Miedo a volar - Isabel Larraburu

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Miedo a volar
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La Vanguardia. Suplemento Ciencia.
Un diez por ciento de la población general sufre un temor intenso que le provoca trastornos
físicos y psicológicos.
Pocas personas se han librado de sentir cierto recelo ante la inminencia de un viaje en avión.
Pero hay casos en que una leve preocupación se convierte en una fobia que causa trastornos
físicos y psicológicos. Las personas con aerofobia evitan en lo posible subir a un avión, y , en
casos ineludibles, recurren a fármacos o alcohol para superar un miedo al que no son capaces
de enfrentarse. Sin embargo, afrontar ese temor es la mejor fórmula para conseguir
deshacerse de él.
El miedo a volar es una emoción que se experimenta cuando se utiliza el avión como medio de
transporte. Esta emoción se convierte en patológica cuando produce reacciones físicas y
psicológicas de tal intensidad que inducen a ciertas personas a eludir sistemáticamente los
viajes en avión. Esto, a su vez, llega a interferir gravemente en la vida profesional, afectando
negativamente las oportunidades laborales, así como el funcionamiento familiar y social.
Aunque la estimación real del miedo a volar presenta muchas dificultades debido a que la
mayoría de la población no emplea este medio para viajar, un estudio epidemiológico acerca de
las fobias en Estados Unidos informa que este tipo de aprensión afecta a un 10% de la
población con intensidad severa y a un 20% de un modo más moderado. Por otra parte,
también en EE.UU. se observó que esta patología causó en el año 1982 una pérdida de 1.600
millones de dólares al sector de la aviación comercial.
Diego, de 35 años que es director comercial de una empresa multinacional, describía en la
consulta su experiencia: "Una calurosa tarde de verano fui víctima de un fenómeno que jamás
había sufrido. Cuando estaba esperando en la fila de viajeros para subir a la escalerilla hacia la
cabina del avión, al mirar hacia arriba sentí una fuerte sensación de ahogo, como un ataque de
claustrofobia. Me imaginé metido en mi asiento, asido por el cinturón y que me faltaba el aire.
Cuando ya estaba en el pasillo me di media vuelta y a empujones, con malos modos, descendí
la escalera y huí a pie por la pista hacia la terminal del aeropuerto. Perder la posibilidad de un
negocio interesante era en aquel momento lo último que pensé. Fue una huida irracional hacia
el aire libre. "
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Tal como se describe en el caso anterior, la percepción de un evento temido evoca una
cadena de consecuencias tanto de tipo fisiológico ( ahogo) como también cognitivo ( el
pensamiento) y conductual ( la huida). Nuestro organismo está perfectamente preparado para
sobrevivir y defenderse. Para lograrlo, durante siglos nuestro cuerpo ha ido conformando y
perfeccionando todos sus mecanismos de protección.
Amenaza
La respuesta instantánea a la más mínima amenaza nos ha preservado como especie a lo
largo de los tiempos. Aunque las amenazas actuales no están tan predominantemente
relacionadas con la supervivencia física, nuestros cuerpos aún despliegan las mismas
reacciones automáticas. El tiempo que media entre la percepción del peligro y la acción es una
fracción de segundo y, sin embargo, el mensaje o información ya se ha trasladado mediante
impulsos nerviosos desde nuestros sentidos hasta el sistema nervioso central para activar, con
gran eficacia, toda una serie de respuestas musculares y glandulares que aceleran la
frecuencia cardíaca, transportan la sangre a los músculos, tensándolos para la acción y
aportándoles oxígeno mediante la intensificación de la respiración.
Este conjunto de reacciones conforma el sistema lucha/huida, que es vital para nuestra
supervivencia en caso de peligro. De este modo, ante una situación de alarma o de falsa
alarma, reaccionamos mediante tres canales de respuesta:
1. Psicofisiológico ( reacciones corporales o somáticas).
2. Verbal/cognitivo (detección, estimación e interpretación del peligro).
3. Motor/conductual (acción dirigida a la reducción de la amenaza ).
La línea que divide el miedo común de la fobia está situada de un modo más o menos
arbitrario y la distinción radica en el grado de incapacitación que conlleva. El miedo común
puede ser afrontado, aunque con una cierta dificultad, y no interfiere la vida normal, mientras
que la fobia conduce a esquivar el objeto o situación. Un estudio realizado sobre miedos
comunes reveló que existía una media de siete temores por persona, de los cuales el miedo a
volar estaría en cuarto lugar. El hecho de que el miedo sea una emoción tan extendida, hace
sospechar que debe de haber alguna función adaptativa, es decir que puede cumplir un
cometido.
Al hacer un análisis de los elementos básicos que subyacen a todos los miedos descritos, los
investigadores sugieren que emergen tres patrones específicos:
1. Miedos relacionados con animales.
2. Miedos relacionados con sufrir daño físico.
3. Miedos relacionados con la separación o aislamiento.
Estos tres miedos esenciales tendrían relevancia filogenética ( relacionada con la evolución) y
biológica y se caracterizarían por su pronta adquisición y probablemente su mayor resistencia a
la extinción. El miedo a volar formaría parte del espectro del miedo a sufrir daño físico, caer,
sentirse atrapado, a no poder respirar. Seguramente este tipo de temor presenta elementos de
la acrofobia ( alturas) y de la claustrofobia, y su clasificación clínica correspondería a lo que se
denomina fobia simple.
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Estudios controlados
Un estudio elaborado en la localidad de Nottingham, Gran Bretaña, sobre la fobia a volar,
señaló que el 37 % de las personas interrogadas estaba preocupado por la idea de estar
encerrado, el 34% se inquietaba por la posibilidad de un accidente y el 13 % tenía aprensión
por las alturas. El resto tenía más miedo a la posibilidad de perder el control o marearse. Otra
investigación presenta datos demográficos de 158 personas que siguieron sus trece cursos en
la Fear of Flying Clinic ( Clínica para el miedo a volar). Informan que el mayor grado de miedo o
intranquilidad se manifiesta durante el despegue del avión, mientras que el aterrizaje, entrar en
la cabina o deambular durante el vuelo eran puntuados más abajo en la escala de miedo.
Otras fobias
En cuanto a otros miedos asociados a la fobia a volar, prevalecían las alturas y los
ascensores, mientras que el 18% mostraba exclusivamente el temor a los aviones. El
porcentaje de mujeres era del 63%, y el de hombres alcanzaba el 37 %. El segmento de edad
más afectado era el que se encontraba entre los 35 y los 44 años.
Es ya sabido por todos que los aviones ofrecen más seguridad que los automóviles desde una
perspectiva estadística. Sin embargo, el aerofóbico posee creencias contradictorias a la hora
de calibrar el peligro. Se ha observado que la persona fóbica va modificando su cálculo de
probabilidades de peligro a medida que se acerca al objeto que teme. El fóbico a los aviones,
por ejemplo, cuando no está planeando un viaje, estima la probabilidad de un accidente como
en uno por cada cien mil o bien en un por cada millón. Pero tan pronto como empieza a
concebir al idea de un viaje, su cálculo de probabilidad se incrementa drásticamente y va
modificándose de forma progresiva hasta el momento del despegue, llegando a un cincuenta
por ciento, pero si el viaje es accidentado... su probabilidad puede llegar al ciento por uno a
favor de un desastre. Además los fóbicos no solo magnifican el peligro, sino que empiezan a
fantasear sobre sus catastróficas consecuencias anticipadamente mediante imágenes de sí
mismo padeciendo. El grado de movilización y de ansiedad subjetiva es proporcional a nuestra
propia estimación de la severidad del daño potencial y a la probabilidad de que ocurra. Es
ilustrativo, a este respecto, el comentario en la consulta de una profesora de instituto de treinta
años. Se inscribió en un curso para vencer el miedo a volar que organizan algunas compañías
aéreas : “Meses antes de tomar el avión me imaginaba, como en las películas de miedo, toda
clase de contratiempos que podían suceder en un viaje cualquiera. Sentía aquella emoción en
el estómago mezclada con ganas de probarme y miedo a la vez. Antes de despegar ya me
impacienté porque el avión estaba esperando la autorización de la torre de control. Las manos
me transpiraban, quería cerrar los ojos y relajarme, pero toda yo estaba sofocada. Cuando
empezó a correr por la pista y a tomar velocidad, pensé que ya no podía escapar. Tomé un
diario para intentar distraerme y al cabo de algunos minutos la transpiración de mis manos
mojó el diario y este empezó a resbalar. Después de la transpiración llegó el frío. Cuando me
recuperé de esta sensación siguió el dolor de estómago y la debilidad en las piernas. Al cabo
de un tiempo nos invitaron a visitar la cabina de mandos; casi cincuenta pasajeros se
levantaron de golpe y en mi imaginación el avión se volcaba hacia delante a causa del peso de
las personas en la parte delantera y nos caíamos en picado. Mi mente racional me decía que
era absurdo, pero mi cuerpo reaccionó instantáneamente a esa imagen escalofriante.”
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La creencia de que el avión se puede desestabilizar fácilmente forma parte del patrón cognitivo
de sobreestimación del peligro y evaluación errónea en forma de pensamientos automáticos
que desencadenan una reacción de defensa o de “falsa alarma”. El cuerpo se asusta de los
propios pensamientos.
Algunos investigadores están estudiando los errores en el procesamiento de la información en
personas ansiosas. Observaron que existe una atención preferente o selectiva y hacia la
información relevante para el peligro, y una desestimación sistemática de los datos de
contenido neutro , no amenazador. Por esta razón, es de entender que las personas ansiosas
se encuentran constantemente en estado de “falsa alarma”, al enfocar continuamente su
percepción hacia el peligro.
Los que sufren de fobia a volar procesan selectivamente la información tanto antes como
durante el vuelo, destacando aquellos datos que resultan especialmente alarmantes en relación
al riesgo, accidentes de aviación y cualquier peligro en relación a las alturas. Y en el mismo
vuelo, la persona fóbica escruta continuamente aquél mínimo ruido que podría indicar algún
mal funcionamiento del aparato.
Biología y aprendizaje
La biología y el aprendizaje deber ser considerados como mecanismos de transmisión tanto a
corto como a largo plazo, y los dos , sorprendentemente, se fusionan e interactúan en los
procesos químicos que se producen en las células nerviosas. La propensión al temor es la
resultante de la integración de entorno, percepción, sistema nervioso central y periférico, y
conducta. Algunas personas han nacido con una mayor facilidad para aprender a evitar
situaciones que pueden comportar peligro ( o supuesto peligro), y, por ende, a adquirir fobias.
Asimismo, presentan dificultades para extinguir los miedos comunes dando lugar a que estos
se transformen en fobias.
Estos individuos quizás tengan una tendencia determinada genéticamente a reaccionar más
intensamente y de un modo más persistente ante ciertas situaciones. Además, la experiencia
podría alterar esta estructura mediante el aprendizaje por condicionamiento o bien por la
transmisión de información por parte paterma, así como la “privación” de oportunidades de
extinguir los miedos mediante la experiencia.
Despiece 1
Un temor intenso y obsesivo que se tiende a evitar.
Se entiende por fobia el miedo excesivo y persistente provocado por un estímulo circunscrito (
ya sea un objeto o una determinada situación) sin que existan fundamentos sólidos o
aceptados como razonables. Hay que distinguir el temor descrito del miedo a una crisis de
angustia ( como ocurre, por ejemplo, en el trastorno por angustia) o del miedo a la humillación
o la sensación embarazosa que se puede sentir ante determinadas situaciones sociales ( como
sucede en la denominada fobia social).
Durante alguna fase concreta de la alteración, la exposición al estímulo o estímulos
fóbico-específicos provoca, casi en la práctica totalidad de los casos, una respuesta de
ansiedad que aparece de forma inmediata. El objeto o la situación que produce ese temor
angustioso y obsesivo se tiende a evitar o bien a resistir a costa de una sensación de ansiedad
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intensa.
La conducta de evitación ( eludir aquello de provoca la fobia) interfiere significativamente en la
rutina normal del individuo, en las actividades sociales habituales y en las relaciones con los
demás.
Despiece 2
Afrontar el temor, la mejor táctica para eliminarlo.
Cualquier tipo de tratamiento puede ser beneficioso mientras incluya cierto grado de
afrontamiento al problema. Si bien ciertas personas se automedican con alcohol y
tranquilizantes menores, es de esperar que estas sustancias tengan un efecto paliativo y
temporal y que no influyan en la reducción de la fobia en sí misma, ya que no modifica el
aprendizaje.
Los tratamiento psicológicos de enfoque analítico o freudiano no parecen obtener resultados.
Básicamente, se utilizan técnicas de modificación de conducta, relajación y reestructuración
cognitiva ( cambio de los pensamientos) que incluye información sobre el funcionamiento de los
aviones, desensibilización sistemática virtual e “ in vivo” , con altos índices de eficacia.
La relajación muscular progresiva se instruye en las sesiones junto a un entrenamiento en
control respiratorio. La persona asocia fantasías sobre un “lugar seguro” al estado de
relajación. La desensibilización sistemática virtual consiste en la recreación de un vuelo
mediante técnicas de realidad virtual o simplemente imaginadas con situaciones generadoras
de miedo hasta el punto en que la ansiedad se interrumpe y se alterna con una fase de
relajación. Se repiten esas secuencias hasta que el temor se debilita y se extingue. Esta
técnica se utiliza como preparación para el afrontamiento a la situación real y produce una
habituación neurofisiológica. La exposición “ in vivo” se presenta de forma gradual y progresiva
en diversas fases del viaje, por ejemplo, tomar un taxi, llegar a la terminal, facturar maletas...
hasta alcanzar el punto máximo que es el vuelo en sí mismo.
Facilitar información sobre los aviones y la forma como vuelan es parte del paquete
terapéutico ofrecido en las clínicas donde se trata el miedo a volar. El contenido de estas
enseñanzas incluye procedimientos de emergencia, meteorología, control de tráfico aéreo,
principios físicos del vuelo y demás. Todos los trabajos que recogen el análisis de los
resultados de los tratamientos para la aerofobia concuerdan en que ni la información ni las
técnicas terapéuticas generales parecen ser cruciales para superar el miedo. La conclusión es
que el factor básico es el afrontamiento al temor, la exposición “in vivo”.
Siempre es conveniente recordar los consejos de Isaac Marks, psiquiatra británico que escribió
el clásico libro “ Living with fear” para exponerse al miedo:
1. La ansiedad es desagradable, pero no hace daño.
2. Repita varias veces su encuentro con el miedo.
3. Si no puede hacerlo en la realidad, afróntelo en la fantasía.
4. Los altibajos son frecuentes.
5. Cuando sienta miedo, aplique sus tácticas, pero no huya.
6. Aprenda a vivir con el miedo y éste desaparecerá.
Si una vez sentado en el avión la ansiedad aflora, la recomendación es:
1. Quédese sentado sin moverse.
2. Respire más lentamente, no se acelere gesticulando excesivamente.
3. Piense: “Esto es solamente mi sistema de alarma ; pasará en algunos minutos; lo he pasado
mal otras veces y no me hizo daño entonces y tampoco me hará ahora.”
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