V. Lenguaje. - Psiquiatria.com

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V. Lenguaje.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM. 2005; 9(3)
Fernando Ruiz Rey.
Psiquiatra
Raleigh, NC. USA
PALABRAS CLAVE: Epistemología, Maturana, Cognición, Lenguaje, Mente, Psicología, Sistema autopoiético, Biología, Filosofía,
Construccionismo.
Lenguaje
El Dr. Maturana propone que el ser humano se encuentra y se realiza en su capacidad de hablar, la que denomina
con el áspero neologismo “lenguajear” para enfatizar la dimensión activa del fenómeno del lenguaje; escribe:
“nuestra forma particular de vivir, la manera humana de vivir en el lenguaje”.(9;IV:1) El autor señala que hay
animales que viven con el lenguaje, pero el ser humano es el unico animal que vive en el lenguaje “El lenguajeo
ocurre en la praxis del vivir. Nosotros seres humanos nos encontramos como sistemas vivos inmersos en
él” (1;8:4) El lenguaje no es un instrumento ni un medio de comunicar significados o representaciones mentales,
es una conducta del ser vivo que posee un cerebro lenguajeante, otorgado por la filogenia; por eso el Dr.
Maturana escribe: “Como tal, el lenguaje es un flujo de coordinaciones recursivas de conducta que ocurre a través
de operaciones estructurales actuales de nuestras interacciones, y envuelve la dinámica de cambios estructurales
en los participantes que sigue un curso en cada uno, contingente a cada momento del flujo de las coordinaciones
recursivas de conductas en las que participan.” (14:3)
El autor habla de coordinaciones de la conducta cuando se establece una interacción de correspondencia con un
congénere, una co-relación -co-ordinación de acciones-, esto es, se produce, según el biólogo una
“comunicación” (13:8-9). Como la actividad cerebral es circular recurrente, se produce una nueva interacción de
co-ordinación de la interacción de co-ordinación inicial, con lo que surge el lenguaje, que se va a desarrollar en
base a interacciones de co-ordinación de interacciones de co-ordinación sucesivas. En estas interacciones
coordinadas (en correspondencia) se genera lo que un observador considera un área consensual. El Dr. Maturana
escribe:”Los dominios de co-ordinaciones de acciones consensual, son normalmente, resultados espontáneos de
operaciones de sistemas vivientes en interacciones recurrentes.” (6:16) Cuando se genera este campo
consensual, el observador distingue un dominio fenoménico, que para el Dr. Maturana es esencial; escribe:”...
Afirmo que cuando esto ocurre, sucede el lenguaje, y que el fenómeno del lenguaje ocurre en el flujo de las coordinaciones consensuales de co-ordenaciones consensuales de acciones entre organismos que viven juntos en
una deriva estructural co-ontogénica.” (6:16)
El lenguaje emerge de un protolenguaje, el Dr. Maturana explica: “...el lenguaje es una co-ordinación consensual
recursiva de acciones. Las co-ordinaciones de acciones consensuales básicas que son operacionalmente previas al
lenguaje las llamo co-ordinación de acciones lingüísticas, y el dominio de estas co-ordinaciones de aciones
consensuales básicas, las llamo dominio lingüístico de primer orden.” (6:17) El lenguaje que sigue a estas
interacciones básicas de co-ordinación, al producirse la recursión de co-ordenaciones, es un dominio lingüístico de
segundo orden. Todas estas coordinaciones de acciones ocurren en base a cambios estructurales en los sistemas
interactivos. Según el autor, el dominio interno del sistema: fisiología, y el dominio consensual no intersectan,
pero uno es función del otro.
El sistema nervioso opera dinámicamente de modo que va cambiando constantemente en sus interacciones
internas y externas; sus estructuras que determinan la acción presente, son el resultado de esta dinámica y
encierran la historia de los cambios. Esta característica del sistema nervioso, según el autor, posibilita la dinámica
del dialogo del lenguaje.
El sistema nervioso puede conducir a coordinaciones de conducta comunicativa, por la capacidad de este sistema
de distinguir los estados de actividad relativa neuronal proveniente de las relaciones que ocurren en el cerebro
mismo: ‘relaciones puras’ como las denomina el Dr. Maturana, de la actividad relativa neuronal provocada
directamente de puntos externos al cerebro (medio ambiente y otras zonas del organismo). Esto permite al
cerebro:“interactuar con sus propios estados como si fueran entidades independientes, [y] entrar estos estados
como factores moduladores en el continuo de la conducta.” (4:27-28) También el cerebro:”...puede interactuar
con las representaciones de sus interacciones (y por tanto del organismo) de manera recursiva
interminable.” (4:27) Representación en este contexto se refiere a la actividad relativa neuronal que corresponde
a las interacciones que el cerebro realiza en sus interfases.
El Dr. Maturana explica que dos sistemas vivos pueden interactuar de modo que la conducta de cada uno depende
de la conducta del otro como es el caso de dos animales en lucha. Pero otros seres vivos, como el ser humano,
pueden influir la conducta de otro de un modo diferente al anterior; este tipo de interacción es la conducta
comunicativa, base de la conducta lingüística (por ejemplo sonidos vocales, gestos que efectúa un animal a otro
para orientarlo). Esta conducta no genera un entrelazamiento conductual, como en la lucha, sino que un
organismo ‘orienta’ a otro:..”dentro de su dominio cognitivo [del orientado] a una interacción de la cual sigue una
conducta paralela a la del primero [conducta del orientador], pero no relacionada a ella...” (4:31). Me parece que
si esta conducta de orientación es de verdad orientación, implica que el organismo que orienta desea y decide
orientar a otro organismo que percibe que puede ser orientado hacia un ‘dominio cognitivo’ que le pueda
interesar, concretamente hacia un ‘objeto’ de la experiencia vivida (comida, agua, peligro, etc.). En caso
contrario, en que la conducta de orientación no, tiene intención comunicativa (contactar al otro), si sólo ocurre
porque ocurre, no tiene efecto de orientación para el otro, salvo que éste se percate casualmente de élla y la
aproveche para su beneficio; pero en este caso no hay comunicación. Una conducta de orientación para que sea
tal, requiere que el organismo orientador y el organismo orientado, no sólo tengan la capacidad neuronal para
establecer comunicación, sino que además tengan la intención de comunicarse. Utilizar el vocablo “orientación”,
sin atribuirle la intención de orientar, es mutilar su significado para encajarlo en conductas aparentemente sin
ninguna mentalidad. Toda esta gama de decisiones y conductas descritas por el autor,necesita más que un
sistema autopoiético de carácter físico-químico para operar de la manera descrita.
La conducta de orientación provoca en el cerebro del orientado, un estado de actividad neuronal que corresponde
al captar y responder a esa conducta de orientación y, que según el Dr. Maturana:”...puede en principio ser
tratada por el sistema nervioso como una unidad de interacciones,.....como si fueran independientes.” (4:31)
Curiosamente para el Dr. Maturana, esta unidad de interacciones en el cerebro del orientado:“...encierra las
relaciones generadas en la interacción y representa la conducta del segundo organismo [orientado] (descripción
de su nicho) connotada por la conducta orientadora del primero.” (4:31) Todos estos aspectos: conducta de
orientación en el medio ambiente del organismo orientador más la reacción del organismo, son recogidos –como
producto de la interacción- en el cerebro del organismo orientado, en forma de actividad neuronal relativa: unidad
de interacción. El cerebro del organismo orientado, en virtud de la capacidad de interactuar con “relaciones
puras”, interactúa con su unidad de interacción; escribe el autor:“...puede así interactuar con representaciones de
su propias descripciones de su nicho como si fueran entidades independientes. Esto genera aún otro dominio de
interacciones (y de aquí, otra dimensión en el dominio cognitivo), el dominio de interacciones con
representaciones de conducta (interacciones), interacciones orientadoras incluidas, como si estas
representaciones fuesen entidades independientes dentro del nicho: el dominio lingüístico.” (4:31)
Todos estos procesos de interacción ocurren en el interior del cerebro y son por tanto, estructuras físico-químicas.
No obstante, el Dr. Maturana utiliza términos como “representaciones” y “descripciones” que son propios del
lenguaje conciente, de acuerdo a la tesis del autor. Es imposible imaginar una “descripción” o “representación” en
interacciones físico-químicas de actividad neuronal relativa. El Dr. Maturana continua:”Si un organismo puede
generar una descripción comunicativa y luego interactuar con su propio estado de actividad que representa esta
descripción, generando otra tal descripción que orienta hacia esta representación..., el proceso puede en principio
ser realizado de una manera recursiva sin fin, y el organismo llega a ser un observador: genera un discurso como
un
dominio
de
interacciones
con
representaciones
de
descripciones
comunicativas
(conductas
orientadoras).” (4:31-32) El Dr. Maturana además, atribuye carácter de “orientación” a algunos de estos procesos
de actividad neuronal lo que es realmente asombroso e impensable, salvo que todos estos procesos sean
“descripciones” de un observador que atribuye a los procesos neuronales un carácter que no poseen; los procesos
neuronales de actividad relativa son reacciones físico-químicas sin ninguna capacidad de realizar “descripciones”,
ni “distinciones” (propiedades del observador).
El Dr. Maturana insiste en reducir la comunicación lingüística a formas conductuales, sin significado, y sin
transmisión de información de un mundo externo del cual hablar; no obstante, escribe con respecto a la función
de la conducta de orientación:”su función es orientar al orientado [organismo que recibe la orientación] dentro de
su dominio cognitivo sin consideración al dominio cognitivo del orientador, se hace aparente que no hay
transmisión de información a través del lenguaje...” (4:36) Esta afirmación resulta inaceptable, porque, si una
conducta tiene la función de orientar, significa que se realiza con el fin de comunicar algo a alguien, y para que se
genere ‘comunicación’, este alguien debe estar receptivo a esta conducta. El Dr. Maturana no lo ve así y sostiene
que la conducta de orientación sólo ‘incita’ al organismo orientado: “a elegir donde orientar su dominio cognitivo;
la elección es causada por el ‘mensaje’, pero la orientación así producida es independiente de lo que el mensaje
representa para el orientador.” (4:36) Pero esta es otra afirmación forzada y confusa para hacerla calzar en la
tesis, evitando la idea de la comunicación y recepción de un “mensaje”. En el contexto ofrecido por el autor, el
“mensaje” incita al organismo orientado a reaccionar independientemente de este mensaje. Pero si imaginamos
un organismo que emite un gruñido para indicar –orientar- un peligro, el organismo orientado –si se establece
comunicación- se percata de la señal de peligro, la evalúa, y lo que resuelva hacer do élla, es de su elección y no
está terminado por el mensaje; pero el mensaje lo recibe.
El Dr. Maturana piensa que la conducta de orientación no está genéticamente determinada. La orientación de un
organismo a otro puede ser hacia distintos dominios cognitivos (comida, peligro, etc.); esta es una conducta que
se aprende en las interacciones, y así puede responder a la presión selectiva de la evolución. El autor opina que
de este modo se origina:”...el sistema de interacciones consensuales cooperativas entre los organismos que es
lenguaje natural.” (4:34). El área de interacciones de orientación consensual emerge cuando las interacciones de
dos organismos son comparables; el Dr. Maturana escribe:”El consenso surge sólo a través de interacciones
cooperativas en las que la conducta resultante de cada organismo sirve al mantenimiento de ambos.” (20:36) El
Dr. Maturana sostiene que el área consensual emerge cuando hay interacciones comparables de los integrantes –
“interacciones cooperativas”- que son beneficiosas para el grupo consensual y posibles fisiológicamente por el
mecanismo de recursión; no hay mensajes informativos, a lo más, conductas de orientación, que como el autor
propone –paradójicamente- no transmiten ningún tipo de información, ni tienen la intención de establecer
contacto. El autor puntualiza claramente que la conducta de cada sistema es resultado del dominio cognitivo de
cada uno, sin consideración del mensaje de orientación, la respuesta lingüística de cada organismo es
dependiente y “...estrictamente determinista...” (4:37) de la dinámica estructural de la que nace. Por esto, el Dr.
Maturana sostiene que las palabras del lenguaje orientan y se entienden desde el proceso interno del organismo
que las produce; la semántica y la sintaxis no rigen la producción del discurso, son ‘descripciones’ de un
observador, por tanto, externas al origen y desarrollo del lenguaje y aparecidas a posteriori.
Porque la producción de lenguaje es un proceso determinado por la dinámica estructural del sistema, el Dr.
Maturana señala que: “La conducta cooperativa que se puede desarrollar entre los organismos interactivos de
estas interacciones comunicativas es un proceso secundario independiente de su efectividad operativa.” (4:36-37)
Las palabras dependen de la dinámica estructural del sistema que las produce y: “...las transiciones de estado a
estado como procesos internos en cualquier sistema, no están relacionados a la naturaleza de las interacciones
que producen. Cualquier correlación entre diferentes dominios de interacciones yace exclusivamente en el dominio
del observador, como relaciones emergiendo de su interacción simultánea con ambos” (4:39) Pero, si el lenguaje
es generado por la estructura dinámica de un organismo y, si se entiende básicamente desde el sistema que lo
genera, el diálogo consensual queda reducido a monólogos de los participantes, ya que el lenguaje del otro no
comunica “mensaje”, ni determina o induce una respuesta con sentido; una conducta que sólo ‘incita’ sin
intención de establecer una auténtica comunicación. Pero, si un organismo decide realizar una conducta de
orientación (no todas las conductas verbales y gestos son necesariamente de orientación), indica un propósito, un
fin que trasciende al sistema que orienta, un reconocer al otro como ‘comunicable’, con su propia existencia, lo
que es contrario a la ontología constitutiva del autor. Creo que las explicaciones que el Dr. Maturana da con
respecto a la conducta de orientación son ambiguas y sugieren más de lo que se insiste en afirmar; tal vez, para
facilitar su aceptación.
El papel que juega el lenguaje, según el Dr. Maturana no es hablar de un mundo externo, ni de su sentido o
significado, sino que: ...”la creación de un dominio cooperativo de interacciones entre hablantes a través del
desarrollo de un esquema común de referencia, aunque cada hablante actúa exclusivamente dentro de su dominio
cognitivo donde la verdad última es contingente a la experiencia personal.” (4:67-68) La conducta de orientación
que conduce a la cooperación, no es, en términos del autor, un llamar la atención a otro sobre un aspecto de la
realidad objetiva, sino que una señal que incita a desarrollar un “esquema común” que se genera
independientemente en ambos sistemas; ésto, además de bordear la contradicción, implica el reconocimiento de
la presencia de un “otro”, con su propia capacidad de participar en el proceso, un otro que vas más allá del
organismo orientador.
De las explicaciones del Dr. Maturana se puede desprender que, el lenguaje sólo aparentemente rompe el
absoluto aislamiento del ser humano en cuanto organismo biológico autopoiético, para ilusoriamente conectarlo
con los demás que supuestamente no existen realmente. Esta conclusión es obviamente anti-intuitiva y, el mismo
el Dr. Maturana asigna al consenso y al lenguaje un carácter interactivo y creador de cultura en la que vive el ser
humano. Pienso que este aspecto de la tesis es claramente ambiguo, para no decir francamente contradictorio.
El supuesto del Dr. Maturana es que somos lenguaje, o sea, el lenguaje no es un instrumento de la vida de los
seres humanos, sino que vivimos en el lenguaje. El mundo en que vivimos los seres humanos emerge del vivir en
el lenguaje: “y cualquier configuración de conversaciones que comienzan a ser conservadas en nuestro vivir, llega
a ser así, el mundo que vivimos” (11;1:4)
El Dr. Maturana acepta la presencia inicial de una vida inmediata y espontánea del observador -ser humano-,
aunque, más bien de carácter lingüístico, que al hablar de ella se traslada al pasado; de este modo se entra en el
ámbito de la reflexión. Escribe el autor: “La descripción de la experiencia no puede reemplazar lo vivido sólo
puede ponerla en el ámbito de la mirada reflexiva y así constituirla como elemento del mundo humano que es el
mundo que surge en el lenguajear.” (17:2-3) El centro de operaciones de la tesis del biólogo está instalado en el
lenguajear, que es constitutivo del mundo humano porque, el mundo espontáneo de la praxis de vida del
observador es lenguajeante y porque la reflexión de esas “descripciones” del lenguajeo es realizada en el
lenguaje. Por tanto, el autor afirma que se puede hablar en presente de la vida inmediata: “El mundo humano
como mundo que se vive en el lenguajear en la generación de dominios de coordinaciones de coordinaciones de
haceres, se puede vivir como un continuo presente que se vive en su mero ocurrir sin reflexión que mire el curso
de ese vivir.” (17:3)
Como ya hemos visto, el Dr. Maturana distingue dos dimensiones de existencia en los seres vivos, escribe el
autor: “Una es su fisiología. Su estructura. La otra, sus relaciones con otros, su existencia como totalidad. Lo que
nos constituye como seres humanos es nuestro modo particular de ser en este dominio relacional donde se
configura nuestro ser en el conversar, en el entrelazamiento del ”lenguajear” y emocionar. Lo que vivimos lo
traemos a la mano y configuramos en el conversar donde somos humanos. Como entes biológicos existimos en la
biología donde sólo se da el vivir”. (18) (Para el autor, vivir es lenguajear). Según el Dr. Maturana, la dinámica
interna de un sistema vivo –su fisiología- es recursiva y abierta a los estímulos de los componentes del sistema y
del ambiente, y esta característica de dinámica recursiva: “es lo que permite la producción del lenguaje en cuanto
éste emerge cuando la recursividad interna de los estados dinámicos del sistema nervioso acopla con la
recurrencia de la coordinaciones sociales como un proceso continuado en la generación de la conducta
social.” (1;6:4) En palabras del autor: “la conducta recursiva lingüística no es una operación del cerebro, y no
está determinada por ningún rasgo particular del sistema nervioso”. (9;IV:4) La conducta lingüística ocurre en el
dominio consensual que por las interacciones recursivas entra en el dominio consensual de segundo orden; el Dr.
Maturana señala: “de una manera tal, que los componentes de la conducta consensual son combinados
recursivamente en la generación de nuevos componentes del dominio consensual, se establece un
lenguaje.” (2;34:50-51) Como hemos visto, el Dr. Maturana insiste en varias partes de su obra en que la
conducta de un organismo está determinada exclusivamente por la estructura dinámica del sistema. Sin embargo,
en esta cita el autor parece otorgar a las interacciones consensuales un cierto grado de autonomía, lo que es
comprensible si se considera que para la formación de una cultura se requiere creatividad y flexibilidad, no
provista por las leyes naturales que rigen la dinámica estructural de los sistemas. El Dr. Maturana está consciente
de la dificultad de combinar el determinismo estructural, base biológica del lenguaje, con las posibilidades que
otorga al lenguaje; el autor escribe:“Nuestro vivir en lenguaje no viola el determinismo estructural en general, ni
nuestra condición como sistema determinado por la estructura.” (5:12) Esta área de lo que determina
(estructuras del sistema) y condiciona (interacciones consensuales), me parece que es tratada en la tesis en
forma confusa y ambigua.
El lenguaje emerge en el flujo de la coordinación de conductas consensuales, no es el resultado de ningún gesto,
sonido o actitud, que ocurra fuera de dicho flujo. el Dr. Maturana explica que el lenguaje:”Es como el movimiento
visto en una película que existe como tal sólo en cuanto el filme ruede.” (5:12) El filme rodando corresponde a los
acoplamientos congruentes con los integrantes del grupo consensual y, el movimiento, sólo es una ilusión del
observador que aparece en una segunda recursión en la que el observador hace la distinción del proceso como
descrito; explica el autor: “existimos en el flujo de vivir juntos en las coordinaciones recursivas de conducta que
es el lenguaje.” (11;1:3) Esto es, vivimos: “...en un flujo de coordinación consensual de coordinaciones de
conducta consensual, y es como tal, un dominio de coordinaciones de coordinaciones de acciones.” (11;1:3) El
lenguajear ocurre entonces como una manera de vivir en interacciones recurrentes, visualizadas por el observador
como coordinaciones consensuales recursivas de coordinaciones consensuales de conductas. En otras palabras,
vivimos espontáneamente en el lenguajeo, y la explicación de este como un proceso de coordinación consensual
de acciones es realizado por el observador como mera explicación, una explicación superficial, porque, de acuerdo
con la tesis, la explicación más acertada es que el lenguaje es un proceso determinado por la estructura con
estímulos desencadenantes del grupo consensual.
El Dr. Maturana propone que sólo en el observador (el observador también se observa a sí mismo) se da
propiamente el lenguaje: “es sólo para un observador que tal red de correlaciones recursivas sensorio-efector
llegan a ser lenguaje -constituyen un meta dominio (con respecto a la operación del sistema nervioso) donde las
explicaciones y el observar ocurren- cuando las interacciones recurrentes de un organismo llegan a ser un sistema
recursivo de coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de acciones.” (1;9:6) El dominio
consensual se constituye en las descripciones del observador (también el dominio fisiológico); el lenguaje se
constituye como lo que es verdaderamente, en el observador. El lenguaje espontáneo que no es objeto de una
“distinción” de un observador, es mera conducta lenguajeante de un sistema autopoiético, y como ya hemos
comentado, un monólogo con “otros” (que no existen) y que en el mejor de los casos estimulan al parlante de una
manera inespecífica.
El lenguaje surge en la interactividad consensual, pero el oír el lenguaje –explica el biólogo- o tal vez podríamos
decir, el entender lo que dice el lenguaje, es un fenómeno interno del organismo; sin embargo, me parece que
para entender u oír el lenguaje se requiere que alguien lo entienda, salvo que se proponga que el lenguaje se
entiende a sí mismo, que pareciera es lo que sugiere la tesis que estudiamos; de este modo, el lenguaje pasa a
llenarse de las complejas cualidades humanas y con éllo, a participar del misterio de la vida humana: cesa de ser
una simple conducta de un sistema autopoiético. El Dr. Maturana escribe: “lo que oímos es como un
acontecimiento interno en nosotros, no lo que otro dice, aunque lo que oímos es desencadenado por él o
élla.” (11;1:1) Pero habría que señalar que, si distintos estímulos desencadenantes desencadenan diferentes
cambios estructurales entonces, los estímulos desencadenantes poseen especificidad y, por tanto, han de jugar un
papel estructurador en los cambios de estado de las estructuras del sistema. La generación del lenguaje no es por
tanto indiferente, ajeno al carácter de los estímulos desencadenantes que abren una amplia ventana hacia el
exterior en el sistema.
El lenguaje se da y pertenece al dominio de lo relacional del ser humano; en palabras del Dr. Maturana:”el
lenguaje ocurre como un sistema de interacciones recurrentes en un dominio de acoplamiento
estructural.” (1;8:4) El lenguaje fluye, nos dice el autor: “en coordinaciones consensuales recursivas de conducta,
es una manera de vivir en coordinaciones de hacer” (16:2) El biólogo sostiene que, este dominio de interacciones
recurrentes aparece en la evolución, ya se encuentra en los primates; El Dr. Maturana explica que estos
organismos: “viven en un dominio lingüístico bien establecido, ésto es, un dominio de coordinaciones de conducta
consensual. Una primera actividad recursiva del cerebro en este dominio de conducta lingüística en la vida de
estos animales constituirá el lenguaje y el “lenguajear”. Al acoplarse la actividad cerebral circular con el flujo
lineal del “lenguajear” del medio, el cerebro, según el autor, “llega a ser un cerebro “languajeante” ”. (9;IV:4,)
Este proceso, según el autor, es producto de la evolución.
El Dr. Maturana sostiene que el lenguaje es considerado corrientemente como: “un sistema de comunicación
simbólico denotativo, compuesto de palabras que denotan entidades, no importando el dominio en que puedan
existir estas entidades.” (2;34:50) Pero para el Dr. Maturana, la denotación no es una operación lingüística
primitiva, sino que surge de un acuerdo consensual que especifica al denotante y lo denotado; esto es, no se trata
de otorgar a una palabra un significado en base a un objeto ‘real’, sino que la denotación lingüística ocurre a nivel
de las interacciones consensuales. La denotación del lenguaje es el resultado de:”meramente una operación
recursiva consensual, [que] opera sólo en un dominio de consenso y no, en los procesos a través de los cuales se
realizan las interacciones lingüísticas.” (2;39:53) Por tanto, el lenguaje como tal, debe emerger de otros procesos
más primarios. El Dr. Maturana escribe: “El lenguaje debe surgir como resultado de otra cosa que no requiere
denotación para establecerse, pero que da emergencia al lenguaje con todas sus implicaciones como un resultado
necesario trivial.” (2;34:50) Para el autor, los componentes –miembros- de un grupo interactivo consensual no
operan realmente como denotantes, a lo más, escribe el Dr. Maturana: “un observador podría decir que ellos
connotan los estados de los participantes en cuanto ellos se gatillan unos a otros en la secuencias entrelazadas de
cambios de estados.” (2;34:50) El proceso de denotación entonces, no nace en el dominio consensual inicial,
primario y espontáneo, sino que: “La denotación emerge sólo en un meta dominio como un comentario a
posteriori hecho por el observador acerca de las secuencias de la operación de los sistemas
interactivos.” (2;34:50) El Dr. Maturana delega la connotación (significado de las palabras) a ser un proceso
posterior a las operaciones lingüísticas propiamente tales; el Dr. Maturana también escribe:”Los símbolos son
elementos del flujo las coordinaciones recursivas de conducta consensual, lo que es el lenguajear, que son
distinguidas por el observador como abstracciones de regularidades en ese flujo, y como tales, son secundarias al
lenguaje.” (14:4) Esto significa que para el autor, el lenguaje nace espontáneamente como un proceso conductual
peculiar, lo que llamamos connotaciones y símbolos son abstracciones sacadas de este lenguaje primario en la
interacción consensual; el Dr. Maturana escribe:”Las nociones como transmisión de información, simbolización,
denotación, significado, sintaxis, son secundarios a la constitución del fenómeno del lenguajear en la vida del los
sistemas vivos que lo viven.” (1;8:4) Pero si estos elementos son “abstracciones” del lenguaje realizadas por un
observador, implica que estaban ya en el lenguaje primario en forma compleja y concreta; una abstracción
realizada en una concretidad, no es una invención caprichosa de la mente humana, no puede descartarse como
inventada o ilusoria, siempre indica un aspecto que se encuentra en la concretidad en la que se realiza. Es difícil,
si no imposible, imaginar el lenguaje espontáneo, sin sentido ni significados.
El Dr. Maturana sostiene que las regularidades lingüísticas que se observan en un dominio consensual, pertenecen
sólo a ese dominio en cuanto descrito por un observador. Porque según el Dr. Maturana la regularidad no depende
de: “la fisiología de fondo” (2;36:51), ya que según él, la ciencia biológica muestra que distintas fisiologías
pueden generar una misma conducta. Aquí el autor parece intentar, escindir la conducta por un lado, y la
fisiología por otro para suavizar el determinismo fijo que impregna la doctrina. Con esta maniobra de escisión
genera la impresión de que la conducta es un fenómeno en cierto modo nuevo e independiente de la fisiología. No
obstante hay que señalar que una conducta siempre depende de una fisiología, y esta es siempre determinista, si
nos atenemos al supuesto básico del autor. Como ya hemos visto, el Dr. Maturana postula también, que la
conducta en la interfase de los sistemas interactivos es distinta intrínsecamente a los sistemas que la originan, y
utiliza el ejemplo de la rueda girando sobre el suelo, para ilustrar este fenómeno; ya señalamos las dificultades de
este símil. Tanto el argumento de una conducta generada por distintas fisiologías y el argumento de la conducta
nueva de interfase como intrínsecamente diferente con propiedades diferentes, no son suficientes para explicar
apropiadamente las características del lenguaje, de coherencias, de reflexión y de consciencia que el Dr. Maturana
le atribuye.
El Dr. Maturana sostiene que el lenguaje es el producto de fenómenos recursivos de interacciones de
coordinaciones consensuales, y con éllo emergen nuevos fenómenos; escribe el autor: “El lenguaje es un sistema
recursivo consensual de coordinaciones de acciones, en el que cada coordinación consensual de acción se
convierte en un objeto mediante una recursión en las coordinaciones consensuales de acciones, en un proceso
que se constituye en la operación de distinción que lo distingue y constituye el observador.” (1;9:3) La aparición
del observador es un fenómeno emergente que para el Dr. Maturana no requiere más explicación que la dada en
otras secciones de su trabajo con el ejemplo de la rueda ya mencionado anteriormente: recursiones que generan
fenómenos nuevos con características diferentes e inesperadas. Pero, como ya hemos señalado, la analogía de la
rueda no es válida, porque de lo físico-químico no se puede pasar a lo vivencial como se pasa del movimiento
circular al lineal, en contacto con el suelo: la emergencia del movimiento lineal es explicado por las mismas leyes
naturales aplicables a todos los fenómenos envueltos, pero las leyes físico-químicas que explican el determinismo
estructural no explican lo vivencial.
Para el autor nuestra humanidad se realiza primariamente en el habla, no en nuestra corporalidad, incluyendo al
cerebro, aunque ambos son necesarios para que ocurra el fenómeno de “lenguajear”. El lenguaje no es producto
directo de ninguna capacidad o facultad especial del cerebro. No obstante el lenguaje necesita del organismo para
aparecer; escribe el autor: “aunque el lenguaje no ocurre en la corporalidad del sistema vivo, la estructura del
sistema vivo debe proveer la diversidad y plasticidad de los estados requeridos para que ocurra el
lenguaje.” (1;9:4) El Dr. Maturana explícitamente señala que: “Las interacciones del lenguaje no ocurren en un
dominio de abstracciones; por el contrario, estas ocurren en la concretidad de la corporalidad de los participantes.
Las interacciones en el lenguaje son interacciones estructurales.” (1;8:4) Nos dice también: “Así como cambia el
cuerpo, cambia el lenguajeo, así como cambia el lenguajeo, cambia el cuerpo.” (1;9:3), “Lenguajear es
interactuar estructuralmente.” (1;9:2)
El Dr. Maturana sostiene que todo el organismo –no sólo el sistema nervioso- participan en la emergencia del
lenguaje, y lo integra; de esta manera, el Dr. Maturana explica las reflexiones en soledad, la meditación
consciente, las abstracciones poéticas, las operaciones lógicas, el entendimiento etc. Con estas operaciones el
autor abre el mundo de las posibilidades intelectuales porque: “llegan a ser posibilidades inevitables una vez que
el cerebro ha llegado a ser un cerebro “lenguajeante”, porque tal cerebro pertenece a un organismo que ha tenido
una historia epigenética en co-ontogenia con otros seres “lenguajeantes”, en un espacio relacional
multidimensional”. (9;IV:5) El lenguaje entonces ocurre por influencia de los demás en el dominio consensual,
pero sostenido e integrado en la totalidad estructural del sistema orgánico (aunque preferentemente el sistema
nervioso). La vida intelectual interior que describe el Dr. Maturana, es difícil de entender si consideramos que en
el interior del organismo sólo existen estructuras dinámicas (físico-químicas); así que al hablar de vida interior de
carácter intelectual se otorga a ese organismo –humano- una capacidad mental interior que el autor
explícitamente rechaza. El pensar en soledad, el meditar, el anticipar requieren de conceptos abstractos y
operaciones mentales que no pueden ser explicados por las leyes naturales fijas que rigen los acoplamientos
estructurales.
Del modo como el Dr. Maturana describe los procesos interactivos se desprende que lo que parece como
interacción lingüística semántica y contextual en el dominio consensual es sólo una apariencia para el observador
no conocedor de la ‘realidad’ biológica; escribe el biólogo: “lo que ocurre en las interacciones en el dominio
consensual son concatenaciones entrelazadas estrictamente determinadas por la estructura.” (2;37:52) La
conducta de un organismo A, perturba la estructura de un organismo B que a su vez genera una conducta que
afecta al organismo A, y así sucesivamente. Este proceso se detiene de acuerdo al Dr. Maturana, cuando ocurre
un cambio estructural en uno o ambos organismos, generándose una conducta que no pertenece al dominio
consensual inicial o, “porque alguna interacción intercurrente independiente las conduce fuera del dominio
consensual.” (2;37:52). De esta explicación se desprende que el discurso lingüístico se interrumpe fortuitamente
por la interferencia de factores ajenos a cualquier semántica o información que se pueda apreciar en las
“descripciones” de un observador. Es difícil aceptar estas explicaciones: el lenguaje comienza con conductas de
orientación, sin intención de orientar, y el discurso continúa determinado por la dinámica de la estructuras, con
estímulos desencadenantes vagos e inespecíficos de las interacciones consensuales; y termina por razones
fortuitas. Además, si la interrupción del flujo lingüístico es fortuita y el lenguaje está determinado por las
estructuras ¿cómo surge la coherencia del observador que vive en el lenguaje?. Si la coherencia sólo surge en el
observador como mera ilusión de éste ¿cómo surge esa ilusión?
El Dr. Maturana propone que si ocurre una conducta particular repetitiva se desencadena un acoplamiento
estructural en ese organismo que produce una conducta de la misma clase, se genera lo que el Dr. Maturana
llama: “un dominio generativo cerrado de conducta” (2;36:52). Ésto se puede observar en la danza realizada por
los seres humanos y, en algunos aspectos del lenguaje. Se trataría de un mecanismo de retro alimentación –más
bien retro acoplamiento- automático para explicar las regularidades que se observan en esas actividades. El Dr.
Maturana escribe: “En este contexto, la estructura gramatical o sintáctica superficial de un lenguaje natural dado,
puede ser sólo una descripción de las regularidades en la concatenación de los elementos de la conducta
consensual.” (2;36:52) Esta sintaxis superficial puede ser cualquiera: “porque su determinación es contingente a
la historia del acoplamiento consensual, y no necesariamente un resultado necesario de ninguna fisiología
necesaria.” (2;36: 52)
Aún más, el Dr. Maturana propone que: “la ‘gramática universal’ de la que hablan los lingüistas como un conjunto
necesario de reglas subyacentes común a todos los lenguajes naturales puede referirse sólo a la universalidad del
proceso de acoplamiento estructural recursivo que tiene lugar en los humanos a través de aplicación recursiva de
componentes de un dominio consensual, sin el dominio consensual.” (2;36-37:52) Esta capacidad de autoacoplamiento estructural depende solamente del sistema nervioso que opera como una red cerrada. El Dr.
Maturana sugiere que las estructuras del lenguaje que posibilitan la comunicación coherente de significados y
sentido, están comandados por las leyes naturales que rigen la actividad neuronal. Esta proposición intenta
reducir lo complejo a lo simple, regular y repetitivo.
El lenguaje abre importantes posibilidades para el ser humano, con él nace la evolución cultural, independiente
del cerebro en cuanto fenómeno consensual, pero limitado por la necesidad de mantención de la circularidad del
funcionamiento del organismo y por los dominios establecidos en la evolución del organismo. El Dr. Maturana
incluye en el lenguaje cualidades propias de los estados mentales. El lenguaje adquiere en la tesis del Dr.
Maturana una complejidad tal, que no puede ser explicado, simplemente, como una mera conducta determinada
por estructuras.
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