujer tahitiana... El papel
blanco me turba.
Carolus-Duran se queja de los impresionistas, de su paleta especialmente: "Es tan simple", dice. "Mirad a Velázquez. Un negro, un blanco". ¡.Son tan simples los negros y
los blancos de Velázquez?
Me gusta escuchar a esa gente. En esos terribles días en
que uno no se cree capaz para nada y tira los pinceles, se la
recuerda, y la esperanza renace.
Los verdaderos embajadores son aquellos que no tienen
demasiada confianza en su propia inteligencia, que responden en forma evasiva, que saben cómo vestirse y recibir.
Lo mismo me parece cierto de los guardianes del Louvre.
Y sin embargo, ¿no podríamos encontrar guardianes
mejores?
Os estoy hablando de muchas cosas, a pesar de mi
promesa de hablaros de las Marquesas. Es más bien traicionero de mi parte ilusionaron con la esperanza de que vais a
obtener algo completamente diferente de lo que obtenéis en
166
DIARIO
INTIMO
París. Pero debéis perdonarme; yo mismo estoy engañado.
Aquí estoy, traguemos la píldora. Mi pincel debe compensarlo. Hay por cierto algunas montañas soberbias que puedo
describiros, más o menos infielmente, pero debería poseer el
talento necesario para la descripción, así como innumerables
adjetivos que no conozco, pero que son tan familiares a Pierre Loti.
Muchas cosas que son extrañas y pintorescas existieron
aquí antaño; pero hoy en día no quedan rastros, todo se ha
evaporado. Día a día la raza desaparece, diezmada por enfermedades europeas, incluso el sarampión, que aquí ataca a
la gente mayor. Las chicanerías de la administración, las irregularidades de los correos, los impuestos que aplastan a la
colonia, hacen imposible todo comercio. Como resultado,
los comerciantes se están yendo.
No hay nada qué decir, salvo hablar de mujeres y acostarse con ellas. Sin madurar, casi madura, completamente
madura.
Hay tanta prostitución que no existe.
Nosotros la llamamos así, pero ellos no la consideran
como tal.
Sólo se conoce una cosa por su contrario, y el contrario
no existe.
Un pícaro de juez en las Marquesas... Una jovencita vino a quejarse de que doce hombres acababan de violarla, sin
pagarle.
"¡Es terrible!", exclamó el juez, y en seguida se convirtió
en el decimotercero. Pero él pagó. "Comprendes, pequeña,
que ahora no puedo juzgar este caso".
167
PAUL
GAUGUIN
Este mismo juez, cuando el gendarme estaba ausente,
recibió a una jovencita, una criatura realmente, que había
venido a obtener su certificado, al dejar la escuela, declarando que era "apta para...”
"Está muy bien", le dijo nuestro juez; "ahora dame la
primera prueba". Y la desfloró. Entonces firmó la tarjeta.
Muchos de tales detalles, a menudo obscenos, os darán
una mayor comprensión de las Marquesas que la que obtienen los turistas. Los turistas de hoy en día ven poca cosa.
La isla de Taoata acaba de ser desolada por una terrible
marejada que ha arrancado enormes bloques de coral y muchas conchillas para los coleccionistas.
Del coral harán cal. Los balleneros, que son hombres de
mar muy hábiles, viendo que sus barómetros se comportaban de una manera extraordinaria, previeron el desastre y
emprendieron viaje, no sin dejar algunos hermosos regalos
para la policía. Algunas damajuanas de vino... ¡Qué vergüenza! ¡Regalos con facturas!
"¿Qué puede usted esperar?", dicen los capitanes. "Los
contrabandistas tienen que mantenerse del lado de los gendarmes".
Esto no requiere comentario.
*
El peor sufrimiento es siempre el último.
Luego del café de la mañana, los sexos, que han estado
juntos durante la noche, se separan en el templo, una forma-
168
DIARIO
INTIMO
lidad necesaria para permitir al alma zafarse del tema que la
subyuga.
Luego del baño, la pila de agua bendita; se limpian el
cuerpo y el113 alma. La plegaria sigue: "Señor, el pan nuestro de cada día dánosle hoy...
Negocios son negocios.
*
Estoy comiendo un pastel de carne con repollo. Mi vecino, un inglés, me pregunta cómo se llama eso. "¿Qué dices?, le respondo. Pasa el camarero, y el joven le pide un
"¿Qué dices?”
Nunca imaginé que yo tenía tanto ingenio.
*
Efectos: existen, y tienen sus cosas buenas. ¡Son buenos
efectos! No debéis abusar de ellos, sin embargo, a menos
que estéis tratando de evitar el dibujo y el color.
Mi escritura se torna ilegible cuando estoy en duda acerca de la ortografía. Cuánta gente utiliza esta estratagema en
pintura... cuando el dibujo y el color les molestan.
En el arte japonés no hay valores. Bien, ¡tanto mejor!
Todo depende del punto de vista desde el que uno juzga. En
una galería de tiro la perspectiva es la misma decoración. Se
puede prescindir de las colgaduras o de las pinturas murales.
Se debe sentir siempre la pared.
169
PAUL
GAUGUIN
No más pintura, no más literatura; ha llegado el momento de hablar de armas. Ocurre que tenemos aquí a un
verdadero gendarme... Comprendéis... ¡Viene de Joinville-lePont! Es un terrible fanfarrón. Joinville representa, en cierta
forma, el premio de Roma de los ejercicios físicos.
Gran parte de su enseñanza es para ser tomada o dejada.
Por mi parte, yo la dejaría.
Los maestros de esgrima producidos en Joinville-lePont son generalmente individuos muy expertos, expertos
en el arte del garrotazo. Son en verdad muy capaces, pero
son acróbatas y habitualmente no pueden sacar gran cosa de
sus alumnos.
Hay un dicho: "Si tenéis una buena mano, podréis a veces anotaros un golpe. Si tenéis buena mano y buenas piernas, os anotaréis golpes a menudo. Agregad una buena
cabeza, y os anotaréis golpes siempre".
Lo que no os dan en Joinville es una buena cabeza. Allí
enseñan sin discernimiento.
La esgrima con florete consiste en hacer uso de dos
movimientos, los otros se desarrollan a partir de ellos, o son
suplementarios.
Un movimiento hacia atrás y hacia adelante, y un giro.
En el ataque se llaman: Uno, dos, tres y doble...
En la defensa se llaman oposición y contra.
A pesar de su simplicidad, estos movimientos se prestan
a una cantidad enorme de combinaciones. Conocerlos bien
es ya ser experto.
El maestro de esgrima del regimiento, que sobresale en
cansaros, os tiene haciendo uno, dos, tres y doble durante un
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DIARIO
INTIMO
año entero; al final, cuando el alumno desea hacer al menos
un pequeño ataque, pierde la cabeza. "¿Qué haré?", piensa,
"vamos, uno, dos..." Ataca, se zafa, su adversario logra una
contra. Eso no marcha. ¡Naturalmente!... Vuestro movimiento debiera corresponder con el quite.
Es por lo tanto esencial que el instructor haga comprender realmente al alumno, dándole su lección con lentitud, y frustrando con su quite el movimiento ordenado. Así,
por ejemplo, ordena uno, dos, pero en lugar de una oposición tenemos una contra, de manera que el alumno sigue
atentamente la parada y actúa en consecuencia. Ahora bien,
con respecto a la ejecución tienen un principio en Joinvillele-Pont que no quieren abandonar: Adelantad el brazo e id a
fondo. Esto hace que sea imposible que el adversario calcule
mal la distancia; si él está atento al movimiento de la rodilla,
está constantemente prevenido.
Los buenos maestros de esgrima civiles actúan de manera muy diferente. Se extiende el brazo gradualmente y la finta, que es a menudo inútil, es sólo incidental.
Deseamos ser corregidos, si así debe ser, pero mantenemos claramente que debemos utilizar los brazos según la
forma en que estamos hechos.
Así, por ejemplo, si tengo una muñeca débil y una mano
delicada me acostumbro a utilizar los músculos del brazo,
con toda la fuerza concentrada en la parte más delgada del
brazo.
Como tengo un tórax muy ancho y no inicié la práctica
de las armas hasta muy tarde, fue imposible para mí, excepto
con la más grande incomodidad, tomar posición de acuerdo
171
PAUL
GAUGUIN
con las reglamentaciones, casi cubierto en las dos líneas. Así,
pues, sin ninguna incomodidad, sin cubrir el pecho, acostumbraba ofrecer sólo una línea simple a mi adversario,
abriendo siempre el encuentro en tercera (hoy en día se dice
en sexta).
Recuerdo a cierto maestro de esgrima de primera clase
de la Salle Hyacin-the, de París. Este instructor era de piernas y brazos muy pequeños, especialmente las primeras, que
acostumbraba usar como si tuviera rueditas debajo de las
yemas de los dedos de los pies. Nunca iba a fondo, pero
mediante una serie de pasitos, ya hacia adelante, ya hacia
atrás, estaba en seguida fuera de vuestro alcance o directamente sobre vosotros... La cabeza... ¡siempre la cabeza!
¡.Tenéis una muñeca fuerte?; gastad entonces vuestro adversario con ataques, hostigadlo duramente con energía sostenida. Pero si vuestra mano es débil, dejadla parar hábilmente
todos los ataques, sin que ella ataque. En esgrima no hay
dogmas, así como tampoco estocadas secretas.
Durante mi permanencia en Pont-Aven, era capitán del
puerto e inspector de pesquerías un bretón del lugar, un marino retirado, maestro de esgrima con diploma de la famosa
escuela de Joinville-le-Pont. Abrimos con su ayuda una pequeña escuela de esgrima que, a pesar de los bajos aranceles,
le producía un modesto ingreso que le daba gran satisfacción. Era un viejo magnífico y un esgrimista bastante bueno,
pero no inteligente, ni como esgrimista ni como instructor.
No entendía realmente la ciencia de las armas. Todo lo que
sabía lo había adquirido con obstinación y práctica interminable.
172
DIARIO
INTIMO
Vi desde el primer día que el pobre hombre tenía piernas muy cortas, de manera que yo, alto y de piernas largas,
me divertía de cuando en cuando haciéndole equivocarse en
las distancias, con el resultado de que, a pesar de su habilidad
con la mano, estaba siempre a centímetros de distancia de su
blanco. Le hablé al respecto, pero era como hablarle en hebreo. Afortunadamente el viejo no era orgulloso, y durante
un tiempo fui su instructor en muchos aspectos. Le dí lecciones sobre la modalidad que he descrito arriba, es decir,
enfrentando al alumno, durante la lección, con paradas diferentes de las que han sido anunciadas.
Antes de mucho tiempo, tuvimos un excelente maestro
y los alumnos hicieron rápidos progresos.
Equivocarse en las distancias. Es evidente que si vaina
tocar debéis acercaros a vuestro adversario tanto como sea
posible, sin dejarlo percibir a nadie, con vuestros codos
junto al cuerpo, extendiendo el brazo y mediante una cierta
treta al dar vuestros pasos. De esta manera, extendiendo el
brazo furtivamente, es decir, en proporción a sus movimientos, toca su blanco sin ayuda de las piernas. De la misma manera, en el caso opuesto, vuestro brazo debe estar
extendido, debéis inclinaros ligeramente hacia adelante; luego tenéis la ventaja de todo el largo de vuestro brazo y de
una cierta distancia que ganáis al reasumir la posición vertical.
El maestro de esgrima militar enseña a no atacar hasta
muy tarde, es decir, cuando el alumno está desanimado... Un
maestro de esgrima civil, casi al principio, termina su lección
con una lección de ataque, permitiendo ciertas posiciones,
173
PAUL
GAUGUIN
cometiendo ciertos errores, todo esto muy lentamente, de
manera que en ningún caso adquiera el hábito de actuar torpemente. ¿Qué? ¿He hecho un ataque y usted no se ha zafado? ¿Qué? ¿He parado con una oposición y usted ha tratado
de repetir? Y así sucesivamente. De esta manera el alumno,
interesado desde el comienzo, aprende la ciencia de las armas y se acostumbra desde el principio a aplicar la lección en
un ataque, y hace muy rápidos progresos, sin cansarse, como
si fuera un acróbata.
Los encuentros de esgrima que se realizan en París todos los años son una prueba de lo que acabo de decir, pues
se ve a maestros de esgrima derrotados por civiles que han
tenido diez veces menos práctica que ellos.
La cabeza, es siempre la cabeza...
Nuestro excelente maestro de Pont-Aven se asombró
cuando un hermoso día de otoño llegaron a la escuela de
esgrima un par de espadas, regalo de un alumno norteamericano que tenía bolsillos muy bien forrados.
En un encuentro con el profesor, le demostré que esto
era algo muy diferente.
En verdad, se debe comenzar siempre el estudio de las
armas con el florete; es la mejor base, pero los conocimientos deben aplicarse de una manera completamente diferente
en un duelo. En un duelo el problema no es tocar correctamente ciertos lugares determinados; aquí todo vale. Se debe
considerar que en el campo los golpes peligrosos lo son
también para uno mismo.
Un hombre que para bien y devuelve hábilmente es una
buena espada.
174
DIARIO
INTIMO
No hay posición normal, es el adversario el que nos indica la posición que debemos asumir. Todo es imprevisible,
todo es anormal. En cierta manera, es una partida de ajedrez.
La victoria corresponde al que engaña al otro y es el último
en cansarse. Cuidado con bajar el arma, pues un golpe fuerte
seguramente os desarmaría. Debéis extender lentamente el
brazo, y en tercera; si no es de temer que vuestra espada sea
neutralizada. Lo contrario es lo cierto si vuestro adversario
es zurdo.
Estudiad cuidadosamente a vuestro adversario, averiguad cuáles son sus paradas favoritas, a menos que sea demasiado hábil y juegue al juego que acostumbran en la
escuela: pares o nones. En este caso, debéis tener movimientos muy irregulares e inesperados a fin de hacer creer a
vuestro adversario que estáis por hacer algo completamente
diferente de lo que pensáis.
Podría escribir largamente sobre este tema, mas espero
que el lector haya comprendido lo suficiente.
Finalmente, si tenéis que enfrentar a un adversario que
claramente os supera, cubríos bien y, al menor movimiento
suyo hacia adelante, presentad vuestro brazo a la punta de su
arma. El honor está a salvo y salís del asunto con una herida
insignificante.
Por otra parte, si os encontráis frente a alguien que nunca ha cruzado armas, tened cuidado, es peligroso. Utilizad la
espada simplemente como un palo, tirando tajos y reveses.
No vaciléis en replicar; un golpe en la cabeza o en la cara que
lo dejará a vuestra merced. He tropezado en mi vida con
muchos fanfarrones, especialmente en viajes a las colonias.
175
PAUL
GAUGUIN
Luego de hablar con individuos así unos pocos minutos ya
sabéis cómo tratarlos. Así, un pequeño fiscal a quien ya os he
presentado me dijo un día que era un individuo terrible, pues
había pasado quince años en una escuela de esgrima; ¡él, un
hombrecito cuyo sexo y especie sería difícil determinar!
Cierta vez que se me había invitado a almorzar en un
barco de guerra aproveché la oportunidad para llevar la conversación a este tema. Le dije: "Yo no he pasado quince años
en una escuela de esgrima, pero le apuesto a usted cien francos, y le doy ocho de ventaja sobre diez". Naturalmente, no
aceptó.
En el regimiento, los oficiales no van a la escuela de esgrima, prefieren ir al club a jugar a las cartas. En cuanto a los
soldados, es un aburrimiento en todo sentido, tanto para
ellos como para el maestro. Algunos demuestran condiciones; se les hace maestros auxiliares.
En el entrenamiento militar utilizan el cuerpo, pero
nunca la cabeza.
He tenido a menudo oportunidad de cruzar espadas con
estos maestros auxiliares; son todos unos mercenarios sin
inteligencia.
En la escuela ocurre casi lo mismo. Debéis tener algún
conocimiento de esgrima para entrar en Saint-Cyr, y el
maestro trata de ganar su dinero tan pacíficamente como
puede.
Recuerdo aquellos días. Teníamos como maestro al famoso Grisier, quien acostumbraba enviarnos a su ayudante.
(No recuerdo su nombre, pero vive todavía, pues tiene una
176
DIARIO
INTIMO
escuela de esgrima en París). Este ayudante era famoso por
sus estocadas.
El viejo Grisier acostumbraba venir a veces, entraba con
el florete en su mano derecha y con la izquierda se las ingeniaba para darnos un golpecito en la mejilla. Yo los recibí.
Realmente nos honraba con ello, llamándolo la estocada
Grisier. Había sido maestro de esgrima del zar de Rusia.
Os he hablado bastante de esgrima, y debéis disculparme. Se debe a este famoso gendarme que viene de Joinvillele-Pont. Pero no os dejaré libres de ninguna manera. Os
aburriré ahora con una corta lección de boxeo. ¡Otra oportunidad para jactarme un poco!
No recibí mis primeras lecciones de boxeo en mi tierna
juventud. Fue mi maestro en Pont-Aven un aficionado, un
pintor llamado Bouffard. Aunque sólo aficionado, era bastante hábil. Me he mantenido en buen estado desde entonces, y me ha sido de utilidad en varias ocasiones, aun cuando
sólo haya sido para inspirarme seguridad. Pero estoy hablando de boxeo inglés; en Joinville-le-Pont practican lo que
llaman boxeo francés, o savate. Cuando fui marino, practique savate por pura diversión.
Charlemont el joven, el actual campeón francés, ha
creado un verdadero arte del boxeo que no es exclusivamente savate. Muy, pero muy diferente de esto es la escuela
de Joinville-le-Pont. La escuela inglesa, imperfecta como es,
es la mejor.
119 El boxeo de Joinville-le-Pont no tiene valor, excepto para unos pocos hombres ágiles, un acróbata, muy
hábil y extremadamente joven. De lo contrario es un verda177
PAUL
GAUGUIN
dero peligro que os pone en seguida a merced de un boxeador inglés de poca categoría.
Esta es toda mi lección de boxeo; consiste en poneros
en guardia contra la escuela de Joinville. Si se os ocurre la
idea de adoptarla, debéis tener piernas ágiles, practicar todos
los días, abandonar la lectura y convertiros en un bruto.
*
Dar no es lo mismo que saber dar. Para saber dar es necesario saber recibir.
Dicen que para saber mandar es necesario saber obedecer. No es completamente exacto. De ello son testigos los
reyes. Y la policía también. Tan faltos de espíritu como los
valets, que saben obedecer; ¿saben mandar? Gran Dios, ¡no!
Y, sin embargo, adoran mandar; llaman a eso recompensarse
a sí mismos o vengarse de sí mismos.
"¡Soy el amo!”
*
En casa, me visto con una camisa; en mi estudio, con
una blusa; durante la noche, en compañía de terceros, con
traje de etiqueta.
Un callejón sin salida, más bien parecido a la Cour des
Miracles, la Impasse Frenier, se abre sobre la Rue des Fourneaux. Son las cinco de la mañana. No estoy dormido y oigo
a la Tía Fourel, la esposa del carrero, que grita: "¡Socorro, mi
esposo se ha ahorcado!”
178
DIARIO
INTIMO
Salto fuera de la cama, pero me pongo los pantalones
(¡la corrección!), bajo con un cuchillo y corto la soga. £I
hombre está muerto, todavía caliente, todavía ardiendo.
Quiero llevarlo a la cama. ¡Alto! Debemos esperar a la policía.
Junto a mi casa sobresalen quince metros de tablas de
una huerta. "¿Tiene usted un melón?", le pregunto al hortelano.
Ciertamente, uno bueno, maduro, y para mi desayuno
como mi melón, sin pensar en el hombre que se ha ahorcado. Como veis, hay cosas buenas en la vida. Además del
veneno, existe el antídoto. Y esa noche,120 de frac, esperando conmover a los presentes, relato la historia. Sonrientes, completamente despreocupados, todos me piden trozos
de la cuerda con que se ahorcó.
Un cuento trae otro. Recuerdo una noche en que estuve
bebiendo un poco y volvía a casa, cerca de medianoche, por
una calle de El Havre. En esa época era yo tripulante de un
barco mercante. Casi me rompí la nariz contra una persiana
que sobresalía hacia la calle.
"¡Cerdo!", grité, y le dí un golpe a la persiana. No quería
cerrarse. Y con razón; había un hombre colgado de ellas que
no lo permitía. Esta vez no corté la cuerda, sino que seguí mi
camino (Había bebido un poco de más), diciéndome una y
otra vez en voz alta: "¡El cerdo! ¡Maldito lo que se preocupa
por los transeúntes! ¡Era bastante para romperle la cara a
uno!" Felices son aquellos que son siempre como se debe
ser.
179
PAUL
GAUGUIN
*
Las historias que uno oye en Oceanía son muchas e interesantes. He aquí una que no me pertenece, pues ocurrióle
a otro; pero puedo garantizar su veracidad.
En mi primer viaje como aprendiz de piloto en el Lusitano, con destino a Río de Janeiro, era mi deber hacer guardia de noche con el teniente. El me contó lo que sigue:
Había sido grumete en un pequeño barco que hacía largos viajes en Oceanía con toda suerte de cargamentos de
mercancías baratas. Un buen día, mientras estaba lavando la
cubierta, cayó al mar sin que nadie lo notara. No soltó la
escoba, y gracias a esa escoba el muchacho se mantuvo cuarenta y ocho horas en el océano. Tuvo la suerte extraordinaria de que pasara un barco y lo salvara. Luego, algún tiempo
después, como este barco hiciera escala en una islita hospitalaria, nuestro grumete salió a dar un paseo y se entretuvo
demasiado tiempo. Finalmente se quedó allí.
Nuestro pequeño grumete encantó a todo el mundo, de
manera que se estableció allí, sin tener nada qué hacer, obligado a perder su virginidad en el lugar, alimentado, alojado,
mimado y halagado de todas formas. Era muy feliz. Esto
duró dos años; entonces una hermosa mañana, pasó otro
barco y nuestro joven quiso regresar a Francia.
"Dios mío, qué tonto fui", me dijo. "Aquí estoy ahora,
obligado a luchar contra viento y marca... ¡Y yo era tan feliz!”
Está muy bien vivir entre los salvajes, pero hay también
una cosa llamada nostalgia del hogar.
180
DIARIO
INTIMO
Si con la edad se pudiera... pero no importa.
Si la juventud supiera. Eso es lo que importa.
Nunca he hecho tanto bien como cuando he querido
hacer el mal.
Y esto está dicho y escrito para gente inmoral.
Cierto día fui llevado traidoramente a visitar a una respetable familia (mi hermana estaba conmigo) en cuya casa no
se habló sino de deberes de familia y virtudes del hogar. Fue
como el fogonazo de un relámpago para mí; inconfundiblemente vi que era una trampa matrimonial. Nada hay tan terrible como la virtud.
Una viuda pasea a sus tres hijas. Mirad a la madre; veréis
en qué se convertirán las hijas. No es estimulante.
En la actualidad un padre debe decir a su futuro yerno:
“¿Ha tenido usted la sífilis?”
“No...”
“Muy bien; entonces no puede usted tener a mi hija,
pues eso significa que usted está sujeto a contraer la enfermedad y podría contagiarla a ella”.
Hay necesidades que uno tiene que tragar. Tragar es una
palabra fuerte; digamos, a las que uno tiene que resignarse.
*
Una mujer nunca llega a ser realmente buena hasta que
llega a ser abuela. En Oceanía... No digo esto por vosotras,
damas de la metrópoli. Si no por convicción, por cortesía.
¡Turlututu, mon chapeau pointu!
181
PAUL
GAUGUIN
*
El me dice: "Todos los hombres deben servir a su país".
Yo: “¿Por qué no lo ha servido usted?”
"Oh, eso es otra historia; yo estoy eximido, vengo de las
colonias". ¡Patriotismo!
Y bien, mi espíritu ha partido de viaje. No estamos más
en Oceanía, sino en Africa, ese buen continente que todos
quieren compartir, o más bien disputar, y que es tan favorable para los héroes de aventuras que vienen a comerciar, esa
tierra donde cortan el cuello a la gente so pretexto de propagar la civilización. Cuando se cansan de hacer fuego contra
los conejos lo hacen contra los negros. Los boers disparan
contra los negros diciendo: "Idos de aquí y haced lugar para
nosotros". El cielo sabe que los ingleses no lo hacen peor,
sólo que ellos quieren divertirse con un poco de sentimentalismo. Acostumbraban vender esclavos; ahora está prohibido.
Bien, en Africa hay muchos manuscritos árabes muy
instructivos. Así se me dijo, y lo creo. He escuchado con la
mayor atención. Haced como hice yo, si queréis saber lo que
dicen.
No sólo hay arena en el desierto; a veces hay paisajes
sonrientes y árboles con sus plantas parásitas.
Cierto día, que el manuscrito árabe no nos especifica, se
encontraron un león y un asno. "¡Mis felicitaciones!", exclamó en seguida el señor asno, y nuestro orgulloso rey del
desierto contestó: "Las acepto con placer".
182
DIARIO
INTIMO
Al acercarse a un río, el león, que no tenía mucho amor
por el agua, le dijo al asno: "¿Eres lo bastante fuerte como
para llevarme a través del río en tu espalda? Eso me salvaría
con seguridad de un ataque de bronquitis".
Nuestro asno, contento de complacer a tan peligroso
compañero, se alegró de colocarse a su disposición, cuando...
de repente sintió que sus ancas eran desgarradas perversamente. Comenzó a rebuznar con fuerza: "¡Dios mío! ¡,Qué
es eso?”
"Oh, nada, contestó el león, son mis garras".
Llegaron más adelante a una pequeña colina, y nuestro
asno se volvió hacia el rey del desierto: "¿Serías capaz de
subir a esa pequeña colina conmigo a tus espaldas?”
Ahorrando palabras, el manuscrito árabe sólo nos dice
que el león cumplió fácilmente su tarea, cuando... de repente
sintió un extraordinario instrumento, un apéndice natural,
una estaca, sin duda, que le perforaba cruelmente las entrañas. Esta vez hubo un rugido: "¡Dios mío! ¿Qué es eso?”
Y nuestro asno, con ese aire jovial peculiar de los de su
especie, dijo: "¡Oh, nada, es mi garra!
Hay dos clases de garras, y la más terrible no es la que
vosotros pensáis. No debe confundirse con la coz del asno.
El filósofo árabe quería significar algo completamente diferente.
Mordioux! Cap des Dioux! Una mano tira de los bigotes, la
otra de la empuñadura de la espada.
Hoy: "¡Quée!, y uno escupe en su propia mano.
¡Y dicen que estamos evolucionando!
183
PAUL
GAUGUIN
*
Tenía yo un "Martes de Carnaval en España", por Goya.
Lo copié, pero cambiándolo, poniendo a la gente con traje
de etiqueta y sombrero de copa. No resultó tan bueno, pero
tiene más de mascarada. Tengo aquí un viejo bambú; fue
tallado por un salvaje. Es una figura geométrica, el cuadrado
de la hipotenusa. Una geometría en estado de ruina, sin duda, y eso me interesa. Me habría gustado saber qué pasaba
por el cerebro de este artista nativo, pero el artista ha muerto.
Tengo también un Ebro de viajes, lleno de ilustraciones:
la India, China, las Filipinas, Tahití, etcétera. Todas las caras,
cuidadosamente copiadas, con la idea de que son retratos,
parecen Minerva o Palas. ¡Cuán bella es la escuela!
En su libro Les Monstres, Jean Doleat hace decir a su
cocinero: "No se sirven nabos con pierna de oveja". Y agrega: "¡El Conservatorio!”
Si tenéis hijos que no sirven para nada, dadles una buena tunda. Ese es todavía el mejor método para hacerles llegar
a algo.
Un funcionario me dice: "¡.Conoce usted a Huysmans?
Parece ser que es un gran escritor; acaba de ser condecorado".
"Sí, pero Huysmans ha sido condecorado como empleado del ministerio".
Y nuestro funcionario, encantado, contestó: "Oh, así se
explica".
184
DIARIO
INTIMO
La verdadera gloria es ser conocido por los conductores
de ómnibus.
El viejo Corot, en Ville-d'Avray: "Bien, tío Mathieu, ¿le
gusta este cuadro?”
"¡Oh, sí, por cierto, las rocas aparecen precisamente
como son!" Las rocas eran vacas.
In populo ve rifas.
*
Lo notable de la gran Revolución es que los dirigentes
eran los dirigidos. Un rebaño de ovejas dirigiendo a otro
rebaño. Todo comienza bien, sólo que para terminar de mala
manera. Marat me parece el hombre que sabía lo que quería.
Naturalmente, tenía que ser matado por una mujer; ¡el grano
de arena que detiene la máquina! ¿Puede la fatalidad ser de
alguna manera consciente? Oh, pero entonces el mundo no
tiene significado, o al menos yo no puedo comprenderlo.
Fue producido por gente que veía la historia como una enseñanza, mientras que toda ella es una cuestión discutible;
nunca he visto dos conclusiones acerca de ella que concuerden. Espero sinceramente que si el día de mañana tenemos
una guerra con Inglaterra no permitiremos que nos dirija una
verdadera Doncella de Orléans.
Considero que los historiadores son individuos muy
honestos; pero qué desconcertados deben de estar cuando
tienen que seleccionar y escoger de ese montón. Por mi
parte, me parece que si consultara a la historia haría una es-
185
PAUL
GAUGUIN
tupidez tras otra. Es realmente cierto que en política soy
como casi todos los artistas: no entiendo nada de ella.
Durante cierto tiempo me pareció como si todas las naciones estuvieran tratando de ver cuál podía aprovecharse
más de las otras. ¡Bebo a la salud de todos ellos!... los reyes,
los emperadores, los presidentes. Como un simple, me digo:
"Hay algo que apesta aquí '.
*
En una sala, un caballerito papanatas que lee todos los
diarios políticos expone gravemente sus ideas. Cuando pronuncia las palabras "Triple Alianza", extiende el puño cerrado, símbolo del poder.
En un rincón, un oyente asombrado pregunta a su vecino: "¿Quién es ese caballero?”
"Es un agregado, un individuo joven que irá lejos".
Si queréis que os tomen en serio, hablad de política, hablad de la Triple Alianza, que es tan sólida que durante
treinta años la han estado remendando continuamente.
*
Zola tenía sus odios. Sin ser un gran hombre como él,
uno puede, me parece, tener también sus odios. Ese "uno"
soy yo.
Odio profundamente a Dinamarca, a su clima, a sus habitantes.
Oh, es indudable que hay cosas buenas en Dinamarca.
Así, durante los últimos veinticinco años, mientras Noruega
186
DIARIO
INTIMO
y Suecia han invadido en Francia las exposiciones de pinturas a fin de copiar todo lo que se hace que parezca bueno,
sin que les importe b malo que pueda ser, Dinamarca, avergonzada del golpe que recibió en la Exposición Universal de
1878, comenzó a reflexionar y aun a concentrarse en sí misma. De ello ha resultado un arte danés muy personal, que es
digno de seria atención y que me alegro de alabar aquí. Es
bueno estudiar el arte francés, y el de todos los otros países
también, pero sólo para ser más capaces de estudiarse a sí
mismos.
Una vez me hicieron una mala jugada en Copenhague.
Yo, que no pedí nada, fui encarecidamente invitado (y rogado) por cierto caballero, en nombre de un club de arte, a
exhibir mis obras en un salón ad hoc. Me dejé persuadir.
El día de la inauguración me dirigí -pero sólo por la tarde- a echar un vistazo a eso. Cuál fue mi asombro al llegar
cuando se me dijo que la exhibición había sido oficialmente
clausurada a mediodía.
Fue inútil buscar información alguna; en todos lados
encontré bocas cerradas. De un salto estuve en la casa del
importante caballero que me había invitado. Este caballero,
según me dijo el sirviente, había partido para el campo y no
estaría de regreso por algún tiempo.
Como veis, Dinamarca es un país encantador.
Debo admitir, también, que en Dinamarca sacrifican
muchas cosas a la educación, a las ciencias y, muy particularmente, a la medicina. El hospital de Copenhague puede
ser considerado como uno de los mejores establecimientos
187
PAUL
GAUGUIN
de su clase por su importancia y, especialmente, por su dirección, que es de categoría superior.
Concedámosle este elogio, especialmente en vista de
que, aparte de esto, no puedo ver nada acerca de ellos que
no sea positivamente triste. Oh, perdón, estoy olvidando
otra cosa, sus casas están admirablemente construidas y dispuestas de manera que son calurosas en invierno y bien aireadas en verano y la ciudad es atractiva. Debe decirse
también que las recepciones en Dinamarca se celebran habitualmente en el comedor, donde disponen de excelentes
alimentos. Es siempre excelente y eso ayuda a pasar el tiempo. No debéis dejaros aburrir por esta perpetua clase de
conversación: "Usted viene de un país tan grande, usted debe encontrarnos muy pesados, somos tan pequeños. ¿Qué
piensa usted de Copenhague, de nuestro Museo, etcétera?
¿No es gran cosa?" Todo eso126 dicho para que digáis
exactamente lo contrario, cosa que seguramente haréis, por
cortesía. ¡Buenos modales!
El Museo, para hablar de algo. Francamente, no tiene
colección de cuadros, excepto algunos pocos ejemplares de
la vieja escuela danesa, algunos Meissoniers y unos pocos
paisajes y marinas. Esperemos que eso haya cambiado. Ocupa un edificio hecho expresamente para él, por su gran escultor Thorwaldsen, un danés que vivió y murió en Italia. Lo
he mirado y estudiado hasta que me zumbaba la cabeza. La
mitología griega transformada en escandinava y luego, con
otra dilución, protestante. Venus que bajan sus ojos y se
cubren modestamente con telas húmedas. Ninfas que bailan
la jiga. Sí, caballeros, bailando la jiga; mirad sus pies.
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DIARIO
INTIMO
En Europa hablan del "gran Thorwaldsen", pero no lo
han visto. ¡El único trabajo que ven los viajeros es su famoso
león en Suiza!
Un perro danés relleno.
Cuando digo esto, sé que en Dinamarca quemarán incienso en cada esquina para darme una lección por insultar al
más grande de los escultores daneses.
Muchas otras cosas me hacen odiar a Dinamarca, pero
son razones completamente especiales, que uno debe guardar para sí.
Permitidme que os introduzca en una sala tal como raramente se ven hoy en día, la sala de un conde de la más alta
nobleza danesa.
El vasto aposento es cuadrado. Dos enormes paneles de
tapicería alemana, especialmente ejecutados para la familia,
más maravillosos que cualquier cosa que podáis imaginaros.
Sobre la puerta, dos vistas de Venecia, por Turner. El mobiliario de madera labrada con el escudo de armas de la familia,
mesas taraceadas, colgaduras a la usanza antigua. Todo es
una maravilla de arte.
Sois presentados y os reciben. Os sentáis sobre un almohadón de terciopelo con forma de concha de caracol.
Sobre la mesa maravillosa hay un tapete que ha de haber
costado unos pocos céntimos en el baratillo. Un álbum fotográfico y algunos floreros del mismo estilo. ¡Vándalos!
Contiguo a la sala hay un salón de música muy hermoso.
La colección de cuadros, el retrato de un antepasado, por
Rembrandt, etcétera.
Esto huele a moho; nadie entra nunca aquí.
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PAUL
GAUGUIN
La familia prefiere la capilla, donde lee la Biblia, donde
os petrifica.
Reconozco que el sistema danés de esponsales tiene algo que aducir en su favor: no os compromete a nada. Cambiáis de novia como de camisa. Luego, tiene todas las
apariencias de la libertad y de la respetabilidad. Estáis comprometidos; podéis ir a un paseo o incluso de viaje; el manto
de los esponsales está ahí para cubrirlo todo. Jugáis con todo
-menos- aquello, lo que tiene sus ventajas para ambas partes;
aprendéis a no olvidaros de vosotros mismos y a no cometer
imprudencias. En cada uno de los esponsales, el pájaro pierde una cantidad de plumitas, que crecen de nuevo sin que
nadie se dé cuenta de ello. Muy prácticos, los daneses. Probadlos, pero no os enredéis con ellos Podríais arrepentirás; y
recordad, la mujer danesa es en primer lugar muy práctica.
Es un pequeño país, como se sabe, y tiene que ser prudente.
Aun a los niños se les enseña a decir: "Papá, debemos tener
algún dinero... o puedes irte, viejo". He conocido todo eso.
Odio a los daneses.
Dicen que su literatura es buena. No estoy familiarizado
con ella. Recuerdo, sin embargo, haber visto un drama de
Brandes... sí... no... no estoy seguro. Era acerca de un hombre que, parando en un hotel mientras viajaba, hable aprovechado de uno de esos momentos que son tan peligrosos para
una mujer. La encuentra de nuevo más tarde, viviendo tranquilamente con su marido. El hombre amenaza con romper
su silencio y la mujer se somete.
Como veis, conmovedor y siempre nuevo.
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DIARIO
INTIMO
Vi también una representación de Otelo. El gran actor
trágico Rossi, que estaba de gira, representaba a Otelo en
italiano, las otras partes eran en danés. Yago, el villano, era
tan flexible como la barra de un tribunal y Desdémona, a
pesar de todos sus esfuerzos por simular una española de
sangre caliente, apenas si alcanzaba el punto cero (hielo en
fusión).
Luego les he visto representar Poi-Bouille, de Zola. Allí
los actores estaban en su elemento. Lavado de platos, grosería burguesa. Los Josscrands eran perfectos, un poco menos
los Trublot.
Aparte de todo esto los daneses bailan muy bien; debe
suponerse que todo su talento va a parar ahí. No ha de juzgarse a los daneses en París, sino en su casa. Con nosotros
son dulces corno el azúcar, en casa son puro vinagre.
Esta gente tiene una manera muy curiosa de ser casta.
Así, en el Sund, las fincas lindan unas con otras, y cada una
tiene su casilla de baño para vestirse y desvestirse. Se las divisa desde el camino.
Las mujeres se bañan en lugar separado, y los hombres
también, a sus horas. Se bañan desnudos, y es la regla que los
que pasan por el camino no deben ver nada.
Debo confesar que, siendo muy curioso por naturaleza,
violé la regla un día en que la esposa de uno de los ministros
caminaba hacia el mar bajando por un ligero declive de la
playa. Confieso, también, que ese cuerpo perfectamente
blanco, desnudo hasta el medio de las pantorrillas, me produjo un muy buen efecto. Su hijita, que la seguía, se dio
vuelta y, viéndome, gritó: "¡Mamá!”
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PAUL
GAUGUIN
La madre se dio vuelta, asustada, y emprendió el viaje de
regreso a la casilla, mostrándome así todo el frente después
de haberme mostrado la espalda. Confieso que el frente
también, a la distancia, me produjo muy buena impresión.
El escándalo fue grande. ¡,Qué! ¡Haber mirado!
En una playa francesa una niña danesa, luego de haberse
colocado el traje de baño según nuestra costumbre y de salir
de su casilla, dudaba, modesta danesa como era, de si iría a
bañarse con todos esos hombres y mujeres. La mujer a cargo
de las casillas de baño, a quien habló, le respondió: "¿La señora no ve el océano?" Se oyó exclamar al bañero: "He allí a
otra mostrándome su trasero cuando vestida no me daría la
mano”
Otra divertida mojigata era aquella joven danesa a la que
vi en un estudio libre de escultura, midiendo cuidadosamente
con un enorme compás la distancia desde el cómo-se-llama
eso del modelo hasta el tobillo.
El modelo, que era muy frío, se contuvo.
Esta joven danesa hacía sus comidas en la lechería de
enfrente, sin siquiera sacarse los guantes. Una porción, cuarenta céntimos, dos "sous" de pan. Como veis, la sabiduría
misma, economía y elegancia; y, sobre todo, nunca se equivocaba ni por un milímetro, en la distancia desde el cómose-llama-eso hasta el tobillo. Quería sacarlo bien; era la probidad misma en materia de arte. Coronó sus estudios ganando una medalla en el Salón.
*
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DIARIO
INTIMO
Mi primer viaje como aprendiz de piloto fue a bordo del
Lusitano (El Havre a Río de Janeiro). Pocos días antes de
nuestra partida vino un joven y me dijo: "¿Es usted el que va
a tomar mi puesto como aprendiz? Aquí tiene un paquetito y
una carta. ¡,Sería usted tan amable de hacerlos llegar a esta
dirección?”
Leí: "Madame Aimée, rua do Ouvidor".
"Verá usted, me dijo, a una mujer encantadora a quien
es recomendado de una manera muy especial. Ella es de
Burdeos, como yo".
Te ahorraré el viaje, lector; te aburriría. Puedo decir, sin
embargo, que el capitán Tombarel era un cuarterón y un
viejo encantador, que el Lusitano era un hermoso barco de
1.200 toneladas, con excelentes comodidades para pasajeros
y que con viento favorable hacía sus doce nudos por hora.
Fue una hermosa travesía, sin una tormenta.
Como puedes imaginar, mi primer pensamiento fue llevar mi paquetito y la carta a la dirección indicada.
Eso fue una alegría...
"Qué simpático de su parte haber pensado en mí, y
permíteme que te mire bien, querido mío. ¡Qué buen mozo
eres!" En esa época era yo muy pequeño; aunque tenía diecisiete años y medio, aparentaba quince.
A pesar de ello, había ya cometido mi primer pecado en
El Havre, antes de partir, y mi corazón latía locamente. Para
mí fue un mes enteramente delicioso.
Esa encantadora Aimée, a pesar de sus treinta años, era
extremadamente hermosa; era la primera actriz en las óperas
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PAUL
GAUGUIN
de Offenbach. Puedo verla todavía, con sus vestidos espléndidos, sentada en su carruaje tirado por una briosa mula.
Todo el mundo le hacía la corte, pero en ese momento
su amante reconocido era un hijo del zar de Rusia, guardiamarina de un buque escuela. Gastaba él tanto dinero que el
comandante del barco trató lo más hábilmente que pudo de
provocar la intervención del cónsul francés.
Nuestro cónsul citó a su oficina a Aimée y torpemente
le hizo sus cargos. Aimée, en modo alguno confundida, se
echó a reír y dijo: "Mi querido cónsul, me encanta oírlo hablar y estoy segura de que debe de ser usted un hábil diplomático, pero... estoy segura, también, de que cuando se trata
de asuntos de pantalones usted no sabe absolutamente nada".
Y se retiró cantando: "Dime, Venus, ¿qué placer encuentras en vencer así mi virtud?" Aimée venció mi virtud.
Se diría que el terreno era propicio pues me volví un gran
sinvergüenza.
En el viaje de regreso tuvimos varios pasajeros, entre
otros una linda prusiana gorda. Fue el turno del capitán de
enamorarse, pero por más que ardió ferozmente, ardió en
vano. Esta dama prusiana y yo teníamos un nido encantador
en el cuarto donde se almacenaban las velas, cuya puerta se
abría hacia la cabina cercana a la escalera.
Extraordinariamente mentiroso, le dije toda clase de casas absurdas y la dama prusiana, que estaba profundamente
enamorada, quería verme de nuevo en París. Le dí como mi
dirección "La Farcy, rue Joubert".
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DIARIO
INTIMO
Esto estaba mal de mi parte, y sentí remordimientos durante algún tiempo, pero no podía enviarla a casa de mi madre.
No quiero pasar como mejor o peor de lo que soy. A
los dieciocho años se tienen toda clase de tendencias.
*
Roujon, escritor, director de bellas artes.
Se me concede audiencia y se me introdujo.
Es la misma oficina del director en la que se me ha hecho entrar dos años antes, con Ary Renan, antes de que yo
fuera a estudiar a Tahití; para facilitar mis estudios, el ministro de Instrucción Pública me dio una misión. Fue en esta
oficina del director que me dijeron: "No se le asigna salario
para esta misión; pero, como es nuestra costumbre, y como
lo hemos hecho antes en el caso de la misión del pintor
Dumoulin a Japón, lo indemnizaremos a su regreso con algunas compras. Puede usted contar con nosotros, señor
Gauguin: cuando regrese, escríbanos y le pagaremos los
gastos de viaje".
¡Palabras, palabras!
Aquí estoy, pues, ante el augusto Roujon, director de
bellas artes. Me dice, en forma bastante deliciosa: "No me
siento capaz de estimular su arte, me repugna y no lo entiendo. Su arte es demasiado revolucionario para no causar un
escándalo en nuestras bellas artes, dependencia de la que soy
director, ayudado por los inspectores".
195
PAUL
GAUGUIN
La cortina se agitó y creí ver a Bouguereau, el otro director... (¿Quién sabe? Quizás lo vi)... El no estaba ciertamente allí, pero tengo una imaginación errabunda, y para mí
él estaba.
¡Qué, yo un revolucionario! ¡Yo que adoro y respeto a
Rafael!
¿Qué es un arte revolucionario? ¿En qué época cesa la
revolución?
Si, no someterse a Bouguereau o a Roujon constituye
una revolución, así que entonces y allí confesé ser el Blanqui
de la pintura.
Y ese excelente director de bellas artes (centro derecha)
también me dice, con respecto a las promesas de su predecesor: "¿Tiene usted un convenio escrito?”
¿Son los directores de bellas artes más bajos que los más
humildes mortales de los barrios bajos de París que su palabra, aun ante testigos, no tiene valor sin su firma?
Por más escaso sentido de dignidad humana que uno
tenga, no queda nada por hacer en tales casos sino retirarse;
que es lo que hice inmediatamente, no más rico de lo que era
antes.
Un año después de mi partida para Tahití (mi segundo
viaje) este muy amable y delicado director, al saber -por intermedio de cierta alma simple, sin duda, y que, aunque admiradora mía, todavía creía en las buenas acciones- que yo
estaba en Tahití, en cama, enfermo y reducido a la más extrema pobreza, me envió oficialmente la suma de doscientos
francos "a título de estímulo”
196
DIARIO
INTIMO
Como podéis imaginaros, los doscientos francos fueron
devueltos al director.
Tenéis una deuda con alguien y le decís: "Vamos, he
aquí una pequeña cantidad que le regalo n usted a título de
estímulo".
*
Tuve intención de odiar siempre a Bouguereau, pero mi
odio se ha convertido en indiferencia Ludo me encontré
cierta vez sonriéndole;. Ocurrió cuando fui al establecimiento del viejo Louis, en Arlés, y me mostró orgullosamente su salón especial. Como artista debía yo ser un buen
juez, dijo.
En ese salón había dos ce los más hermosos premios de
Coupil, una Madonna por Bouguereau y su hermana melliza,
una Venus por el mismo pintor. En esta instancia el viejo
Louis se había mostrado a sí mismo como un hombre de
genio. Como magnífico encargado de prostibulo que era,
había comprometido el arte de Bouguereau, tan alejado de la
revolución, y el lugar al que justamente pertenecía.
*
¡Cabanel! Ese es otro asunto.
Lo odié durante toda su vida, lo odié después de su
muerte y lo odiaré hasta mi muerte. He aquí porqué.
Cuando joven, en un viaje al Sur de Francia, visité el
famoso museo de Montpellier que el señor Brias había crea197
PAUL
GAUGUIN
do, donando al mismo toda su colección. Es innecesario
decir quién era este famoso Brias, pintor y amigo de pintores, la desesperación de Raoul de Saint-Victor.
La parte principal del musco contenía una muy hermosa
colección de maestros italianos: Giotto, Rafael, etcétera... En
el centro de la habitación había algunos Milla y bronces por
Barye. De allí se pasaba a una habitación muy ancha, un tercio de la cual era varios escalones más alta que el resto. Allí
estaba la colección personal de Brias, es decir, su selección
de lo que eran entonces los pintores revolucionarios. ¡Oh,
Roujon!
Había retratos de Brias por él mismo, por Courbet, por
Delacroix y otros... Una cantidad de telas de Courbet, entre
ellas su gran cuadro de los bañistas... Una cantidad de estudios y bosquejos por Delacroix para sus grandes decoraciones, entre otras: "Daniel en el antro de los leones"... Una
cantidad de Corots, Tassaerts, etcétera. Una tela magistral
por Chardin, un gran retrato de una noble dama sentada
delante de una mesa, bordando un tapiz. La colección entera,
revolucionaria como era, fue para mí una fuente de alegría,
hasta que mis ojos se clavaron en un lugar totalmente fuera
de armonía, una pequeña tela que mostraba la cabeza de un
hombre joven, un hermoso niño, tan hermoso como un
peluquero. ¡Estupidez y fatuidad! Autorretrato de Cabanel. .
He olvidado muchos de esos nombres. Había varias cosas por Ingres, entre otras un cuadro famoso cuyo nombre...
mi memoria me traiciona... he olvidado. Es un joven rey, que
yace en cama a punto de morir con su secreto. En la alcoba
está el médico, con su mano alocada sobre la cabeza del jo198
DIARIO
INTIMO
ven. Algunas jóvenes sirvientas pasan en fila; y ala vista de
una de ellas su corazón se; sobresalta. Es Ingres, con su
acostumbrada habilidad.
Volví muchos años más tarde, en compañía de Vincent
y visité nuevamente este museo. ¡Qué cambio! Había desaparecido la mayoría de los antiguos cuadros, y en todas partes
su lugar estaba ocupado por: "Adquirido por el Estado, tercera medalla".
Cabanel había invadido el museo, con toda su escuela.
Debéis saber que Cabanel es nativo de Montpellier.
*
Odio la nulidad y el término medio.
En brazos de la amada que me dice: "¡Ah, mi apuesto
Rolla, me estás matando!", no quiero verme obligado a decir:
"No, no estoy en forma esta noche".
Debo tenerlo todo. No puedo conquistarlo todo, pero
quiero hacerlo. Permitidme recobrar aliento y gritar una vez
más: "¡Gástate, gástate nuevamente! ¡Corre hasta quedar sin
aliento y morir locamente! Prudencia... ¡cómo me aburres
con tus interminables bostezos!
La filosofía es insípida si no toca mi instinto. Es dulce
soñar con ella, con la visión que la adorna; pero no es ciencia... o cuando mucho es ciencia en germen. Múltiple, como
todo en la naturaleza, evolucionando incesantemente, no es
una deducción de las cosas, como ciertos solemnes personajes querrían hacérnoslo creer, sino más bien un arma que,
como los salvajes, fabricamos nosotros mismos. No se atre199
PAUL
GAUGUIN
ve a manifestarse como una realidad, sino como una imagen,
incluso como un cuadro... admirable si el cuadro es una obra
maestra.
El arte requiere filosofía, precisamente como la filosofía
requiere arte. De lo contrario, ¡.qué sería de la belleza?
El Coloso remonta hasta el polo, el pivote del mundo;
su gran manto cobija y calienta los dos gérmenes, Serafito y
Serafita, almas fértiles, uniéndose incesantemente, que salen
de sus nieblas boreales para atravesar todo el universo, enseñando, amando, creando.
¿Deseáis enseñarme qué hay de mí? Aprended antes qué
hay en vosotros. Habéis resuelto el problema, yo no podría
resolverlo por vosotros. Resolverlo es la tarea de todos nosotros.
Afanaos incesantemente. De lo contrario, ¿de qué será
digna la vida?
Somos lo que hemos sido desde el comienzo, y somos
lo que seremos siempre, barcos movidos por todos los
vientos.
Los marinos astutos y perspicaces evitan peligros frente
a los cuales otros sucumben; en parte, sin embargo, gracias a
algo indefinible que le permite a uno vivir en las mismas
condiciones en que otro, actuando de la misma manera, moriría.
Unos pocos utilizan su voluntad, el resto se rinde sin lucha.
*
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DIARIO
INTIMO
Creo que la vida no tiene significado, salvo que se la viva con una voluntad, por lo menos hasta el límite de su voluntad. La virtud, el bien, el mal no son sino palabras,
excepto si se les toma separadamente a fin de construir algo
con ellos; no adquieren su verdadero significado hasta que se
sabe cómo aplicarlos. Entregarse en manos de su creador es
anularse y morir.
San Agustín y Fortunato el Maniqueo, frente a frente,
están ambos en lo cierto y en el error, pues nada puede probarse aquí.
Rendirse al poder del bien o al del mal es un asunto peligroso, que dista de ser loable. Es la excusa...
Nadie es bueno; nadie es malo; todos son ambas cosas,
de la misma manera y de diferentes maneras. Sería inútil señalar esto si los inescrupulosos no estuvieran siempre diciendo lo contrario.
La vida de un hombre es cosa tan pequeña, y sin embargo hay tiempo para hacer grandes cosas, fragmentos de la
tarea común.
Quiero amar, y no puedo.
Quiero no amar, y no puedo.
Arrastráis a vuestro doble con vosotros y, sin embargo,
ambos se las ingenian para llevarse bien.
He sido bueno a veces; no me congratulo de ello. He sido malo a veces; no me arrepiento de ello.
Miro a todos esos santos como un escéptico, pero para
mí no están vivos. En los nichos de una catedral tienen un
significado: sólo allí. También las gárgolas, monstruos inol-
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GAUGUIN
vidables. Mi ojo no se aterroriza por esos infantiles objetos
grotescos.
La graciosa ojiva aligera la pesadez de la estructura; los
anchos escalones invitan al curioso transeúnte a investigar el
interior. El campanario; la cruz encima; el gran crucero; la
cruz en el interior. En su púlpito el sacerdote charla acerca
del Infierno; en sus asientos esas damas hablan acerca de la
moda. Esto me gusta más.
Como veis, todo es serio y también ridículo. Algunos
lloran, otros ríen. El castillo feudal, la choza de techo de
paja, la catedral, el prostíbulo.
¿Qué se ha de hacer al respecto? Nada.
Todo eso debe ser; y, al fin y al cabo, no tiene importancia. La Tierra gira todavía; todo el mundo defeca; sólo
Zola se preocupa por ello.
*
Quiero perpetuar a estas ninfas, con sus pieles doradas,
su penetrante olor animal, sus sabores tropicales. Son aquí lo
que en teclas partes, lo que siempre han sido, lo que siempre
serán. Ese adorable Mallarmé las inmortalizó, alegre, con su
vigilante amor por la vida y la carne, junto a la hiedra de Ville-d'Avray que entrelaza los robles de Corot.
*
Los cuadros y los escritos son retratos de sus autores.
La mente debe tener ojos sólo para el trabajo. Cuando mira
al público, el trabajo fracasa.
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DIARIO
INTIMO
Me rebelo cuando un hombre me dice: "Usted debe".
Cuando la naturaleza (mi naturaleza) me dice lo mismo, me
someto, sabiendo que estoy vencido.
Decís: "¡Gastaos, gastaos nuevamente! "No tiene valor,
a menos que sufráis.
Con mi propio entendimiento he tratado de construir
un entendimiento superior que será el de mi vecino, si él lo
desea. La lucha es cruel, pero no es en vano. Surge del orgullo y no de la vanidad.
Una corona señorial, una corona de ortigas, en campo
de azur, y como divisa: "Nada me pincha".
Es una pequeñez, pero en ello hay orgullo. Trepáis a
vuestro Calvario riendo; vuestras piernas vacilan bajo el peso
de la cruz; al llegar a la cima hacéis rechinar vuestros dientes;
luego, sonriendo nuevamente, os vengáis. ¡Gastaos nuevamente! Mujer, ¿Qué tenemos nosotros en común? ¡Los hijos!
Son mis discípulos, los del segundo Renacimiento.
¿Expiar por los pecados de los otros, cuando ellos son
puercos? ¿lnmolaros por ésos? No os inmoléis, invitáis a la
derrota.
¡Civilizados! ¿Estáis orgullosos de no comer carne humana? Sobre una balsa la comeríais... ante Dios, invocándolo, temblorosos.
Para compensar, coméis el corazón de vuestro vecino
todos los días.
Contentaos, pues, con decir: "No lo he hecho", ya que
no podéis decir con certeza: "Nunca lo haré".
Pero, Les todo esto muy tenebroso? Sí, si no sabéis cómo reíros de ello.
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PAUL
GAUGUIN
El orgullo de ser capaz de sonreír frente al dolor compensa ampliamente por el sufrimiento a un indio que está
sufriendo torturas. Y... ¿quién fabrica las lágrimas a fin de
verterlas?
Se razona, pero se es libre de hacerlo.
Quizás allí reside la fuerza del común de las gentes.
También en la criatura el instinto dirige a la razón.
*
Juan Jacobo Rousseau se confiesa. Es menos una necesidad que una idea. El hombre del pueblo es sucio pero rápido para limpiarse. La gente no quiere creerlo, pero fue
forzada a creerlo. Es algo completamente diferente lo que
Voltaire dice ala nobleza: "Sois ridículos, somos ridículos,
permanezcamos ridículos. Cándido es una criatura ingenua;
tiene que haber gente así... Permanezcamos lo que somos".
Santiago el fatalista está destinado a continuar siendo el
sirviente.
Juan Jacobo Rousseau: eso es otra cosa.
¡La educación de Emilio! Repugna a muchísima gente
honrada. Queda como la más difícil empresa que un hombre
haya intentado nunca. Yo mismo, en mi propio país, no me
atrevo a pensar en ello. Aquí, iluminado por fin, lo miro,
completamente tranquilo. He visto a un jefe nativo, que habría sido rey de no existir la dominación francesa, pedir uno
de sus hijos a un colono blanco, casado con una mujer blanca. Por el derecho de adoptarlo estaba dispuesto a dar al
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INTIMO
padre, en pago, casi todas sus tierras y quinientas piastras
que había ahorrado.
Los hijos son aquí, para todos, la más grande dádiva de
la naturaleza y todos quieren adoptarlos. Tal es el salvajismo
de los maories que he elegido. Todas mis dudas han desaparecido. Soy y seguiré siendo esta clase de salvaje.
Aquí no se comprende al cristianismo... Felizmente, a
pesar de todas sus esfuerzos, unido con las leyes civilizadoras
de la sucesión el matrimonio es sólo una ceremonia simulada. El bastardo, el hijo del adulterio son, como en el pasado,
monstruos que sólo existen en la fantasía de nuestra civilización.
Aquí la educación de Emilio se lleva a cabo bajo la amplia luz instructora del sol, adoptada deliberadamente por
algunos y aceptada por el conjunto de la sociedad. Las niñas,
sonrientes y libres, pueden dar a luz tantos Emilios como
deseen.
*
Los subterfugios del idioma, los artificios del estilo, Ices
giros brillantes que a veces me complacen como artista, no
son apropiados para mi bárbaro corazón, que es tan duro,
tan amante. Se les comprende y se trata de utilizarlos; es un
lujo que armoniza con la civilización y que por sus bellezas
no desdeño.
Aprendamos a emplearla y a alegrarnos atrevidamente
con ella, con la dulce música que a veces amo oír... hasta el
momento en que mi corazón pida silencio nuevamente.
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GAUGUIN
Hay salvajes que de vez en cuando se visten.
*
Temo que la nueva generación, proveniente toda del
mismo molde -molde demasiado lindo, en mi opinión- no
será nunca capaz de borrar su marca.
Arte por amor al arte. ¿Por qué no?
Arte por amor a la vida. " "
Arte por amor al placer. " "
¿Qué importa, en tanto sea arte?
*
El artista a los diez, a los veinte, a los cien años de edad
es siempre el artista, pequeño, mediano, grande. ¿No tiene
sus horas, sus momentos? Siendo un hombre, y viviendo,
nunca es impecable. Un crítico le dice: "Allí está el norte".
Otro le dice: "El norte es el sur". Soplan sobre el artista como si él fuera una veleta.
El artista muere; los herederos caen sobre su trabajo;
todo se reparte: derechos de autor, subastas, y el resto. Allí
queda, completamente despojado.
Pensando en esto, me despojo a mí mismo de antemano. Es un consuelo.
*
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DIARIO
INTIMO
Cézanne pinta un paisaje brillante: fondo ultramarino,
verdes subidos, ocres resplandecientes; una hilera de árboles,
con sus ramas entrelazadas, que permiten, sin embargo, una
mirada sobre la casa de su amigo Zola, con sus persianas
color bermellón que parecen anaranjadas por el reflejo amarillo de las paredes. El verde esmeralda expresa la delicada
verdura del jardín, mientras, en contraste, las profundas notas de ortigas de color purpúreo, en el fondo, orquestan el
simple poema. Es en Médan.
Un pretencioso transeúnte echa una mirada atónita sobre lo que piensa es un lastimoso revoltijo de algún aficionado y, sonriendo como un profesor, le dice a Cézanne: "Pinta
usted?”
"Ciertamente, pero no mucho...”
"Oh, se ve. Mire usted, soy un ex alumno de Corot; si
usted me lo permite, puedo arreglar todo eso con unos pocos toques hábiles. Valores, valores... ¡eso es todo!”
Y el vándalo desparrama impúdicamente sus imbecilidades sobre la brillante tela. Grises sucios sobre sedas
orientales.
"¡Qué feliz debe de ser usted, señor!", exclama Cézanne.
"Cuando usted hace un retrato no dudo que pone usted el
brillo en la punta de la nariz, tal como lo pinta en las patas
de la silla".
Cézanne toma su paleta y, con su cuchillo, raspa todo el
barro del señor. Luego, después de un momento de silencio,
suelta un tremendo... y, volviéndose hacia el señor le dice:
"¡Oh!, qué alivio!”
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GAUGUIN
*
Mi buen tío de Orléans, a quien llamaban Zizi, porque
su nombre era Isidore y era muy pequeño, me hablaba de la
época en que volví del Perú y vivía en casa de mi abuelo;
tenía yo siete años.
De vez en cuando me veían en el gran jardín pisoteando
y arrojando lejos la arena.
"Bien, pequeño Paul, ¿qué te ocurre?" Y yo pisoteaba
más fuerte, diciendo: "¡Soy un niño malo!”
Ya de criatura me juzgaba a mí mismo y sentía la necesidad de hacerlo saber. En otra ocasión me encontraron,
inmóvil, en éxtasis silencioso ante un nogal que, junto a la
higuera, adornaba un rincón del jardín.
"¿Qué estás haciendo allí, pequeño?”
"Espero que caigan las nueces". En esa época comenzaba a hablar en francés y, supongo porque tenía la costumbre
de hablar en castellano, pronunciaba todas las letras con
aparente afectación.
Poco tiempo después estaba cierto día cortando un pedazo de madera con un cuchillo, tallando mangos de dagas,
sin la daga, todo ello pequeñas fantasías incomprensibles
para la gente mayor. Una buena anciana que era nuestra amiga exclamó admirada: "¡Será un gran escultor!" Esta mujer
no era profeta, infortunadamente.
Me enviaron como medio pupilo a una escuela de Orléans.
El maestro dijo: "Este chico será un idiota o un genio".
No he sido ni lo uno ni lo otro.
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INTIMO
Cierto día regresé a casa con algunas bolitas de vidrio de
colores. Mi madre se disgustó y me preguntó dónde había
obtenido esas bolitas. Agaché la cabeza y dije que había
permutado mi pelota de goma por ellas.
" ¿Qué?, ¡tú, mi hijo, permutando cosas!”
Esta palabra "permutando", en la mente de mi madre
significaba algo vergonzoso. ¡Pobre madre! Estaba en lo
cierto, en el sentido de que, ya de niño, había adivinado yo
que hay muchas cosas que no se venden.
A los once años entré a la escuela primaria, donde hice
rápidos progresos.
Leo en el Mercure las opiniones de varios escritores sobre la educación en la escuela primaria, de la que tienen que
librarse más tarde.
No diré, como Henri de Régnice, que esta educación no
influyó en nada en mi desarrollo intelectual; por el contrario,
pienso que me hizo mucho bien.
Además, creo que fue allí donde aprendí, desde mi primera juventud, a ciliar a la hipocresía, a la virtud simulada, a
la chismografía (semper tres) y a desconfiar de todo lo que
era contrario a mis instintos, a mi corazón y a mi opinión.
Aprendí allí también un poco del espíritu de Escobar, una
fuerza que por cierto dista mucho de ser despreciable en la
lucha. Allí formé el hábito de concentrarme en mí mismo,
observando incesantemente lo que estaban haciendo mis
maestros, confeccionando mis propios juguetes y también
mis propios pesares, con teclas las responsabilidades que
traen consigo.
209
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GAUGUIN
Pero el mío fue un caso especial; en general, creo que el
experimento es peligroso.
*
Un joven de apellido Rouart dio una conferencia en
Bélgica hace algún tiempo. Me gusta que los jóvenes bien
intencionados, por equivocados que estén, busquen las cosas
buenas y expresen sus opiniones.
Su disertación fue elocuente, aunque no probaba nada;
su opinión era que la vida intelectual de los artistas es determinada enteramente por las diferentes necesidades que existen en cada período.
Si yo creyera que las disertaciones son de alguna utilidad
en estos casos daría una conferencia dirigida a los que no
son artistas, diciéndoles que "mantengan a los artistas".
¿Pero con qué derecho podéis decir a vuestro vecino:
"Mantenedme"? Debéis resignaros al hecho de que algunos
serán ricos y otros pobres. Durante más de treinta años he
observado los esfuerzos de tecla clase de grupos y sociedades y nunca he visto nada que influyera, sino el esfuerzo
individual.
En la Exposición Universal de 1889 los hombres a cargo de bellas artes iban a menudo a beber al café de enfrente,
al Café Volpini. Por sugestión mía las paredes de este café
habían sido decoradas con cuadros por un pequeño grupo,
del que yo formaba parte.
Fue allí que Meissonier, el más grande de los pintores, se
golpeó la frente y dijo: "Caballeros, ha llegado el momento
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DIARIO
INTIMO
de que los pintores seamos libres y liberales. Arrojemos lejos
esta mezquina cajita nuestra con sus jurados, sus medallas,
sus premios... igual que una escuela. Desde ahora en adelante, no más medallas, ahora que las tenemos todas. Debemos
ensanchar el centro de nuestra clientela y, a fin de hacerlo
así, dar amplio lugar para los artistas extranjeros. Los dólares
vendrán a nosotros.
Fue una sociedad espléndida. Noruega, Suecia, los Estados Unidos: los Paulsens, los Henriksens, los Harrisons,
todas las mediocridades, en suma. Una verdadera invasión:
impresionistas, sintetistas, liberalistas, simbolistas. Libertad,
Igualdad, Fraternidad. Cada hombre con su propio "ismo".
Se hubiera dicho que era un Renacimiento.
¡Los Puvis de Chavannes, los Carriéres, los Cazins, y
unos pocos más, estrechando manos con los Caroluses, los
Besnards, los Frapparts! Todas las sociedades exclamaron al
unísono: "¡Haced lugar a los jóvenes!... ¡Pero no más medallas para ellos!”
Fue muy hábil, y los ingresos enormes...
El señor Rouart, si no me equivoco, está incomodado
por una cosa que, a pesar de él mismo, surge de sus conferencias. Es la defensa de la burguesía. ¡.Por qué está interesado en esto?
¿Defiende Drumont al catolicismo atacando a los judíos?
Como veis, creo que todos somos trabajadores. Algunos
se desperdician a sí mismos, otros viven exaltadamente. Todos tenemos ante nosotros el martillo y el yunque. Es cosa
nuestra crear.
211
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GAUGUIN
*
Colección de artículos sobre la influencia alemana.
Hay muchas respuestas que leo con interés; luego, repentinamente, comienzo a reír. Brunetiére.
¿Qué? ¡El Mercure se ha atrevido a dirigirse, a interrogar
a la Revue des Deur Mondes!
Brunetiére se toma tanto tiempo para reflexionar que no
sabe todavía a quién dirigirse para hacerse erigir su estatua.
¡Rodin, quizás! Pero su Balzac no tuvo éxito, y los Burgueses de Calais son tan... rústicos.
Y dice. "Todos hablan actualmente de todo, sin haber
aprendido".
Pobres Rodin y Bartholomé, que creían haber aprendido
escultura. ¡Pobre Remy de Gourmont, que pensaba que había aprendido algo acerca de literatura! ¡Y nosotros, el pobre
público, que pensábamos que había otros artistas además del
señor Brunetiére! Es evidente que la multitud se inclina ante
el hombre que tiene a su cargo las reliquias, pero, si se ha de
creer a la fábula, a veces las reliquias son demasiado pesadas
y os ahogáis.
Felizmente no fui interrogado, pues -sin modestia- yo,
que nunca he aprendido nada, habría estado tentado de replicar que Corot y Mallarmé fueron buenos franceses. En tal
caso, me sentiría singularmente fortificado en la actualidad.
No soy erudito, pero creo que hay gente que es erudita.
También creo que algún día algún erudito descubrirá la diferencia exacta en peso entre genio y talento.
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DIARIO
INTIMO
Me parece que justamente ahora el genio inferior se
hunde, y el talento superior sube.
Haré como el señor Brunetiére. Comenzaré a reflexionar, reflexionaré tanto que no me atreveré más a sostener un
pincel o a escribir cosa alguna. Se debe ser prudente.
No dejéis de usar sombrero o de lo contrario el genio
volará.
Junto a mi ventana, aquí, en Atuana, en las Marquesas,
todo se está tornando oscuro. Han terminado las danzas,
han cesado las suaves melodías. Pero no hay silencio. En un
crescendo el viento acomete a través de las ramas, comienza
la gran danza, el ciclón está en plena actividad. El Olimpo
entra en liza; Júpiter nos envía sus rayos, los Titanes hacen
rodar las rocas; el río se desborda.
Inmensos árboles del pan son derribados, los cocoteros
inclinan sus espaldas y sus copas barrea la tierra. Todo huye:
rocas, árboles, cadáveres, arrastrados hacia el mar. 1Qué
orgía apasionada la de los dioses coléricos!
Regresa el sol; los altísimos cocoteros levantan nuevamente sus penachos; lo mismo hace el hombre. Ha pasado el
gran miedo; retorna la alegría; el mar sonríe como una criatura.
La realidad de ayer se torna fábula y se la olvida.
*
Es tiempo de terminar toda la charla. La impaciencia del
lector aumenta y acabaré, pero no sin escribir al final un pequeño prefacio.
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PAUL
GAUGUIN
Pienso (en otro sentido que el de Brunetiére) que actualmente la gente escrita demasiado. Lleguemos a un entendimiento sobre este tema.
Hay muchos, muchísimos que saben cómo escribir; esto
es indiscutible. Pero muy pocos, extremadamente pocos
tienen idea alguna de lo que es el arte de escribir, ese arte tan
difícil.
Lo mismo es cierto para las artes plásticas, y sin embargo todos han metido mano en ellas.
No obstante, es deber de todos probar, practicar.
Junto al arte, arte puro -concedida la riqueza de la inteligencia humana y todas sus facultades- hay muchas cosas que
decir, .y deben ser dichas.
Este es todo mi prefacio. No era mi deseo escribir un
libro que tuviera` la más mínima apariencia de obra de arte
(no sería capaz de escribirlo);pero como hombre bien informado de muchas cosas que he visto, leído y oído en todo el
mundo, el mundo civilizado y el bárbaro, he querido escribir
desnudamente intrépidamente, desvergonzadamente... todo
esto.
Es mi derecho. Y los críticos no pueden impedirlo, por
atroz que sea.
Atuana, Marquesas, enero febrero de 1903
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