Anunciemos la Palabra de Dios

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Jeremías capítulo 1
En este capítulo se menciona siete veces: “palabra” (“palabra de Dios”, “Mi palabra”). Dios trata
de decirnos algo importante acerca de Su Palabra en este capítulo.
El libro de Jeremías trata acerca de las palabras proféticas de Jeremías dadas por Jehová.
Jeremías era hijo de Hilcías, uno de los principales sacerdotes de Israel durante el periodo de los
2Reyes. Hilcías fue el sacerdote que encontró la ley en la época de apostasía de la nación de
Israel y envió a los otros sacerdotes de segundo orden, a sacar todos los utensilios y las
vestiduras que habían sido hechos para Baal, Asera y todo el ejército de los cielos.
Tanto Hilcías, sacerdote, como Josías rey de Judá; no solo leyeron el rollo, sino que lo pusieron
por obra, acabando con toda imagen y práctica pagana. Pero, el pueblo era rebelde. Los hijos de
Josías -Joacim y Sedequías- no solo vivieron haciendo lo malo delante de los ojos de Dios, sino
que abofetearon y persiguieron a los profetas de Dios, entre ellos estaba Jeremías.
Hace quince días, cuando estudiamos la vida de Isaías, que también es uno de los grandes
profetas de la Biblia; un profeta es uno que anuncia el mensaje de Dios. Y cada uno de nosotros,
está llamado a anunciar el mensaje de Dios. Debemos anunciar tanto al incrédulo como al
creyente; que todos sin excepción tenemos que dar cuentas a Dios. Todos tenemos que dar
cuentas a Dios. El incrédulo por cuanto no creyó será condenado a la muerte eterna.
Y al verdadero creyente, aquél que se tomó en serio el hecho de tomar cada día la cruz, de
presentarse cada día en sacrificio vivo, santo a Él; que padeció por causa de Cristo; ese creyente,
aún ese, recibirá su juicio. Ya no por su condenación si no por su recompensa, por su herencia.
Jeremías fue uno de los profetas usados por Dios para llevar a cabo Su obra en medio de Su
pueblo. Hoy debemos ser esos profetas que anuncien este mensaje: ¡¡¡CRISTO VIENE!!! Y esta
vez ya no será como un niño, ya no es tanto para hacer milagros, sino que viene para juzgar;
viene a darnos nuestro merecido y ¿qué vamos a hacer? ¿qué vamos a hacer con Su
Palabra?
¿Cada cuánto leémos la Biblia a nuestros hijos? ¿cada cuánto leémos la Biblia a nuestros
posibles hijos espirituales? Nuestra misión es discipular y esto se logra solo enseñando la Biblia
a otros y respaldando el mensaje con nuestro ejemplo.
Hace quince días el profeta Isaías nos dejó un reto: “heme aquí envíame a mí”. Hoy, Jeremías
nos dejará otro: ¡ANUNCIEMOS LA PALABRA DE DIOS!
Una vez que somos enviados a anunciar, corremos el mismo riesgo que han corrido la mayoría a
lo largo de la historia. Anunciamos las palabras de Dios o anunciamos nuestras palabras.
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1
El primer punto para esta mañana:
A) La Palabra de Jehová y Su mensaje.
1.1.- (v1) La palabra de Jehová debe estar en mi boca.
Jeremías 1.1 Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que
estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
Sabemos que Dios inspiró Su Palabra y este libro comienza diciendo: “Las palabras de Jeremías”
¿Eran de Dios, o eran de Jeremías? Es lo mismo. Lo que Jeremías anunció fue el mensaje de
Dios, no el suyo.
Hilcías, el padre de Jeremías estaba en el templo y vio un rollo que comenzó a leer y era la ley,
estaba leyendo Deuteronomio o Levítico. Seguramente sus ojos quedaron “grandes” de asombro,
su boca abierta. Colapsó de ver cuanta cantidad de mandamientos no estaban siguiendo. Hilcías
era sacerdote y ¿cómo es que no conocía la ley? ¿cuántas generaciones habían pasado de
sacerdote a sacerdote? Y no habían ni siquiera enseñado a sus hijos la ley y si este era el estado
de los sacerdotes ¿cómo estaban los demás israelitas?
i.
El pueblo de Israel primero desechó la Palabra de Dios y eso los llevó a cambiar la Ley
por dioses ajenos; éstos dioses los llevaron a pecar, olvidando lo que Dios decía. Esto
terminó en la ignorancia; ignorancia que los acercó al pecado aun más; hasta el punto que
Hilcías cuando encontró el rollo rasgó sus vestiduras y fue con el rollo a mostrárselo al
rey Josías quién tampoco conocía este rollo.
ii. Las Palabras de Jehová deben de estar en mi boca y en la de cada cristiano. Es
nuestra responsabilidad anunciar las Palabras de Dios. Pablo sabía que debía anunciar la
palabra de Dios, y esto implicaba que debía ser el mensaje tal y como lo había recibido.
iii. No debemos olvidar que lo que leémos en Jeremías fue realmente una historia. Esto
ocurrió durante el último periodo de los reyes y principios de la cautividad de Babilonia.
Como ya hemos enseñado, cada pasaje en la Biblia tiene su aplicación doctrinal y todo
cuanto se ha profetizado a Israel en el pasado se retomará en la Gran Tribulación, en El
milenio y en la Eternidad futura. Dios no ha terminado con Su pueblo, Pero...
iv. Hoy, debemos comprender que de la misma manera que Dios se permitió decir las
“palabras de Jeremías”, porque fueron las mismas de Jehová; nosotros debemos anunciar
el mensaje de Dios. Pero, para poder lograr eso, debemos comer la Biblia cada dia,
masticarla, saborearla y así hasta que la Palabra de Dios salga por nuestra boca y por cada
uno de nuestros miembros, que nuestros pensamientos sean conforme a los de Dios. ¿Qué
tanto podríamos hablar del mensaje que Dios nos encomendó?.
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Mucha gente teme anunciar el mensaje de Cristo porque no sabe que decir, y dudo que si
no sabe que decir, sepa que fue lo que oyó. Aquí en nuestra iglesia tenemos un curso que
se llama: “¿Está Seguro? ¡Esté Seguro!”. Esas lecciones explican que significa ser
cristiano. Quizá podría comenzar por este conocimiento. Para que sus palabras sean las
mismas Palabras de Dios, fundamentadas en la Biblia, y de este modo comprenda qué
dice la Biblia sobre ser un Hijo de Dios o no serlo, para luego anunciarlo de manera
correcta. Como lo hizo Jeremías.
La palabra de Dios debe estar sobre mi boca y...
1.2.- (v2) La palabra de Jehová está sobre el justo.
Jeremías 1.2 Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón,
rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado.
i. La Palabra de Jehová vino a Jeremías en los días de Josías, como acabamos de leer en el
versículo 2, pero tambien vino en los días de Joacim y Sedequías, según el versćulo 3.
¿Por qué no agrupar a todos los reyes en un mismo versículo? Porque Dios quería que
notáramos la gran diferencia entre estos tres reyes. Recordemos que cada palabra en la
Biblia tiene su importancia, aun el orden de redacción tiene su significado.
a. Josías era el rey que comenzó a reinar desde los 8 años. Se propuso actuar
conforme a las leyes de Dios. Comenzó a eliminar la idolatría y todo lo contrario
a la Ley de Dios. A la hora de restaurar y embellecer el Templo, el sumo sacerdote
Hilcías, encontró en el santuario el libro de la Ley y lo entregó a Safán, el escriba,
que lo leyó ante el rey. Josías quedó perplejo por la profecía que anunciaba las
terribles consecuencias de desobedecer a Dios.
Rasgó sus vestiduras y se humilló ante Dios que, en Su misericordia, le dio la
seguridad que el juicio no caería durante su vida [2Rey 22.8-20; 2Cro 34.15-28]. De
tal manera, que Josias nos recuerda al hombre justo. Durante ese periodo, el
juicio no cayó sobre Josías por la misericordia de Dios ante su humillación y su
obediencia.
b. La palabra de Jehová está sobre los justos, aquellos que como Josías, al oir el
mensaje de Dios, se arrepienten de su pecado e idolatría y procuran humillarse
delante de Dios y obedecer toda Su Palabra. No me refiero a los justos como los
que no han pecado, ya que todos hemos pecado al igual que Josías; me refiero a
aquellos que con un corazón limpio buscan a Dios para obedecerle. Sobre estos,
la Palabra de Jehová es buena, no hubo juicio en la época de Josías a como no
habrá juicio sobre quién siga a Dios en arrepentimento, fe, limpieza y obediencia.
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La palabra de Jehová debe estar sobre nuestra boca, como estaba en Jeremías; también está sobre
los justos, como estuvo sobre Josias y...
1.3.- (v3) La palabra de Jehová está sobre los injustos.
Jeremías 1.3 Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá,
hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la
cautividad de Jerusalén en el mes quinto.
i. Joacim, era hijo del rey Josías. Joacim obligó a su pueblo a pagar tributos, que luego
enviaba al Faraón. Fue infiel a Jehová; fue un idólatra. Jeremías, escribió un rollo con el
juicio de Dios por su pecado, pero Joacim -al leerlo- lo menospreció y lo desgarró con un
cortaplumas, arrojándolo al fuego [Jer. 36]. Su cadáver fue arrojado fuera de las puertas
de Jerusalén y fue enterrado como si se tratara del cadáver de un asno.
ii. Sedequías, su reinado estuvo marcado por el mal. No se humilló ante la Palabra de Dios
por medio del profeta Jeremías. Sedequías fue advertido muchas veces por Jeremías. Se
habían dado dos profecías acerca de él. Una, que Sedequías hablaría con el rey de
Babilonia, [Jer 32.4], y la otra: Sedequías fue llevado ante Nabucodonosor en Ribla [ Eze
12.13], donde mataron a sus hijos en su presencia. Después le sacaron los ojos y fue
encadenado y llevado a Babilonia donde lo encarcelaron hasta el día de su muerte.
Tanto Joacim como Sedequías, tuvieron algo en común: no creyeron las Palabras de
Jehová dadas por Su siervo Jeremías.
a. La palabra de Dios está sobre los injustos, los que no se humillan ante Su
Palabra.
1Corintios 15.1-2 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he
predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual
asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis
en vano.
iii. El problema más grave hoy es que todo el mundo cree. Pero, como acabamos de leer, es
posible creer en vano y quedar condenados por toda la eternidad. Creer es actuar.
¿Cómo es posible que gente venga una y otra vez a esta o cualquier iglesia y sigan igual?
¿por qué es que no somos afectados por el mensaje de Dios? ¡fíjese qué le están
enseñando en su iglesia!
a. Voy a ser tres preguntas:
a.i. ¿Le han ofrecido riqueza y prosperidad en esta tierra, si da su dinero a la
iglesia?
a.ii.
¿Es su iglesia un lugar que lo entretiene para liberar el estrés semanal?
a.iii.
¿Tiene su iglesia un menú bien variado entre semana de actividades
sociales más que de enseñanza bíblica?
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Si su respuesta fue afirmativa en las tres preguntas, la razón de su falta de
compromiso espiritual, es su iglesia, ya perdió la visión bíblica de evangelizar y
hacer discípulos. Pero si está recibiendo sana doctrina ¿por qué no se involucra?
¿cómo es que los primeros cristianos comenzaron? [Hechos 11.26] Ellos se
congregaron, enseñaron a mucha gente.
b. La enseñanza requiere tiempo, entre más tiempo invierta en ser enseñado más
rápido recibirá el mensaje de Dios. Si ya lo recibimos, ¿por qué no lo
anunciamos? ¿por qué no obedecemos el mensaje de Dios? No seamos como
esos dos reyes malos, a pesar de que recibieron el mensaje, no lo obedecieron.
B) La Palabra de Jehová y Su mensajero.
2.1.- (v4-5) El Mensajero y su Condición en Cristo.
Jeremías 1.4-5 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te
formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por
profeta a las naciones.
Vamos a ver cuatro cosas que tenemos en común con Jeremías. La palabra de Jehová vino sobre
Jeremías porque Dios lo formó, lo conocía, lo santificó y lo envió a ser profeta.
Dios:
i. Nos formó. Que casualidad que Dios formara a Jeremías y a nosotros también. A no ser
que creas en la teoría de “Bing Bang”, o que te guste mucho el banano. Dios formó al
hombre. Hay muchos pasajes de la Escritura que podríamos ver acerca de cómo Dios nos
hizo. Pero en Efesios 2.10 dice que Dios nos formó para que andemos en buenas obras,
en las obras que Él preparó para nosotros antes de Él colocara los fundamentos del
mundo.
Dios:
ii. Nos conoció. Hay una frase “trillada” dentro el cristianismo para preguntarse unos a otros
si son cristianos, te preguntan ¿Cuándo conociste a Cristo? ¡Ahhh, fue hace como unos
tres años...! ¿De veras? La pregunta debería ser ¿Te conoce Cristo?, La Biblia dice Mis
ovejas oyen Mi voz y me siguen y Él las llama por Su nombre. ¿Sabe Dios quién eres?
Porque todo el mundo conoce a Dios, pero no siguen Su voz. Jehová le dice a Jeremías
“te estoy llamando porque primero te formé y luego te conocí”. Y creo que en este lugar
hay gente que Dios ya conoce y con nosotros es que estoy hablando. Dios quiere que
comuniquemos Su mensaje porque nos hizo y nos conoce. Romanos 8.29 “Porque a los
que antes conoció...” Dios conoce a Sus siervos.
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Dios:
iii. Nos santificó. Sigue diciendo Romanos 8;29 “…también los predestinó, para que
fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que él sea el primogénito entre
muchos hermanos.” Nuestra predestinación es el destino previo que Dios nos dio. Es
ser hechos conforme a la imagen de Cristo y dice la Biblia “sed santos porque Yo soy
Santo” Cristo nos santificó y debemos ser limpios y puros para Él. Ya nos santificó
-hermanos- de la misma manera que había santificado a Jeremías. Jehová dice “vea
Jeremías ya te formé, te conocí, te santifiqué y…ahora dice y te envié.”
Dios:
iv. Nos envió. Jeremías fue enviado a ser profeta, uno que anuncia el mensaje de Dios. En
la iglesia local Dios constituyó apóstoles (misioneros), profetas, evangelistas, pastores y
maestros. El asunto es que, en todos los casos la boca se debe abrir para comunicar el
mensaje de Dios.
Pero, no todo estaba bien con el mensajero de Jehová. Según Jeremías no todo estaba bien y esta
es la diferencia que les hablaba hace quince días. Isaías respondió: “Heme aquí envíame a mi”.
Pero, a Jeremías se lo comió su carnalidad.
2.2.- (v6) El Mensajero y su condición carnal.
Jeremías 1.6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque
soy niño.
Hay cuatro cosas que Jeremías expone y que no son nada diferentes a las quejas para no anunciar
Su Mensaje hoy día.
Tenemos:
i. Temor. ¡Ah! - Jeremías solo dejó ver su temor, ¡Ah! y…¿cómo no iba a tener temor si se
iba a meter con el pueblo que mataba a sus profetas. Pero, hoy no matan por predicar.
Y es que nos asombramos del llamado, por nuestra carnalidad... “¡Ah! ¿yo anunciar el
mensaje?”. Tenemos que abrir nuestra boca para anunciar el mensaje.
Nos:
ii. Quejamos. “¡ah, Señor Jehová!”, casi como decepcionado “¡Ay usted no sabe!”, ¿Cómo
Dios no va ha saber? El Dios que nos formó, nos conoció, nos santificó, y nos envió...
Claro que sabe, claro que nos conoce; no seamos carnales hermanos....
Somos:
iii. Ignorantes. “no se hablar”, dice Jeremías, y nosotros decimos … .Sí amén, yo tampoco,
entonces ¡ya estamos listos!. Porque Dios requiere, que no sepamos hablar, para poner Su
Palabra en nuestra boca. Moisés tampoco sabía que decir y Dios le dijo cada palabra que
debía hablar... no seamos carnales.
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Somos:
iv. Inmaduros. “soy niño”. Esta es otra buena razón para ponerse a trabajar, ¿cómo es que
maduramos? Creciendo, leyendo la Biblia y obedeciendo lo que dice. Claro que soy
inmaduro, ¿cómo se sentía Pablo? El iba camino a Damasco para seguir aprisionando
cristianos y ahora “¿debo predicarles?” Con razón decía “Ay de mí que soy el más
pequeño”. Somos como Jeremías, no queremos anunciar el mensaje de Dios porque nos
quejamos, tenemos temor o nos creemos inmaduros. Pero, Dios no nos llama por nuestros
propios méritos.
2Timoteo 1.9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a
nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en
Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.
No seamos carnales; por supuesto, debemos conocer lo que somos, pero esto no nos
debe paralizar.
2.3.- (v7) El Mensajero y su co-misión.
Jeremías 1.7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te
envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
En otras palabras, Dios dice y ¿qué? No importa si eres inmaduro, que si tienes temor o si te
quejas. Él es nuestro Padre y Él sabe que debemos hacerlo para madurar y dejar de ser niños.
Hemos visto el Mensaje y como estába sobre la boca de Jeremías, sobre los justos y sobre los
injustos. También, vimos como ese Mensajero. Jeremías se parece a nosotros en su condición en
Cristo, en su carnalidad pero también la co-misión no cambió. Dios desea que seamos Sus
mensajeros a pesar de cuantas excusas queramos poner.
En tercer lugar vamos a ver:
C) ¿Para quién es La Palabra de Jehová?
3.1.- (v8-10) La palabra de Jehová es para Sus siervos.
Jeremías 1.8-10 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte,
dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He
aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre
naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para
derribar, para edificar y para plantar.
i. A Jeremías le dijo: “Yo tengo la solución para tu inmadurez; yo pongo Mis Palabras en tu
boca.” Desgraciadamente, hoy las Palabras de Dios no se ponen en nuestra boca de la
misma manera que lo hizo con Jeremías, de una manera instantánea. Hoy debemos leer
la Biblia cada día y meditar en ella. Lo que Dios le dijo a Jeremías es lo que él debía
hacer. Debía arrancar, destruir, arruinar, derribar, edificar y plantar.
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Cristo ya arrancó, destruyó y derribó todo pecado. Él es la Piedra Angular sobre la cual
edificamos y plantamos. Jeremías tuvo que hacer todo y gracias a la obra de nuestro
Señor, nuestro trabajo se limita a edificar y plantar.
Hoy, Cristo es el Único que puede arrancar, derribar y destruir el pecado en el hombre.
Pero, nosotros somos los responsables de anunciar ese mensaje. Y comenzar a edificar a
Cristo en cada uno de esos corazones arrepentidos. Para esto evangelizamos y
discipulamos. Para que así como Jeremías, edifiquemos y plantemos la semilla de la
Palabra de Dios.
3.2.- (v11-17) La palabra de Jehová es para sus Enemigos.
Jeremías 1.11-12 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú,
Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto;
porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
La vara de almendro en la Biblia es un cuadro del juicio de Dios. Dios utilizó las varas para
juzgar; de esta manera, Aarón se dirigió ante el Faraón. La Palabra de Dios para los enemigos es
juicio y Él vendrá a juzgar al mundo con vara y este es el mensaje que Jeremías debía anunciar a
los enemigos de Dios de aquella época. Y es el mismo mensaje que nosotros debemos anunciar a
los que son los enemigos de Dios en ésta época.
Jeremías 1.13-14 Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo:
¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz está hacia el norte. Me
dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra.
En el norte está ubicado el tercer cielo y esta olla es la misma olla de la cual habla:
Ezequiel 24.3-8 Y habla por parábola a la casa rebelde, y diles: Así ha dicho
Jehová el Señor: Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua; 4 junta sus
piezas de carne en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; llénala de
huesos escogidos. 5 Toma una oveja escogida, y también enciende los huesos
debajo de ella; haz que hierva bien; cuece también sus huesos dentro de ella.
6
Pues así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de sangres, de la olla
herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Por sus piezas, por sus piezas
sácala, sin echar suerte sobre ella. 7 Porque su sangre está en medio de ella;
sobre una piedra alisada la ha derramado; no la derramó sobre la tierra para que
fuese cubierta con polvo. 8 Habiendo, pues, hecho subir la ira para hacer
venganza, yo pondré su sangre sobre la dura piedra, para que no sea cubierta.
Ezequiel 24.9-14 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de
sangres! Pues también haré yo gran hoguera, 10 multiplicando la leña, y
encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los huesos serán
quemados. 11 Asentando después la olla vacía sobre sus brasas, para que se
caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se consuma su
herrumbre. 12 En vano se cansó, y no salió de ella su mucha herrumbre. Sólo
en fuego será su herrumbre consumida. 13 En tu inmunda lujuria padecerás,
porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu inmundicia; nunca más te limpiarás,
hasta que yo sacie mi ira sobre ti. 14 Yo Jehová he hablado; vendrá, y yo lo
haré. No me volveré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré; según tus
caminos y tus obras te juzgarán, dice Jehová el Señor.
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La “olla de carne” es el juicio de Dios sobre toda carne que decidió ofender a Dios; no creyeron
a Su Palabra ni la pusieron por obra y esto ha provocado la ira de Dios. La provocó en aquél
entonces contra la nación de Israel. Pero, el hecho de que Jeremías haya tenido la visión del
almendro que representa juicio y la visión de la olla hirviendo que representa juicio es que la
cosa está firme.
Así como cuando José tuvo dos sueños diferentes pero con el mismo significado y el Faraón con
el sueño de las vacas y las espigas; la cosa está firme, se aproxima un juicio. Y el juicio viene
del norte, y del norte saldrá calor abrazador que hará hervir esta “olla” donde estamos. Y todo
será pasado por fuego; todo será juzgado por Dios. Y esta es la Palabra que debemos anunciar a
quienes están enemistados contra Dios.
Jeremías 1.15-17 Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de los
reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la
entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y
contra todas las ciudades de Judá. Y a causa de toda su maldad, proferiré mis
juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de
sus manos adoraron. Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto
te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar
delante de ellos.
Pero, los enemigos no son solo los inconversos; son los “cristianos” que han recibido la orden
de anunciar el mensaje y que no quieren obedecerla, porque también Dios le dice a Jeremías:
“ciñe tus lomos, levántate, y hable todo cuando te mande; no temas delante de ellos...” ¿por qué?
Porque sino Dios quebrantaría a Jeremías delante de ellos. Eso es lo que dice Jehová en el
versículo 17.
La razón por la cual estamos tan despreocupados viniendo todos los domingos a la iglesia y no
haciendo nada por la causa de Cristo es porque no hemos comprendido que Dios tiene la
capacidad de quebrantarnos delante de este mundo. Por supuesto, quizá algunos aún lleguen al
cielo. Pero, sufriremos pérdida. Dios quebrantará al cristiano que no lleve a cabo Su obra y así
fue como se lo advirtió a Jeremías.
3.3.- (v18-19) La palabra de Jehová es para Su Gloria.
Jeremías 1.18-19 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad
fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta
tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la
tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice
Jehová, para librarte.
El juicio está firme y como ya hemos visto en otros estudios, el hierro, el bronce y todos estos
elementos y estas palabras con las que Jeremías debía hablar a ese pueblo rebelde, implica juicio
y por supuesto para Jeremías no sería una tarea fácil; porque dice el versículo 19: “y pelearán
contra ti”.
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No es fácil, hermanos, anunciar el evangelio en estos días. Los pleitos no son físicos, pero son
más difíciles de ver porque son espirituales. Pero, ésta razón no es suficiente para echarnos para
atrás; porque tenemos la misma promesa que Jehová le hizo a Jeremías.
Dice el versículo 19 en la parte final: “porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.” Y
Jeremías debía esperar por esa liberación. El que tiene al Hijo tiene la vida y ya tenemos nuestra
vida segura en Cristo. Y además mientras estemos peleando en este mundo tenemos el consuelo
del Espíritu Santo que es el mismo Espíritu de Dios acompañándonos en cada misión.
Propongámonos a anunciar el mensaje de Dios.
¿Cómo es que no vamos a anunciar el mensaje cuando sabemos que Dios nos puede destruir
delante de nuestros enemigos si no lo hacemos?
La destrucción no necesariamente es física; será pérdida en la eternidad. Vamos a ser humillados
en el cielo, avergonzados delante de Dios.
¿Cómo es que no vas a creer el mensaje? Cuando sabemos que Dios va a destruir y a condenar al
fuego eterno a todos los que se rebelen contra Él.
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