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CLODOVEO (c. 466-511)
Wenceslao Calvo (26-01-2015)
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Clodoveo, rey de los francos, nació hacia el año 466 y murió el 27 de noviembre de 511 en París.
Era el hijo del rey franco Childerico y la reina turingia Basina. En el año 481 sucedió a su padre como
gobernante de los francos sálicos y otros grupos francos de la región de Tournai (actual Bélgica). Aunque la
cronología de su reinado es imprecisa, se sabe que hacia el tiempo de su muerte en 511 había consolidado a los
francos y expandido su influencia y dominio hasta incluir la provincia romana de Bélgica Secunda en 486 y los
territorios de los alamanos (en 496), los burgundios (en 500) y los visigodos (en 507). En 491 combatió a los
turingios y en 496 luchó contra los alamanos que habían invadido la Galia. Las primeras operaciones fueron
desfavorables a los francos y allí es donde se sitúa la invocación por parte de Clodoveo al Dios de su esposa. En
el año 500 atacó Burgundia, donde reinaban los hermanos Gendebaldo y Godesigel, tíos de su esposa, y en 507
declaró la guerra a los visigodos, a cuyo rey dio muerte el mismo Clodoveo en la batalla de Vouillé,
apoderándose de Auvernia, Toulouse y Angulema. Teodorico, rey de los ostrogodos de Italia y cuñado de
Clodoveo, acudió en socorro de los visigodos y derrotó a los francos en un combate que tuvo lugar cerca del río
Durance, volviendo, como consecuencia de ello, al poder los visigodos muchas plazas que les habían sido
arrebatadas por los francos. Clodoveo, viendo que por aquel lado no podía obtener nada, se dirigió al norte de la
Galia, y, por medio de la astucia y del crimen, se apoderó de todos los territorios que existían inmediatos al
suyo, e hizo asesinar a sus soberanos, pereciendo así Sigiberto, Cloderico, Cararico, Ranacario, Ricario y
Rignomiro, parientes todos de Clodoveo, que no retrocedió ante ningún crimen para asegurarse el dominio de
todos los francos. El reinado de Clodoveo comenzó en la región que corresponde a la actual Bélgica y el
nordeste de Francia, expandiéndose al sur y al oeste y siendo el más poderoso en la Galia. Fue el aliado
occidental más importante del emperador bizantino Anastasio I. La Ley de los Francos Sálicos, un texto que
combinaba la ley consuetudinaria, el derecho romano, los ideales cristianos y los edictos reales, se originó
probablemente en el reinado de Clodoveo y tuvo una larga historia de enmiendas e influencia. Clodoveo se casó
con la princesa burgundia católica Clotilde, de la que tuvo cinco hijos. Uno de ellos, Teuderico, nació antes del
matrimonio de madre desconocida.
Clodoveo, igual que su padre, trató política y diplomáticamente con los obispos de la Galia. Éstos no tuvieron
reparos en colaborar con los reyes germanos, como se aprecia en una carta del obispo Remigio de Reims a
Clodoveo al principio de su reinado. Los obispos se consideraban los consejeros naturales del rey e incluso
antes de su conversión al catolicismo y su bautismo en Reims, Clodoveo reconoció evidentemente sus derechos
y protegió sus propiedades. En una carta de Avito de Vienne a Clodoveo en el tiempo de su bautismo, el obispo
de Vienne alaba su fe, humildad y misericordia. En el año de su muerte, el rey convocó a los obispos a un
concilio eclesiástico en Orleáns.
Gregorio de Tours escribió mucho sobre Clodoveo en su Historia Francorum, que apareció cincuenta años
después de la muerte del rey. Desde una perspectiva cristiana, Gregorio narra emotivos relatos sobre Clodoveo y
lo retrata como a un guerrero. Usa una retórica fluida para describir los argumentos que Clotilde empleó para
persuadir a su marido para que abandonara el paganismo. Cuando éste finalmente se convirtió, fue para
Gregorio "un nuevo Constantino". En ambos casos una inesperada victoria les llevó a poner la confianza en el
Dios de los cristianos. Gregorio sitúa el bautismo de Clodoveo en el año 496, caracterizando sus posteriores
victorias como victorias cristianas, particularmente el combate con los visigodos en 507, que ha sido ubicado en
Vouillé pero que ahora se cree tuvo lugar en Volun, cerca de Poitiers. Para Gregorio esa campaña militar fue
una lucha contra la herejía arriana y en su relato afirma que el rey franco antes de la batalla hizo donativos a la
Iglesia y apeló a San Martín de Tours, por lo que fue recompensado con la victoria, bendecido con milagros y
honrado con un consulado imperial por Anastasio I.
Gregorio elevó a los francos a la equivalencia con los antiguos hebreos, el pueblo escogido, y a Clodoveo a la
estatura del gran rey David. Incluso presentó a Clodoveo como un modelo para los reyes contemporáneos de
Gregorio, los nietos del rey. Según él, ellos no mantuvieron la unidad y la paz dentro del reino ni tuvieron el
debido respeto al consejo de los obispos, como su abuelo. Hay mucho de ficción o al menos de encumbramiento
de la figura del monarca, si bien la obra de Gregorio proporciona abundante material sobre la antigüedad del
mundo franco.
Bautismo de Clodoveo, obra en madera anónima, c. 1550.
National Gallery of Art, Washington, EE.UU.
Mapa de la conquista de la Galia por Clodoveo y sus hijos
No obstante, Gregorio y otros autores contemporáneos no estuvieron equivocados al describir a Clodoveo, un
rey guerrero, como una figura religiosa. Su vida ilustra una serie crucial de transformaciones ideológicas y
culturales que tuvieron lugar en todo el imperio romano occidental y dieron paso a los reinos germánicos. El
padre de Clodoveo, Childerico, murió siendo pagano y fue enterrado en Tournai en una tumba rodeada por
enterramientos bárbaros. Treinta años después, Clodoveo fue enterrado junto a su contemporánea Genoveva en
la iglesia de los Santos Apóstoles que él mandara construir en París, siendo acompañado unos años después por
su esposa Clotilde, quien posteriormente sería canonizada.
Por una carta de Avito de Vienne, en la que se congratula del bautismo del rey, se puede conjeturar que
Clodoveo no pasó del paganismo al catolicismo directamente, sino que antes estuvo interesado en el arrianismo,
hasta el punto de estar inclinado al mismo. Según ese autor, es también probable que el rey se bautizara más
tarde, posiblemente en la Navidad del año 508, tres años antes de su muerte. Dado que paganos, arrianos y
católicos compartían la Galia de Clodoveo, su experiencia personal ilustra la yuxtaposición de esas tres
creencias. Nació en el paganismo, dos de sus hermanas eran arrianas (una casada con el rey arriano ostrogodo
Teodorico el Grande) y su esposa, Clotilde, igual que su hermana, era católica. Su conversión al catolicismo fue
un hito en la historia franca.
A la muerte del rey el reino se dividió entre sus cuatro hijos que le sobrevivieron, Sólo Clotario, que sobrevivió
a sus hermanos, gobernó un reino unido, pero a su vez lo dividió entre sus hijos. No sería hasta el reinado del
bisnieto de Clodoveo, Clotario II a principios del siglo VII, que los merovingios experimentaron una larga
unidad en el tiempo, Sin embargo, el reino que estableció Clodoveo, a pesar de los altibajos, permaneció durante
siglos.
Así describe Gregorio de Tours la conversión de Clodoveo:
'La reina Clotilde continuaba orando para que su marido pudiese reconocer al verdadero Dios y
abandonase su culto idólatra. Nada podía persuadirle para que aceptase el cristianismo. Finalmente
estalló la guerra contra los alamanos y en este conflicto él fue forzado por la necesidad a aceptar lo
que había rechazado libremente. Así sucedió que cuando los dos ejércitos se encontraron en el
campo de batalla hubo gran carnicería y las tropas de Clodoveo estaban siendo aniquiladas
rápidamente. Cuando él vio esto levantó los ojos al cielo, sintió compunción en su corazón y se
emocionó hasta el llanto. "Jesucristo", dijo, "tú, de quien Clotilde mantiene que eres Hijo del Dios
vivo, tú que te dignas ayudar a aquellos que en la fatiga y en la victoria confían en ti, en esa fe yo te
imploro la gloria de tu ayuda. Si tú me das la victoria sobre mis enemigos, y si yo puedo tener
evidencia de ese milagroso poder que la gente dedicada a tu nombre dicen que han experimentado,
entonces yo creeré en ti y seré bautizado en tu nombre. Yo he invocado a mis propios dioses, pero,
como yo veo muy claramente, ellos no tienen intención de ayudarme. Por eso no puedo creer que
ellos posean ningún poder, porque no vienen en ayuda de quienes confían en ellos. Ahora te invoco
a ti. Quiero creer en ti, pero antes debo ser salvado de mis enemigos". En el mismo momento que él
dijo esto, los alamanos se dieron la vuelta y empezaron a huir. Tan pronto como vieron que su rey
era asesinado se sometieron a Clodoveo. "Nosotros te suplicamos", dijeron, "que pongas fin a esta
carnicería. Estamos dispuestos a obedecerte". Clodoveo paró la batalla. Pronunció un discurso en el
que exigió la paz. Entonces volvió a casa. Le contó a la reina cómo había obtenido una victoria
invocando el nombre de Cristo. Esto ocurrió en el decimoquinto año de su reinado.'
(Gregorio de Tours, Libri Historiarum X)
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