Expropiación Petrolera, una lucha interminable

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Expropiación Petrolera, una lucha interminable
Las relaciones entre México y Estados Unidos, tal como sucede en gran parte del mundo, han
estado condicionadas históricamente por el sector petrolero. Desde amenazas de invasión
militar hasta boicots en contra del Gobierno Federal, la industria energética del país ha sido
tema de conflictos internacionales por la propiedad del crudo.
La polémica desatada en los últimos meses por la aprobación de la Reforma Energética revive
un debate que data de los años de la Revolución Mexicana, cuando se comenzaron a
cuestionar los privilegios que entregaba el Porfirismo a las empresas extranjeras para la
explotación de los yacimientos petroleros.
La gestión de los recursos del subsuelo estaba en manos de consorcios internacionales,
fuertemente respaldados por los gobiernos de sus respectivos países, que hallaron en México
una fuente de riqueza extrema, razón suficiente para emprender medidas radicales cuando
vieron amenazadas sus actividades en el país.
La caída de Porfirio Díaz y el ascenso al poder del líder revolucionario Francisco I.
Madero representaron el inicio de una lucha interminable, cuando el nuevo presidente de la
nación azteca se atrevió a proponer un gravamen de 20 centavos por cada tonelada producida
de crudo, una disposición que fue refutada por las compañías privadas.
Como parte de las presiones internacionales contra México, el gobierno maderista fue
derrocado para evitar la imposición de normas que regularan la explotación del petróleo en la
nación. Dichos esfuerzos frenaron durante décadas las iniciativas impulsadas por
los carrancistas y el llamado grupo de Sonora, encabezado por el militar Álvaro Obregón.
Sin embargo, el vaivén de las negociaciones encontró su fin cuando el presidente
mexicano Lázaro Cárdenas decidió con firmeza expropiar a las empresas extranjeras que
monopolizaban la riqueza petrolera en México, después de hallar frecuentes negativas por
parte de Estados Unidos para entregar mejores condiciones laborales a la comunidad obrera.
“…la expropiación decretada sólo se dirige a eliminar obstáculos de grupos que no sienten la
necesidad evolucionista de los pueblos, ni les dolería ser ellos mismos quienes entregaran
el petróleo mexicano al mejor postor, sin tomar en cuenta las consecuencias que tienen que
reportar las masas populares y las naciones en conflicto”, declaró Cárdenas en el discurso de
decreto.
Las protestas internacionales no se hicieron esperar e incluso las autoridades norteamericanas
llegaron a considerar una invasión militar en México, una estrategia que ya había sido
utilizada en la época del entonces presidente norteamericano Woodrow Wilson, quien no dudó
en ordenar una intervención del Ejército en Veracruz para presionar al Gobierno Mexicano.
De esta manera, el Estado se hizo de los bienes muebles e inmuebles de la Compañía Mexicana
de Petróleo El Águila, la Compañía Naviera de San Cristóbal, de San Ricardo, la Huasteca
Petroleum Company, la Mexican Sinclair Petroleum Corporation, la Penn Mex Fuel Company,
la California Standard Oil Company of México y la Compañía de Gas y Combustible Imperio,
por mencionar algunas.
Poco más de 20 años le tomó al Gobierno de México concretar la expropiación de las
compañías petroleras, una medida que arrancó desde el triunfo revolucionario pero que se
enfrentó a boicots patrocinados por la comunidad internacional, particularmente, por Estados
Unidos y Gran Bretaña.
Sin embargo, la expropiación decretada el 18 de marzo de 1938 no acabó con las
problemáticas de la incipiente industria mexicana. El Estado tuvo dificultades extremas para
poder comercializar sus barriles de crudo, incluso después de la creación de Petróleos
Mexicanos (Pemex) el 7 de julio del mismo año.
La historia de la paraestatal arrancó con frecuentes conflictos entre los trabajadores y la
administración, con amenazas latentes de huelga debido a las diferencias sobre los derechos
laborales entregados a la comunidad obrera. Aunado a esto, la caída en la producción debido
a la falta de personal especializado mermó la capacidad operativa de la naciente industria.
En las décadas posteriores, Pemex entraría en una etapa de consolidación tras la expedición en
1942 del primer Contrato Colectivo de Trabajo, además de mejorar su eficiencia en la
explotación de los yacimientos petroleros, llegando a registrar un promedio diario de tres
millones 425 mil barriles de crudo a inicios del siglo XXI.
Convertida en una de las petroleras más grandes del mundo, Pemex se ha vuelto un símbolo
de soberanía nacional, debido al rol fundamental que jugó en la época de bonanza conocida
como el Milagro Mexicano, donde el crecimiento económico sostenido y la estabilidad de los
precios crearon grandes expectativas en la nación.
Sin embargo, los errores en cálculos, las pérdidas millonarias por la falta de refinerías,
la corrupción al interior de la paraestatal y el alto costo que representa para el país continúan
siendo los grandes lastres de una industria energética de la que depende la economía nacional.
Ante dichas problemáticas, el Congreso de la Unión decidió aprobar en 2013 una polémica
reforma para reabrir el sector energético a la industria privada, restándole exclusividad
al Gobierno Federal sobre la explotación y procesamiento del crudo, en miras de sacar el
mayor provecho a los recursos del subsuelo.
Fuente: www.sexenio.com.mx/articulo.php?id=44773
Pese a los argumentos que pugnan por una mayor eficiencia, la modificación del Artículo
27 representa una enmienda al decreto realizado por Lázaro Cárdenas, debido a que restaura el
papel de la iniciativa privada en la explotación del petróleo, una decisión que ha dividido al
país en un debate sobre la privatización del sector.
Aunque varios países del mundo ven con buenos ojos la Reforma Energética en México, han
lanzado advertencias sobre la importancia de aprobar leyes secundarias adecuadas, mismas
que serán definidas durante el actual período legislativo y acapararán la atención de las fuerzas
políticas.
En la opinión de los expertos, la apertura al sector privado para rescatar a Pemex sólo rendirá
frutos si la normatividad se aplica cabalmente, además de poner punto final a la corrupción.
De lo contrario, la Expropiación Petrolera, producto de una lucha incansable en la etapa post
revolucionaria, sólo quedará como un episodio anecdótico en la lucha por la soberanía
nacional.
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