Sin título, sobre el papel predominante de los administradores en

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Discursos, ponencias y entrevistas
Sin título, sobre el papel predominante de los
administradores en las empresas
Manuel Espinosa Yglesias
Autor: Manuel Espinosa Yglesias
Título: Sin título, sobre el papel predominante de los administradores en
las empresas
Fecha: octubre de 1966
Lugar: sin especificar
Audiencia: estudiantes de Administración de Empresas de la Universidad
Iberoamericana
Clave de clasificación: II.A.3.a/1966-7
Caja: 37
Palabras clave: utilidades, educación,
progreso.
La juventud es la edad de las ilusiones, de los grandes proyectos. Ya lo dijo el
poeta: «juventud, divino tesoro». Sin embargo, la juventud también es, por decirlo
así, cuando se establecen los cimientos del gran edificio de la vida. Es un período
en el que hay que tomar decisiones de peso, decisiones que tienen trascendencia
durante toda nuestra existencia. Es en estos años cuando se gesta, en realidad,
nuestro futuro.
Estoy convencido de que ustedes han tomado ya con éxito varias de estas
decisiones, y de que su esfuerzo les ha hecho superar escollos importantes. La
gran camaradería que he podido apreciar entre el grupo revela cooperación, apoyo
y aliento; a lo largo de los años podrán aquilatar este diamante que tienen en sus
manos.
Pero además de amigos, son ustedes prácticamente profesionistas. Tienen ya
derecho a decir con orgullo: «Hemos alcanzado una meta a la que muchos mexicanos no llegan por falta de esfuerzo o de oportunidades. Nos ha costado trabajo
y hemos tenido que soportar desvelos, pero a cambio nos hemos pertrechado
para hacer frente a un mundo que sabe ser inmisericorde con el negligente, con el
perezoso, con el indiferente…» Amigos míos, los felicito calurosamente por ello.
No obstante, aunque cualquier profesionista tiene una gran ventaja sobre sus
compatriotas que no lo son, estoy cierto de que hay profesiones que tienen mayor
utilidad social que otras. La de administración de empresas, a mi juicio, es de las
que tienen los escalafones más altos y a ello obedece, en parte, que me sienta tan
orgulloso y agradecido de su amable invitación para apadrinarlos.
En México, por su gran desarrollo, hacen falta cada día más administradores
y gerentes. La creencia antigua de que el más indicado para dirigir una constructora es un ingeniero, o un químico para una empresa del ramo, o un médico para un
hospital, es en mí criterio totalmente equivocado. Sin embargo, se ha venido aplicando y, aunque tolerable mientras el país tenía dimensiones pequeñas, empieza
ya a plantear agudos problemas de ineficiencia.
En realidad, si el ingeniero, el químico o el abogado tuvieran conocimientos
suficientes en la dirección de empresas, no habría duda que en ellos debería recaer
el mando, la gerencia. Pero usualmente no los tienen, a pesar de que sean muy
preparados en sus especialidades respectivas. En estas condiciones, no es difícil que
su actuación pueda poner en peligro la existencia misma de las organizaciones que
se les encomiendan
Lo que se requiere ahora en México es profesionistas de la administración,
personas que aquilaten su utilidad, que la sepan poner en práctica y que entiendan su filosofía. Es urgente dejar atrás la improvisación de implantar en su lugar
procedimientos técnicos. Así como se requiere un especialista para dirigir una
orquesta , así también se necesita un técnico para dirigir una empresa.
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Sin título, sobre el papel predominante de los administradores en las empresas
Manuel Espinosa Yglesias • octubre de 1966
Siempre he pensado que lo que más se asemeja a un director de empresa es
un director de orquesta. Éste tiene que coordinar todos los instrumentos para
lograr el efecto musical apropiado; aquél tiene que conjugar eficientemente el capital y el trabajo para lograr un rendimiento adecuado. El desempeño del director
de orquesta se juzga en función de la fidelidad con que haya reproducido la inspiración del compositor; la actuación del director de empresa, a la luz de la productividad de la empresa, que se refleja casi siempre en las utilidades obtenidas.
Las utilidades son, de hecho, la prueba más fehaciente del éxito de la empresa. Aunque en ocasiones el concepto mismo del beneficio que obtienen las
compañías se ha sujetado a críticas diversas, derivadas en mi opinión de un
conocimiento insuficiente de la realidad económica, hoy en día las utilidades se
aceptan hasta en los países comunistas. Se ha reconocido que la existencia de los
beneficios, además de asegurar un crecimiento económico sostenido y una mayor
creación de empleos, es la medida de eficiencia por excelencia. Como futuros
directores de empresas, confió en que jamás pierdan de vista este trascendental
aspecto.
La utilización de la técnica, sobre todo de la administrativa, aun cuando
indispensable ya para muchos en México, necesita justificarse para otros. Junto
con profesionistas como los sociólogos, los economistas, los psicólogos industriales y otros de este tipo, necesitan demostrarnos los frutos de una aplicación
provechosa de la técnica. No olviden que en gran medida el país ha alcanzado
las dimensiones actuales, gracias a los esfuerzos de gente práctica, de personas
que nos hemos forjado en la lucha. A pesar de las fallas, nuestro esfuerzo ha sido
fructífero y no es fácil que aceptemos un cambio radical de enfoques, de métodos
y de sistemas. Necesitamos que sin menospreciar nuestros caminos prácticos, se
nos oriente, se nos convenza, se nos enseñe que es mucho lo que la técnica ofrece.
Esto requiere de paciencia por parte de ustedes y de flexibilidad por parte nuestra,
pero de este intercambio de ideas, de esta conjugación de esfuerzos pueden obtenerse grandes resultados.
Estoy cierto de que la coyuntura actual es sumamente propicia para que efectúen dicha demostración. En la materia en que ustedes se han especializado, día
tras día se observa un nuevo interés por parte de los empresarios. La disyuntiva organización o estancamiento, y hasta quiebra, progresivamente cobra más importancia entre muchas de nuestras compañías. El gobierno mismo, y así lo acaba de
señalar el señor Presidente de la República en su último informe, ha comenzado a
palpar las fallas de una organización inadecuada. Poco a poco, pero cada vez con
más brío, el país pide mejores sistemas administrativos, estructuras más ágiles.
Todo esto debe ser para ustedes una satisfacción, pero también una enorme
responsabilidad. Satisfacción, porque tuvieron el tino o la suerte de elegir una
profesión que va a jugar un papel de gran trascendencia en el futuro de México.
Responsabilidad, porque todos, técnicos y no técnicos, estarán pendientes de su
desempeño. En cierto modo, y créanme que no exagero, la grandeza de nuestro
México dependerá de ustedes. A través de su talento, de su imaginación y de un
trabajo tesonero, tienen la obligación de implantar los sistemas y los métodos
para que nuestra economía opere con una mayor eficiencia. Recuerden que el progreso material se ha convertido en uno de los objetivos primarios de la comunidad
en que vivimos. Tengan presente que, a pesar de lo logrado, todavía hay pobreza,
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Manuel Espinosa Yglesias • octubre de 1966
hambre y desasosiego entre grandes núcleos de nuestra población. Esta situación
no puede prevalecer por mucho tiempo.
Tienen, pues, un futuro interesante. Como profesionistas, llevarán una vida
de esfuerzo y de estudio. No olviden que el aprendizaje nunca termina; que la
escuela lo más que puede brindar es una serie de elementos básicos y un método,
así como un amor al estudio. El último examen escolar marca, no el fin de una
carrera, sino propiamente el principio. De ahí en a delante comparecerán ante el
examinador más severo, la vida misma.
Les tengo, sin embargo, una gran confianza, así como a la juventud mexicana en general. Creo que con su esfuerzo nuestro país puede ser grande, mucho
más grande de lo que nosotros hemos podido hacerlo. Un país donde cada uno
de nuestros compatriotas tenga un medio decente para vivir con decoro; donde
prevalezca el optimismo y el entusiasmo; donde predomine la libertad.
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