Contraurbanización y nuevos grupos sociales en España

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XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE
Sevilla 2014
TREINTA AÑOS DE MIGRACIÓN URBANO-RURAL EN ESPAÑA1
María José MORILLO
Departamento de Sociología, Universidad de Granada.
E-mail: [email protected]
Joaquín SUSINO
Departamento de Sociología, Universidad de Granada.
E-mail: [email protected]
1. INTRODUCCIÓN
Desde que Berry (1976) caracterizó como contraurbanización los cambios que estaban
teniendo lugar en los Estados Unidos en la distribución de la población en el territorio, el
término ha tenido un éxito considerable y muchos autores lo han aplicado como matriz
interpretativa de los cambios que se estaban produciendo en otros lugares e incluso como
su modelo teórico explicativo. Sin embargo, casi cuatro décadas después no es clara la
idoneidad del término para dar cuenta de tales transformaciones, a un nivel meramente
descriptivo, y aún más su utilidad teórica. Tan prolongadas dudas ya son un indicio de que,
posiblemente, la idea de contraurbanización no responda, ni empírica ni teóricamente, a
esos cambios. Cabe pensar que, como a veces ocurre en ciencias sociales, la propuesta de
una nueva palabra se adelanta al análisis, contrastación y comprensión profundos de los
hechos a que hace referencia. La ciencia no es inmune a la necesidad de impactar a su
público, de llamar la atención sobre sus propuestas, de adherirse a ideas innovadoras o,
simplemente, de autopromoción de quienes la practicamos. Sin que esto deba entenderse
como menosprecio a Berry, uno de los grandes analistas de los sistemas urbanos, sino más
bien como prevención ante la proliferación de términos que parecen suscitar los cambios
urbanos, como ciudad difusa, edge city, tecnociudad, metapolis, posmetrópolis… y tantos
otros.
El debate sobre la contraurbanización está lastrado por la imprecisión misma del término y,
sobre todo, de su utilización. Por eso, debemos distinguir dos dimensiones de las
transformaciones sociales a las que hace referencia y que, a nuestro modo de ver, subyacen
1
Este trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación La movilidad residencial en la reconfiguración social de
las áreas metropolitanas españolas, referencia: CSO2011-29943-C03-03, que forma parte del proyecto coordinado
Movilidad y reconfiguración urbana y metropolitana, MoviTra III, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación,
Plan Nacional de I+D+i 2008-2011.
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
432
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE
Sevilla 2014
a algunos de los debates al respecto: la contraurbanización como proceso de
transformación de los sistemas urbanos y la contraurbanización como pauta de
comportamiento de determinados grupos sociales.
La contraurbanización se presenta, en primer lugar, como un modelo interpretativo de la
evolución y transformación del proceso de urbanización, que llevaría a su inversión, a la
desconcentración (Berry, 1976). Es, en este sentido, un modelo formal y explicativo, de
gran calado, que supondría algo cercano al final de una época y el comienzo de otra en la
evolución de los sistemas urbanos. Idea esta, del cambio de época, repetidamente
acariciada por la ciencia social que alternativa o simultáneamente ha pasado por el fin de
las ideologías, de la sociedad industrial, del capitalismo, de la modernidad o de la historia.
La contraurbanización, en segundo lugar, puede referirse a una tendencia o proceso de
carácter parcial, no generalizable que afecta a unos espacios pero no a otros, que
protagonizan grupos sociales específicos, más o menos acotados, y que en ocasiones se
presentan vinculadas a la emergencia de nuevos movimientos sociales y al renacimiento de
lo rural. En cualquier caso, transformaciones con consecuencias relevantes en el orden
social, por más que no supongan un cambio global.
Este debate está igualmente lastrado por dificultades y problemas metodológicos: de
medición en los análisis cuantitativos y de generalización en los estudios de caso o de tipo
cualitativo.
Hay estudios de casos que revelan una “vuelta” a lo rural, y estudios cualitativos que ponen
de manifiesto todo un imaginario de revalorización de lo rural, no sólo entre los que
“vuelven”, sino incluso entre los que siguen habitando lo urbano. Deducir de esto
tendencias generales es arriesgado. Estas necesariamente tienen que pasar por la
cuantificación para verificar las consecuencias de esos posibles cambios en las
representaciones colectivas y su traducción en comportamientos migratorios o la presencia
y magnitud de esos nuevos grupos sociales neorrurales.
Por otro lado, los estudios cuantitativos se basan en cambios de tendencias en el
crecimiento demográfico de las zonas urbanas y no urbanas. Se enfrentan a dos problemas
fundamentales: el de la delimitación de lo urbano y lo rural, y el del tipo de variables e
indicadores que se utilizan. Respecto a esto último, se analizan saldos migratorios o, en el
mejor de los casos, inmigración y emigración, más que realizar análisis detallados de los
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
433
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE
Sevilla 2014
flujos por origen y destino y, mucho menos, de las características sociodemográficas de sus
protagonistas.
Las formas de concebir la contraurbanización y los problemas metodológicos que plantea
su estudio están inevitablemente unidos.
2. ¿HAY FLUJOS MIGRATORIOS DE CONTRAURBANIZACIÓN?
Podríamos haber formulado esta pregunta en términos aún más generales, refiriéndonos a
los sistemas de asentamientos. Preferimos subrayar, no obstante, la necesidad de
comprender las transformaciones de lo urbano para entender las migraciones hacia lo rural.
Como modelo interpretativo general, la tesis de la contraurbanización ha de enfrentarse a
su contrastación empírica y esto supone afrontar dificultades metodológicas de gran
calado. Se trata, en primera instancia, de diferenciar lo urbano y lo rural. Pero esta no es
una cuestión meramente metodológica en el sentido más instrumental de la palabra.
Remite, como toda cuestión de método, a problemas conceptuales.
434
Lo urbano siempre ha existido como sistema de interrelaciones y de jerarquías. La ciudad,
como dijo Mumford (1966) nace por implosión, por acumulación de las energías y los
excedentes de un entorno rural que domina y controla. La ciudad no existe sin el campo,
pero tampoco existe si no es como sistema de asentamientos, como sistema de ciudades,
cada una con ámbitos rurales específicos sobre los que ejerce su dominio, a la vez que
mantiene vínculos de dependencia o competencia con otras de orden superior. La conocida
imagen del continuo rural-urbano tiene el grave inconveniente de que transmite la idea de
una simple estratificación, en función de la posesión o no de ciertas características que
definirían lo urbano; no la idea de un sistema de relaciones que son de jerarquía y
dependencia. Lo urbano y lo rural siempre han existido en conexión lo uno con lo otro.
Relaciones que han sido de poder, de dominación política y simbólica, que también han
sido y son funcionales y económicas. La contraurbanización no puede ser ni la inversión ni
la disolución de estas relaciones.
Lo urbano, por tanto, es una cuestión que atañe al lugar ocupado en el sistema de
asentamientos. Diferenciarlo de lo rural no es tarea fácil, porque no se trata de encontrar
dónde se produce esa solución de continuidad. Y, sin embargo, cuando medimos y
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
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Sevilla 2014
traducimos operativamente los conceptos estamos abocados a tener que elegir dónde
establecer el corte y con arreglo a qué parámetros.
A todo lo anterior debemos añadir la evolución que experimenta lo urbano mismo, en
cuanto a su configuración social y espacial. Es erróneo seguir analizando los cambios de la
distribución de la población en el territorio como si el fenómeno metropolitano no
existiese. Como es erróneo analizar los procesos de suburbanización o periubanización
como un desplazamiento a lo rural, cuando son la manifestación de la expansión
metropolitana, es decir, del proceso de urbanización. En España, sin embargo, hemos
permanecido en general ajenos al desarrollo metropolitano, en los intentos de medir la
posible contraurbanización. Obviamente, es una gran dificultad para cualquier estudio
empírico que en nuestro país no se cuente con una delimitación oficial de lo urbano
metropolitano ni, por tanto, de explotaciones estadísticas que contemplen un nivel
intermedio entre lo municipal y lo provincial. Sin este reconocimiento no hay forma
medianamente rigurosa de analizar los cambios demográficos y migratorios entre lo urbano
y lo rural. De ahí el interés en delimitar áreas metropolitanas con criterios homogéneos y
rigurosos, basados en la movilidad cotidiana por razón de trabajo, en Andalucía (Feria y
Susino, 2005) y para toda España (Feria, 2008, 2010).
Aunque el problema no se limita a lo metropolitano, sino que se extiende a lo urbano no
metropolitano. Por eso hemos realizado un acercamiento que divide lo no metropolitano,
en tres categorías: las ciudades no metropolitanas, los centros que cumplen funciones
urbanas en áreas rurales, y los núcleos netamente rurales. La definición de estas categorías
es funcional, pues se trata de identificar y medir dos características, autonomía y
centralidad, que permiten a un municipio desempeñar funciones urbanas para su población
o la de otros municipios cercanos. Está basado en datos cercanos a 2001,
fundamentalmente censales, referidos a cinco tipos de funciones: laborales, sanitarias,
educativas, financieras y comerciales (Susino, 2012).
Por último, que la urbanización sea definida como un proceso de concentración de la
población en asentamientos que definimos como urbanos, no quiere decir que tenga que ser
sobre núcleos que ya antes eran urbanos. El paso de zonas más o menos rurales a ser zonas
urbanas no puede ser considerado un signo de contraurbanización. De hecho, ese proceso
es consustancial al proceso de urbanización. Desde los primeros momentos, la
urbanización moderna se ha apoyado en los núcleos urbanos preexistentes, premodernos,
pero no por ello ha sido ajena a la emergencia de nuevos núcleos urbanos donde antes sólo
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
435
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE
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eran rurales o incluso donde eran inexistentes. Es verdad que eso ha ocurrido en mayor
medida en otros países como, Gran Bretaña, donde fue bastante frecuente durante la
primera industrialización. Actualmente, en España, afecta a las zonas litorales que no
experimentan, a nuestro modo de ver, un proceso de contraurbanización, sino de extensión
de la urbanización a nuevos territorios que hasta ahora permanecían ajenos a ella.
Por eso lo que hay que estudiar no son simplemente pautas de crecimiento demográfico
globales o saldos migratorios, sino los flujos de movilidad. Es decir, de dónde a dónde se
desplazan las personas, de qué orígenes a qué destinos, y que características tienen los que
se desplazan. Es verdad que las grandes unidades urbanas pierden población, pero hemos
de preguntarnos a dónde va esa población, no limitarnos a constatar esas pérdidas y las
ganancias de municipios menores. Sin embargo, la mayoría de los autores que en España
hablan de contraurbanización o de renacimiento de lo rural parten de clasificaciones de lo
urbano y lo rural de base municipal y, casi siempre, referidas al tamaño de la población.
Muy pocos estudios intentan incluir la estructura y niveles del sistema urbano. Por
ejemplo, Hoggart (1997) considera relevante la distancia a los grandes centros urbanos,
con lo que de hecho se tiene en cuenta su carácter metropolitano, pero no analiza los flujos
origen-destino, solo inmigración y emigración.
En trabajos anteriores hemos realizado un análisis sobre las migraciones internas a
Andalucía aplicando estos criterios (Morillo y Susino, 2009; Morillo y Susino, 2012). A
continuación se extiende este análisis al conjunto de España, basada en la categorización
de los ámbitos que se ha expuesto brevemente. Parte no solo de la delimitación de las áreas
metropolitanas españolas propuesta por Feria (2010), sino también de lo urbano no
metropolitano de acuerdo con los criterios ya comentados (Susino, 2012).
En las tablas 1 a 4 se recogen los flujos de movilidad entre las cinco categorías urbanas
fruto de esa propuesta, para tres periodos aproximadamente decenales. La pregunta de los
censos utilizada es la referida al lugar de residencia en el momento en que se hizo el censo
anterior. Por eso entre los censos de 1991 y 2001 pasaron diez años y medio, mientras que
en los otros dos casos diez años justos. En las tablas 1 y 2 se recogen datos absolutos, en
las tablas 3 y 4 las proporciones de migrantes según el lugar de origen o destino, calculadas
sobre la población susceptible de emigrar o inmigrar en cada caso (excluidos los migrantes
a o desde el extranjero).
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
436
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Sevilla 2014
Los datos presentados son muy numerosos, por eso los comentaremos de la forma más
sintética posible. Respecto a la primera tabla, hemos de resaltar lo siguiente:

En el último decenio, en comparación con los dos anteriores, las migraciones
interiores en España han aumentado mucho. Casi dos millones de migrantes más
que en los años ochenta, e incluso en los noventa (téngase en cuenta que este
periodo es algo más largo debido a las fechas de referencia de los censos).

Las delimitaciones están realizadas a partir de datos de 2001 lo que posiblemente
tenga efectos sobre los resultados, sobre todo las de las áreas metropolitanas. El
peso de las migraciones interiores en las áreas metropolitanas ha pasado de ser un
53% del total en los ochenta, a un 61% en los noventa y a un 59% en la primera
década del siglo XXI. Es posible que este descenso se deba a que la extensión
territorial del fenómeno metropolitano esté dejando fuera migraciones que en
realidad son intrametropolitanas.
Tabla 1. Flujos migratorios entre ámbitos rurales y urbanos en tres periodos decenales
Orígenes
2001-2011
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1991 – 2001
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1981 – 1991
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
Destinos
Ciudades no
Coronas
metropolita
metropolita
nas
nas
Núcleos
rurales
Centros
rurales
Centros
metropolita
nos
Total
102.125
72.445
129.435
152.780
195.730
652.515
85.085
55.950
70.890
76.880
120.270
409.075
120.025
73.460
84.610
94.600
168.665
541.360
126.185
83.655
109.395
1.090.895
1.320.635
2.730.765
151.670
109.315
152.230
500.725
403.170
1.317.110
585.090
394.825
546.560
1.915.880
2.208.470
5.650.825
74.499
44.896
77.635
69.300
154.313
420.643
55.953
34.379
42.688
35.773
97.464
266.257
73.520
41.769
52.862
42.364
133.165
343.680
76.578
46.835
66.655
671.503
1.060.625
1.922.196
92.404
69.034
103.359
283.914
298.922
847.633
372.954
236.913
343.199
1.102.854
1.744.489
3.800.409
101.493
48.459
56.801
65.887
122.655
395.295
79.182
42.412
41.209
42.840
89.683
295.326
101.288
52.115
57.772
55.281
131.545
398.001
100.009
53.337
59.587
509.610
718.454
1.440.997
154.861
96.736
128.934
334.216
369.738
1.084.485
536.833
293.059
344.303
1.007.834
1.432.075
3.614.104
437
Fuente: Elaboración propia a partir de explotaciones específicas de los censos de población de 1991, 2001 y
2011

A lo largo de estos treinta años, las migraciones ajenas a las áreas metropolitanas
pasaron de suponer un 16% del total, al 13% y posteriormente el 14%. Y las que
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE
Sevilla 2014
tiene origen o destino en esas áreas hacia o desde lo no metropolitano suponía un
porcentaje parecido.

Entre los años noventa y los ochenta las migraciones que más crecieron son las que
tenían como destino las coronas metropolitanas, sobre todo provenientes de los
centros metropolitanos. Pero en los dos mil en comparación con los noventa, las
que más crecieron fueron las que tienen como origen las coronas metropolitanas y
como destino lo no metropolitano. En parte eso se debe a que en las coronas la
población había crecido más que en cualquier otro tipo de zona.
Analizar exclusivamente los datos absolutos puede conducir a equívocos, puesto que están
afectados por los cambios en los volúmenes de las poblaciones afectadas. Por tanto, parece
necesario pasar a analizar cifras relativas. Pero antes, detengámonos en los saldos
migratorios de cada una de estas categorías con las demás, en la tabla 2 se muestran estos,
calculados de forma que si la cifra es positiva el saldo es favorable al lugar de destino.
Cabe resaltar:
Tabla 2. Saldos migratorios entre destinos y flujos, por ámbitos rurales y urbanos en tres periodos
decenales
Orígenes
Núcleos
rurales
2001-2011
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1991 – 2001
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1981 – 1991
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
Centros
rurales
12.640
-12.640
9.410
26.595
44.060
67.425
-2.570
-6.775
10.955
14.250
11.057
-11.057
4.115
-7.278
61.909
47.689
919
-11.062
28.430
29.344
30.723
-30.723
-44.487
-34.122
-32.206
-141.538
-10.906
-10.497
-7.053
2.267
Destinos
Ciudades no
Coronas
metropolita
metropolita
nas
nas
-9.410
2.570
-14.795
16.435
-5.200
-4.115
-919
-24.291
29.806
481
44.487
10.906
-4.306
2.611
53.698
-26.595
6.775
14.795
819.910
814.885
7.278
11.062
24.291
776.711
819.342
34.122
10.497
4.306
384.238
433.163
Centros
metropolita
nos
Total
-44.060
-10.955
-16.435
-819.910
-67.425
-14.250
5.200
-814.885
891.360
0
-891.360
-61.909
-28.430
-29.806
-776.711
-896.856
32.206
7.053
-2.611
-384.238
-347.590
-47.689
-29.344
-481
-819.342
896.856
0
141.538
-2.267
-53.698
-433.163
347.590
0
Fuente: Elaboración propia a partir de explotaciones específicas de los censos de población de 1991,
2001 y 2011
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
438
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE

Sevilla 2014
Las áreas metropolitanas pasan de tener saldos positivos con las rurales en los
ochenta a tenerlos claramente negativos en los noventa y en la primera década del
nuevo siglo. En ambos periodos son del mismo volumen, pero sobre un total de
migrantes muy superior en el segundo.

Los municipios centrales de las áreas metropolitanas siguen siendo grandes
emisores de emigrantes, con saldos negativos muy cuantiosos.

Las áreas rurales pasan de tener saldos negativos en los ochenta a positivos en las
dos últimas décadas.
Parecería, por tanto, que tenemos evidencia de un proceso de contraurbanización, ya que
las zonas urbanas, especialmente las metropolitanas, mantienen un balance negativo con
las rurales. Pero antes de llegar a tal conclusión debemos analizar las cifras relativas, que
aquí hemos llamado tasas aunque en términos estrictos son meras proporciones (si bien
corregidas por la mayor duración del periodo intermedio, los noventa).
Tabla 3. Tasas de emigración entre ámbitos rurales o urbanos en tres periodos decenales, respecto
a la población inicial susceptible de migrar (‰)
Orígenes
2001-2011
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1991 - 2001
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
1981 - 1991
Núcleos rurales
Centros rurales
Ciudades no metropol.
Coronas metropolitanas
Centros metropolitanos
Total
Destinos
Ciudades no
Coronas
metropolita
metropolita
nas
nas
Núcleos
rurales
Centros
rurales
Centros
metropolita
nos
Total
23,9
21,6
28,1
13,2
13,6
17,0
19,9
16,7
15,4
6,6
8,3
10,7
28,1
21,9
18,4
8,2
11,7
14,1
29,5
24,9
23,8
94,0
91,5
71,3
35,5
32,5
33,1
43,1
27,9
34,4
136,8
117,5
118,8
165,1
153,0
147,6
16,7
13,7
17,9
6,7
10,4
11,3
12,5
10,5
9,8
3,5
6,6
7,1
16,4
12,8
12,2
4,1
9,0
9,2
17,1
14,3
15,4
64,9
71,3
51,5
20,7
21,1
23,8
27,4
20,1
22,7
83,4
72,4
79,1
106,6
117,3
101,9
22,1
16,1
15,1
7,5
9,0
11,7
17,2
14,1
11,0
4,9
6,6
8,7
22,0
17,3
15,4
6,3
9,6
11,8
21,7
17,7
15,9
58,3
52,6
42,7
33,7
32,1
34,4
38,2
27,1
32,1
116,7
97,1
91,8
115,3
104,8
107,0
Fuente: Elaboración propia a partir de explotaciones específicas de los censos de población de 1991,
2001 y 2011
Analicemos, en primer lugar, las tasas de emigración, es decir calculadas sobre la
población en los lugares de origen en el momento inicial de cada periodo (tabla 3):
CAMBIO DEMOGRÁFICO Y SOCIO TERRITORIAL EN UN CONTEXTO DE CRISIS
439
XIV CONGRESO NACIONAL DE POBLACIÓN, AGE

Sevilla 2014
Las tasas globales pasaron de 107 por mil en 1981-1991, a 102 en 1991-2011 y a
148 en 2001-2011. Entre el primer y último periodo aumentaron un 38%.

Las mayores tasas de emigración (en color rojo) afectan en los tres periodos a
centros y coronas metropolitanas, pero con destino a las propias coronas. Además,
aumentaron más que la media, puesto que se acercaron al 66%.

Las menores tasas de emigración (en color verde) fueron, en los tres periodos, las
que partían de las coronas metropolitanas para dirigirse a los centros rurales y a
otras ciudades no metropolitanas. Sin embargo, veíamos en la tabla 1 que eran las
que más habían crecido en términos absolutos, lo que muestra lo delicado que es
sacar conclusiones de tales cifras sin analizar las relativas.

Las tasas de emigración de las zonas rurales a las metropolitanas triplica en los dos
mil las tasas de emigración en sentido inverso. Si los saldos son positivos a las
zonas rurales se debe a que la población de origen metropolitano es mucho mayor.
Por tanto, el efecto de las cifras absolutas se ve contradicho por las relativas.
Tabla 4. Tasas de inmigración entre ámbitos rurales o urbanos en tres periodos decenales,
respecto a la población final susceptible de migrar (‰)
Orígenes
Núcleos
rurales
Centros
rurales
Destinos
Ciudades no
Coronas
metropolita
metropolita
nas
nas
Centros
metropolita
nos
Total
2001-2011
Núcleos rurales
23,5
25,2
26,1
10,2
11,2
15,3
Centros rurales
16,7
16,6
16,0
10,3
6,7
8,1
Ciudades no metropol.
29,8
21,0
18,4
8,8
11,2
14,3
Coronas metropolitanas
35,2
22,8
20,6
87,8
37,0
50,0
Centros metropolitanos
45,1
35,6
36,7
106,3
29,8
57,7
Total
150,2
121,2
117,8
219,8
97,2
147,6
1991 - 2001
Núcleos rurales
16,5
16,9
16,9
6,8
6,6
10,0
Centros rurales
9,9
10,4
9,6
6,4
4,2
5,0
Ciudades no metropol.
17,2
12,9
12,2
7,4
9,2
5,9
Coronas metropolitanas
15,3
10,8
9,8
59,9
20,4
29,6
Centros metropolitanos
34,1
29,5
30,7
94,7
21,5
46,8
Total
93,0
80,6
79,2
171,6
60,8
101,9
1981 - 1991
Núcleos rurales
22,8
26,2
26,6
10,9
11,6
15,9
Centros rurales
10,9
14,0
13,7
7,3
8,7
5,8
Ciudades no metropol.
12,7
13,6
15,2
9,7
10,2
6,5
Coronas metropolitanas
14,8
14,2
14,5
55,6
25,1
29,8
Centros metropolitanos
27,5
29,7
34,6
78,3
27,8
42,4
Total
88,6
97,8
104,6
157,1
81,4
107,0
Fuente: Elaboración propia a partir de explotaciones específicas de los censos de población de 1991, 2001 y 2011
En segundo lugar, prestemos atención a las tasas de inmigración, calculadas sobre la
población en los lugares de destino al final de cada periodo (tabla 4):
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
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Las tasas de inmigración más altas son siempre las que llegan a las coronas desde
los centros metropolitanos, típico movimiento de suburbanización.

Las tasas más bajas son las que se dirigen a las áreas metropolitanas partiendo de
los centros rurales. La razón parece sencilla: hay poca población en tales centros
para generar grandes flujos hacia lo metropolitano.
Por tanto, mientras el análisis de los flujos migratorios absolutos parece confirmar la
hipótesis de la contraurbanización, las tasas de emigración parecen desmentirla.
3. ¿SON TALES FLUJOS UN PROCESO DE CONTRAURBANIZACIÓN?
El proceso de urbanización no se ha detenido. Las áreas metropolitanas siguen creciendo
demográficamente más rápido que las áreas rurales en su conjunto. El fenómeno
metropolitano se sigue extendiendo a nuevos territorios circundantes de las grandes áreas
urbanas. Las ciudades intermedias, alrededor de las cuales, por lo general, no se han
desarrollado fenómenos metropolitanos, parecen haberse consolidado gracias al
fortalecimiento de los servicios y equipamientos asociados al Estado de Bienestar hasta el
estallido de la última crisis económica, reforzando así su carácter urbano. Sin embargo, es
verdad que hay un flujo importante de migraciones desde lo urbano metropolitano hacia lo
rural, que va más allá de la extensión del proceso de suburbanización.
Para evaluar conceptualmente tales flujos es necesario distinguir una posible
contraurbanización del proceso de suburbanización. Este último no es sino la forma que
adopta desde la segunda mitad del siglo XX -en algunos países antes, en otros después- el
desarrollo de las grandes ciudades. No puede confundirse, por tanto, con un movimiento
contraurbano, por mucho que los imaginarios de sus protagonistas estén poblados de ideas
de naturaleza, tranquilidad y alejamiento de los problemas de la ciudad.
Por otra parte, un análisis más detallado por orígenes y destinos, que aquí no podemos
reproducir, muestra que el saldo positivo que muestra lo rural tiene varios componentes.
Por una parte, la gran capacidad de atracción de todo el litoral de levante, desde Girona
hasta Almería, y de las islas Baleares y Canarias. Por otra parte, flujos con origen en los
grandes centros urbanos metropolitanos receptores de la emigración rural de años
anteriores que retorna. Por último, flujos de migrantes atraídos por las formas de vida que
caracterizan, real o imaginariamente, el mundo rural y que podríamos llamar neorrurales.
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De estos flujos, el que afecta al litoral parece más bien una nueva forma de urbanización de
lo que todavía es rural, pero está en vías de dejar de serlo. Los flujos de retorno de los
emigrantes rurales siempre se han producido, sólo que en los años ochenta y parte de los
noventa se notan más porque el éxodo rural había llegado a su fin; entre otras cosas porque
su población se había reducido drásticamente entre los sesenta y primeros setenta con lo
que difícilmente podía seguir alimentado flujos tan elevados. Todo parece indicar que los
flujos de salida y retorno a lo rural son ahora más intensos y de más corta duración. Queda,
por tanto, un flujo que podemos calificar no tanto de contraurbanización sino de
contraurbanizadores que, a falta de mediciones precisas, es con toda seguridad menor que
el flujo de emigración rural-urbana.
Si los factores estructurales que empujan las migraciones son una prolongación, aunque
renovada, de los que tradicionalmente han provocado el proceso de urbanización, no
parece que tenga sentido buscar otro término que no sea urbanización. Hace dos décadas,
Champion (1989) recopilaba algunas de las explicaciones del giro migratorio hacia lo
rural. Buena parte de ellas tienen ese carácter, pues representan más una nueva fase en el
proceso de urbanización que otra cosa.
Antes que enredarse en un debate más bien nominalista sobre si esas pautas migratorias
corresponden o no a un proceso de contraurbanización, es mucho más importante seguir
profundizando sobre la evolución y las características de las migraciones a lo rural.
Debemos estudiar los flujos al máximo nivel de detalle que sea posible, sin limitarnos a los
saldos, y analizar las características de sus protagonistas, tanto demográficas como
socioeconómicas.
Hay que advertir que la atracción y la idealización de lo rural o de lo pastoril para los
habitantes de la ciudad, no es en absoluto nueva (Williams, 2001). Refleja el estrecho
vínculo, también en el plano simbólico, entre lo rural y lo urbano. La expresión “retorno” o
vuelta a lo rural es una forma metafórica de hablar, en todo caso referida a un proceso a
nivel macro, no a nivel micro, ya que sus protagonistas, si no son de origen rural, no
pueden volver a lo rural. Por eso acaba convirtiéndose en una expresión más de ese anhelo
por el retorno a lo primigenio, a su autenticidad frente a la artificiosidad de la vida urbana.
Expresión que reproducimos los científicos sociales como si de una mera descripción se
tratase, sin percatarnos de que no hacemos sino reiterar la ideología que creíamos analizar.
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4. CONCLUSIONES
Para concluir intentaremos contestar las dos preguntas que hemos formulado. Parece más
fácil admitir que hay “contraurbanizadores” que afirmar que hay contraurbanización. Es
decir, hay flujos migratorios de nuevo tipo que contrarrestan el proceso urbanizador, más
que un proceso general que niegue y revierta el proceso de urbanización. Hablar de
contraurbanización no parece científicamente productivo, no creemos que ayude a entender
las transformaciones en curso, ni de los sistemas urbanos, ni del mundo rural. Por eso,
quizás, este debate ha perdido relevancia, frente al auge de hace unos años.
Si se pudiese traducir counterurbanization por un término que expresase la idea de una
“urbanización contrarrestada” por los nuevos flujos de lo urbano a lo rural, en vez de a un
proceso contrario a la urbanización, de desconcentración de la población, su uso resultaría
más adecuado. Pero esta traducción e interpretación es negada por la propia
conceptualización de quien propuso el término.
Además, parece cada vez más difícil saber qué se quiere decir cuando alguien habla de
contraurbanización. Si se trata de la pérdida de peso de lo metropolitano, si incluye el
fenómeno metropolitano mismo en su proceso de expansión suburbana, si describe la
emergencia de nuevas realidades urbanas donde antes no existían, o si se refiere, por fin, a
una genuina vuelta a lo rural. Todo ello parece suficiente para cuestionar su uso.
En definitiva, lo que necesitamos es seguir investigando la notable variedad de formas y
significados que puede adquirir la migración a lo rural. Y para ello es necesario medidas
más refinadas de los flujos y, sobre todo, de las características de sus protagonistas,
además de las motivaciones que los impulsan.
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