Resumen Pachón Soto, “El grupo Modernidad/Colonialidad”

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Resumen Pachón Soto, “El grupo Modernidad/Colonialidad”
El Proyecto M/C es uno de los más importantes colectivos de pensamiento crítico activos en América Latina
durante la primera década del siglo XXI. Se trata de una red heterogénea y transdisciplinar de intelectuales entre
los cuales se encontraba Aníbal Quijano, Enrique Dussel y Walter Mignolo. Sus integrantes comparten mismos
marcos conceptuales, realizan investigaciones, publicaciones conjuntas, eventos y se reúnen frecuentemente
para discutir sus aportes. El grupo también está conformado por intelectuales militantes o comprometidos con
movimientos políticos, sociales, ONGs, etc. En este grupo se lleva a la praxis lo que se ha llamado
transdisciplinariedad, es decir, la confluencia de diversas disciplinas para el estudio de un objeto particular. Se
intenta abordar el objeto desde distintos ángulos y miradas, por eso es que está compuesto por filósofos,
sociólogos, antropólogos, semiólogos, etc.
En el grupo se discuten aportes individuales de sus miembros y se debaten esos nuevos conceptos. De ahí
encontramos conceptos que se van popularizando entre sus integrantes.
La tesis central defendida por el paradigma M/C es que la colonialidad es constitutiva de la modernidad y no
derivativa. Se trata de un proceso horizontal, sin colonialidad no hay modernidad ni viceversa, modernidad y
colonialidad son dos caras de una misma moneda. Una es impensable sin la otra. En la base del grupo hay una
lectura de- constructiva de la visión tradicional de la modernidad, una atención especial al colonialismo, a la
subalternizacion cultural y epistémica de las culturas no europeas y una crítica al eurocentrismo.
Los miembros del grupo suelen hacer una distinción categorial entre colonialismo y colonialidad.
“Colonialismo” hace referencia a la ocupación militar y la anexión jurídica de un territorio y sus habitantes por
parte de una fuerza imperial extranjera. “Colonialidad”, en cambio, hace referencia a la “lógica cultural” del
colonialismo, es decir al tipo de herencias coloniales que persisten y se multiplican incluso una vez que el
colonialismo ha finalizado. Se dice entonces que en América Latina el colonialismo finalizó en el siglo XIX (en
África y Asia lo hizo apenas en el siglo XX) pero no la colonialidad, que persiste hasta el día de hoy, solo que
esta colonialidad que sobrevivió se rediseña, se readapta en el capitalismo postmoderno, postfordista, pero no
desaparece, por eso muchos la llaman POSTCOLONIALIDAD.
Las corrientes de pensamiento de las que parten los miembros del grupo son las corrientes típicamente
latinoamericanas, corrientes europeas y norteamericanas, por ejemplo la teoría de la liberación, teoría de la
dependencia, filosofía de la liberación, estudios postcoloniales, estudios culturales, estudios subalternos, el
marxismo, los debates en América Latina sobre modernidad y postmodernidad. Es una perspectiva amplia que
se va enriqueciendo gracias al dialogo entre los autores del Tercer Mundo, Europa y EE.UU.
El grupo M/C propone la unión de dos perspectivas, una es la del “sistema-mundo” (la cual le da preferencia a
las estructuras económicas, la división internacional del trabajo, el dominio estratégico militar en el proceso de
acumulación del capitalismo y en su lectura del colonialismo. Desde esta perspectiva se piensa que tanto los
discursos, lo simbólico, los imaginarios, etc., pertenecen a la superestructura y por lo tanto se derivan de la base
económica-política. El estudio del sistema-mundo ayuda a desprovicializar a Europa ya que lo que interesaba en
adelante era ver las relaciones mundiales del capital y el estudio de las periferias, las semiperiferias y los
centros) y la otra son los Estudios Postcoloniales anglosajones y los Estudios Culturales (subvaloran los
aspectos económicos- políticos y dan importancia a los análisis de discursos, lo simbólico, la formación de la
subjetividad. El grupo M/C propone que una mirada del capitalismo y del colonialismo debe unir tanto aspectos
políticos, sociales, económicos, como también lingüísticos, semióticos, discursivos, de género, raza, etc.
Si bien el grupo M/C acoge el marxismo para su análisis del “sistema-mundo euronorteamericano
capitalista/patriarcal moderno/colonial”, critica fuertemente su universalismo abstracto, su eurocentrismo, su
filosofía de la historia, a su vez que sus descuidos por los aspecto étnicos, discursivos y simbólicos.
Un concepto importante en esta teoría es el de “el mito de la modernidad” que es la crítica de la modernidad
planteada por Dussel. Lo que pretende mostrar con ello es que la modernidad no es la línea que va de Gracia,
Roma, el medioevo, el renacimiento, la Ilustración y la modernidad europea. Para el autor esa visión es
eurocéntrica, una autoimagen que crearon los europeos.
Las herencias coloniales de América Latina se dejan sentir hasta hoy en por lo menos tres áreas
complementarias: el racismo, el eurocentrismo epistémico y la occidentalización (violenta o consentida) de los
estilos de vida, que corresponden a las tres categorías centrales elaboradas por el grupo M/C: la colonialidad
del poder, la colonialidad del saber y la colonialidad del ser.
Quijano muestra que la colonialidad del poder es ante todo una estructura de dominación con la que fue fue
sometida la población de América Latina a partir de la conquista. En este sentido, la colonialidad del poder hace
alusión a la invasión del imaginario del Otro. Se domina a través del discurso que se inserta en el mundo del
colonizado. De esta manera el colonizador destruye el imaginario del Otro, lo invisibiliza mientras que reafirma
el propio. Así se transforma la vida del colonizado y se interioriza en el la cosmovisión propia de la cultura
dominante. La colonialidad del poder reprime los modos de producir conocimiento, los saberes, los imaginarios,
el mundo simbólico, las imágenes, etc. del colonizado e impone otros nuevos.
La colonialidad del poder construyo la subjetividad del “periferializado”. Y aquí podríamos hablar de la noción
de RAZA. La idea de raza no tiene historia conocida antes de América, se originó a partir de las diferencias
fenotípicas encontradas entre conquistados y conquistadores. El concepto juega un papel fundamental en el dllo
del capitalismo moderno. La idea de raza fue una forma de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación
impuestas por la conquista. Fue una forma de justificar las viejas nociones de inferioridad y superioridad, con el
concepto de raza unos grupos humanos aparecen como inferiores no solo en lo fenotípico sino también en lo
que refiere a producción cultural y sus conocimientos. El concepto de raza tuvo varias consecuencias: permite
una clasificación mundial de la población, división racial del trabajo, división racial del salario y creencia de
superioridad epistémica del europeo (toda forma de conocimiento producido por poblaciones indígenas o negras
fue considerada inservible, eran solo mitos, conocimiento pre racional y mágico)
La colonialidad del saber refiere al modo en que la racionalidad tecno-científica es un factor determinante en la
generación y expansión del colonialismo europeo y se convierte desde el siglo XVIII en el único modelo válido
de producción de conocimientos, dejando por fuera cualquier otro tipo de “epistemes” (tradicionales o
ancestrales) generadas en las colonias. Para Quijano, ya la evangelización de los siglos XV y XVI hizo que los
indígenas y los esclavos africanos aprendieran a despreciar sus propias formas de producción de conocimientos
para adoptar las del colonizador, que fueron tenidas como elementos de prestigio social. Castro-Gómez enseña
que a partir del siglo XVIII, con las reformas borbónicas, se impone en las colonias españolas la idea de que
conocer equivale a distanciarse del mundo y mirarlo desapasionada y sistemáticamente desde una plataforma
incontaminada de observación que él denomina “la hybris del punto cero”. La expansión colonial europea en las
Américas supone así un combate contra la multiplicidad epistémica del mundo y la imposición de una sola
forma válida de producir conocimientos, tenida ahora como universal. Todos los conocimientos que no se
ajusten a las reglas universales de la “episteme” dominante son vistos como “pre-científicos. Por su parte,
Mignolo ha enseñado que el conocimiento dominante en el mundo hispanoamericano desde el siglo XIX se ha
producido básicamente en dos lenguas, el inglés y el francés, coincidiendo con la hegemonía comercial de
Inglaterra, Francia y luego de los Estados Unidos en el mundo. El conocimiento tiene así una clara dimensión
geopolítica. Dussel hablará del “mito del eurocentrismo”: todo conocimiento tenido por “válido” es generado
primero en los centros de poder del sistema-mundo para luego, desde allí, ser distribuido desigualmente hacia
las periferias, que se limitan a ser receptoras pero nunca productoras de ese conocimiento. Se trata de una
estructura de pensamiento muy ligada a la academia latinoamericana y a las instituciones en las que se producen
conocimientos, incluyendo también al Estado.
El sometimiento de las poblaciones latinoamericanas a las lógicas coloniales se ha hecho demasiadas veces a
través de la violencia. Maldonado-Torres muestra cómo a las poblaciones (sobre todo indígenas y afrodescendientes) que han sido consideradas como un obstáculo para la cristianización y luego para la
modernización, se les ha negado la “humanidad”. Son vistas como poblaciones que no tienen “ser” (Dasein),
que son sub-humanas, inferiores y, por tanto, resulta legítimo esclavizarlas, quitarles sus tierras, hacerles la
guerra o simplemente asesinarlas impunemente. La superioridad de los modos de vida occidentales tiene como
base lo que Dussel llamase el “ego conquiro” (yo-conquisto). Esta es la lógica que Maldonado-Torres ha
denominado la colonialidad del ser. El “ser” es una propiedad que le pertenece a los europeos y sus
descendientes criollos en las Américas, mientras que a las poblaciones coloniales lo que les caracteriza es el
“no-ser” y por tanto carecen de “mundo” (en el sentido de Martin Heidegger). Son por ello los “condenados de
la tierra”, como lo dijera Franz Fanon. De otro lado, Castro-Gómez, haciendo uso del concepto “biopolítica” de
Michel Foucault, ha mostrado que a partir del siglo XVIII, el sometimiento a las lógicas coloniales se ha hecho
también por medios no coercitivos. No se trata ya sólo de “hacer morir” a las poblaciones coloniales, sino de
“hacerlas vivir”, es decir de producir para ellas unas formas de existencia que se ajusten a los proyectos de
modernización. En este caso, la colonialidad del ser no es un proyecto de destrucción sino de producción, que
atraviesa todo el siglo XIX y se concretiza, sobre todo, hacia comienzos del siglo XX en la mayoría de los
países latinoamericanos con los procesos de industrialización. Se trata de la producción sistemática de una
ontología social urbana, de unas formas de ser-en-el-mundo en la que los sujetos son libidinalmente “sujetados”
al capitalismo.
Se menciona entonces que la colonialidad no desapareció, solo que adquirió nuevas formas. A la colonialidad
posmoderna se la denominó postcolonialidad. De tal manera que la lucha contra la colonialidad tiene que ser un
proyecto de deconstrucción de la misma, pero no una mera deconstrucción crítica, sino que esta deconstrucción
debe poder dar lugar a un programa de emancipación epistemológica y política. Este “giro decolonial” es el
proyecto emancipatorio del M/C. El proyecto emancipatorio ataca las bases de la colonialidad para posibilitar
nuevas perspectivas, caminos y utopías. Por eso el giro decolonial implica buscar mundos, posibilidades de ser
distintas al proyecto moderno eurocéntrico. Este giro decolonial implica la libertad del pensamiento, la
limpieza de la colonialidad del ser y del saber. También busca el reconocimiento de todo humano como
miembro real de una misma especie.
Dentro de este programa emancipatorio es importante el concepto de TRANSMODERNIDAD. El concepto
denota alternativas múltiples de vida, de formas de ser, pensar, conocer, distintas a la modernidad europea, pero
eso si, en dialogo con ella. Es un proyecto mundial de liberación que permita la solidaridad entre
centro/periferia, mujer/varón, diversas razas, diversas etnias, diversas clases, etc. La transmodernidad le apuesta
a la convivencia de la diversidad cultural y a su reconocimiento de igual a igual. No se trata de una oposición
frente a Europa, sino del valor que por si mimo tiene cada cultura frente al mundo. Nadie tiene el derecho de
imponer sus propias cosmovisiones frente a otros
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