MIRANDA C VIDALES DE PCIA LA PAMPA

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PODER JUDICIAL DE LA PROVINCIA DE LA PAMPA
CÁMARA DE APELACIONES EN LO CIVIL, COMERCIAL, LABORAL Y DE
MINERÍA DE LA SEGUNDA CIRCUNSCRIPCIÓN JUDICIAL DE
GENERAL PICO
"MIRANDA, EDUARDO NICOLÁS C/VIDALES, FABIÁN Y OTRO
S/DESPIDO" (EXPTE. Nº 4891/12 R.C.A.)
En la ciudad de General Pico, provincia de La Pampa, a los catorce días del
mes de junio del año dos mil doce, se reúne en ACUERDO la Cámara de
Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Minería de la Segunda
Circunscripción Judicial para resolver el recurso de apelación interpuesto en
los autos caratulados "MIRANDA, Eduardo Nicolás c/VIDALES, Fabián y otro
s/DESPIDO" (expte. Nº 4891/12 r.C.A.), venidos del Juzgado de Primera
Instancia Nº 3 de esta Circunscripción y existiendo unanimidad (art. 257, C.
Pr.)
la
CÁMARA
dijo:
I) El trámite: a) Compareció Eduardo Nicolás Miranda e inició juicio laboral
contra Fabián Vidales y Víctor Vidales y/o quien resulte responsable o dueño
del establecimiento comercial "PK2", ubicado en calle 51, entre 24 y 28, de
esta ciudad, por la suma de $ 61.842,47, o la que en más o en menos
resulte de la prueba, intereses y costas, en concepto de diferencias
salariales, aguinaldo proporcional, indemnizaciones por antigüedad y falta
de preaviso, integración del mes de despido, vacaciones no gozadas e
indemnizaciones de los arts. 1 y 2 de la ley 25.323 y 80 LCT (demanda de
fs. 58/61 y planilla de fs. 47/51).Dijo que en enero de 2007 comenzó a trabajar como empleado en el hotel
de los demandados, y que no registraron la relación hasta agosto de 2008,
luego de sus reiterados reclamos. La registración fue irregular, en una
categoría más baja a la real y con una jornada menor que la cumplida.El 30/5/10 fue agredido verbalmente por Fabián Vidales, que lo echó de su
lugar de trabajo, le dijo que no volviera más y le arrojó un cepillo de ropa
con el fin de lastimarlo, lo que le produjo una crisis nerviosa y una
descompensación. Formuló una exposición policial (fs. 5) y el 2/6/10 se dio
por despedido, en virtud de las injurias recibidas (telegrama de fs. 54).
Agregó que el despido verbal dispuesto por el empleador, no fue
debidamente fundado ni motivado.Luego de un fracasado intento conciliatorio en sede administrativa, se
decidió a iniciar el reclamo judicial, por los conceptos y montos indicados.b) Fabián Horacio Vidales y Víctor Daniel Vidales (tales sus nombres
completos) contestaron la demanda a fs. 130/137 y pidieron su rechazo con
costas.Admitieron la relación laboral y que registraron al actor en agosto de 2008,
aunque negaron sus otras afirmaciones.Dijeron que en enero de 2007 lo contrataron para cubrir una carga horaria
de cuatro horas diarias y que sus haberes se abonaron mediante recibos
comunes. Cuando se le pudo dar de alta, en agosto/08, comenzó a trabajar
ocho horas diarias; entonces se le liquidó, mediante recibo de ley, "por
jornada reducida" y el saldo se le entregó bajo recibos comunes.En cuanto al distracto, expresaron que el 31/5/2010 el actor no concurrió a
trabajar y envió el certificado médico de fs. 6, que le indicaba 24 horas de
reposo y control. No fue a trabajar los días 1 y 2 de junio y entonces lo
intimaron a retomar sus tareas, bajo prevención de incurrir en abandono de
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trabajo (fs. 76). Luego de remitir la comunicación, recibieron el telegrama
de Miranda, dándose por despedido. Lo contestaron y rechazaron.- Dieron
las razones por las que el despido indirecto no da lugar a las
indemnizaciones pretendidas y cuestionaron distintos aspectos de la
planilla, así como la procedencia de los rubros reclamados.c) El juicio se abrió a prueba a fs. 140 y, una vez producida, se clausuró el
período probatorio.El actor alegó a fs. 250/252 y los demandados lo hicieron a fs. 253/258.d) La sentencia de fs. 260/272 hizo lugar a la demanda en forma parcial y
condenó a los empleadores a abonar al actor $ 10.838,26 más intereses.
Las costas se impusieron en un 82,48% a Miranda y en el 17,52% a los
codemandados.e) Apelaron ambas partes. Los empleadores expresaron agravios a fs.
289/291 y fueron respondidos a fs. 293/295.El actor expresó los suyos a fs. 299/300 y sus oponentes contestaron a fs.
304/311.Elevadas las actuaciones, se corrió vista a la Fiscalía del planteo de
inconstitucionalidad formulado (fs. 314), y fue contestada a fs. 317.II) La sentencia. Sus conclusiones fueron las siguientes: 1. el demandante
no probó su despido por parte de la patronal ni el incidente que invocó
como injuria eficiente; 2. la ausencia de una intimación previa por parte del
trabajador, para la debida registración, importa un obstáculo insalvable
para que se admita una injuria eficiente por tal motivo; 3. lo mismo sucede
con la ausencia de intimación para que se regularizara la entrega de
recibos; 4. el empleado entró a trabajar para los codemandados el
31/1/2007; 5. la actividad que cumplía encuadra en la categoría "ayudante
general" del CCT 397/2004; 6. no se le pagaron remuneraciones
insuficientes sino que hubo deficiente documentación de los pagos; 7.
procede el reclamo por el pago de las vacaciones no gozadas del año 2010 y
el SAC del primer semestre del mismo año; 8. debe rechazarse el efectuado
por los dos primeros días de junio/2010; 9. también debe desestimarse el
reclamo por las indemnizaciones de la ley 25.323; 10. corresponde la
indemnización del art. 80, LCT.III) Los agravios. Los del actor son los siguientes: 1. el trabajador tuvo
justa causa de despido, ya que los empleadores no lo registraron en debida
forma; 2. debió indemnizarse el daño moral que sufrió; 3. no debieron
imponérsele costas; 4. correspondía enviar de inmediato el expediente a la
AFIP.El de los demandados consiste en que no se les debió condenar a abonar la
indemnización del art. 80, LCT.IV) El recurso del actor: a) el despido por deficiente registración. No caben
dudas de que el trabajador estaba registrado en forma deficiente cuando se
dio por despedido, porque lo estaba con una fecha de ingreso posterior a la
real, que fue el 31/1/07 (fs. 270). Sin embargo, el juez consideró que,
antes de darse por despedido, debió intimar previamente a la empleadora
para que lo registrara en debida forma.El apelante, no sólo admite que no hubo intimación previa de su parte, sino
que también defiende ese proceder, con el argumento de que si intimaba a
los empleadores éstos lo despedirían, lo que le generaría "un perjuicio
económico mayor al que efectivamente sufrió (...) en virtud de la pérdida
del sustento diario" (fs. 299). El argumento es incomprensible, pues
importa afirmar que, para no ser despedido, el trabajador prefirió darse por
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despedido, con lo que inevitablemente, por su propia decisión, cesó la
relación laboral y perdió su fuente de ingresos. Como se advierte, si
intimaba y por eso lo despedían, iban a tener que indemnizarlo; pero, como
se dio por despedido sin intimación previa, se quedó sin el empleo y sin la
indemnización por despido incausado.Tanto la no registración del trabajador como el registro deficiente pueden
constituir una injuria de tal gravedad que justifique que el dependiente se
dé por despedido; "la circunstancia de que la ley que implantó el sistema de
registro y de colaboración del empleado para obtener la regularización del
empleo, dándole beneficios personales como las multas y la duplicación de
la indemnización, no establezca como sanción para el empleador la
posibilidad de una denuncia de despido indirecto, no margina la hipótesis de
su encuadramiento dentro del esquema general de la LCT dentro del cual
encontramos disposiciones claras en torno a la ubicación desfavorable de tal
conducta patronal (...) Sobre la base de estos elementos de indiscutible
pertinencia, entiendo que la falta de registración o la incorrección de los
datos incluidos en ella, opera como un grave incumplimiento que si después
de ser intimado, no es satisfecho puede constituir motivo justificado para la
denuncia motivada por parte del trabajador afectado" (Ramírez Bosco, en
"Ley de Contrato de Trabajo- Comentada, anotada y concordada", dir.
Rodríguez Mancini, T. IV, p. 496, ed. La Ley 2007; el remarcado nos
pertenece).La ley 24.013 -Régimen Nacional de Empleo- exige, para la procedencia de
las indemnizaciones previstas por los arts. 8, 9 y 10, que el trabajador
"intime al empleador a fin de que proceda a la inscripción, establezca la
fecha real de ingreso o el verdadero monto de las remuneraciones", y que
además remita a la AFIP copia del requerimiento (art. 11). De este modo, el
empleador cuenta con un plazo para registrar al trabajador y evitar las
sanciones.Aunque la intimación previa que impone la ley de empleo constituye un
requisito para acceder, en caso de que el empleador no actúe
positivamente, a las indemnizaciones que el ordenamiento contempla, se
trata de un recaudo que, en general, debe ser cumplido por el trabajador
cada vez que quiera invocar un incumplimiento del empleador como causal
de despido. Es una exigencia fundada en el deber de buena fe (art. 63,
LCT), que no sólo debe ser cumplida en el caso más frecuente de falta de
pago o pago insuficiente del salario, sino en general en todos los casos de
incumplimientos, en especial cuando éstos han sido soportados durante un
cierto lapso. En el presente caso se da esta situación, ya que la registración
se hizo en forma incorrecta desde 1/8/2008 y el trabajador no formuló
ningún reclamo fehaciente hasta que, de pronto -el 2/6/2010- se dio por
despedido.El deber de buena fe requiere que siempre se acuerde "a la otra parte la
posibilidad de que se enmiende el error en que pueda haberse incurrido o se
remedie el daño causado" (C. A. Etala, "Contrato de trabajo", T. 1, p. 226,
ed. Astrea 2008).Con referencia al despido indirecto, se interpreta que "para que el
trabajador pueda considerarse despedido mediante este instituto debe
existir una injuria tal de parte del empleador que impida la prosecución del
vínculo laboral, debiendo el trabajador intimar previamente su
saneamiento" (Cotrina-Reinoso-Ruiz, en "Extinción de la relación laboral",
dir. Ackerman, p. 268, ed. Rubinzal Culzoni 2008 y jur. cit.; el remarcado
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nos pertenece). Grisolía, a su vez, define al despido indirecto como "el
decidido por el trabajador ante un incumplimiento del empleador de
suficiente gravedad que constituya una injuria que impida la continuación
del vínculo; debe ser notificado por escrito, previa intimación al empleador
para que revea su actitud (...) En la mayoría de las controversias es exigible
que el trabajador -previo a disolver el vínculo- intime al empleador a cesar
con su accionar doloso y/o subsanar sus incumplimientos u omisiones"
("Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social", T. II, p. 966 y jur. cit., ed.
Abeledo Perrot 2011).- En conclusión, la decisión del a quo fue acertada y el
apelante no logró demostrar lo contrario. No está en duda, se reitera, que
había una registración defectuosa y que la decisión no beneficia al
trabajador, pero la falta de intimación previa da como resultado el rechazo
de su pretensión. Como en la apelación no se intenta fundamentar el
despido indirecto en otra razón que la examinada, con lo dicho queda
respondido el agravio.- b) el daño moral. El demandante no pretendió su
indemnización, de modo que la cuestión es extraña a la materia litigiosa.La afirmación de que el juez descartó arbitrariamente cierta prueba no se
refiere a ningún agravio concreto y tampoco lo expresado en los puntos 3, 4
y 6 altera el análisis anterior; constituyen enunciaciones generales y
lamentos por el mal resultado obtenido, que no inciden en la decisión.c) las costas. Como la demanda prosperó en escasa medida, el juez las
distribuyó entre las partes de acuerdo a su criterio. El apelante pretende
que no debe cargar con ellas y entremezcla el tema de las costas con el
beneficio de gratuidad.- Como el demandante fue vencido en gran parte de
sus pretensiones, debe ser condenado en costas en calidad de tal (arts. 62
y 65, C. Pr.), lo que no implica abrir juicio sobre lo que sucederá en caso de
que se pretenda ejecutar contra él los importes respectivos. Recién en caso
de ejecución corresponderá analizar la incidencia de las normas que invoca
Miranda, por lo que el agravio actual debe ser desestimado.d) la remisión del expediente a la AFIP. El juez, al dictar sentencia, se
ajustó perfectamente a su obligación legal y, como es lógico, dispuso que lo
dispuesto en el fallo se cumpliera cuando quedara firme; es obvio que antes
no debía pronunciarse sobre los incumplimientos en que incurrieron los
demandados. Miranda, por otra parte, ya había denunciado ante la AFIP a
los demandados, el 1/7/2010 (fs. 52), de modo que el organismo
administrativo estaba desde entonces en condiciones de adoptar las
medidas del caso, sin perjuicio de las que pueda adoptar una vez finalizado
el pleito.-Por las razones expuestas, el recurso del actor debe ser
íntegramente desestimado.-La apelación de los demandados. Se agravian
porque se los condenó a pagar la indemnización contemplada por el art. 80,
LCT, que sanciona la falta de entrega del certificado y la constancia que
indica la norma. Lo hacen porque el requerimiento fue efectuado por el
trabajador en el mismo telegrama en que se dio por despedido, en vez de
hacerlo en la oportunidad prescripta por el decreto 146/01.El actor se opone al planteo, sostiene que la indemnización procede aunque
la intimación sea coetánea con el despido y plantea la inconstitucionalidad
del decreto mencionado, cuestión ésta sobre la que la Fiscalía se expidió a
fs. 317.- Al darse por despedido, Miranda intimó a la parte empleadora
"conforme al art. 80 de la LCT entregue certificaciones de servicios previstas
y constancias de aportes de acuerdo a la real fecha de ingreso, bajo
apercibimiento de ley" (fs. 54).-Luego, cuando se presentó ante la
Subsecretaría de Trabajo a formular su reclamo, insistió en reclamar la
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certificación y la constancia (fs. 81).-Cuando dedujo la demanda, reclamó el
pago de la indemnización (fs. 51 y 60v.).-En su contestación, los accionados
no se refirieron concretamente a la pretensión, pese a que sí lo hicieron
sobre los demás reclamos, y tampoco aportaron la documentación
requerida.El juez, teniendo en cuenta que "las constancias de alta y de baja
acompañadas por los codemandados resultan deficientes en lo atinente a la
fecha de ingreso", hizo lugar a la indemnización (fs. 271v.).Los agravios actuales no se refieren al argumento del sentenciante sino que
aluden a que la intimación no se hizo luego de transcurridos treinta días de
la extinción del vínculo laboral, como requiere el decreto 146/01.El tribunal ya se ha expedido sobre la cuestión en casos similares, en el
sentido de que "la intimación realizada en forma extemporánea (por
anticiparse a la oportunidad legal) no sería un impedimento absoluto para la
procedencia de la indemnización, cuando el empleador dejó en claro que no
puede o no quiere extender el certificado" (exptes. 4021/08, 4389/10,
4423/10 y 4458/10, r. C. A.), y también tiene dicho que "la contumaz
resistencia del demandado a entregar la documentación prevista por el art.
80 LCT, deja en evidencia la indiferencia de la oportunidad en que se cursó
la intimación" (exptes. 4423/10 y 4472/10, r. C. A.; Bol. Jur. No. 69, Cám.
Civ. G. Pico, p. 5/6.
En una situación semejante, la CNTrab., sala IV, resolvió que "el empleador
debe abonar la multa prevista en el art. 80, LCT, pues si bien el trabajador
cursó de forma prematura la intimación para que se le entreguen los
certificados laborales, esto es, antes del plazo mencionado en el art. 3 del
decreto 146/01, aquél negó la relación laboral, con lo que demostró su
decisión de no cumplir con la obligación de entregar los instrumentos,
máxime cuando ni siquiera a lo largo del pleito los ha entregado" (DT,
diciembre 2011, p. 3279 y jur. cit.).-"Es procedente aplicar la multa
dispuesta por el art. 80 de la Ley de Contrato de Trabajo, si el trabajador
reclamó la entrega de los certificados respectivos en el mismo telegrama en
el que se consideró despedido, en tanto que la patronal no acompañó tales
instrumentos ni dentro del plazo que supone el art. 146/01, ni en ninguna
otra oportunidad" (CNTrab., sala VI, con voto de Fernández Madrid, DT
junio/2001, p. 1468).- La circunstancia de que el trabajador haya efectuado
la intimación antes del plazo establecido por el discutido decreto 146/01 no
libera al empleador de su obligación de entregar la documentación a la que
se refiere el art. 80, LCT, ni de la sanción en caso de incumplimiento, de
modo que, una vez intimado, aún de esa manera, la objeción que formula
no pasa de ser una excusa inadmisible para no cumplir con sus
obligaciones.Por estas razones, el recurso será desestimado, lo que torna innecesario
examinar el planteo de inconstitucionalidad efectuado en la segunda
instancia.Corresponde, en definitiva, rechazar las apelaciones de ambas partes. Las
costas deben repartirse entre ellas y, aun cuando la distribución efectuada
por el a quo no se ajusta estrictamente a lo dispuesto por el art. 65, C. Pr.,
al no haber objeciones respecto de este punto se impondrán en la alzada de
la misma manera.En consecuencia, la Cámara de Apelaciones:
RESUELVE:
I.- Rechazar los recursos de apelación interpuestos por ambas partes.
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II.- Imponer las costas de alzada en un 82,48% al actor y en un 17,52% a
los codemandados.III.- Regular los honorarios de alzada de los Dres. David José DIVÁN, Sergio
Darío FRESCO, María Jorgelina GÓNDOLO, Patricia LARRE de CAMPO, Aníbal
A. CAMPO y Abel A. CAMPO en el 30% de los fijados para primera instancia,
más el IVA si correspondiere.Protocolícese, notifíquese y oportunamente devuélvase al Juzgado de
origen.-
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