El cerebro y la dopamina

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Ni sexo, ni drogas ni placer: pura dopamina
Ni hambre, ni ganas de fumar ni placer por el sexo, su cerebro lo que quiere es liberar
dopamina.
Muchos de nosotros queremos pensar que tenemos libre albedrío pero la neurociencia dice otra cosa. Gran cantidad
de neurotransmisores están constantemente enviando señales y elaborando “cableados” en nuestra materia gris que
nos llevan a hacer lo que el cuerpo desea a cambio de una recompensa: placer.
El placer significa cosas diferentes para cada persona. Pero para los científicos es simplemente una recompensa por
hacer lo que el organismo nos ordena. Todos lo hemos experimentado, hay quienes son adictos al deporte, o a los
videojuegos, a la música, al trabajo, a la comida, a las aventuras extremas, al arte, al chocolate. Pero no todos
sentimos placer o recompensa con las mismas cosas.
A mí, saborear un delicioso brownie con arequipe o nadar en la noche me lleva a liberar una gran cantidad de
dopamina. Hay quienes la descargan cuando hacen actividades que los ponen en riesgo; otros, cuando tocan un
instrumento o escuchan una canción.
Cada persona obtiene placer a través de estímulos distintos, algunos con una relación más directa con la
supervivencia, como la comida; otros de forma indirecta, como el dinero, y otros con lo abstracto, el caso de la música.
La dopamina es tan poderosa que es capaz de crear adicción. Por ejemplo, quienes van a un casino, donde al ganar
en una máquina tragamonedas, el apostador recibe una alta dosis de dopamina en sus neuronas que rápidamente lo
convierte en vicio.
Peor aún, existe lo que los neurocientíficos llaman el near-miss effect, que produce flujos de dopamina aun si la
persona no gana. Con solo aproximarse al éxito este apostador descarga la dopamina necesaria para que su máquina
siga “tragando monedas” todo el día.
Las grandes marcas conocen y explotan perfectamente el poder de estos neurotransmisores, tienen claro que para
que una mujer se sienta “diva” no necesita uno de sus carísimos vestidos: un pequeño monedero con su logo exhibido
ampliamente por su usuaria establece ante los ojos de sus amigas que ella “es la que es”.
Y si alguien tiene dudas de nuestra irracionalidad, lo único que tiene que hacer es mirar ejecutivos negociando el
precio de un “Rolex” o un “Cartier”. Lo racional sería que el reloj tuviera una gran etiqueta diciendo Made in China.
Esto les diría a los observadores: “soy mucho más inteligente que usted”. Su Rolex le costó 4.000 dólares y el mío me
costó 100 dólares”. Claro, eso no generaría ni cinco de dopamina y el estatus del comprador sería cuestionado.
De manera que todo lo que nos hace sentir bien no es realmente aquello que creemos, no es la música, no es el buen
vino, no es la persona que se ama, tampoco la cerveza, el sexo o las drogas, sino toda la dopamina que el cebero
libera al realizar esa actividad, y ese nivel de dopamina varía en cada individuo.
Es importante que nuestro cerebro mantenga las dosis justas de dopamina. Si la dosis de esta sustancia está
desajustada en el cerebro, por defecto o exceso, las consecuencias son nefastas. Se corre el riesgo de caer en vicios
o, por el contrario, perder el interés por las cosas.
La dopamina nos lleva a mantener el nivel de actividad para conseguir lo que se persigue, un mejor trabajo, un logro
universitario, destrezas deportivas, habilidades artísticas, por lo que en principio es positiva; sin embargo, siempre
dependerá de los estímulos que se busquen.
Aunque los narcóticos pueden producir dopamina de manera artificial al engañar al cerebro, eventualmente se
necesitará una mayor cantidad de dosis para obtener la misma sensación, Por eso, libere dopamina a través de las
artes, el deporte, la música, el amor por los demás, con acciones altruistas, o a través de la comida.
Aprender cosas nuevas es mucho más seguro y gratificante. Tocar un instrumento, realizar actividad física, o
simplemente escuchar música interviene en el sistema que produce la dopamina, en parte porque al hacerlo se
aprende algo y hemos evolucionado de tal manera que gozamos al adquirir nueva información.
Revista semana. Silvia Parra. 31 de agosto de 2013
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