Subido por Lucila Cisneros

Thoma Hobbes COLEGIO JEAN PIAGET

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Colegio Secundario Jean Piaget
Orientación en Humanidades y Ciencias Sociales
5to Humanidades I y II
Seminario de Teorías políticas y económicas
Ficha de trabajo N° 2: Thomas Hobbes (1588-1679)
1. Breve repaso biográfico y contextual de la obra de Hobbes*
*Adaptación del prólogo de Carlos Moya del libro Leviatán, editorial Losada, primera edición, 2003.
Thomas Hobbes nació el 5 de abril de 1588 en Westport Inglaterra y falleció en 1679 a la
edad de 91 años en Derbyshire. Su nacimiento no podría estar más relacionado al contexto de su
época: su madre dio a luz prematuramente al enterarse que la Arma Española se acercaba al
puerto de Bristol1. Hobbes, en una biografía escrita en su ancianidad y recordando a su madre
expresa, “concibió tan gran miedo, que nos parió a mí y al miedo justamente”. En cuanto a su
padre -vicario de la iglesia de Westport-, luego de verse involucrado en una pelea con otro colega a
la salida de la iglesia en la que ejercía como vicario, debió abandonar Londres y a su familia. Frente
a la huida de su padre, Thomas queda bajo la tutela de su tío, un comerciante rico y alcalde de
Malmesbury.
Sus estudios superiores los comenzó en 1603 en el Magdalen Collegede Oxford y los
terminó en 1608. Seguidamente comienza a trabajar como tutor de William Cavendish, hijo de un
político y y cortesano inglés de la época, a quien acompañó en su viaje de tres años por Italia y
Francia hasta 1610. Durante esos viajes, Hobbes pudo observar los nuevos métodos científicos que
se desarrollaban en base a un nueva visión del mundo que encontrará su mayor esplendor
durante el siglo XVIII: La Ilustración europea.
Durante su período como tutor, sus estudios académicos se centraron en el análisis de
autores griegos y latinos del período clásico. De dicho proceso resultó su importante traducción de
1 La invasión marítima se enmarca en lo que fue la guerra anglo-española que se desarrolló durante los años 1585 y
1604.
1
la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, su importancia reside en que fue la primer
traducción de esa obra del griego al inglés.
A la muerte de su alumno, en 1628, regresó de nuevo a Francia para entrar al servicio de
Gervase Clifton. En dicho país permaneció hasta 1631, cuando los Cavendish lo solicitaron de
nuevo, como preceptor de otro de sus hijos. En 1634, acompañando a su nuevo alumno, realizó
otro viaje al continente, ocasión que aprovechó para entrevistarse con Galileo y otros pensadores y
científicos de la época.
Mientras tanto, en Inglaterra se generaliza el malestar político y se multiplican las disputas
entre las distintas facciones de su reformada cristiandad. Con su absolutismo filocatólico, Carlos I
choca frontalmente con el legado institucional de Enrique VIII 2 y Elizabeth: la reforma anglicana y la
incorporación del Parlamento al gobierno monárquico del Reino. La revuelta escocesa de 1638
contra el arzobispo Laud siembra los primeros brotes de la guerra civil que se avecina al
multiplicar la agitación política inglesa. Las disputas entre papistas, presbiterianos, puritanos
radicales y toda suerte de fracciones se reflejan en todos los ámbitos sociales, fundamentalmente
en las Universidades, conviertiéndolas a éstas en los principales focos de disidencia y sedición.
Para poder afrontar los gastos del ejército ingles que se encentra batallando en Escocia,
Carlos I se ve obligado a convocar al Parlamento en 1640. Dentro de la historia inglesa, dicho
Parlamento se lo conoce como Parlamento Corto dado que apenas duró el mes de mayo antes que
el Rey decidiera su disolución. Cuando en noviembre se inaugura un nuevo Parlamento, elegido
por un pueblo en oposición al poder absoluto del Rey, Hobbes se sabe en peligro y huye a Francia.
Su afilado cálculo político acierta: con el Paramento Largo se va a disparar la revolución. Ya en
1642, la guerra civil estalla enfrentando al Rey Carlos I y al Parlamento.
Al frente del ejercito parlamentario se encuentra Oliver Cromwell, quien lidera la victoria
definitiva del bando parlamentario y pone fin a la guerra civil con la ejecución del rey Carlos I en
enero de 1649. Al poco tiempo, la Cámara Alta del Parlamento proclama la abolición de la
Monarquía, constituyéndose Inglaterra en República. Su nuevo gobierno, legitimado por el
Parlamento, quedó conformado por un Consejo de Estado presidido por Cromwell, quien es
convertido en Lord Protector de la República Inglesa hasta su muerte.
Desde 1642 en adelante, la actividad intelectual de Hobbes se multiplica: en 1642 pública
en París De Cive (Del Ciudadano), el 1650 De Corpore político. Al año siguiente, consigue en
Londres el permiso de publicación para su obra cumbre: Leviatán o la materia, forma y proceder
de una República eclesiástica y civil. Teniendo la seguridad de que no corre peligro su vida en
Inglaterra, decide volver a su patria en donde seguirá sus estudios. Todavía a sus ochenta años
publica un nuevo libro titulado Behemoth o el Paramento Largo, crónica y análisis de la Revolución
Inglesa. Consagrado a esa pasión absoluta, la escritura en nombre de la Razón, alcanzó una larga
vida que encontró su punto final en 1679 a la edad de 91 años.
2 Enrique VIII (28 de junio de 1491-28 de enero de 1547) fue rey de Inglaterra y señor de Irlanda desde el 22 de abril
de 1509 hasta su muerte. Fue el segundo monarca de la casa Tudor, heredero de su padre, Enrique VII. Ejerció el
poder más absoluto entre todos los monarcas ingleses. Entre los hechos más notables de su reinado se incluyen la
ruptura con la Iglesia católica romana en 1534 y el establecimiento del monarca como jefe supremo de la Iglesia de
Inglaterra -Iglesia anglicana- y la unión de Inglaterra con Gales.
2
Tapa del libro Leviatán publicado por primera vez en 1651. Dicha tapa contiene un fuerte
contenido simbólico que condensa magistralmente la concepción hobessiana del Estado
Soberano.3
2. El Iusnaturalismo moderno
En los momentos históricos en los cuales se producen cambios estructurales profundos en
el seno de la sociedad, como fue la transición del feudalismo al capitalismo, es que surgen
pensadorxs que intentan sentar las bases filosóficas que legitimen a ese nuevo orden social que
está surgiendo. Teniendo en cuenta que el pensamiento hobessiano se enmarca en ese proceso (el
derrumbe de la cosmovisión medieval y la emergencia de la sociedad del capital) es que podemos
considerar a Hobbes como un ejemplo claro de un pensador del orden, en la medida en que su
corpus teórico es un aporte fundamental para comprender la base filosófica en la cual se erige la
principal institución de la sociedad capitalista: el Estado.
Como una primera aproximación, podemos decir que Hobbes es el precursor de la
construcción de una teoría racional del Estado moderno. Asimismo, su pensamiento enmarca en
una doctrina filosófica que se denomina Iusnaturalismo moderno4. “Ius” significa derecho en latín
y “naturalismo” naturaleza, por lo tanto, el Iusnaturalismo plantea que todos los individuos gozan
de derechos naturales por el sólo hecho de compartir una misma naturaleza humana. Es decir que,
previamente a que se conforme el Estado y con él las leyes escritas (derecho positivo) que dotan
de derechos y obligaciones a los sujetos, éstos ya gozan de derechos naturales. Por lo tanto, el
Iusnaturalismo moderno intenta explicar el origen y el fundamento de poder político del Estado
partiendo de la idea de que existen derecho naturales anteriores a la conformación del Estado.
Más allá de que en esta corriente se encuentran diversos pensadores que planten
diferencias entre sus planteos, se pude identificar una idea básica que todos comparten: la
3 Recordar lo visto en clase sobre los aspectos más importantes de la imagen: el cuerpo del soberano constituido por
personas; la espada en una mano y el báculo religioso en la otra,etc.
4 El Iusnaturalismo tiene una larga historia en el pensamiento jurídico filosófico, por eso mismo se suelen distinguir
diferentes etapas: el Iusnaturaismo clásico de los pensadores griegos y romanos, el Iusnaturalismo medieval, y el
que abordamos aquí, el Iusnaturalismo moderno o ilustrado.
3
existencia de un derecho natural (ius naturale) que puede conocerse a través de la razón y que es
superior y anterior al derecho positivo (Bobbio 2011).
En el capítulo XIV de el Leviatán, Hobbes expone:
“el DERECHO NATURAL, que los escritores llaman comúnmente jus naturale, es la libertad que
cada hombre tiene de usar su propio poder, como él quiera, para la preservación de su propia
naturaleza, es decir, de su propia vida y, por consiguiente, de hacer toda cosa que en su propio
juicio, y razón, conciba como el medio más apto para aquello.
Por LIBERTAD se entiende, de acuerdo con la significación apropiada de la palabra, la
ausencia de impedimentos externos, impedimentos que a menudo pueden arrebatar a un
hombre parte de su poder para hacer lo que le plazca, pero no pueden impedirle usar del
poder que le queda, de acuerdo con o que dicten su juicio y razón.
Una LEY DE LA NATURALEZA (lex naturalis) es un precepto o regla general encontrada
por la razón, por la cual se le prohíbe al hombre hacer aquello que sea destructivo para su vida,
o que le arrebate los medios de preservar la misma, y omitir aquello con lo que cree puede
mejor preservarla (…).
(…) Y dado que la condición del hombre (…) es condición de guerra de todos contra todos, en
la que cada cual es gobernado por su propia razón, sin que haya nada que pueda servirle de
ayuda para preservar su vida contra sus enemigos, se sigue que en una tal condición todo
hombre tiene derecho a todo, incluso al cuerpo de los demás. Y, por tanto, mientras persista
este derecho natural de todo hombre a toda cosa no puede haber seguridad para hombre
alguno (por muy fuerte o sabio que sea) de vivir todo el tiempo que la naturaleza concede
ordinariamente a los hombres para vivir. Y es por consiguiente un precepto, o regla general de
la razón, que todo hombre debiera forzarse por la paz, en la medida en que espere obtenerla, y
que cuando no puede obtenerla, puede entonces buscar y usar toda la ayuda y las ventajas de
la guerra, de cuya regla la primera rama contiene la primera y fundamental ley de la
naturaleza, que es buscar la paz, y seguirla, la segunda, la suma de derecho natural, que es
defendernos por todos los medios que podamos.
De esta ley fundamental de la naturaleza, por la que se ordena a los hombres que se
esfuercen por la paz, se deriva esta segunda ley: que un hombre esté dispuesto, cuando otros
también lo están tanto como él, a renunciar a su derecho a toda cosa en pro de la paz y
defensa propia que considere necesaria y se contente con tanta libertad contra otros hombres
como consentiría a otros hombres contra él mismo. Pues, en tanto todo hombre mantenga su
derecho a hacer toda cosa que quiera, todos los hombres estarán en condición de guerra. Pero
si otros hombres no renuncian a su derecho como él, no hay entonces razón para que nadie se
despoje del suyo, pues esto sería exponerse a ser una presa (a lo que no esta obligado hombre
alguno) antes que disponerse a la paz.” (Hobbes [1651] 2003: 132-133)
3. El modelo contractualista de Hobbes
3.1 El estado de naturaleza hobessiano
El modelo teórico de Hobbes se basa en una dicotomía, es decir, en la oposición de dos
momentos claramente delimitados. El primero de ellos es el estado de naturaleza contrapuesto a
un segundo momento que es el de la sociedad civil/Estado Soberano5. Entre estos dos escenarios,
media un punto de transición en el cual los individuos deciden, por su propia voluntad, salir del
estado de naturaleza por medio de un contrato social que origina las sociedad gobernada por una
autoridad común sobre ellos: el Estado Soberano.
5 Para Hobbes, Estado, Estado Civil o sociedad civil son sinónimos.
4
Antes de comenzar con el análisis del estado de naturaleza que presenta Hobbes en su obra
Leviatán, resulta necesario realizar una aclaración. El estado de naturaleza es una hipótesis
teórica, es decir, dicho estadio no hace referencia a un momento histórico de la humanidad
determinado y verificable empíricamente. El estado de naturaleza, por lo tanto, es una descripción
teórica que implica despojar al individuo de todas sus características sociales para dejar al
descubierto su verdadera naturaleza o esencia. Por eso mismo, este estadio humano debe ser
entendido dentro del razonamiento que platea el autor como pre-social y pre-político.
Ahora bien, en el estado de naturaleza, cada individuo debe garantizarse su propia
conservación de la forma que crea más conveniente. Decir esto significa afirmar que, en pos de
ese objetivo primordial (la conservación de la vida individual), cada uno tiene derecho 6 a todas las
cosas e inclusive hasta sobre los cuerpos de los demás (Hobbes 2003). Por lo tanto, nos dirá
Hobbes, el estado de naturaleza se caracteriza por una latente o efectiva guerra de todos contra
todos, en donde las peores acciones no pueden considerarse como faltas o pecados debido a que,
en una situación en que la vida de cada uno se halla perpetuamente en peligro, todos los actos
quedan cubiertos o justificados por la legitima defensa. Inclusive hasta el ataque aparentemente
menos provocado puede justificarse si se considera como preventivo (recordar los ejemplos vistos
en clase). Teniendo en cuenta ese panorama, es que se entiende por qué Hobbes plantea que
cada individuo es el único juez de la conducta necesaria para asegurar su conservación (Manent
1990). Siguiendo el hilo argumental, puede decirse que si se pueden justificar los asesinatos más
atroces, resulta evidente que la idea del bien, del mal o del pecado no tienen sentido en el estado
de naturaleza, dado que estas nociones tendrían sentido sólo una vez que el estado de naturaleza
haya sido superado, es decir, sólo cuando hayan sido promulgadas por una autoridad superior las
leyes que definen dichas nociones. En palabras de Hobbes:
“De esta guerra de todo hombre contra todo hombre, es también consecuencia que nada
puede ser injusto. Las nociones de bien y mal, justicia e injusticia, no tiene lugar allí. Donde
no hay poder común, no hay ley. Donde no hay ley, no hay injusticia. La fuerza y el fraude
son en la guerra las dos virtudes cardinales. La justicia y la injusticia no son facultad alguna
ni del cuerpo ni de la mente. Si lo fueran, podrían estar en un hombre que estuviera solo en
el mundo, como sus sentidos y pasiones. Son cualidades relativas al hombre en sociedad,
no es soledad. Es consecuente también con la misma condición que no haya propiedad, ni
dominio, ni distinción entre mío y tuyo; sino sólo aquello que todo hombre puede tomar; y
por tanto tiempo como pueda conservarlo” [El resalto me pertenece](Hobbes [1651]
2003:131)
Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, queda claro que el estado de naturaleza
resulta intolerable para el individuo. En la guerra de todos contra todos, nos dirá Hobbes , la vida
de cada uno es solitaria, miserable, cruel y, sobre todo, breve. La amenaza de la muerte violenta
está presente en todas partes. El afán de conservar la vida propia y el miedo a la muerte, son los
principales elementos que empujan a las personas a realizar conductas asesinas que las ponen
constantemente en peligro. Podríamos decir que todos los individuos se encuentran en la estado
de naturaleza en una contradicción lógica: puede que una persona realice una acción que le
6 Recordar que Hobbes entiende por derecho “(...) la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder, como
él quiera, para la preservación de su propia naturaleza, es decir, de su propia vida y, por consiguiente, de hacer toda
cosa que en su propio juicio, y razón, conciba como el medio más apto para aquello” (Hobbes 2003: 132). A su vez,
define la libertad como “(...) la ausencia de impedimentos externos, impedimentos que a menudo pueden arrebatar a
un hombre parte de su poder para hacer lo que se le plaza (...)” (Hobbes 2003:132)
5
garantice su vida en un momento determinado pero que, en un futuro y como consecuencia de esa
misma acción, encuentre la muerte (recordar los ejemplos vistos en clase).
Otra característica central que se desprende del individuo en el estado de naturaleza
hobessiano es que el poder que detenta cada uno es más o menos igual. Ésto último es una idea
fundamental dado que, partiendo de dicha premisa, es que Hobbes determina que los individuo
son, por naturaleza, iguales entre sí. ¿Cómo establece este importante punto? Valiéndose de un
argumento bastante sencillo pero contundente: en el estado de naturaleza, el más débil siempre
puede dar muerte al más fuerte, más allá de que la situación de vulnerabilidad de uno puede ser
muy diferente a la vulnerabilidad de cualquier otro (Manent 1990). Por ejemplo, puede suceder
que una persona sea muy fuerte físicamente (pero poco astuta) y valerse de ella para someter a
otra más débil físicamente. Sin embargo, puede suceder que la fortaleza y el poder de ésta última
persona resida en su astucia e inteligencia, por tanto, llegado el momento, puede hacer uso de ella
para liberarse del sometimiento físico al que la han sometido. Al comienzo del capítulo XIII de el
Leviatán, Hobbes sintetiza lo anterior:
“La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades corporales y mentales
que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o
más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto, la
diferencia entre hombre y hombre no es bastante considerable como para que uno de ellos
pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él.
Porque en lo que toca a la fuerza corporal, aun el más débil tiene fuerza suficiente para matar
al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros que se encuentran
en el mismo peligro que él.” (Hobbes [1651] 2003:127)
De esta igualdad esencial entre los individuos es que Hobbes también deducirá las
principales causas de guerra en el estado de naturaleza:
“De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines.
Y, por lo tanto, si dos hombres cualesquiera desean la misma cosa, que, sin embargo, no
pueden ambos gozar, devienen enemigos; y en su camino hacia su fin (que es principalmente
su propia conservación, y a veces sólo su delectación) se esfuerzan mutuamente en destruirse
o subyugarse. Y viene así a ocurrir que, allí donde un invasor no tiene otra cosa que temer que
el simple poder de otro hombre, si alguien planta, siembra o construye, pueda esperarse de
otros que vengan probablemente preparados con fuerzas unidas para desposeerle y privarle
no sólo del fruto de su trabajo, sino también de su vida, o libertad. Y el invasor a su vez se
encuentra en el mismo peligro frente a un tercero.
No hay para el hombre más forma razonable de guardarse de esta inseguridad mutua
que la anticipación; esto es, domina, por fuerza o astucia, a tanto hombre como pueda hasta el
punto de no ver otro poder lo bastante grande como para ponerle en peligro. Y no es esto más
que lo que su propia conservación requiere, y lo que generalmente admitido. También porque
habiendo algunos que complaciéndose en contemplar su propio poder en los actos de
conquista, los llevan más lejos de lo que su seguridad requeriría, si otros, que de otra manera
se contentarían con permanecer tranquilos dentro de los límites modestos, no incrementasen
su poder por medio de la invasión, no serían capaces de subsistir largo tiempo permaneciendo
sólo a la defensiva. Y, en consecuencia, siendo tal aumento del dominio sobre hombres
necesario para la conservación de un hombre,debiera serle permitido.
Por lo demás, los hombres no derivan placer alguno (sino antes bien, considerable
pesar) de estar juntos allí donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos. Pues
cada hombre se cuida de que su compañero le valore a la altura que se coloca él mismo. Y ante
6
toda señal de desprecio o subvaloración es natural que se esfuerce hasta donde se atreva (…),
en obtener de sus rivales, por daño, una más alta valoración; y de los otros, por el ejemplo.
Así pues, encontramos tres causas principales de riña en la naturaleza del hombre.
Primero, competición; segundo, inseguridad; tercero,gloria. Lo primero hace que los hombres
invadan por ganancia; lo segundo por seguridad; y lo tercero, por reputación. Los primeros
usan la violencia para hacerse dueños de las personas,esposas, hijos y ganando de otros
hombres; los segundos para defenderlos; los terceros, por pequeñeces, como una palabra, una
sonrisa, una opinión distinta, y cualquier otro signo de subvaloración, ya sea directamente en
persona, o por reflejo en su prole, sus amigos, su nación,su profesión o su nombre.” [El
resaltado me pertenece] (Hobbes [1651] 2003:128-129)
Teniendo en cuenta lo anterior, Hobbes nos va a decir que lo que hace enemigos los unos a
los otros es lo que tienen todos los individuos en común, ¿qué es lo que tienen en común? Una
pasión fundamental: el deseo de poder, de poseer cada vez más poder, un deseo que solo cesa
con la muerte. De un individuo a otro puede diferir a intensidad mayor o menos de ese deseo,
pero el deseo de poder siempre está presente (Manent 1990).
De todo lo dicho hasta ahora se puede deducir claramente la concepción antropológica
negativa de individuo que elabora Hobbes. Es decir, la visión hobessiana de la naturaleza humana
es negativa: el hombre por naturaleza desea el poder, es egoísta, sólo piensa en su supervivencia,
tiene afán de gloria personal, etc. Es importante este punto dado que en base a esta teoría general
de la naturaleza humana es que Hobbes deduce su teoría del Estado, sus características y
funciones. Como se verá más adelante en el Seminario, Locke y Rousseau parten de otra
concepción de la naturaleza humana y, por lo tanto, sus respectivas teorías del Estado difieren
sustancialmente a la de Hobbes.
3.2 El Contrato Social como origen del Estado Soberano
Hobbes plantea que todos los intentos o proyectos de organización social hasta ese
momento tiene como base una determinada idea del bien, o del bien común. El problema de este
punto de partida para organizar la sociedad -una determinada idea del bien común- radica en que
las personas se forjan necesariamente ideas incompatibles del bien, incompatibilidad que resulta
ser una fuente inagotable de conflictos y de guerras (Manent 1990). Pero si el bien es incierto, el
mal, o por lo menos, cierto mal no lo es. En particular existe un mal que es considerado por todos
los individuos, o al menos por la mayoría, como el mayor de todos los males, y no en términos
puramente racionales, si no bajo el imperio de una pasión que nada puede apaciguar: el miedo a la
muerte. Por eso, según Hobbes, el fundamento del nuevo orden político será esa pasión: el miedo
a la muerte. Es justamente a partir de este profundo miedo que tiene todos los individuos desde
el cual hay que reconstruir una nueva organización política que sea invulnerable al conflicto. O
sea, es menester hacer del flagelo del miedo la causa de una sociabilidad perdurable. Por lo tanto,
el principio de este nuevo orden social no será una determinada visión del bien común, sino que
será el mal del que huyen los individuos y que se encuentra presente constantemente en el estado
de naturaleza.
Hobbes nos va a plantear que los individuos en pos de limitar la amenaza constante a su
vida en el estado de naturaleza es que harán uso de su razón para encontrar una salida o respuesta
a su precaria situación. ¿En que consiste esa respuesta? Pues unicamente renunciando al derecho
ilimitado sobre las cosas que tiene cada individuo es que pueden todos salir del estado de
7
naturaleza. Ahora bien, este renunciamiento sería en vano si cada uno no tuviera la razonable
seguridad de que todos las demás personas harán lo mismo, es decir, renunciar a su derecho. De
manera que, mediante un contrato con cada individuo cada cual deberá renunciar a ese derecho
ilimitado. Pero los contratos no garantizados por la espada no son más que palabras. Por eso
mismo, pesará la amenaza del castigo sobre cualquiera que ose violar el contrato que todos
acordaron consensuar. ¿Quién aplicará ese castigo? Aquel o aquellos que los contratantes hayan
elegido para cumplir dicha función. Asimismo, el contrato social establece que el derecho
ilimitado que cada individuo tenía en el estado de naturaleza, se transfiere a aquel o a aquellos a
quienes se les confía la soberanía y que están encargados de promulgar las leyes necesarias para
asegurar a paz civil y garantizar su cumplimiento mediante la fuerza, si fuese necesario.
De lo anterior se desprende que el derecho del soberano, individual o colectivo, es
necesariamente ilimitado y su soberanía es absoluta puesto que era ilimitado el derecho que le
fue transmitido por cada individuo. El soberano hereda el ius in omnia (el derecho sobre todas as
cosas) que era propio de cada individuo en el estado de naturaleza y sólo el conserva ese derecho.
Así, se constituye el soberano,el Leviatán, ese “hombre artificial” o ese “dios mortal” que habría de
asegurar la paz civil.
En síntesis, es así como Hobbes deduce que si los individuos desean vivir en paz es
necesaria una soberanía absoluta. Llegado a este punto resulta pertinente hacer una aclaración: no
hay que dejarse impresionar por la “majestad” de ese soberano. Dado que en definitiva el derecho
ilimitado que detenta es el derecho ilimitado que le transfirió cada individuo, es decir, el poder del
soberano encuentra su fundamento en la necesidad del individuo de salir del estado de naturaleza
con el objetivo fundamental de conservar su vida.
Cabe realizar otra aclaración, el poder absoluto que construye el individuo para salir de
estado de naturaleza, no es el mismo poder absoluto propio de la interpretación religiosa que
fundamentaba el derecho divino de los reyes a gobernar en la época feudal. Según el derecho
divino, el rey tenía la facultad de gobernar a sus súbditos en la medida que era el representante de
Dios en la tierra, pero el poder absoluto hobessiano es completamente diferente. Ya no se trata de
un ser todopoderoso por gracia divina, si no que su existencia se debe a individuos impotentes que
lo crean para dar remedio precisamente a su debilidad 7. El poder absoluto ya no es
“representante” de Dios, sino que es “representante” de los individuos; su trascendencia tiene su
origen, ya no en la fuerza de Dios, sino en la debilidad de los individuos que lo crean.
Para finalizar, algunos fragmentos de capítulo XVII de el Leviatán en donde Hobbes aborda
lo dicho anteriormente:
“La causa final, meta o designio de los hombres (que aman naturalmente la libertad y el
dominio sobre otros) al introducir entre ellos esa restricción de la vida en repúblicas es cuidar
de su propia preservación y conseguir una vida más dichosa; esto es, arrancarse de esa
miserable situación de guerra que se vincula necesariamente (como se ha mostrado) a las
pasiones naturales de los hombres cuando no hay poder visible que los mantenga en el temor,
o por miedo al castigo atarlos a la realización de sus pactos (…).
(…) sin la espada los pactos no son sino palabras, y carecen de fuerza para asegurar en absoluto
a un hombre. En consecuencia, a pesar de las leyes de la naturaleza (que cada uno observa
7 Con debilidad se hace referencia a la imposibilidad que tiene los individuos en el estado de naturaleza de garantizar
su supervivencia de forma perdurable.
8
cuando quiere y cuando puede hacerlo sin riesgo), si no hubiese un poder constituido o no
fuese lo bastante grande para nuestra seguridad, todo hombre podría legítimamente apoyarse
sobre su fuerza y aptitud para protegerse frente a todos los demás hombres” (Hobbes [1651]
2003: 163)
Y al concluir el capítulo agrega:
“El único modo de erigir un poder común capaz de defenderlos de la invasión extranjera y las
injurias de unos a otros (asegurando así que, por su propia industria y por los frutos de la tierra,
los hombres puedan alimentarse a sí mismos y vivir en el contento), es conferir todo su poder y
fuerza a un hombre, o a una asamblea de hombres, que pueda reducir todas sus voluntades,
por pluralidad de voces, a una voluntad. La cual equivale a elegir un hombre, o asamblea de
hombres, que represente su persona; y cada uno poseer y reconocerse a sí mismo como autor
de aquello que pueda hacer o provocar quien así representa a su persona, en aquellas cosas
que conciernen a la paz y la seguridad común, y someter así sus voluntades, una a una, a su
voluntad, y sus juicios a su juicio. Esto es más que consentimiento o concordia; es una
verdadera unidad de todos ellos en una e idéntica persona hecha por pacto de cada hombre
con cada hombre, como si todo hombre debiera decir a todo hombre: autorizo y abandono el
derecho a gobernarme a mí mismo, a este hombre, o a esta asamblea de hombres, con la
condición de que tú abandones tu derecho a ello y autorices todas sus acciones de manera
semejante. Hecho esto, la multitud así unida en una persona se llama REPÚBLICA, en latín
CIVITAS. Esa es la generación de este gran LEVIATÁN o más bien (por hablar con mayor
reverencia) de ese Dios Mortal a quien debemos, bajo el Dios Inmortal, nuestra paz y defensa.
Pues mediante esta autoridad, concedida por cada individuo particular en la república [Estado],
administra tanto poder y fuerza que por terror a ello resulta capacitado para formar las
voluntades de todos en el propósito de paz en casa y mutua ayuda contra los enemigos del
exterior. Y en él consiste la esencia de la república, que (por definirla) es una persona cuyos
actos ha asumido como autora una gran multitud, por pactos mutuos de unos con otros, a los
fines de que pueda usar la fuerza y los medios de todos ellos, según considere oportuno, para
su paz y defensa común.( Hobbes [1651] 2003: 166-167)
4.
Referencia bibliográfica
Bobbio, N; Matteucci, N y Pasquino, G (2011). Diccionario de Política. México: Siglo
Veintiuno Editores.

Hobbes, T (2003) Leviatán, Buenos Aires: Losada.

Manent, P (1990) Historia del pensamiento liberal, Buenos Aires: EMECÉ EDITORES

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