¡Abajo la Ilustración! | Cristian León

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¡Abajo la Ilustración! | Cristian León
Cristian León
En plena época de consolidación del Free Cinema inglés, Peter Brook realiza su cuarto filme, el más vanguardista
y complejo. Luego de dirigir El señor de las moscas (1963), el célebre dramaturgo londinense se embarca en una
arriesgada aventura. Decide realizar una versión cinematográfica de la obra Marat/Sade que había montado con
éxito con la Royal Shakespeare Company siguiendo el texto del dramaturgo alemán Peter Weiss.
Si bien la obra teatral tuvo gran éxito en Londres y Broadway, Brook sabía que el cine es el cine. Nada estaba
asegurado. Planeó, entonces, realizar una obra que explotase el dispositivo teatral y la potencia de los actores de
su compañía pero, al mismo tiempo, tuviera un desarrollo cinematográfico consistente y sólido. El resultado fue
una película de casi dos horas de duración filmada en una sola locación que revisa quince años de la historia
política e intelectual de Francia. Planteada así la cosa, el filme parecería uno de esos aburridísimos registros de
obras teatrales. Sin embargo, explota de manera espectacular recursos visuales y sonoros que fácilmente serían
la envidia de cualquier filme de terror o musical. Similar a lo que hiciera Altman en Streamers (1983) y Greenaway
en El bebé de Macon (1993), Book propone un espectáculo cinematográfico en donde el cine deviene en teatro.
La obra es un relato autoreflexivo que cuenta cómo un grupo de internos del Manicomio de Charenton, liderados
por el Marqués de Sade, realizan una puesta en escena de la muerte de Jean-Paul Marat, acontecida hace 15
años. Embebido en el clima insurgente y contestatario de los años sesenta, el filme plantea un severa critica de a
Ilustración, la nación francesa, la iglesia católica y la institución psiquiátrica. A tono con la crítica de Foucault,
Klossowski, Lacan y Derrida hicieran al pensamiento ilustrado y a la Revolución Francesa, Brook recupera la figura
de Marat y la lee través de las concepciones sadeanas.
Con un uso exacerbado del desenfoque y un montaje que alterna tiempos muertos con momentos frenéticos, el
filme logra construir un mundo teatral y lúgubre cerrado sobre sí mismo. En una sublime mezcla de Grotowski ,
Meyerhold, Artaud y Brecht, la obra construye un universo desconcertante, matérico y siniestro en donde
representación y realidad, razón y la locura, vida y muerte se confunden. Con una cromática que tiende a las
tonalidades tenues solo alteradas por el rojo y azul del estandarte francés, logra una coreografía prolija entre
cámara y los actores. Las sendas actuaciones de Patrick Magee (Sade), Ian Richardson (Marat) e Glenda Jackson
(Charlotte) en los roles principales permanentemente son interrumpidas por reflexiones metanarrativas que
comentan el propio desarrollo de la acción.
El filme trabaja con una serie de niveles narrativos que funcionan como un conjunto de cajas chinas. Estamos ante
la típica estructura de la obra dentro de la obra. En un nivel más exterior se encuentran un público expectante, al
cual siempre vemos de espaldas enfrentado a la obra que supuestamente escenifican los internos del Manicomio
de Charenton. En un segundo nivel y tras las rejas que separan al público de los actores, se encuentra monsieur
Coulmier, el director del Manicomio, una especie de maestro de ceremonias que presenta la obra; y el Marqués de
Sade, quien es el director y dramaturgo de la obra. En un tercer nivel, se encuentran los excéntricos internos
actúan como un personaje colectivo que trabaja en el montaje. Uno de ellos es un ayudante de Sade que también
hace las veces de comentarista, otros cuatro son una especie de clowns mendigos que actúan como un coro.
Finalmente, en el nivel de mayor interioridad, Jean-Paul Marat en su bañera intentando escribir uno de sus
discursos y su ex amante Charlotte Corday, quien lo asesinará con un puñal.
Entre estos múltiples niveles del relato se produce una serie de pugnas y conflictos. El director del Hospital
interrumpe constantemente el desarrollo dramático con sus censuras, Sade debate acaloradamente con sus
personajes, el público termina violado y violado por los internos convertidos en turba enardecida que apoya a
Marat. En uno de los mejores momentos del filme, Sade cuestiona con cinismo las concepciones revolucionarias
de Marat. El divino marqués sostiene que la Revolución lo único que hizo fue transformar la violencia candente y
apasionada que está en la naturaleza misma del hombre en un ejercicio abstracto, frío y matemático. Punto para el
Marqués, punto para Brook.
Película Marat/Sade, Inglaterra, 1966
Dirección Peter Brook
Guión y adaptación de versos Adrian Mitchell, a partir de la obra teatral escrita por Peter Weiss, llamada La persecución y el
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asesinato de Jean-Paul Marat, como fue representada por los internos del manicomio de Charenton bajo la dirección del
Marqués de Sade
Fotografía David Watkin
Música Patrick Gowers y Richard Peaslee
Edición Tom Priestley
Con Patrick Magee, Ian Richardson, Glenda Jackson, Michael Williams, Robert Langdon Lloyd, Clifford Rose, Freddie Jones
Duración 116 minutos
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