Genero, representacioÌ n y cambio en PI

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Concha Pazo
Por suerte desde los rincones más profundos de nuestro ser emerge
de continuo una necesidad de cambio, de transformación.
GENERO, REPRESENTACIÓN Y CAMBIO EN EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN
CONCHA PAZO
El encuentro analítico ofrece un lugar privilegiado para la observación de los cambios que
tienen que ver con la evolución de lo esencial de nuestro ser y las dificultades o
facilidades que nos aporta el medio familiar y social en que nos desenvolvemos.
Las potencialidades innatas de la psique se desarrollan de manera natural, sin embargo
el tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir va a facilitar o dificultar el proceso. Nos
influencia el contexto, la ideas y valores del tiempo, del lugar, de nuestro hábitat familiar,
etc. El crecimiento de las potencialidades psíquicas personales no depende tanto de un
acumulo de realizaciones como el grado de fidelidad al desarrollo de lo que llevamos en
nuestro interior.
Este proceso se da en mayor o menor grado de consciencia, acompañado por una
psicoterapia o no. Jung lo llamó proceso de individuación entendido como aquel
crecimiento de la personalidad que tiende a ser un todo completo, que tiende a integrar
aspectos antes escindidos. La individuación implica la creciente percepción de una
realidad de nosotros mismos única, se trata de un “darse cuenta” de nuestras cualidades
y nuestras limitaciones personales, así como un conocimiento más profundo de otros
condicionantes comunes como ser humano, aspectos del inconsciente colectivo.
Desde nuestra infancia se da un modelaje de personalidad, en la misma unos aspectos o
tendencias innatas son aceptadas por el medio en que nos desarrollamos mientras que
otras son rechazadas y nos vemos obligados a reprimirlas. Ya que es imposible
deshacerse ellas, por el mecanismo de represión pasan a hacerse inconscientes. Estas
imágenes forman parte del inconsciente personal y como siguen en nuestra psique como
contenidos reprimidos, frecuentemente no somos capaces de reconocerlas en nosotros
mismos y las vemos en otras personas, a este fenómeno lo llamamos proyección.
Un contenido emocional que nuestro yo no admite, como la rabia, o la envidia puede
verse reflejado en los otros como una proyección. A veces en los sueños su
representación resulta muy gráfica, por ejemplo durante el día una persona ha reprimido
una gran rabia en su trabajo, ha querido mostrar una imagen controlada y “cívica” y
durante la noche sueña que se pone como una fiera en una pelea colosal.
La retoma de la proyección ocupa un lugar central en el trabajo terapéutico y en todo
proceso de maduración de la personalidad, en ella las partes que tenemos proyectadas
en los otros pasan a formar parte de nuestra identidad consciente, solamente desde alli
podremos hacernos cargo de ellas y si cabe transformarlas.
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Un aspecto que se evidencia en el proceso de desarrollo de la consciencia es el complejo
contrasexual, por el cual cada persona desarrolla imágenes o representaciones que
constituyen el aspecto opuesto al género desarrollado en la vida social y familiar del
sujeto. Tales complejos son llamados: Animus para el complejo que complementa a la
persona de género femenino y Anima para el complejo que complementa o compensa al
genero masculino desarrollado en el consciente.
La idea de la complementariedad de los opuestos es una herramienta fundamental para
reconocer el crecimiento de la personalidad, así como para interpretar muchas situaciones
de pareja. La función de la proyección que tiene el género opuesto en el sujeto aviva un
“otro” interior del género opuesto, la imagen que tenemos, por ejemplo, del hombre/mujer
ideal.
La individuación como proceso dinámico
tenderá a integrar estos aspectos
complementarios para lograr una unidad psíquica. Cuanto más escindida está la
representación del género complementario, cuanto más polar y asimetrica es la relación
más distancia interna se produce y mayor es la proyección.
Si proyecto que tal persona es agresiva y no soy consciente de ello, es probable que
desarrolle alguna defensa interpretativa que me impida ver mi propia agresividad. Si
proyecto lo que ha de ser un hombre o una mujer dentro de unas mágenes culturales
rígidas estoy constriñendo la libertad de ser quien soy, estoy proyectando un aspecto de
género en el otro, sin darme cuenta de que estas ideas previas pueden impedir el
desarrollo completo de mi ser como genuino y único.
Como decíamos arriba el proceso de cambio en el análisis junguiano tiene en cuenta, de
una manera muy especial, la retoma de la proyección, base en numerosos casos de
cambio y transformación terapéutica. El/la analista se sitúa frente a estos contenidos
tratando de extraer el mensaje de los mismos, buscando una interpretación que “ toque
emocionalmente” al soñante. Acompañando lo mas cerca posible el proceso. Tal apoyo
constituye un importante ingrediente en la transformación. Numerosas veces la situación
analítica constituye el único lugar de que disponemos para el encuentro sereno con esas
imágenes desconocidas o inconscientes.
Enmarcado en este contexto analítico, quisiera, ahora relatar un pequeño sueño que ha
reclamado mi atención, ya que durante mucho tiempo, he observado, en el ámbito de la
atención a mujeres, determinados asuntos que poseen un correlato con ciertas
dificultades comunes que están ímplicitas en nuestra sociedad actual.
El sueño dice así:
“Un señor desconocido me pregunta: ¿Qué temen las mujeres de los hombres?”
Este sueño ha reverberado en mi desde el primer día, de hecho, se dieron un sin fin de
conexiones: ese mismo día converso con un joven adolescente y comenta:
- todas las niñas son insoportables,
-¿Todas? No conoces a ninguna interesante?
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Poco después salgo a la calle, pasa un autobús que pasea un anuncio publicitario de
moda: un grupo de hombres rodea a una mujer, es una imagen de seducción, se palpa el
deseo de los hombres y la pasividad de ella (está tendida).
¿Es posible que tenga algún sentido el conflicto de género que señala el sueño como
metáfora de una escisión neurótica de dimensiones sociales? ¿De la falta de integración
femenino-masculino en nuestras psiques individuales y por ende en nuestro mundo
consciente colectivo? , ¿ De una dificultad de aceptación de este aspecto contrasexual?.
Junto con un incremento de la presencia de la mujer en las partes más activas de la
sociedad ¿continuamos con la proyección de un ánima de carácteres por lo menos
antiguos o anacrónicos? ¿ se trata de un problema global?. Miles de preguntas evoca
este pequeño sueño. Evocación, sin duda de una situación social más allá de la vida
privada de la soñante.
Volvamos ahora al sueño, en su dimensión personal e individual: la soñante es una mujer
de media edad, ha padecido varias depresiones a lo largo de su vida. Cuando acude a
consulta ha superado gran parte de ellas, trabaja y tiene unas buenas relaciones
familiares, sin embargo hay muchas cosas que la hacen sentirse insegura y perdida.
La demanda incial en la primera visita fue la siguiente:
“deseo ser ayudada a terminar de superar los miedos y dificultades que encuentro en
mi vida y en mi relación con los demás”.
Cuando en el sueño, un hombre desconocido le pregunta ¿Que temen las mujeres de los
hombres? Se establece una dimensión más amplia para observar el propio miedo. Con
respecto a este tipo de miedo, digamos vinculado al género, aparecía muchas veces
proyectado en su pareja en foma de miedo al ridículo, a no saber argumentar o defender
sus prioridades, sus propios deseos, a dejarse llevar porque resultaba más fácil que
enfrentarse y sentirse culpabe de no ser “la buena esposa” que debía ser. Sin embargo,
ahora aparece esta figura masculina desconocida con la que puede establecer un diálogo,
ha retomado la proyección que mantenía inconsciente hacia su pareja y empieza a
hacerse cargo de esos contenidos de una forma que trasciende lo puramente personal.
Su animus transformado puede hacer de puente en el análisis entre masculino y
femenino. Una dimensión más profunda de su psique, representa una conexón mayor
con su mundo inconsciente que la guie en la identificación de sus propios deseos, sus
propios miedos.
En su proceso de individuación la soñante ha realizado un viaje de conocimiento interior
adentrándose al conocimiento de si misma, cuando comienza el proceso el inconsciente
va trayendo a la consciencia parte de su infancia, de su vida familiar, de la crianza de sus
hijos, como si estuviera realizando el puzzle de su vida y hubiera que recolocar piezas
desde antaño mal situadas.
Por supuesto, hay muchas cosas erradas en su relación de matrimonio, pero también el
inconsciente hace aflorar una actitud del yo alienada y poco independiente, siempre
precisada de evaluación positiva de los otros y por tanto un yo devaluado, una actitud del
Yo pasiva y llena de tópicos acerca de su propia identidad, lo cual ha generado una
autovaloración escasa.
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¿Qué temen las mujeres de los hombres...?
Realmente se ha movilizado un proceso anímico que busca resolverse. Aparece aquí el
motivo de la tensión entre los géneros: ¿ Qué temen las mujeres de los hombres?. La
soñante teme muchas cosas del mundo de los hombres, ha sido herida muchas veces.
Sin embargo hay una curiosidad, una necesidad de conocer e integrar superior a toda
herida. Se encuentra integrando el animus, como elemento compensador de su
feminidad.
En el proceso de adueñarse de uno mismo se ve en muchas mujeres una dificultad
común, su baja autoestima, una dependencia abusiva de lo que somos para los otros.
Algunas proyecciones acerca de lo que es femenino: amoldarse, no imponer, la belleza, el
silencio, el sentimiento, la maternidad, etc... Tales ideales afectan al desarrollo de la
genuina identidad que no puede ser determinada a priori, ni constriñida a un ideal previo.
Si una mujer conoce sus propios deseos y aspiraciones y quiere y decide complacer a
otro en sus deseos, está ejerciendo su capacidad de receptividad, el problema es cuando
sólo realiza lo que desea el otro y llega a desconocer absolutamente sus propios deseos.
Perdiendo todo el conocimiento acerca de sí misma, pierde su propia identidad,
responsabiliza al otro y esto la hace perder consistencia y seguridad frente a las
decisiones de la vida y frente a si misma.
Los hombres tampoco han perdido poco, la necesidad o exigencia de tener que ser
siempre: el fuerte, el poderoso, el conseguidor de riquezas y proezas, afecta, del mismo
modo, a la realización de la propia y genuina identidad.
En este entramado, en esta maraña de proyeciones podemos imaginarnos las dificultades
que aprecen en las relaciones de pareja. En la sociedad actual asistimos a un cambio
inmenso en las características que atribuímos a lo femenino/ maculino, por ello tiene gran
importancia el retomar la proyección, hacernos cargo de ella individualmente.
También ha de servirnos para dar alguna clave a los conflictos de género que presenta la
sociedad occidental. Los problemas de género son cuestiones que irrumpen en la
práctica clínica de forma continuada y que por tanto merecen gran atención.
Un hombre pregunta a una mujer:
¿Qué temen las mujeres de los hombres?
¿Podemos saber qué temen las mujeres de los hombres?. ¿Podemos saber qué temen
las hombres de las mujeres?. ¿Podemos encontrar la proyección entre uno y otro género,
retomarla y así responsabilizarnos de nosotros/as mismos/as?.
Observamos algunos comentarios de nuestro entramado social, por una parte se dice que
las mujeres sienten miedo a no gustar, al desprecio, a la violencia; Por otra parte los
hombres temen que las mujeres se burlen de ellos, temen ser engañados, perder su
poder, temen ser débiles.
Aúnque en la la relación terapéutica, asistimos y apreciamos cada proceso individual,
donde el inconsciente de cada sujeto indica el camino a seguir en el proceso de curación
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e individuación, no podemos sustraernos absolutamente del contexto en el que estamos
inmersos, en una distribución de roles y proyecciones socio-culturales que sólo podremos
confrontar si somos conscientes de ellas, tal sistema influye en la vida de las personas, en
las relaciones y en la toma de decisiones acerca de las pequeñas y grandes cosas de
nuestras vidas.
Si pensamos que hasta hace menos de un siglo la mujer no tenía derecho a voto, era
educada básicamente para el mundo emocional y el hombre casi no se le permitía sentir,
podemos plantearnos que los efectos de todo ello todavía no han sido paliados
definitivamente, de hecho una y otra vez observamos en la TV o el cine como todavía
subsiste un doble sistema de valores, una doble valoración para cada género.
La dependencia de la mujer ha influido en una disposición del Yo que se ha orientado más
a ser valorada por el otro que a tener una auténtica opinión sobre sí misma. “Si tengo un
interés en ser para el otro algo diferente de mi misma estoy perdiendo parte de mi
identidad, estoy proyectando en el otro una capacidad que sólo puedo encontrar en mí”.
Podemos observar este proceso en los datos relatados acerca de la soñante, una
situación de dependencia inical acerca de las opiniones de su marido, el deseo durante
muchos años años de ser “una buena esposa”. La disposición del yo era de pasividad y
dependencia. Sin embargo el proceso iniciado ha encaminado parte del mismo. El cambio
se ha efectuado, se ha retomado la proyección.
¿Qué temen las mujeres?
¿Es posible que de tanto querer ser algo para el otro temamos nuestro propio vacío?. El
sueño habla de una contraposición, un género sobre otro. ¿Es habitual en las relaciones
esta oposición de géneros?
A nivel individual recordamos que la paciente vivió y cuidó de su familia y sus hijos en un
ambiente donde el género estaba dividido en roles bien diferenciados. Vivió proyectando
primeramente en la figura de su padre y más tarde en la de su marido una figura de
autoridad, asimiló inconscientemente una especie de admiración a lo masculino y de
constricción de lo femenino y lo hizo de tal forma que, en un principio, se avergonzaba de
sí misma. Poseía una imagen de lo masculino distante, frío, despreciativo, todo ello
constituía una complementariedad de lo que ella creía debía ser una mujer: alguien
tranquilo, que es capaz de adaptarse absolutamente al otro, “capaz de renunciar por
amor”(palabras textuales).
El sueño representa una retoma de la proyección importante y decisiva. A partir de este
instante aparece un diálogo interior. ¿ Qué es renunciar por amor? ¿ Cual es el sentido
que tiene renunciar a la propia identidad?. A través de este cuestionamiento con
interlocutores interiores podrá responsabilizarse de sí misma, de sus propios miedos, de
sus propias limitaciones y por su puesto de sus propios deseos .
Cada momento en que asistimos a un proceso de cambio de este tipo, asistimos a un
proceso de cambio social. Son cambios individuales que sin duda influyen en cambios
colectivos, todos ellos necesarios, por ello la crisis es inevitable.
Quizás, en nuestras salas de análisis tengamos una posición privilegiada para asistir al
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proceso de cambio y liberación de hombres y mujeres y también quizás de esa
experiencia sea interesante entresacar aquellas conexiones que expliquen ciertos
procesos sociales.
El conflicto de género es noticia casi diariamente, no es posible sustraerse de este hecho.
Los problemas de género requieren una atención particular e intensa. La contribución de
los procesos individuales a los que accedemos los psicoterapeutas ofrecerá, sin duda, luz
sobre procesos más generales o colectivos. Desde esta perpectiva la aportación de la
psicología junguiana es fundamental para ofrecer claves interpretavivas acerca del tema.
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