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El YouTuber

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El 'youtuber' que está acercando
la música clásica con canciones
de Pokémon o Dragon Ball
HJ Darger habla con el compositor Jaime
Altozano sobre su trabajo y la percepción popular
de la música clásica
HJ DARGER
09 AGO 2017 - 11:50 CDT
En mi vida de oyente, de ser amusical, puedo confirmar la
facilidad y la libertad con la que criticamos casi a diario
conciertos e incluso a estrellas del pop consagradas por
algo tan banal como utilizar playback. Entendemos que
la simplicidad compositiva y la radio fórmula son
productos para la masa e incluso algún necio se atreve a
reclamar la vuelta a los “instrumentos” frente a la
producción digital. Para más inri, la pose poscolonialista
nos lleva a hacernos pasar por entendidos de géneros que
poco o nada le han importado a la industria ni a la masa
en nuestro país, a saber: la cumbia, el funky brasileño, el
dancehall jamaicano o incluso el flamenco amputado que
se disfraza de experimentación. Intoxicados por la mirada
esnobista que identifica lo folclórico con lo exótico, todos
tenemos opiniones sobre música hoy. Eso sí, Dios nos
libre de interesarnos por la época dorada de la música
renacentista española.
La cosa cambia por completo si lo que escuchamos es o se
nos vende como música culta. Se nos paraliza el gen
reprendedor y opinólogo a todos. Dejamos que nos
engañen con propuestas mediocres y cualquier evento
nos acerca al misticismo más sacrosanto mientras
compartimos profusamente en Facebook experiencias en
las que nuestro goce ha sido más elevado que el del resto.
Del famoso ensayo de Alan P. Merriam podemos
extrapolar que: Es posible que el ritual de producto
enlatado que rodea los conciertos de música clásica limita
su uso ya que el público se mantiene pasivo o no participa
de ella más que de una forma individual y no
exteriorizada. La distancia entre los programadores, los
artistas y el público poco acostumbrado a la música
clásica o antigua produce una brecha crítica y clasista
incomparable
al
resto
de
artes.
Se
opina
equivocadamente que el arte contemporáneo es elitista
mientras que los centros culturales y museos se han
convertido en los parques de atracciones del turismo
global, el último baluarte de diferenciación clasista sigue
siendo la música.
Ara Malikian en el programa de Televisión Española,
Pizzicato, o tocando en el Bernabéu como poseído por la
ingesta de ayahuasca, Elena Mikhailova en la primera
portada de Interviú simulando con su cuerpo la caja de
un violín, James Rhodes y sus audionovelas morbosas
o Ludovico Einaudi tocando entre pingüinos y leones
marinos Elegy for the arctic (como si los pobres
animalitos no tuvieran bastante con el calentamiento
global), son algunas de las genialidades de la industria
musical para “acercarnos” a la música clásica. Si así
aceptamos pulpo como animal de compañía y la función
social como definitoria del hecho musical, hoy,
propuestas como Bach en vaqueros o Vivaldi con un
vermut enmascaran la banalidad a través de la necesidad
divulgativa.
Otras iniciativas surgen desde la honestidad y el
entusiasmo, adaptan el producto a los códigos, fórmulas y
lenguaje de las nuevas generaciones y sí, sería legitimo
aceptar que, por ejemplo, Jaime Altozano, youtuber de
24 años, compositor y productor musical está haciendo
más por la música clásica que la mayoría de columnas
culturales de los medios generalistas. Jaime tiene un
canal en el que explora, mediante la herramienta del
videoexplainer, las bandas sonoras de Dragon Ball o El
señor de los anillos, imbricando el rigor teórico con la
claridad expositiva. Hace apenas unas semanas le
invitaron a Radio Clásica para ello.
Como espectadora de las tensiones entre el
público y la música clásica, se detecta cierto
miedo a la democratización y a la pérdida de un
estatus de intelectual y clase privilegiada. Una
protección del cortijo que paradójicamente
critica duramente la falta de formación y
proyectos para el gran público. ¿Cuáles son las
dificultados del campo?
Creo que hay dos factores claves para disfrutar de un
género musical. El primero es entenderlo. Es decir, tener
modelos de escucha que te permitan tener expectativas
sobre lo que va a sonar y sorprenderte cuando las
rompen. Porque si no, todo es ruido y eso te genera
desinterés. Si no te han formado para ser capaz de oír eso
te vas a perder la mitad del pastel. No te vas a dar cuenta
de que el 90 % de la música que escuchas se basa en los
mismos 4 acordes repetidos en bucle. Y no vas a tener
necesidad de ir más allá porque no oyes la diferencia.
Y lo mismo pasa con otros parámetros, como el ritmo, la
melodía, la instrumentación, la conducción de voces...
Pero ojo, no quiero decir que todo esto lo tengas que
tener verbalizado. Hay mucha gente que a base de
escuchar mucha música muy diferente adquiere estos
conceptos en la forma de una "intuición musical" que les
genera esas mismas expectativas y sorpresas, y les
permite disfrutar de cualquier cosa aunque no puedan
poner en palabras por qué. En ambos casos hablamos de
lo mismo, tanto para los que lo llaman "cadencia rota"
como para los que dicen "guau, ¡qué cambio ha hecho
ahí!". Ambos han sido capaces de detectar ese cambio,
ambos tienen desarrollados buenos modelos de escucha,
bien por formación reglada o bien por exposición.
Y el segundo factor clave que produce disfrute con un
género (o hasta con un estilo) musical es la asociación
emocional. Aquel disco de rock que te recuerda a tal
pareja porque lo poníais en bucle en el coche en los viajes,
o aquella canción que sonó en aquel bar cuando estabas
con tus amigos, o, por supuesto, las bandas sonoras de
cualquier película o videojuego.
Dicho todo esto, sí que creo que la música clásica está
asociada con cierto elitismo o esnobismo cultural que
puede alienar a algunos de sus oyentes, o de sus oyentes
potenciales. Y precisamente iniciativas como lo de Bach y
Vermut pueden ayudar a romper eso y a facilitar que la
gente empiece a familiarizarse con todo el catálogo
clásico. Pero no es suficiente si no se les ayuda a
desarrollar esos modelos de escucha, que ya sea de
manera consciente o no, les permitan convertir el ruido
en información.
¿Qué opinas, ligado a tus vídeos, del mainstream
formado por músicos-divulgadores o
espectaculares?
Me parecen fundamentales. Precisamente, por lo que
decía de la naturaleza abstracta de la música, creo que el
generar asociaciones a través de intérpretes que cuentan
sus historias puede hacer que mucha gente descubra la
música clásica y empiece a escucharla y a amarla. Lo que
hace James Rhodes de conectar con el público a través de
sus vivencias personales y de dejar a la música cosas que
no puede expresar con las palabras, es casi como si le
hubiera puesto banda sonora a su vida, y me parece
brillante en sí mismo, y genial para la música clásica.
Por poner un ejemplo quizá menos famoso, conozco a
varias personas que han entrado al clásico a través de un
anime japonés llamado Shigatsu wa Kimi no Uso, en el
que los protagonistas, que son músicos, interpretan al
completo varios estudios de Chopin y sonatas de
Beethoven. En la serie se les da un contexto a esas piezas
y se las relaciona con los distintos conflictos que van a
atravesando los personajes. Y a mí eso me parece
maravilloso, porque te encuentras que la versión
específica del anime de la Balada Nº1 en sol menor de
Chopin tiene más de 2 millones de visitas en YouTube.
¿Desvirtúa a la pieza el que la hayan asociado con unos
personajes que les gustan? Para mí no. En absoluto. Y el
resultado es fantástico.
Me ha llamado la atención el cuidado y respeto a
los códigos de YouTube en tus vídeos (los cortes,
la duración del tiempo, los chistes, las
tipografías). Un formalismo inquietante que hace
más fácil entender el contenido. ¿Crees que se
puede adaptar cualquier temática a YouTube y
cómo de importante o cómo de trabajoso es
mantener estos formatos?
Yo siempre he tenido muy claro que lo que hago tiene que
ser
"infotainment",
es
decir,
information
+
entertainment. Porque no estoy yendo a una escuela de
música a hablar con gente que está ahí para aprender por
voluntad propia. Estoy yendo yo a la gente a decirle: "Sé
que tu vida es complicada, entre el trabajo o los estudios
o lo que tengas entre manos, y que vienes a YouTube para
relajarte y desconectar, pero yo te prometo entretenerte y
no darte mucho la brasa si a cambio haces un pequeño
esfuerzo por seguir mi explicación. Y el resultado es que
al acabar no volverás a escuchar cierta música de la
misma manera". Ese es mi contrato con la audiencia. Si
mi explicación se alarga o es un tostón se van a ir y con
razón. Y si mis bromas eclipsan lo interesante que tenga
que decir, lo mismo. Intento encontrar un equilibrio.
Lo que eso conlleva es bastante trabajo de edición, para
adaptarlo, como dices, a los códigos de YouTube. Cortes
rápidos, estímulos constantes, guiones que no se
enrollen. Me gusta porque me obliga a entender mucho
una cosa antes de hablar de ella. Desde el principio estoy
pensando en cómo explicar todo con el menor número de
palabras, yéndome lo menos posible por las ramas, cómo
relacionarlo con otras cosas que la gente que ve el vídeo
pueda considerar más "familiares" (tengo un vídeo
relacionando a Bach con la intro de Pokémon, por
ejemplo). No olvido nunca que ellos me están haciendo a
mí el favor de verme. Y no al revés.
A pesar de que algunos wagnerianos te han reprendido
por tus últimos vídeos, seguirás arriesgándote a ligar
contenidos aparentemente incomparables?
Sí, siempre. Me aburre profundamente la narrativa de
que hay dos músicas, la culta y la popular, cuando incluso
si intentas trazar una división entre las dos, ambas
categorías van a estar construidas sobre los mismos
lenguajes y procedimientos. Para mí la música es música,
y ya está. Si, como he hecho hace poco, puedo explicar
una fuga de Bach con ejemplos de cosas que hacen La
Oreja de Van Gogh o John Lennon lo voy a hacer. Y si te
la pudiera explicar con la sintonía de "Mercadooona,
Mercadooona" también lo haría. A algunas personas eso
les va a producir rechazo, pero a muchas otras les hace
conectar. Y no puedes enseñar sin conectar.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/08/tentaciones/1502
229296_864248.html
Rescatado: 28/nov/2022
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