Estrategias de afrontamiento

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CAPÍTULO 31
Estrategias de afrontamiento
C. Vázquez Valverde, M. Crespo López y J. M. Ring
INTRODUCCIÓN
Ante un mismo suceso potencialmente estresante
la gente presenta reacciones muy diversas. La muerte
de un esposo suele suponer un profundo golpe emocional, pero para algunos pocos resulta una bendición.
Las investigaciones iniciales sobre el estrés (p. ej., las
de Selye en los años cincuenta) partían del supuesto
implícito de la existencia de estresores prácticamente
universales, es decir, ciertas condiciones ambientales
con capacidad para llegar a agotar la resistencia de
cualquier organismo. Pronto se observó que había
enormes diferencias en cómo diferentes personas
afrontan el mismo suceso. Así, de una noción más fisiológica-universal del estrés en las décadas de los sesenta y setenta, se pasó en la década de los ochenta a
una perspectiva más psicológica/ idiosincrásica (Labrador y Crespo, 1993; Sandín, 1989; Valdés y Flores,
1985; Lazarus y Folkman,1986), según la cual un
suce-
so es estresante en la medida en que el sujeto lo perciba o lo valore como tal, sean cuales sean las características físicas objetivas del suceso.
¿Qué factores determinan que un acontecimiento
sea finalmente estresante? Ante la aparición de un suceso determinado, el individuo realiza una serie de valoraciones sobre el mismo (véase el excelente trabajo
de Lazarus y Folkman, 1986). En primer lugar, existe
una valoración primaria, consistente en analizar si el
hecho es positivo o no y, además, valorar las consecuencias presentes y / o futuras del mismo. En segundo lugar, se produce una valoración secundaria en la
que el objeto de análisis son las capacidades del organismo para afrontarlos y serán los que con más probabilidad susciten reacciones de estrés (fig. 31-1). Por
lo tanto, los modelos actuales de estrés conciben la
propia respuesta de estrés no como una consecuencia
inevitable y directa de elementos universal e inequívocamente definibles, sino como un resultado de una delicada y continua transacción entre las presiones que
Estresor potencial
Evaluación primaria
Evaluación secundaria
Estrés
(suceso externo)
¿Tiene el suceso implicaciones
positivas, negativas o neutras?
¿Son suficientes los recursos y
capacidades de afrontamiento
existentes para superar el daño,
amenaza, o reto planteado por el
suceso?
Respuestas
fisiológicas,
cogn itivas,
emocionales y
conductuales
Si son negativas, ¿en qué medida es
dañino en la actualidad, amenazante
para el futuro y supone un reto
potencial?
Figura 31-1. Modelo psicológico del estrés.
425
Parte IV Áreas
uno percibe del medio (interno o externo) y los recursos de afrontamiento que uno considera disponibles y
activables.
CONCEPTO
En este contexto descrito, se ha desarrollado la investigación en los últimos 20 años sobre las denominadas estrategias de afrontamiento (coping, en inglés).
Su objetivo es precisamente analizar cómo se enfrenta
la gente ante elementos estresantes determinados:
enfermedades crónicas, estrésores cotidianos como un
fuerte ritmo de trabajo o sucesos vitales estresantes
como la pérdida del puesto de trabajo o un diagnóstico
de infertilidad (Stanton y Dunkel-Schetter, 1991).
De modo general, el afrontamiento se refiere a la
serie de «pensamientos y acciones que capacitan a las
personas para manejar situaciones difíciles» (Stone y
cols.,1988, pág. 183). Consiste, por lo tanto, en un
proceso de esfuerzos dirigidos a manejar del mejor
modo posible (reduciendo, minimizando, tolerando o
controlando) las demandas internas y ambientales. En
resumen, el afrontamiento quedaría definido como
«aquellos procesos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar
las demandas específicas externas y/ o internas que
son evaluadas como excedentes o desbordantes de los
recursos del individuo» (Lazarus y Folkman, 1986,
pág. 164). Con esta amplia definición se puede pensar
que las reacciones emocionales como la ira, o la depresión, también forman parte del proceso general de
afrontamiento que efectúa un organismo ante una situación demandante. Por ejemplo, quedarse en la cama
cuando uno se siente deprimido es un tipo de estrategia de afrontamiento, del mismo modo que lo
puede ser una estrategia más activa (p. ej., ir a la consulta médica). Aunque la naturaleza de estas estrategias no siempre es consciente, la investigación empírica se ha centrado básicamente en aquellas que los
individuos pueden conscientemente reconocer.
Normalmente se distinguen dos tipos generales de
estrategias (Lazarus y Folkman, 1986):
1. Estrategias de resolución de problemas: son
aquellas directamente dirigidas a manejar o alterar el
problema que está causando el malestar.
2. Estrategias de regulación emocional: son los
métodos dirigidos a regular la respuesta emocional
ante el problema.
Por ejemplo, ante una ruptura matrimonial, uno
puede acudir a los abogados, llamar a amigos en bús426
queda de soluciones, etc. (estrategias dirigidas a solucionar el problema), pero también cabe salir más de
casa para no sentirse tan mal, intentar no pensar en los
años pasados, etc. (estrategias dirigidas a aliviar el
malestar que produce la situación).
A veces, el empleo de una estrategia de solución de
problemas tiene por sí misma repercusiones favorables
en la regulación emocional. Por ejemplo, si alguien
presenta una denuncia por observar basura en su
barrio, esto puede ser una estrategia eficaz para solucionar el problema y, a la vez, reducir su ira o malestar. Pero puede suceder lo contrario. Por ejemplo,
una estrategia aparentemente eficaz para la regulación
de la ira (p. ej., dar un grito a una persona), puede
dejar el problema tal como estaba e incluso crear otros
nuevos (p. ej., rechazo por parte de la otra persona).
MITOS DEL AFRONTAMIENTO
La investigación sobre las estrategias de afrontamiento ha estado conceptualmente dirigida tanto por
una serie de estereotipos culturales respecto a cómo
creemos que la gente normalmente se comporta o
«debe comportarse» ante un suceso aversivo determinado como por teorías apoyadas en escasos datos o en
medidas poco fiables y válidas (tabla 31-1). Ante una
enfermedad crónica o la muerte de un hijo, por
ejemplo, se espera que haya una reacción de profunda
desesperación) y, en consecuencia, el enfoque de estudio se ha centrado en estas reacciones negativas de
duelo, desesperanza y depresión. Sin embargo, investigaciones recientes sobre el afrontamiento de sucesos
negativos irreparables demuestran que estas características visiones pueden responder más a un estereotipo que a lo que realmente ocurre (véase una detallada
descripción en Avia y Vázquez, 1998).
Hasta hace poco casi nadie se ha atrevido a analizar, por ejemplo, si existen reacciones positivas, mejoras en la calidad de vida, etc., cuando acontecen factores estresantes subjetivamente percibidos como
importantes y, además, tampoco se han empleado medidas rigurosas del estado emocional. Por ejemplo,
Wortman y Silver (1989) han señalado algunos de los
mitos que existen acerca de cómo la gente afronta serios retos vitales de naturaleza irrevocable (muerte
súbita de un hijo, accidentes que ocasionan paraplejías
o muerte de un cónyuge). Frente a lo que habitualmente se cree, las reacciones patológicamente intenI Tanto la teoría psicoanalítica (Duelo y rrrelaucolía, S. Freud, 1917) como
la más moderna del apego (p. ej., Bowlby) asumen incondicionalmente este
supuesto no probado empíricamente.
Capítulo 31. Estrategias de afrontamiento
TABLA 31-1. Mitos y realidad del afrontamiento de situaciones de pérdida irreversible
Mitos del afrontamiento
Realidad del afrontamiento
La depresión o la desesperación intensas son
inevitables
El malestar es necesario y su ausencia indicaría
patología
La mayoría de la gente no muestra una depresión de
intensidad clínica
Las reacciones de duelo no son necesarias y la gente
que no las manifiesta en su momento no desarrolla
problemas en el futuro
Cuanto más se piense sobre las causas del suceso, o se
intente buscar sentido a lo ocurrido, el malestar
psicológico es más intenso y duradero
Una sustancial minoría de personas parece que tienen
una recuperación muy escasa o inexistente después
de mucho tiempo
Para muchas personas, lo sucedido nunca va a ser
aceptado como algo «real o «justo», especialmente
para sucesos repentinos
Es importante «elaborar la pérdida. La «negación» o el
bloqueo de sentimientos son improductivos y
patológicos
La expectativa de recuperación es buena a largo plazo
Se alcanza un estado final de resolución en el que
se «acepta finalmente la pérdida
De Avia y Vázquez, 1998.
sas (p. ej., un episodio depresivo diagnosticable con
criterios estrictos) no son muy habituales. Además, es
frecuente la existencia de reacciones positivas muy poco
después del suceso, e incluso a los pocos días o semanas,
el estado anímico general ya es más positivo que
negativo'. De ahí la importancia de analizar con medidas
adecuadas y no sesgadas cómo reacciona realmente la
gente ante sucesos estresantes determinados', de modo
que pueda diferenciarse mejor lo normal de lo
patológico.
ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO
Existen en realidad muchas estrategias posibles de
afrontamiento que puede manejar un individuo. El uso
de unas u otras en buena medida suele estar determinado
por la naturaleza del estresor y las circunstancias en las
que se produce. Por ejemplo, las situaciones en las que
se puede hacer algo constructivo favorecen estrategias
focalizadas en la solución del problema, mientras que las
situaciones en las que lo
-
'Por ejemplo, a los 30 días de la muerte del esposo, un 88 % de
las personas que enviudan se sienten tristes. Pero sólo un 35 % pre
senta una depresión diagnosticable con criterios operativos estrictos
_ (véase Wortman y Silver, 1989).
_
3 Otro ejemplo pertinente es el de la influyente teoría de Kubler-Ross (1969) sobre las fases por las que pasaría una persona
y
cuando sabe que va a morir. Según Kubler-Ross, las personas pasan
por cinco fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Pero las investigaciones realizadas al respecto han demostrado que
hay mucha variación de persona a persona y que el apoyo empírico
para la existencia de estas fases es muy endeble (Wortman y Silver,
1987 y 1989).
único que cabe es la aceptación favorecen el uso de
estrategias focalizadas en las emociones (Forsythe y
Compas, 1987).
Aun asumiendo la validez de esta dicotomía general,
investigaciones más recientes han puesto de manifiesto
la existencia de una mayor variedad de modos de
afrontamiento. Por ejemplo, la escala de Modos de
Afrontamiento (Ways of Coping, WOC) de Folkman y
Lazarus (1985), un instrumento que evalúa una completa
serie de pensamientos y acciones que se efectúan para
manejar una situación estresante, cubre al menos ocho
estrategias diferentes (las dos primeras más centradas en
la solución del problema, las cinco siguientes en la
regulación emocional, mientras que la última se focaliza
en ambas áreas):
1. Confrontación: intentos de solucionar directamente
la situación mediante acciones directas, agresivas, o
potencialmente arriesgadas.
2. Planificación: pensar y desarrollar estrategias para
solucionar el problema.
3. Distanciamiento: intentos de apartarse del problema, no pensar en él, o evitar que le afecte a uno.
4. Autocontrol: esfuerzos para controlar los propios
sentimientos y respuestas emocionales.
5. Aceptación de responsabilidad: reconocer el papel
que uno haya tenido en el origen o mantenimiento del
problema.
6. Escape-evitación: empleo de un pensamiento irreal
improductivo (p. ej., «Ojalá hubiese desaparecido esta
situación») o de estrategias como comer, beber, usar
drogas o tomar medicamentos.
7. Reevaluación positiva: percibir los posibles aspectos positivos que tenga o haya tenido la situación
estresante.
427
Parte IV. Áreas especiales
TABLA 31-2. Comparación de las dimensiones halladas o empleadas en diversos estudios y escalas de afrontamiento
Estrategias de afrontamiento s m
Afrontamiento directo
Apoyo y/o información social
Distanciamiento o negación
Escape/evitación (p. ej., pensamientos
mágicos, comer, beber, etc.)
Planificación y solución de problemas
Reevaluación positiva
Aceptación de responsabilidad
Autocontrol
Autoacusación
Descargas emocionales
(llorar, conductas agresivas, etc.)
Conductas de autocuidado
(arreglarse, vestirse bien, etc.)
Realizar actividades solo o con gente
(salir, ordenar cosas, etc.)
~ WOC (Folkman ' ~~;COPE (Carver
y Lazarus, 1986)
y cols.,1989)
Coyne y cols. Moos
Rippere' CID' (Vázquez
(1981)
(1988) (1977)
y Ring, 1996)
sí
sí
sí
sí
sí
sí
sí
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sí
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sí
sí
sí
sí
sí
sí
sí
'Estos dos estudiosa nalizan sólo cómo ¡agente afronta una situación anímica negativa. CID: Inventario de
Afrontamiento de Depresión; WOC:Inventario de Estrategias de Afrontamiento.
TABLA 31-3. Ejemplos de algunos de los ítems incluidos en la Coping Inventory of Depression
Tipo de estrategias
F1
F2
F3
F4
F5
F6
F7
F8
F9
Actividades
Actividades sociales
Evitación
Focalización en el problema
Fisiología
Actividades pasivas
Autocuidado
Respuestas emocionales
Evaluación cognitiva
Número de Ítems
9
4
3
4
7
3
2
4
5
Ejemplos
Salgo al cine, al teatro, etc.
Hablo con personas que me aconsejen y apoyen
Intento no pensar
Establezco un plan de actividades
Bebo alcohol
Rezo
Me ducho o me baño para relajarme
Lloro para aliviarme
Busco el aspecto humorístico de lo que está pasando
De Vázquez y Ring, 1996.
8. Búsqueda de apoyo social: acudir a otras personas (amigos, familiares, etc.) para buscar ayuda, información o también comprensión y apoyo emocional.
Estas estrategias halladas con el WOC coinciden
en buena medida con las encontradas en otros estudios
que han empleado ésta u otras escalas semejantes para
evaluar los recursos genéricos de afrontamiento de las
personas. No obstante, no existe una coincidencia
absoluta en todos los instrumentos. En algunos aparecen ítems que no se encuentran en otros (p. ej., conductas religiosas como rezar, el empleo del humor, la
restricción de llevar a cabo ciertas acciones, etc. (tablas 31-2 y 31-3).
Evidentemente, éstas no son las únicas dimensiones posibles de afrontamiento. Posiblemente existen
algunas otras que estén vinculadas a estresores especí428
ficos o a personas con características especiales (p. ej.,
niños). La investigación futura deberá determinar su
validez y generabilidad.
FACTORES MODULADORES
En el proceso y resultado final del afrontamiento
pueden intervenir muchas variables interfiriéndolo o
potenciándolo (Cohen y Edwards,1989). Tanto los factores internos (estilos habituales de afrontamiento y algunas variables de personalidad) como los externos
(recursos materiales, apoyo social y la actuación de
otros factores estresantes simultáneos) pueden modular, de forma favorable o desfavorable, el impacto de
un estresor (fig. 31-2).
Capítulo 31. Estrategias de afrontamiento
Recursos tangibles
(disponibilidad de tiempo,
educación, dinero,
calidad de vida)
Suceso estresante,
fase en la que está y
curso futuro
anticipado
Apoyo social
Respuestas y
estrategias de
afrontamiento para
resolver el problema y
la regulación
emocional (búsqueda de
Valoración e
interpretación
del estresor
Valoración primaria
Daños o pérdidas
presentes Amenaza
futura Grado de reto
Valoración secundaria
Evaluación de los
recursos y opciones de
afrontamiento
información, acción
directa, inhibición de la
acción, respuestas
intrapsíquicas, volverse
hacia los demás)
Estilos) habituales)
de afrontamiento
Otros estresores sociales
(sucesos vitales
importantes y estresores
cotidianos)
Tareas de afrontamiento
Para reducir condiciones
ambientales
Para tolerar o ajustarse a
sucesos o realidades
negativas
Para mantener una
autoimagen positiva
Para mantener el
equilibrio emocional
Para mantener relaciones
satisfactorias con los
demás
Resultados del
afrontamiento
Funcionamiento
psicológico
Reanudación de
actividades
cotidianas
Malestar
psicológico
Factores de personalidad:
Optimismo
Búsqueda de sensaciones
Sensación de control
Dureza
Recursos/¡ mpedimentos internos
Figura 31-2. El proceso de afrontamiento (coping). (Adaptada de Taylor, 1991).
Recursos o impedimentos internos
Estilos de afrontamiento
Aunque en teoría se pueden emplear multitud de
estrategias para manejar una situación estresante, cada
individuo tiene una propensión a utilizar una serie
determinada de estrategias en situaciones diversas. Esto
es lo que se denomina estilo de afrontamiento. Por
ejemplo, algunas personas tienden casi de forma
invariable a contarles sus problemas a los demás,
mientras que otras se los guardan para sí mismos. Sólo
una serie de estilos de afrontamiento se han investigado
de modo sistemático. Veamos algunos:
1. Personas evitadoras y personas confrontativas: hay
personas que tienen una tendencia evitadora (o mi-
nimizadora), mientras que otras tienden a utilizar un
estilo más confrontativo (o vigilante) bien sea buscando
información o tomando una acción directa ante cualquier
problema. Aunque ningún estilo es por sí mismo más
efectivo que otro, el estilo evitador es más útil para
sucesos amenazantes a corto plazo, mientras que el estilo
vigilante es más efectivo cuando existe un suceso
amenazante que se repite o que persiste a lo largo del
tiempo. El estilo confrontativo es útil pues permite
anticipar planes de acción ante riesgos futuros aunque
puede que tenga un coste mayor en ansiedad. Como
señala Taylor (1990), el estilo evitativo puede que sea útil
para visitar al dentista, pero bastante ineficaz para
solventar situaciones de tensión continua laboral. No
obstante, los estudios longitudinales señalan que, a la
larga, el estilo evitativo suele ser ineficaz para manejar
circunstancias vitales complicadas (Holahan y Moos,
1987).
429
Parte IV Áreas
2. Catarsis: aunque éste es un tema de tradición
psicoanalítica, la investigación científica sobre los
traumas ha comenzado también a indagar si el hecho de
expresar los propios sentimientos y estados emocionales
intensos puede ser eficaz para afrontar situaciones
difíciles. Parece, en efecto, que hablar y comunicar
nuestras preocupaciones tiene el efecto de reducir tanto
la probabilidad de que se produzcan rumiaciones
obsesivas con el paso del tiempo como de que aparezca
un incremento en la actividad fisiológica (Penneba- y
Susman, 1988)4. Aún no se conocen bien las vías de
actuación de este fenómeno: hablar con otras personas
no tiene ningún efecto «mágico» sino que, a su vez,
puede favorecer el afrontamiento de muchas maneras
(se recibe información, apoyo afectivo, fuerza a pensar
mejor sobre lo que nos preocupa para comunicarlo
efectivamente, etc..).
3. Uso de estrategias múltiples: la mayor parte de los
estresores conllevan una serie de problemas de
naturaleza diferente que requieren estrategias de
afrontamiento diferentes. Por ejemplo, una persona en
un proceso de divorcio debe enfrentarse a muchos
problemas (impacto emocional, cargas financieras,
custodia de los hijos, etc..). Es muy probable que, en
general, un afrontamiento con buenos resultados
requiera la capacidad de usar de forma adecuada
múltiples estrategias de un modo flexible.
Factores de personalidad
1. Búsqueda de sensaciones: Zuckerman (1974) ha
desarrollado esta interesante variable de personalidad que
contribuye a explicar un buen número de conductas. Las
personas «buscadoras de sensaciones» (sensation seekers),
según la Escala de Búsqueda de Sensaciones, son
individuos a los que no les importa tomar riesgos (hacer
puenting, probar drogas, tener viajes de aventuras o vivir
experiencias inusuales) y, por lo tanto, parecen tener una
mayor tolerancia a la esti- el riesgo y los estresores que
otras personas.
2. La sensación de control: una de las variables más
importantes que modulan los efectos de un estresor
potencial es la sensación de control sobre el mismo.
Multitud de investigaciones experimentales con animales
y humanos han demostrado que la pérdida de sensación
de control constituye un elemento crucial etiológico de la
depresión y otros trastornos emocionales. Más en
concreto, el modelo de depresión de la desesperanza o
indefensión aprendida (learned hel4 Incluso, de modo sorprendente, Pennebaker y cols. (1988),
han hallado que el uso de un diario en el que se detallen por escrito
las preocupaciones, mejora de manera significativa el
funcionamiento inmunológico en diversas variables de los sujetos.
430
plessness) propone que inevitablemente se desarrollará un
estado depresivo cuando una persona perciba que no
dispone de ninguna estrategia, ni ahora ni el futuro, para
cambiar una situación aversiva personal (Sanz y
Vázquez, 1995; Seligman,1983). En definitiva, cuando el
individuo considera que absolutamente ningún modo de
afrontamiento va a ser eficaz para controlar una
situación negativa (Avía y Vázquez, 1998).
3. Optimismo: consiste en una expectativa
generalizada de que los resultados serán positivos. Las
personas con una actitud optimista parecen manejar
mejor los síntomas de enfermedades físicas como, por
ejemplo, cáncer o cirugía cardíaca (Scheier y Carver,
1992) y esto parece deberse a que las estrategias de estas
personas suelen estar centradas en el problema, la
búsqueda de apoyo social y buscar los lados positivos de
la experiencia estresante. Por el contrario, las personas
pesimistas se caracterizan más por el empleo de la
negación y el distanciamiento del estresor, centrándose
más en los sentimientos negativos producidos por el
estresor (Avía y Vázquez, 1998).
4. Otras variables: aunque se han propuesto muchas
otras variables psicológicas que pudieran afectar la
eficacia del afrontamiento (sentido del humor, sensación
de coherencia de la propia vida, inteligencia, no tomarse
las cosas muy en serio, etc..) ninguna de ellas ha sido
objeto de una investigación profunda. No obstante,
parece cada vez emerger más claramente un patrón de
personalidad proclive a la buena salud y caracterizado por
el optimismo, sensación de control y capacidad de
adaptación (Taylor, 1991).
Recursos o impedimentos externos
También intervienen en el afrontamiento elementos
externos como los recursos tangibles (educación, dinero,
nivel de vida, etc..), el apoyo social recibido, o la
existencia de diversos estresores simultáneos (p. ej., una
relación difícil de pareja, dificultades económicas o
enfermedades crónicas).
Estos factores pueden intervenir de dos modos
diferentes pero complementarios. En primer lugar,
pueden afectar de forma directa en las capacidades de
afrontamiento de un individuo ante cualquier tipo de
estresor, o bien pueden actuar como un amortiguador del
efecto de los estresores, en especial cuando éstos son
fuertes (la denominada «hipótesis del buffering»). Por
ejemplo, tener dinero permite disponer de determinados
recursos para afrontar una situación problemática, pero
por otro lado también puede amortiguar los potenciales
efectos de un estresor (p. ej., ser despedido del trabajo).
El apoyo social hace referencia a sentirse querido,
protegido y valorado por otras personas cercanas
(normalmente amigos y familiares)'. No es tanto la red
«física» o número de personas cercanas como el apoyo
percibido por parte de la persona.
El apoyo social puede considerarse de dos maneras.
En primer lugar, como un recurso o estrategia de
afrontamiento (p. ej., hablar con un familiar o amigo ante
un problema); en este sentido, es uno de los mecanismos
que la gente valora como más eficaces para afrontar
situaciones emocionales difíciles (Folkman y cols., 1986;
Vázquez y Ring, 1992, 1996). En segundo lugar, puede
entenderse como un amortiguador del propio estrés
(Barrera, 1988); por ejemplo, la falta de personas
próximas en las que confiar en circunstancias difíciles
eleva de forma extraordinaria el riesgo de aparición de
episodios depresivos en personas vulnerables (Brown y
Harris, 1978).
Como técnica de afrontamiento, el apoyo social se
utiliza más por mujeres que por hombres, un 18
frente a un 11 %, respectivamente (Stone y Neale,1984).
Aunque la mayor parte de la investigación se ha centrado
en el problema (es decir, buscar consejo, información,
vías de solución, etc..) no cabe duda de que este
procedimiento también sirve como una importante
fuente de apoyo emocional (alivio, empatía y ayuda
física).
Por otro lado, investigaciones con humanos y
animales indican que la existencia de un apoyo social
efectivo tiene también repercusiones en la salud:
disminuye la probabilidad general de presentar
enfermedades (p. ej., herpes, infarto de miocardio,
complicaciones durante el parto o trastornos
psiquiátricos diversos), acelera la recuperación y reduce
las tasas de mortalidad, aunque aún no se conocen con
exactitud los mecanismos psicobiológicos que operan
estos cambios (House y cols.,1988)6.
No todo apoyo social es igualmente eficaz como
protector contra el estrés. El más efectivo parece ser
tener alguien cercano en quien confiar (p. ej., un esposo
o una pareja). Por otro lado, los efectos del apoyo social
parecen no ser acumulativos. Así pues, lo importante es
tener al menos un amigo íntimo más que tener muchos
amigos o conocidos. En último lugar, no es sólo
importante tener una red disponible, sino que el
individuo sepa y esté dispuesto a extraer de modo
efectivo el apoyo que necesita de otros (Dunkel-Schetter
y cols., 1987).
Los animales domésticos también pueden ser un elemento más de la
red de apoyo (Culliton,1987).
Por ejemplo, en un estudio efectuado con 7.000 residentes adultos de
California (Berkman y Syme, 1979), se demostró que una alta tasa de
contactos sociales estaba ligada a una mayor supervivencia al cabo de 9
años tanto en varones (2,3 años) como en mujeres (2,8 años), descartando la
influencia de otros factores (nivel socioeconómico, hábitos de salud, etc..).
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