“Administremos como Menores, con transparencia, solidaridad y ética”

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“Administremos como Menores, con transparencia, solidaridad y ética”
Encuentro del Consejo Económico Ampliado
San Antonio de Arredondo, 21 y 22 de agosto de 2014
Cuando van por el mundo los hermanos, no lleven nada para el camino,
ni bolsillo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni bastón.
Y en cualquier casa que entraren, digan primero: Paz a esta casa.
Y permaneciendo en la misma casa, coman y beban lo que ellos tengan.
(1 Re 14, 1-2)
Para seguir más de cerca y reflejar con mayor claridad el anonadamiento del Salvador,
adopten los hermanos la vida y condición de los pequeños de la sociedad,
morando siempre entre ellos como menores;
y en esa condición social contribuyan al advenimiento del Reino de Dios.
Los hermanos, en cuanto fraternidad y en cuanto personas individuales,
condúzcanse de tal manera en su modo de vivir que nadie se sienta distanciado de ellos,
sobre todo los que de ordinario se encuentran más desprovistos de cuidados sociales y espirituales.
(CC.GG. 66, 1.2)
Con alegría hemos compartido, los hermanos de la Provincia de la Asunción, el
primer Encuentro del Consejo Económico Ampliado1, luego de la integración de las tres
entidades que conforman hoy la Provincia de la Asunción.
El encuentro tuvo lugar en San Antonio de Arredondo, los días 21 y 22 de agosto, en
la Casa de retiro frente a la Residencia, que en otros tiempos fuera Postulantado y
Noviciado.
Estuvieron presentes los siguientes hermanos: Alberto Pico, Andrés Grossetti, Angel
Gayte, Eduardo Lazcano, Emilio Andrada, Jorge Bender, Jorge Luis Lezcano, Jorge Stipech,
Juan Nuñez, Juan Pablo Quiroga, Leandro Aquino, Marcos Ibarra, Pablo Reartes, Pedro
Samudio, Raúl Piazza y Salvador Vilar.
Tal como se había anunciado en la convocatoria, se trabajó sobre el subsidio del
Definitorio general “La Administración Franciscana de la Economía”, para la Formación en el
uso transparente, solidario y ético de nuestros recursos económicos. Las actividades se desarrollaron
en tres grupos que fueron considerando cada uno de los seis núcleos que propone el documento.
Compartimos ahora las conclusiones a las que se llegaron como fruto de dicha tarea.
1. Economía – ética – solidaridad
Observamos que algunos aspectos problemáticos de nuestra relación con la
administración de los bienes se deben a la apropiación, ese “poner el corazón” en algo que
no es el Señor; ahí está a la raíz del problema de nuestra relación con los bienes (sean
1
Consejo Económico Ampliado: según nuestros estatutos, está integrado por los miembros del Consejo
Económico Provincial, designado en Congreso Capitular, más los Ecónomos locales de todas las Casas
pertenecientes a la Provincia.
1
espirituales o materiales), y se manifiesta en el modo en que asumimos un servicio; la
actitud que tenemos ante el dinero; el estilo poco fraterno de manejarnos en relación a los
bienes; la inacción y falta de gestión ante los bienes, como si por ser de todos, fueran “de
nadie”, y entonces por omisión propiciamos, en algunos casos, situaciones de injusticia, ya
sea permitiendo que terceros inescrupulosos se aprovechen para su propio bien, ya sea
privando a la fraternidad de poder contar con un recurso que podría ser necesario para
alguna obra, ya sea no restituyendo a los más necesitados un bien que no nos es superfluo.
Influye también negativamente, en nuestra relación con los bienes la baja calidad de vida
fraterna, que opera como causa y como consecuencia, al faltar relaciones fluidas, de
confianza recíproca, de transparencia, de sentido de pertenencia, al punto que mientras
algunos no comunican lo que tienen, otros no se animan a pedir aún lo que necesitan, al no
sentirse contenidos por la fraternidad.
Ante estos problemas, consideramos que la solución debería tener en cuenta los
siguientes elementos. Por un lado, el discernimiento fraterno, cuidadoso, profundo y
frecuente sobre el “uso transparente, solidario y ético de nuestros recursos económicos”, y
que se debería concentrar en cómo administrar responsablemente nuestros bienes
materiales, especialmente las Casas, otras estructuras edilicias, campos, predios, tomando
en cuenta el sentido de desapropiación. Otro tema a discernir es sobre cuál es el mejor
modo de cuidar a nuestros hermanos mayores, garantizando buena atención en salud,
contención afectiva, vida espiritual, y a la vez con recursos acordes con la austeridad.
También es necesario discernir la oportunidad, conveniencia y criterios éticos a tener en
cuenta para la obtención de subsidios del estado o de donaciones particulares. Por otro lado
ayudaría a la solución de estos problemas el ejercicio responsable de la administración,
aceptando lo que hemos recibido para disponer según los criterios mencionados.
2. El origen de nuestro dinero
La procedencia del dinero de nuestras casas básicamente, y en amplia concordancia
con el documento que hemos estudiado, proviene del Trabajo pastoral, que incluye todo lo
que se refiere al culto, como el estipendio de misas, las colectas, las alcancías. Vinculado al
trabajo están los aportes que algunos hermanos reciben en concepto de sueldos o
jubilaciones. Otrop tipo de ingresos genuinos es el que se produce a través de santerías,
entradas al museo, venta de productos agrícolas (miel) o de otras manufacturas. Algunas
fraternidades administran la casa de retiro. Además, valoramos como un aporte a la casa,
en este caso reduciendo gastos, el trabajo doméstico o tareas de mantenimiento que hagan
los propios hermanos de la Casa, prescindiendo de más empleados. Otro ingreso que
también se debe tener en cuenta es el aporte de la provincia para las casas de formación, las
casas que tienen enfermería, o las casas cuyos ingresos no alcanzan a cubrir la totalidad de
los gastos ordinarios, como así también el aporte desde allí se hace para cubrir la cuota de la
mutual San Pedro. Otra fuente de ingresos son los eventos u otras actividades creativas que
se organizan generalmente para fines específicos (mantenimiento del templo –
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mejoramiento de sonido – construcción de espacios comunes (salones – baños); y,
finalmente, en muy baja escala, algunas rentas internas: colaboraciones obtenidas de
entidades que usan partes de nuestras casas.
A nivel provincial, los ingresos provienen de varios CEFs, que aportan tres tipos de
fondos: un fondo específico para los gastos de Secretaría de Educación – un fondo para los
gastos administrativos que los CEFs demandan – los excedentes cuando los hubiere, que
pasan a constituir un fondo de reserva para eventualidades o proyectos destinados a los
propios CEFs; otro tipo de ingresos que administra el Economato provincial son los que
provienen de la renta de locales comerciales, campos y otras rentas.
Para propiciar la participación de laicos, especialmente en las Casas que tienen
Parroquias, consideramos importante socializar algunas necesidades, especialmente en
cuestiones de culto o de obras de carácter social, pues dan la posibilidad de restituir a
muchas personas que quisieran hacerlo. También es un trabajo muy fecundo el de procurar
que haya consejos económicos en las parroquias de modo que recibiendo alguno de los
ingresos, se hagan cargo de egresos vinculados con la gestión parroquial. La participación de
los fieles en la economía propicia su creatividad y corresponsabilidad.
Un problema en los ingresos de las Casas, es que hay algunos hermanos que no
comparten lo que reciben quizás por temor o falta de confianza, u otras causas.
3. Cómo gastar el dinero
Nos preguntamos también sobre cómo queremos vivir. Así, en cuanto a cómo usar el
dinero que ingresa a nuestras Casas, se considera que lo básico es garantizar, con
austeridad, una calidad de vida digna para los hermanos (alimentación – salud – vestimenta
– etc.), evitando lo superfluo, los caprichos, que a veces puedan aparecer.
En general creemos que nuestra vida es sobria, pobre. Pero para el mejor uso del dinero
es necesario realizar siempre un discernimiento en el que Francisco es el referente
ineludible, ya que por su conversión en relación a los bienes, adquirió un elevadísimo nivel
de libertad frente a la atracción que los mismos pueden ejercer. El uso responsable del
dinero, tanto a nivel personal como fraterno, es un indicador de cómo vivimos el voto de
pobreza. Para ello se hace necesario ejercitarse en el ya mencionado discernimiento. Nos
ayuda a ese fin tener en cuenta el contexto socio económico en que vivimos y tratar de
ubicarnos en concordancia con aquellos que padecen más las consecuencias negativas del
tiempo presente. Además, frente a la evidente actitud consumista que predomina
especialmente en las zonas urbanas, debemos ejercitar la vigilancia, la autocrítica y el
discernimiento para no ser influenciados. La pregunta fundamental es cómo queremos vivir
nosotros. Y también sería conveniente crecer en conciencia ecológica.
El uso del dinero está vinculado a la Formación, pues, si bien este es un tema que nos
concierne a todos, en las casas de formación habría que encararlo más y todavía es mucho lo
que hay por hacer.
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4. Compartir los bienes con los pobres y necesitados
El punto de partida en esta actitud que debería estar encarnada en nosotros es
reconocer que a veces subyace la formación que tenemos de familia, quizás no sensible a
este tema, y que frecuentemente no se modifican en la vida fraterna. En nuestra relación
con los pobres observamos que hay hermanos que ya están habituados en el trato con ellos,
otros que necesitan violentarse para acercarse a ellos, otros que quisieran producir ese
encuentro pero aún no se animan, y finalmente, los que directamente no quieren saber del
tema. La clave es saber dónde estamos parados.
El compartir es, como dice el documento, no sólo una cuestión ética, sino también y
principalmente una cuestión cristológica y teológica, una obra de restitución y solidaridad
con los pobres, es animarse a asumir la condición de los pobres, preocuparse de generar
espacio para los pobres en las propias fraternidades, hacerlos partícipes colaborando con
nuestros propios ingresos para ayudarlos.
El restituir es promoverlos, no sólo atenderlos; es compartir no solo “cosas”, sino
nuestra persona, nuestra vida, es una cuestión de actitud; es iniciar un camino de
discernimiento fraterno, para considerar qué se hace, quién lo hace, cómo lo hace...no
improvisar ni ser ingenuo, sino que sea motivo de diálogo y decisión; es generar una
organización pequeña pero concreta; es cuidar que los dineros de los bienhechores para los
pobres sean aplicados para ese fin; es decir, realizar un acto de justicia; es, finalmente,
ocuparse, no practicar estas cosas como un “sacarse de encima” al que nos necesita, sino
involucrarse.
Vemos como posibilidad de avanzar en este campo, que hoy muchos jóvenes que
estamos recibiendo están muy identificados con el tema de la itinerancia que tiene que ver
con el de la restitución, y creemos que esto nos hace bien, porque hace a la esencia de
nuestra identidad. Además nos ayuda a diversificar nuestra forma de presencia. También
valoramos las riquezas o talentos personales que algunos tienen y los animamos a
compartirlos, desarrollarlos, darlos. Finalmente, vemos como posible y necesario poner más
de nuestros recursos, especialmente inmuebles que están ociosos, para obras sociales.
Somos conscientes de que estas propuestas tienen consecuencias. Por ejemplo, para
poder dar más en nuestras Casas es necesario reducir los gastos, ser más austeros. Para que
esto se de hace falta involucrarse personalmente (ir a una casa – moverse a un lugar – correr
un riesgo – acercarse físicamente); comprometerse más con las comunidades que tienen
más necesidades. Para esto es bueno dialogar, compartir fraternalmente las experiencias
que se tengan en este campo, ello puede servir como motivación para otros hermanos.
También ayuda conocer otros lugares o instituciones donde los hermanos necesitados
puedan recurrir por ayuda, ser albergados, cuando nosotros no lo podemos hacer.
Tampoco queremos olvidar las familias de los hermanos, estar atentos a sus
necesidades. Que no sea un tema oculto, más por el contrario instalarlo y ocuparse
fraternalmente del mismo y reflejarlo en los informes contables. En fin, aplicar lo del espejo
de Clara - ¿vemos a Cristo pobre reflejado?
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5. Ahorrar el dinero
Hay diversas situaciones que observamos: hay casas (especialmente en Paraguay)
que dan sus excedentes (50 %) a la administración central, para constituir un fondo común;
hay casas que tienen un fondo de reserva que utilizan para mejoras en la casa, no son
grandes montos pero son necesarias. Las casas de formación también, cuando tienen un
fondo de reserva lo utilizan para imprevistos, especialmente mantenimiento de casas o
vehículos, vacaciones; y hay otras casas para las que la idea de ahorrar es imposible, dada la
situación económica que hace disminuir sus ingresos. Por otra parte las estructuras edilicias
que envejecen y se tornan cada vez más caras para mantener y los sueldos de los que
trabajan en nuestras Casas, que también aumentan, absorben la mayor parte de los ingresos
y hacen difícil el poder ahorrar.
En conclusión, básicamente se trata de que los fondos que se tengan de reserva no
estén ociosos, sino que se dinamicen, pero consideramos saludable contar con dicho fondo.
6. La gestión franciscana del dinero y de los bienes
Vemos como signos positivos que la transparencia se ha instalado bastante a nivel
provincial y local, y también se ha avanzado bastante en los informes económicos de los
CEFs; crece el interés de los hermanos en relación a la transparencia administrativa, todos
tenemos derecho a pedir información. Por eso se percibe muy saludable que en los capítulos
locales se presente el informe de economía.
Por otra parte consideramos como signos negativos que atentan contra la
transparencia cierta falta de orden que lleva a los ecónomos a no tener los informes a
tiempo. También pensamos que no es sano que algunas cuestiones, como el mantenimiento
de la casa, dependan solamente de la disposición del ecónomo. En cuanto a conciencia
ecológica falta que racionalicemos más lo que descartamos (no amontonar objetos en
desuso) y procesemos adecuadamente la basura, nos falta algún criterio de orden. Lo
ecológico no está instalado entre nosotros, necesitamos discernir. Pensemos que nuestras
casas suelen ser consideradas ambientes aptos para el silencio, la paz interior, la oración.
Proponemos como sugerencia superadora el tener en cuenta que el ecónomo
necesita que lo ayuden a advertir que algo anda mal, que algo hace falta en la casa o para los
hermanos, como también que se espera de él un informe, en fin, que la administración de la
economía, con criterios de solidaridad, ética y transparencia, es una cuestión de todos.
Fr. Emilio Andrada
p/Consejo Económico Ampliado
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