la reforma energética de

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LA REFORMA ENERGÉTICA DE MÉXICO AFRONTA UNA PRUEBA DE
FUEGO
Bill Spindle y Laurence Iliff
El derrumbe de los precios del crudo ha provocado el despido de trabajadores y
reducido los ingresos que México recibe de decenas de campos petroleros en el
mar que baña estas costas.
Los daños causados por los bajos precios también llegan a Ciudad de México de
manera menos visible, al frustrar la histórica y tan aguardada apertura de la
industria petrolera del país a las empresas extranjeras.
México subastará el miércoles nueve yacimientos en aguas poco profundas del
Golfo de México en lo que los analistas consideran su mejor oportunidad este año
para atraer a las petroleras foráneas, que han sido excluidas del país durante casi
ocho décadas. Los campos tienen reservas comprobadas y probables, lo que
significa que se han encontrado cantidades comerciales de petróleo, y se hallan
en un área donde los costos de producción han estado tradicionalmente por
debajo de US$20 por barril. Veinte empresas y consorcios han reunido los
requisitos para postularse, incluyendo Chevron Corp., la china Cnooc Ltd., Royal
Dutch Shell PLC y nuevas empresas mexicanas con billeteras grandes como
Carso Oil & Gas SA, vinculada al multimillonario Carlos Slim.
Sin embargo, la reforma que el gobierno presentaba como arrolladora ha
tropezado en momentos en que la industria reduce frenéticamente los mismos
tipos de proyectos que México les ofrece.
México necesita impulsar su producción petrolera -que financia cerca de un tercio
del presupuesto federal- después de un declive de más de una década. Petróleos
Mexicanos, o Pemex, el monopolio de facto desde la nacionalización del sector en
1938, ha tenido problemas para crecer después de que los yacimientos que
descubrió en los años 70 y 80 comenzaron a agotarse. La compañía no tiene las
competencias para desarrollar proyectos más complejos en aguas profundas y
busca socios para explorar los bloques que serán subastados el próximo año.
En 2013, cuando el país estaba cerca de convertirse en un importador neto de
petróleo, el presidente Enrique Peña Nieto decidió abrir la industria energética -lo
que exigió una reforma de la Constitución- de modo que las compañías
internacionales pudieran ayudar a recuperar gas y petróleo de los campos
antiguos y encontrar nuevas reservas en aguas profundas o en depósitos no
convencionales como los de esquisto.
En aquel momento, el petróleo se cotizaba por encima de US$100 el barril y el
gobierno esperaba la llegada masiva de capitales. México creó un fondo soberano
para canalizar ese dinero hacia la educación y otros programas sociales una vez
que los nuevos contratos comenzaran a generar impuestos y regalías más allá de
las necesidades fiscales. El país calculó que la reforma energética añadiría el
equivalente a 1% de su Producto Interno Bruto cada año a partir de 2018.
Las cosas comenzaron mal. Cuando el gobierno lanzó en julio la primera subasta
de derechos de exploración en las aguas poco profundas del Golfo de México, los
precios del crudo habían caído a menos de US$50 el barril. De los 14 bloques que
el gobierno puso a subasta, sólo dos recibieron ofertas, y ninguna provino de
grandes compañías extranjeras.
El gobierno adoptó una serie de medidas para evitar una suerte similar en la
subasta del miércoles, flexibilizando los términos de la venta. Las autoridades
consideran la licitación de hoy como crucial para la continuidad de la reforma, que
se suponía debía mantener en curso la meta de llegar a 2018 con una producción
de crudo de 3 millones de barriles diarios desde los actuales 2,3 millones.
Sin embargo, a medida que la cotización del crudo sigue en picada, las petroleras
se han vuelto más selectivas y exigentes a la hora de invertir su tiempo y capital.
Una reciente subasta de bloques petroleros en el lado estadounidense del golfo,
similar a los que México ofrece el miércoles, tuvo pobres resultados y las grandes
petroleras ni siquiera presentaron ofertas.
La consultora Wood Mackenzie calcula que la industria ha cancelado este año
más de US$100.000 millones en proyectos de este tipo.
"Por desgracia, es muy mal momento", reconoce Adrián Lajous, ex presidente
ejecutivo de Pemex y miembro del Centro de Políticas Globales de Energía de la
Universidad de Columbia.
Las reformas se centran en la transformación de la industria energética en el largo
plazo, dicen sus defensores. Juan Carlos Zepeda, presidente de la Comisión
Nacional de Hidrocarburos (CNH), insiste que la apertura de la industria en un
momento de bajos precios la hará más competitiva a largo plazo.
Los analistas y los observadores no están tan convencidos. La competencia por
los cada vez más escasos presupuestos de las petroleras se ha acentuado
drásticamente, lo que ha cambiado de manera significativa el equilibrio de poder
entre las empresas y los países productores, para obligar a los productores a
ofrecer condiciones más ventajosas o afrontar la posibilidad de una caída de la
producción y los ingresos.
Mientras tanto, el gobierno de Peña Nieto enfrenta dificultades internas,
incluyendo la fuga de un importante capo de la droga de una prisión de máxima
seguridad. La tormenta política que se está gestando ha centrado el descontento
en la reforma energética y amenaza con descarrilarla.
En Ciudad del Carmen, otrora un centro de actividad de Pemex en el estado de
Campeche, los trabajadores culpan en parte a la reforma energética por los
despidos en las plataformas marinas que producen la mayor parte del petróleo de
México.
"Lo que vemos ahora es un montón de gente sin trabajo debido a la reforma de
Peña Nieto", dice Enrique Rivera, de 48 años, un trabajador de mantenimiento
desocupado. "Una gran cantidad de empresas de servicios tomó sus plataformas y
se fue", cuenta Rivera, quien también culpa de la situación a la brusca caída de los
precios del petróleo.
Zepeda confía en que los resultados de la subasta de hoy serán mejores. "No hay
riesgo exploratorio", señala. "Los proyectos son más atractivos, menos riesgosos,
de modo que a raíz de eso, deberíamos obtener un buen resultado".
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