Documentación complementaria

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Documentación complementaria
Para facilitar la actividad, presentamos los conceptos que el profesorado deberá explicar como base de la actividad:
• Campo léxico. Lewandowski (1986:46a): Conjunto ordenado de palabras emparentadas por su sentido,
por ejemplo, andar, pasear, caminar, cabalgar.
• Campo semántico. Lewandowski (1986:46b y 47a): Conjunto de relaciones semánticas del que forma
parte una unidad lingüística (un lexema) en su actualización en el discurso.
• Isotopía semántica. Lewandowski (1986:196 a y b): La compatibilidad mutua de unidades semánticas,
que depende de la identidad, contigüidad o equivalencia semánticas; la aparición recurrente de rasgos
semánticos en un texto, la recurrencia de semas.
Puede haber dificultades para diferenciar campo semántico e isotopía semántica. La diferencia estriba en que
en el campo semántico se agrupan palabras relacionadas por el significado conjunto del lexema, es decir, por
la mayoría de sus semas (por ejemplo, los distintos instrumentos musicales), mientras que en la isotopía lo que
las reúne es la coincidencia de al menos un sema. El campo semántico tiende así a ser más fácilmente perceptible. La isotopía, en palabras de Greimas (1987), asegura la coherencia de un discurso por la repetición de
elementos de significación semejantes o compatibles. La isotopía, por tanto, es el resultado de agrupar elementos de significación de la misma categoría. En definitiva, una isotopía está constituida por un sema que
aparece en diversos lexemas del texto. Por consiguiente, comprender la coherencia de un texto será detectar
las isotopías que encierra.
Sirva como ejemplo el siguiente fragmento de El perfume de P. Süskind. En él la isotopía semántica se constituye
porque la mayoría de las palabras y expresiones comparten el sema “hedor o fetidez”.
“En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras
apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones
húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a
lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia;
en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran
jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos”
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