1 CAE. CENTRO ARQUIDIOCESANO DE EVANGELIZACION

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CAE. CENTRO ARQUIDIOCESANO DE EVANGELIZACION
Santiago de Cali, 23 de agosto de 2016
LA EUCARISTÍA, CENTRO DE NUESTRA MISIÓN
#9
La palabra Eucaristía viene del griego «eu», bueno, y «charis, jaris», gracia: «buena gracia» (en sentido
descendente), o «acción de gracias» (en sentido ascendente).
Los evangelios sinópticos y Pablo (1Co 11) nos transmiten cómo Cristo, en su cena de despedida, encargó
a sus Apóstoles que celebraran el sacramento de su Cuerpo entregado y de su Sangre derramada, bajo la
forma del pan y el vino.
La Eucaristía es el sacramento central de los cristianos, la comida sacramental en que Cristo Jesús se da
como alimento a su comunidad bajo el signo del pan y el vino, para hacerle partícipe de su misma Persona
Gloriosa, su Cuerpo y Sangre entregados de una vez por todas en la cruz y ahora en su existencia pascual
escatológica.
Los frutos de la comunión eucarística los describe así el Catecismo (CEC 1391-1401): por la Eucaristía la
comunidad se une más a su Señor («el que me come permanece en mí y yo en él…vive por mí, como yo
vivo por el Padre»: Jn 6, 56-57); se robustece en su lucha contra el mal y el pecado; crece en fraternidad
eclesial («nosotros, los muchos, somos un pan y un cuerpo, pues todos participamos de un pan»: 1Co 10,
17), mientras siente el deseo de poder celebrarla en plena unidad con todos los cristianos. A la vez se
siente interpelada por la actitud fundamental de Cristo: su entrega por los demás, y trata de imitarlo con
un compromiso en favor de los pobres.
Estructura de la Misa. Sus elementos y partes
En la Misa el pueblo de Dios es congregado, bajo la presidencia del sacerdote, que actúa en la persona de
Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. En la celebración de la Misa, Cristo está
realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su
palabra y ciertamente de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas.
La Misa consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, tan estrechamente unidas
entre sí, que constituyen un solo acto de culto, ya que en la Misa se dispone la mesa, tanto de la palabra
de Dios como del Cuerpo de Cristo. Otros ritos abren y concluyen la celebración.
Ritos iniciales
Los ritos que preceden a la liturgia de la palabra, es decir, el canto de entrada, el saludo, el acto
penitencial, el Señor ten piedad, el gloria y la oración colecta, tiene el carácter de introducción y
preparación. Su finalidad es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunión y se dispongan a oír
como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
Canto de entrada: el fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido
e introducirles en el misterio del tiempo litúrgico o de la fiesta y acompañar la procesión del sacerdote y
los ministros.
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Saludo al altar y pueblo congregado: el saludo al altar (beso), es signo de veneración. El sacerdote por
medio del saludo manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la
respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.
Acto penitencial: no tiene la eficacia propia del sacramento de la penitencia.
Señor, ten piedad: es un canto con el que los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia.
Gloria: es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica
a Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas.
Oración colecta: el momento de silencio debe servir para hacerse conscientes de estar en la presencia de
Dios y formular interiormente sus súplicas. Esta oración expresa la índole de la celebración.
1ª Parte: Liturgia de la palabra
Las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, con los cantos que se intercalan, constituyen la parte
principal de la liturgia de la palabra; la homilía, la profesión de fe y la oración universal, la desarrollan y
concluyen.
Lecturas bíblicas: en las lecturas se dispone la mesa de la palabra de Dios a los fieles y se les abren los
tesoros bíblicos. No es lícito sustituir las lecturas y el salmo responsorial, que contienen la palabra de Dios,
por otros textos no bíblicos. En la Misa celebrada con pueblo las lecturas se proclaman desde el ambón.
Salmo responsorial: favorece la meditación de la palabra de Dios. Se ha de procurar que se cante
íntegramente, o, al menos, la respuesta que corresponde al pueblo.
La aclamación que precede a la lectura del Evangelio: esta aclamación constituye de por sí un rito o un
acto con el que la asamblea acoge y saluda al Señor que les va a hablar en el Evangelio y profesa su fe con
el canto.
Homilía: es parte de la liturgia, y muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la vida cristiana.
Profesión de fe: la profesión de fe tiende a que todo el pueblo responda a la palabra de Dios, que ha sido
anunciada y, para que pronunciando la regla de la fe, rememore los grandes misterios de la fe y los
confiese antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.
Oración universal: el pueblo ofrece a Dios sus peticiones por la salvación de todos.
2ª Parte: Liturgia eucarística
Preparación de los dones: se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos
que Cristo tomó en sus manos y que se convertirán en el Cuerpo y Sangre de mismo Cristo.
Oración sobre las ofrendas: expresa nuestra petición a Dios sobre el futuro próximo de los dones traídos
al altar, y así se prepara inmediatamente la Plegaria eucarística.
Plegaria eucarística: es centro y cumbre de toda la celebración, una plegaria de acción de gracias y
consagración, una oración que el sacerdote, invitando al pueblo a asociarse a él, dirige en nombre de toda
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la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu Santo, a Dios Padre. Se insiste que el sentido de esta oración
es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios
y en la ofrenda del sacrificio. Por eso todos la deben escuchar con silencio y reverencia.
Rito de Comunión
La oración dominical: se pide el pan de cada día, con lo que se evoca, para los cristianos, principalmente
el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, verdaderamente, «las cosas
santas se den a los santos».
Rito de la paz: es con el que la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia
humana, y los fieles expresan la comunión eclesial y mutua caridad, antes de comulgar en el sacramento.
La fracción del pan: el gesto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última Cena, significa que los
fieles, siendo muchos, en la Comunión de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la
vida del mundo, se hacen un solo cuerpo (1Co 10-17).
Comunión: el rito de comunión está pensado para ayudar a que todos puedan recibir con fruto el Cuerpo
y Sangre de Cristo, participando del banquete de Cristo.
Oración para después de la comunión: en la que se ruega por los frutos del misterio celebrado.
Rito de conclusión
Pertenecen a este rito:
Algunos avisos breves si son necesarios.
El saludo y bendición del sacerdote.
La despedida del pueblo por parte del diácono o sacerdote.
El beso del altar por parte del sacerdote y del diácono y después una inclinación profunda del
sacerdote, del diácono y de los demás ministros.
Édison Marín Triviño, Pbro.
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