Enfermo crítico
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Enfermo crítico
y emergencias
José M.a Nicolás
Jefe de Sección. Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic, Barcelona
Profesor Agregado de Medicina, Universitat de Barcelona
Javier Ruiz
Jefe de Servicio, Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari Sagrat Cor, Barcelona
Profesor Asociado de Medicina, Universitat de Barcelona
Xavier Jiménez
Jefe del Departamento de Gestión Clínica y Procesos Asistenciales,
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Àlvar Net
Catedrático de Medicina, Universitat Autònoma de Barcelona
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© 2011 Elsevier España, S.L.
Travessera de Gràcia, 17-21 – 08021 Barcelona (España)
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ISBN: 978-84-8086-470-1
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estándar, a medida que aumenten nuestros conocimientos gracias a la investigación básica y clínica habrá
que introducir cambios en los tratamientos y en los fármacos. En consecuencia, se recomienda a los lectores
que analicen los últimos datos aportados por los fabricantes sobre cada fármaco para comprobar la dosis
recomendada, la vía y duración de la administración y las contraindicaciones. Es responsabilidad ineludible
del médico determinar las dosis y el tratamiento más indicado para cada paciente, en función de su experiencia y del conocimiento de cada caso concreto. Ni los editores ni los directores asumen responsabilidad
alguna por los daños que pudieran generarse a personas o propiedades como consecuencia del contenido
de esta obra.
El editor
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V
Autores
Ricardo Abizanda
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario
Asociado General, Castellón
Alejandro Báez
The Operational Medicine Institute, Harvard Medical
School, Boston, MA, USA
Juan Acevedo
Unidad de Cuidados Intensivos Digestivos, Hospital
Clínic, Barcelona
Eugeni Ballester
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
Ramón Adalia
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos, Hospital
Clínic, Barcelona
Mercè Agustí
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos, Hospital
Clínic, Barcelona
Jesús A. Aibar
Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic,
Barcelona
M. Mercè Alsina
Servicio de Dermatología, Hospital Clínic, Barcelona
Djillali Annane
Service de Réanimation, Hôpital Raymond Poncaré
(APHP), Université de Versailles SQY (UniverSud
Paris), Garches, Francia
Juan M. Antón
Servicio de Enfermedades Autoinmunes, Hospital
Clínic, Barcelona
Carmen Ayats
Servicio de Cirugía Cardiovascular, Hospital Clínic,
Barcelona
Joan R. Badia
Unidad de Vigilancia Intensiva Respiratoria,
Hospital Clínic, Barcelona
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5
Jaume Balust
Servicio de Anestesiología y Reanimación, Hospital
Clínic, Barcelona
Joan A. Barberà
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
Ramón Bataller
Servicio de Hepatología, Hospital Clínic, Barcelona
Antonio Bayés-Genís
Servicio de Cardiología, Hospital Germans Trias
i Pujol, Badalona
Jordi Bellart
Unidad de Cuidados Intermedios Obstétricos,
Hospital Clínic, Barcelona
Sofía Benito
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos, Hospital
Clínic, Barcelona
Paola Berne
Unidad de Electrofisiología, Servicio de Cardiología,
Hospital Clínic, Barcelona
Felipe Bisbal
Unidad Coronaria y Unidad Postcoronaria, Hospital
Clínic, Barcelona
Isabel Blanco
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
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VI enfermo crítico y emergencias
Xavier Borrat
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Xavier Bosch
Unidad Coronaria, Hospital Clínic, Barcelona
Albert Bové
Servicio de Enfermedades Autoinmunes,
Hospital Clínic, Barcelona
Felip Burgos
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
Irene Cortés
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario
de Getafe, Madrid
Ana del Río
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Antonio Díaz-Prieto
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
de Bellvitge, Hospitalet de Llobregat, Barcelona
Jesús Cabañas
Bombers de la Generalitat de Catalunya
Rosa Domínguez
Unidad Coronaria, Hospital Clínic, Barcelona
Lluís Cabré
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de Barcelona,
Barcelona
Antonio Dueñas
Unidad Regional de Toxicología Clínica, Hospital
del Río Hortega, Valladolid
Esteban Cano
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
Joaquim Enseñat
Servicio de Neurocirugía, Hospital Clínic,
Barcelona
Francesc Carmona
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Mar Carreño
Unidad de Epilepsia, Servicio de Neurología,
Hospital Clínic, Barcelona
Enric Carreras
Unidad de Trasplante Hematopoyético, Servicio
de Hematología, Hospital Clínic, Barcelona
Enrique Carrero
Servicio de Anestesiología y Reanimación,
Hospital Clínic, Barcelona
Ramón Cartañà
Unidad de Cuidados Intensivos Cardiovasculares,
Hospital Clínic, Barcelona
Francesc Casals
Servicio de Hemoterapia y Hemostasia,
Hospital Clínic, Barcelona
Pedro Castro
Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic,
Barcelona
Ramón Cereza
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Xavier Escalada
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Antonio Escartín
Servicio de Neurología, Hospital de la Santa Creu
i Sant Pau, Barcelona
Àngels Escorsell
Unidad de Cuidados Intensivos Enfermedades
Digestivas, Hospital Clínic, Barcelona
Gerard Espinosa
Servicio de Enfermedades Autoinmunes,
Hospital Clínic, Barcelona
Jordi Esteve
Servicio de Hematología, Hospital Clínic, Barcelona
M.a Jesús Esteve
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
Sagrat Cor, Barcelona
Carlos Falces
Servicio de Cardiología, Hospital Clínic, Barcelona
Salvador Cerezo
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Javier Fernández
Unidad de Cuidados Intensivos Digestivos,
Hospital Clínic, Barcelona
Carlos Cervera
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Rafael Fernández
Servicio de Medicina Intensiva, Fundació Althaia,
Manresa, Barcelona
Frederic Cofán
Unidad de Trasplante Renal, Servicio de Nefrología
y Trasplante Renal, Hospital Clínic, Barcelona
Miquel Ferrer
Unidad de Vigilancia Intensiva Respiratoria,
Hospital Clínic, Barcelona
Rosa Corcuera
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
Sagrat Cor, Barcelona
Jaume Fontanals
Unidad de Reanimación Posquirúrgica,
Hospital Clínic, Barcelona
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Autores VII
María Forga
Unidad de Dietética, Hospital Clínic, Barcelona
Francisco J. Gaínza
Servicio de Nefrología, Hospital de Cruces, Baracaldo,
Bizkaia
Jacinto Gallardo
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Covadonga García
Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic,
Barcelona
Samuel García
Servicio de Cirugía Torácica, Hospital Clínic,
Barcelona
Joaquim Gascón
Unidad de Medicina Tropical, Hospital Clínic,
Barcelona
Josep M. Gatell
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Juan González
Servicio de Hepatología, Hospital Clínic,
Barcelona
Mercè González
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Laura Gratacós
Servicio de Farmacia, Hospital Josep Trueta,
Girona
Josep M. Grau
Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínic,
Barcelona
Josep M. Guilemany
Servicio de Otorrinolaringología, Hospital Clínic,
Barcelona
Miquel Josa
Servicio de Cirugía Cardiovascular, Hospital Clínic,
Barcelona
Patrick Lafforgue
Service de Réanimation, Hôpital Raymond Poncaré
(APHP), Université de Versailles SQY (UniverSud
Paris), Garches, Francia
Pere Leyes
Unidad de Dietética, Hospital Clínic, Barcelona
Laura Linares
Servicio de Enfermedades Infecciosas y Microbiología,
Hospital Clínic, Barcelona
Xavier López
Instructor de Buceo de la Federación Española
de Actividades Subacuáticas
Miguel A. López-Boado
Servicio de Cirugía Digestiva, Hospital Clínic,
Barcelona
Mariana López-Góngora
Servicio de Neurología, Hospital de la Santa Creu
i Sant Pau, Barcelona
Alfonso López-Soto
Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínic,
Barcelona
José A. Lorente
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario
de Getafe, Madrid
Miguel Lozano
Servicio de Hemoterapia y Hemostasia, Hospital
Clínic, Barcelona
Francesc Marco
Servicio de Microbiología, Hospital Clínic, Barcelona
Julio Martí
Servicio de Cardiología, Hospital del Mar, Barcelona
Montserrat Gutiérrez
Unidad Coronaria, Hospital Clínic, Barcelona
Mari C. Martín
Unidad de Cuidados Intensivos, Clínica
Los Manzanos, Logroño
Magda Heras
Unidad Coronaria y Unidad Postcoronaria,
Hospital Clínic, Barcelona
Carlos Martínez
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Cristian Heering
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Ignacio Herrero
Unidad de Cuidados Intensivos, Hospital Universitari
de Bellvitge, Hospitalet de Llobregat, Barcelona
Xavier Jiménez-Fábrega
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
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7
Fernando Martínez
Servicio de Anestesiología y Reanimación,
Hospital de Granollers, Barcelona
Gemma Martínez
Unidad de Cuidados Intensivos, Hospital Universitari
de Bellvitge, Hospitalet de Llobregat, Barcelona
José A. Martínez
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
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VIII enfermo crítico y emergencias
Antoni Mas
Unidad de Cuidados Intensivos Enfermedades
Digestivas, Hospital Clínic, Barcelona
Sonia Mas-Font
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario
Asociado General, Castellón
Virginie Maxime
Service de Réanimation, Hôpital Raymond Poncaré
(APHP), Université de Versailles SQY (UniverSud
Paris), Garches, Francia
Víctor Obach
Unidad de Ictus, Hospital Clínic, Barcelona
Marta Olivé
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Jessica Ortiz
Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos, Hospital
Sant Joan de Déu, Barcelona
Pilar Palma
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Josep Mensa
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Antonio Palomeque
Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos,
Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona
Jordi Mercadal
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Manel Parada
Servei de Bombers de la Generalitat de Catalunya
María A. Merino
Servicio de Neurocirugía, Unidad de Investigación de
Neurotraumatología y Neurocirugía, Hospital
Universitari Vall d’Hebron, Barcelona
Carlos Mestres
Servicio de Cirugía Cardiovascular, Hospital Clínic,
Barcelona
José M. Miró
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Luis Morales
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitario
de Getafe, Madrid
Montserrat Pardo
Unidad Coronaria, Hospital Clínic, Barcelona
Carles Paré
Unidad de Imagen Cardíaca, Servicio de Cardiología,
Hospital Clínic, Barcelona
David Paredes
Unidad de Donación y Trasplantes, Hospital Clínic,
Barcelona
Albert Parés
Servicio de Hepatología, Hospital Clínic, Barcelona
Arturo Pereira
Servicio de Hemoterapia y Hemostasia,
Hospital Clínic, Barcelona
Indalecio Morán
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de la Santa
Creu i Sant Pau, Barcelona
Félix Pérez-Villa
Unidad de Insuficiencia Cardíaca y Trasplante
Cardíaco, Hospital Clínic, Barcelona
Asunción Moreno
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
Sandra Pizarro
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
José R. Moreno
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Miquel Navasa
Servicio de Hepatología, Hospital Clínic,
Barcelona
José M.a Nicolás
Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic,
Barcelona
Juan A. Nieto
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Santiago Nogué
Toxicología Clínica, Servicio de Urgencias, Hospital
Clínic, Barcelona
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8
Miguel A. Plasín
Servicio de Enfermedades Autoinmunes, Hospital
Clínic, Barcelona
Maria A. Poca
Servicio de Neurocirugía, Unidad de Investigación
de Neurotraumatología y Neurocirugía, Hospital
Universitari Vall d’Hebron, Barcelona
Esteban Poch
Servicio de Nefrología, Hospital Clínic, Barcelona
Sergio Prieto
Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínic,
Barcelona
Tomás Pumarola
Servicio de Microbiología, Hospital Clínic, Barcelona
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Autores IX
Lluís Recasens
Unidad Coronaria, Hospital del Mar, Barcelona
Joan C. Reverter
Servicio de Hemoterapia y Hemostasia, Hospital
Clínic, Barcelona
Assumpta Ricart
Servicio de Urgencias, Hospital General de
L’Hospitalet, Barcelona
Mariano Rinaudo
Área de Vigilancia Intensiva, Hospital Clínic,
Barcelona
Alex Soriano
Servicio de Enfermedades Infecciosas, Hospital Clínic,
Barcelona
José M. Soto
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Dolors Soy
Servicio de Farmacia, Hospital Clínic, Barcelona
Enric Subirats
Servicio de Urgencias, Hospital de Puigcerdà,
Girona
Joaquín Ríos
Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya
Anna Suy
Unidad de Cuidados Intermedios Obstétricos,
Hospital Vall d’Hebron, Barcelona
Eva Rivas
Servicio de Anestesiología y Reanimación, Hospital
Clínic, Barcelona
Javier Tercero
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Montserrat Rovira
Unidad de Trasplante Hematopoyético, Servicio
de Hematología, Hospital Clínic, Barcelona
Carles Tomàs
Servicio de Cardiología, Hospital Clínic,
Barcelona
Javier Ruiz
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
Sagrat Cor, Barcelona
Pablo Torrabadella
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Germans
Trias i Pujol, Badalona
Emilio Sacanella
Unidad de Geriatría, Servicio de Medicina Interna,
Hospital Clínic, Barcelona
Marta Ubré
Servicio de Anestesiología y Reanimación,
Hospital Clínic, Barcelona
Juan Sahuquillo
Servicio de Neurocirugía, Unidad de Investigación
de Neurotraumatología y Neurocirugía, Hospital
Universitari Vall d’Hebron, Barcelona
Mauricio Valencia
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
Sagrat Cor, Barcelona
Miquel Sánchez
Servicio de Urgencias, Hospital Clínic, Barcelona
Paula Vera
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de la Santa
Creu i Sant Pau, Barcelona
Gerard Sánchez-Etayo
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Gemma Vía
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Universitari
de Bellvitge, Hospitalet de Llobregat, Barcelona
Joan Santamaría
Unidad de Neurofisiología, Hospital Clínic, Barcelona
Joan Vidal
Hospital de Neurorrehabilitación, Institut Guttmann,
Badalona
Miquel Sanz
Unidad de Cuidados Intensivos Enfermedades
Digestivas, Hospital Clínic, Barcelona
Antoni Xaubet
Servicio de Neumología, Hospital Clínic, Barcelona
Susana Segura
Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos,
Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona
Lluís Zapata
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de la Santa
Creu i Sant Pau, Barcelona
Alessandro Sionis
Unidad Coronaria, Hospital de la Santa Creu
i Sant Pau, Barcelona
Elizabeth Zavala
Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos,
Hospital Clínic, Barcelona
Marta Sitges
Unidad de Imagen Cardíaca, Servicio de Cardiología,
Hospital Clínic, Barcelona
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XI
Índice de capítulos
Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Características de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Agradecimientos­ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
XV
XVII
XIX
Parte 1. Procedimientos y monitorización en el enfermo crítico y emergencias
Capítulo 1. El enfermo crítico y sus profesionales: enfoque histórico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
1
Capítulo 2. Acceso a la vía aérea . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
11
Capítulo 3. Sedación, analgesia y miorrelajación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
26
Capítulo 4. Adquisición y monitorización de gases respiratorios sanguíneos y tisulares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
46
Capítulo 5. Monitorización de la función cardiovascular . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
54
Capítulo 6. Ecocardiografía en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
67
Capítulo 7. Marcapasos provisional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
73
Capítulo 8. Balón de contrapulsación intraaórtico y asistencias circulatorias mecánicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
83
Capítulo 9. Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
91
Capítulo 10. Otros procedimientos respiratorios: endoscopia respiratoria, drenaje pleural,
gasometría arterial, asistencia pulmonar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
115
Capítulo 11. Diagnóstico y monitorización del fracaso renal agudo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
126
Capítulo 12. Monitorización abdominal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
133
Capítulo 13. Sondas hemostáticas en el manejo de la hemorragia por varices esofagogástricas . . . . . . . . . . . . . . . . . .
140
Capítulo 14. Soporte hepático artificial y bioartificial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
143
Capítulo 15. Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
150
Capítulo 16. Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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XII enfermo crítico y emergencias
Parte 2. Emergencias en el ámbito prehospitalario
Capítulo 17. Soporte vital avanzado en el adulto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
177
Capítulo 18. Soporte vital en pediatría y en neonatología . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
184
Capítulo 19. Hipotermia terapéutica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
192
Capítulo 20. Coordinación de urgencias y emergencias sanitarias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
198
Capítulo 21. Gestión y preparación hospitalaria ante catástrofes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
206
Capítulo 22. Medidas de autoprotección en la atención sanitaria prehospitalaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
212
Capítulo 23. Biomecánica de los accidentes de tráfico y fisiopatología relacionada con el transporte sanitario . . . . .
216
Capítulo 24. Dispositivos y maniobras de inmovilización y movilización prehospitalaria en el enfermo traumático .
223
Capítulo 25. Atención prehospitalaria al enfermo politraumatizado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
229
Capítulo 26. Atención inicial al traumatismo en la gestante y en el enfermo pediátrico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
236
Capítulo 27. Actuación prehospitalaria en el shock hemorrágico traumático . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 242
Capítulo 28. Lesiones por agentes físicos externos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
251
Capítulo 29. Atención de las emergencias en situaciones especiales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
270
Capítulo 30. Atención inicial en las urgencias hospitalarias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 279
Parte 3. Atención a las diversas patologías en la UCI
Capítulo 31. Sepsis grave, shock séptico y disfunción orgánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
295
Capítulo 32. Lesión pulmonar aguda y síndrome de distrés respiratorio agudo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
303
Capítulo 33. Exacerbación de la patología obstructiva bronquial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
311
Capítulo 34. Hipertensión arterial pulmonar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
319
Capítulo 35. Tromboembolismo pulmonar, hemoptisis y neumopatías intersticiales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
327
Capítulo 36. Infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
329
Capítulo 37. Síndromes coronarios agudos sin elevación del segmento ST . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 355
Capítulo 38. Trastornos del ritmo cardíaco en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
367
Capítulo 39. Insuficiencia cardíaca aguda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
379
Capítulo 40. Emergencia hipertensiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
388
Capítulo 41. Disección aórtica y taponamiento cardíaco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
396
Capítulo 42. Tratamiento sustitutivo renal en la insuficiencia renal aguda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
406
Capítulo 43. Hemorragia digestiva por varices esofagogástricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
417
Capítulo 44. Encefalopatía hepática . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
425
Capítulo 45. Insuficiencia hepática aguda grave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
432
Capítulo 46. Síndrome hepatorrenal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
439
Capítulo 47. Infecciones en la cirrosis hepática . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
445
Capítulo 48. Pancreatitis aguda grave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
451
Capítulo 49. Prevención de las infecciones en los enfermos críticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
459
Capítulo 50. Neumonía grave adquirida en la comunidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Índice de capítulos XIII
Capítulo 51. Neumonía asociada a la ventilación mecánica invasiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
485
Capítulo 52. Infecciones necrosantes de piel y partes blandas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
504
Capítulo 53. Endocarditis infecciosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
509
Capítulo 54. Infección urinaria en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
519
Capítulo 55. Infección intraabdominal en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
525
Capítulo 56. Meningitis y otras infecciones agudas del sistema nervioso central . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
534
Capítulo 57. Infecciones relacionadas con los catéteres intravenosos centrales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
547
Capítulo 58. Utilización de antifúngicos en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
557
Capítulo 59. Enfermo crítico con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
566
Capítulo 60. Infecciones en enfermos trasplantados de órgano sólido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
579
Capítulo 61. Malaria grave y otras infecciones importadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
594
Capítulo 62. Disfunción endocrina en las enfermedades críticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
614
Capítulo 63. Trastornos del equilibrio ácido-base y del metabolismo iónico en enfermos críticos . . . . . . . . . . . . . . . . .
623
Capítulo 64. Soporte nutricional en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
636
Capítulo 65. Consideraciones farmacológicas en los enfermos críticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
651
Capítulo 66. Atención al enfermo crítico oncohematológico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
664
Capítulo 67. Trasplante de progenitores hematopoyéticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
674
Capítulo 68. Complicaciones precoces no infecciosas de los trasplantes de órganos sólidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
685
Capítulo 69. Transfusión de componentes sanguíneos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
700
Capítulo 70. Alteraciones de la hemostasia en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
707
Capítulo 71. Púrpura trombótica trombocitopénica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
715
Capítulo 72. El enfermo crítico con patología autoinmune . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
723
Capítulo 73. Intoxicaciones agudas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
728
Capítulo 74. Atención hospitalaria y complicaciones en el enfermo politraumático . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
761
Capítulo 75. Traumatismo craneoencefálico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
778
Capítulo 76. Hemorragia subaracnoidea . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
796
Capítulo 77. Abordaje del accidente vascular cerebral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
808
Capítulo 78. Tratamiento del estatus epiléptico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
820
Capítulo 79. Patología neuromuscular en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
827
Capítulo 80. Muerte encefálica y proceso de donación de órganos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
834
Capítulo 81. Patología dermatológica en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
844
Capítulo 82. Atención inicial al enfermo gran quemado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
850
Capítulo 83. Consideraciones en el enfermo pediátrico crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
859
Capítulo 84. Patología médica obstétrica grave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
876
Capítulo 85. Consideraciones en el enfermo crítico de edad avanzada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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XIV enfermo crítico y emergencias
Parte 4. Otras consideraciones en la atención al enfermo crítico y emergencias
Capítulo 86. Consideraciones bioéticas en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
901
Capítulo 87. Comunicación con el enfermo crítico y la política de visitas en la UCI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
907
Capítulo 88. Gestión del riesgo en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
914
Capítulo 89. Indicadores de calidad en medicina intensiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
921
Capítulo 90. Consideraciones de los sistemas pronósticos de supervivencia en medicina intensiva . . . . . . . . . . . . . . .
929
Capítulo 91. Fundamentos de economía de la salud aplicada al enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
937
Capítulo 92. Planificación, organización y gestión de la atención al enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
949
Capítulo 93. Diseño y realización de un estudio de investigación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
958
Anexos
Anexo I. Conceptos relevantes relacionados con la documentación clínica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
967
Anexo II. Conjunto mínimo de base de datos (CMBD) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
968
Anexo III. Documentación clínica en el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
968
Anexo IV. Procedimientos diagnósticos y terapéuticos relacionados con el enfermo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
969
Anexo V. Informe de admisión de enfermería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
971
Anexo VI. Informe de alta de enfermería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
973
Anexo VII. Índice de clasificación de las úlceras por presión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
975
Anexo VIII. Índice de Norton de riesgo de úlceras por presión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
975
Anexo IX. Índice de disfunción orgánica Multiple Organ Dysfunction Score (MODS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
975
Anexo X. Índice de disfunción orgánica Logistic Organ Dysfunction System (LODS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
976
Anexo XI. Acute Physiology and Chronic Health Evaluation (APACHE) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
977
Anexo XII. Simplified Acute Physiology Score (SAPS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
979
Anexo XIII. Mortality Probability Model (MPM) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
980
Anexo XIV. Therapeutic Intervention Scoring System (TISS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
981
Anexo XV. Nine Equivalents of Nursing Manpower use Score (NEMS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
982
Anexo XVI. Nursing Activities Score (NAS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
983
Anexo XVII. Índice Mortality in Emergency Department Sepsis Score (MEDS) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
984
Anexo XVIII. Índice Trauma Associated Severe Hemorrhage (TASH) Score . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
985
Anexo XIX. Índice de Lawton . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
986
Anexo XX. Índice de Barthel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
986
Anexo XXI. Escala de Calidad de Vida EuroQol-5D . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
987
Anexo XXII. Ajustes farmacológicos en la insuficiencia renal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
988
Bibliografía recomendada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
997
Índice alfabético . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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XV
Prefacio
Cada vez es más notoria la importancia médica,
sanitaria y social de la patologia aguda, grave y
con riesgo vital –aquellas características que hoy
en día se resumen en la condición de enfermo crítico– que padecen nuestros conciudadanos y que
tanto impacto tienen en la comunidad. En la primavera de 2004, hablando sobre la formación continuada del profesional que atiende al enfermo
crítico, pensamos que aparte de la formación que
veníamos impartiendo a los residentes de medicina intensiva y de otras especialidades que atienden
al enfermo agudo grave, no había por aquel entonces un programa universitario global en esa
área de conocimiento que recogiese las ne­cesidades
de perfeccionamiento profesional para los diplomados de enfermería, así como de investigación
en los médicos implicados con ese tipo de enfermo. Teniendo puesta la mirada en la mejor atención al enfermo crítico, el abordaje del cuerpo docente sería multidisciplinario a fin de dar una
visión comprehensiva de la asistencia global del
enfermo en todas sus vertientes. Tras varias con­
versaciones sobre el mismo tema, tomamos finalmente la decisión de crear un programa de perfeccionamiento profesional sobre el enfermo crítico y
las emergencias, adaptándonos a las necesidades
tanto de los médicos como de los diplomados de
enfermería. Apareció así, en octubre de 2005, el
programa máster «Bases, procedimientos y técnicas aplicadas al paciente critico y emergencias»,
impartido desde la Facultad de Medicina de la
Universitat de Barcelona y ahora en su sexta edi­
ción. Igualmente, un año más tarde, nacía el programa «Atención integral al enfermo crítico y emer­
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15
gencias», máster universitario destinado a satisfacer las necesidades en herramientas de investigación propias de acceso al doctorado. Este programa lo imparten conjuntamente entre la Universitat de Barcelona y la Universitat Autònoma de
Barcelona.
Desde su inicio, ambos programas han sido
muy dinámicos y, creemos, se han orientado a las
necesidades reales de los alumnos y han sido impartidos por profesores tan especializados como
cualificados.
En el presente libro, Enfermo Crítico y Emergencias, se recogen los contenidos preparatorios a los
que tienen acceso nuestros alumnos. El texto ha sido
elaborado de manera que se pretende clara y sencilla por el profesorado de dicho Máster con el pro­
pósito de que pueda servir de punto de refe­rencia y
guía en el camino docente que los alumnos deben
seguir en la adquisición de las distintas competencias, además de ser un punto de partida para residentes de las distintas especialidades que atien­den
al enfermo crítico y las emergencias.
Todos las horas de todos los días del año,
miles de profesionales del enfermo crítico y de las
emergencias se dedican a su manejo, asisten­cia y
cuidado; desde los aproximadamente 250 servicios de medicina intensiva de España y desde
todos los sistemas de emergencias a nivel prehospitalario de la comunidades autónomas. Todos ellos desempeñan una de las tareas más importantes de cualquier país: la prestación de un
servicio humano a la comunidad de incalculable
valor social, o la atención del enfermo crítico y de
cualquier emergencia allí donde ésta tenga lugar.
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XVI enfermo crítico y emergencias
Caracteríticas de la obra
Agradecimientos
El libro Enfermo Crítico y Emergencias se divide en
cuatro partes: 1) Procedimientos y monitorización
en el enfermo crítico y emergencias, 2) Emergencias en el ámbito prehospitalario, 3) Atención en
las diversas patologías en la UCI, y 4) Otras consideraciones en la atención al enfermo crítico y
emergencias. La parte 1 recoge fundamentalmente
los procedimientos diagnósticos y/o tera­péuticos
característicos del enfermo crítico y de las emergencias. La parte 2 intenta valorar la importancia de las
emergencias a nivel de medicina prehospitalaria,
sin olvidar los temas relacionados con las catás­
trofes, con los ambientes poco habituales y, también, con la asistencia de las emergencias en los
servicios de urgencias. La parte 3 se enfoca fundamentalmente en las patologías que generan disfunción orgánica o estados críticos; de alguna forma se
enfoca sobre la patología más clásica, pero siempre
vigente, relacionada con el enfermo crítico ingresado en la UCI. Finalmente, la parte 4 consi­dera
aquellos temas que condicionan la asistencia del enfermo crítico y de las emergencias: bioética, gestión
del riesgo, calidad, sistemas pronósticos, economía
de la salud y gestión. Todos los capítulos clínicos
se inician con la presentación de un caso ilustrativo, que no sólo sirve a modo de introducción del
tema sino también como elemento para aproximar
al lector la realidad. Los casos expuestos reflejan
experiencias vividas por los mismos autores. Se
incluyen en cada capítulo aquellos puntos claves
del mismo, y también en forma de tablas se recoge
la esencia de cada tema, especialmente en relación
con las pruebas diagnósticas y con el tratamiento.
La bibliografía se presenta en forma de lecturas
recomendadas y se limita a las citas más relevantes
o relacionadas.
Directa o indirectamente, éste libro es el producto
del esfuerzo de muchas personas. Queremos recordar entonces a todos los alumnos y profesores,
que han contribuido con sus opiniones a la selección de los contenidos, así como al resto de los
miembros de la coordinación del Máster (Miquel
Sanz, María Maluenda, Gemma Martínez, Lluis
Blanch y Elizabeth Zavala). También queremos
recordar a quienes están profesionalmente vinculados con nuestro esfuerzo de formación relacionado con el enfermo crítico y con las emergencias (Arantxa Recuerda, Roser Poblet, Raquel
García y Elisabet Urrea).
Finalmente, sin el apoyo de las instituciones y
las sociedades científicas, los másters no se hubieran realizado y, entonces, este libro tampoco.
Nuestro agradecimiento a la Universitat de Barcelona, a la Universitat Autònoma de Barcelona, al
Sistema d’Emergències Mèdiques y al Institut de
Seguretat Pública de Catalunya. Y nuestro agradecimiento a la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias, a la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades
Coronarias, a la Societat Catalana de Medicina Intensiva i Crítica y a la Societat Catalana de Medicina d’Ur­gència.
El objetivo final de los editores no es otro que
el presente texto preste un servicio a todos aque­
llos que deseen alcanzar una mayor efectividad
en la aten­ción global del enfermo crítico. Su consecución sería nuestra recompensa.
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José María Nicolás Arfelis
Javier Ruiz Moreno
Xavier Jiménez Fábrega
Àlvar Net Castel
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3
Capítulo 1
El enfermo crítico
y sus profesionales:
enfoque histórico
Javier Ruiz, Rosa Corcuera, Miquel Sanz y Gemma Martínez
PUNTOS CLAVE
N
N
La historia del enfermo crítico es la historia de
un esfuerzo, y está asociada a grandes personas
(Nightingale, Dandy, Bennet, Ibsen, Safar,
Shubin, Weil, Swan, Ganz, Jiménez Díaz…), a la
influencia de grandes acontecimientos y grandes
oportunidades y, sobre todo, al compromiso que
muchos profesionales han tenido con la atención
del enfermo crítico y de las emergencias, un
paradigma de prestación de servicio humano.
Las características básicas que definen al
enfermo crítico son el nivel de gravedad, la
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
ENFOQUE HISTÓRICO DE LOS AVANCES
ASISTENCIALES EN LA ATENCIÓN
AL ENFERMO CRÍTICO
Creación de las unidades de cuidados
intensivos
El inicio de la atención del enfermo crítico puede
situarse en la guerra de Crimea (1854-1856), gracias a la iniciativa de la enfermera F. Nightingale
(fig. 1-1). Ciertamente, con la finalidad de atender
mejor a los enfermos críticos quirúrgicos por causa
bélica, Nightingale agrupó a estos enfermos en
determinadas salas, que se caracterizaban por
concentrar más recursos que el resto de las salas
del hospital y estaban atendidas por un grupo de
enfermeras especialmente preparadas. Así, la concentración de enfermos graves en un mismo re-
reversibilidad potencial de la enfermedad,
la asistencia y los cuidados de enfermería
continuos, y la necesidad de un área
tecnificada (unidad de cuidados intensivos
o similar).
N
En Europa, la European Society of Intensive
Care Medicine ha elaborado un documento,
el CoBaTrICE (Competence Based Training
programme in Intensive Care medicine for
Europe), que recoge todos los conocimientos,
habilidades, comportamientos y actitudes que se
requieren para la atención del enfermo crítico.
cinto y su atención por profesionales especializados justifica que aquel hecho pueda considerarse
el principio de la atención del enfermo crítico.
En el siglo XX, concretamente en 1923 y bajo la
influencia de las aportaciones de los «big four» (los
«cuatro grandes»: W. Welch [anatomía patológica],
W. Osler [medicina interna], W. Halsted [cirugía
general] y H. Kelly [ginecología]) en el Hospital
Johns Hopkins (Baltimore, Maryland, EE.UU.), W.E.
Dandy puso en marcha la primera sala de recuperación de enfermos neuroquirúrgicos. Poco después, en 1927, en el Sarah Morris Hospital (Chicago, Illinois, EE.UU.) se puso en marcha la primera
unidad para atender neonatos prematuros. En escenarios de la Segunda Guerra Mundial se crearon
salas de shock para reanimar y atender enfermos
críticos quirúrgicos, en las que también se concentraban los recursos. Sin embargo, aunque era en
4 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Figura 1-1
1
Florence Nightingale.
plena Segunda Guerra Mundial, fue un suceso civil
el que impulsó la organización de la atención del
enfermo crítico y de las emergencias. Efectivamente, el incendio acaecido en 1942 en la sala de fiestas
Coconut Grove, en las afueras de Boston (Massachusetts, EE.UU.), promovió la habilitación de una
Figura 1-3
Carlos Jiménez Díaz.
Figura 1-2
Peter Safar.
sala hospitalaria del Massachusetts General Hospital para atender a 39 víctimas por quemaduras; se
creó un banco de sangre y un protocolo para atender enfermos críticos quemados, y además se diseñó un plan para emergencias extrahospitalarias.
Bajo esta influencia, entre 1945 y 1950 se crearon
también salas de recuperación en la Clínica Mayo
de Rochester (Minnesota, EE.UU.), en el Strong Memorial Hospital de Rochester (Nueva York, EE.UU.)
y en el Ochsner Clinic de Nueva Orleans (Luisiana,
EE.UU.). Un año crucial en la historia de la medicina intensiva fue 1950, en que se creó la primera unidad para atender a enfermos críticos tal como se
entiende en nuestros días, en el Hospital Peter Bent
Brigham de Boston, para enfermos intervenidos de
cirugía cardíaca. A partir de estas experiencias y las
aportaciones quirúrgicas en la década de los cincuenta, se constituyen unidades similares: Auckland
(Nueva Zelanda) en 1955 (Byth); Toronto (Barber) y
Southhampton (Pearce) en 1959; Baltimore (Safar) y
California (Weil) en 1961; Glasgow (Campbell) en
1962; Kansas City (Coburn; Day) en 1963 y 1965;
Denver (Petty) y Rochester (Callahan) en 1964; Londres (Skidmore) en 1965; Birmingham (Pentecost,
Bell) en 1966. Así, ya en 1958, P. Safar (fig. 1-2) acuña
el término «unidad de cuidados intensivos» (UCI);
en ese año, el 25% de los hospitales de EE.UU. con
más de 300 camas disponían ya de una UCI.
La primera UCI en España se creó en 1966, en
la Clínica de la Concepción de Madrid, gracias a
la iniciativa del gran internista C. Jiménez Díaz
El enfermo crítico y sus profesionales: enfoque histórico 5
(fig. 1-3), quien tuvo la visión y el suficiente liderazgo para aunar conocimientos de diferentes especialistas médicos al servicio de la atención del
enfermo crítico, de manera multidisciplinar, sugiriéndoles que orientaran su ejercicio profesional
hacia los mismos y que los concentraran en un espacio tecnificado, la UCI. En 1969 se creó la primera unidad coronaria española en el Hospital de
la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Avances tecnológicos que marcaron
el desarrollo de los cuidados intensivos
A finales del siglo XIX, H. Dräger (1899) diseñó el
primer manorreductor de presión de oxígeno, y el
mismo autor, en 1911, desarrolló el primer dispositivo de ventilación a presión positiva intermitente,
el Pulmotor® (fig. 1-4), que incorporaba un cilindro
de oxígeno o aire comprimido como fuente de
energía que llegaban al enfermo mediante una
mascarilla nasobucal. En 1950, V. Ray Bennett diseñó la primera válvula de demanda de oxígeno capaz de elevar la presión durante la inspiración y
caer a cero durante la espiración. En otras palabras,
se inventó la ventilación a presión positiva intermitente (VPPI). Y algo dramático ocurrió asimismo
ese año: la epidemia de poliomielitis en el sur de
California (EE.UU.), por lo que en el Rancho Los
Amigos Hospital, en Downey, se habilitó una gran
sala con muchos «pulmones de acero» (fig. 1-5)
para atender enfermos críticos con insuficiencia
respiratoria aguda. Y precisamente el reciente invento de Bennett inspiró a Bjørn Ibsen, quien dos
años más tarde demostró la efectividad de la VPPI
durante la otra gran epidemia de poliomielitis de
Copenhague (Dinamarca). Aplicando la VPPI mediante un balón manual, a través de una traqueostomía, a enfermos con afectación bulbar e insuficiencia respiratoria aguda secundaria se observó un
descenso de la mortalidad (84% al inicio de la epidemia; 44% tras el uso del balón); y todo ello gracias
a la tan famosa como loable colaboración de 250 estudiantes de medicina que se turnaban para insuflar el balón manual de ventilación en cientos de
enfermos. Dos años después, C. G. Engström (1954)
diseña el primer ventilador mecánico tal como lo
conocemos hoy (fig. 1-6). Entre otros hitos técnicos
acaecidos en la misma década destaca la aportación
de J. H. Gibbon Jr. (1952) en el desarrollo de la cirugía extracorpórea, en el University of Minnesota
Medical Center (Minneapolis, Minnesota, EE.UU.).
En el mismo hospital, F. J. Lewis y M. Taufic desarrollan la hipotermia en cirugía cardíaca (reparación del septo interauricular) en 1953. Entre 1952 y
1956, P. M. Zoll desarrolla y aplica la primera desfibrilación eléctrica en un paro cardiorrespiratorio.
Figura 1-4 Pulmotor®, primer dispositivo de
ventilación a presión positiva intermitente (1911).
1
De forma concurrente, en la década de los cincuenta se realizan avances históricos tecnológicos
relacionados con el desarrollo del cateterismo venoso central. En efecto, R. Aubeniac realizó por
primera vez en 1952 un cateterismo de la vena
subclavia mediante un procedimiento quirúrgico.
Figura 1-5 Rancho Los Amigos Hospital, Downey
(California, EE.UU.,1950).
6 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Figura 1-6 Primer ventilador mecánico diseñado por
Engström (1954).
1
Un año después, S. I. Seldinger (1953) desarrolló
la «técnica de Seldinger», ampliamente usada en
la actualidad. Cinco años después de cateterizar
quirúrgicamente la vena subclavia, J. A. Moncrief
cateterizó quirúrgicamente la vena femoral. Ya que
estas aportaciones permitían acceder intravascularmente a la aurícula derecha, R. E. Hughes y G. J.
Magovern establecieron en 1959 el concepto de
presión venosa central y la relación entre la presión de la aurícula derecha y el volumen sanguíneo. J. N. Wilson consiguió, en 1962, acceder a
la vena subclavia de forma percutánea y a su cateterismo posterior; exactamente de la misma forma como se hace hoy en día. Dos años después,
S. Nordlun y L. Thoren (1964) acceden y cateterizan
percutáneamente la yugular externa. Y cateterizando una vena poco habitual, la supraclavia,
D. Yoffa accede en 1965 a esta vena por el mismo
proceso, procediendo también a su cateterismo.
Desde entonces, en el ámbito prehospitalario y en
las UCI es consustancial en la asistencia del enfermo crítico el acceso venoso central y la monitorización de la presión venosa central. Pero se estaba
gestando otro gran avance relacionado con el cateterismo venoso derecho…
En el otoño de 1966, mientras contemplaba la navegación de los veleros en la bahía de Santa Mónica (California), concibió la idea que algo parecido a una vela o a
un paracaídas, en combinación con un catéter altamente flexible, sería un mecanismo ideal para guiar al catéter en la circulación central…
Quien así pensaba era J. Swan, del Cedars-Sinai Medical Center, que con la ayuda de W. Ganz
y otros colaboradores consiguió aplicar la idea de-
sarrollando el catéter de presión capilar pulmonar; al insertar este catéter, por ejemplo, a través
de la vena subclavia, se conseguía traspasar la
válvula tricúspide, acceder por tanto al ventrículo
derecho y, entonces, alcanzar la arteria pulmonar,
lo que permitía conocer la presión de enclavamiento. El catéter se dirigía por flotación mediante un globo (la vela o el paracaídas) insertado en
su extremo distal.
En 1966, la Academia Nacional de Ciencias y el
Consejo Nacional de Investigación de Estados
Unidos realizan la primera conferencia sobre reanimación cardiopulmonar (RCP), y dos años después P. Safar sienta y protocoliza las bases de la
RCP, de posterior aceptación universal. En esta
década, M. H. Weil, R. B. Sudrann y H. Shubin
describen clínicamente el shock (1961), y Weil,
Shubin y W. Rand establecen sus patrones hemodinámicos (1966), otro de los pilares que fundamentan la asistencia del enfermo crítico. Un drama
también bélico, la guerra de Vietnam, tuvo como
efecto colateral positivo la descripción por D. Ashbaugh (1967) del «pulmón de Da Nang» o síndrome del distrés respiratorio del adulto, al observar
el desarrollo de insuficiencia respiratoria aguda en
heridos de guerra. A partir de las contribuciones
descritas, sinérgicas todas ellas entre sí, se favoreció que se empezara a conceptualizar otra de las
piezas angulares de la asistencia del enfermo crítico, el síndrome de disfunción multiorgánica: J. F.
Burke (1963), L. D. MacLean (1967), J. J. Skillman
(1969), N. L. Tilney (1973), A. E. Baue (1975), este
último recordando las aportaciones del cirujano E.
D. Churchill, el primer autor que ya en la Segunda
Guerra Mundial describió de alguna manera el
concepto.
La atención del enfermo crítico es monetariamente muy costosa, por lo que, coincidiendo con
la crisis del petróleo de 1973, en 1974 D. Cullen
describió el TISS (Therapeutic Intervention Scoring System) en el Massachusetts General Hospital
como un indicador del consumo de recursos del
enfermo crítico en la UCI y, también, como un reflejo indirecto de su gravedad. Para medir y evaluar la gravedad, W. Knaus diseñó el APACHE
(Acute Physiology and Chronic Health Evaluation) en 1981, en el George Washington University
Medical Center (Washington DC, EE.UU.).
Aparición de las sociedades de medicina
crítica
El 10 de febrero de 1970, 29 médicos interesados
en la atención del enfermo crítico celebraron, con
financiación propia, una reunión en Los Ángeles
(California, EE.UU.) para debatir la constitución
El enfermo crítico y sus profesionales: enfoque histórico 7
de una organización con el compromiso de satisfacer las necesidades del enfermo crítico. A resultas de aquella reunión, en noviembre de ese mismo año nació, con 54 miembros y bajo la presidencia de A. Grenvik, la American Society of Critical
Care Medicine.
En 1971, bajo la presidencia de G. Schoendorff,
se funda la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias, que más tarde se
transformó en la Sociedad Española de Medicina
Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). El primer congreso de la sociedad (simposio por aquel entonces) se celebró en el actual Hospital General Universitario Gregorio Marañón el
27 de mayo de 1971. En 1976, bajo la dirección del
A. Tomasa, aparece el primer número de la revista
Medicina Intensiva. Y en 1978, gracias fundamentalmente a la iniciativa de A. Esteban, se crea la medicina intensiva como especialidad primaria. Dos
años más tarde se constituyó la Comisión Nacional
de la Especialidad en el seno del Consejo Nacional de Especialidades Médicas. Asimismo, en 1979
se fundó la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias (SEEIUC), y en 1988
se edita el primer número de Enfermería Intensiva.
no ingreso en la UCI. Modernamente, el concepto
de reversibilidad se ha favorecido por un doble
criterio: económico y bioético. En efecto, el hecho,
por una parte, de que los recursos son limitados por
definición y, por otra, la aceptación progresiva
por la comunidad médica de los 4 principios de la
bioética (T. L. Beauchamp y J. F. Childress, 1979)
−especialmente el principio bioético de la equidad− han situado en primer plano la reversibilidad
como criterio de ingreso en una UCI, definida
aquélla como la existencia de «posibilidades razonables de recuperación» del enfermo crítico. Atendiendo a ese concepto de reversibilidad, el American College of Critical Care Medicine de la Society
of Critical Care Medicine (1999) estableció unos
criterios generales de priorización de admisiones
de enfermos críticos en las UCI.
Nosotros respetamos esta clasificación orientada al nivel de prioridad y la consideramos muy
válida, pero añadimos una quinta categoría atendiendo a las potenciales instrucciones previas o
voluntades anticipadas:
N
CONCEPTO DE ENFERMO CRÍTICO
Comúnmente se considera que el enfermo crítico
es el que se halla en riesgo vital inmediato o potencial y cuya situación clínica sea reversible, incluyendo el soporte del potencial donante de órganos (Instituto Nacional de Salud, 1997). También
puede definirse como el enfermo afectado de un
proceso fisiopatológico crítico potencialmente recuperable, y que además requiere asistencia especializada y continuada en un área tecnificada. Así
pues, las características básicas que definen al enfermo crítico son cuatro:
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
N
N
N
Nivel de gravedad (estado crítico).
Reversibilidad potencial de la enfermedad.
Asistencia y cuidados de enfermería continuos.
Necesidad de un área tecnificada (UCI o similar).
El nivel de gravedad permite identificar qué
enfermos pueden beneficiarse de su ingreso en
una UCI. Así, en un artículo clásico de referencia,
P. F. Griner (1972) identifica poblaciones a las que
el ingreso en una UCI no aportaría un beneficio;
las de bajo riesgo, que estarían «demasiado bien
para beneficiarse», y las otras de excesivo riesgo,
«demasiado graves para beneficiarse». Un problema clásico en medicina intensiva es establecer
precisamente criterios objetivos de ingreso y de
N
Prioridad 1 (alta). Enfermos inestables con necesidad de monitorización y tratamiento intensivo que no puede aplicarse fuera de la UCI. En
general, incluiría enfermos con una o más disfunciones orgánicas, en estado de shock y aquellos recién sometidos a una intervención quirúrgica compleja (p. ej., recambio de una válvula
cardíaca).
Prioridad 2 (alta). Enfermos que precisan monitorización intensiva y que potencialmente pueden requerir una intervención inmediata sólo
posible en una UCI, como podría ser, por ejemplo, una intubación endotraqueal en un enfermo crítico con síndrome de Guillain-Barré o
una pericardiocentesis.
Prioridad 3 (media). Enfermo con una capacidad
de recuperación reducida por su enfermedad de
base o por la naturaleza de su patología aguda.
Estos enfermos críticos pueden recibir tratamiento intensivo para su enfermedad aguda, pero
pueden establecerse limitaciones terapéuticas,
como, por ejemplo, hemodiafiltración (terapia
intensiva condicionada). Un ejemplo típico lo
constituyen los casos que presentan neoplasia
con metástasis y desarrollan sepsis con necrosis
tubular aguda. En los enfermos críticos de prioridad media, es conveniente consensuar la admisión en la UCI con el propio enfermo (si es
posible), con sus familiares y con otros médicos
relacionados.
Prioridad 4 (baja). Enfermos sin indicación de
ingreso en una UCI, y que sólo han de ser admitidos de forma individual y por razones de
1
8 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
N
coyuntura. Esta prioridad incluiría dos tipos
de admisiones:
– Enfermos con escasas probabilidades de requerir una intervención inmediata (enfermos
que se encuentran «demasiado bien para beneficiarse»). Por ejemplo, enfermos con cetoacidosis o insuficiencia cardíaca congestiva
moderada.
– Enfermos en situación terminal, irreversibles
y en situación de muerte inminente (enfermos que se encuentran «demasiado graves
para beneficiarse»). Por ejemplo, fallo (obsérvese que no disfunción) multiorgánico irreversible, muerte cerebral en un no donante
de órganos o estado vegetativo persistente.
Prioridad 5 (baja). Rechazo del enfermo crítico a
ingresar en una UCI; rechazo manifestado, por
ejemplo, mediante un documento de instrucciones previas y teniendo, por tanto, que aceptar en este caso el principio bioético de «autonomía».
COMPETENCIAS PROFESIONALES
EN LA ATENCIÓN AL ENFERMO CRÍTICO
1
En 2002, R. M. Epstein y E. M. Hundert, tras analizar la base de datos del MEDLINE entre 1966 y
2001, proponen la consideración del concepto de
competencia profesional para médicos, médicos
en formación y estudiantes de medicina. Para estos autores, una competencia profesional hace
referencia al uso juicioso de la comunicación, del
conocimiento, de las habilidades técnicas, del razonamiento clínico, de las emociones y de los
valores en la asistencia diaria, en beneficio del
enfermo y de la comunidad a la que se sirve.
Posteriormente, tras realizar un estudio en
126 escuelas de medicina de Estados Unidos, H.
Frankel (2004) sugiere unas recomendaciones basadas en las competencias para la formación a
nivel de pregrado en la atención del enfermo crítico.
En Europa, la European Society of Intensive
Care Medicine ha elaborado un documento, el
CoBaTrICE (Competence Based Training programme in Intensive Care medicine for Europe), relacionado con la capacitación basada en competencias para la atención del enfermo crítico. El
CoBaTrICE es el conjunto de todos los conocimientos, habilidades, comportamientos y actitudes que se requieren para cada una de las 102 competencias, dividiéndose en 12 dominios (tabla 1-1).
Un mismo tema puede aparecer en más de un
dominio, y puede estar vinculado a múltiples competencias. Desde fecha reciente se está elaborando
el CoBaTrICE-IT (information transfer). En España,
Tabla 1-1 Dominios de CoBaTrICE (Competency
Based Training programme in Intensive Care
medicine for Europe)
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
Resucitación y manejo inicial del enfermo
crítico
Diagnóstico: evaluación, investigación,
monitorización e interpretación de los datos
Tratamiento de la enfermedad
N Enfermedad grave
N Enfermedad comórbida
N Disfunción y fallo orgánicos
Intervenciones terapéuticas de la disfunción
orgánica o del síndrome de disfunción
multiorgánica
Procedimientos prácticos
N Sistema respiratorio
N Sistema cardiovascular
N Sistema nervioso central
N Sistema gastrointestinal
N Sistema renal
Atención perioperatoria del enfermo crítico
Comodidad y recuperación
Atención a enfermos críticos terminales
Atención pediátrica
Transporte de enfermos críticos
Seguridad del enfermo crítico
Profesionalismo
N Habilidades de comunicación
N Relaciones profesionales con los enfermos
críticos y sus familiares
N Relaciones interprofesionales
N Autogobierno
se ha propuesto un mapa de competencias profesionales para la atención del enfermo crítico,
centrado en éste y no en el médico; tal mapa de
competencias incluye todas las dimensiones que
necesita un médico, indistintamente de su especialidad, para atender al enfermo crítico. Sin embargo, a pesar de establecer prioridades, establecer
competencias, definir el case-mix e identificar procedimientos, y a pesar también de que no hay
duda de que la atención del enfermo es un servicio
humano y, por tanto, una necesidad social, siempre ha existido y existirá una gran controversia
acerca de qué enfermos deberían beneficiarse de
las atenciones propias de un servicio de medicina
intensiva y cuáles no. Por tanto, no puede saberse
a ciencia cierta hasta qué punto tiene sentido la
medicina intensiva desde una perspectiva social;
aunque esta afirmación, claro está, para nada ha
de obstaculizar su desarrollo.
El enfermo crítico y sus profesionales: enfoque histórico 9
ENFERMERÍA INTENSIVA
Desde los tiempos de F. Nightingale, la enfermería
participa en la atención al enfermo crítico como un
estamento profesional capaz de proporcionar cuidados de enfermería especializados a enfermos en
situación crítica de salud y/o de alto riesgo, anticipándose en la detección de problemas, agilizando
la toma de decisiones y participando en la realización de procedimientos diagnósticos y terapéuticos característicos de las UCI. La enfermería intensiva reúne los conocimientos y las habilidades
apropiados para evaluar y responder con efectividad a las complejas necesidades de los enfermos
críticos y a los retos de las nuevas tecnologías también características de las UCI. Según las directrices de la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias, las competencias genéricas de la enfermería intensiva incluyen:
N
N
N
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
N
N
N
N
N
Prestar atención integral al individuo resolviendo, individualmente o integrados en un
equipo multidisciplinar, situaciones críticas de
salud, teniendo en cuenta la relación coste-efectividad.
Cuidar enfermos que, por su situación crítica,
requieran utilización de técnicas diagnósticas
y/o terapéuticas con tecnología compleja.
Diagnosticar, tratar y evaluar de forma efectiva
y rápida respuestas humanas que se generan
ante los problemas de salud reales o potenciales que amenazan la vida.
Establecer una relación efectiva con el enfermo
y su familia para facilitarles el afrontamiento
adecuado de las situaciones complejas en que
se encuentran.
Trabajar y colaborar activamente en el equipo
multidisciplinar ofreciendo su visión de experto en el área que le compete.
Participar en el desarrollo, implantación y evaluación de los estándares, guías de actuación y
protocolos para la práctica de la enfermería especializada.
Gestionar los recursos asistenciales con el objeto de mejorar la relación coste-efectividad de
ellos.
Asesorar como expertos en el marco sanitario
global y en todos los niveles de toma de decisiones.
Asesorar y educar a los usuarios y al equipo de
salud sobre los aspectos que directamente están relacionados con la especialidad.
Formar al equipo de salud y a otras personas
que intervienen en la resolución de problemas
de su área de especialización.
Dirigir y orientar programas para la formación
de futuros especialistas.
N
N
Desarrollar la base científica necesaria para la
práctica de la enfermería intensiva.
Enfocar las líneas de investigaciones e innovaciones recientes que sean relevantes para mejorar los resultados del enfermo.
En consonancia, en base a su conocimiento, la
responsabilidad de la enfermería intensiva puede
extenderse a todos aquellos enfermos críticos recuperables, con independencia del lugar físico en que
éstos se encuentren, dentro y fuera del hospital:
unidades de cuidados intermedios, áreas de urgencias y emergencias, unidades de reanimación posquirúrgica, traslados interhospitalarios de enfermos
críticos, atención en situaciones de catástrofes, etc.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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11
Capítulo 2
Acceso de la vía aérea
Marta Ubré, Eva Rivas, José M.ª Guilemany y Jaume Balust
PUNTOS CLAVE
■
■
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
■
La disponibilidad del material adecuado, un
correcto entrenamiento y el conocimiento
de las guías de actuación son la base para
garantizar el acceso de la vía aérea. La
valoración previa de la vía aérea es el punto de
partida para prevenir las posibles dificultades.
Entre los dispositivos utilizados para ventilar
a los enfermos figuran las mascarillas faciales,
las mascarillas laríngeas y los tubos
endotraqueales.
desprotegida, proporcionando las condiciones
adecuadas para la laringoscopia directa y
la intubación endotraqueal.
■
La intubación asistida con fibrobroncoscopio
con el enfermo despierto en ventilación
espontánea se ha consolidado como la técnica
más segura y resolutiva en el enfermo con vía
aérea difícil prevista.
■
La traqueotomía percutánea por técnica de
Seldinger y dilatadores se ha convertido en
una alternativa a la traqueotomía quirúrgica
convencional, segura y eficiente, en enfermos
críticos sometidos a ventilación mecánica
invasiva prolongada.
Se aconseja utilizar técnicas de inducción
de secuencia rápida para reducir al mínimo
el tiempo en el cual la vía aérea queda
El abordaje de la vía aérea continúa siendo una
causa no infrecuente de morbimortalidad en las
unidades de cuidados intensivos (UCI) y en emergencias. Esto se debe a la complejidad de la situación del enfermo crítico, y por su patología grave
y urgente. Además, en el ámbito extrahospitalario,
una posible falta de recursos y en ocasiones el acceso dificultoso al enfermo hacen que el manejo de
la vía aérea sea complejo. La disponibilidad del
material adecuado, un correcto entrenamiento y el
conocimiento de las guías de actuación son la base
para obtener mejores resultados. Este capítulo pretende dar una visión global del manejo de la vía
aérea, haciendo especial énfasis en la valoración
previa, en el material disponible, así como en las
recomendaciones sobre su utilización.
Se considera vía aérea difícil (VAD) la situación
clínica en la que un profesional entrenado tiene
dificultad para la ventilación con mascarilla facial,
para la intubación endotraqueal (IET) o para ambas. Esta definición engloba:
■
■
La ventilación difícil con mascarilla, que se manifiesta como la incapacidad para mantener una
saturación arterial de oxígeno (SaO2) > 90%.
La IET difícil, que se considera cuando se requieren más de 10 min y/o más de 3 laringoscopias o la utilización de varios dispositivos
para conseguir el acceso a la vía aérea.
12 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
VALORACIÓN Y PREDICCIÓN
DE VÍA AÉREA DIFÍCIL
La valoración previa de la vía aérea es el punto de
partida para prevenir las posibles dificultades que
puedan presentarse. El primer objetivo es la identificación de factores que indiquen la presencia de una
VAD (tablas 2-1 y 2-2). Los tests clínicos predictivos
de IET más usados en la práctica habitual son:
Q
Q
Q
Q
2
Q
Test de Mallampati, modificado por Samsoon y
Young (fig. 2-1). Se basa en la visión de las estructuras faríngeas con la boca abierta al máximo, sin fonación y en posición sentada. Se distinguen los siguientes grados:
– Grado I: fauces, úvula y paladar blando.
– Grado II: úvula y paladar blando.
– Grado III: base de úvula y paladar blando.
– Grado IV: paladar duro.
Distancia tiromentoniana. Distancia entre el mentón y el borde inferior del cartílago tiroides,
con la boca cerrada y la cabeza en hiperextensión. Si <6,5 cm, se considera predictivo de IET
difícil.
Apertura bucal. Distancia entre los incisivos superiores e inferiores. En enfermos edentados se
considera la distancia entre los bordes de oclusión de las encías. Se valora en 3 grados: grado
1, ≥5 cm; grado 2, 3,5-5 cm; grado 3, <3,5 cm.
Subluxación mandibular. Valora la capacidad de
deslizar la mandíbula por delante del maxilar
superior: >0, los incisivos inferiores se pueden
colocar por delante de los superiores; =0, los
incisivos inferiores como máximo se quedan a
la altura de los superiores; <0, los incisivos inferiores quedan por detrás de los superiores.
Rango de movimiento de cabeza y cuello. Con el
enfermo sentado, la cabeza en posición neutra
y situado de perfil respecto al examinador, se
solicita que extienda la cabeza hacia atrás lo
máximo que sea capaz. Se valora el grado de
hiperextensión de la cabeza respecto al cuello:
>100º, ±90º o <80º.
Clase I
Figura 2-1
Clase II
Test de Mallampati, Samsoon y Young.
Tabla 2-1 Elementos de la documentación
clínica que pueden condicionar dificultad en el
acceso a la vía aérea
Antecedentes clínicos
Q Historia previa de vía aérea difícil
Q Lesiones de vía aérea y mediastino anterior
(tumores, inflamaciones, quemaduras)
Q Masas tiroideas
Q Radiodermitis cervical (sospecha ante la
imposibilidad de desplazamiento de la piel sobre
la tráquea o la imposibilidad de movilizar
lateralmente el cartílago tiroides)
Q Angina de Ludwig
Q Lesiones del raquis cervical: traumáticas, artritis
reumatoide, espondilitis
Q Macroglosias: acromegalia, síndrome de Down,
mixedema
Q Lesiones mandibulares: anquilosis
temporomandibular, micrognatias
Q Hipertrofia amigdalar lingual
Signos y síntomas de obstrucción
Q Disnea
Q Disfonía
Q Disfagia
Q Estridor
Dificultad de ventilación con mascarilla facial
Q Presencia de barba
Q Obesidad (IMC > 26 kg/m2)
Q Ausencia de piezas dentarias
Q Edad > 55 años
Q Historia de enfermo roncador
IMC: Índice de masa corporal.
ABORDAJE DE LA VÍA AÉREA. VENTILACIÓN
El objetivo principal de las maniobras de manejo
de la vía aérea es mantener una adecuada ventilación y oxigenación. En los enfermos en apnea,
para mantener una correcta ventilación y oxigenación hay que asegurar una correcta apertura de la
vía aérea, que requiere la alineación de los ejes
Clase III
Clase IV
Acceso de la vía aérea 13
Tabla 2-2
Cálculo de la predicción de la vía aérea difícil
Factor de riesgo
Variable
Valor
Historia de intubación difícil
No
Sí
0
10
Patología asociada a intubación difícil
No
Sí
0
5
Síntomas de obstrucción de vía aérea o ≥2 criterios
de ventilación difícil
No
Sí
0
3
Apertura bucal y subluxación mandibular
≥5 cm o luxación >0
3,5-5 cm y/o luxación =0
<3,5 cm y/o luxación <0
0
3
13
Distancia tiromentoniana
≥6,5 cm
<6,5 cm
0
4
Rango de movimiento de cabeza y cuello
>100º
±90º
<80º
0
2
5
Mallampati, Samsoon y Young
I
II
III
IV
0
2
6
8
Puntuación total ≥11 = vía aérea difícil
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
bucal, faríngeo y laríngeo. Para conseguirlo, debe
colocarse la cabeza del enfermo sobre una almohada de unos 10 cm, manteniendo los hombros sobre
la mesa o la cama. Así, se alinean los ejes faríngeo
y laríngeo. Después se realiza la extensión de la
cabeza a nivel de la articulación atlantooccipital
alineando el eje oral con el faríngeo. Esta posición
se denomina posición de sniffing u olfateo, y se
muestra en la figura 2-2. Estas maniobras están
contraindicadas en enfermos con sospecha de presentar lesión cervical. La subluxación mandibular
con protrusión hacia delante de la mandíbula (maniobra de Esmarch) también facilita la apertura de
la vía aérea.
Los dispositivos de que se dispone para ventilar a los enfermos son los siguientes:
Figura 2-2
Posición de sniffing u olfateo.
Mascarilla facial
Para ventilar con mascarilla facial es indispensable escoger el tipo y el tamaño más adecuados
para el enfermo, obteniendo un buen ajuste alrededor de la nariz y de la boca. La mascarilla se
sostiene contra la cara mediante presión sobre su
cuerpo, y dicha presión se aplica con los dedos
pulgar e índice. A la vez, los dedos corazón, anular y meñique sujetan y elevan la mandíbula. Este
desplazamiento mandibular, junto con la extensión cervical y la elevación de la barbilla, separan
la lengua y las partes blandas de la pared posterior de la faringe y liberan la obstrucción de las
vías respiratorias altas que se produce por relajación de la musculatura faríngea en el enfermo
anestesiado o inconsciente. La sujeción de la mascarilla suele realizarse con una mano para poder
ventilar de forma manual con la otra, realizando
compresiones de la bolsa de ventilación manual
autohinchable.
En situaciones difíciles puede requerirse la sujeción de la mascarilla con ambas manos. Asimismo, puede ser necesaria la utilización de cánulas
nasofaríngeas u orofaríngeas para facilitar la apertura de la vía aérea superior durante la ventilación
con mascarilla. Las cánulas orofaríngeas se introducen con la concavidad hacia arriba hasta que la
punta llega al paladar blando, en cuyo momento
se realiza un giro de 180° y se desliza hasta que
2
14 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
queda colocada entre la base de la lengua y la pared posterior de la faringe. No deben utilizarse en
enfermos conscientes, ya que pueden estimular el
reflejo nauseoso y provocar el vómito, con riesgo
de aspiración. Las cánulas nasofaríngeas son menos útiles para la ventilación con mascarilla, pero
al presentar una mejor tolerancia, pueden usarse
en enfermos conscientes. Hay que comprobar la
correcta ventilación observando la elevación del
tórax durante la insuflación y, si es posible, mediante capnografía.
Dispositivos supraglóticos
Son dispositivos que, una vez colocados por encima del nivel de las cuerdas vocales, permiten ventilar al enfermo, pero a diferencia de la intubación
orotraqueal no aseguran la vía aérea, por lo que
existe riesgo de broncoaspiración. Estos dispositivos tienen un papel destacado en el manejo de la
VAD, entre los cuales figuran los siguientes:
Mascarilla laríngea clásica
2
Diseñada por Brain en 1981, fue aceptada por la
Food and Drug Administration (FDA) para su
uso en anestesia programada. En 2003 fue introducida en el algoritmo de vía aérea difícil de la
American Society of Anesthesiology (ASA) como
alternativa en el caso de un enfermo anestesiado
que no se puede ventilar correctamente con mascarilla facial o en el caso de una IET difícil. Consta de un tubo con una mascarilla distal de silicona
hinchable. Insertada correctamente en la hipofaringe, la parte posterior de la mascarilla ejerce de
neumotaponamiento y la apertura anterior, en
comunicación con el tubo, se sitúa justo en la entrada de la glotis (fig. 2-3). La optimización del
sellado depende de una correcta inserción y de la
selección del tamaño adecuado, que se realiza según el peso y la altura del enfermo. Para insertarla, el enfermo debe colocarse en posición de olfateo; la mascarilla laríngea, deshinchada y
lubricada con vaselina hidrosoluble por la parte
posterior, se apoya contra el paladar con el dedo
Figura 2-3
Mascarillas laríngeas clásicas.
índice y se impulsa con un movimiento continuado en dirección cefálica deslizándola hacia atrás,
como se muestra en la figura 2-4. La inserción se
detiene cuando se encuentra resistencia y a continuación se hincha la mascarilla con el volumen
recomendado por el fabricante. Como ventajas
destacan que para su colocación no es necesaria
la relajación muscular y que tanto su inserción
como su retirada no se acompañan de cambios
hemodinámicos importantes. Asimismo, se puede utilizar en ventilación espontánea y asistida.
Entre sus inconvenientes cabe señalar que no asegura la vía aérea en caso de espasmo de glotis y
broncoespasmo, y que la vía aérea no queda protegida en caso de regurgitación (por tanto, riesgo
de broncoaspiración). Para evitar la insuflación
gástrica se recomienda que la presión máxima en
la vía aérea no exceda los 20 cmH2O.
Mascarilla laríngea de sellado Proseal®
Este modelo de mascarilla laríngea, introducido en el
año 2000, dispone de un balón hinchable modificado,
de mayor volumen, que mejora el sellado y la estanqueidad de la vía aérea. Además incorpora un tubo
de drenaje adicional que discurre paralelo al tubo de
la vía aérea, con apertura en el ápex de la mascarilla y
que permite el drenaje del tracto gastrointestinal (fig.
2-5). Para facilitar su inserción se puede introducir
una sonda por el canal gástrico, que sirve de guía
para una correcta colocación del extremo distal de la
mascarilla en la entrada del esófago.
Figura 2-4 Colocación de una mascarilla laríngea
clásica. El enfermo se coloca en posición de olfateo. La
mascarilla laríngea, deshinchada y lubricada con
vaselina hidrosoluble por la parte posterior, se apoya
contra el paladar con el dedo índice y se impulsa con
un movimiento continuado en dirección cefálica,
deslizándola hacia atrás.
Acceso de la vía aérea 15
Grado I
Grado II
Figura 2-5
Grado III
Mascarilla laríngea Proseal®.
Grado IV
ABORDAJE DE LA VÍA AÉREA.
INTUBACIÓN TRAQUEAL
Consiste en la colocación de un tubo en la tráquea
(TET). Puede realizarse a través de la boca (orotraqueal), de la nariz (nasotraqueal) o mediante traqueotomía (transtraqueal). La IET permite
asegurar la permeabilidad de la vía aérea, favorecer la ventilación y la oxigenación, proteger la vía
aérea frente a la broncoaspiración, facilitar la aspiración de secreciones y realizar un lavado broncoalveolar. Dado que todas las técnicas empleadas
para la IET requieren un período de apnea, es conveniente haber preoxigenado al enfermo. Esta maniobra permite un período de apnea más prolongado sin riesgo de hipoxemia, al aumentar la
fracción alveolar de oxígeno del volumen residual
funcional pulmonar. A continuación se describen
los dispositivos para realizar la IET.
Laringoscopios
La intubación traqueal bajo laringoscopia directa
por vía oral es la técnica más empleada tanto en el
ámbito hospitalario como en el extrahospitalario.
Existen varios tipos de laringoscopios. Entre ellos,
y por su utilización, destacan los siguientes:
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Laringoscopios de Macintosh y Miller
Actualmente son los dispositivos más usados para
la IET. La pala Macintosh es curvada y la pala Miller es recta. La posición correcta para la realización de la laringoscopia directa es la previamente
mencionada posición de olfateo, que permite la
alineación de los ejes y acorta al máximo la distancia entre los incisivos y la glotis. A continuación se sujeta el mango del laringoscopio con la
mano izquierda, se abre la boca del enfermo con
los dedos de la mano derecha y se introduce suavemente la pala por el lado derecho de la boca hasta colocarla en la línea media. Se avanza la pala
hacia la epiglotis a la vez que se desplaza la lengua hacia el lado izquierdo. Una vez que se alcan-
Figura 2-6 Clasificación de Cormack-Lehane.
La clasificación de Cormack-Lehane valora la visión de
la laringe mediante laringoscopia directa en función
de las estructuras visualizadas. Grado I: visualización
completa de la glotis. Grado II: únicamente es visible
el tercio posterior de la glotis y la comisura posterior.
Grado III: sólo se observa la epiglotis sin visualizar la
glotis. Grado IV: imposibilidad para visualizar incluso
la epiglotis. Los grados III y IV se consideran intubación
difícil, y en el IV es prácticamente imposible intubar
con laringoscopia directa.
za la base de la lengua, si se utiliza la pala de Macintosh se coloca el extremo distal en la vallécula
(entre la lengua y la epiglotis), mientras que, si se
utiliza la pala de Miller, el extremo se coloca sobre
la epiglotis, comprimiéndola contra la base de la
lengua. En ambos casos, una vez situada la pala en
la posición adecuada, el brazo del operador se eleva en dirección anterior y caudal. Nunca se debe
rotar la muñeca ni dirigir el mango en posición cefálica, ya que la pala se apoyaría contra los dientes
incisivos superiores, con el subsiguiente riesgo de
lesión. Estas maniobras permiten la visualización
directa de la glotis. La clasificación de CormackLehane (fig. 2-6) valora el grado de dificultad para
la IET al realizar la laringoscopia directa según las
estructuras anatómicas que se visualizan:
■
■
■
■
Grado I. Visualización completa de la glotis.
Grado II. Únicamente se visualiza el tercio posterior de la glotis y la comisura posterior.
Grado III. Sólo se observa la epiglotis sin visualizar el orificio glótico.
Grado IV. Imposibilidad de visualizar incluso
la epiglotis.
Para mejorar la visión, otro profesional puede
realizar la denominada maniobra BURP (back, up and
right pressure), que consiste en desplazar el cartílago
tiroides hacia atrás, hacia arriba y hacia la derecha.
El TET se introduce con la mano derecha, intentando visualizar su paso a través de la glotis
2
16 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
para asegurar su correcta colocación. En el adulto se habrá alcanzado la posición correcta cuando el límite proximal del balón del neumotaponamiento se sitúe aproximadamente unos 2 cm
por debajo de las cuerdas vocales. Finalmente, se
hincha el balón con unos 10 ml de aire (presión
de balón, 20 cmH2O) y puede iniciarse la ventilación. Los criterios de certeza para la confirmación de la correcta colocación del TET son la visualización directa de su paso por la glotis y la
observación del CO2 espirado mediante capnografía. La auscultación de ambos campos pulmonares y la observación de movimientos torácicos
durante la ventilación se consideran criterios indirectos.
Laringoscopio de McCoy
Dispone de una modificación de la pala estándar
del laringoscopio de Macintosh para facilitar la
intubación traqueal en casos de difícil visualización de la laringe. Esta modificación consiste en
que la punta de la pala del laringoscopio puede
levantarse hacia arriba gracias a una bisagra controlada por una palanca situada en el mango, lo
que permite la elevación de la epiglotis y la visualización de la glotis sin ejercer una tracción importante sobre el mango, disminuyendo así el riesgo
de traumatismo dentario.
Videolaringoscopios
dispositivos que se diferencian del laringosco2 Son
pio por tener una pala con una mayor curvatura y
un sistema de transmisión de la imagen en su parte distal. Así, no es necesario alinear los ejes para
conseguir la visualización directa de la glotis y
realizar la IET. Entre todos ellos cabe destacar el
Airtraq® (fig. 2-7). El laringoscopio Airtraq® es un
dispositivo desechable creado para su utilización
tanto en la vía aérea normal como en la vía aérea
difícil. Consta de dos canales paralelos, uno de los
cuales sirve para insertar el TET. El otro canal acaba en una lente distal que permite visualizar la
glotis, las estructuras circundantes, la punta del
TET y el paso del tubo a través de la glotis.
Figura 2-7 Laringoscopio Airtraq®. Dispositivo
desechable creado para su utilización en vía aérea tanto
normal como difícil. Consta de dos canales paralelos:
en uno de ellos se coloca y se inserta a su través el tubo
endotraqueal; el otro canal acaba en una lente distal
que permite visualizar la glotis, las estructuras
circundantes y la punta del tubo endotraqueal, así como
el paso del tubo a través de la glotis.
unas pinzas de Magill, se dirige la punta del tubo
hacia la tráquea. La intubación nasotraqueal está
contraindicada en casos de coagulopatía y en fracturas de macizo facial y de la base del cráneo.
Mascarilla laríngea Fastrach®
Intubación nasotraqueal
Consiste en la introducción de un tubo en la tráquea a través de la nariz. Habitualmente se utilizan tubos preformados para la intubación nasotraqueal, y el diámetro usado suele ser un número
inferior al que se emplearía por vía orotraqueal.
Para su realización se valora la fosa nasal por la
que mejor respira el enfermo y se introduce el
tubo nasotraqueal hasta la hipofaringe. Posteriormente se realiza la laringoscopia y, con ayuda de
Este tipo de mascarilla laríngea permite la intubación traqueal a ciegas y para su colocación no se
precisa manipular la cabeza ni el cuello (fig. 2-8).
Se puede insertar con una sola mano y desde cualquier posición. La inserción se realiza con la cabeza en posición neutra, se abre la boca del enfermo
y a continuación se introduce la mascarilla lubricada deslizándola por el paladar mediante un giro
sagital. Al notar resistencia, se hincha la mascarilla y se comprueba que la ventilación sea correcta.
Acceso de la vía aérea 17
ocurre en más del 95% de los casos–, el enfermo
puede ser ventilado por las perforaciones que hay
en el conducto esofágico y el estómago puede ser
aspirado por el conducto traqueal. Si el tubo se
introduce en la tráquea, el enfermo se podrá ventilar a través de la luz traqueal. Como ventajas,
destaca la facilidad de inserción y de aprendizaje.
El principal inconveniente de este dispositivo es
la posibilidad de lesión esofágica.
Guías e introductores
Fiador, estilete o mandril
Figura 2-8
Mascarilla laríngea Fastrach®.
Son dispositivos maleables que se insertan en el
interior de los TET para que éstos mantengan una
forma determinada que facilite la IET. El fiador no
debe sobrepasar el extremo distal del TET, para
evitar traumatismos sobre la mucosa respiratoria,
que pueden ser muy graves.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Introductores (Eschmann®, Frova®)
Posteriormente se introduce el TET especialmente
diseñado para este dispositivo: tiene la punta de
silicona, está reforzado para evitar que se acode y
presenta una línea transversal que indica el momento en que el extremo distal del tubo sale de la
mascarilla para introducirse en la tráquea. Si la intubación es correcta (auscultación y capnografía),
se deshincha la mascarilla y se retira utilizando el
alargador que se adjunta con el tubo endotraqueal
(fig. 2-9). La intubación puede realizarse también
con ayuda de un fibrobroncoscopio, con lo que se
aumenta la tasa de éxito. La indicación principal
de la mascarilla laríngea Fastrach® son las situaciones de emergencia «no ventilación-no intubación». Una nueva modificación de la mascarilla
laríngea Fastrach® es la C-Trach®, modelo que incorpora una cámara con un sistema de fibra óptica para iluminar y visualizar la glotis, lo que permite introducir el tubo endotraqueal bajo visión
directa.
Son guías semirrígidas y alargadas de 60 cm de
longitud, indicadas en los grados II y III de la clasificación de Cormack-Lehane. Sus 2,5 cm distales
forman una angulación de 35° que permite dirigir
la punta en sentido anterior. Se insertan bajo laringoscopia directa y se introducen por debajo de la
epiglotis hasta que se perciben los característicos
clics traqueales que se producen al pasar la guía
por los anillos traqueales. A continuación se desliza un tubo endotraqueal sobre el introductor. En
ocasiones es preciso realizar una rotación antihoraria de 90° con el fin de facilitar que el bisel del
tubo pase sin dificultad entre las cuerdas vocales.
Posteriormente se retira el introductor. Debe evitarse introducir el dispositivo con excesiva fuerza
o a ciegas, por el riesgo de lesión de tejidos blandos o incluso de rotura bronquial. A diferencia del
introductor de Eschmann®, el de Frova® posee una
luz interior que permite conectar un adaptador
para ventilación convencional y comprobar la correcta posición traqueal por capnografía.
Combitube®
Intercambiadores
Es un dispositivo de vía aérea difícil ampliamente
utilizado en medicina extrahospitalaria en Estados Unidos. Su inserción es fácil y puede realizarse a ciegas, aunque es más fácil hacerlo con la ayuda de un laringoscopio. Consiste en un tubo de
doble luz que combina las funciones de un obturador esofágico de la vía aérea con perforaciones
laterales que permiten la ventilación del enfermo
y un tubo endotraqueal convencional. Cuando se
introduce a ciegas, se puede situar en la tráquea o
en el esófago. Si se introduce en el esófago –lo que
Son catéteres alargados, semirrígidos y huecos que
se introducen en el interior del tubo endotraqueal y
permiten retirarlo y avanzar uno nuevo a su través.
Al igual que el introductor de Frova®, se pueden
conectar a adaptadores para ventilar y poder comprobar la correcta posición traqueal por capnografía. Durante la extubación de enfermos con alto
riesgo de fracaso se puede retirar el tubo endotraqueal dejando el intercambiador en la tráquea para
asegurar la ventilación y facilitar el acceso a la vía
aérea en caso de que precise reintubación.
2
18 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
A
B
C
D
E
F
G
H
2
Figura 2-9 Inserción de la mascarilla laríngea Fastrach®. La inserción se realiza con la cabeza en posición neutra.
Se abre la boca del enfermo y a continuación se introduce la mascarilla lubricada deslizándola por el paladar
mediante un giro sagital. Al notar resistencia, se hincha la mascarilla y se comprueba que la ventilación sea correcta.
Posteriormente se introduce el tubo endotraqueal, el cual está reforzado para evitar que se acode y presenta una
línea transversal que indica el momento en que el extremo distal del tubo sale de la mascarilla para introducirse en
la tráquea. Si la intubación es correcta (auscultación y capnografía), se deshincha la mascarilla y se retira, utilizando
el alargador que se adjunta con el tubo endotraqueal.
Acceso de la vía aérea 19
Fibrobroncoscopio
La introducción del fibrobroncoscopio flexible,
tanto por vía oral como nasal, en el manejo de la
VAD ha permitido dar un salto cualitativo muy
importante, y en la actualidad se considera el patrón estándar. Actualmente la intubación asistida
con fibrobroncoscopio con el enfermo despierto
en ventilación espontánea se ha consolidado como
la técnica más segura y resolutiva en el enfermo
con VAD prevista. En caso de VAD no prevista, en
la que el enfermo esté dormido y probablemente
relajado, su indicación es controvertida pero sigue
siendo válida en manos expertas. Los principales
problemas de estas situaciones son que la relajación muscular hace que la lengua y los tejidos
blandos colapsan la hipofaringe, lo que dificulta
la técnica y obliga a seguir ventilando y oxigenando al enfermo mientras se realiza la maniobra de
intubación fibroscópica. Otras aplicaciones del fibrobroncoscopio son:
■
■
■
■
Comprobación de la correcta posición del TET.
Colocación de un TET de doble luz y su comprobación.
Realización de endoscopia diagnóstica y/o terapéutica.
Realización de una traqueotomía percutánea
asistida con fibrobroncoscopio.
Algunas situaciones –tumores, infecciones o
edema– pueden dificultar la visión y el avance del
fibrobroncoscopio. La presencia de sangre o de secreciones también puede dificultar la técnica.
ABORDAJE QUIRÚRGICO DE LA VÍA AÉREA
Se trata de métodos invasivos que tienen como objetivo proporcionar una vía transcutánea comunicando la vía respiratoria superior con el exterior.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Cricotiroidotomía
Técnica para abordar la vía aérea a través de la
membrana cricotiroidea cuando la IET es imposible y la necesidad de acceder a la vía aérea es inmediata y vital. La cricotiroidotomía (coniotomía
o laringotomía) es la apertura laríngea de máxima
urgencia por debajo del nivel de las cuerdas vocales mediante apertura de la membrana cricotiroidea (espacio entre el cartílago tiroideo y el cartílago cricoideo). Es una técnica rápida y que precisa
menor disección que una traqueotomía, dada la
cercanía de la membrana cricotiroidea a la piel y
la ausencia de vasos a este nivel. Sin embargo, es
una técnica contraindicada en niños menores de
12 años, en caso de traumatismo laríngeo, en pre-
sencia de infecciones laríngeas y en enfermos con
tumores cercanos, por la posible transección del tumor. Se considera siempre una intervención de carácter transitorio que hay que mantener el menor
tiempo posible. Una vez asegurada la ventilación
y la oxigenación, se debe realizar una traqueotomía reglada para evitar las complicaciones de una
canulación prolongada a través de la membrana
cricotiroidea, como son la estenosis, el edema
subglótico o la pericondritis.
El procedimiento técnico de la cricotiroidotomía
consiste en la colocación del enfermo en hiperextensión cervical con rodillo debajo de los hombros.
Se palpan las estructuras laríngeas y traqueales,
fijando la laringe con los dedos 1.º y 3.º de la mano
izquierda y buscando con el índice de la mano derecha la escotadura del cartílago tiroideo y, más
abajo, el cricoides (estructura cuya dureza contrasta con la consistencia de los primeros anillos traqueales). Tras localizar el espacio cricotiroideo, se
realiza una incisión vertical en piel y se procede a
la disección digital del subcutáneo hasta palpar la
membrana cricotiroidea. Se practica una incisión
transversa en profundidad a nivel de la membrana
cricotiroidea, cercana al borde cricoideo para evitar la arteria cricotiroidea, se coloca el mango del
bisturí en la incisión, y se realiza un giro de 45º en
vertical para abrir la abertura de la piel. Se coloca
una cánula o un TET (calibre 4-6 mm) a través de
la incisión. Alternativamente, están disponibles
dispositivos para acceder a la vía aérea a través de
la membrana cricotiroidea mediante técnica de catéter sobre guía (Seldinger) y subsiguiente dilatación con colocación de la cánula (p. ej., Melker®,
Cook Medical).
Intubación retrógrada
Es una técnica útil en casos de intubación difícil,
cuando las cuerdas vocales no pueden visualizarse por la presencia de sangre, secreciones o lesiones anatómicas. Se introduce una guía percutánea a través de la membrana cricotiroidea en
dirección cefálica y se exterioriza a través de la
boca. A continuación se introduce el TET a través
de la guía, deslizándolo sobre ésta hasta colocarlo en la tráquea.
Traqueotomía quirúrgica
Técnica indicada cuando la obstrucción de la vía
aérea compromete la vida del enfermo, aunque no
se trata de una emergencia, pues el enfermo mantiene la ventilación espontánea o se puede ventilar
y oxigenar. La traqueotomía consiste en la apertura que se practica en la tráquea para permitir el
2
20 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
2
paso del aire a los pulmones cuando existe una
obstrucción entre la cavidad nasobucal y éstos. Dicho término hay que diferenciarlo de la traqueostomía, que se refiere a la abocación de la tráquea al
exterior suturada de forma circunferencial y permanentemente a la piel, siendo el traqueostoma la
única vía de respiración. Las indicaciones de la taqueotomía en situaciones de emergencia y en el
enfermo crítico ingresado en cuidados intensivos
son consecuencia de una obstrucción respiratoria a
nivel de la vía aérea alta (orofaringe, laringe o tráquea superior) o bien para facilitar el destete en
caso de intubación prolongada, respectivamente.
El procedimiento quirúrgico reglado consiste,
de forma secuencial, en: colocación del enfermo
con el cuello en hiperextensión, infiltración anestésica, localización de estructuras laríngeas y traqueales por palpación, incisión horizontal en la
piel, incisión de tejido subcutáneo y platisma,
identificación de línea alba y venas yugulares anteriores, disección de la musculatura prelaríngea
(músculos esternohioideo y esternotiroideo), palpación de la tráquea, identificación del istmo tiroideo y disección con tijera roma, sección vertical
de istmo tiroideo y colocación en «V» de Kochers
sin dientes con ligadura transfixiante de la glándula tiroides, localización del 2.º y 3.º anillo traqueal, apertura de la vía aérea, retirada parcial del
tubo endotraqueal sin llegar a extubar, colocación
de cánula con guía, extracción de la guía e introducción de la cánula interna, conexión de la cánula a oxígeno, insuflación del pneumotaponamiento de la cánula y finalmente cierre de piel con seda
y colocación de gasa pericanular. Existe una variante subtiroidea que se realiza como las anteriores pero levantando la glándula tiroides y evitando
su ligadura. El procedimiento quirúrgico urgente
es superponible al anterior salvo que la incisión
suele ser vertical, se colocan pinzas mosquito en
caso de sangrado con ligaduras y revisión posterior de la hemostasia, se procede a la apertura del
istmo tiroideo y se colocan las pinzas en «V» de
Kochers sin ligar. La apertura de la tráquea se realiza «en cruz» o vertical.
Las complicaciones de la traqueotomía dependen de las condiciones de su realización, pudiendo
alcanzar una mortalidad del 2% en caso de su realización emergente. Entre las complicaciones intraoperatorias destacan la dificultad de localización de la tráquea en enfermos con cuello corto, el
sangrado como consecuencia de la sección de la
vena yugular anterior y la presentación de barotrauma (neumomediastino, neumotórax). En el
curso postoperatorio, hay que tener en cuenta,
además de las anteriores, las complicaciones infecciosas, la esfacelación o necrosis traqueal por colo-
cación de una cánula de calibre inadecuado o con
mala curvatura, y la lesión de las cuerdas vocales.
Respecto al primer cambio de cánula, éste se
realizará trascurridas 48-72 horas. Por otro lado, el
proceso de decanulación consiste en la utilización
de cánulas fenestradas que el propio enfermo
puede tapar para controlar la respiración y la expulsión de secreciones por sí mismo. Esto se realiza mediante un tapón que le permite hablar;
cuando el enfermo tolera la cánula tapada 24 horas, se puede retirar. El estoma se cierra espontáneamente en pocos días; a veces es necesario
aproximar los bordes con un apósito adhesivo tipo
Steri-strip® y realizar un ligero vendaje.
Traqueotomía percutánea
La traqueotomía percutánea mediante técnica de
Seldinger y dilatadores se ha convertido en una alternativa a la traqueotomía quirúrgica convencional, segura y eficiente, que ha reemplazado hasta en
un 50% las traqueotomías realizadas en enfermos
críticos sometidos a ventilación mecánica invasiva.
Debe utilizarse como técnica electiva, estando contraindicada en situación de emergencia, para usos
pediátricos, en coagulopatías no corregidas o en
caso de masas en la línea media del cuello.
El procedimiento técnico consiste en la práctica de una incisión cutánea transversal de 1,52 cm, equidistante entre la horquilla esternal y la
membrana cricotiroidea, tras lo cual se diseca el
tejido subcutáneo. Tras palpar los anillos traqueales, se procede a la punción de la tráquea entre el
1.º y 2.º o 2.º y 3.º anillos traqueales, con el paso
de la guía metálica (preferiblemente bajo control
fibrobroncoscópico). Posteriormente se procede a
la dilatación del trayecto mediante un dilatador
de calibre progresivo (p. ej., Blue Rhino®, Cook
Medical), un balón inflable (p. ej., Blue Dolphin®,
Cook Medical) o una pinza de dilatación (técnica
de Griggs-Portex®). Una vez dilatado el trayecto,
se introduce la cánula en la tráquea con ayuda de
un fiador. Hay que asegurar la cánula traqueal
mediante la sutura de sus alas a la piel, con objeto
de minimizar el riesgo de pérdida accidental de la
vía aérea. El primer cambio de cánula se realizará
a partir del 5.º día, en que el trayecto de la ostomía
está en fase de cicatrización.
MANEJO DE LA VÍA AÉREA DIFÍCIL
Como se ha comentado antes, es fundamental identificar una VAD antes de administrar sedación o
anestesia general, ya que la mayoría de las catástrofes relacionadas con la IET ocurren cuando la VAD
no ha sido previamente reconocida. El comité direc-
Acceso de la vía aérea 21
tivo de la ASA, junto con 50 anestesiólogos expertos
en el manejo de la VAD, desarrolló unas recomendaciones mundialmente aceptadas sobre el manejo
de la VAD. Uno de los principales objetivos de estos
algoritmos consiste en minimizar la morbimortalidad asociada a las maniobras de IET y de ventilación. A diferencia del enfermo en el que se plantea
una cirugía electiva con anestesia general, en el enfermo crítico la opción reflejada en los algoritmos de
despertar o posponer la IET no es posible en la mayoría de los casos. En estas situaciones, asegurar la
vía aérea es una prioridad en la atención del enfermo. Esto implica una adaptación de los algoritmos
de manejo de la VAD.
■
■
Enfermo con vía aérea difícil no prevista
Si hay dificultad para visualizar las cuerdas vocales (Cormack III-IV), se realiza la maniobra BURP:
■
Enfermo con vía aérea difícil prevista
Intubación con el enfermo despierto, bajo sedación en ventilación espontánea con fibrobroncoscopio. Si esta opción fracasa, hay que recurrir al abordaje quirúrgico de la vía aérea o
posponer la IET si la situación clínica del enfermo lo permite.
Abordaje quirúrgico de la vía aérea: cricotiroidotomía o traqueotomía.
■
Ante un enfermo con una VAD prevista es imprescindible mantener la ventilación espontánea, ya
que la sedación excesiva provoca una relajación de
las estructuras blandas de la hipofaringe y provoca un colapso de la vía aérea y la imposibilidad de
ventilación con mascarilla facial. Así, en estos enfermos las opciones son (fig. 2-10):
Si la visión es correcta: IET y comprobación
mediante capnografía y auscultación.
Si la visión es deficiente: cambio de número de
pala del laringoscopio, emplear guías metálicas (que permiten dirigir el TET hacia la glotis)
o introductores (que son más fáciles de dirigir
a la glotis y permiten el posterior descenso del
TET). Si se fracasa después de 3 intentos, hay
que evaluar la posibilidad de ventilar al enfermo con mascarilla facial (fig. 2-11).
Enfermo despierto
Vía aérea quirúrgica
Fibrobroncoscopio
Éxito
Fracaso
Vía aérea quirúrgica
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Figura 2-10
Enfermo con vía aérea difícil prevista.
Enfermo sedado: realizar laringoscopia
Éxito
Fracaso inicial: realizar 3 intentos
Pedir ayuda
Ventilación adecuada con mascarilla facial
Figura 2-11
Pasar a figura 2-12
Enfermo con vía aérea difícil no prevista.
Ventilación inadecuada con mascarilla facial
Pasar a figura 2-13
2
22 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Enfermo con vía aérea difícil no prevista
que puede ventilarse con mascarilla facial
Enfermo con vía aérea difícil no prevista
que no puede ventilarse con mascarilla facial
Hay que solicitar ayuda, ventilar al enfermo y optimizar la visión de las cuerdas mejorando la posición o mediante el cambio de laringoscopio (McCoy). Se realiza otra laringoscopia.
Se intenta colocar una mascarilla laríngea (clásica
o Fastrach®) o un Combitube® con el objetivo de
ventilar al enfermo (fig. 2-13).
■
■
Con IET: comprobación (capnografía y auscultación).
Sin IET y ventilación facial correcta: intubación
con mascarilla Fastrach® o con fibrobroncoscopio; colocación de mascarilla laríngea, intubación nasal a ciegas o abordaje quirúrgico de la
vía aérea (fig. 2-12).
■
■
Si se ventila correctamente, se puede intentar
la IET mediante la mascarilla laríngea (con o sin
fibrobroncoscopio; sin fibrobroncoscopio sólo
es posible si se ha colocado una Fastrach®). Si
no se consigue, ha de realizarse un abordaje
quirúrgico de la vía aérea.
Si no se ventila correctamente, se trata entonces
de una emergencia de la vía aérea, al no garan-
Enfermo sedado: ventilación adecuada
Mejorar la laringoscopia
再
Fracaso
Éxito
Pedir ayuda
Métodos alternativos de intubación
2
Fracaso tras múltiples intentos
Si la ventilación con mascarilla
facial se vuelve inadecuada,
se pasa a la figura 2-13
Figura 2-12
Fastrach ®m
Fibrobroncoscopio
Mascarilla laríngea
Intubación nasal a ciegas
Vía aérea quirúrgica
Enfermo con vía aérea difícil no prevista y ventilación adecuada.
Enfermo sedado: ventilación inadecuada
Acceso no invasivo para emergencia de ventilación
Pedir ayuda
再
Mascarilla laríngea
Fastrach®
Combitube®
Éxito
Fracaso
IET mediante mascarilla laríngea con o sin fibrobroncoscopio
Vía aérea quirúrgica de emergencia
Éxito
Fracaso
Vía aérea quirúrgica
Figura 2-13
Enfermo con vía aérea difícil no prevista y ventilación inadecuada.
Acceso de la vía aérea 23
tizar una correcta ventilación y oxigenación del
enfermo: hay que pedir ayuda. Se intenta mejorar la ventilación a través de la mascarilla laríngea, se cambia el número de mascarilla, se mejora la posición del enfermo y se realizan ligeros
movimientos de la mascarilla para conseguir
una mejor coaptación. En caso de mejora de la
ventilación, se intenta la IET a través de la mascarilla. Si la ventilación no mejora, la situación
es crítica. La colocación de un Combitube® puede resolver esta situación, pero si la ventilación
continúa siendo inefectiva, hay que realizar un
acceso quirúrgico emergente de la vía aérea.
Q
Q
Q
SITUACIONES ESPECIALES
Estómago lleno. Inducción de secuencia
rápida
Las técnicas de inducción de secuencia rápida tienen
como objetivo reducir al mínimo el tiempo durante el
cual la vía aérea queda desprotegida, proporcionando
las condiciones adecuadas para la laringoscopia directa y la IET. Están indicadas en los enfermos con
riesgo de broncoaspiración. Estas situaciones se presentan en la mayoría de las situaciones de emergencia, tanto en el ámbito quirúrgico como en áreas de
urgencias, en las UCI y en el medio extrahospitalario.
En las técnicas de inducción de secuencia rápida son fundamentales los siguientes puntos:
Preoxigenación:
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Preinductores:
Hipnóticos:
Q
Preparación. Colocación del enfermo semiincorporado. La posición semisentada disminuye la
incidencia de regurgitación.
Premedicación. Se basa en el uso de agentes farmacológicos que alcalinizan el pH y disminuyen
el volumen del contenido gástrico (antihistamínicos H2, citrato sódico y procinéticos). En
situaciones de urgencia, frecuentemente no es
posible utilizar estos fármacos con antelación.
Preoxigenación. Permite un período de apnea,
disminuyendo el riesgo de aparición de hipoxemia durante esta fase. Se realiza mediante el
ajuste hermético de la mascarilla facial sobre
el enfermo y la administración de oxígeno al
100%. El enfermo debe respirar durante 3-5 min
o bien realizar 4-5 ciclos respiratorios forzados
a plena capacidad vital con mascarilla. La ventilación manual con mascarilla facial debe evitarse siempre que sea posible para prevenir la
insuflación gástrica.
Inducción. Administración intravenosa de un
opiáceo, un hipnótico y un relajante neuromuscular. El opiáceo más usado es el fentanilo. El inductor utilizado depende de la situación hemodinámica del enfermo (etomidato,
propofol, tiopental sódico). El relajante muscular de elección es la succinilcolina. Si existe
alguna contraindicación para su uso, se puede
emplear rocuronio (fig. 2-14).
Oxígeno 100%
Inestabilidad hemodinámica
Estabilidad hemodinámica
Fentanilo (1 g/kg)
Fentanilo (2-4 g/kg)
Lidocaína (1,5 mg/kg) si TCE
Lidocaína (1,5 mg/kg) si TCE
Etomidato (0,2 mg/kg)
Propofol (2 mg/kg)
Midazolam (0,10-0,15 mg/kg)
Midazolam (0,2-0,3 mg/kg)
Ketamina (1-1,5 mg/kg)
Tiopental (3-5 mg/kg)
Succinilcolina (1-1,5 mg/kg): inicio de efecto a los 30-60 s, duración 4 a 6 min
Relajación:
Figura 2-14
Relajantes no despolarizantes: rocuronio (1,2 mg/kg), inicio de efecto a los 45-60 s,
duración 50-70 min
Fármacos utilizados en el manejo de la vía aérea. TCE, traumatismo craneoencefálico.
2
24 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
■
■
Maniobra de Sellick. Consiste en ejercer presión
sobre el cartílago cricoides para que su cara
posterior comprima el esófago contra la columna cervical ocluyendo su luz y obstruyendo el paso de contenido gástrico en caso de
regurgitación. Debe iniciarse en el momento
en que el enfermo pierde la conciencia y mantenerse hasta que se haya comprobado la IET.
Debe suspenderse si aparecen signos de vómito activo, para evitar el riesgo de rotura
esofágica.
Laringoscopia directa e intubación traqueal. Tras
realizar la IET, se debe hinchar rápidamente el
balón de neumotaponamiento y verificar la correcta posición del TET.
En los casos de vía aérea difícil prevista y estómago lleno, la IET con fibrobroncoscopio con el
enfermo despierto en ventilación espontánea se
considera de elección.
Vía aérea no visible inicialmente
Se trata de situaciones en las que inicialmente la vía
aérea no se visualiza (VANVI) y se debe ventilar al
enfermo por riesgo vital de apnea o de asfixia. Esta
situación se presenta en enfermos atrapados en los
que el profesional no tiene un buen acceso a ellos para
asegurar el control de la vía aérea. El primer planteamiento es distinguir entre una auténtica VAD (no visualización de la glotis) y una situación de VANVI
(no visualización de la boca). Por otro lado, el manejo de una vía aérea en un enfermo atrapado o inaccesible con una VANVI implica la presencia de diferentes etapas asistenciales dentro del control de ella,
según el estado del rescate de la víctima. Existe una
primera fase provisional en el control de la VANVI
que se muestra en la figura 2-15. En una segunda
fase, idealmente con la víctima ya rescatada y en decúbito supino, se procede al control definitivo de la
vía aérea, que se muestra en la figura 2-16.
Control provisional de la vía aérea sin visibilidad de ésta
Identificación de la boca por palpación
2
Tubo de Guedel o COPA (cuffed
oropharyngeal airway) a ciegas
Mascarilla laríngea clásica
o Proseal® a ciegas
Fastrach® sin IET de entrada
Ventilación con bolsa autoinflable
+ O2 al 100%
Figura 2-15
Primera fase en el control de la vía aérea no visible inicialmente.
Vía aérea visible
Paso de Guedel o COPA a IET con
laringoscopia directa convencional
Sustitución de mascarilla laríngea o Proseal®
por IET con laringoscopia directa convencional
Ventilación mecánica invasiva
Figura 2-16
Segunda fase en el control de la vía aérea no visible inicialmente.
Colocación de TET a través de
la Fastrach® y posterior retirada
de ésta
Acceso de la vía aérea 25
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
1. Dorges V. Airway management in emergency
situations. Best Practice and Research. 2005;19:699-715.
2. Freid EB. The rapid sequence induction revisited:
Obesity and sleep apnea syndrome. Anesthesiol Clin
North America. 2005;23:551-64.
3. Lavery GG, McCloskey BV. The difficult airway in
adult critical care. Crit Care Med. 2008;36:2163-73.
4. Jarma Antacle N. Vía aérea no visible inicialmente
(VANVI). Propuesta de algoritmo para su manejo.
Emergencias. 2006;18:236-9.
5. Langeron O, Amour J, Vivien B. Clinical review:
management of difficult airway. Crit Care. 2006;10:243.
6. Practice Guidelines for Management of the Difficult
Airway: an update report by the American Society
of Anesthesiologists Task Force on management of
the difficult airway. Anesthesiology. 2003;98:1269-77.
7. Tentillier E, Heydenreich C, Cros AM, Schmitt V,
Dindart JM, Thicoïpé M. Use of intubating laryngeal
mask airway in emergency pre-hospital difficult
intubation. Resuscitation. 2008;77:4-5.
8. Timmermann A, Russo SG, Rosenblatt WH, Eich C,
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mask airway for difficult out-of-hospital airway
management: a prospective evaluation. Br J Anaesth.
2007;99:286-91.
9. Valero R, Mayoral V, Massó E. Evaluación y manejo
de la vía aérea difícil prevista y no prevista:
Adopción de guías de práctica. Rev Esp Anestesiol
Reanim. 2008;55:563-70.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
2
26
Capítulo 3
Sedación, analgesia
y miorrelajación
en cuidados críticos
Javier Tercero, Sofía Benito, Ramón Adalia, Pedro Castro
y Elizabeth Zavala
PUNTOS CLAVE
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
■
Todo enfermo crítico ha de tener cubiertas
las necesidades de sedoanalgesia en función
de sus antecedentes patológicos, motivo de
ingreso y patología concomitante. De forma
sistemática y periódica, es necesario evaluar
el dolor y la ansiedad, así como su respuesta a
la sedoanalgesia administrada.
■
El grupo farmacológico analgésico de elección
lo constituyen los derivados opiáceos, y la vía
de administración es la parenteral.
■
El fármaco sedoanalgésico ideal no existe, y por
ello en la actualidad se utiliza la asociación de
varios fármacos, generalmente un hipnótico
Habitualmente, el enfermo crítico considera la unidad de cuidados intensivos (UCI) como un entorno
hostil. La situación clínica y los tratamientos intensivos e invasivos comportan un grado de ansiedad,
dolor y molestias que obliga a la administración de
fármacos sedantes y analgésicos en la mayoría de
los enfermos. La sedoanalgesia consiste en la combinación farmacológica de un hipnótico asociado a
un analgésico (generalmente opiáceo), con el objetivo final de proporcionar a los enfermos un estado
de confort, calma, disminución de la ansiedad, amnesia, producción de sueño reparador y facilitación
de la sincronía con la ventilación mecánica invasiva, manteniendo la máxima colaboración posible.
y un analgésico, combinados con coadyuvantes
cuando sea preciso.
■
El delirium es una entidad frecuente en los
enfermos críticos, y constituye un factor de
riesgo independiente para prolongar la estancia
y aumentar la mortalidad en la UCI. Por ello,
todo protocolo de sedoanalgesia debe incluir
el cribado del delirium y su tratamiento.
■
El uso de miorrelajantes se restringe a
situaciones en las que han fracasado otras
alternativas terapéuticas, y siempre asegurando
una buena sedoanalgesia previa. Los enfermos
que reciben miorrelajantes de forma sostenida
deberían controlarse clínicamente y mediante
estimulación nerviosa periférica.
CONSIDERACIONES GENERALES
DEL DOLOR Y LA SEDACIÓN
EN LOS ENFERMOS CRÍTICOS
A todo enfermo crítico ingresado en una UCI se le
han de garantizar las necesidades de sedoanalgesia derivadas de sus antecedentes patológicos, del
motivo de ingreso y de la patología concomitante.
Es por ello que, junto a los antibióticos y los protectores gástricos, los sedantes y los analgésicos
constituyen los grupos farmacológicos más utilizados en cuidados intensivos. A lo largo de los
años el enfoque de las necesidades de sedoanalgesia en la UCI ha ido variando. Inicialmente se rea-
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 27
lizaba una sedación profunda escasamente controlada junto con un alto grado de bloqueo neuromuscular asociado, estrategia que se asociaba a
una elevada comorbilidad. Actualmente se utiliza
la sedoanalgesia con control y el uso selectivo de
los relajantes. En este capítulo se aborda la importancia del dolor y la ansiedad en los enfermos críticos, los fármacos que se utilizan para su control,
cómo se controlan sus efectos y cómo aplicarlos de
manera protocolizada.
Dolor en los enfermos críticos
Del 30 al 70% de los enfermos ingresados en la
UCI tienen dolor al menos moderado durante su
ingreso. De hecho, la mitad de los enfermos críticos refiere el dolor como el peor recuerdo de su
estancia en la UCI. En la UCI existen numerosas
fuentes potenciales de dolor, relacionadas con la
patología de base, el motivo de ingreso (p. ej., dolor postoperatorio) y los diferentes procedimientos diagnósticos y terapéuticos.
El dolor puede servir como advertencia de lesión, pero cuando persiste sin tratamiento causa
un incremento de gasto metabólico y del consumo
de oxígeno, la secreción de catecolaminas, glucagón y corticosteroides, y un trastorno de la coagulación y del sistema inmunológico. Su resultado
puede manifestarse en forma de ansiedad, midriasis, diaforesis, taquicardia, taquipnea, aumento de
la motilidad intestinal, retraso en la cicatrización,
alteración del sistema inmunológico, hiperglucemia, sueño inadecuado, delirium, etc. Dichas respuestas resultan perjudiciales para la propia recuperación del enfermo crítico y empeoran en muchas
ocasiones su estado general.
Lo ideal es eliminar el dolor por medio de la
prevención, ya sea mediante anestésicos locales,
antes de la realización de procedimientos invasi-
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 3-1
vos, o con métodos no farmacológicos como crear
un ambiente físico más apropiado, disminuyendo
los estímulos sonoros y facilitando el ritmo de sueño fisiológico, y dar un apoyo psicológico para reducir el temor y la ansiedad mediante el diálogo.
Sin embargo, esta estrategia no siempre es posible
en la UCI y además complementa, pero no sustituye, el tratamiento farmacológico precoz del dolor.
Sedación en los enfermos críticos
El estrés, la angustia y la agitación son fenómenos
frecuentes en los enfermos críticos (50-70%). Son
diversos los motivos por los que un enfermo ingresado en la UCI puede presentarlos: la ansiedad
(por miedo a la muerte, imposibilidad para comunicarse), el dolor, el delirium, la disnea o la parálisis muscular contribuyen a ello. De igual forma
que el dolor, el estrés se asocia también a cambios
fisiológicos (aumento del tono simpático, catabolismo, cambios hormonales) que pueden ser deletéreos. Además, la agitación puede contribuir a la
desincronización con el ventilador mecánico, a
la pérdida de accesos venosos o de drenajes, etc.
Para tratar el estrés y la ansiedad, en primer lugar hay que descartar causas reversibles y tratables,
además de utilizar medidas no farmacológicas
como el diálogo con el enfermo. Sin embargo, muchas veces esto no es suficiente y es necesario recurrir a fármacos que proporcionen la sedoanalgesia
adecuada. Además, algunos enfermos bajo ventilación mecánica invasiva necesitan sedación, si bien
ésta no ha de sustituir una estrategia ventilatoria
adecuada que se adapte al enfermo. El objetivo
apropiado de sedación depende de la patología del
enfermo y de los procedimientos e intervenciones
indicadas, pero en general se intentará que el enfermo esté tranquilo, se despierte fácilmente y mantenga el ciclo sueño-vigilia normal (tabla 3-1).
Fases de la sedación
Sedación mínima
(ansiolisis)
Sedación moderada
(sedación
consciente)
Sedación profunda
Anestesia general
Respuesta a estímulos
Vía aérea
Ventilación
espontánea
Función
cardiovascular
Respuesta normal
a estímulo verbal
Buena respuesta al estímulo
verbal o táctil
No afectada
No afectada
No afectada
No se requiere
intervención
Adecuada
Usualmente
mantenida
Buena respuesta al estímulo
repetido o doloroso
Sin respuesta
al estímulo doloroso
Puede requerirse
intervención
Puede ser
inadecuada
Usualmente
mantenida
Con frecuencia se
requiere intervención
Con frecuencia
inadecuada
Puede estar
comprometida
3
28 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
FARMACOLOGÍA
DE LA SEDOANALGESIA
El agente sedoanalgésico ideal es el fármaco que
tenga propiedades hipnóticas y analgésicas de
vida media corta, sea fácilmente titulable, posea
un rango terapéutico elevado, no se acumule, carezca de interacciones farmacológicas, pueda revertirse inmediatamente, y sea de bajo coste monetario. Dicho fármaco no existe, y por ello en la
actualidad se busca la asociación de varios fármacos, generalmente un hipnótico más un analgésico, además de coadyuvantes cuando se precise
(p. ej., situaciones de tolerancia o abstinencia).
Analgésicos
3
El dolor constituye una experiencia subjetiva individual de cada enfermo. Por ello requiere una
administración titulada que cubra tanto las necesidades basales (prescribiendo la dosis mínima
efectiva) como la dosificación de rescate ante la
presencia de dolor incidental o la aplicación de
procedimientos dolorosos. El grupo farmacológico analgésico de elección lo constituyen los derivados opiáceos, mientras que la vía de administración ideal es la parenteral, asociada o no a la
neuroaxial. Diversos estudios que evalúan la administración de opiáceos epidurales (sobre todo
en enfermos posquirúrgicos o traumáticos) han
demostrado una reducción en los tiempos de ventilación mecánica y/o estancia en la UCI y del
consumo diario de opiáceos intravenosos (i.v.). La
vía enteral, la subcutánea o la intramuscular no
son adecuadas en el enfermo crítico debido a que
su absorción puede ser errática.
La analgesia parenteral se administra en bolos
(fundamentalmente en el dolor moderado), perfusión continua (dolor moderado-grave que no se
controla con bolos) o mediante el sistema de analgesia controlada por el enfermo, en la que el enfermo consciente, sobre todo postoperatorio, puede
autoadministrarse analgesia hasta un determinado límite establecido por el médico, con o sin perfusión continua basal. La tabla 3-2 muestra un resumen de las características principales de los
analgésicos más utilizados en la UCI.
Opiáceos
Actúan modulando las neuronas implicadas en la
génesis y transmisión nociceptiva. Existen receptores opiáceos a nivel central (espinal y supraespinal) y periférico. La unión al receptor Mu-1 es
la responsable tanto del efecto analgésico como
de la mayoría de los efectos secundarios: miosis,
náuseas, vómitos, retención urinaria, prurito. La
unión al receptor Mu-2, por su parte, causa depresión respiratoria, euforia, sedación, bradicardia,
dependencia física e íleo.
Diferentes fármacos pertenecen a esta familia:
Morfina. Constituye el opiáceo de referencia. Es
un analgésico potente sin techo terapéutico. Tiene
dos metabolitos hepáticos activos: la 3-glucurónido
morfina (80%), carente de acción analgésica, y la
6-glucurónido morfina (20%), un potente analgésico. Esto le confiere una semivida de eliminación
prolongada, y se elimina por el riñón. Se administra
en dosis de 1 a 10 mg, y logra el efecto máximo a los
20 min. Es el más hidrófilo de todos los opiáceos, lo
que se debe tener en cuenta en las administraciones
epidurales debido a su mayor migración cefálica.
Produce liberación de histamina y puede causar hipotensión en enfermos hipovolémicos.
Metadona. Opiáceo equipotente respecto a la
morfina; de mejor tolerancia hemodinámica, es
más lipofílico y carece de metabolitos activos (aunque también posee una semivida de eliminación
larga). Se ha demostrado que también utiliza otras
vías de actuación multimodal del dolor con efecto
anti-N-metil-D-aspartato. Su dosis habitual es de
1-10 mg/h.
Fentanilo. Se trata de un derivado sintético de
la morfina con mayor potencia analgésica (100:1),
liposoluble, con acción corta (30-60 min) y de inicio rápido (2-3 min). Su dosis habitual es de 0,710 μg/kg/h. Su semivida de eliminación es de
2-4 h; se metaboliza a compuestos inactivos en el
hígado, y en caso de insuficiencia renal su farmacocinética no se altera.
Remifentanilo. Derivado del fentanilo, reúne
características que lo acercan al opiáceo ideal: corta acción, inicio rápido, semivida sensible al contexto estimada en unos 3 min, fácilmente titulable
y que se metaboliza por esterasas inespecíficas
(por lo que es independiente de la metabolización
hepática y renal). Se utiliza habitualmente en perfusión sin la administración de bolos, con una dosificación de 0,01-0,25 μg/kg/min. Diez minutos
antes de su retirada, hay que administrar otros
opiáceos para garantizar el posterior control analgésico. Como todo fármaco opiáceo puede producir apnea con rigidez pero con mínima repercusión hemodinámica, pues no libera histamina.
La naloxona es un antagonista i.v. de los opiáceos. Revierte sus efectos rápidamente (inicio de
acción, 1-2 min) pero tiene una semivida de eliminación corta (30-60 min), por lo que es posible que
se dé un efecto de «remorfinización». Se puede
utilizar en bolos (0,04 mg cada 2-3 min) y en perfusión continua (5 μg/kg/h).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 3-2
Principales características de los analgésicos utilizados en enfermos críticos
Fármaco
Inicio de
acción
t1/2
Duración
de la
acción
Dosis en bolo
Opiáceos
Morfina
Metadona
Fentanilo
Remifentanilo
5-10 min
10-20 min
2-3 min
2-3 min
2-4 h
8-59 h
2-4 h
10-20 min
4h
0,01-0,15 mg/kg / 1-2 h 0,07-0,5 mg/kg/h
4-8 h
2,5-10 mg / 8-12 h
0,5-1h
0,35-1,5 μg/kg / 0,5-1 h 0,7-10 μg/kg/h
3-10 min −
0,6-15 μg/kg/h
Hepática
Hepática
Hepática
Esterasas
plasmáticas
Sí
No
No
No
Urinaria
Urinaria
Orina-dig
Orina
Hipotensióna
Hipotensióna
Rigidez con dosis altasa
AINE
Ketorolaco
10 min
Dexketoprofeno <10 min
2,4-8,6 h
1,8-2,5 h
6-8 h
6-8 h
10-30 mg / 4-6 h
50 mg / 8 h
−
−
Hepática
Hepática
No
No
Orina-dig
Orina
Paracetamol
2h
4-6 h
1.000 mg / 6 h
−
Hepática
No
Orina
Sangrado GI,
insuficiencia renal,
hipotensión
Hipotensión
a
Metabolización
Metabolitos
activos
Excreción Efectos adversos
a
Todos los opiáceos también pueden causan miosis, náuseas, vómitos, retención urinaria, prurito, depresión respiratoria, euforia, sedación, bradicardia, dependencia física e íleo.
AINE: antiinflamatorios no esteroideos; dig: digestivo (heces); GI: gastrointestinal; t1/2: semivida de eliminación.
3
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 29
<1 h
Dosis
de perfusión
30 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 3-3
Antiinflamatorios no esteroideos
Grupo farmacológico
Ácidos
No ácidos
3
Fármaco prototipo
Salicílico
Ácido acetilsalicílico
Enólicos
Pirazolonas
Pirazolidindionas
Oxicams
Metamizol
Fenilbutazona
Piroxicam y meloxicam
Acético
Indolacético
Pirrolacético
Fenilacético
Piranoindolacético
Indometacina
Ketorolaco
Diclofenaco
Etodolaco
Propiónico
Antranílico
Nicotínico
Naproxeno y dexketoprofeno
Ácido mefenámico
Clonixina
Sulfoanilidas
Alcalinas
Nimesulida
Nabumetona
Antiinflamatorios no esteroideos
Benzodiazepinas
Comprenden una familia numerosa de fármacos
de diferentes grupos (tabla 3-3) que tienen efecto
antiinflamatorio, analgésico y antipirético por inhibición de la ciclooxigenasa. Se utilizan para el
tratamiento del dolor leve a moderado o como
coadyuvantes al tratamiento con opiáceos en el
dolor grave. Sin embargo, su uso en el enfermo
crítico de forma habitual no está recomendado
debido a que tienen un efecto analgésico techo, no
son superiores a los opiáceos y tienen efectos secundarios especialmente importantes en el enfermo crítico inestable: inhibición plaquetaria, aumento del riesgo de úlceras de estrés y riesgo de
insuficiencia renal.
Aumentan la coductancia de los canales de cloro
y causan la inhibición del receptor GABA. La
unión al 20% de los receptores produce ansiolisis, al 20-50%, sedación, y >50%, hipnosis, y tiene efecto techo. Producen amnesia anterógrada.
Pueden causar depresión respiratoria cuando se
asocian a opiáceos o en caso de patología previa
pulmonar. Las benzodiazepinas que tienen formulación parenteral son el lorazepam (no comercializado en España), el midazolam, el diazepam
y el clordiazepóxido. La más utilizada en la UCI
es el midazolam, seguida del lorazepam (que es
más potente), ambas con semivida de eliminación
corta.
Paracetamol
Midazolam. Es la benzodiazepina de semivida de eliminación más corta. Su acción dura 60120 min y su inicio es rápido (2-6 min, gracias a
ser benzodiazepinas lipofílicas). Se metaboliza en
el hígado (citocromo P450), dando lugar a metabolitos activos, y se excreta por el riñón, por lo
que se acumula tanto en la insuficiencia hepática
como en la renal. Sus principales efectos se resumen en la tabla 3-5. No produce analgesia. A pesar
de que su empleo en el enfermo crítico se asocia
usualmente a un perfil hemodinámico estable, la
dosis de carga debe administrarse con precaución
en situaciones de hipotensión previa, hipovolemia, vasoconstricción y/o hipotermia. La aparición de tolerancia es un efecto relativamente frecuente y requiere un incremento progresivo de las dosis, sobre todo en perfusiones de más
de 72 h.
El paracetamol o acetaminofeno es un fármaco
que pertenece a la familia de los p-aminofenoles
con efecto analgésico y antipirético central y periférico. Se metaboliza principalmente en el hígado,
y se convierte en compuestos inactivos que posteriormente son excretados por los riñones. Es poco
potente como analgésico, y se utiliza sobre todo
asociado a opiáceos. Su uso en el enfermo crítico
es habitual, al ser un fármaco bien tolerado y con
muy pocos efectos adversos.
Hipnóticos
Actúan fundamentalmente sobre el receptor del
GABA, receptor inhibitorio que frena los neurotransmisores excitatorios. La tabla 3-4 muestra los
principales hipnóticos usados en la UCI.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 3-4
Principales características de hipnóticos utilizados en enfermos críticos
Duración
de la
acción
Midazolam
2-6 min
3-11
Propofol
1-2 min
4-7
Tiopental
Ketamina
Dosis en bolo
(mg/kg)
Dosis
de perfusión
Metabolización
Metabolitos
activos
Excreción
60-120 min 0,02-0,08
0,04-0,2 mg/kg/h
Hepática
Sí
3-10 min
0,03-0,15
5-80 μg/kg/min
Hepática
No
0,5-1 min 3-11,5
0,5 min
2,5
5-30 min
5-10 min
3-5
1-4,5
2-5 mg/kg/h
1-2 mg/kg/h
Hepática
Hepática
Sí
Sí
Clonidinab
−
−
−
Hepática
No
Dexmetomidinac
Rápida
2
150-300 μg
1 μg/kg/h
en 60 min
1 μg/kg en
0,2-1,4 μg/kg/h
10 min (opcional)
Hepática
No
a
Efectos adversos
Orina
↓PA, reacción paradójica,
(heces 2-10%) depresión respiratoria
Orina
Hipertrigliceridemia, dolor
(heces <2%)
en el lugar de inyección
Orina
↓PA, depresión respiratoria
Orina
Delirium, alucinaciones,
↑PA, ↑PIC
Orina
↓PA, ↓FC
(heces 22%)
Orina
↓PA, ↓FC, ↓calcio
(heces 4%)
No se muestran los opiáceos, ya descritos en la tabla 3-2. b No comercializada en España en forma parenteral, se debe realizar una preparación galénica por la farmacia hospitalaria.
No comercializada en España.
FC: frecuencia cardíaca; PA: presión arterial; PIC: presión intracraneal; t1/2: semivida de eliminación.
c
3
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 31
Fármacoa
Inicio
de acción t1/2 (h)
32 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 3-5
3
Principales efectos del midazolam
Tabla 3-6
Principales efectos del propofol
Efectos centrales
■ Ansiolítico. Anticonvulsivante. Hipnótico.
Miorrelajante. Efecto dependiente de la dosis
(dosis bajas: amnesia y efectos paradójicos; dosis
altas: sedación e hipnosis)
Efectos a nivel cerebral
■ Disminuye globalmente el flujo sanguíneo
cerebral, pero de forma desigual por áreas (acción
dependiente de la dosis). Disminuye el consumo de
oxígeno. Disminuye la presión de perfusión
cerebral
Efectos respiratorios
■ Depresión respiratoria. Depende de la dosis y de la
rapidez de administración. Son más marcados en
enfermos con patología respiratoria previa
Efectos cardiovasculares
■ Descenso entre el 5 y el 15% de la presión arterial,
aumento del 15 al 20% de la frecuencia cardiaca,
dilatación del lecho venoso, descenso del gasto
cardíaco por disminución de la precarga. Gran
variabilidad individual; son mayores cuanto más
elevado sea el tono simpático previo
Efectos centrales
■ Anticonvulsivante. Hipnótico. Amnesia
Efectos a nivel cerebral
■ Disminuye el flujo sanguíneo cerebral y el
consumo de oxígeno. Aumenta las resistencias
vasculares cerebrales. Disminuye el metabolismo
neuronal, la presión intracraneal y la presión de
perfusión cerebral
Efectos respiratorios
■ Apnea y disminución de la hiperreactividad
bronquial
Efectos cardiovasculares
■ Descenso de la presión arterial y las resistencias
vasculares sistémicas. Efecto inotrópico negativo.
Descenso del flujo sanguíneo y consumo
miocárdico de oxígeno. Estos efectos dependen del
estado previo del enfermo y de su función
miocárdica
Otros efectos
■ Antiemético. Depresor de la respuesta proliferativa
de los linfocitos
Las dosis de inducción y de mantenimiento
varían entre el enfermo con respiración espontánea (0,025-0,1 mg/kg para la inducción y 0,0250,2 mg/kg/h en el mantenimiento) y con ventilación mecánica invasiva (0,3 mg/kg y 0,04-0,2
mg/kg/h, respectivamente). Estas dosis han de
reducirse en ancianos, en la hipoalbuminemia y
en enfermos con patología cardíaca o respiratoria. Por otra parte, el consumo previo de alcohol
y la administración concurrente de inductores
enzimáticos disminuyen las concentraciones del
fármaco y requieren mayores dosis. El flumazenilo es un antagonista que permite revertir el
efecto. Su dosificación varía en función de si el
enfermo ha recibido una sedación moderada
(0,2 mg en 15 s y 0,1 mg cada 60 s, titulando el
efecto), sobredosis (0,2 mg en 30 s y después bolos de 0,3 y 0,5 mg hasta 3 mg), o re-sedación (0,2
mg y perfusión a 0,5 mg/h).
puede ser dolorosa). Sus efectos son varios (tabla
3-6). Entre sus efectos adversos destaca la hipotensión, la hipertrigliceridemia, la pancreatitis y el síndrome de perfusión de propofol. La hipotensión
arterial se produce por un triple mecanismo: inotropismo negativo, cronotropismo negativo y vasodilatación periférica, que es más marcada en los
enfermos hipovolémicos.
El síndrome de infusión de propofol es un cuadro poco frecuente (<1%) que se produce en tratamientos con perfusiones de más de 48 h a un ritmo >5 mg/kg/h, consistente en la aparición de
acidosis metabólica, rabdomiólisis, hiperpotasemia, insuficiencia renal, trastornos del ritmo cardíaco y disfunción miocárdica.
El propofol se formula en una emulsión de
aceite de soja, lecitina de huevo y glicerol. Por
ello, hay que evitar su uso en enfermos alérgicos
al huevo, y se han de controlar los lípidos en tratamientos prolongados.
Propofol
Es un hipnótico altamente lipofílico, por lo que
atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica
presenta un inicio de acción rápido (1-2 min) y una
rápida recuperación tras suspender su administración. Se metaboliza fundamentalmente por conjugación hepática (sin metabolitos activos) y se elimina por vía renal. La dosificación en sedación oscila
entre 1-4 mg/kg/h y se recomienda administrarlo
por una vía central (la administración periférica
Barbitúricos
El fármaco más utilizado es el tiopental. Por ser
altamente lipofílico, el inicio de la acción es precoz, pero se acumula en la grasa corporal. Produce hipotensión por depresión miocárdica y
vasodilatación y deprime el centro respiratorio,
produciendo apneas. Además, induce el sistema
P450 y se acumula en la insuficiencia hepática y
renal. Es por ello que no se considera un fárma-
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 33
co de primera línea en la sedoanalgesia del enfermo crítico, sino preferentemente como agente
inductor o, sobre todo, en situaciones como el
estatus epiléptico o la hipertensión intracraneal
refractaria.
isoflurano, mediante técnicas anestésicas inhalatorias (p. ej., AnaConDa®).
Ketamina
El dolor y la ansiedad de los enfermos críticos, así
como el grado de sedoanalgesia, varían en función de la evolución clínica, y se consideran cambiantes y dinámicos. Por ello se requiere un control que, por un lado, permita la detección precoz
del dolor y la angustia, y por otro lado evite tanto
la infradosificación como la sobredosificación farmacológicas. Para conseguir una titulación de la
sedoanalgesia efectiva e individualizada, se utilizan escalas de valoración, valores numéricos o
datos derivados de lecturas de la fisiología del enfermo.
Es un fármaco derivado de la fenilciclidina que, por
efecto a nivel límbico y talamocortical, produce una
anestesia disociada: el enfermo está totalmente analgesiado y amnésico pero permanece con los reflejos
conservados y los ojos abiertos. Tiene un inicio de
acción rápido que se mantiene durante 10-15 min,
con una semivida de eliminación de 2-3 h. Se acumula en perfusión continua y en situaciones de insuficiencia hepática. Entre sus efectos secundarios
destaca el aumento de la presión intracraneal al incrementar el flujo sanguíneo cerebral, además de ser
proepileptógeno. A diferencia de otros hipnóticos,
produce una liberación de aminas por estimulación
simpática que induce taquicardia y aumento de la
presión arterial, excepto en enfermos con insuficiente reserva de catecolaminas. A nivel respiratorio
mantiene la ventilación espontánea y es broncodilatador. La ketamina puede administrarse por vía intramuscular, oral, nasal o, fundamentalmente, i.v.
Mayoritariamente se utiliza asociada a otros hipnóticos, buscando un efecto analgésico o sedoanalgésico. Asimismo, puede producir efectos secundarios
psicológicos con alucinaciones, confusión y agitación, por lo que se aconseja su asociación con dosis
bajas de midazolam o propofol.
Opiáceos
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Los opiáceos, además de analgésicos, tienen cierta
capacidad sedante (aunque no amnésica), lo que
permite que puedan utilizarse en la sedación de
enfermos críticos, aunque más complementando a
otro hipnótico de mayor potencia que como monoterapia. El opiáceo más utilizado como sedante
es el remifentanilo.
Coadyuvantes
Agonistas alfa-2 centrales
Son la clonidina y la dexmetomidina. Producen
sedación por su acción a nivel de locus coeruleus.
También producen analgesia debido a la unión
sobre el receptor alfa-2. La dexmetomidina posee
una selectividad mayor alfa-2 respecto a alfa-1.
Inicialmente pueden producir hipotensión, con
posterior respuesta hipertensiva.
Gases halogenados
En la sedación del enfermo crítico se pueden utilizar gases halogenados como el sevoflurano o el
CONTROL DE LA SEDOANALGESIA
EN EL ENFERMO CRÍTICO
Escalas de analgesia
Escalas verbales
La más sencilla es la escala verbal numérica, en la
que el enfermo identifica su sensación de dolor
con un número de 0 a 10; el 10 representa el peor
nivel de dolor imaginable.
Escalas visuales
Son la escala visual analógica (EVA), la escala
visual numérica (EVN) y la escala de la expresión facial (fig. 3-1). Se consideran las mejores
para la valoración del dolor, teniendo en cuenta
que la experiencia dolorosa es particular y subjetiva de cada individuo. Sin embargo, ninguna
de estas escalas ha sido validada en enfermos
críticos.
Otras escalas
En los enfermos críticos no siempre es posible
una comunicación que permita utilizar las escalas
verbales, la EVA o la EVN. En estos enfermos, la
evaluación del dolor se basa en la observación de
la expresión facial, los movimientos o las posturas, así como en indicadores fisiológicos, como la
frecuencia cardíaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria. Para sistematizar dichas observaciones se han desarrollado escalas clínicas
de valoración del dolor como la de Campbell (tabla 3-7), la Behavioral Pain Scale (BPS), el Critical
Care Pain Observation Tool (CPOT) o el Pain Algorithm.
Así, en función de la posibilidad de comunicación del enfermo se pueden establecer algoritmos
de evaluación del dolor (fig. 3-2). En general, lo
deseable sería tener valores de dolor ≤3 sobre 10 o
2 sobre 5.
3
34 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
A
0
sin dolor
10
máximo dolor
Escala de rostros de dolor
B
0
Muy contento;
sin dolor
Figura 3-1
2
Siente sólo
un poquito
de dolor
4
Siente un
poco más
de dolor
6
Siente aún más
dolor
8
Siente mucho
dolor
10
El dolor es el
peor que puede
imaginarse
(no tiene que
estar llorando
para sentir este
dolor tan fuerte)
Escalas de evaluación analgésica visuales: escala visual numérica (A) y escala de la expresión facial (B).
Tabla 3-7 Escala de Campbell
Escala de evaluación del dolor y comportamiento (para enfermos con imposibilidad para comunicarse de forma
espontánea).
3
a
0
1
2
Musculatura facial
Relajada
En tensión, ceño
fruncido y/o
mueca de dolor
«Tranquilidad»
Tranquilo, relajado,
movimientos
normales
Tono musculara
Normal
Respuesta verbalb
Normal
Confortabilidad
Confortable y/o
tranquilo
Movimientos
ocasionales de
inquietud y/o de
posición
Aumentado. Flexión
de dedos de
manos y/o pies
Quejas, lloros,
quejidos
o gruñidos
ocasionales
Se tranquiliza con
el tacto y/o la
voz. Fácil de
distraer
Ceño fruncido de
forma habitual
y/o dientes
apretados
Movimientos
frecuentes,
incluyendo cabeza
o extremidades
Rígido
Quejas, lloros,
quejidos
o gruñidos
frecuentes
Difícil de confortar
con el tacto
o hablándole
En caso de lesión medular o hemiplejía, valorar el lado sano. b Puede ser poco valorable en presencia de vía aérea artificial.
Rango de puntuaciones: 0: no dolor; 1-3: dolor leve-moderado; 4-6: dolor moderado-grave; >6: dolor muy intenso.
La puntuación ideal es mantenerlo en 3 o menos.
Consideraciones en el uso de la Escala de Campbell: si existen dudas sobre la existencia de dolor, es obligatorio asociar un analgésico
y observar la respuesta.
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 35
Posibilidad de comunicación
(verbal o no verbal)
No
Sí
¿Tiene dolor?
Pregunta directa
Escala de Campbell
Puntuación ≤ 3
Sí
No
Sí
No
Reevaluar
cada 4 h
respetando
el sueño
Evaluar el dolor
y respuesta al
tratamiento con
EVA o EVN
¿Falta
sedación?
Sí
EVA o EVN ≤ 3
No
¿Tratamiento
analgésico adecuado?
Inicie tratamiento
adecuado
Sí
Tratamiento
analgésico
¿Delirium?
¿Existe dolor a los 10 min del tratamiento analgésico?
Sí
Figura 3-2 Propuesta de algoritmo de evaluación y tratamiento del dolor en enfermos críticos. EVA, escala visual
analógica; EVN, escala visual numérica.
3
Escalas de sedación
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Escalas observacionales o subjetivas
Incluyen escalas que valoran el nivel de conciencia, la presencia de agitación o la sincronía con la
ventilación mecánica invasiva. Aunque son útiles,
están limitadas por la ausencia de un estándar de
referencia. Las más importantes son las de Ramsay (tabla 3-8) y la SAS (Sedation-Agitation Scale)
(tabla 3-9). La escala de Ramsay es la más utilizada en la práctica clínica para valorar el grado de
sedación, pues es muy sencilla y puede ser utilizada por profesionales sin experiencia. Presenta
una gran correlación con los potenciales evocados
cuando se utilizan para controlar al enfermo crítico sedado. Sin embargo, tiene varias limitaciones:
no está validada, no valora adecuadamente la agitación, sus niveles no son excluyentes entre sí, es
de utilidad limitada en enfermos con ventilación
mecánica invasiva y, para realizarla, hay que estimular y molestar al enfermo. La escala SAS es una
escala sencilla de 7 puntos que mantiene la simplicidad de la de Ramsay y refleja mejor la agitación
de los enfermos críticos. Otras escalas observacio-nales son la MAAS (Motor Activity Assessment
Scale), la BAS (Bizek Agitation Scale), la COMFORT,
la Sheffield, la MSAT (Minnesota Sedation Assessment Tool) y la RASS (Richmond Agitation-Sedation Scale) (tabla 3-10).
Escalas no observacionales u objetivas
Puede valorarse el grado de sedación a partir de las
lecturas de parámetros fisiológicos derivados del
análisis de electroencefalograma (EEG), electromiograma y potenciales evocados. Estos procedimientos estarían indicados en aquellos enfermos críticos
en los que no pueden realizarse valoraciones clínicas (p. ej., bajo la acción de miorrelajantes). Se incluyen escalas derivadas del análisis del EEG (BIS y
Entropía) y los potenciales evocados auditivos.
El control mediante el BIS (Bispectral Index)
usa una transformación de los datos electroencefalográficos para estimar la profundidad de la
sedación mediantes una escala digital de 0 (EEG
isoeléctrico) a 100 (completamente despierto) (tabla 3-11) (v. cap. 16).
36 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 3-8
Puntos
Descripción
1
2
3
4
5
Ansioso, agitado, incontrolable
Ojos abiertos, colaborador, orientado, tranquilo
Ojos cerrados, responde a órdenes y a estímulos mínimos
Dormido, responde rápidamente a estímulos lumínicos o auditivos
Dormido, responde perezosamente a estímulos lumínicos o auditivos, responde a estímulos
importantes (aspiración traqueal)
No responde a estímulos
6
3
Escala de sedación de Ramsay
Tabla 3-9
Escala de sedación SAS (Sedation-Agitation Scale)
Puntos
Categoría
Descripción
7
Agitación peligrosa
6
Muy agitado
5
Agitado
4
3
Tranquilo y cooperador
Sedado
2
Muy sedado
1
Arreactivo
Se arranca el tubo endotraqueal, tira de los catéteres, agrede
al personal, se arroja de la cama
No está tranquilo a pesar de explicárselo verbalmente. Requiere
sujeción física. Muerde el tubo endotraqueal
Ansioso o moderadamente agitado, intenta sentarse, se tranquiliza con
las instrucciones verbales
Tranquilo, se despierta con facilidad, obedece órdenes sencillas
Tendencia al sueño, despierta con los estímulos verbales pero se vuelve
a dormir. Responde a órdenes sencillas
Responde a estímulos físicos, incapaz de comunicarse u obedecer
órdenes. Tiene movimientos espontáneos
Mínima o nula respuesta al dolor, no se comunica ni obedece órdenes
Tabla 3-10
Escala de sedación RASS (Richmond Agitation-Sedation Scale)
Puntuación
Término
Descripción
+4
+3
+2
+1
0
−1
Combativo
Muy agitado
Agitado
Inquieto
Alerta y calmado
Somnoliento
Combativo, violento
Se quita los catéteres; agresivo
Movimientos frecuentes y sin propósito, lucha con el ventilador
Ansioso, pero sin movimientos agresivos
−2
Sedación leve
−3
Sedación moderada
−4
Sedación profunda
−5
Sin respuesta
No está plenamente alerta pero se mantiene despierto
(apertura y contacto ocular) a la llamada verbal (>10 s)
Despierta brevemente a la llamada verbal con contacto ocular
(<10 s)
Movimiento o apertura ocular a la llamada verbal (sin contacto
visual)
Sin respuesta a la llamada verbal, pero hay movimiento o
apertura ocular al estímulo físico
Sin respuesta a la voz o al estímulo físico
PROTOCOLIZACIÓN
DE LA SEDOANALGESIA EN LA UCI
Al escoger los agentes con los que realizar la sedoanalgesia, la ausencia de una combinación far-
macológica superior a otra precisa de la existencia
de protocolos de actuación que mantengan su
efectividad y su seguridad, disminuyendo los costes monetarios. Para ello se establecen estrategias
que incluyen instrumentos de medición.
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 37
Tabla 3-11 Control mediante BIS (Bispectral Index) y sus correspondencias con el EEG y el nivel clínico
de sedación
Valor BIS
Onda electroencefalograma
Nivel de sedación
100
80
70
60
<40
Ondas beta
Ondas alfa
Ondas alfa / theta
Ondas theta
Ondas delta
Despierto y consciente
Sedación ligera / moderada
Sedación profunda
Anestesia general (baja probabilidad de recuerdo)
Hipnosis profunda
Protocolos de sedoanalgesia de inicio
al metabolismo del fármaco (insuficiencia renal,
enolismo, etc.). Posteriormente, se adecua la dosificación a las necesidades del enfermo.
Los protocolos de sedoanalgesia en la UCI contemplan en general realizar ansiolisis y sedación
con analgesia mediante la combinación mínima de
un hipnótico y un opiáceo. La elección de los fármacos concretos se basa en las características particulares de cada fármaco (sopesando su farmacocinética, sus interacciones y su coste) y de las
características del enfermo crítico (patología, comorbilidades, etc.). Un posible abordaje consiste
en diferenciar dos situaciones predominantes: las
que presentan destete precoz, donde prevalece el
uso de fármacos de semivida de eliminación corta
y con fácil titulación (fig. 3-3), y aquellas en las que
se prevé un destete prolongado, donde se usan
fármacos de semivida más prolongada (fig. 3-4).
En ambos regímenes se preconiza la mínima dosis
de fármaco que alcance la diana establecida, evaluada mediante la escala Ramsay, la SAS o el BIS.
La dosis inicial dependerá del nivel de sedación
deseado, así como de factores que puedan afectar
Protocolos para agitación-dolor incidental
Se pueden elaborar protocolos de sedoanalgesia
en caso de que el enfermo crítico que está recibiendo una perfusión basal presente episodios de
agitación, dolor o asincronía ventilatoria (fig. 3-5).
Protocolos para evitar la sobredosificación
Una vez elegida una pauta de sedoanalgesia, es
muy importante prescribir la dosis mínima necesaria para lograr el objetivo propuesto y evitar la
sobredosificación. Un exceso de sedación prolonga de forma innecesaria la estancia del enfermo
crítico en la UCI y el tiempo de ventilación mecánica. Existen diferentes estrategias que lo permiten, no excluyentes entre sí.
Sedoanalgesia <72 h
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Inestabilidad hemodinámica
No
EVA >7
No
Sí
Contraindicado propofol
Sí
No
Propofol
+
remifentanilo
Figura 3-3
Sí
Agitación
No
Midazolam
+
remifentanilo
Sí
Remifentanilo
+
propofol o midazolam
Propuesta de protocolo de sedoanalgesia en enfermos en los que se prevé destete precoz (<72 h).
3
38 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
再
冎
Midazolam
bolo + perfusión
Período inicial
再
Analgésico
bolo + perfusión
+
si contraindicado: propofol
Infradosificación
Dolor
hemodinámica
morfina
metadona
Sobredosificación
Mantenimiento
Sí
No, persiste agitado
Bolo analgesia
Bolo hipnótico y aumento
de la perfusión 10-20%
Disminuir perfusión
10-20%
Si persiste agitado, valorar cambio de estrategia asociando otros sedantes.
Figura 3-4
Propuesta de protocolo de sedoanalgesia en enfermos en los que se prevé un destete largo (>72 h).
Enfermo agitado y/o desadaptado al ventilador
¿Dolor?
No
Sí
3
Morfina
Metadona
Fentanilo
Remifentanilo
Hipersedado
Agitado
(RASS +1 – +4)
(BIS >60)
(RASS –4, –5)
(BIS <40)
Aumento sedante (dosis máx.:
propofol 4,5 mg/kg/h; midazolam 0,25 mg/kg/h)
Persiste
Agitado con delirium
Haloperidol
Relajantes musculares
Agitado sin delirium
Clonidina + combinación o sustitución de hipnótico
Figura 3-5 Propuesta de protocolo de sedoanalgesia en enfermos que presentan, estando sedados, agitación, dolor o
asincronía ventilatoria.
Interrupción diaria de la sedación
Mediante el control de la sedación
A raíz del uso de sedoanalgesia sin control ni
protocolización, y dado el aumento de efectos
secundarios derivados de la sobredosificación,
se estableció una corriente de opinión que preconizaba la interrupción diaria de la sedación hasta
recuperar la conciencia y obedecer órdenes, para
posteriormente reiniciar la sedación a dosis inferiores.
La aparición de nuevos fármacos que se aproximan más al perfil del fármaco ideal, así como la
mejora en el control del nivel de sedación con nuevas herramientas (p. ej., BIS), hacen innecesaria la
interrupción diaria de la sedación, lo cual está contraindicado en determinadas situaciones (p. ej.,
hipertensión intracraneal, hipoxemia grave, estatus comicial, limitación del esfuerzo terapéutico).
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 39
Un BIS inferior a 40 indica un estado de sobresedación, por lo que hay que disminuir la dosis de hipnóticos. Un BIS superior a 60 indicaría lo contrario.
Administración de bolos intermitentes
Un estudio demostró que la sedación mediante bolos acortaba el tiempo de ventilación mecánica invasiva respecto a la realizada con perfusión continua.
Protocolos de retirada de sedación
La retirada rápida de la sedoanalgesia tras haber
recibido dosis elevadas durante más de una semana, en que el enfermo puede haber desarrollado
neuroadaptación o dependencia fisiológica, puede
desencadenar un síndrome de abstinencia. Para
evitarlo, se procede a la retirada gradual en enfermos de riesgo. Asimismo, en aquellos que reciben
benzodiazepinas y opiáceos se recomienda suspender inicialmente la benzodiazepina para evitar un
despertar con dolor.
SITUACIONES ESPECIALES
EN LA SEDOANALGESIA
DE LOS ENFERMOS CRÍTICOS
Adicción
En enfermos con situaciones de adicción a alcohol
y otros tóxicos puede ser interesante la administración de coadyuvantes como la clonidina (bolo
inicial de 1 μg/kg seguido de perfusión a 1,5 μg/
kg/h), lidocaína al 2% (5 mg/kg en 30-40 min) y
clormetiazol. Además, puede valorarse añadir haloperidol o clotiapina. En estos casos es preferible
el SAS (v. tabla 3-9) respecto a la escala de Ramsay
(v. tabla 3-8), dada la mejor estratificación de los
estados de agitación.
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Delirium
Se considera delirium todo trastorno potencialmente reversible de inicio súbito (horas a días) y curso
fluctuante caracterizado por el deterioro global de
la función cognitiva, acompañado de desorientación, afectación de la memoria a corto plazo, alteraciones de la atención y de la percepción, pensamiento anormal, comportamiento inapropiado y
evidencia de una causa física. Los síntomas suelen
empeorar por la noche. Existen tres formas de delirium: hipoactivo (tranquilo, el asociado a peor pronóstico), hiperactivo (combativo) y mixto. Diversos
factores, como la insuficiencia renal, la insuficiencia
hepática, la sepsis, los traumatismos, la hipoxemia,
las deficiencias vitamínicas y numerosos fármacos
(benzodiazepinas, antihistamínicos), pueden contribuir al desarrollo del delirium.
El delirium es frecuente y relevante en los enfermos críticos. Algunos estudios estiman que hasta
el 80% de los enfermos críticos desarrollan delirium, aunque en la mayoría de las ocasiones pasa
inadvertido. Y se ha demostrado que es un factor
de riesgo independiente para prolongar la estancia en la UCI y aumentar la mortalidad. Por ello,
todo protocolo de sedoanalgesia ha de incluir el
cribado del delirium, fundamentalmente mediante
la escala RASS (v. tabla 3-10) y el Confusion Assessment Method for the Intensive Care Unit
(CAM-ICU) (fig. 3-6).
En el tratamiento del delirium se incluyen intervenciones farmacológicas y no farmacológicas. Entre las intervenciones no farmacológicas,
se intenta que el ambiente sea lo menos agresivo
posible, favorecer de forma repetitiva la orientación temporo-espacial, manipular la iluminación
para respetar el ritmo día-noche a fin de restaurar el ritmo biológico, no argumentar a favor ni
en contra del discurso delirante (sólo escuchar y
contener) y utilizar la contención física sólo
cuando se tema por la integridad del enfermo o
la pérdida de sondas, catéteres, tubos o drenajes.
Farmacológicamente, el tratamiento se realiza
con neurolépticos. Son varios los disponibles actualmente:
Haloperidol
Actualmente es el fármaco de elección. La dosis inicial es variable: 0,5-2 mg en agitación leve,
2-5 mg en casos moderados y 10-20 mg en casos
graves. Esta dosis se puede repetir cada 30 min
hasta conseguir el objetivo terapéutico. Posteriormente, una vez estabilizado, se pauta de forma fraccionada cada 4-6 h o, preferentemente,
en perfusión continua (10 mg/h con aumentos
de 5 mg/h cada 30 min según se necesite, hasta
25 mg/h). Se desconoce la dosis máxima segura,
aunque se han publicado dosis de 200 mg/día
sin complicaciones. El haloperidol se metaboliza
en hígado y se elimina por la bilis y la orina, con
una semivida de eliminación de 20 h. El uso
combinado de haloperidol y benzodiazepinas
puede mejorar la respuesta del enfermo y permitir reducir la dosis de neurolépticos y sus
efectos colaterales. Bajo su tratamiento hay que
vigilar el desarrollo de trastornos electrocardiográficos (prolongación del intervalo QT y arritmias ventriculares). Otras complicaciones son
los parkinsonismos y el síndrome neuroléptico
maligno.
Clorpromazina
Por su baja potencia y efectos adversos, como hipotensión, no se recomienda su uso.
3
40 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Criterios y descripción del CAM-ICU
1. Inicio agudo o curso fluctuante
Ausente
Presente
Ausente
Presente
Ausente
Presente
Ausente
Presente
Sí
No
A. ¿Hay evidencia de un cambio agudo en el estado mental sobre el estado basal?
o
B. ¿Ha fluctuado el comportamiento (anormal) en las últimas 24 h, es decir, tiende a aparecer
y desaparecer, o aumenta y disminuye en severidad evidenciado por la fluctuación en una
escala de sedación (p. ej., RASS), Escala de coma de Glasgow o evaluación previa del delirium?
2. Inatención
¿Tuvo el enfermo dificultad para fijar la atención, evidenciada por puntuaciones menores a
8 en cualquiera de los componentes visual o auditivo del Examen de Cribado para la
Atención (ASE)? (Instrucciones en la página siguiente).
3. Pensamiento desorganizado
¿Hay evidencia de pensamiento desorganizado o incoherente evidenciado por respuestas
incorrectas a 2 o más de las 4 preguntas, y/o incapacidad para obedecer órdenes?
Preguntas (alternar grupo A y grupo B):
Grupo A
Grupo B
1. ¿Podría flotar una piedra en el agua?
1. ¿Podría flotar una hoja en el agua?
2. ¿Existen peces en el mar?
2. ¿Existen elefantes en el mar?
3. ¿Pesa más una libra que dos libras?
3. ¿Pesan más dos libras que una libra?
4. ¿Se puede usar un martillo para pegarle a
4. ¿Se puede usar un martillo para cortar
un clavo?
madera?
Otros:
1. ¿Tiene usted algún pensamiento confuso o poco claro?
2. Muestre esta cantidad de dedos. (El examinador muestra dos dedos enfrente del enfermo.)
3. Ahora repita lo mismo con la otra mano. (Sin repetir el mismo número de dedos.)
3
4. Nivel de conciencia alterado
¿Tiene el enfermo un nivel de conciencia diferente al estado de alerta, tales como vigilante,
letárgico o estupor? (p. ej., RASS diferente a «0» en el momento de la evaluación.)
Alerta:
Vigilante:
Letárgico:
Estupor:
espontánea y plenamente consciente del medio ambiente e interactúa
apropiadamente.
hiperalerta.
somnoliento pero fácil de despertar, no consciente de algunos elementos del
medio ambiente, o no interactúa de manera apropiada y espontánea con el
entrevistador; llega a estar plenamente consciente e interactúa
apropiadamente con estímulos mínimos.
incompletamente consciente cuando es estimulado fuertemente; puede ser
despertado únicamente con estímulos vigorosos y repetidos, y tan pronto
como el estímulo cesa, vuelve al estado de no respuesta.
CAM-ICU general (criterios 1 y 2 y cualquiera de los criterios 3 o 4)
Figura 3-6
Método CAM-ICU para el diagnóstico del delirium en enfermos críticos.
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 41
Examen para el Cribado de la Atención (Attention Screening Exam [ASE]) - Auditivo y Visual
A. Examen auditivo
Instrucciones: Dígale al enfermo: «Yo voy a leerle una serie de 10 letras. Cuando escuche la letra “A”, indíqueme
apretando mi mano». Lea las siguientes 10 letras con un volumen normal (con el volumen suficiente para ser
escuchado sobre el ruido de la UCI) a una velocidad de una letra por segundo.
S A H E V A A R A T
Puntuación: Se contabiliza un error cuando el enfermo no aprieta la mano con la letra «A» y/o cuando el enfermo
aprieta la mano con cualquier letra diferente a la «A».
B. Examen visual (dibujos)
Vea los siguientes grupos de dibujos (A y B)
Primer paso: 5 dibujos
Instrucciones: Dígale al enfermo: «Sr. o Sra. ..., yo voy a mostrarle a usted dibujos de objetos comunes. Mírelos
detenidamente y trate de recordar cada dibujo porque yo voy a preguntarle después qué dibujos ha visto». Luego
muéstrele el 1.er paso del grupo A o B, alternando diariamente si se requieren valoraciones repetidas. Muéstrele
los primeros 5 dibujos durante 3 segundos cada uno.
Grupo A
3
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Grupo B
Figura 3-6
Método CAM-ICU para el diagnóstico del delirum en enfermos críticos. (Cont.)
42 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Segundo paso: 10 dibujos
Instrucciones: Dígale al enfermo: «Ahora voy a mostrarle algunos dibujos más. Algunos de éstos, usted ya los ha
visto y algunos son nuevos. Déjeme saber si usted los ha visto o no anteriormente moviendo su cabeza para decir
sí (demuéstrele) o no (demuéstrele)». Luego muéstrele 10 dibujos (5 nuevos y 5 repetidos) durante 3 segundos
cada uno (2.° paso del grupo A o B, dependiendo del grupo que haya sido usado en el primer paso).
Grupo A
3
Grupo B
Puntuación: Esta prueba es evaluada por el número de respuestas correctas «sí» o «no» durante el 2.° paso
(de 10 posibles). Para mejorar la visibilidad de los enfermos ancianos, las imágenes son impresas en papel neutro,
de 6” × 10” y laminado con acabado mate.
Nota: Si un enfermo usa gafas, esté seguro de que las tenga cuando realice el examen visual del ASE.
Figura 3-6
Método CAM-ICU para el diagnóstico del delirium en enfermos críticos. (Cont.)
Olanzapina
Ha demostrado resultados similares al haloperidol con dosis de 5 mg/día en menores de 65 años
y 2,5 mg en personas de edad más avanzada.
Aunque tiene una menor incidencia de efectos adversos que el haloperidol, no está disponible para
administración parenteral, lo que limita su uso.
Risperidona
En dosis de 0,5 mg/12 h por vía oral ha demostrado una efectividad similar a la del haloperidol,
con menores efectos adversos.
Tolerancia a la sedoanalgesia
Ante la aparición de tolerancia, definida como aumento de dosis sin la respuesta clínica esperada,
se suelen sustituir los fármacos por otros con se-
mivida de eliminación más prolongada. Así, como
segunda opción se usa la asociación de midazolam con metadona. Además, pueden añadirse fármacos adyuvantes, como la clonidina.
MIORRELAJACIÓN
En ocasiones, los enfermos críticos presentan situaciones que pueden requerir una relajación
muscular máxima. Las principales indicaciones
de uso de los bloqueadores neuromusculares en
la UCI se resumen en la tabla 3-12. Hay que tener en cuenta que son fármacos de último recurso, y antes de su administración hay que intentar
otras alternativas. Dado su efecto, es importante
que antes de su administración exista un correcto control de la vía aérea y del soporte ventila-
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 43
Tabla 3-12 Indicaciones para el uso
de miorrelajantes en enfermos críticos
Facilitar la realización de procedimientos cortos
bajo anestesia general
■ Intubación endotraqueal
■ Broncoscopia
■ Endoscopia gastrointestinal
■ Pruebas de imagen especiales
Facilitar la ventilación mecánica invasiva bajo
sedoanalgesia adecuada
■ Aumentar la compliancia torácica
■ Evitar movimientos respiratorios incoordinados
■ Reducir las presiones de la vía aérea
■ Facilitar la hipercapnia permisiva
■ Estatus asmático
Reducir el consumo muscular de oxígenoa
Prevenir movimientos (respiratorios, tos durante la
aspiración traqueal, otros) en enfermos con
hipertensión intracraneal o hemoptisis masiva
Facilitar tratamiento de cuadros clínicos asociados
a un aumento de la actividad muscular
■ Tétanos
■ Síndrome neuroléptico maligno
■ Estatus epiléptico (no actúan sobre la actividad
epiléptica sino sobre la actividad muscular)
a
En general suele ser suficiente con fármacos sedantes.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
torio, además de una sedoanalgesia adecuada
previa.
Los miorrelajantes son fármacos estructuralmente relacionados con la acetilcolina que interfieren la unión de ésta a la placa motora, bloqueando
la transmisión del impulso nervioso y paralizando
la musculatura esquelética. Este efecto pueden conseguirlo de dos formas distintas, lo que permite
dividir los miorrelajantes en dos familias: los despolarizantes y los no despolarizantes. La tabla 3-13
muestra los principales agentes y sus características más importantes. Cabe insistir en que no tienen
capacidad sedante ni analgésica.
Miorrelajantes despolarizantes. Se unen a los
receptores colinérgicos de la placa motora causando una despolarización inicial (que provoca fasciculaciones) seguida del bloqueo de la transmisión
neuromuscular hasta que el fármaco se separe del
receptor y sea hidrolizado por la seudocolinesterasa plasmática. La succinilcolina (suxametonio) es
el único representante comercializado, y fundamentalmente se usa en la intubación endotraqueal.
No se usa en tratamientos prolongados.
Miorrelajantes no despolarizantes. Inhiben de
forma competitiva el receptor de la acetilcolina en
la placa motora, impidiendo la despolarización.
Existen diversos fármacos (atracurio, cisatracurio,
mivacurio, rocuronio y vecuronio), y sus principales características y efectos adversos se resumen en
la tabla 3-13. Su efecto se puede revertir con la administración de neostigmina (0,035-0,07 mg/kg).
La acción de los miorrelajantes puede verse
afectada por determinadas patologías (acidosis,
hipotermia, diselectrolitemia) y fármacos (inhibidores de la acetilcolinesterasa, antibióticos, diuréticos, quinina), lo que puede alargar o acortar el
efecto. Durante su administración hay que extremar los cuidados del enfermo crítico por la parálisis generalizada que provocan. El uso de lágrimas
artificiales, los cambios posturales, la profilaxis
de la trombosis venosa profunda y la aspiración de
secreciones respiratorias son procedimientos necesarios en estos enfermos. No existe un fármaco
ideal ni superior a los otros. Por ello, la elección
de un agente u otro depende del contexto clínico
del enfermo. Así, en caso de inestabilidad hemodinámica es preferible el uso de vecuronio o rocuronio; y en caso de insuficiencia hepática y/o renal, de atracurio o cisatracurio. Su administración
se realiza habitualmente en bolos intermitentes,
aunque en situaciones particulares también es
posible la perfusión continua. Sea cual fuere la
forma de administración, la dosis y la frecuencia
han de ajustarse al efecto deseado.
Dado que el control clínico de la parálisis muscular es muy complicado (mediante la observación de los movimientos de la musculatura esquelética y los esfuerzos respiratorios) y teniendo
en cuenta que el efecto de los miorrelajantes puede variar interindividualmente e intraindividualmente a lo largo del ingreso en función de la situación médica, se requiere una herramienta de
control del grado de bloqueo neuromuscular. En
este sentido, la más utilizada y recomendada es
la que usa la estimulación nerviosa periférica
mediante el tren de cuatro (train-of-four, TOF) (v.
cap. 16). El TOF consiste en la estimulación sobre
un nervio periférico con 4 estímulos secuenciales
durante 2 s, observando las respuestas del músculo inervado por dicho nervio. Este procedimiento hay que realizarlo cada 2-3 h hasta que la
dosis de miorrelajante se estabilice, espaciando
entonces a cada 8-12 h. Suele efectuarse la estimulación del nervio ulnar a la altura de la muñeca y se observa la respuesta del aductor del pulgar. Aunque variable, un objetivo habitual es
dosificar los miorrelajantes para que sólo haya
dos contracciones musculares visibles de cada
4 estímulos.
3
a
Principales características de los miorrelajantes utilizados en enfermos críticos
Fármaco
Inicio de
acción (min)
Duración de la
acción (min)
Dosis en bolo Dosis de perfusión
(mg/kg)
(μg/kg/min)
Succinilcolina
0,5-1
7-8
0,3-1,1
−
Seudocolinesterasa
plasmática
Renal (<10%)
↑PA, ↑ o ↓ FC, arritmias ventriculares,
hiperpotasemiab, ↑PIC, hipertermia maligna
Atracurio
2-2,5
25-35
0,4-0,5
4-12
Hofman /
hidrólisis éster
Renal (<10%)
↓PAc
Cisatracurio
3-6
45-60
0,1-0,2
1-3
Hofman
Renal (<20%)
↓PAc
Mivacurio
1,5-2,5
10-20
0,15-0,25
9-10
Hidrólisis éster
Renal (<10%)
↓PAc
Rocuronio
1-1,5
30
0,6-1
8-12
Hepática
Renal (30%)
↓PAc
Vecuronio
1,5-3
35-45
0,1-0,2
0,8-1,2
Hepática
Renal (30%)
↓PAc
Metabolización
Excreción renal
(%)
Efectos adversosa
Todos aumentan el riesgo de la miopatía del enfermo crítico y tienen riesgo de parálisis prolongada. b Aumento de potasio plasmático de 0,5-1 mEq/l. Usar con precaución en enfermos con
hiperpotasemia y contraindicado en la fase aguda de grandes quemados. c Secundario a la liberación de histamina (atracurio > mivacurio > cisatracurio >rocuronio > vecuronio).
FC: frecuencia cardíaca; PA: presión arterial; PIC: presión intracraneal; t1/2: semivida de eliminación.
44 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
3
Tabla 3-13
Sedación, analgesia y miorrelajación en cuidados críticos 45
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
3
54
Capítulo 5
Monitorización de la función
cardiovascular
Irene Cortés, José A. Lorente y José M.a Nicolás
PUNTOS CLAVE
N
N
El enfermo con inestabilidad hemodinámica
precisa control hemodinámico. El médico ha de
conocer los principios para realizar mediciones
hemodinámicas y, entonces, poder
interpretarlas correctamente.
El correcto control de la función cardiovascular
ha de combinar el uso de un sistema de
monitorización con el cual el profesional se
haya familiarizado (catéter arterial pulmonar,
termodilución transpulmonar, análisis
del contorno de la presión de pulso) en
combinación con determinaciones bioquímicas
La función cardiovascular se encuentra con frecuencia alterada en el enfermo crítico. La hipotensión, ya sea debida a pérdida del tono vascular o a
disminución del gasto cardíaco (GC), requiere un
diagnóstico rápido de la posible causa y la implantación urgente de las medidas necesarias para
mantener con vida al enfermo.
MONITORIZACIÓN DE LA PRESIÓN
ARTERIAL
La presión arterial (PA) es la variable fisiológica
cardiovascular más frecuentemente monitorizada, y forma parte de las llamadas «constantes vitales» que se miden en todo enfermo crítico. La
PA es, además del flujo sanguíneo, uno de los de-
(pH sanguíneo y concentración sérica de
lactato).
N
Métodos sencillos basados en la observación del
trazado de la presión arterial en enfermos que
se encuentran en ventilación mecánica invasiva
permiten determinar el estado de la volemia del
enfermo.
N
La efectividad de las intervenciones
implantadas en enfermos con inestabilidad
hemodinámica se ha de comprobar mediante
determinaciones repetidas de las variables
hemodinámicas y de los parámetros
bioquímicos.
terminantes de la perfusión de los órganos, y la
hipotensión suele indicar un estadio avanzado
de disfunción cardiovascular, en el cual han fracasado los mecanismos de compensación encaminados a mantener la presión de perfusión. La
onda de presión arterial sistémica varía según el
calibre del vaso donde se mide: según se avanza
hacia la periferia existe un aumento progresivo
de la presión arterial sistólica (PAS) y un descenso progresivo de la presión arterial diastólica
(PAD) (amplitud de la onda de pulso). No obstante, la presión arterial media (PAM) se mantiene relativamente constante independientemente
del vaso, por lo que es un parámetro más fiable y
relevante. Aunque la PAM corresponde a la presión media del área bajo la curva de la onda de
Monitorización de la función cardiovascular 55
pulso, es posible estimarla en el rango de frecuencias habituales (60-100 latidos/min), donde
la diástole dura el doble que la sístole (PAM =
[PAS + 2 × PAD]/3).
Tabla 5-1 Causas de error en la medición
de la presión arterial no invasiva
Causa de error
Comentario
Monitorización no invasiva
Anchura
inadecuada
del manguito
Si es demasiado ancho, subestima
la PA, mientras que si es
estrecho, la sobrestima
(la lectura de la PA «va con
el tamaño del enfermo»:
si el enfermo es pequeño, la PA
es falsamente baja, y viceversa)
Dificultan la detección de los ruidos
de Korotkoff
La forma más difundida de medir la PA es la no
invasiva, mediante la oclusión de una arteria (generalmente del brazo) por un manguito neumático
de presión, y la auscultación, durante su desinflado, de los ruidos de Korotkoff (esfigmomanometría), o el análisis de las oscilaciones (oscilometría;
PAS: inicio de oscilación; PAD: máxima oscilación). Los métodos no invasivos, particularmente
la esfigmomanometría, tienen una exactitud limitada y generalmente infraestiman las presiones
arteriales bajas, por lo que son inexactos en situaciones de hipoperfusión (tabla 5-1).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Monitorización invasiva
En el ámbito del enfermo crítico, la PA se puede
medir de forma invasiva, mediante un catéter localizado en el interior de una arteria y en conexión
con un transductor externo a través de un sistema
relleno de líquido. La señal de presión es convertida por el transductor en una señal eléctrica y aparece en la pantalla del monitor una vez filtrada.
Para mantener la permeabilidad del sistema, éste
se lava continuamente con suero salino heparinizado a 3 ml/h. La posición más común del catéter
de PA es la arteria radial, aunque puede usarse en
otras localizaciones como la arteria braquial, la
dorsalis pedis, la tibial femoral y la femoral. La inserción de un catéter arterial permite la medición
continua de la PA, lo que hace posible la detección
de cambios rápidos debidos a alteraciones en la
condición clínica del enfermo o a intervenciones
terapéuticas. Asimismo, el catéter intraarterial
permite un acceso directo a la sangre arterial para
la obtención de muestras para su análisis, frecuentemente para la medición de gases arteriales. Sin
embargo, la inserción de un catéter en el interior
de una arteria no es un procedimiento exento de
complicaciones, por lo que su uso se restringe a
situaciones graves (p.ej., hipotensión y/o shock,
hipertensión arterial maligna o insuficiencia respiratoria aguda).
Estos sistemas de conexiones con catéteres o
alargaderas con líquido en su interior son susceptibles de presentar mediciones erróneas debido a
las propiedades físicas y a su resonancia, por lo
que se han de efectuar las siguientes comprobaciones técnicas:
Trastornos
del ritmo
cardíaco
Arteriosclerosis
Hipotensión
N
N
Dificulta el colapso de la arteria
Desaparición de la PAD: es poco
audible (los ruidos de Korotkoff
se pierden)
Calibración mediante el ajuste del «cero» a la
presión atmosférica, que se efectúa a la altura
de la aurícula izquierda (cuarto espacio intercostal, línea axilar media-eje flebostático).
Determinación de la frecuencia natural de resonancia del sistema y amortiguamiento. La frecuencia natural de resonancia del sistema es la
frecuencia a la que oscila el sistema cuando se
estimula. La frecuencia fisiológica de las curvas
de PA es de 3-5 Hz hasta 20 Hz.
Por tanto, la frecuencia de resonancia del sistema de medición debe ser superior a 20 Hz. El amortiguamiento (damping) es la rapidez con que un
sistema que oscila alcanza el reposo. Si este coeficiente es elevado, el sistema absorbe mucho la energía mecánica y provoca un amortiguamiento de la
curva de la PA transmitida. La presencia de burbujas de aire en el sistema relleno de líquido es causa
común de amortiguamiento excesivo. Por tanto, el
sistema ha de tener la frecuencia natural lo más alta
posible y un amortiguamiento óptimo. Esto se consigue utilizando catéteres y alargaderas cortos, de
calibre amplio, no distensibles, conectados directamente al transductor y llenos de un líquido de baja
densidad y sin burbujas. Estos dos factores dinámicos pueden evaluarse mediante un test de lavado
rápido (flush test) o test de la «onda cuadrada». Dicha maniobra consiste en abrir y cerrar de forma
breve el sistema al circuito presurizado de lavado,
de forma que en el monitor se produce una onda
cuadrada seguida de unas oscilaciones alrededor
de la línea de base hasta que se estabiliza. Durante
el lavado, la morfología del trazado ha de ser en
forma de onda cuadrada y, durante el cierre brusco
5
56 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
del lavado, han de observarse varias oscilaciones
negativas, aunque no más de tres. Un sistema sobreamortiguado no tendrá oscilaciones al final de
la onda cuadrada. Un sistema infraamortiguado,
por el contrario, tendrá excesivas oscilaciones.
La inserción y la permanencia del catéter en el
interior de la arteria puede asociarse con ciertas
complicaciones: hemorragia, infección, trombosis,
lesión de otras estructuras vasculares o nerviosas,
embolización digital, etc. De forma infrecuente
puede aparecer un aneurisma arterial, la fístula
arteriovenosa, el hematoma compresivo y el embolismo retrógrado. Debido a la mayor incidencia
de complicaciones cuando los intentos de canalización son repetidos, se aconseja no realizar más
de dos intentos en una misma arteria.
MONITORIZACIÓN DE LA PRESIÓN
VENOSA CENTRAL
5
La inserción de un catéter venoso central (CVC)
tiene diversas utilidades clínicas, tanto en el contexto del control hemodinámico como en la perfusión de medicación, nutrición parenteral y
sueroterapia. La presión venosa central (PVC) normalmente se monitoriza mediante un catéter en la
vena cava superior, ya sea por inserción mediante
la vena subclavia o la yugular interna. La inserción
de un catéter central es una técnica no exenta de
posibles complicaciones, por lo que en la decisión
de su colocación se debe valorar cuidadosamente
el balance entre el riesgo y el beneficio.
Para la medición de la PVC, el transductor ha de
situarse a la altura auricular y realizar el test de la
«onda cuadrada». El lugar correcto para situar el
cursor sobre la curva de PVC para realizar la medición es la base de la onda «a», que corresponde al
final de la diástole ventricular. Para interpretar el
trazado de la PVC hay que conocer las diferentes
ondas que lo componen y su significado: la onda
«a» (contracción auricular); la onda «c» (cierre de la
válvula tricúspide); el seno «x» (vaciado auricular);
la onda «v» (llenado auricular desde la vena cava y
al aumento de la presión durante la sístole ventricular), y el seno «y» (vaciado auricular en el ventrículo al abrirse la válvula tricúspide). Alteraciones de las ondas del trazado de la PVC pueden ser
útiles para la identificación de patologías en el enfermo crítico. Por ejemplo, una onda «a» elevada
(«cañón») indica que la contracción auricular se
produce en contra de una válvula auriculoventricular (AV) cerrada, como sucede en el bloqueo AV
de tercer grado. Una onda «v» gigante indica una
regurgitación de una válvula AV incompetente durante la sístole ventricular (en caso de insuficiencia
tricuspídea infravalorará el GC determinado por
termodilución en un catéter de la arteria pulmonar). Un trazado en forma de meseta que disminuye bruscamente durante el vaciado auricular indica
la restricción al llenado ventricular, como sucede
en el caso de taponamiento pericárdico.
Utilidad de la PVC: fundamentos fisiológicos
Es importante para el profesional que maneja enfermos críticos comprender la utilidad y, sobre
todo, la falta de utilidad de la PVC, así como realizar su medición e interpretación de manera correcta. Medida adecuadamente, la PVC se aproxima a
la presión de la aurícula derecha, por lo que reflejaría de forma indirecta la precarga del ventrículo
derecho (precarga estática). Sin embargo, la precarga no es una medida de presión, sino de volumen,
por lo que la PVC no indica una precarga fiable en
situaciones con alteraciones en la compliancia de
las cavidades cardíacas. Por tanto, no se puede asumir un determinado volumen telediastólico ventricular (precarga), y por tanto el volumen sistólico
(ley de Frank-Starling), a partir de un valor determinado de PVC, pues depende de la compliancia
de las cavidades cardíacas en cada enfermo (fig. 5-1).
Asimismo, también resulta incorrecto considerar
que la PVC es la presión de llenado del ventrículo
derecho. La presión de llenado es la presión transmural del ventrículo derecho, que depende de la
PVC y de la presión fuera del ventrículo derecho
(relacionada con la presión pleural). En consecuencia, estas consideraciones fisiológicas han de tenerse muy en cuenta a la hora de medir la PVC, interpretar su valor y tomar decisiones basadas en esta
medición hemodinámica. La evaluación de la precarga mediante la estimación de los volúmenes intravasculares se desarrolla más adelante.
La PVC es necesaria para el cálculo de variables
hemodinámicas derivadas, como las resistencias
vasculares sistémicas (tabla 5-2). Asimismo, la obtención de muestras de sangre a través del CVC
permite determinar la saturación de oxígeno en la
hemoglobina de la sangre venosa (ScvO2), indicativa del balance global entre el consumo y el transporte de oxígeno en el organismo. Un valor bajo
(<70%) indica que el transporte de oxígeno es insuficiente para satisfacer la demanda metabólica
del enfermo. Un valor elevado en la fase de resucitación indica que las demandas metabólicas de los
tejidos se encuentran (globalmente) satisfechas.
PRESIONES EN EL CATÉTER
DE LA ARTERIA PULMONAR
La introducción del catéter de la arteria pulmonar
(CAP) en los años setenta fue un gran avance para
Monitorización de la función cardiovascular 57
la valoración a pie de cama de la función del sistema cardiovascular. Aun cuando varios estudios
demuestran que este dispositivo no se asocia con
un impacto en la supervivencia, y en la actualidad
B
su uso está en retroceso, puede resultar útil para
definir la situación hemodinámica del enfermo (p.
ej., clasificación del tipo de shock) y monitorizar la
respuesta a intervenciones terapéuticas.
B'
Compliancia aumentada
Compliancia normal
A'
Compliancia disminuida
A
Figura 5-1 Relación entre precarga y volumen de eyección (relación de Starling): efecto de la situación basal de precarga
basal sobre la respuesta a cambios en la precarga. Efecto de la compliancia sobre la respuesta a cambios en la presión de
llenado. Izquierda: relación entre el volumen de eyección (ordenadas) y el volumen telediastólico (abscisas). Para valores de
precarga bajos (enfermo hipovolémico), pequeños cambios en la precarga (A) originan cambios grandes en el volumen de
eyección (A’). Por el contrario, para valores elevados de precarga (enfermo euvolémico o hipervolémico; B), cambios en la
precarga –aunque sean grandes– no se asocian con cambios significativos en el volumen de eyección (B’). Derecha: relación
entre el volumen telediastólico (ordenadas) y la presión telediastólica (abscisas). La relación entre la presión en la aurícula
derecha y el volumen ventricular varía en diferentes enfermos, y depende de la compliancia ventricular de cada caso. No se
puede asumir una determinada precarga conociendo sólo el valor de la presión de la aurícula derecha. Idénticos cambios en
la presión de llenado (A) originan cambios diferentes en el volumen de eyección, dependiendo de la compliancia de cada
caso.
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Tabla 5-2
Variables hemodinámicas medidas y calculadas
Parámetros de medición directa
Valores normales
Índice cardíaco (IC = GC/SC)
Saturación venosa mixta de oxígeno (SvO2)
Presiones arteriales pulmonares (PAP)
Sistólica (PAPS)
Diastólica (PAPD)
Media (PAPM)
Presión de oclusión de la arteria pulmonar (PoAP)
2,5-4,0 l/min/m2
75%
Parámetros calculados
Fórmula
Valores normales
Índice de resistencias vasculares
sistémicas (IRVS)
Índice de resistencias vasculares
pulmonares (IRVP)
Volumen sistólico (VS)
Volumen telediastólico ventrículo
derecho (VTDVD)
Contenido arterial de oxígeno (CaO2)
Contenido venoso mixto de oxígeno (CvO2)
Diferencia arteriovenosa de oxígeno (Δa-vO2)
Transporte de oxígeno (DO2)
Consumo de oxígeno (VO2)
Extracción de oxígeno (ErO2)
[(PAM-PVC) / IC] × 80
1.970-2.390 dinas · s/cm5/m2
[(PAPM − PoAP) / IC] × 80
255-285 dinas · s/cm5/m2
GC/FC
VS/FE
60-90 ml
100-160 ml
(0,003 × PaO2) + (1,39 × SaO2 × Hb)
(0,003 × PvO2) + (1,39 × SvO2 × Hb)
CaO2 − CvO2
IC × CaO2 × 10
IC × (CaO2 − CvO2) × 10
VO2 / DO2
16-20 ml/dl
13-15 ml/dl
3-5 ml/dl
500-600 ml/min/m2
120-160 ml/min/m2
22-30%
15-30 mmHg
6-14 mmHg
9-19 mmHg
4-12 mmHg
FC: frecuencia cardíaca; FE: fracción de eyección; GC: gasto cardíaco; Hb: hemoglobina; IC: índice cardíaco; PAM: presión arterial
media; PaO2: presión parcial de oxígeno arterial; PvO2: presión parcial de oxígeno venosa; PVC: presión venosa central;
SaO2: saturación arterial de oxígeno; SC: superficie corporal; VS: volumen sistólico.
5
58 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
El CAP es un catéter que se introduce por una
vía venosa central y se aloja en la arteria pulmonar. El catéter está provisto de una luz distal, que
permite medir la presión en la arteria pulmonar
(PAP), otra luz proximal que se aloja en la aurícula derecha (para la medición de la PVC), un termistor en su extremo distal (para medir el GC) y
un balón distal de una capacidad aproximada de
1,5 ml, cuya oclusión detiene el flujo sanguíneo y
permite estimar la presión del capilar pulmonar
(PoAP). A diferencia del CVC, el CAP permite
realizar mediciones relacionadas con el lado izquierdo del corazón (PoAP, GC, SvO2). Modificaciones del CAP han permitido incrementar sus
funciones: disponibilidad de un canal para introducir un electrocatéter para marcapasos transitorio en el ventrículo derecho, espectrofotómetro de
reflectancia en su extremo distal que permite medir la SvO2 de forma continua, termistor ultrarrápido que permite calcular la fracción de eyección y
el volumen telediastólico del ventrículo derecho
(precarga), y la colocación de un filamento térmico
en el trayecto ventricular que permite realizar on-
das de termodilución automáticas, con medición
cuasicontinua del GC.
Medición de las presiones en el catéter
de la arteria pulmonar
La inserción del CAP ha de realizarse por personal
experimentado en la técnica y en la interpretación
de las ondas de presión intravascular (fig. 5-2).
El catéter avanza por el sistema venoso hasta que
alcanza la vena cava superior, momento en que el
extremo distal muestra el trazado de la presión de
la aurícula derecha. Al atravesar la válvula tricúspide se muestra una onda pulsátil de gran amplitud
(presión ventricular) en la que la presión sistólica
detectada es un reflejo de la contractilidad del ventrículo derecho, mientras que la presión diastólica
es equivalente a la presión de la aurícula derecha.
Una vez en la arteria pulmonar, el trazado cambia
de forma característica y aumenta la presión diastólica sin cambiar la presión sistólica, en comparación
con el trazado previo del ventrículo derecho. Finalmente, la punta del catéter, con el balón inflado,
5
A
C
B
A
B
D
C
D
Figura 5-2 Registro de las curvas del corazón derecho para la colocación del catéter de la arteria pulmonar.
Registros intravasculares a nivel de la aurícula derecha (A), ventrículo derecho (B), arteria pulmonar (C) y presión de
oclusión de la arteria pulmonar (D).
Monitorización de la función cardiovascular 59
avanza hasta que impacta en un vaso pulmonar. A
este nivel, en ausencia de flujo entre la punta del
catéter y el corazón derecho, se obtiene una curva
venosa de presión que es un reflejo de la presión
venosa del corazón izquierdo (PoAP) (fig. 5-3).
La PoAP es una presión intravascular y se registra al final de la espiración, cuando la presión
pleural alcanza su línea de base, para minimizar el
gradiente de presión transmural. En enfermos sometidos a ventilación mecánica invasiva (VMI) las
presiones yuxtacardíacas elevadas pueden modificar la presión transmural, y por tanto invalidar la
PoAP como parámetro de precarga. Por ello, una
lectura correcta de la PoAP exige considerar el
concepto de las zonas de West. El pulmón se puede dividir en 3 zonas, definidas por la relación entre la presión alveolar, la presión arterial pulmonar
y la presión venosa pulmonar. El CAP ha de alojarse en zona III de West (posición dorsal a nivel inferior a la aurícula izquierda), en la que la presión
alveolar no se transmite al CAP al ser ésta menor
que las presiones arterial y venosa (tabla 5-3). Su
verificación es particularmente importante en los
enfermos con VMI (sobre todo en caso de utilización de presión positiva al final de la espiración) o
con hipovolemia, dado que la transformación de
Arteria
pulmonar
Circulación
pulmonar
zonas III en I o II invalidaría el valor registrado.
Por otro lado, un inflado del balón con un volumen excesivo (o con un volumen normal si el extremo del catéter está excesivamente impactado en
la arteria pulmonar) causa una medición falsamente elevada al transmitirse la propia presión del
balón (sobreenclavamiento).
Utilización de la presión de oclusión
de la arteria pulmonar
La PoAP aporta una estimación de la presión hidrostática capilar y, por tanto, de la tendencia a
formarse edema pulmonar. La PoAP no es realmente la presión en el capilar pulmonar (una resistencia venosa pulmonar elevada puede infraestimar la presión capilar real). Asimismo, la PoAP es
una aproximación a la presión de la aurícula izquierda, que teóricamente refleja la presión telediastólica del ventrículo izquierdo en caso de una
compliancia ventricular normal. Por tanto, la
PoAP es una estimación indirecta de la precarga
del ventrículo izquierdo, con las mismas limitaciones ya comentadas anteriormente para la interpretación de la PVC como indicador de la precarga
del ventrículo derecho.
Bronquio
5
Alveolo
Vena pulmonar
Catéter de la
arteria pulmonar
Balón del
catéter de
la arteria
pulmonar
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Aurícula
derecha
Válvula
tricúspide
Figura 5-3
Válvula
aórtica
Aurícula
izquierda
Válvula
mitral
Ventrículo
derecho
Ubicación del catéter de la arteria pulmonar.
Ventrículo
izquierdo
60 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 5-3
Identificación de las zonas de West en el uso de un catéter de termodilución
Localización de la punta del catéter
Contorno PoAP
PAPD frente a PoAP
Prueba de PEEP
Variación respiratoria PoAP
Zona III
Zonas I y II
Inferior a la aurícula izquierda
Presencia de ondas «a» y «v»
PAPD > PoAP
ΔPoAP <½ ΔPEEP
<½ ΔPalv
Superior a la aurícula izquierda
Ausencia de ondas «a» y «v»
PAPD < PoAP
ΔPoAP >½ ΔPEEP
>½ ΔPalv
Palv: presión alveolar; PAPD: presión diastólica de la arteria pulmonar; PEEP: presión positiva al final de la espiración; PoAP: presión
de oclusión de la arteria pulmonar.
5
La presión capilar pulmonar (PCP) determina
la tendencia del fluido intravascular a escapar del
espacio intersticial. En situaciones de edema pulmonar, una PCP elevada (superior a la presión
oncótica) indica que el origen del edema es hidrostático (edema pulmonar cardiogénico), y una
PCP baja indica que el edema pulmonar no se
debe a un origen hidrostático sino probablemente
a un aumento de la permeabilidad capilar (edema
pulmonar no cardiogénico). Lamentablemente, la
PoAP no equivale a la PCP. Para que se produzca
un flujo anterógrado ha de cumplirse necesariamente que la PCP sea superior a la PoAP, debido
al efecto de la resistencia vascular poscapilar.
Aunque la diferencia entre ambas suele ser solamente de unos pocos mmHg, es importante no
olvidar que la PoAP subestima la presión media
de filtración. En algunos estados patológicos la
PoAP se aleja de ser una estimación de la presión
de filtración, como es el caso de la enfermedad venooclusiva en que se objetiva formación de edema
pulmonar a pesar de presiones de oclusión normales. Por estas razones, es posible que el mecanismo de formación de edema sea en verdad hidrostático, aun cuando los valores de PoAP sean
normales.
MONITORIZACIÓN DEL GASTO CARDÍACO
La evaluación de la función cardíaca y el control
del GC resulta de gran importancia clínica en los
enfermos críticos, como determinante de la perfusión de los órganos, particularmente en enfermos
con insuficiencia cardíaca o con hipotensión a pesar de la administración de fármacos vasoactivos.
La evaluación del GC puede efectuarse mediante
diferentes sistemas (tabla 5-4). La modalidad de
monitorización y su invasividad depende del entorno en que se aplique, las terapias a las que esté
sometido el enfermo (VMI, administración de fármacos vasoactivos, administración de fluidos in-
travenosos, etc.), la comorbilidad del enfermo, la
complejidad quirúrgica y la situación posquirúrgica del enfermo. Asimismo, el GC, conjuntamente
con el resto de variables hemodinámicas, permiten
definir el comportamiento hemodinámico de las
diferentes situaciones clínicas.
Medición del gasto cardíaco por gases
espirados
La medición del gasto cardíaco por gases espirados se fundamenta en el principio de Fick (1870),
que postuló que la cantidad de oxígeno captado
por la sangre al pasar por los pulmones durante
la respiración es igual al oxígeno consumido. Así,
mediante el uso de calorimetría indirecta se puede obtener el GC como resultado del cociente entre consumo de oxígeno corporal (a partir de la
diferencia de oxígeno entre el gas inhalado y exhalado) y la diferencia arteriovenosa del contenido de oxígeno. Sin embargo, en realidad se está
midiendo el flujo sanguíneo pulmonar, por lo que
el componente de flujo de cortocircuito intrapulmonar está incluido en la medida. Este método
pionero fue, durante mucho tiempo, el método de
referencia para la medición del GC.
El principio de Fick también puede aplicarse al
intercambio de CO2 en lugar del oxígeno, y puede
medir el GC en relación con la producción de CO2
respecto a la diferencia del contenido venoarterial
de CO2. Este método de Fick modificado es aprovechado por el dispositivo NICO® (Philips-Respironics), que mide el GC de forma no invasiva basándose en la producción de CO2 y en los cambios
de la concentración espiratoria de CO2 (EtCO2) causados durante un breve período de reinspiración
de los gases espirados (35 s cada 3 min). El GC medido debe corregirse por el componente de cortocircuito pulmonar y es sólo aplicable a enfermos
ventilados mecánicamente, sin enfermedad pulmonar.
Tabla 5-4
Sistemas de medición del gasto cardíaco
Sistemas
Principio técnico
Variables
recogidas
Ventajas
Limitaciones
GC
Menos invasivos que Método engorroso
el CAP
Análisis de los gases espirados
Calorimetría indirecta
NICO®
Ecuación de
Fick basada en
el consumo de
oxígeno
Ecuación de
Fick basada en
la producción
de CO2
GC
Sólo útil en enfermos
ventilados sin
patología
pulmonar
Métodos de dilución colorante/señal térmica
PAP, PoAP,
GC
PAP, PoAP,
GCC, FE,
VTDVD,
SvO2
Aportan
numerosas
variables
hemodinámicas
Posibilidad de
inserción de
electrocatéter a
través del CAP
Requiere personal
experimentado
No se ha demostrado
beneficio en
estudios
aleatorizados
La PoAP no indica
necesariamente la
precarga correcta
Calibración
in vivo por
termodilución
Calibración
in vivo por
cloruro de litio
Autocalibración
por variables
demográficas
GCC, ITBV,
EVLW, CFI,
VVS
GCC, VVS
Menos invasivos
que el CAP
Aportan
información
acerca de la
precarga
dinámica
Estiman el GC
latido a latido
Los volúmenes indicativos
de precarga son
calculados, no medidos
No son útiles en caso
de patología aórtica
No han demostrado
mejorar la
supervivencia
Doppler
transesofágico
Doppler
GC, VS
Monitorización
continua
Cardiografía
transtorácica CGI®
Bioimpedancia
GC, VS
No invasivo
Ecocardiografía
Ecografía
Doppler
FE, VS
No invasivo. Sin
complicaciones
Frecuentes desajustes de
la posición de la sonda
No es útil en caso de
patología aórtica
Poca correlación con
las mediciones
hemodinámicas
invasivas
No ha probado mejorar la
supervivencia
Requiere personal
experimentado
Equipo costoso
Valoración
hemodinámica
discontinua
Catéter de la arteria
pulmonar (CAP)
Catéter de la arteria
pulmonar con GCC
(Vigilance®)
Termodilución
discontinua
Termodilución
continua con
oximetría
Análisis del contorno de onda de pulso
PiCCO®
LiDCO®
Flotrac-Vigileo®
combinado con
catéter Presep®
GCC, VVS,
ScvO2
5
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Otros sistemas
CAP: catéter de la arteria pulmonar; CFI: índice de función cardíaca; EVLW: agua pulmonar extravascular; FE: fracción de eyección; GC:
gasto cardíaco; GCC: gasto cardíaco continuo; ITBV: volumen sanguíneo intratorácico; PAP: presión de la arteria pulmonar; PoAP:
presión de oclusión de la arteria pulmonar; ScvO2: saturación venosa en la vena central; SvO2: saturación venosa mixta; VO2: consumo de
oxígeno; VS: volumen sistólico; VTDVD: volumen telediastólico del ventrículo derecho; VVS: variación del volumen sistólico.
61
62 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Medición del gasto cardíaco por técnicas
de termodilución
Desde su descripción por Swan y Ganz en 1970, y
con la subsiguiente modificación poco después
consistente en la incorporación de un termistor, el
CAP ha sido uno de los dispositivos rutinarios
para la medición del GC en el enfermo crítico.
Este método se basa en el principio de StewartHamilton (1928) de que la administración de un
colorante intravascular genera una onda de dilución del mismo, que depende del flujo sanguíneo.
Así, el GC es directamente proporcional a la dosis
de colorante inyectada e inversamente proporcional al área bajo la curva de la concentración del
colorante. El termistor en la parte distal del CAP
permite registrar ondas de termodilución, tras inyectar en la aurícula derecha un bolo de una solución intravenosa a temperatura muy fría. El cambio térmico resultante permite el cálculo del GC:
GC = (V × [Ts − Ti] / A) × ([SI × CI]
/ [Ss × Cs]) × ([60 × CT × K]
5
donde V = volumen inyectado (suele ser 5-10 ml),
Ts = temperatura sanguínea, Ti = temperatura del
inyectado, A = área bajo la curva de la onda de termodilución, ([SI x CI] / [Ss x Cs]) = 1,08 si se ha
inyectado suero glucosado al 0,5%, CT = factor de
corrección por el calentamiento del inyectado y K
= constante de calibración.
Una curva con un ascenso y un descenso rápidos indica un GC elevado. Por el contrario, el ascenso y descenso lentos sugieren un bajo GC. El
valor de GC seleccionado es la media de 3 determinaciones cuya discrepancia no sea mayor del
10%. A diferencia del método de Fick, la dilución
de indicador/temperatura es un método menos
fiable cuando el GC es bajo o se retrasa el tránsito
de la solución fría intravenosa a través de las cavidades cardíacas derechas (p. ej., insuficiencia tricuspídea).
La incorporación en el CAP de un termistor ultrarrápido (15 ms) ha permitido determinar mejor
los cambios de temperatura y, sincronizándolos a
la onda R del ECG, medir la fracción de eyección
y el volumen telediastólico del ventrículo derecho. Asimismo, mediante un filamento térmico
(10 cm) en el trayecto ventricular del CAP pueden
realizarse ondas de termodilución automáticas a
partir de pulsos de calor (0,05 °C), con lo que la
medición del GC se realiza de forma cuasicontinua (cada minuto, actualización de la media de
los 5 min previos) (Vigilance®, Edwards Lifesciencies). Sin embargo, la determinación de la fracción
de eyección no es totalmente fiable en caso de una
frecuencia cardíaca >150 latidos/min y en presen-
cia de trastornos del ritmo cardíaco, estando su
valor ligeramente subestimado si se compara con
otros métodos diagnósticos.
Análisis del contorno del pulso
Los dispositivos que analizan el contorno de la
onda de pulso estiman el GC según la correlación
existente entre el volumen sistólico (VS) y la amplitud/morfología de la onda de pulso de la PA,
resultado del movimiento pulsátil de la sangre en
un compartimiento elástico y de la resistencia de
la vasculatura periférica. La relación entre el flujo
y la presión depende de las características intrínsecas del sistema cardiovascular. Por ello, los diversos sistemas han de ser fiables independientemente del lugar de acceso arterial, corregirse por la
compliancia vascular y no afectarse por cambios
en las resistencias vasculares. Por lo tanto, no son
útiles en caso de insuficiencia de la válvula aórtica
y en patologías de la arteria aorta.
Los sistemas más populares basados en el análisis de la onda de pulso son los dispositivos
PiCCO® (Pulsion Medical Systems), LiDCO® (LiDCO Group) y FloTrac®/Vigileo (Edwards Lifesciences). El sistema PiCCO® permite medir el GC
por termodilución transpulmonar mediante la inyección del suero frío (20 ml) en un acceso venoso
central y el termistor está situado en un catéter arterial (habitualmente a nivel femoral). El valor de
VS calculado por termodilución se calibra con la
onda de pulso (área bajo la curva de la parte sistólica de la onda de pulso en el algoritmo original,
en el algoritmo actual calibrado en relación a la
presión, resistencias y compliancia). A partir de
entonces se puede estimar el GC latido a latido. El
sistema LiDCO®, de forma similar al anterior, mide
el GC a partir de una onda de dilución transpulmonar (cloruro de litio) y un sensor periférico del
indicador litio. La presión de pulso es transformada a VS nominal, el cual se calibra con el GC medido. Finalmente, el dispositivo FloTrac®/Vigileo,
que utiliza la vía arterial insertada ya en el enfermo, estima el VS mediante calibración ex vivo, al
incorporar un software de autocalibración generado a través de una ecuación polinomial que analiza, en períodos de 20 s, la amplitud de la presión
del pulso (desviación estándar de la presión de la
onda de pulso), variables biométricas (edad, sexo
y superficie corporal) que determinan la compliancia (trabajo de Langewouters) y la evaluación de
las pendientes de la onda de pulso (evaluación de
la resistencia).
Todos los sistemas anteriores, al obtener el VS,
pueden aportar información acerca de la precarga
dinámica en enfermos sometidos a VMI. Para ello,
Monitorización de la función cardiovascular 63
se determina la influencia que tiene la inspiración
(disminución del retorno venoso y aumento de la
poscarga del ventrículo derecho, aumento del llenado del ventrículo izquierdo con disminución de
su poscarga) sobre el VS o la presión de pulso (PP).
En la relación entre precarga y VS (relación de Starling), para valores de precarga bajos (enfermo hipovolémico), pequeños cambios en la precarga
originan cambios considerables en el VS. Por el
contrario, para valores elevados de precarga (enfermo euvolémico o hipervolémico), cambios en la
precarga –aunque sean grandes– no se asocian con
cambios significativos en el VS (fig. 5-4). Así, una
variación del VS (VVS) (espiración respecto a inspiración) o de la PP (DPP) (inspiración respecto a
espiración) >12% indica una precarga subóptima
(este umbral puede variar en algunos subgrupos
de enfermos), con un elevado valor predictivo
(95%) de que el enfermo responda (elevación del
GC >15% tras la perfusión de 500 ml de cristaloides
en 20 min) a la administración de volumen. Ese aumento en el GC se asocia a un incremento de la PA,
asumiendo que las resistencias vasculares sistémicas no varíen.
Q
Finalmente, el dispositivo PiCCO® permite −mediante el análisis de la onda de termodilución transpulmonar con complejos algoritmos que incluyen
numerosas asunciones sobre las propiedades físicas
del sistema cardiovascular− calcular diferentes volúmenes de los compartimientos intravasculares
(precarga estática) y el líquido extravascular pulmonar (fig. 5-5). Algunos estudios demuestran una relación lineal entre estos volúmenes y el GC, mientras que esta relación no existe para las presiones de
llenado ventricular (PVC, PoAP).
Doppler esofágico
Sistema de obtención del GC mediante una sonda
esofágica Doppler que mide el flujo sanguíneo aórtico. La sonda, insertada por vía oral o nasal, se aloja
en el esófago distal (habitualmente a unos 35 cm de
las arcadas dentarias, a la altura de las vértebras dorsales 5-6), donde emite un ultrasonido en un ángulo
de 45° enfocado a la aorta. La velocidad del flujo
sanguíneo de la aorta descendente, en combinación
con el área transversal de la aorta a ese nivel (dato
obtenido a partir de un nomograma basado en la
edad, altura y peso, o mediante visualización ecográfica), permite calcular el GC. Además, el tiempo
del flujo proporciona información acerca de la precarga, la velocidad máxima de la contractilidad y la
combinación de ambos parámetros de la poscarga.
Al igual que en el sistema anterior, los cambios de
flujo aórtico durante el ciclo respiratorio en enfermos con VMI pueden ser indicativos de la precarga
del enfermo y pueden utilizarse en conjunción con
VVS = [(VS máximo – VS mínimo) / VS medio]
× 100
DPP = [(PP máxima – PP mínima) / PP media]
× 100
No obstante, el análisis de los cambios en la
presión del pulso para estimar la volemia presenta
ciertas limitaciones:
Q
Q
Indica de forma cualitativa la respuesta al volumen, pero no la cantidad necesaria.
Sólo es factible en los enfermos con VMI en ausencia de esfuerzo inspiratorio (que induciría
cambios en la presión intratorácica aparte de
los debidos a la VMI) y ausencia de trastornos
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
espiración
del ritmo cardíaco (que cambiarían el VS al variar el tiempo de llenado ventricular).
No está suficientemente estudiado el valor predictivo de la variación de la PP en enfermos con
VMI y volúmenes corrientes bajos, que interfieren menos con la precarga.
espiración
inspiración
A
B
Figura 5-4 Variación del volumen sistólico en relación con la inspiración en enfermos con ventilación mecánica
invasiva controlada, bajo sedación. A: volumen sistólico máximo. B: volumen sistólico mínimo.
5
64 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
el resto de información clínica. La medición del GC
mediante Doppler presenta una buena correlación
con otros métodos, como la termodilución. Aun así,
existen numerosas fuentes de imprecisión, principalmente derivadas del cálculo del área aórtica. La
presencia de alteraciones del flujo a niveles más altos o bajos del punto de referencia también afectan a
la precisión de la medición. Las complicaciones más
comunes de la técnica son el traumatismo faríngeo o
esofágico. La sonda no suele ser bien tolerada en enfermos conscientes.
Bioimpedancia
La cardiografía por impedancia es un método no
invasivo, basado en la evaluación de la impedancia transtorácica, en el que una corriente eléctrica
constante enviada por 4 electrodos (cervicales y
ITTV = GC* MTtTDa
5
RAEDV
torácicos) atraviesa el tórax y se recoge por otros
4 electrodos, con los que forman parejas en la misma localización. Teniendo en cuenta que la sangre
tiene una resistividad menor (mayor conductividad eléctrica) que el tejido conectivo y adiposo, la
eyección de volumen sistólico causa un aumento
de la conductividad eléctrica que se relaciona con
el flujo sanguíneo aórtico. La impedancia torácica
de base y los cambios en el flujo aórtico, sincronizados con el electrocardiograma (ECG), pueden
dar información acerca del contenido de fluido torácico y del GC. Aunque se trata de un sistema no
invasivo y de fácil utilización, los valores de GC
son poco fiables, particularmente en enfermos
portadores de tubos torácicos y de balón de contrapulsación, y en enfermos con hipertensión, insuficiencia aórtica, trastornos del ritmo cardíaco,
anemia o shock séptico. Por ello su utilidad se cir-
RVEDV
PTV = GC* DStTDa
PTV
LAEDV
LVEDV
LAEDV
LVEDV
LAEDV
LVEDV
PTV
GEDV = ITTV – PTV
RAEDV
RVEDV
ITBV = 1,25* GEDV
RAEDV
RVEDV
PBV
EVLW
EVLW = ITTV – ITBV
EVLW
Figura 5-5 Relación de los volúmenes calculados con el sistema PiCCO®.
DSt: tiempo de la pendiente de la curva de lavado térmico; EVLW: agua pulmonar extravascular; GC: gasto cardíaco
medido por termodilución; GEDV: volumen telediastólico global; ITBV: volumen sanguíneo intratorácico; ITTV:
volumen intratorácico térmico; LAEDV: volumen telediastólico de la aurícula izquierda; LVEDV: volumen
telediastólico del ventrículo izquierdo; MTt: tiempo medio de tránsito del indicador térmico; PBV: volumen
sanguíneo pulmonar intravascular; PTV: volumen térmico pulmonar; RAEDV: volumen telediastólico de la aurícula
derecha; RVEDV: volumen telediastólico del ventrículo derecho.
Monitorización de la función cardiovascular 65
cunscribe a una evaluación de la tendencia del GC.
Nuevos sistemas basados en la bioimpedancia,
como la velocimetría eléctrica, parecen prometedores y están en fase de evaluación clínica.
Ecocardiografía
La ecocardiografía Doppler (transtorácica o transesofágica) permite la evaluación de la función
cardíaca derecha e izquierda en tiempo real a pie
de cama. La ecocardiografía tiene un importante
papel en el diagnóstico de determinadas condiciones en el enfermo crítico, ya que puede practicarse
a la cabecera del enfermo. Puede detectar y cuantificar alteraciones como valvulopatías, derrame pericárdico, cambios en la contractilidad, etc.
La contractilidad cardíaca puede valorarse a
simple vista por un facultativo experimentado
a partir de la simetría y la velocidad de contracción, del engrosamiento de la pared miocárdica, y
de la ausencia o presencia de movimientos regionales anormales. Además, puede cuantificarse mediante planimetría con el cálculo del área fraccional de contracción (FAC), análogo en ecografía 2D
a la fracción de eyección:
FAC = (LVEDA – LVESA) / LVEDA
donde LEVDA: área ventricular izquierda al final
de la diástole, y LVESA: área ventricular izquierda
al final de la sístole.
El GC puede calcularse a partir del VS y la frecuencia cardíaca. El VS se obtiene midiendo el flujo a través de la válvula aórtica:
VS = VTI × cos θ × AVA
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
donde VTI: integral de la velocidad/tiempo de la
señal de Doppler del flujo; cos θ: factor de corrección cuando el ángulo es superior a 20º, y AVA:
área del tracto de salida del ventrículo izquierdo a
nivel de la válvula aórtica.
MONITORIZACIÓN DE LA PERFUSIÓN
TISULAR
La evaluación de la perfusión tisular mediante variables clínicas y sencillas como la PA o el relleno
capilar, la pulsioximetría y la diuresis, suele ser insuficiente en el enfermo crítico. Asimismo, los valores
de normalidad del GC corresponden a valores poblacionales, pero puede no estar adaptado a las necesidades metabólicas particulares de cada individuo, su patología y su situación clínica. Por ello, en
determinadas circunstancias puede ser necesario
controlar la perfusión tisular y la microcirculación.
La saturación de oxígeno venosa mixta, obtenida en el puerto distal del CAP (SvO2) o a nivel de
la cava superior (ScvO2), representa la saturación
de oxígeno que queda después de recorrer todos
los tejidos, que han ido extrayendo oxígeno. La
SvO2 puede, en situaciones en que la SaO2 y la hemoglobina son constantes, indicar cambios en el
GC. La diferencia entre la SvO2 respecto a la SaO2,
expresada en porcentaje de la SaO2, indica la extracción de oxígeno (índice de extracción de oxígeno, EIO2) por los tejidos. El cálculo del transporte de oxígeno (DO2) y del consumo (VO2) del
mismo es posible conociendo variables fáciles de
obtener (v. tabla 5-2). El transporte de oxígeno
(DO2) a los tejidos puede calcularse a partir del
GC y el contenido arterial de oxígeno (CaO2). Lamentablemente, la variable de interés no es la cantidad de O2 que sale del ventrículo izquierdo, sino
la cantidad de O2 utilizada por las células (consumo de oxígeno, VO2). El consumo de oxígeno se
puede medir por calorimetría indirecta (principio
de Fick) o calcularse en base al GC, CaO2 y contenido venoso de oxígeno (CvO2) (v. tabla 5-2). Así,
una extracción de oxígeno (ErO2, VO2/DO2) elevada indica que el GC, la oxigenación o los valores de hemoglobina son insuficientes. Por el contrario, valores de ErO2 bajos corresponden a una
utilización deficiente de oxígeno por los tejidos,
bien por un metabolismo disminuido o, más frecuentemente, por mala distribución del flujo sanguíneo. En este último caso, por la situación de
anaerobiosis, cursa con un incremento del lactato
sérico. La concentración de lactato −y sobre todo
su evolución en el tiempo− tiene un importante
valor pronóstico en las situaciones clínicas que
cursan con hipoperfusión (v. los capítulos correspondientes).
Los parámetros anteriores indican el resultado
de la perfusión global, pero en numerosas circunstancias es más útil la detección precoz de la hipoperfusión regional. Así, la tonometría gástrica, basada en la medición del CO2 disuelto en un balón
relleno de suero salino colocado en el extremo de
una sonda gástrica, permite evaluar la perfusión
de la mucosa gástrica, indicativa de la perfusión esplácnica (v. cap. 12). El aumento del contenido de CO2 en el tonómetro, sea de origen respiratorio (bajo flujo de la mucosa gástrica) o metabólico
(hipoxia celular), es indicativo de resucitación insuficiente. Otros dispositivos permiten evaluar la
oximetría a nivel cerebral, como el NIRS® (Near Infrared Spectroscopy), la PtiO2 (presión tisular de
oxígeno) y la SjO2 (saturación de oxígeno a nivel
yugular) (v. cap. 15). A nivel muscular tisular, basándose en principios espectrofotométricos, puede
medirse la saturación tisular de oxígeno (StO2, InSpectra®), reflejo del aporte y del consumo de oxígeno a nivel tisular. Algunos estudios preliminares
5
66 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
sugieren que los cambios en la StO2 anteceden a
las modificaciones en los valores séricos de lactato.
Finalmente, la visualización directa de la microcirculación sublingual mediante videomicroscopia
(polarización ortogonal espectral, Cytoscan®), que
permite la medición de los diámetros en arteriolas
y vénulas, así como la velocidad de los hematíes,
es una de las técnicas que permiten evaluar la perfusión en enfermos críticos con shock séptico.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Bauer P, Reinhart K, Bauer M. Significance of venous
oximetry in the critically ill. Med Intensiva. 2008;
32:134-42.
Boldt J. Hemodynamic monitoring. Bremen: Uni-Med
Verlag AG, 2009.
Cavazzoni SLZ, Dellinger RP. Hemodynamic
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Critical Care. 2006;10:1-8.
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optimisation. Int J Intensive Care. 2003;10:67-72.
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medio virtus. Crit Care Med. 2008;36:3093-6.
67
Capítulo 6
Ecocardiografía en el enfermo
crítico
Marta Sitges y Carles Paré
PUNTOS CLAVE
■
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
■
El ecocardiograma es una técnica de imagen
cardíaca portátil y realizable en la cabecera
del enfermo y de vital importancia en
situación de inestabilidad hemodinámica.
En el enfermo crítico la ecocardiografía
es especialmente útil para discernir entre
hipovolemia, obstrucción intraventricular,
Las técnicas de imagen cardíaca aportan básicamente información diagnóstica y pronóstica en el
enfermo con cardiopatía, pero también es esencial
su papel diagnóstico en el enfermo sin cardiopatía
y, más concretamente, en el enfermo crítico con
inestabilidad hemodinámica. En este sentido, y a
diferencia de otras técnicas de imagen cardíaca,
como la resonancia magnética (RM), la tomografía
computarizada (TC) o la gammagrafía cardíaca, la
portabilidad, la disponibilidad y la rapidez de
la ecocardiografía permiten realizar los estudios en
la cabecera del enfermo, lo que la convierte en una
herramienta imprescindible en la evaluación de la
función cardiovascular en el enfermo crítico.
PRINCIPIOS TÉCNICOS BÁSICOS
DE LA ECOCARDIOGRAFÍA DOPPLER
La ecocardiografía se basa en el principio físico de
reflexión/refracción de los haces de ultrasonidos
emitidos por un transductor acoplado a un ecógrafo sobre el corazón. Los tejidos cardíacos, incluidas
disfunción sistólica del ventrículo izquierdo
y derrame/taponamiento pericárdicos.
■
El ecocardiograma es una técnica muy útil
para evaluar muchas decisiones terapéuticas:
administración de volumen, dosificación
de inotrópicos, colocación de un balón de
contrapulsación aórtica o la instauración
de asistencia ventricular, pericardiocentesis
(evolución del derrame pericárdico).
las células sanguíneas circulantes a nivel intracardíaco, son capaces de reflejar y de devolver estos
ultrasonidos con un determinado cambio de frecuencia e intensidad. Las distintas modalidades de
ecocardiografía dependen de si el transductor emite de una manera u otra los ultrasonidos, y de cómo
el ecógrafo procesa las señales de retorno.
La modalidad más antigua, pero que aún se utiliza hoy, es el modo M, que básicamente consiste en
la interrogación unidimensional de la estructura
cardíaca. Un haz de ultrasonidos lineal atraviesa la
estructura cardíaca y, por ello, la imagen que vuelve al ecógrafo tiene una única dimensión que se registra a lo largo del ciclo cardíaco. Esta técnica goza
de una excelente resolución temporo-espacial y es
la que habitualmente se utiliza para determinar las
dimensiones de las cavidades cardíacas (fig. 6-1).
Posteriormente surgieron transductores capaces de emitir ultrasonidos en forma de barrido,
por lo que los ecógrafos pudieron generar imágenes bidimensionales (eco 2D). Es el método más
anatómico y el que ofrece una mejor comprensión
68 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
TIV
VD
VM
VI
PP
Figura 6-1 Ecocardiografía transtorácica en modo M.
Imagen en modo M del ventrículo derecho (VD),
el tabique interventricular (TIV), la cavidad ventricular
izquierda (VI) y la válvula mitral y la pared posterior
del ventrículo izquierdo (PP).
6
visual de la estructura y de la función cardíacas
(fig. 6-2). La capacidad de las células sanguíneas de
reflejar los ultrasonidos permite aplicar también el
efecto Doppler a la ecocardiografía, de forma que
si se conoce el cambio de frecuencia que se produce
en el ultrasonido que es reflejado por la sangre, se
puede determinar cuál es la velocidad con la que se
mueve esa sangre. Ello ha sido de capital interés
clínico, dado que permite calcular gradientes de
presión dentro del corazón y, de hecho, la aplicación del Doppler cardíaco en la ecocardiografía ha
Figura 6-2 Ecocardiografía transtorácica
bidimensional. Imagen apical de 4 cámaras donde
se visualiza el ventrículo derecho (VD), la aurícula
derecha (AD), el ventrículo izquierdo (VI) y la aurícula
izquierda (AI).
desplazado en muchas situaciones clínicas a la hemodinámica invasiva, como sucede en la evaluación de las enfermedades valvulares. Se dispone de
dos tipos de Doppler, que permiten detectar flujos
con velocidades bajas (Doppler pulsado) o altas
(Doppler continuo) (fig. 6-3); este último, derivado
del Doppler pulsado, puede mostrar la información del movimiento de la sangre codificada en color, y ello ha sido también de gran utilidad en la
evaluación de flujos.
PLANOS DE ESTUDIO
ECOCARDIOGRÁFICOS
Existen distintos planos de estudio para obtener
imágenes del corazón con ecocardiografía a través
de la pared torácica, dependiendo de dónde se si-
Figura 6-3 Registro Doppler pulsado (panel izquierdo) del flujo de llenado del ventrículo izquierdo y Doppler
continuo (panel derecho) del flujo a través de la válvula aórtica.
Ecocardiografía en el enfermo crítico 69
túe el transductor y de la posición elegida. Sin embargo, la limitación para el estudio del corazón a
través de la pared torácica es la interferencia con el
aire de los pulmones y la presencia de registros
acústicos inadecuados, lo que comúnmente se denomina «malas ventanas» ecocardiográficas. Esta
limitación ha quedado superada con la utilización
de contrastes ecocardiográficos que permiten opacificar la cavidad ventricular izquierda y mejorar
la visualización del borde endocárdico ventricular
de forma sustancial.
Por otro lado, la combinación de un transductor y de una sonda de endoscopia ha permitido el
acceso transesofágico. La realización de ecocardiografía transesofágica (fig. 6-4) ha supuesto un
avance inestimable en la valoración de estos enfermos con registros ecocardiográficos subóptimos, y
en especial en el enfermo crítico, muchas veces sometido a ventilación mecánica invasiva. Finalmente, en años más recientes se han desarrollado
catéteres con transductores de ultrasonidos incorporados que permiten también conseguir imágenes muy similares a las obtenidas con ecocardiografía transesofágica y que podrían ser de gran
utilidad en la monitorización continua de la función ventricular, aunque adolecen de la limitación
de su elevado coste monetario.
APORTACIONES CLÍNICAS
DE LA ECOCARDIOGRAFÍA
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
La tabla 6-1 muestra las principales aplicaciones
clínicas de la ecocardiografía. La técnica no sólo
permite determinar las dimensiones de las cavidades cardíacas, el funcionamiento de las válvulas
y el estado de la contractilidad ventricular, sino
también, gracias a los continuos avances en las
técnicas Doppler, estimar las presiones de llenado
y analizar de forma precisa la función diastólica
del ventrículo izquierdo. Actualmente se obtienen
imágenes adecuadas para analizar la motilidad
Figura 6-4 Ecocardiografía transesofágica
bidimensional. Imagen de 4 cámaras donde se visualiza
el ventrículo derecho (VD), la aurícula derecha (AD), el
ventrículo izquierdo (VI) y la aurícula izquierda (AI).
segmentaria del ventrículo izquierdo en la gran
mayoría de los enfermos, en especial con el uso de
las más nuevas tecnologías. Además, el Doppler
codificado en color permite la visualización de los
flujos normales del corazón en color rojo si se
acercan al transductor o en color azul si se alejan.
Asimismo, permite detectar flujos no laminares o
turbulentos, como los flujos regurgitantes o las comunicaciones anómalas entre cámaras cardíacas
al verse éstos como una imagen o patrón en mosaico, muy intuitiva a simple vista (fig. 6-5). Con
la ecocardiografía Doppler se pueden cuantificar
las estenosis valvulares, determinando los gradientes de presión transvalvulares y las áreas de
apertura. La obtención de estos gradientes tiene
Tabla 6-1 Principales aplicaciones clínicas
de la ecocardiografía
Valoración de las dimensiones y de la motilidad
de las cavidades cardíacas
Evaluación de la función valvular
Presencia de derrame pericárdico
Masas intracardíacas o paracardíacas
Estimación de las presiones endocavitarias
y de la arteria pulmonar
Detección de cortocircuitos intra/extracardíacos
Patología de la aorta torácica
Figura 6-5 Ecocardiografía transtorácica
bidimensional y con Doppler. Imagen apical de
4 cámaras donde se visualiza el ventrículo derecho
(VD), la aurícula derecha (AD), el ventrículo izquierdo
(VI) y la aurícula izquierda (AI). La flecha muestra una
imagen de Doppler correspondiente a una regurgitación
mitral.
6
70 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
6
implicaciones diagnósticas y de decisión terapéutica que antes de la era de la ecocardiografía obligaban a la realización de un cateterismo. Además
de los gradientes, la información proporcionada
por el Doppler color permite cuantificar las regurgitaciones valvulares.
Además de evaluar la morfología y la función
de las válvulas nativas, la ecocardiografía es la
técnica de imagen por excelencia para evaluar el
funcionalismo de las prótesis valvulares cardíacas
y permite estudiar su correcto funcionamiento,
que debe conocerse bien para distinguirlo del observado en situaciones patológicas. Puede observarse el adecuado movimiento de los hemidiscos
en caso de prótesis mecánicas o el normal aspecto
de los velos en caso de prótesis biológicas, así
como analizar los flujos a su través.
La ecocardiografía permite estudiar la patología pericárdica, especialmente el derrame pericárdico y el taponamiento cardíaco (fig. 6-6), situaciones clínicas ambas en las que su aplicación
es imprescindible para el diagnóstico y el tratamiento. Asimismo permite diagnosticar la presencia de masas intracardíacas correspondientes
a tumores, trombos y vegetaciones valvulares.
Todo ello tiene importantes implicaciones diagnósticas y terapéuticas. Finalmente, la ecocardiografía –y en especial la ecocardiografía transesofágica– constituye una herramienta fundamental
en la evaluación de la aorta torácica, bien en casos de sospecha de disección aórtica u otra patología de la pared de la aorta, bien en casos de
estudio de aterotrombosis aórtica, puesto que
permite una exquisita visualización de la pared
de la aorta torácica.
APLICACIONES DE LA ECOCARDIOGRAFÍA
EN EL ENFERMO CRÍTICO
Como se ha descrito previamente, la ecocardiografía puede aportar en la actualidad información
morfológica y funcional del corazón en un amplio espectro de patologías. Es indiscutible la utilidad del ecocardiograma en la evaluación de la
función valvular, que puede aplicarse en una
gran diversidad de presentaciones clínicas que
abarcan, entre otras patologías, la insuficiencia
cardíaca, el síndrome febril, el accidente vascular
cerebral o la embolia periférica. También se ha establecido su utilidad en la determinación de la
función sistólica del ventrículo izquierdo, aplicable a un sinfín de situaciones clínicas (disnea, dolor torácico, inestabilidad hemodinámica). Otras
técnicas de imagen, como la ventriculografía isotópica, la RM o la TC, también han demostrado
su precisión a la hora de evaluar la función sistólica ventricular, pero la portabilidad y la posibilidad de realizar la exploración a la cabecera del
enfermo es exclusiva de la ecocardiografía y la
convierten en la técnica de imagen por excelencia
en el enfermo crítico. En este escenario, la ecocardiografía puede aportar información diagnóstica
y con implicaciones terapéuticas esencial que se
resume en la tabla 6-2.
En el enfermo con hipotensión, inestabilidad
hemodinámica o síncope, la ecocardiografía aporta información esencial para el diagnóstico diferencial de la causa que origina el cuadro clínico.
Permite analizar la función de ambos ventrículos,
detectar la existencia de un problema en las válvulas cardíacas, de un taponamiento cardíaco, de
una complicación mecánica postinfarto de miocar-
Tabla 6-2 Aplicaciones de la ecocardiografía
en el enfermo crítico
Figura 6-6 Ecocardiografía transtorácica
bidimensional. Imagen subcostal donde se visualiza el
ventrículo derecho (VD), el ventrículo izquierdo (VI) y la
aurícula izquierda (AI). La flecha indica un espacio libre
de ecos entre el pericardio y la pared libre del ventrículo
derecho correspondiente a derrame pericárdico.
Diagnóstico de función cardíaca (miocárdica
y valvular): IAM, endocarditis, miocarditis, IC,
estenosis e insuficiencias valvulares, disfunción
protésica
Patología aórtica: disección aórtica
Diagnóstico de taponamiento cardíaco
TEP: estado del ventrículo derecho, hipertensión
pulmonar
Estudio de las discrepancias clínico-hemodinámicas
Estudio de la fuente embolígena
Detección de cortocircuitos intercardíacos
Politraumáticos: afectación cardíaca/aórtica
IAM: infarto agudo de miocardio; IC: insuficiencia cardíaca;
TEP: tromboembolismo pulmonar.
Ecocardiografía en el enfermo crítico 71
AI
Diagnóstico diferencial del enfermo con
hipotensión, síncope o shock
■ Análisis de la función ventricular izquierda y
derecha
■ Valvulopatías
■ Taponamiento cardíaco
■ Obstrucción dinámica intraventricular
■ Hipovolemia (ventrículo izquierdo pequeño
hipercontráctil)
■ Tromboembolismo pulmonar
■ Cortocircuitos cardíacos
■ Disección aórtica
■ Rotura cardíaca postinfarto
Diagnóstico diferencial en el enfermo postinfarto
de miocardio con inestabilidad hemodinámica
■ Disfunción sistólica ventricular izquierda
■ Afectación ventricular derecha
■ Hipovolemia
■ Obstrucción del tracto de salida del ventrículo
izquierdo / intraventricular
■ Taponamiento cardíaco (pericarditis postinfarto)
■ Complicaciones mecánicas
Diagnóstico diferencial en el enfermo postinfarto
de miocardio con un soplo
■ Rotura de septo interventricular
■ Insuficiencia mitral
■ Rotura de músculo papilar
■ Disfunción mitral aguda isquémica
■ Valvulopatía mitral previa
■ Obstrucción intraventricular / tracto de salida
del ventrículo izquierdo
Otras valvulopatías (insuficiencia tricuspídea,
estenosis aórtica)
VD
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 6-3 Aplicaciones más habituales
de la ecocardiografía en el enfermo crítico
hipotensión o de la auscultación de un soplo en el
postinfarto inmediato (v. tabla 6-3), puede ser de
importancia vital en el diagnóstico de las complicaciones mecánicas del infarto. La supervivencia a
estas complicaciones es directamente proporcional a la prontitud con que se establece su diagnóstico y tratamiento; de ahí la importancia de una
rápida sospecha clínica y de una inmediata confirmación con ecocardiografía.
La rotura de pared libre del ventrículo es en
ocasiones un cuadro clínico fulminante que se
manifiesta como una disociación electromecánica,
muchas veces irrecuperable. Sin embargo, en ocasiones la rotura es subaguda, en dos tiempos, y el
hecho de detectar derrame pericárdico –o incluso
un coágulo en el pericardio que frecuentemente
provoca un taponamiento cardíaco– permite, junto con la sospecha clínica, establecer el diagnóstico e indicar rápidamente una intervención quirúrgica urgente. La rotura del tabique interventricular
es otra complicación mecánica del infarto agudo
de miocardio y se detecta en ecocardiografía por
la presencia de un flujo turbulento a través del tabique visible con Doppler color (fig. 6-7). Finalmente, la rotura de un músculo papilar, con el
consiguiente prolapso e insuficiencia masiva de la
válvula mitral, es otra complicación diagnosticable a la cabecera del enfermo mediante ecocardiografía.
Otra causa de inestabilidad hemodinámica puede ser una disfunción valvular grave debida a una
endocarditis, ya sea sobre una válvula nativa o
bien sobre una prótesis valvular. La ecocardiogra-
VI
dio o bien de una obstrucción intraventricular (por
una miocardiopatía hipertrófica obstructiva o por
colapso de la cavidad ventricular en caso de hipovolemia). Asimismo, puede mostrarnos signos indicativos de tromboembolismo pulmonar, como la
presencia de hipertensión pulmonar y de disfunción ventricular derecha, o la existencia de una
aorta ascendente dilatada con derrame pericárdico que pueden ser sugestivos de una disección
aórtica (tabla 6-3).
Concretamente en el enfermo crítico postinfarto,
la ecocardiografía aporta información pronóstica
esencial, tal como la función ventricular residual y
la presencia de insuficiencia valvular mitral, ambos conocidos factores predictores de mortalidad
y de insuficiencia cardíaca. Además de su excelente rentabilidad en el diagnóstico diferencial de la
Figura 6-7 Ecocardiografía transtorácica
bidimensional y con Doppler. Imagen apical de
4 cámaras donde se visualiza el ventrículo derecho
(VD), el ventrículo izquierdo (VI) y la aurícula izquierda
(AI). La flecha muestra una imagen de Doppler
correspondiente a un flujo entre el VI y el VD a través
de una comunicación interventricular por una rotura
del tabique interventricular en un enfermo con infarto
agudo de miocardio.
6
72 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
fía constituye actualmente la técnica de imagen de
elección para el diagnóstico de la endocarditis mediante la visualización de vegetaciones y/o complicaciones tales como el absceso paravalvular.
En la patología aórtica aguda, la ecocardiografía –principalmente la transesofágica– permite
diagnosticar con precisión la disección aórtica y el
hematoma intramural. En enfermos con embolismos múltiples el estudio transesofágico permite
asimismo descartar la presencia de masas intracardíacas (tumores, trombos, vegetaciones) o de
aterotrombosis complicada en la aorta torácica. En
el enfermo con traumatismo torácico la ecocardiografía puede ser de utilidad en la detección de
contusiones miocárdicas, generalmente acompañadas de derrame pericárdico, o de rotura aórtica,
ésta a través del acceso transesofágico.
Por último, destacar que otras técnicas de imagen cardíaca como la TC y la RM, aunque no puedan realizarse a la cabecera del enfermo, son de
gran utilidad en el diagnóstico de tromboembolismo pulmonar, en la valoración de la patología aórtica y en la valoración de la extensión del infarto de
miocardio. Sin embargo, como se ha resaltado pre-
6
viamente, la ecocardiografía es la única técnica de
imagen cardíaca que actualmente proporciona información morfológica, hemodinámica y funcional
a la cabecera del enfermo, con una excelente relación coste-efectividad y sin efectos secundarios (sin
radiaciones ionizantes). Todo ello la convierte en la
técnica de imagen cardíaca de elección en el enfermo crítico y, por ello, es una herramienta diagnóstica cada vez más presente en todas las UCI.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
García Fernández MA, Zamorano J. Procedimientos en
ecocardiografía. Madrid: McGraw Hill
Interamericana; 2004.
Oh JK, Seward JB, Tajik AJ. The echo manual. 3rd ed.
Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins; 2006.
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echocardiography. 3rd ed. Philadelphia: Saunders/
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editores. Tratado de Medicina Interna. 16.ª ed.
Madrid: Elsevier; 2008; p. 452-7.
73
Capítulo 7
Marcapasos provisional
Paola Berne
PUNTOS CLAVE
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
La estimulación cardíaca provisional es una
terapia que permite la reinstauración de
un ritmo y un gasto cardíaco adecuados a
las necesidades del enfermo. El conocimiento
de sus diversas modalidades, las indicaciones y
el desarrollo de las habilidades necesarias para
su implantación son fundamentales para los
profesionales del enfermo crítico.
N
El ajuste del marcapasos conlleva la
determinación del umbral de captura y
del umbral de sensibilidad, asegurando una
estimulación efectiva eléctrica y mecánica.
N
La elección del tipo de estimulación cardíaca
provisional depende del estado clínico del
La estimulación cardíaca provisional se utiliza habitualmente en situaciones agudas, y tiene como
objetivo el restaurar la despolarización cardíaca y
la contracción miocárdica efectivas, resultando en
un adecuado gasto cardíaco (GC). Todos los tipos
de marcapasos provisional se basan en el mismo
concepto: el suministro de soporte de frecuencia
desde un generador externo de pulsos hasta el corazón mediante uno o varios electrodos, que pueden ser fácilmente retirados tras un corto período
de uso.
El sistema de conducción cardíaco está formado por el nodo sinusal (NS), por el nodo auriculo-
enfermo, de la urgencia de la estimulación
cardíaca, de la indicación (terapéutica,
profiláctica, diagnóstica), de la disponibilidad
del equipo y también del nivel de entrenamiento
del personal médico y de enfermería a cargo del
enfermo.
N
Las indicaciones de marcapasos provisional
pueden clasificarse según diferentes criterios:
emergentes frente a profilácticas, para
el tratamiento de bradiarritmias frente al
de taquiarritmias, en enfermos que cursan
con infarto agudo de miocardio (IAM) frente
a indicaciones ajenas a esta patología.
ventricular (AV) y por el sistema de His-Purkinje.
El NS está compuesto fundamentalmente por células automáticas, constituyendo el marcapasos
natural del corazón (porque su frecuencia de descarga es mayor que la de cualquier otra célula
automática cardíaca). El nodo AV también posee
actividad de marcapasos, aunque su función predominante es la de conducir el impulso desde las
aurículas hasta los ventrículos con un retraso fisiológico, para permitir una contracción auricular
efectiva. El sistema de His-Purkinje predominantemente posee la función de conducir rápida y coordinadamente el estímulo a todo el miocardio
74 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
uno de sus componentes. Todo trastorno de la formación y/o la conducción del impulso cardíaco a
cualquier nivel del sistema específico de conducción constituye una posible indicación de marca-
ventricular. La figura 7-1 ilustra la anatomía del
sistema de conducción cardíaca, mientras que la
tabla 7-1 resume las características anatómicas,
histológicas, funcionales y de irrigación de cada
Nódulo sinoauricular
AI
Nódulo auriculoventricular
AD
VI
Rama derecha del haz de His
Figura 7-1
7
Rama izquierda
del haz de His
VD
AD: aurícula derecha
VD: ventrículo derecho
AI: aurícula izquierda
VI: ventrículo izquierdo
Sistema de conducción cardíaca.
Tabla 7-1
Características del sistema específico de conducción cardíaca
Estructura
Localización
Histología
NS
Unión VCS-AD
Subepicárdico
Abundantes
células P
NAV
TIA bajo
Subendocárdico
Células P
Células de Purkinje
Células contráctiles
Haz de His
TIV membranoso
Células de Purkinje
Escasas células P
Ramas del
haz de His
Comienzan en el Fibras de Purkinje
TIV muscular
y se ramifican
en el miocardio
ventricular
Irrigación
arterial
Inervación
autonómica Fisiología
Arteria del NS
55% CD
45% Cx
Arteria del NAV
90% CD
10% Cx
Abundante
Origen del impulso
cardíaco
Abundante
Ramas de la
arteria del NAV
Ramas de
la DA y la DP
Ramas de
la DA y la CD
Escasa
Retraso fisiológico
del impulso
entre A y V
Marcapasos subsidiario
Conduce el impulso
desde el NAV hasta
las ramas del haz de
His
Activación ventricular
Escasa
A: aurícula; AD: aurícula derecha; CD: arteria coronaria derecha; Células P: células marcapasos (Pace maker); Cx:
arteria circunfleja; DA: arteria descendente anterior; DP: arteria descendente posterior; NAV: nodo
auriculoventricular; NS: nodo sinusal; TIA: tabique interauricular; TIV: tabique interventricular; V: ventrículo; VCS:
vena cava superior.
Marcapasos provisional 75
pasos provisional. A su vez, las propiedades de
excitabilidad y de conductividad de las células
miocárdicas son las que permiten a este tejido responder al estímulo eléctrico generado por un marcapasos, bien sea éste provisional o definitivo.
INDICACIONES DE LA ESTIMULACIÓN
CARDÍACA PROVISIONAL
Las indicaciones de marcapasos provisional pueden clasificarse según diferentes criterios: emergentes frente a profilácticas, para el tratamiento
de bradiarritmias frente al de taquiarritmias, en
enfermos que cursan con infarto agudo de miocardio (IAM) frente a indicaciones ajenas a esta
patología. La tabla 7-2 resume estas indicaciones.
La estimulación cardíaca transitoria no parece ser
beneficiosa en casos de paro cardíaco secundario
a asistolia/bradiarritmias, a etiología traumática,
o secundario a hipotermia profunda (en esta última situación, el electrodo podría precipitar un
trastorno del ritmo terminal). Sin embargo, los enfermos que presenten bloqueo AV completo o bradicardia intrahospitalaria pueden beneficiarse de
la implantación de un marcapasos provisional,
cuando no respondan a la terapia farmacológica.
COMPONENTES DEL SISTEMA
DE ESTIMULACIÓN PROVISIONAL
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Todos los tipos de marcapasos provisionales están
compuestos por un generador de impulsos eléctricos y por electrodos.
Generador de impulsos
Existen en el mercado diversos modelos de generadores de marcapasos provisionales (fig. 7-2), y
su función es proporcionar impulsos eléctricos capaces de despolarizar las células del miocardio
(mediante los diferentes tipos de electrodos). Los
diferentes generadores permiten estimular 1, 2 o 3
cámaras cardíacas, y tienen múltiples funciones
programables. Las más importantes son:
N
N
N
N
Voltaje de salida o amplitud. Cantidad de
energía que envía el marcapasos para despolarizar las células cardíacas y provocar el latido.
Se mide en miliamperios (mA) o en voltios (V).
Límite inferior de frecuencia. Frecuencia a la
que el marcapasos estimula el corazón. Se mide
en latidos por minuto (latidos/min).
Sensibilidad. Es la mínima cantidad de corriente (ritmo cardíaco intrínseco del enfermo) que el dispositivo es capaz de sensar o
detectar. Se mide en milivoltios (mV). Cuanto
más bajo es el valor numérico de sensibilidad, más sensible es el marcapasos (o sea,
más capaz de detectar una señal eléctrica cardíaca de pequeña amplitud). Esta relación
inversa entre el valor numérico y el grado de
sensibilidad ha dado lugar a numerosas confusiones.
Intervalo A-V. Sólo es programable en dispositivos con estimulación bicameral o tricameral.
Indica el retraso entre la estimulación auricular y la ventricular, y se mide en milisegundos (ms).
Figura 7-2 Generadores de marcapasos provisionales. A) Marcapasos bicameral (para estimulación transvenosa y
epicárdica). B) Marcapasos para estimulación provisional transcutánea (función de monitor y desfibrilador).
7
76 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 7-2. Indicaciones de marcapasos provisional cardíaco transvenoso
Emergentes/agudas en el curso de IAM
Clase I (ACC/AHA)
− Asistolia
− Bradicardia sinusal/Disfunción sinusal sintomáticas (bradicardia sinusal <40 latidos/min y/o pausas sinusales
>3 s asociada a hipotensión arterial o compromiso hemodinámico, sin respuesta o con respuesta transitoria a
la atropina)
− Bloqueo AV de tercer grado
− Bloqueo AV de segundo grado tipo Mobitz II + trastornos de la conducción intraventricular:
Bloqueo completo de rama de aparición nueva
Bloqueo completo de rama derecha más bloqueo fascicular
Bloqueo de rama derecha e izquierda alternantes
− Bloqueo AV de segundo grado tipo Wenckebach-Luciani o bloqueo AV de primer grado + bloqueo de rama
derecha e izquierda alternantes
N Clase IIa (ACC/AHA)
− Bloqueo AV de segundo grado Mobitz IIa
− Bloqueo AV de segundo grado tipo Wenckebach-Luciani o bloqueo AV de primer grado más:
Bloqueo completo de rama de aparición nueva
Bloqueo completo de rama derecha + bloqueo fascicular
− TV incesante (para reversión por sobreestimulación)
N Clase IIb (ACC/AHA)
− Bloqueo completo de rama de comienzo nuevo o indeterminadoa
− Bloqueo completo de rama derecha más bloqueo fasciculara
N
Emergentes/agudas fuera del curso de un IAM
Asistolia
Bradicardia sinusal/disfunción sinusal sintomáticas (bradicardia sinusal <40 latidos/min y/o pausas sinusales
>3 s asociada a hipotensión arterial o compromiso hemodinámico, sin respuesta o con respuesta transitoria a
la atropina)
N Bloqueos de segundo y tercer grado con compromiso hemodinámico o síncope en reposo
N Taquiarritmias ventriculares secundarias a bradicardia
N
N
7
Programadas
Soporte para procedimientos que pueden causar bradicardia
Anestesia general con:
− Bloqueo AV de segundo o tercer grado
− Bloqueo AV intermitente
− Bloqueo AV de primer grado con bloqueo bifascicular
− Bloqueo AV de primer grado con bloqueo completo de rama izquierda
N Cirugía cardíaca
− Cirugía aórtica
− Cirugía tricuspídea
− Cierre de comunicación interventricular
N Supresión por sobreestimulación de taquiarritmias
N
N
a
Indicación clase I de marcapasos transcutáneo.
ACC/AHA: American College of Cardiology/American Heart Association; AV: auriculoventricular; IAM: infarto agudo de miocardio;
TV: taquicardia ventricular.
Marcapasos provisional 77
Una vez programados los parámetros, los generadores pueden ser bloqueados para impedir el
cambio involuntario de la programación. Estos dispositivos utilizan pilas alcalinas de 9 V como fuente
de energía, y son capaces de generar pulsos eléctricos de hasta 18 V. La tabla 7-3 muestra la programación estándar de un marcapasos provisional.
Electrodos
Los electrodos son el medio a través del cual el estímulo eléctrico generado por el marcapasos alcanza el corazón del enfermo, y difieren según el tipo
de estimulación elegida: transvenosa, transcutánea, epicárdica, transesofágica o transtorácica. Los
electrodos suelen ser bipolares (polo distal o negativo, de color negro; polo proximal o positivo, de
color rojo) y se conectan al generador del marcapasos de manera directa o a través de alargaderas
con pinzas tipo cocodrilo. En el apartado de tipos
de estimulación cardíaca provisional se revisan las
diferentes características de los electrodos.
OPERACIÓN DE LOS MARCAPASOS
PROVISIONALES
Modos de estimulación
Propuesto en 1974, publicado en 1987 y actualizado en 2002, el código NBG (The North American
Tabla 7-3
Parámetros de programación estándar de un marcapasos provisional
Voltaje de salida
Intervalo AV
Límite inferior de frecuencia cardíaca
Sobreestimulación de arritmias
auriculares
Sensibilidad auricular
Sensibilidad ventricular
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Society of Pacing and Electrophysiology and British Pacing and Electrophysiology Group Generic
Code) es un código de 5 letras que indica el modo
de funcionamiento de los marcapasos (tabla 7-4).
En este capítulo se explica el significado de las
3 primeras letras del código, que tienen aplicación
en caso de marcapasos provisionales.
La posición 1 indica la/s cámara/s en la/s que
se realiza la estimulación; la posición 2, la/s
cámara/s donde se detecta la actividad eléctrica
cardíaca espontánea, y la posición 3, la respuesta
del marcapasos a la detección. La actividad auricular se designa con la letra «A»; la ventricular, con la letra «V», y la actividad auricular y
ventricular (dual), con la letra «D». La letra «O»
indica, en la primera posición, que ninguna cámara es estimulada, y en la segunda posición, el
modo de estimulación asincrónico (es decir, estimulación a un ritmo fijo, sin tener en cuenta el ritmo intrínseco del enfermo).
Los posibles modos de respuesta del marcapasos al sensado son: «I» (inhibición), que indica que
el marcapasos no estimula la cámara donde se
sensa actividad espontánea a frecuencia superior
al límite inferior de frecuencia al que está programado el generador; «T» (triggered o gatillado), en
el que el marcapasos lanza un impulso cada vez
que sensa un latido espontáneo del enfermo; y
«D» (inhibición + triggered), sólo aplicable a marcapasos bicamerales o tricamerales. En este último
modo, el marcapasos detecta primero la actividad
10 mA o V (10-20 mA o V)
150 ms (20 a 300 ms) o «auto» (determinado por frecuencia cardíaca)
40 latidos/min (como soporte); 80-100 latidos/min (estimulación)
Hasta 800 latidos/min
5 mV (0,4 a 10 mV)
5 mV (0,8 a 20 mV)
AV: auriculoventricular; mA: miliamperios; mV: milivoltios; V: voltios.
Tabla 7-4 Código NBG (The North American Society of Pacing and Electrophysiology and British Pacing
and Electrophysiology Group Generic Code) aplicado a los marcapasos provisionales
I
II
III
Cámara(s) estimulada(s)
O = Ninguna
A = Aurícula
V = Ventrículo
D = Dual (A+V)
Cámara(s) sensada(s)
O = Ninguna
A = Aurícula
V = Ventrículo
D = Dual (A+V)
Respuesta a sensado
O = Ninguna
T = Gatillado
I = Inhibido
D = Dual (T+I)
7
78 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
auricular. Si hay actividad auricular espontánea,
se inhibe la estimulación de dicha cámara; si no,
el marcapasos lanza un estímulo auricular. A continuación, el generador realiza los mismos pasos,
pero a nivel ventricular.
Los marcapasos unicamerales pueden usarse
tanto en la aurícula como en el ventrículo, en modo
asincrónico (AOO o VOO) o inhibido (AAI o VVI).
Los marcapasos bicamerales pueden programarse
en modo asincrónico (DOO), inhibido (DDI) o dual
(DDD). La cantidad y la localización de los electrodos determinan la capacidad de programación del
dispositivo en modo bicameral. La tabla 7-5 muestra ejemplos de modos de programación.
Determinación de umbral de estimulación
7
El umbral de captura es la mínima cantidad de
energía de salida del marcapasos que logra una
estimulación efectiva (eléctrica y mecánica) del
miocardio; se mide en mA o en V. Para su determinación se requiere programar el límite inferior
de frecuencia al menos 10 latidos por encima de la
frecuencia espontánea del enfermo, y la energía
de salida a un valor alto (10 mA o 10 V). Se enciende el marcapasos, y una vez que se observa
captura estable de la cámara evaluada (espiga de
estimulación seguida de onda P en la aurícula, espiga de estimulación seguida de complejo QRS en
el ventrículo), se comienza a disminuir progresivamente la energía de salida, hasta que se observa
Tabla 7-5
pérdida de captura (espiga de estimulación que no
es seguida de onda P o QRS). El voltaje mínimo de
salida en el que existe captura se considera el umbral de estimulación. Valores de 1 V o menores se
consideran adecuados. Dado que el umbral varía,
se aconseja programar la salida al doble del umbral determinado (margen de seguridad).
Determinación de umbral de sensibilidad
La sensibilidad es la mínima cantidad de energía
(ritmo cardíaco intrínseco del enfermo) que el
marcapasos es capaz de sensar (en mV). Para la
determinación del umbral de sensibilidad, el enfermo ha de tener necesariamente ritmo intrínseco. Se programa el marcapasos en modo AAI o en
modo VVI, el límite inferior de frecuencia a un nivel inferior al del ritmo intrínseco, y la sensibilidad
a un nivel alto (valor numérico bajo). Se procede
entonces a disminuir la sensibilidad (aumentando su valor numérico), hasta que el marcapasos
sea incapaz de sensar el ritmo intrínseco del enfermo (momento en el que el marcapasos comienza a estimular, observando una captura estable).
El último valor de sensibilidad al que el dispositivo fue capaz de sensar el ritmo intrínseco se considera el umbral de sensibilidad. Una magnitud
de onda R sensada de 5 mV o más se considera
un umbral de sensibilidad adecuado. La práctica
habitual es programar la sensibilidad a la mitad
del valor de umbral (p. ej., si el marcapasos de-
Ejemplos de programación del modo de estimulación cardíaca
Modo de estimulación
Características
Un electrodo en la aurícula
Estimula la aurícula
Sensa en la aurícula
N Si sensa actividad auricular, se inhibe la estimulación
V
N
A
A
I
N
N
V
I
Un electrodo en el ventrículo
Estimula el ventrículo
Sensa en el ventrículo
N Si sensa actividad ventricular, se inhibe la estimulación
D
N
N
Un electrodo en la aurícula
y otro en el ventrículo
Estimula la aurícula y el ventrículo (2 cables)
Sensa (detecta) la actividad de la aurícula y del ventrículo
N Si sensa actividad auricular, se inhibe la estimulación auricular y se activa
la estimulación ventricular
N Si sensa actividad ventricular, se inhibe la estimulación ventricular
A
N
D
D
N
O
O
Un electrodo en la aurícula
Estimula la aurícula
No sensa, por tanto no tiene respuesta al sensado
N La estimulación es asincrónica (independiente del ritmo intrínseco)
V
N
N
O
O
Estimula el ventrículo
No sensa, por tanto no tiene respuesta al sensado
N La estimulación es asincrónica (independiente del ritmo intrínseco)
N
Un electrodo en el ventrículo
Marcapasos provisional 79
tecta ondas R a 10 mV, la sensibilidad se programa
a 5 mV, para que sea capaz de detectar variaciones
en la amplitud de dichas ondas). En caso de que el
enfermo no tenga ritmo ventricular propio, no se
realiza la determinación del umbral de sensibilidad, y programándose ésta a 2 mV.
Es importante programar el umbral de sensibilidad de una forma adecuada. Si la sensibilidad es
demasiado alta (valor numérico bajo), el dispositivo puede sensar de manera inapropiada señales
de campo lejano (p. ej., ondas T), interpretarlas
como ritmo intrínseco, e inhibir la estimulación
(sobresensado). Una sensibilidad demasiado baja
(valor numérico elevado) puede resultar en estimulación asincrónica (infrasensado).
Tras la implantación y posteriormente con frecuencia mínima diaria (idealmente cada 12 h), ha
de verificarse el umbral de captura, el umbral de
sensibilidad, el indicador de batería y la integridad de las conexiones entre los electrodos y el generador.
latador con válvula de hemostasia 1 F mayor al
electrodo de estimulación.
Existen varios tipos de electrocatéteres transvenosos. La mayoría de ellos son bipolares, de diámetro entre 3 y 6 F, de 100 cm de longitud y con
marcas cada 10 cm en su superficie, que sirven
para estimar la posición del catéter. Asimismo, los
electrocatéteres pueden ser deflectables o no deflectables; flexibles o rígidos; flotantes, semiflotantes (con balón inflable en su extremo distal) o no
flotantes, con o sin curva preformada; y también de
fijación pasiva o activa. Los catéteres para estimulación auricular son preformados en «J». El implante de los electrocatéteres se realiza bajo monitorización cardíaca; pueden utilizarse como ayudas
técnicas de escopia y de electrocardiografía. Para
los procedimientos que se realizan sin escopia se
prefiere utilizar electrodos flotantes o semiflotantes (con balón inflable en su extremo distal).
N
TIPOS DE ESTIMULACIÓN CARDÍACA
PROVISIONAL
La elección del tipo de estimulación cardíaca provisional depende del estado clínico del enfermo,
de la urgencia de la estimulación cardíaca, de la
indicación (terapéutica, profiláctica, diagnóstica),
de la disponibilidad del equipo y del nivel de entrenamiento de los profesionales que atienden al
enfermo crítico.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Estimulación cardíaca provisional
transvenosa
Consiste en estimular el endocardio del ventrículo y/o la aurícula derechos por medio de electrodos que se implantan mediante una vía venosa
central. El procedimiento técnico incopora dos
partes: el acceso de una vía venosa central y la
implantación de electrodo/s de estimulación en
la/s cavidad/es cardíaca/s que se desea estimular. Las opciones venosas incluyen la yugular interna, subclavia, femoral y braquial. Las vías yugular interna derecha y subclavia izquierda han
demostrado una mayor tasa de implantes adecuados en el ventrículo derecho en situaciones de
emergencia. Si el enfermo está anticoagulado, ha
recibido o se prevé que reciba trombolíticos, las
vías femoral y braquial son de elección, por ser
fácilmente compresibles; aunque estas vías son
menos utilizadas al asociarse con un mayor
número de complicaciones (desplazamiento del
electrodo, infección, trombosis, etc.). Para establecer el acceso venoso se utiliza un introductor/di-
N
N
Implante guiado con escopia y monitorización cardíaca. Es la técnica de elección si el
electrodo que se utiliza es rígido. Se introduce
el electrocatéter a través del introductor venoso y se avanza el mismo bajo radioscopia, hasta localizar su extremo distal en el ápex del
ventrículo derecho (para estimulación ventricular), donde ha de mostrar un leve movimiento longitudinal sistólico, y una curva a nivel de
la válvula tricúspide o en la orejuela derecha
(para estimulación auricular), donde el catéter
presenta un movimiento oscilante similar al de
un limpiaparabrisas.
Implante guiado con electrocardiograma (ECG)
y monitorización cardíaca. Esta técnica requiere que el paciente tenga ritmo intrínseco, ya que
se basa en el sensado de éste a través del electrocatéter. De forma preferente se utiliza un catéter flotante o semiflotante, con balón en su
extremo distal. Antes de introducir el catéter, se
conecta el electrodo distal (negativo o negro) a
la derivación V1 mediante una pinza cocodrilo.
El resto de las derivaciones del ECG se conectan de la manera convencional. Se avanza el
electrocatéter hasta la aurícula derecha (aproximadamente 20 cm), momento en que se procede a inflar el balón distal de aquél. Se continúa
avanzando el catéter mientras se realiza un registro continuo de ECG en la derivación V1.
Mediante el análisis de los electrogramas endocavitarios provenientes del electrocatéter se
puede deducir la posición en la que se encuentra su extremo distal (para detalles, véase la tabla 7-6).
Implante guiado con monitorización cardíaca.
Para este procedimiento se requiere la utiliza-
7
80 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 7-6 Voltaje y morfología de los diferentes electrogramas endocavitarios sensados por
el electrocatéter, según su localización en el corazón (guía para el implante de marcapasos transvenoso
con monitorización y ECG)
Localización
Onda P
Complejo QRS
VCS
AD alta
AD media-baja
VD
Epicardio VD
Voltaje
Bajo
Alto (P > QRS)
Alto
Bajo
Bajo
Morfología
Negativa
Negativa
Isodifásica
Positiva
Positiva
Voltaje
Bajo
Bajo
Bajo
Alto
Alto
Captura ventricular
Bajo
Positiva
Alto
Morfología
Negativo
Negativo
Negativo
Negativo
Negativo seguido de onda
de lesión (↑ segmento ST)
Negativo, precedido por
artefacto de estimulación
AD: aurícula derecha; VCS: vena cava superior; VD: ventrículo derecho.
7
ción de electrocatéter flotante o semiflotante.
Se introduce el electrocatéter hasta la aurícula
derecha (aproximadamente 20 cm), momento
en que se procede a inflar el balón distal de
aquél. Se conectan los polos proximales del
electrocatéter al generador de marcapasos. Se
programa el marcapasos con los siguientes parámetros: frecuencia de estimulación (al menos 10 latidos/min superior a la frecuencia
cardíaca espontánea del enfermo), voltaje de
salida elevado (al menos 10 V) y sensibilidad
al máximo valor posible (asincrónico). Una
vez canalizada la vena e introducido el electrocatéter, se enciende el generador de pulsos
y se avanza el electrocatéter hasta que en el
monitor se observa un ritmo de captura ventricular estable, a la frecuencia de estimulación
programada. Se procede entonces a desinflar
el balón. Una vez que el electrodo se encuentra en una posición adecuada y estable (cualquiera que sea la técnica de implante elegida),
ha de conectarse al generador de marcapasos y
realizar una prueba de umbral. Si la prueba es
adecuada, el electrodo ha de fijarse externamente para evitar su desplazamiento (habitualmente en el lugar de salida del introductor,
y en un segundo punto, previa formación de
un bucle).
Verificación del implante
Una vez hecho el implante, hay que realizar una
radiografía de tórax para constatar su correcta localización y descartar la presencia de complicaciones. En la vista anteroposterior, se espera que la
punta del electrodo se ubique en el ápex del ventrículo derecho (en la región inferior del borde de-
recho de la silueta cardíaca, a la izquierda de la
columna vertebral), y en la placa de perfil se dirige hacia delante, hacia la parte baja del esternón.
La posición adecuada del electrodo también puede corroborarse mediante un ECG de 12 derivaciones. La estimulación desde el ápex del ventrículo derecho muestra un complejo QRS precedido
por un artefacto de estimulación (espiga) y con
morfología de bloqueo completo de rama izquierda (con la particularidad que se observa concordancia negativa en las derivaciones precordiales;
fig. 7-3).
Los controles del electrocatéter cada 12 h consisten en la determinación de umbral de la sensibilidad, del estado de las baterías e integridad de
las conexiones. Asimismo, hay que realizar una
radiografía de tórax diaria para confirmar la correcta posición del electrodo. Los trastornos del
rendimiento eléctrico son frecuentes en los marcapasos provisionales transvenosos, y se observan
en el 37-43% de los casos. La mayoría son secundarios a desplazamiento del electrocatéter, lo que
causa un aumento del umbral, un fallo de captura
o un fallo de sensado.
La frecuencia de complicaciones asociadas al
implante de un marcapasos transvenoso temporal
oscila entre el 4 y el 20%, y se incrementa cuanto
mayor sea el tiempo de duración de la estimulación provisional. Las complicaciones pueden estar
relacionadas con la punción venosa central (p. ej.,
neumotórax, hemotórax, infección, etc.), o relacionadas con el implante del electrocatéter. De estas
últimas destacan el bloqueo AV completo iatrogénico en enfermos portadores de bloqueo completo
de rama izquierda (lesión traumática de la rama
derecha del haz de His con el electrocatéter), arritmias ventriculares, perforación cardíaca, derrame
Marcapasos provisional 81
Figura 7-3 El ECG de 12 derivaciones muestra el ritmo del marcapasos (modo de estimulación DDD). Las flechas
señalan el artefacto de estimulación o espiga auricular y ventricular. Este último va seguido de complejos QRS
anchos, con morfología de bloqueo completo de rama izquierda (con concordancia negativa de los complejos QRS
en derivaciones precordiales) y desviación a la izquierda del eje del QRS en el plano frontal.
pericárdico, taponamiento cardíaco (todas raras si
no se utilizan electrodos rígidos) y colocación inadvertida en seno coronario (bloqueo completo de
rama derecha con eje del complejo QRS en el plano
frontal desviado hacia la derecha).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Estimulación cardíaca provisional
transcutánea
Es una modalidad no invasiva que se puede colocar de manera rápida con un entrenamiento mínimo. La estimulación cardíaca transcutánea, como
terapia de corta duración, es especialmente útil
para medicina prehospitalaria, en quirófanos y en
urgencias, como profilaxis o como puente hasta la
implantación de un marcapasos transvenoso. La
estimulación cardíaca transtorácica es efectiva durante períodos de hasta 14 h (estimulación continua), con tasas de éxito del 78 al 94%, aunque la
mayoría de los enfermos requiere sedación y analgesia para aminorar las molestias.
Esta modalidad consiste en la estimulación del
corazón mediante dos parches autoadhesivos que
se colocan sobre el tórax del paciente, conectados
a un generador de pulsos que, además de la función de marcapasos, posee funciones de desfibrilador y de monitorización del ritmo cardíaco (v.
fig. 7-2). Los electrodos de estimulación son parches de gran superficie, autoadhesivos e impregnados en un gel que facilita la conducción de la
corriente eléctrica. Cumplen también funciones
de sensado de la actividad eléctrica cardíaca espontánea del enfermo y de cardioversión-desfibrilación. Antes de colocarlos, la piel del enfermo
ha de prepararse mediante rasurado y limpieza
con alcohol, para mejorar la adherencia y el sensado, y para disminuir la resistencia. Los parches
pueden colocarse en posición anteroposterior (un
parche en la región anterior izquierda del tórax,
entre el apéndice xifoides y la línea interescapular
media, aproximadamente a nivel de las derivaciones V2-V3 del ECG; el segundo parche en la región
posterior izquierda del tórax, entre la escápula y
la columna vertebral, a nivel cardíaco) o en posición anterolateral (parche anterior: región infraclavicular derecha, por fuera de la línea paraesternal; parche lateral: sobre la línea medioaxilar
izquierda, a nivel de la derivación V6 del ECG)
(fig. 7-4). Factores que pueden afectar la captura
son un tórax musculado, cirugía intratorácica
previa, isquemia miocárdica, hipoxemia, resucitación prolongada, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, derrame pericárdico o pleural y
ventilación mecánica.
Una vez que el enfermo está monitorizado y se
han colocado los electrodos de estimulación, puede activarse la estimulación. Si el enfermo está
consciente y bradicárdico, se programará el dispositivo en modo a demanda y se incrementará el
voltaje de salida de manera progresiva hasta identificar captura eléctrica en el ECG, o hasta que el
enfermo manifieste un nivel de molestia inaceptable. En un enfermo en asistolia o inconsciente, se
inicia la estimulación en modo asincrónico y con
el máximo voltaje de salida, para asegurar la captura cardíaca (pueden requerirse hasta 200 mA).
Hay que confirmar no sólo la captura eléctrica sino
también la mecánica del corazón, mediante la palpación de pulso arterial a la frecuencia de estimulación programada o mediante ecocardiografía.
7
82 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
tiempo, por lo que la capacidad adecuada de sensado y de estimulación se pierde en un período de 5 a
10 días. Una vez que la estimulación cardíaca deja
de ser necesaria, los electrodos pueden extraerse
mediante tracción suave.
Los controles posteriores al implante deben
realizarse cada 12 h, con determinación del umbral de estimulación, de la sensibilidad, del estado
de carga de las baterías y de la integridad de las
conexiones. Las complicaciones relacionadas con
la estimulación epicárdica son poco frecuentes,
pero significativas: fallos de sensado y captura,
fractura de los electrodos, infección y complicaciones secundarias a la extracción de los electrodos (arritmias, hemorragia, disrupción de los
puentes coronarios tras cirugía de revascularización, perforación cardíaca, pericarditis, migración
o retención de los electrodos).
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Figura 7-4 Marcapasos provisional transcutáneo.
Los parches de estimulación están colocados en
posición anterolateral.
posterioridad al implante, y de forma diaria,
7 Con
hay que verificar la adherencia de los parches.
Como complicaciones del marcapasos transcutáneo se describen tos, molestias secundarias a la
estimulación (desde cosquilleos hasta dolor, irritación o quemaduras en la región de los electrodos),
fallo de captura o de sensado y fallos para identificar la fibrilación ventricular.
Estimulación cardíaca provisional epicárdica
Se utiliza con frecuencia tras cirugía cardíaca, tanto
para el tratamiento de bradicardias relacionadas
con el procedimiento quirúrgico como para la sobreestimulación de taquiarritmias. Los electrodos
son de acero inoxidable y tienen una aguja distal,
mediante la cual se fijan a la superficie epicárdica
de la/s cámara/s a estimular. Los electrodos son
luego tunelizados hasta la piel y emergen (por convención) del lado derecho del esternón los auriculares, y del lado izquierdo los ventriculares. La estimulación epicárdica permite estimular 1, 2 o 3
cámaras cardíacas. El rendimiento eléctrico de los
electrodos tiende a deteriorarse rápidamente con el
Antman EM, Anbe DT, Armstrong PW, Bates ER, Green
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83
Capítulo 8
Balón de contrapulsación
intraaórtico y asistencias
circulatorias mecánicas
Ramon Cartañà, Carmen Ayats, Montserrat Gutiérrez,
Montserrat Pardo, Rosa Domínguez y José M.a Nicolás
PUNTOS CLAVE
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
La asistencia circulatoria consiste en un
dispositivo intra o extracorpóreo para sustituir o
ayudar a la función cardíaca de forma temporal
o permanente y, de esta forma, disminuir el
trabajo cardíaco, restaurar la presión sanguínea
y mejorar la perfusión de los órganos. La
indicación básica de la asistencia circulatoria es
el shock cardiogénico, hasta la recuperación de
la función cardíaca o como puente al trasplante.
El balón de contrapulsación intraaórtico se
infla en diástole ventricular, lo que incrementa
la perfusión coronaria, y se desinfla al final
de la diástole, lo que disminuye la poscarga
El soporte mecánico de la circulación es necesario
cuando la insuficiencia cardíaca es refractaria y
existe riesgo de disfunción multiorgánica como
consecuencia de la hipoperfusión resultante. Conceptualmente, la asistencia circulatoria consiste en
un dispositivo intra o extracorpóreo para sustituir
o ayudar a la función cardíaca de forma temporal
o permanente y así disminuir el trabajo cardíaco,
restaurar la presión sanguínea y mejorar la perfusión de los órganos. Este soporte mecánico se utiliza hasta la recuperación de la función cardíaca
(p. ej., poscardiotomía, postinfarto agudo de miocardio, miocarditis) o como puente al trasplante
cardíaco (tanto en espera del mismo como tras el
fallo de un primer injerto).
ventricular. Contribuye en pequeña cuantía
a la elevación del gasto cardíaco. Para su
sincronización se activa la consola con una
relación de asistencia 1:2, se elige el modo de
disparo y se ajusta el inflado del balón según la
curva de presión arterial.
N
La selección del dispositivo de asistencia
circulatoria mecánica depende de las
características anatómicas y de la morbilidad de
cada enfermo, de la etiología de la insuficiencia
cardíaca, de la duración prevista de necesidad de
asistencia, de las características del dispositivo,
de su disponibilidad y de la experiencia
profesional en cada caso.
BALÓN DE CONTRAPULSACIÓN
INTRAAÓRTICO
El balón de contrapulsación intraaórtico (BCIA) es
un sistema de asistencia circulatoria que funciona
gracias al desplazamiento controlado de sangre en
la aorta. Fue introducido por Kantrowitz et al.
en 1968 para el tratamiento del shock cardiogénico. Sincronizando el inflado y desinflado del balón con el latido cardíaco, se consigue un pico de
presión al inicio de la diástole ventricular, con incremento en consecuencia de la perfusión coronaria, y una caída rápida de la presión intraaórtica
durante el final de la diástole ventricular, con reducción resultante de la poscarga. De esta forma
84 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
se aumenta el aporte de oxígeno al miocardio y se
disminuye el trabajo miocárdico con un ligero incremento del gasto cardíaco (GC) (0,5-0,75 l/min),
respectivamente. En la tabla 8-1 se resumen las
principales indicaciones y contraindicaciones del
BCIA. La principal indicación del BCIA es el
shock cardiogénico postinfarto, como medida de
soporte hasta la revascularización o la corrección
quirúrgica de una complicación mecánica, aunque
no todos los estudios comprueban un aumento de
la supervivencia. Los datos publicados en España
en cuanto a la utilización de esta técnica son escasos, con cifras medias de utilización en el shock
cardiogénico postinfarto del 9,5 al 12%. La frecuencia de complicaciones del BCIA oscila entre el
2 y el 20% (hemorragia, isquemia de las extremidades inferiores). La mortalidad atribuida directamente a la técnica es del 0,05%. En esta técnica,
como en otras, la «curva de aprendizaje» es necesaria para obtener buenos resultados.
Inserción y retirada del BCIA
8
La inserción más habitual utiliza la técnica de Seldinger por punción percutánea de una arteria femoral. Opcionalmente puede insertarse de forma
quirúrgica por vía femoral o transtorácica. La selección del BCIA se realiza a partir de la talla del enfermo (30 ml para <162 cm, 40 ml para 162-182 cm, 50
ml para >182 cm de altura). Previo a su inserción
hay que valorar la situación hemodinámica del enfermo y comprobar el estado neurológico y la presencia o no de focalidades. Asimismo, hay que verificar la adecuada irrigación de las extremidades
inferiores (temperatura, coloración de la piel, calidad del pulso, relleno capilar, índice brazo-tobillo).
Se localiza la arteria femoral por palpación y se pro-
Tabla 8-1
a
cede a la asepsia y a la anestesia local de la zona,
practicándose la punción 1 cm por debajo del ligamento inguinal. Ha de obtenerse un buen flujo de
sangre. Seguidamente se introduce una guía metálica en forma de J, de 145 cm de longitud y 0,003
pulgadas de diámetro hasta el arco aórtico, y se retira entonces la aguja. Se realiza una incisión bajo la
guía y se inserta el predilatador sobre la misma. A
continuación se avanza el conjunto dilatador/introductor. El paso siguiente es la realización del vacío
del catéter balón, la retirada del fiador, y la purga
del lumen central con suero heparinizado, extrayendo finalmente el dilatador. Se activa el cubrimiento hidrofílico de la membrana con suero para
facilitar la inserción del balón, y se procede a su
avance a través de la guía, por tramos cortos y girando en sentido de las agujas del reloj. Se avanza
hasta su posición definitiva, en que el extremo superior se sitúa en la aorta torácica descendente unos
2 cm por debajo del origen de la arteria subclavia
izquierda (tercer espacio intercostal) y el extremo
inferior por encima de las arterias renales (fig. 8-1).
Se retira la guía del lumen central y se coloca un
transductor de presión a dicho nivel. El paso último
es la conexión de la alargadera del gas al balón y a
la consola y se estabiliza la zona de inserción con
unos puntos de sutura. La colocación suele realizarse bajo control fluoroscópico, aunque también puede realizarse a pie de cama teniendo en cuenta para
ello la altura del enfermo.
Tras la colocación y durante el funcionamiento
del balón ha de seguirse una serie de consideraciones para prevenir las complicaciones derivadas. Hay que realizar un adecuado seguimiento
hemodinámico de las presiones arteriales (v. más
adelante), de la frecuencia cardíaca, del índice cardíaco (>2 l/min/m2) y del débito urinario
Indicaciones y contraindicaciones de la contrapulsación intraaórtica
Indicaciones
Contraindicaciones
Shock cardiogénico
Complicaciones mecánicas postinfarto
Angina inestable refractaria
Contusión cardíaca
Arritmias ventriculares refractarias
Soporte al intervencionismo coronario percutáneo de alto riesgo
Soporte en cirugía de alto riesgo: estenosis aórtica crítica,
insuficiencia valvular mitral, rotura del músculo papilar, defecto
del septo ventricular
Soporte previo al trasplante cardíaco
Disfunción miocárdica posquirúrgica
Disección aórticaa
Insuficiencia valvular aórtica gravea
Aneurisma de aorta torácica o abdominala
Prótesis aórticas intravasculares
Enfermedad vascular periférica grave
Trombocitopenia o coagulopatía
Infecciones graves
Contraindicaciones absolutas.
Balón de contrapulsación intraaórtico y asistencias circulatorias mecánicas 85
A
B
C
Figura 8-1 Colocación del balón de contrapulsación intraaórtico. A. Correcto posicionamiento del balón. B. Fase
de inflado. C. Fase de desinflado.
(>0,5 ml/kg/h). Asimismo, hay que controlar el
movimiento, el pulso y la irrigación de las extremidades cada 2 h, y hay que mantener el ángulo
que forma el tórax con la pierna inferior a 40° para
evitar que se acode la alargadera del gas. Hay que
asegurar también la anticoagulación del enfermo
(heparina sódica, TTPA 1,5-2 veces) (v. cap. 70).
En caso de retirada del BCIA hay que detener
el bombeo de helio y desconectar la alargadera
del gas del balón. Se extrae el catéter balón hasta
que el extremo proximal de la membrana llegue al
extremo del introductor. Se comprime la arteria
distalmente al punto de inserción y se extraen
conjuntamente el catéter y el introductor. Se permite la evacuación de un par de pulsaciones para
eliminar restos de plaquetas y se pasa a comprimir la arteria por presión directa encima del punto de inserción durante unos 30 min.
N
N
En caso de activación por el registro ECG es importante que el complejo QRS sea unidireccional,
hay que evitar un registro con el QRS bifásico, las
ondas T o P altas, la línea basal alterada o la presencia de artefactos.
La sincronización, mediante una relación de
asistencia 1:2, consiste en inflar el balón justo después del cierre de la válvula aórtica (incisura dícrota) y se desinfla durante la contracción isovolumétrica, antes del inicio de la eyección ventricular.
Para tal efecto, se monitorizan 5 presiones arteriales:
N
Funcionamiento del BCIA y elementos
de control de la consola
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
Para una adecuada contrapulsación, el inflado con
helio del balón se produce justo antes del inicio de
la diástole ventricular y el desinflado antes del
inicio de la siguiente sístole. Para iniciar la sincronización se activa la consola con una relación de
asistencia 1:2, se elige el modo de disparo y se
ajustan las presiones y el inflado del balón.
Existen diversos patrones de disparo del balón
de contrapulsación:
N
N
Trazado electrocardiográfico (ECG) directo o
del monitor de cabecera con inflado al final de
la onda T y desinflado coincidiendo con la
onda R.
Onda de presión arterial, con inflado entre la
incisura dícrota y el final de la diástole.
Marcapasos, en que se utiliza la espícula auricular o ventricular como señal de disparo.
Disparo fijo, independiente de la actividad cardíaca del enfermo, regulable entre 40 y 120 latidos/min.
N
Presión telediastólica no contrapulsada.
Presión sistólica no contrapulsada.
Presión diastólica aumentada (contrapulsada).
Presión telediastólica contrapulsada.
Presión arterial media (>60 mmHg).
Para que el inflado sea adecuado (aumento
de la perfusión coronaria), debe iniciarse justo
antes de la incisura dícrota, de manera que la
presión diastólica aumentada sea mayor que
la presión sistólica no contrapulsada. Para que el
desinflado sea adecuado (disminución de la poscarga), la presión telediastólica contrapulsada
debe ser inferior a la presión telediastólica no
contrapulsada, y la presión sistólica contrapulsada ha de ser inferior a la presión sistólica no
contrapulsada. En las figuras 8-2 y 8-3 se muestran la morfología de la curva de presión arterial
durante la sincronización, así como la morfología en caso de adelanto o retraso del inflado y
8
86 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
desinflado. En caso de inflado o desinflado inadecuado, se ajustan los respectivos tiempos.
Una vez el balón está sincronizado se aumenta la
relación de asistencia a 1:1.
La curva de presión del balón representa el movimiento del helio entre la consola y el catéter del
BCIA, aportando información de la contrapulsación. Su altura representa la presión del balón y su
anchura la duración del inflado. Una presión excesiva o un aumento de la presión basal suele indicar
un acodamiento del catéter o del tubo de conexión
del helio, una malposición del balón, o que éste
sea de un tamaño demasiado voluminoso para la
aorta. Por el contrario, una caída de presión o descenso de la presión basal por debajo de cero es reflejo de agotamiento de la botella de helio, fuga del
gas por rotura del balón (en cuyo caso habrá una
salida de sangre por el tubo de helio) o desconexión de la alargadera del helio de la consola.
Asimismo, es conveniente descartar y purgar la
condensación de H2O en el tubo de conexión de
helio en caso de activarse las alarmas de presión.
Para el destete del BCIA se comprueba la estabilidad hemodinámica del enfermo y se disminuye progresivamente la relación de asistencia a 1:2,
PDA
PS
ID
PD
PDC
Figura 8-2 Sincronización correcta del balón de
contrapulsación intraaórtico (BCIA). Onda de presión
arterial con relación de asistencia 1:2. La onda
contrapulsada se inicia justo antes de la incisura
dícrota y termina antes de la finalización de la
diástole. La presión diastólica aumentada depende
de la impedancia y de la rigidez vascular. En caso de
enfermedad aterosclerótica de la aorta en un anciano,
la presión aumentada es más elevada, comparada
con la observada en jóvenes con una aorta más
distensible. La presión arterial media suele elevarse
ligeramente durante el funcionamiento del BCIA.
ID: incisura dícrota; PD: presión telediastólica no
contrapulsada; PDA: presión diastólica aumentada;
PDC: presión telediastólica contrapulsada; PS: presión
sistólica no contrapulsada; PSC: presión sistólica
contrapulsada.
PDA
8
PSC
PDA
PSC
PS
PS
PSC
ID
ID
PD
PD
PDC
PDC
A: Inflado precoz
PS
B: Desinflado precoz
PDA
PDA
PS
PSC
PSC
ID
ID
PD
PDC
C: Inflado tardío
PD
PDC
D: Desinflado tardío
Figura 8-3 Errores de sincronización del balón de contrapulsación intraaórtico (BCIA). A. Inflado precoz: inflado
anterior a la incisura dícrota (ID); provoca el cierre prematuro de la válvula aórtica con reducción del volumen
sistólico y del gasto cardíaco, así como el aumento del volumen telediastólico del ventrículo izquierdo con aumento
del estrés de pared y del consumo de oxígeno miocárdico. B. Desinflado precoz: PS = PSC, no hay reducción de la
poscarga. C. Inflado tardío: la incisura dícrota es visible; no hay aumento de la perfusión coronaria. D. Desinflado
tardío: PDC > PD; hay aumento del consumo de oxígeno miocárdico y disminución de gasto cardíaco.
PDA: presión diastólica aumentada; PS: presión sistólica no contrapulsada; PD: presión telediastólica no
contrapulsada; PSC: presión sistólica contrapulsada.
Balón de contrapulsación intraaórtico y asistencias circulatorias mecánicas 87
1:4 y 1:8, o en ocasiones se disminuye el volumen
de inflado (manteniendo 2/3 de su volumen).
fuga de helio); en ambos casos hay que parar
y reactivar la consola para readecuar la presión del balón.
Consideraciones en el transporte del enfermo
crítico con BCIA
En caso de paro cardíaco hay que elegir el
modo de disparo por presión arterial, mantener la
relación de asistencia 1:1 y realizar el soporte vital
según las recomendaciones vigentes.
El transporte interhospitalario de un enfermo con
un BCIA es un proceso seguro. No obstante, hay
que tener en cuenta diversas consideraciones:
N
N
N
N
N
N
N
Verificar el suministro de helio y la disponibilidad de una botella de repuesto.
Asegurar que el vehículo de transporte disponga de una fuente eléctrica, debido a que las baterías de la consola del BCIA tienen una autonomía de 1,5-4 h.
La consola ha de amarrarse con cintas de fijación al vehículo de transporte.
Obtener información acerca del tipo de consola
del hospital de destino, para que en caso de ser
diferente puedan preverse los adaptadores del
tubo de conexión del helio
No hay que olvidar los cables de conexión de
la consola al ECG y al transductor de presión
arterial (señal de disparo más estable durante
el transporte).
Llevar una jeringa de 60 ml, para proceder al
inflado manual (volumen del balón 2-3 veces
cada 5 min) en caso de paro de la consola.
En el transporte aéreo con cabina no presurizada hay que tener en cuenta que la disminución de la presión barométrica con la ascensión ocasiona la expansión del helio (alarma
de presión de llenado elevada), mientras que
un descenso causa su contracción (alarma de
ASISTENCIAS CIRCULATORIAS
MECÁNICAS
Cuando el tratamiento médico y el BCIA no son
suficientes para el soporte hemodinámico en enfermos críticos en estado de shock cardiogénico,
en los que se prevea recuperación miocárdica (p.
ej., poscardiotomía, postinfarto, miocarditis) o
como puente al trasplante (p. ej., insuficiencia cardíaca terminal), el siguiente paso es colocar una
asistencia circulatoria mecánica. La asistencia circulatoria mecánica como terapia definitiva o en
enfermos con contraindicación para el trasplante
presenta un beneficio relativo menor, aunque similar a otros ensayos farmacológicos aceptados
para estos enfermos.
En la práctica clínica en la UCI, tan pronto se
instaura una asistencia circulatoria, surge la cuestión relacionada con el tratamiento a largo plazo.
La estrategia puede ser esperar una recuperación
de la función cardíaca de forma precoz o tardía,
o esperar a que aparezca un donante adecuado, o
implantar un sistema mecánico permanente. En la
tabla 8-2 se detallan los criterios para considerar
la implantación de una asistencia ventricular, y
también sus contraindicaciones. Hay que tener en
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 8-2 Consideraciones en la indicación de una asistencia ventricular como puente a trasplante
cardíaco o recuperación
Criterios de inclusión
Contraindicaciones
1. Insuficiencia cardíaca grado IV de la NYHA
2. Tratamiento inotrópico (al menos dos de los siguientes
fármacos: dopamina, dobutamina, adrenalina o
noradrenalina a dosis plenas) y BCIA
3. FE <30%
4. Criterios hemodinámicos:
N PAS <80 mmHg o PAM <65 mmHg
N PVC >18 mmHg
N PoAP >20 mmHg
N Índice cardíaco <1,8-2,0 l/min/m2
N Diuresis <25-30 ml/h
1. Infección activa
2. Hemorragia o discrasias sanguíneas graves
3. Tromboembolismo pulmonar reciente
4. Accidente vascular cerebral reciente
5. Fallo multiorgánico
6. Enfermedad pulmonar crónica, insuficiencia renal
y/o hepática crónica
7. Enfermedad sistémica o tumoral no controlada
8. Contraindicación para el trasplante cardíaco
BCIA: balón de contrapulsación intraaórtico; FE: fraccion de eyección; NYHA: New York Heart Association; PAM: presión arterial
media; PAS: presión arterial sistólica; PoAP: presión de oclusión de la arteria pulmonar; PVC: presión venosa central.
8
88 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
8
cuenta que diversos factores preimplantación están asociados con un riesgo elevado y mala evolución: edad avanzada, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia ventricular derecha,
insuficiencia valvular aórtica, arritmias ventriculares
y cortocircuitos intracardíacos. Por ello, es aconsejable la estratificación del riesgo previamente al
implante del dispositivo para, así, reducir las complicaciones a corto y a largo plazo (tabla 8-3).
Los tipos de asistencias circulatorias mecánicas
se clasifican en función del lado cardíaco asistido
(izquierdo, derecho, biventricular), de la duración
de la asistencia (temporal, definitiva), del tipo de
flujo (axial, pulsátil), del modo de impulsión (neumático, eléctrico, electromagnético) y de la posición del implante (paracorpóreo o intracorpóreo).
La selección del dispositivo no sólo depende de
las características específicas de cada enfermo y
de la etiología de la insuficiencia cardíaca, sino
también de las características del dispositivo, de
su disponibilidad y de la experiencia del equipo
quirúrgico. Todos los sistemas tienen los mismos
inconvenientes: la necesidad de anticoagulación
sistémica, con presentación de hemorragias y/o
fenómenos tromboembólicos en el 5 al 15% de los
enfermos; hemólisis intravascular particularmente
en los sistemas dotados de bombas centrífugas con
rodamientos, e infecciones (5-25%) en asistencias
circulatorias prolongadas. Para describir los tipos
de asistencia ventricular se utiliza la clasificación de
Wheeldon, basada en el objetivo de duración de la
indicación.
Asistencias circulatorias de corta duración
Se incluyen las asistencias circulatorias cuya utilización se prevea de horas a una semana, con mínima agresión, a la espera de una recuperación de
la función cardíaca o como puente a otra asistencia circulatoria. En este apartado se incluyen el
BCIA (descrito anteriormente), la circulación extracorpórea (CEC), la oxigenación por membrana
extracorpórea (ECMO, extracorporeal membrane oxigenation), algunas bombas centrífugas y las bombas catéter.
La CEC utilizada en cirugía cardíaca, que requiere cardioplejía y canulación transtorácica, es
una circulación externa al organismo que deriva
la sangre desde la parte derecha del corazón (aurícula derecha) a un oxigenador (membranas de
polímeros que permiten la difusión de gases),
para ser retornada a la aorta ascendente. El oxigenador contiene además un intercambiador de calor que permite realizar hipotermia. Basados en el
mismo principio, sistemas dotados de una bomba
centrífuga (v. más adelante) y oxigenador, habi-
Tabla 8-3 Escalas de riesgo de Columbia y Bad
Oeynhausen
Factor de riesgo
Escala de Columbia
Diuresis <30 ml/h
Ventilación mecánica invasiva
Tiempo de protrombina >16 s
Presión venosa central >16 mmHg
Reintervención
Escala de Bad Oeynhausen
Edad
>50 años
>60 años
Ventilación mecánica invasiva
<48 h
>2 días a <7 días
>7 días
Maniobras de resucitación
cardiopulmonar
Activa
<6 h
Balón de contrapulsación
Reintervención
Estancia
1-4 semanas
>4 semanas
Fiebre
37,5-38,5 °C
>38,5 °C
Neumonía
Respiración espontánea
Ventilación mecánica invasiva
Hemocultivos positivos
Hemofiltración
Gradiente transpulmonar >20 mmHg
Bilirrubina
1,5-5,0 mg/dl
>5 a <8 mg/dl
≥8 mg/dl
Leucocitos >12 × 109/l
Otra asistencia
Puntuación
3
2
2
2
1
1
3
1
3
5
10
4
2
3
1
2
3
5
3
5
5
1
2
6
8
10
2
10
Escala de Columbia: <5 = bajo riesgo.
Escala de Bad Oeynhausen: <10 = riesgo bajo; 11-20 = riesgo
moderado; >20 = alto riesgo.
tualmente con las cánulas colocadas en vasos centrales venosos y arteriales, permiten la asistencia
parcial circulatoria y el intercambio de gases
(ECMO). Puede utilizarse como configuración venovenosa como dispositivo únicamente de soporte respiratorio (insuficiencia respiratoria refractaria en neonatología y pediatría). Los dispositivos
Balón de contrapulsación intraaórtico y asistencias circulatorias mecánicas 89
de asistencia circulatoria basados en bombas centrífugas (habitualmente cabezal rotatorio) impulsan el flujo sanguíneo continuo (venoarterial). Entre los más habituales figuran modelos autónomos
de flujo continuo (Bio-pump®, Medtronic; TandemHeart®, CardiacAssist; Centrimag®, Levitronix) o
pulsátil (DeltaStream®, Medos Medizintechnik).
Además, algunas de estas bombas pueden formar
parte de sistemas de CEC y/o ECMO (Sarns®,
Terumo; Jostra Rotaflow®, Maquet). Recientemente se ha comercializado el sistema compacto Cardiohelp® (Maquet), basado en un oxigenador provisto de una bomba de flujo continuo que permite
la oxigenación extracorpórea y la asistencia circulatoria (hasta 7 l/min), para uso prehospitalario,
para la UCI, y para el transporte inter e intrahospitalario del enfermo crítico (fig. 8-4).
Entre las bombas catéter figura el Impella®
(Abiomed Systems), una bomba sanguínea microaxial intravascular. El catéter va conectado a
una bomba rotatoria con una hélice distal y un
tornillo sinfín que puede girar a 33.000 revoluciones/min y producir flujos de hasta 4,5 l/min. La
Impella® se inserta de forma percutánea, habitualmente en la arteria femoral, y la bomba se introduce a través de la válvula aórtica hasta el ventrículo izquierdo (fig. 8-5). Una vez en esta posición
correcta, la zona de entrada se halla en el ventrículo izquierdo y la sangre es transportada a través
de la cánula y sale por el orificio de la bomba en
la aorta ascendente.
Asistencias circulatorias de media duración
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Se utilizan para una asistencia ventricular durante varias semanas, con el objetivo no sólo de
mantener al enfermo vivo para la recuperación
del corazón o como puente al trasplante cardía-
Figura 8-4
Asistencia ventricular Cardiohelp® (Maquet).
Figura 8-5
Catéter bomba Impella®.
co, sino también para la recuperación de la función de todos los órganos. Forman parte de este
grupo diversas asistencias paracorpóreas uni o
biventriculares, y sin asistencia pulmonar, como
los BVS 5000® y AB 5000® (Abiomed Systems),
Thoratec VAD® (Thoratec Corporation), EXCOR®
(Berlin Heart) y Medos VAD III® (Medos Medizintechnik).
El BVS 5000 consta de 2 cámaras. La superior,
colocada de 5 a 20 cm por debajo de las aurículas
8
90 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
del enfermo, se llena pasivamente por gravedad
y según la precarga (ajustable por la altura de colocación de la bomba). La otra cámara sacular inferior realiza la función ventricular y sobre ella
actúa una bomba neumática, lo que permite un
flujo pulsátil. Dos válvulas trivalvas separan las
cámaras auricular y ventricular. El diseño permite producir un volumen sistólico de 70-89 ml y un
GC de hasta 5 l/min. Las asistencias AB 5000®,
Thoratec VAD®, EXCOR® y Medos VAD III® son
también bombas neumáticas formadas por una
membrana y dos válvulas (una de entrada y otra
de salida) que se rellenan por gravedad y/o vacío. Mientras que el Thoratec VAD® dispone de
prótesis mecánicas, y los otros sistemas poseen
bioprótesis.
Asistencias circulatorias de larga duración
8
Están diseñadas para soporte prolongado y definitivo. Entre ellas destacan las asistencias de impulsión como el Novacor® (WorldHeart Corporation) y el HeartMate® (Thoratec), microcentrífugas
como Levacor VAD® (WorldHeart) y las bombas
de flujo axial, como la Jarvik 2000 Flowmaker®
(Jarvik Heart), la INCOR® (Berlin Heart), la Heartassist 5® (Micromed) y la HeartMate II® (Thoratec). Son sistemas intracorpóreos de apoyo ventricular izquierdo en los que el flujo entra en la
bomba pasivamente desde el ápex del ventrículo
izquierdo, lo que reduce su carga, y es eyectado en
la aorta ascendente (flujo de 5 a 10 l/min, según
modelos). Una tunelización al exterior permite la
conexión de los cables al controlador externo y a la
batería.
Entre los corazones totales artificiales se encuentran el Cardiowest® (Syncardia systems), antes denominado Jarvik-7, y el AbioCor (Abiomed).
Son asistencias biventriculares y ortotópicas que
requieren explantar el corazón nativo y colocar en
su lugar el dispositivo. Están accionados de forma
neumática y eléctrica, respectivamente, disponen
de 4 válvulas, permiten un GC de hasta 9,5 l/min
y se conectan a una consola exterior. Los estudios
REMATCH e INTREPID han demostrado el beneficio de la asistencia permanente en enfermos con
contraindicación al trasplante cardíaco.
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91
Capítulo 9
Oxigenoterapia y principios
de la ventilación mecánica
Rafael Fernández, Miquel Ferrer y Pedro Castro
PUNTOS CLAVE
N
La oxigenoterapia es el tratamiento primario de
la insuficiencia respiratoria hipoxémica.
N
La ventilación mecánica invasiva (VMI) se
basa en el suministro de aire a los pulmones
generando una presión positiva, a diferencia
de la respiración espontánea, que se basa en
la entrada de aire tras generar una presión
negativa intratorácica. Este hecho puede
condicionar una repercusión hemodinámica
(hipotensión, reducción del gasto cardíaco,
taquicardia), complicaciones en el propio
sistema respiratorio (daño pulmonar asociado
a la VMI) y afectación de otros órganos a
distancia.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
Los nuevos ventiladores mecánicos disponen
de numerosas modalidades ventilatorias.
Sin embargo, ningún estudio ha mostrado
evidencia de superioridad de una modalidad
respecto a las otras, y es más importante
la estrategia ventilatoria protectiva que
la modalidad en particular.
INSUFICIENCIA RESPIRATORIA
La insuficiencia respiratoria define una situación
en que el sistema respiratorio no consigue oxigenar la sangre arterial de forma adecuada, no impi-
N
La retirada de la VMI es un proceso
protocolizable y rápido en la mayoría de los
casos. La tolerancia a un período de ventilación
espontánea es el mejor método para evaluar
la posibilidad de extubación.
N
A la hora de decidir entre ventilación mecánica
no invasiva (VMNI) o VMI hay que considerar la
situación clínica de forma global (enfermedad
de base, gravedad, progresión, complicaciones
y comorbilidades). En general, un intento de
VMNI estaría justificado en enfermos que no
requieran intubación endotraqueal emergente,
sin contraindicaciones para VMNI y que tengan
una patología con evidencia de buena respuesta
a la VMNI, fundamentalmente edema agudo de
pulmón de origen cardiogénico e insuficiencia
respiratoria hipercápnica secundaria a
enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
N
Si a pesar de la VMNI el enfermo empeora o
no mejora en 30-120 min, puede considerarse
la no efectividad del procedimiento, estando
entonces indicadas la intubación endotraqueal
y la instauración de VMI.
de la retención de anhídrido carbónico (CO2) o
ambas situaciones a la vez. Por acuerdo internacional, los valores de PaO2 <60 mmHg (SaO2 <90%)
y/o de PaCO2 >50 mmHg indican insuficiencia
respiratoria.
92 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tipos de insuficiencia respiratoria
es superior al 40%, la falta de exactitud del AaPO2
dificulta su empleo clínico. En estos casos, en vez
de utilizar el AaPO2 para valorar la eficacia del intercambio de gases, pueden emplearse otros cocientes: PaO2/PAO2 y PaO2/FiO2.
En relación con el tiempo de instauración de
la insuficiencia respiratoria. Es prolongado cuando paulatinamente se inducen mecanismos de
compensación de la hipoxemia, como poliglobulia, desplazamiento de la curva de disociación de
la hemoglobina a la derecha, etc. Por el contrario,
cuando la hipoxemia tiene lugar en el término de
horas no hay una adaptación a la hipoxia y aparecen complicaciones como trastornos del ritmo cardíaco, isquemia miocárdica, acidosis metabólica,
etc. Así, puede distinguirse la insuficiencia respiratoria aguda (IRA), crónica (IRC) o crónica reagudizada (IRCA) (tabla 9-1).
A menudo la insuficiencia respiratoria puede
acompañarse de alteraciones del equilibrio ácidobase. En el contexto de IRA puede aparecer acidosis
metabólica por hipoxia tisular secundaria a hipoxemia grave (PaO2 <45 mmHg), favorecida por la coexistencia de anemia y de bajo gasto cardíaco (GC).
En esas circunstancias se produce metabolismo
anaerobio, el cual conlleva acidosis láctica. La acidosis respiratoria se debe a la retención de CO2, y se
caracteriza por un pH bajo, PaCO2 elevada y bicarbonato normal. La acidosis respiratoria crónica (o
compensada) se caracteriza por pH normal (o que
tiende hacia la normalidad), PaCO2 elevada y bicarbonato elevado. Su cronicidad ha permitido al riñón
la retención de bicarbonato. La IRCA se puede caracterizar por la presencia de acidosis respiratoria
(reflejo de la agudeza de la situación clínica) junto a hipoxemia, hipercapnia, aumento del AaPO2 y au-
La insuficiencia respiratoria puede clasificarse según la alteración del intercambio de gases (gradiente alveoloarterial de oxígeno) y el tiempo de
instauración de la insuficiencia respiratoria:
En función del gradiente alveoloarterial de
oxígeno (AaPO2). La sangre venosa mixta (mezcla
de la sangre venosa procedente de todos los tejidos), al ponerse en contacto con el alvéolo, se oxigena por diferencia de presión, en un proceso conocido como hematosis. Normalmente, al finalizar
este proceso las presiones parciales de O2 del alvéolo y del capilar son prácticamente iguales. Esta
diferencia se conoce como AaPO2 y se acepta normal una diferencia inferior a 20 mmHg:
AaPO2 = PAO2 - PaO2
PAO2 = (Patm − PH2O) × FiO2 − (PaCO2/CR)
9
donde PAO2 es la presión alveolar de O2 arterial,
Patm es la presión atmosférica (760 mmHg), PH2O es
la presión de vapor de agua (47 mmHg), FiO2 es la
fracción inspiratoria de oxígeno, PaCO2 es la presión parcial de CO2 en sangre arterial, que se utiliza
en vez de la alveolar dada la imposibilidad de medir esta última, y CR es el cociente respiratorio (relación entre la producción de CO2 y el consumo de
O2, cuyo valor aproximativo es igual a 0,8). El cálculo del AaPO2 permite diferenciar el origen de la
insuficiencia respiratoria en intrapulmonar (AaPO2
elevado) o extrapulmonar (AaPO2 normal). Uno de
los principales inconvenientes del AaPO2 es que su
cálculo está muy influido por el valor de la FiO2. De
hecho, el valor «normal» de AaPO2 (15 mmHg) aumenta al incrementarse la FiO2. Por ello, si la FiO2
Tabla 9-1
a
Clasificación de la insuficiencia respiratoria y principales características
Clasificación
PaO2
PaCO2
FR
VT
Fase inicial IRA
Fase avanzada IRA
Fase final IRA / IRCA
↓a
↓a
↓a
↓
↔
↑b
↑
↑
↑
↑
↑
↑o↔
Hipoventilación
Patrón superficial
↔
↔
↑b
↑b
↑
↑
↓
↓
Inefectividad
ventilatoria
Hiperventilación
↔
↑b
↑
↑
↔
↓b
↑
↑
Causas
↑cortocircuito (neumonía, insuficiencia cardíaca,
neumotórax, derrame pleural)
↑espacio muerto: TEP, EPOC, asma grave,
progresión de IRA
Sedantes, AVC, traumatismo craneoencefálico
Dolor, fatiga muscular respiratoria o ↑trabajo
respiratorio
↑espacio muerto: TEP, EPOC, asma grave
↑VCO2: fiebre, sepsis, tirotoxicosis
Asma inicial, agitación, acidosis metabólica
Insuficiencia respiratoria hipoxémica. b Insuficiencia respiratoria hipercápnica.
AVC: accidente vascular cerebral; EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica; FR: frecuencia respiratoria; IRA: insuficiencia
respiratoria aguda; IRCA: insuficiencia respiratoria crónica agudizada; PaCO2: presión parcial de dióxido de carbono arterial; PaO2:
presión parcial de oxígeno arterial; TEP: tromboembolismo pulmonar; VCO2: producción de dióxido de carbono; VT: volumen
corriente (tidal).
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 93
mento del bicarbonato (reflejo de la cronicidad de la
hipercapnia). Alternativamente, puede observarse alcalosis respiratoria en presencia de hipocapnia aguda por hiperventilación, lo que en presencia de hipoxemia indicaría también IRA.
Mecanismos fisiopatológicos de la hipoxemia
Los mecanismos fisiopatológicos que explican la
hipoxemia se dividen en intrapulmonares y extrapulmonares.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Causas intrapulmonares de hipoxemia
Cortocircuito (shunt). Se produce cuando parte
de la sangre que llega al circuito arterial lo hace
sin haber pasado por regiones ventiladas del pulmón. Normalmente una porción de la sangre venosa pasa al circuito arterial sin haber sido oxigenada a través de la circulación bronquial y las
venas de Tebesio (shunt fisiológico). Cualquier comunicación vascular anómala entre el circuito venoso y el arterial, defectos de los tabiques cardíacos o zonas del pulmón perfundidas pero no
ventiladas constituyen zonas de shunt patológico.
La característica fundamental del shunt, a diferencia de lo que ocurre en la desigualdad
entre la
. .
ventilación y la perfusión (VA/Q), es que la hipoxemia debida a este mecanismo se corrige muy
poco con la administración de oxígeno. Esto se
debe a que estas áreas que constituyen el shunt no
están ventiladas, por lo que el oxígeno aportado
no llega al capilar pulmonar.
. .
Desigualdades VA/Q. Es el mecanismo de hipoxemia
. más
. frecuente en la práctica clínica. El cociente VA/Q expresa la relación entre áreas ventiladas y perfundidas del pulmón. La distribución de
la ventilación, al igual que la perfusión, no es homogénea a lo largo de todo el pulmón. Así, en los
ápices pulmonares la ventilación es
que la
. mayor
.
perfusión, y la relación puede ser VA/Q > 1. En las
bases pulmonares
. la. perfusión es mayor que la
ventilación,
con
V
/Q < 1. Globalmente la relación
A
. .
VA/Q se considera igual a 0,8. Siempre que haya
ocupación del espacio aéreo por líquido o células
(neumonía, síndrome de distrés respiratorio agudo
[SDRA], edema agudo de pulmón) o disminuyan
las áreas ventiladas debido a obstrucción en la vía
aérea (asma, enfermedad pulmonar
. . obstructiva
crónica [EPOC]) habrá áreas de VA/Q bajas. Cuando haya una disminución de la perfusión de zonas
ventiladas (tromboembolismo
pulmonar, enfisema)
. .
habrá zonas de VA/Q altas.
Alteraciones de la difusión. En un pulmón
ideal, la sangre arterial sería la misma que en el
gas alveolar. El oxígeno difunde desde el gas alveolar (PAO2 = 110 mmHg) hasta la sangre venosa
(PvO2 = 40 mmHg) de forma pasiva a favor del
gradiente de presión. En condiciones normales la
barrera alveolocapilar no supone ninguna limitación, más aún, la hemoglobina del hematíe se encuentra completamente saturada normalmente al
haber recorrido un 25% de la longitud del capilar
en contacto con el alvéolo (superficie de hematosis). En algunas enfermedades (enfermedades
intersticiales) el aumento de grosor del espacio intersticial por depósito de colágeno puede limitar
la difusión de oxígeno a través de la membrana
alveolocapilar. Estas circunstancias se ponen de
manifiesto durante el ejercicio cuando, al aumentar la velocidad de tránsito del hematíe a través
del capilar, el tiempo disponible para la hematosis
es insuficiente para completar la saturación de la
hemoglobina. La hipoxemia debida a alteraciones
de la difusión, al igual
en el caso de la altera. que
.
ción de la relación VA/Q, responde positivamente
a la administración de O2.
Causas extrapulmonares de hipoxemia
Hipoventilación alveolar. Puede presentarse en
un pulmón sano, por lo que el AaPO2 es normal.
Esto es, el descenso de la PaO2 es equivalente al
incremento de la PaCO2. Ejemplos de hipoventilación son la intoxicación por fármacos neurodepresores y patologías del sistema nervioso central.
Disminución de la FiO2 ambiental. Consecuencia de la disminución de la presión parcial de
O2 del aire inspirado (p. ej., altitud).
Disminución del gasto cardíaco. Cuando el
GC disminuye, con la consiguiente reducción del
transporte de O2, los tejidos se ven obligados a extraer más O2 de la sangre arterial de la que se nutren, por lo que el O2 de la sangre venosa mixta
también disminuye. Esto supone un aumento en el
gradiente de O2 alveolar, y la saturación arterial de
O2 puede permanecer ligeramente disminuida.
Disminución de la concentración de hemoglobina. La anemia actuaría de igual manera que
la disminución del gasto cardíaco en la reducción
del transporte de oxígeno y aumento de la extracción tisular de oxígeno.
Mecanismos fisiopatológicos
de la hipercapnia
En función del valor de PaCO2 puede añadirse un
«apellido» al diagnóstico de insuficiencia respiratoria:
N
Hipocapnia (PaCO2 <35 mmHg). Implica la presencia de hiperventilación alveolar, habitualmente en casos de IRA. La hiperventilación
aguda causa alcalosis respiratoria (pH alto y
9
94 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
N
N
9
PaCO2 baja). Para compensar este aumento del
pH, el riñón elimina bicarbonato. Este proceso
requiere entre 24 y 48 h. Por tanto, si la hipocapnia se acompaña de pH alto y bicarbonato normal puede hablarse de hiperventilación aguda;
si se acompaña de pH normal (o tendencia a la
normalidad) y bicarbonato bajo, puede hablarse
de hiperventilación crónica (>48 h).
Normocapnia (PaCO2 = 35-45 mmHg). Puede
indicar enfermedad aguda o crónica. Los enfermos que retienen crónicamente CO2 (fundamentalmente casos de EPOC), ante una situación aguda (p. ej., neumonía), pueden
hiperventilar, por lo que «normalizan» su valor
de PaCO2. Por otra parte, la normocapnia puede indicar gravedad en las situaciones con excesivo trabajo respiratorio por hiperventilación
(p. ej., agudización grave del asma con hipocapnia). Cuando el enfermo presenta fatiga
muscular respiratoria, entonces la PaCO2 empieza a elevarse y se «normaliza», lo cual indica
que se encuentra en la fase inicial de claudicación ventilatoria.
Hipercapnia (PaCO2 >45 mmHg). La hipercapnia indica hipoventilación global y/o importantes desequilibrios de .las .distribuciones de
la ventilación-perfusión VA/Q , situaciones que
cursan con AaPO2 normal o elevado, respectivamente. La presencia de hipercapnia per se no
discrimina entre insuficiencia respiratoria aguda o crónica, al poderse presentar en ambas situaciones. En general, la hipercapnia aguda
suele asociarse a disminución del pH (bicarbonato normal), mientras que la hipercapnia crónica (>48 h) suele asociarse a pH normal (bicarbonato alto).
El valor de bicarbonato (o el del exceso de
base) está en función de los parámetros anteriores
y del tiempo transcurrido. En la acidosis respiratoria tiene tendencia a elevarse para compensar la
disminución del pH; en la alcalosis respiratoria
desciende para compensar el aumento de pH secundario a la hipocapnia. En las situaciones no
agudas, en las que los diferentes mecanismos de
compensación ya han tenido tiempo de actuar, es
difícil establecer si se trata de una alteración primitivamente metabólica o respiratoria compensada. Los mecanismos homeostáticos corporales tienen tendencia a restituir el valor de pH hacia la
normalidad, pero nunca actúan de forma excesiva
con hipercompensación (v. cap. 63).
El tratamiento de la insuficiencia respiratoria,
aparte del etiológico, requiere fundamentalmente
dos procedimientos: oxigenoterapia y ventilación
mecánica, bien sea ésta invasiva (VMI) o no inva-
siva (VMNI). Esta última incide en los casos de
hipoventilación, aportando un aumento del volumen corriente, y, en la insuficiencia respiratoria
hipoxémica, facilitando el reclutamiento alveolar.
Aunque la insuficiencia respiratoria puede tener
diferentes niveles de gravedad, este texto se centra
en el soporte respiratorio en los casos de una gravedad elevada, por lo que frecuentemente los enfermos necesitan ayudas artificiales para combatirla. En la figura 9-1 se presenta una primera
aproximación (en emergencias, urgencias, etc.) al
enfermo disneico y, potencialmente, con insuficiencia respiratoria.
OXIGENOTERAPIA EN EL ENFERMO
CRÍTICO
El tratamiento inicial de la insuficiencia respiratoria hipoxémica es la administración de oxígeno.
Los efectos directos de la administración de oxígeno por encima de la fracción ambiental (0,21)
son el incremento de la tensión alveolar de oxígeno, que hace mejorar la hipoxemia, y la disminución del trabajo ventilatorio y cardíaco.
Sistemas de administración de oxígeno
Los sistemas de administración de oxígeno (y gases en general) se pueden clasificar de diferentes
formas:
En función de la fracción inspiratoria de oxígeno que administran. La fracción inspiratoria de
oxígeno (FiO2) se define como la cantidad de oxígeno medible y calculable que se administra a un
enfermo. En la práctica clínica se expresa en porcentaje (%), de forma que cuando se administre
oxígeno puro se hace referencia a la administración de oxígeno al 100% o 1, mientras que cuando
un enfermo respire aire ambiente estará respirando oxígeno al 21% o 0,21. En enfermos no críticos
la concentración de oxígeno administrada no suele
superar el 40%, mientras que en enfermos críticos
estas concentraciones pueden ser muy superiores
e incluso mantenerse al 100% durante muchas horas. El uso de la FiO2 deriva de la necesidad de
mantener un control de la efectividad de la oxigenoterapia (v. más adelante).
En función de la presencia o no de rebreathing.
Entendemos por rebreathing la reinhalación de parte
del aire espirado. En los sistemas sin rebreathing los
gases espiratorios tienen un mínimo contacto con el
gas inspirado al ser espirados a la atmósfera a través
de una válvula unidireccional. En estos sistemas se
requiere un flujo inspiratorio adecuado que satisfaga
las necesidades ventilatorias del enfermo. Para conse-
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 95
¿Está consciente?
No
Sí
¿Tiene signos de alarma?
– Livideces
– Cianosis intensa
– Respiración paradójica
No
Sí
¿Puede hablar?
Sí
No
¿Es EPOC?
No
Sí
Frecuencia respiratoria
Ventilar con balón autoinchable + O2
Preparar intubación endotraqueal
≤30 resp./min «Potencialmente
MODERADA»
>30 resp./min «Potencialmente
GRAVE»
SpO2
SpO2
≥92%
Leve
85-92%
Moderada
<85%
Grave
≥92%
Moderada
85-92%
Grave
9
<85%
Muy grave
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Figura 9-1 Algoritmo de actuación ante el enfermo disneico y potencialmente en insuficiencia respiratoria.
Los enfermos de carácter leve y moderado podrán seguir tratamiento y evolución en urgencias, mientras que los
graves y muy graves necesitarán estar en áreas de vigilancia donde puedan recibir soporte ventilatorio inmediato si
las circunstancias empeoran. Igualmente, los casos moderados que no mejoren rápidamente precisarán un control más
próximo para detectar precozmente su posible evolución a grave. EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
guirlo, se puede colocar un reservorio en el circuito
inspiratorio, o bien, mediante la válvula unidireccional, permitir la entrada de aire atmosférico cuando
los requerimientos ventilatorios del enfermo sean
muy elevados. En los aparatos con rebreathing existe
un sistema de reservorio en el circuito espiratorio con
absorción de CO2, de tal forma que el aire espirado
sin este gas puede volver a ser reutilizado en la inspiración (sistema utilizado para el reaprovechamiento
de los gases anestésicos).
En función de la cantidad de flujo que pueden
administrar. Un sistema de alto flujo es aquel en
que el flujo de oxígeno y la capacidad del reservorio son suficientes para proporcionar el volumen
minuto requerido por el enfermo, de forma que el
enfermo únicamente respira el gas suministrado
por el sistema. La mayoría de sistemas de alto flujo
son sistemas tipo Venturi, que se basan en el principio físico de Bernouilli: un flujo gaseoso que circula a alta velocidad por un conducto estrecho
produce una presión subatmosférica lateral a la
salida del conducto que facilita la entrada de aire
atmosférico a dicho conducto, si existen orificios
de entrada para dicho aire. Variando el tamaño de
estos orificios laterales se puede variar de forma
fija la FiO2, mientras que la variación en el flujo
modifica el volumen total de gas suministrado por
el sistema (fig. 9-2). En la tabla 9-2 se muestran las
96 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Ventana de entrada de aire
Inyector
de oxígeno
Receptáculo
para el arrastre
de aerosol
FiO2
24
28
35
31
40
Figura 9-2 Sistemas de administración de oxígeno de alto flujo tipo Venturi. Estos sistemas aplican el principio físico
de Bernouilli y se denominan sistemas Venturi.
9
relaciones de mezcla entre el aire ambiente y el
oxígeno para conseguir una determinada FiO2. En
los sistemas de alto flujo, la FiO2 administrada es
constante y predecible y no está influenciada por
el patrón ventilatorio del enfermo. Asimismo, el
aire atmosférico puede ser humidificado.
Los sistemas de bajo flujo son incapaces de
proporcionar todo el volumen minuto requerido
por el enfermo y, por lo tanto, parte del volumen
corriente inspirado proviene del aire atmosférico. De este modo, la FiO2 administrada no es
constante ni predecible y depende del flujo de
oxígeno, del patrón ventilatorio del enfermo y
del tamaño del reservorio de oxígeno (si lo hubiese). En general, los sistemas de bajo flujo se
utilizan idealmente si el volumen corriente (VT)
del enfermo está entre 300 y 700 ml, la frecuencia
respiratoria es inferior a 25 respiraciones por minuto y el patrón ventilatorio es regular y constante. Los sistemas de bajo flujo comprenden las
cánulas nasales, las tiendas de oxígeno (ambas
muy poco utilizadas en la práctica clínica), las
lentillas nasales y las mascarillas con reservorio.
En la tabla 9-3 se muestra la FiO2 aproximada a
diferentes flujos para 3 sistemas de bajo flujo y
asumiendo un patrón ventilatorio normal.
Tabla 9-3 Guía orientativa para estimar la FiO2
en los sistemas de bajo flujoa
Sistema de
administración
Flujo de O2 al
100% (l/min)
FiO2
Cánula nasal o
catéterb
1
2
3
4
5
0,24
0,28
0,32
0,36
0,40
6
0,44
5-6
6-7
0,40
0,50
7-8
0,60
6
7
8
9
10
0,60
0,70
0,80
0,80
0,80
Tabla 9-2 Relación entre aire ambiental y oxígeno
puro en sistemas de alto flujo para conseguir una
determinada FiO2
a
Concentración de oxígeno
(FiO2)
Mezcla airea/oxígeno
100% (l)
Mascarilla simple
0,24
0,28
0,35
0,40
0,60
0,70
25/1
10/1
5/1
3/1
1/1
0,6/1
Mascarilla con
reservorio
Asumiendo que la concentración de oxígeno en el aire
inspirado es del 20,9%.
a
Asumiendo un patrón ventilatorio normal.
Cada l/min adicional en el flujo de oxígeno aumenta la FiO2
un 4% aproximadamente.
b
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 97
Aplicación clínica de la oxigenoterapia
en el enfermo crítico
Por lo general, se administra oxígeno cuando la
PaO2 basal es inferior a 60 mmHg. En la práctica
clínica, para su aplicación es útil distinguir 3 situaciones generales, cada una de ellas con particularidades: enfermos con insuficiencia respiratoria
hipoxémica con hipocapnia o normocapnia, enfermos con insuficiencia respiratoria hipoxémica hipercápnica (fig. 9-3) y enfermos con VMI.
Enfermos con insuficiencia respiratoria hipoxémica hipocápnica o normocápnica. El paradigma clínico es el enfermo con neumonía, y el
mecanismo fisiopatológico principal de la hipoxemia es el shunt o cortocircuito (v. tabla 9-1). En estos casos hay que iniciar la oxigenoterapia me-
Normo o hipocápnicaa
diante un sistema de alto flujo tipo Venturi a una
concentración elevada (35-40%), ajustándola al mínimo necesario para mantener una PaO2 >60 mmHg.
Si con estas concentraciones no es suficiente, se incrementa la FiO2 hasta el 50% o bien se sustituye
por sistemas de bajo flujo de tipo mascarilla con
reservorio (FiO2 60-80%). Si incluso administrando
estas altas concentraciones de oxígeno no se alcanza una PaO2 adecuada, puede plantearse la utilización de un sistema de VMNI con mascarilla nasal
u orofacial, preferentemente la BPAP (bi-level positive airway pressure). Con este sistema se pretende
reabrir unidades alveolares colapsadas e incrementar la superficie útil para el intercambio gaseoso, con el objetivo de mejorar la PaO2. En caso de
persistir la hipoxemia o presentar deterioro clínico, se procede a intubación endotraqueal y la VMI
del enfermo (v. fig. 9-3).
Insuficiencia respiratoria
hipoxémica
Hipercápnicab
O2 con sistema de alto
flujo (Venturi) con FiO2
elevada (0,35-0,4)
O2 con sistema de alto
flujo (Venturi) con FiO2
baja (0,24)
PaO2 60 mmHg
y/o SaO2 90%
Monitorizar PaO2 y/o SaO2
90%
Reducir FiO2 manteniendo
PaO2 60% y/o SaO2 90%
PaO2 60 mmHg y/o SaO2 90%
–
Monitorizar
PaCO2
Elevación o
aparición de
hipercapnia
Subir la FiO2 mediante sistemas
de alto flujo (hasta FiO2 0,6) o
de bajo flujo con reservorio
(FiO2 0,6-0,8)
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Monitorizar PaO2 y/o la
SaO2 90%
PaO2 60 mmHg y/o SaO2 90%
Ventilación mecánica
no invasivac
Figura 9-3 Algoritmo de aplicación de oxigenoterapia en función del patrón gasométrico.
a
El paradigma es el enfermo con neumonía y el mecanismo fisiopatológico principal de la hipoxemia es el shunt
o cortocircuito.
b
El paradigma de esta situación son las reagudizaciones de los enfermos con EPOC, pero es aplicable a todos los
enfermos que presenten alguna enfermedad respiratoria crónica y la agudización de su enfermedad curse con
hipoxemia e hipercapnia.
c
Ésta deberá realizarse también siempre que clínicamente el enfermo lo requiera.
EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica; FiO2: fracción inspiratoria de oxígeno; PaCO2: presión parcial
de anhídrido carbónico arterial; PaO2: presión parcial de oxígeno arterial: SaO2: saturación de oxígeno de la
hemoglobina en muestra de sangre arterial.
9
98 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
9
Enfermos con insuficiencia respiratoria hipoxémica e hipercápnica. El paradigma de esta
situación es la reagudización de los enfermos con
EPOC. En este caso se inicia la oxigenoterapia con
un sistema de alto flujo tipo Venturi a la concentración más baja posible (24%). La utilización de
concentraciones mayores (con sistemas de alto o
bajo flujo) no conduce a una mejoría importante
de la hipoxemia pero sí a un incremento de la hipercapnia. Este fenómeno se debe a que la administración de altas concentraciones de oxígeno
disminuye el estímulo ventilatorio en estos enfermos que, al liberar la vasoconstricción hipóxica
pulmonar, deteriora aún más las relaciones VA/Q.
Si con ello no es suficiente para mantener una PaO2
por encima de 60 mmHg, se puede incrementar la
FiO2, pero siempre vigilando la posible aparición
de una hipercapnia importante, en cuyo caso se
instaurará VMNI o VMI (v. fig. 9-3).
Enfermos con VMI. Al iniciar la ventilación
artificial se pauta una FiO2 del 100% para, con
posterioridad, disminuir progresivamente dicha
concentración según los valores gasométricos obtenidos, procurando en lo posible mantener la
FiO2 por debajo del 60%. En el proceso de retirada
de la VMI, durante las pausas en tubo en T se utilizan sistemas tipo Venturi con FiO2 ligeramente
superior a la que recibía el enfermo durante la
VMI. Después de la extubación es también preferible aplicar sistemas de alto flujo tipo Venturi con
FiO2 elevada (40%).
Control de la efectividad
de la oxigenoterapia
El control de la efectividad de la oxigenoterapia se
realiza de dos formas:
N
N
Control clínico. Cuando mejora la hipoxemia,
cabe esperar una disminución de la frecuencia
respiratoria y de la frecuencia cardíaca, así
como una tendencia a la normalización de la
presión arterial. Si el estado de conciencia estaba inicialmente alterado, cabe esperar también
una mejoría de éste.
Control gasométrico. Hay que realizar una gasometría arterial a todo enfermo a los 20-30 min
de iniciar la oxigenoterapia o después de cualquier cambio en su administración. Cabe decir
que los valores absolutos de PaO2 pueden generar confusión cuando se comparan gasometrías realizadas a FiO2 diferentes. En estos casos
tienen interés los denominados parámetros derivados, como el AaPO2, el cociente arterioalveolar de oxígeno o, lo más habitual, la relación
PaO2/FiO2, que permite comparar las diferen-
tes gasometrías del mismo enfermo si se han
realizado a distintas FiO2. Actualmente suele realizarse el control incruento de la oxigenoterapia
mediante la pulsioximetría, método basado en
las diferencias existentes en la refracción de la
luz por parte de la hemoglobina reducida y de
la oxihemoglobina (v. cap. 4).
Complicaciones de la oxigenoterapia
El oxígeno, como todo medicamento tiene sus propios efectos adversos que deben ser conocidos al
administrarlo:
N
N
N
N
N
Puede ser explosivo si existen elementos incandescentes a su alrededor.
Como el oxígeno puro no está saturado de vapor de agua, reseca la mucosa orofaríngea y las
vías aéreas, lo que puede llegar a ser muy molesto para el enfermo. Por este motivo es necesario humidificar el aire inspirado, particularmente cuando se administre a altas concentraciones
(sistemas de bajo flujo con reservorio o sistemas
Venturi con FiO2 >40%).
El oxígeno puro produce daño pulmonar y fibrosis pulmonar irreversible en animales. Sin
embargo, se desconoce a partir de qué concentración y de qué período ocurre ese daño en
humanos. Por ello, durante la VMI se recomienda administrar oxígeno, siempre que sea
posible, a concentraciones inferiores al 60%.
Provoca la aparición de atelectasias durante la
VMI por lavado del nitrógeno alveolar, y puede aparecer un fenómeno paradójico de caída
de la PaO2.
El oxígeno puede favorecer la aparición de hipoventilación y narcolepsia por CO2.
VENTILACIÓN MECÁNICA INVASIVA
La ventilación mecánica es el proceso por el que,
mediante diferentes dispositivos, se sustituye total
o parcialmente y de forma temporal la ventilación
espontánea, es decir, el intercambio de oxígeno y
CO2 entre el aire ambiente y el alvéolo. Dicho procedimiento se realiza tanto de forma invasiva (VMI),
fundamentalmente a través de intubación traqueal
y aplicación de presión positiva, como de forma no
invasiva (VMNI), y constituye uno de los procedimientos que más caracterizan las unidades de cuidados intensivos (UCI). Entre el 30 y el 70% de los
enfermos críticos ingresados en la UCI requieren
VMI durante más de 12 h, mayoritariamente por
insuficiencia respiratoria aguda (65-75%) y por reagudización de la EPOC (8-20%). Los principales
objetivos de la VMI se resumen en la tabla 9-4.
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 99
Tabla 9-4
Objetivos de la ventilación mecánica
Ganar tiempo (es un soporte vital, no un tratamiento
curativo)
Mejorar el intercambio de gases
Recuperar la hipoxemia
Alcanzar una PaCO2 adecuada
Recuperar la acidosis respiratoria
Aliviar la disnea
Disminuir el coste energético de la respiración
Revertir la fatiga muscular
Mejorar la mecánica pulmonar
Prevenir y resolver atelectasias
Mejorar la compliancia pulmonar
Estabilizar la pared torácica
Permitir la sedación y/o el bloqueo neuromuscular
Evitar las complicaciones
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Principios técnicos del funcionamiento
del ventilador
Actualmente la VMI se basa en el suministro de aire
a los pulmones generando una presión positiva, a
diferencia de los clásicos «pulmones de acero», que
intentaban imitar el proceso fisiológico de la respiración generando una presión intratorácica negativa.
La espiración sigue siendo pasiva, permitiendo que
el aire insuflado escape de los pulmones. Por tanto,
un ventilador mecánico es simplemente un generador de flujo de gases (aire y oxígeno) aplicados con
una cierta presión durante un cierto tiempo y de forma cíclica. La fuente de gases suele basarse en la
presión a la que se acumulan los gases medicinales
(sea en bombonas o en depósitos centralizados). El
ventilador en realidad reduce enormemente esa
presión, de manera que la resultante no sea lesiva
para el tejido pulmonar, además de controlar el volumen y el flujo administrado. Los ventiladores de
transporte frecuentemente sólo requieren una bombona de oxígeno, ya que captan el aire del ambiente
para la mezcla gaseosa. Sólo algunos ventiladores
exclusivos para VMNI no usan gases a presión, sino
que generan un flujo acelerando el aire ambiente
mediante una turbina.
La entrada de aire generado por el ventilador
depende de la apertura de la válvula inspiratoria.
Respecto a dicho procedimiento, se puede controlar el «cuándo» (inicio), el «cuánto» (limitación) y
«durante cuánto tiempo» (ciclado). La inspiración
se inicia a intervalos fijos si se ha seleccionado una
frecuencia respiratoria predeterminada, o bien en
respuesta al estímulo inspiratorio del enfermo,
para lo que el ventilador dispone de un sensor o
trigger que detecta el esfuerzo inspiratorio. Para la
selección del «cuánto», el flujo de gases se administra hasta alcanzar un volumen preseleccionado
o un nivel seleccionado de presión. Por último, la
válvula inspiratoria se mantiene abierta el tiempo
determinado, transcurrido el cual ésta se cierra y
se abre la válvula espiratoria. La duración de la
inspiración se selecciona directamente por tiempo,
definiendo la proporción I:E o por cambios en el
flujo inspiratorio. En general, los ventiladores tienen algún sistema de control de la salida de gases
espirados de manera que, además de registrar el
volumen espirado real, puedan oponerse parcialmente a la espiración y generar presión positiva
durante la espiración (concepto de presión positiva al final de la espiración [PEEP]), lo que condiciona un incremento de la capacidad residual
funcional.
Debe remarcarse que el tubo endotraqueal o cánula de traqueostomía elude el sistema natural de
humidificación, con lo que los gases ventilatorios
llegan directamente al árbol traqueobronquial, por
lo que precisan ser calentados y humidificados de
forma artificial. Para ello pueden emplearse intercambiadores pasivos de calor y de humedad o sistemas activos de calentamiento y de humidificación. Mientras las diferencias entre sus ventajas e
inconvenientes aún requieren más estudios, lo que
es evidente es que la falta de humidificación sí conlleva secuelas pulmonares demostrables, como son
el espesamiento de las secreciones, con dificultad
para eliminarlas y/o aspirarlas, lo que aumenta el
riesgo de infección pulmonar, y el empeoramiento
del broncoespasmo y de las resistencias de las vías
aéreas, principalmente en enfermos con EPOC.
Parámetros y programación del ventilador
mecánico
Para aplicación de la VMI en sus modalidades básicas, se ajustan los siguientes parámetros ventilatorios:
Fracción inspiratoria de oxígeno (FiO2). Se utiliza la mínima necesaria para conseguir los objetivos de oxigenación, generalmente una PaO2
≥60 mmHg y/o una SaO2 ≥90%, para disminuir los
efectos secundarios de la oxigenoterapia.
Frecuencia respiratoria. Número de ciclos respiratorios (insuflación-espiración) durante 1 min.
Para la mayoría de los enfermos suele aplicarse
una frecuencia inicial de 12-16 respiraciones/min.
Posteriormente, y una vez establecido el volumen
corriente, se aumenta o disminuye la frecuencia
respiratoria para conseguir la PaCO2 y el pH deseados, además de monitorizar el atrapamiento aéreo
dinámico o auto-PEEP. La programación de una
9
100 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
cadenante de la respiración define una modalidad
ventilatoria como asistida.
Volumen corriente (VT). Es la cantidad de aire
que se moviliza con cada respiración normal. El
VT deseado puede asignarse directamente en las
modalidades limitadas por volumen, por lo que
se insufla un flujo de aire hasta alcanzar dicho volumen. Por el contrario, el VT puede ser el resultado de la administración de un flujo de aire hasta
alcanzar una presión determinada (modalidades
limitadas por presión), en cuyo caso el VT resultante depende de la resistencias de las vías aéreas
y de la compliancia pulmonar. El flujo de aire
puede administrarse de forma constante o decelerante, creando diferentes ondas de presión inspiratoria (fig. 9-4). El VT apropiado para cada enfermo depende fundamentalmente del peso y de la
patología. Se ha demostrado que en enfermos con
lesión pulmonar aguda (LPA) y síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA), un VT =6 ml/kg
(peso ideal) se asocia a una menor mortalidad (estrategia protectora pulmonar) que los VT utilizados clásicamente de 10-12 ml/kg. En otras patologías se desconoce el VT ideal, pero suele situarse
frecuencia respiratoria fija define una modalidad
ventilatoria de forma controlada o mandatoria.
Trigger. Como se ha comentado con anterioridad, los ventiladores disponen habitualmente de
un sensor que detecta el esfuerzo inspiratorio del
enfermo y que abre la válvula inspiratoria e inicia
la insuflación generada por el ventilador. La sensibilidad del sensor ha de ajustarse para evitar que
el enfermo tenga que realizar grandes esfuerzos
inspiratorios para abrir la válvula inspiratoria,
pero no ha de ser tan sensible que la abra ante
cualquier movimiento sutil del enfermo o del agua
en el interior de las tubuladuras (provocaría autociclado). El sensor puede ser de presión, de flujo o
mixto. En el primer caso, la inspiración se inicia si
el enfermo genera una presión negativa en la vía
aérea, y es habitual programar la apertura ante
presiones de −1 a −3 cmH2O. Los sensores de flujo,
más sensibles, monitorizan un flujo gaseoso que se
mantiene en el circuito durante la fase espiratoria.
Una disparidad en el flujo de retorno indica que
ha iniciado un esfuerzo inspiratorio (sin haber generado todavía presión negativa) y la válvula inspiratoria se abre. El ajuste del trigger como desen-
Ciclo respiratorio
Ciclo respiratorio
Inspiración
Espiración
F. Insp. Pausa
Presión inspiratoria (pico)
9
Inspiración
Fase inspiratoria
Espiración
Presión inspiratoria
Presión de elastancia
(meseta, plateau)
Presión espiratoria
Presión espiratoria
P
atm
PEEP
atm
PEEP
V
V
+
–
+
–
0
0
Figura 9-4 Curvas de presión, flujo y volumen para diferentes patrones de flujo inspiratorio (izquierda: flujo
constante, derecha: flujo decelerante).
V·: flujo. Flujo: movimiento de fluido consecuente a la aparición de un gradiente de presión (l/min). Volumen:
resultado de integrar el flujo a través del tiempo (l). P: presión resultante de aplicar una fuerza sobre una superficie
(cmH2O). El flujo constante es propio de las modalidades limitadas por volumen, que dan lugar a una curva de
presión típica con una presión pico (mayor presión medida en la vía aérea en cada ciclo respiratorio, que representa
la presión total necesaria para vencer la resistencia al flujo inspiratorio, la fuerza de retracción elástica del pulmón
y la caja torácica y la presión alveolar) y una meseta o plateau (que representa la presión aplicada a la pequeña vía
aérea y los alvéolos; para su determinación puede ser necesario realizar una pausa inspiratoria). El flujo decelerante
o descendente puede distribuir el aire de forma más uniforme, sobre todo en caso de obstrucción de la vía aérea,
disminuyendo la presión pico y haciéndola constante. Es propia de las modalidades limitadas por presión.
PEEP: presión positiva al final de la espiración.
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 101
en 6-8 ml/kg (tabla 9-5). En cualquier caso, el VT
se ajusta para no sobrepasar una presión inspiratoria meseta de 30-35 cmH2O, aun a expensas de
provocar cierta hipoventilación (hipercapnia permisiva) para prevención de la morbilidad asociada a la VMI.
Tiempo inspiratorio (relación I:E). Durante la
ventilación espontánea en un individuo sano el
tiempo espiratorio es el doble que el inspiratorio
(relación I:E, 1:2), y dicha relación es la que habitualmente se mantiene durante la VMI. En situaciones de hipoxemia grave puede ser útil alargar
el tiempo inspiratorio, mientras que en caso de hiperinsuflación dinámica pulmonar puede acortarse para disminuir el atrapamiento aéreo (y la habitual asincronía). No obstante, cabe mencionar
que la reducción de la frecuencia respiratoria suele aportar más tiempo espiratorio por minuto que
la modificación de la relación I:E.
Presión positiva al final de la espiración
(PEEP). Es la presión positiva que puede dejarse
al final de la espiración de un enfermo sometido a
VMI si se impide que la válvula espiratoria se
abra por completo. Su objetivo es evitar el colapso
alveolar al final de la espiración inicialmente, y reclutar alvéolos mejorando la oxigenación si es necesario. Un valor habitual de inicio son 3-5 cmH2O
(PEEP «fisiológica»), si bien se pueden llegar a
usar valores de hasta 20 cmH2O en el caso del
SDRA (PEEP suprafisiológica).
Desde el punto de vista clínico, cabe decir que
la cantidad de presión necesaria para abrir inicialmente zonas colapsadas es mucho mayor que la
que se precisa posteriormente sólo para evitar que
vuelvan a colapsarse. Así, la utilidad de la PEEP
es superior en enfermedades que cursan con colapso alveolar (p. ej., aspiración de contenido gástrico, sepsis de origen extrapulmonar) al estabili-
zar alvéolos con mucha tendencia a colapsarse y,
de esa forma, evitando el cierre y la apertura cíclicos y el atelectrauma subsiguiente. Por el contrario, en situaciones en que predomina la ocupación
alveolar, la PEEP conseguirá poco reclutamiento alveolar y provocará mayoritariamente sobredistensión pulmonar. La PEEP ha de utilizarse con precaución en enfermos con patología intracraneal
(puede aumentar la presión intracraneal y disminuir la presión arterial media, disminuyendo la
presión de perfusión cerebral), con enfermedad
pulmonar unilateral o focal (por compresión de
los capilares intraalveolares del pulmón sano, aumentando el cortocircuito al desviar la sangre a la
zona afecta), con hipotensión (al aumentar la presión intratorácica y reducir el retorno venoso y el
gasto cardíaco, especialmente en enfermos hipovolémicos), con hipovolemia, con tromboembolismo pulmonar, con hiperinsuflación dinámica (auto-PEEP) o con fístula broncopleural.
Modalidades ventilatorias
Actualmente se dispone de numerosas modalidades ventilatorias. Sin embargo, ningún estudio ha
mostrado evidencia de superioridad de una respecto a las otras, y es más importante la estrategia
ventilatoria que la modalidad. Cabe mencionar
que las diferencias en cuanto a la nomenclatura que
utilizan las diferentes compañías dificultan una estandarización de la nominación de estas entidades.
En este apartado se utilizan los términos basados
en los principios técnicos de la ventilación. Existen
diferentes formas de clasificar las modalidades
ventilatorias, tantas como posibles maneras hay de
regular la ventilación (tablas 9-6 y 9-7), y son complementarias entre sí. A continuación se detallan
las modalidades de uso más habitual.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 9-5 Parámetros generales utilizados en la ventilación mecánica actualmente (protección pulmonar)
y con anterioridad (tradicional)
Volumen corriente (ml/kg)
Suspiros
Presión inspiratoria (cmH2O)
PEEP (cmH2O)
Gasometría
PaCO2 (mmHg)
pH
PaO2 (mmHg)
SaO2 (%)
FiO2
Protección pulmonar
Tradicional
6-8
No
Presíón meseta <30
5-15
10-15
6-12/h de 15-30 ml/kg
Presión pico <50
Sólo si FiO2 >0,6
Hipercapnia permisiva
35-45
7,20-7,44
7,36-7,44
≥60
≥60
≥90
≥90
La necesaria para PaO2 ≥60 mmHg y/o SaO2 ≥90%
9
102 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 9-6
Modos de clasificación de las modalidades ventilatoriasa
Característica en función de la que se clasifica
Tipos de modalidad
Mecanismo que inicia la inspiración
Tiempos obligatorios
Disparo del trigger por parte del enfermo
Objetivo o limitación del flujo de aire
Final de la inspiración (ciclado)
Tipo de asistencia ventilatoriab
Características adicionales
Controlada o mandatoria
Asistida (ayuda posterior), espontánea (sin ayuda posterior)
Volumen o presión
Tiempo, presión, volumen, o flujo
Totalc o parciald
Con suspiro, ajuste de flujo, etc.
a
Las diferentes modalidades ventilatorias se pueden agrupar de diferentes maneras dependiendo de la característica en función de
la que se clasifiquen.
b
Algunas modalidades parciales pueden ayudar más a algunos enfermos si se seleccionan en grado máximo que algunos modos
pretendidamente totales si no están correctamente adaptados a las necesidades del enfermo.
c
Entre las modalidades de soporte ventilatorio total se incluye la ventilación asistida/controlada de volumen, la ventilación
controlada por presión, la ventilación controlada por volumen y regulada por presión, la ventilación por liberación de presión y la
ventilación de alta frecuencia oscilatoria.
d
Entre las modalidades de soporte ventilatorio parcial se incluye la ventilación de presión soporte, la ventilación sincronizada
intermitente mandatoria, la presión positiva continua en la vía aérea, la ventilación asistida proporcional, la ventilación mandatoria
mínima y la compensación automática del tubo endotraqueal.
Modalidades ventilatorias limitadas por volumen
9
Ventilación controlada por volumen (CMV). Es
una modalidad mandatoria sin que existan respiraciones iniciadas por el enfermo. En su programación se establece fundamentalmente una frecuencia
respiratoria, un VT y un tiempo inspiratorio (relación I:E). La presión resultante, que depende de los
parámetros ventilatorios y de las características del
enfermo (resistencia de la vía aérea y compliancia
pulmonar), genera una curva típica con una presión pico y una presión meseta o plateau.
Ventilación mecánica intermitente mandatoria sincronizada (SIMV). Variación de la anterior,
es una forma mixta de ventilación mecánica (controlada por volumen) y respiración espontánea
ideada hace varias décadas para favorecer el destete. Esta ventilación mínima se especifica con el
ajuste del VT y la frecuencia respiratoria SIMV.
Además, se ajusta la sensibilidad del trigger. Entre
los bolos mandatorios de ventilación, el enfermo
puede respirar espontáneamente y contribuir así
al volumen minuto. Los esfuerzos espontáneos se
pueden ayudar con presión de soporte. Entre tanto, los bolos mandatorios de ventilación aseguran
una ventilación mínima. A lo largo del destete, la
frecuencia SIMV se puede ir reduciendo hasta 0.
Ventilación asistida-controlada por volumen
(ACV). Como evolución de las modalidades anteriores, la ACV es una modalidad limitada por volumen en que la inspiración puede ser mandatoria
o asistida. Así, el enfermo puede disparar el trigger
e iniciar así un ciclo respiratorio, sincronizando su
esfuerzo inspiratorio con el inicio del ciclo por par-
te del ventilador. Una vez superadas las respiraciones pautadas, el enfermo puede aumentar el volumen minuto disparando el trigger en más ocasiones
de las programadas como frecuencia respiratoria.
Es la modalidad más utilizada hoy en día en la
UCI. Si el enfermo está miorrelajado, con sedación
profunda, en coma o si la ventilación programada
supera las demandas fisiológicas, el enfermo puede no disparar el trigger y «convertirse» en una modalidad controlada (CMV). En esta modalidad, al
igual que en las anteriores limitadas por volumen,
el flujo puede administrarse de forma constante o
decelerante. En este último caso, durante toda la
fase de inspiración se aplica una presión constante
(ACV regulada por presión).
Ventilación mandatoria mínima (MMV). Respiración espontánea con adaptación automática
de la ventilación mandatoria al volumen minuto
necesario para el enfermo. Ideado como sistema
de destete rápidamente progresivo, principalmente para enfermos posquirúrgicos, se basa en seleccionar cuál es el volumen minuto mínimo que necesita el enfermo para mantenerse y con qué VT y
frecuencia respiratoria. El ventilador aplica ese
patrón como volumen control mandatorio, al tiempo
que permite al enfermo realizar inspiraciones espontáneas. La diferencia entre el volumen minuto de respiración espontánea y el volumen minuto
ajustado es compensada mediante bolos mandatorios. Con presión de soporte, se puede asistir la
respiración espontánea. A medida que el enfermo
realiza más respiraciones espontáneas, el ventilador reduce el número de ciclos controlados, inten-
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 9-7
Modalidades de ventilación mecánicaa
Nomenclaturab
Ajustes
Trigger
Objetivo
Ciclado
Flujo
Presión
Ventilación mecánica controlada
limitada por volumen
CMV
VT, FR
Ventilador
Volumen
Volumen /
Tiempo
Constante /
Decelerante
Pico-meseta /
Constante
Ventilación mecánica asistidacontrolada limitada por volumen
ACV
VT, FR, trigger
Ventilador /
Enfermo
Volumen
Volumen /
Tiempo
Constante /
Decelerante
Pico-meseta /
Constante
Ventilación mecánica intermitente
sincronizada mandatoria limitada
por volumen
SIMV
VT, FR, FR-SIMV
Ventilador /
Enfermo
Volumen
Volumen /
Tiempo
Constante /
Decelerante
Pico-meseta /
Constante
Volumen soporte
VS
VT
Enfermo
Volumen
Volumen
Decelerante
Constante
Ventilación mecánica controlada
limitada por presión
PC
P, FR
Ventilador
Presión
Tiempo
Decelerante
Constante
Ventilación mecánica asistidacontrolada limitada por presión
PC
P, FR, trigger
Ventilador /
Enfermo
Presión
Tiempo
Decelerante
Constante
Ventilación mecánica intermitente
sincronizada mandatoria limitada
por presión
PC-SIMV
VT, FR, FR-SIMV
Ventilador /
Enfermo
Presión
Tiempo
Decelerante
Constante
Presión soporte
PSV-ASB
P
Enfermo
Presión
Flujo
Decelerante
Constante
Presión positiva continua en la vía aérea CPAP
P
Enfermo
Presión
Flujo
Decelerante
Constante
Presión positiva en la vía aérea de dos
niveles o bi-nivel
BPAP
P, FR
Enfermo
Presión
Flujo
Decelerante
Constante
Compensación automática del tubo
endotraqueal
ATC
P
Enfermo
Presión
Flujo
Decelerante
Constante
Ventilación mecánica por liberación
de presión
APRV
P, FR
Ventilador /
Enfermo
Presión
Tiempo
Decelerante
Constante
Ventilación mecánica proporcional
asistida
PAV
P
Enfermo
Presión
Flujo
Decelerante
Constante
a
No se presentan todas sino sólo las más relevantes. Para una explicación más completa, consultar el texto.
Las diferentes compañías que comercializan ventiladores mecánicos ofrecen diferentes nombres a las modalidades ventilatorias de idéntico o muy similar funcionamiento.
FR: frecuencia respiratoria; P: presión; VT: volumen corriente.
b
9
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 103
Modalidad
104 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
tando con ello llegar al punto de soporte ventilatorio nulo. El principal inconveniente es que si se
selecciona un volumen minuto alto, el enfermo no
reasume la ventilación espontánea y queda prolongadamente en volumen control mandatorio.
Por otra parte, si el enfermo, en su intento de reanudar la ventilación espontánea, emplea un patrón rápido y superficial, el ventilador lo aceptará
como bueno siempre que el volumen minuto final
sea mayor que el mínimo seleccionado.
Volumen soporte (VS). Modalidad puramente
asistida, en la que se programa un VT deseado y
se ajusta la sensibilidad del trigger. El enfermo inicia las respiraciones, que se complementan con la
presión necesaria para lograr ese VT, la cual podrá
ser variable con cada respiración. No se programa
una frecuencia respiratoria mínima, por lo que
obliga al ajuste de las alarmas de apnea y de volumen minuto.
Modalidades ventilatorias limitadas por presión
9
Presión control (PCV). Modalidad controlada limitada por presión y en la actualidad ciclada por
tiempo (como cualquier otra modalidad, sólo cicla
por presión cuando se alcanza el umbral de límite
de presión). En su programación se establece una
frecuencia respiratoria, una presión inspiratoria
(flujo decelerante) y un tiempo inspiratorio (relación I:E). No se controla el VT administrado, que
depende de la presión pautada y de las características del enfermo (resistencia de vías aéreas y compliancia pulmonar), por lo que deben ajustarse las
alarmas de VT y/o Vmin. Al igual que en AC/CMV,
si se ajusta el trigger permite el inicio de la inspiración, aumentando la frecuencia respiratoria y
adaptándose a la del enfermo (presión controlada
asistida). La seguridad se basa ahora en que las
presiones de insuflación nunca podrán elevarse
inadvertidamente (por lo que suele utilizarse en
patologías que conlleven una disminución de la
compliancia), aunque el inconveniente es que si el
enfermo empeora, el volumen insuflado se reduce,
con el riesgo subsiguiente de hipoventilación. Al
igual que en modo controlado de volumen, la
adaptabilidad al enfermo es baja, ya que el tiempo
inspiratorio es fijo, aunque permite un mayor volumen inspiratorio si el enfermo hace un esfuerzo
mayor.
Modalidades ventilatorias cicladas por flujo
Presión soporte (PSV). La modalidad de PSV es
un método de soporte ventilatorio parcial que se
usa fundamentalmente durante el destete. Es una
modalidad asistida en la que se libera presión
(presión de soporte) en respuesta a los esfuerzos
inspiratorios del enfermo, y ello se prolonga hasta
que el flujo inspiratorio desciende a un porcentaje
predeterminado de su valor máximo (habitualmente el 25%, modificable en algunos respiradores). Hay que ajustar el trigger de inicio de la inspiración (presión, flujo). La presión soporte se
programa de tal manera que se obtenga el VT deseado, de manera que su magnitud depende de la
distensibilidad pulmonar y de la resistencia de
la vía aérea. Si se requiere mayor ayuda, ya sea
para aumentar el VT o para reducir el esfuerzo del
enfermo, hay que aumentar la presión. No se prefija ni la frecuencia respiratoria ni el tiempo inspiratorio, por lo que este sistema se adapta más al
patrón respiratorio del enfermo. Asimismo, puede
ajustarse la aceleración del tiempo/flujo que determina la rapidez (rampa) para alcanzar la presión programada. Al ser una modalidad asistida,
hay que ajustar las alarmas de frecuencia respiratoria (detección de apneas y taquipnea) y del VT
(detección de respiración superficial y sobredistensión).
Algunos respiradores incorporan estrategias de
destete automático basados en la reducción progresiva de la presión de soporte, como el ASV (adaptive
support ventilation) y el SmartCare®. Este último incorpora un algoritmo basado en la medición de la
frecuencia respiratoria espontánea, el VT y la fracción de CO2 al final de la espiración (EtCO2), adaptando el nivel de PSV para mantener al enfermo en
una «zona confortable» de la respiración. El ASV
incorpora un control de SIMV aparte de la PS, y establece objetivos de frecuencia respiratoria y de VT.
Presión positiva continua en la vía aérea
(CPAP). Es el método de soporte ventilatorio más
simple, y se basa en la aplicación de presión positiva moderada (5 a 15 cmH2O) de forma continua
en el circuito ventilatorio (también puede hacerse
de forma no invasiva). El enfermo realiza respiraciones espontáneas y depende únicamente de su
musculatura respiratoria. La CPAP actúa mayoritariamente aumentando la capacidad residual
funcional, por lo que su principal aplicación es la
insuficiencia respiratoria hipoxémica por colapso
u ocupación alveolar, como es el caso del edema
de pulmón cardiogénico. También reduce el trabajo respiratorio en los enfermos con autoPEEP, como
es el caso del asma y de la EPOC.
Presión positiva en la vía aérea de dos niveles
o bi-nivel (BPAP). De aplicación fundamentalmente en VMNI, se establece un nivel de presión
durante la inspiración (IPAP) y otro durante la espiración (EPAP).
Otras modalidades ventilatorias
Existen otras modalidades ventilatorias que, aunque se pudiesen clasificar también en función del
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 105
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
mecanismo de ciclado, como las anteriores, su
aparición más próxima a nuestros días y la existencia de características adicionales hacen recomendable su explicación aparte.
Ventilación por liberación de presión (APRV).
Modalidad de respiración espontánea con dos
grados de presión diferentes sobre intervalos de
tiempo muy amplios de ajuste independiente. Alterna dos niveles de presión, uno bajo (baja presión) y otro alto (alta presión), con una cadencia
marcada por el profesional en cuanto a la duración y el nivel de cada una de ellas, aunque los
períodos de alta presión se suelen aplicar durante
tiempos largos y los de baja presión durante tiempos cortos. En general, los parámetros habituales
de inicio en esta modalidad serían alta presión 2035 cmH2O, baja presión 0 cmH2O o PEEP, tiempo
largo 4-6 s (5-7 ciclos/s) y tiempo corto 0,2-0,8 s.
Con estos ciclos, el volumen que queda atrapado
en los pulmones al subir a la alta presión se libera
al bajar a la baja presión, con lo que se consigue
ventilación efectiva y lavado del CO2. Durante
cualquiera de los períodos de alta o baja presión
el enfermo puede hacer respiraciones espontáneas
(la mayoría serán en alta presión, al ser éste el período más largo). Si el enfermo no realiza respiraciones espontáneas, esta modalidad será idéntica
a la PCV, aunque con frecuencia respiratoria menor. El VT que se alcance dependerá de la presión
programada, de la fuerza que ejerza el enfermo
durante la respiración espontánea (si la hay) y de
la compliancia pulmonar. Esta técnica busca mantener el máximo tiempo posible los pulmones insuflados para intentar reducir la tendencia al colapso, y estaría especialmente indicada en casos
de LPA/SDRA. Se ha asociado a una menor necesidad de sedación, mejoría hemodinámica y menor duración de la VMI, pero no a incremento de
la supervivencia.
De esta modalidad se han derivado otras dos
similares. Por un lado, la ventilación por liberación de presión intermitente mandatoria, en la
que los ciclos de alta y baja presión están sincronizados para que se produzcan tras un determinado
número de respiraciones espontáneas. Y por otro,
la ventilación con presión positiva en la vía aérea
bifásica intermitente, en la que los tiempos cortos
son mayores, por lo que se producen más respiraciones espontáneas durante los períodos de baja
presión.
Ventilación proporcional asistida (PAV). Este
método de soporte se basa en amplificar el esfuerzo respiratorio del enfermo, de manera que cuanto
más se esfuerce el enfermo, más lo apoyará el ventilador. Se basa en la premisa de que la mayor par-
te de la energía necesaria para ventilar es consumida por los músculos respiratorios para vencer la
resistencia del sistema respiratorio, que se puede
dividir en dos componentes: la ayuda para compensar el trabajo resistivo (las resistencias de la vía
aérea) y la ayuda a vencer el trabajo elástico. No se
seleccionan VT, ni frecuencia respiratoria, ni tiempo inspiratorio, por lo que se puede adaptar al patrón respiratorio del enfermo. Un avance importante en su utilización clínica ha aparecido en
algunos nuevos ventiladores que calculan automáticamente la mecánica respiratoria del enfermo
para adaptar la PAV al porcentaje de ayuda deseado. Dicha presión es proporcional al volumen inspirado y al flujo aéreo. Las alarmas han de ajustarse según los límites máximos de VT y de frecuencia
respiratoria que se consideren adecuados.
Compensación automática del tubo endotraqueal (ATC). Utilizable con todos los modos de
ventilación (habitualmente PSV), permite compensar al enfermo por el trabajo respiratorio que
impone la resistencia del tubo endotraqueal y de
las tubuladuras. De esta forma se intenta separar
el soporte ventilatorio que el enfermo necesita por
su enfermedad pulmonar del causado por las conexiones al ventilador. Conceptualmente es un
sistema de presión que actúa multiplicando el flujo aéreo por la resistencia teórica de cada tubo endotraqueal y aplicando esa presión mientras dura
la inspiración. Durante la espiración reduce parcialmente la PEEP para conseguir ese valor teórico
de PEEP en la tráquea y no en el tubo endotraqueal. Su utilidad clínica todavía no está claramente demostrada y ha sido poco aceptada a nivel clínico.
Ventilación pulmonar independiente (ILV).
Ventilación sincronizada diferenciada e independiente para cada pulmón mediante dos equipos de
ventilación acoplados mediante una comunicación
analógica. Los dos equipos funcionan conjuntamente en modo maestro-esclavo, en que el equipo
maestro tiene el control. Suelen utilizarse modalidades controladas por volumen o por presión.
Ventilación oscilatoria de alta frecuencia
(HFOV). Este método de soporte ventilatorio total
precisa de ventiladores específicamente diseñados,
que hacen vibrar una membrana a una alta frecuencia (2 a 15 Hz, equivalente a 120 a 900 ciclos/
min). Esta vibración genera un cambio de presión
que mueve una cantidad de volumen pequeña (VT
= 1-2 ml/kg) hacia los pulmones. Este VT, aun siendo menor que el espacio muerto anatómico, consigue ventilar de manera efectiva al enfermo. Esto se
realiza sobre un nivel estable y elevado de PEEP,
que mantiene una presión en las vías aéreas superior a la presión media en la ventilación convencio-
9
106 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
nal. La frecuencia de oscilación y la presión de trabajo se pueden variar para modificar la oxigenación
y la ventilación. Esta modalidad es de uso habitual
en pediatría y neonatología. Estaría indicada fundamentalmente en hipoxemias e hipercapnias graves, así como en síndromes de escape aéreo, y contraindicada en el estatus asmático, en la hipertensión
intracraneal y en el shock no controlado.
Ventilación asistida ajustada neuronalmente
(NAVA). Es un nuevo modo de ventilación mecánica asistida basado en la utilización de la señal
obtenida de la actividad eléctrica diafragmática,
que representa el impulso ventilatorio central y refleja la duración y la intensidad con que el enfermo desea ventilar. Durante la NAVA la asistencia
inspiratoria mecánica se inicia en el momento en
que el centro respiratorio lo demanda, y el disparo
es independiente de cualquier componente neumático. Durante la inspiración, la presión suministrada es proporcional a la actividad eléctrica
diafragmática, y la presurización inspiratoria cesa
cuando la activación neural del diafragma comienza a disminuir tras alcanzar un valor máximo.
debe fundamentalmente a una disminución del retorno venoso en una situación de hipovolemia que
reduce la precarga cardíaca. Además, el aumento
de las resistencias vasculares pulmonares por compresión del árbol vascular pulmonar aumenta la
poscarga del ventrículo derecho y puede disminuir
el GC izquierdo en caso de desplazar el septum interventricular a la izquierda. No obstante, la VMI
puede ser beneficiosa en determinadas circunstancias de fallo ventricular izquierdo, al disminuir la
sobrecarga izquierda (tabla 9-9).
Para minimizar los efectos hemodinámicos de
la VMI ha de adecuarse el retorno venoso, optimizando la volemia. Sin embargo, es necesario remarcar que la valoración de la volemia y de otros
parámetros hemodinámicos se altera por la presión intratorácica positiva, y se elevan tanto la
PVC como la PoAP (presión de oclusión de la ar-
Tabla 9-8 Complicaciones asociadas
a la ventilación mecánica invasivaa
Complicaciones hemodinámicas (tabla 9-9)
Complicaciones en el aparato respiratorio
Consecuencias mecánicas de la vía aérea artificial
Lesiones locales de la vía aérea superior: edema
de glotis, ulceración traqueal, granuloma
laringotraqueal, estenosis traqueal, fístula
traqueoesofágica, parálisis de las cuerdas
vocales, disfunción deglutoria
Complicaciones pulmonares
Barotrauma
Daño pulmonar asociado a la ventilación
(volutrauma, atelectrauma, biotrauma)
AutoPEEP
Asincronía
Complicaciones infecciosas
Sinusitis
Traqueobronquitis
Neumonía
Complicaciones renales: insuficiencia renal
Complicaciones gastrointestinales: disminución de
perfusión esplácnica, úlceras de estrés,
hipomotilidad, etc.
Complicaciones neurológicas (tabla 9-10)
Complicaciones inmunológicas: inflamación,
translocación bacteriana
Complicaciones tardías: disminución de la calidad
de vida, alteraciones en la función pulmonar,
alteraciones neuropsiquiátricas, etc.
Indicaciones
9
La VMI se utiliza en el tratamiento del fracaso respiratorio, agudo o crónico, ya sea por problemas en
la oxigenación, en la ventilación, o en ambas. Aunque existen diferentes alteraciones fisiológicas y
hallazgos exploratorios que sugieren la necesidad
de VMI (VT <5 ml/kg, volumen minuto >10 l/min,
frecuencia respiratoria >35/min, capacidad vital
<10 ml/kg, AaPO2 >450, PaO2 con oxigenoterapia
<55 mmHg), la decisión de iniciarla ha de estar basada en el juicio clínico. En cualquier caso, la VMI
se ha de considerar de forma precoz y no esperar a
la situación de necesidad urgente.
COMPLICACIONES DE LA VENTILACIÓN
MECÁNICA
La utilización de VMI se asocia a múltiples complicaciones de diversa índole (tabla 9-8). Aunque
éstas afectan fundamentalmente al aparato respiratorio, la VMI puede inducir cambios significativos en otros órganos alejados del pulmón, complicando así la evolución de los enfermos críticos.
Complicaciones hemodinámicas
Tras la intubación endotraqueal y el inicio de la
VMI suele aparecer hipotensión, atribuible en parte
a vasodilatación por la inducción anestésica. Además, la presión intratorácica positiva que ocasiona
la VMI puede disminuir el gasto cardíaco. Ello se
a
Algunas están asociadas a la ventilación en sí misma, pero
otras a la necesidad de sedación, a la vía aérea artificial, etc.
Sin embargo, todas son posibles en enfermos sometidos a
ventilación mecánica invasiva.
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 107
teria pulmonar), fundamentalmente en presencia
de PEEP. Así, una PVC >6-8 mmHg suele descartar hipovolemia en enfermos con respiración espontánea, pero en los sometidos a VMI puede indicar una hipovolemia relativa, en caso de que
presenten una recuperación hemodinámica tras el
aporte de volumen. Para evaluar la influencia que
la VMI pueda tener sobre la PoAP real se observa la
variación respiratoria de ésta. Un incremento de
la PoAP durante la insuflación puede ser sugestivo de hipovolemia relativa, o indicar la transmisión de la presión alveolar (paso de zona III de
West a I-II). Una forma más sencilla pero menos
precisa es restar al valor de presión pulmonar enclavada obtenido la mitad o una cuarta parte del
nivel de PEEP aplicado en función de si la compliancia pulmonar es normal o está reducida, respectivamente. Una manera alternativa de evaluar
la hipovolemia relativa en enfermos con VMI es
observar si existen cambios en la amplitud de la
onda de pulso de la presión arterial durante la insuflación del ventilador (precarga dinámica). En
estos casos los enfermos suelen responder al aporte de volumen con aumentos del GC y/o la PA.
Complicaciones en el aparato respiratorio
Aparte de las consecuencias mecánicas de la vía
artificial (v. cap. 2), la VMI puede ocasionar daño
pulmonar derivado de la propia insuflación pulmonar (VILI: ventilator-induced lung injury). El VILI
es fundamentalmente fruto de la insuflación pasiva con presión positiva, que puede provocar barotrauma, volutrauma, atelectrauma y biotrauma.
El término barotrauma define el efecto traumático que sobre los pulmones ejerce la presión como
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Tabla 9-9
agente físico, causando la rotura alveolar debido a
una presión transalveolar elevada. La fuga de aire
desde los espacios alveolares a través de los manguitos peribronquiales puede alcanzar el espacio
mediastínico (donde causa neumomediastino), el
espacio pleural (provocando neumotórax) o la disección de planos cutáneos profundos (con enfisema subcutáneo resultante). Factores de riesgo de
barotrauma son la patología de base (p. ej., asma,
enfermedad pulmonar intersticial crónica y SDRA)
y una presión meseta superior a 35 cmH2O. El concepto de volutrauma atribuye la lesión pulmonar
al estiramiento físico de las fibras que componen el
parénquima pulmonar, y es tanto mayor cuanto
mayor es el volumen de aire insuflado en las zonas
ventilables. El atelectrauma se refiere a la tracción a
que son sometidas con la inspiración las zonas pulmonares colapsadas, al expandirse otros alvéolos
aireados. Tanto si con esta tracción se consigue
abrir los alvéolos colapsados como si no, éstos se
ven sometidos a estiramientos tangenciales de mucha mayor magnitud de lo que haría prever la medida de las presiones alveolares o el volumen insuflado. Además del aspecto físico del VILI, en que
las fuerzas de disrupción fracturan ciertos componentes, existe una activación del sistema biológico
circundante, lo que se define como biotrauma, que
engloba respuestas a la agresión física tanto a nivel
celular como humoral, bioquímico e incluso genético. Una respuesta inflamatoria local en forma de
infiltrado de polimorfonucleares y citocinas quimiotácticas transforma la anatomía pulmonar en
un tejido infiltrado y con posible aparición de fibrosis. Por otro lado, el biotrauma incluye la lesión
biológica a distancia inducida por la VMI. La elevación de moléculas pro y anti-inflamatorias en el
Alteraciones hemodinámicas posibles tras inicio de la ventilación mecánica invasiva
Síntoma guía
Posible causa
Tratamiento
Hipotensión
Hipovolemia relativa
Vasodilatación por sedantes
Aporte de volumen
Aporte de volumen
Disminuir sedantes
Vasoconstrictores (noradrenalina, dopamina)
Aumentar el tiempo espiratorio
Aporte de volumen
Drenaje pleural
Sedoanalgesia
Aumentar la ventilación
Atropina
Lidocaína traqueal
Aporte de volumen
Sedoanalgesia
AutoPEEP
Hipertensión
Bradicardia
Taquicardia
Neumotórax
Dolor / Ansiedad
Hipercapnia por hipoventilación
Vagotonía de origen traqueal
Hipovolemia relativa
Dolor / Ansiedad
9
108 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
plasma de los enfermos afectados desencadena
cascadas inflamatorias en otros órganos.
Existen factores de riesgo conocidos del VILI,
como son la presencia de LPA/SDRA, la ventilación con VT elevados (>6 ml/kg), transfusiones de
derivados sanguíneos, acidemia (pH <7,35) y neumopatías restrictivas. En cuanto a su prevención,
se ha demostrado que la aplicación de la VMI con
unos parámetros determinados permitiría el mantenimiento del enfermo con el menor daño pulmonar inducido por el ventilador, acuñándose el concepto de ventilación protectora pulmonar (v. tabla
9-5). Así, se promueve una VMI que prevenga el
volutrauma y el atelectrauma mediante el uso de
VT pequeños (6-8 ml/kg), manteniendo una presión meseta baja (<30-35 cmH2O) y aplicando
PEEP. Aunque esta ventilación se definió inicialmente para enfermos con SDRA, recientemente se
ha sugerido que dicha estrategia protectora sería
beneficiosa también en enfermos ventilados que
no llegan a cumplir criterios de SDRA, que son la
mayoría de los enfermos ventilados en cualquier
UCI.
Otras complicaciones orgánicas
9
El uso del tubo endotraqueal y la VMI se asocian a
un aumento en la incidencia de infecciones locales
(sinusitis) y de la infección pulmonar (neumonía y
traqueobronquitis) (v. cap. 51). La VMI se asocia a
la aparición de insuficiencia renal aguda como factor de riesgo independiente. Por un lado, tanto la
hipoxemia como la hipercapnia pueden ser nocivas
para el flujo sanguíneo renal. Por otro lado, las alteraciones hemodinámicas asociadas a la VMI pueden también comprometer el flujo sanguíneo renal
y el filtrado glomerular. Por último, existe la posibilidad del daño renal por liberación de mediadores inflamatorios por parte del pulmón. La VMI
puede asociarse también a complicaciones gastrointestinales derivadas de una disminución de la
perfusión esplácnica, consecuencia de una disminución del GC en el contexto de aumento de presión intratorácica. También la VMI es un factor de
riesgo para el sangrado gastrointestinal por úlceras
de estrés, la esofagitis erosiva, la diarrea y la hipomotilidad gastrointestinal.
La VMI puede inducir complicaciones neurológicas, ya sea en sí misma o en relación a la enfermedad crítica, la inmovilización prolongada, el
uso de sedantes y miorrelajantes, etc. Entre ellas
encontramos:
N
Trastornos del sistema nervioso central, como
el aumento de la presión intracraneal, así como
alteración del sueño.
N
N
Trastornos del sistema nervioso periférico-sistema musculoesquelético, entre los que destaca
la polineuropatía/miopatía del enfermo crítico
(v. cap. 79). Según el origen fisiopatológico de
la lesión pueden encontrarse diferentes entidades (tabla 9-10).
Disfunción diafragmática inducida por el ventilador, consecuencia de la miopatía difusa en el
enfermo crítico, además de la afectación particular de la musculatura del diafragma causada
por la VMI. Este segundo componente se debe
básicamente al desuso y al acortamiento de las
fibras musculares en el contexto de VMI prolongada con sedación profunda y/o relajación
muscular. Cuanto mayores son los volúmenes
pulmonares, más acortadas están las fibras
musculares diafragmáticas, efecto magnificado
si se emplea una PEEP elevada.
Complicaciones tardías
Las consecuencias tardías de la VMI prolongada
constituyen un campo de reciente interés, pues ha
demostrado causar secuelas morfofuncionales pulmonares así como en el aspecto neuropsiquiátrico
y social, con impacto y repercusión final sobre la
calidad de vida de los enfermos que han sobrevivido gracias, al menos en parte, a dicho tratamiento.
A pesar de las limitaciones que supone la evaluación de las consecuencias a largo plazo de la VMI
debido a las diferentes etiologías que llevaron a la
VMI, todos los estudios coinciden en que los supervivientes a un episodio crítico que han requerido VMI presentan una peor calidad de vida hasta
los 2 años después de padecer el episodio crítico,
en comparación con una población sana de referencia. Este empeoramiento se debe seguramente a
múltiples factores, tanto a nivel pulmonar (ya sea
relacionado con la propia patología pulmonar como la propia VMI), como extrapulmonar (alteraciones neuromusculares de los enfermos críticos). La
mejora en la calidad de vida se estabiliza entre los 6
y 12 meses de seguimiento. Las alteraciones finales
observadas en el funcionalismo respiratorio son, en
su mayoría, leves y se acompañan de una reducción
moderada de la capacidad de ejercicio.
RETIRADA DE LA VENTILACIÓN
MECÁNICA
Se entiende por destete o weaning el proceso por el
que se reduce de forma progresiva el soporte que el
enfermo recibe del ventilador, evaluando su respuesta y retirando la VMI. Se entiende por extubación la retirada del tubo endotraqueal, que constituye el paso final en la retirada de la VMI. Dadas las
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 109
Tabla 9-10 Complicaciones neurológicas
asociadas a la ventilación mecánica según
la localización de la lesión
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Disfunción del estímulo a nivel del sistema
nervioso central
N Uso de medicación sedante / hipnótica
N Isquemia / Hemorragia cerebral
N Alcalosis metabólica
Alteración en la transmisión de los estímulos
ventilatorios
N Disfunción del sistema neuromuscular respiratorio
N Disfunción de la musculatura respiratoria por
debilidad o fatiga
Disfunción del sistema nervioso periférico
N Neuropatías
N Polineuropatía del enfermo crítico
N Síndrome de Guillain-Barré
N Neuropatía motora por relajantes musculares
N Polineuropatías tóxicas
N Neuropatía nutricional
Defecto de la transmisión neuromuscular
N Relajantes musculares
N Hipermagnesemia
N Miastenia grave
N Inducida por fármacos (aminoglucósidos, colistina)
Miopatías
N Miopatía del enfermo crítico
N Miopatía de filamento grueso
N Miopatía necrosante
N Disfunción diafragmática
complicaciones asociadas a la VMI, ésta se ha de
retirar tan pronto como sea posible. De este modo,
una vez que la enfermedad que motivó la necesidad de VMI mejora de forma significativa, se plantea cuál será la mejor estrategia para retirarla, lo
cual tendría que plantearse diariamente (fig. 9-5).
La elección de la mejor estrategia es muy importante, pues una retirada prematura de la VMI se puede
asociar a un fracaso en dicha retirada y a la necesidad de reintubación (12-14% de los enfermos), lo
que aumenta el riesgo de morbimortalidad.
En la mayor parte de los casos los enfermos
pueden abandonar la VMI de forma rápida y definitiva, aunque para ello han de evidenciar un nivel
de capacidad respiratoria suficiente. Este primer
paso, o catalogación del enfermo como presuntamente apto para reasumir la ventilación espontánea, se basa en una serie de importantes variables
predictivas (tabla 9-11). Es importante también
que el enfermo esté hemodinámicamente estable
desde el punto de vista cardiovascular, sin isquemia miocárdica activa ni hipotensión grave, así
Criterios de retirada de VMI (tabla 9-11)
3 min en tubo en T o CPAP 5 cmH2O
FR <35 respiraciones/min + VT > 5 ml/kg
Sí
No
Test de respiración espontánea 30 min
en: tubo en T, CPAP 5 cmH2O o PS 5-7 cmH2O
Signos de intolerancia (SpO2, FR, PA, FC)
Sí
No
Destete progresivo
Extubación
Figura 9-5 Propuesta de algoritmo de retirada de la
ventilación mecánica. CPAP: presión positiva contínua
en vía aérea; FC: frecuencia cardíaca; FR: frecuencia
respiratoria; PA: presión arterial; PS: presión de soporte,
SpO2: saturación de oxígeno arterial; VMI: ventilación
mecánica invasiva.
como que no tenga fiebre incontrolable, la hemoglobina sea 80-100 g/l y mantenga un nivel de conciencia adecuado. Estos criterios permiten afrontar
la retirada de la VMI con unas mínimas garantías,
aunque sus valores predictivos de éxito y fracaso
no son lo suficientemente elevados como para garantizarlos. Para aumentar estas posibilidades se
plantea una prueba de ventilación espontánea monitorizada que permita detectar qué enfermos tienen poca capacidad de esfuerzo y fracasarán al
mantener prolongadamente la respiración. Esta
prueba ventilatoria puede realizarse sin ningún
tipo de ayuda, lo que se conoce como prueba de
tubo en T, o con soporte ventilatorio mínimo, ya
sea con CPAP o con presión de soporte mínima
(5-7 cmH2O). El método no parece repercutir en el
resultado y se elige el que mejor se adapta a cada
centro, tanto en disponibilidad de aparatos, monitorización o personal asistencial. Desde este punto
de vista, la prueba en T parece reducir la duración
de la VMI y tener menos costes económicos asociados. La duración y la frecuencia de esta prueba de
tolerancia a la respiración espontánea también son
variables, oscilando entre 30 min y 2 h. Parecen
igualmente efectivas y nuevamente queda a discreción del equipo asistencial cuál se adapta mejor
a su rutina de trabajo.
9
110 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 9-11 Variables utilizadas para predecir
el éxito en el destetea,b
Intercambio gaseoso correcto
N PaO >60 mmHg con un aporte de oxígeno
2
moderado (FiO2 ≤0,4) y PEEP ≤5 cmH2O
N AaPO <350 mmHg
2
N PaO /FiO >200
2
2
Ventilación correcta
N Índice de respiración rápida superficial (RSBI)c
<100 respiraciones/min/l
N Tolerancia a una prueba de respiración espontánea
N V >5 ml/kg y frecuencia respiratoria <30
T
respiraciones/min
N Necesidades ventilatorias moderadas: volumen
minuto <10 l/min
N Presión inspiratoria máxima <−30 cmH O
2
N Compliancia del aparato respiratorio >33 ml/cmH O
2
N Presión de oclusión de la vía aérea
(P 0,1) <4-6 cmH2O
N Aumento del trabajo respiratorio
(>1,0 J/l o > 13 J/min, aproximadamente)
N Índice de CROP >13 ml/respiraciones/mind
N Índice integrado de Jabour <4 l/mine
a
9
Ninguna de ellas ha mostrado un valor predictivo positivo y
negativo del 100%, e incluso algunas son del 50%,
probablemente porque el fracaso en el weaning es
habitualmente multifactorial. Por ello es habitual utilizar una
combinación de algunas de ellas.
b
Son predictores para identificar enfermos que pueden iniciar
el destete, no para extubarlos (para ello es necesario realizar
un ensayo de weaning).
c
Cociente entre frecuencia respiratoria (respiraciones/min) y
VT (l). También se conoce como «índice de Tobin».
d
Índice de CROP = [Compliancia dinámica × Presión
inspiratoria máxima × (PaO2/PAO2)] / Frecuencia respiratoria.
e
Índice integrado de Jabour = Producto presión-tiempo ×
(VE40 / VT) durante la respiración espontánea, donde el
producto presión-tiempo es la integral de tiempo de la presión
de los músculos respiratorios y VE40 es la ventilación minuto
necesaria para llegar a una PaCO2 de 40 mmHg.
Las características para definir el éxito o el fracaso de la prueba de tolerancia son mayoritariamente clínicas: desaturación, taquipnea, taquicardia o
bradicardia, hipo o hipertensión, sudoración, agitación o disminución del nivel de conciencia, aparición de respiración paradójica, estertores crepitantes o roncus de reciente auscultación, etc. Algunos
autores incluyen la normalidad en la gasometría
arterial, aunque su papel diagnóstico real no está
bien definido. También es posible medir la presión
esofágica de forma seriada (índice de tendencia esofágico), teniendo en cuenta que un índice <0,44
puede predecir fracaso en el destete.
Si el enfermo tolera la prueba, se plantea si va a
ser capaz de respirar también sin el tubo endotraqueal. Para ello debe ser capaz de mantener permeable la vía aérea, tanto por mantener su capacidad tusígena, como con un nivel neurológico
suficiente (al menos >8 en la escala de coma de
Glasgow) para evitar la broncoaspiración. La capacidad tusígena se puede evaluar clínicamente
por la movilización de secreciones a través del
tubo endotraqueal, aunque también hay sistemas
instrumentales, como la presión espiratoria máxima, el flujo espiratorio pico (PEF) o la presión sniff,
que permiten la medida de la fuerza generada por
los músculos respiratorios. Desde este punto de
vista, también es importante considerar la cantidad de secreciones (estimable en función de la necesidad de aspirar al enfermo), pues la protección
de la vía aérea es más difícil si aquélla es muy elevada. Si el enfermo no puede proteger la vía aérea
se deben buscar factores modificables (nutrición,
alteraciones iónicas, fisioterapia, etc.). Si tales factores no existen, o se prevé que su recuperación
será muy lenta, la mejor opción es practicar una
traqueotomía temporal. La traqueotomía se realiza
actualmente en el 2 al 24% de los enfermos que reciben VMI, tras una mediana de 12 días.
Si el enfermo no tolera dicha prueba (15-20%
de los casos), se vuelve a conectar a soporte ventilatorio máximo tan pronto se detecte la no tolerancia y hasta la recuperación clínica, dejando habitualmente un período de 24 h antes de volver a
ensayar la tolerancia a la ventilación espontánea.
Hay que buscar factores que puedan modificar el
resultado y corregirlo (broncodilatadores si hay
enfermedad obstructiva, movilización en caso de
atelectasias recurrentes). Si vuelve a fracasar, hay
que plantear un sistema de desconexión progresiva de la VMI.
Existen varias modalidades de retirada progresiva del soporte ventilatorio: el soporte de presión progresivamente reducido, la SIMV con frecuencia progresivamente reducida y los períodos
de respiración espontánea en tubo en T de duración progresivamente mayor. Aunque no existe
un sistema óptimo de comparación, algunos estudios que lo han intentado no llegan a demostrar
si hay diferencias entre la PSV y el tubo en T progresivos, y sí parece que el SIMV es más lento y
se asocia a mayor riesgo de fatiga de los músculos
respiratorios. La PSV se suele reducir en 2 cmH2O
al menos una vez (aunque preferiblemente dos
veces) al día y se sigue progresando siempre que
no aparezcan signos de intolerancia. Algunos autores requieren un nivel de 5-7 cmH2O durante al
menos 2 h para afrontar la extubación, mientras
que otros requieren anular completamente la PSV
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 111
antes de practicar la extubación. El tubo en T progresivo se suele empezar con 10 min cada hora y
se va aumentando a 20, 30, etc. hasta llegar a las
2-24 h (dependiendo de los autores) antes de plantear la extubación. Últimamente se ha planteado
también el papel de la VMNI como método de
destete, fundamentalmente en enfermos con
EPOC, con buenos resultados.
Otro aspecto que debe tenerse en cuenta antes
de la extubación de un enfermo es la «permeabilidad» de la vía aérea tras la retirada del tubo endotraqueal. La presencia de complicaciones locales
como el edema de glotis o la parálisis de las cuerdas vocales puede provocar un fracaso de la extubación. Para su evaluación pre-extubación se ha
propuesto el uso del cuff leak test, que consiste en
evaluar la diferencia en el volumen espirado antes
y después de desinflar el manguito del neumotaponamiento. Cuanto mayor sea el grado de edema alrededor del tubo endotraqueal, menor cantidad de aire podrá escapar a su alrededor, con lo
que el VT espirado con balón desinflado será similar al VT con el balón inflado (a diferencia de los
enfermos sin edema en que el VT espirado con balón desinflado será mucho menor que el VT con
balón inflado). No obstante, cuando esta técnica
se ha evaluado rigurosamente, su fiabilidad diagnóstica se ha mostrado muy reducida.
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VENTILACIÓN MECÁNICA NO INVASIVA
Dentro de las medidas de soporte de la insuficiencia respiratoria aguda grave desempeña un papel
cada día más importante la VMNI. Al igual que la
VMI, la VMNI se basa en el soporte ventilatorio a
través de un flujo de aire que genera una presión
positiva intratorácica; pero a diferencia de la VMI,
que utiliza interfases invasivas (tubo endotraqueal
o por traqueostomía), la VMNI utiliza una interfase no invasiva (mascarillas fundamentalmente).
En ello estriba la principal ventaja de la VMNI,
pues al no necesitar intubación endotraqueal, libera al enfermo de todos los inconvenientes y efectos
adversos de la VMI. Además, permite preservar
los mecanismos de defensa frente a la colonización
anómala de las vías aéreas por microorganismos
potencialmente patógenos y así disminuir la incidencia de neumonía asociada a la VMI. A la hora
de decidir si un enfermo ha de recibir VMNI o
VMI se debe considerar la situación clínica de forma global (enfermedad de base, gravedad, progresión y comorbilidades). En general, un intento de
VMNI estaría justificado en enfermos que no requieran intubación urgente, sin contraindicaciones
para la VMNI y que tengan una patología que se
sabe responde a la VMNI, fundamentalmente el
edema agudo de pulmón o la insuficiencia respiratoria hipercápnica secundaria a EPOC.
Principios técnicos y modalidades
ventilatorias
La realización de VMNI requiere una interfase y
un ventilador. Para las interfases se dispone de
máscaras nasales, nasobucales y faciales completas. Aun cuando las primeras son las mejor toleradas, se suelen acompañar de una fuga de aire por
la boca significativa. Por ello, en la fase aguda se
prefiere el dispositivo nasobucal, ya que muchos
enfermos en insuficiencia respiratoria respiran por
la boca. Asimismo, se dispone de un casco o helmet, consistente en una «burbuja» de material
plástico que engloba la totalidad de la cabeza del
enfermo y se fija alrededor del cuello. Ello permite
al enfermo hablar, leer y beber por una pajita, así
como disminuir las complicaciones locales. Sin
embargo, es más ruidosa y se acompaña de mayor
asincronía y retención de CO2.
Los ventiladores habitualmente utilizados en
VMNI utilizan aire ambiente que se presuriza mediante una turbina. La conexión de oxígeno puede
ser directa a la tubuladura o a través del ventilador con mezcla de gases, según el modelo de ventilador. La tubuladura es única, de forma que para
evitar reinhalar el aire espirado ha de colocarse
un puerto exhalatorio en la vecindad de la máscara. También pueden utilizarse para VMNI los actuales ventiladores de VMI, que disponen de un
flujo inspiratorio elevado y son capaces de compensar las fugas moderadas. A diferencia de los
anteriores, utilizan aire y oxígeno presurizado, de
forma que los gases se mezclan de forma precisa
dentro del ventilador. Además, existe una tubuladura en el circuito inspiratorio y otra en el espiratorio, por lo que no es necesario el puerto exhalatorio y se minimiza la reinspiración de CO2.
Aunque en teoría con VMNI se podrían utilizar los mismos modos que en VMI, fundamentalmente se usan el modo BPAP (presión positiva en
la vía aérea de dos niveles o bi-nivel) o el CPAP
(presión positiva continua en la vía aérea). En la
BPAP, el ventilador suministra una presión positiva durante la inspiración (IPAP) y mantiene otra
durante la espiración (EPAP), de forma equivalente a una modalidad de presión soporte con PEEP
en VMI. Otras modalidades utilizadas son la presión soporte, la ventilación proporcional asistida y
las modalidades asistidas-controladas reguladas
por volumen o presión.
Al instaurar la VMNI ha de elegirse una interfase que se ajuste bien a la anatomía del enfermo.
Tras la colocación de la interfase aplicando la ten-
9
112 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
9
sión mínima necesaria, se conecta al ventilador no
invasivo. La programación del ventilador en VMNI
es similar a la del VMI. En caso de BPAP, se programa la IPAP, que puede iniciarse con 8-12 cmH2O,
y la EPAP (3-5 cmH2O). Se aumenta la IPAP de forma gradual según tolerancia hasta conseguir el VT
deseado, lograr que mejore la disnea, que disminuya la frecuencia respiratoria y que exista una
buena adaptación del enfermo. El flujo de oxígeno
(FiO2 en caso de disponer de mezclador) se ajusta
para conseguir una SaO2 >90%. Una vez iniciada,
es importante animar al enfermo periódicamente
y mantener un estrecho control, fundamentalmente en los primeros momentos, pues es donde se
establece la efectividad de la VMNI. Existe una serie de factores de buen pronóstico en el uso de la
VMNI (tabla 9-12). Si el enfermo empeora o no mejora a los 30-120 min tras haberse iniciado la VMNI,
se considera que ha fracasado (lo que ocurre en un
tercio de los enfermos); en tal caso no ha de retrasarse la intubación endotraqueal y la VMI. Los enfermos que fracasan con la VMNI y requieren VMI
tienen una mortalidad elevada (48%), lo que ha
llevado a especular que un retraso en la intubación
de los enfermos con insuficiencia respiratoria aguda por intentar VMNI puede asociarse con un aumento del riesgo de muerte. La retirada de la
VMNI es sencilla: se disminuyen las presiones de
ayuda ventilatoria (IPAP y/o EPAP) y/o se desconecta de la misma al enfermo durante períodos
cada vez más prolongados.
Agudización grave de la EPOC
Es la principal indicación clínica hospitalaria de la
VMNI y la que ha reunido mayor evidencia científica de su utilidad. La VMNI disminuye el trabajo
respiratorio, lo que permite mantener un patrón
ventilatorio más efectivo y disminuir los niveles
de hipercapnia. Por ello, la VMNI está indicada en
presencia de insuficiencia respiratoria hipercápnica y signos de gravedad (acidosis respiratoria, encefalopatía hipercápnica o incoordinación toracoabdominal) a pesar del tratamiento adecuado.
Varios estudios muestran una reducción de entre
el 50 y el 60% del riesgo de muerte, intubación endotraqueal y fracaso de tratamiento, así como una
disminución de la estancia hospitalaria.
Edema agudo de pulmón cardiogénico grave
En los enfermos con edema agudo de pulmón
cardiogénico grave, el uso de la VMNI (tanto la
CPAP como la BPAP) reduce el tiempo de resolución del episodio y disminuye la necesidad de
intubación endotraqueal, aunque su impacto sobre la mortalidad no se ha aclarado. Se beneficiarían más los enfermos que presentan hipercapnia.
En esta patología, la VMNI, al generar presión
positiva intratorácica, disminuye la precarga cardíaca por disminución del retorno venoso, y la
poscarga por disminución de los esfuerzos inspiratorios y la presión transmural del ventrículo izquierdo. Además, aumenta la capacidad residual
funcional del sistema respiratorio, mejorando la
Indicaciones de la VMNI
Aunque su uso se ha extendido a prácticamente
cualquier causa de insuficiencia respiratoria, el nivel de evidencia de la utilidad de la VMNI es variable en función de las entidades (tabla 9-13).
Tabla 9-12 Marcadores de éxito en el uso
de la ventilación mecánica no invasiva
Enfermo joven
Enfermedad de poca gravedad (APACHE bajo)
Capacidad de cooperación
Buen nivel de conciencia
Pocas fugas del ventilador
Enfermo con hipercapnia moderada
(PaCO2 entre 45 y 92 mmHg)
Enfermo con acidosis respiratoria moderada
(pH entre 7,10 y 7,35)
Mejoría en las primeras 2 h del intercambio gaseoso,
de la frecuencia respiratoria y de la frecuencia
cardíaca
Tabla 9-13 Indicaciones de ventilación
mecánica no invasiva en función de la evidencia
científica
Indicaciones bien establecidas
N EPOC agudizada, con acidosis respiratoria
N Edema pulmonar cardiogénico
Indicaciones con evidencias crecientes
N Síndromes de obesidad-hipoventilación
N Weaning difícil
N Prevención de la insuficiencia respiratoria y
fracaso postextubación
N Neumonía (fundamentalmente en la EPOC)
N Infiltrados pulmonares en enfermos
inmunodeprimidos
Indicaciones con evidencia insuficiente
N Lesión pulmonar aguda / Síndrome de distrés
respiratorio agudo
N Enfermedades pulmonares intersticiales difusas
N Tratamiento de la insuficiencia respiratoria y
fracaso postextubación
EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Oxigenoterapia y principios de la ventilación mecánica 113
oxigenación arterial y disminuyendo el trabajo
respiratorio. Todo ello mejora el rendimiento cardíaco y contribuye a disminuir la congestión pulmonar.
Tabla 9-14 Contraindicaciones de la ventilación
mecánica no invasiva
Absolutas
N Necesidad de intubación endotraqueal emergente
N Paro cardíaco o respiratorio
Relativas
N Enfermo no colaborador
N Incapacidad para proteger la vía aérea
N Incapacidad de eliminar secreciones
N Obstrucción de la vía aérea
N Disminución del nivel de conciencia (CGS <10)a
N Disfunción orgánica diferente de la pulmonar
N Cirugía, traumatismo o deformidad facial o
neurológica importante
N Riesgo elevado de aspiración
N Enfermo en el que se prevé una duración
prolongada de la VMNI
N Anastomosis esofágica reciente
N Hemorragia digestiva alta significativa
N Inestabilidad hemodinámica grave
N Trastorno del ritmo cardíaco inestable
Insuficiencia respiratoria hipoxémica grave
En enfermos con insuficiencia respiratoria hipoxémica grave no hipercápnica, la indicación de
VMNI es controvertida y resulta menos efectiva.
Una posible razón es la heterogeneidad de estos
enfermos en los diferentes ensayos clínicos, pues
no todas las patologías que cursan con este patrón
gasométrico responden igual a la VMNI. Según
algunos estudios, en diversos casos, como los enfermos de neumonía (siempre que sean capaces de
eliminar sus secreciones), los enfermos inmunodeprimidos con infiltrados pulmonares y enfermos
postoperatorios de cirugía torácica o abdominal
alta con insuficiencia respiratoria aguda, se ha demostrado un beneficio de la VMNI. Por el contrario, en enfermos con SDRA y enfermedades respiratorias crónicas agudizadas con insuficiencia
respiratoria no hipercápnica, como la fibrosis pulmonar, no se han demostrado beneficios en el uso
de la VMNI.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Retirada de la ventilación mecánica
La VMNI puede ser útil en dos indicaciones en la
retirada de la VMI. Por un lado, en enfermos que
toleran la respiración espontánea pero tienen riesgo de fracaso postextubación, la VMNI tras la extubación permitiría prevenir el desarrollo de insuficiencia respiratoria postextubación y reintubación
endotraqueal. En este caso, los beneficios sobre la
supervivencia están restringidos a enfermos con
enfermedades respiratorias crónicas e insuficiencia respiratoria hipercápnica. Sin embargo, no es
útil para el tratamiento del enfermo que ya está
fracasando tras la extubación. Por otro lado, también puede ser efectiva en algunos enfermos con
VMI prolongada, con dificultad para la retirada de
la VMI, en los que la VMNI permitiría adelantar la
extubación, con mejor supervivencia.
Contraindicaciones y complicaciones
de la VMNI
Las contraindicaciones de la VMNI se resumen
en la tabla 9-14. Las complicaciones que pueden
presentar los enfermos sometidos a VMNI son
fundamentalmente locales, relacionadas con la
aplicación apretada de la interfase sobre la cara:
lesiones cutáneas (se pueden minimizar con la correcta preparación de la zona), irritación ocular
por fugas de aire, dolor en los senos paranasales y
distensión gástrica. Las complicaciones relaciona-
a
Excepto si es consecuencia de encefalopatía hipercápnica,
pues puede mejorar con la ventilación mecánica no invasiva.
CGS: escala de coma de Glasgow. VMNI: ventilación mecánica
no invasiva.
das con la presión positiva intratorácica son menores que con la VMI. Por último, también se ha descrito un aumento en la incidencia de isquemia
cardíaca en enfermos con edema pulmonar cardiogénico tratados con VMNI, aunque la trascendencia clínica real no se ha establecido.
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115
Capítulo 10
Otros procedimientos respiratorios:
endoscopia respiratoria, drenaje
pleural, gasometría arterial,
asistencia pulmonar
Miquel Ferrer, Antoni Xaubet, Pedro Castro,
Felip Burgos y M.ª José Arguís
PUNTOS CLAVE
Q
Q
La fibrobroncoscopia tiene diversas indicaciones
diagnósticas y terapéuticas en los enfermos
críticos. Si se siguen las recomendaciones
relacionadas con la preparación del enfermo
y las condiciones de la ventilación mecánica
invasiva, la incidencia de complicaciones es
baja y de carácter leve.
La toracocentesis diagnóstica está indicada
en todo derrame pleural de causa no filiada.
Hay que analizar los parámetros bioquímicos
que permiten categorizar el derrame como
trasudado o exudado. En este último caso hay
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
ENDOSCOPIA RESPIRATORIA EN LA UCI
La aparición a finales de la década de los sesenta
del fibrobroncoscopio flexible supuso uno de los
avances más significativos en el diagnóstico de las
enfermedades respiratorias, a la vez que ofrece un
amplio espectro de posibilidades diagnósticas y
terapéuticas en la unidad de cuidados intensivos
(UCI). El fibrobroncoscopio flexible (fig. 10-1) está
formado por una serie de fibras de vidrio flexible
que transmiten luz y proporcionan la imagen mediante un sistema de lentes. El diámetro del tubo
flexible de inserción oscila entre 3,5 y 6 mm, con
una longitud de 60 cm. En su interior hay un canal
a través del cual se pueden aspirar las secreciones
del árbol bronquial e insertar pinzas y catéteres
adecuados para la obtención de muestras. En su
que realizar otros estudios complementarios
microbiológicos y citológicos.
Q
La complicación clínica relevante más frecuente
de la toracocentesis es el neumotórax.
Q
El objetivo de un drenaje pleural es la
evacuación del contenido anormal de la cavidad
pleural, ya sea líquido o aire, para establecer
la reexpansión pulmonar y el correcto
funcionamiento cardíaco y respiratorio. No existen
contraindicaciones absolutas para su colocación.
El drenaje pleural se retira una vez se haya
resuelto la indicación o si el drenaje deja de ser
productivo.
extremo proximal dispone de una palanca mediante la cual se puede mover el extremo distal en
un arco de más de 250°.
Figura 10-1
principales.
Fibrobroncoscopio y sus partes
116 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Realización de fibrobroncoscopia
La técnica de inserción varía en función de si el
enfermo está intubado o no. El enfermo ha de permanecer en ayunas las 6 h previas a la fibrobroncoscopia, así como recibir premedicación con
0,5 mg de atropina subcutánea 20-30 min antes del
inicio de la prueba, a fin de evitar el reflejo vasovagal y disminuir la producción de secreciones bronquiales. Si se realiza la exploración con el enfermo
consciente no intubado, se aplica sedación ligera
(habitualmente con midazolam o propofol). Se
anestesian las fosas nasales, la cavidad bucal, las
cuerdas vocales y el árbol bronquial con lidocaína
en aerosol al 2-4% (dosis máxima, 8 mg/kg). Habitualmente el fibrobroncoscopio se introduce por
vía transnasal (la vía transoral se restringe a los
enfermos con patología en las cavidades nasales).
Por el contrario, en el enfermo con intubación endotraqueal se aconseja la sedación completa con
Tabla 10-1
10
propofol (1-2,5 mg/kg) o midazolam (0,1-0,4 mg/
kg) y, si es preciso, la relajación muscular de corta
duración (p. ej., cisatracurio). Se procede a aumentar la FiO2 hasta el 100% y se intenta disminuir las
presiones de las vías aéreas (suspender transitoriamente la presión positiva al final de la aspiración
[PEEP] y/o reducir el volumen corriente). Se requiere un diámetro interno igual o superior a
8 mm del tubo endotraqueal o de la cánula de traqueostomía, puesto que un diámetro menor puede
dificultar la ventilación durante el procedimiento.
Las indicaciones de la fibrobroncoscopia en el
enfermo crítico pueden ser diagnósticas o terapéuticas, y se resumen en la tabla 10-1. La fibrobroncoscopia permite la intubación en caso de vía
aérea difícil, la resolución de atelectasias y, también, la práctica de diferentes técnicas complementarias para la obtención de muestras para
análisis citológicos, histológicos y/o microbioló-
Indicaciones de la fibrobroncoscopia en la UCI
Indicación
Observaciones
Intubación / Cambio de tubo
Especialmente en enfermos con traumatismo craneofacial
o inestabilidad de la columna cervical
Comprobación de la correcta colocación
del tubo endotraqueal
Aspiración de secreciones
Aspiración traqueobronquial
Diagnóstico de lesiones en las vías aéreas
superiores secundarias al tubo endotraqueal
y cánula de traqueostomía
Diagnóstico de las infecciones pulmonares
Diagnóstico de la hemorragia pulmonar difusa
Diagnóstico de imágenes radiológicas
de etiología desconocida
Diagnóstico de la embolia grasa
Diagnóstico de lesiones químicas o térmicas
Hemoptisis
Fístula bronquial
Extubación en traumatismos torácicos
En enfermos intubados es frecuente la presencia de atelectasias
pulmonares producidas por la retención de secreciones, que
en ocasiones no pueden eliminarse mediante la aspiración
bronquial
La fibrobroncoscopia permite la extracción del material
alimentario y cuerpos extraños presentes en el árbol bronquial
Parálisis o granulomas en las cuerdas vocales. Estenosis,
granulomas traqueales y fístula traqueoesofágica
La fibrobroncoscopia permite la extracción de material
para estudio microbiológico
La detección de partículas grasas en los macrófagos alveolares
obtenidos mediante lavado broncoalveolar puede ser útil en
algunos casos para establecer el diagnóstico
La fibrobroncoscopia ayuda en el diagnóstico etiológico y la
práctica de tratamientos endoscópicos
Diagnóstico-tratamiento de éstas en el muñón operatorio
de lobectomías o de neumectomías
En enfermos intervenidos quirúrgicamente por lesiones
traqueales o por tumoraciones tiroideas
Otros procedimientos respiratorios 117
gicos: broncoaspirado, cepillado bronquial con
catéter telescopado protegido, biopsia bronquial,
biopsia transbronquial, punción aspirativa transbronquial y lavado broncoalveolar. Las principales contraindicaciones de la fibrobroncoscopia se
resumen en la tabla 10-2. La incidencia de complicaciones del procedimiento es del 1,5-4%, aun-
Tabla 10-2
que si se siguen las recomendaciones relacionadas
con la preparación del enfermo y las condiciones de la ventilación mecánica invasiva, la mayoría son de carácter leve. Las más frecuentes y graves están relacionadas con la toma de biopsias y
aparecen de forma precoz tras el procedimiento
(tabla 10-3).
Contraindicaciones de la fibrobroncoscopiaa
Contraindicación
Observaciones
Insuficiencia respiratoria
Valorar su rendimiento diagnóstico frente a la posibilidad de agravar la
hipoxemia. En general es recomendable no practicarla si la PaO2 <65 mmHg
y debe valorarse la relación riesgo/beneficio de cada situación
Contraindicación absoluta
Contraindicación relativa. Depende de la rentabilidad diagnosticoterapéutica
Arritmias cardíacas graves
Infarto de miocardio reciente
o angina inestable
Diátesis hemorrágica
Falta de colaboración
Puede llevarse a cabo la exploración pero no la toma de biopsias si el recuento
de plaquetas es <50 × 109/l y/o el tiempo de protombina <50%
En el enfermo sin intubación endotraqueal.
a
La hipertensión pulmonar y la obstrucción de la vena cava superior son contraindicaciones relativas para la toma de biopsias, no
para la inspección fibrobroncoscópica. El embarazo no es contraindicación absoluta, pero han de ajustarse las medicaciones
utilizadas durante el procedimiento.
Tabla 10-3
Complicación
Complicaciones de la fibrobroncoscopia
Observaciones
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Relacionadas con la premedicación o la anestesia
Hipotensión
Anafilaxia
Laringoespasmo o broncoespasmo
Fundamentalmente en enfermos asmáticos; en ellos es aconsejable
la administración previa de broncodilatadores
Metahemoglobinemia
Rara complicación asociada a la lidocaína tópica
Relacionadas con la exploración broncoscópica o la toma de biopsias
Hipoxemia
Principalmente en enfermos previamente hipoxémicos
Epistaxis
En el abordaje nasal
Lesiones laríngeas o traqueales
Espasmo, edema, erosión
Arritmias cardíacas
En enfermos cardiópatas graves
Fiebre
3-15% de los casos tras la práctica de lavado broncoalveolar.
En ocasiones se acompaña de bacteriemia transitoria
Hemorragia
Secundaria a la realización de biopsias, o a lesión con el fibrobroncoscopio.
Fundamentalmente se presenta en enfermos con diátesis hemorrágica
o tratamientos antiagregantes-anticoagulantes
Neumotórax
Secundario a la realización de biopsias o a barotrauma
Aumento de la presión intracraneal Fundamentalmente en enfermos con patología cerebral
Muerte
Inferior a 1/10.000 exploraciones, y en todos los casos ocurre en enfermos
de extrema gravedad
Infección
Transmisión de infecciones en caso de contaminación del fibrobroncoscopio
Rotura del equipo
Cuerpo extraño en el aparato respiratorio
10
118 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Desinfección del fibrobroncoscopio
El fibrobroncoscopio y sus accesorios (pinzas y
catéteres) requieren una esterilización o una desinfección completa después de cada uso individual. La desinfección por calor no es posible, ya
que el fibrobroncoscopio no resiste temperaturas
superiores a los 55 °C. La sustancia desinfectante
más utilizada actualmente es el glutaraldehído
fenolato diluido al 1/8, que es eficaz sobre un
amplio espectro de microorganismos; su manipulación no es tóxica y actúa con rapidez (lo que
permite realizar exploraciones secuenciales con el
mismo aparato). Una alternativa es el ácido peracético. La secuencia de acción es la siguiente:
■
■
■
■
10
■
Limpieza con jabón enzimático y gasas estériles
de la cubierta del fibrobroncoscopio, y con un
cepillo los accesorios utilizados durante la exploración (pinzas de biopsia, catéteres).
Limpieza del canal interno del aparato mediante un cepillo impregnado con jabón enzimático.
Aspiración de 250 ml de glutaraldehído fenolato al 1/8 a través del canal de aspiración y sumergir el fibrobroncoscopio en una solución de
la misma sustancia durante 15-20 min.
Aclarado de la superficie externa con abundante agua y aspirado de 250 ml de suero fisiológico estéril.
Secado ocular con gasas, y del tubo de inserción mediante su conexión a una bomba de succión y aspirado de aire durante 3-5 min.
Actualmente se dispone de máquinas automáticas que simplifican la desinfección del fibrobroncoscopio.
Mantenimiento del fibrobroncoscopio
El fibrobroncoscopio y sus accesorios precisan
para su adecuada conservación un mantenimiento cuidadoso. Deben guardarse completamente
secos, tanto en su superficie externa como en el
canal interno, manteniendo el fibrobroncoscopio
en posición vertical para evitar la presencia de líquidos en su interior o la aparición de curvaturas
en el tubo de inserción. Con una periodicidad semanal o quincenal (dependiendo del uso) es recomendable comprobar la presencia de fugas en el
fibrobroncoscopio, mediante aparatos diseñados a
tal efecto. Si se detectan fugas o burbujas de aire, el
instrumento no ha de utilizarse hasta su reparación, ya que existe el peligro de dañar su estructura interna.
Técnica y procesamiento del lavado
broncoalveolar
El lavado broncoalveolar (LBA) se realiza a través
del fibrobroncoscopio y consiste en la instilación
(y posterior aspiración) de 3 alícuotas de 50 ml de
solución salina estéril. En las enfermedades pulmonares difusas el LBA se realiza en el lóbulo medio o en la língula; en las neumopatías localizadas,
en el lóbulo afectado. El fibrobroncoscopio ha de
enclavarse en un bronquio subsegmentario para
obtener material adecuado para su análisis. La colocación de una tubuladura (tubo de plástico de
los equipos de suero) de 20 cm entre el canal de
aspiración del aparato y la jeringa aumenta la rentabilidad diagnóstica del LBA. Para la obtención
de resultados valorables, el procesamiento del líquido obtenido ha de realizarse dentro de las 4 h
siguientes a la práctica del LBA. El líquido obtenido se coloca en frascos de plástico, ya que los macrófagos se adhieren al vidrio. El análisis celular
del LBA permite el estudio de la fórmula celular
en las neumopatías intersticiales (tinciones de May
Grünwald-Giemsa y Diff Quick), la presencia de
células neoplásicas (tinciones de Papaniccolau
y Giemsa), hemosiderófagos (tinción de Perls) y
partículas grasas (tinción de Oil Red, Sudán rojo),
y tinciones con anticuerpos monoclonales. El líquido obtenido después de la instilación de la primera
alícuota se desecha (excepto cuando se analizan
células neoplásicas), ya que el material obtenido
procede de los bronquios periféricos y no de los
alvéolos. El análisis celular se realiza en preparaciones obtenidas por citocentrífuga. El LBA es
muy útil para el diagnóstico de las infecciones pulmonares, especialmente en enfermos inmunodeprimidos. Para el análisis microbiológico se desecha el líquido obtenido después de la instilación
de la primera alícuota de solución salina; la detección e identificación de microorganismos se realiza
mediante cultivos del líquido obtenido y tinciones
específicas en preparaciones celulares obtenidas
por citocentrifugación. En la actualidad el análisis
de sustancias bioquímicas, mediadores celulares y
citocinas no tiene ningún valor para el diagnóstico
de las enfermedades respiratorias.
TORACOCENTESIS
La toracocentesis es una técnica de drenaje durante la cual se introduce una aguja en la cavidad
pleural con objeto de extraer líquido pleural. Según la necesidad del enfermo, la toracocentesis
puede ser diagnóstica (se extrae una muestra de
líquido pleural para su análisis) o terapéutica (se
extrae una mayor cantidad de líquido pleural con
Otros procedimientos respiratorios 119
la finalidad de aliviar los síntomas causados por
un derrame pleural masivo).
Posicionamiento del enfermo
La posición sentada es la más conveniente para el
enfermo, con la espalda erguida y los brazos descansando en una almohada colocada en una mesa
auxiliar situada delante de él. Al elevar los hombros, permite elevar y lateralizar la punta de la escápula. La espalda del enfermo debe permanecer
vertical y no inclinada hacia delante para evitar el
desplazamiento del líquido desde la zona posterior hacia la anterior. El médico se situa por detrás
del enfermo, con una mesa auxiliar a su lado que
contenga el instrumental necesario. Cuando el estado del enfermo no permite su desplazamiento,
la exploración puede realizarse en la cama con el
enfermo sentado en un lateral y el explorador por
detrás de él; el enfermo puede ser incorporado por
dos ayudantes. En el enfermo con intubación endotraqueal, la toracocentesis se realiza en posición
de decúbito supino semiincorporado a 30° con el
brazo ipsilateral en abducción a 90°.
Para localizar el punto más adecuado donde
realizar la punción se utilizan tanto las pruebas de
imagen como la exploración física, que revelará
disminución del murmullo vesicular, pérdida del
frémito táctil y matidez a la percusión en el área
anatómica correspondiente al derrame. Se introduce la aguja 1 o 2 espacios intercostales por debajo del nivel del derrame, a través de la pared
posterior del tórax, 5-10 cm lateralmente a la columna vertebral, donde las costillas pueden palparse con facilidad. En el enfermo en decúbito se
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 10-4
realiza en el quinto-sexto espacio intercostal, en la
línea axilar media o posterior. En estas localizaciones el paquete vasculonervioso (vena, arteria y
nervio) se sitúa en la mitad del espacio intercostal,
por lo que el riesgo de lesionar dicho paquete se
reduce si se introduce la aguja por encima del borde superior de la costilla inferior.
Realización de la toracocentesis
La toracocentesis ha de realizarse en condiciones
de asepsia: lavado de manos, guantes estériles y
preparación de la piel con solución antiséptica. Se
anestesia la piel y la pleura parietal utilizando un
anestésico local y una aguja corta de calibre estrecho (p. ej., 25 G). La anestesia del periostio costal
es dolorosa y habitualmente innecesaria. Existen
dos alternativas en la toracocentesis: la extracción
mediante una aguja o mediante un catéter (guiado inicialmente por aguja). En el primer caso se
introduce directamente la aguja (18-22 G) con la
que se extrae el líquido. En el segundo caso, se introduce un catéter con aguja de 18 G en esa localización hasta encontrar el líquido, se retira la aguja
cuando éste se aspira y se tapa el extremo abierto
del catéter para evitar la entrada de aire. En ambos casos se aspiran unos 50 ml de líquido para
los análisis diagnósticos (tabla 10-4).
En el caso de la toracocentesis terapéutica suele
utilizarse el catéter, por lo que no queda ningún
instrumento cortante en la cavidad pleural durante la evacuación del líquido que pueda dañar el
pulmón durante su reexpansión. Se aconseja no
sobrepasar un volumen de líquido extraído superior a 1-1,5 l, para disminuir la probabilidad de
Análisis del líquido pleural en el procesamiento de muestras
Investigaciones
Método de recogida
Cantidad de líquido pleural
pH
Bioquímica
■ Glucosa, proteínas, LDH, colesterol,
triglicéridos, ADA
Hematíes, leucocitos y recuento
diferencial
Citología
■ Tinción hematoxilina-eosina
■ Técnicas de inmunocitoquímica
Jeringa heparinizada
2 ml
Tubo seco o heparinizado
10 ml
Tubo con EDTA
5-10 ml
Tubo heparinizado o citratado
Tubo con EDTA
10 ml
5-10 ml
Jeringa seca, frascos de
hemocultivos
10-20 ml
Microbiología
■ Tinción de Gram y cultivo aerobios
anaerobios, tinción y cultivo
micobacterias, otras según sospecha
ADA: adenosín deaminasa; CEA: antígeno carcinoembrionario; EDTA: ácido etilendiaminotetraacético; LDH: lactatodeshidrogenasa.
10
120 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
ocasionar edema pulmonar o un hemotórax ex vacuo. Se retira la aguja o el catéter al final de la espiración para evitar la entrada de aire. Cuando el
derrame es escaso o se sospecha loculación, es útil
la punción guiada por ecografía. En ocasiones,
como en enfermos en estadios avanzados de una
enfermedad oncológica con derrame pleural maligno, la toracocentesis evacuadora ha de repetirse
de forma periódica con intención paliativa, a pesar
de conllevar riesgo de infección y de depleción
proteica.
Tabla 10-5 Causas habituales de derrame
pleural en función de las características
del líquido
Trasudadoa,b
Exudadoa,c
Insuficiencia cardíaca
congestiva
Cirrosis hepática
Síndrome nefrótico
Tromboembolismo
pulmonar
Cáncer
Neumonía
Traumatismo
Tuberculosis
Tromboembolismo
pulmonar
Artritis reumatoide
Lupus eritematoso
sistémico
Procesamiento de la muestra
Las muestras de líquido se procesan para análisis
de parámetros bioquímicos y hematológicos, exámenes citológicos y cultivos microbiológicos (v.
tabla 10-4). La categorización de un derrame entre
trasudado (resultado de un desequilibrio en las
fuerzas hidrostáticas) y exudado (producto de un
aumento de la permeabilidad capilar u obstrucción linfática) es recomendable para determinar
las pruebas y exámenes subsiguientes (tabla 10-5).
En ocasiones la toracocentesis no consigue el objetivo de obtener líquido, lo que se conoce como toracocentesis «blanca» o «seca». La tabla 10-6 resume las principales causas de esta situación.
Indicaciones y complicaciones
de la toracocentesis
10 La toracocentesis diagnóstica está indicada en
todo derrame pleural de causa no filiada (v. tabla
10-5), excepto en caso de derrames de muy pequeña cuantía o de insuficiencia cardíaca sin síntomas
o signos atípicos. Está indicada la práctica de toracocentesis terapéutica ante todo derrame pleural
Tabla 10-6
a
Se define un líquido pleural como exudado si presenta al menos
uno de los siguientes: a) cociente proteínas en líquido pleural /
proteínas en suero >0,5; b) cociente LDH líquido pleural / LDH
suero >0,6, o c) LDH en líquido pleural >2/3 del límite superior
del valor normal en suero.
b
Traduce un desequilibrio de las presiones hidrostáticas,
habitualmente secundario a enfermedad de afectación sistémica.
c
Traduce un aumento de la permeabilidad capilar u obstrucción
linfática, habitualmente secundario a afectación-irritación local
de la pleura.
sintomático. No existen contraindicaciones absolutas para la realización de toracocentesis, aunque
en caso de diátesis hemorrágica, falta de colaboración del enfermo e inestabilidad hemodinámica o
insuficiencia respiratoria, ha de evaluarse el riesgo/beneficio de forma individual. En caso de infección de la pared torácica (p. ej., pioderma, herpes zoster) o quemaduras extensas de la piel, se
localiza una región adyacente sana para la punción.
Causas de toracocentesis blanca
Causa
Observaciones
Aguja corta
Es el caso de enfermos con abundante tejido subcutáneo o con importante engrosamiento
pleural
En caso de una entrada oblicua o paralela a la pleura, la aguja puede quedar en el tejido
subcutáneo
Trayecto anómalo
Torsión del catéter
Alta densidad del
líquido pleural
Inyección en lugar
erróneo
Ausencia o escaso
líquido pleural
En caso de utilizar agujas de calibre pequeño
Si se punciona por encima de la localización del derrame, se puede lesionar el pulmón y
aspirar el aire. Por el contrario, si se punciona a nivel subdiafragmático, se puncionará
bazo o hígado, y se obtendrá sangre
En caso de poco líquido es útil la punción guiada por ecografía. No suele ser necesaria
la toracocentesis de derrames <1 cm de grosor en una radiografía lateral
Otros procedimientos respiratorios 121
Las principales complicaciones de la toracocentesis se resumen en la tabla 10-7. La complicación
con relevancia clínica más frecuente es el neumotórax, por lo que es recomendable la realización de
una radiografía de tórax tras la toracocentesis, siendo obligado en enfermos de alto riesgo (tabla 10-8).
DRENAJE PLEURAL
La colocación de tubos de drenaje torácico es el
procedimiento quirúrgico más frecuente en el tratamiento de las enfermedades de ocupación pleural. Se realiza generalmente de forma rutinaria en
el entorno hospitalario, pero en ocasiones la colocación del tubo torácico viene condicionada por
una emergencia.
El objetivo de un drenaje pleural es evacuar el
contenido anormal de la cavidad pleural, ya sea líquido o aire, para establecer la buena reexpansión
Tabla 10-7
Complicaciones de la toracocentesis
Complicación
Observaciones
Síncope vasovagal
Neumotórax
Laceración de
órganos
abdominales
Infección
Embolismo aéreo
Sangrado
Bazo o hígado. Para evitarla,
no se inserta la aguja por
debajo de la novena costilla
Empiema, celulitis
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Edema pulmonar
ex vacuo
Hemotórax, hemoperitoneo,
hematoma
En casos de drenajes
superiores a 1.500 ml
Tabla 10-8 Situaciones de riesgo que aconsejan
realizar una radiografía tras practicar una
toracocentesis
Antecedentes de irradiación torácica
Enfermo enfisematoso
Situación basal inestable
Enfermo con ventilación mecánica invasivaa
Tras varios intentos de punción para obtener líquido
Tras aspiración de aire
Enfermo con síntomas o signos de neumotórax
(dolor torácico, disnea, hipoxemia)
a
Aunque es discutible si el enfermo ventilado tiene más
riesgo de desarrollar un neumotórax que el no ventilado, si
éste se presenta, es más probable que evolucione a un
neumotórax a tensión.
pulmonar y el correcto funcionamiento cardíaco y
respiratorio. Las indicaciones principales se resumen en la tabla 10-9. Es importante no confundirlas
con otros procesos: neumotórax frente a una lesión
bullosa, derrame masivo frente a una neumectomía
previa o una atelectasia masiva. Las complicaciones
derivadas de la colocación o mantenimiento de un
drenaje pleural son poco frecuentes (tabla 10-10).
No existen contraindicaciones absolutas para su colocación, fundamentalmente si el drenaje es necesario. La diátesis hemorrágica, la infección de la pared
torácica, las evidencias de adherencias pleurales
densas o la enfermedad pulmonar con abundantes
bullas son contraindicaciones relativas que se han
de evaluar en cada caso.
Técnica de colocación de un drenaje pleural
Se posiciona al enfermo en decúbito supino semiincorporado a 30° con el brazo del mismo lado
en abducción a 90° (fig. 10-2). El tubo torácico se
inserta en lugares diferentes en función de la naturaleza de la ocupación pleural objeto de drenaje.
Así, en el neumotórax, se coloca en el cuarto espacio intercostal, línea axilar anterior o media, o alternativamente en el segundo espacio intercostal
en la línea medioclavicular, mientras que en derrame pleural el punto de inserción es el quinto-sexto
espacio intercostal, línea axilar media o posterior.
Estos puntos de inserción se utilizan habitualmen-
Tabla 10-9 Indicaciones de colocación
de un drenaje pleural en el enfermo crítico
Neumotórax de cualquier tamaño en enfermos
con insuficiencia respiratoria o ventilados
mecánicamente
Neumotórax espontáneo (>20% o < 20% si es
progresivo, sintomático o en el enfermo con
enfermedad pulmonar subyacente)
Neumotórax traumático
Neumotórax iatrogénico (sobre todo si es grande,
progresivo o sintomático)
Neumotórax a tensión
Hemotórax >500 ml
Derrame pleural paraneumónico complicado
Derrame pleural maligno como tratamiento
sintomático previo a la pleurodesis química
Quilotórax
Empiema
Fístula broncopleural
Tras cirugía en la cavidad torácica (facilita la
reexpansión pulmonar y controla la fuga de aire
y la posible hemorragia)
10
122 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 10-10
Complicaciones del drenaje pleural
Mala colocación del drenajea
■ Perforación del parénquima pulmonar
■ Perforación diafragmática
■ Perforación cardíaca
■ Perforación de la víscera abdominal
■ Colocación subcutánea
Sangrado por lesión del paquete vascular intercostal
Infección (empiema, celulitis)
Edema pulmonar ex vacuob
a
Es la complicación más frecuente.
Complicación que aparece tras la reexpansión rápida de un
pulmón colapsado por neumotórax o por líquido pleural (>1-1,5 l).
b
10
te para ocupaciones pleurales no loculadas (aire o
líquido). Para mayor comodidad del enfermo hay
que evitar los puntos de inserción en la región dorsal. Como regla general, no hay que colocar un
drenaje sin haber realizado una prueba de imagen
(radiografía simple de tórax, ecografía torácica o
tomografía computarizada torácica), a excepción
de un neumotórax a tensión. Asimismo, no hay
que drenar si no se puede aspirar aire o líquido.
La elección del tipo y diámetro del drenaje está
en relación con la patología específica. En el neumotórax espontáneo suele ser suficiente uno de pequeño calibre (9-10 F) tipo Pleurocath®, que se coloca
por punción. Si la fuga aérea es importante y no se
consigue reexpandir el pulmón, será necesario sustituirlo por otro de mayor calibre. En caso de un
derrame por trasudado puede utilizarse un drenaje
de pequeño calibre, mientras que en el empiema, en
el hemotórax y en el enfermo postoperatorio torácico, se utilizan tubos de calibres ≥24 F (inserción por
punción con guía o quirúrgico) (fig. 10-3).
La colocación del tubo pleural se realiza en condiciones de asepsia y con anestesia local. Se desinfecta una amplia zona de la piel con antiséptico y
se delimita el lugar de la inserción con paños estériles. Sobre el espacio intercostal elegido, se infiltra
un área de la piel con anestésico local, utilizando
una aguja fina. Posteriormente se profundiza la infiltración con una aguja más gruesa hasta llegar a
la pleura parietal. Es más seguro profundizar cerca
del borde superior de la costilla, en sentido perpendicular, para evitar dañar el paquete vasculonervioso intercostal que corre debajo de cada costilla.
Al llegar a la profundidad calculada del tejido, se
aspira con la jeringa para comprobar la entrada en
la cavidad pleural. Posteriormente, se procede a la
colocación del tubo torácico. En los tubos de calibre
grueso se realiza una incisión de unos 2 cm a lo largo del borde inferior del espacio intercostal infiltrado con anestésico local, disecando el tejido subcutáneo y muscular hasta alcanzar la pared costal. Para
entrar en la cavidad pleural se penetra en el espacio
intercostal sobre el borde superior de la costilla delimitante, agrandando el trayecto con la pinza hasta
que quepa un dedo. Antes de penetrar en la cavidad pleural, si el enfermo está ventilado se desconecta momentáneamente del ventilador. Después
se inserta el tubo suavemente en la cavidad pleural
por el trayecto previamente creado. Normalmente
los tubos están equipados con un trocar, que servirá
a modo de guía para facilitar la penetración, nunca
Pectoral
Dorsal ancho
Triángulo de seguridad
Figura 10-2 Punto de inserción del drenaje pleural. Posición del enfermo en decúbito supino, con el tórax
semiincorporado por un cojín, con el brazo en abducción y la mano debajo de la cabeza. El punto de inserción más
frecuentemente utilizado es el cuarto-quinto espacio intercostal, en la línea axilar anterior, dentro del llamado
«triángulo de seguridad», limitado por el músculo pectoral mayor, el dorsal ancho y la línea mamilar. Para los
neumotórax puede utilizarse también el segundo-tercer espacio intercostal en la línea media clavicular. En los
empiemas loculados puede ser necesaria la colocación posterior más baja. Las cámaras aéreas poscirugía torácica
pueden precisar drenajes posteriores interescapulovertebrales. Los drenajes de colocación posterior son muy
incómodos para el enfermo, y además pueden ser obstruidos por el propio peso de aquél.
Otros procedimientos respiratorios 123
A
B
Figura 10-3 Tubos de drenaje pleural: trócar (A)
y Pleurocath® (B).
para forzarla. Una vez en la cavidad pleural, se inclina el tubo para que avance hacia el interior tangencialmente, retirando el trocar unos centímetros
hacia dentro del tubo antes de seguir adentrándose
en la cavidad torácica. Para un efectivo drenaje de
neumotórax es deseable que el tubo alcance el vértice de la cavidad pleural, mientras que en caso de
derrame el tubo se dirige hacia la parte inferior
de la cavidad. Tras comprobar la correcta posición
del tubo, con todos los orificios de drenaje en el espacio pleural y con la salida de contenido, se fija por
los dos lados con suturas cutáneas. Alrededor del
tubo se deja una sutura horizontal sin atar, tipo colchonero, que sirve para cerrar el orificio del trayecto en el momento de la retirada. Finalmente se comprueba la colocación del tubo y la reexpansión
pulmonar mediante una radiografía de tórax.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Conexión al sistema de drenaje
El tubo torácico se conecta a un sistema de flujo
unidireccional, que permite la salida de aire o líquido de la cavidad pleural pero no el retorno. Se
suele aplicar una aspiración continua al sistema
para facilitar la evacuación del contenido pleural,
normalmente entre 15-20 cmH2O. Los sistemas
más sencillos son el de Bülau (sello de agua), aunque se comercializan sistemas de drenaje compactos de 3 cámaras de fácil utilización y transporte,
que recogen el líquido drenado y garantizan una
presión negativa estable aplicada al sistema (figura 10-4). No hay que pinzar el tubo de drenaje
cuando hay fuga de aire (burbujeo en el sello de
agua), puesto que se provoca la aparición de enfisema subcutáneo o neumotórax a tensión.
Retirada del drenaje pleural
El drenaje pleural se retira una vez resuelta su indicación o cuando deje de ser productivo. Usualmente se establece que, en el caso de derrames, el drena-
je debe tener un débito inferior a 50 ml/24 h,
mientras que en el neumotórax no debe haber fuga
aérea, incluso durante la tos o la succión. Respecto a
los enfermos que han padecido un neumotórax y
permanecen bajo VMI, en ausencia de fuga aérea
sin aspiración se cierra el drenaje y, si no hay complicaciones, éste se retira. La maniobra de retirada
se realiza en fase espiratoria forzada, cubriendo el
lugar de inserción con una gasa con vaselina, tras lo
cual se anuda la bolsa de tabaco del orificio de inserción. Se realiza un control radiológico inicial, y
otro a las 24 h, para comprobar la ausencia de reaparición del proceso pleural.
GASOMETRÍA ARTERIAL
La gasometría arterial es, junto con la espirometría, una de las pruebas básicas para evaluar la insuficiencia respiratoria en el enfermo crítico. El
A
B
Figura 10-4 Sistema de aspiración pleural. A. Puesto
que el sistema de Bülau con 3 frascos es engorroso, se
han ideado los sistemas aspirativos tricamerales
compactos no reutilizables, tipo Pleur-evac®. B. Otros
modelos sustituyen la columna que controla el nivel
de aspiración por una válvula, lo que permite eliminar
el burbujeo sonoro constante del sistema, en ocasiones
molesto para los enfermos.
10
124 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
10
concepto de insuficiencia respiratoria (v. cap. 9)
reposa exclusivamente en la medición de la presión parcial de los gases en la sangre arterial. Su
determinación informa del aporte de O2 al organismo y de la eliminación del CO2 del mismo. Esta
técnica consiste en la obtención de una muestra
de sangre arterial para cuantificar los valores de
presión parcial de O2 (PaO2), CO2 (PaCO2) y el valor del pH. Otros valores, como el valor de saturación de la oxihemoglobina (SaO2), el bicarbonato
(HCO3−) y el exceso de base (BE), se derivan a partir de la medición de estos valores.
La arteria de elección es la radial a nivel del túnel carpiano, en segundo lugar la arteria humeral
a nivel de la fosa antecubital, y en último lugar la
arteria femoral a nivel inguinal. Antes de la punción radial se comprueba el pulso de la arteria y
se verifica que la circulación pueda suplirse por la
arteria cubital (prueba de Allen). En la tabla 10-11
se recogen las principales recomendaciones con
respecto a la obtención de una gasometría arterial
publicadas por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).
Las complicaciones de la punción arterial son
escasas si se adopta una técnica correcta y cuidadosa. Una complicación grave pero infrecuente es la
trombosis de la arteria y la consecuente isquemia
distal. La hemorragia es otra complicación en enfermos que reciben tratamiento anticoagulante o
presentan trastornos de la coagulación. Para evitar
la aparición de un hematoma hay que comprimir
durante 3-5 min la zona de punción. Otras complicaciones hacen referencia al dolor en la zona de
punción, infección y lesión de nervios periféricos.
ASISTENCIA PULMONAR
En los enfermos con síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA) que no responden a las medidas convencionales de tratamiento puede plantearse la utilización de dispositivos de intercambio
de gases extracorpóreos que facilitan la oxigenación y la descarboxilación, lo que permite reforzar
una estrategia de ventilación protectiva. Para este
fin, se ha usado la membrana de oxigenación extracorpórea (ECMO; extracorporeal membrane oxygenation) (v. cap. 8) y la asistencia pulmonar. En
enfermos con SDRA refractario (v. cap. 32), el uso
de la asistencia pulmonar se asocia con un rápido
y moderado incremento en la oxigenación arterial
y una corrección precoz de la acidosis respiratoria,
permitiendo una reducción del volumen corriente.
En una serie de 90 enfermos con SDRA el 41,2% de
ellos sobrevivieron, y esta mortalidad fue inferior
a la esperada en relación a su puntuación de SOFA
(Sequential Organ Failure Assessment). No obs-
Tabla 10-11 Aspectos prácticos a considerar en
la extracción de una gasometría arterial
El enfermo debe estar en reposo 10 min antes de
la punción
■ Como toda exploración, debe ser explicada
detalladamente al enfermo antes de su realización
■ Puncionar la arteria radial de la mano no
dominante. Reservar la arteria radial contralateral,
la humeral o la femoral como opciones
consecutivas
■ Colocar la muñeca del paciente hiperextendida
e introducir la aguja formando un ángulo de 45°
■ Utilizar siempre anestesia local subcutánea (sin
adrenalina, para evitar el posible efecto
vasoconstrictor)
■ Emplear jeringas de vidrio o equipos de plástico
especialmente diseñados para la punción arterial
■ Heparinizar adecuadamente la jeringa empleada.
Poca heparina favorece la coagulación de la
muestra, y demasiada interfiere con el resultado
analítico
■ Tras la punción, comprimir vigorosamente la zona
de punción durante 2-3 min para evitar la
aparición de un hematoma
■ Mantener la muestra sanguínea obtenida en
condiciones de estricta anaerobiosis (evitar el
contacto con el aire ambiente) y a baja
temperatura (4 °C) hasta el momento de su análisis
■
tante, se precisan estudios adicionales para reforzar la evidencia científica.
En los últimos años se ha desarrollado un dispositivo para la asistencia extracorpórea pulmonar, el iLA Membrane Ventilator®, compuesto por
fibras huecas de polímeros heparinizados que permiten la oxigenación por difusión (superficie de
membrana de oxigenación de 1,3 m2). Se conecta al
enfermo a través de una cánula arterial y otra venosa femorales (13-21 F, la cánula venosa ha de
tener un calibre superior a la cánula arterial) colocadas mediante técnica de Seldinger, preferentemente bajo control ecográfico. La sangre circula a
favor del gradiente arteriovenoso, preferiblemente
a 60-80 mmHg. La conexión al dispositivo iLA de
un flujo de oxígeno (10-12 l/min) permite el intercambio de gases a través de su membrana. Con el
enfermo conectado al iLA se ajustan los parámetros ventilatorios, limitando el volumen corriente
y la presión inspiratoria, y manteniendo la PEEP
para evitar el colapso alveolar. El iLA requiere la
heparinización sistémica (TTPA 50-70 s) del enfermo y exige vigilar estrechamente la perfusión de
las extremidades inferiores.
Otros procedimientos respiratorios 125
La incidencia de complicaciones debido al uso
del iLA se estima en alrededor del 24%, y la mayoría están relacionadas con la canulación arterial
femoral (isquemia de extremidad inferior, síndrome compartimental o sangrado en la zona de
canulación). La incidencia de estas complicaciones
disminuye con una cuidadosa selección de la cánula arterial, de manera que se asegure una luz
residual del 30% del diámetro del vaso tras la inserción de la cánula para mantener suficiente flujo
sanguíneo periférico. Asimismo, no se recomienda el uso del iLA en enfermos con presión arterial
sistólica <90 mmHg, tratamiento renal sustitutivo
concomitante, coagulopatías y arteriopatía obstructiva femoropoplítea. Finalmente, hay que evitar la sedación del enfermo con propofol, dado
que los triglicéridos pueden depositarse en la
membrana del oxigenador, reducir el flujo sanguíneo circulante y alterar la oxigenación.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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10
126
Capítulo 11
Diagnóstico y monitorización
del fracaso renal agudo
Francisco J. Gaínza
PUNTOS CLAVE
N
Ante un enfermo con deterioro de su filtrado
glomerular, manifestado por retención de
productos nitrogenados o disminución
importante de la diuresis, hay que hacer
una orientación diagnóstica, descartando
los factores que puedan condicionar una
hipoperfusión renal. En un segundo estadio
hay que considerar la existencia de productos
tóxicos, xenobióticos o endógenos, mediante
una correcta y exhaustiva historia clínica.
DEFINICIÓN DEL FRACASO RENAL AGUDO
El fracaso renal agudo (FRA) se define como la
disminución, parcial o total, de la capacidad que
tienen los riñones para eliminar productos nitrogenados de desecho, instaurado en un período de
tiempo que va desde horas a semanas. El riñón tiene como función la regulación del medio interno,
manteniendo el equilibrio electrolítico y la volemia en unos márgenes muy estrechos. A pesar de
algunas limitaciones, las concentraciones plasmáticas de creatinina y de urea proporcionan una estimación rápida de la tasa de filtrado glomerular.
Los límites para definir el FRA son muy variables
y arbitrarios entre autores. Quizá, el límite para la
creatinina sérica en 2 mg/dl sea de los más aceptados, aunque otros consideran una elevación sobre
el valor basal de creatinina superior a 0,8 mg/dl,
N
El sedimento urinario, los parámetros urinarios
de funcionalidad y la ecografía renal son
herramientas de extraordinario valor, con escaso
coste monetario y nula agresividad para el
diagnóstico del enfermo con fracaso renal agudo.
N
Hay que considerar las enfermedades
sistémicas, autoinmunes, infecciosas y
neoplásicas en el diagnóstico diferencial
del fracaso renal agudo. En este sentido las
pruebas serológicas pueden facilitar la toma
de decisiones a la hora de indicar pruebas más
cruentas, como por ejemplo la biopsia renal.
una pérdida del 50% de la función renal o la necesidad de tratamiento sustitutivo.
La necesidad diaria de desembarazarse de unos
solutos que representan aproximadamente 800 miliosmoles se consigue eliminando una orina tan
concentrada como 1.200-1.400 mOsm/kg o tan diluida como 50-100 mOsm/kg, según interese ahorrar agua (el osmostato hipotalámico habrá en este
caso disparado la secreción de vasopresina, que
abrirá los canales del agua [acuaporina-2] del túbulo colector renal) o eliminar agua (aclarar agua
libre de solutos), respectivamente. En determinadas situaciones clínicas en que la perfusión renal
se encuentra comprometida, hay una respuesta fisiopatológica mediada por reacciones hormonales
y estímulos nerviosos que condicionan la disminución tanto del flujo de orina como de la eliminación de cloro y de sodio. Esta orina se encuentra
Diagnóstico y monitorización del fracaso renal agudo 127
más concentrada en solutos de desecho, por lo que
tiene una osmolalidad elevada. Es por todo ello
que, si el volumen diario de orina baja de 500 ml
aunque el riñón funcione correctamente y concentre al máximo de su capacidad, no se conseguirá
eliminar todos los productos de desecho y se producirá una retención de productos nitrogenados.
En este caso se trata de un FRA funcional o prerrenal, por cuanto la respuesta del riñón se desarrolla
con fines compensadores y, al revertir la causa,
éste vuelve a la situación de normalidad. Por lo
general, este tipo de fracaso renal se asocia a oliguria (generalmente aceptada como la eliminación
diaria de menos de 400 ml de orina, o en un enfermo con sonda vesical menos de 20 ml/h).
No obstante, hay que puntualizar que si la causa que ha provocado la hipoperfusión renal se
prolonga en el tiempo o ésta es muy grave, puede
desencadenar un daño hipóxico y oxidativo en las
células tubulares renales, con necrosis y pérdida
de polaridad, que abocaría en un fracaso renal establecido, el cual requerirá días o semanas para
recuperar su función, luego de haberse reinstaurado la adecuada perfusión renal. Además, al FRA
establecido se puede llegar por otras causas ajenas
a la hipoperfusión renal, como por ejemplo causas
inmunológicas sistémicas o locales, como pueden
ser vasculitis o nefritis intersticial aguda inmunoalérgica por fármacos; nefrotóxicos directos, como
los aminoglucósidos o los contrastes yodados; o
problemas vasculares, como la enfermedad ateroembólica, embolismos o trombosis. En muchos
casos son varios los mecanismos que conducen al
fallo renal al sumarse compromisos de la perfusión y de la lesión renal directa por tóxicos, como
ocurre, por ejemplo, en la rabdomiólisis.
Por último, aunque los riñones cumplan inicialmente bien su labor de filtrar, reabsorber y secretar,
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 11-1
la obstrucción del flujo urinario acaba repercutiendo en estas funciones y puede llegar, si es bilateral
(o unilateral sobre un único riñón que funcione), a
provocar anuria (definida como la emisión de orina <100 ml/24 h). En este caso se trata de un FRA
obstructivo o posrenal. El grado de reversibilidad
es alto y la función renal retorna con rapidez a sus
valores iniciales al corregirse la causa o facilitar
simplemente que la orina fluya (mediante sondaje,
cateterización, nefrostomía o ureterotomía).
A pesar de lo expuesto anteriormente, hasta la
actualidad no existe un consenso en los criterios
diagnósticos o definición clínica del FRA. RIFLE
es el acrónimo de las palabras inglesas correspondientes a riesgo (risk), daño (injury), fallo (failure),
pérdida prolongada de la función renal (loss) y fin
irreversible de la función renal (end) (tabla 11-1).
Es un sistema desarrollado durante la segunda
conferencia de consenso de la Adequate Dialysis
Quality Initiative (ADKI) celebrada en Vicenza,
Italia, en el año 2002. Los criterios RIFLE se han
desarrollado para estandarizar el diagnóstico del
FRA, considerado como un espectro que abarca
desde el daño mínimo hasta la necesidad de tratamiento sustitutivo. Los criterios RIFLE pretenden
servir como una definición uniforme del FRA, con
objeto de que los estudios sean comparables.
EPIDEMIOLOGÍA DEL FRACASO RENAL
AGUDO EN ENFERMOS CRÍTICOS
La epidemiología del FRA difiere en los enfermos
críticos en relación con los atendidos en otras áreas
del hospital. La prevalencia de FRA en la unidad
de cuidados intensivos (UCI) varía del 3 al 30%,
aunque en un reciente estudio realizado en 54 centros de 23 países, que incluyó a casi 30.000 enfermos, se observó una prevalencia de 5,7%, y reque-
Definición de fracaso renal según los criterios de RIFLE
Categoría
Criterios de filtrado glomerular
Criterios de diuresis
Riesgo (risk)
Creatinina aumentada ×1,5 o FGR
disminuido > 25%
Creatinina aumentada ×2 o FGR
disminuido > 50%
Creatinina aumentada ×3 o > 4 mg/dl
o FGR disminuido > 75%
IRA persistente = pérdida completa
de la función renal > 4 semanas
Insuficiencia renal estadio terminal
(> 3 meses)
Diuresis < 0,5 ml/kg/h × 6 h
Daño (injury)
Fallo (failure)
Pérdida (loss)
IRC (ESKD)
Alta sensibilidad
Diuresis < 0,5 ml/kg/h × 12 h
Diuresis < 0,3 ml/kg/h × 24 h
o anuria × 12 h
Alta especificidad
ESKD: end stage kidney disease; FGR: filtrado glomerular renal; IRA: insuficiencia renal aguda; IRC: insuficiencia renal
crónica en estadio terminal.
11
128 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
rían tratamiento sustitutivo el 4,2%. Los diversos
estudios observan un predominio de FRA en el
sexo masculino, en una proporción de 2:1. Los enfermos críticos con FRA son más jóvenes (existiendo probablemente un sesgo relacionado con la
edad y con la patología de ingreso) y la necesidad
de diálisis es mayor, con una relación 4:1, respecto
a los enfermos con FRA que no requieren admisión en la UCI. En lo que atañe al tipo de FRA, la
necrosis tubular aguda es el origen de FRA más
frecuente entre los enfermos críticos, mientras que
en los enfermos de otras áreas del hospital predominan las enfermedades obstructivas, parenquimatosas (generalmente asociadas a un buen pronóstico y originadas en el medio extrahospitalario),
además del FRA de origen prerrenal.
DIAGNÓSTICO DEL FRACASO RENAL
AGUDO
Los pasos para diagnosticar el FRA han de seguir
una sistemática lógica que comprenda una serie de
exploraciones que vayan de las más simples a las
más sofisticadas, de las menos agresivas a las más
cruentas y que considere inicialmente lo más frecuente para llegar a lo raro. En la tabla 11-2 se enumeran los 6 pasos que han de considerarse para el
correcto diagnóstico etiológico y diferencial del
FRA. Por otro lado, conviene recordar que se pue-
Tabla 11-2 Evaluación diagnóstica del fracaso
renal agudo
Historia clínica: anamnesis y exploración física
Bioquímica de urgencia
N Análisis básicos
N Parámetros de funcionalidad
Ecografía abdominopélvica y Doppler
Pruebas de laboratorio programadas
N Análisis de orina
N Pruebas serológicas
N Análisis de proteínas
N Análisis hematológicos
N Estudios microbiológicos
N Cálculo del hiato osmolal
Pruebas de imagen (diferentes a la ecografía
convencional)
Encaminadas a descartar uropatía obstructiva:
N Pielografía descendente o ascendente
N TC multicorte: angio-TC
Encaminadas a descartar patología vascular:
N Arteriografía
N RM: angiorresonancia, urorresonancia
N Flebografía
Biopsia renal
TC: tomografía computarizada.
RM: resonancia nuclear magnética.
11
Historia clínica
Establecido
Ecografía
Riñones pequeños: IRC
Dilatación
Uropatía obstructiva
Normales
FRA o GRP
Vascular
Glomerular
Vaso grande
Arteriografía
Doppler
Flebografía
Funcional
Parámetros urinarios
Vaso pequeño
Quistes grandes
PQRAD
Tubulointersticial
Alérgico
Biopsia
Tóxico
Bioquímica
Sedimento
Isquémico
Clínica
Serología
Figura 11-1 Algoritmo diagnóstico del fracaso renal agudo. FRA: fracaso renal agudo; GRP: glomerulonefritis
rápidamente progresiva; IRC: insuficiencia renal crónica; PQRAD: poliquistosis renal autosómica dominante.
Diagnóstico y monitorización del fracaso renal agudo 129
den presentar varios factores simultáneamente o
consecutivamente como consecuencia de la evolución de la enfermedad o de las decisiones terapéuticas. El algoritmo del diagnóstico diferencial del
FRA queda esquematizado en la figura 11-1.
La clínica en el diagnóstico del fracaso
renal agudo
La correcta anamnesis, junto a una exhaustiva exploración física, alertan y orientan sobre un gran
número de etiologías. Interesa conocer antecedentes relacionados con alergias, contacto con fármacos o productos tóxicos y contrastes, patología infecciosa, enfermedades vasculares, gestaciones o
complicaciones obstétricas recientes, síndrome prostático, litiasis renal, cólicos renales y traumatismos
recientes. Cierta sintomatología respiratoria y la
hemoptisis pueden orientar acerca de un síndrome renopulmonar, de etiología infecciosa o autoinmune (síndrome de Goodpasture, lupus eritematoso sistémico, granulomatosis de Wegener y
poliangeítis microscópica); también puede tratarse
de un edema agudo de pulmón de origen cardiogénico o de un proceso neoplásico.
La exploración física ha de ser completa e incluir la evaluación hemodinámica y dermatológica
para descartar lesiones cutáneas, las cuales pueden
aparecer en enfermedades alérgicas (nefritis por
fármacos) o autoinmunes (vasculitis, lupus eritematoso sistémico, púrpura de Schönlein-Henoch),
y en enfermedades infecciosas (endocarditis, meningitis, etc.) o vasculares (livedo reticularis en la
enfermedad ateroembólica) (v. cap. 72).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Pruebas de laboratorio y exámenes
complementarios
Análisis de sangre. Incluye la determinación en
suero o plasma de creatinina, urea o nitrógeno ureico, iones mono y divalentes, pH y gases sanguíneos
(venosos o arteriales, según el cuadro clínico). Además, es necesario solicitar un hemograma con recuento leucocitario, una tira reactiva de orina y, dependiendo de las manifestaciones clínicas, pueden
solicitarse las enzimas creatin-fosfocinasa, amilasa
y transaminasas. Un frotis de sangre puede identificar la presencia de esquistocitos, propios de las enfermedades que cursan con una microangiopatía
trombótica (v. cap. 71). La electroforesis del plasma,
la inmunofijación y la cuantificación de cadenas ligeras en orina (búsqueda de proteinuria de Bence
Jones) están indicadas en un FRA de causa no aclarada o en el que se presenta con hipercalcemia o
anemia desproporcionada. En algunos mielomas,
especialmente en los de cadenas ligeras, puede no
Tabla 11-3 Hallazgos urinarios de interés
en el fracaso renal agudo
Células
Hematíes
Glomerulonefritis primarias
Glomerulonefritis secundarias
Infecciones
Enfermedades autoinmunes
Vasculitis
Nefritis inmunoalérgica
Leucocitos
Pielonefritis aguda
Leucocitos eosinófilos
Nefritis inmunoalérgica
Enfermedad ateroembólica
Pielonefritis aguda
Microorganismos
Infecciones urinarias o sistémicas
Bacterias
Leptospirosis
Micobacterias
Hongos (levaduras)
Virus (adenovirus; poliomavirus BK/BJ)
Cilindros
Hialinos
Fracaso renal funcional
Pigmentados
Necrosis tubular aguda
Hemáticos
Glomerulonefritis proliferativa
Vasculitis de pequeño vaso
Nefritis inmunoalérgica
Cristales
Ácido úrico
Hiperuricemia-hiperuricosuria
Síndrome de lisis tumoral
Oxalato
Intoxicación por etilenglicol
Hiperoxalurias primarias o secundarias
Fármacos
Aciclovir
Estruvita
Infecciones por gérmenes que desdoblan la urea
Pigmentos
Mioglobina
Rabdomiólisis
Hemoglobina
Hemólisis intravascular grave
observarse el pico monoclonal en suero y solamente
aparecer la cadena ligera en orina.
Sedimento urinario. Los diferentes elementos
que pueden encontrarse en la orina se resumen en
11
130 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
11
la tabla 11-3. El análisis microscópico de la orina
puede alertar sobre la presencia de hematíes. Si
éstos se acompañan de proteinuria significativa,
de cilindros hemáticos y de una morfología alterada, orientan hacia el origen glomerular de la enfermedad. La presencia de eosinófilos en orina
puede apoyar el diagnóstico de nefropatía intersticial alérgica. Sin embargo, los eosinófilos en orina se pueden encontrar también en la enfermedad
ateroembólica y en la pielonefritis. La presencia
de cristales de oxalato puede orientar, según el
contexto, a una intoxicación por etilenglicol. Los
cilindros renales en un FRA funcional son claros,
hialinos, y se producen por la precipitación del
uromucoide de Tamm-Horsfall en una orina concentrada, mientras que en una necrosis tubular
aguda son pigmentados, marronáceos, con células
epiteliales de descamación.
Pruebas serológicas. La asociación de anticuerpos anticitoplasma de neutrófilo (ANCA) con determinadas vasculitis de pequeño vaso, como la
poliangeítis microscópica, la granulomatosis de
Wegener o el síndrome de Churg-Strauss, puede
ser de utilidad en el diagnóstico y en la evolución
y la respuesta al tratamiento. Éstos pueden demostrarse por inmunofluorescencia indirecta de
los sueros con neutrófilos normales o mediante
enzimoinmunoanálisis (ELISA) contra el antígeno
específico. El patrón C-ANCA (citoplasmático granular) es el de la inmunofluorescencia y su especificidad antigénica es la proteinasa 3; mientras que
la del patrón P-ANCA (perinuclear) es la mieloperoxidasa. El primer patrón es positivo en el 80% de
la granulomatosis de Wegener, en el 30% de la poliangeítis microscópica, en el 30% de la glomerulonefritis extracapilar idiopática pauciinmune y en
el 35% del síndrome de Churg Strauss. Mientras
que el segundo patrón lo es en el 50% de la poliangeítis microscópica, en el 50% de la glomerulonefritis extracapilar, en el 35% del síndrome de Churg
Strauss y en otros procesos autoinmunes como la
artritis reumatoide, las hepatopatías autoinmunes y
las enfermedades intestinales inflamatorias. Los anticuerpos antinucleares, especialmente anti-ADN, y
anti-Scl70 son útiles para la evaluación del lupus
eritematoso sistémico y de la esclerodermia, respectivamente. La anticardiolipina y el anticoagulante
lúpico −o los anticuerpos antimembrana basal glomerular ante la sospecha de síndrome de Goodpasture− completan el estudio. Algunas pruebas serológicas en relación con procesos infecciosos, como la
legionelosis y la leptospirosis, pueden solicitarse según el contexto clínico del enfermo con FRA.
Parámetros de funcionalidad. Pretenden determinar si el riñón está respondiendo fisiopatológicamente a la inadecuada perfusión renal o si
realmente existe daño en este órgano que impide su correcta función. La correcta interpretación de
estos parámetros se enmarca en el escenario del
enfermo con oliguria que no se encuentra bajo la
acción de diuréticos. En el FRA prerrenal traducen
fundamentalmente el hiperaldosteronismo secundario y el estímulo de la hormona antidiurética
(ADH). El primero, al actuar sobre los receptores
inespecíficos para los mineralocorticoides, ubicados en las células principales del túbulo conector
de la nefrona distal y del túbulo colector, favorece
la reabsorción electrogénica de Na por el canal epitelial de sodio (generando un potencial eléctrico
negativo en la luz tubular) y favoreciendo indirectamente la secreción tubular de H y K. El estímulo
de la ADH al actuar sobre sus receptores de las células de los túbulos colectores favorece la salida de
agua a través de la acuaporina desde el túbulo al
intersticio y de aquí al torrente circulatorio. De
todo ello resulta una orina con escaso contenido en
sodio, relativamente elevado contenido en potasio
y relativamente concentrada (con osmolalidad elevada).
La descripción de los parámetros que expresan
funcionalidad se detalla en la tabla 11-4. Para su
cálculo hay que solicitar, además de los parámetros ya mencionados, la determinación simultánea
de iones urinarios (Na, K, Cl), urea y creatinina. La
osmolalidad en suero y orina, generalmente medida de forma indirecta por la variación en el punto
de congelación y su comparación con soluciones de
osmolalidad conocida a diferentes concentraciones, y expresada en mOsm/kg, puede ayudar en la
categorización del fracaso renal. Si no se dispone
de osmolalidad, la densidad relativa de la orina
puede proporcionar una orientación. Así, una densidad mayor de 1.018 se correlaciona con una orina
concentrada, y la próxima a 1.010 revela orina isostenúrica (de osmolalidad similar al plasma). Una
vez llegado a este punto y si se ha descartado razonablemente la presencia de un FRA funcional, hay
que solicitar una prueba de imagen, preferentemente una ecografía abdominal.
El hiato osmolal en suero puede ayudar ante la
sospecha de intoxicaciones con moléculas de peso
molecular bajo, como es el caso del etilenglicol y
del metanol. Consiste en calcular la diferencia entre la osmolalidad medida con un osmómetro y la
estimada a través del cálculo con las moléculas
más abundantes y de bajo peso molecular que se
analizan habitualmente. La osmolalidad se suele
medir bien por la variación del punto de congelación (a mayor osmolalidad disminuye el punto
crioscópico) o por la variación en la presión de
evaporación. La estimación de la osmolalidad se
calcula de la siguiente forma:
Diagnóstico y monitorización del fracaso renal agudo 131
Tabla 11-4
Parámetros para determinar la funcionalidad del fracaso renal agudo
Sodio en orina
Cociente Na/K en orina
Osmolalidad en orina
EFNa
NUU/NUS (o urea)
Ucre/Scre
IFR
Cilindros
FRA funcional
FRA establecido
<12 mEq/l
K > Na
>450-500 mOsm/kg
<1%
>8
>40
<1%
Hialinos
>20 mEq/l
Na > K
<350 mOsm/kg
>1%
<3
<20
>1%
Pigmentados
Celulares
FRA: fracaso renal agudo. Un FRA intermedio es aquel cuyos parámetros se encuentran entre unos y otros valores, y su significado
es muy variable. Así, puede tratarse de un fallo funcional en un enfermo de edad avanzada o que recibe tratamiento diurético, o de
un fracaso funcional que evoluciona a necrosis tubular aguda. Igualmente, la glomerulonefritis aguda y el síndrome hepatorrenal
mostrarán valores correspondientes a fracaso funcional.
cre: creatinina; EFNa: excreción fraccional de sodio; se calcula: EFNa = {[UNa·Scre/(SNa·Ucre)]·100} Los prefijos U y S se refieren a
orina y suero, respectivamente; IFR: índice de fallo renal: IFR = Scre/(SNa·Ucre); NUS: nitrógeno ureico sérico; NUU: nitrógeno
ureico urinario.
− Osm (mOsm/kg) = 2[Na (mEq/l)] + [glucosa
(mmol/l)] + [urea (mmol/l)]
− Osm (mOsm/kg) = 2[Na (mEq/l)] + [glucosa
(mg/dl)]/18 + [Urea (mg/dl)]/6
− Osm (mOsm/kg) = 2[Na (mEq/l)] + [glucosa
(mg/dl)]/18 + [BUN (mg/dl)]/2,8
Examen de fondo de ojo. El examen de fondo
de ojo permite valorar una posible enfermedad ateroembólica (al visualizar émbolos de colesterol),
una posible endocarditis, o la afectación vascular y
de la papila en un enfermo con sospecha de hipertensión acelerada o maligna.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Ecografía abdominal
Al ser una prueba incruenta y realizable en la cabecera del enfermo, se convierte en fundamental para
establecer el diagnóstico diferencial en el FRA.
Los patrones ecográficos renales se detallan en
la tabla 11-5. La presencia de riñones pequeños e
hiperecogénicos y de riñones con grandes quistes
bilaterales y disminución del parénquima renal es
sugestiva de insuficiencia renal crónica, en fase de
deterioro. No es infrecuente que, ante la sospecha
inicial de FRA, se ponga de manifiesto una nefropatía crónica evolucionada no conocida con anterioridad. Por otro lado, ha de tenerse en cuenta
que, para que la dilatación de la vía excretora ocasione FRA, ésta ha de afectar a ambos riñones, a la
vía excretora común o a un solo riñón, siempre que
éste proporcione la mayor parte o la totalidad de la
función renal (por ser el otro riñón aplásico o hipoplásico, isquémico, anulado por un proceso infla-
matorio u obstructivo, o extirpado por causa tumoral, infecciosa, vascular o traumática). Rara vez,
una obstrucción renal puede cursar sin dilatación
significativa de la vía excretora, hecho descrito en
monorrenos y en enfermos de edad avanzada.
Otras pruebas de imagen para descartar la presencia de obstrucción urinaria no detectada por la
ecografía, o localización topográfica o diagnóstico
etiológico de la uropatía obstructiva. En este sentido la tomografía computarizada, la pielografía
descendente (si se dispone de catéter de nefrostomía), la pielografía retrógrada y la cistografía facilitan esta aproximación. La urorresonancia magnética es una buena opción, ya que no precisa de
administración de ningún tipo de medio de contraste. Ante la sospecha de infarto renal, la arterio-
Tabla 11-5 Patrones ecográficos de los riñones
ante el deterioro de la función renal
A. Riñones con dilatación de vía excretora
(hidronefrosis)
B. Riñones de tamaño normal, con ecogenicidad
conservada
C. Riñones de tamaño normal, con papilas
hipoecogénicas
D. Riñones reducidos de tamaño, hiperecogénicos,
con mala diferenciación corticomedular o cortical
muy reducida
E. Riñones aumentados de tamaño con grandes
quistes y parénquima renal generalmente
reducido
11
132 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
grafía renal es la prueba de elección, mientras que
la flebografía está indicada ante la difícil sospecha
de trombosis venosa renal.
trasplante renal para establecer la diferencia entre
necrosis tubular aguda, toxicidad por inmunosupresores y rechazo, y en este último caso para clasificar el estadio de rechazo (criterios de Banff).
Biopsia renal
11
La biopsia renal es una práctica poco cruenta en
la actualidad, pero no exenta de riesgos. La modalidad preferida es la biopsia percutánea. Se realiza
bajo control ecográfico y dirigida a través de guía,
efectuando el disparo de forma automática. En el
enfermo crítico con ventilación mecánica invasiva
(VMI), se facilita colocándole en posición de decúbito lateral, pudiendo así obviarse la desconexión
del ventilador, ya que la oscilación del riñón es mínima. En ocasiones especiales se puede optar por
la biopsia quirúrgica –a cielo abierto− o incluso
por la biopsia transyugular. Esta última se reserva
para enfermos críticos con alteraciones de la coagulación o cuando se realice concomitantemente
una biopsia hepática. La muestra ha de incluir
fragmentos de corteza y de médula, que se utilizan para tinciones convencionales, técnicas de inmunofluorescencia y microscopia electrónica.
La indicación de la biopsia renal en el FRA no
ha de estar motivada por la curiosidad diagnóstica, sino que ha de comportar implicaciones terapéuticas. En el caso de sospecha firme de una necrosis tubular aguda, la mayoría de los casos de
FRA en el enfermo crítico, la biopsia renal parece
poco indicada, excepto cuando no exista recuperación de ella. En cambio, debe realizarse cuando se
consideren otras etiologías (p. ej., vasculitis de pequeño vaso, glomerulonefritis, nefritis intersticial
inmunoalérgica, amiloidosis, etc.). La biopsia está
especialmente indicada en el FRA del enfermo con
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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133
Capítulo 12
Monitorización abdominal
Ramón Adalia, Cristian Heering, Mercè González
y Elizabeth Zavala
PUNTOS CLAVE
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
La alteración de la perfusión esplácnica, debida
al shock y a situaciones clínicas que cursan
con aumentos de la presión intraabdominal,
desempeña un papel fundamental en
el desarrollo del síndrome de disfunción
multiorgánica y, por lo tanto, incide en
el pronóstico de los enfermos críticos.
La monitorización de la presión intraabdominal
mediante su determinación intravesical debería
ser una práctica rutinaria en los enfermos
críticos susceptibles de desarrollar hipertensión
intraabdominal.
La alteración de la perfusión en los órganos intraabdominales se observa en el shock de cualquier
etiología, tras la administración de fármacos alfaadrenérgicos y en situaciones clínicas que cursan
con aumento de la presión intraabdominal (PIA).
Como consecuencia de ello, puede presentarse insuficiencia hepática e insuficiencia renal, además
de isquemia de la mucosa del tubo digestivo, con
la consiguiente translocación bacteriana. La disfunción de estos órganos, junto con la sepsis grave
acompañante, implica la aparición de fallo multiorgánico (síndrome de disfunción multiorgánica
[SDMO], v. cap. 31). Es por tanto obligada la monitorización, tanto de la PIA como de la perfusión de
los diferentes órganos intraabdominales, para intentar detectar y tratar precozmente estas altera-
N
Recientemente se ha designado un consenso de
expertos de ámbito internacional para realizar
la correcta medición e interpretación de la
presión intraabdominal.
N
El diagnóstico precoz de la hipertensión
intraabdominal permite optimizar
el tratamiento médico y quirúrgico
desfavoreciendo la aparición del síndrome de
disfunción multiorgánica o su evolución.
N
La monitorización de la perfusión esplácnica con
tonometría gástrica y la eliminación de verde de
indocianina permiten detectar, de forma rápida
y en la cabecera del enfermo, alteraciones de
la perfusión de los órganos intraabdominales.
ciones. A pesar de ello, la monitorización del funcionamiento de los diferentes órganos y vísceras
del aparato digestivo, a diferencia de otros sistemas y órganos, sigue siendo la gran olvidada en el
ámbito de la monitorización en la mayoría de las
unidades de cuidados intensivos (UCI).
PRESIÓN INTRAABDOMINAL
El abdomen tiene una presión hidrostática en su interior, generada por el contenido abdominal y sus
estructuras adyacentes, que se sitúa en 5-8 mmHg
en condiciones basales. Este valor de presión varía,
en circunstancias normales, según la posición del
enfermo, el grado de contracción de la musculatura
intraabdominal y el nivel de presión intrapleural.
134 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
No obstante, en determinadas situaciones clínicas,
la PIA puede estar lo suficientemente elevada como
para condicionar un compromiso en la perfusión de
los órganos intraabdominales. Así, la presión de
perfusión abdominal (PPA) se define como la presión arterial media (PAM) menos la PIA. La PPA
necesaria para perfundir adecuadamente los órganos intraabdominales se sitúa en alrededor de 60
mmHg. Un valor mantenido de la PIA superior a 11
mmHg determina una situación clínica de hipertensión intraabdominal (HIA). La HIA se clasifica
en 4 grados, con implicaciones pronósticas y terapéuticas (tabla 12-1). Cuando la situación de HIA
con PPA disminuida condiciona hipoperfusión esplácnica y SDMO, esta situación clínica se denomina síndrome compartimental abdominal (SCAB).
Monitorización de la presión intraabdominal
12
Existen múltiples métodos de monitorización de la
PIA. En el ámbito experimental suele realizarse
punción directa de la cavidad peritoneal, pero en la
práctica clínica se utilizan métodos indirectos, menos invasivos, mediante catéteres (cava inferior) o
sondas con balón introducidos a través de accesos
naturales (estómago, duodeno, vejiga urinaria, vagina, recto) en la cavidad abdominal, y conectando
tales sondas a un transductor de presión o una columna de líquido. El sistema más extendido, y considerado de referencia a nivel clínico, es la determinación por medio de una sonda intravesical. Se
trata del método más sencillo, más barato, más fiable y que comporta un menor riesgo de infección.
Se acepta de manera mayoritaria que, cualquiera que sea el dispositivo utilizado, la medición de la
PIA ha de realizarse al final de la espiración, con el
enfermo en decúbito supino, en posición plana, con
la musculatura abdominal en reposo, y con el
«cero» del transductor de presión en cresta ilíaca,
Tabla 12-1
SÍNDROME COMPARTIMENTAL
ABDOMINAL
El SCAB se define como el incremento de la PIA
con determinaciones mantenidas por encima de
20 mmHg, asociado a una disminución de la PPA,
y que cursa con disfunción orgánica. Se requiere la
disfunción de al menos un órgano o sistema, aunque con frecuencia se presenta en forma de SDMO.
El SCAB se clasifica en primario (cuando las causas que lo provocan se producen en la región abdominopélvica), secundario (cuando la etiología
no es propiamente patología abdominal; p. ej.,
quemados, sepsis, reanimación agresiva con líquidos) o recurrente (cuando se reproduce tras haber
sido resuelto con tratamiento médico o quirúrgi-
Clasificación de la hipertensión intraabdominal
Presión intraabdominal
Grado I
Grado II
Grado III
Grado IV
Duración de los síntomas
Aguda
Crónica
estableciendo el nivel en la línea axilar media. Para
su determinación, con la vejiga vacía, se instilan
mediante la sonda vesical 25 ml de suero fisiológico
a temperatura ambiente. La sonda vesical se clampa distalmente, y en la porción proximal de la sonda se inserta una aguja de calibre 16 G o superior,
conectada a su vez a un transductor de presión (fig.
12-1) que proporciona los datos registrados en el
monitor. En la actualidad se dispone de dispositivos comerciales que minimizan las manipulaciones
descritas y que permiten agilizar los registros. Cabe
señalar que, cuando la distensibilidad de la vejiga
urinaria está comprometida (p. ej., enfermos irradiados, neoplasias pélvicas, traumatismos vesicales, etc.), el método de elección no sería la determinación por sonda vesical; sería preferible en este
caso utilizar métodos intragástricos, aún más complejos técnicamente y con un coste económico más
elevado. El consenso actual establece que la medición de la PIA en enfermos de riesgo (tabla 12-2) ha
de practicarse cada 8-12 h. En el caso de que se objetive HIA, habría que monitorizar la PIA cada 4 h.
12-15 mmHg
16-20 mmHg
21-25 mmHg
>25 mmHg
Tratamiento médico
Tratamiento médico
Tratamiento médico + quirúrgico
Tratamiento médico + quirúrgico
La hipertensión intraabdominal se desarrolla en horas (como resultado de un
traumatismo o hemorragia abdominal) o en días (secundario a sepsis, aumento
de la permeabilidad capilar, etc.)
Desarrollo lento en meses, lo que permite la adaptación de la pared abdominal al
aumento de presión. Se observa en tumoraciones intraabdominales
de crecimiento lento, en la ascitis, en la obesidad o en el embarazo
Monitorización abdominal 135
Figura 12-1
Elementos para la monitorización de la presión intraabdominal.
co). A pesar del diagnóstico precoz y de las medidas terapéuticas, la mortalidad descrita del SCAB
se sitúa en el 42 o 71%, según se trate de enfermos
correctamente descomprimidos o de enfermos en
los que no se ha realizado una laparotomía des-
compresiva, respectivamente. No obstante, hay
que considerar que todas las entidades patológicas que pueden provocar un SCAB ya se asocian
per se a una elevada morbimortalidad.
Fisiopatología y manifestaciones clínicas
del síndrome compartimental abdominal
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 12-2 Causas de hipertensión
intraabdominal
Disminución de la compliancia de la pared
abdominal
N Cirugía abdominal con cierre de la pared
abdominal
N Politraumatismo con trauma abdominal
N Posición en decúbito prono
N Obesidad
Incremento del contenido intraabdominal
N Hemoperitoneo
N Neumoperitoneo
N Ascitis
N Disfunción hepática
Incremento del contenido intraluminal del
intestino
N Gastroparesia
N Íleo paralítico
N Oclusión y seudooclusión intestinal
N Trombosis venosa mesentérica
Aumento de la permeabilidad capilar y
resucitación agresiva con fluidos
N Politransfusión
N Pancreatitis aguda grave
N Insuficiencia renal aguda
N Sepsis grave
N Politraumatismos
N Laparotomía de control de daños
A continuación se detallan las principales manifestaciones clínicas del SCAB:
Efectos cardiovasculares. El aumento de la PIA
da lugar a la disminución de la precarga, al aumento de la poscarga y a la reducción del gasto cardíaco. Estos cambios ya se inician a partir de valores
de PIA de 12 mmHg. El efecto mecánico directo de
la PIA sobre la vena cava inferior y la vena porta
provoca una disminución del retorno venoso y, por
tanto, de la precarga cardíaca. El aumento de la
poscarga es consecuencia de la elevación de las resistencias vasculares sistémicas debido al efecto
mecánico que ejerce la PIA sobre los vasos y la respuesta adrenérgica que se desencadena por la reducción del gasto cardíaco. A todo esto se suma el
aumento de la presión intratorácica (por elevación
del diafragma) y la disminución de la compliancia
ventricular con la consiguiente disminución de la
contractilidad miocárdica. El aumento de presión
intratorácica da lugar a una falsa elevación de las
mediciones de la presión venosa central (PVC) y de
la presión de oclusión de la arteria pulmonar
(PoAP). El resultado final es el descenso del gasto
cardíaco con un patrón hemodinámico «falsamente» hipervolémico. Se ha propuesto la corrección
de la PVC y la PoAP restándoles el 50% del valor
de la PIA, valores que serían más indicativos de las
presiones vasculares transmurales. No obstante, en
12
136 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
12
estas circunstancias, la evaluación de la precarga
estática es más fiable si se miden los volúmenes
sanguíneos intratorácicos (v. cap. 5).
Efectos en el aparato respiratorio. La elevación
del diafragma provoca una disminución de la capacidad pulmonar total, y la capacidad residual
funcional favorece la aparición de atelectasias, con
la consiguiente alteración de la relación ventilación-perfusión (v. cap. 9). Asimismo, la disminución de la compliancia torácica favorece el aumento de la presión alveolar en los enfermos con
ventilación mecánica invasiva. Estos efectos sobre
el aparato respiratorio pueden observarse a partir
de valores de PIA de 15 mmHg.
Efectos renales. Incrementos moderados en la
PIA pueden inducir disfunción renal, que se manifiesta por oliguria, debida al efecto mecánico directo de la PIA sobre la vasculatura renal, y el parénquima renal, además de la reducción del gasto
cardíaco. Algunos autores señalan también la insuficiencia renal obstructiva, por compresión ureteral
de la PIA elevada, aunque esta posibilidad se ha
descartado a nivel experimental al colocar derivaciones ureterales que evitan este efecto de compresión y no han evitado la aparición de oliguria.
Efectos en el flujo sanguíneo esplácnico. El aumento de la PIA produce un efecto mecánico directo
sobre la vasculatura de los órganos intraabdominales, dando lugar a una disminución de la perfusión
esplácnica, fundamentalmente del intestino. La mucosa intestinal es muy sensible a la hipoxia, y como
consecuencia de la HIA se producen en ella fenómenos isquémicos. Esto implica la pérdida de la barrera intestinal, lo que produce translocación bacteriana y favorece la aparición de SDMO.
Efectos en el sistema nervioso central. En los
enfermos politraumáticos con traumatismo craneoencefálico asociado (40% de los politraumáticos), el incremento de la PIA puede tener trascendencia indirecta en la morbimortalidad cerebral.
El incremento de la PVC puede interferir en el retorno venoso cerebral, lo que podría causar un aumento de la presión intracraneal y, a su vez, una
disminución de la presión de perfusión cerebral.
Efectos en la pared abdominal. La HIA suele
provocar distensión de la pared abdominal, con
compromiso de su irrigación. En los enfermos posquirúrgicos abdominales se afecta el proceso de
cicatrización, incrementando el riesgo de dehiscencia y de infecciones de la herida quirúrgica.
Diagnóstico del síndrome compartimental
abdominal
El diagnóstico del SCAB se basa en la identificación de factores de riesgo de HIA, en la presencia
de distensión abdominal y en la monitorización de
la PIA. Las causas que pueden producir aumentos de la PIA y provocar un SCAB son múltiples
(v. tabla 12-2). Entre las más frecuentes destacan
la administración masiva de fluidos durante las
maniobras de reanimación cardiopulmonar, la infección intraabdominal (quirúrgica o no), el hemoperitoneo, la cirugía abdominal, la pancreatitis aguda, los traumatismos abdominales, los
hematomas retroperitoneales, la cirugía reparadora del aneurisma roto de la aorta abdominal,
etc. En todas estas situaciones hay que medir sistemáticamente la PIA (fig. 12-2). La palpación abdominal como método de evaluación de la presencia de HIA no es fiable y con frecuencia
subvalora el SCAB. La utilización de una cinta
métrica para valorar el perímetro abdominal
tampoco es útil, ya que la capacidad y la compliancia de la cavidad abdominal son muy variables y no siempre los incrementos de diámetros
se asocian a aumentos de la PIA, y viceversa, cavidades abdominales pequeñas pueden presentar valores elevados de PIA.
Tratamiento del síndrome compartimental
abdominal
El tratamiento de elección para la HIA grave o el
SCAB es la laparotomía descompresiva, o cirugía
descompresiva abdominal, en la que el abdomen
abierto se deja temporalmente recubierto con alguna prótesis (p. ej., bolsa de Bogotá) que tape la
cavidad peritoneal, para prevenir la infección,
que sea lo suficientemente grande para que permita la expansión del contenido de la cavidad abdominal y se reduzca la PIA (fig. 12-3). Al reducir
la PIA, todos los efectos adversos comentados
previamente revierten inmediatamente. Posteriormente, en un segundo tiempo y cuando la PIA está
normalizada y el enfermo recuperado, se procede
a la reparación y cierre definitivo de la pared abdominal. Con valores moderados de PIA, se realiza un abordaje terapéutico basado en medidas
médicas que favorecen la compliancia abdominal
y la optimización hemodinámica del enfermo (tabla 12-3).
MONITORIZACIÓN DE LA PERFUSIÓN
DE LOS ÓRGANOS INTRAABDOMINALES
Tonometría gástrica
En la práctica clínica, la aproximación inicial a la
monitorización de la perfusión de los tejidos suele
realizarse a partir de parámetros que indican la
perfusión global (índice cardíaco, transporte de
Monitorización abdominal 137
Paciente con HIA con
PIA ≥12 mmHg
No
Inicio de tratamiento
médico para reducir
la PIA
PIA >20 mmHg
con SDMO
No
Medición de la PIA
de forma seriada
cada 4 h
PIA <12 mmHg
Sí
SCAB
HIA resuelta
Identificar y tratar
la etiología del SCAB
SCAB secundario
o recurrente
¿SCAB
primario?
Revisar o realizar una
laparoscopia descompresiva
Sí
PIA >25 mmHg
Tratamiento médico de la HIA
12
Medición de la PIA / 4 h
Optimización hemodinámica
y del balance hídrico
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
No
PPA ≥60 mmHg
No
Sí
PIA <12 mmHg
Figura 12-2 Algoritmo de manejo de la hipertensión intraabdominal y del síndrome compartimental abdominal.
HIA: hipertensión intraabdominal; PIA: presión intraabdominal; PPA: presión de perfusión abdominal; SCAB:
síndrome compartimental abdominal; SDMO: síndrome de disfunción multiorgánica.
oxígeno, consumo de oxígeno, lactato sérico, exceso de base; v. cap. 5). No obstante, a pesar de la
normalidad de estos parámetros, algunas regiones
del organismo pueden estar hipoperfundidas. De
hecho, en ocasiones la macrocirculación sistémica
es supuestamente normal a expensas de provocar
una mala perfusión en la microcirculación. La mucosa intestinal, incluyendo la mucosa gástrica, es
una de las zonas que pueden mostrar hipoperfusión en las fases iniciales de los estados de shock,
como resultado de una redistribución del flujo
sanguíneo hacia órganos más vitales, lo que provoca la hipoperfusión de la mucosa, agravada con
la utilización de fármacos vasoconstrictores.
La monitorización de la perfusión de la mucosa gástrica permite valorar los efectos en la mi-
138 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
CO2
CO2
CO2
CO2 CO2
12
CO2
Figura 12-3 Laparotomía descompresiva con
colocación de bolsa de Bogotá.
Figura 12-4 Disposición y principios de
funcionamiento de la tonometría gástrica.
CO 2: Anhídrido carbónico.
crocirculación intestinal. Para ello se utiliza un
tonómetro de pH accesible a través de una sonda
nasogástrica, dotada de un balón de silicona semipermeable al CO2 localizado a 11 cm de la
punta de dicha sonda (fig. 12-4). La hipoperfusión esplácnica provoca una acumulación tisular
de CO2 en la mucosa gástrica. El CO2 intravascu-
lar difunde fácilmente, con lo que la PCO2 en la
luz gástrica refleja la de la mucosa. Este CO2 de
la luz gástrica penetra en el balón, que se encuentra relleno con suero salino fisiológico. Posteriormente se aspira el suero fisiológico y el valor de
PgCO2 se determina en un analizador de gases. A
partir de la PgCO2 se calcula el pH intramucoso
(pHi) con la ecuación de Henderson-Hasselbach
modificada:
Tabla 12-3 Medidas médicas propuestas en
el tratamiento de la hipertensión intraabdominal
pHi = 6,1 + log[HCO3 arterial
/ (0,03 × PgCO2 × k)]
Mejorar la compliancia de la pared abdominal
N Sedación-analgesia
N Bloqueo neuromuscular
N Evitar la incorporación de la cama >30 grados
Evacuación del contenido intraluminal
N Descompresión nasogástrica
N Sonda rectal
N Procinéticos
Evacuar colecciones intraabdominales
N Paracentesis
N Drenajes percutáneos de colecciones
Correcto balance de líquidos
N Diuréticos
N Soluciones hipertónicas
N Coloides
N Hemodiafiltración
Soporte orgánico
N Mantener PPA >60 mmHg
N Optimizar la ventilación mecánica y la PEEP
N Maniobras de reclutamiento
donde 6,1 es la constante de disociación del bicarbonato (pK), 0,03 es la constante de solubilidad
del CO2 en plasma y k es una constante de equilibrio dependiente del tiempo, facilitado por el fabricante en función del tiempo que la muestra
permanezca equilibrándose dentro del balón. Un
pHi <7,32 es sugestivo de isquemia de la mucosa
gástrica. No obstante, el pHi puede estar influido
por el grado de acidosis sistémica, lo que limita su
uso. Asimismo, la PgCO2 está directamente influenciada por la PaCO2, por lo que es preferible
determinar la Pg-aCO2. Un valor superior a
18 mmHg es sugestivo de isquemia de la mucosa
gástrica. El valor de PaCO2 puede obtenerse a partir de los gases arteriales o inferirse de la EtCO2.
No obstante, las determinaciones de PgCO2 no son
fiables en numerosas situaciones clínicas, como en
caso de migración del tonómetro, presencia de reflujo duodenal, nutrición enteral, etc.
Un pHi disminuido de forma persistente durante más de 6 h (y no los cambios en la PgCO2)
se asocia a un aumento de la morbilidad, de la
PEEP: presión positiva al final de la espiración; PPA: presión
de perfusión abdominal.
Monitorización abdominal 139
mortalidad y de la duración de la estancia en la
UCI. Sin embargo, el tratamiento dirigido a incrementar el pHi no ha demostrado una mejoría en
la supervivencia. Debido a sus limitaciones y a la
ausencia de evidencia de que su uso tenga un impacto clínico, esta técnica está actualmente en
franco desuso.
Aclaramiento de verde de indocianina
El verde de indocianina es un pigmento utilizado,
tanto en el ámbito experimental como en el clínico,
para valorar el funcionalismo hepático, por ser una
sustancia que no se metaboliza en el organismo y
que se excreta directamente por la bilis, sin que exista circulación enterohepática. La correcta eliminación sugiere que la perfusión hepática es adecuada.
Para ello se utiliza el dispositivo LiMON® (Pulsion
Medical Systems), que mide el ritmo de eliminación
plasmático del indicador de forma no invasiva por
pulsidensitometría transcutánea. Tras un análisis de
la curva de dilución, los parámetros mostrados son
el ritmo de desaparición del verde de indocianina
en el plasma (PDR; valor normal, 18-25%/min) y
el factor de retención del pigmento extrapolado a
los 15 min (R15; valor normal, <10%). Entre sus
aplicaciones clínicas figuran:
N
N
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
En enfermos críticos, especialmente con sepsis
grave, insuficiencia hepática, SDMO, SCAB y
después de un politraumatismo.
Enfermos con patología hepática crónica (hepatitis, cirrosis).
Evaluación de la función hepática en donantes
de órganos y en receptores.
Monitorización del funcionalismo hepático durante las intervenciones quirúrgicas hepáticas
(resecciones hepáticas, shunts portocava) y en
cirugía abdominal.
Diagnóstico y monitorización de déficits hepáticos congénitos en niños y en neonatos.
Desde la comercialización de esta tecnología ha
aparecido cierta evidencia científica de que la PDR
puede ser un predictor de mortalidad en enfermos
sépticos y enfermos críticos en general.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Carlesso E, Taccone P, Gattinoni L. Gastric tonometry.
Minerva Anestesiol. 2006;72:529-32.
Cheatham ML, White MW, Sagraves SG, Johnson JL,
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parameter in the assessment of intra-abdominal
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Induced abdominal compartment syndrome
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2001;29:1466-71.
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indocyanine green elimination assessed with LiMON
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Sugrue M. Abdominal compartment syndrome. Curr
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12
140
Capítulo 13
Sondas hemostáticas
en el manejo de la hemorragia
por varices esofagogástricas
Miquel Sanz y Àngels Escorsell
PUNTOS CLAVE
N
N
El taponamiento con sonda-balón de
Sengstaken-Blakemore está indicado en caso de
hemorragia por varices esofágicas o subcardiales
refractaria al tratamiento convencional, y
siempre como medida temporal hasta la
instauración de un tratamiento definitivo.
La colocación de una sonda-balón de
Sengstaken-Blakemore requiere que el enfermo
TÉCNICA DE COLOCACIÓN DE LA SONDABALÓN DE SENGSTAKEN-BLAKEMORE
Como se comenta en el capítulo sobre tratamiento
de la hemorragia secundaria a hipertensión portal
(v. cap. 43), el taponamiento con sonda-balón de
Sengstaken-Blakemore está indicado en caso de
hemorragia por varices esofágicas o subcardiales
refractaria al tratamiento convencional, y siempre
como medida temporal hasta la instauración de
un tratamiento definitivo.
Esta sonda consta de dos balones, uno esofágico y otro gástrico, con sus correspondientes canales de hinchado. Además presenta un canal de
aspiración del contenido gástrico y otro para aspiración continua de las secreciones supraglóticas
(fig. 13-1). Previamente a su colocación cabe tomar
ciertas precauciones: a) comprobar, en el informe
endoscópico, que el enfermo presenta un cardias
continente (ausencia de hernia de hiato de gran
tamaño); b) comprobar su correcto hinchado antes
esté monitorizado. Hay que inflar el balón
gástrico y posteriormente el esofágico, estando
atento a no comprimir la vía aérea superior.
El contenido gástrico y la presión del balón
esofágico se comprueban de manera horaria.
N
La sonda-balón de Linton-Nachlas está indicada
en casos de hemorragia por varices fúndicas,
refractaria al tratamiento convencional, y
siempre como medida temporal.
de su uso en el enfermo; c) verificar que el tamaño
del balón esofágico no sobrepase la distancia
aproximada entre el esfínter esofágico inferior (extremo distal del xifoides) y el superior, en especial
en enfermos de corta estatura; d) informar al enfermo del procedimiento; e) limpiar la boca y, en la
medida de lo posible, la vía aérea superior; f) lubricar la sonda-balón, y g) colocar al enfermo en posición Fowler o semiFowler. Estas medidas son comunes a los distintos tipos de sonda-balón.
La colocación de la sonda se realiza por vía
nasogástrica, como si se tratase de una sonda convencional. Tras comprobar que el extremo distal
de la sonda se halla en el estómago, se procede al
hinchado del balón gástrico con 200 ml de aire.
Posteriormente se tracciona este balón a fin de anclarlo en el cardias. Para evitar la movilización y la
posterior migración de la sonda, su extremo proximal se fija al ala de la nariz o se asegura mediante
cascos protectores. Una vez fijada la sonda-balón,
se hincha el balón esofágico con aire hasta conse-
Sondas hemostáticas en el manejo de la hemorragia por varices esofagogástricas 141
Aspiración gástrica
y esofágica
Sonda-balón de
Sengstaken-Blakemore
Balón
esofágico
Clampajes
Balón
gástrico
Al balón gástrico
Al balón esofágico
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Figura 13-1
Esquema de la sonda-balón de Sengstaken-Blakemore.
guir una presión en su interior de 60-70 mmHg,
aunque trabajos recientes aseguran que una presión de 35-45 mmHg es suficiente para colapsar las
varices esofágicas. En este momento es importante
prestar atención a la vía aérea para deshinchar inmediatamente el balón si comprimiera la vía aérea
superior. Asimismo se procede a la aspiración continua de las secreciones supraglóticas, mediante
un canal de aspiración incorporado a la sonda-balón, para evitar broncoaspiración. El contenido
gástrico y la presión del balón esofágico se comprueban de manera horaria.
El enfermo se mantiene monitorizado (tensión
arterial, frecuencia cardíaca, SaO2, diuresis, valoración del dolor), y se procede a controlar el hematocrito cada 6 h. Durante las siguientes 12 h debe
realizarse una radiografía de tórax para comprobar
la colocación del taponamiento y verificar la ausencia de complicaciones locales inmediatas. Se pauta
analgesia a demanda del enfermo. El balón esofágico se mantiene hinchado por un período máximo
de 24 h. La sonda-balón con el balón esofágico deshinchado puede dejarse el tiempo que se estime
necesario actuando como sonda nasogástrica convencional.
La tabla 13-1 muestra las complicaciones descritas con esta técnica. Estudios aleatorizados y
controlados realizados entre 1978 y 1997, y que incluían un total de 609 enfermos tratados con balón
de Sengstaken-Blakemore, fijaron su efectividad
en un 65%, con una incidencia de episodios adver-
Tabla 13-1 Complicaciones relacionadas con
las sondas-balón como tratamiento hemostático
de la hemorragia por varices
Complicaciones graves
N Broncoaspiración
N Rotura esofágica (sonda-balón de SengstakenBlakemore)
N Ahogamiento por migración del balón (sondabalón de Sengstaken-Blakemore)
Complicaciones leves
N Presencia de dolor torácico
N Epistaxis
N Intolerancia
N Úlceras en la mucosa nasal
N Necrosis por fijación de la tracción
N Necesidad de recolocación
N Úlceras esofágicas
N Pérdida de efectividad por migración
N Rotura del balón gástrico o del balón esofágico
13
142 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
sos del 28%. Al contrario de lo que sucede con
otras técnicas, en este caso la incidencia de episodios adversos parece aumentar con el tiempo. La
incidencia descrita de episodios adversos fue del
41% en el período 1998-2003 y del 69% del 2004 al
2008. Esta observación parece ser consecuencia,
por un lado, del mejor y más estricto seguimiento
de los enfermos y del registro más riguroso de los
acontecimientos adversos observados, y por otro,
del aumento del uso de estos dispositivos en centros poco habituados a manejar enfermos con hemorragia variceal refractaria al tratamiento, aunque sí traten la hemorragia variceal con terapias
de primera línea como fármacos o tratamiento endoscópico.
TÉCNICA DE COLOCACIÓN DE LA SONDABALÓN DE LINTON-NACHLAS
13
La sonda-balón de Linton-Nachlas está indicada
en casos de hemorragia por varices fúndicas (tipo
VG1; v. cap. 43), refractaria al tratamiento convencional, y siempre como medida temporal. Esta
sonda tiene sólo un balón de gran capacidad
(600 ml) junto a su canal de hinchado, un canal de
aspiración del contenido gástrico y un canal de aspiración del contenido esofágico por encima del
balón (actúa también como canal de aspiración de
secreciones supraglóticas).
La sonda se introduce como una sonda nasogástrica convencional, previa realización de los
pasos indicados en el apartado dedicado a la sonda-balón de Sengstaken-Blakemore. Una vez se ha
comprobado su llegada a la cavidad gástrica, el
balón se hincha con 500-600 ml de aire. Una vez
hinchado, debe impactarse en el cardias mediante
una tracción continua, con lo que la circulación
submucosa se interrumpe y deja exangües las varices sangrantes. La tracción de la sonda suele realizarse con 1 kg de peso colocado a los pies de la
cama del enfermo.
En estos enfermos deben aplicarse también las
medidas de control y tratamiento reseñadas en el
apartado anterior. Las molestias torácicas son mucho menores con esta sonda, por lo que también
suelen ser inferiores los requerimientos de analgesia, aunque el riesgo principal es, en este caso, la
neumonía por aspiración.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Greenwald B. The Minnesota tubes and care in bleeding
esophageal and gastric varices. Gastroen Nurs.
2004;27:212-7.
Nachlas MM. A new triple lumen tube for the diagnosis
and treatment of upper gastro-intestinal hemorrhage.
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Pasquale MD, Cerra FB. Sengstaken-Blakemore tube
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bleeding varices. Crit Care Clin. 1992;8:743-53.
Sengstaken RW, Blakemore AH. Balloon tamponade for
the control of hemorrhage from esphageal varices.
Ann Surg. 1950;131:781-9.
143
Capítulo 14
Soporte hepático artificial
y bioartificial
Àngels Escorsell, Albert Parés y Antoni Mas
PUNTOS CLAVE
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
Los sistemas de soporte hepático artificial
y bioartificial pueden ser adecuados para
intentar evitar el trasplante hepático o mantener
al enfermo en las mejores condiciones hasta
disponer de un órgano en casos de insufiencia
hepática aguda grave.
Entre los sistemas de soporte hepático artificial
destaca la diálisis con albúmina capaz de
depurar las sustancias ligadas a la albúmina,
La insuficiencia hepatocelular grave se asocia a
una elevada mortalidad, derivada de la presencia
de alteraciones hemodinámicas, metabólicas, cerebrales (edema cerebral, encefalopatía hepática),
renales (fracaso renal agudo, síndrome hepatorrenal), coagulopatía, una importante susceptibilidad
a infecciones bacterianas y fúngicas y, finalmente,
disfunción o fracaso multiorgánicos.
Dos situaciones clínicas distintas pueden abocar a este cuadro: la insuficiencia hepática aguda
grave (IHAG) y la descompensación aguda de una
hepatopatía crónica (acute-on-chronic liver failure,
ACLF) (v. cap. 45). Ambas tienen en común un mal
pronóstico a corto plazo y una potencial reversibilidad. El ACLF es a veces difícil de diferenciar de
la cirrosis con insuficiencia hepática terminal e
irreversible. El ACLF es una entidad de reciente
introducción que se define como un deterioro agudo y grave de una cirrosis. Su diagnóstico requiere
las siguientes condiciones: aparece en un enfermo
además de productos hidrosolubles. Se
consigue una reducción significativa de la
bilirrubina, del grado de encefalopatía hepática
y de la puntuación de Child-Pugh.
N
Los sistemas de soporte hepático bioartificial,
a menudo denominados «hígados artificiales»,
consisten en biorreactores que contienen
células hepáticas, que además de destoxificar,
aportan las funciones específicas de los
hepatocitos.
con cirrosis hepática, se desarrolla tras un acontecimiento precipitante agudo (p. ej., hemorragia
digestiva, infección bacteriana, ingesta de tóxicos
o alcohol, etc.) que desencadena un empeoramiento agudo de la hepatopatía de base, y comporta un
elevado riesgo de muerte en los 3-6 meses posteriores. Las principales manifestaciones de esta entidad son el síndrome hepatorrenal, la encefalopatía hepática y la disfunción o fracaso orgánicos, y
se asocia a una mortalidad del 50 al 90%. En la cirrosis terminal faltaría el acontecimiento agudo
precipitante, y la evolución dependería por tanto
de la historia natural de la enfermedad.
El trasplante hepático (TH) ha mejorado el pronóstico de los enfermos con insuficiencia hepática
aguda, o crónica agudizada, o con cirrosis terminal. Lamentablemente, la falta de órganos adecuados para trasplante hace que incluso en España,
país con el mayor porcentaje de donaciones del
mundo, haya un número cada vez mayor de enfer-
144 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
mos que fallecen en lista de espera de TH. Por otro
lado, en el caso de enfermos con IHAG, el TH convierte a una persona sana previamente en un enfermo crónico, dependiente de fármacos, revisiones de control y potenciales complicaciones graves
durante el resto de su vida. Además, esto ocurre
en una situación en la que la evolución espontánea
sin trasplante, en los enfermos que sobreviven, implica recuperar una estructura y una función hepática normales.
Así, los sistemas de soporte hepático artificial y
bioartificial, de forma similar a la hemodiálisis en
los enfermos con nefropatías agudas o crónicas,
deberían ser adecuados para evitar el TH o mantener al enfermo en las mejores condiciones hasta
disponer de un órgano, en casos de IHAG, o hasta
superar una agudización grave de su hepatopatía
en los casos de ACLF.
SOPORTE HEPÁTICO ARTIFICIAL Y
BIOARTIFICIAL
14
Se diferencian dos tipos de soporte hepático: artificial (fundamentalmente diálisis con albúmina) y
bioartificial. Este último se caracteriza por incorporar al sistema células hepáticas vivas y biológicamente activas. El fundamento de la utilización
de los sistemas de soporte artificial es el efecto beneficioso de la eliminación del organismo de componentes tóxicos de metabolismo hepático. Éstos
desencadenarían daño celular con necrosis y apoptosis de células hepáticas, con el consiguiente círculo vicioso de producción de más componentes
tóxicos que abocarían a disfunción y fracaso multiorgánico, dando consistencia a la «teoría tóxica»
de la insuficiencia hepática.
Entre las sustancias tóxicas que se acumulan
en la insuficiencia hepatocelular destacan ácidos
biliares, bilirrubina, prostaciclina, óxido nítrico,
ácidos grasos, triptófano, amonio, lactato, citocinas proinflamatorias, etc. La mayor parte de estos
componentes circulan unidos a la albúmina, por
lo que los sistemas basados exclusivamente en la
eliminación de componentes hidrosolubles –el recambio sanguíneo y plasmático, la hemodiafiltración veno-venosa continua, la hemoperfusión a
través de carbón activado o macrorresinas, o la
hemodiálisis de alto flujo– no han demostrado
ninguna efectividad en cuanto a supervivencia en
enfermos con insuficiencia hepática avanzada. Por
ello, en la actualidad, los sistemas de soporte hepático artificial utilizados son los capaces de eliminar sustancias tanto hidrosolubles como unidas
a proteínas, y esto se consigue mediante la diálisis
con albúmina o el fraccionamiento del plasma y
su posterior filtración.
SISTEMAS DE SOPORTE HEPÁTICO
ARTIFICIAL
Tipos de sistemas de soporte artificial
En la actualidad, los sistemas de soporte hepático
artificial utilizados en clínica son: Molecular Adsorbent Recirculating System (MARS®, Gambro) y
Fractionated Plasma Separation, Adsorption, and
Dialysis System (FPAD, Prometheus®, Fresenius
Medical Care). El método Single Pass Albumin
Dialysis (SPAD) está en desuso respecto a los dos
primeros.
El sistema MARS® se describe en la figura 14-1.
Utiliza albúmina exógena al 10-20% y una membrana de polisulfona perforada con una superficie
de adsorción de 2,2 m2 y poros que no permiten el
paso de sustancias con un peso molecular mayor
de 50 kDa. El sistema Prometheus (fig. 14-2) presenta, como diferencia esencial respecto al anterior, el uso de la albúmina propia del enfermo.
Esta albúmina es separada del plasma mediante
una membrana que permite el paso de sustancias de ~300 kDa y que posteriormente se recircula a través de dos columnas con diferentes adsorbentes. Al igual que el sistema MARS®, se
añade también una diálisis convencional, en este
caso de alto flujo, para separar las sustancias hidrosolubles.
Efectos de los sistemas de soporte artificial
Los estudios iniciales mostraron que el MARS® era
capaz de depurar las sustancias ligadas a albúmina (ácidos biliares, bilirrubina, aminoácidos aromáticos, ácidos grasos de cadena corta y media,
sustancias benzodiazepinas-like, indoles, fenoles,
triptófano, mercaptanos, cobre, interleucinas 6 y 10,
A
Figura 14-1 Sistema MARS® (Molecular Adsorbent
Recirculating System). A) Aspecto real del sistema, que
ha de conectarse a un equipo de diálisis convencional.
(Continúa.)
Soporte hepático artificial y bioartificial 145
Eliminación de toxinas
Dializado de albúmina
Lugares de unión
de albúmina
Tóxicos, compuestos
ligados a albúmina,
p. ej., bilirrubina
Membrana
Sustancias de bajo peso
molecular libres
Albúmina
plasmática
Estrato proteico
Otras proteínas
plasmáticas
y de transporte
Membrana
B
Bomba
de sangre
Dializado con
bicarbonato
Columnas de adsorción
14
Membrana
MARS
Bomba
de albúmina
C
Cicuito sanguíneo
Cicuito de albúmina
Diálisis de bajo flujo
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
®
Figura 14-1 Sistema MARS (Molecular Adsorbent Recirculating System). (Continuación.) B) Mecanismo de
eliminación de sustancias unidas a albúmina mediante MARS. Las toxinas se liberan de su unión a proteínas mediante
interacciones fisicoquímicas con la membrana. Siguiendo un gradiente de concentración, se distribuyen a lo largo de
la superficie de difusión. Las moléculas de albúmina purificada se unen a las toxinas de manera específica y crean un
gradiente continuo para estas moléculas. Las sustancias hidrosolubles siguen mecanismos de difusión y convección
como en la diálisis convencional. C) Esquema de funcionamiento del sistema MARS®. El enfermo se conecta a un
circuito sanguíneo que contiene el módulo con la membrana MARS. La solución de albúmina con toxinas ligadas a
sus receptores es regenerada en el circuito de albúmina, que contiene 600 ml al 20%, mediante columnas de
adsorción (carbón activado y resinas de intercambio aniónico). A este segundo circuito se añade un módulo de diálisis
convencional de bajo flujo con bicarbonato para controlar el balance hidroelectrolítico.
y TNF-alfa) y, al igual que en una hemodiálisis
convencional, productos hidrosolubles (amonio,
creatinina, urea).
El MARS® es capaz de reducir significativamente las concentraciones de sustancias vasoactivas, como son los metabolitos del óxido nítrico.
Ello causa una desactivación de los sistemas vasoactivos endógenos, y en consecuencia una mejoría
hemodinámica sistémica, en enfermos tanto con
ACLF como con IHAG. En cuanto a la hemodinámica hepática, el MARS® reduce la presión portal,
aumenta el flujo sanguíneo hepático y renal, con
146 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
A
B
Heparina
Circuito secundario
Bomba
de sangre
Prometh01
Enfermo
Circuito
primario
AlbuFlow
Filtro de
heparina
Bomba
de plasma
Adsorbentes
Prometh02
FX 50
Diálisis de
alto flujo
Circuito
de diálisis
Figura 14-2 Sistema Prometheus®. A) Aspecto real del sistema. B) La albúmina del enfermo se separa del plasma
mediante la membrana AlbuFlow ® permeable a proteínas. Con posterioridad esta albúmina se depura mediante los
adsorbentes Prometh01 ® y Prometh02 ®. Al circuito anterior se añade, finalmente, un circuito convencional de diálisis
de alto flujo.
14
independencia de la presión arterial media. Además, el MARS® también es capaz de aumentar la
velocidad del flujo sanguíneo cerebral en enfermos con ACLF, y disminuir la presión intracraneal
en la IHAG.
El sistema Prometheus® es igualmente efectivo
en la depuración tanto de sustancias ligadas a
proteínas (bilirrubina y ácidos biliares) como hidrosolubles (amonio, colinesterasa, creatinina y
urea). También, al igual que el MARS®, elimina citocinas, aunque sin traducción en la concentración
de citocinas circulantes.
Ambos sistemas se han comparado en estudios
de corta duración. Un análisis retrospectivo mostró que el Prometheus® causaba un mayor aclaramiento de ciertas toxinas (bilirrubina, ácidos biliares, urea) que el MARS®, mientras que éste era
superior en la capacidad de eliminación de metabolitos del óxido nítrico. Ello explica el hecho de
que el uso del Prometheus® no se acompaña de desactivación de los sistemas vasoactivos endógenos
ni mejora la hemodinámica sistémica. No obstante, no hay datos clínicos de relevancia que apoyen
la superioridad clínica de un sistema respecto al
otro.
Resultados clínicos
Los primeros estudios de terapia con MARS® en
enfermos con cirrosis mostraron una reducción
significativa de la bilirrubina, del grado de encefalopatía hepática y de la puntuación de ChildPugh. En un estudio se observó un aumento de la
supervivencia a los 30 días tras su uso, en especial
en casos de síndrome hepatorrenal. Sin embargo,
los enfermos incluidos eran tan escasos como heterogéneos.
Más recientemente (2007) se han publicado los
resultados de un estudio multicéntrico, prospectivo, aleatorizado y controlado que comparaba el
MARS® (6 h diarias durante 5 días) con el tratamiento médico convencional en 70 enfermos con
cirrosis avanzada y encefalopatía hepática de grado III-IV. Los enfermos del grupo MARS® presentaron mayor porcentaje de éxito del tratamiento,
definido como una mejoría ≥2 grados en la encefalopatía respecto al grupo control, y además, la
mejoría fue mucho más rápida. En la actualidad
se está realizando en Europa un ensayo clínico que
compara el MARS® con el tratamiento convencional en casos de ACLF. Se han incluido un número
significativo de enfermos, y se está a la espera de
los resultados definitivos. Los datos preliminares
parecen indicar que, si bien el tratamiento no mejora la supervivencia en la serie global de enfermos, parece tener un efecto beneficioso en enfermos
con encefalopatía hepática grave. Igualmente se
ha completado otro estudio similar utilizando el
Prometheus®, cuyos datos preliminares no muestran mejora de supervivencia de los enfermos en la
Soporte hepático artificial y bioartificial 147
serie global, pero indican un potencial efecto beneficioso en enfermos de mayor gravedad (síndrome
hepatorrenal, MELD >30).
Los datos acerca de la efectividad clínica de
MARS® en la IHAG son menos evidentes, dada la
escasez de enfermos, su gravedad extrema, con
distinto pronóstico según la etiología, y el hecho
de que el TH urgente haya conseguido mejorías
muy importantes en esta situación. Se ha comprobado una mejoría de la hemodinámica sistémica
en comparación con otro tratamiento como es la
hipotermia en casos de IHAG hiperagudos. Por
otro lado, existen series relativamente amplias de
casos de intoxicación por Amanita phalloides tratados con MARS® que sugieren un posible beneficio
médico.
Recientemente se han comunicado, aunque todavía en forma de resumen, los resultados de un
estudio multicéntrico, aleatorizado y controlado,
realizado en Francia, sobre la efectividad de
MARS® frente al tratamiento convencional en enfermos con IHAG en lista de TH urgente. Aunque
la probabilidad de supervivencia en los dos grupos de tratamiento no ha mostrado diferencias
significativas, se ha observado que los enfermos
que habían recibido 3 o más sesiones de MARS®
presentaban una supervivencia sin trasplante significativamente superior respecto al resto de enfermos del grupo tratado con MARS® y al total de
la población en estudio. Ello puede sugerir que
una aplicación más precoz de MARS® en casos de
IHAG podría resultar en una mayor efectividad
del sistema. Hay que decir también que el MARS®
se ha usado asimismo con notable éxito como tratamiento del prurito intratable de las colestasis
crónicas.
Contraindicaciones y efectos adversos
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Los datos publicados confirman que los sistemas
de soporte hepático artificial presentan escasos
efectos adversos y que los enfermos suelen tole-
rarlos bien. No obstante, hay que valorar algunos
criterios de exclusión, en especial la presencia de
una coagulopatía importante, como sería el caso
de coagulación intravascular diseminada, y las
hemorragias no controladas. Ello se debe tanto a
un efecto intrínseco de estos sistemas al reducir
la cifra de plaquetas (descenso leve pero significativo) como a la necesidad de utilizar heparina
sódica, epoprostenol o citrato a fin de evitar la
coagulación del circuito de diálisis, todo ello en
enfermos que, por su hepatopatía de base, suelen
presentar plaquetopenia y una notable disminución de la tasa de protrombina.
La presencia de sepsis es otra contraindicación
relativa. Se recomienda la utilización de profilaxis
antibiótica en los enfermos que se someten a estos
procedimientos, y en todo caso la resolución previa del cuadro infeccioso en los que están a la espera de iniciarlos.
Para detectar y tratar precozmente la posible
aparición de efectos adversos, se recomienda el
control hemodinámico del enfermo durante el tratamiento, así como determinaciones frecuentes de
parámetros de coagulación, electrolitos, equilibrio
ácido-base y fármacos de fijación proteica.
SISTEMAS DE SOPORTE HEPÁTICO
BIOARTIFICIAL
Estos sistemas, a menudo denominados «hígados
artificiales», consisten en contenedores o biorreactores que contienen células hepáticas. Por el
interior de ellos circula la sangre total o el plasma
de los enfermos a través de capilares que permiten el intercambio de sustancias de un peso molecular variable de un sistema a otro. La ventaja
teórica sobre los sistemas de soporte artificial es
la de aportar las funciones específicas de los hepatocitos, además de la detoxificación característica de la diálisis con albúmina (tabla 14-1).
El tipo de células usadas en los estudios publicados se expone en la tabla 14-2. Aunque lo ideal
Tabla 14-1 Sistemas de soporte hepático extracorpóreo. Características de los sistemas de detoxificación
simple (soporte artificial) y de los hígados bioartificiales
Destoxificación (soporte artificial)
Hígado bioartificial
Función excretora
Utiliza adsorbentes
Tiene gran capacidad
Fácil aplicabilidad
Menos caro
Función excretora y de síntesis
Utiliza células y adsorbentes
Capacidad limitada
Aplicabilidad compleja
Muy caro
Potencial transmisión de enfermedades
14
148 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Tabla 14-2 Tipos y características de las células
usadas en los sistemas de soporte hepático
bioartificial
Tabla 14-3 Diferencias entre los distintos
sistemas de sustitución hepática bioartificial
utilizados
N
Humanas no modificadas
Modificadas genéticamente de origen tumoral
(hepatoblastoma)
N Animales (porcinas, otras)
N Criopreservadas frente a frescas
N Valor de la presencia de células hepáticas no
parenquimatosas (?)
N Valoración de la viabilidad y de la función celular
N Cantidad de células
N Estabilidad de los hepatocitos
(microencapsulación)
N Futuro: stem cells
N
N
N
sería usar hepatocitos humanos procedentes de
donantes con hígados normales, estos órganos se
emplean lógicamente para TH convencional. Por
ello se usan células de otras procedencias, o de órganos humanos no aptos para el TH (por esteatosis o por fibrosis). También hay una gran variabili-
Hemoperfusión frente a plasmaperfusión
Diseño de los contenedores (cartuchos,
biorreactores, otros tipos)
N Tipo de anticoagulante utilizado (heparina,
citrato)
N Características de las membranas y tamaño del poro
N Flujo
N Uso adicional de procedimientos no biológicos
(columnas de carbón, hemodiálisis convencional,
diálisis contra albúmina)
N Tratamiento continuo frente a tratamiento
intermitente
dad en otras características de los sistemas usados.
En la tabla 14-3 se exponen las diferencias potenciales.
Es preciso realizar más estudios para establecer
la efectividad de los sistemas de soporte bioartificial. De hecho, el sistema con el que se ha realizado
Circuito HepatAssist®
Reservorio
plasmático
14
Biorreactor
HepatAssist®
Bomba
Columna de
carbón activado
Unidad de
plasmaféresis
Hepatocitos
porcinos
Oxigenador
Plasma
®
Biorreactor HepatAssist
Sección transversal de la membrana
hueca por donde circula el plasma
Figura 14-3 Sistema de soporte bioartificial HepatAssist®. Representación esquemática del hígado artificial que incluye el
biorreactor con hepatocitos criopreservados de origen porcino (masa celular aproximada de 50 g).
Soporte hepático artificial y bioartificial 149
el ensayo clínico más amplio publicado hasta el
momento (HepatAssist®, fig. 14-3), que usaba células de origen porcino, no mostró diferencias respecto al tratamiento convencional en casos de
IHAG cuando se analizó globalmente, pero en el
subgrupo de casos debidos a paracetamol o a virus
se observó una mayor supervivencia a los 30 días.
Estos resultados deberían confirmarse en un estudio específico. En cuanto a los riesgos, cabe destacar la posibilidad derivada de la puesta en contacto de la sangre o el plasma de los enfermos con
hepatocitos no humanos (zoonosis comunes, retrovirus porcino endógeno) o de implantes tumorales si se usan hepatocitos de origen tumoral manipulados genéticamente.
Finalmente, cabe mencionar los resultados de
un metaanálisis Cochrane sobre los efectos de los
sistemas de soporte artificial y bioartificial en
IHAG y ACLF. Este metaanálisis incluyó 14 estudios, con 588 enfermos, y concluyó que estos sistemas podrían reducir la mortalidad en los casos
de ACLF pero no aportaban ninguna ventaja en
cuanto a supervivencia en los casos de IHAG. Los
datos están lejos de ser definitivos, dada la escasa
muestra y la heterogeneidad de los estudios analizados. Es de esperar que en los próximos años se
realicen estudios adecuados para establecer de
manera clara las indicaciones, los resultados y las
limitaciones de los sistemas mencionados.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Catalina MV, Bañares R. Sistemas de soporte hepático
artificial: estado actual del tratamiento con diálisis de
albúmina. Gastroenterol Hepatol. 2005;28:453-61.
Jalan R, Sen S, Williams R. Prospects for extracorporeal
liver support. Gut. 2004;53:890-8.
McKenzie TJ, Lillegard JB, Nyberg SL. Artificial and
bioartificial liver support. Semin Liver Dis. 2008;28
Suppl 2:210-7.
Stadlbauer V, Davies NA, Sen S, Jalan R. Artificial liver
support systems in the management of complications
of cirrhosis. Semin Liver Dis. 2008; 28 Suppl 1:96-109.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
14
150
Capítulo 15
Neuromonitorización multimodal
en el enfermo crítico
y en emergencias1
María A. Poca, Juan Sahuquillo y Maria À. Merino
PUNTOS CLAVE
N
N
N
oximetría cerebral, para optimizar maniobras
terapéuticas como, por ejemplo, la
hiperventilación.
La monitorización continua de la presión
intracraneal (PIC) constituye una maniobra
obligada en los enfermos con traumatismo
craneoencefálico (TCE) grave (puntuación ≤8
en la escala de coma de Glasgow).
N
La evidencia actual recomienda implantar
el sensor de presión intracraneal (PIC) en
el hemisferio más lesionado.
La monitorización de la saturación de
oxihemoglobina en el bulbo de la yugular
(SjO2) permite obtener información indirecta y
global sobre el flujo sanguíneo cerebral.
N
En los enfermos con un TCE grave, la
monitorización de la PIC debe acompañarse
de un sistema de monitorización de la
La monitorización tisular de oxígeno (PtiO2)
permite conocer la disponibilidad de oxígeno
en el cerebro a tiempo real.
N
La microdiálisis cerebral permite realizar una
monitorización metabólica adicional.
MONITORIZACIÓN DE LA PRESIÓN
INTRACRANEAL EN EL ENFERMO
NEUROCRÍTICO
Presión intracraneal: concepto y valores
normales
El encéfalo y la médula espinal se hallan dentro de
un estuche óseo rígido e inextensible constituido
por el cráneo y la columna vertebral. En condiciones normales existe una comunicación entre el cráneo y la columna vertebral que permite un paso
bidireccional del líquido cefalorraquídeo (LCR)
entre ambos compartimientos, por lo que podríamos definir la presión intracraneal (PIC) como la
presión que existe dentro de este espacio craneoespinal. A pesar de que la unidad internacional de
presión es el kilopascal (kPa), la PIC se expresa en
la mayoría de artículos en milímetros de mercurio
(mmHg). Las equivalencias entre unidades indican que 1 mmHg equivale a 1,36 cmH2O y 1 kPa a
7,5 mmHg. En el adulto sano y en posición de decúbito supino o decúbito lateral, la PIC media normal ha de ser inferior a 12 mmHg. En los niños
1. Este capítulo ha sido parcialmente financiado por las becas FIS PI:08/0480 y Beca MAPHRE 2008 concedidas al Dr. J. Sahuquillo, y por
la Unión Europea (AVERT-IT - European Commission. Seventh Framework Program: FP7-217049). Maria Àngels Merino disfruta de una
beca predoctoral concedida por la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (AGAUR 2008FI 00747).
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 151
menores de 5 años este valor normal se reduce a 10
mmHg, para pasar a ser de 5 mmHg por debajo de
los 2 años de edad.
La PIC presenta elevaciones moderadas durante el sueño, especialmente en las fases REM, y aumenta también de forma puntual durante las maniobras de Valsalva. La hipertensión intracraneal
(HIC), que se define por valores de PIC por encima
de 20 mmHg, constituye una de las principales causas
de muerte y discapacidad en los enfermos con procesos neurológicos agudos como el traumatismo craneoencefálico (TCE), por lo que en el momento actual
los protocolos terapéuticos en éstos y otros enfermos
neurocríticos se dirigen fundamentalmente a mantener valores de PIC inferiores a 20 mmHg.
(fig. 15-1). La amplitud normal de la suma de ambas ondas no excede los 4 mmHg.
En 1960, Lundberg definió tres tipos de ondas
de PIC adicionales que se añadían al componente
cardíaco y respiratorio de la PIC, cuya definición
continúa siendo válida en el momento actual:
N
N
Amplitud y ondas de presión intracraneal
La PIC no es un parámetro estático sino que presenta cualidades pulsátiles, que son la traducción
encefálica de una serie de fenómenos fisiológicos
sistémicos. El registro gráfico de la PIC muestra
ondas fisiológicas que aparecen en dos tipos de
frecuencias: una rápida sincrónica que se relaciona con el pulso arterial y otra más lenta que se relaciona con la respiración. La onda cardíaca es el
reflejo de la respuesta del espacio intracraneal a la
entrada del volumen sanguíneo provocado por
la sístole cardíaca. Al componente cardíaco de la
PIC se le añade la traducción de los fenómenos
respiratorios, por lo que las pequeñas ondas cardíacas describen simultáneamente una onda sinusoidal de mayor amplitud y de menor frecuencia
60
N
Ondas A u ondas Plateau, que se caracterizan
por presentar un inicio súbito, a partir del cual
la PIC asciende hasta valores elevados, habitualmente entre 60-80 mmHg, y se mantiene a
este nivel entre unos 5 y 20 min, para volver
a descender de forma rápida (fig. 15-2).
Ondas B, que aparecen a una frecuencia de entre 0,5 y 2 ondas/min y en su morfología presentan un ascenso más o menos paulatino, sin
meseta de mantenimiento, seguido de una caída brusca de la PIC.
Ondas C, ondas rápidas (habitualmente entre
4-8/min) y de menor amplitud que por sus características pueden no distinguirse si no se utiliza un sensor capaz de detectar cambios rápidos
de la PIC y una adecuada velocidad de registro.
La identificación de la presencia de ondas A y
B en un registro de PIC es indicativo de patología
y resulta de gran utilidad en el diagnóstico de
ciertos procesos neurológicos.
Indicaciones de la monitorización continua
de la PIC en los enfermos neurocríticos
La monitorización continua de la PIC constituye
una guía terapéutica en los procesos neurológicos
PIC (mmHg)
Apnea
(A)
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
(B)
0
10
20
30
40
Tiempo (s)
PIC (mmHg)
30
Maniobra de Valsalva
6 min
(C)
0
Figura 15-1 Componentes respiratorio (A) y cardíaco (B) de la presión intracraneal (PIC). Estos dos componentes
pulsátiles básicos constituyen la base del registro gráfico de PIC y sólo son visibles cuando el registro se realiza a
una velocidad rápida. Cuando el registro de la PIC se realiza a una velocidad lenta (p. ej., 20 cm/h), el registro
normal de la PIC muestra una banda densa y regular de unos 4 mmHg de amplitud y valores medios <12 mmHg (C),
sólo interrumpida por las maniobras de Valsalva o movimientos que aumentan de forma transitoria la PIC (flecha).
15
152 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
PIC (mmHg)
100
Ascenso brusco
75
A
Meseta
Descenso rápido
50
25
0
19 min
PIC (mmHg)
50
B
45
30
15
9 min
0
Figura 15-2 Ondas de presión intracraneal (PIC) patológicas. A. Ondas Plateau. B. Ondas B de Lundberg, con una
frecuencia de 0,5 a 2/min y una amplitud que alcanza los 30 mmHg. En las ondas A pueden observarse sus 3 fases
características: ascenso brusco de la PIC, seguido de una fase de meseta y descenso rápido. Ambos tipos de ondas se
diferencian claramente en un registro gráfico de PIC.
15
agudos con riesgo de HIC. El paradigma por excelencia del enfermo neurocrítico es el enfermo
con un TCE grave (puntuación ≤8 en la escala de
coma de Glasgow). En estos enfermos la HIC es la
principal causa de muerte y discapacidad, lo que
explica que las guías de práctica clínica actuales
indiquen que la monitorización de este parámetro
es indispensable en los enfermos que han presentado un TCE grave. La PIC también se controla,
aunque de forma menos sistematizada, en enfermos con accidentes vasculares isquémicos, hemorrágicos, encefalitis, en el síndrome de Reye y en
la encefalopatía hepática.
Sistemas de medición de la PIC
Los primeros intentos de medir la PIC corresponden a Quincke, al introducir en la práctica clínica
la punción lumbar en el año 1897. En décadas
posteriores se observó que la manometría lumbar
sólo aportaba información puntual y que en ocasiones era falsa, si existían, por ejemplo, compresiones o bloqueos del espacio subaracnoideo. Por otra
parte, el peligro de esta maniobra en situaciones
de hipertensión intracraneal motivó la búsqueda
de sistemas que permitieran monitorizar de forma
continua la PIC. En 1951, Guillaume y Janny publican los primeros estudios en los que se mide la PIC
de forma continua a partir de la colocación de un
catéter en el interior del sistema ventricular. Sin
embargo, no fue hasta 1960 que Lundberg dio inicio a lo que se ha denominado la «era moderna»
de la monitorización de la PIC.
Durante muchos años el único sistema utilizado de medición de la PIC ha sido a través de un
catéter ventricular acoplado a un sistema de fluidos, y este sistema ha sido y es, aún hoy, el patrón
de referencia y de comparación de cualquier otro
sistema de neuromonitorización. No obstante, en
la actualidad se dispone, además del catéter ventricular clásico, de la tecnología adecuada para
poder medir la PIC en cualquiera de los compartimientos intracraneales: intraparenquimatoso, subaracnoideo, subdural y epidural. Como sistemas
alternativos existe la posibilidad de medir la PIC
en los niños mediante la fontanela antes de su cierre y el uso de telesensores. Sin embargo, a pesar
de los intentos de introducir el uso de sistemas telemétricos, la desviación progresiva del «0» y la
escasa información que aporta una lectura puntual y sin registro gráfico continuo de la PIC hacen que estos sistemas todavía no tengan una clara aplicabilidad clínica.
Independientemente del compartimiento intracraneal monitorizado, desde un punto de vista
técnico los transductores de presión se dividen en
dos grandes categorías: los acoplados a fluidos
(fluid coupled) y los que no utilizan ningún líquido
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 153
como transmisor de la señal de presión (non-fluid
coupled).
En los sistemas acoplados a un fluido, en los
que el transductor se sitúa fuera del cráneo, la
presión hidráulica, al llegar al transductor de presión (cápsula de Statham o similar), se convierte
en una señal eléctrica. Entre las principales ventajas de estos sistemas hay que mencionar la posibilidad de tener un acceso directo al LCR y el hecho
de que permiten recalibraciones periódicas. Sus
principales inconvenientes son los potenciales artefactos en las lecturas de la PIC, una mayor dificultad en el manejo del sistema por enfermería y
un mayor riesgo de infecciones.
Los sistemas no acoplados a un fluido son dispositivos sólidos instalados en la punta de un catéter, el cual se coloca en el interior de la cavidad
craneal. En los sistemas no acoplados a fluidos
que utilizan fibras ópticas (no así en los electromecánicos), los cambios de la PIC modifican las
señales luminosas que llegan a la punta del catéter; estas señales luminosas regresan al monitor,
donde se transforman en señales eléctricas que indican el valor de la PIC. Habitualmente, los sensores no acoplados a un fluido deben calibrarse
inmediatamente antes de su implantación y, una
vez colocados, no permiten recalibraciones. Independientemente del sistema que se utilice, todo
transductor se conecta a un monitor que proporciona lecturas continuas de la PIC. Simultáneamente, si se desea, el monitor puede enviar la
señal hacia un equipo periférico para obtener registros gráficos o realizar cálculos con fines, por
ejemplo, estadísticos.
maño los sistemas intraparenquimatosos son los
dispositivos de primera elección.
Los sensores intraparenquimatosos se implantan con facilidad en la misma UCI y permiten monitorizar a los enfermos en los que la cateterización
del ventrículo sea difícil (cuando existe un desplazamiento importante de la línea media o una reducción significativa del sistema ventricular, fig. 15-3).
Los sensores diseñados para ser implantados en el
parénquima cerebral son de un tamaño muy reducido y, salvo excepciones, no están acoplados a fluidos. Estos sistemas están especialmente diseñados
para su colocación en la cabecera del enfermo y presentan un riesgo de complicaciones muy reducido.
Entre sus inconvenientes hay que mencionar la imposibilidad de acceder al LCR, la imposibilidad de
su recalibración una vez implantados y la potencial
desviación del «0». Sin embargo, las desviaciones
respecto al cero atmosférico son mínimas en la mayoría de los casos, y clínicamente no relevantes. Un
inconveniente adicional es el elevado coste monetario del monitor, que en la mayoría de los casos sólo
es útil para la monitorización de la PIC. Además, el
coste del material fungible también es elevado, ya
que los sensores no son reutilizables.
15
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Monitorización de la PIC en el enfermo
neurocrítico
Cuando se monitoriza la PIC en un enfermo neurocrítico, las características del sistema de monitorización van a ser algo distintas a las que se exigirían al estudiar la PIC con un objetivo diagnóstico
en una planta convencional de neurocirugía. En
las unidades de reanimación y en la UCI, el sensor
de PIC ha de ser de fácil implantación, versátil y
con posibilidades de acoplamiento a los sistemas
de monitorización hemodinámica que ya se utilicen en cualquiera de esas unidades. La monitorización intraventricular continúa siendo el sistema
de monitorización recomendado en el momento
actual por las guías de práctica clínica de la Brain
Trauma Foundation (BTF, 2007), ya que, además
de medir la PIC, el propio sistema permite evacuar
LCR como maniobra terapéutica de la HIC. En
enfermos con patología aguda y distorsiones del
parénquima cerebral o ventrículos de pequeño ta-
Figura 15-3 Enfermo con traumatismo
craneoencefálico grave y cuya tomografía
computarizada cerebral muestra una tumefacción
intensa en el hemisferio izquierdo con desviación de
la línea media. En este caso el sensor de presión
intracraneal (PIC) más adecuado sería
intraparenquimatoso y debería implantarse en
el hemisferio izquierdo (L).
154 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Gradientes de presión intracraneales.
¿Dónde colocar el sensor de PIC
en un enfermo neurocrítico?
15
La presencia de gradientes de presión es un hecho
ya conocido desde principios del siglo XX. Cushing afirmó que los efectos de una compresión cerebral local podían tener poca repercusión, o incluso no repercutir, en otras regiones cerebrales.
Posteriormente, diversos trabajos experimentales
demostraron que cuando existía una lesión cerebral o cerebelosa, podían establecerse gradientes
de presión suprainfratentoriales o craneoespinales. De acuerdo con los estudios de Langfitt (1964), en
presencia de un proceso crónico, como un tumor
cerebral, las herniaciones cerebrales o cerebelosas
aparecen de forma evolutiva y son las responsables de la aparición de gradientes de presión, al
producirse una obliteración progresiva del espacio
subaracnoideo suprainfratentorial o craneoespinal. Estudios más recientes también han determinado que los gradientes de presión pueden existir
en el propio compartimiento supratentorial e incluso en diferentes regiones de un mismo hemisferio cerebral.
La reciente introducción de sensores de fibra
óptica ha permitido demostrar que existen diferencias entre las lecturas de presión medidas a nivel intraventricular o a nivel tisular, y que los gradientes de presión interhemisféricos son un hecho
rutinario en los enfermos que presentan lesión focal secundaria a TCE. Estos hechos hay que tenerlos en cuenta al seleccionar un compartimiento
específico para monitorizar la PIC, selección que
debe ser individualizada en cada enfermo y que
requiere la colocación del sensor en el hemisferio
más lesionado.
ESTIMACIÓN INDIRECTA DEL FLUJO
SANGUÍNEO CEREBRAL MEDIANTE
LA SATURACIÓN YUGULAR DE OXÍGENO
La isquemia cerebral desempeña un papel relevante en la fisiopatología de determinados procesos neurológicos agudos, lo que justifica la necesidad de complementar el control de estos enfermos
con sistemas que aporten información sobre el
flujo sanguíneo y el metabolismo cerebral. En la
búsqueda de sistemas útiles en la cabecera del enfermo se han utilizado extrapolaciones del principio de Fick al encéfalo, utilizando métodos que
estiman el flujo sanguíneo cerebral (FSC) a partir
de la obtención de muestras de sangre del bulbo de
la yugular mediante técnicas de oximetría yugular. En los últimos años estas técnicas de oximetría
yugular se han convertido en elementos de uso
frecuente en las unidades que tratan enfermos con
TCE u otros enfermos neurocríticos, como por
ejemplo los enfermos que presentan hemorragia
subaracnoidea o infarto masivo por oclusión de la
arteria cerebral media. En el momento actual, las
guías de práctica clínica de la BTF recomiendan la
utilización de la saturación yugular de oxígeno
(SjO2) como instrumento de optimización de la hiperventilación, y recomiendan que los valores de
este parámetro se mantengan siempre por encima
del 50%. En este apartado se exponen conceptos
básicos relacionados con la utilización clínica de
la SjO2 en el bulbo de la yugular en el enfermo
neurocrítico.
Fundamentos de las técnicas de oximetría
yugular
La utilización de las técnicas de oximetría yugular
como métodos indirectos de estudio del FSC se
fundamenta en los trabajos de Adolf Fick. Kety y
Schmidt (1948) aplicaron el principio de Fick para
estimar cuantitativamente el FSC en humanos utilizando el óxido nitroso (N2O) como indicador y
calculando el valor de las diferencias arterioyugulares de este gas. En el momento actual, y con los
mismos fundamentos, se utilizan xenón, el kriptón
u otros indicadores para cuantificar el valor del
FSC. Sin embargo, las determinaciones del FSC
mediante estas técnicas o de las que combinan el
uso de trazadores con técnicas tomográficas (PET,
SPECT) son en general complejas y no pueden
realizarse de forma continua. En la práctica clínica,
el diagnóstico de las lesiones isquémicas requiere
un método relativamente simple y que permita
estudios repetitivos e incluso continuos de la hemodinámica cerebral.
Simplificando el método de Kety y Schmidt, estudios experimentales y clínicos practicados por
autores clásicos y validados por estudios más recientes indicaron que el FSC también podía estimarse, en determinadas condiciones, a partir de la
medición de las diferencias arterioyugulares de
oxígeno (AJDO2) o de otras variables hemometabólicas derivadas del valor de la oxihemoglobina
obtenida a nivel del bulbo de la vena yugular interna (extracción cerebral de O2 o saturación de la
oxihemoglobina yugular; tabla 15-1). Las primeras
determinaciones de la SjO2 se obtuvieron durante
los años 1930 y 1940, a partir de punciones directas
de la porción superior de la vena yugular interna.
Posteriormente, las punciones directas se sustituyeron por la colocación de un catéter retrógrado,
que permitía realizar determinaciones seriadas sin
practicar nuevas punciones yugulares. En las últimas décadas, la incorporación a esta técnica de
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 155
Tabla 15-1 Fórmulas y umbrales de referencia de los distintos parámetros yugulares utilizados
para estimar el flujo sanguíneo cerebral
Isquemia
Diferencias arterioyugulares de oxígeno (AJDO2)
AJDO2 = 1,34a × Hb [(SaO2 − SjO2)/100] + (PaO2 – PjO2) × 0,0031
AJDO2 = 1,34a × Hb [(SaO2 − SjO2)/100]a
AJDO2 (μmol/ml)b
>3
Coeficiente de extracción de oxígeno (CEO2)
CEO2 = SaO2 − SjO2
CEO2 (%)
>40
Saturación de oxígeno en el bulbo de la yugular (SjO2)
<55
SjO2 (%)
Rango normal
Hiperemia
1-3
<3
24-40
<24
55-75
>75
a
Fórmulas de las AJDO2 después de suprimir el segundo componente de la fórmula; el valor de este segundo componente es
prácticamente despreciable, por lo que en la práctica no se calcula.
b
Las AJDO2 se expresan en volumen por 100, es decir, ml de O2 por 100 g de tejido y por minuto; sin embargo, si se aplica un factor de
corrección (0,446) el resultado final se expresa en μmol/ml, que son las unidades que utilizan diversos autores en la literatura.
PaO2: presión parcial de oxígeno arterial; PjO2: presión parcial de oxígeno en sangre yugular; SaO2: saturación arterial de oxígeno.
sistemas de fibra óptica ha permitido obtener información continua sobre la hemodinámica cerebral.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Monitorización de la hemodinámica cerebral
a partir de las diferencias arterioyugulares de
oxígeno (AJDO2), el coeficiente de extracción
de O2 (CEO2) y la saturación de la
oxihemoglobina yugular (SjO2)
El principio de Fick permite el cálculo del FSC a
partir de la relación entre el consumo metabólico
cerebral de oxígeno (CMRO2) y las AJDO2 (FSC =
CMRO2/AJDO2). En condiciones normales el flujo
sanguíneo aumenta o disminuye en función de
los requerimientos metabólicos tisulares. En esta
situación existe un perfecto acoplamiento entre el
FSC y el CMRO2, que hace que las AJDO2 permanezcan constantes. Sin embargo, un gran número
de enfermos neurocríticos presentan una alteración de los mecanismos reguladores del FSC, de
modo que pueden presentar un FSC disminuido,
normal o elevado, independientemente de la reducción del CMRO2. En este contexto, la relación
entre CMRO2 y FSC puede variar, por lo que los
valores de las AJDO2 constituyen una estimación
indirecta del FSC. En general se acepta que: a) AJDO2
normales sugieren un correcto acoplamiento entre
FSC y CMRO2 (normoperfusión); b) AJDO2 bajas
indican que el FSC es excesivo respecto a los requerimientos metabólicos cerebrales (hiperemia),
y c) AJDO2 elevadas informan de la disminución
del FSC (hipoperfusión), ya que el cerebro compensa el descenso de flujo sanguíneo con una mayor extracción de O2.
Dado que la capacidad de transporte de oxígeno de la hemoglobina es la misma cuando se encuentra en sangre arterial o en sangre venosa,
Cruz et al. (1993) simplificaron el método alegando que los cambios en la extracción de oxígeno
por parte del cerebro vienen igualmente representados simplemente por las modificaciones en
las diferencias de saturación de la oxihemoglobina arterioyugular. Este autor denominó a la nueva variable «coeficiente de extracción de oxígeno»
(CEO2 = SaO2 − SjO2) y sustituyó las AJDO2 por el
CEO2 en la fórmula general de la dinámica hemometabólica cerebral (v. tabla 15-1). Cuando existe
un consumo metabólico cerebral de oxígeno constante, el CEO2 estima de manera indirecta el valor
del FSC. Al igual que ocurría con las AJDO2, la
relación entre el FSC y el CEO2 se establece de forma inversa: cuando el FSC aumenta, el CEO2 se
reduce, y cuando el FSC disminuye, el CEO2 aumenta.
A pesar de que el CEO2 facilita los cálculos, el
parámetro más utilizado en la clínica para estimar el FSC es la determinación simple del valor
de la SjO2. La SjO2 muestra el porcentaje de hemoglobina oxigenada respecto a la hemoglobina
total, muestra el oxígeno que capta el encéfalo
de la sangre arterial e indica de modo indirecto
el valor del FSC. La SjO2 refleja el balance entre el
aporte y el consumo cerebral de O2. En cambios
paralelos entre aporte y consumo la SjO2 se mantiene constante. Cuando el aporte es insuficiente, o las necesidades son excesivas, la SjO2 desciende. Cuando el aporte supera el consumo, o
cuando el consumo está muy reducido, la SjO2
aumenta. Por tanto, asumiendo un contenido ar-
15
156 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
terial de oxígeno y un CMRO2 constantes, los
cambios en la SjO2 reflejan cambios directamente
proporcionales en el FSC. Sin embargo, la utilización clínica de cualquiera de estas variables
requiere el seguimiento de una serie de recomendaciones metodológicas que se resumen en
la tabla 15-2.
Umbral de isquemia y algoritmo de actuación
frente a caídas de la SjO2
Los umbrales de isquemia para la SjO2 se obtuvieron
a partir de estudios experimentales, que establecieron que por debajo de una SjO2 del 45% aparece confusión y por debajo del 24% se produce una pérdida
Tabla 15-2 Recomendaciones metodológicas para la utilización de las técnicas de oximetría yugular
en el enfermo neurocrítico
Aspecto metodológico
Recomendación
1
Elección de la vena
yugular a cateterizar
N
2
Método de
colocación del
catéter yugular
N
Enfermo en decúbito supino y con la cabeza algo rotada hacia el lado opuesto
al punto de punción; el punto de introducción de la aguja se localiza en el ángulo
superior del triángulo de Sédillot; localización de la vena yugular con la aguja
del catéter a colocar acoplada a una jeringa de 10 ml de capacidad; el grado de
inclinación de la aguja debe ser de aproximadamente 45°. La dirección
adecuada, para la cateterización ascendente, es hacia el pabellón auricular
ipsilateral
3
Correcta situación
del extremo proximal
del catéter yugular
N
El catéter debe introducirse hasta alcanzar el bulbo de la yugular, lo que asegura
que sólo del 2 al 3% del contenido hemático a este nivel tiene un origen
extracerebral
4
¿Catéteres simples o
sensores de fibra
óptica?
N
5
Controles
radiológicos
N
6
Mantenimiento del
catéter yugular
N
15
Seleccionar la vena yugular «dominante» (la que su compresión puntual
condicione un mayor aumento de la PIC)
N Determinar la vena yugular «dominante» mediante ultrasonidos
N Analizar la morfología de los forámenes yugulares en la TC cerebral y seleccionar
el lado de mayor calibre
Cuando se opta por la colocación de un catéter simple (opción más económica y
accesible), el sistema sólo permite mediciones periódicas, por lo que pueden pasar
desapercibidos episodios puntuales de caída de la SjO2
N La utilización de catéteres de fibra óptica permite obtener lecturas continuas de
la SjO2. Sin embargo, el principal inconveniente de estos sistemas es su fiabilidad,
por lo que su uso obliga a considerar múltiples aspectos técnicos (posición de la
punta del catéter, señal de calidad de la lectura, etc.) y a validar muchos de los
resultados obtenidos mediante extracciones manuales adicionales
En una radiografía cervical lateral, la punta del catéter debe localizarse
aproximadamente al mismo nivel y por delante de la apófisis mastoides
N Otros autores utilizan como referencia el disco vertebral situado entre C1 y C2
N Deben realizarse controles radiológicos de forma periódica
El catéter yugular requiere una perfusión continua de suero fisiológico
heparinizado, a una velocidad suficiente para mantener la permeabilidad de la vía
N También puede utilizarse una válvula antirreflujo y realizar lavados periódicos,
sin perfusión continua, con una solución heparinizada
N Esta vía debe reservarse de forma exclusiva para la extracción de muestras
hemáticas
N El riesgo de trombosis se reduce al no administrar fármacos ni suplementos de
potasio a través de la vía
N En los casos en que se requiera un control prolongado, y para reducir el riesgo de
infecciones, hay que reemplazar el catéter cada 5-7 días
C: cervical; PIC: presión intracraneal; SjO2: saturación yugular de oxígeno.
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 157
de conciencia. En los TCE, el valor medio de la SjO2
es superior al normal y el intervalo de distribución
es más amplio que en los individuos normales. Sin
embargo, diversos estudios clínicos y experimentales han constatado que en los TCE las caídas de la
SjO2 por debajo del 50% se correlacionan con un
peor pronóstico. Estos resultados, junto con la conocida susceptibilidad del encéfalo traumatizado a los
problemas isquémicos, sugieren que en los TCE los
valores de la SjO2 tendrían que mantenerse siempre
por encima del 50% y, de forma óptima, por encima
del 55% o, incluso, del 60%. No obstante, el umbral
de isquemia que utilizamos en los TCE no es válido
en los enfermos con infarto cerebral extenso. Así, en
los enfermos con infarto cerebral extenso del territorio de la arteria cerebral media pueden coexistir valores normales o elevados de la SjO2 en el contexto
de un área cerebral necrótica muy extensa.
En el curso evolutivo de los enfermos neurocríticos existen múltiples situaciones en las que pueden producirse descensos bruscos de la SjO2, sugerentes de isquemia cerebral. Con el objetivo de
identificar la etiología de estos descensos, se han
propuesto una serie de protocolos de actuación
general. Se trata de protocolos escalonados en los
que se van descartando problemas de forma secuencial. A continuación se propone un algoritmo
de actuación frente a caídas en los valores de la
SjO2 por debajo del umbral de isquemia:
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
En primer lugar hay que descartar problemas
técnicos: si el enfermo es portador de un catéter de fibra óptica hay que confirmar la validez
de la lectura, analizando la señal de calidad de
lectura en el monitor o recalibrando el sistema.
Si es necesario, hay que comprobar los valores
con una extracción yugular manual. Si los valores persisten bajos:
N Se analizan los parámetros relacionados con
el aporte de oxígeno al cerebro: concentración de hemoglobina y PaO2, para descartar
respectivamente una anemia o una hipoxemia. El diagnóstico de estas situaciones obligaría a transfundir hemoderivados al enfermo, o bien a incrementar la FiO2. Sin embargo,
si estos parámetros son normales, hay que
proceder al siguiente estadio diagnóstico:
N Valoración de los factores que influyen
en el FSC: presión de perfusión cerebral
(PPC), presión parcial de anhídrido carbónico arterial (PaCO2) y PIC. Si la PPC
está por debajo de 60 mmHg, hay que aumentar la presión arterial media; si el enfermo está hiperventilado, hay que incrementar la PaCO2; si existe una HIC, se
intensifican las maniobras terapéuticas.
Cuando se han considerado todos los aspectos anteriores y los valores de SjO2 siguen bajos,
hay que reducir las demandas metabólicas del
encéfalo, tratando la hipertermia o las posibles
crisis comiciales, administrando hipnóticos y/o
reduciendo la temperatura del enfermo. La figura 15-4 resume este algoritmo de actuación.
Significado de los valores de SjO2 ≥75%
De acuerdo con los parámetros aceptados en la literatura, valores de la SjO2 ≥75% se atribuyen a
priori a una situación de hiperemia cerebral, en la
que el aporte de O2 supera las demandas metabólicas del encéfalo. Sin embargo, la SjO2 es directamente proporcional al valor del FSC pero inversamente proporcional al CMRO2, por lo que un
valor elevado de este parámetro puede indicar
que el enfermo presenta un aumento real del FSC
(hiperemia) o un descenso del consumo metabólico de O2, no acoplado a una reducción del FSC,
SjO2 < 55 %
Descartar problemas
técnicos
SjO2 < 55 %
Analizar aporte de O2
al cerebro
Analizar:
– Punta catéter
– Velocidad extracción
– Calidad de la señal
– etc.
– Hemoglobina
– PaO2
SjO2 < 55 %
Valorar factores que influyen
en el flujo sanguíneo cerebral
– PIC
– PPC
– PaCO2
SjO2 < 55 %
Disminuir demandas metabólicas
Figura 15-4 Algoritmo de actuación frente a caídas
de la saturación yugular de oxígeno (SjO2). PaO 2:
presión parcial de oxígeno arterial; PaCO2: presión
parcial de anhídrido carbónico arterial; PIC: presión
intracraneal; PPC: presión de perfusión cerebral.
15
158 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
15
como puede ocurrir en algunos enfermos con un
TCE o en situaciones de hipotermia o de coma barbitúrico. Como ya se ha mencionado, también
pueden encontrarse valores elevados de la SjO2 en
enfermos que presentan grandes lesiones isquémicas cerebrales o que se encuentran en una situación de isquemia global con necrosis tisular
importante. En estos casos la reducción del FSC se
acompaña de una reducción del consumo metabólico de O2, por lo que la SjO2 puede ser normal
o incluso elevada, sin que traduzca la presencia
de la isquemia cerebral.
En determinadas situaciones puede existir una
mayor afinidad entre la hemoglobina y el O2, de
lo que resulta una mayor dificultad en la cesión
de O2 a los tejidos; así, valores elevados de la SjO2
pueden sugerir un estado de hiperemia, cuando
lo que sucede realmente es un compromiso en la
liberación de O2. Por otra parte, los enfermos en
situación de muerte cerebral suelen presentar valores de la SjO2 muy elevados y, en algunos casos,
cercanos al 100%. En estos enfermos, además de
la falta de FSC, los valores altos de la SjO2 se deben a la contaminación extracerebral de las muestras yugulares. De este modo, los valores de SjO2
≥75% pueden corresponder a situaciones fisiopatológicas diversas y pueden llegar a requerir maniobras terapéuticas muy distintas, lo que orienta
a la necesidad de complementar las técnicas de
oximetría yugular con la información que ofrecen
otros métodos diagnósticos y que se exponen en el
apartado siguiente.
¿Cómo actuar cuando un enfermo presenta
valores de SjO2 ≥75%?
A pesar de que se ha comentado que los valores
de SjO2 ≥75% son patológicos, pueden deberse a
procesos fisiopatológicos distintos y se asocian
a un peor pronóstico, no existen protocolos de
actuación bien definidos que puedan utilizarse
cuando se presentan tales valores. La mayor parte de los autores no indica cómo actúa o cómo habría que actuar frente a lecturas de SjO2 ≥75%, o
indica de forma explícita que no aplica maniobras
terapéuticas específicas ante estos valores. Sin
embargo, si la información conjunta que nos ofrecen diferentes variables sugiere o indica que los
valores elevados de la SjO2 se corresponden con
una situación de hiperemia y el enfermo presenta una HIC, podría incrementarse la hiperventilación o utilizar con mayor seguridad otras maniobras terapéuticas que pueden inducir una vasoconstricción cerebral. En la tabla 15-3 se resumen
las indicaciones, contraindicaciones, limitaciones
y complicaciones que pueden asociarse a las téc-
nicas de oximetría yugular como instrumentos
indirectos de estimación del FSC.
TÉCNICAS INVASIVAS DE
MONITORIZACIÓN DE LA OXIMETRÍA
CEREBRAL EN EL ENFERMO
NEUROCRÍTICO
La hipoxia cerebral es un fenómeno frecuente en
los enfermos que han presentado un TCE y puede
estar presente en otros procesos neurológicos agudos que cursen con aumentos de la PIC o reducciones del FSC. A pesar de que la isquemia constituye una de las causas más frecuentes de hipoxia
tisular, tanto modelos experimentales como estudios clínicos han establecido que existen múltiples
causas de hipoxia tisular de origen no isquémico,
tanto en el encéfalo como a nivel sistémico. En los
últimos años se ha constatado una importante variabilidad en la incidencia de estos fenómenos,
posiblemente debido a que en la literatura se describen diferentes umbrales para los valores normales de la presión tisular de oxígeno en el cerebro (PtiO2), la monitorización se ha realizado en
diversos períodos del curso evolutivo del enfermo
o la metodología utilizada en el registro de esta
variable es diferente. Por otra parte, la terminología utilizada en la literatura para definir la hipoxia
tisular en el cerebro con frecuencia ha sido confusa y ambigua. En muchos estudios el concepto de
hipoxia tisular se ha considerado sinónimo del
de hipoxia tisular isquémica secundaria a una reducción regional o global de la PPC. Sin embargo,
está bien demostrado que otras situaciones frecuentes en el enfermo crítico, como el shock o la
sepsis grave, también pueden inducir hipoxia tisular de origen no isquémico.
La detección precoz de la hipoxia cerebral de
origen isquémico o no isquémico ha devenido
uno de los objetivos básicos del tratamiento de los
enfermos neurocríticos, especialmente después de
constatarse que existe una estrecha relación entre
valores bajos de oxígeno a nivel cerebral y mal
pronóstico. La hipoxia cerebral puede aparecer incluso con valores de PIC, PPC o SjO2 normales,
por lo que en el tratamiento del enfermo neurocrítico es fundamental implantar una neuromonitorización multimodal que no se limite a la medición continua de la PIC, sino que incluya también
otros dispositivos capaces de medir la disponibilidad tisular de ciertos metabolitos y de detectar un
compromiso metabólico cerebral.
En el momento actual la presión de O2 puede
medirse directamente en el parénquima encefálico
(PtiO2). La medición de la PtiO2 es una técnica relativamente simple, segura, de coste razonable y
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 159
Tabla 15-3
yugular
Indicaciones, contraindicaciones, limitaciones y complicaciones de las técnicas de oximetría
Indicacionesa
N Traumatismo craneoencefálico
N Hemorragia subaracnoidea espontánea
N Cirugía cardiovascular
N Cirugía neuroquirúrgica en enfermos sometidos a hiperventilación prolongada o a períodos de hipotensión
arterial controlada
N Enfermos neurocríticos con hipertensión intracraneal refractaria sometidos a hipotermia moderada
N Cuando sea necesario practicar tests de autorregulación y vasorreactividad cerebral
Contraindicaciones
N Enfermos con fracturas cervicales
N Imposibilidad de rotar con seguridad el cráneo
N Coagulopatía
N Traqueostomía (contraindicación relativa; aumento del riesgo de infecciones)
Limitacionesb
N Alcalosis respiratoria (la saturación de O yugular puede hallarse falsamente elevada por el efecto Bohr)
2
N Hipotermia importante o de otras situaciones que incrementen la afinidad entre la hemoglobina y el oxígeno
N Las técnicas de oximetría yugular reflejan la extracción de oxígeno global del cerebro, por lo que pueden pasar
inadvertidos acontecimientos metabólicos regionales
N En caso de anemia aguda, la disminución de la hemoglobina conlleva un decremento en el contenido de oxígeno
arterial, por lo que las AJDO2 pueden ser falsamente normales. Este fenómeno no afecta a los valores de la SjO2
N Información no adecuada sobre el flujo sanguíneo del cerebelo ni del tronco del encéfalo
N Valores bajos de las AJDO o del CEO o valores elevados de la SjO exigen realizar un diagnóstico diferencial
2
2
2
entre hiperemia (aumento del FSC) o infarto tisular extenso (disminución no acoplada del CMRO2)
Complicaciones
N Punción accidental de vasos venosos, arteriales o linfáticos cervicales
N Infecciones
N Trombosis de la yugular
N Aumentos de la PIC secundarios a trombosis de la vena yugular
a
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Las indicaciones generales se dirigen a las patologías neurológicas agudas, especialmente en las que predominen las lesiones
difusas, y siempre que sea necesaria la determinación del acoplamiento entre el flujo sanguíneo y el consumo metabólico cerebral de
oxígeno.
b
Se consideran limitaciones los factores que pueden influir en la interpretación de los valores de la SjO2 o de otras técnicas de
oximetría yugular.
AJDO2: diferencias arterioyugulares de oxígeno; CEO2: coeficiente de extracción de oxígeno; CMRO2: consumo metabólico cerebral de
oxígeno; FSC: flujo sanguíneo cerebral; SjO2: saturación yugular de oxígeno.
que aporta información muy valiosa sobre la disponibilidad tisular de oxígeno. En la última revisión de las guías de práctica clínica de la BTF los
valores de PtiO2 se han establecido con un nivel III
de recomendación, como guía en la utilización de
medidas terapéuticas rutinarias tales como la hiperventilación.
Significado de la PtiO2 e información
que proporciona
Se asume que la PtiO2 refleja la disponibilidad de
oxígeno libre en el tejido, que a la vez se considera que corresponde con el oxígeno presente al final del circuito capilar (lado venoso). La PtiO2
puede contemplarse como la concentración me-
dia de oxígeno en el área monitorizada, que incluye arteriolas, capilares, venas y los compartimientos extra e intracelular del tejido cerebral.
Valores de PtiO2 por debajo de 15 mmHg indican
hipoxia tisular de cualquier etiología (isquémica, hipoxia por shunt, baja estractibilidad, etc.) y
se han asociado a un mal pronóstico funcional,
por lo que uno de los objetivos terapéuticos debería ser mantener la PtiO2 dentro de un rango normal. La detección de una PtiO2 baja puede ayudarnos a: a) detectar situaciones de hipoxia
tisular; b) establecer un diagnóstico diferencial
del tipo de hipoxia; c) individualizar las maniobras terapéuticas, y d) valorar la efectividad y la
repercusión de estas maniobras. La PtiO2 permite
detectar cambios de oxigenación regional que
15
160 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
pueden pasar inadvertidos con los sistemas globales de monitorización de la oxigenación cerebral como la SjO2 o las AJDO2, además de ofrecer
una información continua durante períodos prolongados.
Sistemas disponibles para medir la PtiO2.
Valores normales
15
El sistema Licox® (GMS, Kiel-Milkendorf, Alemania) utiliza una modificación de un electrodo polarográfico de tipo Clark y es el único sistema
validado para medir la PtiO2, dado que el sistema Neurotrend® ha dejado de distribuirse. En el
momento actual también está disponible el sensor Neurovent®-PTO (Raumedic Oxygen Measurement System, Rehau, Münchberg, Alemania),
capaz de medir la PIC, la PtiO2 y la temperatura
mediante el mismo catéter. Sin embargo, este
nuevo sensor aún no se ha validado en el ámbito
clínico.
El rango de «normalidad» de la PtiO2 en el cerebro normal no está plenamente establecido. Se
considera que los valores normales de PtiO2 medidos con un sistema polarográfico se sitúan entre
los 15 y los 30 mmHg, aunque algunos autores
afirman que en los TCE el rango superior debería
ser más elevado. Valores de PtiO2 <15 mmHg indicarían la existencia de hipoxia tisular, que puede ser moderada (entre 15 y 10 mmHg) o grave
(<10 mmHg). En consecuencia, un objetivo terapéutico sería mantener cifras de PtiO2 por encima
de los 20 mmHg.
Tabla 15-4
Tipos de hipoxia cerebral
Existen diferentes causas de hipoxia tisular en el
cerebro, por lo que es importante establecer un
diagnóstico diferencial entre ellas. La disponibilidad real de O2 a nivel tisular no sólo depende
de la presión parcial de O2, sino también de otras
variables como la concentración de hemoglobina,
la afinidad entre la hemoglobina y el O2, el FSC,
el número de capilares funcionantes, la difusión
del O2 a través de la membrana celular y las características del espacio extracelular. La monitorización continua de la PtiO2, combinada con la
información que ofrecen otras variables hemometabólicas, pueden ayudar a establecer la etiología de la hipoxia tisular (tabla 15-4).
Indicaciones de la PtiO2 en el enfermo
neurocrítico
En una reciente conferencia de consenso se ha
establecido que la monitorización de la PtiO2
está indicada en los enfermos con un TCE grave
y en la hemorragia subaracnoidea espontánea.
Una de las indicaciones más claras de este sistema de monitorización es la de guiar el uso de
maniobras terapéuticas potencialmente lesivas como la hiperventilación, en la que se recomienda evitar caídas de la PtiO2 por debajo de
15 mmHg. La PtiO2 también permite monitorizar
el compromiso metabólico del tejido que rodea a
los hematomas cerebrales y diagnosticar la aparición de un vasoespasmo diferido. Una indicación adicional, fuera de la UCI, es la medición
Tipos de hipoxia tisular cerebral a partir de la clasificación de Siggaard-Andersen (1995)
Tipo de hipoxia
Causa
Isquémica
Por baja
extractabilidad
↓Flujo sanguíneo cerebral
Hipoxemia
Anemia
Alta afinidad entre Hb y O2
Cortocircuitos arteriovenosos
Dificultades en la difusión del O2
desde la Hb a la mitocondria
Inhibición de los citocromos
mitocondriales
Desacoplamiento entre la reducción
del O2 y la síntesis de ATP
Incremento de las necesidades
metabólicas
Por cortocircuito
Por disperfusión
Histotóxica
Por desacoplamiento
Hipermetabólica
SjO2
(%)
PtiO2
(mmHg)
P50
(mmHg)
Px
(mmHg)
↓
↓
↓
↑
N/↑
N/↑
≤15
≤15
≤15
≤15
≤15
≤15
24-29
24-29
24-29
≤24
24-29
24-29
N
↓
↓
↓
N
N
N/↑
N
24-29
N
N/↑
N
24-29
N
↓
≤15
24-29
N
Tabla modificada de Sahuquillo et al (2002b). Hb: hemoglobina; N: rango de normalidad; P50: presión de O2 en el que la Hb se
encuentra saturada en un 50%; Px: presión de extracción de O2.
Neuromonitorización multimodal en el enfermo crítico y en emergencias 161
intraoperatoria de la PtiO2 durante el clipado de
aneurismas, ya que permite una monitorización
de la región cerebral de riesgo durante el clipaje
transitorio.
Aspectos metodológicos
Los sensores Licox® no requieren calibración preinserción. La colocación del sensor es muy simple
y prácticamente idéntica a la colocación de un sensor de PIC intraparenquimatoso. Puede realizarse
en la misma UCI. Sin embargo, al tratarse de una
medida eminentemente local, debe considerarse
en qué situación el sensor puede ofrecer la información más útil para el tratamiento del enfermo.
En la citada conferencia de consenso se ha establecido que la ubicación de los sensores de PtiO2 en
los enfermos con TCE ha de ser individualizada y
relacionada con la información que se intente conseguir. Así, el sensor tendría que colocarse en una
región tisular viable (región pericontusional o cercana a un hematoma subdural) y no en el core de
la lesión, constituido por tejido no viable. Además,
en la monitorización se obviarían áreas cerebrales
elocuentes, y cuando se monitorizara tejido estructuralmente normal el sensor tendría que colocarse
en la sustancia blanca subcortical del hemisferio
más lesionado.
Algoritmo de actuación cuando los valores
de PtiO2 son bajos
La figura 15-5 muestra un algoritmo de actuación
dirigido a descartar de forma secuencial causas de
hipoxia tisular e implantar medidas terapéuticas
específicas. En síntesis, los objetivos de este algoritmo son:
N
N
Descartar lesiones en la punta del sensor que
pudieran explicar los valores de la PtiO2.
Asegurar el correcto funcionamiento del sensor.
PtiO2 < 15 mmHg
1
Información fiable
TC cerebral
Determinar la ubicación craneal del sensor
Descartar lesiones en la punta del sensor
2
¿Funcionamiento correcto?
15
Testar sensor
Incrementar la FiO2
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
3
Buscar causas tratables
Descartar y corregir
Hipertensión intracraneal
PPC baja
Anemia
Hipoxia sistémica
Hiperventilación excesiva
FSC reducido por vasoespasmo
Hipermetabolismo cerebral (crisis comiciales, fiebre, etc.)
4
Pensar en causas alternativas
Hipoxia por cortocircuito
Hipoxia por disperfusión
Hipoxia histotóxica
Figura 15-5 Algoritmo de actuación frente a valores de presión tisular de oxígeno cerebral (PtiO2) bajos. FiO2:
fracción inspirada de oxígeno; FSC: flujo sanguíneo cerebral; PPC: presión de perfusión cerebral; TC: tomografía
computarizada.
162 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
N
N
Buscar causas tratables que pueden condicionar caídas de la PtiO2.
Pensar en causas alternativas de hipoxia.
MICRODIÁLISIS CEREBRAL
15
La microdiálisis cerebral permite conocer, en tiempo casi real, los acontecimientos metabólicos que
tienen lugar en el encéfalo (disponibilidad de sustratos como la glucosa y producción de diversos
metabolitos y neurotransmisores) y realizar, con
algunas limitaciones, mediciones continuas de diversos metabolitos a cabecera del paciente. En el
momento actual esta técnica ha pasado del laboratorio al ámbito clínico y se está introduciendo de
forma progresiva en la monitorización de los pacientes neurocríticos, ya que ofrece una importante
información neurometabólica complementaria a
las variables que de forma rutinaria se monitorizan
en estos pacientes (PIC, PPC, SjO2, etc.). Además
de estas posibilidades, la disponibilidad actual de
membranas de diálisis de alta resolución (100 kDa)
permite realizar estudios proteómicos que permitirán profundizar en el conocimiento de la fisiopatología de las lesiones neurológicas agudas.
La microdiálisis es una técnica basada en el
principio del intercambio de solutos a través de
una membrana semipermeable, que emula el funcionamiento de un capilar y cuyos objetivos básicos son: a) monitorizar la disponibilidad tisular de
diferentes metabolitos; b) monitorizar los elementos liberados por las células y c) monitorizar las
consecuencias celulares de la hipoxia-isquemia tisular. La membrana semipermeable se encuentra
en el extremo distal del catéter de microdiálisis y a
su través se intercambian solutos entre una solución de composición conocida y el líquido contenido en el espacio extracelular. El análisis del microdializado obtenido permite cuantificar diversos
metabolitos derivados de rutas metabólicas fisiológicas o productos que se producen como resultado de una lesión tisular. En el encéfalo, la colocación de un catéter de microdiálisis permite el
análisis y cuantificación de los cambios que se producen en diversos metabolitos «energéticos»
como: lactato, piruvato, adenosina, inosina o hipoxantina. También permite estudiar la liberación
de neurotransmisores y neuromoduladores (glutamato, aspartato, taurina, GABA, etc.) o la liberación
de productos de degradación tisular (glicerol).
La microdiálisis cerebral es una técnica extremadamente sensible que puede aportar una información metabólica precoz sobre el establecimiento
de una lesión tisular. Esta técnica aporta una información muy superior a cualquier otro sistema de
monitorización. A pesar de su innegable posición
actual en el ámbito de la investigación, con toda
probabilidad, su uso va a generalizarse en los
próximos años, aportando nuevos conocimientos
que permitan profundizar en la fisiopatología de
los pacientes neurocríticos, así como actuar de manera más efectiva en su tratamiento. Sin embargo,
la instauración de este sistema de monitorización
requiere un aprendizaje y una disposición de recursos técnicos y humanos que en el momento actual limitan su uso a determinadas unidades de
pacientes neurocríticos.
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Capítulo 16
Doppler transcraneal y estudios
neurofisiológicos en el enfermo
crítico
Ramón Adalia, Joan Santamaría y Covadonga García
PUNTOS CLAVE
N
N
El Doppler transcraneal valora la velocidad
del flujo sanguíneo cerebral en los vasos
que componen el polígono de Willis, arterias
carótidas internas y arterias vertebrales. La
identificación de los vasos se basa en una serie
de criterios: la ventana acústica, la posición
del transductor, la profundidad del volumen
de muestra, la dirección del flujo, la velocidad
media, la pulsatilidad, y la respuesta a
las maniobras de compresión.
Las distintas variables sonográficas permiten
diferenciar los patrones más habituales en la
unidad de cuidados intensivos (UCI):
DOPPLER TRANSCRANEAL EN LA UNIDAD
DE CUIDADOS INTENSIVOS
El Doppler transcraneal (DTC) permite, en la cabecera del enfermo, el registro de la velocidad del
flujo sanguíneo cerebral (VFSC) mediante la sonorización de los vasos del polígono de Willis. En la
tabla 16-1 se detallan las ventajas e inconvenientes
del DTC para la monitorización del enfermo neurocrítico.
Principios físicos y técnica de utilización
Los ultrasonidos se reflejan en la interfase entre
tejidos de diferente densidad o en tejidos hetero-
normalidad, hiperemia, vasoespasmo,
hipertensión intracraneal y muerte encefálica.
N
El control neurofisiológico ha de valorarse
como complemento de la exploración clínica
y de las pruebas de imagen. Las técnicas
electrofisiológicas más utilizadas en la UCI
son el electroencefalograma, los potenciales
evocados y, aunque en menor proporción,
el electroneuromiograma.
N
Si se utilizan miorrelajantes se recomienda
monitorizar la profundidad del bloqueo
neuromuscular a fin de utilizar la dosis
necesaria y minimizar sus efectos adversos.
géneos. Cuanto mayor es la frecuencia de ultrasonidos, menor es su profundidad de penetración. El
DTC se fundamenta en el efecto Doppler, es decir,
la sonorización de un objeto en movimiento ocasiona un cambio de frecuencia del ultrasonido reflejado respecto al emitido, proporcional a la velocidad de dicho objeto. Así, cuando el ultrasonido
afecta a un vaso sanguíneo (hematíes en movimiento), puede determinarse la velocidad y la dirección del flujo sanguíneo. La diferencia entre la
señal emitida y la señal recibida determina la amplitud de la curva en el análisis espectral, expresada en términos de frecuencia (kHz) o de velocidad
(cm/s). El DTC valora, por tanto, de forma indirecta el flujo sanguíneo cerebral (FSC), ya que
Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico 165
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 16-1 Ventajas e inconvenientes
del Doppler transcraneal
Ventajas
Inconvenientes
Inocuo
Barato
Reproducible
Fiable
Monitorización
en tiempo
real
Realizado en
la cabecera
del enfermo
Ausencia de ventana ósea en
un 10% de la población
Exploración a ciegas
de las arterias
Explorador dependiente.
Requiere curva de aprendizaje
No es posible el estudio de
las ramas distales
Variaciones anatómicas del
polígono de Willis: las arterias
cerebral anterior y posterior
salen directamente de la
arteria carótida interna (10%)
Cataratas (ventana orbitaria)
producidas por el calor de
la sonda
la VFSC es directamente proporcional al FSC e
inversamente proporcional al área de sección
del vaso sonorizado.
Se dispone de transductores ultrasónicos Doppler que utilizan dos cristales: uno emite continuamente a partir del cristal piezoeléctrico, y el
otro sirve para recibir el ultrasonido dispersado.
Esta configuración evalúa grandes muestras de
tejidos, pero no aporta información de la profundidad sonorizada (Doppler de onda continua).
Por contra, en los transductores intermitentes
(Doppler pulsado), un mismo cristal alternativamente emite y recibe el ultrasonido. En este caso
es posible ajustar el tamaño y la profundidad de
la muestra sonorizada. Los nuevos aparatos combinan las ventajas del Doppler continuo y del Doppler pulsado, lo que facilita la detección de la
señal entre un volumen de muestra grande y
ajustable en profundidad. Ello permite medir simultáneamente las señales a diferente profundidad, y evaluar el movimiento de partículas sólidas o gaseosas en el vaso sanguíneo (p. ej.,
émbolos). Habitualmente se utiliza el Doppler
pulsado con sondas de 2 MHz para las arterias intracraneales y de 4 MHz para la evaluación de
troncos supraaórticos en el cuello. En la tabla 16-2
se recogen las indicaciones habituales para la utilización del DTC en la unidad de cuidados intensivos (UCI).
La identificación de los vasos se basa en una
serie de criterios: la ventana acústica, la posición
del transductor, la profundidad del volumen de
Tabla 16-2 Indicaciones habituales del Doppler
transcraneal en la UCI
Monitorización del traumatismo craneoencefálico/
hipertensión intracraneal
N Estudio de la reserva hemodinámica cerebral.
Reactividad cerebral
N Detección de vasoespasmo arterial en la
hemorragia subaracnoidea
N Diagnóstico de la muerte encefálica
N Detección de embolias cerebrales
N Monitorización no invasiva de la oclusión y
recanalización arterial en la fase aguda del infarto
cerebral
N Diagnóstico de shunt derecha-izquierda
N Detección y seguimiento de estenosis arteriales
extra e intracraneales >60%
N
muestra, la dirección del flujo, la velocidad media
y la respuesta a las maniobras de compresión. Las
ventanas óseas son porciones de calota craneal
que ofrecen una menor resistencia a la penetración
de la señal emitida por el transductor de Doppler
pulsado. Las arterias sonorizadas son la porción
M1 de la arteria cerebral media, la arteria cerebral
anterior, el sifón carotídeo, la arteria cerebral posterior, el tronco basilar, las arterias vertebrales y la
arteria carótida interna (fig. 16-1). Las 4 ventanas
acústicas utilizadas para la localización de dichas
arterias son la transtemporal, la transorbitaria, la
transforaminal (suboccipital) y la submandibular.
El transductor ha de enfocarse en el mismo sentido que la arteria, ya que ángulos de sonorización
superiores al 30% obtienen una VFSC menor a la
real (tabla 16-3). Los datos obtenidos en el espectrograma de la VFSC son la velocidad sistólica
(VS), la velocidad diastólica (VD) y la velocidad
media (VM). A partir de estos datos pueden obtenerse los diversos índices de resistencia y de comparación entre los vasos intra y extracraneales
(fig. 16-2).
Patrones sonográficos
El DTC permite diferenciar diversas situaciones
de la hemodinámica cerebral expresadas por las
variaciones en la VFSC. Mediante la determinación de 2 variables sonográficas, la VM del FSC y
el índice de pulsatilidad (IP), es posible diferenciar
diversos patrones del DTC: normalidad, hiperemia, vasoespasmo, hipertensión intracraneal y
muerte encefálica (tabla 16-4). El estudio sonográfico mediante DTC posibilita la determinación de
la vasorreactividad cerebral y la autorregulación
16
166 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
A2
ACoA
ACA
A1
ACM
ACI
M1
P1
ACoP
ACP
P2
AB
Figura 16-1 Distribución vascular y sentido del flujo en el polígono de Willis. AB: arteria basilar; ACA: arteria
cerebral anterior; ACI: arteria carótida interna; ACM: arteria cerebral media; ACoA: arteria comunicante anterior;
ACoP: arteria comunicante posterior; ACP: arteria cerebral posterior.
cerebral, permitiendo obtener datos relacionados
con la enfermedad vascular cerebral isquémica (p.
ej., trombosis, embolia) y las malformaciones arteriovenosas. En relación con los hallazgos sonográficos, cabe considerar diversos aspectos. El prime-
Tabla 16-3
Valores de flujo de las diferentes arterias craneales
16
a
ro es la definición de normalidad. Los datos
aportados por el DTC (VM e IP) están sometidos a
la influencia de múltiples variables generales e informan sobre aspectos hemodinámicos cerebrales,
que pueden estar influidos por la presión intracra-
Arterial localizada
Ventana de
posición del
transductor
Profundidad
(mm)
ACM (M1)
Bifurcación ACA/ACM
ACA
ACP (P1)
ACP (P2)
Arteria oftálmica
Sifón carotídeo
Transtemporal
Temporald
Temporal
Temporal
Temporal
Transorbitariae
Transorbitaria
30-60
55-65
60-80
60-70
60-80
40-60
60-80
Tronco basilar
Arteria vertebral
ACI
Suboccipital
Suboccipitalf
Submandibularg
70-90
60-90
15-25
Dirección del flujo
Hacia el transductor (positivo)a
Bidireccionala
Contrario al transductor (negativo)b
Hacia el transductor (positivo)c
Contrario al transductor (negativo)c
Hacia el transductor (positivo)a
Hacia el transductor (positivo) o
bidireccional (positivo, negativo)
Contrario al transductor (negativo)
Contrario al transductor (negativo)
Contrario al transductor (negativo)
Velocidad
media
(cm/s)
55 ± 12
50 ± 11
39 ± 10
40 ± 10
21 ± 5
40 ± 15
41 ± 10
38 ± 10
37 ± 9
La compresión de la arteria carótida ipsilateral causa una reducción del flujo de la ACM.
La compresión de la arteria carótida ipsilateral reduce el flujo de la ACA o lo invierte si funciona la comunicante.
c
La compresión de la arteria carótida ipsilateral no ocasiona cambios o aumenta el flujo de la ACP.
d
Posición transtemporal: en la escama temporal sobre la base superior del arco zigomático por delante y algo por encima de trago;
permite el estudio de ACM segmento M1, ACA segmento A1, bifurcación ACM/ACA y posterior (ACP) en sus segmentos P1 y P2.
e
Posición transorbitaria: transductor a nivel ocular para estudio de la arteria oftálmica y del sifón carotídeo.
f
Posición suboccipital: transductor en la línea media por debajo de la protuberancia occipital dirigiendo el haz de ultrasonido hacia
la nariz; permite el estudio del tronco basilar y de las arterias vertebrales.
g
Posición submandibular, permite el estudio de la arteria carótida interna.
ACA: arteria cerebral anterior; ACA/ACM: bifurcación de la arteria cerebral anterior y de la arteria cerebral media; ACI: arteria
carótida interna; ACM: arteria cerebral media; ACP: arteria cerebral posterior.
b
Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico 167
cm/s
VS
a2
VM
a1
VD
Figura 16-2 Morfología normal de una onda
registrada mediante sonografía Doppler transcraneal.
VS: velocidad sistólica; VD: velocidad diastólica;
VM: velocidad media (a1 = a2). Índice de pulsatilidad de
Gosling (IP) = (VS-VD) / VM (valor normal, 0,85-1).
Índice de resistencia de Pourcelot (IR) = (VS-VD) / VS
(valor normal <0,7). Índice hemisférico o de Lindegaard
(IH) = VM en ACM / VM en ACI ipsilateral (valor normal
<3).
neal, las resistencias vasculares cerebrales y las
variaciones de la hemodinámica sistémica del enfermo. Por ello, es necesario valorar los datos del
DTC sobre la hemodinámica cerebral conjuntamente con la presión arterial sistémica, la frecuencia cardíaca y el gasto cardíaco. Asimismo, es necesario que el enfermo presente en un intervalo de
normalidad parámetros como la hemoglobina, la
PaO2 y la PaCO2.
Los patrones de hiperemia y de vasoespasmo
vienen definidos por un aumento de la VM. Este
aumento puede deberse a un incremento global
del FSC (como ocurre en la hiperemia) o a una
disminución del diámetro del vaso (como ocurre
en el vasoespasmo). Cuando el aumento de la VM
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Tabla 16-4
Velocidad
de flujo
ACM
IP
IH
Sensibilidada
Especificidada
a
se debe a un aumento del FSC, la relación de la
VM entre una arteria intracraneal y una arteria
extracraneal presenta un incremento proporcional, ya que el fenómeno se produce por un aumento del gasto cardíaco. Sin embargo, si el incremento de velocidad es únicamente cerebral −como
ocurre en el vasoespasmo−, esta proporción se
pierde (índice hemisférico o de Lindegaard) (v.
cap. 76). Por el contrario, la hipertensión intracraneal muestra un patrón de hipoperfusión cerebral,
con una disminución de la VM y de la VD, lo que
confiere un incremento del índice de pulsatilidad.
Esta reducción en la VFSC ha de distinguirse de la
presencia de la estenosis de una arteria carótida
interna homolateral, en cuyo caso la VM está disminuida pero el IP en el territorio postestenótico
será también inferior a la normalidad (v. cap. 75).
Finalmente, el DTC permite confirmar en la cabecera del enfermo la muerte encefálica mediante la
detección de un patrón irreversible de paro circulatorio cerebral (v. cap. 80) al observar la ausencia
del flujo diastólico.
ELECTROENCEFALOGRAMA
EN EL ENFERMO CRÍTICO
El electroencefalograma (EEG) es el registro y evaluación de la actividad eléctrica cerebral espontánea captada a través de electrodos de contacto situados en el cuero cabelludo. Estos electrodos se
colocan en número variable según las normas de
un sistema internacional estandarizado conocido
como 10-20 (fig. 16-3). El EEG recoge la diferencia
de potencial entre los diferentes puntos utilizando
montajes bipolares (que miden la diferencia entre
Diferenciación de los principales patrones de Doppler transcraneal
Hiperemia
Vasoespasmo
Aumento global
Aumento focal
VM >80 cm/s
VM >120 cm/s o aumento
>50% del basal (moderado).
VM >200 cm/s (grave)
IP 0,8-1,2
3-6 (moderado), >6 (grave)
ACM: 39-94%
AB: 77-100%
ACM: 70-100%
AB: 42-79%
0,8-1,2
<3
Hipertensión
intracraneal
Disminución
focal/global
VM <45 cm/s
VD disminuida
>1,2
<3
Paro circulatorio
Ausencia diastólica
VD = 0, flujo diastólico
reverberante, espigas
sistólicas
NA
NA
ACM: 91-100%
AB: 91-100%
ACM: 97-100%
AB: 97-100%
Sensibilidad y especificidad del DTC en la detección de los patrones.
AB: arteria basilar; ACM: arteria cerebral media; IH: índice hemisférico; IP: índice de pulsatilidad; NA: no aplicable; VD: velocidad
diastólica; VM: velocidad media.
16
168 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
cada par de electrodos) o unipolares (que miden
la diferencia entre cada electrodo y un electrodo
−o combinación de electrodos− común o «neutral»). La forma de registro del EEG ha progresado considerablemente con el tiempo, desde un registro analógico trazado en papel e inmodificable,
hasta un registro digital, grabado en un ordenador
y modificable a posteriori. Esto permite múltiples
posibilidades para analizar, procesar y mostrar la
señal electroencefalográfica, incluyendo la posibilidad de sincronizar el EEG y la imagen del enfermo
en formato vídeo-EEG. El trazado EEG contiene
habitualmente ondas que suelen oscilar entre 5 a
300 μV de amplitud, de 0,3 a 35 ciclos por segundo
de frecuencia (también llamados hercios o Hz) y
una distribución topográfica variable (tabla 16-5).
Electroencefalograma normal
16
En el registro EEG normal (vigilia, ojos cerrados) se
muestran dos ritmos fundamentales: alfa (8-13 Hz),
dominante en las áreas posteriores del cerebro, y
beta (>13 Hz), de predominio en las anteriores.
Pueden encontrarse de manera fisiológica ondas
theta en proporción moderada en las regiones
frontocentrotemporales. Los ritmos alfa y theta
son sincrónicos y simétricos. El ritmo alfa se atenúa (se «bloquea») al abrir los ojos. El ritmo del
EEG está relacionado íntimamente con el nivel de
conciencia, de manera que a medida que la persona pasa de la vigilia plena al adormecimiento
y al sueño, el EEG se enlentece y aumenta de amplitud. Las ondas del EEG se modifican de forma
característica durante las diferentes fases del
sueño.
El registro normal del EEG puede verse interferido por la actividad muscular de los músculos
craneales o cervicales, por los movimientos oculares, por la actividad electrocardiográfica o por
movimientos del propio enfermo, por la ventilación mecánica o por los profesionales sanitarios.
Uno de los artefactos más frecuentes es el de «corriente alterna», un artefacto electromagnético generado por los aparatos eléctricos conectados al
enfermo (cama, colchón autoinflable, ventilador
mecánico, bombas, máquinas de diálisis, etc.). El
EEG es asimismo influenciable por los fármacos
sedantes o neurodepresores empleados en la UCI.
Estas señales ambientales o biológicas no han de
confundirse con el EEG normal. Para evidenciar
anomalías que no son visibles en el EEG en reposo, en el registro EEG de rutina en enfermos conscientes se emplean técnicas de estimulación:
N
N
Hiperventilación durante 3 min, que produce
vasoconstricción cerebral y, por tanto, ritmos
lentos en el EEG; también se emplea para desencadenar crisis epilépticas.
Estimulación luminosa intermitente, que consiste en destellos luminosos de determinadas
frecuencias utilizados para desencadenar descargas epileptogénicas o crisis epilépticas.
Nasión
Vértex
20%
Cz
Fz
C3
F3
Fp1
Nasión
Pg1
Pg2
Fp1
Fp2
20%
20%
20%
10%
20%
10%
P3
20%
F7
T3
10%
F4
F8
20%
20%
T3
T5
Fz
F3
F7
Pz
C3
C4
T4
Cz
O1
20%
Pg1
Punto
preauricular
A1
T5
P3
Pz
P4
T6
O2
O1
20%
Inión
10%
Figura 16-3 Sistema 10-20 de colocación de electrodos. A: lóbulo de la oreja; C: central; F: frontal; Fp: frontal
polar; P: parietal; Pg: nasofaríngeo; O: occipital.
Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico 169
Tabla 16-5
Ondas del EEG
Onda
Frecuencia
Localización
Fisiológicas
Beta
13-30 Hz
Alfa
8-13 Hz
Frontal
y parietal
Occipital
Theta
4-8 Hz
Frontal
Persona despierta,
ojos abiertos
Persona despierta,
ojos cerrados
Niños
Adultos durante el sueño
Trazado
Delta
0,5-4 Hz
Variable
Espigas
3 Hz
Variable
Adolescentes
Adultos durante el sueño,
ondas lentas en adolescentes
(ondas fusionadas)
PDA: actividad delta polimorfa,
lesión cerebral focal
FIRDA: actividad delta rítmica
intermitente, frontal.
Daño cerebral inespecífico
Epilepsia, encefalitis
0
N
Privación de sueño la noche anterior a la prueba, con registro de EEG en vigilia y en sueño.
En la UCI sólo puede utilizarse la estimulación
luminosa intermitente.
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Electroencefalograma patológico
El objetivo de realizar un EEG en un enfermo crítico es la confirmación de una sospecha diagnóstica o el seguimiento de una lesión documentada.
En los casos de epilepsia o estatus epiléptico, el
EEG es la prueba complementaria más empleada
para confirmar el diagnóstico y para documentar
las crisis epilépticas no convulsivas (especialmente en enfermos críticos bajo efectos de relajantes
musculares). La actividad EEG que se registra en
los enfermos con epilepsia se conoce como actividad epileptiforme (típicamente con una forma
aguda y conocida como punta o «espiga»), y su
morfología se distingue de otros fenómenos electroencefalográficos por su forma y su amplitud.
Puede ser simétrica y generalizada o asimétrica y
focal. La actividad punta suele ir seguida de una
frecuencia lenta (onda), produciendo una forma
compleja tipo punta/onda bi, tri o multifásica y
de diferente duración que el resto de trazado electroencefalográfico.
1
2
tiempo (s)
3
4
Las lesiones supratentoriales suelen producir
alteraciones focales, y se observa actividad lenta
unifocal en hemorragias, infartos, tumores y abscesos. Conforme la enfermedad avanza la actividad cerebral se va enlenteciendo de forma bilateral, y es más lenta en el lado de la lesión. Por el
contrario, en las lesiones infratentoriales se observa una falta de correlación clínico-EEG, con actividad cortical conservada, pero arreactiva a estímulos. En caso de muerte encefálica se observa
silencio eléctrico cerebral (v. cap. 80). Es habitual
realizar el EEG para el estudio de encefalopatías.
Diferentes patrones de enlentecimiento del EEG
pueden asociarse a diferentes tipos de encefalopatías. No todos los trastornos metabólicos tienen el
mismo grado de afectación del EEG: la hipoglucemia, la uremia, la deshidratación y la acidosis son
mejor toleradas por el encéfalo, mientras que en la
hiperglucemia, la hiperhidratación, la alcalosis, la
encefalopatía hepática y la hipoxia aparecen signos precoces de sufrimiento cerebral. En las encefalopatías infecciosas se observa una lentificación
de la actividad cerebral con la presencia de actividad epileptiforme. En la encefalitis herpética existe un patrón EEG de descargas epileptiformes lateralizadas periódicas, así como lentificación focal
y/o actividad epileptógena en el área temporal.
Finalmente, bajo el efecto de fármacos y sustan-
16
170 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
cias neurodepresoras (sedantes, neurolépticos, alcohol y drogas) se observa un enlentecimiento generalizado del trazado EEG con incremento de la
actividad beta.
En los enfermos con un EEG patológico es frecuente que el EEG se monitorice de forma continua. Las situaciones y motivos más habituales son:
N
N
N
N
16
Detección de crisis epilépticas subclínicas en
enfermos con nivel de conciencia fluctuante,
alteración inexplicable del nivel de conciencia,
tras estatus epilépticos convulsivos o en lesiones agudas intracraneales con alteración de la
conciencia.
Obtener valores pronósticos que determinen la
recuperación del enfermo con encefalopatía
posthipóxica; la reactividad positiva a estímulos con aparición de ritmos normales es de buen
pronóstico, mientras que la aparición de un
patrón de sueño polimorfo, patrón paroxismosupresión, descargas periódicas, disociación
clínico-EEG y silencio eléctrico cerebral son signos de mal pronóstico.
Establecer el diagnóstico diferencial de las manifestaciones motoras de los enfermos críticos
que podrían ser confundidas con convulsiones
epilépticas (vídeo-EEG).
Coma inducido por fármacos (guía de tratamiento con barbitúricos en la hipertensión intracraneal refractaria o en el estatus epiléptico).
Monitorización continua del nivel
de sedación
El índice biespectral (BIS®, Aspect Medical Systems) es un sistema de monitorización incruento
que se sirve de un sensor colocado en la frente del
enfermo (hay sistemas bihemisféricos) que recoge
la actividad eléctrica de forma continua, similar al
EEG, con el fin de aportar información acerca del
nivel de conciencia en enfermos sedados. La señal,
una vez analizada y procesada, aporta un índice
del 0 (ausencia de actividad eléctrica cerebral) a
100 (completamente despierto); el valor 60 es señal
de adecuada sedación durante la anestesia general. Además, aporta información del análisis espectral de la actividad cerebral, así como de la actividad muscular para determinar la calidad de la
señal cerebral recogida. En la práctica asistencial,
el monitor BIS® es un instrumento útil para valorar
el efecto hipnótico de la anestesia en los enfermos
quirúrgicos, para guiar el tratamiento en el enfermo crítico bajo sedación profunda, para asegurar
un adecuado grado de sedación en los enfermos
que reciben bloqueadores neuromusculares, para
la evaluación de la relación de brote-supresión en
enfermos en coma barbitúrico y como complemento a la exploración neurológica en enfermos con
sospecha de muerte encefálica (v. cap. 3).
POTENCIALES EVOCADOS
EN EL ENFERMO CRÍTICO
Los potenciales evocados (PE) son la respuesta
eléctrica del sistema nervioso ante un estímulo externo; se diferencia del EEG en que éste registra la
actividad cerebral espontánea. Los electrodos de
registro son similares a los del EEG, colocados en
puntos relacionados (aunque no idénticos). El reducido tamaño de estos potenciales y la distancia
a la que se registran requiere el promedio de las
respuestas registradas para discriminar el potencial producido en respuesta al estímulo externo
que se aplica del resto de actividad espontánea.
Esta información es obtenida, amplificada y procesada por un ordenador, y es representada como
ondas con una determinada forma, amplitud (μV),
localización, polaridad, tiempo de latencia (ms) e
intervalos entre los picos de latencia. Los componentes de la respuesta se designan según la presencia o no de potencial, la polaridad (positiva [P]
o negativa [N]) y el tiempo máximo de latencia
medido en milisegundos (N20, N145, P100). Cada
PE explora una región topográfica del sistema nervioso central (SNC). Para la interpretación de los
resultados hay que tener en cuenta determinadas
condiciones del enfermo (temperatura, edema
subcutáneo, escaras), la medicación administrada
y la presencia de dispositivos electrónicos de la
UCI que puedan interferir en los potenciales nerviosos (hay que identificar y eliminar todos los
artefactos que alteren los resultados).
Los PE auditivos, visuales y somestésicos son
los más utilizados en la práctica clínica, y los PE
somestésicos del nervio mediano y PE auditivos
del tronco cerebral son los de mayor aplicación en
la UCI. Para la valoración correcta de los PE hay
que descartar primero la patología sensorial periférica, puesto que si la vía nerviosa está alterada
en su entrada (neuropatía periférica, ceguera, hipoacusia), el estímulo no puede viajar bien hacia
el SNC y las respuestas se alteran. Por dicho motivo en las diferentes técnicas de PE se introducen
montajes de respuesta periférica que verifiquen la
integridad de dichas vías.
Potenciales evocados visuales
En enfermos que pueden colaborar, el estímulo externo más utilizado es una pantalla en forma de tablero de ajedrez en la que cada 30 s se alterna la
posición de los cuadros blancos y negros, estimu-
Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico 171
lando individualmente cada ojo. En los enfermos
no colaboradores se utiliza un flash de luz blanca.
Las respuestas son medidas en el área mediooccipital del cuero cabelludo y determinan la conducción de las vías visuales desde la retina, el nervio
óptico, el quiasma y las radiaciones ópticas hasta la
corteza occipital. El enfermo se coloca a una distancia de 70 cm y los defectos visuales han de corregirse. Normalmente la principal onda medida es
una onda larga positiva de unos 100 ms de latencia
(P100). Los PE visuales se utilizan para el diagnóstico y el control de la neuritis óptica, para el control
intraoperatorio de procedimientos quirúrgicos sobre vías ópticas, y para la evaluación y la monitorización de la vía visual tras traumatismos craneoencefálicos (TCE) con afectación de la fosa anterior.
Potenciales evocados auditivos
Los PE auditivos (PEA) son respuestas eléctricas
engendradas en la vía auditiva por un estímulo externo en forma de sonidos breves (clics). Los componentes tempranos (PEA de latencia corta) son
5 ondas obtenidas en los primeros 10 ms, denominadas por números romanos (I, II, III, IV, V) y conocidas como PEA del tronco-encéfalo, ya que se
deben a la estimulación de las vías auditivas del
tronco-encéfalo. Los componentes más estables y
reproducibles, sin embargo, son las ondas I, III y V,
que son las que se utilizan en la práctica clínica
diaria. En la UCI se utilizan para la valoración del
tronco encefálico en enfermos con TCE grave o accidentes cerebrovasculares, tras procedimientos neuroquirúrgicos de fosa posterior, en la esclerosis
múltiple, y para el diagnóstico de muerte encefálica
(v. cap. 80). Los PEA de tronco cerebral presentan la
ventaja de que no necesitan la colaboración del enfermo, pudiéndose obtener cuando éste está bajo
los efectos de fármacos neurodepresores.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Potenciales evocados somestésicos
Los PE somestésicos (PES) consisten en una serie
de ondas generadas en respuesta a la estimulación
del nervio periférico (habitualmente nervio mediano o nervio tibial posterior) y debidas a la activación secuencial de las estructuras neurales a lo
largo de las vías somestésicas. El sistema somestésico está formado por la columna dorsal, el lemnisco medio y el sistema espinotalámico. Todos
ellos recogen información sensorial (mecanoceptiva, térmica, nociceptiva, propioceptiva y visceral)
desde la piel, el sistema musculoesquelético y las
vísceras. Además está involucrado en numerosos
reflejos motores y autónomos y en las vías reflejas
de la médula espinal. Los PES son normalmente
producidos por estimulación bipolar transcutánea
aplicada sobre la piel del nervio elegido. Se administran de forma continua estímulos en forma de
pulsos eléctricos monofásicos con una intensidad
de 2-5 Hz y una duración de 0,2-0,5 ms.
Los PES de la extremidad superior se producen
tras estímulo del nervio mediano a nivel de la muñeca y se registran en el punto de Erb (plexo braquial), a nivel cervical y en la región del cuero
cabelludo situado sobre la corteza parietal contralateral al lado estimulado. Los PES de la extremidad inferior se producen tras estimular el nervio
tibial posterior a nivel del tobillo o del nervio peroneal en la cabeza del peroné y se registran en la
fosa poplítea, en la zona lumbar, a nivel cervical y
en el cuero cabelludo situado sobre el área parasagital. Los PES se utilizan para valorar la vía somestésica y son de utilidad diagnóstica y valor pronóstico en las lesiones medulares (indica buen
pronóstico el encuentro de respuestas conservadas o recuperación rápida tras la lesión) y en la
identificación cortical o subcortical, como la localización de una causa estructural de coma.
Los PES son una herramienta muy útil para establecer el pronóstico en enfermos neurocríticos.
En el coma postanóxico, la ausencia bilateral de
respuesta talamocortical (N20) tiene un valor predictivo superior al 95% de ausencia de recuperación o mal pronóstico funcional. Sin embargo, su
presencia no es tan específica a la hora de predecir
buen pronóstico de recuperación neurológica (valor predictivo positivo del 50%). En el coma por
TCE pueden ayudar a pronosticar la recuperación
de conciencia desde las primeras horas del traumatismo, ya que el 80-90% de los enfermos con
respuestas normales se despiertan. Sin embargo,
son menos útiles a la hora de predecir mal pronóstico, porque hasta el 15% de los enfermos con
ausencia bilateral de N20 recuperan la conciencia.
Ello no es de extrañar, porque la destrucción traumática focal y bilateral de la vía sensitiva, con preservación del resto del cerebro, puede abolir las
respuestas talamocorticales, a pesar de que el resto del cerebro esté preservado.
ELECTRONEUROMIOGRAFÍA EN CUIDADOS
INTENSIVOS
La electroneuromiografía (ENMG) consiste en el
estudio de la actividad eléctrica de las fibras musculares individuales y colectivas (electromiografía), y de los nervios que transmiten la orden motora al aparato muscular (electroneurografía). La
actividad eléctrica espontánea y durante la contracción muscular voluntaria se registra mediante
unos electrodos de superficie o agujas.
16
172 PARTE 1. PROCEDIMIENTOS Y MONITORIZACIÓN EN EL ENFERMO CRÍTICO Y EMERGENCIAS
Electromiografía en el enfermo crítico
16
La unidad motora está formada por la motoneurona (una célula del asta anterior de la médula, su
axón y las ramas terminales), la unión neuromuscular y las fibras musculares que inerva. Cuando
la célula del asta anterior de la médula es estimulada, las fibras musculares de esa unidad motora
son despolarizadas y generan un potencial de unidad motora que se registra como una onda trifásica con una determinada duración y amplitud. El
estudio electroneuromiográfico consiste en determinar la actividad eléctrica espontánea (ausente en
situaciones normales, presente en caso de denervación) y la contracción voluntaria. Es frecuente que
en el enfermo crítico sea dificultoso realizar un
electromiograma, debido a que no siempre puede
conseguirse una contracción voluntaria, ya sea
porque el enfermo está sedado o por su incapacidad para colaborar. Por eso, en la UCI el estudio
electromiográfico suele centrarse en la demostración de actividad espontánea por denervación. Es
frecuente que los enfermos con ventilación mecánica invasiva prolongada presenten miopatía del enfermo crítico y/o polineuropatía, y la ENMG puede ser útil para diferenciar ambas situaciones. En el
enfermo crítico la miopatía suele tener mejor pronóstico de recuperación que la polineuropatía. Los
motivos más habituales por los que se realiza una
ENMG en la UCI son: confirmación diagnóstica de
enfermos con sospecha de síndrome de GuillainBarré, polirradiculitis, botulismo, crisis tirotóxicas
o de miastenia; enfermos con dificultad de destete
del ventilador mecánico; control evolutivo de enfermos con neuropatías previas; diagnóstico diferencial entre polineuropatía del enfermo crítico y
alteraciones neuromusculares, y evaluación de enfermos con lesiones medulares (v. cap. 74).
Monitorización del bloqueo neuromuscular
El objetivo de la monitorización neuromuscular es
la evaluación del grado de miorrelajación, con el
fin de utilizar la dosis mínima efectiva de bloqueadores neuromusculares. Los principios básicos de
la monitorización neuromuscular no han cambiado desde su introducción en la década de los setenta. La estimulación de un nervio motor periférico con un impulso eléctrico resulta en una respuesta muscular. Con la suficiente intensidad, la
estimulación desencadena la contracción de todas
las fibras y la contracción muscular es máxima.
Para asegurar la contracción de todas las fibras, se
recomienda un impulso de una magnitud de un
15-20% superior al necesario para ocasionar una
contracción máxima. El método habitualmente
más utilizado es la aceleromiografía, en el que se
colocan unos electrodos para estimular un nervio y
un piezoeléctrico situado en el músculo inervado
por dicho nervio, de tal manera que mide la aceleración isotónica del músculo estimulado. La configuración más habitual es la estimulación del nervio
cubital, con la evaluación del movimiento del pulgar producido por la contracción del músculo
adductor pollicis. El estímulo eléctrico consiste en un
impulso monofásico rectangular de 0,02 ms de duración y de una intensidad igual o superior a 60 mA.
Los patrones de estimulación habituales de uso clínico son la estimulación de «tren de cuatro» (TOF;
train of four), la cuenta postetánica (PTC; post-tetanic
count) y la doble ráfaga (DBS; double burst stimulation):
N
N
N
El TOF consiste en la aplicación de 4 estímulos
eléctricos con un intervalo entre ellos de 0,5 s
(2 Hz). En ausencia de bloqueo neuromuscular
se obtienen 4 contracciones de igual amplitud.
Debe mantenerse un período superior a 10 s entre sucesivas evaluaciones del TOF. El valor de
TOF se refiere al número de respuestas identificables tras la estimulación eléctrica (0 a 4). Durante el bloqueo neuromuscular con miorrelajantes no despolarizantes se observa la
desaparición progresiva de la amplitud de las
respuestas, lo que condiciona la reducción del
número de respuestas. La pérdida de la última
respuesta indica un bloqueo neuromuscular
del 75-80% de las fibras. Adicionalmente se obtiene el TOF-ratio o cociente expresado en porcentaje de la amplitud de la cuarta respuesta
del TOF / primera respuesta. Un TOF-ratio de
0,7 representa una adecuada contracción diafragmática. Sin embargo, para que la función
de los músculos faríngeos sea efectiva es necesario un TOF-ratio >0,9.
El PTC se utiliza para determinar el grado de
profundidad de bloqueo neuromuscular en la
situación de TOF 0. Se aplica una estimulación tetánica a 50 Hz durante 5 s, y tras una
pausa de 3 s se aplica un estímulo a 1 Hz durante 15 s. El número de respuestas registradas corresponde al PTC. En la miorrelajación
profunda no se detectan respuestas. Sin embargo, cuando se identifican 5-7 respuestas, el
retorno a la detección de TOF es inminente.
En la DBS se aplican dos estimulaciones tetánicas de 50 Hz separadas 750 ms, con evaluación
táctil por el examinador. La reducción de la segunda ráfaga respecto a la primera indica una
recuperación incompleta del bloqueo neuromuscular, comparable a un TOF-ratio <0,6. La
DBS ayuda a valorar la existencia de efecto residual de los miorrelajantes administrados.
Doppler transcraneal y estudios neurofisiológicos en el enfermo crítico 173
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Chamorro C, Martínez-Nelgar JL, Barrientos L. Grupo
de trabajo de analgesia y sedación de la SEMICYUC.
Monitorización de la sedación. Med Intensiva.
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© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
16
177
Capítulo 17
Soporte vital avanzado
en el adulto
Xavier Jiménez-Fàbrega, Joaquín Ríos, Pilar Palma,
Xavier Escalada, Francesc Carmona y Jaume Fontanals
PUNTOS CLAVE
N
N
En el adulto, la cardiopatía isquémica es la
causa más frecuente de paro cardiorrespiratorio
(PCR).
La cadena de la supervivencia define los
4 eslabones fundamentales en la asistencia
del enfermo en situación de PCR:
reconocimiento precoz de los síntomas
de gravedad y activación de los sistemas
de emergencias médicos, inicio precoz de
maniobras de reanimación, desfibrilación
precoz y cuidados posreanimación por equipos
especializados.
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CASO
CLÍNICO
Varón de 47 años de edad, fumador habitual de
2 paquetes de cigarrillos al día, sin otros factores
de riesgo cardiovascular conocidos. Refiere dolor
centrotorácico de 15-20 min de duración, que aumenta progresivamente, opresivo, irradiado a
epigastrio, muy intenso (8-9/10), acompañado de
náuseas, vómito bilioso y sudoración profusa. La
impresión inicial al equipo de emergencias que lo
atiende le sugiere gravedad clínica, por lo que inicia de forma inmediata su evaluación y la toma
de constantes vitales y monitorización del enfermo, oxigenoterapia y canalización de 2 vías venosas periféricas. Se realiza un electrocardiograma
(ECG) de 12 derivaciones en el que se observan
N
El soporte vital avanzado incluye las maniobras
de reanimación y las medidas de prevención en
la aparición del PCR.
N
En la situación de PCR hay que distinguir los
ritmos desfibrilables de los no desfibrilables.
N
Las maniobras precoces de reanimación y la
desfibrilación precoz son las dos únicas medidas
que se han podido relacionar con una mayor
supervivencia de los enfermos. Las compresiones
torácicas han de ser de gran calidad y
mínimamente interrumpidas durante el soporte
vital avanzado. La vía de administración de
fármacos preferible es la venosa o la intraósea.
ondas T picudas en las derivaciones correspondientes a la cara anterolateral baja. Se orienta
como un síndrome coronario agudo (SCA), se administra ácido acetilsalicílico (AAS) por vía oral y
cloruro mórfico por vía intravenosa. Se preactiva
al servicio de urgencias como enfermo con SCA y
alta prioridad, siendo el tiempo previsto de llegada de 12 min. Durante el traslado, el enfermo sufre una pérdida del nivel de conciencia no recuperada, mostrando el monitor un trazado regular a
180 latidos/min y un complejo QRS ancho. Se inician maniobras de soporte vital básico, y posteriormente avanzado.
El soporte vital avanzado (SVA) no se puede entender sin la realización inicial y previa –ya sea
por los primeros asistentes al paro cardiorrespira-
178 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
torio (PCR) o por los equipos médicos especializados (emergencias, urgencias, áreas de críticos)– de
maniobras de soporte vital básico (SVB). Asimismo, la presencia de desfibriladores automáticos o
semiautomáticos, tanto dentro de instituciones sanitarias como al alcance de cualquier ciudadano
en conglomeraciones civiles (aeropuertos, estadios, centros comerciales, transporte público, etc.),
ha permitido la sistematización de la asistencia
inicial del PCR.
N
N
RECONOCIMIENTO DE LA SITUACIÓN
DE PCR Y ACTUACIÓN INICIAL
La muerte súbita de origen cardíaco es causa frencuente de muerte en Europa, que en la mayoría de
los casos tiene lugar fuera de instituciones sanitarias
(vía pública, lugar de trabajo, domicilio). Muchos de
los enfermos pueden sobrevivir si se presencia el
evento y se inician de forma correcta los eslabones de
la cadena de supervivencia (fig. 17-1). La secuencia
de acciones iniciales es la siguiente, respetando el orden A (vía aérea), B (respiración), C (circulación):
N
N
N
17
Antes de acercarse a la víctima es imprescindible asegurar la protección de ésta y de las personas que la auxilian.
Estimular al enfermo, verbal y físicamente, con
un suave toque en los hombros.
Si la víctima no responde, hay que pedir ayuda,
si no se dispone ya de ella.
¿Inconsciente?
Gritar pidiendo ayuda
Abrir vía aérea
¿No respira normalmente?
Telefonear 112
30 compresiones torácicas
2 ventilaciones
30 compresiones torácicas
30:2
Figura 17-1
adulto.
Algoritmo de soporte vital básico en el
N
Hay que mantener abierta la vía aérea mediante la maniobra frente-mentón (si no se sospecha
lesión cervical) o mediante instrumental sanitario. Con la vía aérea abierta, se comprueba si el
enfermo respira.
Si no respira con normalidad (apnea o respiración no efectiva), se inician las compresiones
torácicas colocando las manos en el centro del
tórax y realizando 30 compresiones de calidad
y con mínimas interrupciones (ritmo de 100120 compresiones/min), manteniendo la vía
aérea abierta. Tras las 30 compresiones, se realizan 2 ventilaciones efectivas mediante el boca a
boca con protección o instrumental específico.
En caso de intubación endotraqueal, se tendría
que utilizar la capnografía para confirmar la colocación de tubo endotraqueal, la calidad de la
RCP y para proporcionar una indicación precoz
del retorno de la circulación espontánea.
Además, hay que tener en cuenta las siguientes
situaciones particulares:
N No se considera la palpación del pulso en el
caso de personal no entrenado para valorar la
circulación.
N Si se dispone de un desfibrilador externo automático (DEA), se procede a su colocación sin
detener la realización de maniobras de reanimación; una vez colocado, se siguen las instrucciones del mismo (fig. 17-2).
N Si el PCR no ha sido presenciado es recomendable realizar 2 min de compresiones torácicas
antes de la posible desfibrilación, aunque no se
considera imprescindible.
N Si el PCR se presencia, se prioriza la desfibrilación precoz sin desatender las maniobras de
reanimación.
N En el caso de que el reanimador no pueda o
quiera realizar las ventilaciones boca a boca sin
protección, se centrará en las compresiones torácicas de calidad.
VALORACIÓN DEL RITMO CARDÍACO
Idealmente, el enfermo debe recibir lo antes posible una atención especializada por equipos sanitarios entrenados; la actuación continúa con la valoración del ritmo del enfermo a través de la pantalla del monitor-desfibrilador (fig. 17-3). En la
tabla 17-1 se detallan los fármacos habitualmente utilizados en las maniobras de SVA, y en la tabla 17-2 se detallan las actuaciones en situaciones
especiales.
Durante la realización de SVA, a pesar de no disponer de resultados concluyentes, los equipos mecánicos de compresión torácica (p. ej., LUCAS®,
Autopulse®) son de utilización cada vez más fre-
Soporte vital avanzado en el adulto 179
El enfermo no responde
Pida ayuda
Abra la vía aérea
No respira con normalidad
Active los SEM
RCP 30:2
Hasta la colocación del DEA
DEA
Análisis del
ritmo
Descarga indicada
Descarga no indicada
Descarga
Reiniciar inmediatamente
RCP 30:2
durante 2 min
Reiniciar inmediatamente
RCP 30:2
durante 2 min
Continúe hasta que la víctima
despierte, abra los ojos, respire
con normalidad o acuda la ayuda
Figura 17-2 Algoritmo de soporte vital básico más desfibrilador externo automático (DEA). RCP: resucitación
cardiopulmonar; SEM: sistema de emergencias médicas (112).
cuente. Además estos sistemas permiten la desfibrilación sin interrumpir las compresiones torácicas.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Ritmos desfibrilables
Está indicada la desfibrilación en la taquicardia
ventricular sin pulso (TVSP) y en la fibrilación
ventricular (FV). Si el PCR se ha presenciado, se
monitoriza al enfermo de forma simultánea a las
maniobras iniciales de reanimación, y en caso de
identificar un ritmo desfibrilable se procede a la
desfibrilación inmediata (v. fig. 17-3). Si no se ha
presenciado la PCR, se pueden realizar, aunque
no es imprescindible, 2 min de maniobras de reanimación antes de proceder a la desfibrilación.
La primera desfibrilación se realiza con una energía de 150-200 J (en la práctica se inicia a menudo
con 200 J), y si el desfibrilador es monofásico, la
energía inicial es de 360 J. Las siguientes desfibrilaciones serán de 150-360 J y 360 J en caso de ser
bifásica y monofásica, respectivamente. Se puede
considerar la utilización de tres descargas conse-
cutivas si la FV/TV se produce durante la cateterización cardíaca o en período postoperatorio
inicial.
Una vez realizada la desfibrilación, se inician
inmediatamente maniobras de reanimación durante 2 min previamente al análisis del ritmo resultante. Los fármacos indicados son la adrenalina
(1 mg cada 3-5 min; la primera dosis se administra
después de la tercera desfibrilación) y la amiodarona (300 mg por vía intravenosa [i.v.], estando
indicado otro bolo de 150 mg i.v. en casos refractarios), administrándose la primera dosis antes de la
cuarta desfibrilación (v. tabla 17-1).
Ritmos no desfibrilables
La secuencia de actuación es exactamente la misma, con la excepción de que en estos casos la desfibrilación obviamente no está indicada. Los fármacos que se utilizan son la adrenalina (1 mg cada
3-5 min), que se administra una vez conseguido
un acceso venoso o intraóseo (v. fig. 17-3).
17
180 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Compruebe la respuesta
del enfermo: no responde,
no respira o sólo gasping
Active la ayuda necesaria
RCP 30:2
Conecte el monitor desfibrilador. Minimice las interrupciones
Análisis
del ritmo
Descarga indicada
(FV/TVSP)
Primera:
150-200 J bifásica
o 360 J monofásica
Siguientes:
150-360 J bifásica
o 360 J monofásica
Recuperación de la
circulación espontánea.
Comprobar pulso efectivo
Iniciar cuidados
posresucitación
Reiniciar inmediatamente
RCP 30:2
durante 2 min
Minimice las interrupciones
Reiniciar inmediatamente
RCP 30:2
durante 2 min
Minimice las interrupciones
17
Descarga no indicada
(AESP/Asistolia)
Durante la reanimación cardiopulmonar:
Corregir causas potencialmente reversiblesa
Evaluar posición y contacto de los electrodos
Conseguir/verificar: acceso i.v., vía aérea y oxígeno
No interrumpir compresiones cuando la vía aérea esté asegurada
Administrar adrenalina cada 3-5 min (en ritmo desfibrilable iniciar después de la tercera descarga)
Administrar amiodarona en ritmo desfibrilable antes de la cuarta descarga
a
Causas potencialmente reversibles
Hipoxia
Neumotórax a tensión
Hipovolemia
Taponamiento cardíaco
Hipopotasemia/
Tóxicos
Hiperpotasemia
Trombosis (coronaria/pulmonar)
Hipotermia
Figura 17-3 Algoritmo de soporte vital avanzado en el adulto. AESP: actividad eléctrica sin pulso;
DEA: desfibrilador externo automático; DF: desfibrilador; FV: fibrilación ventricular; RCP: resucitación
cardiopulmonar; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso.
SÍNDROME POSRESUCITACIÓN
La situación óptima del enfermo tras el PCR es
que respire espontáneamente y recupere el nivel
de conciencia. No obstante, el PCR prolongado
produce daño celular, inicialmente debido a hipoxia-isquemia y, posteriormente, por reperfusión, lo que condiciona un amplio espectro de al-
teraciones cardiopulmonares y disfunción cerebral; ello puede dar lugar a fallo multiorgánico,
situación que se conoce como síndrome posresucitación. Así, en las primeras 6-9 h se observa un
grado variable de disfunción cardiovascular, que
tiende a normalizarse a las 12-24 h. Sin embargo, a
pesar de la mejoría hemodinámica, la permeabilidad intestinal aumenta, lo que provoca la apari-
Soporte vital avanzado en el adulto 181
Tabla 17-1
Principales fármacos en el soporte vital avanzado
Fármaco
Dosis
Observaciones
Adrenalina
1 mg/3-5 min i.v. o i.o. en bolo
3 mg/3-5 min e.t. disuelta en 10 ml
de suero fisiológico
Amiodarona
Primera dosis: 300 mg i.v. o i.o.
en bolo
Segunda dosis: 150 mg i.v. o i.o.
en bolo
En enfermos recuperados se continúa
con una perfusión i.v. de 0,5-1 mg/min
1-1,5 mg/kg i.v. o i.o. en bolo
En enfermos recuperados se continúa
con una perfusión i.v. de 1-4 mg/min
1,5 mg/kg i.v. diluido en 100 ml de suero
glucosado al 5% a pasar en 2 min
Primera dosis después de la tercera desfibrilación
En ritmos no desfibrilables: primera dosis en cuanto
se obtenga una vía venosa o intraósea (la vía
intratraqueal sólo debe utilizarse cuando no sean
posibles las anteriores)
Antiarrítmico de elección en ritmos desfibrilables
refractarios. Primera dosis antes de la cuarta
desfibrilación, y después de la adrenalina. Puede
administrarse una segunda dosis y perfusión en caso
de FV/TV recurrente o refractaria
Lidocaína
Sulfato de
magnesio
Bicarbonato
sódico
50 mEq i.v.
Calcio
2-4 mg/kg i.v. de calcio elemento
= 5-10 ml de cloruro cálcico 10% =
5-9 ml gluconato cálcico 10%
= 15-30 ml glubionato cálcico
13,75% (para aprox. 70 kg)
Ver tabla 36-8
Tenecteplasa
Alternativa a la amiodarona, nunca asociada a ésta
Se puede administrar ante la confirmación o sospecha
de hipomagnesemia (enfermo tratado con diuréticos
de asa), en la torsade de pointes y en el contexto de
PCR con intoxicación digitálica
Acidosis pH<7,1 hiperpotasemia confirmada o elevada
sospecha (enfermos en programa de diálisis), en
la intoxicación por antidepresivos tricíclicos
No administrar de forma rutinaria
Administrar en una vía distinta al resto de los
fármacos
Indicado en la intoxicación por antagonistas del calcio,
hiperpotasemia o hipocalcemia
Se puede repetir a los 10 min
En caso de PCR por tromboembolismo pulmonar, prolongar
las maniobras hasta 90 min postadministración
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
e.t.: endotraqueal; FV: fibrilación ventricular; i.o.: intraósea; i.v.: intravenoso; PCR: paro cardiorrespiratorio; TV: taquicardia
ventricular.
ción de sepsis grave y fallo multiorgánico entre los
días primero y tercero (v. cap. 31).
Como consecuencia de lo expuesto anteriormente, todos los enfermos que presentan PCR
prolongado requieren que se valore su estado
neurológico, cardiovascular y respiratorio. Los
objetivos de los cuidados posresucitación son proporcionar con prontitud un adecuado soporte circulatorio que garantice la perfusión tisular, identificar las causas que precipitaron la parada (p. ej.,
infarto agudo de miocardio, trastornos del ritmo
cardíaco) e iniciar medidas para prevenir su recurrencia, e identificar posibles complicaciones derivadas de las maniobras de SVA (p. ej., fracturas
costales, neumotórax, malposición del tubo endotraqueal). La protección del sistema nervioso cen-
tral se basa en prevenir el daño secundario (evitar
la hipoxia, hipotensión, hipo e hiperglucemia, e
hipertermia) (v. cap. 62), tratar el edema cerebral y
controlar la actividad epiléptica si existe (v. cap.
75). Se ha demostrado que el pronóstico funcional
neurológico mejora en caso de instauración de hipotermia moderada terapéutica en las primeras
horas tras una PCR por fibrilación ventricular
presenciada (v. cap. 19). Los estudios neurofisiológicos, particularmente el registro de los potenciales evocados, son de gran ayuda para predecir
una baja probabilidad de recuperación de estos
enfermos (v. cap. 15). Por otro lado, hay que resaltar que alrededor del 70% de los enfermos que
sobreviven a un PCR extrahospitalario presentan
complicaciones infecciosas (particularmente neu-
17
182 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 17-2
Situaciones especiales en el contexto del soporte vital avanzado
Situación clínica
Observaciones
Hipotermia
La hipotermia existe cuando la
temperatura corporal es <35 °C
Clasificación:
N Leve (35-32 °C)
N Moderada (32-30 °C)
N Grave (<30 °C)
N Recalentamiento
Casi-ahogado
El casi-ahogamiento en sí mismo se
define como un proceso que
ocasiona una insuficiencia
respiratoria primaria como
resultado de una sumersión/
inmersión en un medio líquido
(v. cap. 28)
Desfibrilación en el enfermo casi-ahogado:
N Si se dispone de desfibrilador, colóquelo (secar el pecho de la víctima
antes de aplicar los electrodos o palas)
N Aplicar choques eléctricos de acuerdo con los algoritmos
N Si la víctima está hipotérmica (≤30 °C), limitar la desfibrilación a un total
de 3 intentos hasta que la temperatura suba por encima de los 30 °C
Considerar la IET de forma precoz (usar una inducción a secuencia rápida
con presión cricoidea para reducir el alto riesgo de aspiración)
Iniciar la ventilación con una alta concentración de O2
Electrocución (v. cap. 28)
Antes de acceder al enfermo se debe asegurar el escenario para evitar
heridos en el equipo asistencial
Se debe desconectar la fuente eléctrica y llevar al enfermo a lugar seguro
Puede persistir una parálisis reversible de musculatura respiratoria durante
más de 30 min
17
Intoxicaciones
− Pasivo externo: mantas, habitación cálida (víctima consciente con
hipotermia leve)
− Activo externo: sistemas que calientan: radiación, calefactor, baño
caliente; sistemas calientes: bolsas calientes (víctima consciente con
hipotermia moderada)
− Activo interno: O2 caliente humidificado (42-46 °C), líquidos i.v.
calientes (víctima con ritmo de perfusión e hipotermia grave)
− Otras técnicas de recalentamiento: lavado gástrico, peritoneal,
pleural o de vejiga con fluidos calientes (a 40 °C)
− En el caso de un enfermo con PCR e hipotermia grave, el método
preferido de recalentamiento interno activo es el bypass cardiopulmonar
porque proporciona circulación, oxigenación y ventilación al mismo
tiempo que la temperatura va aumentando gradualmente
N La IET puede provocar una FV en enfermos con hipotermia grave
N Si es posible, usar O2 humidificado y caliente (40-46 °C)
N Si la RCP se ha iniciado, confirmar la hipotermia con termómetro de
lectura baja. Realizar mediciones de la temperatura esofágica, vejiga,
rectal o timpánica (siempre igual)
N Un corazón hipotérmico puede no responder a los fármacos.
Si la temperatura <30 °C: no administrar medicación (refractario);
si >30 °C: administrar medicación pero con intervalos duplicados
(metabolismo disminuido)
N Una FV/TVSP en hipotermia grave: se puede desfibrilar hasta 3 veces; si
persiste, no realizar más intentos hasta una temperatura >30 °C
N Los trastornos del ritmo, excepto la FV, tienden a revertir
espontáneamente a medida que la temperatura aumenta. En casos de
hipotermia grave la bradicardia puede ser fisiológica, y el MCP no está
indicado a menos que la bradicardia persista tras el recalentamiento
Muy pocos tratamientos específicos son útiles de forma inmediata:
N Es necesario enfatizar el tratamiento de soporte: corrección de la
hipoxemia, desequilibrios hidroelectrolíticos y del equilibrio ácido-base
N Las medidas específicas incluyen básicamente el uso de antídotos:
N-acetilcisteína (paracetamol), atropina (organofosforados), tiosulfato
sódico (cianuros), flumazenilo (benzodiazepinas), naloxona (opiáceos)
En los enfermos recuperados puede plantearse:
N Limitar la absorción del tóxico: carbón activado, lavado gástrico
N Favorecer su eliminación: alcalinización de orina (pH 7,5), hemodiálisis
o hemoperfusión (v. cap. 73)
(Cont.)
Soporte vital avanzado en el adulto 183
Tabla 17-2
Situaciones especiales en el contexto del soporte vital avanzado (cont.)
Situación clínica
Observaciones
Embarazo
A partir de la semana 20, el útero puede comprimir la vena cava inferior
y la arteria aorta, lo que dificulta el retorno venoso y disminuye el
gasto cardíaco, a la vez que limita la efectividad de las compresiones
torácicas, por lo que ha de inclinarse a la enferma unos 15° sobre el
costado izquierdo
La desfibrilación no ha demostrado ser perjudicial para el feto, por lo que
se utilizan las mismas energías estándar que se usan para el adulto
La mujer embarazada presenta mayor riesgo de aspiración de contenido
gástrico. La IET precoz con presión cricoidal reduce el riesgo de
aspiración
Pueden ser necesarias medidas de tubos inferiores al habitual para la
edad y el tamaño de la enferma, debido al edema fisiológico de las vías
respiratorias en el embarazo
Ante una edad gestacional con feto viable, puede plantearse una cesárea
de emergencia
PCR asociado a traumatismos
graves
El PCR secundario a un traumatismo presenta una alta mortalidad, con
una supervivencia del 2,2% (0-3,7%). En enfermos que sobreviven,
sólo el 0,8% tiene una buena función neurológica
El diagnóstico de PCR es clínico y los ritmos más frecuentes son la
asistolia y la AESP
AESP: actividad eléctrica sin pulso; FV: fibrilación ventricular; IET: intubación endotraqueal; MCP: marcapasos; PCR: paro
cardiorrespiratorio; RCP: reanimación cardiopulmonar; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso.
monía) en la primera semana, por lo que algunos
autores aconsejan antibioticoterapia profiláctica.
Nota: El contenido de este capítulo se basa en las
recomendaciones internacionales de resucitación cardiopulmonar de 2010, debiendo
considerarse las directrices que puedan publicarse con posterioridad.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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17
184
Capítulo 18
Soporte vital en pediatría
y en neonatología
Susana Segura, Joaquín Ríos y Antonio Palomeque
PUNTOS CLAVE
N
N
N
El inicio de la pubertad parece ser el período
más adecuado para establecer un límite
en la aplicación de las guías pediátricas. En
niños, la causa primaria más frecuente de
paro cardiorrespiratorio es el origen
respiratorio.
La valoración de la presencia de pulso se realiza
en la carótida (niños >1 año), en la arteria
braquial (niños <1 año) y palpando la base
del cordón umbilical o por auscultación en los
neonatos.
En el niño que no responde y no respira
adecuadamente, una vez abierta la vía aérea, se
realizan 5 insuflaciones efectivas. Si el enfermo
sigue sin responder, se inician maniobras de
CASO
CLÍNICO
El centro coordinador del sistema de emergencias recibe una alerta sobre un niño con alteración del nivel de conciencia tras ser hallado por
los padres sumergido en la bañera del domicilio familiar. Al llegar a éste un equipo medicalizado de soporte, encuentra a un niño de
3 años inconsciente. Tras inmovilizar las cervicales y comprobar la ausencia de respiración
espontánea y de signos circulatorios, inician
reanimación durante 1 min antes de alertar al
equipo de paros o al sistema de emergencias.
N
La bolsa autoinflable para niños es de 450-500
ml; para lactantes <5 kg, de 250 ml.
N
La relación compresión:ventilación en el
neonato debe ser de 3:1; en el niño, de 15:2,
y en los casos que se inicien las maniobras sin
ayuda y con un único reanimador, se sigue una
relación 30:2, tal y como se hace en el adulto.
N
La energía de desfibrilación, para cualquier tipo
de monitor-desfibrilador, ha de ser siempre de
4 J/kg.
N
El acceso vascular puede ser venoso o
intraóseo; este último se utiliza como vía
alternativa en caso de no conseguir un acceso
venoso en 90 s o tras agotar 3 intentos.
maniobras de ventilación con bolsa y mascarilla
y compresiones cardíacas. Ante la imposibilidad de canular una vía periférica se coloca una
vía intraósea (i.o.), y se procede a intubar al enfermo, prosiguiendo la secuencia de compresiones torácicas y la ventilación con bolsa autoinflable. Tras 9 minutos de maniobras de soporte
vital avanzado, con administración de 3 dosis
de adrenalina i.o., el niño recupera latido espontáneo efectivo. Se le cubre con mantas térmicas y se traslada en ambulancia al hospital
más cercano.
Soporte vital en pediatría y en neonatología 185
SOPORTE VITAL BÁSICO EN PEDIATRÍA
Y NEONATOLOGÍA
N
Los reanimadores entrenados en el soporte vital
básico (SVB) del adulto y sin conocimientos específicos en SVB pediátrico han de seguir la secuencia
del adulto, con la excepción de aplicar 5 insuflaciones iniciales seguidas de 1 min de compresiones
torácicas antes de ir en busca de ayuda. La figura 18-1 muestra la secuencia de SVB específica en
pediatría. Los aspectos diferenciales más importantes con respecto a la reanimación cardiopulmonar
(RCP) del adulto (v. cap. 17) son los siguientes:
N
N
No hay que hiperextender en exceso la cabeza
en los lactantes, ya que ocluye la vía aérea (es
preferible mantener una posición neutra).
Las insuflaciones se realizan boca-boca/nariz
en neonatos y lactantes pequeños, y boca-boca
(tapando la nariz con los dedos) en el resto de
niños.
Comprobar inconsciencia
Pedir ayuda
N
N
Si las insuflaciones no son efectivas, se recoloca
la vía aérea y se intenta de nuevo. Si aun así no
se consigue la expansión torácica, se trata el
caso como si de una obstrucción de la vía aérea
se tratase (fig. 18-2).
La presencia de circulación se comprueba en
neonatos y en lactantes en el pulso braquial, y
en niños mayores de 1 año, en el pulso carotídeo
(alternativamente, puede utilizarse la palpación
del pulso femoral en ambos casos). Si no hay
pulso o su frecuencia es inferior a 60 latidos/
min y hay signos de mala perfusión, han de iniciarse compresiones torácicas (la decisión de
iniciar la RCP debe ser tomada en menos de
10 s). En el caso de personal no entrenado, ha
de valorarse la presencia o ausencia de signos de
vida para decidir el inicio de las compresiones
torácicas.
En neonatos y lactantes pequeños, las compresiones torácicas se realizan con dos dedos so-
Responde
Observar
No responde
Apertura de la vía aérea
(maniobra frente-mentón
o tracción mandíbula)
18
Comprobar la respiración
(ver, oír, sentir)
Respira
Colocar en posición lateral
de seguridad
No elevación
del tórax
Recolocar la vía aérea y dar
5 insuflaciones
Si no hay respuesta, tratar como
una obstrucción de la vía aérea
superior
Signos vitales
Seguir ventilando
(20 insuflaciones/min)
No respira
Ventilar
(5 insuflaciones)
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Valorar los signos vitales
(máximo 10 s)
Movimientos, respiración, tos
Pulso central
No signos vitales
Masaje cardíaco
100 compresiones/min
Sanitarios: 15:2
No sanitarios: 30:2
Cada 2 min
Activar el sistema
de emergencias
Figura 18-1
Algoritmo de las maniobras de soporte vital básico en pediatría.
Comprobar la respiración
y los signos vitales
186 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Gravedad
Tos no efectiva
Inconsciente
1. Mirar la boca y extraer el cuerpo
extraño si es accesible
2. Abrir la vía aérea
3. Cinco insuflaciones
4. Compresiones y ventilación 15:2 o 30:2
5. Cada 2 min, mirar la boca y extraer
el cuerpo extraño si es accesible
Figura 18-2
18
N
N
Tos efectiva
Consciente
1. Cinco golpes en la espalda
2. Lactante: cinco compresiones
en el tórax
3. Niño: cinco compresiones
en el abdomen
Animar a toser
Continuar hasta que se
resuelva la obstrucción
o la tos no sea efectiva
Algoritmo de desobstrucción de la vía aérea (estrategia también válida para el adulto).
bre el esternón (unión entre los dos tercios superiores con el tercio inferior), bien con los dos
dedos de una mano (si sólo hay un reanimador)
o rodeando el tórax con las dos manos y utilizando ambos pulgares para masajear (en caso
de haber dos reanimadores). En niños mayores
de 1 año de vida se utiliza el talón de una mano,
y en niños más mayores y adolescentes, las dos
manos (la misma técnica que en los adultos). Es
necesaria siempre la valoración del tamaño del
niño frente al del reanimador a la hora de elegir
la técnica de compresión. Hay que conseguir
compresiones de calidad y efectivas, por lo que
hay que comprimir un tercio del diámetro anteroposterior del tórax (aproximadamente 4 cm el
lactantes y unos 5 cm en niños).
La cadencia de compresiones:ventilaciones es de
3:1 en el neonato y de 15:2 en el niño. En este último, en caso de que se inicien las maniobras sin
ayuda, reanimadores legos, o por un solo reanimador, se sigue una relación 30:2, como en el adulto.
Si sólo hay un reanimador presente, se realizan
compresiones durante 1 min antes de ir en busca de ayuda. Sólo si se sospecha un paro cardiorrespiratorio (PCR) por un trastorno del ritmo cardíaco puede ser prioritario desfibrilar,
tras lo cual el reanimador ha de ir en busca de
ayuda de forma inmediata.
N
N
N
N
SOPORTE VITAL AVANZADO EN PEDIATRÍA
Control instrumental de la vía aérea
y ventilación con oxígeno
Es necesario mantener en todo momento una vía aérea permeable y asegurar una ventilación efectiva:
N
Tras la apertura de la vía aérea y sólo en enfermos inconscientes se puede introducir una cánula orofaríngea, del tamaño aproximado a la
distancia que va de los incisivos al ángulo
de la mandíbula. Al proceder a la aspiración de
secreciones en lactantes no hay que emplear
una presión superior a 80-120 mmHg. En la figura 18-3 se detalla el algoritmo de la RCP
avanzada en pediatría.
En el soporte vital avanzado (SVA) se recomienda la intubación orotraqueal, por ser más
rápida que la nasotraqueal. Las maniobras
de reanimación no han de interrumpirse más de
30 s mientras se realiza la intubación endotraqueal. En neonatos y en lactantes es muy importante controlar la distancia de fijación del
tubo endotraqueal desde la comisura bucal, al
ser muy fácil tanto la intubación selectiva del
bronquio principal derecho como la extubación
accidental. En cualquier caso, siempre hay que
comprobar por auscultación respiratoria o por
capnografía la correcta posición del tubo endotraqueal (tabla 18-1). Adicionalmente, la capnografía puede ayudar a evaluar y optimizar la
calidad de la RCP.
Como alternativa ante un caso de vía aérea difícil o de profesionales sanitarios inexpertos, puede utilizarse la mascarilla laríngea (v. cap. 2).
Las bolsas autoinflables empleadas en SVA no
han de tener válvula de sobrepresión (y si la tienen ha de anularse) y deben disponer de bolsa
reservorio en la parte posterior para asegurar
una concentración de oxígeno >90%.
El número de ventilaciones por minuto depende de la edad: 30-40 en el neonato, 25 en el lactante y 12-15 en el niño mayor.
Soporte vital en pediatría y en neonatología 187
RCP básica
Oxigenar y ventilar
Continuar RCP (15:2)
Monitorizar
Comprobar ritmo ECG
Palpar pulso
No desfibrilable
(AESP/asistolia)
Desfibrilable
(FV/TVSP)
Recuperación de la
circulación espontánea
Iniciar cuidados
postresucitación
Reanudar inmediatamente
RCP (15:2) durante 2 min
Desfibrilar 4 J/kg o DEA
Reanudar inmediatamente
RCP (15:2) durante 2 min
Durante la RCP:
Asegure unas compresiones torácicas de alta calidad. Minimizar interrupciones.
Comprobar la posición de los electrodos
Ventilar con O al 100%. Intubación endotraqueal (mascarilla laríngea como alternativa)
2
Acceso vascular: vía venosa o intraósea (utilizar vía endotraqueal sólo en el caso
de no ser posible un acceso venoso o intraóseo)
Adrenalina 0,01 mg/kg cada 3-5 min (dosis 10 veces superior si intratraqueal)
Corregir causas reversibles*
Líquidos 20 ml/kg en hipovolemia y AESP
Amiodarona: 5 mg/kg en ritmo desfibrilable refractario (antes de la cuarta descarga)
Marcapasos y/o atropina (0,02 mg/kg) en bradicardia refractaria
Magnesio (50 mg/kg) en TV sin pulso tipo torsade des pointes
Si está intubado, no interrumpir el masaje para la ventilación
(100 compresiones cardíacas/min: 12-20 ventilaciones/min)
Corregir causas reversibles:
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Hipoxemia
Hipovolemia
Hiper-hipopotasemia
Hipotermia
Neumotórax a tensión
Taponamiento cardíaco
Tóxicos
Tromboembolismo pulmonar
Figura 18-3 Algoritmo de las maniobras de soporte vital avanzado en pediatría. AESP: actividad eléctrica sin
pulso; DEA: desfibrilación externa automática; FV: fibrilación ventricular; PCR: paro cardiorrespiratorio; RCP:
resucitación cardiopulmonar; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso.
Soporte circulatorio
N
El masaje cardíaco se realiza según se ha descrito en el apartado de SVB. Se deben realizar
100-120 compresiones/min, con una relación
de compresiones:ventilaciones de 15:2 en el
niño y de 3:1 en el neonato. Si el enfermo está
intubado no es necesario sincronizar el masaje
cardíaco y la ventilación.
N
La desfibrilación es de elección en la fibrilación ventricular (FV) o taquicardia ventricular sin pulso (TVSP) (dosis no creciente de
4 J/kg, preferible bifásica). Han de utilizarse
palas pequeñas (4,5 cm de diámetro) en lactantes y palas grandes (8-10 cm de diámetro)
en niños >1 año o >10 kg. En su defecto, pueden utilizarse las palas de adultos separadas
correctamente o colocando una en la parte an-
18
188 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 18-1 Medidas orientativas del tubo
endotraqueal
Edad
Neonato a término y niños <6
meses
Niños entre 6 meses y 1 año
Niños >1 año
Diámetro interno
del TET (mm)
N
3,5
4
4+ (edad
en años/4)
TET: tubo endotraqueal. En prematuros y lactantes <1 mes
se recomienda el uso de TET sin neumotaponamiento.
N
18
terior del tórax y la otra en la espalda. La figura 18-3 muestra el algoritmo de actuación
ante ritmos electrocardiográficos (ECG) desfibrilables. Para reducir el tiempo sin flujo,
cuando se utiliza un desfibrilador manual, las
compresiones torácicas se continúan mientras
se aplican y cargan las palas o parches (si el
tamaño del tórax del niño lo permite). Las
compresiones torácicas se detienen brevemente, una vez que el desfibrilador está cargado, para administrar la descarga.
Los desfibriladores externos automáticos (DEA)
son seguros y eficaces cuando se utilizan en
niños mayores de un año. Para niños de 1-8
años se recomiendan parches pediátricos o
un software específico para atenuar la descarga de la máquina a 50-75 J. Si no se dispone
de una descarga atenuada o una máquina de
regulación manual, puede utilizarse en niños
mayores de un año un DEA para adultos sin
modificar. Se han referido casos de uso con
éxito de DEAs en niños menores de 1 año. En
el raro caso de producirse un ritmo desfibrilable en un niño menor de 1 año, es razonable
utilizar un DEA (preferible con atenuador de
dosis).
Acceso vascular y administración
de fármacos y fluidos
En la tabla 18-2 se recogen las indicaciones y las
dosis de los principales fármacos utilizados durante la RCP:
N
N
N
El acceso de elección es la vena periférica más
gruesa, accesible y que no interfiera con el resto de maniobras de reanimación.
Si en 90 s o tras 3 intentos no se consigue un
acceso periférico, ha de canalizarse una vía intraósea, por la que igualmente pueden perfundirse fármacos y líquidos.
Si el enfermo está intubado y no se logra la vía
intraósea, puede utilizarse el tubo endotraqueal
para administrar algunos fármacos útiles en la
RCP, como la adrenalina (0,1 mg/kg), la atropina (0,03 mg/kg) y la lidocaína (2-3 mg/kg).
Sólo si fracasan los accesos descritos se recurre
a la punción percutánea urgente de la vena femoral o a la disección de la vena safena durante la RCP.
REANIMACIÓN EN LA SALA DE PARTOS
Aproximadamente el 10% de los recién nacidos requiere algún tipo de reanimación en los minutos
inmediatos al nacimiento. La mayoría sólo precisa
procedimientos sencillos, pero hasta el 1% requiere medidas de SVA (fig. 18-4). Con frecuencia, la
necesidad de reanimación neonatal puede predecirse, por lo que ha de estar previsto un ambiente
iluminado con una superficie rígida, cálida y seca.
Estabilización inicial
Para prevenir las pérdidas de calor del recién nacido se le debe secar inmediatamente tras el parto,
cubriendo la cabeza y el cuerpo (dejando al descubierto la cara), preferiblemente con toallas calientes. Otra alternativa es colocar al niño sobre la
piel de su madre (piel con piel) y cubrirlos con
una manta o, en los que no han alcanzado la semana 28 de gestación, cubrirlos con una bolsa de
plástico hasta el cuello, sin secarlos, y aplicar una
fuente de calor radiante. La temperatura del paritorio debe ser de al menos 26 °C.
Las secreciones, cuando sea preciso, se aspiran con una sonda de 8-10 F, primero por la boca
y luego por la nariz, con presión negativa no superior a 100 mmHg. Si hay cianosis central (la
acrocianosis no es valorable), a pesar de que el
niño respire y tenga una frecuencia cardíaca (FC)
>100 latidos/min, se le insuflará oxígeno con una
concentración del 30-35% como norma (se considera adecuada una saturación de oxígeno preductal, mano derecha, del 93-97% en niños a término y del 85-92% en prematuros).
Reanimación en el neonato
La reanimación neonatal debe iniciarse cuando
la respiración es irregular o inadecuada o si la FC
es inferior a los 100 latidos/min (v. fig. 18-4). Para
iniciar una correcta reanimación se debe posicionar al niño sobre su espalda con la cabeza en posición neutra. Si se requiere aspiración (presencia
de sangre, meconio u otros materiales), es mejor
efectuarla bajo visión directa, utilizando un aspi-
Soporte vital en pediatría y en neonatología 189
Tabla 18-2
Fármacos y líquidos habituales utilizados en el soporte vital avanzado en pediatría
Indicación
Dosis
Adrenalina
PCR con cualquier tipo de ritmo en el
ECG. Primera dosis antes de la
tercera desfibrilación. En ritmos no
desfibrilables: primera dosis
después de la tercera desfibrilación,
y posteriormente cada 3-5 min
i.v., i.o.: 0,01 mg/kg (0,1 ml/kg de la
dilución 1:10.000)/3-5 min
e.t.: 0,1 mg/kg, en caso de no disponer
de un acceso venoso o intraóseo
Taquicardia
Amiodarona
FV y TV sin pulso que no responde a
3 choques eléctricos
Administrar antes de la cuarta
desfibrilación
i.v., i.o.: 5 mg/kg en bolo (repetir cada
5 min hasta máximo de 15 mg/kg)
Bradicardia
y TV
polimorfa
(torsade
des pointes)
Atropina
En ritmos no desfibrilables.
Bradicardia sintomática, prevención
y tratamiento de la bradicardia
vagal durante la intubación y BAV
completo. No usar de forma rutinaria
i.v., i.o.: 0,02 mg/kg (dosis mínima
0,1 mg y máxima 0,5 mg para niños
y 1 mg para adolescentes)/5 min
e.t.: 0,03 mg/kg en caso de no disponer
de un acceso venoso o intraóseo
Bradicardia
paradójica
si dosis
<0,1 mg
Taquicardia
Bicarbonato
PCR prolongado (>10 min) o pH <7,10
documentado. Hipercaliemia.
Intoxicación por antidepresivos
tricíclicos
No administrar de forma rutinaria
i.v.: 1 mEq/kg de bicarbonato sódico, en
una dilución de 0,5 mEq/ml
Administrar
en una vía
distinta al
resto de
fármacos
Cloruro
cálcico
Hipocalcemia, hiperpotasemia,
hipomagnesemia o bloqueo de
canales de calcio
i.v.: 20 mg/kg (0,2 ml/kg de la solución
de cloruro cálcico al 10%), diluido a
la mitad. Administrar en 10-20 s. Se
puede repetir a los 10 min
Escaras si
extravasación
Glucosa
Hipoglucemia documentada
i.v., i.o.: 0,5-1 g/kg
Hiperglucemia
Lidocaína
FV y TV sin pulso refractarias a
3 choques eléctricos. Alternativa a
la amiodarona, nunca asociada a
ésta
i.v., i.o.: 1 mg/kg en bolo (repetir si
precisa hasta dosis total de 3 mg/kg).
En enfermos recuperados se
continúa con una perfusión
de 20-50 μg/kg/min
Magnesio
Hipomagnesemia y TV polimorfa
i.v.: 25-50 mg/kg de sulfato de
magnesio en 10-20 min (máx. 2 g)
Procainamida TVSP y TV con hemodinamia estable
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Efectos
adversos
Fármaco
Líquidos
AESP y PCR producida o acompañada
de hipovolemia
i.v.: 15 mg/kg en 30 min
Cristaloides: 20 ml/kg en 20 min.
Utilizar coloides no son efectivas
2 cargas de cristaloides
Edema agudo
de pulmón
AESP: actividad eléctrica sin pulso; BAV: bloqueo aurículoventricular; ECG: electrocardiograma; e.t.: endotraqueal; FV: fibrilación ventricular;
i.o.: intraóseo; i.v.: intravenoso; PCR: paro cardiorrespiratorio; TV: taquicardia ventricular; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso.
rador con una presión negativa no superior a los
100 mmHg. Hay que evitar la aspiración agresiva
de la orofaringe, ya que puede retrasar el inicio
de la respiración espontánea y causar espasmo
laríngeo y bradicardia vagal.
En caso de requerir ventilación con presión positiva, ésta se aplica durante 2 o 3 s, lo que ayuda a
la expansión pulmonar. En la mayoría de los casos,
durante los primeros 30 s se recupera la FC y se
normaliza la respiración. Si la FC mejora pero el
niño no respira adecuadamente, se debe continuar
con la ventilación a una frecuencia de 30 respiraciones/min. Una ventilación pasiva adecuada se
manifiesta por un aumento de la FC por encima de
18
190 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Nacimiento
¿Gestación a término?
¿Líquido amniótico claro?
¿Respira o llora?
¿Buen tono muscular?
Sí
No
A
(30 s)
Cuidados de rutina:
Proporcionar calor
Aspirar vía aérea
si es necesario
Secar
Evaluar color a
Madre
Colocar bajo fuente de calor
Posición, limpiar la vía aérea
(valorar IET si es necesario) a
Secar, estimular, reposicionar
Evaluar respiración,
FC y color
Respira, FC >100 latidos / min
y sonrosado
Cuidados de rutina
y vigilar
Respira, FC >100 latidos / min,
pero cianótico
Apnea o
FC <100 latidos/min
Considerar oxígeno
suplementario
Color sonrosado
Cianosis persistente
B
(30 s)
18
FC >100 latidos/ min y sonrosado
FC <60 latidos/min
C
(30 s)
Continuar ventilación
y vigilar
FC >60 latidos / min
VPP (valorar IET) +
iniciar compresiones torácicas (3:1)
FC <60 latidos/min
D
(3-5
min)
Ventila
Iniciar VPP
FC >60 latidos / min
Administrar adrenalina
0,1 ml/kg (1:10.000)
FC >60 latidos / min
FC <60 latidos / min
Considerar:
Ventilación mecánica inadecuada
(comprobar IET), neumotórax (puncionar)
Hipovolemia (líquidos)
Acidosis metabólica (bicarbonato)
Otros diagnósticos
Figura 18-4 Algoritmo de reanimación en sala de partos. a Comprobar la ventilación y administrar oxígeno
suplementario si persiste la cianosis (pueden valorarse en diferentes momentos); FC: frecuencia cardíaca;
IET: intubación endotraqueal; VPP: ventilación con presión positiva.
los 100 latidos/min. El soporte ventilatorio hay
que mantenerlo hasta que el niño adquiera una
respiración normal.
El soporte cardíaco mediante las compresiones
torácicas solamente es efectivo después de haber
conseguido que los pulmones hayan sido insuflados. El inicio de compresiones torácicas se realiza
si la FC es inferior a 60 latidos/min, a pesar de
una adecuada ventilación. La técnica más adecuada consiste en colocar los dos pulgares uno al lado
del otro en el tercio inferior del esternón, con el
resto de los dedos rodeando el torso y sujetando
la espalda. El tercio inferior del esternón se deprime hasta una profundidad aproximada de un ter-
Soporte vital en pediatría y en neonatología 191
cio del diámetro anteroposterior del tórax. Hay
que mantener una relación entre las compresiones
y las ventilaciones de 3:1, evaluando la FC a los
30 s, y posteriormente con regularidad. Las compresiones se detienen cuando la FC espontánea es
superior a los 60 latidos/min.
El empleo de fármacos es rara vez necesario en la
reanimación neonatal, y sólo debe considerarse en
caso de FC <60 latidos/min. La administración de
fármacos o de líquidos se realiza por la vena umbilical (introducir un catéter de 3,5-5 F hasta que refluya
sangre, perfundir el fármaco y lavar con 2 ml de suero). Si no está disponible esta vía, puede utilizarse el
tubo endotraqueal para la administración de adrenalina (v. tabla 18-2). Si hay sospecha de hipovolemia, se administra volumen a 10 ml/kg en 5-10 min
(cristaloides o sangre O negativo). Si existe depresión respiratoria en un neonato con antecedente de
administración de narcóticos a la madre, se administra naloxona (0,1 mg/kg en 2-3 min).
En los recién nacidos a término o casi a término
con encefalopatía hipóxico-isquémica de evolución
moderada a grave, cuando sea posible, debería
plantearse la hipotermia terapéutica (v. cap. 19). Esto
no afecta a la resucitación inmediata pero es importante para el cuidado posresucitación.
Inicio y cese de la reanimación
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Cuando la gestación, el peso al nacer y/o las anomalías congénitas se asocian con una muerte prematura y un elevado índice, inaceptable, de morbilidad entre los escasos supervivientes, no se
aconseja la reanimación. Ejemplos publicados en la
literatura incluyen a grandes prematuros (con un
período de gestación <23 semanas y/o un peso al
nacer <400 g) y anomalías graves, como anencefalia o trisomía 13 o 18 confirmada. La reanimación
se aconseja cuando la posibilidad de supervivencia es elevada y el nivel de morbilidad aceptable.
Generalmente en este apartado se incluye a los be-
bés con un período de gestación de 25 semanas o
mayor (a no ser que exista la evidencia de compromiso fetal, como infección intrauterina o hipoxiaisquemia, y en los que presentan múltiples malformaciones congénitas).
Las indicaciones para detener la reanimación
están determinadas por comités tanto nacionales
como internacionales. Aun así, si tras 10 min de
maniobras de reanimación adecuadas y sin interrupciones continúa sin haber signos de vida,
puede justificarse la suspensión de las maniobras
de reanimación.
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18
192
Capítulo 19
Hipotermia terapéutica
Jaume Fontanals
PUNTOS CLAVE
N
N
En el tratamiento teórico de toda disfunción
neurológica tras agresión local o sistémica se
tendría que valorar la posibilidad de incluir
la hipotermia terapéutica (HT). Numerosas
publicaciones experimentales avalan los
beneficios de este tratamiento en enfermos
neurocríticos.
La inducción y la duración de la HT
dependen del tipo de lesión neurológica,
CASO
CLÍNICO
Varón de 50 años de edad, con antecedentes de
hipertensión arterial mal controlada, que presenta dolor centrotorácico irradiado al cuello y
a la extremidad superior izquierda. Un testigo
presencial avisa al servicio de emergencias médicas. Ya atendido por el equipo de emergencias
médicas, presenta fibrilación ventricular y se
inician maniobras de soporte vital avanzado.
Tras 10 min, habiendo realizado 5 desfibrilaciones bifásicas y habiendo administrado 2 mg de
adrenalina y 300 mg de amiodarona intravenosas, el enfermo presenta recuperación de la circulación sistémica. Una vez estabilizado hemodinámicamente, el enfermo permanece en
estado de coma (puntuación de 3 según la escala de coma de Glasgow). Se inicia hipotermia
terapéutica mediante la colocación de hielo en
así como de la duración de la fase de
recalentamiento.
N
Los efectos secundarios de la HT son,
entre otros, el aumento de la incidencia
de infecciones y de los trastornos de la
coagulación.
N
Los métodos de enfriamiento pueden ser
externos o internos. No hay evidencia que
permita recomendar los métodos invasivos
frente a los no invasivos.
las axilas y se traslada al enfermo a la UCI de un
hospital de referencia. En la UCI se mantiene al
enfermo en hipotermia a 33 °C durante 24 h.
Tras ello, se establece una fase de recalentamiento progresivo y a las 56 h del ingreso se procede
a destete del enfermo. Se constata que el enfermo está consciente y orientado sin focalidad
neurológica.
La hipotermia terapéutica (HT) se utiliza cada vez
con mayor frecuencia para prevenir o mitigar los
efectos y las secuelas de las agresiones neurológicas.
La HT se define como una disminución inducida de
la temperatura corporal mantenida y controlada durante un período de tiempo establecido. Estudios
experimentales han demostrado que la HT favorece
la neuroprotección, influyendo en la cascada bioquímica que se produce tras la agresión cerebral traumática, isquémica, hemorrágica o anóxica.
Hipotermia terapéutica 193
Como es bien conocido, a partir de los 5 min de
flujo sanguíneo inadecuado puede producirse daño
cerebral. La isquemia cerebral induce una cascada
de acontecimientos que incluyen la depleción del
adenosintrifosfato (ATP) intracelular, la inhibición
de las bombas de intercambio iónico y la liberación de
radicales libres y de agentes como el glutamato o el
calcio. La formación de radicales libres y la secreción de glutamato a nivel intra y extracelular es proporcional a la temperatura durante el episodio isquémico, estando particularmente aumentada en
caso de hipertermia. Asimismo, la lesión neuronal
inicial postisquemia y el fenómeno de reperfusión
activan una respuesta inflamatoria que involucra
los mediadores de la microglia, una lesión celular
mediada por el calcio, una disfunción mitocondrial
y fenómenos de apoptosis.
La reducción de la temperatura corporal en
1 °C disminuye el metabolismo cerebral en un
5-8%, con reducción del consumo de oxígeno, así
como un retraso en la puesta en marcha de todos
los mecanismos involucrados en la lesión isquemia/reperfusión neuronal (la acidosis intracelular,
generación de radicales libres y neurotransmisores
excitatorios). Además, la HT disminuye la presión
intracraneal y posee un efecto anticomicial (tabla 19-1). La HT se clasifica según su gradación en
hipotermia leve (34-36 °C), moderada (32-33,9 °C),
grave (30-31,9 °C) y profunda (<30 °C).
INDICACIONES POTENCIALES
DE LA HIPOTERMIA TERAPÉUTICA
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Paro cardíaco
El pronóstico de un enfermo con paro cardiorrespiratorio (PCR) recuperado depende en gran medida de su afectación neurológica. En los años
ochenta del siglo pasado, investigaciones en modelos animales sugirieron un efecto beneficioso de
la HT tras un PCR. Pero no fue hasta 2002 que se
publicaron dos ensayos clínicos multicéntricos,
prospectivos y aleatorizados que comparaban la
hipotermia leve-moderada con la normotermia en
enfermos comatosos tras presentar un PCR extrahospitalario. Dichos enfermos habían presentado fibrilación o taquicardia ventricular sin pulso
como ritmo inicial detectado, recuperación espontánea de la circulación y persistencia del estado
de coma post-PCR. En ambas investigaciones se
observó que la HT moderada mejoraba la supervivencia y el pronóstico neurológico a corto plazo.
Desde la publicación de estos estudios, varias
sociedades científicas recomiendan la aplicación
precoz de la HT moderada (32-33,9 °C) durante
12-24 h en enfermos comatosos que recuperan la
circulación tras un PCR presenciado causado por
fibrilación o taquicardia ventricular, asistolia y actividad eléctrica sin pulso (AESP) (tabla 19-2).
Enfermos neurocríticos
La HT moderada se ha utilizado para el tratamiento
del traumatismo craneoencefálico (TCE) durante
más de 50 años, basándose en comunicaciones de
estudios observacionales aislados. Sin embargo, en
el año 2001 se publicó un ensayo multicéntrico
(NABISH-I) con 392 enfermos con TCE grave que
fueron aleatorizados a un tratamiento estándar o
un tratamiento estándar con HT moderada (33 °C)
iniciada en las primeras 6 h post-TCE, y mantenida
durante 48 h. Aunque la HT disminuye la presión
intracraneal (PIC), no se observaron diferencias entre ambos grupos en cuanto a la mortalidad ni en el
pronóstico funcional a los 6 meses. La ausencia de
efecto beneficioso es probablemente consecuencia
de los efectos colaterales que puede ocasional la HT,
como el incremento del riesgo de neumonía. Por
ello, en el momento actual, sólo se considera la hipotermia en enfermos incluidos en ensayos clínicos
o en enfermos con hipertensión intracraneal refractaria a otros tratamientos, siempre en una unidad
de cuidados intensivos (UCI) con experiencia en la
aplicación de dicha técnica. Se inicia en las 5 primeras horas post-TCE y se mantiene durante al menos
48 h (v. cap. 75).
Estudios experimentales han demostrado beneficios de la HT en el tratamiento del ictus isquémico. Así, la HT parece disminuir el volumen total
de tejido infartado y aumentar el tiempo de tolerancia a la isquemia, particularmente cuando se
utiliza como coadyuvante de la trombólisis. Los
ensayos clínicos indican que el máximo beneficio
se produce cuando la HT se inicia antes de transcurridas 3 h desde el inicio del episodio de isquemia. Actualmente hay varios ensayos en fase I y en
fase II sobre el uso de la HT en enfermos con ictus
isquémico, pero sin existir todavía evidencia científica sólida para establecer recomendaciones.
En relación a la hemorragia subaracnoidea
(HSA), un estudio multicéntrico IHAST2 (Intraoperative Hypotermia for Aneurysm Surgery Trial),
prospectivo y aleatorizado que incluyó a 1.001 enfermos y que fue diseñado para determinar si la HT
inducida intraoperatoriamente lograba mejorar el
pronóstico de los enfermos con HSA sometidos a
craniotomía abierta y clipaje del aneurisma, mostró
que la HT no mejoraba la situación funcional sino
que incluso incrementaba la tasa de bacteriemia. No
obstante, estudios experimentales han observado
que la HT revierte el vasoespasmo inducido por la
HSA, cuando la terapia convencional ha fracasado.
19
194 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 19-1
Mecanismo neuroprotector de la hipotermia
Mecanismo protector
Mecanismo de acción
Prevención de la apoptosis
La isquemia induce apoptosis al activar la proteólisis. La
hipotermia puede prevenir o reducir este proceso
La disfunción mitocondrial postisquemia puede dar lugar a
apoptosis y se inicia horas o días postisquemia.
La hipotermia reduce el metabolismo basal y la disfunción
mitocondrial
La isquemia da lugar a producción de radicales libres como
superóxido, peroxinitrato, peróxido de hidrógeno y radicales
hidroxilo. La HT moderada reduce esta producción
La cascada de reacciones secundarias a la liberación de
radicales libres se puede suprimir o moderar con la HT
Disminución de la alteración de las membranas que se asocia
con la alteración de la función y con homeostasis celular,
incluyendo la disminución de la acidosis intracelular y la
mitigación de la lesión del ADN
La isquemia induce acumulación de neurotransmisores
excitatorios como el glutamato y acumula calcio
intracelular. Activa numerosos sistemas enzimáticos que
inducen estados de permanente excitabilidad (cascada
excitatoria), y puede moderarse con la HT
La HT puede moderar el número de disrupciones de la barrera
hematoencefálica inducidas por lesiones traumáticas o
isquémicas. El mismo efecto tiene lugar en la permeabilidad
vasculocapilar
Algunas áreas del cerebro tienen temperaturas superiores a las
del resto del tejido. Estas variaciones se pueden incrementar
de manera espectacular, con diferencias de 2-3 °C en
distintas áreas cerebrales. La hipertermia de la zona
aumenta la lesión de las células cerebrales y puede
mitigarse con la HT
Los requerimientos de oxígeno y de glucosa disminuyen entre
un 5 y un 8% por cada grado Celsius que disminuye la
temperatura corporal
La HT puede bloquear o mitigar las reacciones inflamatorias y
la secreción de citocinas proinflamatorias postisquemia
Reducción de la disfunción
mitocondrial
Reducción de la producción
excesiva de radicales libres
Reducción de la lesión de
reperfusión
Reducción de la permeabilidad
de la membrana celular
Mejora de la homeostasis iónica
19
Tiempo de
acción
poslesión
Reducción de la permeabilidad de
la barrera hematoencefálica y
de la pared vascular, reduciendo
la formación de edema
Reducción de la disfunción de la
homeostasis de la temperatura
cerebral
Reducción del metabolismo
celular
Disminución de la respuesta
inmune y de varias reacciones
proinflamatorias
Efectos anticoagulantes
Supresión de la actividad
epiléptica
Tras el PCR se pueden formar microtrombos a nivel cerebral.
Los efectos anticoagulantes de la HT protegen la formación
de estos trombos
Algunos enfermos presentan actividad epiléptica postisquemia
o traumatismo craneal que se puede mitigar con la HT
Horas
Horas/días
Horas/días
Horas/días
Horas/días
Primeros
minutos/
5 días
Horas/días
Minutos/
días
Horas/días
Primeras
horas/5
días
Minutos/
días
Horas/días
HT: hipotermia terapéutica; PCR: paro cardiorrespiratorio.
Otras patologías susceptibles de hipotermia
terapéutica
Diferentes estudios demuestran efectos neuroprotectores de la HT en animales y en humanos con
asfixia perinatal. Los criterios de inclusión fueron
presencia de signos neurológicos anómalos, puntuación baja en la escala de Apgar, presencia de
acidosis, desaturación o bradicardia posnatal y necesidad de prolongar la reanimación perinatal. Ac-
Hipotermia terapéutica 195
Tabla 19-2
Evidencia de la efectividad de la hipotermia terapéutica en las diferentes patologías
Efectividad
Nivel de
evidencia
Evidencia de la efectividad o de la eficacia
de la hipotermia
Sí
I
Probable
III
Desconocido
IV
Existen dos estudios aleatorizados que
demuestran su efectividad
No existen estudios aleatorizados y pocas
investigaciones experimentales
Estudios experimentales y casos clínicos
Sí
I
Probable
Conflicto de
evidencias
Prevención de la fiebre en
enfermos neurocríticos
Isquemia cerebral
HSA
Hipotermia intraoperatoria
1. Cirugía de aneurisma
intracerebral
2. Aneurisma de la aorta
toracoabdominal
3. Cirugía cardíaca
Probable
II b
Tres investigaciones aleatorizadas y 8 no
aleatorizadas
Investigaciones unicéntricas y metaanálisis
favorables. Estudios multicéntricos y
metaanálisis negativos
Se precisan más investigaciones
Posible
Desconocido
III
IV
Investigaciones pequeñas e incontroladas
Tres series de casos
No
II a
Probable
III
Desconocido
III
Control de la PIC en la
hepatitis fulminante
Disminución de la PIC en
enfermos con edema
cerebral
Reducción del tamaño del
IAM
Probable
III
No existen diferencias significativas en los
estudios realizados
Una investigación aleatorizada y 3 no
aleatorizadas
Conflicto de resultados de los diversos estudios
aleatorizados
Tres series de casos
Sí
I
Numerosos casos clínicos. Aunque se controle la
PIC, el pronóstico neurológico no mejora
Posible
IV
Investigaciones experimentales
PCR presenciado y ROSC en
60 min:
Ritmo inicial FV/TV
Ritmo inicial asistolia o
AESP
Reanimación
cardiopulmonar en
enfermos con PCR no
presenciada
Encefalopatía postanóxica
en neonatos
TCE en enfermos con PIC
>20 mmHg
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
AESP: actividad eléctrica sin pulso; FV: fibrilación ventricular; HSA: hemorragia subaracnoidea; IAM: infarto agudo de miocardio;
PCR: paro cardiorrespiratorio; PIC: presión intracraneal; ROSC: retorno de la circulación espontánea; TCE: traumatismo
craneoencefálico; TV: taquicardia ventricular.
tualmente, en estos casos se recomienda la aplicación precoz de la HT moderada durante 48-72 h.
No existe evidencia científica para establecer su
utilización en enfermos con infarto agudo de miocardio (IAM) para intentar reducir el área de lesión
miocárdica, iniciando HT antes de la angioplastia
coronaria transluminal percutánea (PTCA) o de la
reperfusión. Finalmente, aunque existen estudios
observacionales que sugieren la utilización de la
HT para el control de la PIC en los enfermos con
hepatitis fulminante sometidos a trasplante hepático, tampoco existe evidencia científica sólida para
establecer su utilización rutinaria en enfermos con
encefalopatía hepática e hipertensión intracraneal.
Métodos de enfriamiento de los enfermos
La técnica ideal para el enfriamiento sería la que
permitiera conseguir la temperatura objetivo de
forma rápida, posibilitara de forma sencilla mantener la temperatura elegida sin oscilaciones, fuera una aplicación no invasiva y permitiera un amplio margen de seguridad. Las técnicas de enfriamiento pueden dividirse en métodos externos (de
19
196 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
superficie) o internos. El inicio del enfriamiento se
ha de aplicar precozmente (preferentemente en las
primeras 8 h). Cuanto antes se alcanza la hipotermia, más posibilidades hay de obtener beneficios.
La duración de la HT moderada (32-33,9 °C) recomendada por el International Liaison Committee
on Resuscitation (ILCOR) es de 12-24 h. Posteriormente, el recalentamiento debe ser lento, con un
ritmo de 0,25-0,5 °C por hora. Actualmente no existe evidencia suficiente que permita recomendar un
método exclusivo de enfriamiento.
Los diferentes métodos de enfriamiento externo utilizados en la actualidad son los siguientes:
N
N
N
N
19
N
El uso de hielo en las axilas, el cuello y las ingles
es efectivo, aunque lento (caída de 0,3-0,9 °C/h).
Es útil como método inicial, pero el mantenimiento de una HT estable es dificultoso, y son frecuentes los episodios de HT excesiva (<32 °C).
La manta de aire frío es una técnica efectiva,
pero requiere unas 8 h para conseguir temperaturas de 32-33,9 °C.
La manta convencional de enfriamiento con
circulación de agua es asimismo efectiva, pero
también lenta. Puede colocarse por encima y
por debajo del enfermo, pero tiene con éste
poca superficie de contacto.
Técnicas basadas en la conducción de agua circulante a través de planchas adheridas mediante hidrogel a la superficie de los enfermos
(p. ej., sistema Arctic SUN®, Medivance Inc.).
Este dispositivo de refrigeración permite conseguir la temperatura objetivo y mantenerla de
forma sencilla. Su principal inconveniente es
que no debe adherirse a la piel del enfermo en
caso de heridas o erosiones (fig. 19-1).
Casco de enfriamiento, para conseguir una HT
selectiva de la cabeza y del cuello. Teóricamente, se evitarían las complicaciones sistémicas de
la hipotermia, pero los estudios con enfriamiento con casco aún no han demostrado beneficio.
N
N
N
N
Colocación de un catéter intravascular en el
enfermo, por el que se inyecta suero salino frío,
por lo que se produce un intercambio rápido
de temperatura entre el suero salino frío que
circula por el interior del catéter y la sangre
que fluye por la superficie externa del catéter.
Estos métodos de enfriamiento son más rápidos en conseguir la temperatura objetivo que
los métodos externos. Sin embargo, no hay evidencia que demuestre la superioridad de los
sistemas intravasculares frente a los sistemas
externos. Entre los sistemas utilizados están
el Celsius Control System® (Innercool Inc.) y el
Cool Line System® (Alsius Inc.) (fig. 19-2).
Perfusión intravenosa de líquidos a una temperatura de 4 °C, método que resulta efectivo para
inducir la hipotermia. A pesar de conseguir una
disminución rápida de la temperatura, este método presenta contraindicaciones, relacionadas
con la perfusión masiva de líquidos en enfermos, por ejemplo, con insuficiencia cardíaca.
El bypass cardiopulmonar es el método más rápido para conseguir la temperatura objetivo, y
también el más invasivo (disminuye 1-2 °C cada
5 min). Este método requiere un equipo complejo y la anticoagulación del enfermo, y su uso no
es operativo en enfermos neurocríticos.
Bypass percutáneo venovenoso continuo, mediante la cateterización de la vena femoral con
un catéter de doble luz y la conexión a un dispositivo de depuración extrarrenal, con un flujo de 100-300 ml/min y retornando la sangre
por un circuito de enfriamiento. Es un método
simple y efectivo que no precisa la descoagulación del enfermo.
EFECTOS SECUNDARIOS INDUCIDOS
POR LA HIPOTERMIA
Los diferentes métodos de enfriamiento internos utilizados en la actualidad son los siguientes:
A continuación se detallan los efectos adversos más
comúnmente observados con la utilización de la
HT. Puede ampliarse información en el capítulo 28,
al tratar el abordaje de la hipotermia accidental.
Figura 19-1 Método de enfriamiento externo con
planchas adheridas con hidrogel (Arctic SUN®).
Figura 19-2 Catéter intravascular de recirculación de
líquidos para inducir la hipotermia (Cool Line System®).
Hipotermia terapéutica 197
Efectos cardiovasculares
La hipotermia causa un incremento del tono simpático, con una vasoconstricción cutánea, evidente
desde temperaturas inferiores a los 36,5 °C, y puede llegar a reducir un 25% el volumen sanguíneo a
nivel periférico. Estos cambios conllevan inicialmente un aumento del volumen sanguíneo en el
territorio central, con el consiguiente aumento del
trabajo miocárdico. El aumento de las resistencias
vasculares periféricas y el incremento de la presión arterial (10 mmHg) tienden a contrarrestar la
vasodilatación secundaria a la reperfusión de territorios con marcada isquemia. La HT induce una
disminución de la contractilidad miocárdica, con
un descenso del gasto cardíaco (25-40%) igual o
inferior al descenso del metabolismo basal. La saturación venosa central permanece invariable, lo
que se traduce en una variabilidad mínima en la
homeostasis hemodinámica (v. cap. 5).
Respecto al ritmo cardíaco, a medida que la temperatura va disminuyendo aparece bradicardia sinusal,
que llega a bradicardia extrema a 32 °C, sin respuesta
a la atropina. Temperaturas menores a 30 °C conllevan
un riesgo elevado de arritmias. Los cambios habituales en el electrocardiograma (ECG) en enfermos con
hipotermia incluyen prolongación del segmento PR y
el intervalo QT, ensanchamiento del complejo QRS
y presencia de la onda jota de Osborn.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Alteraciones de la función renal
y de los electrólitos
El incremento de la volemia central inducida por
la hipotermia, debido a una activación del péptido
natriurético-atrial y disminución de la hormona
antidiurética, da lugar a un marcado incremento
de la diuresis («diuresis fría»). Como consecuencia, puede aparecer hipovolemia, alteraciones de
los electrólitos, hemoconcentración e incremento
de la viscosidad sanguínea (lo cual puede ocasionar alteraciones en la microcirculación).
Los trastornos electrolíticos más habituales son
la hipocaliemia, en fase de inducción de la HT, y la
hipercaliemia, en fase de recalentamiento. Asimismo, la HT puede causar también acidosis metabólica secundaria a hipoperfusión tisular. Asimismo,
con frecuencia se observa hiperglucemia secundaria a disminución de la sensibilidad a la insulina y
a una reducción de su secreción pancreática.
Otras alteraciones secundarias
a la hipotermia
La hipotermia puede inducir diátesis hemorrágica
por su acción sobre la disminución del número y
de la función plaquetar e inhibición de los factores de la coagulación. Asimismo, la HT inhibe la
secreción de citocinas proinflamatorias y da lugar
a la supresión de la migración de leucocitos y su
fagocitosis, lo que favorece la aparición de infecciones, frecuentemente respiratorias.
Debe recordarse que pueden aparecer contracciones musculares (escalofríos) durante la fase de
inducción de la HT, lo que incrementa el consumo de oxígeno. Su control se realiza mediante la
administración de sedantes y de relajantes musculares (v. cap. 16).
Finalmente, la hipotermia puede condicionar
un alargamiento de la semivida de eliminación de
algunos fármacos por disminución del metabolismo hepático, cambios en el volumen de distribución y disfunción renal, por lo que hay que ajustar
su dosificación.
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19
198
Capítulo 20
Coordinación de urgencias
y emergencias sanitarias
Jacinto Gallardo
PUNTOS CLAVE
N
La alerta de los sistemas sanitarios de
emergencias a través del centro coordinador
mediante el teléfono de 3 cifras (en la Unión
Europea el 112) es el primer eslabón en
la cadena de supervivencia.
N
El proceso fundamental en los centros
coordinadores es siempre el mismo: se recibe
una alerta, se procesa y se asigna una respuesta.
N
La existencia de centros coordinadores de
emergencias facilita que el ciudadano se ponga
en contacto de forma inmediata con el sistema
CASO
CLÍNICO
El centro coordinador de urgencias y emergencias, a través del teléfono 112, recibe una llamada de alerta a las 6:30 h. La alertante, angustiada, solicita ayuda médica para atender a su
marido de 47 años quien, al salir de la ducha
antes de ir a trabajar, ha empezado a «sentirse
mal» y seguidamente se ha desplomado en el
suelo del baño. La alertante explica que, tras haber intentado estimularlo, el marido está inconsciente y ella no sabe si respira. La llamada
es procesada inmediatamente, se recogen los
datos fundamentales para acceder al domicilio
y se clasifica la llamada como alerta de máxima
prioridad. Ante la sospecha de un posible paro
sanitario y pueda recibir una primera asistencia
cualificada desde el mismo momento de
la alerta.
N
Dado su papel de coordinación, deben
disponer de la información necesaria para
gestionar los flujos de enfermos críticos en un
territorio determinado. Así, es fundamental
disponer de la cartera de servicios de los
distintos centros sanitarios y la disponibilidad
de camas para atender enfermos críticos.
Asimismo, es necesario disponer de protocolos
y procedimientos conjuntos con los centros
emisores y receptores de enfermos.
cardiorrespiratorio, se activa la unidad más cercana con posibilidad de ofrecer un tratamiento
rápido, en este caso una unidad de soporte vital
básico (SVB) dotada con técnicos de transporte
sanitario y desfibrilador externo automático
(DEA). Paralelamente se activa la unidad de soporte vital avanzado (SVA) para que dé soporte
a la unidad inicial. El equipo médico del centro
coordinador da la instrucción a la alertante de
que mantenga la puerta del domicilio abierta
para facilitar el acceso del primer equipo y seguidamente, manteniendo a la alertante al teléfono, se le indica la importancia de iniciar maniobras de SVB sobre el enfermo; en este caso, y
por la elevada sospecha, compresiones torácicas. A la llegada del equipo asistencial inicial se
confirma la sospecha de enfermo inconsciente
Coordinación de urgencias y emergencias sanitarias 199
que no respira con normalidad, se aplica el DEA
con indicación de desfibrilación, ésta se realiza y
se continúan las maniobras de SVB iniciadas por
la alertante. El equipo de soporte vital avanzado
llega en 6 min. Trasladado el enfermo al hospital, fue dado de alta a los 6 días sin secuelas y
con el diagnóstico de síndrome coronario agudo
(infarto de miocardio en la cara anterior).
Hasta los años cincuenta, la asistencia a la emergencia extrahospitalaria era prestada por el médico general, que llevaba en su maletín todo lo que
podía necesitar en aquel momento, o se realizaba
la recogida y la evacuación rápida –en vehículos
no preparados para la asistencia– al centro hospitalario más próximo. A finales de los sesenta se
inició la estrategia actual en la asistencia a las
emergencias, consistente en proporcionar una respuesta rápida y dirigida a la atención en el mismo
lugar donde se presenta la emergencia, el traslado
bajo asistencia cualificada y el ingreso en el hospital más idóneo de acuerdo con la situación clínica
del enfermo. En esta evolución intervinieron fundamentalmente dos factores:
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
El primer elemento de este cambio conceptual
proviene de las experiencias de la sanidad militar, ya que en los últimos conflictos bélicos se
había logrado disminuir la mortalidad de los
heridos en el campo de batalla, pasándose del
8% en la Primera Guerra Mundial al 1,7% en la
guerra de Vietnam. Estos resultados fueron
producto de la asistencia inmediata de los heridos, del traslado asistido y del tratamiento hospitalario precoz en un centro adecuado.
El segundo elemento fue el mejor conocimiento
de la historia natural de los procesos críticos,
que permitió comprobar que del 50 al 60% de
la mortalidad ocasionada por los accidentes o
por un infarto agudo de miocardio se produce
antes de que el enfermo ingrese en el hospital.
Así, el 25% de las muertes por infarto se producen en los primeros minutos y el 40% en las
dos primeras horas. Igualmente, en los accidentes de tráfico el 15% de las muertes se produce en los primeros 10 min y el 50% en la primera hora («la hora de oro»).
En 1966, la National Academy of Sciences estadounidense publicó un informe en el que denunciaba que las muertes e incapacidades de origen
accidental constituían una epidemia no atendida
por la sociedad. A partir de este momento se inició
en EE.UU. el desarrollo de los sistemas de emergencia, y en 1973 se aprobó el acta de creación de
los Emergency Medical Service Systems. En los
años siguientes estos servicios se extendieron, de
forma que en la actualidad existen más de 300 programas distribuidos por toda su geografía. A lo
largo de la década de los setenta se inician los sistemas de emergencia en otros países (Francia, Alemania, Canadá, Israel, etc.), y más tarde se desarrollaron en España.
Durante la década de los ochenta, las llamadas de atención de diversos autores y de sociedades científicas (Sociedad Española de Medicina de Emergencias [SEMES], Sociedad Española
de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias [SEMICYUC]) contribuyeron de manera
decisiva a la creación de los servicios de emergencias médicas extrahospitalarios en España. Su
demanda se basa en la alta mortalidad extrahospitalaria de la cardiopatía isquémica y de la patología traumática –especialmente los accidentes
de tráfico– y en la alta rentabilidad que estos servicios han demostrado en otros países en cuanto
a mortalidad evitable. En España, en 1988 el Defensor del Pueblo denunció las múltiples carencias existentes en el campo de las urgencias. En
1989 la Comisión Abril (Comisión de Análisis y
Evaluación del Sistema Nacional de Salud) recomendó la puesta en marcha de los sistemas autonómicos de emergencias, de manera que durante
los últimos años de los ochenta y la década de los
noventa se desarrollaron en España la mayoría de
los sistemas de emergencias médicas extrahospitalarias. En el año 1991 la Comunidad Europea decidió la creación de un número de llamada de urgencia único europeo: el 112. Esta decisión del Consejo
de Comunidades Europeas se trasladó al derecho
español en 1997. Desde entonces el desarrollo del
112 ha sido heterogéneo en las diferentes comunidades autónomas del Estado español, con situaciones que van desde la existencia diferenciada de un
centro coordinador de urgencias y emergencias sanitarias al que se transfieren las llamadas sanitarias
entrantes al 112, hasta la integración total en un
mismo centro de todos los intervinientes (sanidad,
rescate, seguridad, protección civil, etc.).
SISTEMAS DE EMERGENCIAS MÉDICAS
EXTRAHOSPITALARIAS
Los sistemas de emergencias médicas extrahospitalarias se crean a finales de la década de los sesenta basándose en los modelos militares aplicados en los conflictos bélicos y en las grandes
catástrofes, para dar respuesta a las emergencias
sanitarias, principalmente la cardiopatía isquémica aguda y los accidentes. Los componentes básicos que conforman los sistemas de emergencias se
recogen en la tabla 20-1.
20
200 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
20
Existen tantos modelos de sistemas de emergencias como modelos sanitarios, ya que en cada
país se han desarrollado de acuerdo con su estructura sanitaria, pero todos los modelos aplican la
estrategia basada en la «cadena de supervivencia»
(fig. 20-1), en la que el primer eslabón es el alertante, el testigo o la víctima en una situación crítica. El ciudadano ha de conocer lo que debe y no
debe hacer en estas situaciones, hasta la llegada
de los servicios sanitarios. En concreto, el ciudadano debe conocer las acciones básicas que pueden salvar una vida: apertura manual de la vía
aérea, métodos para cohibir una hemorragia externa, posición lateral de seguridad y la reanimación cardiopulmonar (RCP) básica. Esta formación
debería ser un elemento cultural imprescindible y
sería fácil su logro mediante programas básicos
de educación sanitaria.
El alertante ha de poder contactar rápidamente
con el sistema, por lo que los centros de coordinación de emergencias deben disponer de un número de teléfono único de fácil memorización. El
centro coordinador debe dar respuesta a todas las
demandas y movilizar, si es necesario, el recurso
adecuado a la gravedad de la situación. El recurso
movilizado realiza la valoración in situ del afectado, su asistencia y su estabilización, pero sin demorar el potencial traslado a un centro sanitario
de urgencias o al hospital idóneo para iniciar el
tratamiento definitivo.
MODELOS DE SISTEMAS
PREHOSPITALARIOS
Hasta el comienzo de la década de los noventa, y
a pesar de los avances en los conocimientos tanto
médicos como tecnológicos, la atención a la patología urgente en el medio extrahospitalario seguía
la máxima de «cargar y correr», dando por supuesto que los avances se concentraban únicamente en el hospital. Este concepto consistía en
Figura 20-1
Tabla 20-1 Componentes de los sistemas
de emergencias
N Centros de coordinación de urgencias
N Información y educación de la población
N Formación y acreditación del personal del sistema
N Categorización y acreditación de hospitales
N Transporte sanitario
N Red de telecomunicaciones
N Coordinación con otros servicios de emergencia
N Colaboración en planes de catástrofes
N Control interno de calidad y eficiencia de las
prestaciones
N Participación de la población en el sistema
una rápida recogida del enfermo en el lugar de la
asistencia, y su transporte hasta el hospital más
próximo, en vehículos que no estaban dotados
para prestar los cuidados sanitarios necesarios.
Sin embargo, varios estudios demostraron que la
mayoría de las emergencias tienen una elevada
tasa de complicaciones y mortalidad en los primeros momentos, en el lugar donde se producen, y
que se pueden beneficiar de una atención sanitaria
in situ al máximo nivel. Esto hizo necesario mejorar la asistencia en el medio extrahospitalario, sustituyendo el concepto de «cargar y correr» por el
«estabilizar y trasladar». Este nuevo concepto de
la asistencia impulsó la creación y el desarrollo
de los modernos servicios de emergencias.
Actualmente la asistencia a las urgencias se entiende dentro del concepto de sistema integral, y
el grupo de trabajo interterritorial de urgencias
médicas extrahospitalarias lo ha definido como
«conjunto de recursos materiales y humanos que
tenga como finalidad primordial la recepción de
las solicitudes de urgencia subjetiva, su análisis y
clasificación, y resolución mediante los dispositi-
Cadena de supervivencia. RCP: resuciatación cardioopulmonar; SVA: soporte vital avanzado.
Coordinación de urgencias y emergencias sanitarias 201
vos adecuados, de las situaciones de urgencia no
vital y vital». Para comparar los diferentes modelos de asistencia médica podemos referirnos a
ellos (tabla 20-2) en función del teléfono de acceso, de su forma de procesar la demanda y del tipo
de respuesta ante la emergencia. Se pueden distinguir 3 modelos de asistencia extrahospitalaria a
las emergencias médicas, bien diferenciados entre
sí, que se exponen a continuación.
Modelo paramédico
En el modelo norteamericano (Emergency Medical System [EMS]) la demanda se realiza por teléfono, el 911, único para todo tipo de emergencias
y que da acceso a una central compartida con policías y bomberos (dispatch center) y atendida por
personal parasanitario especializado (EMD, Emergency Medical Dispatchers) (fig. 20-2A). Mediante
protocolos cerrados basados en síntomas o signos
guía, se envían ambulancias básicas o avanzadas
cuya dotación humana está formada por personal
parasanitario que es teledirigido en su intervención mediante protocolos asistenciales o comunicación directa radiotelefónica por el personal
médico de los centros hospitalarios a los que sistemáticamente se trasladará al enfermo. La dotación
humana de las ambulancias básicas la constituyen
los basic emergency medical technicians (EMT-As), o
EMT-D si tienen capacidad para realizar desfibrilación externa semiautomática. En las unidades
avanzadas la dotación humana la conforman técnicos básicos o intermedios (EMT-intermediates)
acompañados por personal parasanitario más cualificado (paramedics) o, en algunos casos, por enfermeros (emergency nurses, flying nurses) provenientes del medio hospitalario especializado en
emergencias y en cuidados intensivos. Este modelo se desarrolló a partir de 1966 y se expandió a
partir de 1973.
Tabla 20-2 Clasificación de los sistemas
de emergencias médicas
Según acceso telefónico
N Único para todas las emergencias (médica,
policial, bomberos, etc.)
N Específico para la urgencia médica
N Específico para la emergencia médica
Según análisis de la demanda
N Despacho
N Regulación médica
N Regulación no médica
Según respuesta a la urgencia médica
N Derivación a la medicina liberal
N Derivación a la atención primaria
N Con recursos propios
Según respuesta a la emergencia médica
N Un escalón sin médicos (básico o avanzado)
N Un escalón avanzado con médicos
N Dos escalones secuenciales (básico más avanzado
sin médicos)
N Dos escalones secuenciales con médico en
el avanzado
De Álvarez Fernández JA. Medifam. 1995; 5:235-6.
–permanenciers– realiza un análisis individualizado de cada demanda y da la respuesta más adecuada a ella.
El modelo sajón (Reino Unido, Holanda y países nórdicos) se desarrolló con claras influencias
del modelo norteamericano. El modelo alemán dispone de dos dispositivos complementarios, uno
basado en técnicos y otro avanzado, contando
además con un dispositivo aéreo (helicópteros)
muy extendido.
Modelo médico extrahospitalario
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Modelo médico hospitalario
Es un modelo de origen francés (Service d’Aide
Médical d’Urgence [SAMU]) (fig. 20-2B) en el que
la respuesta y la resolución de la demanda la realiza personal médico, así como la intervención in
situ. El SAMU se desarrolló a partir de 1965 y se
expandió a partir de 1986. Se accede al sistema sanitario a través de un teléfono específico de urgencias médicas (el 15) que conecta con una central médica (denominada centro 15 o Centre pour
la Réception et la Régulation des Appels o CRRA),
que se encuentra comunicada con las centrales de
la policía y de los bomberos. En el CRRA personal
sanitario –médico o de enfermería– y no sanitario
El modelo español de respuesta a las emergencias
médicas extrahospitalarias surge con características diferenciadoras: modelo medicalizado, con
personal operativo que procede mayoritariamente
de la medicina extrahospitalaria, y en algunas comunidades autónomas, como Cataluña, con unidades de enfermería. Es diverso en la recepción y
en el análisis de las llamadas (algunos disponen
de teléfonos específicos para emergencias médicas
y otros los comparten con las emergencias policiales y los bomberos). Todos tienen como característica común la presencia de médicos, tanto en el
centro coordinador como en las unidades asistenciales (fig. 20-2C).
20
202 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
A
Emergencia
médica
Emergencia
de bomberos
Emergencia
policial
B
Emergencia
médica
18
911
Dispatch
center
Ambulancias
C
Bomberos
085/080
061
Policías
Consejo
médico
D
091/088/092
Traspaso
Asistencia Primaria
Demanda
multisectorial
112
Demanda
multisectorial
CCU 061
Técnico sectorial
(médico)
20
Derivación
Centros
sanitarios
Atención
continuada
Ambulancias
SVA
Operadores
demanda 112
Policía
Central Médica
Consejo
médico
17
Policía
Central
Regulación Médica
Emergencia
médica
Bomberos
15
Bomberos
Ambulancias
SVB/SVE/SVA
Operadores del
sector SALUD
Gestores
de recursos
Activación de recursos
Figura 20-2 Diferentes modelos de coordinación de la emergencia sanitaria. A. Esquema de modelo paramédico.
B. Esquema de modelo SAMU francés. C. Esquema de modelo 061. D. Esquema funcional del centro integrado 112/CCU.
CCU: centros de coordinación de urgencias; SVA: soporte vital avanzado; SVB: soporte vital básico; SVE: soporte
vital con enfermería.
La asistencia se realiza en un escalón (unidad
de soporte vital avanzado [SVA]) o en dos escalones (un primer escalón de soporte vital básico
[SVB] y un segundo de SVA o soporte vital con
enfermería [SVE]). El equipo de emergencias lo
constituyen técnicos en transporte sanitario (TTS),
diplomados de enfermería (DE) y médico: 2 TTS
en unidades de SVB; TTS y DE en las de SVE, y
TTS, DE y médico en las de SVA.
CENTROS COORDINADORES DE
URGENCIAS Y EMERGENCIAS SANITARIAS
Un elemento fundamental de los sistemas de
emergencias médicas son los Centros de Coordinación de Urgencias (CCU), auténticos centros
neurálgicos del sistema, cuya función primordial
es optimizar todos los elementos de dicho sistema. Aunque son un elemento necesario, sólo
constituyen un eslabón más de la cadena asistencial. Los indicadores de calidad en la asistencia
extrahospitalaria valoran tanto el proceso en el
CCU como la atención de la unidad asistencial
(tabla 20-3).
Para el óptimo funcionamiento de un CCU se
considera igualmente de gran interés lo siguiente:
N
N
N
La existencia de una categorización de los hospitales en su ámbito de actuación.
Disponer en tiempo real de las camas disponibles y de la presión de urgencias en los hospitales.
Que su dependencia jerárquica sea de la autoridad sanitaria, aun en el caso de que su emplazamiento físico sea común con estructuras
no sanitarias.
Independientemente del modelo de central de
coordinación, todos tienen un esquema común:
Coordinación de urgencias y emergencias sanitarias 203
Tabla 20-3 Indicadores de calidad
en la asistencia extrahospitalaria
Indicadores del CCU
N Porcentaje de llamadas abandonadas en
teleoperación (puerta de entrada)
N Porcentaje de llamadas atendidas antes de un
tiempo determinado (s) en teleoperación
N Tiempo medio de respuesta de CCU en
emergencias
N Correlación diagnóstica del triaje médico con
el diagnóstico de la unidad asistencial
y el diagnóstico del hospital
N Emergencias no detectadas por el CCU
Indicadores de la unidad asistencial
N Tiempo medio de respuesta a las emergencias
N Adherencia a protocolos asistenciales y
terapéuticos
N Correlación diagnóstica entre el diagnóstico de
la unidad asistencial y el diagnóstico del hospital
N Cumplimentación de la historia clínica
La asignación automática de la respuesta la ejecuta el teleoperador, una vez clasificada la demanda, a partir de una protocolización, generalmente
informatizada. La asignación no automática la realiza un médico –médico consultor o médico coordinador– a partir de las llamadas que le pasa el teleoperador –las que el protocolo informatizado no
determina la respuesta adecuada–. Si se movilizan
recursos asistenciales, la asignación de la respuesta conlleva el tipo –o tipos– de recurso a activar.
La activación del recurso concreto que va a efectuar la asistencia es realizada –a menudo ayudado
por funcionalidades que seleccionan el vehículo
con mejor isócrona por GPS– por el radiooperador
(gestor de recursos), que efectúa asimismo el seguimiento en tiempo real de la intervención comunicando incidencias o consultando decisiones sanitarias del procedimiento al CCU. La cartera de
servicios no es idéntica en los CCU de las comunidades autónomas del Estado español. Las características de funcionamiento y las diferentes líneas
de servicio de un CCU se exponen en la tabla 20-4.
Otros
N Satisfacción del usuario
MEDIOS TÉCNICOS EN EL CCU
N Reclamaciones
CCU: Centro de Coordinación de Urgencias.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Entradas
(llamadas)
Proceso
(decisiones)
Salidas
(respuestas)
La recepción de la alerta corresponde a los teleoperadores (operadores de demanda), que tienen formación en técnicas de marketing telefónico
con aspectos específicos adaptados a un CCU sanitario. Los teleoperadores recogen los datos y
clasifican la demanda, generalmente en un tiempo
inferior a 2 min si están dotados de los medios técnicos necesarios (sistema de información para la
gestión, localización del incidente en la cartografía
[GIS], sistema de telefonía adecuado, etc.). Es vital
que en la puerta de entrada no se generen colas,
y que en casos de saturación de llamadas las colas
sean internas, con una primera clasificación de
la demanda ya realizada para poder discriminar la
primera urgencia.
El objetivo del CCU es dar la respuesta adecuada a cada demanda, lo cual no tiene por qué coincidir con la expectativa del alertante, sino con la
necesidad del afectado. Las respuestas pueden ser
sin movilización de recursos (consulta médica, información, derivación por sus propios medios al
nivel asistencial adecuado, etc.) o con movilización de recursos (emergencias, visita domiciliaria,
transporte sanitario urgente, etc.).
La tecnología es un instrumento auxiliar que en
ningún caso puede prevalecer sobre el contenido
organizativo o sanitario de un CCU, por deslumbrante que sea (v. tabla 20-4). La telefonía de los
CCU consta de líneas para la atención de usuarios
y otras para la entrada y la salida de gestión (líneas convencionales, dedicadas, fax, etc.). Se ha
generalizado la utilización de distribuidores automáticos de llamadas (ACD) que permiten la distribución inteligente de llamadas entrantes hasta los
teleoperadores, y la transferencia de llamadas hasta los médicos consultores o coordinadores, lo que
permite gestionar las colas internas con criterios
de urgencia. La «conferencia a tres» es otra funcionalidad muy útil en el CCU a la hora de gestionar
algunas intervenciones. Estos sistemas proporcionan también datos estadísticos de llamadas (distribución horaria de llamadas entrantes, actividad de
cada agente del CCU, transferencias, etc.).
La comunicación con los recursos asistenciales
incluye desde los sistemas de voz por radio, o
trunking, hasta la transmisión de datos entre el
sistema informático del CCU y el sistema informático embarcado en el vehículo. Los sistemas informáticos de gestión avanzados integran la telefonía y el sistema de comunicaciones (trunking,
transmisión de datos, grabaciones) y ligan los registros al incidente gestionado.
Los CCU están diseñados para coordinar la demanda sanitaria tanto en situaciones ordinarias
como extraordinarias: accidentes con múltiples víc-
20
204 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 20-4 Funcionamiento de un centro
de coordinación de urgencias
Características organizativas
N Ámbito territorial definido
N Funcionamiento 24 h × 365 días
N Acceso mediante teléfono único
N Cartera de servicios definida (emergencias,
atención continuada, información, etc.)
N Personal destinado a la recepción de las llamadas
N Personal para el análisis y resolución de las
demandas de asistencia
N Personal para la movilización de los vehículos
y ambulancias
N Vehículos y ambulancias propios o concertados
N Sistemas de grabación de teléfono y radio
N Sistemas de registro informatizado de la actividad
N Autoridad delegada por las autoridades sanitarias
para la coordinación de recursos sanitarios de su
ámbito de actuación
N Coordinación del grupo sanitario en la ejecución
de los planes de emergencia y catástrofes de su
ámbito territorial
Cartera de servicios
N Consejo médico
N Atención a las urgencias y emergencias
20
N Atención domiciliaria continuada
N Traslado interhospitalario del enfermo crítico
N Coordinación del transporte sanitario urgente
N Traslado extracomunitario y repatriaciones
N Servicios preventivos de riesgo previsible
N Asistencia sanitaria dentro de los planes de
emergencia de su comunidad autónoma
N Coordinación de trasplantes/traslado de órganos
N Telemedicina
N Formación en emergencias
Elementos tecnológicos
N Sistema de telefonía ACD (automatic call
distribution)
N Transmisión de voz con los recursos vía radio.
Trunking
N Transmisión de datos con los recursos
N Sistema informático de gestión. Cartografía (GIS
[geografic information system] y GPS [global
positioning system])
N Sistema de grabación de llamadas de telefonía y
radio
N Sistemas auxiliares que garanticen el
funcionamiento: SAI (sistema de alimentación
ininterrumpida), generador de electricidad
timas, catástrofes, servicios preventivos de riesgo
previsible, etc. No tiene sentido la creación de estructuras específicas para la situación extraordinaria si no es para la coordinación de varias centrales
de coordinación sectorial de todos los intervinientes, pero dejando la coordinación de los recursos de
cada sector a quienes la realizan cada día.
CENTROS INTEGRADOS 112 Y CCU
El Consejo de las Comunidades Europeas, considerando que en los Estados miembros se utilizan
distintos números de teléfono para acceder a los
servicios de urgencia de toda índole –circunstancia que provoca a los ciudadanos que se encuentran ante situaciones de urgencia en otros Estados
miembros dificultades para ponerse en contacto
con los servicios competentes–, y dado el notable
incremento de los desplazamientos particulares y
profesionales dentro de la Unión Europea, decide
la creación de un número de llamada de urgencia
único europeo: el 112 (Decisión del Consejo de Comunidades Europeas 91/396/CEE de 29 de julio).
Asimismo, y de acuerdo con esta Decisión, se
insta a adoptar las medidas necesarias para garantizar que las llamadas a dicho número reciban
la respuesta y la atención apropiadas. Esta Decisión del Consejo de Comunidades Europeas fue
trasladada al derecho interno español mediante el
Real Decreto 903/1997, de 16 de junio, por el que
se regula el acceso mediante redes de telecomunicaciones al servicio de atención de llamadas de
urgencia a través del número telefónico 112 y se
atribuye a las comunidades autónomas la prestación del servicio a través de los correspondientes
centros de recepción de llamadas. Dicho Real Decreto establece que el número 112 podrá utilizarse,
sin coste monetario alguno, por los ciudadanos
para requerir, en caso de urgente necesidad, la
asistencia de los servicios públicos competentes
en materia de atención de urgencias sanitarias, de
emergencias ambientales, de extinción de incendios y salvamento, de seguridad ciudadana y de
protección civil, cualquiera que sea la administración pública de la que dependan. Esta misma norma atribuye de manera expresa la prestación del
servicio público de atención de las llamadas de
urgencia a las comunidades autónomas, las cuales
tienen la obligación de establecer los centros de
recepción de llamadas de urgencia correspondientes y las redes de telecomunicaciones necesarias.
Cada comunidad autónoma ha desarrollado el
marco legal necesario que establece la finalidad y
las funciones del servicio público de atención de
llamadas de urgencia, las características con las
que se ha de prestar el servicio y cómo se regula su
Coordinación de urgencias y emergencias sanitarias 205
gestión. También determinan la creación del centro de gestión integrada de llamadas de urgencia,
su finalidad y sus funciones, definen el régimen de
colaboración con otros departamentos, administraciones y entidades públicas y privadas, y regulan la organización del centro en los órganos de
gobierno correspondientes.
En la actualidad, la mayoría de comunidades
autónomas mantienen la doble vía de entrada de
las llamadas a través del número de urgencias sanitario existente (061 en su mayoría) y el 112. La
recepción de la alerta es sólo una parte del proceso de un centro coordinador, que puede ser fácilmente protocolizada y se puede realizar tanto
desde una central sanitaria como desde un centro
integrado 112. El proceso posterior, estrictamente
sanitario, exige la organización de un CCU sanitario. Es conveniente la existencia de una vía de entrada propia al CCU para la utilización de su estructura en otros servicios al margen de la
emergencia (fig. 20-2D). El nivel de integración actual entre los centros 112 y los CCU sanitarios varía en función de diferentes parámetros, desde la
mera transferencia de llamadas desde el centro 112
al CCU sanitario, hasta la integración absoluta.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Álvarez Fernández JA. Modelos de asistencia a las
emergencias médicas en el medio extrahospitalario.
Medifam. 1995; 5:235-6.
American College of Emergency Physicians. Military
Emergency Medical Systems. Ann Emerg Med.
1989;18:214-21.
Bossaert L. A survey of emegency medical sevice
systems in Europe. J. Vincent, Bruxelles:
The year book of Emergency Medicine; 1992.
p. 663-72.
Boyd DR. The conceptual development of EMS Systems
in the United States. Emergency Medical Services.
1982;11:19-35.
García Pardo J. Asistencia prehospitalaria al enfermo
crítico. Ponencia del Segundo Congreso Nacional. La
Coruña: SEMIUC; 1994. p. 365-8.
Gil Robles Gil Delgado A. Informe sobre Servicios de
Urgencia del Sistema Sanitario Público. Madrid:
Oficina del Defensor del Pueblo; 1988.
Grupo de Trabajo Interterritorial de Urgencias Médicas
Extrahospitalarias. Emergencias. 1992;6:1-7.
Heaton LD. Army medical service activities in Vietnam.
Milit Med. 1966;131:646-7.
Hormaechea E. Documentos de trabajo para la
organización de un Plan de Atención Sanitario de
urgencia. Madrid: SEMIUC; 1983.
Ministère de la Santé et des Services Sociaux. Les soins
préhospitaliers d’urgence. Plan d’action.
Gouvernement du Québec; 1990.
National Committee of Trauma and Committee of
shock. Accidental death and disability: the neglected
disease of modern society. Washington DC: National
Academy of Sciences; 1966.
Perales N. Atención prehospitalaria a la cardiopatía
isquémica aguda. Med Intensiva. 1986;10:3-12.
Public Law 93-154. Emergency Medical Service Systems.
Act of 1973. 93rd Congress. 1973;52410.
20
206
Capítulo 21
Gestión y preparación
hospitalaria ante catástrofes
Alejandro Báez
PUNTOS CLAVE
N
N
La respuesta del sector salud es uno de los
elementos fundamentales de todo plan para
emergencias. El servicio de emergencias y
la unidad de cuidados intensivos son dos
áreas clínicas importantes, tanto desde
una perspectiva de utilización como de
vulnerabilidad, en situaciones de catástrofe
y en sucesos con múltiples víctimas.
N
El sistema de comando de incidentes es una de
las herramientas más valiosas en la gestión en
catástrofes; representa un conjunto de reglas
y/o procedimientos que definen relaciones y
responsabilidades entre las partes implicadas
en el manejo del incidente.
N
El «índice de seguridad hospitalaria» es una
herramienta de evaluación creada y promovida
por la Organización Mundial de la Salud
que proporciona una idea inmediata de la
probabilidad de que un proveedor de salud
continúe funcionando en casos de catástrofe.
La «matriz de evaluación de riesgo» es una
herramienta valiosa para la preparación de
la atención en catástrofes y proporciona un
método sistemático para asignar un nivel
de peligro a un acontecimiento basado en
la gravedad y en la frecuencia.
CASO
CLÍNICO
Usted ha sido elegido como director del Comité Hospitalario para Catástrofes de su institución. Dentro de sus funciones se encuentra
la coordinación de actividades específicas para la gerencia en catástrofes. Se han identificado como áreas críticas el servicio de emergencias y la unidad de cuidados intensivos (UCI).
Como prioridades inmediatas están la creación de un plan hospitalario para catástrofes y
la evaluación del plan en un simulacro a gran
escala.
La gestión y la administración de catástrofes abarcan las políticas y las decisiones administrativas,
conjuntamente con las actividades operacionales
destinadas a la preparación, la respuesta y la rehabilitación de la población ante catástrofes, y todo
ello orientado hacia la planificación, la organización, la dirección, la ejecución y el control de las
acciones que permitan evitar o mitigar los efectos
de la catástrofe sobre individuos, poblaciones e infraestructuras (tabla 21-1). Las fases en la gestión
de la catástrofe son 3:
N
Prevención. Medidas y acciones diseñadas para
evitar o reducir el impacto de la potencial catástrofe.
Gestión y preparación hospitalaria ante catástrofes 207
Tabla 21-1
Definiciones de conceptos básicos en gestión de catástrofes y emergencias
Emergencia
Catástrofe
Amenaza
Riesgo
Vulnerabilidad
Plan de
catástrofe
externo
Plan de
catástrofe
interno
N
N
Suceso que produce un número de víctimas tal que requiere con todos los recursos disponibles
de la institución más allá de los requerimientos estándar
Ocurrencia de un acontecimiento catastrófico (natural o terrorista) con un número mayor de
víctimas que sobrepasa la capacidad de respuesta de la institución y requiere de
consecución de recursos humanos y logísticos externos
Representa un peligro latente asociado con un fenómeno físico de origen natural o humano
que puede presentarse en un sitio específico y en un tiempo determinado
Daño, destrucción o pérdida esperada obtenida de la probabilidad de ocurrencia de episodios
peligrosos y de la vulnerabilidad de los elementos expuestos a tales amenazas
Predisposición intrínseca de un sujeto o elemento a padecer daño debido a posibles acciones
externas
Programa diseñado por las instituciones para prestar la atención médica necesaria a las
víctimas de una catástrofe producida fuera de las instalaciones del hospital, optimizando
la disponibilidad del recurso técnico y humano en beneficio de los enfermos
Programa diseñado por las instituciones para atender cualquier contingencia que ocurra
dentro de las instalaciones del hospital y que produzca un número mayor de víctimas o
daños estructurales que obliguen a la evacuación
Emergencia. Conjunto de actividades y medidas utilizadas durante e inmediatamente después de la catástrofe, diseñadas para minimizar sus efectos. Esta fase también incluye la
rehabilitación.
Reconstrucción. Conjunto de acciones orientadas a la recuperación de la normalidad acaecida la catástrofe.
áreas técnicas que se consideran como prioridades
de salud pública ante las emergencias:
N
N
N
N
N
PLANIFICACIÓN DE EMERGENCIAS
EN EL SECTOR SALUD
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
La respuesta del sector salud es uno de los elementos fundamentales de todo plan para emergencias. El desarrollo de un plan de emergencias
debe considerar la existencia de planes a diferentes niveles, así como considerar un diseño que
contemple múltiples escenarios potenciales y peligros específicos. Para el óptimo desarrollo de este
plan es necesario tener una perspectiva global que
incluye el reconocimiento del riesgo y de la vulnerabilidad existentes, del lugar en que puedan ocurrir las emergencias y, también, del conocimiento
de la comunidad, del gobierno y de los responsables de planificación y respuesta ante una emergencia (fig. 21-1).
El proceso de planificación para emergencias y
catástrofes en el sector salud ha de considerar aspectos específicos de la localidad o comunidad
afectadas, incluyendo elementos sociales, demográficos, culturales y económicos. Es asimismo
necesario considerar la existencia de elementos de
política de salud relacionados con las catástrofes y
con la preparación ante las emergencias. Hay 8
N
Gestión y preparación ante incidentes con víctimas múltiples.
Enfermedades transmisibles/contagiosas.
Nutrición.
Salud materno-infantil.
Sanidad, agua e higiene.
Enfermedades no transmisibles (incluyendo la
salud mental).
Aspectos farmacéuticos y biológicos.
Servicios de atención de salud.
MATRIZ DE EVALUACIÓN DE RIESGO
La matriz de evaluación de riesgo (MER) es una
herramienta muy valiosa para afrontar una catástrofe. La MER proporciona un método sistemático para asignar un nivel de peligro a un
acontecimiento basado en su gravedad y en su
frecuencia (tabla 21-2). El nivel de peligro consiste en un número y en una letra. El número representa la gravedad del acontecimiento, mientras
que la letra representa su frecuencia. Como se detalla en la tabla, cada nivel de peligro se asocia a
una categoría de riesgo. Las categorías de riesgo
ayudan a los miembros del equipo de gestión de
riesgos a distinguir las amenazas creíbles de alto
peligro y que pueden dar lugar a pérdidas de vidas humanas, de las amenazas menos creíbles,
aunque comporten un menor riesgo. Así, por tanto, las categorías de riesgo ayudan a una mejor
toma de decisiones.
21
208 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Evaluación y planificación
Recoger información requerida
Reclutar individuos y organizaciones que contribuyan a la implantación exitosa del plan
Analizar potenciales problemas
Evaluar riesgos, causas
Desarrollar posibles estrategias para la respuesta y recuperación
Analizar recursos
Identificar recursos requeridos y disponibles para la respuesta
y recuperación
Definir responsabilidades
Categorizar responsabilidades individuales
e institucionales
Definir estructura de gestión
Describir el comando y control del incidente y general, así como de agencias
específicas
Figura 21-1
Tabla 21-2
Elementos del proceso de planificación para emergencias.
Matriz de evaluación de riesgo
Gravedad del riesgo
21
Probabilidad de riesgo
I
Catastrófico
II
Crítico
III
Marginal
IV
Insignificante
Frecuencia de ocurrencia
(A) Frecuente
(B) Probable
(C) Ocasional
(D) Remota
(E) Improbable
1A
1B
1C
1D
1E
2A
2B
2C
2D
2E
3A
3B
3C
3D
3E
4A
4B
4C
4D
4E
Código de evaluación de riesgo
Nivel de riesgo
1A, 1B, 1C, 1D, 2A, 2B, 2C, 3A
1E, 2D, 3B, 3C, 4A
2E, 3D, 3E, 4B, 4C, 4D, 4E
Alto
Mediano
Bajo
SISTEMA DE COMANDO DE INCIDENTES
El sistema de comando de incidentes (SCI) representa otra herramienta valiosa en la gestión de la
catástrofe (fig. 21-2). Desarrollado en la década de
los setenta como respuesta a los devastadores incendios forestales del estado de California, hoy el
SCI se ha convertido en el estándar para la gestión
de incidentes en forma de emergencias o de catástrofes. El SCI representa un conjunto de reglas y/o
procedimientos que definen relaciones y responsabilidades entre las partes que trabajan en el incidente. Es un sistema de trabajo ideado para el control de emergencias, aplicable en incidentes de
diversa magnitud, y que puede expandirse o contraerse en función de si la situación crece o decrece. El SCI tiene 9 componentes fundamentales:
N
Terminología común: todos hablan el mismo
«idioma».
Gestión y preparación hospitalaria ante catástrofes 209
Comandante
del incidente
N
N
Sección de
operaciones
Sección de
planificación
Sección de
logística
Sección de
finanzas
Figura 21-2 Organigrama básico del sistema de
comando de incidentes.
N
N
N
N
N
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
Organización modular: el tamaño y la complejidad de la emergencia determinan las funciones; el SCI crece si la emergencia crece.
Comunicación integrada: se establece un plan de
comunicaciones con uso de códigos y frecuencias.
Estructura de mando: unificación del mando (en
verdad, un comando) y del plan de operaciones, para optimizar los recursos.
Plan de acción: establece los objetivos y metas a
cumplir, así como las actividades tácticas y de
soporte.
Alcance del control: en referencia al control sobre
personas, unidades, grupos o divisiones. Para
la máxima eficiencia y control se aconseja un
máximo de 7 subordinados.
Puestos predeterminados: el SCI debe establecer un
número de puestos para manejar la situación de
emergencia o la catástrofe. Los puestos en cuestión son el puesto de comando, donde se ubica
el SCI, y el punto de reunión o área de espera,
para que los recursos en camino se reúnan y esperen instrucciones. Un punto de reunión puede
ser, por ejemplo, una base o un campamento.
Recursos y su manejo: en referencia a los recursos necesarios y a su óptima utilización.
Gestión de la información e inteligencia: determina un proceso de recogida de datos y de información relacionada con el incidente, integrando un proceso de depuración para entregar
documentos de información oficial a las autoridades y a los medios de difusión.
El SCI define 5 funciones organizacionales básicas:
N
N
N
Comando. El comandante del incidente asume
toda la responsabilidad del incidente.
Operaciones. El comandante de operaciones asume la responsabilidad del manejo operativo del
incidente y es responsable de la implantación
del plan de acción.
Planificación. El oficial de planificación tiene la
responsabilidad de recoger, evaluar, diseminar
y utilizar la información acerca del incidente y
del estado de los recursos.
Logística. El oficial de logística es el responsable
de la logística y distribución de los recursos
para las operaciones.
Finanzas. Esta organización se establece si es
necesario llevar un control sobre los costes monetarios y sobre los gastos relacionados con el
incidente.
El SCI se inicia y activa una vez que la primera
unidad llega a la escena de la situación de emergencia o de catástrofe. El personal que esté al cargo evaluará la situación catalogando tipo de incidente, el número de víctimas y los recursos
necesarios, y también decidirá la necesidad de
transferir la responsabilidad a un individuo o
agencia más adecuada y con mejor experiencia.
PREPARACIÓN Y PLAN HOSPITALARIO
ANTE CATÁSTROFES
Históricamente, las instituciones sanitarias han
padecido directamente las consecuencias de las
catástrofes, con malos resultados y afectando negativamente a su capacidad de respuesta. Uno de
los episodios más lamentables fue el terremoto
de México D.F. (1985), donde la repercusión sobre
tres de las más grandes instituciones sanitarias
comportó un déficit súbito de 5.829 camas y 856
víctimas fatales, entre quienes se contaban enfermos, profesionales de la salud, personal administrativo y familiares. De igual forma, los huracanes
George y Mitch, en 1998, afectaron a más del 10%
de la capacidad hospitalaria de las zonas afectadas
en Centroamérica y en países caribeños.
A partir de estas devastadoras experiencias se
ha determinado que todo hospital expuesto a
amenazas naturales o humanas debe estar habilitado y preparado para soportar el impacto de una
catástrofe, y también para prestar asistencia a las
víctimas en los momentos críticos posteriores.
Este proceso de preparación abarca la reducción
de vulnerabilidad de sus componentes físicos y
organizativos y el desarrollo de preparativos para
dar respuesta oportuna y adecuada a la demanda
masiva de servicios asistenciales urgentes.
Para mitigar las consecuencias institucionales
es necesario crear un Comité hospitalario de catástrofes, responsable de la creación, implantación
y validación del Plan hospitalario de catástrofes.
Su objetivo principal es preparar a la institución
para atender de una forma oportuna, efectiva y
eficiente las emergencias internas, externas e institucionales. El plan ha de contemplar posibles
eventualidades internas y externas, considerando
la necesidad específica de realizar simulacros, tanto a pequeña como a gran escala, para evaluar la
21
210 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
capacidad de respuesta y ajustar el sistema, para
determinar las necesidades logísticas y de recursos humanos, y para integrar estos esfuerzos con
los de otras instituciones del área si se requiere
una acción conjunta.
ÍNDICE DE SEGURIDAD HOSPITALARIA
21
El índice de seguridad hospitalaria (ISH) es una
herramienta de evaluación creada y promovida
por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El
ISH proporciona una idea inmediata de la probabilidad de que una organización sanitaria continúe
funcionando en casos de catástrofe. Al determinar
el ISH de un hospital, debe tenerse en cuenta el
medio ambiente y la red de servicios de salud al
que pertenece. Así, los responsables de tomar decisiones tendrán una idea más amplia de su capacidad de respuesta a emergencias y catástrofes.
La determinación del ISH permite la vigilancia
continua del nivel de seguridad de los diferentes
establecimientos de salud. Se efectúan una serie de
pasos para calcular el ISH, y este proceso involucra la aplicación de una lista estandarizada de verificación de componentes y sus niveles de seguridad. Un sistema de calificación asigna un valor
numérico a cada aspecto de acuerdo con su importancia relativa en contribuir a la capacidad de un
hospital para resistir una catástrofe y seguir funcionando. En la página web http://safehospitals.info/
hay información más detallada sobre el ISH.
SERVICIOS DE EMERGENCIA Y MEDICINA
CRÍTICA FRENTE A PANDEMIAS
Y CATÁSTROFES
El servicio de emergencias (SE) y la UCI son dos
áreas clínicas importantes tanto desde una perspectiva de utilización como de vulnerabilidad en
situaciones de catástrofe y en accidentes con víctimas masivas. En las últimas décadas se han desarrollado esfuerzos significativos relacionados con
la organización y la optimización de recursos en
los SE y en las UCI para responder ante una catástrofe, y su preparación abarca situaciones que impliquen traumatismos, terrorismo, guerra, incidentes de tipo infeccioso, catástrofes naturales,
etc. La capacidad de estas unidades para afrontar
catástrofes contribuye a la adecuada respuesta y
al óptimo funcionamiento del hospital frente a
ellas.
Aspectos específicos para desarrollar en la preparación del SE y de la UCI involucran necesariamente elementos de diseño de estructura,
optimización de procesos clínicos y de procesos
administrativos, implantación de programas de
vigilancia epidemiológica y programas de protección de los profesionales sanitarios. Los SE y las
UCI se han de diseñar bajo el concepto de «listo
para catástrofe». Un ejemplo particular a gran escala de esta iniciativa de emergencias «disaster
ready» es el proyecto ER One del Washington Hospital Center, en Washington DC, donde el proyecto contempla una emergencia diseñada con una
capacidad de expandirse para atender un volumen diez veces mayor que el rutinario, así como la
integración de diseños específicos con elementos
de descontaminación y habitaciones de enfermos
con presión negativa, protección para radiación,
elementos avanzados de seguridad y una amplia
plataforma de tecnología de la información.
Un caso particular preocupante y de necesaria
planificación es el concepto de saturación de la
UCI por la amenaza de pandemia por gripe. Ante
esta amenaza, el peor escenario en EE.UU. para la
pandemia del 2009, contempló unos 700.000 enfermos que requerirían ventilación mecánica invasiva. Ante la misma eventualidad, en el Reino Unido
se preveía una ocupación del 231% de la capacidad actual de camas del nivel 3 (UCI). Así, la planificación contempló la ampliación de la capacidad de atención de enfermos críticos en cuanto a
espacio, a profesionales y a equipos, entendiendo
que dentro de los posibles escenarios y proyecciones probables la demanda excedería la oferta de
servicios, por lo que deben incorporarse estándares validados estrictos de clasificación y de evaluación de enfermos críticos. Afortunadamente, no se
cumplieron los malos augurios de la pandemia de
gripe en 2009.
Existen modelos de simulación para la utilización de servicios hospitalarios ante una pandemia, tales como el software FluAid 2.0® del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de
Atlanta (EE.UU.). Durante el brote de SARS de
Toronto, hasta el 32% de los casos fueron admitidos en la UCI, de los que el 25% necesitó ventilación mecánica invasiva. En Singapur, el 98% de
los enfermos de SARS admitidos en la UCI desarrollaron síndrome de distrés respiratorio agudo
(SDRA). A tenor de estas experiencias, es necesario disponer de un plan de contingencia para servicios de medicina intensiva que contemple aumentar la capacidad de respuesta a enfermos
críticos con insuficiencia respiratoria aguda y necesidad de ventilación mecánica invasiva.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Chan WF, Wong TK. Preparing for pandemic influenza:
revisit the basics. J Clin Nurs. 2007;16:1858-64.
Gestión y preparación hospitalaria ante catástrofes 211
Christian MD, Hawryluck L, Wax RS, Cook T, Lazar
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Ten Eyck RP. Ability of regional hospitals to meet
projected avian flu pandemic surge capacity
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disaster preparedness and surge capacity in
emergency facility planning. J Ambul Care Manage.
2008;31:377-85.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
21
212
Capítulo 22
Medidas de autoprotección
en la atención sanitaria
prehospitalaria
Juan A. Nieto, Salvador Cerezo y Ramón Cereza
PUNTOS CLAVE
N
N
El conocimiento del uso del equipo de
autoprotección, así como las medidas de
protección, harán que los posibles riesgos de
perecer en un accidente fortuito se minimicen.
N
No hay que apearse del vehículo hasta que éste
no esté completamente detenido, hecho que
indica la persona que conduce el vehículo:
el técnico en transporte sanitario.
N
La colaboración con el resto de cuerpos
actuantes es esencial para la seguridad del
equipo y del enfermo.
El vehículo asistencial debe estar colocado
adecuadamente para garantizar la seguridad.
quiere su traslado a un centro especializado. El
enfermo refiere que resultó herido durante el
infructuoso intento de ayudar a los accidentados a salir del coche incendiado.
CASO
CLÍNICO
La unidad del sistema de emergencias es activada para actuar en una colisión que se ha producido en una vía rápida. Hay 2 turismos implicados. En la aproximación al lugar del accidente
se puede observar uno de los vehículos incendiado y el segundo volcado con las cuatro ruedas hacia arriba. Un tercer vehículo, que aparentemente no está implicado en el accidente, se
encuentra a unos 10 m por delante de los vehículos accidentados. Alrededor del vehículo
incendiado no se observan personas, y en el interior del vehículo volcado hay 2 personas
adultas. El integrante del tercer vehículo, no
implicado, está sentado en el suelo, apoyado en
su vehículo, con quemaduras de tercer grado
en la cara, en el brazo y en el hemitórax izquierdos. Tras la valoración del escenario y de los
accidentados, los servicios de emergencias concluyen, a nivel sanitario, con un único enfermo
vivo con quemaduras de tercer grado que re-
Los servicios de emergencia, tanto sanitarios como
de salvamento, guían sus intervenciones por el
procedimiento de actuación que se reconoce por
el acrónimo PAS (proteger, alertar, socorrer). Su
aplicación se lleva a cabo en este estricto orden secuencial, sin proceder al siguiente paso si no se ha
solucionado el anterior:
N
Proteger. Son todas las acciones que se realizan
en el lugar donde se produce la emergencia tras
la llegada de los equipos que intervienen; están
destinadas a garantizar la propia seguridad, la
de las víctimas y la del resto de personas allí concentradas. Se procede a la protección global del
escenario con todos los elementos disponibles:
vehículo sanitario, señales luminosas, uniformes, guantes, mantas térmicas, etc.
Medidas de autoprotección en la atención sanitaria prehospitalaria 213
N
N
Alertar. Consiste en solicitar las ayudas y recursos necesarios para la seguridad y la asistencia
de las personas implicadas.
Socorrer. Son las actuaciones sanitarias que se
realizan sobre los enfermos.
Es necesario conocer las medidas de protección que se pueden tomar para garantizar la seguridad tanto de las víctimas como del equipo
asistencial. En la fase de «Protección» hay que
empezar la actuación con una autoprotección activa y seguidamente con la protección de la/s
víctima/s. Aunque las funciones anteriores corresponden tradicionalmente al técnico en transporte sanitario que conduce la ambulancia, el
resto del equipo las debe conocer y ha de colaborar en ellas. El conocimiento del uso del equipo
de autoprotección, así como las medidas de protección, minimizan los posibles riesgos de perecer en un accidente fortuito.
MEDIDAS PASIVAS DE AUTOPROTECCIÓN
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Uniformes
Un uniforme adecuado es la primera medida de
autoprotección para el equipo asistencial. Éste
identifica al personal sanitario como tal, diferenciándolo de otros cuerpos actuantes y evitando así
la confusión en los usuarios. Los colores vivos y
los elementos reflectantes que deben llevar proporcionan una mayor visibilidad del equipo mientras actúa, tanto durante el día como durante la
noche, lo cual es de especial relevancia en los accidentes de tráfico.
Los uniformes que se usan habitualmente se
confeccionan con materiales resistentes que proporcionan una mayor protección en caso de cortes
y de contacto con líquidos (p. ej., líquidos del motor del vehículo, sangre). Se pone énfasis tanto en
la comodidad como en la funcionalidad, dotándolos de bolsillos amplios y de protecciones acolchadas en zonas como las rodillas. Al uniforme básico
se le añaden, cuando la actuación así lo requiere,
elementos de protección individual (EPI), como el
casco, los guantes anticorte, las gafas protectoras,
etc. Finalmente, el calzado debe ser cómodo, aislante de la electricidad y a ser posible del agua, y
con la suela antideslizante y la puntera reforzada.
Seguridad en el vehículo
La ambulancia, o el vehículo en que se desplace el
equipo sanitario, debe contar con los últimos
avances disponibles en seguridad activa y pasiva:
ABS, EDS, dirección asistida y motor con potencia
suficiente, cinturones de seguridad homologados,
dispositivos de airbag, barras de protección laterales y estructura antivuelco.
Las señales luminosas de emergencia propias
de este tipo de vehículos, que desempeñan un papel importante en la señalización del lugar donde
trabaja el equipo, deben ser de fácil interpretación
y contar con la homologación pertinente. El cinturón de seguridad debe ser usado por todos los
ocupantes de la ambulancia, siempre que ésta se
encuentre en movimiento. Además de los integrantes del equipo asistencial, el enfermo ha de
viajar correctamente sujeto a la camilla por 3 puntos: tórax, cintura y extremidades inferiores. Por
último, debe existir comunicación entre la cabina
asistencial y la cabina de conducción, para informar de cualquier incidencia en el traslado y adoptar las medidas oportunas.
El material de la cabina asistencial debe ir fijado correctamente, pues todo objeto que se desprenda en caso de colisión podría lesionar gravemente a los pasajeros. El mobiliario y los elementos
salientes, como las tomas de oxígeno, han de estar
protegidos para que el enfermo y el personal sanitario no se lesionen con ellos. En la cabina de conducción conviene evitar cualquier objeto no fijado,
incluidos los equipos de comunicaciones y las carpetas metálicas.
MEDIDAS ACTIVAS DE AUTOPROTECCIÓN
Una vez en camino, la conducción del vehículo es
determinante para la seguridad del equipo asistencial, y también para el resto de usuarios de la
vía pública. La conducción ha de ser defensiva, en
la que el conductor pueda prever de antemano los
posibles problemas que pueden surgir. La velocidad debe ajustarse a las circunstancias (densidad
del tráfico, climatología, tipo de vía por la que se
circula, zonas peatonales), sin movimientos bruscos del vehículo y señalizando correctamente los
cambios de dirección y el resto de maniobras. Deben respetarse las normas del Código de Circulación relativas a la conducción de vehículos de
emergencias, ya que el objetivo de las señales luminosas y acústicas no es correr más, sino procurar no detenerse.
La elección de la ruta adecuada para llegar al
lugar de la actuación desempeña también su papel en la seguridad. Siempre que sea posible se
ha de elegir la ruta más segura, la más rápida y
la más corta, por este orden secuencial. Las calles
anchas y las vías de circunvalación de muchas
poblaciones, siempre que no estén colapsadas
por el tráfico, proporcionan más seguridad, ya
que tienen mayor visibilidad y buen margen de
22
214 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
22
maniobrabilidad. El conocimiento de la zona donde se trabaja y el itinerario adecuado fijado antes
de salir evitan sorpresas relativas a la seguridad
(fig. 22-1).
La visualización global del escenario de la
emergencia, instantes antes de llegar, proporciona
una información valiosa para la planificación de la
seguridad del equipo y de los accidentados. La colocación de la ambulancia en el escenario es una
de las principales medidas de autoprotección.
Cuando el equipo sanitario es el primero en llegar,
se debe prestar especial atención al lugar donde se
para el vehículo, pues éste se convertirá en el elemento principal de señalización del incidente hasta la llegada de los cuerpos policiales, que se harán cargo de esta tarea. Se debe detener el vehículo
antes de llegar a la escena del accidente, a no menos de 15 m del mismo (figs. 22-2 y 22-3). En las
vías rápidas, por las que se circula a 80 km/h, lo
ideal sería parar a unos 25 o 30 m antes del escenario de la colisión. Con el motor en marcha, con
las señales luminosas de emergencia activas y colocando el material de señalización (conos y balizas) se consigue el objetivo de aislar el área de
asistencia de la circulación. Las ruedas directrices
han de quedar giradas hacia fuera, de manera que
si otro vehículo alcanzase por detrás a la unidad
sanitaria, ésta no se precipitaría sobre el área de
trabajo ni sobre las personas que allí se encuentran. En vías de doble sentido de circulación, el
accidente y los vehículos de emergencia han de
ser vistos desde ambos sentidos de la marcha. Es
prioritario no interrumpir totalmente la circulación, ya que si así se hiciera, se impediría la llegada de los recursos de ayuda que se soliciten, además de la posibilidad de provocar otro accidente
por alcance en la cola de la retención.
CÓDIGO EUROPEO
Código de peligro
(sólo cisternas)
Sin números
El vehículo transporta
mercancías peligrosas
sin especificar
X423
CÓDIGO DE PELIGRO
2257
CÓDIGO DE MATERIA
Código de identificación de materia
N.° ONU Número de cuatro cifras asignado oficialmente en el TPC
(España) y el ADR (Europa) a cada producto. En la ficha están
relacionados correlativamente.
Código de identificación del peligro
La primera cifra indica
el peligro principal
La segunda y la tercera cifras indican
los peligros secundarios
2 Gas
3 Líquido inflamable
4 Sólido inflamable
5 Materia comburente
o peróxido orgánico
6 Materia tóxica
8 Materia corrosiva
0 Carece de significado
1 Explosión
2 Emanación de gases
3 Inflamable
5 Propiedad comburente
6 Toxicidad
8 Corrosividad
9 Peligro de reacción violenta
resultante de la descomposición
espontánea o de polimerización
Cifras repetidas: indican una intensificación del peligro,
excepto 22: gas refrigerado.
La letra X indica la prohibición absoluta de echar agua al producto.
Fig. 22-1
Identificación de materias peligrosas.
> 15 m
Figura 22-2
Esquema de colocación de una ambulancia en un accidente (primer interviniente).
Medidas de autoprotección en la atención sanitaria prehospitalaria 215
Figura 22-3
Esquema de colocación de los vehículos de emergencias en un accidente de circulación.
MEDIDAS DE AUTOPROTECCIÓN ANTE
SITUACIONES CONCRETAS
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Accidentes de tráfico
Es una de las situaciones más peligrosas y susceptibles de producir un sobreaccidente si no se toman las medidas adecuadas de autoprotección.
Debe evitarse una «visión en túnel», habrá que
aminorar la velocidad al aproximarse con la ambulancia al accidente, colocarla en la posición adecuada y hacer uso de los componentes del uniforme que hagan más visible al personal que presta la
asistencia. Hay que aproximarse a las víctimas,
siempre sin correr (puede haber líquidos vertidos
y material de desincarceración) y vigilar el riesgo
de incendio. Hay que desconectar la llave del contacto de los vehículos siniestrados y, si es posible,
la batería. El equipo de emergencias ha de cerciorarse de que el vehículo no se pueda mover utilizando el freno de mano del mismo, o calzando las
ruedas. Si se encuentra volcado o inestable y no se
cuenta con algún medio para sujetarlo, antes de
iniciar ninguna maniobra hay que esperar a la llegada de los equipos de rescate.
Los testigos y las personas implicadas en el accidente no lesionadas deben permanecer en un
lugar seguro, ya que corren el riesgo de ser atropellados. Hay que proceder a la extracción de los
heridos en el lugar del escenario que, previamente
elegido y pactado con los demás cuerpos intervinientes, esté más apartado de la circulación y proporcione mayor seguridad para continuar la asistencia. Hay que evacuar a los enfermos hacia la
ambulancia, pero no antes de que ésta se encuentre en el lugar idóneo para ello, y a ser posible te-
niendo la circulación de cara. Si el vehículo ha estado realizando tareas de señalización porque ha
sido el primero en llegar al lugar, no se encontrará
en el sitio más seguro para introducir en él a un
herido. Nunca se debe correr con la camilla: las camillas han sido diseñadas para manipularlas siempre entre dos personas, y con movimientos lentos
pero seguros. Hay que sujetar correctamente al enfermo a la camilla con los cinturones de seguridad
previamente al inicio del traslado.
Precipitados y traumatismos en lugares poco
accesibles
El mayor peligro en estas situaciones suele corresponder al desprendimiento de algún elemento inestable que haya quedado dañado en la caída. Es
conveniente el uso del casco, que obviamente es
imprescindible cuando se actúa dentro de una
obra. Si el lugar es de difícil acceso y no se puede
llegar hasta el herido, se espera a los equipos de
rescate; no hay que iniciar la aproximación sin
preparación ni sin los equipamientos adecuados.
Asistencia en un domicilio
La asistencia a una patología médica en un domicilio es probablemente la actuación en la que menos comprometida se ve la seguridad, aunque no
es una situación exenta de riesgo. El riesgo puede
derivarse del entorno sociocultural donde trabaje
el equipo, o de situaciones promovidas por la ansiedad que experimenta la familia del enfermo en
estas ocasiones.
Se estaciona el vehículo intentando evitar que
no interfiera en la circulación. No hay que apearse
22
216 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
de él hasta que no lo indique el conductor. Si se
acude a prestar asistencia a un enfermo agresivo o
bajo los efectos de una intoxicación, hay que valorar la necesidad de alertar a los cuerpos de seguridad mediante el Centro Coordinador antes de
acceder al domicilio y con una información contrastada. Es aconsejable dejar la puerta de acceso a
la vivienda abierta y tener muy claro cómo llegar
a ella rápidamente. Una vez realizada la asistencia
sanitaria, la silla de traslado (si no está contraindicada) es el método más seguro de evacuación por
las escaleras. Es imprescindible sujetar al enfermo
a ella con dos cinturones de seguridad, uno alrededor del tórax y otro en la cintura. Antes de bajar
por la escalera hay que planificar las maniobras
que se van a realizar y mantener el equilibrio durante el transporte del enfermo.
Actuaciones en la vía pública
22
En las actuaciones en la vía pública, ya sea por
patología médica o traumática, la presión que
ejerce el público es un factor que puede hacer descuidar alguna medida de autoprotección. Hay que
colocar el vehículo en el lugar más adecuado, que
proteja a la víctima y desde el que se tenga un fácil acceso a ella. Se saca el material necesario a
medida de las necesidades. Hay que proceder a la
identificación de un posible agente causal externo
que haya podido originar la emergencia. Se debe
intentar aislar y proteger al herido del entorno
hostil y alertar a la ayuda necesaria. Si el enfermo
se encuentra sobre la calzada, se aplican las mismas medidas de protección que para un accidente
de tráfico. Se mantiene al público a una distancia
suficiente como para que el interrogatorio al enfermo o al testigo, y la asistencia, sean lo más íntimos posible. Es conveniente la presencia policial
en los lugares donde la probabilidad de conflicto
sea mayor. Siempre que la patología lo permita,
realizar la asistencia en el interior de la ambulancia proporciona mayor seguridad y comodidad.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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217
Capítulo 23
Biomecánica de los accidentes
de tráfico y fisiopatología
relacionada con el transporte
sanitario
Carlos Martínez, Juan A. Nieto y Salvador Cerezo
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
PUNTOS CLAVE
N
La biomecánica trata de explicar los
mecanismos lesivos en el traumatismo
mediante la comprensión de las leyes y de los
conceptos físicos relativos a las formas, tipos y
grados de energía que actúan sobre diferentes
zonas anatómicas del cuerpo humano.
N
El traumatismo cerrado, especialmente el que
se produce en los accidentes de tráfico, así
como en el accidente laboral o deportivo, exige
una actitud permanente de anticipación por
parte de los profesionales de la medicina que
atienden este tipo de traumatismos.
N
Es importante influir sobre el factor humano
como principal causa de accidentabilidad,
así como la concienciación de una actitud
CASO
CLÍNICO
Los sistemas de emergencias son alertados por
un accidente de circulación. En una vía rápida un
automóvil ha perdido el control y ha colisionado con la protección lateral de hormigón. Al llegar al lugar del accidente, el equipo asistencial
observa una deformidad en el lateral izquierdo
del vehículo. Los airbags laterales se han activado y el habitáculo está preservado. En el interior
del vehículo se encuentra un único pasajero, en
preventiva por parte de todo el personal
médico y no médico que presta asistencia de
emergencia. La actuación y la información
crean hábitos de seguridad en la población
encaminados a evitar situaciones de riesgo, y
hacen que se adopten las medidas de seguridad
activa y pasiva relativas a los vehículos que
utilizan.
N
En el transporte de un enfermo es importante
mantener una velocidad moderada y uniforme,
además de una conducción defensiva. En
cualquier tipo de traslado el enfermo tiene
que ir sujeto, y es obligatorio el uso de al menos
dos cinturones, con las barandillas subidas.
La cabina asistencial debe estar climatizada,
comunicada con el resto del equipo, y debe
hacerse un uso racional de las señales acústicas.
el puesto de conducción. La víctima está consciente, lleva colocado el cinturón de seguridad y
no se aprecian signos de traumatismo. Sin embargo, refiere haber iniciado dolor precordial y
diaforesis 10 min antes de la colisión. Se procede
a la realización de un electrocardiograma (ECG),
que muestra elevación del segmento ST (3 mm)
en derivaciones precordiales V1 a V4. Se decide
el traslado a un centro especializado con capacidad para realizar una angioplastia. El traslado al
centro de referencia se realiza en 110 min (distancia hasta el centro referido de 130 km). Du-
218 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
rante el traslado y en movimiento, el equipo
asistencial detecta una nueva elevación del segmento ST de 5 mm; el enfermo permanece asintomático. El médico decide detener el vehículo y
proceder a una revaloración del enfermo. La
realización del ECG con el vehículo parado
muestra un trazado sin cambios respecto al que
mostraba al iniciar el traslado. La valoración clínica del enfermo tampoco muestra cambios. Los
cambios se atribuyen a las variaciones en la aceleración del vehículo de traslado. El enfermo es
transferido a la unidad de hemodinámica, sin
más incidencias.
23
La biomecánica permite, a partir del conocimiento de los mecanismos lesivos, entender las lesiones que se producen en el ser humano como
consecuencia de los accidentes, especialmente
de tráfico. La física trata de reproducir las fuerzas que han causado determinadas deformaciones y de ello deducir las lesiones producidas,
utilizando las leyes que rigen el movimiento de
los cuerpos y la energía cinética producida en ese
movimiento. La ingeniería trata de reducir la
producción de accidentes con la seguridad activa, y mediante la seguridad pasiva trata de reducir las consecuencias del accidente de tráfico
sobre los ocupantes de los vehículos. Finalmente,
esta área de conocimiento de la medicina permite estudiar, atendiendo a los principios anatómicos y fisiológicos, las lesiones que van a presentar los accidentados.
De la misma manera que un tren que abandona la estación tiene una aceleración positiva, y el
mismo tren, al frenar cuando regresa, está sometido a una aceleración negativa o desaceleración,
los automóviles están sometidos a estas fuerzas
pero de forma mucho más importante, puesto que
una colisión sólo dura una fracción de segundo.
Es lo que ocurre cuando un automóvil es impulsado desde atrás (aceleración positiva) o cuando
choca contra un obstáculo (aceleración negativa o
Tabla 23-1
desaceleración) (E = 1/2 mv2). Si se calcula la
energía cinética de un vehículo de 800 kg que circula a 100 km/h, en el choque se obtiene una
energía equivalente a 28 veces el peso del vehículo, es decir, 22.400 kg. El mismo razonamiento
puede aplicarse a los ocupantes; por ejemplo, una
persona de 70 kg se comporta como si pesara
1.960 kg (tabla 23-1).
ESTUDIO CINÉTICO DE LOS ACCIDENTES
Automovilistas
El interior de un vehículo tiene numerosos puntos
hostiles, como el volante, el cambio de marchas, el
parabrisas, el retrovisor y los parasoles, el salpicadero con manecillas, llaves y botones, el freno de
mano, los pedales… Todos estos objetos pueden
lesionar al conductor y al resto de los ocupantes
de los vehículos accidentados. Es relevante considerar la relación directa entre las lesiones que padecen las víctimas y su posición dentro del vehículo. Para ello, se han estudiado los diferentes
tipos de colisiones mediante tests controlados que
recogen el comportamiento del vehículo y de los
maniquíes ocupantes (dummies). Las colisiones
anteriores son las más frecuentes, generalmente
consecuencia de un impacto directo en el que la
detención del vehículo hace que los ocupantes
sean proyectados en el sentido de la inercia. Estudios experimentales muestran que la desaceleración del vehículo no es uniforme, sino que se produce a golpes. Las colisiones posteriores, aunque
menos frecuentes, pueden acompañarse de graves lesiones del raquis cervical, debidas al movimiento en latigazo de la cabeza. Las colisiones laterales son raras y, aunque suelen producirse a
velocidades lentas, a la fuerza de desaceleración
se suman fuerzas centrífugas que pueden causar
la eyección de los ocupantes. El vuelco de un vehículo no es en general mortal, con la doble condición de que el techo resista y de que las puertas no
se abran.
Peso equivalente en una detención súbita o en una colisión
Hígado
Riñón/corazón
Bazo
Páncreas
Cerebro
Sangre
Peso normal (kg)
A 60 km/h
A 100 km/h
1,700
0,300
0,150
0,070
1,500
5
28,730
5,070
2,530
1,185
25,330
84,500
47,600
8,400
4,200
1,960
42
140
Biomecánica de los accidentes de tráfico 219
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Motociclistas
A diferencia de los automóviles, en los que el cinturón de seguridad sujeta el individuo al vehículo,
el motociclista suele salir expelido de su motocicleta. En el caso de una colisión de un motociclista,
inicialmente sucede el choque primario contra el
obstáculo, causando heridas en las partes laterales
y/o la cabeza, provocadas por los vehículos que
circulan en sentido contrario o por los obstáculos
en el borde de la carretera (bordillos, señales, etc.).
Inmediatamente después del choque primario,
en la mayor parte de los casos el motociclista se
separa de su moto y es impulsado por una fuerza
igual a la de su máquina en el momento del impacto, velocidad que no puede controlar, y continúa su ruta solo y generalmente con la cabeza
hacia delante. Al terminar esta curva aérea, la víctima toma contacto con el suelo. La naturaleza de
ese contacto, la configuración del punto de caída,
el ángulo de incidencia del fin de la trayectoria y la
zona más o menos grande de cuerpo que toma
contacto con el terreno son elementos determinantes de nuevas lesiones que pueden producirse; son
las lesiones secundarias. Estas consecuencias se
atenúan si el motociclista aterriza resbalando sobre el suelo o si puede practicar un «rodabolas»
parecido al de los paracaidistas. En el curso de esta
trayectoria aérea, más o menos siguiendo la velocidad inicial, el motociclista puede golpear nuevos
obstáculos fijos (dependiendo de la configuración
del lugar) o móviles (vehículos que vienen en sentido contrario o lateralmente), lo que provoca nuevas lesiones secundarias.
Las lesiones que se observan en los motociclistas suelen ser graves, con fracturas múltiples, en
muchas ocasiones abiertas y con afectación articular. Las lesiones más frecuentes y graves se producen en la cabeza, en el curso tanto del choque primario como del secundario, y el casco protector es
de una importancia capital. En el choque con el
vehículo o con alguna de sus partes pueden producirse lesiones en los hombros, en los brazos y
en la caja torácica. Son frecuentes también las lesiones en la muñeca, al apoyarla contra el suelo en
el caso de caídas laterales. Las lesiones de la planta del pie pueden producirse al quedar enganchado el pie entre la estribera y el suelo. Si la pierna
queda aprisionada bajo la moto cuando ésta todavía está en movimiento, se pueden observar fracturas óseas y articulares en todo el miembro inferior, muchas veces abiertas.
Peatones
La mortalidad de este colectivo por atropello es
elevada, sobre todo en el caso de niños y ancia-
nos accidentados. Si la velocidad del vehículo
es inferior a 20 km/h, el peatón (adulto o niño) es
proyectado. Si la velocidad es superior a 20 km/h
y se trata de un adulto golpeado por un vehículo
de turismo, el choque, al producirse por debajo
del centro de gravedad del accidentado (situado
a una media de 1 m del suelo), hace bascular al
accidentado sobre el capó del vehículo; después
es proyectado a la altura del parabrisas y de los
montantes del vehículo, y finalmente es lanzado
hacia la derecha o la izquierda en un salto altamente peligroso. En el caso de un adulto golpeado por un vehículo pesado o de un niño golpeado por un vehículo cualquiera (con el impacto
por debajo del centro de gravedad del peatón), la
dirección de proyección es anterior y hacia el
suelo.
En el curso de las diferentes fases de un atropellamiento se producen numerosas y graves heridas que pueden afectar a todo el cuerpo: fracturas de los miembros, del cráneo, del bazo, rotura
de vísceras torácicas y abdominales (es importante tenerlas en cuenta). Cabe recalcar que el aplastamiento de los órganos del pecho y del abdomen
es casi siempre mortal en el caso de los adultos,
aunque no ocurre así en los niños en relación con
el tórax, al ser éste mucho más elástico. Si el golpe
es tangencial, las lesiones primarias de colisión y
las secundarias de caída dependen sobre todo de
la velocidad del vehículo. Finalmente, todo lo que
sobresale en el exterior de la carrocería (retrovisores, adornos de los faros, puños de las puertas,
etc.) puede ocasionar graves lesiones de partes
blandas y de huesos, incluso a velocidades bajas.
Se trata casi siempre de víctimas con lesiones múltiples (politraumatizados).
Ciclistas
Dada la poca velocidad relativa del ciclista, en el
caso de caída en solitario el accidente no suele ser
grave. Sin embargo, cuando hay colisión contra
un vehículo motorizado el ciclista es muy vulnerable: se acumulan los daños que pueden ocurrir
al peatón y los del motociclista, aunque sin beneficiarse de protección alguna.
FISIOPATOLOGÍA RELACIONADA CON
EL TRANSPORTE SANITARIO TERRESTRE
Todo enfermo que se traslada en cualquier medio
de transporte sanitario acondicionado –ya sea terrestre, aéreo e, incluso, en silla de transporte– se ve
sometido a una serie de influencias, determinadas
por aceleraciones-desaceleraciones, vibraciones,
variaciones acústicas y de la temperatura. Para mi-
23
220 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
nimizar dichos efectos, los enfermos deben transportarse en las posiciones adecuadas (fig. 23-1).
Variaciones en la velocidad: aceleraciones
y desaceleraciones
El cuerpo humano está adaptado a los efectos de
la fuerza de la gravedad, a una velocidad continua (velocidad terrestre) con ninguna aceleración.
Elevación del tronco:
N Problemas respiratorios
N Patología cardíaca
N
N
La capacidad para soportar la intensidad de una
aceleración o desaceleración depende de la intensidad y de la duración de ésta, y de la orientación
en relación al eje del cuerpo. Las fuerzas de inercia dependen de la intensidad de la aceleración o
de la desaceleración, del sentido de la velocidad y
de la masa corporal. En las aceleraciones, el desplazamiento de líquidos y de la masa corporal es
caudal, genera hipotensión arterial, taquicardia y
Traslado estándar
Crisis hipertensiva
Posición en sedestación con las extremidades inferiores
colgando
N Edema agudo de pulmón
23
Posición de decúbito supino
N Reanimación cardiopulmonar
N Lesiones de la columna
N
Enfermo politraumatizado
Posición de Trendelenburg
N Hipotensión
Posición lateral de seguridad
N Intoxicación etílica
N Enfermo obnubilado
N Embarazadas (posición lateral de seguridad izquierda)
Tronco a 30° - Posición de antiTrendelenburg
N Traumatismo craneoencefálico
Extremidades inferiores semiflexionadas
N Problemas abdominales, evisceración
Posición de decúbito prono
N Quemados
N Algunos enfermos psiquiátricos
Figura 23-1
Posiciones de traslado, según la patología.
Biomecánica de los accidentes de tráfico 221
alteraciones del segmento ST y de las ondas P y T.
En las desaceleraciones, el desplazamiento de líquidos y de la masa corporal es craneal, genera
hipertensión arterial, bradicardia, aumento de la
presión venosa central y de la presión intracraneal. Estos cambios tienen poca repercusión en las
personas sanas, pero no es así en el caso de transporte de enfermos críticos hemodinámicamente
inestables (v. tabla 23-1).
Vibraciones
La energía que desencadenan las vibraciones puede transformarse en energía mecánica o calorífica.
Las vibraciones que repercuten negativamente en
el cuerpo humano oscilan entre los 3 y los 20 Hz,
y las más perjudiciales se sitúan entre 4 y 12 Hz.
En el transporte sanitario terrestre suelen estar entre los 4 y los 16 Hz (tabla 23-2). Las vibraciones
pueden favorecer la aparición del fenómeno de
resonancia, mediante el cual un cuerpo elástico
entra en vibración con otro cuerpo adecuando las
frecuencias. Una vez se consigue dicha adecuación (armonía), el primer cuerpo puede aumentar
la amplitud de las vibraciones. Cuando dicha amplitud sobrepasa un cierto nivel, se puede producir destrucción hística, de capilares sanguíneos y
dehiscencia de suturas, con el aumento del riesgo
de hemorragias, especialmente en enfermos politraumatizados o postoperados. Otro aspecto que
debe tenerse en cuenta es la respuesta negativa de
las vibraciones sobre las fracturas, agravando las
hemorragias y aumentando el dolor.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Virajes
El traslado por calles o carreteras no es siempre en
línea recta, sino que la mayoría de las veces se somete a cambios de dirección. Ello provoca alteraciones en buena parte de los pasajeros de los vehículos, como la cinetosis (mareos y vómitos), que si
bien no ponen en peligro la vida del enfermo, sí
crean estados de incomodidad. Ocasionalmente, en
Tabla 23-2 Ruido y vibraciones en los medios
de transporte sanitario.
Avión
Ambulancia estática
Ambulancia 40-90 km/h
Helicóptero
Ruido
(db)
Vibraciones
(Hz)
60-70
70
75-80
40-45
40-50
4
4-16
28
enfermos críticos, los virajes pueden inducir cambios en la presión intracraneal y en la presión arterial, además de favorecer la broncoaspiración.
Contaminación acústica
Los ruidos propios de los grandes núcleos urbanos, y sobre todo los emitidos por las sirenas de
las ambulancias, afectan de manera negativa en
los enfermos que están siendo trasladados. Los
enfermos presentan descargas vegetativas que
pueden ocasionar trastornos del ritmo cardíaco y
de la presión arterial, así como hiperventilación y
trastornos de la conducta (sobre todo en enfermos
psiquiátricos). Por otro lado, los ruidos durante el
traslado sanitario impiden auscultar a los enfermos y complican la comunicación equipo asistencial-enfermo.
Temperatura
Las bajas temperaturas influyen de manera sustancial al disminuir la temperatura corporal del
enfermo. La vasoconstricción periférica dificulta
la canalización de una vía venosa periférica y los
escalofríos hacen aumentar el consumo de O2, especialmente en neonatos y en lactantes. Además,
las bajas temperaturas pueden ocasionar efectos
sobre el material electromédico, como descargas
en las pilas de níquel-cadmio (Ni-Cd) que utilizan
algunos de los aparatos de electromedicina de las
ambulancias (monitores, aspiradores, etc.) o sobre
los fármacos y soluciones de perfusión, con la consiguiente cristalización (p. ej., el manitol).
FISIOPATOLOGÍA RELACIONADA
CON EL TRANSPORTE AÉREO
El transporte aéreo implica la consideración del
efecto que la altura tiene sobre la disminución
de la presión parcial de oxígeno y la expansión de
los gases. Conforme se incrementa la altura, los
gases se expanden (ley de Boyle-Mariotte), llegando a aumentar hasta un 30% en su volumen a
2.000 m, hecho que puede repercutir sobre el enfermo y sobre el material asistencial utilizado.
Los helicópteros suelen volar por debajo de alturas a las que se producen alteraciones significativas como consecuencia de la disminución de la
presión parcial de oxígeno o del descenso de la presión atmosférica ambiental. Los aviones, aunque
vuelan a alturas elevadas, suelen estar dotados de
sistemas de presurización que contrarrestan en
parte estos factores. Asimismo, debe tenerse en
cuenta el elevado ruido y las vibraciones de alta
frecuencia.
23
222 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
La disminución de la presión parcial de oxígeno, significativa a partir de los 1.000 m, podría favorecer la hipoxemia, por lo que hay que ajustar la
fracción inspiratoria de oxígeno (FiO2) y monitorizar el enfermo mediante pulsioximetría. Por otro
lado, el aumento del volumen de los gases puede
afectar a órganos y sistemas:
N
N
N
N
23
En el caso de enfermos postoperados gastrointestinales, pueden provocarse dehiscencias de
suturas, resangrado gástrico en enfermos afectados de lesiones ulcerosas y aumento de la
presión diafragmática.
En el aparato respiratorio, pueden romperse
bullas enfisematosas, a la vez que agravar un
neumotórax no drenado.
Puede aumentar la presión intraocular, de los
tímpanos y de los senos intraóseos, hecho que
hay que tener en cuenta en los enfermos con
antecedentes quirúrgicos oftalmológicos u otorrinolaringológicos.
En enfermos sometidos a la realización de exploraciones complementarias o maniobras terapéuticas en las que se ha usado aire (laparoscopia, fibrocolonoscopia, artroscopia, etc.).
Respecto a la influencia que la altura tiene sobre el material asistencial, destaca el influjo de la
variación de la presión atmosférica sobre los equipos neumáticos como las férulas de inmovilización y los colchones de vacío. Mientras que las férulas neumáticas o los pantalones antishock
aumentan la presión sobre el paquete vasculonervioso de la extremidad que inmovilizan, los col-
chones de vacío pierden consistencia. Asimismo,
el neumotaponamiento de los tubos de intubación
endotraqueal se puede ver afectado, por lo que es
aconsejable sustituir el llenado de aire por suero
fisiológico, a fin de evitar efectos de presión excesiva sobre la mucosa traqueal. Finalmente, la velocidad de caída de los sueros disminuye, por lo que
hay que usar sistemas de perfusión mecánicos
(bombas de perfusión).
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Bahling GS, Bundrf RT. The influence of increased roof
strength on belted and unbelted dummies in rollover
and drop tests. J Trauma. 1995;38:557-63.
Beninati W, Meyer MT, Carter TE. The critical care air
transport program. Crit Care Med. 2008;36:370-6.
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Sudbury, Massachusetts: Jones and Bartlett; 2007.
Huelke DF, Moore JL, Osrom M. Air bag injuries and
occupant protection. J Trauma. 1992;33:894-8.
King AI. Fundamentals of impact biomechanics: Part I –
Biomechanics of the head, neck, and thorax. Annu
Rev Biomed Eng. 2000;2:55-81.
Mackay GM. Mechanisms of injury and biomechanics:
Vehicle design and crash performance. World J Surg.
1992;16:420-7.
Peterson TD, Tilman Jolly B, Runge JW, Hunt RC. Motor
vehicle safety: current concepts and challenges for
emergency physicians. Ann Emerg Med. 1999;34:
384-93.
Sánchez García J. Manual avanzado para técnicos de
transporte sanitario. Madrid: Aula Médica; 2009.
Viano DC. Causes and control of spinal cord injury in
automotive crashes. World J Surg. 1992;16:416-9.
223
Capítulo 24
Dispositivos y maniobras
de inmovilización y movilización
prehospitalaria en el enfermo
traumático
José R. Moreno, Marta Olivé y Jesús Cabañas
PUNTOS CLAVE
N
Para realizar la adecuada movilización del enfermo
traumático es importante recordar los siguientes
principios:
Respetar el bloque cabeza-cuello-troncoextremidades.
N
Coordinar los movimientos, realizándolos de
forma precisa y suave.
N
Un profesional sanitario, preferentemente
el que tenga mayor experiencia en el manejo
de estos enfermos, coordina al resto del equipo
colocándose en la cabecera del enfermo para
visualizar toda la escena y dar las directrices
concretas para iniciar las movilizaciones a la vez
que realiza la tracción cervical (inmovilización
bimanual de la columna cervical manteniendo
la cabeza en posición neutra).
N
Garantizar la seguridad del equipo asistencial
y del enfermo. No hay que precipitarse, pues
ello podría provocar otro accidente.
N
Movilizar al enfermo lo mínimo posible para
conseguir la inmovilización.
N
Tratar al enfermo inconsciente como si se
tratase de un posible lesionado medular.
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CASO
CLÍNICO
Accidente de tráfico. Conductor de motocicleta.
Sin riesgos en el entorno, la víctima se encuentra
tendida en la vía pública, no lleva el casco puesto. La vía aérea es permeable y el accidentado
respira espontáneamente, aunque con dificultad.
Los pulsos periféricos están presentes. No hay
signos de hemorragia externa. La valoración del
nivel de conciencia se realiza mediante la escala
de coma de Glasgow, que es igual a 15. Pupilas
midriáticas y reactivas. Se observan dos deformidades aparentes en el tercio distal de fémur
derecho y en el antebrazo izquierdo. La víctima
se alinea para conseguir una posición en decúbito supino que facilite su valoración clínica.
El empleo de técnicas de inmovilización de la columna vertebral y de las extremidades durante la
asistencia prehospitalaria al enfermo traumático
tiene un doble objetivo: atenuar los efectos de la
lesión primaria y evitar lesiones secundarias. Para
la movilización de dichos enfermos se dispone de
numerosos dispositivos que permiten diversas
maniobras específicas para la primera movilización, para el posterior transporte y para el transfer
hospitalario.
MANIOBRAS DE MOVILIZACIÓN
EN SITUACIONES DE EMERGENCIA
La movilización de emergencia sin emplear ningún equipamiento de inmovilización sólo está in-
224 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
dicada en situaciones en las que exista extrema
peligrosidad para el enfermo o para el equipo asistencial, o cuando la situación clínica del enfermo
conlleve compromiso vital inminente.
Alineación
24
Si el enfermo está en el suelo, para poder valorarlo
e inmovilizarlo es necesario colocarlo en decúbito
supino. Antes de girarlo, para alcanzar la posición
de decúbito supino, hay que alinearle, tanto para
evitar agravar posibles lesiones como para facilitar
el giro.
La alineación se realiza idealmente con la colaboración entre tres profesionales asistenciales.
Uno de ellos se coloca a la cabecera del enfermo
coordinando las movilizaciones e inmovilizando
el segmento cervical, en presencia de casco o sin él.
Este primer profesional mantiene firme el cuello y
en posición neutra. Los otros dos profesionales alinean las extremidades superiores e inferiores. La
alineación se realiza por segmentos, empezando
por el más distal. Con tracción suave pero firme se
coloca una mano en la parte más distal del hueso
largo y la otra en la más proximal, sin manipular
las articulaciones. Después de traccionar el segmento distal y sin retirar la tracción, se alinea al
enfermo respecto al segmento proximal. Una vez
la extremidad está alineada, manteniendo la tracción se coloca pegada al cuerpo. Nunca hay que
forzar las articulaciones. Si la alineación no fuera
posible, se inmovilizaría en la posición en que se
encuentre. Habitualmente la alineación del enfermo disminuye el dolor. En ocasiones se requiere
tratamiento analgésico previo a la manipulación
del enfermo.
Giro en bloque
En esta maniobra, el profesional asistencial que
sujeta el cuello del enfermo ha de decidir sobre
qué costado se va a hacer girar al enfermo en función de cómo tenga colocada la cabeza (giro hacia
el lado contrario hacia donde mira la cabeza), la
situación de las extremidades y el espacio existente. El enfermo ha de girar sobre un eje longitudinal
imaginario que va de la cabeza a los pies. El profesional asistencial que sujeta la cabeza la mantiene
en posición neutra. La colocación de las manos de
los profesionales es muy importante para evitar
cruces peligrosos de éstas al girar al enfermo; además, se han de colocar con las piernas bien flexionadas y las plantas de los pies apoyadas sobre el
suelo (no las rodillas) (fig. 24-1).
El segundo profesional asistencial coge al enfermo por el hombro y la pelvis, por el mismo lado
al que lo va a girar, acarreando la mayor parte del
peso del enfermo. El tercer asistencial se coloca a
los pies del enfermo manteniendo la alineación del
eje (enfermo recto), traccionando desde la parte
distal de las dos piernas (por encima de los tobillos) y cruzando sus brazos. Si hubiera un cuarto
asistencial, reforzaría la zona de la pelvis y de las
piernas, colocándose al lado del segundo asistencial. En un primer tiempo del movimiento y dirigida la movilización por el primer profesional, se
coloca al enfermo en decúbito lateral. En un segundo tiempo, y siempre dirigidos por el primer
asistencial, se pasa a la posición supina, y ya se
puede colocar al enfermo sobre un sistema de inmovilización, como una tabla espinal larga o un
colchón de vacío.
Técnica de movilización en bloque
Requiere al menos tres asistenciales (uno en la cabeza y dos en línea que sujetan el cuerpo, o los
tres en línea, uno de los cuales deja descansar el
cuello y la cabeza del enfermo sobre su antebrazo)
(fig. 24-2A). Los tres profesionales pasan sus brazos por debajo del accidentado en forma de cuña
o bandeja: el primero situado en la cabeza se hace
cargo de la zona craneal y dorsocervical, el segundo se hace cargo de la zona dorsolumbar y pelvicofemoral, y el tercero de las extremidades inferiores (tibia). El levantamiento se realiza en tres
tiempos, siempre dirigidos por el primer asistencial colocado en la zona craneal.
En el primer tiempo, el enfermo se deja descansado sobre la rodilla de cada uno de los asistenciales. En el segundo tiempo y al mismo tiempo que se levantan los asistenciales, se deja al
enfermo descansando sobre los miembros superiores (fig. 24-2 B).
En el tercer tiempo el enfermo se aproxima al
tronco de los asistenciales, para así proceder a su
traslado (fig. 24-2 C).
Figura 24-1
Posición para el giro en bloque.
Dispositivos y maniobras de inmovilización y movilización prehospitalaria 225
A
A
B
B
Figura 24-3 Levantamiento del enfermo: puente
simple (A) y puente perfeccionado u holandés (B).
fuerza con otro rescatador en la zona de mayor
peso, o el tórax del enfermo. Ésta es la maniobra
de elección, ya que es la más segura para el enfermo.
C
Maniobra de Rautek
Figura 24-2 A-C
Técnica de movilización en bloque.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Levantamiento del enfermo: puentes
Puente simple. Precisa la colaboración como mínimo de cuatro personas (fig. 24-3A). El objetivo es
levantar a una víctima del suelo para introducir
debajo una camilla provista de colchón de protección o un tablero espinal largo rígido. El enfermo
queda entre las piernas de dos de los asistenciales,
que colocan sus manos a ambos lados del enfermo
haciendo un mínimo levantamiento, mientras otro
desliza un tablero o camilla por debajo del enfermo. El asistencial que dirige todo el proceso está
situado en la parte craneal, haciendo que los restantes componentes realicen la maniobra coordinadamente y al mismo tiempo. Cabe destacar que
la persona que se hace cargo de la zona axilar es la
que soporta una mayor carga de peso.
Puente perfeccionado o puente holandés. Esta
maniobra requiere cinco rescatadores (fig. 24-3B).
Es una modificación del puente simple que se re-
Utilizada para la extracción de víctimas del interior de un vehículo, especialmente en la posición
del conductor o del acompañante (fig. 24-4). Los
profesionales asistenciales se colocan al lado del
enfermo, perpendicularmente a él. Se comprueba
que el accidentado tiene los pies liberados de los
pedales de marcha y que no existe nada que dificulte su movilización, como el cinturón de seguridad. Se pasa una mano por debajo de la axila más
próxima del enfermo, cogiendo la mandíbula inferior y manteniendo la cabeza firmemente apoyada sobre el cuerpo asistencial. La otra mano del
Figura 24-4
Maniobra de Rautek.
24
226 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
asistencial pasa por detrás del cuerpo del accidentado, pasando por debajo de la axila opuesta hasta coger la muñeca del brazo más próximo al profesional. En esta posición se extrae al accidentado
del vehículo dando unos pasos hacia atrás hasta
poder dejar al enfermo en una superficie plana,
rígida, fuera del vehículo y de la zona de riesgo.
DISPOSITIVOS DE MOVILIZACIÓNINMOVILIZACIÓN
A
Figura 24-5
cabeza (B).
B
Collarín cervical (A) e inmovilizador de
Collarín cervical
24
El collarín cervical debe conseguir la inmovilización de la columna cervical limitando el movimiento de flexoextensión. El collarín cervical no
inmoviliza los movimientos laterales del cuello,
por lo que su colocación se debe acompañar de inmovilizadores laterales del cuello para limitar dichos movimientos. Existen modelos de dos piezas
adaptables o en una sola pieza, fabricados con materiales plásticos que combinan rigidez con confort
(fig. 24-5A). Existen diferentes medidas para proporcionar la mejor inmovilización y comodidad
del enfermo. La medida se toma calculando la distancia entre el músculo trapecio y el borde inferior
de la mandíbula.
Para su colocación, la columna cervical debe
hallarse en posición neutra. Mientras otro asistente
sujeta firmemente la cabeza por los rebordes óseos
faciales, alineando el segmento cervical, se coloca
el dispositivo alrededor del cuello. Hay que retirar
el pelo o la ropa que penetren dentro del mismo y
cerciorarse de que los medios que fijan el collarín
están firmes.
Inmovilizador de cabeza
Se trata de un sistema compuesto por una base
donde se coloca la cabeza del enfermo (zona occipital) y, a ambos lados, se adaptan dos bloques protectores laterales (fig. 24-5B). Estos bloques
deben disponer de orificios que permitan visualizar el oído. El sistema deja al descubierto la
cara del enfermo a través de las cintas de sujeción. Es el sistema que complementa al collarín
cervical para conseguir la inmovilización del
cuello.
Inmovilizadores espinales
Férula de Kendrick. Es un sistema diseñado para
inmovilizar y rescatar heridos en accidentes de
tráfico y/o en lugares de difícil acceso. Se fabrica
en nailon revestido de vinilo, y su interior lo forman piezas rectangulares de material resistente y
radiotransparente que le dan consistencia, rigidez
vertical y flexibilidad horizontal, que facilitan su
colocación en condiciones adversas. Su función es
inmovilizar el conjunto cabeza-tronco-pelvis minimizando el riesgo de producir lesión en caso de
rescate de emergencias.
Este sistema, en forma de chaleco para adaptarse al tórax del enfermo, presenta por la parte anterior tres cierres rápidos con cintas de tres colores
diferentes para identificarlas rápidamente, que se
adaptan a la medida del diámetro torácico del accidentado (fig. 24-6A). En la parte inferior aparecen dos cintas más con cierres que se colocan alrededor de cada extremidad inferior del enfermo
por la zona inguinal, asegurando la inmovilización del tronco. En la parte superior, para adaptarlo a la cabeza, el sistema dispone de dos alerones
que se adaptan a la cabeza y dejan la cara al descubierto (adaptación mediante dos cintas de velcro
por la frente y por el mentón). Se presenta un cojín
flexible que se utiliza para acomodar posteriormente la cabeza del enfermo. Este sistema permite
visualizar correctamente la expansión torácica, la
auscultación y la colocación de electrodos para
la monitorización cardíaca o para la desfibrilación
de emergencia.
Para su colocación, se introduce la férula entre
el enfermo y el respaldo del asiento. La fijación se
inicia abrochando las cintas de abajo hacia arriba,
empezando por las inguinales. Se tensan las cintas
para sujetar al enfermo. Se colocan las alas de la
cabeza y se cubren ambos lados de la cara, sin haber soltado la cabeza del enfermo. Si hay un hueco
entre el occipucio y el corsé, se rellena. Se sujetan
los extremos cefálicos de las cintas de la frente, en
forma de 8, fronto-occipito-mentoniano.
Tabla espinal. Soporte rígido (fig. 24-6B) especialmente diseñado para el transporte de enfermos
con sospecha de lesión medular, de manera que
permite la completa inmovilización del eje cabezacuello-tronco si se utiliza junto con el collarín cervical y el inmovilizador de cabeza. Se fabrica con
Dispositivos y maniobras de inmovilización y movilización prehospitalaria 227
A
B
D
C
Figura 24-6
de vacío (D).
Inmovilizadores espinales: férula de Kendrick (A), tabla espinal (B), camilla en cuchara (C) y colchón
materiales altamente resistentes y ligeros. Su cara
anterior, en contacto con el enfermo, es totalmente
lisa, y su cara posterior, en contacto con la superficie de roce, presenta dos aristas longitudinales que
disminuyen la zona de contacto con el medio y facilitan la introducción de los dedos de los asistenciales para elevar al enfermo del suelo y movilizarlo. El soporte presenta diferentes orificios que
se utilizan según la necesidad del rescate: colocación de manos para levantar la tabla, colocación de
cintas de sujeción y colocación de arnés para realizar la movilización vertical del enfermo.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Camilla en cuchara
Es una camilla fabricada en materiales generalmente metálicos ligeros, articulada, extensible y
desmontable (fig. 24-6C), que permite la recogida
del enfermo con una mínima movilización de éste.
El sistema está formado por dos palas cóncavas
que, con el enfermo en decúbito supino, se colocan en forma de cuchara entre la espalda del enfermo y la superficie donde se apoya. Cada una de
estas palas presenta un sistema extensible de barras para adecuarlas a la altura del enfermo, con
un sistema de cierre de seguridad. Después de colocar cada una de las palas lateralmente, se unen
craneal y caudalmente mediante un sistema mecánico de cierre. Cada pala presenta tres zonas de
soporte, que al juntar las dos palas permiten apo-
yar el eje cabeza-tronco-extremidades inferiores.
La camilla se presenta con tres cintas de sujeción.
Es un buen dispositivo de recogida y de movilización. También es útil en la transferencia hospitalaria, donde es aconsejable volver a colocarla para
realizar un correcto cambio de camilla. No se utiliza como método de inmovilización durante el
transporte. No absorbe las vibraciones y es muy
incómoda.
Colchón de vacío
Es un colchón de inmovilización que presenta en
su interior pequeñas esferas que se adaptan perfectamente al cuerpo del enfermo al aspirar todo el
aire de su interior, facilitando la inmovilización total o parcial de la víctima (fig. 24-6D). El colchón es
moldeable y puede conseguirse que sea un soporte rígido, adaptable a las curvaturas fisiológicas y
patológicas de todo el cuerpo, por lo que impide
desplazamientos del enfermo, siempre y cuando
se complemente con cinturones de fijación. Es posiblemente el mejor dispositivo de inmovilización
para el traslado del enfermo, es confortable, amortigua las vibraciones durante el trayecto y es seguro. Como contrapartida, hay que manipularlo con
mucho cuidado, para evitar pinchazos. No se debe
utilizar directamente sobre el suelo (a no ser que
sea completamente liso), ni en el interior de vehículos, ni en terrenos accidentados.
24
228 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
A
B
Figura 24-7 Inmovilización de extremidades: férula
de vacío (A), férula de Kramer (B).
vez extraído el aire mediante el aspirador, la férula
forma un soporte rígido alrededor de la extremidad lesionada.
Férula de Kramer. El material empleado en su
construcción es sencillo y muy versátil. El esqueleto metálico se recubre con celulosa y se moldea sin
dificultad, lo que permite angulaciones múltiples
(fig. 24-7B).
Férulas neumáticas. Su uso es muy controvertido al no poderse controlar el aire que se insufla.
Pueden quedar demasiado blandas y no inmovilizar o demasiado rígidas y comprometer el paquete
vasculonervioso de la extremidad.
Férulas de tracción. Se basan en un cojinete que
se apoya en la ingle y un correaje que se fija al tobillo, el cual se somete a tracción hasta que el miembro está alineado. Son útiles en fracturas distales de
fémur y en proximales de tibia. No son útiles en las
fracturas de rodilla, tobillo y pie, y no deben utilizarse en fracturas de pelvis, lo que hace muy cuestionable su uso en el medio prehospitalario.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Férulas para inmovilizar extremidades
24
Férula de vacío. Fabricada con fibra de nailon revestida de vinilo, forma una funda que contiene
pequeños gránulos (fig. 24-7A). Son férulas ligeras
y reutilizables, y en estado normal se pueden
adaptar a cualquier extremidad del enfermo. Una
Caroline N. Emergency care in the streets. 6th edition.
Sudbury, Massachusetts: Jones and Bartlett; 2007.
Jiménez X, Ríos J. Guías de práctica clínica del Sistema
d’Emergències Mèdiques de Catalunya (SEM). 2007.
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y Avanzado en el trauma prehospitalario (PHTLS).
6.ª edición. Madrid: Mosby-Elsevier; 2008.
229
Capítulo 25
Atención prehospitalaria
al enfermo politraumatizado
José M. Soto, Joaquín Ríos, Marta Olivé
y Xavier Jiménez-Fàbrega
PUNTOS CLAVE
N
N
Deben favorecerse las medidas de prevención
de los accidentes, particularmente las que
disminuyan las causas externas (p. ej.,
accidentes de tráfico) que se traducen en
enfermos politraumáticos y neurotraumáticos.
La evaluación y la actuación ante un enfermo
politraumatizado en el ámbito prehospitalario
ha de seguir una secuencia ordenada con
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
CASO
CLÍNICO
Varón de 39 años de edad, precipitado desde un
tercer piso (12 m de altura), que se encuentra tendido en la vía pública. No existen riesgos en el
acceso para el equipo asistencial ni para la víctima. La vía aérea es permeable, el enfermo respira
espontáneamente pero con dificultad, no se palpan pulsos periféricos, el relleno capilar está
alargado y presenta una frecuencia cardíaca de
130 latidos/min. No hay evidencia de hemorragia externa. El enfermo está consciente, responde
a órdenes y muestra pupilas isocóricas y reactivas. Se observa una deformidad aparente en el
tercio distal del muslo derecho. Se inmoviliza la
columna cervical y se alinea al enfermo para conseguir una posición en decúbito supino sobre la
tabla espinal, para facilitar su valoración clínica
inicial (valoración primaria). Posteriormente, el
enfermo sobre la tabla se coloca sobre el colchón
una «valoración primaria» (A: permeabilidad
de la vía aérea con protección cervical; B:
ventilación; C: Circulación; D: Exploración
neurológica; E: Exposición) y una «valoración
secundaria» de la cabeza a los pies.
N
El enfermo politraumático es sumamente
complejo y dinámico y precisa una continua
revaloración hasta su recepción en el centro
hospitalario de destino.
de vacío, situado encima de la camilla de la ambulancia. Se retira la tabla espinal, haciendo un
puente simple, y se hace el vacío. En la unidad
asistencial se realiza la valoración secundaria.
No hay patología previa ni alergias conocidas, el
enfermo refiere ahora dolor intenso en la zona
lumbar y también en la rodilla derecha. Se inmoviliza con una férula la citada rodilla y de nuevo
se hace el vacío. Se administra oxígeno, se canaliza una vena en el antebrazo y se perfunden expansores plasmáticos y un analgésico. Se traslada el enfermo al hospital más cercano y, tras
practicar los exámenes radiológicos, se diagnostica fractura con aplastamiento de L1 y fractura
del tercio distal del fémur derecho.
Los traumatismos constituyen la cuarta causa de
muerte en España, después de las enfermedades
cardiovasculares, de los tumores y de las enfermedades del sistema respiratorio. Entre la población
230 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
menor de 45 años constituye la principal causa de
muerte, y suponen el 55% de la mortalidad infantil
entre los 5 y los 15 años de edad.
El concepto de cadena de supervivencia, promovido desde el ámbito de la reanimación cardiopulmonar, es igualmente aplicable a la atención
del enfermo politraumatizado. Para que la atención prehospitalaria al trauma sea eficiente, se
requieren unas etapas de actuación reconocidas
explícitamente, una metodología de trabajo claramente definida, coherente con principios aplicados a lo largo de toda la cadena asistencial, que
posibilite una atención ordenada, oportuna, proporcionada y técnicamente adecuada al enfermo
traumático, niño o adulto, tanto en un nivel de
apoyo básico como avanzado, así como la existencia de documentos de apoyo asistencial que faciliten la aproximación diagnóstica y terapéutica en
un entorno a menudo hostil.
DEFINICIÓN Y MORTALIDAD
EN EL ENFERMO POLITRAUMATIZADO
25
El enfermo politraumatizado es aquel que presenta
más de una lesión traumática grave, alguna o varias de las cuales implican, aunque sea potencialmente, un riesgo vital para el accidentado. Los accidentes de tráfico constituyen, en nuestro medio,
la principal causa de muerte traumática, seguidos
por los accidentes laborales y los precipitados. Las
causas principales de muerte en el enfermo politraumatizado son las lesiones del sistema nervioso
central y del sistema cardiovascular. La mortalidad de estos enfermos se agrupa en tres picos bien
definidos:
N
N
N
Mortalidad inmediata. Representa el 50% de los
fallecidos y tiene lugar entre los primeros minutos y la primera hora tras el accidente. Se
debe a lesiones de grandes vasos y órganos vitales. En este período las muertes son difícilmente evitables.
Mortalidad precoz. Representa el 30% de los fallecidos y se produce durante las primeras horas del
accidente. Es consecuencia de lesiones intracraneales, pulmonares (hemoneumotórax), abdominales (laceración hepática, esplénica), fracturas de
pelvis y huesos largos, y lesiones múltiples asociadas a una importante pérdida hemática. La
mortalidad es potencialmente evitable y se relaciona con una rápida asistencia inicial en el lugar
del traumatismo junto con el tratamiento definitivo en centros hospitalarios adecuados («hora de
oro, 30 minutos de platino»).
Mortalidad tardía. El 20% restante fallece días o
semanas tras el traumatismo, como consecuen-
cia de un síndrome de disfunción multiorgánica o por complicaciones infecciosas.
SECUENCIA GENERAL DE ACTUACIÓN
La asistencia de este tipo de enfermo en el ámbito
prehospitalario presenta unos aspectos particulares
que dependen de las características del entorno, de
los recursos sanitarios y no sanitarios disponibles,
de las condiciones climatológicas y de la colaboración con los servicios de seguridad y rescate. La secuencia general de actuación en la atención a un
enfermo politraumático es la siguiente (fig. 25-1):
1. Fase de alerta. La atención inicial al enfermo
politraumatizado se inicia en el centro coordinador de los sistemas de emergencias, donde se reciben y procesan las llamadas de alerta. Se recogen
los datos precisos para asignar el mejor y más adecuado recurso sanitario para atender la demanda
generada, así como coordinar la actuación con los
cuerpos de seguridad y de rescate en caso de que
fuera necesario. En esta fase se intenta obtener información respecto al entorno, localización de la/s
víctima/s, tipología, biomecánica del accidente,
número de víctimas, estado de los heridos (según
impresión del alertante), peligros potenciales existentes y presencia y/o alerta de otros equipos intervinientes.
2. Fase de aproximación. El equipo asistencial
debe aproximarse al lugar del accidente recordando
que prima la seguridad del enfermo y del equipo
asistencial, evitando riesgos innecesarios. Es útil
utilizar la regla «Proteger, Alertar, Socorrer» (PAS).
Se debe valorar el recorrido, el material de protección necesario, reconociendo el acceso más adecuado, el tipo de conducción, los sistemas de señalización prioritaria y la necesidad de soporte por parte
de cuerpos y fuerzas de seguridad y de rescate.
3. Fase de valoración del lugar del accidente y
triaje. Una vez llegado al lugar del accidente, se
estaciona la unidad asistencial adoptando las correctas medidas de protección, se informa al centro coordinador de la concordancia con la información inicial, del contacto visual de las víctimas y
del escenario y de la adecuación del recurso. Hay
que reconocer la zona de seguridad y las diferentes posibilidades de evacuación, los peligros potenciales tanto para las víctimas como para los
miembros de los equipos intervinientes y la población en general. El equipo sanitario debe utilizar
las medidas de autoprotección necesarias.
La valoración del accidente basándose en conocimientos de la cinemática de los traumatismos
ayuda en la valoración de posibles lesiones y en
su tratamiento inicial (tabla 25-1). En un escenario
Atención prehospitalaria al enfermo politraumatizado 231
Enfermo politraumático
Evaluación del escenario
Valoración/Actuación primaria
¿Lesiones que compromenten la vida?/¿Trauma multisistémico?
¿Enfermo traumático crítico?
Sí
No
Reanimación inicial
Valoración/Actuación secundaria
Iniciar transporte
Reevaluar
Reevaluar
Manejo de las lesiones de forma adecuada
Valoración/Actuación secundaria
Iniciar el transporte
Intervenciones durante el trayecto
25
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Centro receptor de politrauma
Figura 25-1
Algoritmo de actuación prehospitalaria en un enfermo politraumático.
Tabla 25-1
Mecanismo lesional y patrón lesional sospechado
Mecanismo de lesión
Patrón lesional sospechado
Grandes desaceleraciones
Impacto frontal
Rotura de grandes vasos, principalmente de la aorta torácica
Traumatismo craneoencefálico, lesiones del raquis, lesiones de la pared torácica
anterior (contusión miocárdica, neumotórax, hemotórax, contusión pulmonar,
fractura del esternón), fracturas y luxaciones de las extremidades inferiores
Lesiones de la pared torácica (volet costal, contusión pulmonar. Neumotórax,
hemotórax, rotura del diafragma), fracturas de húmero y lateral de la pelvis
Se multiplica la gravedad y la mortalidad. Sospechar rotura de la aorta. Lesiones
múltiples
Cualquiera de las lesiones anteriores, principalmente si no lleva cinturón
Múltiples lesiones, lesiones torácicas o abdominales por golpe directo en niños
Igual que en la expulsión
Lesiones frontales, más lesiones laterales, más lesiones por desaceleración
Múltiples lesiones, neumotórax, hemotórax, contusión pulmonar
Impacto lateral
Expulsión
Vuelco
Atropello
Motocicletas
Caídas desde grandes alturas
Explosiones
232 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
de varias víctimas se procede a la selección y a la
clasificación de enfermos, considerando la gravedad, los recursos disponibles y las necesidades
terapéuticas. Se priorizan los enfermos graves con
mayor posibilidad de supervivencia. En caso de
situaciones extremas (catástrofes), se valora la necesidad de recursos adicionales, tanto específicos
(seguridad, rescate) como sanitarios, y la necesidad de realizar un triaje rápido y efectivo (tipo
START: Simple Triage and Rapid Treatment) en el
caso de múltiples víctimas (v. cap. 21).
Valoración/Actuación primaria
Las lesiones primarias son las que se producen en
el lugar del accidente, resultantes del mecanismo
del impacto. Una valoración genérica y global se
realiza ya en el mismo momento en que el equipo
visualiza al accidentado y se acerca a él. En este
momento se puede ir obteniendo información sobre la presencia de movimientos respiratorios, hemorragias evidentes, movimientos espontáneos y
nivel de conciencia (consciente/inconsciente), así
como deformidades de las extremidades. Una vez
en presencia del enfermo, se debe completar la valoración/actuación primaria, a menos que alguna
complicación requiera más atención o evaluación.
Para ello se sigue un orden estricto de prioridad en
la evaluación rápida del enfermo:
A. Vía aérea y estabilización de la columna
25 cervical.
Se determina si es permeable o no. En
caso negativo, se procede a la apertura de la vía
aérea mediante tracción-elevación mandibular, con
control del segmento cervical, y la colocación de
cánula orofaríngea siempre que el enfermo la tolere. Se han de retirar cuerpos extraños, aspirar secreciones y extraer las prótesis dentarias móviles.
Ésta y cualquier otra actuación sobre una persona
víctima de traumatismos se debe realizar siempre
con el control del segmento cervical y la alineación
del eje cabeza-columna vertebral-pelvis.
B. Respiración. Una vez la vía aérea es permeable, se valora la respiración del enfermo mediante
la inspección de la frecuencia respiratoria, de la
amplitud y del esfuerzo respiratorio (tiraje intercostal, incoordinación toracoabdominal), la coloración de la piel y de las mucosas (cianosis), la palpación de asimetrías, deformidades e inestabilidad
del tórax, y la presencia de enfisema subcutáneo.
La presencia de una respiración anormal obliga a
sospechar un neumotórax a tensión, un neumotórax abierto, volet costal o lesiones del neuroeje.
Con la información obtenida, se decide la actuación a seguir: oxigenoterapia, ventilación mecánica
asistida, drenaje de un neumotórax, etc. Todo en-
fermo politraumatizado ha de recibir de manera precoz oxígeno suplementario a altas concentraciones.
C. Circulación. En este apartado se exige visualizar y controlar potenciales hemorragias externas,
valorar el estado de perfusión tisular (color de la
piel, temperatura, sudoración, relleno capilar) y
determinar la presencia o ausencia de pulsos centrales y periféricos.
D. Nivel de conciencia y valoración pupilar.
Se valora el estado neurológico mediante la obtención de la puntuación en la escala de coma de
Glasgow. Además, se evalúa el tamaño pupilar y
el reflejo fotomotor.
E. Exposición. Se procede a desnudar al enfermo siempre que sea posible para detectar lesiones
ocultas por la ropa; sin olvidar la protección del
enfermo de las inclemencias climatológicas, por lo
que dicha fase suele realizarse dentro de la cabina
asistencial de la unidad móvil.
El objetivo de esta fase es detectar el enfermo
politraumático crítico, en el que las medidas de reanimación se inician de manera inmediata a medida que se identifican las situaciones que originan
la situación de riesgo vital, evitando estancias prolongadas en el escenario del accidente y dirigiéndose al hospital receptor lo antes posible. Llegado
este momento, se puede considerar la monitorización y la toma de constantes.
Valoración/Actuación secundaria
A todo enfermo politraumático se le realiza una
valoración secundaria, con el objetivo de efectuar
un balance global de las lesiones existentes y de las
potenciales por aparatos y sistemas, y de estabilizar lo máximo posible al enfermo.
La valoración secundaria se realiza en un entorno seguro, luminoso, amplio y aislado de factores
externos. Esta valoración incluye la anamnesis, el
examen físico y la revaloración constante. La revaloración del enfermo mediante el ABCDE permite
priorizar la asistencia en caso de cambios en la situación clínica del enfermo. Existen varias reglas nemotécnicas para memorizar los datos importantes de la
anamnesis. Una de ellas es la palabra ALMERIA,
donde las letras orientan a la pregunta a realizar.
AL: alergias, ME: medicación, R: registro de antecedentes patológicos, I: ingesta última, A: accidente,
datos relacionados con el mecanismo lesional. El
examen físico consiste en una exploración sistemática y rigurosa basada en la inspección, la palpación,
la auscultación y la percusión. Se registran las constantes vitales completas en orden descendente craneocaudal: cabeza, cuello, tórax, abdomen, pelvis,
genitales, extremidades y raquis (tabla 25-2).
Atención prehospitalaria al enfermo politraumatizado 233
Cráneo
Scalp, deformidades, pérdida de
masa encefálica
Buscar heridas y
hematomas en la
calota craneal
Cara
Reconocer
Tamaño, simetría y
reactividad pupilar.
Simetría de la cara.
Lesiones
hemorrágicas.
Contusiones,
hematomas, heridas,
liquorraquia
Cuello
Valorar
Visualizar las venas del
cuello, explorar los
pulsos carotídeos,
visualizar la posición
de la tráquea, palpar
las apófisis espinosas
de la columna
cervical en busca de
crepitación, buscar
hematomas y lesiones
hemorrágicas
Tórax
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 25-2 Valoración secundaria en el ámbito prehospitalario del enfermo politraumático
Observar movimientos
Deformidades de la caja torácica
torácicos, simetría,
y asimetría de cintura
frecuencia,
escapular y primeras costillas,
profundidad de las
recordar su asociación en los
respiraciones, palpar,
traumatismos de alta energía
auscultar y percutir
con lesiones cervicales y de
meticulosamente el
grandes vasos. Enfisema
tórax. Heridas y
subcutáneo. Identificar
lesiones cutáneas
lesiones inestables,
abiertas, cintura
movimientos respiratorios
escapular, clavículas y
paradójicos, hipoventilación o
primeras costillas.
hiperventilación,
Contusiones,
hipertimpanismo. Ante
hematomas y lesiones
contusiones y hematomas en
hemorrágicas
el tercio inferior del tórax,
pensar en lesiones internas
abdominales: hígado o bazo
Pautas de actuación
Inmovilización de la cabeza para evitar movimientos
laterales, continuar la contención de hemorragias y fijar
la compresión, limpiar y cubrir las heridas con la
máxima asepsia posible, observar liquorraquia. Sólo si
se trata de un traumatismo craneoencefálico puro, se
incorpora el enfermo a 30° con collarín cervical sobre el
colchón de vacío; ante la posible existencia de otras
lesiones asociadas, mantenerlo en decúbito supino.
Movilizaciones siempre en bloque. Heridas penetrantes
con objeto clavado: inmovilizarlas, fijándolas bien
Lesiones con capacidad potencial Nueva valoración de la vía aérea con control cervical; si el
de obstrucción de la vía aérea,
enfermo está intubado, hay que comprobar la posición
origen de las lesiones
del tubo endotraqueal y su correcta fijación,
hemorrágicas (bucal, nasal,
revaloración constante del nivel de conciencia
ótica, ocular), alteraciones
(escala de coma de Glasgow). Observar y anotar
pupilares (anisocoria, miosis,
sistemáticamente el tamaño, la simetría y la reactividad
etc.), deformidades óseas con
de las pupilas, anotar los cambios durante la asistencia
o sin desplazamiento
y el traslado. Compresión manual y cura de las
hemorragias y heridas. No taponar los orificios naturales
y observar la salida y el tipo de fluido. Sólo si se trata de
un trauma facial y/o craneal puro incorporarlo a 30°
con collarín cervical sobre el colchón de vacío. Valorar
la sonda gástrica, y ante la sospecha de lesión de la
base del cráneo ponerla orogástrica (contraindicada la
nasogástrica). Retirar lentes de contacto y prótesis.
Evitar el sondaje nasogástrico en las fracturas de Le Fort
Enfisema subcutáneo, presencia Efectuar la exploración retirando parcialmente el collarín
de pulsos, desviación traqueal,
cervical y realizando un estricto control cervical.
crepitación de apófisis
Comprobar la colocación, el tamaño del collarín y
espinosas de la columna
cambiarlo si es necesario. Compresión manual de
cervical, otras deformidades,
las heridas con hemorragia, limpieza y cura. Fijar la
hematomas o lesiones que
compresión manual. Heridas penetrantes con objeto
pueden ser exanguinantes
clavado: inmovilizarlo y fijarlo bien. Inmovilizar
la cabeza si no se ha hecho antes para evitar
los movimientos de lateralización y rotación del cuello
Comprobar los parámetros de la oxigenoterapia, ajustar
la FiO2 necesaria para SpO2 > 95%, asegurarse de tener
suficiente oxígeno para el traslado; si no, cambiar
la bombona. Si el enfermo está intubado, comprobar
de nuevo la colocación del tubo y la fijación, si es
necesario aspirar secreciones y/o sangre. Comprobar
parámetros del respirador. Comprobar la correcta
monitorización (electrocardiograma, pulsioximetría).
Limpieza y cura de las heridas, compresión manual
si existe hemorragia y fijar luego la compresión. En
las heridas penetrantes con objetos clavados, fijarlos
con la máxima asepsia. Revalorar toracocentesis de
emergencia si se sospecha neumotórax a tensión con
compromiso vital. Comprobación de catéteres o
drenajes torácicos. Revalorar la analgesia. Sujeción
torácica para el traslado evitando que las correas
presionen
(Cont.)
25
234 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 25-2 Valoración secundaria en el ámbito prehospitalario del enfermo politraumático (cont.)
Compresión cautelosa
bilateral buscando
inestabilidad de la
cintura pélvica.
Enfisema subcutáneo.
Signos de
hemoperitoneo: dolor,
defensa muscular,
timpanismo
Deformidades, zonas
dolorosas, crepitaciones,
impotencia funcional,
alteraciones de la
sensibilidad, ausencia
de pulsos, cianosis
Compresión manual de las hemorragias con
posterior fijación, cura de heridas y, si hay
objetos clavados, inmovilización en la posición
que estén. Si hay sospecha de lesión pélvica la
inmovilización se puede realizar con el colchón
de vacío. Está contraindicado el sondaje si hay
signos de lesión de vejiga y/o genitales
Abdomen y pelvis
Pautas de actuación
Palpar y percutir el abdomen.
Heridas y lesiones
cutáneas penetrantes.
Cintura pélvica. Lesiones
hemorrágicas
Extremidades
Reconocer
Heridas y lesiones cutáneas
abiertas, lesiones
hemorrágicas, alineación,
movilidad, sensibilidad,
pulsos, coloración
Raquis
25
Valorar
Está indicada la
inmovilización completa
del raquis si hay
alteración del nivel de
conciencia (Glasgow <15),
dolor, déficit, inflamación
y/o deformidad del raquis,
sospecha de consumo de
drogas, lesiones
distractoras como
fracturas, quemaduras,
etc., y si existen
problemas de
comunicación por idioma,
deterioro cognitivo o por
razones de edad (niños)
Puntos dolorosos en
cualquier lugar de la
columna, que no se
moviliza salvo que sea
imprescindible (si el
enfermo está consciente
que señalice tocando el
cuello, el tórax o el
abdomen qué zona le
molesta por la parte
posterior, si hay
alteración de conciencia
realizar inmovilización
completa). Aparición de
paresias y/o parestesias
Ante fracturas de huesos largos, comprobar la
coloración y los pulsos, tracción, alineación e
inmovilización, revaloración del estado vascular;
si es preciso (por alteración vascular de nueva
aparición), retirar la inmovilización y empezar
de nuevo. Las lesiones de zonas articulares o
periarticulares se inmovilizan en la posición en
que se hallen. Las fracturas abiertas hay que
taparlas con un apósito con suero fisiológico
y otro seco encima. No olvidar la analgesia.
Inmovilizar en posición anatómica siempre que
sea posible. Inmovilizar vendando de distal a
proximal incluyendo la articulación inferior y
superior al foco de fractura. Vendar protegiendo
con celulosa para evitar problemas vasculares
y reducir el dolor
Inmovilización completa de raquis siempre que
esté indicada. Movilizar lo menos posible al
inmovilizar, para no agravar las lesiones
existentes ni producir nuevas lesiones. Escoger
el tipo de inmovilizador en función del enfermo
y del entorno: las extracciones se realizan con
collarín cervical y tabla espinal, y los traslados
con collarín y colchón de vacío. Tratar al
enfermo inconsciente como posible lesionado
medular. Se realizan las movilizaciones como
mínimo entre tres personas; el asistencial que
lidera el equipo se coloca en la cabecera, de cara
al resto, para poder dar órdenes claras y precisas
y coordinar todos los movimientos. Se moviliza
en bloque respetando el eje cabeza-cuellotronco-extremidades y manteniendo al enfermo
alineado
FiO2: fracción inspiratoria de oxígeno; SpO2: saturación arterial de oxígeno por pulsioximetría.
Estabilización, traslado y transfer
hospitalario
La central de coordinación adjudica los recursos
asistenciales y decide cuál es el hospital receptor
más adecuado donde trasladar el enfermo politraumático. El medio de transporte idóneo depende de la patología y de la situación clínica del en-
fermo, de la distancia a recorrer y de los recursos
humanos y técnicos del hospital receptor.
Si es posible, y siempre que no cause demora, se
estabiliza al enfermo para garantizar la seguridad
durante el recorrido. El traslado se realiza teniendo en cuenta la fisiopatología del transporte sanitario, manteniendo la monitorización y la reevaluación constante, y atendiendo a las necesidades
Atención prehospitalaria al enfermo politraumatizado 235
asistenciales del enfermo. Una vez en el hospital
receptor, el enfermo se transfiere al equipo médico
responsable del servicio de urgencias o de medicina intensiva (v. cap. 74).
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Berlot G, Bacer B, Gullo A. Controversial aspects of the
prehospital trauma care. Crit Care Clin. 2006;22:
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Grupo de Trabajo de Asistencia Inicial al Enfermo
Traumático. Recomendaciones Asistenciales en
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© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
25
236
Capítulo 26
Atención inicial al traumatismo
en la gestante y en el enfermo
pediátrico
José R. Moreno, Marta Olivé y Joaquín Ríos
PUNTOS CLAVE
N
N
N
Los mecanismos de lesión y el manejo del
traumatismo en la mujer gestante no difieren
del resto de enfermos. Es necesario conocer
los cambios anatómicos y fisiológicos que
se producen en la gestante para la correcta
interpretación tanto de los signos y síntomas
como de los parámetros de la monitorización
cardiorrespiratoria.
Las principales lesiones para tener en cuenta
en el traumatismo de la mujer gestante son
la rotura uterina y el desprendimiento de
placenta. La presencia de sangrados vaginales
y la observación de líquido amniótico en
la vagina sugieren rotura de las membranas
corioamnióticas.
Para la valoración e inmovilización final
de la gestante, a partir de la 20 semana de
CASO
CLÍNICO
En el contexto de un accidente de tráfico, la persona atendida es la conductora de un turismo.
Mujer de 28 años de edad, primípara, gestante de 25 semanas que lleva abrochado el cinturón de seguridad; se detecta una pequeña herida ciliar derecha. No se observan riesgos para la
enferma ni para el equipo asistencial en el entorno. La extricación se realiza con rapidez y la en-
gestación se coloca en posición de decúbito
lateral izquierdo, con objeto de evitar
la posible hipotensión que se provoca en
decúbito supino por disminución del retorno
venoso al comprimir la cava.
N
La prioridad de la asistencia es, por este orden,
la madre, el feto y la capacidad reproductiva.
Si la gestante se deteriora gravemente o aparece
un paro cardiorrespiratorio, se intenta realizar
una cesárea de urgencia (cesárea perimortem)
en los primeros 5 min. A partir de este tiempo
cabe esperar lesión neurológica fetal.
N
En el caso de traumatismos en niños, hay que
tener presente el mecanismo lesional y ser muy
riguroso y sistemático en la valoración y en la
asistencia. Asimismo, suele ser necesario saber
empatizar con el niño y con sus familiares o
tutores.
ferma se extrae del vehículo con inmovilización
vertebral y tabla espinal. En la valoración inicial, la vía aérea es permeable y la enferma respira espontáneamente pero con dificultad. Refiere dolor en la zona clavicular izquierda y en
el tercio medio esternal. En la exploración física
destaca una inspección y auscultación respiratorias normales, taquicardia (119 latidos/min)
e hipotensión (70/50 mmHg). Los pulsos periféricos son filiformes. No se observa sangrado
externo. La enferma también refiere dolor ab-
Atención inicial al traumatismo en la gestante y en el enfermo pediátrico 237
dominal en hipocondrio izquierdo y sensación
nauseosa, sin vómitos; el abdomen no está distendido. En la valoración neurológica está orientada en tiempo y en espacio (escala de coma de
Glasgow, puntuación 15). Las pupilas son isocóricas y normorreactivas. Se orienta el cuadro
clínico como traumatismo abdominal en mujer
gestante con sospecha de sangrado interno y
posible lesión fetal. Se administra oxígeno con
mascarilla-reservorio, se colocan dos accesos
venosos para la perfusión de sueroterapia y se
procede a la inmovilización total de la accidentada con colchón de vacío aplicando una lateralización de éste unos 10-15° sobre su lado derecho. Se traslada a la enferma a un centro
hospitalario con posibilidad de valoración ginecoobstétrica.
El aspecto diferencial más relevante de un traumatismo en una gestante recae en una mayor incidencia de lesiones abdominales. La incidencia de traumatismos en la mujer embarazada puede alcanzar
el 7% (sin tener en cuenta los embarazos en fase
temprana todavía no conocidos en el momento del
traumatismo). Las causas más frecuentes de traumatismos cerrados son los accidentes de tráfico
(casi el 50%), seguidos de precipitaciones y agresiones directas sobre la zona abdominal. La mortalidad fetal oscila entre el 3,4 y el 38%, y se debe a
desprendimiento de placenta, a shock hipovolémico y al fallecimiento de la madre.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
CONSIDERACIONES EN LA ASISTENCIA
INICIAL EN EL TRAUMATISMO
DE LA GESTANTE
La asistencia prehospitalaria en la gestante traumática debe ser, como norma general, igual que en
el resto de enfermos traumáticos (v. cap. 25). No
obstante, es necesario conocer los cambios fisiológicos que se producen durante la gestación para
realizar una correcta valoración y manejo en este
grupo de mujeres (v. cap. 84). Los cambios más relevantes en la valoración de la gestante traumática
a nivel cardiovascular incluyen: a) hipervolemia a
partir de la semana 28; las hemorragias son mejor
toleradas por la madre que por el feto; b) aumento
del gasto cardíaco de aproximadamente el 40%,
aumento de la frecuencia cardíaca en 15-20 latidos/min (más evidente a partir de la 36 semana de
gestación) y disminución de la presión arterial en
5-15 mmHg (a partir de la 24 semana de gestación); c) cambios electrocardiográficos, como bajo
voltaje, desviación del eje hacia la izquierda (15°),
ondas T aplanadas o invertidas en derivaciones
inferiores y precordiales, y d) el útero a partir de la
20 semana provoca una compresión de la vena
cava inferior y de la aorta, principalmente en la
posición de decúbito supino; como consecuencia,
el retorno venoso disminuye, aunque la presión
arterial se mantiene debido al aumento de las resistencias vasculares periféricas.
En el aparato respiratorio, la reserva espiratoria, el volumen residual y la capacidad residual
funcional disminuyen, mientras que la capacidad
inspiratoria y la frecuencia respiratoria aumentan.
El diafragma asciende unos 4 cm, lo que condiciona una mayor exposición del abdomen y mayor
riesgo de lesión de órganos toracoabdominales. A
nivel hematológico se observa un descenso del
hematocrito, que da lugar a la denominada «anemia fisiológica del embarazo». Con respecto al
abdomen, se produce un evidente retraso del vaciado gástrico, por lo que hay que considerar a
toda mujer embarazada como enferma con el «estómago lleno», teniendo pues que realizarse la
maniobra de Sellick (presión cricoidea) en caso de
abordaje de la vía aérea. Se da también un desplazamiento del intestino al abdomen superior, y hay
que tener en cuenta que la laxitud y la distensión
abdominal pueden enmascarar los signos de irritación peritoneal. Finalmente, en caso de traumatismo en la cintura pélvica, hay que considerar
que el aumento de tamaño y de peso del útero (de
7 a 36 cm y de 70 a 1.100 g, respectivamente) hace
que se considere un órgano intraabdominal a partir de la 24 semana de gestación. Sin embargo, la
estructura del útero actúa a modo de airbag natural frente al traumatismo abdominal directo. Existe un aumento de la vascularización del anillo
pélvico, incluyendo la vejiga, que también se convierte en una estructura hiperémica (con el consiguiente riesgo de sangrado).
LESIONES MÁS HABITUALES EN EL
TRAUMATISMO CERRADO DE LA GESTANTE
Entre las lesiones más frecuentes en el trauma cerrado de la gestante destaca el desprendimiento
de la placenta, complicación descrita entre el 1 y el
5% en traumatismos leves y entre el 25 y el 50% en
traumatismos graves, con una mortalidad cercana
al 70%. El desprendimiento de la placenta es provocado por el incremento de presión sobre el líquido amniótico que deforma el útero elástico sobre
una placenta no elástica, dando lugar a una disrupción de esta última respecto a la decidua, provocando un sangrado que en la mayoría de los
casos es autolimitado por la propia contracción
uterina pero que, si se mantiene, puede producir la
separación total de la placenta (desprendimiento),
26
238 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
26
con la posterior hemorragia y liberación de tromboplastinas que favorecen la aparición de complicaciones como la coagulación intravascular diseminada (v. cap. 84).
La hemorragia fetomaterna tiene una incidencia de hasta el 25% en traumatismos cerrados,
principalmente en accidentes de tráfico, y afecta
en particular a placentas situadas en posición anterior. Da lugar a anemia y muerte fetal, así como
a la isoinmunización de la madre si ésta es Rh(–).
La rotura uterina es una complicación poco frecuente, debido a las características elásticas y musculares de su pared. A pesar de su infrecuencia,
siempre hay que explorar con cuidado el abdomen
materno y estar alerta a posibles movimientos fetales en lugares no habituales o a la palpación del
feto sin la consistencia uterina. La hemorragia fetomaterna es una urgencia quirúrgica con una elevada mortalidad para el feto, y se debe sospechar
cuando la enferma presenta signos de peritonismo
y shock hipovolémico.
La rotura esplénica, con hemorragia retroperitoneal, está facilitada por la mayor exposición del
bazo a recibir un impacto directo, y reviste mayor
gravedad por el incremento de su vascularización.
La fractura de pelvis provoca las complicaciones
derivadas de una hemorragia grave. Si el traumatismo se produce a finales del tercer trimestre, con
el feto descendido, se pueden provocar en el mismo fracturas de cráneo y lesiones cerebrales.
B. Oxigenar y ventilar. Se deben aportar los suplementos de oxígeno necesarios para conseguir
saturaciones adecuadas desde los momentos iniciales del traumatismo. Si está indicada la colocación de un drenaje torácico para descompresión
torácica de emergencias, se realiza en el segundo
espacio sobre la línea media clavicular y/o en el
tercer o cuarto espacio intercostal, ya que en la
gestante el diafragma asciende unos 4 cm.
C. Mantener la estabilidad hemodinámica. A
partir de la semana 20 de gestación, se coloca a la
gestante en posición de decúbito lateral izquierdo,
con objeto de evitar la posible hipotensión que se
provocaría en decúbito supino por disminución
del retorno venoso. Se evita la canalización de la
vía venosa femoral, debido a la obstrucción parcial
de la vena cava por el útero. A fin de mantener una
presión arterial normal, se pauta sueroterapia (coloides, cristaloides) y, en caso necesario, perfusión
de vasopresores.
D. Valorar neurológicamente a la enferma.
Mediante la valoración de la consciencia por la escala de coma de Glasgow modificada y evaluación
del reflejo pupilar.
E. Exposición. Permite detectar otras lesiones
traumáticas una vez realizada la valoración primaria y haber atendido las lesiones que pongan en
riesgo la vida de la enferma. Hay que tener en
cuenta el riesgo de hipotermia al exponer a la gestante. En la figura 26-1 se detalla la colocación y
posición de traslado de la enferma gestante.
EVALUACIÓN INICIAL DE LA GESTANTE
TRAUMÁTICA
La evaluación inicial se realiza en la escena del accidente, de forma precoz y cualificada. El objetivo
final de la atención inicial es minimizar las lesiones secundarias mediante la correcta oxigenación
y perfusión fetomaterna. El manejo del trauma en
la gestante no difiere del resto de enfermos traumáticos, y sigue el esquema ABCDE (Airway and
cervical spine, Breathing, Circulation, Disability, Exposure).
A. Inmovilizar la columna cervical y mantener la permeabilidad de la vía aérea. Debe inmovilizarse la columna cervical, inicialmente de forma manual y seguidamente aplicando el collarín
cervical, con objeto de limitar los movimientos de
flexoextensión, lateralización y rotación del cuello.
Para conseguir una adecuada permeabilidad de la
vía aérea en la gestante grave se procede, si cabe, a
su intubación endotraqueal. Ésta se realiza con inducción farmacológica con secuencia rápida y se
recomienda la maniobra de Shellick por el mayor
riesgo de broncoaspiración en la gestante.
A
15-30°
B
15-30°
Figura 26-1 Colocación y posición de traslado de la
enferma gestante. A: Colchón de vacío. B: Tabla
espinal.
Atención inicial al traumatismo en la gestante y en el enfermo pediátrico 239
VALORACIÓN EN EL TRAUMATISMO
PEDIÁTRICO
Los traumatismos son la primera causa de muerte
en los niños, y gran parte de ellos son prevenibles.
Las caídas son el principal mecanismo lesional,
seguidas de los accidentes de tráfico. El cuerpo
del niño absorbe la energía en una zona más pequeña y con una mayor concentración de órganos
en menos espacio que en el adulto. Los niños tienen un esqueleto muy flexible pero una masa
muscular más débil, hecho que condiciona la posibilidad de presentar lesiones internas con el
marco óseo íntegro. En la atención inicial hay que
ser sistemático y riguroso, teniendo en cuenta las
particularidades de cada edad. Una vez que la escena es segura, es importante valorar el entorno.
Informaciones como la dirección del impacto, la
deformidad de un compartimento y la magnitud
del intercambio de energía son pistas claras sobre
las posibles lesiones de los heridos y de su gravedad.
Habitualmente, en el escenario de un traumatismo que involucra a un niño se produce una gran
presión del entorno con una carga emocional tanto
por los responsables legales del menor (padres,
abuelos, maestros…) como por los testigos, sin olvidar la propia del equipo asistencial. Hay que
afrontar este ambiente y no olvidar nunca al propio niño, dejando que éste se exprese, para lo que
conviene utilizar un tono de voz suave, tranquilo,
sin movimientos bruscos, dejar que alguien de su
confianza esté con él y hablar con esta persona
para buscar su soporte y su complicidad con el
niño, así como para obtener datos en la historia clínica.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
¿CÓMO PLANTEAR LA EVALUACIÓN
INICIAL DEL ENFERMO?
Al igual que en la valoración de cualquier enfermo
traumático, en el niño se sigue el esquema ABCDE.
Hay que tener en cuenta que, al realizar la valoración inicial, el niño puede estar sujeto a diversos
tipos de sistemas de retención (p. ej., sillitas), por
lo que debe conocerse su funcionamiento para poder manipularlos con la máxima agilidad y seguridad posible. Asimismo, hay que considerar el rango de normalidad de las constantes vitales en un
menor (v. cap. 83).
A. Vía aérea con control cervical. Se debe acceder a la vía aérea con control cervical (alinear y
girar en bloque hasta la posición supina). La cabeza y la lengua son proporcionalmente más grandes
y la tráquea más corta que en el adulto (v. cap. 2). En
menores de 6 meses la respiración es nasal, por lo
que su obstrucción comporta graves problemas
respiratorios. La cavidad bucal es pequeña y la
lengua grande, ambas son blandas y delicadas,
por lo que se pueden lesionar al colocar un tubo
faríngeo. Así, hay que evitar rotaciones del tubo faríngeo en el interior de la boca, colocándolo directamente apoyado sobre la lengua, con la ayuda de
un depresor lingual si fuera necesario.
B. Oxigenar y ventilar. Para valorar el patrón
respiratorio se deben observar los movimientos
torácicos, su simetría, la coloración de la piel, qué
posiciones adopta y el tono muscular. Se debe auscultar al niño, buscando la presencia o ausencia de
ruidos respiratorios; palpar deformidades, crepitaciones y percutir si hay matidez o timpanismo.
Si precisara ventilación, habría que realizarla de
forma continua (sólo se interrumpe en el momento
de intubar). El balón resucitador debe ser el correcto para la edad. El volumen corriente en un
niño es de unos 10 ml/kg, y es recomendable aplicar una FiO2 de 1.
C. Mantener la estabilidad hemodinámica.
Hay que comprimir inmediatamente los puntos
de sangrado externos, que en niños pequeños pueden ser rápidamente exanguinantes. Para la valoración hemodinámica se palpa el pulso humeral
en neonatos y en lactantes, y el femoral o el radial en
mayores de 1 año. Hay que buscar signos de mala
perfusión, como la ausencia de pulsos periféricos,
palidez, diaforesis, taquicardia y relleno capilar
lento (>2 s). La cavidad abdominal está menos
protegida porque la musculatura está poco desarrollada. Si hay hemorragia, los signos de shock
tardan en aparecer, gracias a los mecanismos compensadores del shock, pero cuando se instaura,
indica una gravedad inmediata (tabla 26-1). Hay
que canalizar una o dos vías venosas periféricas
del mayor tamaño posible, invirtiendo un tiempo
máximo de 5 min o tres intentos; si no se consigue,
se aborda una vía intraósea.
Si el niño está en paro cardiorrespiratorio, no se
deben invertir más de 90 s en buscar un acceso venoso antes de intentar un acceso intraóseo (v. cap.
18). Por vía intraósea se pueden administrar todos
los fármacos y fluidos necesarios para la reanimación inicial del niño politraumatizado, y su acción
es igual de rápida que por la vía venosa periférica.
Lugares de inserción en niños menores de 6 años
son la región lateral interna y proximal, a unos
2 cm de la meseta tibial, en la región distal de la
tibia y en el cóndilo femoral. También se pueden
utilizar otras zonas anatómicas, como la zona distal del húmero o las crestas ilíacas en niños mayores de 6 años. Está contraindicada su utilización en
huesos fracturados. El volumen a perfundir es de
26
240 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 26-1
Clasificación del shock hipovolémico en pediatría
Categoría
Frecuencia cardíaca (lat/min)
Lactante
Niño
PAS
Pulso
Relleno capilar
Frecuencia respiratoria (resp/min)
Lactante
Niño
Diuresis (ml/kg/h)
Lactante
Niño
Nivel de conciencia
Volemia perdida
I
II
III
IV
<140
<120
Normal
Normal
Normal
140-160
120-140
Normal
Disminuido
>2 s
160-180
140-160
Baja
Disminuido
>2 s
>180
>160
Muy baja
Ausente
>2 s
30-40
20-30
40-50
30-40
50-60
40-50
>60 o suspiros
>50 o suspiros
>2
>1
Ansioso
Llanto
<15%
1,5-2
0,5-1
Intranquilo
Llanto
15-20%
0,5-1,5
0,2-05
Confuso
Somnoliento
25-40%
<0,5
<0,2
Confuso
Somnoliento
>40%
PAS: presión arterial sistólica.
20 ml/kg de cristaloides, dosis que se repite hasta
tres veces, y en caso de ausencia de recuperación
hemodinámica se sigue con una administración de
coloides para, a continuación, plantearse la utilización de vasopresores (v. cap. 83). Siempre se debe
agilizar el traslado al hospital para poder perfun-
dir sangre o realizar un tratamiento definitivo, como
por ejemplo una intervención quirúrgica.
D. Valoración neurológica. Se aplicará la escala de coma de Glasgow modificada para menores
de 3 años y la valoración pupilar (tamaño, simetría
y reactividad a la luz) (tabla 26-2).
26
Tabla 26-2
Escala de coma de Glasgow modificada para menores de 3 años
Escala de coma de Glasgow
Escala modificada para <3 años
Apertura ocular
Espontánea
Al hablarle
Al dolor
Ausente
Verbal
Orientado
Confuso
Palabras inapropiadas
Ruidos inespecíficos
Ausente
Motora
Obedece órdenes
Localiza el dolor
Retirada al dolor
Flexión anormal
Extensión anormal
Ausente
Apertura ocular
Espontánea
Al hablarle
Al dolor
Ausente
Verbal
Balbuceo
Irritable
Llanto al dolor
Gemidos al dolor
Ausente
Motora
Movimientos espontáneos
Retirada al tocar
Retirada al dolor
Flexión anormal
Extensión anormal
Ausente
4
3
2
1
5
4
3
2
1
6
5
4
3
2
1
4
3
2
1
5
4
3
2
1
6
5
4
3
2
1
Puntuación según la escala de coma de Glasgow ≤8 indica que el traumatismo craneoencefálico es grave y se requiere traslado
del enfermo a un centro especializado en trauma pediátrico dotado de neurocirugía.
Atención inicial al traumatismo en la gestante y en el enfermo pediátrico 241
Tabla 26-3
Índice de traumatismo pediátrico
Peso
Vía aérea
PAS y circulación
Estado neurológico
Heridas
Fracturas
+2
+1
–1
>20 kg
Normal
>90 mmHg o
pulso radial palpable
Consciente
Ausentes
Ausentes
10-20 kg
Sostenible
50-90 mmHg
pulso femoral palpable
Obnubilado
Menores
Cerradas
<10 kg
Insostenible
<50 mmHg o
pulsos ausentes
Coma
Mayores o penetrantes
Abiertas o múltiples
PAS: presión arterial sistólica. A menor puntuación, mayor gravedad. Un índice de traumatismo pediátrico (ITP) < 8 implica
traumatismo grave y requiere atención en un hospital especializado en trauma pediátrico.
E. Exposición. Permite valorar la movilidad
espontánea y la presencia de deformidades, heridas y lesiones en las extremidades. La falta de osificación en períodos de crecimiento evita la fractura completa en el niño, pero aumenta la
probabilidad de sufrir fracturas parciales o en tallo verde. Hay que evitar la hipotermia del niño
durante la exposición. Tras ella, se realizan las
movilizaciones e inmovilizaciones necesarias para
el traslado (collarín cervical, colchón de vacío y
buenas sujeciones a la camilla) (v. cap. 24). El cálculo del índice de traumatismo pediátrico permite orientar la gravedad del niño y trasladarlo al
hospital de destino más adecuado para cada caso
(tabla 26-3).
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Brown HL. Trauma in pregnancy. Obstet Gynecol.
2009;114:147-60.
Brown JK, Jing Y, Wang S, Ehrlich PF. Patterns of severe
injury in pediatric car crash victims: Crash Injury
Research Engineering Network database. J Pediatr
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Canabal Berlanga A, Perales Rodríguez N. Manual de
Soporte Vital Avanzado en Trauma. 2.ª edición.
Barcelona: Elsevier Masson; 2007.
Jaffe D, Wesson D. Emergency management of blunt
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Eur J Pediatr. 2006;165:519-25.
Jiménez Murillo L, Montero Pérez FJ. Medicina de
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Elsevier; 2004.
McSwain NE, Frame S. PHTLS: Basic and Avanced
Prehospital Trauma Life Support. 6th edition.
Madrid: Elsevier; 2008.
Meroz Y, Elchalal U, Ginosar Y. Initial trauma
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Clin. 2007;25:117-129.
26
242
Capítulo 27
Actuación prehospitalaria en el
shock hemorrágico traumático
Fernando Martínez y José R. Moreno
PUNTOS CLAVE
N
En el enfermo traumático, el shock hipovolémico
hemorrágico es causa frecuente de mortalidad.
El diagnóstico de focos hemorrágicos internos
requiere un elevado índice de sospecha.
N
En la valoración inicial del enfermo traumático
hay que centrarse más en los signos de
hipoperfusión tisular que en las cifras de
presión arterial.
N
Las únicas hemorragias sobre las que inicialmente
se puede actuar en el medio prehospitalario
son los focos hemorrágicos externos, y es
fundamental controlarlos activamente.
CASO
CLÍNICO
Varón de 32 años, motorista, portador de casco
integral, que circula en zona urbana y frena
bruscamente en un paso cebra, intentando evitar
el atropello de un peatón. El motorista sale disparado de la moto alrededor de 15 m (impacto
de alta energía) y colisiona con un semáforo. El
entorno es seguro para la víctima y para los profesionales asistenciales. El enfermo se encuentra
en decúbito supino y con el casco colocado. Entre varios asistenciales se alinea al enfermo siguiendo el eje cabeza-cuello-columna-pelvis y
se le inmoviliza con un tablero espinal. La vía
aérea es permeable y el enfermo respira espon-
N
El objetivo de la reposición de fluidos ha de
ser mantener una presión arterial sistólica de
80-100 mmHg, excepto en el traumatismo
craneoencefálico, en el que se requieren
cifras superiores para mantener la presión de
perfusión cerebral. Las lesiones penetrantes
en el tórax o el abdomen y las lesiones
cerradas con sospecha de hemorragia activa
requieren prudencia en la perfusión de
líquidos.
N
El tratamiento definitivo de la mayoría de las
hemorragias internas es quirúrgico, y no debe
demorarse el traslado del enfermo a un centro
hospitalario resolutivo.
táneamente. El murmullo vesicular se ausculta
en ambos hemitórax de manera simétrica. Los
pulsos periféricos son débiles, aunque no se evidencia un foco de hemorragia externo. El enfermo no está agitado, la puntuación inicial en la
escala de coma de Glasgow es de 15, las pupilas
son isocóricas y reactivas. En la exploración abdominal se observa un pequeño hematoma en el
flanco derecho, y la palpación abdominal es dolorosa en ese flanco y en el hipocondrio homolateral. Presenta taquicardia sinusal a 130 latidos/min e hipotensión (presión arterial sistólica,
70 mmHg). Se orienta el cuadro clínico como
traumatismo abdominal, con posible hemorragia. El tiempo de transporte al hospital receptor
es de unos 23 min.
Actuación prehospitalaria en el shock hemorrágico traumático 243
La resucitación de las víctimas de patología traumática en situación de shock hipovolémico constituye el mayor desafío de los sistemas de atención
prehospitalaria. A pesar de los avances diagnósticos y terapéuticos aparecidos en las últimas tres
décadas, de entre todos los enfermos politraumáticos que fallecen, del 30 al 40% de la mortalidad es
atribuible a una hemorragia no controlada, y ésta
es también la principal causa de muerte intrahospitalaria precoz de estos enfermos. Cabe insistir,
entonces, que la hemorragia constituye en estos
enfermos la primera causa de muerte evitable y la
primera causa de muerte intrahospitalaria precoz.
Una hipotensión persistente (presión arterial sistólica <70 mmHg) se asocia a mal pronóstico. El sangrado masivo en enfermos traumáticos, definido
como la pérdida equivalente al volumen sanguíneo o la mitad en 3 h, es habitualmente consecuencia de la combinación de una lesión vascular y de
una coagulopatía.
VALORACIÓN DE LA GRAVEDAD
DEL SHOCK HEMORRÁGICO
Aunque la hipovolemia por hemorragia es la principal causa de shock en el traumatismo grave, no
hay que infravalorar otras causas desencadenantes de shock no hipovolémico en el enfermo politraumatizado. Puede presentarse shock medular
debido a una lesión espinal acaecida por encima
de la primera vértebra dorsal. El shock medular
(distributivo) se caracteriza por aumento de la capacitancia arterial y venosa junto con bradicardia.
Se puede observar shock cardiogénico tras una
contusión o rotura cardíacas o tras una secciónobstrucción-disección de las arterias coronarias.
Asimismo, en caso de neumotórax a tensión, tapo-
namiento cardíaco y tromboembolismo pulmonar
puede aparecer shock obstructivo.
En presencia de un traumatismo, la exteriorización de la hemorragia es evidente en el caso de
traumatismos penetrantes, pero no siempre observable en el caso de un traumatismo contuso.
En el caso de presencia de sangrado o su sospecha, la pérdida de volumen sanguíneo puede
estimarse en función de la repercusión clínica
(tabla 27-1). Asimismo, en cuanto al foco del traumatismo sufrido, puede estimarse la pérdida sanguínea (tabla 27-2).
ACTUACIÓN Y CONTROL INICIAL
DE LAS HEMORRAGIAS
La evaluación y la estabilización del enfermo deben realizarse de forma precoz en la escena del accidente. El tratamiento de las hemorragias no difiere del que se aplica al resto de enfermos traumáticos,
siguiendo el esquema ABCDE (v. cap. 25). El tratamiento prehospitalario del enfermo con sospecha o
evidencia de hemorragia que se acompaña de inestabilidad hemodinámica se basa en:
N
N
N
N
N
N
Control de la hemorragia externa.
Colocación del enfermo en decúbito supino con
elevación de las piernas o posición de Trendelenburg si es posible (elevando el plano sobre el
que descansa la camilla).
Oxigenoterapia hasta conseguir una SpO2 ≥95%.
Reposición de líquidos para mantener una presión arterial sistólica de 80-100 mmHg.
Evitar la hipotermia.
Transporte inmediato y sin demoras a un hospital de referencia que pueda ofrecer un tratamiento definitivo.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 27-1 Gradación del shock hipovolémico según la repercusión clínica de las pérdidas hemáticas
(American College of Surgeons Committee on Trauma)
Grado
Clase I
Clase II
Clase III
Clase IV
Pérdidas sanguíneas
estimadas
Frecuencia cardíaca
Presión arterial sistólica
Pulso periférico
Frecuencia respiratoria
<15%, hasta
750 ml
<100 latidos/min
Normal
Normal
14-20 resp./min
15-30%,
750-1.500 ml
>100 latidos/min
Normal
Disminuido
20-30 resp./min
30-40%,
1.500-2.000 ml
>120 latidos/min
Disminuida
Disminuido
30-40 resp./min
>40% >2.000 ml
Diuresis
Estado mental
>30 ml/h
Normal, alerta
20-30 ml/h
Agitado
5-20 ml/h
Confuso,
somnoliento
Los valores son estimados para un adulto de 70 kg.
>140 latidos/min
Disminuida
Disminuido
>40 o
<10 resp./min
Anuria
Estuporoso
27
244 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Para el control de las hemorragias externas, la
primera maniobra consiste en la presión directa
sobre el foco de sangrado activo, realizando una
elevación de la zona afectada; si se trata de una
extremidad y no está fracturada, se puede realizar
un vendaje compresivo o elástico en el punto de
sangrado para controlar la hemorragia, y hay que
ser cuidadoso para evitar lesiones isquémicas. No
obstante, en caso de la presencia de un objeto enclavado (empalamiento), éste no ha de extraerse
en el medio prehospitalario y hay que inmovilizarlo fijándolo al cuerpo del enfermo. Si la hemo-
rragia externa no es controlable, se ejerce presión
directa e indirecta en la zona de pulso superior al
sangrado y se colocan vendajes-esponjas de material hemostático (p. ej., chitosan [HemoCon®], polisacáridos vegetales [TraumaDex®] y zeolita
[QuikClot®]), que permiten un control del sangrado incluso en lesiones arteriales de gran calibre o
en lesiones acaecidas en zonas con difícil control
hemostático. La aplicación de torniquetes en las
extremidades ha de utilizarse como medida final y
sólo en caso de amputaciones o hemorragias incontroladas y masivas. Éstos deben efectuarse con
un vendaje lo más ancho posible y realizar la presión de la manera más homogénea (movimiento
de obertura de un grifo) (fig. 27-1).
Es necesario tener un elevado índice de sospecha de la presencia de focos hemorrágicos internos
en enfermos con presión arterial normal, especialmente en la fase inicial del traumatismo. Las localizaciones involucradas en un sangrado interno son
las lesiones torácicas (p. ej., laceración pulmonar,
lesiones de grandes vasos torácicos, lesión cardiaca), laceraciones, roturas o estallidos de órganos
abdominales (p. ej., bazo, hígado, riñones). El marco óseo, especialmente la pelvis o los huesos largos
de las extremidades inferiores, pueden causar pérdidas sanguíneas significativas. Los sangrados in-
Figura 27-1
Figura 27-2
Tabla 27-2 Estimación del déficit de volumen
sanguíneo en el enfermo traumático
Hemotórax masivo unilateral
Hemoperitoneo con distensión
abdominal
Pérdida de partes blandas >5 ml
Fractura de pelvis
Fractura de fémur
Fractura de tibia
Fractura de huesos cortos
Fractura costal
3.000 ml
2.000-5.000 ml
500 ml
1.500-2.500 ml
800-1.200 ml
500-650 ml
100-400 ml
125 ml
27
Técnica de colocación del torniquete.
Pantalón antishock.
Actuación prehospitalaria en el shock hemorrágico traumático 245
ternos son, por definición, hemorragias no controlables, por lo que la actuación inicial en asistencia
prehospitalaria se dirige a minimizar sus efectos.
El uso del pantalón neumático o antishock (fig. 272) es controvertido. Utilizado en países anglosajones, este dispositivo realiza una presión sobre las
extremidades inferiores y parte de la zona abdominal que provoca la redistribución del volumen circulante hacia el territorio torácico y cerebral, compensando temporalmente situaciones de shock
hipovolémico por lesiones hemorrágicas de los
miembros inferiores, de la pelvis o del abdomen.
Asimismo, permite la inmovilización de fracturas
de extremidades y de pelvis, con la compresión de
puntos de sangrado externo y limitación de la hemorragia por estabilización de las fracturas.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
REPOSICIÓN DE LA VOLEMIA
Aunque el tratamiento definitivo del foco hemorrágico es su control quirúrgico precoz, tanto en el
ámbito prehospitalario como intrahospitalario, la
primera medida terapéutica en el shock hemorrágico es el aporte de volumen. Debe conseguirse la
euvolemia para asegurar la perfusión de los órganos. La sueroterapia inicialmente se realiza con
soluciones que no tienen capacidad de transporte
de oxígeno, como son los cristaloides y los coloides, intentando normalizar el volumen circulante
y el gasto cardíaco.
En los enfermos traumáticos que presentan lesiones graves confirmadas o sospechadas, en el
ámbito prehospitalario se debe intentar obtener
un acceso venoso (y si es posible dos) de gran calibre (14-6 G) y corto. Como alternativa a la vía venosa se puede plantear la vía intraósea, tanto en el
niño como en el adulto (tabla 27-3). Algunos estudios sólo identifican un efecto beneficioso de la
perfusión de líquidos en el ámbito prehospitalario
en caso de un sangrado superior a 25-100 ml/min,
cuando la velocidad de administración intravenosa de líquidos es igual a la del sangrado y si el
tiempo desde que se inicia el traumatismo hasta
el traslado del enfermo supera los 30 min. Por lo
tanto, canalizar un acceso venoso no debe ser causa de demora o retraso de traslado del enfermo a
un centro hospitalario. En la tabla 27-4 se recogen
las recomendaciones en el tratamiento de la hemorragia en los enfermos traumáticos.
Resucitación hipotensiva
Para la reanimación del shock hipovolémico hemorrágico, diversas guías recomiendan clásicamente la administración rápida (15-20 min) de 1-3 l
de cristaloides isotónicos con el objetivo de conse-
guir una presión arterial sistólica de 80-100 mmHg
o una presión arterial media de 60-65 mmHg, excepto en el caso de traumatismo craneoencefálico
(TCE), en que tendría que ser algo superior. No
obstante, una revisión sistemática en el modelo
animal ha mostrado que el efecto de la fluidoterapia agresiva puede ocasionar alteraciones fisiopatológicas que perpetúen la hemorragia: rotura del
coágulo inicial por sobrecompensación de la presión arterial, hemodilución, coagulopatía dilucional e hipotermia. Así, algunos autores sostienen
que en el enfermo politraumatizado pueden plantearse dos estrategias de reanimación hipotensiva:
reanimación retardada, en la que la administración de fluidos se retrasa hasta conseguir la hemostasia de la hemorragia, y administración de
fluidos pero teniendo como objetivo valores tensionales disminuidos, aunque asegurando una
perfusión tisular mínima.
Cristaloides y coloides
Los cristaloides más utilizados son el suero salino
fisiológico (SF, NaCl 0,9%) y el lactato de Ringer
(LR). Hay que considerar que ambos cristaloides
se distribuyen en los espacios intravascular (30%)
e intersticial (70%), por lo que es necesario perfundir el triple del volumen que las pérdidas de sangre estimadas. Su distribución preferentemente
intersticial podría, en caso de sobrehidratación,
interferir en la perfusión tisular y condicionar el
aumento del agua pulmonar, agravando una lesión pulmonar aguda coexistente. Algunos autores consideran que el LR es superior al SF debido a
su efecto tampón, pero esta hipótesis no ha sido
validada en los estudios. El SF tiene una osmolaridad superior al LR, por lo que es de uso preferente
en los enfermos con TCE. No obstante, volúmenes
elevados de SF favorecen la aparición de acidosis hiperclorémica, por la propia composición del
mismo.
Tabla 27-3 Lugares de acceso intraóseo en
emergencias
Sitios
ideales
Sitios
alternos
Recién nacidos6 años
>6 años
y adultos
Tibia proximal
Fémur distal
Tibia distal
Cresta ilíaca
Trocánter mayor
Tibia distal
Cresta ilíaca
Esternón
Radio distal
Cúbito distal
27
246 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 27-4 Recomendaciones en el tratamiento de la hemorragia en los enfermos traumáticos,
según la Task Force for Advanced Bleeding Care in Trauma
27
Recomendación
Evidencia
científica
El tiempo transcurrido entre el traumatismo y la intervención quirúrgica debe minimizarse en
los enfermos que requieren control quirúrgico urgente de la hemorragia
La cuantía de la hemorragia traumática debe valorarse clínicamente mediante un sistema de
gradación, como el establecido por el American College of Surgeons
No se aconseja la hiperventilación o una PEEP excesiva en la ventilación mecánica invasiva
en los enfermos traumáticos hipovolémicos
Los enfermos con shock hemorrágico y causa de hemorragia identificada deben someterse de forma
inmediata a un procedimiento de control de la hemorragia a menos que las medidas de
resucitación inicial sean exitosas
Debe buscarse el origen de la hemorragia en los enfermos con shock hemorrágico sin foco del
sangrado identificado (tórax, abdomen, retroperitoneo)
Debe realizarse una ecografía precoz según el protocolo FAST, para la detección de líquido libre,
en los enfermos con traumatismo en el torso
Los enfermos con una cantidad significativa de líquido libre intraabdominal objetivada por ecografía
(FAST) y hemodinámicamente inestables deben someterse a cirugía urgente
Los enfermos hemodinámicamente estables con sospecha de hemorragia craneal, torácica y/o
abdominal tras un traumatismo de elevada energía han de estudiarse mediante tomografía
computarizada
No se recomienda una única medición del hematocrito como marcador de laboratorio para
la hemorragia
El lactato sérico es un marcador sensible para estimar y controlar la cuantía de la hemorragia
y del shock
El déficit de base es un marcador sensible para estimar y controlar la cuantía de la hemorragia
y del shock
En los enfermos con fractura del anillo pélvico (fractura de pelvis inestable) y shock hemorrágico
ha de procederse a la estabilización de la fractura
En los enfermos que persisten con inestabilidad hemodinámica a pesar de la estabilización del anillo
pélvico ha de practicarse una embolización angiográfica o control quirúrgico de la hemorragia,
incluido empaquetamiento
Para el control de la hemorragia pueden emplearse de forma adyuvante medidas como el
empaquetamiento, el control quirúrgico directo y el uso de procedimientos hemostáticos locales.
En el enfermo con exanguinación puede ser necesario el clampaje aórtico
Debe realizarse evaluación quirúrgica de la lesión en enfermos con shock hemorrágico profundo,
hemorragia persistente y coagulopatía. Otros factores que pueden determinar un control
quirúrgico son la hipotermia, la acidosis, la lesión inaccesible, la necesidad de procedimientos
prolongados o la lesión concomitante no abdominal
En la fase inicial del traumatismo sin daño craneal, la presión arterial sistólica debe situarse
en 80-100 mmHg hasta que cese la hemorragia
Hay que perfundir inicialmente cristaloides en el enfermo traumático con hemorragia. Pueden
añadirse coloides, teniendo en cuenta los límites de prescripción para cada solución
Para conseguir y mantener la normotermia hay que establecer medidas para reducir la pérdida
de calor y para calentar al enfermo hipotérmico
Se recomienda mantener una hemoglobina de 70 a 90 g/l
Se recomienda administrar plasma fresco a los enfermos con sangrado masivo o hemorragia
significativa complicada con coagulopatía (tiempo de protrombina o tiempo de tromboplastina
parcial activado superior a 1,5 de los valores control). La dosis inicial recomendada es de 10 a
15 ml/kg, aunque pueden requerirse dosis adicionales
Hay que transfundir plaquetas para mantener un recuento plaquetario superior a 50 × 109/l. Se
sugiere una dosis inicial de 4 a 8 concentrados plaquetares o una bolsa procedente de aféresis
Grado 1A
Grado 1C
Grado 2C
Grado 1B
Grado 1B
Grado 1B
Grado 1C
Grado 1C
Grado 1B
Grado 1B
Grado 1C
Grado 1B
Grado 1B
Grado 1C
Grado 1C
Grado 2C
Grado 2C
Grado 1C
Grado 1C
Grado 1C
Grado 1C
(Cont.)
Actuación prehospitalaria en el shock hemorrágico traumático 247
Tabla 27-4 Recomendaciones en el tratamiento de la hemorragia en los enfermos traumáticos,
según la Task Force for Advanced Bleeding Care in Trauma (cont.)
Recomendación
Evidencia
científica
Hay que mantener un recuento plaquetario superior a 100 × 109/l en los enfermos politraumáticos
con hemorragia grave o con daño cerebral traumático
Hay que considerar la administración de fibrinógeno o crioprecipitados en caso de hemorragia
significativa con concentraciones plasmáticas de fibrinógeno menor de 1 g/l. La dosis inicial
recomendada de fibrinógeno es de 3 a 4 g, mientras que la dosis de crioprecipitados es
de 50 mg/kg (15 a 20 unidades en un adulto de 70 kg)
Hay que considerar el uso de antifibrinolíticos en los enfermos traumáticos con hemorragia. La dosis
sugerida de ácido tranexámico es de 10 a 15 mg/kg, seguido de la perfusión de 1 a 5 mg/kg/h; el
ácido ε-aminocaproico se utiliza a dosis de 100 a 150 mg/kg, seguido de 15 mg/kg/h; o (después
de una dosis de prueba) aprotinina, 2 millones de unidades inhibidoras de la calicreína (KIU)
seguidas de una infusión a 500.000 KIU/h. El tratamiento antifibrinolítico debe interrumpirse una
vez controlada la hemorragia
Hay que considerar el uso de factor VII activado recombinante (rFVIIa) en caso de que la
hemorragia, en un traumatismo cerrado, persista después de intentos convencionales para
controlarla y el uso adecuado de componentes sanguíneos. Se sugiere una dosis inicial
de 200 μg/kg, seguida de 2 dosis de 100 μg/kg administradas a las 1 y 3 h de la dosis inicial
Se recomienda el uso de complejo protrombínico sólo para revertir la acción de los anticoagulantes
orares dependientes de la vitamina K
No se recomienda el uso de antitrombina III en el tratamiento del enfermo traumático sangrante
Grado 2C
Grado 1C
Grado 2C
Grado 2C
Grado 1C
Grado 1C
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Grados de recomendación según la evidencia científica: 1A, recomendación sólida con evidencia de elevada calidad;
1B, recomendación sólida con evidencia de moderada calidad; 1C, recomendación sólida con evidencia de baja o muy baja calidad;
2A, recomendación débil con evidencia de elevada calidad; 2B, recomendación débil con evidencia de moderada calidad;
2C, recomendación débil, con evidencia de baja o muy baja calidad.
FAST: focused abdominal sonography for trauma; PEEP: presión positiva al final de la espiración.
Entre los coloides destacan las gelatinas y los
hidroxietilalmidones (tabla 27-5). Otros coloides,
como los dextranos y la albúmina, no tienen indicación prehospitalaria. La mayor expansión del
volumen plasmático generada por los coloides
viene dada por su duración y por el volumen retenido en la circulación. No obstante, no existe evidencia de que sean superiores a los cristaloides.
El suero salino hipertónico (NaCl 7,5%) produce una rápida expansión de la volemia por el paso
de agua del espacio intracelular al intersticial y de
éste al intravascular. El efecto expansor es 4-7 veces el volumen administrado, aunque el efecto es
de corta duración (<1 h). Su utilización en el ámbito prehospitalario se centra en los casos de hemorragia controlada en los que se prevea una duración de traslado de más de 30 min y en enfermos
con TCE e hipotensión.
Transfusión de hematíes
El límite inferior de hemoglobina no se ha establecido bien en humanos. En enfermos sanos y normovolémicos la oxigenación tisular se mantiene
con un hematocrito entre 18-25%, y el corazón y el
cerebro son los órganos más vulnerables en caso
de anemia. Los factores que afectan al umbral
transfusional incluyen la magnitud del sangrado,
la presencia de sangrado activo, la reserva cardiopulmonar, la presencia de arteriosclerosis cerebral
o cardíaca, el valor de la hemoglobina y el consumo de oxígeno (v. cap. 69). Se considera que, en el
enfermo traumático, la hemoglobina debe mantenerse entre 70 y 90 g/l, por lo que se realizan transfusiones de hematíes para garantizar dichos valores (v. tabla 27-4). No obstante, en las lesiones
exanguinantes los valores de hemoglobina pueden
no reflejar la masa eritrocitaria total (debido a la
ausencia de hemodilución), por lo que la necesidad transfusional inicial se realiza sin tener en
cuenta el valor de la hemoglobina.
La hemoterapia puede realizarse con sangre total o bien −lo que es más habitual− mediante concentrados de hematíes. Siempre que sea posible se
transfunde sangre isogrupo cruzada (disponible
en 45 min). En caso de urgencia puede administrarse sangre isogrupo sin cruzar (disponible en
15 min), aunque existe el riesgo de reacciones hemolíticas. En casos de extrema urgencia y exanguinación se utiliza sangre del grupo O de disposi-
27
248 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 27-5
Descripción del origen y de las propiedades de los coloides más habituales
Coloides
Gelafundina
4%®
Voluven
6%®
Hemohes
6%®
HES
6%®
Albúmina
5%®
Origen
Colágeno
Maíz
Maíz
Maíz
Familia
Gelatina
Peso molecular
Sustitución molara
Relación C2/C6b
Presión oncótica
Efecto expansor
Duración de acción
Reacciones alérgicas
Alteración de la hemostasia
Alteración de la función
renal
Dosis límite (ml/kg/24 h)
Electrolitos (mEq/l)
30 kDa
−
−
30 mmHg
80-90%
3-4 h
0,4%
+/−
−
Hidroxietilalmidón
130 kDa
0,4
9:1
20 mmHg
100%
4-6 h
0,04%
−
−
Hidroxietilalmidón
200 kDa
0,5
5:1
30 mmHg
104-133%
4-6 h
0,04%
+/−
+/−
Hidroxietilalmidón
480 kDa
0,7
9:1
30 mmHg
100-140%
24 h
0,04%
++
++
Hemoderivado
humano
Albúmina
50
Na+ 154,
Cl− 154
33
Na+ 154,
Cl− 154
20
Na+ 154,
Cl− 154
−
Na+ 154,
Cl− 120, K <1,
Ca2+ 0,8
63 kDa
−
−
20 mmHg
100%
6-8 h
0,09%
−
−
−
Na+ 130-160,
Cl− 154, K <2
a
Proporción de moléculas de glucosa unidas a radicales hidroxietilo. b Proporción de radicales hidroxietilo unidos a los átomos
de carbono en posición 2 o 6 de la molécula de glucosa.
ción inmediata. Cada concentrado de hematíes
el hematocrito en un 3% (10 g/l de hemoglo27 eleva
bina) en enfermos de peso normal y sin hemorragia activa. Se considera politransfusión cuando los
requerimientos transfusionales han sido de al menos 1-1,5 veces la volemia en un período de 24 h,
mientras que la transfusión masiva es aquella en
que se transfunde al menos 1-1,5 veces la volemia
en un período inferior a 8 h. La politransfusión es
siempre un signo de mal pronóstico, y existe una
relación lineal entre el número de unidades transfundidas y la mortalidad. La transfusión de 2139 unidades se asocia a una mortalidad del 25%.
Más de 40 unidades, a una mortalidad del 60%. En
el capítulo 69 se amplía la información referente a
los efectos adversos de la transfusión de los componentes sanguíneos.
Objetivos (end-points) en la resucitación
La resucitación adecuada se basa en asegurar la
perfusión tisular y el metabolismo celular. Por ello,
los principales marcadores que controlan dichos
objetivos se centran en el transporte y en la utilización de oxígeno, evaluando la presencia de metabolismo anaerobio (v. cap. 5). Desde el punto de
vista práctico, se recomienda evaluar el lactato sé-
rico y el déficit de base. El lactato se considera un
marcador pronóstico en el shock hemorrágico de
origen traumático, e indica una supervivencia del
100% en los enfermos en los que los valores séricos
de lactato retornan a cifras normales (≤2 mmol/l)
dentro de las primeras 24 h, mientras que tiempos
de normalización superiores a 24 h y a 48 h se asocian a una mortalidad del 22 y del 86%, respectivamente, debido al desarrollo de síndrome de disfunción multiorgánica (v. cap. 31). El déficit de
base, derivado de la evaluación de los gases arteriales, proporciona también una estimación indirecta de la acidosis tisular global derivada de una
perfusión inadecuada. Aunque no existen estudios
prospectivos extensos en enfermos con shock hipovolémico hemorrágico, los enfermos traumáticos con un déficit de base superior a 10 mmol/l
tienen una mortalidad del 50%.
MANEJO DE LA COAGULOPATÍA
EN EL ENFERMO TRAUMÁTICO
La coagulopatía en el sangrado difuso se debe a
múltiples causas: consumo de factores de coagulación y plaquetas por la propia hemorragia, aumento de la fibrinólisis y de la hemodilución por los
fluidos administrados, presencia de anemia, hipo-
Actuación prehospitalaria en el shock hemorrágico traumático 249
termia y/o acidosis, y tratamientos farmacológicos previos. La presencia de coagulopatía asociada
a hipotermia y acidosis presenta una mortalidad
muy elevada (conocida como «tríada letal»). La hipotermia es la principal causa de coagulopatía en
el shock traumático, y provoca una disfunción plaquetaria grave y un bloqueo enzimático de las
reacciones fisiológicas de la coagulación. Un concentrado de hematíes disminuye la temperatura
corporal 0,25 °C, y 1 l de cristaloides la disminuye
en 0,5 °C. En la tabla 27-4 se incluyen las recomendaciones en el manejo de la coagulopatía en los
enfermos traumáticos con hemorragia, y se detalla
el uso de transfusión de plaquetas, plasma fresco,
crioprecipitados, antifibrinolíticos y factor VIIa recombinante. La información sobre los trastornos
de la coagulación se amplía en el capítulo 70.
CONSIDERACIONES EN LAS HERIDAS
POR ARMAS BLANCAS Y DE FUEGO
Las heridas por armas, tanto blancas como de fuego, se consideran heridas penetrantes, y en ellas
hay que tener en cuenta los diferentes factores derivados de su impacto en el cuerpo humano.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Características de las lesiones producidas
por las armas de fuego
En la evaluación de una lesión por arma de fuego
hay que valorar la herida de entrada, el trayecto
del proyectil y el orificio de salida. Respecto al orificio del impacto, éste puede ser único (bala) o
múltiple (perdigones), y en ambos casos de diámetro variable. Es habitual observar una contusión de la piel por la bala, la rotura de fibras elásticas por distensión de la piel antes de romperse, el
arrastre de la suciedad por parte de la bala durante su trayecto y el tatuaje propiamente dicho, formado éste por la quemadura de la piel por la llama
desprendida por el arma, el depósito de humo y la
incrustación de los granos de pólvora. El recorrido
del proyectil en el interior del cuerpo puede ser
único, con un trayecto lineal o irregular a causa de
las desviaciones debidas a colisiones con estructuras rígidas (huesos), y en caso de fragmentación
(proyectil, contenido de bolsillos, huesos) se generan proyectiles secundarios con trayectos múltiples. Cuanto más denso es el tejido sobre el que
impacta el proyectil, mayor número de proyectiles
secundarios se producen y mayor es la gravedad
de la lesión. El orificio de salida puede existir o no,
en función de si el proyectil ha podido avanzar
hasta romper la piel en una segunda localización o
si ha quedado alojado en el interior del cuerpo
donde ha impactado. Su tamaño puede ser muy
variable, así como su morfología. Si ha habido
fragmentación puede haber más de uno; carecen
de cintilla de contusión y tatuaje, lo cual los diferencia del orificio de entrada. La lesión tisular es
directamente proporcional a la cantidad de energía cinética (dependiente de la masa y de la velocidad del proyectil) que es disipada entre los orificios de entrada y salida del objetivo. Si no existe
orificio de salida, hay que suponer que toda la
energía cinética ha sido liberada en el interior.
Características de las lesiones producidas
por las armas blancas
Las armas blancas se consideran armas de baja
energía. Las lesiones se generan por sus bordes afilados y la agudeza de sus puntas, dependiendo
también de la trayectoria de la incisión. Al ser impactos de baja velocidad, las lesiones secundarias
son menores, pero deben descartarse otras trayectorias generadas por los movimientos de la hoja en
el interior del cuerpo. Las principales complicaciones dependen de la afectación de estructuras lesionadas, que puedan comprometer la vida del enfermo, como en el caso de la vía aérea, los pulmones
y los paquetes vasculares.
Particularidades en la valoración
y el tratamiento de las heridas
por armas blancas y de fuego
Se debe conseguir una estabilización del estado hemodinámico del enfermo mediante la compresión
de hemorragias externas, aporte de fluidos y fármacos adecuados y valorando la necesidad de realizar
una evacuación rápida cuando la única solución
para el enfermo sea una intervención quirúrgica.
No hay que colocar torniquetes, salvo en caso de
amputaciones o hemorragias incontroladas masivas. Ante la presencia de un objeto penetrante no se
ha de proceder a su retirada, y es recomendable fijarlo al cuerpo del enfermo para evitar movilizaciones que generen lesiones secundarias. El objeto penetrante, sea un arma o no, ha de retirarse una vez
el enfermo ha sido trasladado al hospital. Asimismo, no se debe reponer el volumen perdido en su
totalidad, y es suficiente conseguir una presión arterial sistólica de 80-100 mmHg para asegurar la
perfusión de órganos durante el traslado del enfermo. De lo contrario, se favorece el aumento de la
hemorragia.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Alam HB, Rhee P. New developments in fluid
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Tyagi R, Donalson K, Loftus CM, Jallo J. Hypertonic saline:
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251
Capítulo 28
Lesiones por agentes físicos
externos
Pedro Castro y José M.ª Nicolás
PUNTOS CLAVE
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
Las lesiones por agentes físicos son
prevalentes, suelen afectar a jóvenes y niños
y, habitualmente, son prevenibles. En la
actuación frente a estas lesiones es importante
alejar al enfermo del lugar del accidente
sin comprometer al rescatador, estabilizarlo
mediante el ABC de la resucitación, valorar
las lesiones visibles y buscar lesiones ocultas,
realizar tratamiento de soporte de las lesiones
y valorar las secuelas.
Los indigentes, los deportistas de montaña
y quienes practican inmersión acuática son
los colectivos que presentan mayor riesgo
de hipotermia accidental. La hipotermia
leve se trata con recalentamiento pasivo,
y la moderada-grave con recalentamiento
activo. La hipotermia grave suele asociarse a
arritmias ventriculares, que son refractarias
hasta que no se haya recalentado al enfermo.
Por ello, en caso de paro cardiorrespiratorio
(PCR), la reanimación cardiopulmonar ha de
mantenerse hasta conseguir que el enfermo
esté normotérmico.
CASO
CLÍNICO
Mujer de 71 años de edad, sin antecedentes de
interés, que cayó accidentalmente al agua mien-
N
El golpe de calor se define clásicamente como
un aumento de la temperatura central superior
a 40,5 °C, con alteración del sistema nervioso
central, en el contexto de un aumento de la
temperatura ambiental que no se puede disipar.
En su tratamiento es clave el enfriamiento,
fundamentalmente con técnicas no invasivas, hasta
que la temperatura central sea inferior a 39,4 °C.
N
A diferencia de otras causas de PCR, en las
lesiones por sumersión a menudo el episodio
primario es respiratorio, por lo que hay que
insistir inicialmente en el soporte respiratorio
al menos durante 1 min. El tratamiento
antibiótico ha de ser precoz en el caso de
sumersión en aguas muy contaminadas.
N
La gravedad de las lesiones eléctricas depende
de numerosos factores propios de la corriente y
del enfermo. Es muy difícil predecir el trayecto
del flujo eléctrico y vaticinar los daños internos,
ya que pueden existir graves lesiones orgánicas
con poca expresión externa. El enfermo con una
quemadura eléctrica grave o afectado por un
rayo es un enfermo traumático hasta que no se
demuestre lo contrario.
tras caminaba por la orilla del mar y aspiró agua
marina. Es trasladada a un hospital, donde, al
no apreciarse inicialmente manifestaciones clínicas, se le desaconseja ingreso hospitalario y se
le pauta tratamiento domiciliario con amoxicili-
252 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
28
El concepto de lesiones por agentes físicos externos abarca las alteraciones y las enfermedades que
produce en el ser humano la exposición al ambiente que le rodea, en dosis que superan su umbral de
tolerancia. Son causas prevenibles «no naturales»
o accidentales de muerte y enfermedad, que van
en aumento y suponen un número no desdeñable
de muertes y minusvalías; afectan fundamentalmente a niños y personas jóvenes. En el año 2006
se registraron en España un total de 16.139 muertes asociadas a accidentes y a causas externas, lo
que supuso el 4% del total de defunciones. Cuando se consideran sólo las defunciones en un inter-
Figura 28-1 Radiografía de tórax de un enfermo con
lesión por sumersión.
7.500
5.000
Defunciones
na-clavulánico. A las 48 h, la enferma reconsulta
por disnea progresiva y dolor torácico derecho
en punta de costado. A la exploración física presenta fiebre de 38,1 °C e hipofonesis basal derecha. En las exploraciones complementarias, destaca leucocitosis con neutrofilia y elevación de la
proteína C reactiva en la analítica, insuficiencia
respiratoria grave hipocápnica en la gasometría
y un infiltrado alveolar bilateral en la radiografía de tórax. Ingresa en la UCI bajo tratamiento
antimicrobiano empírico con ciprofloxacino, meropenem, vancomicina y voriconazol, así como
corticosteroides, a pesar de lo cual presenta deterioro clínico y radiológico (fig. 28-1) que requiere su intubación endotraqueal y ventilación
mecánica invasiva. La microbiología cursada
(hemocultivos, antigenuria de neumococo, cultivo de lavado broncoalveolar) resultó negativa.
A pesar del tratamiento instaurado, la enferma
presenta una evolución desfavorable, y finalmente muere a los 16 días del ingreso.
2.500
2.658a
0
A
D
E
B
C
Figura 28-2 Número de defunciones según la causa
de la muerte en España en personas entre 1 y 35 años.
A: total; B: causas externas; C: tumores; D:
enfermedades cardiovasculares; E: enfermedades
infecciosas. aEl 69% de las muertes por causas externas
fueron por accidente de tráfico. Fuente: Instituto
Nacional de Estadística, 2006.
valo de edad comprendido entre 0 y 5 años, el porcentaje de fallecimientos por estas causas se eleva
hasta el 38 % (fig. 28-2).
En el presente capítulo se abordan cuatro grandes grupos de lesiones por agentes físicos: las lesiones por calor y las lesiones por hipotermia (englobadas dentro de lesiones por cambios térmicos),
las lesiones por sumersión y las lesiones por electrocución.
LESIONES POR CAMBIOS TÉRMICOS
Para el normal desarrollo de nuestras funciones
orgánicas la temperatura corporal se debe mantener entre 36 y 37,2 °C, lo que se logra mediante la
termorregulación. El organismo produce calor
mediante los procesos metabólicos que tienen lugar en el hígado, el corazón y, sobre todo, en el
músculo y en la grasa. Y lo pierde mediante cuatro mecanismos: la radiación o emisión de energía electromagnética infrarroja (que supone el
55% de las pérdidas habituales, influenciada por
la vestimenta); la evaporación del agua a través
de la piel y de la respiración (25% de las pérdidas,
que aumenta en caso de alteraciones cutáneas
y que es infectiva en situaciones de humedad relativa superior al 75%); la conducción o transferencia directa a un objeto adyacente más frío por
contacto físico directo (3-15% de las pérdidas,
multiplicada hasta 25 veces en inmersión en agua
fría), y la convección o transferencia directa al
aire ambiente en circulación (<10% de las pérdidas, multiplicada por 5 si hay viento). La radiación, la conducción y la convección no son eficientes si la temperatura ambiental es superior a
la de la piel.
Lesiones por agentes físicos externos 253
Ante los cambios de la temperatura (ambiental
y/o corporal), el núcleo preóptico del hipotálamo
anterior genera dos tipos de respuestas con intención compensatoria.
N
N
N
Una respuesta afecta al sistema nervioso autónomo, que provoca cambios fisiológicos: en el
caso de la exposición al frío, una vasoconstricción cutánea para minimizar las pérdidas de
calor y un aumento de la tasa metabólica (con
aumento del tono simpático, suprarrenal y tiroideo) y temblores-escalofríos para generar calor; en el caso de exposición al calor, provoca
una vasodilatación cutánea que favorece la pérdida de calor y la sudoración.
La otra respuesta es elaborada, cortical, y provoca cambios conductuales, buscando refugio
y abrigo en caso de frío y buscando refresco y
sombra cuando el estímulo es el calor.
Los mecanismos compensadores son los principales responsables de la clínica inicial que presentan los enfermos con lesiones por cambios térmicos, así como también, en parte, de las propias
lesiones. Cuando dichos mecanismos son insuficientes para mantener la temperatura corporal, se
producen la hipotermia o la hipertermia. Esto puede ocurrir por cambios de la temperatura ambiental, favorecidos o no por circunstancias internas o
externas que alteran estos mecanismos.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
HIPOTERMIA
Se entiende por hipotermia una temperatura central <35 °C; se puede clasificar en leve (temperatura central entre 32 y 35 °C), moderada (28-32 °C) y
grave (<28 °C). La hipotermia es una situación
grave, responsable de 700 muertes al año en Estados Unidos, aunque probablemente infracomunicada.
Se puede llegar a una situación de hipotermia
de forma inducida (p. ej., en la hipotermia terapéutica tras un paro cardiorrespiratorio [PCR]) (v.
cap. 19), accidental (por exposición ambiental o
inmersión en agua fría) o por alteración de los mecanismos de termorregulación secundaria a enfermedades o fármacos. Las principales causas de
hipotermia se exponen en la tabla 28-1. Las lesiones provocadas por la hipotermia se deben a 2 circunstancias.
N
Por un lado, los mecanismos que intentan compensar la pérdida de temperatura pueden llegar a ser lesivos. Así, la vasoconstricción periférica puede llegar a provocar isquemia distal y
deshidratación por la denominada diuresis fría:
la distribución de la volemia condiciona un aumento de la «volemia central» que provoca a su
vez una inhibición de la hormona antidiurética
con poliuria y deshidratación.
Por otro lado, el descenso de la temperatura
corporal provoca a nivel celular una alteración
de la membrana, con pérdida de los fluidos
intracelulares y con alteraciones electrolíticas,
con disfunción enzimática, pudiendo incluso
ocurrir la cristalización del agua intra y extracelular.
Estos procesos conllevan la muerte celular.
Las manifestaciones clínicas dependen de la
gravedad de la hipotermia, de su etiología y de
las situaciones asociadas. Los principales síntomas y signos se resumen en la tabla 28-2. En general, en la hipotermia leve predominan los síntomas resultado de los mecanismos que intentan
compensarla con el aumento del tono simpático.
Posteriormente, cuando estos mecanismos se superan, predomina la hipofunción multiorgánica
progresiva.
Para la valoración de la hipotermia se necesitan termómetros adecuados que permitan la evaluación central de la temperatura, fundamentalmente a través del recto, el esófago o el tímpano.
Hay que realizar una exploración física completa
para descartar lesiones locales u otras que hubiesen pasado desapercibidas inicialmente. Entre las
exploraciones complementarias, se incluye una
analítica para identificar complicaciones y comorbilidades, y reevaluarlas durante el recalentamiento, pues los cambios son muy frecuentes.
Son imprescindibles un hemograma y un estudio
de coagulación, además de parámetros bioquímicos de función renal, hepática, pancreática, iones,
enzimas musculares, y un equilibrio ácido-base.
Cabe señalar que la hipotermia alarga los tiempos
de protrombina y de tromboplastina parcial activada, pero estos cambios pueden pasar desapercibidos si la muestra se analiza a 37 °C, lo cual es el
procedimiento habitual. También se realiza un
electrocardiograma (ECG), donde se pueden hallar cambios característicos como la onda J de Osborn, bradicardia sinusal, fibrilación auricular, ensanchamiento del complejo QRS y alargamiento
de los intervalos PR y QTc (fig. 28-3). Si se sospecha hipotermia secundaria (v. tabla 28-1), se realizan las exploraciones necesarias para la filiación
etiológica.
Manejo del enfermo con hipotermia
La hipotermia es una urgencia médica y su manejo
incluye los principios básicos de resucitación car-
28
254 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 28-1
Causas de hipotermia según el principal mecanismo etiológico
Inducida
Terapéuticaa
Iatrogénicab
Accidental (o no intencionada)
Exposición ambiental al fríoc
Inmersión en agua fría
Secundaria a enfermedades endocrinasd,e
Hipotiroidismo
Hipopituitarismo
Insuficiencia suprarrenal
Secundaria a enfermedades metabólicas
Hipoglucemia
Malnutrición proteicocalórica
Anorexia nerviosa
Deshidratación
Déficit de tiamina
Cetoacidosis
Secundaria a enfermedades del sistema nervioso centralf
Accidente vascular cerebral y hemorragia
subaracnoidea
Infecciones con afectación hipotalámica
Demencia
Enfermedad de Parkinson
Encefalopatía de Wernicke
Tumores cerebrales
Traumatismos craneoencefálicos
Esclerosis múltiple
Enfermedades degenerativas
Sección medular
28
Secundaria a enfermedades que afectan al sistema
nervioso periférico/autónomog
Diabetes mellitus
Neuropatías
Secundaria a enfermedades cutáneash
Grandes quemados
Eritrodermia
Dermatitis exfoliativas
Ictiosis
Secundaria a enfermedades gravesg
Insuficiencia cardíaca congestiva
Insuficiencia hepática grave
Insuficiencia renal crónica
Sepsis
Pancreatitis
Carcinomatosis
Politraumatismo
Secundaria a fármacos y tóxicosi
Barbitúricos
Bloqueadores beta
Anestésicos
Clonidina
Meperidina
Neurolépticos
Alcohol
Opiáceos
Monóxido de carbono
Organofosforados
a
Para disminuir el consumo cerebral de oxígeno durante procedimientos neuroquirúrgicos, post-paro cardiorrespiratorio.
Durante el enfriamiento en el tratamiento de la hipertermia, técnicas extracorpóreas, transfusión masiva, etc.
c
En deportistas, personas con dificultad para buscar refugio (ancianos, que además tienen una menor tasa metabólica, alcohólicos,
recién nacidos, discrasia social, enfermos psiquiátricos y traumáticos), y enfermos con alteración de la termorregulación secundaria
a enfermedades y fármacos.
d
Provocan una alteración de los mecanismos de termorregulación y/o una tasa metabólica reducida.
e
Presentan disminución de la tasa metabólica.
f
Pueden provocar una menor capacidad de generar calor por movilización. Además, la masa muscular reducida disminuye la cantidad
de calor generado por los escalofríos. Y pueden tener alterada la respuesta comportamental al frío.
g
Presentan alteraciones de los mecanismos de termorregulación.
h
Tiene alterados los mecanismos cutáneos de termorregulación, con mayores pérdidas de calor.
i
Alteran la termorregulación o reducen la capacidad de alerta del enfermo a un ambiente frío.
b
diopulmonar (v. cap. 17), el recalentamiento y el
tratamiento de las complicaciones (fig. 28-4). La
manipulación del enfermo (incluyendo intubación
endotraqueal, colocación de catéter central, etc.)
ha de hacerse con extrema precaución por el riesgo
de arritmias ventriculares. Sin embargo, no hay
que demorar los procedimientos si se estiman necesarios. Se monitorizan la temperatura central, el
ritmo cardíaco, la presión arterial, la presión venosa central, la diuresis y la saturación de oxígeno.
Hay que tener en cuenta que la hipotermia dismi-
nuye el tiempo de respuesta de los pulsioxímetros
colocados en los dedos por la vasoconstricción periférica, así como el hecho de que los valores obtenidos de los gases sanguíneos a la temperatura del
autoanalizador (37 °C) no se corresponden exactamente con los del enfermo. Aunque existe la posibilidad de calcular los valores corregidos, se recomienda en general usarlos sin corrección, pues
representan los valores que tendría el enfermo si
estuviese normotérmico, y la terapia basada en
ellos muestra resultados comparables.
Lesiones por agentes físicos externos 255
Tabla 28-2
Manifestaciones clínicas de la hipotermia
Sistema
Leve (32-35 °C)
Moderada (28-32 °C)
Grave (<28 °C)
Coma, pérdida de reflejos
Letargia, alucinaciones,
oculocefálicos, pérdida
midriasis, ↓reflejo fotomotor,
de la autorregulación
trastorno conductual
cerebrovascular,
(desvestimiento paradójico),
↓actividad del EEG
anormalidades del EEG
↑FR, broncorrea,
↓FR, cianosis, ↓consumo de O2, Respiración atáxica, edema
broncoespasmo
↓producción de CO2, ↓reflejo
pulmonar, apnea
tusígeno
↓PA, ↓FC, ↓GC, fibrilación
↑FC, ↑GC, ↑resistencias
↓FC progresivaa, ↓GC, ↓ PA,
ventricular (<28 °C), asistolia
arritmias auriculares y
vasculares sistémicas, ↑PA
(<20 °C)
ventriculares, onda J (de
Osborn) en ECG (v. fig. 28-2)
Temblor intenso
↓temblor (<32 °C), rigidez
Arreflexia, seudo rigor mortis
muscular, rabdomiólisis,
↓reflejos
↑Metabolismo, hiperglucemiab Hiperglucemia, acidosis
↓Metabolismo, hiper o
metabólica
hipoglucemia
Diuresis fría, atonía vesical
Diuresis fría
↓Perfusión renal, oliguria
Íleo, pancreatitis, úlceras gástricas de estrés, insuficiencia hepática
Hemoconcentración, leucopeniac, trombopeniac, ↑TPd, ↑TTPAd, diátesis hemorrágica, CID
Sistema nervioso Confusión, disartria, amnesia,
central
ataxia, apatía, trastorno
conductual
Respiratorio
Cardiovascular
Neuromuscular
Metabólico
Renal
Gastrointestinal
Hematológico
a
Resistente a la atropina.
Excepto hipotermia secundaria a hipoglucemia.
c
Por secuestro hepatoesplénico.
d
Pueden pasar desapercibidos si la muestra sanguínea se analiza a 37 °C (procedimiento habitual).
↓: disminución; ↑ aumento; CID: coagulación intravascular diseminada; ECG: electrocardiograma; EEG: electroencefalograma;
FC: frecuencia cardíaca; FR: frecuencia respiratoria; GC: gasto cardíaco; PA: presión arterial; TP: tiempo de protrombina; TTPA:
tiempo de tromboplastina parcial activada.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
b
Figura 28-3 Electrocardiograma (ECG) de enfermo con hipotermia moderada. Se pueden observar la bradicardia
y la onda J de Osborn (flecha). Esta onda es la alteración más característica y clásica de la hipotermia en el ECG y
representa la distorsión de la fase precoz de la repolarización de la membrana. Se empiezan a apreciar con
temperaturas centrales <32 °C y su altura depende del grado de hipotermia, desapareciendo con el recalentamiento.
Sobre todo son visibles en V2-V5. Sin embargo, son inconstantes y también se pueden ver en enfermos con
repolarización precoz, hipercalcemia y síndrome de Brugada. No tienen valor pronóstico.
En caso de PCR hay que considerar que, dados
los efectos neuroprotectores de la hipotermia, las
maniobras han de realizarse de forma prolongada
(incluso durante horas) mientras se recalienta el
enfermo, hasta que la temperatura central supere
los 35 °C (excepto en el caso de que la congelación
impida las compresiones torácicas o la ventilación
artificial).
28
256 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
En todos los enfermos
Retirar del ambiente frío y colocar en uno cálido
Retirar las ropas húmedas y secar la piel
Cubrir con mantas
Monitorizar la temperatura central, el ritmo
cardíaco, la presión arterial, la presión venosa
central, la diuresis y la oxigenación
Manipular con precaución
Mantener al enfermo horizontal
Hidratar
Tratar las complicaciones de la hipotermia
Tratar las complicaciones del recalentamiento
Si hay disminución del nivel de conciencia
o síndrome confusional, considerar la tiamina,
la glucosa, la naloxona y/o el flumazenilo
Falta de reserva fisiológica
Inestabilidad hemodinámica
Sí
Iniciar RCP
En caso de FV/TV, realizar
3 intentos de cardioversión
Evitar adrenalina y otros
fármacos RCP hasta que la
temperatura central >30 °C
Sí
Temperatura
central
28-32 °C
(moderada)
32-35 °C
(leve)
No
Pulso
<28 °C
(grave)
Recalentamiento interno activo
Recalentamiento externo activo
(del tronco)
Mantener RCP hasta:
Recuperación
Ausencia de signos
vitales con temperatura
central >35 °C
No repetir la desfibrilación/
cardioversión hasta que la
temperatura central >30 °C
No
Recalentamiento externo
pasivo
28
Fracaso
Fracaso
Comprobar la técnica
Descartar hipotermia secundaria
Antibioterapia de amplio espectro
Figura 28-4 Algoritmo de tratamiento de la hipotermia. FV: fibrilación ventricular; RCP: reanimación
cardiopulmonar; TV: taquicardia ventricular.
El recalentamiento ha de ser gradual e iniciarse
lo antes posible, instaurándose a nivel prehospitalario y se continuarán en urgencias o en la unidad
de cuidados intensivos (UCI). En primer lugar hay
que evitar más pérdidas de calor colocando al enfermo en un ambiente más cálido (temperatura de
23-30 °C), retirándole las ropas húmedas y secándolo. Los métodos de recalentamiento se clasifican
en externo, pasivo y activo; e interno o central (que
siempre es activo) (tabla 28-3). El uso de uno u otro
método depende de la gravedad de la hipotermia
y del contexto clínico (v. fig. 28-4). El recalentamiento externo tiene el riesgo del rebote hipotérmico central y del colapso por recalentamiento. Si
se recalientan a la vez el tronco y las extremidades,
la sangre fría y acidótica acumulada en las extremidades vasoconstreñidas vuelve a la circulación
central, con lo que disminuye la temperatura y el
pH. Además, la vasodilatación periférica provoca
hipovolemia central e hipotensión. Para minimizar tal efecto, se mantiene al enfermo en posición
horizontal y se recalienta el tronco antes que las
extremidades, manteniendo siempre una adecuada fluidoterapia.
Las complicaciones que pueden aparecer durante el recalentamiento son, entre otras, quemaduras, edema agudo de pulmón, trastornos del
ritmo cardíaco, rabdomiólisis, alteraciones electrolíticas, shock distributivo, hemorragia gástrica,
pancreatitis, necrosis tubular aguda y coagulación
intravascular diseminada (CID). En caso de fracaso en el recalentamiento hay que asegurarse de
que las técnicas se están haciendo correctamente y
descartar otras causas de hipotermia secundaria
(v. tabla 28-1). Puede administrarse dexametasona
o hidrocortisona a dosis altas si se sospecha insuficiencia suprarrenal, o levotiroxina si se sospecha
un coma mixedematoso (que con frecuencia se
asocia también a insuficiencia suprarrenal). También una infección subyacente ralentiza los procesos
de recalentamiento. Por ello, en caso de recalentamiento inefectivo, en poblaciones predispuestas
(recién nacidos, ancianos y enfermos inmunodeprimidos), o en caso de infección evidente, está
Lesiones por agentes físicos externos 257
Tabla 28-3
Métodos para el recalentamiento
Tasa de
recalentamiento
(incremento °C/h)
Categoría
Métodosa
Externo
pasivo
Mantas
Aire inspirado humidificado
0,5-4
Variable
Externo
activo
Sistemas de calentamiento de aire
1-2,5
Inmersión en agua caliente
Variable
Mantas eléctricas
Interno
activo
Técnicas
extracorpóreas
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
a
2-4
Aire humidificado caliente (42 °C)
Fluidos i.v. calientes (40-42 °C)
(150-200 ml/h)
Lavados de cavidades con fluidos
calientes (40-42 °C) (estómago,
vejiga urinaria, colon, pleura,
peritoneo)
Hemodiálisis / Hemofiltración
0,5-1,2
Variable
Recalentamiento arteriovenoso
continuo
3-4
Bypass cardiopulmonar
7-10
Variable
2-3
Comentarios
Pretenden reducir la pérdida de calor y
aumentar la temperatura con la producción
intrínseca del enfermo. Han de incluir
la cabeza
Riesgo de rebote hipotérmico central y colapso
por recalentamiento
Dificulta el control y el tratamiento. Riesgo
de rebote hipotérmico central y colapso
por recalentamiento
Riesgo de quemaduras, rebote hipotérmico
central y colapso por recalentamiento
El lavado peritoneal, gástrico, colónico y el
vesical están contraindicados en cirugía o
traumatismo abdominal reciente. El gástrico
también en enfermos no intubados
Ampliamente disponible, de inicio rápido.
Requiere estabilidad hemodinámica.
No requiere anticoagulación. Permite tratar
las alteraciones renales y electrolíticas
Menos disponible. Requiere estabilidad
hemodinámica. No requiere anticoagulación.
No oxigena ni dializa la sangre
Menos disponible, requiere personal entrenado
y anticoagulación. Es el método más efectivo
de recalentamiento. Aporta también soporte
circulatorio y permite oxigenar la sangre
No hay evidencias de que un método de recalentamiento sea significativamente mejor que otro.
indicada la administración empírica de antibióticos de amplio espectro.
Por lo que respecta al tratamiento de las complicaciones, es especialmente relevante el relacionado con los trastornos del ritmo. Las arritmias
supraventriculares y los bloqueos auriculoventriculares suelen mejorar con el recalentamiento, por
lo que no han de tratarse a menos que conlleven
alteraciones hemodinámicas significativas. Generalmente no se requiere marcapasos temporal, a
no ser que la alteración persista tras el recalentamiento. En la taquicardia ventricular sin pulso y
en la fibrilación ventricular están indicadas la desfibrilación eléctrica y farmacológica inicial con tres
intentos, pero si es inefectiva (40-50%) no hay que
reintentarlo hasta que la temperatura central supere los 30-32 °C. El tosilato de bretilio (5-10 mg/kg
por vía intravenosa [i.v.]) se ha utilizado ocasionalmente en la fibrilación ventricular en esta situación, aunque su uso no está recogido en las guías
2010 de resucitación cardiopulmonar.
Además de lo expuesto, en los enfermos inconscientes hay que inmovilizar la columna cervical hasta que puedan realizarse pruebas de imagen. Se administran 100 mg de tiamina en los
enfermos malnutridos y con historia de enolismo
(para evitar la encefalopatía de Wernicke durante
el recalentamiento), y 50 ml de glucosa al 50% por
la posibilidad de hipoglucemia. Si se sospecha intoxicación, se administran los antídotos pertinentes, si los hubiere. No hay que tratar la hiperglucemia con insulina hasta que el enfermo esté caliente
o ésta sea muy elevada. La acidosis sólo ha de tratarse con bicarbonato en caso de pH < 7,1.
28
258 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Evolución y pronóstico
El pronóstico de la hipotermia depende de su causa,
de las complicaciones y de las comorbilidades asociadas. Se estima que la mortalidad de los casos
moderados-graves podría llegar hasta el 40%. Aunque no se han publicado supervivencias en hipotermia <14 °C en adultos, no se ha podido demostrar
que el grado de hipotermia se asocie con una mayor
mortalidad. Sin embargo, se ha relacionado una mayor mortalidad con la edad, la gravedad inicial (con
requerimiento de ventilación mecánica o aminas vasoactivas, o fracaso multiorgánico), el paro cardíaco
prehospitalario, un retraso en el recalentamiento y,
en los casos urbanos, los episodios que ocurren en el
domicilio (respecto a los hallados en la vía pública)
y los casos que no se asocian a una intoxicación.
beración de calor. La hipertermia se define como la
elevación de la temperatura central corporal por
encima del rango normal (36-37,5 °C) debido a un
fallo de la termorregulación. No es sinónimo de
fiebre, la cual se debe a una activación de citocinas
regulada (y controlada) a nivel hipotalámico, secundaria a un proceso inflamatorio. Estas lesiones
derivadas de la alteración de la termorregulación,
que se producen normalmente en el contexto de
un aumento de la temperatura medioambiental,
incluyen desde síndromes menores (edema y calambres por calor) hasta el golpe de calor. Dado
que únicamente este último requiere manejo propio del enfermo crítico, sobre este caso hace referencia este capítulo.
Lesiones locales secundarias al frío
28
Tabla 28-4 Factores de riesgo/etiológicos
del golpe de calor y principal mecanismo
de producción
Las lesiones locales secundarias al frío son propias
del montañismo. Predominan en las zonas acras
(manos, pies y zonas expuestas de la cara) y pueden ser no congelantes, como el eritema pernio o
el pie de inmersión, que cursan con el citado eritema, dolor urente o prurito, y úlceras en los casos
crónicos. Las lesiones por congelación (consecuencia de exposición prolongada a una temperatura
inferior a 0 °C) pueden ser superficiales o profundas, en función de si afectan o no la dermis. Las
superficiales presentan una fase hiperémica tras el
recalentamiento, con flictenas serosas y curación
con pocas secuelas, mientras que las profundas
tienen flictenas serohemáticas, edema y necrosis o
gangrena seca, y con frecuencia requieren amputaciones. Esta diferenciación no es fácil en la fase
aguda, y puede requerir hasta 5 días para su concreción, y en el caso de las lesiones profundas, hasta 30-60 días para que la escara delimite el nivel de
la lesión y de la amputación.
El tratamiento es de soporte. Se pauta analgesia, recalentamiento mediante baño a 36-42 °C durante 15-30 min (tras la estabilización sistémica)
para limitar la pérdida tisular, antisépticos tópicos,
desbridamiento de las ampollas de contenido claro y conservación de las de contenido serohemático, elevación de los miembros afectados y la prohibición de fumar. Adicionalmente, hay que proceder
a la vacunación antitetánica.
Edad tempranaa
Edad avanzadaa,b
Deshidrataciónb
Obesidad
Personas dependientesa
Fiebrec
Tirotoxicosisc
Alcoholb
Temperatura y humedad ambiental altab
Falta de aclimataciónb
Enfermedades de la pielb
Enfermedades cardiovascularesb
Enfermedades del sistema nervioso centralb
Enfermedades renalesb
Enfermedades pulmonaresb
Factores genéticosb,c
Antecedentes de golpe de calor
Vestimenta inapropiadab
Falta de sueño
Déficit de autocuidado
Fármacos y tóxicos
Anticolinérgicosb
Fenotiazinasb
Antidepresivos tricíclicosb
Antiparkinsonianosb
Antihistamínicosb
Bloqueadores betab
Alfa-adrenérgicosb
Anfetaminasc
Cocaínab,c
Diuréticosb
HIPERTERMIA
Las lesiones por calor comprenden un espectro de
entidades que aparecen como consecuencia de alteraciones de la termorregulación, debido a un aumento de la producción y/o un descenso de la li-
a
Dificultad para la retirada de un ambiente cálido.
Disminución de la pérdida de calor.
c
Aumento de la producción de calor.
b
Lesiones por agentes físicos externos 259
El golpe de calor se define clásicamente como
un aumento de la temperatura central por encima
de 40,5 °C con alteración del sistema nervioso central en el contexto de un aumento de la temperatura ambiental que no se puede disipar. Su incidencia real se desconoce, aunque se estima que en
Estados Unidos se dan entre 17,6 y 26,5 casos por
100.000 habitantes y año.
Diversos factores se asocian al desarrollo del
golpe de calor (tabla 28-4). Tradicionalmente, se
han diferenciado dos tipos de golpe de calor:
N
N
Clásico o no relacionado con el esfuerzo. Afecta a
personas que presentan condiciones médicas
crónicas subyacentes que alteran la termorregulación o dificultan su retirada de un ambiente cálido (v. tabla 28-4) durante elevaciones de
la temperatura ambiental. Ocurren sobre todo
en períodos de olas de calor y tarda días en desarrollarse.
Relacionado con el esfuerzo. Suele ocurrir en gente joven y sana que realiza largas sesiones de
ejercicios en períodos de temperatura ambiental y humedad elevadas (atletas, militares, etc.);
es el golpe de calor de instauración rápida.
La hipertermia es perjudicial porque provoca
un aumento del consumo de oxígeno y de la tasa
metabólica. Además, temperaturas superiores a
42 °C provocan disfunción enzimática celular, cese
de la actividad mitocondrial, desnaturalización
proteica e inestabilidad de la membrana celular.
Las células más sensibles son los hepatocitos, el
endotelio vascular (provocando CID y alteración
de la permeabilidad), y el tejido nervioso; pero
pueden verse afectados todos los tejidos, con el
consiguiente fracaso multiorgánico.
Los principales hallazgos clínicos y anomalías
en las exploraciones complementarias se resumen en
la tabla 28-5. Entre las exploraciones complementarias, a todo enfermo con sospecha de golpe de
calor hay que realizarle una radiografía de tórax,
un ECG y una analítica, que incluya hemograma,
electrólitos (sodio, potasio, calcio y fósforo), función renal y hepática, coagulación, creatincinasa y
lactato. Además, hay que realizar determinaciones
específicas si se sospechan factores de riesgo/etiológicos concretos (cribado toxicológico en caso de
intoxicación, prueba de imagen cerebral y análisis
de líquido cefalorraquídeo si se sospecha patología del sistema nervioso central, etc.).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 28-5 Manifestaciones clínicas y anomalías en las exploraciones complementarias del golpe de calor
clásico y relacionado con el esfuerzoa
Sistema
Clásico
Relacionado con el esfuerzo
Temperatura
Sistema nervioso
central
Edad
Respiratorio
Cardiovascular
>40 °C
Cefalea, síndrome confusional, ataxia, crisis
comiciales, coma
Avanzada
↑FR, insuficiencia respiratoria
↑FC, ↓PA (20-30%), arritmias, isquemia
miocárdica, edema pulmonar no
cardiogénico, trastornos en el ECG (de la
conducción, del segmento ST y onda T)
Rabdomiólisis leve-moderada
Alcalosis respiratoria (en fases iniciales),
acidosis metabólica (establecido, con
acidosis láctica leve-moderada), ↑calcio,
↓fósforo, ↓potasio, hiperglucemia
Insuficiencia renal (poco frecuente)
Náuseas, vómitos, diarrea, isquemia
intestinal, necrosis hepática, colestasis
Leucocitosis, CID moderada
Piel caliente y seca
>40 °C
Cefalea, síndrome confusional, ataxia, crisis
comiciales, coma
Joven
↑FR, insuficiencia respiratoria
↑FC, ↓PA (variable), arritmias, isquemia
miocárdica, edema pulmonar no
cardiogénico, trastornos en el ECG (de la
conducción, del segmento ST y de la onda T)
Rabdomiólisis grave
Alcalosis respiratoria (en fases iniciales),
acidosis metabólica (establecido, con
acidosis láctica grave), ↓calcio, ↑fósforo,
↑potasio, hiperuricemia, hipoglucemia
Insuficiencia renal (muy frecuente)
Náuseas, vómitos, diarrea, isquemia intestinal,
necrosis hepática, colestasis
Leucocitosis, CID grave
Piel caliente y con sudoración profusa
Muscular
Metabólico
Renal
Gastrointestinal
Hematológico
Piel
a
Se mencionan las manifestaciones clínicas y las anomalías de las exploraciones complementarias más habituales dentro de cada
categoría, pero muchas pueden ser comunes.
↓: disminución; ↑aumento; CID: coagulación intravascular diseminada; ECG: electrocardiograma; FC: frecuencia cardíaca;
FR: frecuencia respiratoria; PA: presión arterial.
28
260 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tratamiento del enfermo con hipertermia
Es una urgencia médica cuyo manejo abarca los
principios básicos de resucitación cardiopulmonar (v. cap. 17), el enfriamiento y el tratamiento
de las complicaciones (fig. 28-5). Debe controlarse la temperatura central (habitualmente rectal o
esofágica), la presión venosa central (útil para
evaluar la volemia y la necesidad de reposición
hídrica), el ritmo cardíaco, la presión arterial, la
saturación de oxígeno mediante pulsioximetría y
la diuresis.
Respecto a las técnicas de enfriamiento, no
hay evidencia de que una técnica sea superior a
otra, pero son preferibles las no invasivas, las que
sean fáciles de aplicar, bien toleradas y que no
provoquen vasoconstricción cutánea. En el capítulo 19 se detallan las técnicas habituales utilizadas en la UCI para inducir hipotermia terapéutica post-PCR. En el manejo prehospitalario de una
hipertermia, es de elección la vaporización de
agua tibia (25-30 °C) con pulverizador sobre el
enfermo mientras el aire circula alrededor de
él gracias a grandes ventiladores, aumentando
las pérdidas por evaporación. Hay que evitar los
baños en alcohol, porque se pueden absorber
grandes cantidades mediante la vasodilatación
cutánea. La inmersión del enfermo en agua helada es el método más efectivo para el enfriado rápido, pero complica la monitorización y el acceso
en caso de reanimación cardiopulmonar (RCP).
La aplicación de bolsas heladas o compresas frías
en las axilas, el cuello y las ingles es efectiva pero
mal tolerada por el enfermo despierto. Los escalofríos secundarios al descenso demasiado rápido de la temperatura se pueden tratar con benzodiazepinas (diazepam, 5 mg/i.v., midazolam, 15
mg/i.v.) o clorpromazina (25-50 mg/i.v.).
Los métodos de enfriamiento interno se utilizan fundamentalmente cuando fallan los externos.
Entre ellos se encuentran el lavado peritoneal frío
(contraindicado en enfermas embarazadas o en
enfermos con cirugía abdominal previa), el lavado
gástrico frío, la fluidoterapia fría, la aplicación de
catéteres intravasculares de recirculación de líqui-
Confirmación diagnóstica de golpe de calor
(temperatura central >40 °C con alteración del SNC)
28
Monitorizar temperatura central, ritmo cardíaco,
presión arterial, presión venosa central, diuresis y oxigenación
ABC de RCPa
Enfriamiento:
Retirar de ambiente cálido
Colocar en ambiente más frío
Retirar ropa
Técnicas de enfriamiento no invasivo
Mantener hasta conseguir
una temperatura central <39,4 °C
Si escalofríos
benzodiazepinas/
clorpromazina
No son útiles los antipiréticos,
el dantroleno o la bromocriptina
Tratamiento de soporte y de complicaciones:
Hidratación
Mantener oxigenación
Crisis comiciales
benzodiazepinas
Insuficiencia respiratoria O ± IET-VMI
2
Rabdomiólisis
prevenir NTA
Fracaso
Técnicas de enfriamiento invasivo
a
Según procedimientos estándares.
Figura 28-5 Algoritmo de tratamiento del golpe de calor. IET-VMI: intubación endotraqueal-ventilación mecánica
invasiva; NTA: necrosis tubular aguda; RCP: reanimación cardiopulmonar; SNC: sistema nervioso central.
Lesiones por agentes físicos externos 261
Existen otras dos situaciones clínicas que se
acompañan de hipertermia y alteración de la termorregulación, y que es importante conocer para
su reconocimiento y tratamiento adecuado: la hipertermia maligna y el síndrome neuroléptico
maligno.
de aparecer hiper o hipocalcemia, hiperfosforemia, hiperpotasemia y elevación de la creatincinasa y de las transaminasas. El único test disponible
hasta la fecha para el diagnóstico presintomático
es el test de contracción muscular in vitro en respuesta a la exposición de anestésicos, cafeína o
rianodina.
El tratamiento incluye la interrupción inmediata del agente desencadenante (manteniendo, obviamente, la anestesia con sedantes y opiáceos),
oxigenoterapia al 100%, hiperventilación (para reducir la PaCO2), tratamiento del golpe de calor
(RCP, enfriamiento, soporte orgánico y control de
las complicaciones) y administración de dantroleno sódico. Este derivado de la hidantoína se une al
receptor de la rianodina e inhibe la salida de calcio
del retículo sarcoplasmático, favoreciendo la relajación muscular. Se administra ante la sospecha
diagnóstica, con una dosis i.v. inicial de 2,5 mg/kg,
que puede repetirse cada 5 min hasta que los síntomas mejoren (máximo 10 mg/kg), y una perfusión posterior de 10 mg/kg/24 h. Finalmente se
pasa a vía oral (4-8 mg/kg/24 h en 4 dosis) durante 3 días. El tratamiento con dantroleno ha permitido reducir la mortalidad del 70% a menos del
10%; si el enfermo no responde tras administrar
una dosis de 20 mg/kg, hay que cuestionar el
diagnóstico. Su efecto secundario más temido es la
hepatotoxicidad.
Hipertermia maligna
Síndrome neuroléptico maligno
Es una enfermedad hereditaria (fundamentalmente por mutaciones en el gen del receptor de la rianodina, un canal de calcio del retículo sarcoplasmático del músculo estriado) caracterizada por
una respuesta hipermetabólica tras la administración de anestésicos volátiles (sobre todo halotano
pero también sevoflurano, desflurano e isoflurano) y de relajantes musculares despolarizantes
(succinilcolina).
El cuadro clínico varía desde asintomático hasta un cuadro indistinguible del golpe de calor
grave (dependiendo de la penetrancia, la concentración y la duración de la exposición al fármaco
y la edad del enfermo). Suele iniciarse en la primera hora tras la administración del fármaco,
aunque en algunos casos se presenta hasta 10 h
después. El signo inicial más específico y sensible
en el enfermo que está ventilado mecánicamente
es un aumento del CO2 en el aire espirado, a lo
que se añaden manifestaciones cardiovasculares
como hipotensión, trastornos del ritmo cardíaco
o PCR, y rigidez muscular, especialmente del masetero en forma de trismo. Posteriormente aparece la hipertermia y las complicaciones en forma
de disfunción multisistémica. En la analítica pue-
Es una reacción idiosincrásica (por lo que aparece
a dosis terapéuticas) a neurolépticos y otros fármacos que afectan la neurotransmisión central de
la dopamina. Su etiología es desconocida, y se ha
postulado una disfunción autonómica secundaria
al bloqueo dopaminérgico o una disfunción mitocondrial del músculo esquelético con liberación
de calcio desde el retículo sarcoplasmático. Aunque es más frecuente con haloperidol, también se
ha descrito con neurolépticos atípicos y con antieméticos como la metoclopramida. Se han descrito
diversos factores de riesgo como la edad avanzada, la agitación psicomotriz, dosis elevadas o incremento rápido de dosis de dichos fármacos, su
administración parenteral, la toma conjunta de
otros psicofármacos, la presencia de alteraciones
orgánicas cerebrales, la deshidratación y la malnutrición, así como en caso de traumatismos e infecciones.
Los síntomas suelen desarrollarse durante las
primeras 2 semanas de tratamiento, y son fundamentalmente cuatro. Primero suele alterarse el nivel de conciencia, que oscila desde la confusión al
coma profundo. Posteriormente se añaden las manifestaciones extrapiramidales, como la rigidez
dos fríos, la hemodiálisis o el bypass cardiopulmonar. Las técnicas de enfriamiento se interrumpen
cuando la temperatura central es inferior a 39,5 °C,
para evitar el riesgo de la hipotermia iatrogénica.
En caso de hipotensión, se realiza fluidoterapia
agresiva. En la medida de lo posible hay que evitar
los agonistas alfa-adrenérgicos, porque provocan
vasoconstricción y pueden disminuir la disipación
de calor.
La mortalidad del golpe de calor puede llegar a
ser del 20 al 60%, dependiendo fundamentalmente
del grado de hipertermia, del tiempo de duración
y de la cantidad de órganos afectados. Otros factores de mal pronóstico son la hiperlactatemia, el
tratamiento concomitante con antihipertensivos
de semivida de eliminación prolongada y el aislamiento social. Si se supera el cuadro clínico, no
suele haber secuelas neurológicas, aunque el 20%
de los enfermos mantiene una discreta alteración
cerebelosa.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Otras causas de hipertermia
28
262 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
generalizada («en tubo de plomo»), temblor, discinesias, distonías, disartria y mutismo; la hipertermia; y la disfunción autonómica (taquicardia,
taquipnea, labilidad hemodinámica, diaforesis e
incontinencia urinaria). La analítica muestra leucocitosis y parámetros de rabdomiólisis.
El diagnóstico es clínico, y el tratamiento incluye la suspensión del fármaco y el tratamiento del
golpe de calor (enfriamiento, soporte y tratamiento de las complicaciones). Aunque sin una evidencia clara, en los casos moderados-graves que no
responden al tratamiento de soporte en 24-72 h se
usa el dantroleno (igual que en la hipertermia maligna) y/o la bromocriptina (2,5-10 mg/día hasta
60 mg/día durante 2 semanas). En los casos refractarios se ha usado la terapia electroconvulsiva.
Aunque la mortalidad es del 10 al 20%, sobre todo
por las complicaciones, la mayoría de episodios se
resuelven en 7-10 días sin secuelas (aunque se han
descrito estados residuales catatónicos, amnesia y
miopatía).
LESIONES POR SUMERSIÓN
28
Las lesiones por sumersión son aquellas derivadas
de la sofocación por inmersión en medio líquido
(habitualmente agua). Históricamente se han utilizado términos como «ahogamiento» (sumersión
que provoca la muerte del enfermo dentro de las
primeras 24 h) y «casi-ahogamiento» (sumersión
que no provoca la muerte en este período, independientemente del desenlace final), pero se recomienda no usarlos, pues generan confusión. Es
una entidad prevalente, pues cada año causa unas
500.000 muertes en todo el mundo y 2.660 en España (datos del Instituto Nacional de Estadística,
2006), además de muchos más casos no fatales,
probablemente infrarregistrados. Además, en referencia a los accidentes, es la principal causa de
muerte accidental en niños menores de 5 años, la
segunda en menores de 45 y la tercera en general.
Aunque los casos parecen haberse reducido en los
últimos años, en España mueren cada año entre 70
y 150 niños por sumersión en playas, piscinas, ríos y
embalses.
El principal responsable del daño orgánico en
las lesiones por sumersión es la hipoxemia, secundaria a la aspiración del contenido líquido
(ahogamiento húmedo), o bien a la oclusión de la
vía aérea por laringoespasmo provocado por el
contacto del agua con la tráquea (ahogamiento
seco). El ahogamiento húmedo es la situación
más frecuente (85-90% de los casos), y el líquido
aspirado (3-4 ml/kg de peso) causa también neumonitis química, daño pulmonar agudo y, en casos graves, síndrome de distrés respiratorio agu-
do (v. fig. 28-1). Clásicamente se creía que la
aspiración de agua provocaba cambios iónicos
secundarios a las diferencias en composición y
osmolaridad entre el líquido aspirado y el plasma, que varían si la aspiración es de agua dulce o
de agua de mar o salada. Sin embargo, la cantidad de líquido que se aspira no suele suponer
cambios en la homeostasis general y los volúmenes sanguíneos, excepto si el líquido es altamente
hipertónico (p. ej., en el mar Muerto, donde pueden observarse graves hipernatremias, hipermagnesemias e hipercalcemias). Adicionalmente,
en el proceso de ahogamiento, estos enfermos
también suelen aspirar partículas del medio, que
pueden obstruir bronquios y bronquiolos. Las
manifestaciones clínicas se deben a la aspiración
del líquido (tos, disnea) y a la ya mencionada hipoxemia secundaria. Esta última es causa de la
acidosis láctica, hipotensión (favorecida por la hipotermia), trastornos del ritmo y daño neuronal
que pueden presentar estos enfermos.
A la llegada del enfermo al hospital, su evaluación se completará con un ECG, un estudio
analítico (hemograma, pruebas de coagulación,
glucemia, ionograma, función renal y hepática,
gasometría) y un cribado toxicológico (frecuente
asociación con intoxicación por drogas de abuso
y/o alcohol), así como una radiografía de tórax
(normal en el 20% de los casos). Además, ha de
realizarse un cultivo de secreciones bronquiales e
iniciar tratamiento antibiótico en caso de aspiración. En caso de sospecha de traumatismo, se realizan radiografías de cráneo y de columna, y una
tomografía computarizada (TC) craneal (no son
infrecuentes las lesiones cervicales causadas por
el choque de la cabeza contra el suelo en caso de
haberse precipitado en aguas poco profundas).
Abordaje terapéutico del enfermo
con lesiones por sumersión
En la figura 28-6 se muestra una propuesta de algoritmo de tratamiento de las lesiones por sumersión. Es importante recordar que la extracción del
enfermo del lugar de sumersión ha de realizarse
sin comprometer la seguridad del rescatador. Las
maniobras de RCP se realizan lo antes posible si
son necesarias, e incluso, si el rescatador tiene experiencia o si la inmersión se produce en aguas
poco profundas, la respiración boca a boca puede
iniciarse en el agua (v. cap. 17). A diferencia de
otras causas de PCR, en las lesiones por sumersión
a menudo el episodio primario es respiratorio, por
lo que hay que insistir inicialmente en el soporte
respiratorio al menos durante 1 min. Asimismo, en
este contexto, la RCP sólo con compresiones no es
Lesiones por agentes físicos externos 263
Extraer al enfermo del lugar de sumersióna
Iniciar RCP si es necesario
Tratar la hipotermia
Traslado al hospital
Enfermo asintomático
Observación 8 h
Enfermo asintomático
Enfermo sintomático
Mantener la RCP si es necesario
Tratar la hipotermia
Tratamiento de soporte
Tratamiento de las complicaciones
Alta + seguimiento
Figura 28-6
Algoritmo de tratamiento de las lesiones por sumersión. RCP: resucitación cardiopulmonar.
tan efectiva como la RCP convencional. No están
indicadas las maniobras de «drenaje» del agua,
pues no se han demostrado útiles. Posteriormente
es importante el tratamiento de soporte y el específico de la hipotermia.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Neumonía asociada a las lesiones
por sumersión
La neumonía relacionada con la sumersión es una
situación de gran interés por su frecuencia, su gravedad y su difícil diagnóstico. Se ha descrito hasta
en el 40% de los enfermos con lesiones por sumersión, alcanzando tasas de mortalidad del 60%. Los
agentes responsables pueden ser habitantes del
agua aspirada o bien flora orofaríngea que se macroaspira durante el episodio. Se han descrito
agentes asociados a los diferentes contextos ambientales y clínicos (tabla 28-6), y son especialmente graves las neumonías causadas por Aeromonas,
Burkholderia pseudomallei y Pseudallescheria boydii.
Factores que determinan la probabilidad de la
aparición de la neumonía son la existencia de aspiración de líquido o contenido alimentario (el 25%
de los ahogados presenta aspiración de vómito en
estudios autópsicos), la composición del líquido
aspirado (agua salada o dulce), su contaminación
y su temperatura (es menos frecuente en aspira-
ción de agua muy fría), y la naturaleza primaria o
secundaria de la sumersión.
El diagnóstico de sospecha se realiza ante la
presencia de signos de infección como fiebre, infiltrados pulmonares y leucocitosis con desviación a
la izquierda en el hemograma. Sin embargo, la propia lesión por sumersión provoca un síndrome de
respuesta inflamatoria sistémica e infiltrados pulmonares por síndrome de distrés respiratorio agudo, lo que hace complejo el diagnóstico diferencial.
Además, estos enfermos también corren el lógico
riesgo de adquirir una neumonía nosocomial.
El tratamiento de la neumonía por sumersión es
controvertido. Los antibióticos profilácticos no están recomendados, excepto en la sumersión en
aguas muy contaminadas. Pero ante la sospecha de
infección, hay que pautarlos de manera precoz. El
uso de un betalactámico de amplio espectro combinado con un aminoglucósido o fluoroquinolonas en
enfermos críticos puede ser una buena estrategia (v.
cap. 50). El tratamiento antifúngico empírico se reserva para los casos en que el enfermo responde
lentamente a los antibióticos, presenta una neumonía de aparición tardía o se acompaña de una afectación del sistema nervioso central. En estos casos,
el voriconazol sería una buena opción (v. cap. 58).
En general, el 75% de las víctimas afectas por
lesiones por sumersión sobrevive, aunque del 5
28
Etiología de la neumonía asociada a lesión por sumersión1
Microorganismo
Bacterias gramnegativas aerobias
Aeromonas species
Burkholderia pseudomallei
Chromobacterium violaceum
Epidemiología
Sudeste asiático
(tsunami), norte
de Australia
Florida, subtrópico
y trópico
Francisella philomirargia
Klebsiella pneumoniae
Legionella species
Neisseria mucosa
Pseudomonas aeruginosa
Shewanella putrefaciens
Vibrio species
Bacterias grampositivas aerobias
Streptococcus pneumoniae
Staphylococcus aureus
Bacterias anaerobias
Hongos
Aspergillus species
Pseudallescheria boydii /
Scedosporium
apiospermum
a
Jacuzzi®
Días incubación
Tipo de agua en los casos
descritos
1
14
Dulce, menos en salada
Dulce
Bacteriemia. Más frecuente en caso de cirrosis hepática
Bacteriemia, cavitación pulmonar, afectación del sistema
nervioso central (meningitis, absceso)
30
Dulce y estancada
5
4
4-40
1
Salada
Salada
Dulce
Salada
5
4
4
Dulce, salada y estancada
Salada
Salada
Bacteriemia, abscesos hepáticos. Probable puerta de
entrada: piel
Bacteriemia
Probablemente nosocomial
Más frecuente en caso de leucemia linfática crónica
Probablemente aspirado de orofaringe. Más frecuente
en caso de alcoholismo
Bacteriemia
Bacteriemia
Bacteriemia
1
Dulce
1
Dulce, salada
7
Dulce y estancada
30
Estancada, dulce y salada
Se describen las etiologías más frecuentes y sus características principales en función de los trabajos publicados.
En días.
SNC: sistema nervioso central.
b
Comentarios
Bacteriemia; niños <11 años, probablemente aspirado
de orofaringe
Probablemente aspirado de orofaringe
No se han comunicado, posiblemente por la dificultad de
aislamiento y por interpretarse como nosocomiales
Afectación pulmonar y ocasionalmente invasiva a sistema
nervioso
Infección diseminada, afectación del sistema nervioso
central (meningitis, absceso), endoftalmitis. Resistente
a la anfotericina B. Más frecuente en caso de cirrosis
y diabetes mellitus
264 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
28
Tabla 28-6
Lesiones por agentes físicos externos 265
Tabla 28-7
Factores pronósticos iniciales de los enfermos con lesión por sumersión
Mal pronóstico
Buen pronóstico
Duración de la inmersión >10 min
Retraso en el inicio de la RCP básica efectiva >10 min
Duración de la RCP ≥25 min
Persistencia de necesidad de la RCP en el hospital
GCS < 5
Pupilas fijas midriáticas
Persistencia del coma a las 24 h del ingreso
Hipotermia (temperatura central <33 °C)a
Temperatura del agua >10 °C
pH arterial <7,1
Edad <3 años
Duración de la inmersión <5-10 min
Retraso en el inicio de la RCP básica efectiva <10 min
Rápida recuperación del ritmo espontáneo
GCS > 5
Respuesta pupilar presente
Temperatura corporal <35 °Ca
Glucemia <11,2 mmol/l (200 mg/dl)
Ausencia de aspiración
a
Aunque la hipotermia confiere gravedad a la lesión y empeora el pronóstico global, también protege de la hipoxia al tejido nervioso.
GCS: escala de coma de Glasgow; RCP: reanimación cardiopulmonar.
al 20% de éstos presentan lesiones neurológicas
persistentes. Los factores pronósticos de las lesiones por sumersión (tabla 28-7) dependen fundamentalmente de la duración y de la gravedad de la
hipoxemia. Desde el punto de vista neurológico,
los factores determinantes de la evolución son la
situación neurológica inicial y la duración de la
pérdida del nivel de conciencia.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
ELECTROCUCIÓN
Ocurre cuando una persona entra en contacto
con la corriente eléctrica, incluyendo los rayos.
Se trata por lo general de lesiones accidentales y
prevenibles que causan unos 3.000 ingresos y cerca de 1.000 muertes anuales en Estados Unidos
(el 10% de los casos por rayos). La distribución
poblacional de las lesiones es bimodal: por un
lado, niños que padecen accidentes domésticos
(p. ej., manipulación de enchufes, etc.), y por otro
lado, adultos que presentan accidentes laborales
(fundamentalmente en los sectores eléctrico y de
la construcción).
La electricidad provoca lesiones por tres mecanismos:
N
N
N
Efecto directo de la electricidad sobre los tejidos (como en el miocardio, generando trastornos del ritmo).
Consecuencia de la conversión de la energía
eléctrica en térmica (producción de quemaduras superficiales y profundas).
Efectos mecánicos, derivados de la onda expansiva en el caso de un rayo, de una posible caída,
o de la contracción muscular secundaria a la
electrocución.
Los factores que determinan la gravedad de la
lesión se resumen en las tablas 28-8 y 28-9.
Tras una descarga eléctrica de alto voltaje, el enfermo presenta pérdida transitoria de la conciencia
y, al recuperarse, refiere mialgias, astenia e irritabilidad nerviosa (tabla 28-10). Los enfermos suelen
presentar quemaduras, particularmente por el punto de salida de la corriente eléctrica. En el 15% de
los casos, los enfermos presentan trastornos del ritmo. La mayoría ocurre en las primeras horas y son
benignas (taquicardia sinusal, cambios inespecíficos en el segmento ST y en la onda T, alargamiento
del intervalo QT). Sin embargo, también se puede
generar asistolia (sobre todo en caso de descarga
de corriente continua o de alto voltaje) y fibrilación
ventricular (en corriente alterna). Esta última es la
arritmia fatal más frecuente y ocurre en el 60% de
enfermos en los que la corriente de alto voltaje va
de una mano a la otra. También pueden presentarse
trastornos del ritmo tardíos, probablemente secundarias a lesión miocárdica sobre zonas arritmogénicas, sobre todo el nodo sinusal. Las manifestaciones
nerviosas van desde la pérdida de conocimiento
a la afectación directa del centro respiratorio y al
daño medular.
Debido a que el trayecto del flujo eléctrico es
impredecible (ni siquiera existe una herida de entrada y otra de salida) y, por lo tanto, puede implicar daños internos, la evaluación médica ha de ser
cuidadosa y no dejarse engañar por las lesiones
externas. Al enfermo que ha padecido una lesión
por electricidad se le realiza una analítica (con hemograma, coagulación, función renal, creatincinasa, funciones hepática y pancreática y enzimas
miocárdicas) y un ECG. Se realiza una TC craneal
en todos los casos de daño por rayo, caída acciden-
28
266 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 28-8 Factores dependientes de la corriente eléctrica que determinan la gravedad de las lesiones
por electricidad
Factor
Lesiones y comentarios
Intensidad de
la corriente
(amperios)
Es el factor más determinante:
1-10 mA de corriente alterna: umbral de percepción
20-50 mA pueden provocar paro respiratorio
40-100 mA pueden provocar fibrilación ventricular
Con frecuencia es la única variable conocida con certeza
Permite clasificar las lesiones por electricidad (v. tabla 28-9)
Los tejidos con mayor resistencia (huesos y tendones) se calientan y coagulan más
Los tejidos con menor resistencia (nervios, vasos sanguíneos, membranas mucosas y músculo)
transmiten la electricidad
La piel tiene resistencia intermedia y es el mayor determinante de la resistencia corporal
al ser el resistor primario
La resistencia de la piel depende de su grosor (la aumenta) y de su humedad (si está mojada,
disminuye)
Corriente continua: provoca un único espasmo muscular que aleja a la víctima de la fuente,
reduciendo el tiempo de exposición pero aumentando el riesgo de traumatismo asociado
Corriente alterna: estimula la contracción de forma repetitiva, de forma que en la mano
provoca el alargamiento del contacto. También conlleva mayor riesgo de arritmias
El recorrido vertical (paralelo al eje corporal) es más peligroso, pues implica virtualmente
todos los órganos vitales
El recorrido horizontal (mano a mano) implica al corazón, los músculos respiratorios y
la médula espinal, pero no al cerebro
El recorrido por la parte inferior del cuerpo puede causar daño local, pero no es letal
El punto de entrada más habitual es la mano, seguida de la cabeza
A mayor duración, más daño
Voltaje (voltios)
Resistencia
(ohmnios)
Tipo de corriente:
continua
o alterna
Recorrido de
la corriente en
el organismo
Duración de la
exposición
28
Tabla 28-9
Comparación de daño por electricidad en función del voltaje de la fuente
Bajo voltaje
Alto voltaje
Rayo (muy alto voltaje)
240
240
1.000
1.000
>30.000.000
>200.000
Contracción muscular
Directo enfermo-fuente
Prolongada
Normalmente alterna
Fibrilación ventricular
Contracción tetánica de
los músculos
respiratorios
Tetánica
Quemaduras
Rabdomiólisis
Causa de daño traumático
Usualmente superficiales
Frecuente
Caída (poco frecuente)
Mortalidad
Baja
Arco eléctrico
Breve
Alterna o continua
Fibrilación ventricular
Contracción tetánica de
los músculos
respiratorios
Alterna: tetánica /
continua: única
Frecuentes y profundas
Muy frecuente
Caída y contracción
muscular
Moderada
Voltaje (voltios)
Intensidad de corriente
(amperios)
Tipo de contacto
Duración de la exposición
Tipo de corriente
Causa de paro cardíacoa
Causa de paro respiratorioa
a
Si se presenta.
Instantánea
Continua
Asistolia
Daño sobre el centro
respiratorio
Única
Raras y superficiales
Rara
Efecto expansivo
Muy alta
Lesiones por agentes físicos externos 267
Tabla 28-10
Manifestaciones clínicas de las lesiones por electricidad
Sistema
Lesiones y comentarios
Piel
Cardiovascular
Quemaduras superficiales o profundas. Figuras de Lichtenberga
Arritmias (taquicardia sinusal, cambios en los segmentos del ECG, fibrilación
ventricular, asistolia), necrosis en banda, afectación de tejido de conducción,
aneurisma y ruptura aórtica, pulso débil por aturdimiento cardíaco
Paro respiratoriob
Pérdida del conocimiento, queraunoparálisisc, disfunción autonómicad, trastornos
de la memoria, parálisis facial, crisis comiciales, lesión medulare. Trastornos
tardíos: trastorno del sueño, alteraciones neuropsicológicas, distrofia simpática
refleja
Quemaduras periósticas y osteonecrosis, rabdomiólisis, edema muscular, síndrome
compartimental, fractura óseaf
Ojos: cataratasg, hifema, hemorragia vítrea. Oído: rotura timpánicah, vértigo,
hipoacusia neurosensorial
Insuficiencia renali
Íleoj
Coagulación intravascular diseminadak
Respiratorio
Sistema nervioso central
Musculoesquelético
Órganos de los sentidos
Renal
Gastrointestinal
Hematológico
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
a
Lesiones cutáneas ramificadas y transitorias que se ven en las lesiones por rayo. También se llaman helechos o marcas
queraunográficas.
b
Por parálisis de músculos respiratorios o afectación directa del centro respiratorio.
c
Parálisis transitoria e inestabilidad hemodinámica con hipertensión y vasoespasmo periférico debido a liberación masiva de
catecolaminas en la exposición a un rayo.
d
Puede provocar midriasis o anisocoria arreactiva sin indicar lesión cerebral irreversible.
e
Con transección en C4-C8 por una corriente mano-mano.
f
Por caída, onda expansiva o contracción tetánica muscular. Fundamentalmente vertebrales y en extremidades superiores.
g
En lesiones por rayo.
h
Presente en el 50-80% de lesiones por rayo.
i
Por rabdomiólisis o por hipovolemia secundaria a extravasación extravascular.
j
En caso de fracturas lumbares, trauma abdominal o quemaduras generalizadas. Debe sospecharse lesión abdominal si el íleo persiste
más de 2 días.
k
En caso de rabdomiólisis y necrosis tisular importante.
ECG: electrocardiograma.
tal y/o exploración neurológica anormal. Para
descartar lesiones traumáticas (si se sospechan o el
enfermo está inconsciente o no colabora) han de
efectuarse radiografías de hombros, columna y pelvis (particularmente si estas estructuras estaban en
el trayecto de la corriente). En el enfermo asintomático y con movilidad general perfecta, estos estudios pueden ser innecesarios.
N
N
Abordaje terapéutico
Desde un punto de vista práctico, el enfermo con
una lesión por electricidad que presenta una quemadura eléctrica grave o por rayo es un enfermo
traumático hasta que no se demuestre lo contrario.
Por ello se seguirán las recomendaciones de rescate y resucitación cardiopulmonar del enfermo
traumático (v. cap. 25). Sin embargo, han de considerarse ciertas peculiaridades:
N
No debe asistirse a la víctima hasta no asegurarse de que se ha cortado el suministro eléctrico de la fuente o el enfermo haya sido extricado
con los equipos de aislamiento adecuado (por
la amenaza de daño eléctrico al rescatador al
actuar el rescatado como conductor). Sin embargo, en las lesiones por rayo el tratamiento
puede iniciarse de inmediato.
En el caso de varias víctimas, a diferencia de
otras lesiones traumáticas, se da prioridad a las
que inicialmente aparentan «no presentar signos vitales», incluso con midriasis arreactiva
(puede ser secundaria a disfunción autonómica), pues la causa más probable será un trastorno del ritmo o una parálisis respiratoria, por lo
que las posibilidades de recuperación con los
cuidados adecuados son elevadas.
Puede haber graves lesiones internas con poca
afectación externa.
28
268 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Extricación del enfermoa
Atender primero a víctimas con aparente «ausencia de signos vitales»
Iniciar RCP si es necesario
Inmovilizar la columna cervicalb
Traslado al hospital
Evaluación exhaustiva de todos los órganos y sistemas
Vacunación antitetánica
Enfermo sintomático
Exploración física anormal
ECG anormal
Lesión de alto voltaje
Historia de cardiopatía
Arritmia registrada
Quemaduras
Pérdida de conocimiento
Sí
No
Observación 4 h
Nuevo ECG
Monitorización ECG
Monitorización hemodinámica
Mantener RCP si es necesario
Normal
No
28
Alta con seguimiento
No
Paro cardíaco
Focalidad neurológica (central o medular)
Quemaduras graves
Inestabilidad hemodinámica
Daño vascular
Daño visceral
Ingreso y observación extra-UCI
Sí
a
b
Sin comprometer la seguridad del rescatador.
Hasta comprobar su estabilidad.
Ingreso y observación en la UCI
Tratamiento de soporte y de complicaciones
(arritmias, rabdomiólisis, quemaduras…)
Figura 28-7 Algoritmo de tratamiento de las lesiones por electricidad. ECG: electrocardiograma;
RCP: resucitación cardiopulmonar; UCI: unidad de cuidados intensivos.
En la figura 28-7 se muestra un algoritmo de
tratamiento de las lesiones por electricidad. En
caso de lesión eléctrica grave (excepto en la lesión
por rayo) se precisa una fluidoterapia agresiva. Si
existe hipotensión refractaria hay que descartar
hemorragias internas secundarias a la contusión.
Se realizará profilaxis de las úlceras por estrés y de
quemaduras (úlceras de Curling). El tratamiento
Lesiones por agentes físicos externos 269
de las heridas debe seguir el protocolo general de
las quemaduras. En caso de íleo persistente, se realiza una prueba de imagen o una laparotomía exploradora para descartar daños internos.
Un colectivo particular es el de las víctimas embarazadas, pues las lesiones por electricidad también pueden poner en peligro la viabilidad del feto
(se ha descrito una mortalidad fetal tras daño eléctrico del 15 al 73%, y del 50% en la lesión por rayo).
Por ello, en caso de electrocución, se recomienda
realizar a toda embarazada con una gestación superior a las 20 semanas una cardiotocodinamometría (que evalúa la frecuencia cardíaca fetal y la
actividad uterina) de 4 h (aumentando a 24 h si la
embarazada presenta alteraciones en el ECG o cardiopatía, o si ha perdido el conocimiento), una
ecografía fetal (si no se hubiese hecho con anterioridad) y un eco-Doppler fetal a las 2 semanas.
Las lesiones por electricidad graves pueden llegar a tener una mortalidad del 40%. En los enfermos ingresados en el hospital las causas más frecuentes de muerte son las infecciones y el fracaso
multiorgánico. El pronóstico a largo plazo depende de la gravedad del daño inicial y del desarrollo de
complicaciones secundarias. En el caso particular
de las lesiones por rayo, el 30% de los afectados
fallece, normalmente en la primera hora (66% de
los casos), debido a trastornos del ritmo o a insuficiencia respiratoria aguda, y el 75% de los supervivientes presenta secuelas.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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28
270
Capítulo 29
Atención de las emergencias
en situaciones especiales
Enric Subirats, Xavier López y Manel Parada
PUNTOS CLAVE
N
N
N
La intervención inmediata en los accidentes
de montaña sigue los criterios de actuación
habituales ante un enfermo politraumatizado.
Hay que considerar adicionalmente las
circunstancias derivadas de la orografía,
la meteorología y los recursos disponibles
para cada caso concreto.
La principal causa de muerte evitable en
montaña es la obstrucción de la vía aérea. La
mala adaptación a la altitud puede producir el
mal de montaña, que puede evolucionar hacia
el edema agudo de pulmón y el edema cerebral.
La hipotermia es un factor agravante de otras
lesiones en los traumatismos en la montaña.
Hay que conocer el comportamiento físico de
los gases para entender la fisiopatología de los
accidentes disbáricos. Al enfermo con accidente
disbárico debe aplicársele oxigenoterapia. Si el
enfermo ha de trasladarse en helicóptero, éste
CASO
CLÍNICO
En una competición internacional de esquí alpino un esquiador experimentado se cae en una
de las curvas del trazado, saliéndose de los límites de la pista marcada y embiste a varios espectadores. El equipo médico de la estación de es-
no debe sobrepasar los 150 m de altura como
cota máxima de vuelo, y si el traslado se realiza
por vía terrestre hay que evitar los accidentes
orográficos de más de 150 m de altura.
N
Se considera materia peligrosa a todo
material nocivo o perjudicial que, durante su
fabricación, almacenamiento, transporte o
uso, puede generar o desprender humos, gases,
vapores, polvos o fibras de naturaleza peligrosa,
por ser explosiva, inflamable, tóxica, infecciosa,
radiactiva, corrosiva o irritante en cantidades
que tengan probabilidad de causar lesiones y
daños a personas, a instalaciones o al medio
ambiente.
N
Al atender una emergencia con riesgo
de exposición a una materia peligrosa
es fundamental seguir las medidas de
autoprotección. Para atender al enfermo se
aconseja alejarlo al menos 50 m del lugar del
accidente (zona caliente) si existe cualquier
riesgo de daño por materias peligrosas.
quí acude para atender el accidente. En total se
valoran cuatro heridos, de los que tres se consideran leves, ya que pueden levantarse por su
propio pie. El cuarto permanece inmóvil en el
suelo; se trata de un varón de unos 40 años de
edad, sin obstrucción de la vía aérea, con dificultad respiratoria evidente. No se observan lesiones aparentes ni hemorragias externas y está
Atención de las emergencias en situaciones especiales 271
consciente, aunque con incapacidad para articular palabras. El enfermo está progresivamente
más taquipneico mientras el equipo asistencial
libera parte del tórax para conseguir una exploración física más precisa sin exponer al enfermo
a la hipotermia ambiental. Se observa un hematoma en el hemitórax derecho con muy poca
movilización del mismo; en la auscultación sólo
se oyen ruidos respiratorios en el hemitórax izquierdo. Se orienta el episodio como neumotórax a tensión y se procede a un drenaje de emergencias, trasladándose posteriormente a un
centro hospitalario mediante helicóptero.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
CONSIDERACIONES EN LA ATENCIÓN
SANITARIA EN LA MONTAÑA
La atención al enfermo en el entorno montañoso
implica enfrentarse a víctimas en situaciones clínicas complejas condicionadas y derivadas de una
fracción inspiratoria de oxígeno inferior al 21%,
especialmente cuando se superan altitudes de
2.500 m. Por otro lado, el profesional de emergencias que realiza la atención inicial en ese medio
natural ha de ser especialmente cuidadoso con su
propio estado de salud. En situaciones de rescate
en montaña ha de garantizarse al profesional una
dieta equilibrada (alimentación e hidratación),
una preparación física adecuada, el descanso suficiente y la protección de las inclemencias meteorológicas (la temperatura disminuye en 5 °C cada
1.000 m). Asimismo, en caso de activación de una
operación de rescate con helicóptero, hay que ser
consciente de los problemas específicos de la montaña, del estado del enfermo y de las circunstancias del lugar del accidente.
Una alimentación equilibrada tanto en la vida
cotidiana como durante la actividad en la montaña se basa en un equilibrado aporte de glúcidos no
refinados (55%), lípidos (30%) y proteínas (15%).
Durante la realización de la actividad física que
implica un rescate en la montaña, hay que aportar
suplementos dietéticos (maltodextrosa, frutos secos no oleaginosos). Una hora de actividad física
intensa a 0 °C supone la pérdida de 1 l de agua; a
18 °C, la pérdida de un 1,5 l, y a 28 °C, de 3 l. La
pérdida de 1,5-2 l de agua provoca ya síntomas de
deshidratación (fatiga, calambres), y por encima
de 4 l puede favorecer un golpe de calor. Por el
contrario, el exceso de agua puede producir hiponatremia dilucional. Las recomendaciones para
evitar la deshidratación y la hiponatremia durante
las actividades de resistencia de larga duración
son beber la cantidad suficiente para compensar
las pérdidas de líquido, utilizar la sed como guía
para beber y reemplazar las sales perdidas.
El enfermo víctima de traumatismos
en la montaña
Los deportes de montaña pueden comportar un
riesgo debido a su biomecánica y a las condiciones
atmosféricas y orográficas del terreno donde se
desarrollan. El objetivo prioritario ante un accidente es tratar las lesiones con posible riesgo vital.
Así, la población con más accidentados en montaña son los esquiadores (caídas, colisiones entre
ellos mismos), y el traumatismo está agravado por
las características del entorno. El tratamiento inicial no ha de diferir de la atención estándar ante
un enfermo politraumatizado (v. cap. 25). Entre las
lesiones más graves destacan el traumatismo craneoencefálico y las lesiones medulares. No obstante, el entorno de la montaña puede generar factores agravantes del propio traumatismo, como un
retraso en la asistencia, hipotermia, disminución
de la presión de oxígeno, fatiga, estrés y aumento de
dolor por la movilización y el desplazamiento de los
focos de fractura (lo que puede producir embolia
grasa y empeorar el estado de shock).
Con respecto a los motivos de fallecimiento en la
montaña, la causa más frecuente es la muerte súbita
en individuos con factores de riesgo de cardiopatía
isquémica mientras realizan actividades recreativas
(p. ej., esquiar). La causa de muerte por traumatismo se centra preferentemente en esquiadores sin
casco y en escaladores. La asfixia se produce en el
contexto de un alud de nieve. Hay que recalcar
que la principal causa de muerte evitable en la
montaña es la obstrucción de la vía aérea. Otros
motivos habituales de emergencia en la montaña
son las congelaciones y la hipotermia (v. cap. 28),
para lo que debe garantizarse un tratamiento adecuado in situ (tabla 29-1), además de las quemaduras solares (v. cap. 82).
Patología por la altitud: mal de altura
La presión del oxígeno (PO2) disminuye con la altitud, lo que produce situaciones de hipoxia tisular. Por ejemplo, a 3.000 m de altitud, la PO2 inspiratoria es el 69% de la que hay a nivel del mar. El
grado de estrés hipóxico depende no sólo de la altitud, sino también del ritmo de ascenso y del
tiempo de permanencia a gran altura. Para que los
efectos de la altura sean menores, es necesario aclimatarse a la altura con un aumento de la ventilación alveolar, proceso que requiere de 3 a 5 días. La
mala adaptación a la altitud aumenta el riesgo de
sufrir el mal de montaña, y es más frecuente en
personas que residen habitualmente a menos de
900 m de altitud, en menores de 50 años y en obesos. La preparación física no protege contra el mal
29
272 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 29-1
Medidas recomendadas en el tratamiento inicial de las congelaciones
N Valorar si también hay hipotermia y otras lesiones asociadas o potenciales
N Se debe secar y proporcionar ropa seca, así como retirar elementos tales como anillos
N Sólo está indicado recalentar activamente si el tiempo de llegada al hospital es superior a 2 h y si se puede
29
garantizar que no se recongelará, pues la recongelación puede producir una lesión mayor a los tejidos que
el hecho de prolongar un poco más la congelación
N No han de realizarse masajes con nieve, ni con las manos o los guantes del socorrista, para no producir
microlesiones; uno de los principales objetivos al prestar los primeros auxilios a un congelado es evitar
el trauma mecánico
N No hay que utilizar llamas o calor seco para calentar al enfermo, pues podrían provocarse lesiones cutáneas
N Rehidratación con bebidas calientes y azucaradas
N Evitar el alcohol y el tabaco
N Calentar rápidamente con agua a 37-42 °C durante 15-45 min o hasta que la piel recobre su tono rosado y su
textura elástica (clase indeterminada). Si se recupera la sensibilidad en 10 min, posiblemente se trate de una
congelación superficial. Dejar secar al aire, no efectuar masaje con toalla
N Elevar la extremidad congelada
N Está indicado administrar antiinflamatorios como el ibuprofeno a dosis de 400-600 mg cada 12 h. Es preferible
al ácido acetilsalicílico, pues éste también inhibe la síntesis de prostaglandinas necesarias para la integridad y
el normal funcionamiento celular (acción vasodilatadora y antiinflamatoria de la PGE1)
N En entornos alejados de los centros hospitalarios, hay que considerar el desbridamiento de las ampollas con
líquido claro, pues contienen el mediador inflamatorio tromboxano A2, que puede empeorar la lesión.
Asimismo, no hay que desbridar las ampollas hemorrágicas, ya que aumentaría el riesgo de infección
N Administración de toxoide antitetánico e inmunoglobulina antitetánica si hace más de 10 años que la víctima
no ha sido vacunada
N Hay que considerar la administración de tratamiento antibiótico de amplio espectro para evitar la infección
de la piel macerada por el edema
N Control del dolor con opiáceos si es necesario
N Aplicar baños diarios con agua a 40 °C con hexaclorofeno durante 30-45 min
N Si la circulación está comprometida hay que practicar escarotomías o fasciotomías
N La decisión de practicar amputaciones no se toma hasta los 22-45 días, cuando la demarcación entre tejido
viable y no viable ya es clara
N Dieta hiperproteica e hipercalórica
N Movilización precoz de la parte afectada
N Proteger con algodón los espacios interdigitales para prevenir la maceración tisular
de montaña. Las formas leves se presentan en alrededor del 25% de los montañeros que ascienden
en unas horas a más de 2.500 m y al 30% si superan
los 3.000 m.
Las manifestaciones clínicas de la enfermedad
de altura se deben a la extravasación de líquido
desde el espacio intravascular al intersticial, particularmente en el cerebro y en los pulmones. Las
formas leves del mal de altura cursan con cefalea,
fatigabilidad, vértigo, anorexia, náuseas, vómitos
e insomnio. La cefalea suele aparecer entre las 2 y
10 h de permanencia a gran altitud, es intensa,
pulsátil y de predominio nocturno. Estas formas
leves se resuelven a las 24-72 h de aclimatación.
Los analgésicos tipo aspirina, ibuprofeno o paracetamol pueden ser útiles contra la cefalea; tam-
bién pueden ser efectivos los antieméticos en caso
de náuseas y vómitos.
Las formas graves de mal de altura, que se presentan en el 1% de los montañeros que ascienden a
4.270 m de altitud, cursan con edema cerebral, que
ocasiona déficits neurológicos con aparición de
ataxia (síntoma más precoz), confusión, estupor y,
finalmente, coma. Asimismo, el enfermo puede
mostrar disnea progresiva, tos, cianosis y crepitantes a la auscultación, sugestivo de edema pulmonar no cardiogénico (en el contexto de hipertensión pulmonar). El mal de altura es la principal
causa de muerte de origen médico a grandes altitudes. Ante su aparición, hay que administrar oxígeno, y se procederá a descender al enfermo al
menos unos 1.000 m. El tratamiento se basa en la
Atención de las emergencias en situaciones especiales 273
administración de dexametasona (4 mg/6 h) y nifedipino (20 mg/8-12 h). El salmeterol inhalado
también puede ser útil, así como la utilización de
cámaras hiperbáricas (disponibles en formato portátil). La furosemida no parece estar indicada, ya
que muy pocos trabajos demuestran que ejerza un
efecto beneficioso.
La mejor medida para evitar el mal de altura es
su prevención. Se aconseja adecuar el ritmo de ascensión y evitar esfuerzos intensos a partir de los
3.500 m. Asimismo hay que asegurar una buena
hidratación y una dieta variada con un alto porcentaje de hidratos de carbono. Para la prevención
de la aparición del mal de montaña se han utilizado diversos fármacos, aunque su uso es motivo de
controversia:
N
N
N
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N
La acetazolamida en dosis de 125-250 mg cada
8-12 h durante el día previo a la llegada a la altitud y los 2-7 días siguientes mientras se asciende puede ser útil cuando hay historia previa de mal de montaña o cuando es inevitable
el ascenso rápido (grupo de rescate, vuelo a
una ciudad a gran altitud). No se recomienda
de forma rutinaria, debido a su efecto diurético
y porque ocasiona parestesias.
También se ha usado la dexametasona, 4 mg/6 h
los 2 días previos a alcanzar la altitud definitiva
y los 2 días siguientes. Su retirada puede tener
un efecto rebote en caso de no producirse la
aclimatación, por lo que su uso ha de restringirse al tratamiento del mal de altura grave durante el descenso.
El nifedipino (10 mg/6 h) puede ser útil en alpinistas con antecedentes previos de edema
pulmonar. Ha de administrarse bajo supervisión médica, ya que puede producir hipotensión y taquicardia.
El oxígeno a 4 l/min o para mantener una SpO2
>90% puede ser beneficioso.
Se ha sugerido que el tadalafilo (10 mg/12 h)
puede prevenir la forma grave de edema pulmonar.
ACTUACIÓN INICIAL EN LOS ACCIDENTES
DISBÁRICOS
La patología disbárica es un término genérico que
hace referencia a cualquier síndrome provocado
por la exposición a disminuciones o incrementos
de la presión barométrica. Las dos principales
emergencias en relación a la patología disbárica
son la enfermedad descompresiva y la embolia arterial gaseosa.
La enfermedad descompresiva se presenta
principalmente en buceadores, aunque también
puede afectar a pilotos y trabajadores que desempeñen su actividad en ambientes a presión mayor
que la atmosférica, como los constructores de pilares de puentes y de túneles submarinos. Su origen
es la formación de burbujas de gas inerte (habitualmente nitrógeno) en el torrente sanguíneo.
Mientras el buceador está en inmersión (fase de
compresión) se produce un incremento de las presiones parciales de los gases inertes en el alvéolo,
la sangre, los tejidos y las células que van a originar la absorción y disolución (fase de saturación)
de dichos gases en el organismo. El nitrógeno es
más liposoluble que hidrosoluble, por lo que su
difusión es mayor hacia los tejidos ricos en grasa.
La menor tasa de perfusión de éstos hace que tarden más tiempo en alcanzar el estado de saturación obedeciendo a mecanismos de difusión simple. En esta absorción también influyen el tiempo
de exposición, el coeficiente de solubilidad, la temperatura, el riego sanguíneo y la perfusión tisular.
Cuando el buceador asciende a la superficie (fase
de descompresión) se produce el fenómeno inverso: los gases se liberan desde los tejidos al invertirse el gradiente de presión y salen hacia el torrente
sanguíneo y los pulmones (fase de desaturación).
Por tanto, el buceador ha de liberar el gas inerte
sobrante durante las etapas finales de la emersión.
La cantidad de este gas está en función de la profundidad y duración de la inmersión. Si el proceso
de liberación del gas es muy rápido, bien porque
se omita la fase de descompresión o se realice de
forma inadecuada, se pasa de la fase de solución a
la de formación de burbujas (fase de sobresaturación). Cuando se alcanza un punto de «sobresaturación crítica» el gas forma burbujas y obstruye los
capilares. En la tabla 29-2 se detallan los principales síntomas de la enfermedad por descompresión.
Los síntomas aparecen en la mayoría de enfermos
en las primeras 12 h (entre 1 y 4 h después de volver a la superficie).
A diferencia del proceso anterior, el embolismo
arterial gaseoso es consecuencia de un barotrauma
con paso directo de aire (no nitrógeno) al torrente
sanguíneo, con lesiones isquémicas en función del
órgano afectado. El embolismo aéreo no está relacionado con la profundidad ni con el tiempo de buceo.
La actuación inicial de los servicios de emergencias en ambas situaciones se basa en el estándar ABCDE (v. cap. 17). Hay que administrar oxígeno con mascarilla de reservorio, colocar un
acceso venoso periférico y monitorizar al enfermo.
En caso de enfermedad por descompresión, el enfermo ha de ser remitido a una instalación dotada
de cámara hiperbárica. Si el enfermo se traslada en
helicóptero, éste no debe sobrepasar los 150 m
como cota máxima de vuelo, y si es por vía terres-
29
274 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 29-2
Principales manifestaciones clínicas de la enfermedad por descompresión
Síntomas
neurológicos
Síntomas otorrinolaringológicos
29
Síntomas
gastrointestinales
Síntomas
respiratorios
y cardíacos
N Afectación cerebral. Las manifestaciones clínicas dependen del lugar de la obstrucción
vascular, aunque lo habitual es la afectación de múltiples puntos localizados
principalmente en los lóbulos frontal y parietal. Pueden observarse déficits motores,
convulsiones focales o generales, afasia, estados confusionales, cefalea (por edema
cerebral), visión borrosa o «en túnel», disartria, etc. En caso de afectación cerebelosa
puede presentarse vértigo, lo que obliga a efectuar un diagnóstico diferencial con
la afectación vestibular
N Afectación medular. La localización más frecuente, y por este orden, corresponde a la
zona torácica media, lumbar superior y cervical baja. Los signos y síntomas típicos de la
afección medular pueden ser precedidos por un típico «dolor en cinturón», que puede ser
el aviso de una enfermedad medular grave. La sintomatología más habitual se presenta
en forma de paraplejia o paraparesia, con retención urinaria por parálisis vesical
N Afectación de los nervios periféricos. La formación de burbujas en los nervios periféricos
puede manifestarse por una desigual afectación motora o sensitiva que afecta
principalmente a los miembros inferiores; la sintomatología más común consiste en
parestesias, adormecimiento y debilidad motora
N Síntomas vestibulares. La enfermedad disbárica por localización de la burbuja en el oído
interno es más frecuente en el buceo con mezclas de helio. Es importante diferenciarlo
de un barotraumatismo de oído interno: en caso de enfermedad disbárica el tratamiento
recompresivo es fundamental, mientras que la recompresión está contraindicada en el
barotrauma. La enfermedad disbárica se manifiesta con síntomas cocleares, como
acufenos e hipoacusia neurosensorial, y/o síntomas vestibulares con vértigos, náuseas y
vómitos. Suelen ser transitorios (menos de 1 min) y aparecen con mayor frecuencia en
los ascensos. Los síntomas pueden persistir una vez llegado a la superficie
N Se pueden manifestar por náuseas, vómitos, diarreas o espasmos abdominales. En los
casos más graves pueden presentarse cuadros de isquemia y hemorragia intestinal
N Otro efecto del barotrauma es la ruptura alveolar, que causa neumotórax,
neumomediastino, enfisema intersticial e incluso embolismos arteriales. Cuando la
liberación de burbujas por parte de los tejidos sucede de forma masiva puede ocurrir
que el lecho vascular pulmonar no sea capaz de evacuar todo el volumen de burbujas
que le llega y se presenten manifestaciones pulmonares con signos y síntomas de
distrés respiratorio. El gas en el interior de los vasos pulmonares desplaza la sangre y
provoca la expansión de los pulmones intravascularmente. El enfermo presenta disnea,
taquipnea significativa, dolor subesternal que se agrava con la inspiración, tos irritativa
paroxística y cianosis
tre han de evitarse los accidentes orográficos de
más de 150 m de altura. En ambos casos lo que se
pretende evitar es la pérdida de altitud y la consiguiente disminución de la presión atmosférica,
pues ello se traduce en un aumento del diámetro
de la burbuja, lo que empeora el estado y la evolución del enfermo.
ACTUACIÓN INICIAL EN ACCIDENTES
CON IMPLICACIÓN DE MERCANCÍAS
PELIGROSAS
La atención a los enfermos que han estado en contacto con sustancias peligrosas tiene dos objetivos:
conseguir que el tóxico actúe el menor tiempo posible sobre el enfermo y proteger al equipo sanita-
rio y de rescate hasta el traslado del enfermo a un
centro hospitalario. Para ello, es primordial que
los profesionales sanitarios tengan un conocimiento avanzado de los riesgos y lesiones que puedan
ocasionar este tipo de sustancias. La actuación inicial ha de contemplar los siguientes pasos:
N
N
N
N
Uso de medidas de autoprotección.
Descontaminación del enfermo.
Asistencia al enfermo.
Proporcionar antídotos cuando estén indicados.
Antes de acceder a las zonas y a los enfermos
contaminados, los equipos de rescate y de emergencias han de garantizar su autoprotección. Para
ello, la primera acción es la identificación del tóxico o de la materia peligrosa implicados (ver más
Atención de las emergencias en situaciones especiales 275
adelante). Los equipos de protección personal incluyen indumentaria diseñada para soportar la
acción de la mayoría de tóxicos, así como equipos
para la protección respiratoria. La segunda acción
que ha de acometerse es la zonificación del accidente, para delimitar dónde han de colocarse los
distintos equipos de emergencia:
N
N
N
Zona caliente. Es la zona más altamente contaminada, la de mayor riesgo y que ha de aislarse.
Requiere la actuación de personal y equipos especializados (bomberos), por lo que se trata de
una zona de acceso restringido. Su delimitación
puede ser difícil cuando el tóxico es un gas.
Zona intermedia. Reservada para el resto de
bomberos que actúan como equipo de soporte
a los primeros.
Zona fría. Los equipos de emergencia que no disponen de material de autoprotección, como pueden ser trajes de intervención o equipos de respiración, han de colocarse fuera de estas dos zonas,
en la zona fría. En esta zona se sitúan habitualmente los equipos sanitarios y se atiende a las
víctimas trasladadas por los bomberos (fig. 29-1).
Si los primeros profesionales en llegar al accidente son los equipos sanitarios, han de situarse
a unos 50 m de la zona de peligro y, si es posible,
Tabla 29-3
6
4
300 m
3
2
1
5
A
R=
50
m
L = 300 m
20°
B
Figura 29-1 A. Zonificación de una zona contaminada.
B. Zonificación de la zona en función de la dirección
del viento. 1: bomberos trabajando; 2: jefe de
intervención; 3: equipo de rescate; 4: jefe de
descontaminación; 5: equipo de descontaminación;
6: equipo de emergencias médicas.
Clasificación de las mercancías consideradas peligrosas
Clase 1. Sustancias y objetos
explosivos
Clase 2. Gases comprimidos,
licuados y criogénicos
Clase 3. Líquidos inflamables
Clase 4. Sólidos inflamables
Clase 5. Sustancias comburentes
y peróxidos orgánicos
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50 m 50 m
Clase 6. Sustancias tóxicas y
sustancias infecciosas
Clase 7. Materiales radiactivos
Clase 8. Sustancias corrosivas
Clase 9. Sustancias peligrosas
varias
Materias que presentan peligro de detonación o de explosión en masa,
además de pirotecnia, mechas y detonadores
Mercancía que se presenta en estado de gas: gases inflamables, inertes,
tóxicos, corrosivos, etc. Además, los gases se pueden presentar
comprimidos, licuados o criogénicos (licuados a muy baja temperatura)
Líquidos inflamables a temperatura normal que arden cuando son ligeramente
sobrecalentados (p. ej., combustibles de automoción)
Sólidos con riesgo de combustión espontánea o de desprender gases
inflamables en contacto con el agua
Las sustancias comburentes pueden causar o facilitar la combustión de otras.
El oxígeno es el comburente más importante. Los peróxidos orgánicos son
sustancias térmicamente inestables que pueden experimentar una
descomposición exotérmica peligrosa
Se consideran sustancias tóxicas las que pueden causar la muerte, lesiones
graves o que pueden ser nocivas para la salud si se ingieren, si se inhalan
o si entran en contacto con la piel. Sustancias infecciosas son las que
contienen microorganismos que pueden producir enfermedades en
los animales y en el hombre
Mercancías que presentan el riesgo de contaminación o de radiación
radiactiva
Son sustancias que causan lesiones graves a los tejidos vivos, si entran en
contacto con ellos, o daños de consideración a otros materiales
Son sustancias y objetos que durante el transporte presentan un riesgo
distinto de los correspondientes a las demás clases
29
276 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
con el viento a la espalda. En caso de viento, la
zonificación de seguridad cambia para adaptarse al mayor riesgo de materias volátiles.
Atención al enfermo expuesto a materias
tóxicas
Cuando la piel y las mucosas del enfermo han estado expuestas a un tóxico, hay que evitar su absorción continuada. El enfermo se ha de desvestir;
para la descontaminación cutánea puede utilizarse
agua y jabón, sustancias absorbentes como el talco
en tóxicos líquidos, o bien descontaminantes específicos. Si el enfermo ha padecido traumatismos, la
atención ha de seguir los protocolos de atención al
enfermo politraumatizado (v. cap. 25). En la atención inicial al enfermo contaminado se deben seguir los mismos pasos que ante cualquier situación
de urgencia y emergencia, es decir: valorar el estado de la vía aérea, la respiración y el estado hemodinámico y neurológico. Hay pocas sustancias que
tengan antídotos específicos y, a falta de datos de
laboratorio, la actuación inicial se ha de basar en el
cuadro clínico del enfermo (v. cap. 73).
29
Identificación de materias peligrosas
Los métodos de identificación de materias peligrosas más importantes son las etiquetas de peligro de
la normativa ADR (acuerdo europeo sobre transporte internacional de mercancías peligrosas por
carretera); los pictogramas de seguridad de la normativa de manipulación y comercialización de
materias peligrosas; las fichas de seguridad en los
documentos de la mercancía transportada (carta
de porte); y el tipo, forma y color de los recipientes, que identifica su naturaleza.
Las etiquetas de peligro utilizan colores y símbolos indicativos de la naturaleza de su alcance. Se
colocan en la propia mercancía (bidones, cajas, contenedores) y en la parte trasera y a ambos lados de
los vehículos que las transportan. Las mercancías
peligrosas se clasifican en nueve clases principales
(tabla 29-3, fig. 29-2). El pictograma de seguridad
consiste en un panel naranja rectangular (40 × 30 cm)
dividido horizontalmente por una raya negra y
con un borde negro, y se utiliza para identificar vehículos que transportan mercancías peligrosas. En
la parte superior del panel naranja figura el código
de peligro, un código numérico que indica el riesgo
1
2
2
2
N.° 1 explosivo
N.° 2.1 Gas
inflamable
N.° 2.2 Gas no inflamable y no tóxico
N.° 2.3 Gas tóxico
3
43
4
5.1
N.° 3 Líquido
inflamable
N.° 4.1 Sólido
inflamable
N.° 4.3 Desprende gases inflamables al contacto con agua
N.° 5.1 Materia
comburente
RADIOACTIVE I
CONTENTS.................
ACTIVITY...........
6
7
8
N.° 6.2 Materia
N.° 7.A Materia
Materia transportada
N.° 8 Materia
infecciosa
radiactiva
en caliente
corrosiva
Figura 29-2 Principales etiquetas de peligro ADR. (Las etiquetas reales tienen distintos colores a los que aparecen
en esta figura).
Atención de las emergencias en situaciones especiales 277
(fig. 29-3). Pueden encontrarse también paneles naranja sin numeración, conocidos como neutros,
que indican que el vehículo transporta mercancías
peligrosas diversas.
Por otro lado, el transporte de cualquier mercancía se acredita mediante la «carta de porte»,
que ha de estar situada en la cabina del conductor.
de las mercancías transportadas. Se compone de
dos o tres cifras (la primera identifica la clase de
mercancía peligrosa, y la segunda y la tercera identifican los peligros secundarios) y a veces la letra X,
que indica reacción con el agua. En la parte inferior
del panel aparece un número de cuatro cifras que
indica el producto que transporta (número ONU)
33
1088
Código de peligro
Número ONU
E
F
T
C
Xi
Explosivo
Fácilmente
inflamable
Tóxico
Corrosivo
Irritante
O
F+
T+
Xn
N
29
Comburente
Extremadamente
inflamable
Muy tóxico
Nocivo
Peligroso para el
medio ambiente
Figura 29-3 Pictogramas de seguridad de una mercancía peligrosa. (Los pictogramas reales tienen distintos
colores a los que aparecen en esta figura).
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
N,N-Dimetilanilina
Nombre, dirección y teléfono del responsable
de la comercialización
T
Tóxico
N
Peligroso para el medio ambiente
Tóxico por inhalación, por ingestión y en contacto con la piel
Posibles efectos cancerígenos
Tóxico para los organismos acuáticos; puede provocar a largo plazo efectos negativos en el medio ambiente acuático
En caso de contacto con la piel, lávese inmediata y abundantemente con agua
Úsense indumentaria y guantes de protección adecuados
En caso de accidente o malestar, acúdase inmediatamente al médico (si es posible muéstrese la etiqueta)
Evítese su liberación al medio ambiente. Recábense instrucciones específicas de la ficha de datos de seguridad
N.° CE: 204-493-5
Figura 29-4
esta figura).
Etiqueta CE
Ejemplo de etiqueta de seguridad. (Las etiquetas reales tienen distintos colores a los que aparecen en
278 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
INFLAMABILIDAD
Y COMBUSTIBLES
Acetileno
Etano
Etileno
Hidrógeno
Metano
Propeno
(propileno)
Anhidrido
carbónico
Argón
Helio
Nitrógeno
Oxígeno
Protóxido de
nitrógeno
Amoníaco
Anhidrido
sulfuroso
Cianógeno
Óxido de
carbono
Óxido de
etileno
Sulfuro de
hidrógeno
Cloro
Cloruro de
hidrógeno
Flúor
OXIDANTES
E INERTES
TÓXICOS O
VENENOSOS
CORROSIVOS
Figura 29-5
esta figura).
29
Hexafluoruro Oxicloruro de car- Tetrafluoruro
de tungsteno bono (fosgeno)
de silicio
Grupos de recipientes (botellas). (Las botellas reales tienen distintos colores a los que aparecen en
Los datos consignados en la carta de porte incluyen el número ONU (precedido por las letras UN),
la sustancia transportada con su clase de peligro y
riesgos subsidiarios, la cantidad transportada y el
origen y el destinatario de la carga. Junto con la
«carta de porte» hay fichas de seguridad para cada
materia transportada, con indicaciones básicas de
actuación en caso de emergencia. Fichas de seguridad más extensas están disponibles en las propias
empresas que fabrican los productos (fig. 29-4). Finalmente, el tipo, la forma y el color de los recipientes pueden dar información de las sustancias
que contienen. Las botellas de gases se identifican,
mediante el color de la botella y de la ojiva (parte
superior), en cuatro grandes grupos. Es una información sencilla y rápidamente interpretable por
los equipos de emergencia (fig. 29-5).
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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acsm.org
Antonelli C, Franchi F, Della Marta ME, Carinci A,
Sbrana G, Tanasi P, et al. Guiding principles in
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ascent to high altitudes. Lancet Neurol. 2009;8:175-91.
279
Capítulo 30
Atención inicial en las urgencias
hospitalarias
Miquel Sánchez
PUNTOS CLAVE
N
N
Una urgencia es toda aquella situación clínica
con capacidad de generar un deterioro o
peligro en la salud o vida del enfermo, en
función del tiempo transcurrido entre su
aparición y la instauración de un tratamiento
efectivo. El triaje hospitalario es el proceso
de valoración clínica preliminar que ordena
y prioriza los enfermos para la valoración
diagnóstica y terapéutica completa.
En la valoración inicial y siempre durante
el proceso diagnóstico y terapéutico de toda
urgencia prevalece asegurar el «ABC» de
la vida.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
CASO
CLÍNICO
En el servicio de urgencias de un hospital universitario situado en el centro de una gran ciudad
llegan de forma casi simultánea cinco enfermos:
dos por sus propios medios y tres trasladados
por el sistema de emergencias médicas. Los dos
primeros son un varón de 55 años, que refiere un
intenso dolor torácico de una 1 h de evolución, y
una mujer de 67 años con dolor abdominal que
predomina en el hipocondrio derecho y se acompaña de sensación nauseosa. Entre los trasladados en ambulancia hay un varón de 29 años, hallado en coma en su domicilio por su mujer, y un
varón de 73 años que presenta, desde hace 1 h,
N
Todo enfermo que acude a un servicio de
urgencias con dolor torácico debe ser atendido
en la mayor brevedad posible, obteniendo
e interpretando un electrocardiograma antes
de transcurridos 10 min desde su llegada.
N
Los enfermos que llegan a un servicio de
urgencias con depresión del nivel de conciencia
o un déficit neurológico agudo precisan, por
la gran cantidad de entidades nosológicas
que pueden justificarlo, una aproximación
sistemática, protocolizada y ordenada a la
mayor brevedad posible, a fin de reconocer
a los enfermos que se ajustan a los criterios
de «código ICTUS».
una hemiparesia derecha y dificultad al hablar.
El último enfermo se descarga de la ambulancia
mientras recibe oxigenoterapia por una dificultad respiratoria progresiva de 3 días de evolución. Ante esta circunstancia de llegada simultánea de cinco enfermos, cabe decidir y priorizar,
diferenciando los que requieren atención inmediata de los que pueden esperar de forma segura
a ser visitados.
TRIAJE HOSPITALARIO
El triaje hospitalario es el proceso de clasificación
y priorización de los enfermos en función del grado de urgencia, de forma que, con independencia
del orden de llegada, se atienden en primer lugar
280 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
a los más urgentes. El concepto de urgencia vinculado al proceso de triaje es algo complejo y, necesariamente, se relaciona con los conceptos de agudeza y gravedad. En general, los procesos clínicos
más agudos que se presentan con características
de mayor gravedad son los que generan el mayor
grado de urgencia. Esta clasificación y priorización de enfermos puede realizarse de una forma
estructurada o no estructurada. El triaje estructurado hace referencia a la disponibilidad de una
escala de triaje válida, útil, relevante y reproducible, y de una estructura física, profesional y tecnológica en los servicios que permitan su realización
según un modelo de calidad evaluable. Sus objetivos finales son:
N
N
N
N
30
Identificar rápidamente los enfermos en situación de peligro inminente vital, con objeto de
priorizar su asistencia y disminuir el riesgo.
Determinar el área de tratamiento más adecuada.
Permitir una evaluación continua gracias a reevaluaciones periódicas.
Proporcionar información que permita conocer
y comparar la casuística o case-mix de los servicios de urgencias, con la finalidad de optimizar
recursos y mejorar la gestión y la eficiencia.
En la actualidad se acepta que los sistemas de
triaje estén estructurados en una escala de 5 niveles de gravedad que haya demostrado un índice
de concordancia intra e interobservador suficientemente alto. En concreto, 5 sistemas de triaje cumplen estos requisitos:
N
N
Australasian Triage Scale (ATS).
Canadian Emergency Department Triage and
Acuity Scale (CTAS).
Tabla 30-1
N
N
N
Manchester Triage System (MTS).
Emergency Severity Index (ESI).
Model Andorrà de Triatge (MAT). Desarrollado
por el Dr. Josep Gómez en el Hospital Nostra
Senyora de Meritxell y aprobado por el Consejo
Directivo del Servei Andorrà d’Atenció Sanitària (SAAS) en 2000, utiliza el CTAS como referente. El MAT ha sido adoptado por la Sociedad
Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) como el estándar de triaje estructurado español, Sistema Español de Triaje (SET).
En la tabla 30-1 pueden verse sus principales características.
ENFERMO QUE CONSULTA
POR DIFICULTAD RESPIRATORIA
Quizá ninguna otra sensación puede evocar tanto
miedo como la imposibilidad de respirar. Aproximadamente el 2-3% de todos los enfermos que
consultan en los servicios de urgencias hospitalarios (SUH) para adultos lo hacen por dificultad
respiratoria. La disnea, o percepción subjetiva de
no respirar confortablemente, por sí misma, no
connota un diagnóstico específico. Por lo tanto, el
médico de urgencias debe considerar este síntoma
en términos anatómicos. Ello comprende la vía
aérea, los pulmones, el corazón, la sangre (incluyendo las causas metabólicas) y las causas neuromusculares (tabla 30-2). Así, muchos enfermos
tienen disnea en conjunción con otros síntomas y
signos asociados, que suelen facilitar el diagnóstico etiológico.
Evaluación clínica del enfermo con disnea
La historia clínica, el examen físico y la radiografía de tórax son capaces de orientar de forma pre-
Características de los sistemas de triaje estructurado
Escala de 5 niveles
Uso universal en su país
Basado en categorías sintomáticas
Basado en discriminantes clave
Basado en algoritmos clínicos
Basado en escalas de gravedad predefinidas
Formato electrónico
ATS
CTAS
MTS
ESI
MAT
Sí
Sí
No
Sí
No
Sí
No
Sí
Sí
No
No
No
Sí
No
Sí
Sí
Sí
Sí
Sí
No
Sí
Sí
No
No
Sí
Sía
No
No
Sí
Sí
Sí
Sí
Sí
Sí
Sí
a
Un único algoritmo clínico.
ATS: Australasian Triage Scale; CTAS: Canadian Emergency Department Triage and Acuity Scale; MTS: Manchester Triage System; ESI:
Emergency Severity Index; MAT: Model Andorrà de Triatge.
Tomado de Gómez J. Emergencias. 2006;18:156-64.
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 281
cisa la causa de la disnea en unos dos tercios de
enfermos; el otro tercio restante requiere estudios
complementarios. Es fundamental preguntar al
enfermo: ¿la disnea apareció de forma brusca o
gradual? ¿Es aguda, crónica o recurrente? ¿Existen circunstancias de gravedad asociadas? Los
eventos que rodean el inicio de la disnea pueden
ser reveladores. Si el enfermo estaba comiendo,
sugiere la presencia de un cuerpo extraño o de
una reacción alérgica. Si estaba realizando inmersión o submarinismo, sugiere una embolia aérea
o un neumotórax. Causas como la agudización
grave del asma, la agudización de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y la
insuficiencia cardíaca producen un grado notable de disnea. Por el contrario, las disneas asociadas a un embarazo, a causas neuromusculares
y a tromboembolismo pulmonar (TEP) se suelen
describir como moderadas por la mayoría de los
enfermos. La presencia de dolor torácico es de
importancia capital. Su localización y calidad
ayudan a realizar el diagnóstico diferencial. El
dolor de origen coronario suele ser más retroesternal y constante, mientras que en la neumonía
y el TEP suele tener características pleuríticas. La
presencia de tos es inespecífica y puede aparecer
en el asma, la neumonía, el TEP, la insuficiencia
cardíaca o la bronquitis. La presencia de fiebre es
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 30-2
también poco específica. La ortopnea, aunque
más propia de la disnea de origen cardíaco, puede también aparecer en las patologías de origen
pulmonar.
La valoración de los signos vitales es fundamental para la evaluación de la disnea. La frecuencia respiratoria debe medirse en reposo y al menos
durante 30 s. La combinación de hipotensión y
disnea es ominosa y puede deberse a diversas etiologías, todas ellas graves: enfermedad tromboembólica, causas cardíacas, neumotórax a tensión,
hemorragia oculta y alteraciones metabólicas. En
los enfermos con posible fallo cardíaco puede resultar de utilidad la medición de la presión proporcional del pulso, que se calcula con la siguiente
fórmula: (presión sistólica – presión diastólica) /
presión sistólica. Un cociente de menos de 0,25
predice una disfunción sistólica del ventrículo izquierdo.
En la exploración física del enfermo debe realizarse inspección de los signos clínicos que indiquen la presencia de insuficiencia respiratoria
(cianosis, espiración alargada, interrupción de las
frases para coger aire, tiraje intercostal, uso de la
musculatura accesoria y aleteo nasal), palpación y
percusión del tórax, así como la auscultación de
los campos pulmonares y del precordio. La presencia de crepitantes y sibilantes puede traducir
30
Causas comunes de disnea
Vía aérea superior
Cuerpo extraño
Reacción alérgica
Estenosis de la vía aérea
Traqueomalacia
Pulmón/vía aérea baja
Neumonía
Neumotórax
Derrame pleural
Tromboembolismo pulmonar
Hipertensión pulmonar
Enfermedad intersticial pulmonar
SDRA
Asma
Masa/neoplasia
Cardíaca
Isquemia miocárdica
Insuficiencia cardíaca congestiva
Derrame pericárdico
Valvulopatía
Trastornos del ritmo
SDRA: síndrome de distrés respiratorio agudo.
Metabólica/hematológica
Tirotoxicosis
Hemoglobinopatías
Anemia
Alteraciones del potasio, calcio y fosfato
Sepsis/fiebre
Acidosis
Neuromuscular
Síndrome de Guillain-Barré
Miastenia grave
Miopatía
Neuropatía
Psicógeno
Ataque de pánico
Hiperventilación
Otras
Ascitis a tensión
Abstinencia de drogas
282 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
tanto patología pulmonar como cardíaca. El estridor suele indicar obstrucción de la vía aérea alta, y
los sibilantes, de la vía aérea baja. Asimismo, todo
lo que sibila no es asma; pueden auscultarse también sibilancias por cuerpos extraños, neumonía,
fallo cardíaco o TEP. Los crepitantes pueden auscultarse en la insuficiencia cardíaca, en las enfermedades intersticiales pulmonares, en la neumonía, en la EPOC e, incluso, en el TEP. Los
edemas suelen estar presentes en la insuficiencia
cardíaca derecha o biventricular, pero no en la insuficiencia cardíaca izquierda aguda. La existencia
de edema unilateral en una extremidad inferior
doloroso a la palpación orienta a un TEP. La diaforesis es típica de la insuficiencia cardíaca y de la
cardiopatía isquémica; su presencia en un asmático es siempre un signo de preocupación. Los
Tabla 30-3
exámenes diagnósticos más útiles en la evaluación
de una disnea son simples, baratos y están ampliamente extendidos, como la pulsioximetría y la radiografía de tórax (tabla 30-3).
Medidas terapéuticas iniciales en el enfermo
con disnea
El tratamiento y el destino de cada una de las entidades pueden revisarse en los capítulos correspondientes. Durante su estancia en urgencias, a los
enfermos con insuficiencia respiratoria aguda
debe administrárseles oxígeno, y hay que realizar
una rápida evaluación de la vía aérea y de la función respiratoria, sobre todo en los que presentan
un estado mental alterado. La pulsioximetría es
útil para dirigir la necesidad de administrar oxíge-
Exploraciones complementarias en el enfermo con disnea
Características e indicaciones
Pulsioximetría
30
Radiografía de
tórax
Su papel en las urgencias es de importancia creciente, y algunos autores la consideran
el «quinto signo vital». Tiene una mayor sensibilidad que el clínico en la detección de
hipoxemia y, además, es más rápida, fiable y precisa.
Los individuos sanos tienen una saturación basal de oxígeno de al menos del 95%. Muchos
fumadores, enfermos ancianos y enfermos obesos pueden tener saturaciones entre 92
y 95%. Cifras más bajas requieren una investigación exhaustiva sobre la causa de la
hipoxemia. En estos casos, la gasometría arterial puede aportar información adicional.
La pulsioximetría puede marcar el inicio de tratamientos, como la oxigenoterapia en
enfermos con porcentajes de saturación parcial de oxígeno bajos
Limitaciones: Es posible no obtener un valor de saturación de oxígeno en enfermos con
shock, hipotermia o vasoconstricción intensa. No detecta la carboxihemoglobina ni
la metahemoglobina, y devuelve valores falsamente normales. Evalúa la saturación
de oxígeno, no la ventilación; por tanto, no detecta hipercapnia ni una insuficiencia
respiratoria inminente, especialmente si el enfermo recibe oxígeno suplementario.
No permite excluir un TEP basándose en una saturación de oxígeno normal, ya que ello
sucede en el 25% de enfermos con TEP
La radiografía de tórax es una de las pruebas más rentables en el estudio de la disnea
sin causa aparente. Siempre es mejor su obtención posteroanterior y lateral frente a
las anteroposteriores y de las realizadas con aparato portátil, claramente inferiores
en calidad de imagen.
Es útil tanto para el diagnóstico como para valorar la gravedad del cuadro clínico. Por
ejemplo, en el caso de una neumonía es decisiva para detectar derrames pleurales,
afectación multilobar o cavitaciones. Su valor es elevado en el diagnóstico de la
insuficiencia cardíaca
Limitaciones: Los hallazgos de la radiografía pueden ser nuevos o antiguos y, sin una
imagen previa, a veces la distinción es imposible de hacer. Aunque puede indicar pistas
a favor de un TEP, también puede retrasar su diagnóstico. De hecho, en el único caso que
una radiografía de tórax puede excluir un TEP es cuando se demuestra un diagnóstico
alternativo incontrovertible (p. ej., un neumotórax; incluso así, es posible que un enfermo
realmente desafortunado tenga ambos diagnósticos)
(Cont.)
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 283
Tabla 30-3
Exploraciones complementarias en el enfermo con disnea (cont.)
Características e indicaciones
Electrocardiograma
Peak-flow
Ecocardiografía
Tomografía
computarizada
torácica con
contraste
Hemograma
completo y
bioquímica
Gasometría arterial
D-dímero
Particularmente útil en enfermos disneicos con riesgo de padecer una enfermedad
cardíaca. La isquemia miocárdica es una causa importante de disnea sin dolor, en
particular en enfermos ancianos y/o diabéticos. El ECG puede, además, ser patológico
en otras causas de disnea, como en la insuficiencia cardíaca, el taponamiento cardíaco,
el TEP o las alteraciones del ritmo. Por lo tanto, es recomendable efectuar un ECG en
todos los enfermos con riesgo de padecer una enfermedad cardíaca. Aunque esta
población no está estrictamente definida, incluye enfermos mayores de 55 años,
mujeres posmenopáusicas, enfermos con factores de riesgo cardiovascular y todos los
que refieren una patología cardíaca previa
El peak-flow o pico de flujo espiratorio puede ser de utilidad en la revaloración de los
enfermos asmáticos, disminuyendo la necesidad de la realización de exploraciones
complementarias como las gasometrías.
No obstante, en diversos estudios el peak-flow no se correlaciona con la necesidad de
ingreso hospitalario, con las recaídas ni tan sólo con la gravedad de la disnea
Es una técnica útil para valorar enfermos al pie de la cama y en los que se plantea un
diagnóstico diferencial de TEP, disección aórtica o síndrome coronario agudo
Dada su sensibilidad, especificidad, rapidez y disponibilidad, es la prueba de elección en
la sospecha de disección aórtica. Puesto que presenta las mismas ventajas para
diagnosticar un TEP, además de permitir detectar diagnósticos alternativos como
neumonía o cáncer de pulmón, también es la prueba de elección en estas
circunstancias
Aunque se solicitan de forma rutinaria, rara vez afectan a la decisión clínica sobre
el enfermo. Es importante, no obstante, conocer la función renal si se considera
administrar contraste al enfermo, y los electrólitos para interpretar algunas
alteraciones del ECG
El gradiente alveoloarterial de oxígeno puede estar o no alterado en el TEP; por lo tanto,
más allá de determinar una hipoxemia, no es de utilidad en su diagnóstico
Los enfermos con sospecha de TEP se clasifican en categorías de riesgo según una
puntuación (criterios de Wells, v. cap. 35). El D-dímero ha demostrado su utilidad
cuando se aplica a enfermos de bajo riesgo y su resultado es negativo. En estas
condiciones el valor predictivo negativo para TEP es del 99,5%
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
ECG: electrocardiograma; EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica; TEP: tromboembolismo pulmonar.
no suplementario. Se posicionará al enfermo en
45°, lo que optimiza el uso de la musculatura accesoria a la vez que disminuye la congestión pulmonar en los casos de insuficiencia cardíaca. Algunas
patologías pueden beneficiarse inicialmente de la
ventilación mecánica no invasiva y, en caso de fracaso, se procede a la intubación endotraqueal del
enfermo. No debe darse de alta de un SUH a ningún enfermo con disnea de causa inexplicada.
ENFERMO QUE CONSULTA POR DOLOR
ABDOMINAL
El abdomen doloroso como motivo de consulta representa entre el 4 y el 8% de todas las visitas a un
SUH de adultos. Tras la evaluación en urgencias,
la etiología específica del dolor abdominal permanece oscura en el 40% de enfermos (tabla 30-4). La
historia clínica es a menudo cambiante y la exploración física engañosa. Así, en enfermos con un
abdomen realmente doloroso puede determinarse, después de un exhaustivo y costoso estudio,
una gastroenteritis, mientras que enfermos con un
abdomen aparentemente benigno pueden ocultar
una patología grave. Debe tenerse en cuenta la
elevada prevalencia de presentación clínica atípica en los enfermos ancianos, los enfermos inmunodeficientes (especialmente los infectados por el
virus de la inmunodeficiencia humana [VIH]) y
las mujeres en edad fértil. A pesar de que el tracto
gastrointestinal y urinario son los más frecuentemente implicados, no deben ignorarse las posibles
30
284 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 30-4 Espectro de las causas de dolor
abdominal, distribuido por edades
Colecistitis
Dolor abdominal
inespecífico
Apendicitis
Obstrucción
intestinal
Pancreatitis
Enfermedad
diverticular
Cáncer
Hernia
Abdomen vascular
<50 años
(n = 6.317)
(%)
≥50 años
(n = 2.406)
(%)
6
40
21
16
32
2
15
12
2
<0,1
7
6
<0,1
<0,1
<0,1
4
3
2
Adaptado de Dombal FT. J Clin Gastroenterol. 1994;19:331-5.
causas extraabdominales (tabla 30-5). En cualquier caso, no es tan importante localizar la causa
del dolor abdominal como reconocer los enfermos
que pueden ser dados de alta del SUH de forma
segura frente los que presentan un abdomen quirúrgico.
30 Anamnesis del enfermo con dolor abdominal
y exploración física
Una historia clínica sistematizada incrementa la
precisión diagnóstica (tabla 30-6). Sin embargo, no
existe ninguna pregunta que pueda confirmar o
refutar una emergencia quirúrgica. El examen físico general y exhaustivo del enfermo permite
orientar el origen del dolor abdominal. Debe tenerse en cuenta que el significado de la fiebre en
un enfermo con dolor abdominal no siempre es
claro. Asimismo, la presencia de taquipnea puede
ser consecuencia del dolor o de una irritación subdiafragmática.
La presencia de signos de irritación abdominal
durante la palpación se considera muchas veces
distintivo de patología quirúrgica. Incluyen el signo del rebote, la presencia de dolor con la tos, con
el movimiento de la camilla o con los saltos del
enfermo sobre la punta de los pies. El signo de Murphy es la interrupción de una inspiración profunda
del enfermo durante la palpación del hipocondrio
derecho por la aparición de dolor; su sensibilidad
y valor predictivo negativo es del 97 y del 93%,
respectivamente, para la colecistitis aguda, aunque su especificidad no va más allá del 50%. Con
Tabla 30-5
abdominal
Causas extraabdominales de dolor
Sistémicas
Cetoacidosis diabética
Cetoacidosis alcohólica
Uremia
Enfermedad de células falciformes
Porfiria
Lupus eritematoso sistémico
Vasculitis
Glaucoma
Hipertiroidismo
Tóxicas
Intoxicación por metanol
Toxicidad por metales pesados
Picadura de escorpión
Picadura de araña viuda negra
Torácicas
Infarto de miocardio/angina inestable
Neumonía
Tromboembolismo pulmonar
Hernia discal dorsal
Genitourinarias
Torsión testicular
Cólico renal
Infecciosas
Faringitis estreptocócica en niños
Fiebre de las Montañas Rocosas
Mononucleosis
Pared abdominal
Espasmo muscular
Hematoma muscular
Herpes zoster
Adaptado de Purcell TB. Emerg Med Clin North Am.
1989;7:721-40.
respecto al signo del psoas, considerado aparición
de dolor en la fosa ilíaca derecha con el estiramiento del psoas derecho, muestra una especificidad
del 95% pero una escasa sensibilidad (16%) para el
diagnóstico de apendicitis. El clásico signo de McBurney en la apendicitis aguda puede estar ausente en el 20% de los casos. Ni el signo del obturador ni
el signo de Rovsing se han estudiado con rigurosidad. La defensa involuntaria también es muy sugestiva de la presencia de patología quirúrgica.
Por otro lado, es difícil distinguir entre el dolor
producido por la palpación de los órganos abdominales del producido por la palpación de la pared abdominal. El signo de Carnett es el incremento
del dolor abdominal cuando los músculos del abdomen se contraen, por ejemplo al elevar la cabeza
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 285
Tabla 30-6
Preguntas con alta rentabilidad en el dolor abdominal
N ¿Qué edad tiene?
N ¿Qué fue primero, el dolor o los vómitos?
N ¿Desde cuándo tiene dolor?
N ¿Alguna vez le han intervenido en el abdomen?
N El dolor, ¿es constante o intermitente?
N ¿Alguna vez ha tenido lo mismo antes?
N ¿Tiene antecedentes de cáncer, diverticulosis,
pancreatitis, insuficiencia renal, colelitiasis o
enfermedad inflamatoria intestinal?
N ¿Está infectado por el virus de la inmunodeficiencia
humana?
N ¿Cuánto alcohol toma cada día?
N ¿Está embarazada?
N ¿Está tomando antibióticos o corticosteroides?
N ¿Empezó el dolor en el centro y migró a la fosa
ilíaca derecha?
N ¿Tiene antecedentes de enfermedad vascular
o cardíaca, hipertensión o fibrilación auricular?
El riesgo se incrementa con la edad
El dolor inicial conlleva peor pronóstico
El dolor de menos de 48 h conlleva peor pronóstico
Considerar obstrucción intestinal
El dolor constante conlleva peor pronóstico
La ausencia de episodios previos conlleva peor
pronóstico
Todas ellas sugieren una enfermedad grave
Considerar infección oculta o pancreatitis
relacionada con antirretrovirales
Considerar pancreatitis, hepatitis o cirrosis
Test del embarazo, descartar embarazo ectópico
Pueden enmascarar una infección
Alta especificidad para una apendicitis
Considerar isquemia mesentérica y aneurisma
abdominal
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tomado de Colucciello SA. Emerg Med Pract. 1999;1:1.
o ambas piernas del plano de la cama. Su positividad va a favor de un dolor de pared abdominal.
La auscultación del abdomen puede ser útil en
el diagnóstico de obstrucción intestinal o de perforación. Los ruidos agudos, metálicos y aumentados son sugestivos de obstrucción mecánica, y su
ausencia total lo es de perforación o de íleo paralítico, sobre todo si se acompaña de distensión abdominal. La extendida creencia de que todo enfermo con dolor abdominal precisa de un tacto rectal
no está respaldada por la literatura. No obstante,
el diagnóstico de prostatitis, enfermedad perirrectal, fecalomas, cuerpos extraños rectales y hemorragias digestivas depende del examen digital rectal. La exploración de la pelvis es obligatoria en las
mujeres jóvenes con dolor abdominal bajo, e incluso en las que presentan dolor alto. En efecto, una
mujer con una enfermedad inflamatoria pélvica
puede tener una inflamación perihepática (síndrome de Fitz-Hugh-Curtis) con predominio de dolor
en el hipocondrio derecho sobre el área pélvica. El
examen puede, además, ayudar a diferenciar una
apendicitis de una enfermedad inflamatoria pélvica, ya que, aunque ambas pueden ocasionar dolor
a la movilización del cuello uterino y palpación de
anexos, el 95% de las mujeres con enfermedad inflamatoria pélvica tienen pus en el orificio cervical. Su ausencia, pues, apoya firmemente el diagnóstico de apendicitis.
Los exámenes complementarios son de mayor
utilidad cuando se realizan en el contexto de una
determinada historia clínica y exploración física.
Mientras determinados tests, como las pruebas de
imagen abdominales, el hemograma completo o la
bioquímica hepática, son probablemente sobreutilizados, otros, como el test del embarazo, el sedimento urinario o el electrocardiograma (ECG), se
infrautilizan (tabla 30-7).
Medidas terapéuticas generales
en el enfermo con dolor abdominal
El tratamiento de las causas específicas de dolor
abdominal se detalla en los capítulos correspondientes. Sin embargo, el tratamiento del dolor es
un tópico discutido. Mientras persiste la controversia, el péndulo parece inclinarse hacia una
aproximación más activa al mismo. La sabiduría
tradicional argumenta que los opiáceos enmascaran la etiología del dolor abdominal y la necesidad
de una laparotomía. No obstante, existe una creciente evidencia de que la administración de estos
analgésicos no sólo es segura, sino que, de hecho,
ayuda al diagnóstico. La analgesia puede facilitar
la obtención de la historia clínica y la realización
de la exploración física al reducir la ansiedad y relajar la musculatura abdominal. Dosis reducidas
de analgesia justo para controlar el dolor es improbable que enmascaren una emergencia quirúrgica.
Sin embargo, estos enfermos no deberían ser dados de alta posteriormente sólo porque su dolor
haya desaparecido.
30
286 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 30-7
Exploraciones complementarias en los enfermos con dolor abdominal
Hemograma
completo
Lipasas y amilasas
Sedimento de orina
Radiología
30
Ecografía
Tomografía
computarizada
abdominal
Electrocardiograma
Es la exploración complementaria más solicitada en la evaluación del dolor abdominal y,
curiosamente, es también una de las que más error induce. Así, entre el 10 y el 60% de
enfermos con apendicitis tienen una cifra de leucocitos normales en su valoración
inicial. De igual forma, una cifra elevada de leucocitos detecta sólo un 53% de la
patología abdominal grave. Mientras una ausencia de leucocitosis da una infundada
tranquilidad, una leucocitosis no implica una enfermedad grave. Por lo tanto, no
consultar con el cirujano cuando la cifra de leucocitos es normal, así como no intervenir
a estos enfermos, conduce a menudo a errores diagnósticos, sobre todo cuando se
infravaloran los hallazgos de la historia clínica y la exploración física
La lipasa sérica es el mejor test para confirmar o descartar una pancreatitis. La amilasa no
es ni sensible ni específica para la pancreatitis
Su interpretación debe ser cautelosa. Resultados anormales pueden asociarse a
diagnósticos no urinarios. Es tentador realizar el diagnóstico de cistitis en un enfermo
con un sedimento con piuria pero, en realidad, del 20 al 30% de enfermos con
apendicitis presentan hematuria, leucocituria o incluso bacteriuria en su orina. De forma
similar, mientras que la presencia de dolor en el flanco y en la fosa lumbar más
hematuria suele ser sinónimo de cólico nefrítico, al menos un estudio demostró una
incidencia del 87% de hematuria en enfermos con un aneurisma de aorta abdominal
roto, si bien estudios posteriores sugieren que la presencia de hematuria no va más allá
de un (todavía no despreciable) 30%
El porcentaje de hallazgos positivos en la radiología simple de abdomen es bajo en
enfermos no seleccionados y, como norma, no suelen detectar patología no sospechada
con la exploración física. Por lo tanto, no se debe confiar excesivamente en la radiología
para excluir patología quirúrgica, ya que sólo unas pocas patologías se presentan con
hallazgos específicos. Entre ellas se incluye la obstrucción intestinal, la perforación de
víscera hueca, la existencia de cuerpos extraños y, ocasionalmente, la isquemia
intestinal
Esta tecnología depende del médico, y los resultados obtenidos en una institución pueden
no ser superponibles a los obtenidos en otra. Sin embargo, su rápida disponibilidad en
muchos servicios de urgencias hospitalarios, su relativo bajo coste y la creciente
formación de los propios médicos de urgencias en su realización la hacen especialmente
atractiva para determinados procesos
Con el tiempo se está convirtiendo en la técnica de imagen de elección para aclarar la
etiología de determinados dolores abdominales: cólico renal, apendicitis, diverticulitis,
abscesos intraabdominales, aneurisma de aorta, etc. Los enfermos inestables no deben
permanecer en las salas de diagnóstico por la imagen, sino, en primer lugar, estabilizarse
de forma adecuada o, ante una hipotensión refractaria y sospecha de aneurisma,
valorarse rápidamente por un cirujano
El diagnóstico de indigestión es un mal amigo de los médicos de urgencias. Su alivio con
el denominado «cóctel gástrico» no excluye una isquemia miocárdica. Así, los enfermos
mayores de 40 años con dolor epigástrico no explicado y abdomen no doloroso se
pueden beneficiar de la realización de un electrocardiograma. Por supuesto que éste
puede ser normal en un enfermo con isquemia miocárdica, pero su asociación a una
presentación atípica (dolor epigástrico) es, al menos, tranquilizadora
ENFERMO QUE CONSULTA POR DOLOR
TORÁCICO
El dolor torácico representa hasta un 5% de las
consultas en el SUH. Aunque existen múltiples
causas, muchas de las cuales no precisan ingreso
hospitalario, el problema más importante estriba
en diferenciar la patología potencialmente mortal
–el síndrome coronario agudo (SCA), TEP, la disección aórtica y la rotura esofágica– de molestias
torácicas que no comprometen la vida del enfermo
(tabla 30-8).
La evaluación en urgencias del enfermo con
dolor torácico se inicia con el proceso de triaje y
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 287
Tabla 30-8
Causas comunes de dolor torácico
Potencialmente mortales
No potencialmente mortales
Síndrome coronario agudo
Infarto de miocardio con elevación del segmento ST
Infarto de miocardio sin elevación del segmento ST
Angina inestable
Tromboembolismo pulmonar
Disección aórtica
Miocarditis
Neumotórax a tensión
Pericarditis
Síndrome de Boerhaave
Síndrome torácico agudo
Gastrointestinales
Cólico biliar
Reflujo gastroesofágico
Úlcera péptica
Pulmonares
Neumonía
Pleuritis
Síndromes de la pared torácica
Dolor musculoesquelético
Costocondritis
Radiculopatía dorsal
Herpes zoster
Psiquiátricas
Ansiedad
debe realizarlo personal entrenado en identificar
rápidamente enfermos con clínica sugestiva de
SCA, para proceder a su rápido traslado al área de
atención médica inmediata. La existencia de un
triaje estructurado e informatizado, como el MAT,
es una ayuda importante en este proceso. En el
área de asistencia debe estar todo protocolizado
de forma que se proceda a la toma inmediata de
constantes; la administración de oxígeno si la saturación de oxígeno por pulsioximetría es baja; la
monitorización del ritmo cardíaco, y la realización
e interpretación de un ECG antes de que hayan
transcurrido 10 min desde la llegada del enfermo
a urgencias.
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Evaluación clínica inicial en urgencias
La valoración inicial de estos enfermos se fundamenta única y exclusivamente en la historia clínica, la exploración física y el ECG. Aunque esta
tríada diagnóstica no es suficiente para excluir un
SCA, es la mejor información para, rápidamente,
estratificar el riesgo de los enfermos. La forma
más lógica y eficiente de obtener la historia clínica
es agrupar el interrogatorio por grupos de preguntas dirigidas a las tres causas más frecuentes
potencialmente mortales: el SCA, el TEP y la disección aórtica.
En el SCA, las dos averiguaciones más sencillas
y rápidas son la edad y el sexo. Con la edad, la
prevalencia de cardiopatía isquémica se incrementa, y además ésta es más frecuente en hombres.
Otro elemento significativo radica en la existencia
de antecedentes de infarto agudo de miocardio
(IAM) o de angina, ya que ello eleva la probabilidad hasta cinco veces. Los dolores idénticos a los
sufridos en la angina o en el IAM previos añaden
un riesgo relativo de 2,8. Respecto a las características del dolor, la presencia de un dolor típico o
atípico no parece tener valor predictivo para el
SCA. El 40% de enfermos con IAM se presenta con
clínica atípica, y hasta el 35% de enfermos sin
IAM, con clínica típica. En un estudio retrospectivo de 721 enfermos con un IAM, aproximadamente la mitad llegó al SUH sin dolor torácico. Síntomas como dificultad respiratoria, debilidad,
astenia, síncope, inestabilidad, dolor abdominal o
alteraciones en el nivel de conciencia no son infrecuentes en los enfermos con IAM, sobre todo en
enfermos de edad avanzada, en diabéticos y en
mujeres. Por último, hay que preguntar por los
factores de riesgo cardiovasculares tradicionales
(diabetes, hipertensión, tabaquismo, dislipemia y
antecedentes familiares), aunque su ausencia no
excluye que el origen del dolor torácico sea un
SCA (v. cap. 36 y 37).
Los enfermos con disección aórtica son con mayor frecuencia hombres (75%), en la séptima década de la vida y con historia de hipertensión (70%).
Otros factores de riesgo incluyen el síndrome de
Marfan, la aterosclerosis, una disección previa y
un aneurisma de aorta conocido. Es importante
aclarar tres cuestiones respecto al dolor: su calidad
(brusco e intenso, «el peor de la vida»), la irradiación (especialmente a la espalda) y la intensidad
en el inicio (máxima). La disección aórtica y el
IAM pueden coexistir en un mismo enfermo. En
casi el 50% de enfermos con disección se aprecian
30
288 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
cambios agudos en el segmento ST y las ondas T
que suelen confundir el diagnóstico (v. cap. 41).
El diagnóstico de TEP puede resultar difícil, al
ser síntomas muy variables y no específicos. La
clásica tríada de dolor pleurítico, disnea y expectoración hemoptoica es infrecuente. La duración de
la disnea no ayuda a descartar o confirmar la sospecha, puesto que existen TEP recurrentes. El dolor, cuando se presenta, abarca un amplio espectro
de calidad y localización, aunque el típico dolor
pleurítico es el que más orienta hacia esta posibilidad. La hemoptisis, aunque infrecuente, es altamente predictiva de TEP (v. cap. 35).
El síndrome de Boerhaave se presenta clásicamente como una rotura del esófago después de
vómitos repetidos. Los enfermos presentan dolor
retroesternal o dolor al deglutir saliva. Un porcentaje no despreciable de ellos presenta o ha presentado recientemente enolismo agudo.
Aspectos fundamentales en la exploración
del enfermo con dolor torácico
30
Deben inicialmente registrarse los signos vitales.
Aunque la presencia de hipotensión no condiciona un diagnóstico determinado, sí representa un
hallazgo que ensombrece el pronóstico. La presencia de fiebre debe orientar a causas no cardíacas, como neumonía, TEP y mediastinitis, con o
sin rotura esofágica. Si bien la taquipnea es el signo más frecuentemente asociado al TEP, hasta el
15% de enfermos presenta una frecuencia respiratoria normal, inferior a 20/min. La taquicardia es
inespecífica, mientras que la bradicardia suele deberse a defectos de la conducción cardíaca. Respecto a la pulsioximetría, la caída de la saturación
puede estar presente en multitud de patologías.
La exploración clínica ha de evaluarse de la
misma manera que la descrita en el enfermo con
disnea (v. pp. 280-283). La palpación de la pared
torácica descarta una costocondritis, un síndrome
de Tietze y la presencia de herpes zoster. En la auscultación cardíaca debe considerarse que la presencia de un tercer ruido (R3) es significativa y
sugiere insuficiencia cardíaca izquierda. La presencia de soplos indica la posible existencia de
valvulopatía. La disfunción o la rotura de los
músculos papilares produce una regurgitación
mitral aguda, y se ausculta un soplo protomesosistólico o pansistólico, intenso, en el borde paraesteral izquierdo e irradiado a la región axilar
izquierda. La presencia de un soplo de insuficiencia aórtica es un hallazgo importante que se asocia a disección aórtica. El roce pericárdico obliga a
descartar una pericarditis. Finalmente, la tríada de
Beck (sonidos cardíacos distantes, ingurgitación
yugular y pulso paradójico) sugiere una disección
proximal de la aorta con taponamiento pericárdico. La alteración del estado mental es un hallazgo
inespecífico que puede asociarse a cualquier condición que produzca inestabilidad hemodinámica
e hipoperfusión cerebral. De forma más específica, el 17% de enfermos con disección aórtica puede presentar déficits neurológicos focales o, en las
disecciones distales, isquemia de médula espinal
o neuropatías periféricas isquémicas. Las exploraciones complementarias más habituales en los enfermos con dolor torácico que se realizan en los
SUH se resumen en la tabla 30-9.
ENFERMO CON ALTERACIÓN DEL ESTADO
MENTAL
La llegada de un enfermo comatoso siempre debe
alertar al médico del SUH. La aproximación al enfermo comatoso de forma lógica y reglada facilita
el establecimiento de un diagnóstico y de un plan
terapéutico. Un cambio en el estado mental es, a
menudo, el primer signo de un proceso patológico
grave. El coma, el más obvio cambio en el estado
mental, es sólo el punto final de un continuo que
empieza en alteraciones leves del estado mental. A
efectos prácticos, las causas de alteración del estado mental pueden dividirse en dos grupos: alteraciones causadas por daño estructural del sistema
nervioso central (SNC), y alteraciones tóxico-metabólicas; estas últimas son mucho más frecuentes
(tabla 30-10).
La terminología que envuelve las alteraciones
del estado mental es confusa y no se acepta de manera uniforme. Por ello, resulta más inteligente y
práctico describir los hallazgos físicos del enfermo, lo que proporciona una base excelente para
futuras revaloraciones. Debe diferenciarse al enfermo consciente, letárgico y estuporoso. Asimismo, habrá que descartar otras situaciones que puedan confundirse con el coma, como es el caso del
mutismo acinético, el síndrome de locked-in, estados
catatónicos y confusionales.
Evaluación clínica inicial del enfermo
con alteración del estado mental
Puesto que algunas de las etiologías constituyen
una amenaza seria para la vida del enfermo, la obtención de datos clínicos debe conjugarse con acciones terapéuticas (tabla 30-11). Al igual que el
resto de enfermos críticos, lo más importante en la
fase inicial es asegurar el ABC. Simultáneamente,
debería cateterizarse una vía periférica y determinar la glucemia capilar (descartar la hipoglucemia). Es importante administrar, antes de la gluco-
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 289
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 30-9
Exploraciones complementarias habituales en los enfermos con dolor torácico
Electrocardiograma
El ECG es el test diagnóstico más importante en la valoración del enfermo con dolor
torácico. Es fácil de realizar, barato y puede repetirse con rapidez todas las veces
necesarias. Muchas decisiones críticas en el manejo de estos enfermos se
fundamentan en la interpretación del ECG por parte del médico de urgencias.
Con todo, el primer ECG es relativamente insensible para identificar un SCA. Sólo del
20 al 50% de los enfermos que acuden con un IAM tienen cambios diagnósticos en
el ECG inicial. Por lo tanto, aunque una elevación aguda del segmento ST obliga a
una pronta actitud diagnóstica y terapéutica, su ausencia no debe tranquilizar. Sin
embargo, un ECG «completamente» normal es de utilidad, ya que su valor predictivo
negativo se acerca al 99% para excluir IAM, aunque ello no excluye la posibilidad
de una angina inestable.
Por último, un ECG refleja sólo 10 s del corazón; por lo tanto, debe repetirse siempre
que exista cualquier variación en el dolor, desaparezca o reaparezca. Incluso sin
modificaciones es bueno repetirlo en 15-20 min, ya que hasta el 20% de enfermos
desarrollan cambios en el segundo ECG cuando se compara con el primero.
Respecto al TEP, algunos estudios han mostrado que la inversión de la onda T en las
derivaciones precordiales derechas es el signo electrocardiográfico más precoz en
los enfermos que desarrollan hipertensión pulmonar como consecuencia de un TEP.
A pesar de ello, la taquicardia sinusal y el bloqueo incompleto de rama derecha son
los hallazgos más comunes en los enfermos con TEP. El clásico patrón de S1Q3T3
no es sensible ni específico para TEP
Radiografía de tórax
Se trata de otra prueba útil y accesible, aunque sólo del 14 al 23% de radiografías de
tórax de enfermos con dolor torácico influyen en el tratamiento.
Tanto el neumotórax como el neumomediastino se identifican rápidamente en la
radiografía. Sin embargo, el diagnóstico de neumotórax a tensión debe ser clínico,
basado en la hipotensión y la ausencia unilateral de murmullo vesicular. Esperar
la radiografía puede conducir el enfermo a la muerte.
La radiografía de tórax rara vez revela los hallazgos clásicos descritos en el TEP masivo,
además de que, si aparecen, carecen de sensibilidad y especificidad. Los hallazgos
más frecuentes, por el contrario, incluyen los pinzamientos costofrénicos y las
atelectasias.
Respecto a la disección aórtica, sólo el 11% de enfermos se presenta con una
radiografía de tórax normal. El signo de la cáscara de huevo, definido como una
distancia superior a 5 mm entre la calcificación del arco aórtico y el margen lateral
de la aorta, es bastante específico, pero aparece sólo en el 14% de enfermos
Ecocardiografía
Se trata de una técnica útil para valorar enfermos al pie de la cama y en los que se
plantea un diagnóstico diferencial de TEP, disección o IAM
Tomografía
computarizada
torácica con
contraste
Dada su sensibilidad, especificidad, rapidez y disponibilidad, es la prueba de elección
en la sospecha de disección aórtica. Puesto que presenta las mismas ventajas para
diagnosticar un TEP, además de permitir detectar diagnósticos alternativos como
neumonía o cáncer de pulmón, también es la prueba de elección en estas
circunstancias
Hemograma completo y
bioquímica
Aunque se solicitan de forma rutinaria, rara vez afectan a la decisión clínica sobre
el enfermo. Es importante, no obstante, conocer la función renal si se planea
administrar contraste al enfermo, y los electrólitos para interpretar algunas
alteraciones del ECG
Gasometría arterial
El gradiente alveoloarterial de oxígeno puede estar o no alterado en el TEP. Por lo
tanto, más allá de objetivar una hipoxemia, no es de utilidad en su diagnóstico
D-dímero
El D-dímero ha demostrado su utilidad cuando se aplica a enfermos de bajo riesgo y su
resultado es negativo. En estas condiciones el valor predictivo negativo para TEP es
del 99,5%
(Cont.)
30
290 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 30-9
Exploraciones complementarias habituales en los enfermos con dolor torácico (cont.)
Marcadores de
isquemia miocárdica
Desde el año 2000, el IAM se define como la elevación y descenso gradual de las
troponinas cardíacas (TnI o TnT) o como una elevación y descenso más rápido de las
CK-MB con al menos uno de los siguientes: síntomas de isquemia, desarrollo de Q
patológicas en el ECG, cambios en el ECG indicativos de isquemia, o intervención
coronaria (angioplastia). Puesto que una cantidad no despreciable de enfermos tiene
CK-MB normales y TnI o TnT elevadas, estas últimas son el marcador cardíaco de
elección en la actualidad para valorar los enfermos con dolor torácico en los SUH.
Tras un IAM se mantienen elevadas durante 8-12 días; sólo en este caso tiene
sentido apoyarse en la determinación de la CK-MB para el diagnóstico de un
reinfarto. La determinación de las CK totales, y más aún, de la LDH y la GOT, no está
indicada en la medicina actual para la valoración del dolor torácico.
La determinación de estos marcadores debe realizarse de forma seriada, como mínimo
en dos ocasiones separadas entre 6 y 9 h, y ajustada a un protocolo específico de
cada servicio de urgencias hospitalario
Pruebas de inducción
de isquemia
miocárdica
Una vez descartadas de forma razonable las entidades potencialmente letales y las de
diagnóstico obvio (no coronarias), persiste la duda de si el dolor torácico puede
obedecer a un SCA. Generalmente, según protocolos previamente establecidos, los
enfermos asintomáticos que no han presentado alteraciones en el ECG y con
marcadores de isquemia miocárdica negativos son sometidos, antes del alta, a una
prueba de provocación de isquemia. La descripción de los protocolos diagnósticos,
así como de los tests específicos de inducción de isquemia, se realiza en el capítulo
del síndrome coronario agudo
CK: creatincinasa; CK-MB: creatincinasa miocárdica; ECG: electrocardiograma; GOT: transaminasa glutámico-oxalacética;
IAM: infarto agudo de miocardio; LDH: lactatodeshidrogenasa; SCA: síndrome coronario agudo; TEP: tromboembolismo pulmonar.
sa, 100 mg de tiamina cuando el enfermo parezca
(enolismo, neoplasias avanzadas, en30 malnutrido
fermos ancianos), para evitar la aparición de una
encefalopatía de Wernicke. Además, es conveniente realizar una prueba terapéutica con 2 mg de naloxona y 0,25-1 mg de flumazenilo (excepto en el
caso de crisis comiciales previas) para revertir posibles intoxicaciones por opiáceos y benzodiazepinas, respectivamente.
Los signos vitales deben controlarse a intervalos regulares. Tanto la hipotensión como la hipertensión han de atribuirse a causas no neurológicas
centrales hasta que no se demuestre lo contrario.
La exploración del enfermo se inicia en la cabeza y
el cuello, dirigida a buscar signos de traumatismo,
como hematomas en la región de las mastoides
(signo de Battle), ojos de mapache, dolor local o crepitaciones. La presencia de sangre en el conducto
auditivo externo debe considerarse indicativa de
una fractura de la base de cráneo. Incluso sin signos específicos de traumatismo en la cabeza y el
cuello, si hay traumatismos en otras áreas del
cuerpo, la posibilidad de una causa traumática
debe mantenerse en primer lugar. Buscar la presencia de signos de venopunción, que orientan
hacia un enfermo adicto a drogas por vía parenteral. En el examen cardíaco, la observación de tras-
tornos del ritmo cardíaco puede disminuir el gasto
cardíaco y/o inducir la formación de trombos intracardíacos que pueden ser origen de un accidente cerebrovascular. La presencia de hepatomegalia
y ascitis puede traducir la posibilidad de una encefalopatía hepática. El estado de shock a consecuencia de cualquier patología puede condicionar una
inadecuada perfusión cerebral y un estado mental
alterado.
En el examen neurológico específico hay que
evaluar el estado mental de una forma concisa y
precisa. Debe valorarse si la orientación temporoespacial es correcta, así como la respuesta a determinadas preguntas o la evocación de determinados recuerdos que pueden servir de base para
futuras revaloraciones. La presencia de movimientos espontáneos en ausencia de estímulos externos
es, por lo general, un buen signo, ya que indica que
el enfermo envía algún grado de estímulo cortical
a las vías motoras. La respuesta a estímulos ayuda a determinar la zona de la lesión. Los movimientos de las extremidades hacia el lugar donde
se está aplicando un estímulo doloroso indican
una indemnidad del sistema motor al menos hasta
el diencéfalo. La postura de decorticación, hiperextensión de piernas y flexión de brazos y codos puede darse en lesiones de la cápsula interna hasta el
Atención inicial en las urgencias hospitalarias 291
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tabla 30-10
Causas de estado mental alterado
Traumatismo o enfermedad primaria del SNC
Afectación difusa cerebral
Traumatismo
Hematoma subdural
Hematoma epidural
Hemorragia intracerebral traumática
Hemorragia subaracnoidea traumática
Contusión cerebral
Conmoción cerebral
Enfermedad vascular
Hemorragia intracerebral
Hemorragia subaracnoidea
Infarto trombótico o embolígeno
Infecciones
Meningitis
Encefalitis
Abscesos
Neoplasias
Primarias
Metastásicas
Síndromes paraneoplásicos
Convulsiones
Estatus epiléptico
Estados postictales
Encefalopatías hipóxicas
Insuficiencia cardíaca grave
Enfermedad pulmonar obstructiva grave
Anemia grave
Encefalopatía hipertensiva
Encefalopatías metabólicas
Hipotensión mantenida
Cetoacidosis diabética
Situación hiperosmolar no cetósica
Encefalopatía hepática
Uremia
Hiponatremia
Mixedema
Hipercalcemia
Hipocalcemia
Síndrome de Reye
Intoxicaciones
Monóxido de carbono
Alcohol
Depresores del sistema nervioso central: opiáceos,
benzodiazepinas, tricíclicos,
fenotiazinas, etc.
Otros: metales pesados, aspirina, paracetamol,
alucinógenos, etc.
Síndrome neuroléptico maligno
Causas ambientales
Golpe de calor, hipertermia
Hipotermia
Estados carenciales
Encefalopatía de Wernicke
mesencéfalo, interfiriendo con las vías corticoespinales. La rigidez de descerebración, donde los
dientes están apretados y las extremidades extendidas, se ve en pocas lesiones. En concreto, en las
que afectan el mesencéfalo y dejan la parte baja del
tallo cerebral indemne y, en ocasiones, en lesiones
de la fosa posterior que presionan contra el tronco
encefálico y en desmielinizaciones cerebrales postanóxicas. La parálisis total sin respuesta motora
de ningún tipo ante estímulos dolorosos es de
suma gravedad, ya que indica la ausencia total
de reflejos de protección del tronco. Aunque puede
verse en comas profundos tóxicos y metabólicos,
es más probable que ocurra en lesiones estructurales del tronco cerebral. Para asegurar la ausencia
total de movimientos es preciso que los estímulos
dolorosos se produzcan tanto por encima como
por debajo del foramen magnum, ya que los enfermos con secciones de la médula cervical puede
que sólo sientan y muevan estructuras de la cara.
Hay que registrar el tamaño pupilar, su forma y
su reactividad a la luz directa y consensual. Los
hallazgos pupilares deben interpretarse en el contexto de la exploración neurológica entera, ya que
el tamaño pupilar se puede alterar por traumatismos o intervenciones quirúrgicas oculares previas
y, también, por colirios y por fármacos. Como norma general, las lesiones hemisféricas tienen poca
traducción en la función pupilar. Los enfermos comatosos por alteraciones metabólicas de los hemisferios cerebrales presentan pupilas escasamente pequeñas o medias que reaccionan a la luz. Las
lesiones que afectan al diencéfalo pueden producir
miosis, pero también reaccionan a la luz. Las lesiones de la región tectal producen pupilas de tamaño normal o midriasis que reaccionan pobremente
a la luz. Las lesiones pontinas causan pupilas puntiformes fijas que no responden a la naloxona. Asi-
30
292 PARTE 2. EMERGENCIAS EN EL ÁMBITO PREHOSPITALARIO
Tabla 30-11 Aproximación diagnóstica
y terapéutica al enfermo con estado mental alterado
N Asegurar la vía aérea
N Comprobar una correcta ventilación
mismo, en la evaluación del enfermo con alteración
del estado mental debe practicarse la exploración
motora, incluyendo la exploración de los reflejos y,
en caso de que sea posible, evaluación de la sensibilidad.
N Inmovilización de la columna cervical
N Controlar las hemorragias obvias
N Canalizar una vía periférica
N Valoración de la glucemia capilar
N Administrar glucosa (con tiamina)
N Ensayar naloxona, flumazenilo
N Enfermo estable: historia (forma de inicio, drogas
30
y fármacos, traumatismos, fiebre, episodios
previos)
N Examen físico, en especial de la cabeza
N Lesiones obvias en el abdomen, la pelvis y los
huesos
N Piel: punciones, color, deshidratación
N Foetor
N Examen cardíaco, en especial gasto cardíaco
N Exploración abdominal y tacto rectal
N Examen neurológico general
Inspección
Patrón respiratorio
Automatismos
N Examen neurológico específico
Estado mental y respuesta a estímulos verbales,
táctiles y dolorosos
Pares craneales
Reflejo de amenaza
Fondo de ojo
Resto de pares
Pupilas
Tamaño
Reacciones a la luz
Movimientos extraoculares
Reflejos oculocefálicos
Reflejos oculovestibulares
Reflejo corneal
Asimetrías faciales
Sistema motor
Postura
Posibilidad de movilizar extremidades
Descerebración, decorticación
Reflejos patológicos
N Pruebas de imagen y de laboratorio: su indicación
viene dada por el examen inicial
y la respuesta inicial a la terapia
Hemograma completo
Creatinina y electrólitos (Na, K, Ca)
Glucosa
Análisis toxicológico de drogas y fármacos
Gasometría arterial
Radiología cervical
Tomografía computarizada craneal
Tomografía computarizada
Punción lumbar
Electrocardiograma
Evolución y destino final del enfermo
La función más importante para el médico de urgencias en la evaluación de un enfermo en coma es
la detección de causas estructurales, potencialmente tratables neuroquirúrgicamente, y causas
tóxico-metabólicas, tributarias de medidas de soporte generales y de algunos tratamientos específicos. El estupor y el coma requieren rapidez y decisión en su manejo, con la correcta aplicación de
las técnicas diagnósticas y terapéuticas adecuadas.
La práctica rápida de una tomografía computarizada craneal (TC) o de una consulta al neurocirujano no admiten demora o justificación en la espera de los resultados del laboratorio o cualquier
otro innecesario retraso.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Bean DB, Roshon M, Garvey JL. Chest pain: diagnostic
strategies to save lives, time, and money in the ED.
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295
Capítulo 31
Sepsis grave, shock séptico
y disfunción orgánica
Pablo Torrabadella y María C. Martín
PUNTOS CLAVE
N
N
La categorización de la gravedad de los
enfermos sépticos, aunque difícil porque
representa un continuum, constituye la
base para la toma de decisiones tanto
diagnósticas como terapéuticas.
N
El lactato permite identificar los enfermos
críticos con sepsis grave y evaluar la
correcta resucitación.
N
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
La sepsis grave y el shock séptico constituyen
una patología frecuente, con una elevada
morbilidad y mortalidad. El diagnóstico precoz
es el paso previo para el tratamiento correcto
de ambas entidades, y es necesario un elevado
índice de sospecha.
La resucitación precoz guiada por objetivos
hemodinámicos en las primeras 6 h disminuye
la mortalidad de los enfermos con sepsis
grave y shock séptico y tiene como principales
parámetros la presión arterial media, la
CASO
CLÍNICO
Varón de 45 años de edad sin alergias conocidas ni antecedentes patológicos de interés, que
acude al servicio de urgencias del hospital por
cuadro clínico consistente en mal estado general, fiebre termometrada (38,5 °C), escalofríos,
presión venosa central, la diuresis horaria y la
saturación venosa central.
N
El tratamiento empírico antibiótico precoz
y adecuado es uno de los factores que más
influyen el pronóstico de estos enfermos, junto
con la resolución del foco de infección.
N
Hay que valorar la posibilidad de administrar
proteína C activada en el tratamiento precoz
(mejor en las primeras 24 h) de la sepsis grave
de alto riesgo (dos o más fallos orgánicos) en
enfermos adultos, siempre y cuando no exista
ninguna contraindicación para su uso.
N
El control de la glucemia debe mantenerse en
límites próximos a la normalidad (110-180 mg/dl).
N
La administración de dosis «fisiológicas» de
corticosteroides puede valorarse en enfermos con
shock séptico con hipotensión arterial (presión
arterial sistólica <90 mmHg) y sin respuesta al
tratamiento con fármacos vasoactivos.
tos productiva con esputo purulento y dolor
de características pleuríticas en el hemitórax
derecho. A la exploración física destaca la afectación del estado general, hipotensión arterial
(85/55 mmHg), taquicardia (110 latidos/min),
taquipnea (30 respiraciones/min) y estertores
crepitantes en los dos tercios inferiores del hemitórax derecho. La analítica muestra: hemo-
296 PARTE 3. ATENCIÓN A LAS DIVERSAS PATOLOGÍAS EN LA UCI
31
globina 124 g/l; leucocitos 12,3 × 109/l (20%
cayados); creatinina, 1,8 mg/dl; urea, 70 mg/dl;
Na, 134 mEq/l; K, 3,4 mEq/l; tasa de protrombina, 68%; plaquetas, 80 × 109/l; lactato, 4 mmol/l;
proteína C reactiva, 10 mg/dl. Los datos de la
gasometría arterial (FiO2 0,5) son: pH, 7,32;
PaCO2, 30 mmHg; PaO2, 55 mmHg; bicarbonato
actual, 17 mmol/l. En la radiografía de tórax se
observa una condensación alveolar del lóbulo
inferior derecho, y el electrocardiograma muestra taquicardia sinusal. Se toman muestras para
cultivos de esputo, orina y sangre, y se cursan
antigenurias de Legionella y de Neumococo en
orina. Se inicia antibioticoterapia precoz con ceftriaxona (2 g/24 h i.v.) y azitromicina (500 mg/
24 h i.v.). Se administran expansores plasmáticos
(hidroxietilalmidón, 1.000 ml) y, al no mejorar la
presión arterial, perfusión de noradrenalina
(0,5 μg/kg/min), con lo que el enfermo recupera
PA 126/70 mmHg aunque se mantiene oligúrico
(0,2 ml/kg/h). Se coloca un catéter para presión
venosa central (PVC, 15 mmHg; ScvO2, 73%). El
enfermo se traslada a la unidad de cuidados intensivos (UCI). El antígeno urinario para Neumococo es positivo. El enfermo presenta fracaso
respiratorio, procediéndose a su intubación endotraqueal y ventilación mecánica invasiva (modalidad de volumen controlado; requerimientos:
FiO2, 0,6; frecuencia respiratoria, 16 respiraciones/min; volumen corriente, 5 ml/kg; presión
positiva espiratoria final [PEEP], 12 cmH2O). En
una nueva radiografía de tórax se observa derrame pleural. Se practica una toracocentesis, que
muestra empiema pleural y condiciona la colocación de un drenaje pleural. Se procede a la determinación del gasto cardíaco mediante análisis
del contorno de la onda de pulso (Flotrac®), que
resulta ser de 8,6 l/min, con una variación del
volumen sistólico del 7%. Posteriormente se inicia tratamiento de soporte renal con hemodiafiltración, observándose un ritmo de reposición de
35 ml/kg/h. A las 24 h del ingreso en la UCI, y
dada la presencia de un síndrome de disfunción
multiorgánica, se valora la administración de
proteína C activada, que se descarta por presentar en ese momento el enfermo una puntuación
según la escala APACHE-II de 22. El enfermo
presenta mejoría gasométrica y hemodinámica
en las siguientes 24 h, recuperando la diuresis
espontánea. El enfermo se extuba a los 5 días de
su ingreso y trasladado con posterioridad a sala
de hospitalización convencional.
La sepsis grave es una patología con una elevada
incidencia, morbilidad, mortalidad y costes mo-
netarios asociados altos. La incidencia actual de la
sepsis grave en nuestro entorno se sitúa entre 50 y
100 casos por 100.000 habitantes/año y constituye
la quinta causa de muerte, después de las cardiopatías, las enfermedades cerebrovasculares, el cáncer y la enfermedad respiratoria crónica. Se estima
que en España se presentan 40.000 casos de sepsis
grave al año, con cerca de 12.000 muertes. La mortalidad de los enfermos sépticos ha disminuido
debido a las mejoras en el tratamiento antibiótico,
la modulación de la respuesta inflamatoria y el
soporte de la disfunción orgánica, aunque puede
alcanzar el 40% en las formas de sepsis grave y
shock séptico. El consumo de recursos sanitarios
asociado a la sepsis grave es elevado, especialmente en las UCI, y se estima que en España podría situarse en alrededor de 345 millones de
euros anuales.
DEFINICIONES
La sepsis grave constituye la respuesta inflamatoria sistémica desencadenada por una infección y
asociada con la disfunción de uno o más órganos o
sistemas. Es un síndrome complejo difícil de definir, de diagnosticar y de tratar. La presencia de
microorganismos o de sus toxinas en el torrente
circulatorio desencadena una respuesta inflamatoria por parte del huésped que altera el mecanismo
de autorregulación, lo que lleva a la producción de
mediadores inflamatorios y a la activación de la
coagulación y de la fibrinólisis; finalmente, puede
darse el control de la infección o bien su evolución
a sepsis grave, shock séptico y síndrome de disfunción multiorgánica (SDMO).
En 1991 se celebró una conferencia de consenso, patrocinada por la American College of Chest
Physicians y la Society of Critical Care Medicine,
en la que se propusieron las definiciones de los
síndromes sépticos utilizados en la actualidad (tabla 31-1). De esta conferencia surgen las bases para
la nueva terminología que permitirá hablar con
lenguaje propio en relación con esta patología, y
en ella se introdujo el término SRIS (síndrome de
respuesta inflamatoria sistémica), que se puede
definir como la respuesta del organismo a una variedad de estímulos, incluyendo el infeccioso. La
sepsis es la respuesta del organismo a la infección,
y esta última puede, o no, estar documentada microbiológicamente. El SRIS no es específico de la
sepsis y puede asociarse a muchas otras patologías, como la pancreatitis grave, los grandes quemados o el politraumatismo.
En el año 2001 se celebró otra conferencia de
consenso internacional para revisar las definiciones de la sepsis y para intentar superar las limita-
Sepsis grave, shock séptico y disfunción orgánica 297
Tabla 31-1
Conceptos relacionados con la sepsis. Conferencia de consenso (1991)
Síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SRIS), presencia de dos o más de los siguientes criterios:
N Fiebre >38 °C o hipotermia <36 °C (temperatura central)
N Taquicardia (frecuencia cardíaca >90 latidos/min)
N Taquipnea (>20 respiraciones/min, o PaCO2 <32 mmHg), o necesidad de ventilación mecánica
N Alteración del recuento de leucocitos (>12 ×109/l o <4 × 109/l, o más del 10% de cayados)
Estadios de la sepsis:
N Sepsis: SRIS debido a infección documentada, clínica y/o microbiológicamente
N Sepsis grave: sepsis con disfunción de al menos un órgano, hipotensión o hipoperfusión
N Shock séptico: hipotensión debida a la sepsis, que persiste a pesar de la administración de líquidos,
acompañada de alteraciones de la perfusión (acidosis metabólica o hiperlactacidemia), o disfunción de órganos,
o necesidad de fármacos vasoactivos para mantener la presión arterial
N Hipotensión debida a la sepsis: presión arterial sistólica <90 mmHg, o disminución de la presión arterial
sistólica en 40 mmHg o más con respecto a los valores basales, en ausencia de otras causas de hipotensión
N Sepsis grave de alto riesgo: sepsis con fallo de dos o más órganos, o con puntuación APACHE-II en las últimas
24 h de más de 24 puntos
APACHE-II: acute Physiology and Chronic HealtH Evaluation; PaCO2: presión parcial arterial de anhídrido carbónico.
Tabla 31-2
Criterios diagnósticos de sepsis. Conferencia de consenso (2001)
Infección, sospechada o documentada, y «algunos» de los siguientes:
N Parámetros generales: fiebre, hipotermia, taquicardia, taquipnea, alteración del estado mental, aparición de
edemas o balance hídrico positivo, hiperglucemia
N Parámetros inflamatorios: leucocitosis, leucopenia, desviación izquierda, elevación de proteína C activada,
elevación de procalcitonina
N Parámetros hemodinámicos: hipotensión arterial, desaturación venosa mixta de oxígeno, índice cardíaco
elevado
N Disfunción orgánica: hipoxemia arterial, oliguria aguda, aumento de creatinina sérica, prolongación de tiempos
de coagulación (INR, TTPA), trombopenia, íleo, hiperbilirrubinemia, confusión, coma
N Parámetros de perfusión tisular: hiperlactacidemia, relleno capilar lento, livideces
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
INR: cociente internacional normalizado; TTPA: tiempo parcial de tromboplastina activada.
ciones de las hasta entonces existentes. En dicha
conferencia participaron las siguientes sociedades
científicas: European Society of Intensive Care Medicine (ESICM), Society of Critical Care Medicine
(SCCM), American College of Chest Physicians
(ACCP), American Thoracic Society (ATS) y Surgical Infection Society (SIS). En esta segunda conferencia se concluyó que, aunque la clasificación de
sepsis, sepsis grave y shock séptico no permite
una estadificación precisa de la respuesta del huésped a la infección, se sigue considerando útil y válida; del mismo modo, se recomienda mantener el
concepto de SRIS, aun reconociendo su escasa especificidad (tabla 31-2).
Entre los diferentes sistemas utilizados para
valorar la disfunción de órganos, el SOFA (Sequential Organ Failure Assessment) es el más específico
para los enfermos sépticos. Incluye la valoración
de la función de 6 órganos, con puntuaciones para
cada uno de ellos de 0 a 4; se denomina «disfunción» cuando se asignan 1 o 2 puntos, y «fallo» del
órgano cuando alcanza la puntuación de 3 o 4 (tabla 31-3). Pueden encontrarse otras escalas de
puntuación del fallo orgánico en los anexos.
TRATAMIENTO DE LA SEPSIS GRAVE
Y SHOCK SÉPTICO
La elevada incidencia, morbilidad y mortalidad de
la sepsis grave la convierten en un importante problema sanitario que requiere la adopción de medidas específicas dirigidas a tomar conciencia del problema, desarrollar pautas de actuación de acuerdo
a los conocimientos más actuales y facilitar su
puesta en práctica en la rutina asistencial. En la actualidad hay suficiente evidencia científica para
asegurar que la aplicación precoz y dirigida de determinadas medidas de diagnóstico y terapéuticas
31
298 PARTE 3. ATENCIÓN A LAS DIVERSAS PATOLOGÍAS EN LA UCI
Tabla 31-3 Puntuación de disfunción o fallo orgánico en la sepsis (escala SOFA: Sequential Organ Failure
Assessment)
Puntuación
0
1
2
3
Respiratorio
PaO2 /FiO2
Coagulación
Plaquetas × 109/l
Hepático
Bilirrubina (mg/dl)
Hemodinámico
PAM (mmHg),
aminas (μg/kg/min)
>400
≤400
≤300
>150
≤150
≤100
≤200
≤100
–con soporte respiratorio–
≤50
≤20
<1,2
1,2-1,9
2-5,9
6-11,9
>12
No
hipotensión
PAM < 70
DA > 5 o
Adr ≤ 0,1 o
NA > 0,1a
DA > 15 o
Adr > 0,1 o
15
13-14
DA ≤ 5 o
DBT (cualquier
dosis)a
NA ≤ 0,1a
10-12
6-9
<6
<1,2
1,2-1,9
2,0-3,4
3,5-4,9
o <500
≥5
o <200
Neurológico
Escala de coma
de Glasgow
Renal
Creatinina (mg/dl)
o diuresis (ml/día)
4
a
fármacos adrenérgicos administrados durante al menos 1 h. Adr: adrenalina; DA: dopamina; DBT: dobutamina; NA: noradrenalina;
PAM: presión arterial media.
31
mejora de manera significativa la supervivencia
de los enfermos.
En abril de 2004 se publicaron por primera vez
las pautas de actuación clínica sobre sepsis grave y
shock séptico, con el respaldo de once sociedades
científicas. Estas guías se desarrollaron bajo el auspicio de la campaña Sobrevivir a la Sepsis, un esfuerzo
internacional para aumentar la conciencia sobre la
enfermedad e incrementar la supervivencia de la
sepsis grave. En el año 2008 se revisaron dichas
guías y se incorporó la evidencia científica acumulada en los diferentes estudios clínicos. Las bundles o
«paquetes de medidas» –conjunto de intervenciones
sobre una determinada enfermedad que, puestas en
práctica de modo sinérgico, consiguen mejores resultados que si se realizan por separado– pueden
facilitar la implantación de dichas recomendaciones.
El Institute for Healthcare Improvement ha desarrollado paquetes de medidas que se deben poner en
práctica en las primeras 6 y 24 h en los enfermos con
sepsis grave y shock séptico (tabla 31-4).
Resucitación inicial
La resucitación del enfermo con sepsis grave que
presenta shock séptico, hipotensión o hipoperfusión (reflejada en la acidosis láctica) debe iniciarse
de inmediato allí donde se encuentre el enfermo y
completarse en las 6 primeras horas del diagnóstico
de sospecha. Los objetivos a alcanzar son: presión
venosa central (PVC) entre 8 y 12 mmHg (entre 12 y
15 mmHg en enfermos en ventilación mecánica invasiva o con aumento de la presión intraabdominal); presión arterial media superior a 65 mmHg;
diuresis superior a 0,5 ml/kg/h, y saturación venosa central (ScvO2) o venosa mixta (SvO2) de oxígeno
superior al 70 o 65%, respectivamente (v. cap. 5). Si
no se consiguen dichos objetivos, a pesar de alcanzarse el rango de PVC mediante la sueroterapia,
hay que transfundir hemoderivados para mantener
un hematocrito superior al 30% (o hemoglobina superior a 100 g/l), si es inferior a esta cifra, y/o administrar dobutamina si, con el hematocrito en dicho
rango, la ScvO2 o SvO2 sigue siendo insuficiente.
Para mantener la presión arterial durante la fase inicial puede ser necesario asociar fármacos vasopresores (noradrenalina o dopamina) durante la administración de líquidos. Estas recomendaciones,
basadas en el estudio de Rivers (2001), se conocen
como resucitación precoz guiada por objetivos hemodinámicos. La determinación sistemática y precoz de lactato arterial en los enfermos sépticos es
fundamental, ya que permite identificar la hipoperfusión en ausencia de hipotensión o shock y
contribuye a clasificar la gravedad de los enfermos
y a evaluar si la reanimación es o no efectiva. No
hay evidencia de la superioridad de los cristaloides sobre los coloides, o viceversa siempre que se
consigan los mismos objetivos hemodinámicos
(fig. 31-1). El ritmo de perfusión intravenoso debe
ser rápido: 20-30 ml/kg de cristaloides en los primeros 30 min (1.500-2.000 ml para sujetos de 70 kg)
Sepsis grave, shock séptico y disfunción orgánica 299
Tabla 31-4
Paquetes de medidas en el manejo de la sepsis grave y shock séptico
A implantar durante las primeras 6 h
Q Medición del lactato sérico
Q Obtención de hemocultivos antes de iniciar el tratamiento antibiótico
Q Inicio precoz del tratamiento antibiótico:
– En las tres primeras horas si el enfermo es atendido en urgencias
– En la primera hora si es atendido en la UCI y no procede de urgencias
Q En presencia de hipotensión o lactato >4 mmol/l:
– Iniciar la resucitación con un mínimo de 20 ml/kg de cristaloides (o dosis equivalente de coloides)
– Emplear vasopresores para tratar la hipotensión durante y después de la resucitación con líquidos
Q En presencia de shock séptico o lactato >4 mmol/l:
– Medir la presión venosa central (PVC) y mantenerla ≥8 mmHg
– Medir la saturación venosa central (ScvO2) de oxígeno y mantenerla ≥70% mediante transfusión si el
hematocrito <30% y/o dobutamina si el hematocrito ≥30%. Alternativamente, se puede medir la saturación
venosa mixta de oxígeno (SvO2) y mantenerla por encima del 65%
A implantar en las primeras 24 h
Q Considerar la administración de corticosteroides a dosis bajas en el shock séptico
Q Considerar la administración de proteína C activada en la sepsis de alto riesgo, si no existen contraindicaciones
Q Mantener la glucemia entre 110 y 180 mg/dl
Q En los enfermos con ventilación mecánica invasiva, mantener la presión meseta por debajo de 30 cmH2O
si hay hipotensión, y luego 500 ml de cristaloides
cada 30 min.
© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.
Tratamiento vasopresor e inotropo
Cuando no se consiguen los objetivos hemodinámicos tras la adecuada repleción de líquidos, hay
que iniciar tratamiento vasopresor (fig. 31-1). Los
dos vasopresores de primera elección son la noradrenalina y la dopamina. La adrenalina, la fenilefrina y la vasopresina pueden ser útiles en determinadas circunstancias, o cuando han fallado los
fármacos anteriores (tabla 31-5). La dopamina a
dosis bajas no es efectiva para preservar la función
renal de los enfermos con sepsis grave. Todos los
enfermos que requieren fármacos vasopresores
deben tener monitorización invasiva de la presión
arterial, y los fármacos han de administrarse por
una vía venosa central tan pronto como sea posible. No está indicado el tratamiento inotrópico
(dobutamina) para aumentar el transporte de oxígeno a niveles supranormales, pero sí estaría indicado en enfermos ya replecionados con líquidos y
normotensos, si persisten los signos de hipoxia tisular (ScvO2 o SvO2 disminuida, hiperlactacidemia) y bajo gasto cardíaco.
simultánea a la resucitación inicial. Ello incluye de
forma obligada la toma de hemocultivos y la toma
de muestras del foco sospechoso de la sepsis para
una tinción de Gram urgente.
El tratamiento antibiótico empírico adecuado
por vía intravenosa ha de instaurarse en la primera
hora desde el diagnóstico de la sepsis grave, ya que
cada hora que transcurre aumenta la mortalidad de
forma considerable. La elección del antibiótico, generalmente de amplio espectro, debe tener en cuenta el contexto epidemiológico y el foco de la infección, así como los patrones de sensibilidad y
resistencia locales. La administración se realiza a las
dosis más altas posibles por vía intravenosa. A las
48-72 h del inicio, y teniendo en cuenta el resultado
de los cultivos microbiológicos, debe reevaluarse el
régimen antimicrobiano con el objetivo de ajustar
el espectro del tratamiento antibiótico.
Adicionalmente, el tratamiento de la infección
incluye el control del foco, adecuado a cada circunstancia:
Q
Q
Q
Q
Tratamiento de la infección
La identificación del microorganismo y la localización del foco de la sepsis ha de realizarse de forma
Q
Drenaje: en abscesos, empiemas, mediastinitis
y artritis séptica.
Descompresión: pielonefritis, colangitis.
Desbridamiento: celulitis, fascitis.
Retirada: catéteres y dispositivos intravasculares, dispositivos intrauterinos, catéteres urinarios.
Resección o amputación: colecistitis, resección
intestinal, mionecrosis.
31
300 PARTE 3. ATENCIÓN A LAS DIVERSAS PATOLOGÍAS EN LA UCI
Ubicación
del enfermo
Intermedios
/UCI
2 signos de SRIS
+
Temperatura <36 °C o >38 °C
FC >90 lpm
FR >20 rpm o PaCO <32 mmHg
2
o ventilación mecánica
9
Leucocitos >12 10 /l o <4 109/l
o >10% cayados
En ausencia de
signos clínicos
de fallo cardíaco
Diagnóstico
y tratamiento
foco séptico
Presión
arterial
no invasiva,
diuresis
Persisten signos de hipoperfusión
PVC, SpO2
PVC ≥14 mmHg +
PAM70 mmHg
Cardiopatía
previa
No historia de
cardiopatía
FC120 lpm: dopamina10 μg/kg/min
FC >120 lpm: noradrenalina0,5 μg/kg/min
Adecuar hematocrito
y considerar medidas
adicionales
31
Grado de
monitorización
Administración de cristaloides (1.000 ml)
o coloides (500 ml) en 30 mina
PVC <14 mmHg
Reanimación
/UCI
Signos de hipoperfusión
PAM70 mmHg
Lactato4 mmol/l
Diuresis <0,5 ml/kg/h
Confusión
PAM70 mmHg
IC <3 l/min/m2 (ScvO2 <70%)
Dobutamina 5-40 μg/kg/min ±
Noradrenalina 0,5-1,5 μg/kg/min
Colocación
catéter arterial,
monitorización
ECG,
hematocrito
IC, precarga,
ScvO2
IC3 l/min/m2 (ScvO2 70%)
Noradrenalina 0,5 – 2 μg/kg/min
± Dobutamina 5 μg/kg/min
Figura 31-1 Algoritmo del tratamiento hemodinámico en enfermos con sepsis grave y shock séptico.
a
En caso de PAS ≤ 70 mmHg iniciar tratamiento vasopresor a la espera de conseguir el efecto derivado de la
infusión de líquidos. Patologías específicas pueden requerir ajustes de los parámetros monitorizados y tratamiento.
FC: frecuencia cardíaca; FR: frecuencia respiratoria; IC: índice cardíaco; PaCO2: presión parcial de anhidrido
carbónico arterial; PAM: presión arterial media; PVC: presión venosa central; SpO2: saturación de oxígeno por
pulsioximetría; SRIS: síndrome de respuesta inflamatoria sistémica; ScvO2: saturación venosa mixta de oxígeno,
obtenido a nivel de la cava superior.
Otras medidas adicionales
Administración de corticosteroides
El empleo de dosis fisiológicas de hidrocortisona
(200-300 mg/día en dosis divididas) durante un
máximo de 7 días estaría indicado en los enfermos
con shock séptico después de una correcta resucitación o en los enfermos que necesitan dosis crecientes de fármacos vasoactivos. La presencia de
un aclaramiento de lactato insuficiente en las pri-
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