Donatiu de Berga Boa - Servei de Biblioteques

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Donatiu de Berga Boa'
3De l a colaboración particular de
EL ECO DE LA MONTANA.
EL ORÀCULO DE DELFOS.
11.
El oniculo ó soa la voluntad de los diosos proclamada por la palabra liumaua, segnin lo definiu Sèneca, era pronunciado en verso por la Sibila, de palabra unas veces y por escrito otras. Las
sibilas (1) desempeüaban el mismo papel qne sig-los atràs los brujos, annque estos eran tenidos
por inspirados del diablo y aqnellas de los dioses. Visionarias neuróticas ó falsarias atrevidas,
gozaban de prestigio sobrenatural; sus contestaciones eran ambiguas, tenían en general escaso
valor literario, y estaban sujetas à varias y torcidas interpretaciones, para quedar siempre en
buen terreno la divina predicación.
Por dar la Sibila de Delfos los oriiculos en
nombre de Apolo Pitio, fué llamada Pitia; piíones
los espíritus qne auxiliaban a predecir y las propias personas poscsas. Pilonisa, es sinónimo
de Pitia, y con ese nombre genérico fueron designadas varias veces las adivinadoras; si bicn
pretenden algunos que tal epíteto deriva de la
piel de la serpiente PitíJn, que forraba el trípode
en el cual se sentaba la Sibila. La primera Sibila
fué la délíica, consagrada en el veuerado templo
por los epigones en celebración de la toma de Tebas. Era hija de un adiviuo de Liresias y algunos
autores antiguos la supusieron de un talento o
cori'cspondencia divina tal, qne Homero creen se
inspiro en muchos de sus pensamientos. Es fama
que ensalzó en notables versos la grandeza divina y que sus oraculos causaron asombro ú la
Grècia entera.
Las síbilas en un principio gozaban renorabre
de bellas, corriendo parejas su virginal rostro
con el elegante ropaje que cubría esbelto talle.
Mas ocurrió cierto dia que un atrevido mozo tesaliano^ preudado de una de ellas la robo, despreeiando la còlera de los dioses. A partir de
aquella feclia se exigió 50 aflos como mínimum
(1) Según Varrón las Sibilas fueron 10: la pórsica, la líbica, la délfica. la cumana, la eritrea, 'a sainia, la cumea.
la helespóiitica, la írigia y la liburtina Olros afiaden i\
Agripa, la címica y la indica.
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de edad a las sibilas, que, peinando canas, corpulentas y de facciones arrugadas, mal se avenían
al trage i]ue solo por tradición conservaron.
La sibila sentada en el mentado trípode de oro
maciso (1) situado en cl fondo de la cueva, sentíase pronto presa de un gran delirio, atacada por
las exhalacionés del vapor y entonces agitada,
convulsa, las facciones descompuestas, suelta la
cabellera, interrogaba al dios y en su nombre
daba el oraculo. Staceo dice tocante ii [csto: «Su
pecho palpitaba fuertemente y su respiración era
anhelante. La sana se pintaba en su rostro; inclinaba y movia convulsamente la cabeza, hacía
contor.siones con el cuello, agitaba y bamboleaba todo su cuerpo y sentada en el délfico trípode,
daba sus contestaciones, ore illo, cujus nowen
verecundia tacet. » A muchos comentarios ha dado lugar este testimonio del poeta, que no son
para traídos acà.
Algunos autores se han ocupado en averiguar
la causa del momentanco estado patológico de
las sibilas al pronunciar sus oraculos; unos aseverau que era debido à haber mascado antes hojas de laurel; otros lo atribuyen simplemeutc a
las emana ciones sulfhídricas ó de àcido carbónico que en ciertos antros elegidos à propósito se
producían y de ahí los nombres de fuertas del
infierno^ de plutonium y de charonium, citando
al efecto Oribaso una fuente en Etiòpia que producía el delirio à cuantos ibau allí à apagar su
sed; y otros finalmente se explican a satisfacción
el hecho, teniendo en cuenta que para provocar cl
delirio y la alucinación d Pitia, se la obligaba de
antemano à guardar abstinència, lo propio que
(I) Bien merece una digresión esle trípode colocado en
la cúspide del sagrado Parnaso, para asi recibir mejor là sibila la divina inspiración; conforme aseguran algunos mitólogos.
Sacado por unos pescadores al lirar de las redes, y tomada la cosa por ])rovidencial, consultaron al oraculo acerca
del uso (jue podian hacer del trípode. Habiéndoles contestado que lo diesen al hombre mAs sabio de Grècia, ofrecicronlo i'l Tales de Mileto, quien lo envio a Bias; éste lampoco se creyó merecedor de tal ofrenda y lo remitió à Piiaco
pasando sucesivamenle por tal concepto a mauos de CleóInilo, l'eriandro, SolónyQuIlón; es decir, de los siete sabies
de la ürecia y volviendo à poder de Tales, este lo ofrecíó ,í
Apolo. No menos cèlebre es la leyenda, según la cual, por
no liaber qnorido contestar la Pijia à Hèrcules, afligido de
una dolencia que los dioses le enviaron en pago de su
crueldad, robo el trípode y iiabiendo salido Apolo para su
rescale, entablóse descomunal lucha entre ambos, cesando
con los rayos que Júpiter, ó sea Zeus, envio.
à los que iban à consultar al Oraculo, uniendo
por tanto la debilidad que del estado de vigília
resulta, à la acción de los g'ases emanados y à la
poderosa influencia del ciego fanatismo, compréndese perfectamente el delirio en la Sibila y
la completa ilusión en cuantos la consnltaban.
Los recientes estudiós sobre el fakirismo y el hipnotismo, comprueban tales hechos reputados por
falsos hasta ha poco.
Por demàs curioso à la par que instructivo, sería estudiar la historia del Oraculo de Delfos, tanto por las varias vicisitudes, cuanto por las notables consultas y ricos presentes de que fué objeto (1); però ello requiriría mucho espacio. Para
comprender su importància, basta saber que no
se declaraba la guerra ni hacía cosa de importància pública, que no se consultarà antes al Oraculo en cuestión; prescindi^eiado atin de las numerosí.sima^ consultas pedidas por los particulares,
quienes acudían ademiis para la curación de sus
dolencias.
Los autores antiguos han transmitido algunos
oraculos que de no ser aprócrifos, denotarían
una ilustracion superior cu las sibilas que los
pronunciaren.
Sirva de ejemplo este oraculo que cita Porfirio
en boca de la Pitia, respecto à quien era Dios:
« Dios es la fuente de la vida, el principio de todas las cosas y el conservador de todo lo criado.
Eu él se encuentra un fuego inexplicable que todo lo produce, al par que todo lo destruye, según
su voluntad. Ningúu corazón debe témer ser
abrasado por este fuego, puesto que su calor es
suave y apacible y da la duración y harmonia
cu las cosas mundanas. Todo esta lleno de Dios,
quicu se halla en todas partes; a nadie debe su
existència ni ha sido tampoco hijo de madre; lo
sabé todo sin que pueda saber mas; es inexorable
en sus destinos é inefable en su nombre. He aquí
todo lo que lie podido saber de Dios, de quien sornes nosotros una parte muy poquena. No quieras averiguar màs sobre este punto, porque tu
,1) No deben pasar desapercibidas las ofrendas oiuadoi ó
sea el raismo trono donde el rey Midas juzgaba las causin v
las grandes tazas y otros presentes dé Giges El vilor in
trínseco del oro y de la plata era inraenso, amen del'valiosn
trabajo artistico, babiendo causado el asombro de cmninc
inteligenles vieron aquellos tesoros dedicados por los relpl"
fngios.
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