Estudios empíricos sobre a relación entre acontecimientos de la

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Estudios empíricos sobre a relación
entre acontecimientos de la vida y
enfermedad
J. Aizarna · / P. Antón */ J. Casanova· /
J. Muñ oz */ M. Gurpeg ui *
Tiene gran interés revisar los datos publicados por
distintos autores relativos a la influencia de los acontecimientos de la vida (A-V) sobre el hecho de enfermar.
Ha sido generalmente aceptado, antes de estudiars.e
empíricamente, que los A-V podrían favorecer la aparición de trastornos depresivos , neurosis de ansiedad o
trastornos psicosomáticos . Pero es interesante comprobar que también en las psicosis pueden jugar un papel
precipitante. Y que enfermedades tan orgánicas como el
cáncer también pueden ser favorecidas por sucesos que
ocurren en el exterior del organismo.
to ambulatorio por depresión que en un grupo control
de amas de casa elegidas al azar en la misma comunidad. Sin distinguir los diversos A-V por su gravedad,
encontramos que en las tres semanas anteriores al
comienzo del trastorno, en el caso de las pacientes, o a
la entrevista de las personas del grupo de control, la
presentación de al menos un A-V fue del 51 por ciento
en las primeras y del 16 por ciento en las segundas. Clasificando los A-V por su grado de amenaza, constataron
que los A-V intensamente amenazadores se presentaban
con diferencias significativas entre ambos gru:pos durante todo el año previo al encuentro , con espe~ial acumulación en las tres últimas semanas; en el conjunto de
Enfermedad depresiva
un año un 95 por ciento de los pacientes y un 19 por
ciento del grupo control presentaron al menos un A-V;
Tradicionalmente se ha distinguido entre depresión durante el período causal, que fue de 38 semanas
endógena y depresión reactiva o neurótica (Kiloh y como promedio, las cifras respectivas fueron del 42 Y, 9
cols ., 1972), según sea determinada genéticamente o por ciento . Los A-V moder~damente amenazadores d1~­
por acontecimientos que influyen sobre el individuo. tinguían por su frecuencia a los grupos en estud10
Varios trabajos de análisis estadístico de las manifesta- durante las tres semanas previas al encuentro (15 y 3
ciones psicopatológicas actuales y pasadas confirman por ciento respectivamente) . Los A-V con escasas o
este criterio (Rosenthal y Klerman, 1966; Mendels y nulas implicaciones de amenaza no distinguían ambos
Cochrane, 1978). Sin embargo, algunos autores, como grupos en ningún momento.
por ejemplo Strauss (1975), han criticado estos enfo- · En St. Louis (Missouri) Hudgens y cols. (1967) estuques diagnósticos basados en categorías o tipos previos diaron una muestra de 34 enfermos depresivos y 6
que pasan por alto aspectos importantes de los referidos maniacos comparándolos con 40 pacientes no psiquiátrastornos y proponen una aproximación diagnóstica de tricos hospitalizados detectaron que los pacientes psicarácter multiaxial, que tendrá también repercusión en quiátricos habían mostrado una frecuencia aumentada
la evaluación pronóstica. Los cinco ejes principales son: de cambios de residencia y de conflictos interpersonalos síntomas, las circunstancias asociadas a los sínto- les . De los 40 pacientes, 10 experimentaron un A-V
mas, la duración previa y el curso de los mismos, la estresante antes del comienzo del trastorno, 8 mostracalidad de las relaciones interpersonales, y el nivel de ron algunos síntomas precediendo a un A-V importante
funcionamiento laboral. El "Diagnostic and Statistical y desarrollaron un trastorno florido dentro de los seis
Manual of Mental Disorders", que hasta ahora seguía el meses que siguieron a los A-V y 11 pacientes, que
sistema categorial, lo ha introducido en su tercera edi- habían desarrollado un trastorno antes de aparecer un
ción (DSM-III) . Algunos de los trabajos dirigidos a estu- A-V importante, mostraron una exacerbación de los síndiar la influencia de los A-V sobre los trastornos psi- tomas después del A-V; concluyeron que cuando un
quiátricos no siempre presentan con claridad los crite- trastorno afectivo comienza a continuación de un A-V
rios empleados en el diagnóstico de la depresión.
estresante su relación es sólo casual, y que cuando un
Diversos estudios que siguen distintos procedimien- A-V ocurre durante el periodo de trastorno, a menudo
tos metodológicos han intentado responder a la pregun- ocasiona un empeoramiento.
ta de si los A-V, tienen o no una influencia decisiva en la
Paykel (1978) informa que el riesgo relatiyo del.a
aparición del trastorno depresivo. Brown y cols. depresión para los distintos A-V según los estud10s reali( l 973a) intentaron esclarecer en Londres si los A-V zados en New Haven, oscila entre 4 y 6,5 . Sobre los
estresantes presentaban una mayor frecuencia en una datos que proporcionan Brown y cols. (l 973b), Paykel
muestra de 114 mujeres hospitalizadas o en tratamien- (1978) calcula para los A-V marcadamente amenazadores un riesgo relativo de 5, 9; de 1, 7 par a los A-V moderadamente amenazadores; y de 1,0 para los A-V escasa• Depa r ta mento de Psiquia tría. Clínica Universitaria. Facultad de
mente amenazadores . El tiempo de adelanto de la
Med icin a. Universidad de Navarra. Pamp lona.
163
REV ISTA DE MEDI CINA DE LA UNIVERSIDADDE NAVARRA
27
J
depresión para toda clase de A-V se ha calcul ado en 10
semanas y para los A-V marcadamente amenazadores
en dos años, de lo que se deduce un efecto "formativo"
(Brown y cols. l 973b). Analizando datos de Parkes
( 1964), Paykel (1978) calcula un tiempo de adelanto de
2, 7 años para los A-V de salida. Para un tiempo de estudio de 6 meses Paykel y cols. (1975) encontraron que los
A-V son tres veces más frecuentes en los depresivos que
en el grupo control; los A-V que más a menudo se identifican son las discusiones conyugales y comenzar un
nuevo tipo de trabajo. Un mes antes del intento de suicidio, en otro grupo de individuos, estos mismos autores
observan que los A-V son cuatro veces más frecuentes
que en el grupo control; el 21 por ciento de los suicidas,
frente al cuatro por ciento de los sujetos control, informaron haber tenido al menos un A-V durante los seis
meses previos al intento de suicidio; para los diferentes
tipos de A-V se ha calculado un riesgo relativo de suicidio entre 6 y 6, 7. Aunque la mayoría de los estudios
demostraron una frecuencia significativamente aumentada de A-V entre los depresivos, algunos autores, a
pesar de registrar cierta elevación de A-V en los pacientes, argumentan que podrían ser consecuencia del trastorno depresivo (Forrest y cols., 1965) o simplemente
que no tienen relación causa! (Cadoret y co!s., 1972).
El atribuir menor influencia a los A-V en la génesis de
los trastornos puede derivar del empleo de pacientes no
psiquiátricos como grupo control, o de utilizar un periodo de estudio de larga duración, así como del tipo de
A-V incluido en el estudio (Lloyd, 1980).
Tipos de A-V que influyen
Paykel y cols (1969) identificaron 8 A-V cuya presentación en un tiempo de estudio de seis meses, era significativamente distinta en un grupo de 185 pacientes
depresivo~, comparados con 185 sujetos control. Estos
acontecimientos fueron los siguientes: 1) aumento de
discusiones con el cónyuge; 2) separación conyugal; 3)
comienzo de un nuevo tipo de trabajo; 4) cambio en las
condiciones de trabajo; 5) enfermedad grave del propio
sujeto; 6) muerte de un miembro de la familia ; 7) enfermedad grave de un familiar, y 8) salida del hogar de un
miembro de la familia. Distribuyendo los A-V por categorías mutuamente excluyentes, encontraron que -los
pacientes se distinguían significativamente de los sujetos control por la presentación de los A-V relacionados
con la situación laboral, el estado de salud, el estado
conyugal y con los A-V de "salida"; en cambio no se distinguían en cuanto a sucesos familiares, estado legal y
A-V de "entrada" . Clasificando los A-V en deseables y
no deseables, distinguían que los depresivos informaban con más frecuencia de acontecimientos indeseables
que la población control sana; los sanos informaban con
más frecuencia de los A-V deseables. Paykel (1973) concluye que los A-V de "entrada" y los deseables no están
implicados en la génesis de la depresión.
Barret ( 1979) estudió 204 casos de sujetos depresivos
y ansiosos seleccionados por anuncios en la prensa y
diagnosticados de acuerdo con los "Research Diagnostic Criteria" (Spitzer y cols., 1978); el tiempo de estudio
fue de seis meses para cuatro de los grupos y de dos
años para los depresivos crónicos. Encontró que 'se presentaba al menos un A-V de salida y no deseable en el
38,7 por ciento de los sujetos con depresión mayor, en el
3 3, 3 por ciento de los afectados por depresión episódica
y en el 14,8 por ciento de los que padecían trastorno
depresivo crónico; la presentación de al menos un A-V
de disturbio en las relaciones interpersonales se encon-
28
REVISTA DE MEDI CINA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
tró en los mismos grupos en un 64,5; 75,0 y 40, 7 por
ciento, respectivamente.
Los enfermos depresivos no atribuyen la misma
importancia a los distintos A-V. En el momento de su
ingreso, 73 pacientes depresivos estudiados por Schless
(1979) situaron en orden de importancia la muerte del
cónyuge, el divorcio , la muerte de un familiar próximo,
la separación conyugal, el arresto en la cárcel y la
enfermedad o lesión propia. En un cuestionario de 61
A-V con escala de malestar de O a 20 tanto los pacientes
como los sujetos sanos atribuyen una puntuación alta a
la separación (muerte de un hijo, cónyuge, amigo;
divorcio, separación conyugal), golpes de autoestima
(fracaso en los negocios, despido en el trabajo, desempleo, fracaso académico), amenazas financieras, amenazas a la salud o integridad física y dificultades en las
relaciones interpersonales; los A-V situados fuera del
control del propio individuo son percibidos como más
estresantes que los situados bajo su control (P aykel y
cols., 1971 ).
Los acontecimientos que conllevan pérdida o separación han recibido especial consideración como precipitantes de depresión. En los seis meses anteriores al
comienzo de los síntomas, un grupo de depresivos hospitalizados experimentaron la pérdida del cónyuge con
una frecuencia seis veces superior a la que corresponde
a la población general (Parkes, 1964) . En otro grupo de
500 depresivos hospitalizados ocurrió una incidencia
significativamente superior de muerte de uno de los
padres durante los cinco años previos al ingreso (Birtchnell, 1970; Frost y Clayton, 1977) encuentran que la
hospitalización psiquiátrica parece estar favorecida por
la pérdida del cónyuge, de uno de los padres o de un hijo
(no así por la de un hermano); entre estos individuos
prepondera el trastorno afectivo. En un estudio prospectivo de 109 personas que habían perdido a un familiar se observó que el 3 5 por ciento sufrieron depresión,
la mayoría de corta duración (Clayton y cols., 1972).
Comparando los enfermos depresivos graves con los
leves se constató que durante los seis meses previos al
comienzo de los síntomas, el 62 por ciento de los primeros frente al 14 por ciento de los segundos, experimentó
al menos un A-V de separación; en el 44 por ciento de
los primeros se daba la concurrencia de un A-V de separación en la infancia y otros después , frente a una concurrencia de un 11 por ciento en los segundos; los A-V
de separación en la edad adulta tienden a considerarse
como precipitantes (Sethi, 1964). La mayoría de las pérdidas son más simbólicas que reales; un A-V objetivamente poco importante puede reactivar un conflicto de
separación, hipótesis confirmada por la observación de
que en 33 de 48 pacientes las pérdidas reales fueron en
sí poco importantes (Adamson y Schmale, 1962).
Génesis de la depresión
Todos los trabajos que se ocupan de la in_fluencia de
los A-V en la depresión concluyen que es problemático
establecer una relación de causalidad, mientras que
admiten, con mayor o menor grado de importancia, su
relación con la aparición de la enfermedad depresiva.
En la génesis de la depresión los autores estudian los
factores más diversos. Así Klerman (1979) cita los
siguientes : predisposición genética, experiencias tempranas (en especial pérdidas), ciertos rasgos de personalidad (dependencia interpersonal, propensión a culpabilizarse o aumento de la sensibilidad a la aprobación
o desaprobación social) repertorio inadecuado de habili164
dades sociales aprendidas y presencia o ausencia de
soportes sociales. Este esquema correspondería también, en cierta manera, al modelo multifactorial de
Paykel.
Brown (1979) establece un modelo causal de la
depresión basándose en tres factores. Para ello estudia
seis grupos de mujeres de edades comprendidas entre
18 y 65 años (los tres primeros grupos eran tratados por
psiquiatras y médicos generales y los otros tres se obtuvieron seleccionando al azar muestras de la población
general). Después de examinar sus hallazgos establece
las siguientes consideraciones:
Los acontecimientos graves fueron el componente
principal del primer factor del modelo: los agentes provocadores. En la muestra estudiada, sólo una de las cinco mujeres con un agente provocador desarrolló una
depresión clínica, por tanto era necesario buscar un
segundo factor. El factor encontrado fue la vulnerabilidad que presentaba la mujer que, entre aquéllas con un
acontecimiento grave, desarrollaba una depresión. Esta
vulnerabilidad se comprobó que estaba relacionada con
la clase social (clase trabajadora) y con la falta de intimidad (que se podía medir con estos tres parámetros:
tener tres o más niños por debajo de los 14 años viviendo en casa. la falta dP. emnleo flrnra del hollar v la nÁrdida de la madre antes de' los once años). ~Pero, los dos
factores del modelo ya citado, no ayudaban a explicar
por qué algunas mujeres sufrían de una forma psicótica
y otras de una forma neurótica, por lo que se buscó un
tercer factor, que es el de formación de síntomas.
Finalmente concluye Brown: "la baja autoestima es
el rasgo común que subyace a todos los factores de vulnerabilidad". En respuesta a un agente provocador,
pueden ocurrir sentimientos inespecíficos de desesperanza. Esta desesperanza se convierte en un sentimiento general que invade a la persona, y puede llegar a ser
el rasgo central del trastorno depresivo.
Psicosis maníaco-depresiva
En la época anterior a la aparición de las medidas
cuantitativas del cambio de vida, varios investigadores
se interesaron por conocer la influencia que podían
ejercer los A-V generadores de stress. Rennie (1942)
informó que el 79 por ciento de 208 pacientes maníacodepresivos tuvieron problemas en su vida en el tiempo
inmediatamente anterior a la aparición del trastorno.
Fax ( 1942) encontró que el 21 por ciento de 400
maníaco-depresivos mostraron un trastorno claramente
relacionado con factores precipitantes. Cassidy y cols.
(1957) hallaron que, de 100 maníaco-depresivos 50
mencionaron un A-V que los propios pacientes consideraban relacionados con el comienzo del trastorno; sin
embargo, los autores sólo reconocieron acontecimientos
"causales" en 9 casos. La variabilidad de los resultados
referidos y la ausencia de grupo control hacen poco fiables estos estudios.
Patrick y cols. (1978) intentaron investigar si había o
no asociación significativa entre los A-V y el comienzo
de la enfermedad afectiva, unipolar o bipolar, estudiando 183 pacientes con este diagnóstico. Emplearon datos
de la historia familiar para determinar si la predisposición familiar para la enfermedad afectiva era más
reducida entre los pacientes que referían A-V al comienzo de la enfermedad que entre los que no los referían.
Clasificaron los enfermos en cuatro formas clínicas, una
unipolar y tres subtipos de bipolar; a pesar de que en el
grupo unipolar podría haber depresivos endógenos y
165
reactivos, en los cuatro grupos se encontró por igual un
50 por ciento aproximadamente de pacientes que informaron de la presencia de A-V al comienzo de su enfermedad; el grupo unipolar ni siquiera se distinguió del
grupo bipolar I, caracterizado por alta incidencia familiar de enfermedad afectiva y por parámetros biológicos
y farmacológicos característicos. También se encontró
similutud entre los cuatro grupos diagnósticos en cuanto al tipo de A-V. Los datos familiares no revelan diferencias entre los pacientes con A-V y los carentes de éstos. El carácter retrospectivo de este estudio le resta
cierta validez; los autores, desplazando su atención a
estudios prospectivos, encuentran que los episodios
hipomaníacos pueden seguir en uno o dos meses a
stress excesivo relacionado con el empleo (Patrick y
cols., 1978).
En otro trabajo, en el que participan algunos de los
autores anteriores (Dunner y cols., 1979) se informa
que de 79 pacientes maníaco-depresivos controlados
con litio, cerca de la mitad mencionan A-V en los tres
meses anteriores a la enfermedad.
Ayuso y cols. (1980), para un periodo de estudio de 6
meses, encuentran la presencia de al menos un A-V en
el 40 por ciento de una muestra de 50 depresivos unipolares. frente al 12 uor ciento de otra i¡rual de biuolares.
diferencia que resulta significativa. Estos mismos auto~
res, en un trabajo próximo a publicarse, analizan el
papel de los factores precipitantes en una muestra de
143 pacientes hospitalizados por depresión endógena y
encuentran que la presencia de estos factores que ocurrió en el 41,2 por ciento de ellos, no guarda relación
con el sexo, la edad ni la clase social; los factores precipitantes se presentan con más frecuencia en las depresiones de aparición tardía que en las de aparición precoz, y en la primera fase depresiva más que en las subsiguientes; de los A-V encontrados, el 11,2 por ciento
son de carácter somático y el 30 por ciento de carácter
psicosocial.
Ambelas (1979), tras seguir durante dos años a 67
pacientes maníacos, analizando la naturaleza de los
A-V y el stress consecutivo y comparándolos con un grupo control de admisión aguda en cirugía, comprueba
que los maníacos en las cuatro semanas previas a su
ingreso tienen cuatro veces más A-V y concluye que el
stress por pérdida o por amenaza es un precipitante
común de la manía.
Sin embargo, para poder llegar a conclusiones seguras sobre el papel de los A-V en la génesis de las psicosis
afectivas, se requiere ampliar los estudios empíricos,
vigilando especialmente los aspectos metodológicos
relativos a los criterios de diagnóstico y a la,recogida de
información acerca de los acontecimientos.
Psicosis esquizofrénicas
Antes de la década de los sesenta, son ya muy numerosos los trabajos publicados en la literatura médica
que de un modo u otro tratan de evidenciar y relacionar
causas ambientales, sociales, familiares y personales,
con diversos trastornos mentales y en concreto con los
esquizofrénicos.
En 1949, Lidz y Lidz estudian la relación entre privación parental y enfermedad esquizofrénica en 50 adolescentes esquizofrénicos. En 1952, Oltman, McGarry y
Friedman, en un amplio trabajo estudia: 600 esquizofrénicos, 200 alcohólicos, 139 neuróticos, 115 maníacodepresivos, 90 trastornos de personalidad y 77 pacientes con otras psicosis, llegando a resultados muy signifiREVISTA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
29
ca~ivos respecto a privación parental y trastornos neur óticos y de personalidad, sin que encuentren diferencias significativas en relación con los otros trastornos
mentales mencionados (tablas I, II, III).
T a bla l. RELACION ENTRE PRIVACION PARENTAL
Y PRESENTACION DE TRASTORNOS PSIOUIATRICOS
Diagnóstico y n.'' de
casos
N.0 de casos
con
priva ción
esperados
Demen c ia preco z
In = 600!
Estados a lco hó li cos
(n = 2001
Neu ros is (n = 1371
P .M.D. In = 115)
Tra s tornos ele la
pe rso na lid a d In = 901
Otras psicosis (n = 771
N. 0 de casos
obser vados
193
Diferencia
entre
observados
y esperados
205
6
+
64,4
44,7
37, 0
62
68
39
-
29, 0
24,8
43
27
+ 48 ..
+ 9
4
+ 52 •
+ 5
(Tomada ele Oltma ns y co ls .. 1952).
Tabla II. CAUSAS DE PRIVACION PARENTAL
Y TRANSTORNOS PSIOUIATRICO S
j
j
Diferencia entre obser\lados y esperados
en relación con porcentaje de esperados
Diagnóstico
Mu erte
- 28*
- 10
+ 16
+ 1
- 20
- 12
Demen cia precoz
Estados alco hó li cos
Neuro sis
P.M.D.
Trast. d e pe rso nalid a d
Otras psicosis
•
Dil'orcio,
separa ción o
abandono
+
+
-
+
+
Psicosis
7¡•
3
2 18 ..
69*
3 13 ..
107
(x) ..
(x)
o
(x ) •
(x)
o
(0,0 1 p 0,05).
.. (p 0 ,00 11 (Tomad o de Oltman, 19 521.
!x i Nin gun a de las perso nas d e l grupo control tuv ieron pé rdid a
pa re ntal por psicosis el e s us padres; el núm e ro de casos obse r va d os según el diagnóstico fue e l s iguiente: demencia precoz,
33; esta dos alco hó li cos , 3; neuros is, O; PMD, 6; tra stornos de
pe rso n ali d ad, 3; otra s ps icosis . O.
Tabla III. PRIVACION DE UNO U OTRO DE LOS PADRES
EN DISTINTOS TRASTORNOS PSIOUIATRICOS
Diag nóstico
Diferencia entre obser\lados y esperados
en rela ción al porcentaje de esperados
Padre
Dem e nc ia precoz
Estado alco hóli co
Neuros is
PMD
Tras t. de pe rsona lid a d
Otra s psicosis
Madre
+ 16
+ 9
+ 78*
- 3
+ 44
+ 30
+
+
+
+
-
4
28
10
42
17
25
Padre y Madre
23
4
50
45
+ 13 3
9
+
+
+
• (p 0,01 ).
(Tom ada d e Oltman , 19 52).
En 1958, Gregory hace una rev1s10n crítica de un
gran número de trabajos publicados hasta la fecha.
Barry y Bousfield , en 1937 sobre 239 pacientes psicóticos; Barry en 193 9 con 549 psicóticos; Gerard y Siegel
en 1950, Prout y White en 1950 y Whal en 1954 y en
1956 , entre otros, en los que se pone en evidencia los
3Ü
REVISTA DE MEDIC INA DE LA UNIVERS IDAD DE NAVARRA
posibles errores metodológicos cometidos con las muestras en esos estudio s (comparación de muestras diferentes, errores en las conclusiones ... ) y concluyen que en el
caso que existan relaciones significativas entre privación parental y trastorno psiquiátrico, es necesario
seguir en esta línea de investigación, pero intentando
solventar los errores cometidos hasta entonces, tanto en
relación con el método empleado , como con la frecuente
falta de rigor científico en las conclusiones, que a menudo se muestra en algunos trab ajos publicados.
A partir de los años sesenta y fundamentalmente
autores a nglosajones o de su área de influencia, presentan nuevos trabajos en los que ponen en evidencia la
prob able relación entre los trastornos esquizofrénicos y
un a serie de A-V, observándose en estos estudios una
mayor rigurosidad, tanto en la metodología como en las
conclusiones y en nuevas hipótesis de trabajo que plantean .
Parkes ( 1963), Mishler (1965), Lipman (1965), Beck y
Worthen (1972), Brown (1968), Jacobs y cols. (1974) y
Paykel (1979) son algunos de los autores que investigan
en esta línea y que con su constante trabajo tratan de
demostrar la estrecha relación existente entre A-V y
enfermedad mental.
En la mayoría de los trabajos consultados, la muestra
estudiada se refiere a pacientes depresivos, esquizofrénicos, intentos de suicidio, trastornos mixtos y su relación entre ellos y con un grupo de población control; los
esquizofrénicos son, en general, pacientes vistos en su
primer brote o en su primer ingreso en un centro psiquiátrico . Los trabajos con pacientes esquizofrénicos y
grupos de población control, y esquizofrénicos y pacientes depresivos o de diagnósticos mixtos, ocupan tan sólo
una pequeña parte del total de trabajos referidos a trastornos mentales y A-V.
La técnica utilizada consiste en el hallazgo retrospectivo de los posibles A-V. Se pretende mostrar cuáles son
los A-V en los meses previos al brote esquizofrénico y la
especificidad de estos sucesos en relación con el desencadenamiento de la enfermedad.
Cuando se relacionan grupos de pacientes depresivos
con esquizofrénicos (Jacobs y cols., 1974) se intenta
observar las diferencias respecto a cómo se ha reaccionado ante A-V en los seis meses previos a la aparición
de la enfermedad y si tales diferencias son para todos
los A-V o sólo para ciertos tipos. Por ello se categorizan
los A-V en cuatro grupos (tabla IV).
Jacobs y cols . ( 1974) refieren que los pacientes depresivos relataron mayor número de A-V que los esquizofrénicos, pero sólo en determinadas categorías de sucesos.
Los enfermos depresivos tenían una media de tres a seis
acontecimientos en los seis meses anteriores al comien. zo de la enfermedad, mientras que los esquizofrénicos
sólo referían de dos a cinco acontecimientos. Concluyen
en que la diferencia es significativa, ya que los depresivos relatan un 50 por ciento más de sucesos que los
esquizofrénicos.
En relación al tipo de A-V vivido, se observa que los
pacientes depresivos relataron más sucesos "indeseables" que los esquizofrénicos, siendo en ambos grupos
muy pequeño, el número de sucesos deseables referidos .
En la categoría de A-V de salida se señala que en los
deprimidos aparecen en doble proporción que en los
esquizofrénicos y que en los de entrada, a pesar de referirlos más los pacientes esquizofrénicos, las diferencias
no eran significativas.
En los acontecimientos relacionados con áreas de
actividad en los apartados financieros se encontraron
166
Tabla IV. CARACTERISTICAS DE LOS ACONTECIMIENTOS
DE LA VIDA PRESENTAD OS EN ESOUIZOFRENI COS
Y EN UN GRUP O CONTROL
Tipo
Sa lidas:
Esqu izofrénicos
J 4*
Grupo
control
16
lJ
42*
21
8
Jl
JB
3
- Na cimi en to d e u n hijo
- Ven ir a vi vir u na per sona al hoga r
Ind eseables:
- Matrimonio
- Promoción profesion a l
Int.erpersonal es :
In controlabl es :
21
- Guerras
- Catástro fes na tural es
Controlables :
17
Porcentaj e de prese ntac ión de A-V en esquizofréni cos y en el grupo
control , según categ orí a de A-V, en los 6 m es es anteri ores al
comi enzo d el tra s torno (pa cientes ) o a la entrevis ta (grupo control ).
• Sig ni fic a ción m ás fre c uente que la de la población general .
(Torn a da d e P aykel, J 9 79 ).
cifras cuantitativamente más significativas en los depresivos que en el otro grupo de enfermos; por el contrario,
en lo que hace referencia a aspectos legales fueron los
esquizofrénicos los que los refirieron en mayor número,
aunque la diferencia tampoco era significativa.
Fue en el grupo de categorías adicionales (discusiones interpersonales, etc.) donde las diferencias fueron
más sorprendentes: mientras que de la muestra de 30
depresivos, 26 mostraban al menos un suceso de este
tipo , fueron sólo nueve de los otros cincuenta esquizofrénicos los que experimentaron un suceso de dicha
categoría .
Estos resultados fueron similares a los encontrados
en otros trabajos anteriores: Beck y Whorten (1972),
Brown y Birley (1968), Paykel (1979).
Este último, en un estudio con esquizofrénicos,
depresivos, sujetos con intentos de suicidio y población
control observó que todos los grupos de pacientes refirieron más A-V que la población general; por número de
A-V referidos sobre una lista de 3 3 , se estableció el
siguiente orden:
- Intentos de suicidio .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. ..
-Depresivos ... . . .. . ....... . .... . . ... . .. ..... . . . ... .
- Esquizofrénicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
- Población control . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
3,3
2,1
1,5
0,8
Según la categoría de A-V y su relación con la población general se vio que, aunque los pacientes esquizofrénicos también presentaban un mayor número de
sucesos previos a la aparición de la enfermedad, la significación de ésta era mucho menor que para los grupos
de sujetos con intentos de suicidio y depresivos (tabla V).
Leff (19 7 8) clasificando los tipos de sucesos en "dependientes" e "independientes" señala que en las tres
167
A-V de cualquier
tipo en los
últimos
6 meses
Depresivos . .......
Suicidas.
6,5
5,4
6,7
6,3
Esq uizofréni cos .
3,9
3,0
(To mada de P ayke l, 1979 ).
- Muerte de un fa miliar
- Des pido la boral
Deseables :
A-V de salida
en lo s últimos
6 meses
Diagnóstico
9
- Aband o no de hoga r
- Se pa r ac ión m aLTi rn oni a l
Entradas:
Tabla V. PRESENTACION DE ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA
EN LOS SEIS MESES PREVIOS A LA APARICION
DE DEPRESION , SUICIDIO , O ESQUIZOFRENIA
semanas pr evias al desencadenamiento del primer brote esquizofrénico o de una nueva recaída, el 60 por cien
de los pacientes experimentó algún suceso independiente o posiblemente independiente; en relación con la cualidad de "agradable" o " desagradable" de los A-V
muestra, que, así como en los depresivos el suceso siempre es "desagradable" y con un cierto significado simbólico, en los esquizofrénicos el acontecimiento puede
ser tanto de un tipo como de otro y que, aunque la naturaleza de los sucesos es diferente en ambos grupos, no
existe ninguna especificidad para uno u otro tipo de
enfermedad mental.
En resumen, la mayoría de los trabajos vienen a
demostrar que en los enfermos depresivos los A-V de
"salida" del campo social, los catalogados como no
deseables, las discusiones interpersonales, las crisis fi nancieras y los relaciona dos con la salud, son significativamente más frecuentes que en los esquizofrénicos . Los
sucesos de entrada, los deseables, los que forman parte
del desarrollo madurativo, los laborales, los educativos,
los de traslado y los fallecimientos son igualmente frecuentes en depresivos y esquizofrénicos; mientras que
los acontecimientos relacionados con lo legal aparecen
más en esquizofrénicos, aunque la diferencia no es significativa (tabla VI).
Tabla VI. CATEGORIAS DE ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA
EN PACIENTES DEPRESIVOS Y ESOUIZOFRENICOS
DURANTE LOS SEIS MESES PREVIOS A LA APARICION
DEL TRASTORNO
Depre-
Categoria
S l \I OS
Esquizofré nicos
15
25
JO
2J
6
10
5
13
J3
19
6
lJ
4
5
6
J9
Fin a nciero . . ... .. ...... . . ..
Sa lud
Cony uga l .......... ... .....
Hij os ..
. . .. .. ... .. ..... ' . .
Relacion es socia les co n sexo
opu esto ............... .. .......
T ra baj o
Ed u cación ........ . .. .. ..
Cambios d e d omi cilio . . . ....
Muerte . . .
Legal ... . . . . .. . .. . . . . ... ..... ... ..
8
10
4
12
Significación
p
p
0 ,05
0 ,01
N .S.
N.S.
N.S.
N .S.
N .S.
N.S.
N .S.
N .S.
(To m ada de J acobs y cols., 1974).
En conclusión, los trabajos r ealizados hasta ahora,
presentan nuevos interrogantes, que sirven para seguir
en una línea de investigación que no ha acabado de
acl ar ar todavía las hipótesis de trabajo que en un principio se plantearon.
REVISTA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
31
Neurosis
Las distintas interpretaciones que los autores clásicos
hacen de las neurosis, contienen la idea de que éstas
pueden ser causadas o al menos desencadenadas por
acontecimientos de la vida.
Alteraciones del estado de ánimo como ansiedad
angustia, . sentimientos de inseguridad o depresión, s~
han considerado como el núcleo fundamental de las
neurosis, a partir del cual, por diversos mecanismos,
aparecen las manifestaciones sintomáticas.
Durante años los clínicos han usado estas hipótesis,
extraídas de la observación y de la especulación, sin
q~e ?ubi.esen sido objetivas, fuera de la práctica clínica
diana: Sm embar~o, de unos años a esta parte ha surgido un mterés creciente por tratar de comprobar diferentes aspectos de las teorías clásicas, por métodos de tipo
estadístico.
Barret (1979) estudió mediante procedimientos
estadís~icos la relación entre los A-V y la aparición de
alterac.10nes del estado de ánimo de tipo ansioso o
depresivo. ~ste estudio descrito en otra parte del presente trabajo, concluye, entre otras cosas, que la ansiedad está, significativamente, en relación con acontecimientos vitales que de alguna manera contienen una
exigencia de rendimiento, tales como dificultad financiera: el ii;icio de un trabajo, o un examen, y también
?ºn ~ituac10nes en las que las relaciones interpersonales
implican competencia o desafio.
Las alteraciones depresivas sin embargo, parecen
depender de A-V relacionados con trastornos de las
relaciones interpersonales que impliquen separación o
pérdida de personas significativas.
Como estas aportaciones sólo tienen en cuenta la sintomatología ansiosa o depresiva, se han buscado otros
cami?os de .investigación, en los que se ha preferido
relac10nar directamente los A-V con la sintomatología
neurótica.
Los trabajos de Henderson y cols. (1980) y de Cooper
Y Sylph ( 1973) llegan a resultados semejantes estudiando muestras distintas y siguiendo una metodología distin~a también. Henderson trata de demostrar dos hipótesis: 1 ) que una deficiencia en los lazos sociales es un
fé_lctor causal de neurosis y 2) que esto es un factor suficient~ para producirla, sin necesidad de que haya A-V
especialmente estresantes, independientes de las relacio~es interpersonales como Brown y Harris (197 8)
sugieren. Se analizó una muestra del censo electoral de
Gamberra (Australia) de 753 personas. En el diseño del
trabajo se estudian 300 personas que son entrevistadas
tres veces con intervalos de cuatro meses. El método
aplicado estudia la morbilidad mediante las escalas de
Zun~ PSE y la GOH de Goldberg; los lazos sociales
mediante programas de entrevistas de interacción
social y los acontecimientos vitales adversos siguiendo
a Paykel y cols. (1971).
En los resultados de este estudio los autores comprueban que. existe una asociación entre la morbilidad y
las dos variables: A-V adversos y deficiencia en los
lazos sociales. Por ello, concluyen en que ambos factores desempeñan un papel en el desencadenamiento de
la sintomatología neurótica, pero no pueden precisar si
s?~ la causa o sólo un efecto del propio suceso neurotico.
En.?l traba)o de Cooper y Sylph (1973) se plantea la
cues~10n de si l'.ls neurosis son algo reactivo a causas
ambientales o bien como postularon en su día Kurt Schneid~r. y otros, existen factores constitucionales que
condic10nan una personalidad alterada (personalidad
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REVISTA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
neurótica), que después, bajo la influencia de los A-V
~ro?1:cirían r~acciones vivenciales anómalas que cons~
tltmnan la smtomatología neurótica. En su estudio
excluyen cuestiones tales como que un A-V pueda tener
una especial significación emocional o simbólica para
~n sujeto determinado. Sin embargo, se considera
importante tener en cuenta la tendencia del neurótico a
omitir, distorsionar o falsificar los A-V, así como la distinción entre los acontecimientos independientes de la
enfermedad o fortuitos y los que podrían derivar de la
personalidad alterada del neurótico.
. Se sele?cionó una muestra de sujetos mayores de 16
anos mediante una escala de neuroticismo de 22 items y
por el mismo procedimiento un grupo control. En ambos
grupos se aplicó el programa de Brown y Birley ( 1968)
para la medida de los A-V que se confirmaron con los
relatos de los familiares. Los neuróticos fueron un total
de 53 y el grupo control 34.
Los resultados mostraron que en el grupo de neuróticos los A-V fueron 2, 7 veces superiores a los del grupo
control. Los neuróticos que habían sufrido al menos un
A-V Y_ los que habían sufrido uno de tipo independiente o
~or~u~to eran en ambos casos dos veces superiores a los
mdividuos pertenecientes al grupo control.
DAsdA quA Janet en 1909 postuló que las neurosis
consis~ian en un e~tado de agotamiento nervioso (psica~tema), que ocas10naba trastorno de la actividad psíqmc.a, se ha supuesto que el neurótico tendría que haber
sufrido A-V que por su intensidad, ocasionaran dicho
agotamiento nervioso. Los autores, estudiando la intensidad de los A-V, encontraron que el 18 % de los neurótico.s habían sufrido acontecimientos de gran intensidad,
rmentras que en el grupo control ningún sujeto había
padecido este tipo de acontecimientos. El 47 % de los
neuróticos sufrieron A-V de intensidad marcada frente
al 6 % en el grupo control.
Los resultados sugieren que efectivamente existe una
relación entre los A-V y la aparición de síntomas
neuróticos. Sin embargo, en la muestra estudiada un
cuarto de los neuróticos no habían sufrido ningún A-V.
Otros pacientes habían sufrido situaciones de frustración, de hastío, o de gran insatisfacción antes de la aparición de los síntomas neuróticos.
Patología somática
La repercusión somática de los A-V viene siendo objeto d~ estudi? y especulación desde hace tiempo. La existencia de dicha relación está incluso asumida socialmente en manifestaciones del acervo popular como:
"Lo han matado a disgustos", etc. Dichas afirmaciones
¿son en realidad literalmente ciertas?, ¿qué mecanismos llevan implícitos?, ¿se pueden predecir esos sucesos? Estas y otras preguntas son las que han tratado
de contestar numerosos investigadores, sorprendidos
muchas veces ante lo evidente. En este sentido, nos
hacemos una viva imagen de Cannon ( 1942), tratando
de aclarar el motivo por el cual algunas personas de tribus, primitivas ~orían repentinamente al inílingir un
tabu y ser castigados a muerte por la tribu. ¿Qué
ocurría en aquellos organismos? ¿Cuál era el correlato
fisiológico de la dramática escena?
Engel ( 19 71) presentó 11 7 casos de muertes tras
ac?ntecimientos que producían una emoción extrema y
es mteresante analizar la naturaleza de dichos A-V, porque:
1. En poco más de la mitad de los casos se trataba de
168
la pérdida de amigos o familiares. 2. En 9 de los 177
casos, resultó decisiva la pérdida de reputación y
autoestima. 3. El 44 % de los 177 h abían padecido la
muerte de un ser cercano en la juventud o en la infa ncia .
Kra us y Lilienfeld (1959 ) observaron que la tasa de
mortalidad era siete veces mayor en viudos menores 45
años qu e en el grupo control. Asimismo, en 4 .486 viudos
mayores de 55 años estudiados por Parkes (1970) en los
seis m eses siguientes a la pérdida del cónyuge, se comprobó una mortalidad mayor del 40 % re specto al grupo
control, siendo la causa más frecuente la trombosis
coronaria .
Diferentes autores, en estudios tanto retrospectivos
como prospectivos, ha relacionado la muerte súbita (en
general sobre un trastorno cardiovascular previo) a una
circunstancia definible en el tiempo. Así, Sudnow
(1967) refirió una muerte instantánea tras una ruptura
matrimonial. Cannon (1929) responsabiliza al miedo
como factor desencadenante de una reacción psicofisiológica, sobre todo cardiovascular, que lleva a la muerte .
Pero los acontecimientos o cir"cunstancias precipitantes
también pueden ser de contenido emocional claramente
positivo, como la liberación de un preso tras una condena , encuentros tras largos años de separación, y todos
recordamos la muerte súbita de un quinielista millonario al enterarse de la noticia. En conexión a la enfermedad cardiovascular, la muerte súbita se produjo en personas que habían experimentado un considerable
aumento de acontecimientos vitales en los seis meses
previos a la muerte comparados a otros semestres en los
2 años precedentes al óbito (Rahe y Lind, 1971 ).
Theorell y Rahe, en 196 7 encuentran asimismo un
considerable aumento en el número de cambios vitales
en los 6 meses previos al infarto de miocardio en 54
pacientes sobrevivientes, comparados con sujetos sanos
tomados como control. En estudios posteriores, sobre
279 sobrevivientes y 226 familiares de víctimas de
infarto de miocardio, Rahe y Romo ( 1974) demuestran
que ese incremento en la carta de A-V en los seis meses
anteriores al infarto, es mucho más acentuado en los
sobrevivientes previamente sanos (69 %) que en los previamente enfermos (43 %); incremento que aproximadamente se duplica para los que fallecen de infarto sin
historia previa de enfermedad ( 143 %) y los que lo
hacen sobre una patología ya conocida (79 %) .
En estudios gemelares, De Faire (1976), encuentra
valores medios de cambios vitales más elevados en
fallecidos por enfermedad coronaria que en sus gemelos
uni- o bivitelinos, pero sólo los univitelinos lo hacían de
manera estadísticamente significativa (p 0,005). Los
380 pacientes de 30 a 50 años con evidencia clínica de
infarto de miocardio, dos a seis meses previos al estudio
de Siegrist y cols. ( 1979), sufrieron más acontecimientos estresantes que los 190 sujetos control sanos
(p 0,001 ). El 31,2 % de los pacientes y el 13,6 % de los
sujetos control padecieron tres o más A-V adversos en
los dos años previos, en tanto que sólo el 19 % de los
enfermos no habían presentado ningún acontecimiento
de este tipo comparado con el 36,4 % del grupo control.
En el mismo estudio se observó una mayor concentración o acúmulo de acontecimientos adversos en el trimestre previo al infarto (26 %). Sin acotamiento del
tiempo, se hubiera previsto un 12,5 %.
En un estudio realizado por Bloch y cols. ( 1979) se
midieron los factores de riesgo standard y psicosociales en 2 1 varones de 3 1 a 4 5 años ingresados por
infarto de miocardio. Veinte de ellos eran grandes
169
fumadores, de uno a cuatro paquetes al día . Todos ellos
sufría n un stress profesional y/o familiar grave y mantenido. Se trata de per son alidades rígidas y obsesiv as
que se describían como " prisioneros de sus situaciones
pr oblem áticas" y totalmente incap aces de relaj ar se.
Como factores subyacentes a estas muertes y trastornos cardíacos repentinos, Garrity y Marx (1979) señalan la existencia previa de una alter ación coronaria en
el 9 1 % de los casos.
Entre los estudios prospectivos o de seguimiento llevados a cabo en este terr eno dest aca el Theorell (197 6)
quienes estudiaron una población de 6.579 obreros de
la construcción en Estocolmo, durante un período de 12
a 15 meses. En ese espacio de tiempo , 51 de ellos sufrieron un infarto de miocardio , de los que sobrevivieron
32 . Los valores de cambio vital global no tuvieron valor
predictivo; sí, en cambio, el "aumento de responsabilidad en el trabajo", capaz de predecir el 1O % de los
casos de infarto. En el mismo estudio, se vió una importante capacidad de predicción de los valores de cambio
vital respecto a las neurosis .
En estudios de seguimiento, Theorell y Rahe (1975)
controlaron médica y psicosocialmente a 36 pacientes
con infarto de miocardio durante seis años. Los valores
de cambio vital resultaron más elevados en los 18 que
fallecieron que en el resto, existiendo un cúmulo o pico
de acontecimientos un año antes de la muerte.
En el estudio de Marburgo , de Siegrist y cols . (1980),
al año y medio de la producción del infarto, 11 de los 13
fallecidos (84,6) presentaron mayores cargas en lo referente a relaciones laborales y/o acontecimientos vitales
que en los pacientes sobrevivientes (6 7 %) o los controles sanos . En el mismo estudio, los autores demostraron
que los acontecimientos relacionados con el mundo
laboral se daban 2,4 veces más en el grupo de infarto
que en el control.
Otro campo de interés en la investigación de los A-V y
su repercusión en el organismo es el del sistema inmunitario . Se sabe que el stress disminuye la inmunocompetencia. Bartrop y cols. ( 1977), observaron una disminución altamente significativa en la toxicidad de los linfocitos (reacción celular T) en 26 viudos, a las 5 semanas
de la muerte del cónyuge, en comparación con 26 individuos control. Greene y cols. ( 1978) refieren una relación muy significativa entre la elevación de los valores
de cambio vital, una deficiente superación del mismo
(por negación o desconocimiento) y una disminución en
la toxicidad de los linfocitos.
Resulta atractiva y tentadora la idea de relacionar
estos estudios con la teoría de que "la eclosión de la
enfermedad tuberculosa va a menudo precedida por un
período de lucha contra las tendencias depresivas, y
marca el fracaso de esta lucha" (Haynal y Pasini,
1980), o que en la tuberculosis "la somatización-sería
una defensa que permitiría al sujeto escapar de la
depresión" (Begoin, citado por Haynal y Pasini, 1980).
¿Coincidirían los mismos A-V para la depresión y la
tuberculosis? ¿Qué otros factores constitucionales, de
personalidad o ambientales las modularían? ¿Implicarí an, como eslabón intermedio, al sistema inmunitario ?
Lo mismo cabe preguntarse respecto a la hepatitis,
que Caliezi (1980) tras el análisis prolongado de las circunstancias vitales en que se presentaron sus casos ,
consider a una defensa del organismo "ante una grave
amen aza a la existencia , sobre todo en el áre a ocupacional, y en situ aciones de aislamiento humano " . ¿Se
podría superponer los A-V aquí implicados a los de la
REVISTA DE MED ICINA DE LA UNIVER SIDAD DE NAVARR A
33
depresión, al llegar a considerar el autor citado la hepatitis como un equivalente depresivo?
Varios autores han relacionado la enfermedad cancerosa sobre todo carcinomas de cuello uterino, leucemias
y linfomas con acontecimientos de pérdida graves. Así,
Schmale e Iker (1965) pudieron predecir carcinomas de
cuello uterino teniendo en cuenta A-V graves y estados
de desesperanza y desamparo. Greene y cols. (1958),
refieren un aumento de los A-V familiares uno o dos
años antes de la aparición de una leucemia infantil,
aunque su estudio adolece de fallos metodológicos.
Blohmke y cols. (1976) confirman la misma relación respecto a los carcinomas de colon y recto. Snurry y Levin
(1979) sugieren la asociación entre neuroticismo, extraversión y falta de relación familiar con la oncogénesis.
Según Klerman e Izen (1977) la reacción de duelo
pone en marcha mecanismos psicobiológicos que se asocian a viviencias de unión de la primera infancia, precipitando esta activación, condiciones crónicodisposicionales que producen un riesgo de cáncer
mayor, bien sea en el terreno genético, en el inmunológico o en el psicosociológico.
Entre las enfermedades que se consideran desencadenadas por A-V se encuentran la colitis ulcerosa, en la
que la circunstancia desencadenante haría referencia a
una separación o amenaza de separación (Haynal y
Pasini, 1980), y la artritis reumatoide, en la que también se verían implicados acontecimientos de pérdida
de apoyo o de separaciones (Freedman y Kaplan, 1975).
Asimismo, se han referido valores de cambio vital elevados en niños y adultos que desarrollan una diabetes
mellitus y en las recidivas de la úlcera duodenal (Stein y
cols., 1971; Grantycols., 1974; Stevensonycols., 1979).
Rahe ( 1974) llevó a cabo un estudio prospectivo en
reclutas de marina que comenzaban un crucero de seis
meses. Investigó los A-V que habían sufrido en los seis
meses previos al embarque, dividiendo la muestra en
tres grupos de igual número, según tuvieran valores de
cambios vitales altos, medios o bajos. El grupo de valores más elevados previos al embarque presentó 90 %
más enfermedades n\_\evas durante los seis meses de
crucero que el grupo de valores de cambios vitales bajos.
Asimismo Snyder (19 7 8) refiere que el número de
consultas médicas aumentó durante las separaciones
periódicas de tres meses de duración de las esposas de
submarinistas en servicio; y Andrews y cols. (1978) llegan a afirmar que el 20 % de la enfermedad física puede
atribuirse a factores sociales.
En el campo de la ginecología-obstetricia, destacan
los trabajos de Nuckolls y cols. (1972), quienes refieren
menor número de complicaciones durante el embarazo
en mujeres con mayor apoyo social, aunque tuvieran
mayor número de acontecimientos adversos (40 %). Las
mujeres que vivían aisladas tenían mayor número de
complicaciones (80 %). Según Gorsuch y cols. (1974), el
curso del parto puede verse afectado por acontecimientos adversos recientes. Siegel ( 1979) demuestra un
aumento de los trastornos menstruales en relación con
la elevación del valor de A-V, sobre todo si son acontecimientos no deseados.
La anorexia nerviosa sigue planteando difíciles cuestiones etiológicas y de otro orden en nuestros días .
Bruch (1974) habla de situaciones o acontecimientos
nuevos como desencadenantes de la enfermedad:
pubertad, cambio de colegio, cambio de amigas, ir de
campamento, ir a la universidad, comentarios despectivos sobre el aspecto fisico, etcétera. Entre nuestos casos
de anorexia nerviosa, hemos visto como factores preci-
34
REVISTA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
pitantes , además de los descritos por H. Bruch, el cambio de residencia, salida de una hermana mayor a la
universidad, muerte de alguno de los padres, cambio de
actividad laboral, aborto provocado y el rechazo por
parte de antiguas amigas. La clásica exclusión mutua
entre tuberculosis y anorexia nerviosa plantea asimismo interesantes cuestiones sobre la coincidencia o no de
los mismos A-V sobre un terreno de determinadas
características .
Garrity y Marx (1979) escriben: "La tendencia antigua en teoría psicosomática a relacionar las emociones
especificas y configuraciones de personalidad con
determinadas enfermedades ha dejado paso a la creencia de que el trastorno psicofisiológico deriva de una
variedad casi ilimitada de estímulos estresantes, que
llevan a una amplia gama de manifestaciones clínicas.
La activación psicofisiológica prolongada puede, por
tanto, aumentar la susceptibilidad de un organismo a la
enfermedad y lesión por enfermedades infecciosas,
crónico-degenerativas y emocionales. · Por tanto, el
stress puede ser capaz indirectamente de disminuir las
resistencias a los microorganismos productores de
enfermedad y de poner en movimiento procesos físicos
que pueden, a la larga, dañar tanto la morfología como
la fisiología de los órganos y limitar gravemente las
capacidades de adaptación psícoiógica dei individuo ' '.
Por otro lado, Kobasa ( 1979) refiere que la personalidad mitiga significativamente el efecto patógeno de los
A-V estresantes. Estudió dos grupos de ejecutivos que
tuvieron grados elevados comparables de stress a lo largo de un período de tres años, medido por la escala de
acontecimientos vitales recientes de Holmes y Rahe
(1967) . Los de un grupo (n = 86) sufrieron una gran
cantidad de stress sin caer enfermos, en tanto que los
del otro (n = 75) refirieron enfermar tras su enfrentamiento con los acontecimientos dificiles. La enfermedad
se midió por el sondeo de gravedad de enfermedad de
Wyler, Masuda y Holmes. Se vio que los ejecutivos con
gran stress y baja incidencia de enfermedad mostraban
mayor control, dedicación e interés por el cambio, como
desafio, que los de alto stress y alta incidencia de enfermedad.
¿Existirán A-V capaces de "colmar el vaso" de ese
terreno predispuesto? ¿Será que algunas personas tienen tendencia a referir más síntomas y quejarse más de
lo que les sucede? ¿Podría el cambio vital ser una respuesta a la enfermedad?
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