ALCOHOLISMO JUVENIL, DAÑO CEREBRAL Y ALTERACCIONES

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ALCOHOLISMO JUVENIL, DAÑO CEREBRAL Y ALTERACCIONES DEL DESARROLLO Luis Miguel García Moreno Departamento de Psicobiología ‐Universidad Complutense de Madrid Consumo de alcohol El consumo abusivo de alcohol genera un problema social y sanitario importante que, en los últimos años, ha sido tomado en consideración por parte de las administraciones. Sin embargo, dicho consumo tiene un extraordinario arraigo popular y su tradición se pierde en la más remota antigüedad. En España el alcohol es la adicción con mayor prevalencia; el 87% de la población en‐
tre los 15 a 65 años ha consumido alcohol en alguna ocasión, el 47% lo consume con una frecuencia semanal y un 13% lo hace diariamente. Clasificación de Consumo Diario de Riesgo según la OMS Tipo de bebedores Hombres Mujeres 1. Bajo riesgo 1 a 40 g 1 a 20 g 2. Riesgo medio 41 a 60 g 21 a 40 g 3. Alto riesgo 61 a 100 g 41 a 60 g 4. Muy alto riesgo + 101 g + 61 g Consumo de Alcohol de Riesgo según el Ministerio de Sanidad Sexo Diario g UBE 40 4 24 2,5 Semanal g UBE 280 28 168 17 Hombre Mujer La Unidad de Bebida Estándar (UBE), unidad adoptada como referencia para tratar de unificar criterios a la hora de equiparar consumos, representa 10 g de etanol y corresponde a una caña, un vaso de vino o media copa de una bebida destilada Alcohol y Cerebro Diferentes estudios neurobiológicos muestran claramente que el consumo abusivo crónico de alcohol produce daños en el cerebro que modifican la estructura y la fisiología de sistemas neurológicos específicos. El daño cerebral es producido por la acción tóxica directa del etanol y sus metabolitos y puede verse aumentado, además, por otros factores relacio‐
nados con la salud física, neurológica y mental del paciente Se produce una significativa reducción del volumen del cerebro, que afecta en mayor grado a la sustancia blanca, aunque también a la gris. Sin embargo, la reducción volumétrica 1
no parece ser homogénea ya que se muestra de manera más evidente en regiones como el hipocampo, el cerebelo o la corteza prefrontal. Estas regiones están implicadas funcionalmen‐
te en procesos de memoria, coordinación motora o procesos más complejos como la toma de decisiones, la fijación de objetivos futuros, el diseño de estrategias o la toma de decisiones. Los estudios neuropsicológicos muestran que los procesos más frecuentemente afec‐
tados son aquellos relacionados con las funciones ejecutivas y atencionales, las habilidades visuoespaciales, la velocidad psicomotora y la estabilidad y el equilibrio Consumo de alcohol en la adolescencia. El alcohol junto con el tabaco y, en menor medida el cannabis, es la sustancia psicoac‐
tiva más consumida entre los jóvenes entre 14 y 18 años. Según el Informe de la encuesta estatal sobre uso de drogas en estudiantes de enseñanzas secundarias (ESTUDES, 2008), un 81,2% de estos jóvenes ha consumido bebidas alcohólicas alguna vez en la vida, un 44,6% tabaco y un 35,2% cannabis; la proporción de consumidores actuales de estas sustancias, es decir aquellos que las han consumido alguna vez en los 30 días previos a la entrevista, fue de 58,5%, 32,4% y 20,1% respectivamente. La edad media de inicio en el consumo de alcohol, según esta encuesta, se sitúa entre los 13 y los 14 años. La proporción de consumidores de alcohol aumenta progresivamente con la edad alcanzando su máximo a los 18 años y las dife‐
rencias en función del género no son significativas. En España se ha venido conformando un patrón de consumo de alcohol entre los jó‐
venes, la moda del “botellón”, que se caracteriza por: a) inicio precoz; b) consumo en días de ocio; c) se practica en la calle en compañía de los amigos; d) se bebe hasta emborracharse o alcanzar un nivel de intoxicación alto; y e) consumo preferente de bebidas combinadas de alta graduación. Se utiliza el término anglosajón Binge Drinking (BD) para aludir a este patrón de consumo. El nivel de intoxicación, la frecuencia de la ingesta y la rapidez de la misma hace que este patón de consumo sea especialmente dañino entre los jóvenes. Se considera consumo intensivo de alcohol (CIA) la ingesta de 60g de alcohol (6 UBEs) o más en varones y de 40g (4 UBES) o más en mujeres, concentrada en una única sesión (habitualmente 4 a 6 horas), durante la que se mantiene un cierto nivel de intoxicación (al‐
coholemia no inferior a 0,8 g/l) (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2008). Cerebro adolescente. La adolescencia es un período de transición entre la niñez y la edad adulta, que abarca aproximadamente la segunda década de vida. Durante la adolescencia se observan cambios en la conducta de los jóvenes (un aumento en la interacción social, toma de riesgos, búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias, etc.) que pueden ser importantes para desarrollar las habi‐
lidades y comportamientos necesarios para una vida independiente y adulta, pero que tam‐
bién pueden predisponerlos a desarrollar conductas de riesgo y acercarlos a la experiencia de las drogas. 2
A nivel neurológico y en comparación con el cerebro adulto, el cerebro adolescente se caracteriza por presentar una región cortical prefrontal más amplia, una mayor tasa de forma‐
ción de células cerebrales nuevas (neurogénesis), especialmente en hipocampo, una intensa “poda” sináptica y mielinización, y una extensa reorganización en la inervación de algunos sis‐
temas de neurotransmisores (glutamato, serotonina, dopamina, etc.) en regiones concretas del cerebro. Estos cambios neuromadurativos afectan sobre todo a estructuras límbicas y tem‐
poromediales, que son claves en el aprendizaje, la memoria y el procesamiento afectivo, y a regiones prefrontales, implicadas en lo que, de forma genérica, se conoce como funciones eje‐
cutivas. A pesar de la variabilidad de los resultados obtenidos en las investigaciones sobre el rendimiento neurocognitivo en los adolescentes, si parece haber mayor consenso a la hora de reconocer una cierta mejora del mismo en procesos como atención, velocidad de proce‐
samiento o memoria, especialmente episódica, debido al desarrollo de la corteza frontal y de las áreas temporomediales. Con respecto a las funciones ejecutivas, durante la adolescencia se puede observar una mejora funcional en este ámbito; aspectos como la flexibilidad cogni‐
tiva, el control inhibitorio, la planificación o la toma de decisiones se van configurando de un modo similar al que persistirá en la adultez. Todo ello está claramente relacionado con el desarrollo y maduración de los circuitos prefrontales y el progresivo control que dichos cir‐
cuitos van asumiendo en la programación conductual modulando circuitos más primarios. Estas funciones que todavía están consolidándose durante la adolescencia son aque‐
llas más sensibles al consumo abusivo de alcohol. Son funciones que dependen de la integri‐
dad y correcto desarrollo de áreas cerebrales parcialmente inmaduras y sobre las que el al‐
cohol ejerce su efecto tóxico en mayor medida. Además, la existencia de los cambios neuro‐
madurativos en la neurotransmisión y la plasticidad neuronal hacen que el cerebro adolescen‐
te sea más vulnerable que el adulto a la presencia de cualquier agente tóxico. Las dificultades metodológicas y, especialmente, éticas han motivado el desarrollo de modelos animales para llevar a cabo estos estudios. Esto permite ver la respuesta de los suje‐
tos, ratas adolescentes o adultas, en determinadas tareas realizadas bajo la influencia del alco‐
hol o ver los efectos neurotóxicos sobre diferentes áreas cerebrales, sin embargo, no permite estudiar el efecto de los factores psicosociales sobre el consumo. Así, diferentes estudios han demostrado que las ratas adolescentes muestran una menor sensibilidad a la intoxicación etíli‐
ca y a la posterior “resaca”, una mayor desinhibición social como consecuencia del consumo de alcohol o un peor rendimiento en tareas que requieren memoria que las ratas adultas. Lo anterior nos muestra que el cerebro adolescente es más vulnerable que el cerebro adulto a los efectos neurotóxicos del alcohol y que las consecuencias a medio y largo plazo pueden ser peores ya que desarrolla antes tolerancia al alcohol y por consiguiente, aumenta el riesgo de padecer dependencia alcohólica en el futuro. El alcohol, por tanto, podría alterar el neu‐
rodesarrollo adolescente y, de esta forma, condicionar de forma significativa sus oportuni‐
dades futuras en el ámbito educativo, laboral o social. Alcohol y rendimiento cognitivo en la adolescencia Los estudios con modelos animales han demostrado que, incluso a corto plazo, es posi‐
ble observar una mayor degeneración neurológica y deterioro conductual y cognitivo en aque‐
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llos animales sometidos a una pauta intensiva de consumo irregular frente a la regular. El aná‐
lisis del cerebro de las ratas sometidas a la réplica del modelo de consumo intensivo episódico revela como, por encima del resto de estructuras, resultan dañadas las áreas asociativas córti‐
co‐límbicas. El consumo intensivo de alcohol provoca pérdida neuronal y aumento de la micro‐
glía, lo que implicaría un cambio permanente de la estructura y la función de las regiones ante‐
riores del cerebro, particularmente de la corteza prefrontal. También se ven afectadas las es‐
tructuras temporomediales, especialmente el hipocampo, donde también se ha observado una inhibición de la neurogénesis. Las diferencias metodológicas han proporcionado resultados bastante diversos. En general, los adolescentes que practican el consumo abusivo discontinuo (fines de semana) de manera regular muestran un menor rendimiento neuropsicológico, en comparación con los no consumidores o con consumidores no intensivos, en tareas que requieren atención soste‐
nida, memoria episódica, memoria de trabajo y otras en las que participan funciones ejecuti‐
vas. También es frecuente que presenten alteraciones emocionales con más frecuencia y mayor intensidad que los no bebedores. Alcohol, Funciones ejecutivas y Memoria espacial Hemos llevado a cabo una investigación sobre los efectos del consumo binge drinking sobre tareas que dependen del funcionamiento de la corteza prefrontal y el hipocampo en una muestra de estudiantes universitarios. Hemos considerado tanto el hecho de consumir o no consumir alcohol como el tiempo que llevaban consumiendo. Los resultados muestran que los sujetos que consumen alcohol en gran cantidad ob‐
tienen peores rendimientos en ambos tipos de pruebas que los que no consumen e, incluso en algunas, peor que los que consumen moderadamente. Algo similar ocurre cuando consi‐
deramos la historia de consumo, ya que los que llevan más tiempo bebiendo de modo regu‐
lar obtienen peores resultados. No obstante, parece haber una mayor afectación en tareas que implican funciones ejecutivas, lo que nos hace pensar que, a esas edades, los efectos del alcohol afectan más a la corteza prefrontal que al hipocampo. Alcohol, personalidad y actividad prefrontal. El objetivo de este otro estudio ha sido el de buscar perfiles, tanto de personalidad como de actividad prefrontal, que diferencias a los consumidores de los abstemios en alum‐
nos de educación secundaria. La corteza prefrontal alberga los circuitos que soportan bási‐
camente nuestros rasgos de personalidad y ya hemos visto que el consumo abusivo de alco‐
hol afecta a esta zona cerebral. Para ello, se evaluó a los sujetos en tareas que implican funciones ejecutivas y me‐
diante cuestionarios de personalidad, rasgos psicopatológicos, autocontrol y similares. Los resultados pusieron de manifiesto la presencia de diferencias en los perfiles psi‐
copatológicos y de personalidad, pero sobre todo mostraron que todos los estudiantes con‐
sumidores de alcohol presentaban una sintomatología disejecutiva significativamente mayor 4
que los no consumidores. Es decir, su capacidad de planificación, toma de decisiones, inhibi‐
ción de respuesta o autocontrol era menor que la de los abstemios. Conclusiones. De todo lo anterior podemos concluir que las funciones que dependen de la corteza prefrontal parecen estar más alteradas que las que dependen del hipocampo, si bien, en ambos casos aparece cierto déficit con respecto al rendimiento de los abstemios. Además, tanto la cantidad consumida como la historia de consumo son factores de riesgo. Los adolescentes que consumen alcohol de manera abusiva muestran ciertos rasgos psicopatológicos y de personalidad que les diferencian a los bebedores de los abstemios y que, en general, tienen un carácter menos favorable. Además, los bebedores muestran com‐
portamientos disejecutivos, es decir, determinados comportamientos que son el resultado de alteraciones sutiles, que sin llegar a ser motivadoras de atención psicológica, si que pue‐
den interferir en su desempeño en la vida cotidiana. Teniendo en cuenta las edades de los sujetos que han participado en los estudios, las previsiones solo pueden ser negativas en el caso de de no moderar el consumo de alcohol, ya que las alteraciones neuronales se irán consolidando y pasando a formar parte definitiva‐
mente de la arquitectura cerebral de estos sujetos para el resto de su vida. 5
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