Las uvas de la esperanza
Estamos en las vísperas de un gran cambio. La naturaleza de este cambio fue descrita hace
tiempo por el periplo existencial que Steinbeck trazó de los personajes de Las uvas de la ira.
Hay en la novela un momento de revelación, que está representado por el descubrimiento de
dos verdades. La primera, que los bancos deben ser refrenados. "El banco es algo más que
hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así
el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo
crearon, pero no lo pueden controlar". La segunda, es que la gente de abajo tiene que dejar
de confiar en que su salvación vendrá de la gente de arriba. "Si tienes problemas o estás
herido, acude a la gente pobre. Son los únicos que te van a ayudar los únicos".
Desde el inicio de la crisis hemos vivido dos momentos cruciales para el proceso de
empoderamiento de la gente común. Por un lado, el estallido del movimiento de ocupación de
las plazas. Y por otro, el fenómeno extraordinario que ha supuesto la aparición de las
plataformas contra los desahucios. En ambos casos se ha definido con absoluta nitidez la
verdad que anticipaba el fantasma de Tom Joad. Hay que detener la codicia de los bancos.
Pero esta codicia se ha enroscado de tal manera en la estructura del sistema, que aquellos
que la alimentaron sólo pueden responder con desidia e inoperancia a las demandas de
intervención de la ciudadanía. El monstruo se ha emancipado de sus creadores. Y puesto que
amenaza con devorar todo lo que nos importa, nosotros y nosotras, la gente de abajo, ya no
podemos permitirnos más permanecer en el papel de víctimas, llamando a las puertas de los
de arriba para que se dignen a salvarnos si es que recuperan la cordura. La ayuda no llegará
de arriba. El plan de rescate es la rebelión de los de abajo.
Lo único que nos separa de la Gran Depresión del 29 es el apoyo de las familias y la
existencia de un Estado que garantiza ciertas prestaciones sociales. Pero ahora estamos
asistiendo al espectáculo bochornoso de contemplar cómo las personas a las que la sociedad
confió la importante tarea de proteger este soporte vital se dedican a enterrarlo. Una paletada.
Cae la sanidad. Otra paletada. La educación pública. Otra más. Las prestaciones sociales.
Durante los últimos cinco años, la actividad de los enterradores se ha vuelto compulsiva. Pero
también lo ha sido la resistencia de la gente común. Nos hemos levantado. Hemos salido a la
calle en manifestaciones mayoritarias. Hicimos marchas. Nos pusimos en huelga. Nos
encerramos. Fuimos arrastrados por la Policía intentando impedir el desahucio de nuestros
compañeros. Recogimos firmas. Gritamos exigiendo nuestros derechos hasta que nos
quedamos roncos. Y, mientras tanto, los enterradores seguían echando paletadas de tierra
sobre nuestro futuro.
El cambio que se avecina es un cambio de conciencia. La conciencia de los de abajo de que
al final de todo, la única forma de que los de arriba dejen de echar tierra es arrebatándoles la
pala. Y esa es la razón de la Convocatoria por el Cambio . No es un partido político. Es un
manifiesto de personas que estamos convencidas de que la liquidación de los bienes
comunes no se detendrá sólo con huelgas y manifestaciones. Hay que dar el paso siguiente.
Debemos convocar a todas las organizaciones, personas y redes de la indignación para
desalojar del poder político a aquellos que lo utilizan contra la democracia y el bien común.
Éstos sólo temen una cosa: que nos pongamos de acuerdo. La cosecha más peligrosa no es
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Las uvas de la esperanza
la ira, sino la esperanza.
(Artículo publicado en diario La Opinión de Murcia el 11/5/2013:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/05/11/uvas-esperanza/468538.html)
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