Faith in the Heartland - Diocese of Des Moines

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En las Tierras del Corazón
Con el Obispo Pates
“Pacem in Terris” – 50 Años Después
El 11 de Abril de 1963, el Papa Juan XXIII publicó la histórica encíclica “Pacem in
Terris.” Ésta fue muy aclamada en su tiempo. The New York Times publicó el
documento completo. Además, para el mundo Católico, esta fue la primera vez que una
encíclica se dirigía “a todos los hombres de buena voluntad” haciendo eco de la
proclamación de los Ángeles a los pastores con motivo del nacimiento de Jesús.
1963 fue un tiempo receptivo para el mensaje del buen Papa Juan. El mundo estaba a la
expectativa conforme la crisis de los misiles de Cuba se desarrollaba y que la posibilidad
de una mutua destrucción Soviético-Americana era una posibilidad latente. Había pasado
ya bastante tiempo desde la Segunda Guerra Mundial pero había un prevalente
sentimiento fuera de nuestras fronteras de que una guerra de ese nivel no debería surgir
nunca más.
Se llevaron a cabo recientemente dos conferencias para recordar este particular
documento. Una reunión llamada “Pacem in Terris 50 años después” fue patrocinada
conjuntamente por el Comité en Pensamientos Sociales del Instituto Lumen Christi en la
Universidad de Chicago y por el Centro de Derechos Civiles y Humanos del Colegio de
Leyes de Notre Dame.
El otro evento fue en la Universidad Católica de América en Washington D.C. y
patrocinada por la Red Católica por Construcción de la Paz (Catholic Peacebuilding
Network en inglés) la cual consiste de 13 activas organizaciones dedicadas a construir la
paz. En mi actual papel de presidente del Comité para la Justicia y la Paz Internacional
de la Conferencia Episcopal Católica de los Estados Unidos, tuve la fortuna de asistir a
ambas.
La estructura básica de Pacem in Terris se ha adaptado bien. Su tesis está fundamentada
explícitamente en ley natural. Esto significa que Dios es el origen y destino de cada
persona. Cada ser humano es creado distintivamente a imagen y semejanza de Dios y es
dotado de inteligencia y libertad y destinado a compartir la eternidad con Dios. Por lo
tanto, el hombre y mujer como individuos disfrutan de una profunda dignidad que debe
ser siempre respetada.
Debido a esta identidad, cada persona está dotada de derechos innegables y sus
respectivas responsabilidades. Estos derechos han venido a ser conocidos universalmente
como los derechos humanos. Cuando se respetan completamente estos derechos
humanos, surge la paz. La clave para la paz y la tranquilidad es el adherirse al orden,
continuo y creativo, que se ha incorporado por Dios en la creación. Este orden en el
universo y la naturaleza de los seres humanos pueden identificarse por el razonamiento
humano.
La paz surge cuando se aplica este orden a las relaciones entre personas, entre individuos
y autoridades públicas, entre países y entre hombres y mujeres de comunidades políticas
con la comunidad mundial. A cada nivel, si se mantiene el orden que nos ha dotado la
naturaleza y se sostiene la dignidad humana, es muy probable la posibilidad de una
tranquilidad estable.
El Papa Juan reconoce que el marco de este concepto, así de idealista, se implementa por
las personas que llevan el pecado de Adán impreso en su personalidad. Por lo tanto, la
paz se logra “poquito a poquito” al poner en práctica esas instituciones y mecanismos que
facilitan el perseverar la dignidad humana. Con el tiempo, la existencia de gobiernos
democráticos, de libertades que honran la dignidad de las personas y los métodos que las
aseguran y protegen, se han vuelto esenciales para lograr la paz.
Una libertad que es de crucial importancia y que ha sido señalada como tal por muchos
estudios empíricos es la libertad religiosa y las libertades de consciencia y de expresión
que le acompañan. Debido a esto, la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados
Unidos debe protegerse vigorosamente. Los gobiernos totalitarios excluyen la religión
porque reta las ideologías y el imponer tal falta de liberta lleva a la falta de respeto de los
derechos humanos. Por otra parte, el llamado punto de vista liberal, hay una convicción
de que la libertad se logra al eliminar las restricciones religiosas. Los Estados Unidos
están particularmente conscientes de los retos que sufre la libertad religiosa con la
implementación de los mandatos del Departamento de Servicios Humanos y de Salud
(HHS por sus siglas en inglés) en donde la intromisión del gobierno aunada a una
creciente hostilidad documentada hacia la religión, puede desatar una reacción en cadena
en donde se desmorones otros derechos humanos.
Un área que el Pacem in Terris ha expandido es la construcción de la paz – que es el uso
intencional de estrategias que promuevan el tranquilizar a las sociedades. Esos esfuerzos
se han extendido y se implementan frecuentemente después de algún conflicto. Los
componentes de una sociedad pacífica se introducen gradualmente junto con el
establecimiento de instituciones que apoyan el deseo de paz que tiene el corazón humano.
Muchas organizaciones, por cierto, revitalizadas por la visión y optimismo de Pacem in
Terris y del más reciente documento del Concilio Vaticano Segundo Gaudium Et Spes así
como el documento de los Obispos de los Estados Unidos Los Retos de la Paz: La
Promesa de Dios y Nuestra Respuesta, han comenzado a unirse en solidaridad con gente
de todo el mundo que tan desesperadamente desean este continuo don.
En esta tendencia, la Conferencia Episcopal Católica de los Estados Unidos, bajo el
liderazgo de su Comité para la Justicia y la Paz Internacional está trabajando en muchas
iniciativas. Entre ellas:
1) En la República Democrática del Congo en donde una “guerra oculta” ya ha
cobrado las vidas de seis millones de personas, se ha previsto apoyo para resolver
las acusaciones, para exponer la verdad y para comenzar el, algunas veces
doloroso, proceso de reconciliación.
2) En Cuba en donde la población sufre y la cultura desintegra el rostro de las
libertades restringidas, se está promoviendo la solidaridad y apoyo para este
orgulloso pueblo involucrando al gobierno y al pueblo Americano en vez de
buscar el aislamiento.
3) En el conflicto Palestino-Israelí en donde las ofensas son abundantes en ambos
lados, al hacer a un lado las simpatías subjetivas y estableciendo solidaridad con
la gente de la región que permitan una objetiva reparación de las faltas de ambas
partes y la esperanza por un camino hacia la paz.
Pacem in Terris animó el optimismo por la posibilidad de la paz. Que nos inspiremos en
nuestros tiempos a revivir las brasas y a encender un nuevo fervor de lograr esta siempre
viva esperanza arraigada en nuestros corazones.
El exhorto a la oración que hizo el Papa Juan XXIII vuelve a sonar en nuestros tiempos.
“Pidamos, pues, con instantes súplicas al divino Redentor esta paz que El mismo nos
trajo. Que El borre de los hombres cuanto pueda poner en peligro esta paz y convierta a
todos en testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Que El ilumine también
con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que les
procuran una digna prosperidad, aseguren a sus compatriotas el don hermosísimo de la
paz. (171)
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