UNIVERSIDAD AUTONOMA DE CHIAPAS FACULTAD DE MEDICINA HUMANA DR. MANUEL VELAZCO SUAREZ ANTOLOGIA FRAGILIDAD EN EL ADULTO MAYOR Dr. Jorge Luis Toledo Castillejos La presente Antología pretende ser un acercamiento al síndrome de Fragilidad en el Adulto Mayor, dirigido a los alumnos de la Licenciatura en Gerontología de esta Facultad. LICENCIATURA EN GERONTOLOGIA AGOSTO 2015 FRAGILIDAD EN EL ADULTO MAYOR DEFINICIÓN Y CONTEXTO La Gerontología, que se encarga del estudio del envejecimiento humano, estudia todos los aspectos que permiten mantener la funcionalidad del adulto mayor y evitar la dependencia. Sabemos que el envejecimiento humano es un proceso caracterizado por la pérdida progresiva de las capacidades físicas y cognoscitivas, pero también existen algunas condiciones patológicas que no son parte del envejecimiento normal, como la fragilidad en el adulto mayor, poco conocida, por tanto no diagnosticada, ni tratada. El proceso normal de envejecimiento produce una disminución de hasta un 30% de las células que componen los diferentes tejidos y órganos del ser humano, traduciéndose en una disminución de la función cumplida por ese órgano. (Kerse 1951) (Ramos-Llibre 2004). Además existe una disminución progresiva en la función de múltiples enzimas anabólicas a expensas de un aumento de las enzimas catabólicas, determinando una disminución progresiva de la masa muscular y capacidad física. Esta condición en una situación de exigencia normal o habitual no tendrá repercusión; sí podrá afectar al individuo frente a una exigencia no habitual o estrés, dado que el envejecimiento fisiológico afecta las “capacidades de reserva” del organismo, llevando a que el adulto mayor viva en un constante riesgo de traspasar la línea de la independencia funcional, cayendo en un estado de discapacidad y dependencia; condición denominada fragilidad. (Fried 2001) La fragilidad es un concepto relativamente nuevo, el cual describe a un síndrome, producto de la disminución en la reserva homeostática y de la resistencia el individuo frente al estrés (como una enfermedad aguda, una cirugía o la administración de quimioterapia). ( Ávila-Funes 2007) La fragilidad incrementa la vulnerabilidad de los individuos para muchos efectos deletéreos tales como el riesgo del miedo a caerse, de inmovilidad, de fractura de 2 cadera y de muerte (Fried et al. 2001; Morley, Perry, y Miller 2002). Además las personas frágiles utilizan con más frecuencia todos los servicios de salud. Para la Iniciativa canadiense sobre la fragilidad y el envejecimiento, la fragilidad es parte de un continuo asociado a la edad avanzada y que actúa, sobre el plano biológico, en la deficiencia de diversos sistemas: endocrino, cardiovascular, músculoesquelético, inmunológico y nervioso (Bergman et al. 2004). Se han propuesto múltiples definiciones de fragilidad, pero en general se acepta que es un término en medicina geriátrica que describe la presencia de deterioro multi-sistémico, vulnerabilidad que se expande y que desafortunadamente no ha emergido como un síndrome clínico con una definición consensuada, sin una herramienta clínica como estándar de oro para su diagnóstico. Existen múltiples definiciones operativas de la fragilidad y estas incluyen en términos generales un fenotipo físico, cuyos componentes incluyen fuerza de prensión y velocidad de la marcha disminuidas, pérdida de peso, ausencia de energía y poca actividad física; así como también, un fenotipo multidominio, el cual se basa en la cuenta de déficits en salud (los cuales pueden ser signos, síntomas, enfermedades, discapacidades, anormalidades radiográficas, electrocardiográficas o de laboratorio) y en función de la cantidad de déficits dependerá la probabilidad de ser frágil. Aunque no existe un consenso respecto a la definición de fragilidad, la mayoría consideran que se trata de un estado de vulnerabilidad al estrés que se asocia con eventos adversos. (cenetec GRR 2014) Como se ha visto, la fragilidad es un concepto complejo. Sin embargo, constituye un síndrome clínico que puede ser reconocido. Si las personas frágiles son incapaces de resistir a las agresiones externas del medio, tales como los cambios del medio ambiente, heridas o enfermedades agudas, tales agresiones conducen a una caída en espiral del estado general del sujeto donde entra en un círculo vicioso del cual el adulto mayor no logra restablecerse (Bergman et al. 2004). Hay distintas definiciones operativas de la fragilidad. Quizá la más reconocida sea la propuesta por el grupo encabezado por la doctora Linda Fried en los Estados Unidos (Fried et al. 2001). Para ellos, la fragilidad es un "síndrome biológico" que 3 resulta de la disminución de la homeostasis y de la resistencia frente al estrés, y que además incrementa la vulnerabilidad, la discapacidad y favorece la muerte prematura. No hay todavía una definición ni criterios universalmente reconocidos para su descripción, pero se conocen elementos consistentes para su identificación. La prevalencia de este problema es variable y depende de los criterios utilizados para definirla. (Ávila-Funes 2007) En términos prácticos, el paciente frágil es aquel que se encuentra delicado de salud, débil y no es vigoroso o robusto. Es un síndrome que conlleva un riesgo alto de mortalidad, discapacidad, institucionalización (conceptos centrales en la práctica de la Geriatría), así como hospitalizaciones, caídas, fracturas, complicaciones postoperatorias, mala salud e incluso tromboembolismo venoso. Además de lo anterior, la fragilidad es considerada un continuo entre el envejecimiento normal y un estado final de discapacidad y muerte, con un estado previo como lo es la pre-fragilidad. . (cenetec GRR 2014) Fragilidad no es sinónimo de discapacidad, ni de la presencia de múltiples enfermedades crónicas o del envejecimiento extremo, aunque la línea que los divide es tenue y aun imprecisa (Bergman et al. 2004). La Asociación Americana de Medicina calculó su prevalencia entre el 10 Y 25% en los adultos mayores de 65 años y cerca del 50% en los mayores de 85 años (AMA 1990). La prevalencia en América Latina oscila entre un 30 y 48% en mujeres y de un 21 a 35% en hombres, en México es de un 39%, siendo mayor su frecuencia en mujeres con un 45%, a diferencia de los hombres con un 30%. La incidencia en mujeres se estima en un 14% a 3 años. La fragilidad, se asocia además de una disminución en la calidad de vida, al aumento de los costos ligados a su atención. (cenetec GRR 2014) 4 El proceso de envejecimiento no sólo vuelve vulnerable al organismo, sino que aumenta el riesgo de la aparición de deficiencias y discapacidades. (Ávila-Funes 2007) Es importante destacar que no todos los adultos mayores con discapacidades son frágiles y que no todos los ancianos frágiles presentan discapacidades (Fried et al. 2001), y la discapacidad puede considerarse como la consecuencia más grave e importante del síndrome de fragilidad (Morley 2003) Para la Organización Mundial de la Salud la discapacidad corresponde a una reducción, parcial o total, de la capacidad de llevar a cabo una actividad de la forma o en los límites considerados como normales para el ser humano (OMS 1993). Los problemas que llevan a la discapacidad son múltiples tales como el deterioro cognitivo, la depresión, la comorbilidad, o el aislamiento social o las actividades (Stuck et al. 1999). Sin embargo, la interrelación entre estos y otros factores y su impacto en las capacidades físicas de los adultos mayores no han sido del todo estudiadas. Es muy probablemente, el modelo explicativo de la generación de la fragilidad sea uno de los progreso en la integración de esos estados. (Ávila-Funes 2007) Es entonces imperante el desarrollo de métodos eficientes para detectar la fragilidad y medir su severidad en la práctica clínica. Sin embargo, a pesar de ser un problema de salud de gran trascendencia, a menudo no es identificado, lo cual condiciona un pobre pronóstico. (cenetec GRR 2014) Reconocer el síndrome de fragilidad en una sociedad que vive el envejecimiento poblacional representa una necesidad, toda vez que identificarla precozmente podrá dirigir nuestros esfuerzos hacia una intervención interdisciplinaria oportuna La identificación operacional del síndrome de Fragilidad resulta necesario para los cuidados de salud, la investigación y las políticas de planeación. (cenetec GRR 2014) 5 DETERMINANTES DE LA FRAGILIDAD O FACTORES DE RIESGO Estos factores de riesgo que determinan el estado de fragilidad en el adulto mayor se pueden clasificar en: a. Individuales b. Familiares c. Sociales d. Económicos e. Culturales f. Ecológicos g. Patológicos FACTORES INDIVIDUALES Los principales factores de riesgo individuales para el desarrollo de fragilidad son: EDAD AVANZADA La vejez en sí no define la fragilidad. Algunos pacientes, a pesar de la edad avanzada, pueden experimentar incapacidad temporal relacionada con una enfermedad o traumatismo, pero se pueden recuperar y volver a su línea de base. Sin embargo, también tenemos que reconocer que la mortalidad se acelera a medida que transcurren los decenios de la vida. A partir de los 25 a 34 años de edad, las tasas de mortalidad por todas las causas se duplican con cada decenio sucesivo, tanto en los hombres como en las mujeres, en casi todos los países. En cada decenio, las tasas de mortalidad de los hombres (por 100 000 habitantes) son siempre superiores a las de las mujeres. El factor multiplicador por decenio es 6 incluso superior para algunas de estas causas. En casi todos los países, la mortalidad total por enfermedades cardiovasculares es de dos a tres veces mayor a los 65 años que a los 55 y aumenta de nuevo de cuatro a cinco veces a partir de los 75 años. Las tasas de accidentes cerebrovasculares muestran una aceleración similar a partir de los 55 años. El número total de cánceres se duplica entre los 55 y los 65 años y de nuevo después de los 65. Todo ello significa que las tasas de mortalidad se aceleran entre 10 y 15 veces durante los tres o cuatro últimos decenios del ciclo vital. SEXO FEMENINO En casi todos los países las mujeres viven más que los hombres, y en algunos casos mucho más. La brecha se ensancha a medida que la población envejece. Según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (en adelante Enadis), la población adulta mayor está conformada por 53.42 % de mujeres y 46.58 % de hombres. México vive una transformación demográfica sin precedentes, y el envejecimiento de la población crea la necesidad de generar respuestas institucionales y sociales para encarar los desafíos presentes y futuros. Al respecto, también es importante que las acciones tengan una perspectiva de género que contribuya a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor y gocen de igualdad de derechos y de oportunidades. ¿Cuáles son los principales problemas que afectan a las mujeres adultas mayores? En México, según la Enadis 2010, las personas adultas mayores señalaron que las principales problemáticas que les atañen son la cuestión laboral, el acceso a los servicios de salud y la discriminación o maltrato. Cinco de cada 10 personas adultas mayores no trabajan por dedicarse a los quehaceres de su hogar; a 75.6 % de las mujeres adultas mayores las sostiene algún familiar u otra persona; dos de cada 10 personas adultas mayores están pensionadas, y de las mujeres adultas mayores sólo 11.7 % recibe alguna pensión 7 por su trabajo. Las desigualdades entre mujeres y hombres de las distintas edades desafortunadamente aún persisten en las sociedades. Muchas mujeres en el transcurso de su vida no tienen acceso a un trabajo formal ni a la seguridad social, o perciben un salario menor que los hombres. A veces también se les niega el acceso a la educación básica. Por ser personas adultas mayores, la situación de vulnerabilidad puede ser mayor. Otro gran problema de las mujeres adultas mayores es la violencia en contra de ellas. La esperanza de vida mayor para las mujeres también aumenta sus posibilidades de enfrentar la vejez sin el beneficio de patrimonios a su nombre o pensiones. 12 De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2002) en algunos países, es habitual que a las mujeres viudas se les niegue el acceso a los recursos o el control sobre los mismos. Asimismo, en muchas sociedades, no se reconocen los derechos de sucesión de las mujeres, por lo que cabe la posibilidad de que los bienes del marido (por ejemplo, la casa, el equipo agrícola y el dinero), se distribuyan entre otros integrantes de la familia. En este contexto, la viudez representa para las mujeres una pérdida de posición social, lo cual va más allá de la pérdida del marido. ANALFABETISMO Y BAJA ESCOLARIDAD Pocas cosas son tan distintivas del humano como el lenguaje hablado y escrito. Se trata, sin duda, de una expresión que traduce el alma y el pensamiento. En razón de que manejamos el lenguaje, sabemos, sentimos, interactuamos, conocemos y comunicamos; se habla para que se escuche, se escribe para que se lea. En la palabra está el secreto de nuestra especie; se trata de un auténtico código de la cultura. El lenguaje escrito representa una forma de adueñarse del mundo, de darle sentido al pensamiento, de expresar las emociones: amor, ira, tristeza, 8 resentimiento o alegría, entre muchas otras, al igual que los anhelos y las esperanzas. La educación tiene la responsabilidad de asegurar que los estudiantes puedan saber, hacer y ser a plenitud y que se formen de tal manera que sean capaces de hablar y de permitir hablar; que estén preparados para escuchar y para hacerse escuchar; que estén calificados para manejar la palabra escrita y defender con argumentos sus opiniones, pero también para que lean y comprendan lo que otros sostienen, conocen y desean. La relación entre lenguaje escrito y la educación escolar es muy intensa, pues por medio de éste enseñamos, transmitimos conocimiento, compartimos la importancia de un sistema de valores y formamos a las nuevas generaciones. No hay duda de que sin un buen manejo de la lengua escrita el proceso educativo se dificulta. La escritura crea seres reflexivos, desarrolla la conciencia de la historia y la cultura, además de que forma mejores mujeres y hombres. El término analfabeto o analfabeta en su acepción original y más simple (según el diccionario de la Real Academia Española) significa: "Que no sabe leer ni escribir". Pero, a medida que ha ido evolucionando la sociedad y que se ha tornado más compleja, el concepto ha requerido una evolución propia con el fin de hacerlo coherente con las necesidades de las personas así definidas. Digamos que ha requerido desarrollarse para incluir habilidades progresivas que permitan a las personas integrarse de mejor manera a la sociedad. En México, en términos generales, en el Censo de Población y Vivienda se considera como analfabetos "…a los que han pasado de la edad escolar y no saben leer ni escribir". En este sentido entenderemos el concepto de analfabetismo. No saber leer ni escribir constituye una de las más grandes desventajas personales y sociales que una persona puede tener. De hecho, se puede decir que esa condición margina, aísla y demerita a los individuos, incluso en su propio 9 medio social (Martínez, R. y A. Fernández. Impacto social y económico del analfabetismo: modelo de análisis y estudio piloto. Documento de proyecto. Santiago de Chile, ONU-CEPAL, 2009.) Los adultos mayores (60 años y más) es el grupo que experimenta mayores tasas de analfabetismo; en ellos sobresalen las mujeres: casi 29% de las personas del sexo femenino mayores de 60 años es analfabeta. Duele reconocer que, en pleno siglo XXI, tres de cada 10 adultas mayores mexicanas tengan ese nivel de exclusión. Cabe destacar, sin embargo, que la cifra absoluta de adultos mayores analfabetos no es muy diferente a la de la población adulta, es decir, la que tiene entre 30 y 59 años de edad. Ambos grupos tienen, en la actualidad, cerca de 2.4 millones de analfabetos. La escolaridad es un elemento muy importante para accesar a las diversas oportunidades de desarrollo personal y social. Sin embargo, los adultos mayores de nuestra actualidad estaban en edad escolar cuando el sistema educativo era muy escaso, solo para algunos sectores privilegiados de la población, donde las mujeres por cultura además no figuraban. Hoy tenemos que enfrentar que un gran porcentaje de nuestra población de adultos mayores es o analfabeta o con un bajo nivel de escolaridad. Se han realizado estudios de investigación que refieren que uno de los factores coadyuvantes al bienestar del adulto mayor es el nivel de escolaridad. En estas investigaciones donde se vincula la relación de la escolaridad con la severidad de una patología neurológica nos refiere que : La teoría de la reserva cognitiva supone que no hay una relación directa entre la severidad de una patología neurológica y el efecto que ésta ocasiona en el funcionamiento cognitivo, de tal forma que una persona con mayor reserva cognitiva será capaz de resistir una patología más severa antes de que su desempeño cognitivo sea afectado, mientras que, una 10 persona con menor reserva cognitiva mostrará alteraciones cognitivas ante patologías menos severas (Stern, Zarahn, Hilton, Flynn, DeLaPaz y Rakitin, 2003). Dadas las experiencias y contenidos de aprendizaje proporcionados por la escuela, la escolaridad es uno de los elementos que fundamentan la variabilidad individual de reserva cognitiva (Stern, 2003) La escolaridad puede influir en la calidad de vida del adulto mayor. Lasheras, Patterson, Casado y Fernández (2001), estudiaron a 352 adultos mayores (de 65 a 95 años de edad) en Oviedo, España para determinar la existencia de una asociación entre escolaridad y conductas de riesgo que afecten la sobrevivencia y la calidad de vida en esta etapa de vida. Además de años de escolaridad, los investigadores analizaron la actividad física, tabaquismo, autoconcepto de salud, relaciones sociales, estado emocional, alteraciones sensoriales reportadas y la auto-percepción de la habilidad de masticación (habilidad asociada con salud y calidad de vida). En sus resultados los autores encuentran una asociación entre escolarización y todas las variables medidas, de manera que las personas con baja escolaridad mostraron mayores sentimientos de infelicidad, pobres relaciones sociales, pobre salud auto-reportada, problemas visuales, deterioro auditivo y peor masticación. Basadas en lo anterior, las autoras sugieren que el nivel educativo tiene una fuerte influencia en la calidad de vida, ingesta de nutrientes y consumo de comida entre los adultos mayores. NO TENER UNA ADECUADA AUTOPERCEPCIÓN DE SALUD La Organización Mundial de la Salud recomienda la autoevaluación de la salud como una medida a incorporar de manera regular en las encuestas de la salud. En una revisión de varios estudios de investigación se encontró que existe un mayor riesgo de mortalidad entre las personas que calificaban su salud de manera negativa. Se ha encontrado que la autopercepción de salud medida a través de una pregunta es un buen predictor de morbimortalidad, aunque los resultados varían 11 según la pregunta empleada, las variables incluidas en el análisis y la duración del seguimiento. el riesgo de morir es mayor entre los hombres que califican su salud como mala que entre las mujeres, puesto que los hombres tienden a padecer problemas de salud que implican un riesgo vital, en tanto que las mujeres habitualmente sufren condiciones incapacitantes, pero menos mortales. (Benyamini 1999) Según la investigación Imaginarios sociales sobre el envejecimiento en las mujeres realizado en España y Colombia (2009), la autopercepción de la salud es un indicador que se considera como una útil herramienta para determinar el estado de salud global de la persona, predecir sus necesidades y organizar programas de intervención. Así mismo Gallegos, García, Durán, Reyes y Durán (2006) afirman que la percepción de salud es útil como un indicador global del nivel de salud de la población que refleja elementos tanto sociales como de salud. Por tanto la investigación Imaginarios sociales sobre el envejecimiento en las mujeres refiere que la salud en la adultez mayor según el 50% de los encuestados en España a nivel general, están de acuerdo con el estereotipo que postula que la mayor parte de las mujeres mantienen un nivel de salud aceptable hasta los 60 años, aproximadamente, en donde se produce un fuerte deterioro de la salud, con lo cual se evidencia que desde temprana edad se mantiene una percepción poco positiva de la salud en la adultez mayor. De igual forma en Colombia un 59% de la población encuestada a nivel general refiere estar de acuerdo con el estereotipo, de tal modo que se sigue manteniendo una percepción poco positiva de la salud después de los 60 años. Según estas estadísticas para los dos países la autopercepción de la salud en la adultez mayor refleja una estimación poco positiva hacia la misma; así por ejemplo en la cohorte que corresponde a mujeres mayores de 60 años en adelante encuestadas en 12 España encontramos que existe una percepción negativa de la salud pues el 70% de estas dicen estar de acuerdo con el estereotipo con lo cual se evidencia que existe una percepción negativa de la misma en esta edad; también en la población colombiana para esta cohorte encontramos que el 54% de la población dice estar de acuerdo con el estereotipo, con lo cual se refleja que al igual que en España la percepción de la salud en la adultez mayor no es favorable y por el contrario tiende a ser negativa. En la cohorte de 20 a 30 años es importante señalar que en las dos poblaciones se encuentra un porcentaje de 59% de la población Colombiana que está de acuerdo con el estereotipo y 47% de la población española en desacuerdo con el estereotipo, lo que nos lleva a inferir que los jóvenes de la muestra estudiada están más alejados de los estereotipos negativos de la adultez mayor con relación a la autopercepción de la salud. Según Uribe, Valderrama y Molina (2007) una percepción negativa del estado de salud puede llevar a la aparición de enfermedades crónicas tales como: hipertensión arterial, diabetes, enfermedades de vías urinarias, insuficiencia renal; o enfermedades de funcionamiento ya sea incapacidad, discapacidad o limitación física o mental. De acuerdo con la investigación Imaginarios sociales sobre el envejecimiento en las mujeres Puga, Rosero, Glaser y Castro (2007) corroboran una autopercepción poco positiva de la salud pues manifiestan que la población mayor española presenta altos niveles de problemas instrumentales, y una mala autopercepción del estado de salud, especialmente en el caso de las mujeres mayores, situación en la que, como se ha comentado, pueden estar influyendo características socioculturales. Son los adultos mayores británicos los que presentan una mejor salud autopercibida, así como menores niveles de discapacidad instrumental, tanto para hombres como para mujeres. 13 En oposición a lo anterior Gallegos, García, Duran, Reyes y Durán (2006) en su investigación autopercepción de la salud una aproximación a los ancianos en México encontraron que la percepción del estado general de salud, en la población de adultos mayores de México era regular y buena, pues sólo 19.8% de la población reportó que su estado de salud era malo o muy malo. De igual forma Todd, Máximo y Triunfo (2007) refieren en su artículo el estado de salud del adulto mayor en América Latina, que la autopercepción de la salud está relacionada positivamente con una buena nutrición, una mayor educación y un estilo de vida activo. Es decir que la percepción positiva de la salud está en un alto grado determinada por factores externos a esta; y que se relacionan básicamente con estilos de vida que se han adquirido a lo largo del ciclo vital y que presentan su resultado en la adultez mayor. De modo similar, Pino, Bezerra y Portela (2009) reportan que la autopercepción de la salud en Portugal y España tiende a ser positiva, aunque los valores medios de las variables estudiadas son menores en Portugal que en España. Sin embargo, las personas mayores en Portugal tienen una percepción más positiva de su salud y utilizan menos los recursos sanitarios. La causa de estos resultados se puede deber a varias circunstancias. Por un lado, que las personas mayores en Portugal acudan menos al centro de salud, por lo tanto, estén menos diagnosticadas. Por otro, que la dificultad o el desconocimiento de los recursos les lleve a justificar la enfermedad como algo natural y propio de la edad y no acudir al centro de salud. Finalmente se puede evidenciar que la autopercepción de la salud se convierte día tras día en un vaivén de transiciones y cambios que va asociada a diversos factores y que influyen en el estado de bienestar o malestar del adulto mayor. 14 HOSPITALIZACIÓN RECIENTE La población más anciana está expuesta a situaciones de riesgo que pueden empeorar su funcionalidad y desencadenar complicaciones. Los ancianos pueden empeorar durante la hospitalización como consecuencia de su patología y del encamamiento que conlleva a inmovilización, pérdida muscular, privación sensorial y aislamiento. Así mismo, el pronóstico de recuperación funcional tras el año de ingreso será bajo. El uso frecuente de los servicios hospitalarios por las personas mayores, los expone a consecuencias adversas de la hospitalización, muchas de las cuales no están relacionadas a la enfermedad de ingreso sino a efectos adversos de los tratamientos médicos y la práctica hospitalaria. A pesar que los hospitales modernos tienen lo último en tecnología, muchas prácticas del cuidado del paciente son arcaicas basadas más en tradición y hábitos que en ciencia y que pueden traer consecuencias no deseadas para las personas mayores. (Sayer 1998) Una consecuencia frecuente y potencialmente evitable de la práctica hospitalaria, que está diseñada para poblaciones jóvenes, es la pérdida de la función e independencia de las personas mayores (Sayer 1998) Dos características del paciente anciano agudamente enfermo son la disminución de su reserva funcional y la disminución de la capacidad de adaptarse a un entorno no familiar. Estas características hacen que el paciente anciano este en riesgo de complicaciones y una discapacidad funcional progresiva, requiriendo necesidades especiales de cuidado. (Gamarra 2001) Los riesgos que acarrea la hospitalización sobre todo para las personas mayores ha recibido especial atención en los últimos años, estas personas tienen una alta prevalencia de discapacidad que aumenta con la edad. Para muchas de ellas la hospitalización resulta frecuentemente en una declinación irreversible del estado 15 funcional y un cambio en la calidad y estilo de vida, pudiendo además dar como resultado muchas complicaciones no relacionadas al problema de admisión o su tratamiento específico, por razones que pueden ser evitadas, con una consecuente pérdida de su independencia y una alta probabilidad de ser institucionalizados. Usualmente la edad está asociada con cambios que incrementan la susceptibilidad a diferentes estrés. Muchos de estos cambios representan pérdida de la reserva funcional, pero no producen discapacidad bajo circunstancias ordinarias; sin embargo, cuando es sometido a algún estrés, sobrepasa la frontera y se inicia la inhabilidad funcional. Existen muchos factores asociados a la hospitalización y al reposo en cama que individualmente o en conjunto pueden conducir al anciano a la discapacidad, conduciendo a una cascada de eventos que pueden culminar con la disminución de la calidad de vida El reposo en cama produce una pérdida de la masa muscular de 10% por semana, además de producir cambios articulares y periarticulares que conducen a la contractura. Para un anciano con una reserva fisiológica disminuida que todavía es capaz de realizar sus actividades de la vida diaria, el reposo en cama de algunos días puede resultar en una pérdida de estas actividades. La pérdida de la fuerza muscular es la principal causa de las caídas, especialmente cuando se trata de trepar las barandas que usualmente son usadas durante la hospitalización. El reposo en cama también conduce a una pérdida del volumen plasmático (600 mL) que ocasiona hipotensión postural y síncope. El síncope puede ocasionar caídas, sobre todo si trata de bajarse de una cama alta y en un ambiente extraño La posición supina reduce la ventilación, produciendo una caída del PO2 de 2 a 8 mm Hg, suficiente para producir confusión, la hipoventilación también puede producir estasis de secreciones y desarrollo de infecciones respiratorias. 16 La desmineralización ósea también se acelera con el reposo, haciendo la aparición de fracturas más frecuentes, sobre todo las de cadera. La incontinencia urinaria que tiene una frecuencia de 5 a 15% en los ancianos que viven en la comunidad, puede llegar a alcanzar el 40 a 50% en los ancianos hospitalizados debido muchas veces a la dificultad que tienen durante la hospitalización de implementar sus habituales estrategias para evitar la incontinencia, el ambiente no familiar, las camas altas que los intimidan, las barandas, los diferentes “catéteres”, vías endovenosas, O2 nasal, etc. dificultan su movilización, a lo que se añade también el uso de medicamentos psicotropos que disminuyen la percepción de la necesidad de evacuar. La inmovilización de algunas horas puede conducir rápidamente a la aparición de úlceras de presión y que se acelera en los casos de incontinencia. El anciano por diversos cambios fisiológicos y disminución del impulso sensorial es propenso a la aparición de confusión. Durante la hospitalización coexisten diversos factores que van a conducir a confusión, aún en pacientes normales, el encontrarse en un lugar desconocido, con personas desconocidas, probablemente en una habitación con escasa iluminación, sin ningún objeto conocido, sin sus anteojos y audífonos. Los problemas de malnutrición y deshidratación ocurren rápidamente en el anciano hospitalizado ya sea por la dieta sin sal, dificultad de usar los utensilios, inaccesibilidad u otros, a lo que contribuye también la anorexia que acompaña a muchas enfermedades. La inadecuada posición de ingerir sus alimentos puede conducir a atoramientos y consecuentemente esto puede llevarle a presentar un cuadro de neumonía por aspiracion. 17 Nuestro estudio provee los primeros datos de la prevalencia de discapacidad en las personas mayores que son hospitalizadas, encontrándose un alto grado de discapacidad, el 41,3% requerían asistencia en alguna de la ABVD, a pesar que una completa dependencia fue encontrada solo en un 9,45%. Nuestros valores son similares a los reportados por otros autores(11-14), aunque existe diferencia sobre todo respecto a la continencia, ya que muchos pacientes lo niegan ya sea por vergüenza o por lo que no lo consideran anormal. Probablemente el porcentaje varíe si se le pide la performacia de la actividad, en nuestro estudio solo consideramos el reporte, ya que muchas veces hay una sobrestimación de la capacidad. Respecto a la capacidad de realización de la AIVD, encontramos que el 77,6% requería ayuda en tres o más actividades, sobre todo en el grupo de los varones los cuales por motivos culturales no están acostumbrados a realizar actividades como limpieza y lavado de ropa, de todos modos este alto porcentaje muestra el grado de dependencia de estas personas. Nuestros resultados son similares a los encontrados por Sager, AIVD 4,7 y 4,07, respectivamente. Sager también demostró que la realización de cinco o menos AIVD antes del ingreso es factor de riesgo para el DF durante la hospitalización. En la evaluación del impacto de la enfermedad y la hospitalización sobre las ABVD encontramos que el 51,3% presentó deterioro en una o más ABVD, los resultados de estudios previos varían de 30 a 70%, lo que confirma la importancia de la hospitalización como marcador de DF. Como se ha visto anteriormente las causas del deterioro funcional en pacientes mayores son múltiples, cumulativas, e interactivas e incluyen la enfermedad aguda en sí, los tratamientos y el descondicionamiento asociada al reposo en cama. El papel de la enfermedad aguda ha sido evaluada en estudios anteriores y las seis condiciones más frecuentes que ocasionan deterioro son: la enfermedad 18 cerebrovascular, fractura de cadera, insuficiencia cardiaca, neumonía, enfermedad coronaria y el cáncer, aunque la enfermedad por si sola es pobre predictor del DF (15); en nuestro estudio casi el 70% de los que se deterioraron presentaban enfermedad neurológica (mayormente cerebrovascular), insuficiencia cardiaca e infecciones. El DF y las complicaciones nosocomiales ocurren con mayor frecuencia en el grupo de más edad, sobre todo en los mayores de 85 años que pertenecen al grupo de ancianos frágiles, tal como también apreciamos en nuestro estudio; no encontramos diferencia respecto al sexo a diferencia de otros autores que encontraron que el deterioro funcional era mayor en mujeres, tal vez porque en nuestra población fue mayor el número de varones (56,2%) a diferencia de otras referencias. Así también hay una relación directa con la estancia hospitalaria, se considera el promedio de 12 días como punto de corte porque en nuestro hospital se considera estancia prolongada cuando es mayor a doce días. En cuanto a la vivienda de procedencia en sólo un caso procedía de institución de larga estancia, pero al alta casi el 12% fue trasladado a una institución y es significativamente mayor en el grupo que presentó DF. En la evaluación de la percepción del Estado General de Salud (EGS) antes, en la admisión y al alta encontramos que aquellos con estado de salud regular son los que más presentaron DF y complicaciones, en cambió aquellos con EGS pobre no variaron ya que permanecieron igual.De acuerdo a publicaciones anteriores el DF está relacionado también a discapacidad funcional previa, así el grupo que presentaba un deterioro funcional de una o más ABVD previas al ingreso fue el que presentó mayor DF. Esto también es válido para las AIVD y el grupo con menos capacidad de realizar AIVD el que más presentó DF.La incidencia de complicaciones adquiridas en el hospital, 43%, es algo mayor que la encontrada en otras publicaciones, 30 a 38%(14,16); es decir, más de un tercio de los ancianos 19 hospitalizados va a sufrir alguna complicación y la más frecuente son las infecciones nosocomiales (infecciones adquiridas en los hospitales). Entre los factores asociados a la aparición de complicaciones se encontró: la edad avanzada, las estancias prolongadas, la existencia de enfermedad neurológica y demencia previa, un estado general de salud pobre, y la inhabilidad de realizar tanto las ABVD y las AIVD previas a su ingreso. Así mismo, aquellos que presentaron complicaciones fueron evacuados en mayor número a instituciones de cuidados mínimos o de larga estancia. Se han propuesto diversas acciones para reducir las complicaciones adversas de la hospitalización y la disminución de la capacidad funcional, tales como cambios en el ambiente hospitalario, la utilización de camas bajas, pisos antideslizantes, evitar las vías endovenosas en lo posible, permitirle el uso de su dentadura y audífonos, tener una adecuada iluminación de los ambientes, lugares específicos para la toma de sus alimentos, vestido y desvestido diario, puede ser beneficioso; así como también la evaluación por el servicio social desde su ingreso para evaluar las necesidades al alta, ya que puede obviar muchas veces la institucionalización.Lo más importante es el cuidado interdisciplinario y la participación conjunta de todos los que participan en la atención del anciano incluido los familiares de éste, promoviendo la deambulación temprana y la incentivación de realizar las ABVD durante la hospitalización. Se han reportado varios estudios que demuestran el beneficio de unidades especiales en evitar el deterioro de la funcionalidad y las complicaciones, con una adecuada identificación temprana de los factores de riesgo y una intervención interdisciplinaria, sin que esto represente un incremento de los costos por paciente durante la hospitalización y más aún logrando disminuir recursos posteriores al alta(13,17-27); sin embargo, son pocos los lugares en nuestro medio que cuentan con dichas unidades.Para que estas unidades logren su objetivo deben cumplir ciertas características como: dirigirse a una población diana susceptible de beneficiarse; la valoración inicial debe ser seguida de un proceso de control clínico por el mismo 20 equipo; la intervención debe incluir un período de seguimiento adecuado. Se ha propuesto para el presente año la creación del Servicio de Geriatría del HNERM, por lo que el presente estudio servirá de una fuente de información muy importante para el diseño de programas de intervención y obtener indicadores para la evaluación de estos programas.En resumen nuestro estudio demostró que la prevalencia de discapacidad en nuestra población mayor que es hospitalizada por una enfermedad aguda en nuestros servicios es alta, ya que el 41,3% requería ayuda en una o más actividades básicas de la vida diaria, incrementándose hasta 68,7% como consecuencia de la hospitalización. Por otro lado, es alto también el porcentaje de complicaciones nosocomiales 43,3%, principalmente las infecciones, que están relacionadas al deterioro funcional previo; lo que plantea la necesidad de unidades especializadas para minimizar las complicaciones de la hospitalización. En un estudio realizado en el hospital universitario de la red pública de Andalucía se observó cómo pierden capacidad funcional el 16% de los menores de 85 años y el 67,5% de los mayores de85. Tras la hospitalización el 44% de los menores de 85 años recuperó su capacidad funcional y en los mayores de 85 años, la cifra fue 0%. El porcentaje de recuperación funcional en menoresde 85 años es del 15% mientras que los pacientes mayores de 85 años no sólo no recuperan capacidad funcional, sino que pierden una media del 55% de la que tenían al ingreso. Tal y como establecen las evidencias muchos factores condicionan el deterioro: edad avanzada, sexo, duración estancia, patología, comorbilidad, el deterioro cognitivo y el deterioro funcional previo Sin embargo, el adulto mayor no tendría necesariamente que perder tanto de su capacidad funcional si se establecieran unidades hospitalarias especializadas en la atención de estos pacientes, con personal profesional capacitado para ello. REVISAR EL ARTICULO.Porcentaje de pérdida de masa muscular en el adulto mayor hospitalizado en un servicio de medicina interna. Everest Barrientos López. Rev. Esp. Méd. Quir. Volumen 18, Núm 1, enero-marzo, 2013. 21 DOS O MÁS CAÍDAS EN LOS ÚLTIMOS DOCE MESES Caída se define como la consecuencia de cualquier acontecimiento que precipita al individuo al suelo contra su voluntad. Esta precipitación suele ser repentina,involuntaria e insospechada y puede ser confirmada por el paciente o un testigo. ¿POR QUÉ SON TAN IMPORTANTES LAS CAÍDAS? • Es uno de los grandes síndromes geriátricos. • Es un marcador de fragilidad. • Es un accidente frecuente y grave. • Los accidentes son la 5ª causa de muerte en las personas adultas mayores, el 70% de los accidentes son caídas. • 30% de las personas adultas mayores que viven en la comunidad se cae una vez al año, siendo más frecuente en mujeres. El riesgo de caídas aumenta de manera importante y progresiva a medida que aumenta la edad. Más de la mitad de las caídas llevan a algún tipo de lesión. Aproximadamente una de cada diez caídas llevan a lesiones serias (fracturas, luxaciones, etc.) que pueden generar complicaciones importantes (inmovilidad prolongada, etc.) Las caídas son la principal causa de fractura de cadera en los mayores. • Las fracturas se producen en una de cada diez caídas y un tercio de ellas comprometen el fémur. • Las fracturas se asocian a disminución severa de la capacidad funcional por falta de rehabilitación o iatrogenia. Con relación al sitio donde ocurrió el accidente en los pacientes de 65 y más años, se determinó que 58% sufrieron caída en el hogar, de los cuales 21% fue por caída súbita sin causa aparente, 32% tropezó con algún objeto, 4% caída de la cama y 1% por empujón. 22 Dieciséis por ciento de estos pacientes sufrieron el accidente fuera del hogar, con la siguiente distribución: 14% en vía pública, 6% atropellamiento, 8% caída simple y 2% caída en centro comercial. ¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS RELACIONADAS CON LAS CAÍDAS? Además de las consecuencias físicas, como el trauma inmediato, heridas, contusiones, hematomas, fracturas y reducción de la movilidad. Las caídas tienen importantes consecuencias psicológicas y sociales como: • Depresión o el miedo a una nueva caída. • Cambios del comportamiento y actitudes que pueden observarse en los cuidadores y en su entorno familiar que van a provocar una disminución de las actividades físicas y sociales. Las caídas también tienen consecuencias económicas, ya que en los casos de hospitalización o institucionalización hay aumento de costos y con el aumento de la dependencia, la necesidad de un cuidador. FACTORES DE RIESGO PARA PRESENTAR CAIDAS: • Dificultad para levantarse de la silla. • Existencia de barreras arquitectónicas. • Actividades de riesgo. • Edad de 75 años o más. • Sexo femenino. • Problemas visuales. • Fármacos (hipotensores y psicofármacos). • Enfermedades crónicas: neurológicas, osteoarticulares, musculares. • Inmovilidad. • Antecedentes de caídas (aproximadamente el 75% de los mayores que se caen, sufrirán una nueva caída en los siguientes seis meses). 23 Usualmente las caídas son producto de la combinación de varios factores, los cuales pueden ser intrínsecos (con relación a la persona) y extrínsecos (con relación al ambiente). FUERZA DISMINUIDA EN LAS EXTREMIDADES SUPERIORES La debilidad puede deberse a desuso de la musculatura, mal nutrición, alteraciones de electrolitos, anemia, desórdenes neurológicos o miopatías Entre los 30 y los 80 años se pierde un 30 a 40% de la masa muscular. Dicha pérdida no es lineal y se acelera con la edad. La fuerza muscular disminuye asimismo con los años ya que las fibras tipo II (rápidas) disminuyen más que las fibras tipo I y las unidades motoras reducen su densidad. Las enzimas glicolíticas reducen su actividad más que las oxidantes. La menor actividad de la hormona de crecimiento y andrógenos contribuye a la disfunción muscular. La remodelación de tendones y ligamentos se vuelve más lenta. Los cambios óseos son de particular importancia por las implicancias clínico-epidemiológicas que pueden tener. DETERIORO COGNOSCITIVO El deterioro cognitivo es un factor, significativo de riesgo de anciano frágil. La presencia de un déficit cognitivo por sí mismo, puede ser un condicionante para la aparición de otros factores de riesgo de fragilidad en la persona mayor. El deterioro cognitivo hace que se produzca un declinar de las actividades básicas de la vida diaria El adulto mayor demenciado además, tiene una mayor prevalencia de caídas Así mismo, el deterioro cognitivo en el adulto mayor condiciona una mayor frecuencia de presencia de otro factor de fragilidad, la incontinencia urinaria Las tasas de hospitalización en los mayores con trastornos cognitivos son mas altas que en la población sana. Otro condicionante de riesgo, como es la polimedicación, tiene mayor prevalencia en este tipo de pacientes 24 Hipertensión arterial, diabetes mellitus e hiperlipidemia están más unidos a los pacientes con alteraciones cognitivas, que al resto de la población anciana. Diferentes estudios realizados apuntan a que el paciente con demencia sufre, con mayor frecuencia, alteraciones afectivas tales como el síndrome depresivo, trastornos de ansiedad e insomnio. La mortalidad, en general, en los pacientes con demencia está aumentada; tal es así, que la progresión del deterioro cognitivo está directamente relacionada con la mortalidad. Por todo ello, el deterioro en las funciones cognitivas en el anciano cobra gran importancia a la hora de la aparición de otros factores de riesgo de fragilidad. DEPENDENCIA EN AL MENOS UNA ACTIVIDAD BÁSICA DE LA VIDA DIARIA. La independencia funcional se ha definido como “el desempeño de las tareas de cuidado personal sin supervisión, dirección o asistencia personal activa” (Rodgers 1997). Por su parte, en 1998 el Consejo de Europa definió la dependencia como “el estado en el que se encuentran las personas que, por razones ligadas a la falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de asistencia o ayuda importantes para realizar las actividades de la vida cotidiana” (Walter 1999) Según ese mismo organismo, la dependencia no es una situación exclusiva de las personas mayores, si bien es cierto que su incidencia aumenta con la edad. (Walter 1999) Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la dependencia es la “disminución o ausencia de la capacidad para realizar alguna actividad en la forma o dentro de los márgenes considerados normales”. 25 Estas definiciones implican que debe haber otra persona que intervenga directamente en el cuidado de la persona dependiente e incluso en la satisfacción de sus necesidades básicas (Vicente 2004) Con el aumento del número de adultos mayores habrá también un incremento de las necesidades de salud de este sector de la población, así como una mayor prevalencia de uno de los problemas más temidos de la vejez: la dependencia funcional. Su importancia está dada por las consecuencias que conlleva, entre las que destacan las de carácter personal (como la disminución de la autoestima y del bienestar autopercibido), las de carácter familiar (como el cambio de las rutinas y las relaciones entre los miembros de la familia), la prestación de cuidados especiales, el colapso del cuidador, la institucionalización y, finalmente, las implicaciones económicas a nivel individual, familiar, social y de políticas de salud. (Montorio 2004) FACTORES FAMILIARES COLAPSO DEL CUIDADOR Y MALTRATO El cuidador primario o principal es la persona que tiene contacto frecuente con el paciente, supervisa la mayor parte de sus actividades y conoce lo relativo al mismo, además de que provee de los recursos necesarios para su sustento. (Turró 2010) Generalmente es una mujer con edad entre 40-55 años, la mayoría son hijas o esposas y sólo un porcentaje menor trabaja fuera de casa. El cuidador provee atención a nivel emocional (amor, empatía, confianza), instrumental (proveer lo necesario en especie, asistencia o servicios) y económico. (López 2009) Proveer de cuidados a un miembro de la familia ocasiona desgaste físico, emocional y económico en los cuidadores, además de afectar su actividad laboral, tiempo libre y relaciones sociales; la presencia de estas alteraciones en los cuidadores se le conoce como colapso o sobrecarga. (Breinbauer 2009) 26 El colapso del cuidador se incrementa cuando no hay apoyo de otros familiares para la asistencia del adulto mayor, lo que ocasiona descanso inapropiado del cuidador, así como descuido personal, problemas laborales, familiares y económicos;(Evans 1992) asimismo, algunas actitudes del adulto mayor como la agresividad física y verbal son otros factores que afectan al cuidador. El colapso del cuidador incrementa el maltrato hacia el adulto mayor, poco apego al tratamiento del paciente e incremento del número de hospitalizaciones. (Artaso 2001) En México la familia es la principal proveedora de cuidados para el adulto mayor, la mujer en concreto, ya que por los aspectos socioculturales se considera un trabajo de mujeres. (Zúñiga 2004) En estudios hechos en población mexicana se ha tratado de establecer el concepto de colapso y se menciona que además de ser una carga emocional, es una carga física, y por cuestiones culturales se considera el cuidado como un sacrificio, algo que se debe hacer. (Méndez 2008) FACTORES SOCIALES La población de adultos mayores de origen latinoamericano tiene un riesgo incrementado para el desarrollo de fragilidad, debido a las deficientes condiciones socioeconómicas con las que crecieron en la infancia como la pobreza, malnutrición y en general a malas condiciones de salud, que se perpetuán en la adultez por una mala educación, empleos de gran esfuerzo físico, con malas condiciones laborales y mal remuneradas. En el proceso de envejecimiento nos enfrentamos con muchos cambios y muchas fuentes de estrés. Ya no somos tan fuertes como solíamos serlo, los padecimientos son ya un problema, los hijos se van de la casa, gente que 27 amamos muere, tal vez estamos solos y eventualmente empezaremos a dejar nuestros trabajos o tal vez nos piden que los dejemos por cuestiones de edad. Cambia el rol que se desempeñaba, entendiendo como rol un patrón de comportamiento esperado asociado con una posición en la sociedad. Es importante mencionar que algunos roles que la gente asume a lo largo de su ciclo vital son elección propia y son satisfactorios, por tanto el cambio de ese rol supone un estrés al que hay que enfrentarse de manera positiva buscando hacer otras actividades satisfactorias. Otro aspecto a considerar es la autoestima. Algunos estudios han revelado que existen cambios en la autoestima en diferentes momentos del ciclo vital. Respecto a la habilidad de liderazgo Marguerite Kermis (1986) reporta que el sentido de los hombres de habilidad de liderazgo reside entre los 35 y 49 años y empieza disminuir a partir de ahí. Y que en el caso de las mujeres empieza a disminuir hasta la edad de 65 años. Matilde Riley y cols en 1968 hicieron un estudio de investigación gerontológica y encontraron que las personas mayores comparadas con los jóvenes eran menos aceptables en considerarse a ellos mismos con un buen estado de salud Por otro lado, la Jubilación, uno de los grandes problemas del ciclo vital en el hombre moderno, constituye un cambio en el cual la persona deja de realizar actividades en las cuales siempre basó su seguridad. El estilo de vida que uno desarrolla durante un historial de trabajo de 40 o tal vez 50 años, en el cual la vida ha estado estructurada alrededor de 8 o quizás más horas de trabajo al día, y donde mucho de lo que queda de la vida social esta directa o indirectamente ligado al trabajo previo, hace que muchas de las personas jubiladas sientan que su actividad social ha disminuido con lo que muchas veces su salud puede verse afectada, si no existe una buena adaptación al cambio. Especial atención se requiere en lo que respecta a la situación de las mujeres adultas mayores indígenas, quienes viven mayoritariamente en situación de pobreza, sus roles sociales suelen estar circunscritos a las labores domésticas, 28 además de ser común su exclusión en la herencia de bienes materiales. El rol de género subordinado de las mujeres indígenas se agudiza en la vejez; ya que si en la infancia y juventud enfrentaron dificultades en el acceso a la educación, imposición del matrimonio, sumisión al esposo, entre otras limitaciones; cuando se llega al período de vejez, esas restricciones suelen acentuarse (CEAMEG, 2008). Sin embargo es importante mencionar que estas situaciones de discriminación y exclusión social no son exclusivas de las mujeres indígenas, es una realidad compartida por amplios sectores de las mujeres mexicanas. FACTORES ECONÓMICOS INGRESOS FAMILIARES BAJOS El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) presenta la publicación Los adultos mayores en México.Perfil sociodemográfico al inicio del siglo XXI, en la cual se describen algunos rasgos demográficos, sociales y económicos de la población de 60 años o más; así como sus condiciones de vida. En México la responsabilidad y autoridad del hogar se otorga, en la mayor parte de los casos, a las personas de sexo masculino de mayor edad. Así, de acuerdo con los resultados de la muestra censal, en el país existen 22.6 millones de hogares, de los cuales 51.2% está dirigido por un hombre de 30 a 59 años y 12.7% por un adulto varón de 60 años o más; en cambio, sólo 20.6% del total de hogares reconoce a una mujer como jefa, entre éstas 30.3% tienen 60 años o más. (FUENTE: INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda, 2000.) La muestra del censo registró 5.3 millones de hogares con adultos mayores en todo el país, los cuales representan casi la cuarta parte (23.3%) del total de unidades domésticas. En correspondencia con la estructura por edad y sexo de la población, este conjunto de hogares es el que registra la mayor presencia relativa de unidades dirigidas por una mujer (35.2 por ciento). 29 Los papeles socialmente asignados se vinculan con la edad y sexo de los individuos. Así, eventos significativos de la vida de las personas, tales como trabajar, casarse o formar una familia se articulan con la jefatura del hogar. Aunque es frecuente suponer que el estatus de los individuos de 60 años o más en el hogar se caracteriza por una situación de dependencia o de “carga para la familia”, se observa que 86.6% de los hombres y 37.2% de las mujeres de 60 años o más son reconocidos como los responsables del grupo. Del total de hogares con adultos mayores, 81.5% es dirigido por una persona de 60 años o más; de éstos 36.9% es ampliado (por la incorporación de yernos, nueras y nietos al hogar) y 46.4% nuclear. En contraste, entre los hogares cuyo jefe tiene menos de 60 años, 87.6% es de tipo ampliado, debido a que, en la mayoría de los casos, el adulto mayor y su cónyuge son los padres o abuelos del jefe. Entre los hogares dirigidos por un adulto mayor, ubicados en localidades rurales, hay una relativa menor presencia de hogares familiares, y un mayor porcentaje de hogares unipersonales. La proporción de hogares familiares (en cualquiera de sus tres clases) se incrementa conforme el tamaño de la localidad es mayor, de tal forma que 84.5% de los hogares que residen en localidades de 100 000 habitantes y más son de tipo familiar. Conforme avanza la edad de los adultos mayores es más frecuente que formen un hogar unipersonal; después de los 70 años de edad, más de 10% de la población vive sola. De acuerdo con la muestra censal, el volumen de población en hogares con adultos mayores es de aproximadamente 21 millones de personas, de éstas 30 30.9% integran un hogar nuclear y 63.1% uno ampliado. El monto de personas que conviven cotidianamente con un adulto mayor es al menos de 14.5 millones (cifra equivalente a 15% del total de la población del país). Entre los hogares cuyo jefe no participa en el mercado de trabajo, se observa una proporción significativa (comparada con la que muestra el grueso de la población) que recibe pensión. Al igual que para la población en general, el reconocimiento de la participación en las actividades domésticas es muy baja entre los hombres, mientras que dos de cada tres jefas de hogar con adultos mayores declaró dedicarse a los quehaceres del hogar. La menor participación económica de las adultas mayores que encabezan el hogar, así como su reducida proporción de condición de jubilada o pensionada, permite suponer que los ingresos del hogar provienen de las remuneraciones por trabajo de los otros miembros del hogar, o bien de familiares que no residen en la misma vivienda, pero que transfieren recursos monetarios y no monetarios al hogar. Del total de los hogares donde hay al menos un adulto mayor y que son dirigidos por una persona que participa en el mercado de trabajo, la tercera parte es encabezada por un individuo que realiza actividades del sector agropecuario; la sexta parte por artesano u obrero y 12.6% por un comerciante independiente. En los hogares donde el jefe tiene menos de 60 años, el patrón es similar, pero con una reducción importante en la proporción de trabajadores agropecuarios, y un peso relativamente mayor en actividades relacionadas con la economía formal. En contraste, en los hogares de adultos mayores cuyo jefe tiene 60 años o más, es menos frecuente que éste se dedique a ocupaciones calificadas; las proporciones respecto a las que registran los jefes del hogar menores de 60 años 31 son (al igual que para el grueso de la población) muy bajas: menos de la mitad entre los profesionistas, técnicos y los que trabajan en actividades educativas. INGRESO Según los resultados de la muestra del censo del año 2000, en promedio, los hogares con adultos mayores tuvieron un ingreso monetario mensual de poco menos de 5 mil pesos, de los cuales 73% se refiere a las remuneraciones que por trabajo recibieron algunos de sus miembros, y el resto a pensiones, ayuda de familiares, transferencias del Estado, becas, rentas, intereses bancarios, etc. En general, tres cuartas partes del ingreso por trabajo de los hogares con adultos mayores proviene de la persona que lo encabeza, quien labora en promedio 42.6 horas y tiene un ingreso mensual promedio de 2 741 pesos. De acuerdo con el tipo de ocupación y tiempo laborado, los ingresos por trabajo de los jefes del hogar muestran diferencias donde, en general, los jefes de 60 años o más reciben menos ingresos por ocupaciones similares. Las personas de 60 años o más que encabezan su hogar trabajan en proporción 11.5% menos tiempo que los jefes de 59 años o menos; sin embargo, reciben un ingreso 40.4% menor. Las únicas ocupaciones donde la remuneración por trabajo es mayor entre los jefes de los hogares con 60 años o más, son las actividades profesionales, con una diferencia que es 27.1% más alta; también se encuentran los operadores de maquinaria fija y los trabajadores de la educación que muestran diferencias de 25.7 y 2.6 por ciento, respectivamente. Respecto a las prestaciones laborales, sólo 16.1% de los jefes de los hogares que se insertan en el mercado laboral y tienen 60 años o más recibe reparto de utilidades, una tercera parte (34%) recibe vacaciones pagadas y 44.3% aguinaldo. En términos generales, los hogares con adultos mayores dirigidos por un hombre tienen un ingreso promedio de 5 306 pesos mensuales, cifra que es 28.6% más 32 alta que la que registran los encabezados por una mujer; dicha diferencia está dada básicamente por las remuneraciones por trabajo, que en los hogares con jefatura masculina son 39% mayores, mientras que las transferencias y otro tipo de ingresos son relativamente equivalentes. FACTORES CULTURALES Nuestra cultura define nuestras conductas, pasatiempos y alimentación. Existen población como la nuestra donde se consume un alto porcentaje de grasas. Las dietas ricas en grasa elevan el riesgo de cáncer de colon y próstata y, quizás, de otros cánceres. También influyen de forma determinante en la aparición de la aterosclerosis, que se expresa en forma de ataques al corazón y trombosis cerebrales. Respecto a los pasatiempos o actividades, las mujeres mayores de nuestro país tienen una mayor gama de posibilidades ya que tradicionalmente suelen dedicarse a la familia, a labores del hogar, hijos o nietos, lo cual consume la mayor parte de su energía y pensamientos, a diferencia de los hombres que toda su vida ha girado en torno al trabajo, mismo que suele ya no ser parte de su vida. FACTORES ECOLÓGICOS Los elementos de nuestro entorno ambiental desde siempre han condicionado nuestra conducta, nuestra alimentación, pero nosotros tambien hemos influenciado sobre este entorno ecológico. Cuando analizamos los factores ecológicos que pueden ser causantes o factores de riesgo de fragilidad en el adulto mayor, podemos analizar algunos tales como que existen hoy en dia ciudades cuyo ambiente esta cargado de agentes tóxicos que pueden provocar desde infecciones respiratorias, hasta tumores cancerígenos. Las condiciones de vida para el adulto mayor en las ciudades grandes, donde se encuentran rodeados de obstáculos para mantener su propia independencia, van 33 desde la imposibilidad de salir de sus hogares por cuestiones de inseguridad, dificultad para el uso de transporte publico por el riesgo de caidas, al no ser transportes adecuados o acondicionados para personas mayores, y personal operativo poco amable. Barreras arquitectónicas diversas dentro y fuera de los hogares que en lugar de convertir un paseo fuera de casa en algo agradable constituye un riesgo de caidas. Dentro de los hogares, debido a la poca planeacion para el futuro solemos, sin necesidad, hacer construcciones con tantos desniveles y escalones para el acceso a los diferentes espacios de la casa, que muchas de las vecez dejan al adulto mayor recluido en su habitacion o esclavizado a una sola area de la vivienda. Es importante entonces considerar algunos aspectos de protección medioambiental puesto que la frecuencia de las caídas vuelve a aumentar en los últimos años de la vida, las personas mayores (y todos en realidad) deben protegerse disponiendo de los siguientes elementos (Haber, 1994): • iluminación abundante siempre que haya escalones o pendientes, • barandas en las escaleras que carecen de ellas, • bandas adhesivas o superficies ásperas en bañeras y duchas resbaladizas, • barras para sujetarse en la bañera, • terminados a los suelos que no se vuelvan resbaladizos al mojarse, • alfombras que no se deslicen, • ejercicio regular para incrementar la fuerza de las piernas y mejorar el equilibrio. La baja actividad física y la pobre ingestión de calorías hacen más vulnerables a los adultos mayores para sufrir el síndrome de fragilidad. 34 FACTORES PATOLÓGICOS La etiología de la fragilidad parece ser multifactorial y su fisiopatología está influida por la interacción y superposición de factores tales como alteraciones del estado de ánimo, el deterioro cognoscitivo, y manifestaciones clínicas diversas y que pueden identificarse como componentes de muchas enfermedades crónicas. (Ávila-Funes 2007) FRACTURA DE CADERA DESPUÉS DE LOS 55 AÑOS DE EDAD La fractura de cadera en el anciano constituye la lesión más importante del sistema musculoesquelético debido a que se acompañan de diversos padecimientos crónicos interrecurrentes que dificultan su prevención, manejo y rehabilitación, por lo que actualmente se acepta que deben tratarse quirúrgicamente con movilización postoperatoria precoz. No obstante, en determinados casos en que el paciente presente demencia senil y que no son capaces de caminar antes de producirse la fractura, debe de valorarse cuidadosamente el tratamiento conservador. Factores de riesgo A. Aumento de la incidencia con la edad: se duplica cada década a partir de 50 años. B. Osteoporosis: las personas mayores de 70 años presentan osteoporosis en una proporción de un tercio el sexo femenino y un sexto el sexo masculino, más frecuente en raza blanca que hispanas. C. Ingesta de alcohol, tabaco, psicotrópicos y medicamentos. Factores fisiológicos que influyen en las caídas en el viejo: A. Visuales B. Auditivos C. Neurológicos 35 Control del equilibrio: sistema vestibular, agudeza visual y sistema propioceptivo. El control del equilibrio está alterado por cambios propioceptivos y cambios del sistema mecano-receptor en la cápsula de las articulaciones apofisarias de la columna cervical afectada con mucha frecuencia en el viejo. Se encuentra arreflexia rotuliana entre 20 y 80% de los ancianos aparentemente normales. Además de los trastornos del arco reflejo, fundamentalmente provocados por pérdida de fibras propioceptivas, la disminución de la elasticidad del tendón y la rigidez articular, influyen en la disminución de este reflejo. El trastorno de la sensibilidad vibratoria en las piernas es un hallazgo frecuente pudiendo encontrarse entre 25 y 50% de los ancianos. Se ha dicho que esta alteración alerta más severamente el hemicuerpo dominante. Al envejecer disminuyen en número los corpúsculos de Meissner y los que persisten tienen alteraciones morfológicas, lo que pudiera explicar este trastorno. Los cambios visuales con el envejecimiento provocan que los medios transparentes de los ojos se reduzcan; la retina y el sistema nervioso central son menos eficaces, lo que facilita la presbicia con pérdida del campo visual sobre todo nocturno, la disminución de los cuerpos periféricos de la visión y la facilidad para el deslumbramiento. Por lo anteriormente citado, el anciano requiere de mayor iluminación en todos los lugares donde se desplaza. En un individuo normal la orientación visual juega un papel importante en el control del campo periférico de la retina, siendo de particular importancia en el equilibrio. Con la edad se afecta la agudeza visual, porque disminuye la sensibilidad al contraste y la de los colores. Varios factores facilitan este trastorno, entre ellos la presbicia por pérdida de la elasticidad del cristalino, cambios degenerativos en el nervio óptico, corteza visual y mácula. Las pupilas en el viejo son pequeñas, esta miosis se relaciona con cambios involutivos en el músculo esfínter de la pupila. La limitación de la mirada hacia arriba es un hallazgo común en el anciano. Los músculos más afectados son los de la musculatura extrínseca ocular, ya que 36 éstos, sobre todo los elevadores del globo ocular, tienen un alto consumo de oxígeno por los constantes movimientos de los ojos. Framingham informa el riesgo relativo de fractura en pacientes con una agudeza visual de 20 30 a 20/80 era de 1.54, llegando a 2.17 en aquéllos con una agudeza visual de 20/100 o peor (Fleson y cols., 1989). Los cambios auditivos como la pérdida de la agudeza auditiva con reducción de la capacidad para captar ruidos y sonidos de advertencia o aviso, pueden contribuir a caídas. La hipoacusia es muy frecuente en ancianos y en 50% de los casos es causada por otosclerosis, en el resto está relacionada fundamentalmente con la presbiacusia, que deteriora la percepción de sonidos de alta frecuencia y se asocia con degeneración coclear. Calidad ósea La disminución de la masa ósea y la osteoporosis postmenopáusica condicionan aumento en la incidencia de fracturas en el viejo, siendo principalmente con mayor frecuencia de cadera, columna y muñeca, constituyendo la edad el factor de riesgo más importante. No existe una predisposición genética con relación a la incidencia de fracturas según la raza, factores genéticos o ambientales. Dieta Los estudios basados en biopsias óseas del sitio de fracturas de cadera reportan una prevalencia de osteomalacia en 0-2% lo que sugiere que una deficiencia de vitamina D, no es el factor principal en el caso de una fractura (Compston, Vedi y Croucher, 1991). Muchos pacientes con fractura de cadera presentan baja concentración plasmática de calcitriol, lo que se puede comportar como un hiperparatiroidismo secundario, que a su vez provoca un desequilibrio cálcico y rarefacción ósea (Belmamou y cols., 1991). Los pacientes que viven en zonas con alta concentración de fluoruros en agua potable, indica que no es eficaz e incluso 37 aumenta el riesgo de sufrir una fractura de cadera, a pesar de las evidencias radiológicas de que la densidad ósea aumenta en dichos individuos (Sowers y cols., 1991) Ejercicio físico Diversos estudios revelan y coinciden que el ejercicio físico protege del riesgo de fractura de la epífisis proximal de fémur, ya que los pacientes con fractura de cadera practicaban menos actividad física durante la edad media de la vida que el grupo control (Leung y cols., 1988; Nieves, Grisso y Kelsey, 1992). Café, alcohol y tabaco Existe relación aparente entre mujeres que consumen más de tres tazas de café al día por su efecto diurético y desmineralización ósea. De la misma manera el consumo de alcohol se asocia a rarefacción ósea y mujeres menores de 65 años existiendo un riesgo relativo mayor comparado con el sexo masculino. Las mujeres fumadoras presentan una menopausia más precoz y menor densidad ósea que las que no fuman. El hábito de fumar acelera el índice de pérdida ósea postmenopáusica y duplica el riesgo de osteoporosis (Krall y Dawson- Hughes, 1991). El dejar de fumar antes de la menopausia reduce en 25% el riesgo de fractura de cadera. Constitución física La mayoría de las revisiones han demostrado una relación negativa entre el índice de masa corporal (peso/altura) y la incidencia de fractura de cadera, asociada al hecho de que los individuos con bajo índice de masa corporal tienen una masa ósea reducida (Johansson y cols., 1992). Factores hormonales Aunque no se producen cambios súbitos en las concentraciones hormonales masculinas, las personas con hipogonadismo presentan mayor riesgo de fractura 38 como se comprueba en un estudio de casos y controles de hombres con fractura de cadera en que la proporción de casos con concentraciones bajas de testosterona libre era de 58.8% frente a 26.97% de los controles (Stanley y cols., 1991). En las mujeres es bien sabido que el aceleramiento de pérdida de masa ósea en la menopausia está en asociación con fractura de cadera. En mujeres mayores de 70 años, el riesgo es proporcional a la edad en que se inició la menopausia; pero a partir de esta edad la duración de la menopausia no muestra un efecto significativo. Medicamentos Diversos medicamentos pueden condicionar a sufrir una caída y por ende riesgo de padecer fractura de cadera en pacientes geriátricos. El riesgo es relativo para los pacientes que toman benzodiacepinas de larga duración, antidepresivos, analgésicos tipo codeína y diuréticos no tiazídicos. Alteraciones neuropsiquiátricas Los pacientes geriátricos con alteraciones neuropsiquiátricas constituyen un grupo de alto riesgo para sufrir una fractura de cadera, como en el caso de enfermedad de Alzheimer quienes son 3 veces más susceptibles que el resto de la población. Los pacientes con enfermedad vascular cerebral o con enfermedad de Parkinson tienen un riesgo mayor de 2.0 y 9.4, respectivamente. Otros. En México, un estudio efectuado indica que la incidencia de fractura de cadera según el sexo y ajustada por edad era menor en un entorno rural que en uno urbano. Una característica del medio rural es el tipo de terreno, lo que parece indicar mayor grado de actividad física que protege a la población. Existe también una mayor incidencia de fracturas de cadera durante los meses de invierno, no encontrando una explicación clara al respecto, presumiendo que exista mayor número de caídas en esta época atribuidas a mayor rigidez para la 39 deambulación, así como a los pisos húmedos y resbalosos. Los cambios en las concentraciones de vitamina D son importantes. SARCOPENIA La sarcopenia es un componente fundamental del síndrome de fragilidad. Da como resultado disminución en la fuerza muscular, en la actividad metabólica, en la capacidad aeróbica y por último en la capacidad funcional. Además se relaciona con abatimiento funcional y discapacidad, así como incremento en la mortalidad independientemente de la fatiga muscular u otros criterios de fragilidad. Por lo que se recomienda su búsqueda activa en el paciente con fragilidad. La sarcopenia es un componente clave en la aparición de la fragilidad, el cual parece ser un fenómeno universal probablemente debido a la combinación de factores genéticos y ambientales (Roubenoff y Hughes 2000). Sarcopenia se refiere a la pérdida de la masa muscular apendicular esquelética menor a dos desviaciones estándar debajo del promedio en personas jóvenes sanas, corregida para la superficie corporal, en metros cuadrados (Rosenberg 1989; Baumgartner et al. 1998; Roubenoff y Hughes 2000). Con este punto de corte, su prevalencia es del 13 al 24% entre los 65 y 70 años, y mayor del 50% en los mayores de 80 años. Varios mecanismos han sido propuestos en su aparición, pero su contribución específica aun es desconocida. La sarcopenia probablemente es un proceso multifactorial donde participa la pérdida de las neuronas motoras, cambios hormonales, mecanismos inflamatorios, el estrés oxidativo, la ingesta de proteínas y la actividad física (Roubenoff et al. 1998; Bross, Javanbakht, y Bhasin 1999; Yarasheski et al. 1999; Ferrucci et al. 2002; Payette et al. 2003). El músculo perdido es reemplazado por tejido adiposo y fibroso, el cual favorece la disminución de la fuerza, la tolerancia al ejercicio, debilidad, fatiga, así como disminución de la habilidad para realizar algunas actividades de la vida diaria, 40 discapacidad y muerte (Ferrucci et al. 1999; Frontera, Hughes, Lutz, y Evans 1991 ; Evans 1997; Dutta y Hadley 1995; Bassey et al. 1992). El mecanismo de la pérdida de las fibras musculares tiene elementos comunes con algunas infecciones crónicas o el cáncer, estados donde existe debilidad muscular provocada por una ruptura acelerada de las proteínas musculares (Ferrucci et al. 1999). Las consecuencias de la pérdida de la fuerza atribuida a la pobre calidad y cantidad de fibras musculares van más allá ya, puesto que la sarcopenia se asocia a una tasa metabólica baja, alteraciones de la termorregulación, aumento a la resistencia a la insulina y favorece un estado catabólico (Roubenoff y Hughes 2000). ATEROSCLEROSIS Por su parte, la aterosclerosis es un estado que favorece la alteración en la perfusión, como de los miembros inferiores, y a su vez disminuye la irrigación de nervios y músculos lo que agrava la sarcopenia y disminuye la disponibilidad del oxígeno en los músculos. Otro ejemplo es la enfermedad vascular cerebral, la cual puede ser sutil y llevar al deterioro cognitivo (Mor ley 2003). Estas agresiones perpetúan un círculo vicioso, lo cual es característico de la fragilidad. En el frágil, la sarcopenia también impacta negativamente el estado nutricio y se altera la respuesta inmunológica, cambios que se suman a los cambios inespecíficos del sistema \ '3 inmunitario asociados al envejecimiento (especialmente la inmunidad humoral) (Lesourd 2004). ENFERMEDAD CORONARIA El envejecimiento normal se asocia a una reducción de la distensibilidad de las arterias centrales debida a diversas alteraciones relacionadas con la edad en los componentes estructurales de la arteria. La enfermedad coronaria es una patología cardíaca en la que hay un menor aporte de sangre al miocardio (que es como se llama al músculo cardíaco) debido 41 a la obstrucción de las arterias coronarias, que son las que llevan la sangre al miocardio. Este fenómeno recibe el nombre de isquemia. Las consecuencias de esta falta de perfusión pueden presentarse en forma de dolor torácico, como ocurre en la angina de pecho o en el infarto agudo de miocardio. La isquemia puede presentarse de forma brusca, como en el infarto, o de forma crónica, desencadenada por un aumento de las demandas de bombeo cardíaco del organismo, como ocurre en la angina de esfuerzo. El primer síntoma de la enfermedad coronaria suele ser la llamada angina de pecho, que se manifiesta generalmente como un dolor de tipo opresivo en la parte central del tórax. Este dolor está causado por la falta parcial de oxígeno en el músculo cardíaco. La sangre continúa fluyendo hacia el músculo cardíaco pero en una cantidad menor de la necesaria: es la conocida isquemia miocárdica. La característica principal de la angina de pecho es que generalmente es reversible, no hay lesión en las células del músculo cardíaco y cuando el aporte de sangre vuelve a ser suficiente (por aumentar la cantidad de sangre que llega o por disminución de las necesidades), el dolor desaparece y el corazón vuelve a su situación anterior. En caso de que la isquemia sea más prolongada se produce la muerte de las células del miocardio, es decir, se produce un infarto. La isquemia cardíaca puede tener también consecuencias no dolorosas como es el deterioro silente del músculo cardíaco, pudiendo desencadenar una insuficiencia cardíaca. La causa que subyace en la cardiopatía isquémica, en la mayor parte de las ocasiones, es la obstrucción de las arterias coronarias debido a la arteriosclerosis (depósitos de colesterol calcificados). Por tanto, es fundamental la prevención y tratamiento de los factores de riesgo asociados a su formación y progresión, como son, entre otros, el tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes, las hiperlipidemias y la obesidad. 42 La enfermedad coronaria es probablemente la patología cardiovascular más frecuente en el anciano. Es causa de muchas muertes además de producir incapacidad y graves limitaciones en la actividad normal de los pacientes. Basta decir que dos de cada tres infartos ocurren en mayores de 65 años. Esta enfermedad es más grave, tiene peor pronóstico y presenta mayor número de complicaciones en este grupo de población, ya frágil, con enfermedades concurrentes que dificultan el manejo, y polifarmacia, que aumenta el riesgo de efectos secundarios e interacciones. En las personas mayores la clínica de la cardiopatía isquémica se puede presentar de forma atípica, faltando las formas clásicas de dolor torácico y aparecer en cambio dificultad respiratoria, cansancio o síntomas mentales como confusión o agitación. También existen formas silentes de afectación cardíaca o directamente puede instaurarse como una muerte súbita. Es frecuente que las crisis de cardiopatía isquémica se desencadenen precipitadas por la concurrencia o reagudización de otras enfermedades que presente el anciano. En muchas ocasiones esta atipicidad dificulta su reconocimiento y provoca retrasos en acudir a recibir asistencia médica. En el anciano esta enfermedad tiene peor pronóstico y la necesidad de un tratamiento individualizado atendiendo a las circunstancias de cada persona (presencia de otras enfermedades, deterioro cognitivo, incapacidad, beneficios y riesgos de los procedimientos, etc.). El tratamiento de la enfermedad coronaria se basa en diferentes combinaciones de medidas entre fármacos, procedimientos invasivos intervencionistas sobre las arterias coronarias e incluso su revascularización quirúrgica. Esto exige a veces procedimientos intensivos, con mayor número de complicaciones en los ancianos, sin que por ello no existan beneficios con los mismos. A pesar de los múltiples estudios sobre el tratamiento de esta patología, no son muchos los realizados en 43 personas ancianas, teniendo en cuenta las particularidades de este grupo de edad. ENFERMEDAD PULMONAR OBSTRUCTIVA CRÓNICA La enfermedad pulmonar obstructiva crónica es una patología de alta prevalencia a nivel mundial (15% de la población mundial), de condición progresiva y deterioro significativo en la calidad de vida, que tiene gran impacto económico en las personas y los sistemas de salud. En la población geriátrica existen cifras elevadas de esta patología, debido a que su diagnóstico en consulta de atención primaria de salud no es necesariamente inicial sino que en su mayor porcentaje es de control y seguimiento, es decir de tratamiento crónico. Por lo tanto, la terapia del paciente con EPOC estable debe ser de control directo y exhaustivo por el médico de familia, para llegar no a la cura sino a mejorar la calidad de vida de este paciente con patología pulmonar crónica. Afecta al 15% de la población mundial. Su incidencia continúa aumentado a pesar de ser una enfermedad que se puede prevenir mediante el abandono del tabaco. Según datos de la OMS, se ha calculado que la EPOC será la 3ª causa de mortalidad mundial en 2020 y ocupara el 2º lugar entre las causas de morbilidad La causa principal de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es el tabaquismo. Cuanto más fume una persona, mayor probabilidad tendrá de desarrollar EPOC. Otros factores de riesgo: Exposición a ciertos gases o emanaciones en el sitio de trabajo. Exposición a cantidades considerables de contaminación o humo indirecto de cigarrillo. Uso frecuente de fuego para cocinar sin la ventilación apropiada. 44 ENFERMEDAD VASCULAR CEREBRAL La Enfermedad Vascular Cerebral (EVC) es una alteración neurológica, se caracteriza por su aparición brusca, generalmente sin aviso, con síntomas de 24 horas o más, causando secuelas y muerte. Destaca como la causa más común de incapacidad en adultos y es la quinta causa de muerte en nuestro país. ¿Qué es un evento vascular cerebral? Un Evento Vascular Cerebral (EVC), puede ocurrir cuando una arteria se obstruye produciendo interrupción o pérdida repentina del flujo sanguíneo cerebral o bien, ser el resultado de la ruptura de un vaso, dando lugar a un derrame. Los tres tipos principales de EVC son: trombótico, embólico y hemorrágico. Trombótico:El flujo de sangre de una arteria cerebral se bloquea debido a un coágulo que se forma dentro de la arteria. La ateroesclerosis, que es la acumulación de depósitos grasos en las paredes de las arterias, causa un estrechamiento de los vasos sanguíneos y con frecuencia es responsable de la formación de dichos coágulos. Embólico:El coágulo se origina en alguna parte alejada del cerebro, por ejemplo en el corazón. Una porción del coágulo (un émbolo) se desprende y es arrastrado por la corriente sanguínea al cerebro, el coágulo llega a un punto que es lo suficientemente estrecho como para no poder continuar y tapa el vaso sanguíneo, cortando el abastecimiento de sangre. Este bloque súbito se llama embolia. Hemorrágico:(derrame cerebral) es causado por la ruptura y sangrado de un vaso sanguíneo en el cerebro Reconozca los signos de un EVC: Signos de Alarma Entumecimiento, debilidad o parálisis de la cara, el brazo o la pierna, en uno o ambos lados del cuerpo y que aparece en forma repentina. 45 Ocurrencia súbita de visión borrosa o reducción de la visión en uno o ambos ojos. Aparición brusca de mareos, pérdida del equilibrio o caídas sin explicaciones. Incapacidad repentina para comunicarse ya sea por dificultad para hablar o entender. Aparición súbita de dolor de cabeza, de gran intensidad y sin causa conocida. Estos signos de alarma pueden durar sólo unos cuantos minutos y luego desaparecer, o pueden preceder a un EVC de mayores consecuencias y requieren atención médica inmediata. Un evento vascular cerebral es una emergencia médica. Cada minuto cuenta cuando alguien está sufriendo un EVC. Cuanto más tiempo dure la interrupción del flujo sanguíneo hacia el cerebro, mayor es el daño. La atención inmediata puede salvar la vida de la persona y aumentar sus posibilidades de una recuperación exitosa. ¿Qué tipo de invalidez puede producir un EVC? Los efectos de un EVC pueden variar desde leves hasta severos, y pueden incluir parálisis, problemas de raciocinio, del habla, problemas de visión, y problemas en la coordinación motora. El mejor tratamiento para un EVC es la PREVENCION. Existen varios factores de riesgo que aumentan la probabilidad de tener un EVC.: Presión alta Problemas cardíacos Diabetes Colesterol alto Tabaquismo 46 INSUFICIENCIA CARDIACA CONGESTIVA La insuficiencia cardíaca congestiva es una forma común de insuficiencia cardíaca, que se desarrolla a lo largo del tiempo debido a la incapacidad del corazón para suministrar suficiente sangre oxigenada requerido por las células y tejidos del cuerpo. Es más común en personas de edad avanzada, especialmente aquellos mayores de 60 años. La condición resulta en bajo gasto cardíaco y puede reducir severamente la cantidad de oxígeno y la sangre llegue al cerebro y otros tejidos en el cuerpo. La insuficiencia cardíaca congestiva en los ancianos se relaciona con varias otras enfermedades que pueden reducir la capacidad del corazón para suministrar sangre oxigenada suficiente o aumentar el requerimiento de oxígeno y la sangre hasta tal punto que el corazón no cumple con esta demanda. Causas de la insuficiencia cardíaca congestiva en pacientes de edad avanzada. Las principales causas de insuficiencia cardíaca congestiva es la enfermedad de la arteria coronaria o la arteriosclerosis, que provoca el endurecimiento de las arterias. A medida que envejecemos, los músculos del corazón se debilitan y son incapaces de bombear la cantidad necesaria de sangre. Esto conduce a la acumulación de sangre en las extremidades inferiores del cuerpo, dando lugar a una insuficiencia cardíaca congestiva. Otros factores de riesgo incluyen el infarto de miocardio, inflamación de los músculos del corazón, un agujero en el corazón, los defectos de los músculos del corazón o las válvulas, la presión arterial alta o hipertensión, infección de las válvulas, cardiopatías congénitas y las enfermedades que afectan el pericardio, la diabetes, enfermedades del riñón , obesidad, abuso de alcohol en exceso, etc Además de todo esto, el hipertiroidismo también está relacionada con la insuficiencia cardíaca congestiva, ya que aumenta la tasa de metabolismo y por lo tanto aumenta el requisito de sangre. Esto pone una presión extra sobre el corazón para hacer circular la sangre oxigenada. En última instancia, el corazón 47 sucumbe a esa presión, lo que lleva a la insuficiencia cardíaca congestiva. La anemia se asocia con la reducción de los glóbulos rojos que transportan oxígeno a las células y tejidos. Como resultado, la cantidad de oxígeno suministrado a las células del cuerpo disminuye y el fin de proporcionar más oxígeno, el corazón tiene que bombear más fuerte para hacer circular la sangre oxigenada. Esto también puede ejercer una presión excesiva sobre el corazón y puede causar insuficiencia cardíaca congestiva. Síntomas de la insuficiencia cardíaca congestiva en pacientes de edad avanzada. Una insuficiencia cardiaca congestiva aguda puede producir síntomas como desmayos, falta de aliento súbita, aumento del ritmo cardiaco, shock y paro cardíaco y puede incluso conducir a la muerte súbita. Por lo general se produce después de un ataque al corazón o infarto de miocardio. Insuficiencia cardíaca congestiva crónica a menudo se encuentra asociado con aumento de la fatiga en las primeras etapas. Sin embargo, la fatiga no puede considerarse como un síntoma específico, ya que se asocia con muchas otras condiciones médicas. Un síntoma importante de esta enfermedad es el edema en los pies y los tobillos. Dificultad para respirar, especialmente durante el esfuerzo físico, es otro síntoma importante de esta condición. Esta es causada principalmente por la acumulación de líquido en los pulmones. DIABETES MELLITUS La Diabetes Mellitus es una enfermedad crónica que se caracteriza por presentar altos niveles de glucosa en sangre.Se origina porque el organismo no produce insulina o no la utiliza adecuadamente. La Insulina es una hormona necesaria para permitir el trasporte a través de la membrana celular de glucosa, obtenida de los alimentos , se convierte en la energía que necesitamos para realizar las actividades de nuestra vida diaria. La Insulina es producida por el páncreas, que es un órgano que se encuentra ubicado en la región izquierda del abdomen. 48 La edad es el factor de riesgo más importante para el desarrollo de Diabetes Mellitus, siendo equivalente al índice de masa corporal. El 50% de los diabéticos son mayores de 60 años y un 25% de los pacientes mayores de 65 años tienen diabetes. En los adultos mayores se produce un cambio en la tolerancia a la glucosa, estimándose que la glucemia en ayunas aumenta entre 1 a 2mg y la post prandial 15 mg por cada década después de los 30 años. Esto se debería a un aumento fisiológico en la resistencia a insulina y al deterioro en la secreción de insulina. La presencia de Diabetes Mellitus en el adulto mayor representa un factor de riesgo para desarrollar fragilidad sobre todo por las complicaciones del inadecuado control de las cifras de glicemia, lo que conduce a pluripatologías, constantes hospitalizaciones, se asocia muy frecuentemente a depresion, y requiere de una estrecha vigilancia por parte del personal de salud. HIPERTENSIÓN ARTERIAL La hipertensión es la elevación mantenida de la presión a la que la sangre circula en las arterias. Es un problema muy frecuente: puede aparecer en más del 50% de las personas mayores de 65 años. Su importancia se debe a que es un factor que aumenta el riesgo de padecer enfermedades vasculares (arteriosclerosis, infartos). Cuando se mide esta presión arterial, se suele registrar la presión máxima y la mínima. La más alta corresponde a la presión sistólica, y es la presión que hay en el sistema arterial cuando el corazón se contrae para expulsar la sangre para que vaya a los tejidos llevando oxígeno. La más baja corresponde a la presión diastólica y es la presión que hay cuando el corazón está relajado y se está llenando de sangre. Se mide en milímetros de mercurio (mmHg). 49 Se considera que una persona sufre una hipertensión arterial cuando en varias tomas, en diferentes días, las cifras son superiores a 140/90 mmHg. La hipertensión es un problema de salud muy frecuente. Aparece en un 15 a un 20% de las personas mayores de 20 años, pero en las personas mayores de 65 años estas cifras pueden ser de más del 50%. Su frecuencia aumenta con la edad. Esto no significa que sea un hecho normal del envejecimiento. Es una enfermedad que en las personas mayores se favorece porque con la edad las arterias se hacen más rígidas y son menos elásticas. Esto hace que ofrezcan más resistencia al paso de la sangre y el corazón tenga que aumentar la presión para permitir que la sangre circule. La HTA es un factor de riesgo mayor, independiente para la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad coronaria, la insuficiencia cardíaca congestiva y la insuficiencia renal crónica, por lo cual se han enfocado en su manejo un sinnúmero de esfuerzos en salud pública. Por cada 20 mmHg de aumento de presión sistólica o 10 mmHg de presión diastólica se duplica el riesgo de enfermedad cardiovascular. El adulto mayor con diagnostico de Hipertension Arterial tiene mas riesgo de desarrollar la fragilidad sobre todo si esta no esta patologìa no esta controlada, ya que como se ha mencionado, es una enfermedades crónica que al paso del tiempo de mantener las cifras en niveles superiores a los considerados normales, se van dañando organos importantes para la supervivencia. Generalmente esta enfermedad se asocia a dislipidemia (elevacion de trigliceridos y colesterol en sangre), se asocia a sobrepeso u obesidad y muchas de las vecez asociada a la Diabetes antes mencionada. 50 ARTRITIS Y OSTEOPOROSIS Los trastornos musculoesqueléticos (la artritis y la osteoporosis) se asocian con una mayor frecuencia de fracturas de cadera y de columna vertebral. En conjunto, son las principales causas de discapacidad y de limitación de la movilidad, sobre todo en las mujeres mayores de los países muy desarrollados. La artritis, que consiste en la inflamación de las articulaciones y de los tejidos adyacentes, destruye a la larga el cartílago y modifica la forma de los huesos. Puede afectar a las manos y a los brazos, a los pies y a las piernas, a la espalda o al cuello. Tanto la osteoartritis como la artritis reumatoide aumentan su prevalencia y se hacen más graves con el envejecimiento. Ambas son de dos a tres veces más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Se sabe que la artritis es la causa principal de limitación del movimiento de los ancianos en algunos países industrializados. Osteoporosis: Esta enfermedad afecta sobre todo a las personas mayores de 65 años y su prevalencia es mayor en las mujeres, de forma que casi todas las mujeres mayores de 75 años presentan signos radiológicos de osteoporosis en la parte inferior de la columna vertebral. El trastorno se debe a la pérdida del calcio de los huesos, que los debilita y los hace propensos a las fracturas. La osteoporosis marca la diferencia entre una caída sin consecuencias y una caída que provoca una fractura y una discapacidad permanente. Muchas de estas fracturas se producen en los brazos, las piernas, las caderas y la columna vertebral. Factores de riesgo de la osteoporosis. 1) Modo de vida sedentario, 2) dietas bajas en calcio, 3) tabaquismo y 4) disminución del estrógeno en las mujeres posmenopáusicas. 51 FACTORES QUE PROTEGEN CONTRA LA OSTEOPOROSIS: Todos los factores indicados resultan especialmente efectivos cuando se practican de manera continua desde edades tempranas. 1) Ejercicio regular: los ejercicios con carga de peso, tales como caminar o correr, resultan particularmente beneficiosos. Cuando los huesos sostienen el peso del cuerpo, el calcio penetra en la matriz ósea y el fortalecimiento de los músculos de las piernas ayuda a prevenir las caídas. Incluso mantenerse de pie es más beneficioso que estar sentado. La natación es muy buena para el corazón y los pulmones, pero apenas influye en la osteoporosis. 2) Una ingesta dietética de calcio adecuada. 3) El tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos, si el médico lo recomienda. ANEMIA En los Adultos Mayores el aumento de la expectativa de vida en las recientes décadas hace necesario conocer e interpretar que ocurre con las anemias. La anemia es común en los ancianos y su predominio aumenta con la edad, pero no debe ser considerada como consecuencia inevitable del envejecimiento. Utilizando el criterio de la OMS para la para el diagnóstico de la anemia, se considera en esta condición las mujeres con concentración de hemoglobina (Hb) inferior a 12 g/dL y en los varones si la Hb es menor a 13 g/dL. Aunque, en general en este grupo etario se considera que existe anemia cuando la Hb es inferior o igual a 11 g/dL, tanto en el varón como en la mujer. En algunos de estos pacientes, cuando la anemia no puede explicarse, se la denomina con el simple término de anemia senil, que debe considerarse inadecuado. Las anemias que aparecen en el adulto mayor no obedecen al envejecimiento; son la consecuencia de una alta frecuencia de enfermedades anemizantes. Los estudios clínicos y epidemiológicos han demostrado que la prevalencia de anemia está significativamente aumentada en los adultos mayores. La frecuencia global es diversamente apreciada por las diferentes categorías de pacientes 52 estudiados. Se estima que entre un 7-10% de ellos padece anemia. Un estudio reciente de ancianos de una comunidad que residían en Los Países Bajos mostró el riesgo de mortalidad creciente con concentraciones más bajas de Hb y que en aquellos con anemia era mas probable el desarrollo de enfermedades malignas e infecciosas.El predominio de la anemia en los ancianos oscila entre un 8-44% siendo la prevalencia mas alta en hombres mayores de 85 años. Es importante señalar que la anemia es una patología frecuente en el adulto mayor y probablemente está estrechamente relacionada a varios de los grandes síndromes geriátricos, a veces se subestima su real importancia. La anemia de los adultos mayores es generalmente moderada. Los ancianos a menudo en forma inconsciente disminuyen su actividad física para compensar los efectos de la anemia. El inicio de los síntomas es generalmente insidioso. Los síntomas típicos de la anemia tales como fatiga, debilidad y disnea no son específicos y en pacientes mayores tienden a considerarse parte de la edad que avanza. La palidez de las conjuntivas es confiable y su presencia debe incitar al médico a pedir exámenes. Aparte de la palidez conjuntival pocas muestras son atribuibles específicamente a la anemia. Con frecuencia tienen alguna enfermedad que se agrava como insuficiencia cardiaca, alteración cognoscitiva, vértigo y apatía. La anemia en los ancianos se evalúa igual que en los adultos más jóvenes, incluyendo estudios de pérdida de sangre gastrointestinal, hemólisis, deficiencias alimentarias, procesos neoplásicos, infección aguda o crónica, enfermedad renal, hepática u otra enfermedad crónica. DETERIORO NEUROPSIQUIATRICO Delirium - El delirio se define como un trastorno agudo de la atención y la función cognitiva global y se ve comúnmente en pacientes hospitalizados debido a diferentes factores de riesgo. La demencia, deficiencias sensoriales, graves enfermedades, la depresión, la depleción de volumen, y comorbilidades médicas aumentan considerablemente el riesgo de delirio. La presencia de delirio se suma a la morbilidad hospitalaria del paciente y la mortalidad y complica la evaluación de la incapacidad. 53 Demencia - La incidencia de demencia aumenta rápidamente con la edad, duplicándose cada década entre la séptima y novena. Algunos estudios han reportado una incidencia de demencia tan alta como 42 por ciento en personas de edad avanzada ≥ 85 años de edad. Depresión - La depresión puede ser una causa única, o uno más de los síntomas que acompañan al deterioro. La depresión puede llevar a la discapacidad, la desnutrición y la pérdida de peso. Las tasas de mortalidad por cualquier causa son más altas entre los ancianos con depresión que los no deprimidos. La depresión es común en los adultos mayores, con tasas de incidencia que van desde un 5 al 25 por ciento de la población. TABAQUISMO El consumo de cigarrillos es uno de los principales factores contribuyentes al desarrollo de la cardiopatía isquémica (ataques al corazón), la enfermedad cerebrovascular (accidente cerebrovascular), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la bronquitis y la neumonía o ambas, y muchos cánceres. El consumo de tabaco incrementa la magnitud potencial de enfermedad y sufrimiento y determina el tipo de muerte. Solo hay una solución: dejar de fumar. USO DE TERAPIA DE REEMPLAZO HORMONAL Suele referirse el termino de reemplazo hormonal para el tratamiento utilizado en las mujeres posmenopáusicas. La combinación de estrógeno y progestina se usa para tratar ciertos síntomas de la menopausia. El estrógeno y la progestina son dos hormonas que se encuentran en las mujeres. La terapia de reemplazo hormonal funciona al reemplazar el estrógeno que el cuerpo ya no fabrica. La terapia de reemplazo hormonal podría aumentar el riesgo de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, cáncer de seno y coágulos en los pulmones y las piernas. 54 POLIFARMACIA El número mínimo de medicamentos utilizados para definirla es variable, sin embargo con mayor frecuencia se especifica como la utilizacion simultanea de 4 o más fármacos. Mientras que la polifarmacia se refiere a los medicamentos prescritos, es importante tener en cuenta tambien la automedicacion y suplementos herbarios que frecuentemente son utilizados por el adulto mayor. (Cenetec 2014) Los factores de riesgo para que se presente la polifarmacia son precisamente la edad avanzada por ser paciente que comunmente presentan pluripatologias, ademas ser de raza blanca, quizas por la cultura y/o la resistencia a las enfermedades, otro factor de riesgo para la polifarmacia es el accedo a los servicios de salud, ya que toda vez que hay poblaciones rurales muy distantes aun de un servicio de salud, y aun se cuenta con desabasto importante de medicamentos, resulta ser el acceso a los servicios un factor que puede determinar el numero de medicamentos que toma una persona. Y obviamente a mayor numero de patologias mas probabilidad de un numero mayor de medicamentos utilizados. En la mayoria de las ocasiones se desarrolla a través del tiempo, como consecuencia de no indicar la suspension del medicamento cuando ya es necesario, lo que hace suponer en algunas personas el uso indefinido del mismo. La Polifarmacia es responsable frecuentemente de eventos adversos asociados a medicamentos, readminisiones hospitalarias, ademas de ser un indicador de mortalidad en el adulto mayor, pues se incrementa la posibilidad de interacciones entre los fármacos utilizados. Los profesionales de la salud que estan al cuidado del adulto mayor deben tener especial cuidado de evaluar los riesgos en cada visita o cada valoracion para vigilar que no se presenta la polifarmacia “no justificada” (cenetec 2014) importante es valorar el riesgo beneficio de utilizacion de cada fàrmaco, valorar 55 sus posibles interacciones y efectos adversos, asi como supervisar la adherencia al tratamiento y retirar el fàrmaco en cuanto se haya cumplido la meta terapeutica. DISMINUCION DE ALGUNAS HORMONAS Está demostrado que en el envejecimiento se produce disfunción en el eje hipotálamo-glándula pituitaria-glándula suprarrenal, expresado por: Incremento del cortisol: La hormona cortisol es secretada por la corteza de las glándulas suprarenales con el objetivo de ayudarnos a enfrentar el estrés que significan algunos eventos de nuestra vida, que desencadenarian un respuesta inflamatoria exagerada de no existir esta hormona.La secreción de cortisol aumenta con la edad en ambos sexos. Altos niveles de cortisol están relacionados con la sarcopenia y con la disminución de la resistencia a enfermedades infecciosas. Las mujeres tienden a tener mayores niveles que los hombres, por lo que son más susceptibles de sufrir de fragilidad. Disminución de la hormona del crecimiento: Hormona producida por la Adenohipofisis (Parte anterior de hipofisis) junto a otras hormonas. Esta hormona juega un importante papel en el desarrollo y mantenimiento de la masa muscular en todas las edades. En ambos sexos su secreción disminuye en la medida que envejecemos (aunque los hombres mantienen mayores niveles), favoreciendo así el desarrollo de la sarcopenia. Disminución de la testosterona: Hormona escencialmente producida por los testiculos en el hombre, y en mucho menos medida en la corteza suprarrenal de ambos sexos. Se produce una gradual declinación en la secreción de testosterona según avanza la edad, debido a una disfunción del eje hipotálamopituitario y al fallo testicular. La testosterona ayuda a mantener la 56 masa muscular y la disminución de su secreción contribuye a la sarcopenia. Disminución de los estrógenos: Hormona producida por los ovarios en las mujeres. Los niveles de su produccion decrecen abruptamente con la menopausia acelerando la pérdida de masa muscular. La disminución en los niveles de hormonas anabólicas que ocurre con el envejecimiento está involucrada en el origen de la fragilidad y de la pérdida involuntaria de músculo esquelético (sarcopenia) (Rosenberg 1989). Los andrógenos y la hormona del crecimiento están asociados a la masa muscular y la fuerza, por lo que es razonable pensar que su disminución tiene un papel importante en el desarrollo de la fragilidad (Morley et al. 2002). La disminución de la testosterona ha sido el principal factor asociado con la pérdida de la masa y fuerza muscular debido al envejecimiento en hombres y mujeres (Morley 2001). Esta disminución se asocia a discapacidad y a la pérdida de la fuerza de los miembros inferiores. (Perry, Miller, Patrick, y Morley 2000) De forma similar, la hormona del crecimiento (GH) y los niveles del factor de crecimiento similar a la insulina de tipo 1 disminuyen con el avance de la edad (Morley 1999). La deficiencia de la GH y el factor de crecimiento similar a la insulina de tipo 1 promueven la sarcopenia (Roubenoff y Hughes 2000; Payette et al. 2003), y sus bajos niveles predicen la mortalidad de esta población (Roubenoff et al. 2003). La GH es una hormona que favorece el apetito (Kaiser, Silver, y Morley 1991); no obstante, a pesar de que esta hormona aumenta también la masa muscular, su suplementación no se ha asociado a una mejoría en la fuerza (Morley 2003), además de que aumenta la mortalidad (Takala et al. 1999) y el daño oxidativo (Hauck y Bartke 2001). 57 PERDIDA DE PESO. DESNUTRICION Y OBESIDAD En los países desarrollados, las personas aumentan de peso hasta los 50 y 60 años de edad, después permanece el peso bastante estable por un tiempo, posteriormente empiezan a perderlo. (Villareal 2005) Por tanto, el envejecimiento se asocia con una disminución de la masa y fuerza muscular y la pérdida de hasta 3 kg de masa corporal magra por década después de 50 años de edad. Después de los 60 años de edad, la pérdida de peso corporal es de forma desproporcionada al tejido magro del cuerpo. Cuando es excesiva, esta pérdida de músculo esquelético conduce a la sarcopenia (del griego y significa «la pobreza de carne»). Sarcopenia se asocia con trastornos de la marcha y el equilibrio, fragilidad, caídas y fracturas. (Janssen 2004) A partir de los 70 años se estima que la pérdida de peso por año, es aproximadamente de 0,1 a 0,2 kg por año Esta pérdida de peso lenta se asocia con un aumento del cociente de la grasa a la masa corporal magra La combinación del peso corporal inicial bajo y pérdida de peso se asocia con malos resultados de supervivencia en las personas mayores. En el estudio SHEP, los sujetos con un IMC basal inferior a 23.6 kg/m2 , que perdió más de 1.6 kg por año, tenían una mortalidad casi 20 veces mayor que la tasa de mortalidad de los pacientes con un IMC basal de 23.6 a 28 kg/m2 , cuyo peso se mantuvo estable. En una persona mayor, la pérdida de peso involuntaria del 5 % o más, en 6 a 12 meses, se asocia con un mayor riesgo de efectos adversos, y una pérdida del 10 % o más significa una desnutrición proteico-energética. (Rumpel 1993) Una definición aceptada de la pérdida de peso clínicamente significativo es 5 por ciento de peso corporal durante un período de 6 a 12 meses. La pérdida de peso involuntaria se ha demostrado que tiene un efecto negativo sobre el deterioro funcional, independientemente de IMC basal. 58 Los cambios fisiológicos con el envejecimiento, como disminución de la sensibilidad olfativa, tienden a aumentar la anorexia y la pérdida de peso. Muchos ancianos carecen de una ingesta adecuada de calorías y nutrientes. El diagnóstico diferencial de la etiología de la pérdida de peso y la desnutrición en los ancianos es amplio e incluye condiciones médicas, medicamentos y factores socioeconómicos. La mala salud oral y la sequedad de la boca son factores de riesgo para la disminución de la ingesta oral, debido a cambios en el sabor y la dificultad en la masticación y la deglución. ÍNDICE DE MASA CORPORAL: El índice de masa corporal (IMC) es una medida de asociación entre la masa y la talla de un individuo ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet, por lo que también se conoce como índice de Quetelet. Se calcula según la expresión matemática: Un IMC < 22 kg/m2 en los ancianos se asoció con un mayor riesgo de mortalidad en un año y peor estado funcional. Aunque el fenotipo de fragilidad incluye la pérdida de peso, los ancianos obesos también pueden ser considerados frágiles mediante el cumplimiento de los demás criterios para el fenotipo de fragilidad. Incluso si la pérdida de peso no es evidente, el paciente debe ser evaluado por las pruebas de la desnutrición. Las causas de la pérdida de peso en términos generales pueden dividirse en dos categorías: la ingesta inadecuada y mayor gasto de energía. MALNUTRICION Y DESNUTRICION La prevalencia de malnutrición en los adultos mayores va del 4 al 10% en los que viven en su domicilio, del 15 a 38% en los que están asilados y del 30 al 70% en los hospitalizados. (RaynaudSimon A, 2011). De ahí que, los factores de riesgo 59 para malnutrición incluyen a factores no relacionados con la edad y aquellos que son específicos de este grupo etario como: cáncer, insuficiencia orgánica crónica (cardiaca, respiratoria, renal o hepática), enfermedad gastrointestinal causante de mala digestión y/o malabsorción, etilismo crónico, infecciones crónicas y/o enfermedades inflamatorias, y cualquier factor que pueda causar reducción en la ingestión de alimentos, e incremento en los requerimientos de energía. (RaynaudSimon A, 2011). De modo similar, según la Encuesta de Examen de Salud Nacional I (NHES I) y el Estudio de Examen Nacional de Salud y Nutrición (NHANES) I-III, estimó que la prevalencia de obesidad en adultos mayores de 60 años aumentaría de 23.6% a 32% y 37% entre 1990, 2000 y 2010 respectivamente. La evidencia sugiere que la obesidad y el aumento de peso incrementan el riesgo de institucionalización en un 31%. (Mathus-Vliegen L, 2011). La prevalencia de obesidad sarcopénica guarda relación directa conforme el adulto mayor envejece, siendo aproximadamente 2% en personas menores de 70 años y 10% en mayores de 80. (Zenón T.G, 2012) Malnutrición: Se refiere a un estado en el cual existen carencias, excesos o desequilibrios en la ingestión de energía, proteínas y/o algunos otros nutrientes que ocasionan efectos adversos en el tejido corporal, composición, función o consecuencias clínicas. (De La Mata C, 2008). Desnutrición: Es el resultado de una ingestión de alimentos de forma continuada, insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria, sea por absorción y/o uso biológico deficiente de los nutrientes consumidos. (De La Mata C, 2008). Cuando 20% del peso habitual se ha perdido en seis meses o menos, ocurre una grave disfunción fisiológica. (Zenón TG, 2012) El diagnóstico de desnutrición en el adulto mayor se establece con la presencia de dos o más de los siguientes criterios: Pérdida de peso igual o mayor que 5 % en un mes o igual o mayor que 10 % en 6 meses respecto al peso habitual. Factores que influyen en la 60 interpretación de los resultados deben ser tomados en cuenta como alteración en la distribución de líquidos corporales. Índice de masa corporal (IMC) < 21 Kg/m2, sin embargo no excluye el diagnóstico de malnutrición. Albúmina en sangre < 3.5 g/dL. La hipoalbuminemia no es específica de malnutrición y puede ser observada en otras patologías independientemente del estado de nutrición, en particular en procesos inflamatorios, por lo que su interpretación debe de hacerse con cautela. Puntaje del Mini-Nutritional Assessment (MNA) < 17. Circunferencia de pantorrilla < 31cm. (Raynaud-Simon A, 2011). Morley et al. propone cuatro mecanismos principales como los responsables del origen de la fragilidad: la aterosclerosis, el deterioro cognitivo, la desnutrición y la sarcopenia con las alteraciones metabólicas asociadas (Morley et al. 2002). La desnutrición o pérdida de peso es común en los ancianos. Las tasas reportadas varían, pero los estudios en los países desarrollados han encontrado que hasta el 15 % de los ancianos de la comunidad, entre 23 % y 62 % de pacientes hospitalizados y hasta el 85% de los residentes de hogares de ancianos, sufren de esta condición y es un fuerte predictor independiente de mortalidad en personas de edad avanzada, independientemente de donde vivan, ya sea en la comunidad o en un asilo de ancianos u otra institución. Hay una disminución relacionada con la edad en el apetito y la ingesta de energía en personas sanas, ambulatorias, no institucionalizadas. Personas mayores sanas tienen menos hambre, presentan saciedad antes de una comida, se sacian más rápidamente después de comer y comen menos bocadillos entre las comidas que las personas más jóvenes. 61 SOBREPESO Y OBESIDAD. El término sobrealimentación se refiere a un estado crónico en el cual la ingestión de alimentos es superior a las necesidades de energía alimentaria, generando sobrepeso u obesidad. (De La Mata C, 2008). La Organización Mundial de la Salud (OMS) define obesidad como el exceso en la grasa corporal hasta un punto en que es nocivo para la salud; utiliza los mismos puntos de corte con base en el IMC para definir sobrepeso y obesidad en adultos. Sin embargo, en el adulto mayor, como ya se señaló, disminuye la masa magra y se incrementa la masa grasa, redistribuyéndose en el área abdominal. Además, suele ocurrir una pérdida de estatura, total aproximada de 3 cm en hombres y 5 cm en mujeres a partir de los 30 años, como resultado de la compresión vertebral. De esta forma, los cambios en la composición corporal podrían subestimar la obesidad basada en el IMC, por lo que en este grupo de edad se considera un IMC de 23 a 27.49kg/m2 como normal. Una circunferencia de cadera mayor de 90 cm en hombres y 80 cm en mujeres se considera obesidad abdominal (Alberti KG, 2005). Obesidad sarcopénica aparece cuando existe pérdida de masa muscular en combinación con aumento de la masa grasa. Se define como la coexistencia de sarcopenia y porcentaje de grasa corporal mayor al correspondiente a un IMC de 27 Kg/m2 (> 27% de grasa corporal en hombres y > 38% de grasa corporal en mujeres). (Zenón T.G, 2012). La obesidad sobrecarga al corazón y a los pulmones. Eleva la presión arterial y se asocia a un ascenso de las lipoproteínas de baja densidad (“colesterol malo”); favorece el desarrollo de la diabetes mellitus de aparición adulta. También incrementa el riesgo de cáncer de colon, riñón y endometrio. Además, al poner un peso excesivo en las piernas, agrava la artritis de sus articulaciones. DEFICIENCIA DE VITAMINA D. 62 Esta vitamina pertenece al grupo de las liposolubles, e interviene en la absorción del calcio y fósforo en el intestino, y por tanto en el depósito de los mismos en huesos y dientes. Aparece en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado. Para poder sintetizarla se requiere de la exposición a la luz solar. Esta síntesis ocurre convirtiendo el ergosterol de la piel en vitamina D Ante el estímulo de la luz solar el 7-dihidrocolesterol se convertirá en colecalciferol (pro-vitamina D3) y el ergosterol en ergocolesterol (pro-vitamina-D2). Necesitan aún otras transformaciones para convertirse en la forma activas de la vitamina D. Esta transformación se termina en el hígado y la última en el riñón. La síntesis de vitamina D depende de la pigmentación de la piel y del grado de exposición a la luz solar. La piel oscura (con mayor pigmentación) restringe el paso de los rayos ultravioletas y así sintetiza menos vitamina D, entonces la síntesis será menor ante una pigmentación mayor. La vitamina D se deposita en el hígado, cerebro, piel y mayormente en los huesos. Osteomalacia en adultos: Es el equivalente del raquitismo en niños. Es una enfermedad ósea caracterizada por la mineralización deficiente que puede ocasionar: Fractura óseas ante pequeños traumatismos , debilidad muscular, dolor en los huesos, mayormente en cadera (dolor tipo reumático), dntumecimiento alrededor de boca y extremidades, ritmo cardíaco anormal, y alteraciones en la marcha Osteoporosis y vitamina D: Se da mayormente en mujeres post- menopáusicas. La osteoporosis es una enfermedad que se caracteriza por la fragilidad ósea lo cual aumenta el riesgo de sufrir fracturas en los huesos. Se la asocia mayormente a la inadecuada ingesta de calcio. La deficiencia de la vitamina D influye en la osteoporosis al reducir la absorción de calcio. En este caso la osteoporosis es un ejemplo del efecto a largo plazo de la 63 carencia de esta vitamina mientras que la osteomalacia es ejemplo extremo de la deficiencia de vitamina D. Cáncer y vitamina D: estudios en laboratorio con animales sugieren que la vitamina D tiene una función protectora en contra de ciertos cánceres localizados en colon, próstata , mamas. Por ello la deficiencia traería mayor riesgo de adquirirlos. Diversos estudios epidemiológicos demuestran que una ingesta de calcio y vitamina D elevada al igual que la luz solar, disminuyen la incidencia del cáncer. Se requieren aún mayores investigaciones para asegurar este efecto. Esteroides y vitamina D: ciertos medicamentos con corticoesteroides (prednisona usado para disminuir la inflamación) tienen diversos efectos adversos entre los que se encuentra la disminución de la absorción de calcio. Ciertos estudios evidencian que el uso prolongado de esteroides podría impedir el metabolismo de la vitamina D lo cual contribuiría aún más a la perdida ósea y al desarrollo de osteoporosis. Aquellos individuos que estén bajo tratamiento esteroideo deberían consultar a un profesional para ver de incrementar su ingesta de vitamina D. Artritis y vitamina D: nuevas investigaciones sugieren que aquellos individuos que ingieren insuficientes cantidades de vitamina D sufren aún más los síntomas de la osteoartritis ya que la vitamina D ayuda a reducir el daño de los cartílagos. Así mismo puede acelerar el proceso de artritis reumatoidea . Diabetes y vitamina D: la deficiencia de vitamina D impide el metabolismo de la glucosa reduciendo la secreción de insulina lo cual aumentaría el riego de padecer diabetes mellitus. Problemas cardiovasculares y vitamina D: niveles deficientes de vitamina D podrían aumentar el riesgo de arteriosclerosis ya que favorece la formación de placas de calcio en las arterias . La presencia de estas placas puede conducir a un ataque cardíaco. Todavía se necesitan más investigaciones para asegurar la relación entre la carencia de vitamina D y la ateroesclerosis 64 MARCADORES BIOLÓGICOS DE LA FRAGILIDAD Hasta ahora, la identificación de los individuos frágiles se basa en la evaluación de la función muscular. Sin embargo, si se llegaran a identificar biomarcadores, el diagnóstico podría efectuarse de manera precoz (Ferrucci et al. 2002). Estudios trasversales han demostrado una asociación entre la fragilidad y alteraciones de marcadores biológicos, los cuales representan múltiples sistemas y que incluyen el aumento de los marcadores de la inflamación y la coagulación (Walston et al. 2002). Sin embargo, sus implicaciones aun se encuentran bajo investigación y su solicitud cotidiana por el clínico, para identificar a los frágiles, NO es recomendable ni conveniente. Los primeros marcadores incluyen a los de la activación de la respuesta inflamatoria. La "inflamación crónica" es un estado asociado al envejecimiento. Es probable que el deterioro funcional en el adulto mayor sea el resultado de un proceso en el cual las citocinas son el mediador. Éstas se producen en exceso como consecuencia de deficiencias, infecciones, estrés o defectos del sistema inmunológico o de los mecanismos inflamatorios (Katz 2004), las cuales influyen sobre la masa muscular y otros componentes ligados a la fragilidad como el estado nutricio (Walston y Fried 1999). Otros biomarcadores son los endocrinos. Cambios en el sistema neuroendocrino están relacionados con la declinación del sistema músculo-esquelético. Los niveles bajos de IGF-I, sulfato de dehidroepiandrosterona y de vitamina D se han relacionado con fragilidad (Cappola, Bandeen-Roche, Wand, Volpato, y Fried 2001; Thompson y Morris 1991; Montero-Odasso y Duque 2005). También otros factores involucrados y potenciales mediadores de la inflamación son las citocinas como la interleucina 6 (IL-6) Y 1 (IL-I), aunque en el adulto mayor estas sustancias se produce en cantidades más elevadas lo que es sugerente de que el mecanismo modulador de la inflamación está defectuoso en los ancianos (Ferrucci et al. 1999; Ferrucci et al. 2002). 65 Irregularidades en la trascripción del Factor Nuclear kappa B (Nf-KB), el cual es fundamental en la regulación de la expresión de una amplia variedad de citocinas, han sido involucradas. Los niveles elevados de las citocinas, principalmente de la IL-6, provocan el catabolismo acelerado de proteínas (Ponnappan 1998; Baumann y Gauldie 1994), además de que induce la síntesis de otras proteínas como la proteína C reactiva, las haptoglobinas, el fibrinógeno, factor VIII y el dímero D, e influye de forma negativa en la síntesis de otras como la albúmina (Walston et al. 2002; Cohen, Harris, y Pieper 2003). Se ha propuesto que los niveles elevados de IL-6 pueden predecir la aparición de la sarcopenia, por lo que se convertiría en una vía para detectar a los adultos mayores en riesgo de desarrollarla y probablemente guiar la efectividad de posibles intervenciones de prevención (Payette et al. 2003). Finalmente, el polimorfismo genético podría estar involucrado en el desarrollo de la fragilidad al final de la vida (Campisi 2003). Hasta ahora no hay un marcador biológico específico de la fragilidad. La comorbilidad y el proceso de envejecimiento influyen en la presencia de estos marcadores y los estudios actuales no permiten establecer una relación causal entre estos fenómenos biológicos y la fragilidad, por lo tanto tendrán que seguir explorándose. 66 CUADRO CLÍNICO E INSTRUMENTOS DIAGNÓSTICOS La fragilidad es un síndrome geriátrico que se caracteriza por una disminución de la reserva fisiológica y una menor resistencia al estrés, como resultado de una acumulación de múltiples déficits en los sistemas fisiológicos que condicionan vulnerabilidad a los eventos adversos y asociada al proceso de envejecimiento. Se recomienda utilizar la propuesta de Ensrud y colaboradores (cenetes GRR 2014), la cual consiste en valorar 3 criterios: 1. Pérdida de peso de 5% independientemente de si fue intencional o no en los últimos 3 años. 2. Inhabilidad para levantarse de una silla cinco veces sin usar los brazos. 3. Nivel de energía reducida utilizándose la pregunta: ¿Se siente usted lleno de energía? considerándose un NO, como respuesta para 1 punto. Interpretación: 0 puntos= Paciente robusto. 1 punto = Paciente pre-frágil. 2 ó 3 puntos= Paciente frágil. Otra escala que se recomienda utilizar el cuestionario “FRAIL”, como una forma rápida, sencilla, factible y económica para detectar síndrome de fragilidad. Fue desarrollado por la Asociación Internacional de Nutrición y Envejecimiento y validada en 6 diferentes estudios, consta de cinco reactivos (cenetec GRR 2014): F. Fatiga. R. Resistencia (Incapacidad para subir un tramo de escaleras). A. Aerobica, capacidad (Incapacidad para caminar una cuadra). I. Illnes (5 o más enfermedades). L. Loss of Weight (Pérdida de 5 o más kilos). Interpretación: 67 0 puntos = Pacientes robusto. 1-2 puntos = Paciente prefrágil. 3 o más puntos= Paciente frágil. Por otro lado, si bien la sarcopenia y la pérdida de peso son las manifestaciones cardinales del síndrome de fragilidad, la población de adultos mayores obesos no están exentos de estar en riesgo de presentar este síndrome. La obesidad en ausencia de actividad física conduce a sarcopenia y aumenta la masa grasa, que a su vez conduce a condiciones que se correlacionan con fragilidad y su progresión a la discapacidad franca. El diagnóstico de sarcopenia debe basarse en la combinación de un desempeño físico pobre, aunado a una disminución de la masa magra corporal total o apendicular (de alguna extremidad). Algunas herramientas para identificar un desempeño físico pobre en el anciano con fragilidad para determinar sarcopenia: La fuerza de prensión manual isométrica. Batería Breve de Rendimiento Físico (SPPB). Velocidad de la marcha habitual. La prueba cronometrada de levantarse y andar (Up & Go). Las técnicas de imagen para calcular la masa muscular (masa magra) y determinar sarcopenia en el síndrome de fragilidad: La absorciometría radiológica de doble energía (DEXA) o densitometría muscular. Resonancia magnética. Tomografía Axial Computarizada. 68 Análisis de bioimpedancia. (ABI). Ultrasonido muscular. Se recomienda considerar sarcopenia en todo paciente que presente dificultades para realizar actividades de la vida diaria, tenga historia de caídas recurrentes, se haya documentado pérdida de peso, hospitalización reciente, antecedente de enfermedades crónicas asociadas a pérdida de masa muscular (Diabetes, Insuficiencia cardiaca, EPOC, enfermedad renal crónica, artritis reumatoide y neoplasias). (cenetec GRR 2014) PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICO DE LA FRAGILIDAD La prevención es más costo efectiva que el tratamiento farmacológico y debe ser la primera línea de acción. La detección oportuna y la intervención no farmacológica temprana son la clave para retrasar el deterioro del adulto mayor. En este sentido, una nutrición adecuada y ejercicios de resistencia son la piedra angular. (cenetec GRR 2014) La evidencia es fuerte de que la disminución en la actividad fisica es una causa principal de la sarcopenia, de ahí resulta que intervenciones para la prevención de la fragilidad se centren en ella. (AVILES Es cierto, aun los grupos más viejos pueden incrementar sus factores protectores. Investigaciones recientes han demostrado repetidamente que el ejercicio físico regular proporciona beneficios mucho mayores a edades mucho más tardías de lo que nos diría el mero sentido común. Por ejemplo, en un estudio, personas de 70 a 79 años de edad se distribuyeron en un grupo que hacía ejercicio caminando y un grupo de control. Después de 26 semanas, el grupo que caminaba había aumentado la captación máxima de oxígeno en 22%. Este hallazgo indica un rejuvenecimiento sorprendente, puesto que a partir de los 30 años, la captación máxima de oxígeno de casi todas las personas disminuye en un promedio de 1% anual. De hecho, caminar podría ser una de las mejores formas de ejercicio para las personas mayores. 69 Se sabe que los ancianos pueden obtener grandes beneficios con los programas de ejercicio, particularmente con los de resistencia y aguante. El mero hecho de mantenerse físicamente activo ayuda a controlar la diabetes y reduce el riesgo de accidentes cerebrovasculares. En una amplia cohorte de mujeres de edad avanzada, las tasas de fractura de cadera en las mujeres que pasaban menos de cuatro horas al día de pié fueron dos veces más altas que las de las que se levantaban y caminaban cuatro horas o más. Estos beneficios no solo retrasan la muerte, sino que también reducen el riesgo de caída, previenen la discapacidad y proporcionan energía. Lo mejor de todo es que un ejercicio moderado es casi tan beneficioso como un ejercicio intenso y su riesgo de lesiones es mucho menor (Carlson et al. 1999). Los efectos de la actividad fisica en la masa y función muscular son altamente variables. La actividad aeróbica mejora la función cardiovascular, capacidad de resistencia, y la acumulación de masa muscular es mínima, por lo que un programa regular de ejercicios que incluya aeróbicos y entrenamiento de resistencia previene o revierte la sarcopenia (Visser et al. 2005). El ejercicio exclusivamente aeróbico realizado regularmente aumenta la sensibilidad a la insulina, disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares y aumenta la esperanza de vida; sin embargo no previene la sarcopenia. Los ejercicios de resistencia progresivos mejoran la fuerza y el tamaño muscular, las necesidades energéticas diarias totales, la densidad ósea y el equilibrio (AvilaFunes y Garcia-Mayo 2004). Por otra parte, el papel de la nutrición también ha sido estudiado, y la suplementación con vitamina D podría ser apropiada para la prevención de la fragilidad por su potencial terapéutico en la disminución de caídas y fracturas (Zella, McCary, y DeLuca 2003; Montero-Odasso y Duque 2005). Sin embargo, la evidencia al respecto nos invita a reflexionar y esperar mayores publicaciones que apoyen dichas intervenciones. 70 Se han publicado muchos programas de ejercicio, y casi todos ellos comparten las recomendaciones siguientes: • haga ejercicio regularmente, de preferencia cuatro o más veces por semana, • ejercítese con suficiente intensidad como para que aumenten la frecuencia de la respiración y el latido cardíaco, • mantenga el ejercicio durante 20 a 30 minutos, • reduzca la intensidad si la respiración se hace demasiado rápida como para poder mantener una conversación, si respira jadeando o si siente algún tipo de presión, sensación de pesadez o dolor en el pecho, los hombros, el cuello o el brazo izquierdo. La evaluación de los pacientes frágiles debe ser interdisciplinaria, abarcando el aspecto físico, emocional, psicológico, social y redes de apoyo, con el fin de detectar posibles obstáculos para la realización y cumplimiento del tratamiento, y así realizar una intervención oportuna. Además es importante conocer las necesidades de la familia y/o cuidadores para poder involucrarlos y orientarlos en el cuidado del paciente frágil, para poder preservar la funcionalidad del anciano. La Asociación Dietética Americana apoya la estrategia de eliminar las restricciones nutricionales como una forma de mejorar la ingestión de alimentos y ofrecer una selección más amplia de opciones en los alimentos en pacientes frágiles. También la socialización y el apoyo a la hora de comer demostraron la importancia de contar con la presencia de otras personas, ya que los adultos mayores consumen más calorías por comida acompañados que cuando comen solos. Los ejercicios de resistencia (caminar, nadar, bicicleta) son considerados un método seguro y efectivo para mejorar la fuerza y el tejido muscular (sarcopenia y dinapenia) al mejorar la síntesis de proteínas y la adaptación neuromuscular, incluso con períodos cortos de entrenamiento. 71 Además son útiles para mantener y/o restaurar la independencia, la capacidad funcional, prevenir, retrasar o revertir el proceso de fragilidad, mejorar la función cardiorespiratoria, movilidad, fuerza, flexibilidad, equilibrio, función cognoscitiva, disminuyen la depresión al mejorar la calidad de vida y la autopercepción del estado de salud, también disminuyen el riesgo de caídas y síndrome postcaída. El tipo de actividad física a realizar debe ser individualizada y se recomiendan actividades de bajo estrés ortopédico como caminar, ejercicio acuático o bicicleta estática. Tanto para ejercicio aeróbico así como para ejercicios de resistencia se recomiendan sesiones de 30 a 45 min por día, como mínimo 3 veces por semana. La intensidad y duración de la actividad física debe ser individualizada de acuerdo a las capacidades de cada paciente y de ser posible supervisada por un profesional en rehabilitación o fisioterapeuta. Se puede llevar un programa de ejercicio en adultos mayores con enfermedades crónicas y funcionalidad conservada siempre y cuando no tengan ninguna de las siguientes características: Angina inestable. Insuficiencia cardiaca descontrolada. Estenosis aortica severa. Hipertensión arterial descontrolada (Presión arterial sistólica >180 mmHg o diastólica 110mmHg) Infección aguda o fiebre. Taquicardia de reposo o arritmias no controladas. Diabetes descompensada (hipo-hiperglicemia). Diagnóstico y Tratamiento del Síndrome de Fragilidad en el Adulto Mayor 9 Al recomendar actividad física al adulto mayor haga enfásis en que los ejercicios nunca deberán ser tan vigorosos que dificulte el poder hablar y bajo ninguna circunstancia debieran causar mareos o dolor torácico. 72 FACTORES QUE PROTEGEN LA CAPACIDAD MENTAL • La educación. La capacidad mental conservada es proporcional a la duración de la educación durante la juventud. Los efectos de la educación prolongada persisten durante más de 50 años en forma de una mayor capacidad de procesamiento mental, pensamiento lógico y un fondo de conocimientos a medida que el sujeto envejece; al mismo tiempo, reduce el ritmo del deterioro del rendimiento mental en los últimos años de la vida. • Continuar realizando “ejercicios cognitivos”, que incluyan tareas complejas que desafían la propia capacidad. • Mantener el sentido de la propia eficacia: la creencia, la seguridad y la práctica de que “puedo hacer lo que tengo que hacer o lo que se espera de mí ” y no rendirse sin hacer un buen intento. • Llevar a cabo una actividad física regular que dé lugar a un incremento de la respiración y de los latidos del corazón. • Mantener la función pulmonar a través del ejercicio físico. Una capacidad pulmonar saludable ayuda a enriquecer la hemoglobina de la sangre con oxígeno y mantiene el buen funcionamiento de las células cerebrales. • Interactuar con los demás con regularidad. El intercambio diario de información ayuda a mantener aguzado el sentido de la realidad, ejercita la capacidad social y del lenguaje, modula las funciones excitadora e inhibidora y probablemente contribuye a mucho más. 73 TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO Se recomienda usar complementos nutricionales orales para mejorar o mantener el estado nutricional en el adulto mayor frágil. Existe una asociación entre los niveles bajos de vitamina D y disminución de la masa muscular, fuerza muscular y el incremento de caídas. Se recomienda determinar niveles séricos de Vitamina D en los ancianos y si ésta es menor de 30ng/ml deberá ofrecerse tratamiento de restitución a dosis de 800 UI/día (equivalente a 0.100 μg de calcitriol). Si bien el envejecimiento y la disminución de la función muscular están asociados con la disminución del nivel de testosterona en los varones, el rol del suplemento de esta hormona permanece controvertido ya que no ha mostrado un beneficio en la mejoría de la fuerza muscular (Muller 2003; Tenover 1998). PRONÓSTICO La fragilidad en el adulto mayor predice hasta el doble de riesgo de morir por cualquier causa comparado con población general. Los factores que se asocian a un peor pronóstico en el paciente frágil son: edad mayor de 80 años, inactividad física, presencia de 2 o más condiciones médicas; uso de 3 o más fármacos; déficit visual o auditivo, dificultad para realizar cualquiera de las actividades básicas y/o instrumentadas de la vida diaria y depresión. Los pacientes frágiles tienen un riesgo significativamente incrementado de enfermedad cardiovascular, hipertensión, cáncer, caídas y muerte y en conjunto la presencia de múltiples factores de riesgo, síndromes geriátricos y fragilidad generan una interacción que determina la progresión temprana hacia discapacidad, la institucionalización y la muerte. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL El síndrome de caquexia se caracteriza por pérdida de peso, fuerza, masa muscular, disminución de la actividad física y cansancio, siendo éstos secundarios a una patología de base, por lo que se debe llevar a cabo un diagnóstico 74 diferencial de todos los síndromes y enfermedades causantes de caquexia. Las siguientes son las condiciones clínicas más comunes, pero no exclusivas que se pueden confundir: insuficiencia cardiaca congestiva con caquexia cardiaca, cáncer, enfermedades del tejido conectivo, artritis reumatoide, anemia, polimialgia reumática, infecciones crónicas como tuberculosis, coccidioidomicosis, depresión mayor unipolar, hiper o hipotiroidismo, malnutrición, cirrosis hepática y enfermedad renal crónica. El síndrome de fragilidad se distingue de la discapacidad en que la primera es un predecesor de esta última, la cual al presentarse un evento estresante catapulta al adulto mayor frágil a dependencia. (cenetec GRR 2014) CONCLUSIONES La fragilidad es un síndrome que podría identificarse y tratarse antes de la aparición de sus complicaciones como la discapacidad o la dependencia funcional. La sarcopenia es un elemento fundamental de este modelo y su presencia resulta de la supresión de ciertos estímulos anabólicos y la resistencia a otros. El papel preciso del sistema nervioso central, la GH y las hormonas sexuales está bajo discusión; sin embargo, las modificaciones en la dieta y la promoción de la actividad fisica parecen ser las vías de intervención en la prevención de la fragilidad. 75 Es plausible que diversas vías catabólicas, especialmente la de las citocinas, estén estrechamente implicadas en la aparición del síndrome la fragilidad. Si ciertos mecanismos son más importantes que otros, está aun por determinarse. Debido a que la sarcopenia per se tiene elementos claramente modificables, un avance son las estrategias dirigidas a mantener la masa muscular, como son los programas de ejercicio de resistencia, lo cual mantiene la masa muscular y limita la sarcopenia. Futuros estudios se necesitan para conocer la interacción entre los distintos sistemas biológicos así como la participación de elementos psicoafectivos y sociales que permitan esclarecer la etiología de la fragilidad para así desarrollar medidas de prevención. ( Ávila-Funes 2007) Se recomienda tratar de manera interdisciplinaria al adulto mayor frágil para disminuir la discapacidad y mejorar la movilidad. Esto incluye: Geriatra y/o medico gerontólogo Licenciado en Gerontologia Trabajo social Psicología Enfermería Nutrición Rehabilitación 76 BIBLIOGRAFIA. American Medica! Association White Paper on Elderly Health. Report of the Council on Scientific Affairs. l. 990. Arch Intern Med 150(12P459·72. Avila-Funes, J. A. and E. J. Garcia-Mayo. 2004. "[The Benefits of Doing Excercise in the Elderly)." Gac Med Mex 140(4):431-6. Ávila-Funes JA, Aguilar-Navarro S. El Síndrome de fragilidad en el adulto mayor. Antología Salud del Anciano. Parte 2. 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