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Marzo, 2013
Pág. 1
Coyuntura Legislativa
La regulación de ganancias en
economías sanas no suelen
plantearse como materia de
políticas públicas y jamás
forman
parte
de
los
mecanismos o disposiciones de
las
regulaciones
de
competencia o antimonopolio.
Más allá, la regulación de
rentabilidad o ganancias, hoy
día en desuso, por anacrónica,
distorsionadora e ineficiente,
requiere previa comprobación,
la existencia de una falla de
mercado como el monopolio
natural, porque constituiría un
instrumento de la regulación
económica y no de la
regulación de competencia.
Lo anterior se debe a que el
precio no constituye per se, un
objetivo de interés público. El
precio como resultado de un
escenario, una coyuntura, una
estructura, barreras legales a la
actividad económica y las
estrategias de mercado de los
competidores; no constituye
un
objetivo
"decretable",
resulta más un efecto que una
causa. Así las cosas, resulta
crucial en el diseño de políticas
públicas
y
regulatorias
entender que el nivel de
precios per se no constituye un
Regulación de Ganancias e Interés
Público
objetivo social, porque sin que
corresponda al caso de los
monopolios
naturales
subaditividad en la estructura
de
costosalegándose
objetivos antiinflacionarios como ocurre en Venezuela-; la
regulación
de
ganancia
constituirá
una
terrible
generadora de distorsiones en
los mercados.
La eventual fijación de
márgenes implicará un simple
ajuste de nivel, en términos
relativos de los precios a los
costos, por lo que resultará
absolutamente inocuo como
política antiinflacionaria. Esta
es una de las razones lógicas
por lo que ni a la regulación
económica ni a la regulación
de competencia se les asigna
objetivos antiinflacionarios.
Obviamente la razón principal
es porque la inflación no
constituye un fenómeno
especulativo,
sino
un
fenómeno monetario de
ajuste de precios relativos
entre los bienes y servicios
escasos y el bien más
abundante y que menos
desean
poseer
los
venezolanos, los bolívares. Es
así como el problema de
inflación en Venezuela es un
problema político de captura
del Gobierno por un grupo de
interés enfocado estrictamente
en
generar
espejismos
monetarios de gasto público y
financiamiento inorgánico para
mantener el control político del
Estado.
Aún
así,
vale
hacer
señalamientos técnicos sobre
los riesgos de la regulación de
ganancias o rentabilidades. Las
críticas más formales en contra
de
la
regulación
de
rentabilidades o ganancias
datan de finales de la primera
mitad del siglo XX con la escuela
revisionista
de
economía
industrial. Esta escuela criticaba
a la escuela clásica que
planteaba que existía una
correlación
positiva
entre
estructuras concentradas de
mercado y alta rentabilidad,
producto
de
una
alta
probabilidad de colusión. La
posición de la escuela clásica si
bien echaba mano de la
microeconomía neoclásica, su
extrapolación resultaba Ad Hoc
y/o espuria. Por ello la escuela
revisionista, con su hipótesis de
diferencial de eficiencia, rebate
la postura clásica, simplemente
proponiendo el ejemplo de un
mercado con un líder por
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Elaborado por Rafael González
Economista. Master in Industrial
Organization
and
Markets.
Master in Competition and
Market Regulation. Especialización en Economía de los
Sectores Telecomunicaciones,
Energía, Transporte, Farmacia,
Agua y Banca. Profesor universitario de Regulación Económica y
Regulación de Competencia.
Investigador del Observatorio
Economico
Legislativo
de
CEDICE
Marzo, 2013
Regulación de Ganancias e Interés Público
eficiencia, que en consecuencia
conquista
una
mayor
participación
de
mercado,
arrojando
un
índice
de
concentración superior a una
estructura simétrica; haciendo
que la rentabilidad promedio
ponderada sea mayor. El caso
anterior
evidencia
lo
contraproducente, socialmente
hablando, de instrumentar
controles de rentabilidades,
especialmente
basado
en
prejuicios de este tipo o
posiciones Ad Hoc.
Adicionalmente, el control de
ganancias
o
rentabilidad
constituye un instrumento de
bajó o nulo potencial de
incentivos
en
favor
de
eficiencias
dinámicas,
transferencias de rentas y
corrección de problemas de
riesgo moral. Es así como este
tipo de instrumento suele
generar problemas del tipo
efecto Averch-Johnson; creando
incentivos nocivos en contra de la
asignación eficiente de recursos en la
producción o generación de bienes y
servicios.
Por otra parte, dependiendo de la
variable a fijar para mantener la
rentabilidad o la ganancia regulada,
supongamos sean los precios, en
economía inflacionarias con rezagos
en los ajustes, se pinzan los
márgenes,
violentándose
la
restricción de participación de las
empresas como oferentes. Por ello,
hoy día se utilizan instrumentos o
mecanismos como los price-caps,
siempre y cuando se trate de un
monopolio natural, no de oligopolios
ni por razones antiinflacionarias.
Así las cosas, el problema no resulta
normativo sino político. Evidencia de
ello es que el Gobierno ha querido
vender la falsa premisa que las
relaciones comerciales y económicas
constituyen un juego suma cero,
cuando constituye un juego suma positiva,
reportando rentas o excedentes a ambos lados
de las relaciones libres y voluntarias. Ante un
condicionamiento institucional de esta orden,
lo que queda es perfeccionar un modelo
fascista en lo económico, de corto plazo, de
simple imposición de una regla de reparto de la
renta, política y electoralmente interesada.
Estos temas y errores deliberados deben ser
discutidos, porque incluso si se tratase de
proteger objetivos del tipo redistributivo y de
acceso a los bienes y servicios, existen
alternativas más eficientes que no condenan la
eficiencia por la equidad. Fomentar la actividad
económica privada crea empleos facilitando la
inserción. Las transferencias y subsidios
directos temporales pueden ser más eficientes
que los controles de precios distorsionadores,
que no necesariamente garantizan que los
grupos tutelados terminen beneficiándose.
Lo anterior resulta lamentable porque las
verdaderas responsabilidades del Estado, y del
Gobierno en especial, son coadyuvar a proveer
bienes públicos; constituyendo esta otra
asignatura económica-social reprobada y
pendiente del oficialismo
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