El infierno de los mineros turcos

Anuncio
24 mayo, 2015 | Fundación Ideas para la Paz
El infierno de los mineros
turcos
no han hecho sino aumentar. Por ejemplo, en 2002, China
registró 6.995 muertes de mineros del carbón, cifra que ha
logrado reducir progresivamente hasta las 931 de 2014. En
cambio, en Turquía han pasado de 17 en 2002, a 105 en 2010 y
383 en 2014.
May 19, 2015 12:00AM
Trágico récord de siniestralidad
China es, de lejos, el país en que más mineros fallecen cada año,
pues en la última década han muerto más de 25.000 obreros en
los pozos de carbón del gigante asiático, que es también el mayor
productor del mundo. Sin embargo, si comparamos el número de
muertes con el volumen de la minería del carbón, Turquía —el
12º productor global de carbón— es líder mundial en
siniestralidad. En 2014, cinco mineros turcos murieron por cada
millón de toneladas extraídas, casi veinte veces más que en
China.
Es cierto que la estadística de Turquía se ha visto afectada por el
accidente de Soma, pero en los últimos años, las muertes de
trabajadores en las minas de carbón turcas se ha situado en
torno a una por cada millón de toneladas, mientras en las chinas
la tasa de mortalidad se ha reducido hasta 0,3 y en las de
Protesta de familiares y compañeros de los 301 mineros muertos
Estados Unidos, el segundo mayor productor mundial, a 0,01.
en el accidente de Soma, en Turquía, el 13 de mayo. /Andrés
Mourenza
La razón hay que buscarla en el modo en que se llevó a cabo la
privatización de las minas turcas a partir de 2004, año en que el
número de accidentes se disparó. “Durante 35 años de gestión
pública de los pozos de Soma sólo murió una persona”, subraya
Özgür Özel, diputado opositor que dos semanas antes de la
tragedia había presentado ante el Parlamento un informe
advirtiendo de la escasa seguridad en las minas de Soma y
proponiendo soluciones, pero que fue rechazado por la mayoría
del gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).
“Con una inversión en seguridad de un dólar por tonelada de
carbón se podrían evitar estos accidentes”, añade Özel en un
encuentro organizado por la asociación Platform24.
Oguz Arkan no quería bajar al pozo. No es que fuera un cobarde:
tanto él como sus cuatro hermanos, los maridos de sus dos
hermanas y su propio padre habían trabajado en la minería desde
que tuvieron edad para cargar con una pala. ¿A que otra cosa iba
a dedicarse habiendo nacido en la ciudad minera de Soma? Pero
en el pozo de Eynez había algo extraño, siniestro. La tragedia
llevaba tiempo anunciándose en sus oscuras paredes, en cada
palada de carbón.
“En algunos lugares ni siquiera llegaba el aire, y en los pasillos la
temperatura ascendía demasiado rápido en cuanto bajabas unos
metros. A algunos trabajadores no les daban botas y tenían que
trabajar con zapatos de calle”, relata Oguz Arkan con manos
temblorosas. Él sólo aguantó tres meses en esa mina y luego
trató de convencer a dos de sus otros hermanos de que le
siguieran a otro pozo. Sólo uno le hizo caso y dejó su empleo el
viernes 9 de mayo del pasado año. Cuatro días después, una
explosión a dos kilómetros bajo la superficie desató un incendio
convirtiendo la mina de Eynez en un infierno.
“El Gobierno entregó estas minas a empresas cercanas a su
partido, que no tienen la más mínima experiencia en minería y
son insaciables: de donde antes se sacaba una tonelada de
carbón ahora quieren sacar tres, y presionan para ir más rápido
y más profundo, sin tener en cuenta que hay mucho grisú”,
explica a este diario el presidente del sindicato minero
DevMaden, Tayfun Görgün.
La relación entre las empresas gestoras de los varios pozos de
Soma y el Gobierno del AKP es palpable. Hidayet Merdim, un
minero que fue rescatado con vida tras 29 horas atrapado en el
pozo[3] de Eynez, asegura que él y otros trabajadores han sido
amenazados por su jefe con el despido si no votan por el partido
islamista moderado. Otros mineros denuncian que, cada vez que
en los alrededores hay un mítin del AKP, los trabajos en la mina
paran y los obreros son obligados a asistir.
301 muertos
Nada más escuchar la noticia, Oguz dejó su puesto en un pozo
cercano y corrió al de Eynez a buscar a su hermano: “Fui de los
primeros en entrar tras el accidente. Había cadáveres por todas
partes”.[1] Veysel, el hermano de Oguz que decidió continuar
trabajando en el pozo de Eynez, era uno de los 301 mineros que
ese día perdió la vida en la que hasta ahora ha sido el mayor
accidente minero de la historia de Turquía.[2] La respuesta del
entonces primer ministro y hoy presidente del país, Recep Tayyip
Erdogan, fue que morir “está escrito en el destino de los
mineros”.
Mientras en China y otros países productores de carbón como
India, Indonesia o Sudáfrica los accidentes mortales se han
reducido considerablemente durante los últimos 15 años gracias
à la mejora en las condiciones de seguridad laboral, en Turquía
1
Los intereses del Gobierno
Hay otro nexo. Una parte nada desdeñable de las ayudas sociales
del Gobierno del AKP consiste en repartir carbón para las estufas
de los hogares más pobres (cada año se distribuyen unos 2
millones de toneladas). “La mayoría de este carbón procede de
Soma y el Gobierno necesita que su precio sea bajo”, afirma
Kamil Kartal, presidente de la Asociación Derechos Sociales de
Soma. A cambio, el Ejecutivo ha hecho la vista gorda y ninguna
de las inspecciones laborales previas al accidente encontró nada
que registrar en sus informes pese a las continuas quejas de los
mineros. De hecho, la mayoría de las minas de Soma han
reabierto tras el accidente y los obreros han vuelto al tajo, pese a
temer que la tragedia se vuelva a producir.
“Lo importante es que a partir de ahora las inspecciones sean
más estrictas y los trabajadores cumplan las normas de
seguridad laboral”, arguye Recai Berber, diputado del AKP por la
provincia de Manisa, en la que se encuentra Soma. Sin embargo,
en el banquillo del juicio por el accidente[4] del pozo Eynez de
Soma sólo se sientan los directivos de la empresa que gestionaba
la mina, ya que el Gobierno ha vetado la imputación de cualquier
cargo público.
Un año después de la tragedia de Soma, los familiares de las
víctimas[5] no han recibido más que una pequeña parte de las
indemnizaciones prometidas por el Gobierno y los que fueron
rescatados heridos ni siquiera eso: el pasado noviembre los 2.831
trabajadores del pozo de Eynez que quedaban fueron despedidos.
Algunos de ellos, entre susurros de vergüenza, confiesan: “Ojalá
hubiésemos muerto, así al menos algo les hubiesen dado a
nuestras familias”.
Referencias
1.^
Había cadáveres por todas partes”.
(internacional.elpais.com)
2.^
el mayor accidente minero de la historia de Turquía.
(internacional.elpais.com)
3.^
tras 29 horas atrapado en el pozo (elpais.com)
4.^
en el banquillo del juicio por el accidente
(internacional.elpais.com)
5.^
los familiares de las víctimas (internacional.elpais.com)
2
Descargar