Personalidades al borde de la locura

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Personalidades al borde de la locura
Rosa Bertino
ARGENTINA
La cantidad de afectados por el Trastorno Limítrofe de la Personalidad se disparó en el último lustro.
Con frecuencia aparece una nueva sigla en el campo de la salud, en especial el de la salud mental,
que corresponde a un nuevo síndrome (conjunto de síntomas). La periódica irrupción permitiría
deducir que estamos cada vez más enfermos. Sin embargo, también puede ser que se trate de
viejos males con distinto nombre; que recién ahora se los diagnostique, o que antes ni siquiera los
hayamos considerado enfermedades. O que sean consecuencia del ritmo de vida de los últimos 20
ó 30 años, signado por cambios y presiones constantes.
Algo parecido ocurre con el Trastorno Límite o Limítrofe de Personalidad (TLP), una acepción en
castellano del original inglés Borderline Personality Disorder (BPD). "Este cuadro corresponde a lo
que conocíamos como personalidades fronterizas o ''al borde de la locura ", define el médico chileno
Anatolio Muñoz Jofré (65). Aunque siguen siendo pacientes border, su dificultad no estaría en
conservar la cordura "sino en la regulación de las emociones", añade el psiquiatra, quien durante
casi 25 años residió esporádicamente en los Estados Unidos.
Desarreglos. Hablar de trastornos emocionales es una definición muy vaga para el grueso de la
población, que suele padecer de estos desarreglos y no por eso se considera enferma.
"Los TLP o BPD tienen 20 años de prevalencia en la salud mental, pero en los últimos cinco u ocho
directamente se han puesto de moda", sostiene el experto. Esto explicaría el boom de
personalidades cuyos impedimentos para sobrellevar una rutina, convivir y sentirse bien no parte de
una insania sino de una dolencia que puede prolongarse. Pero se revierte con un buen tratamiento
(ver "Inmaduros, desdichados").
"El 80 por ciento de internos no psicóticos es susceptible de diagnóstico de TLP. Y hasta un ocho
por ciento de las consultas corresponde a ese síndrome", resume Muñoz Jofré. Significa que ocho
de cada 100 personas, generalmente de no más de 35 ó 40 años, que hoy consultan al médico o
psicólogo, se encuadran en esta dolencia psíquica o tendencia contemporánea.
Extremistas. Los manuales describen al TLP como "una desregulación emocional que lleva al
paciente de un extremo a otro, creyendo que las cosas son blancas o negras y desconsiderando los
matices, lo cual lo conduce a relaciones tumultuosas e infructuosas".
Y agregan: "Originalmente se pensó que estos seres estaban en el borde o línea de separación
entre las psicosis y las neurosis, pero finalmente se observó que padecen de un trastorno anímico".
Muñoz Jofré lo simplifica diciendo que estos pacientes "no han crecido interiormente", ya que la
madurez se caracteriza por el control de las emociones. "Los familiares dicen que es un ''niño chico´
o que ''se comporta como una criatura´", especifica.
La fragilidad afectiva los suele conducir a malestares, depresiones o traumas que desembocan en el
consumo de alcohol y sustancias para "poder enfrentar la vida". Los intentos de suicidio y la
mortificación física son signos alarmantes y perceptibles en las nuevas generaciones.
"Entre las causas de los TLP prevalecen el abuso sexual, el abandono y un entorno que desvalorizó
o reprimió las expresiones emotivas en la infancia", arguye el especialista de Santiago de Chile.
Fenómeno. Aunque reconoce la eclosión de síndromes, el psiquiatra cordobés Juan Carlos Lostaló
prefiere no hablar de boom. Sin entrar a analizar cuadros que se han vuelto incluso populares, como
el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), el TLP, el bipolar, las fobias o ataques de pánico (PA),
Lostaló observa que "buena parte del fenómeno responde a la nomenclatura del último Manual
Norteamericano de Diagnóstico y Estadísticas de Enfermedades Mentales".
Ese registro es más conocido como DSM 4, por sus siglas en inglés. "Podríamos decir que con el
DSM 4 desaparecieron las enfermedades (diseases) y aparecieron los trastornos (disorders), lo cual
ha ampliado la cobertura a quienes no sufren de patologías tradicionales, más o menos severas,
sino de desórdenes a veces difíciles de precisar, en los cuales confluyen factores externos al
paciente", ejemplifica.
Pacto familiar. "Poder tener un diagnóstico los tranquiliza", destaca Muñoz Jofré. Dice que su
clínica santiaguina es visitada por "distinguidos cordobeses", en procura de rehabilitación de
adicciones, insomnios y fracasos laborales y sentimentales. Según el especialista, es probable que
la familia los haya invalidado afectivamente cuando eran niños. Pero admite que hay un efecto casi
aluvional de generaciones que se criaron sin límites o contenciones. Y que es fácil confundir
fronterizo con transgresor.
"El tratamiento no es psicoanalítico sino en conductista y basado en el diálogo. Culmina con un
contrato que el paciente debe cumplir, lo cual no es fácil. El pacto establece que puede usar el auto,
en determinadas condiciones y hasta cierta velocidad. Que puede beber hasta cierto punto, y así
sucesivamente. El intercambio de privilegios es bastante magro para la familia, que se conforma con
que avise adónde va, con que estudie o se haga responsable de obligaciones mínimas", concluye.
Desde ese ángulo, los TLP parecen ajustarse a una clase social media y alta. "Los pobres no tienen
TLP: son delincuentes; son vagos; son violentos, o no tienen destino", compara y lamenta el
psiquiatra chileno.
FUENTE: La Voz/Edición Impresa/Sociedad/Nota
http://www.lavozdelinterior.com.ar/nota.asp?nota_id=17944
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