Subido por Dra. Soraya Ramírez Chelala Hernández

2014 Ecología Emocional Transformar las emociones

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JAUME SOLER
Y M. MERCÈ CONANGLA
PRÓLOGO:
RAMON FOLCH
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Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser
realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro
Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra
(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).
Para contactar con los autores o con Fundació ÀMBIT:
www.ecologiaemocional.org
www.fundacioambit.org
[email protected]
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© Jaume Soler y M. Mercè Conangla, 2013
© Editorial Amat, 2013 (www.amateditorial.com)
Profit Editorial I., S.L. 2013
Diseño cubierta: XicArt
Maquetación: www.eximpre.com
ISBN EPUB: 978-84-9735-704-3
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Sobre los autores:
Jaume Soler y M. Mercè Conangla son fundadores de Fundació ÀMBIT.
Dirigen el Master de Ecología Emocional y la Universit@rtdelviure. Son
autores, entre otras obras, de la trilogía “De la familia obligada a la familia
escogida” (Juntos pero no atados, Ámame para que me pueda ir, Juntos pero no
revueltos) y Aplícate el cuento.
www.ecologiaemocional.org
www.fundacioambit.org
Más información sobre los autores:
Jaume Soler
Mercè Conangla
Sobre el libro:
¿Padecemos mayor contaminación emocional que atmosférica? La Ecología
emocional es un modelo revolucionario que propone prevenir la contaminación
y el calentamiento emocional y sus nefastas consecuencias. Enseña a traducir la
información emocional y a canalizar creativamente dicha energía; a crear
espacios emocionales protegidos y aprender la gestión ecológica de nuestros
afectos. Dado que “el adentro condiciona el afuera”, cada persona puede
escoger ser parte de la solución o del problema de la humanidad. Ésta es nuestra
responsabilidad: mejorarnos a nosotros mismos para mejorar el mundo y
conseguir una vida más equilibrada y armónica.
La Ecología emocional es un ameno ensayo que incluye textos,
relatos e integra visiones procedentes de la ecología, la literatura, la poesía, la
psicología, la sabiduría popular y la filosofía.
Más información sobre el libro
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«Dedicado a las personas que han escogido en la vida formar parte de la
solución en lugar de ser parte del problema.»
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ÍNDICE
Prólogo
Presentación
• La creación: escoge tu historia
I PARTE: LA PSICOECOAFECTIVIDAD
Capítulo 1: EL DESPERTAR DE LA ECOLOGÍA EMOCIONAL
• Toda una vida para vivir, todo un mundo a explorar
• La psicoecoafectividad: el equilibrio interno proyectado en el equilibrio externo
• Los colores de nuestro paisaje
• Emociones, ¿premios o castigos?
• Asumir el riesgo de vivir
• La salud emocional
• La importancia del equilibrio y de la armonía
• El equipaje del otro no es el que yo creo
• La libertad de escoger
• Que no se oxide nuestro corazón
Capítulo 2: EL LÉXICO PSICOECOAFECTIVO
• Un estruendo de palabras
• Todo está en la palabra
• Encontrar la palabra justa
• Explicamos un cuento: La isla de los sentimientos
• Palabras para dejar de escondernos
• Glosario psicoecoafectivo
Capítulo 3: ECOLOGÍA Y SENTIMIENTOS
• El origen
• La responsabilidad de ser
• El ser humano, un ser que busca
• Códigos que es preciso traducir
• Los paisajes más exóticos para explorar
• ¿Sentimientos buenos y malos? ¿Positivos y negativos?
• La auditoría psicoecoafectiva
• El autoconocimiento liberador
• Una leyenda hindú
Capítulo 4: LAS LEYES DE LA ECOLOGÍA EMOCIONAL
• Ley de la diversidad y riqueza de afectos
• Ley de la interdependencia afectiva
• Ley de la gestión ecológica de los recursos afectivos
Capítulo 5: EL CONSUMO AFECTIVO
• La influencia de los valores sociales en el consumo afectivo
• Emociones para el consumo, sentimientos «a la carta»
• Sucedáneos emocionales
• Los cosméticos emocionales
II PARTE: LA GESTIÓN AFECTIVA DESADAPTATIVA
Capítulo 6: LA GESTIÓN DESEQUILIBRADA DE LOS AFECTOS
• La incorrecta gestión de los recursos emocionales
• Si el corazón pudiese pensar, se pararía
• Los recursos no son ilimitados
• Dos sistemas operativos que conviven
• Cuando el caos vence
• Un balance emocional negativo
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• Los precios que pagamos
• Fugas de energía
• Cuando «nos saltan las fichas»: el desborde emocional
• El perfeccionismo utópico
• Invertir energía en proyectos inadecuados
• La incontinencia afectiva
• La infrautilización de los recursos afectivos
• La contaminación emocional
• Un contaminante emocional: los rumores
• Reprimir los afectos
• La tala indiscriminada
• Las basuras emocionales
• Basuras crónicas
• La generación de contenidos emocionales tóxicos
• Embrollo emocional
Capítulo 7: ATRAPADOS EN EMOCIONES QUE NOS ESCLAVIZAN
• Una construcción a medio hacer
• Desarmonía y patología
• La prisa violenta
• Tiempo sentido, tiempo vivido
• Afectos indicadores de desarmonía
• Ansiedad
• Celos
• Culpa
• Envidia
• Ira
• Miedo
• Odio
• Resentimiento
• Tristeza
• Vergüenza 3
III PARTE: LA CUESTIÓN HUMANA
Capítulo 8: LA GESTIÓN EMOCIONAL ECOLÓGICA
• El saber imprescindible
• Estamos en camino, pero no caminando
• Vivir cada día
• Aprender a discernir
• Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta
• Ser uno mismo a pesar del entorno
• Los ideales y las utopías necesarias
• La llave del éxito: deseo, esfuerzo, perseverancia y acción
• Nada se consigue sin esfuerzo
• Si crees que estás perdido, lo estás
• Provisionalidad: meditación de Séneca
• La transformación necesaria, la «no resistencia»
• La isostasia emocional
• El drenaje emocional
• Los siete principios de la gestión ecológica de las relaciones
• Los efectos saludables de no inmiscuirnos en la vida de los demás
Capítulo 9: ENERGÍAS LIMPIAS, RENOVABLES Y ECOLÓGICAS
• Energía psicoecoafectiva
• Un mar de pequeños fueguitos
• Apasionarse por vivir
• ¿Cómo es la ciudad de donde viene?
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• Escoger el filtro adecuado
• Todos los momentos son especiales
• Sembrar energía positiva
• Fuerzas para seguir adelante
• Alegría
• Curiosidad
• Deseo
• Fortaleza
• Silencio
• Soledad
• Voluntad
• Caricias positivas: las vitaminas emocionales
Capítulo 10: ESPACIOS PROTEGIDOS: ECOSISTEMAS AFECTIVOS FRÁGILES
• Reservas naturales, espacios protegidos 1
• Especies en peligro de extinción
• Catálogo de afectos extremadamente delicados
• Agradecimiento
• Amistad
• Amor
• Compasión
• Confianza
• Esperanza
• Felicidad
• Generosidad
• Serenidad
• Ternura
Epílogo: EL ARTE DE VIVIR LA PSICOECOAFECTIVIDAD
• La fuerza creadora
• Viajar, explorar, desprenderse
• No se han podido llevar la música
• La calidad de vida
• Sin límites
• La última semilla
• ¿Podrá sobrevivir el hombre?
• Poema a modo de despedida
BIBLIOGRAFÍA
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PRÓLOGO
Se me hace que este libro va destinado a la clase de tropa. Un enfático cura de pueblo, a
quien acaban de hacer santo, escribió un ramillete de entonadas banalidades dirigido a
discípulos sobrevalorados, yo diría. Los demás, la gente común, eran clase de tropa,
almitas de cántaro esclavas de su propia zoología, apenas merecedoras de atención
alguna. Este libro, en cambio, se interesa plenamente por ellos. Se dirige a toda la
escoria benigna que rehuye la ectoplásmica condición de los selectos irreales y que
insiste en seguir llorando y riendo. Yo mismo, sin ir más lejos.
Y muchos más. Clase de tropa como Neruda, Pessoa, Montaigne, Anaïs Nin, Ghandi,
Fromm, Rosa Montero o Martí i Pol, infantería nada excelsa que transita sin cesar de
cabo a rabo de la obra entorchándola de citas. Clase de tropa de carne y hueso que
piensa y escribe desde que en el mundo se escribe y se piensa. Personas para quien la
condición humana no es para nada un lastre, sino la única y propia realidad tangible.
Clase de tropa con el corazón en la boca y emociones desgarradas. Usted mismo,
seguramente.
En la espléndida catedral de Plasencia, la lápida que sella el sepulcro de un obispo ya
medio olvidado proclama: «La palidez de su rostro nacarino era fiel reflejo de su casta
espiritualidad». De espanto. Su difunta ilustrísima, martillo de herejes, tampoco fue
clase de tropa, sino un modelo ejemplar del paradigma enfermizo que en represiones y
caras exsangües busca su norte y camino. Culpables de haber nacido, corren a lavar la
tacha original en que nunca incurrieron tan pronto ponen los pies en el mundo. A partir
de ahí, el placer es pecado y la biología una infamia.
Pues no. El placer es la sabia gratificación decantada por millones de años de
evolución triunfante. El placer es la recompensa por la acción biológicamente correcta.
La cultura del dolor y la culpa, al contrario, es una morbosa perversidad cruel.
Perversidad contra la cual, y a favor de la clase de tropa que siente y se enamora, yo
diría que fue escrito este libro, anhelante por comprender al ser humano a partir de su
zoología irrenunciable. Por ello habla de ecología emocional, que es una metafórica
manera de inscribir los sentimientos en el ecosistema de la realidad.
Me pregunto con qué autoridad lo prologo. Manuscrito en mano, tomo contacto por
vez primera con los conceptos de psicoecoafectividad o de ecología emocional. No
estoy, pues, en condiciones de valorar la obra. Sin embargo, diría que comparto
inquietudes con sus autores, sobre todo esa vindicación insistente del instinto. La cultura
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es una construcción social para encauzar las inclinaciones, o incluso para contrariarlas,
pero en modo alguno para negar su existencia y menos aún para deslindar pretendidos
culpables. Rescataremos la serena comodidad de ser como somos cuando seamos como
queremos ser. Que el aire circule y las caras sonrían, descartadas palideces estériles.
Hasta aquí, fuimos más inteligentes que sabios. Este libro recorre la historia y el
espacio interior de cada quién en pos de evidencias. Bien cierto es, no fuimos lo bastante
sabios. La sabiduría es conocimiento en el seno de una escala de valores. Desplazados
los valores por ambiciones y dogmas, la sabiduría se nos fue de los dedos cual puñado de
agua incomprendida. Así nos convertimos en eruditos torturados o en ignorantes
culpables. La felicidad no se alcanza en un estado semejante. Y no siendo felices, no
logramos ser buenos. Pienso que este libro explica este tipo de cosas.
Y también se instala, tranquilamente, en la irreductible soledad de cada cual consigo
mismo. Habla de la amistad como silencio compartido. Habla del amor como decisión
voluntaria que ni salva ni condena. Distingue la esperanza del sueño, la voluntad del
esfuerzo. De hecho, para encararse al universo sin hundirse en un mito de origen
cualquiera, estas cosas son muy necesarias. Un aura bohisáttvica recorre el libro de
principio a fin.
Claro que, tal vez, tan solo me lo parezca. Hay tantas realidades como percepciones y,
ahora y aquí, escribo simplemente la mía. Puede que el libro no trate de eso y el presente
prólogo no pase de yerro. Será mejor que lean la obra.
RAMON FOLCH
Doctor en biología, socioecólogo
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PRESENTACIÓN
La creación: escoge tu historia
En el principio era el caos, partículas alborotadas, atrayéndose y repeliéndose.
Átomos desbocados aproximándose y alejándose en el silencio infinito, en la nada, sin
plan, sin destino, sin conciencia.
En una época sin tiempo, las partículas se fueron compactando, como temerosas de ser, y
esta masa crítica generó la explosión inicial: el Universo en expansión. Y de la unión
nació la separación y cada partícula emprendió una ruta propia sin saber a dónde la
llevaría aquel viaje: se iniciaba el tiempo y con él nuestro origen y nuestra historia. Todo
un Universo. Y dentro del Universo, una galaxia blanca llena de astros maravillosos y un
pequeño, muy pequeño, planeta azul. La Tierra nace a partir de la unión y de la
separación y estos dos principios han ido, desde entonces, siempre juntos.
Al principio era el caos en la Tierra, pero a partir del caos apareció la organización y
los organismos: la vida. De los primeros seres vivos simples, cada vez organismos más y
más complejos fruto de la cooperación: células que se convierten en tejidos, tejidos que
forman órganos y órganos que trabajan en equipo formando aparatos y sistemas
especializados. Un organismo: vida en todas sus formas, vida mágica, vida sorprendente,
vida inesperada, vida rara y valiosa.
Vegetales y animales van ocupando la Tierra, van experimentando formas de ser y de
adaptarse. La vida, con toda su fuerza, permite estos ciclos de vida y de muerte, de
construcción y destrucción. Vida: energía primordial. Tiempo que pasa, tiempo que es
caos, luchas, transformaciones, adaptaciones, vida y muerte... ¡¡¡CONCIENCIA!!! La
evolución nos permite aparecer en este planeta y el ser humano aprende a adaptarse,
evoluciona, adquiere conciencia de qué “es”, ocupa territorios, evoluciona y empieza su
creación:
La primera creación
día primero:
He aquí que homo vio la Luz, tomó conciencia de sí mismo y apareció el orgullo. Y el
homo dijo:
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—Soy el rey de la creación. Toda la Tierra está a mi servicio. Yo soy quien decide y
puedo someter a todas las demás especies inferiores porque soy inteligente y el amo de
todo.
Y el orgullo se mezcló con la ignorancia y se inició la destrucción.
día segundo:
Y el segundo día, homo observó el firmamento. Respiró el aire fresco de la atmósfera y
admiró la belleza del cielo. Y dijo:
—Lanzaremos al aire los gases de las fábricas y los vientos los esparcirán.
Ocuparemos el espacio y lo pondremos a nuestro servicio.
Así fue como construyó aparatos que volaban y llenó el espacio de ondas, radiaciones,
satélites artificiales y basuras que daban vueltas alrededor del planeta, atacaban la capa
de ozono y envenenaban el aire. Homo probó el poder y le gustó.
día tercero:
El tercer día, homo vio la belleza de la Tierra y se dio cuenta de sus riquezas. Y
aparecieron el egoísmo y la avidez. Así es que dijo:
—Edificaré mis estancias en la tierra. Reinaré sobre todos sus recursos y sacaré
provecho de ellos.
Y homo edificó ciudades, carreteras y puentes, cortó árboles, quemó prados, destruyó
selvas, perforó y aspiró la energía de sus entrañas y se enriqueció. Y para hacerlo
aprendió a matar, a estafar, a robar y a ser deshonesto y cruel. Y entonces aparecieron la
ira y la envidia. Y el sufrimiento fue creciendo en el mundo.
día cuarto:
El día cuarto, homo se fijó en la belleza y grandeza del mar. Y dijo:
—Lanzaremos nuestras basuras al mar para que no nos molesten. El mar es muy
grande y no se quejará.
Apareció la inconsciencia.Homo hizo desembocar cloacas en el mar y lanzó en él los
vertidos químicos de sus industrias. Derramó petróleo y todo tipo de tóxicos. Y fue así
como las plantas y los animales acuáticos empezaron a morir, y el mar a perder su color
en una lucha titánica para regenerarse y no morir.
día quinto:
El día quinto, homo vio que había muchos animales viviendo en el planeta, animales
libres y nobles que jugaban bajo el sol y corrían por los prados. Homo dijo:
—Capturaremos a estos animales y los pondremos en jaulas para divertirnos y
experimentar con ellos.
Así lo hizo. Y aparecieron la prepotencia y la crueldad. Muchas especies se
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extinguieron y otras se volvieron locas.
DÍA SEXTO:
El sexto día, homo vio a otros seres homo de todas las razas, costumbres y lenguas. Y
apareció el miedo a la diferencia, que unido a la ignorancia, generó celos y odio. Y
homo dijo:
—Construiremos armas poderosas para defendernos y destruir a los demás antes de
que ellos nos destruyan a nosotros.
Entonces homo creó armas de destrucción masiva que mataron hombres, animales y
plantas y erradicaron la vida de la Tierra.
DÍA SÉPTIMO:
Y sucedió que al séptimo día homo descansó del trabajo hecho, y la Tierra quedó
tranquila porque homo ya no la habitaba al haberse destruido a sí mismo. Y fue así que la
VIDA volvió a tener una oportunidad.
La segunda creación
DÍA PRIMERO:
He ahí que homo vio la Luz, tomó conciencia de sí mismo y apareció la humildad:
—Soy uno más de los habitantes de este planeta. Este espacio no es mío, sólo soy un
inquilino provisional. Toda vida es importante y todos nos necesitamos para sobrevivir.
Y la humildad se mezcló con la curiosidad y la responsabilidad y homo inició la
creación.
DÍA SEGUNDO:
Y el segundo día homo observó el firmamento. Respiró el aire fresco de la atmósfera y
admiró la belleza del cielo. Y dijo:
—Debemos cuidar este aire tan limpio porque de él depende la vida de todos. Es
importante cuidar este firmamento, los astros que iluminan la noche y la atmósfera que
nos protege de las radiaciones.
Así fue como homo evitó la contaminación por gases o ruidos. Legisló para proteger
este medio y educó para un consumo equilibrado y responsable. Entonces aparecieron el
respeto y la alegría.
DÍA TERCERO:
El tercer día, homo vio la belleza de la Tierra y se dio cuenta de sus riquezas. Así es que
dijo:
—Edificaré con cuidado mis estancias en la Tierra. Intentaré construir viviendas
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ecológicas que se alimenten de energía limpia. Respetaré la naturaleza e intentaré que mi
paso no suponga destrucción. Recibiré con agradecimiento los dones de la madre Tierra
y los repartiré con equidad.
Y así fue como aparecieron la prudencia, la generosidad y la solidaridad entre los
humanos y el resto de seres vivos.
DÍA CUARTO:
El día cuarto, homo se fijó en la belleza y grandeza del mar. Y dijo:
—Tendremos un cuidado especial de estos parajes. Gestionaremos nuestros
desperdicios de forma que no ensucien las aguas. Utilizaremos con sensatez los recursos
del mar para nutrirnos y evitaremos su explotación desenfrenada.
Y apareció el equilibrio, y homo vio que aquello era bueno.
DÍA QUINTO:
El día quinto, homo vio que había muchos animales viviendo en el planeta, animales
libres y nobles que jugaban bajo el sol y corrían por los prados. Y homo dijo:
—Crearemos amplios espacios protegidos donde todas las especies encuentren su
lugar en libertad. Haremos un uso noble de los recursos que nos dan para nutrirnos y
para la investigación.
Y entonces aparecieron la compasión y la convivencia pacífica entre las especies. Y
homo vio que esto era bueno.
DÍA SEXTO:
El sexto día, homo vio a otros seres homo de todas las razas, costumbres y lenguas. Y
apareció el impulso de aprender de los demás, de relacionarse y de compartir en
confianza. Y dijo:
—Conviviremos juntos en paz y nos ayudaremos a crecer respetando la manera que le
sea propia a cada uno.
Y así fue como nacieron la amistad, la ternura y el amor.
DÍA SÉPTIMO:
He aquí que el séptimo día homo descansó del trabajo hecho... y la Tierra quedó
tranquila porque homo había hallado la armonía en su interior con los demás y con la
naturaleza. El ser humano entraba en una etapa de humanización creativa. Y así fue
como la VIDA dio un gigantesco paso hacia adelante.
Este libro propone un camino posible para llegar a la segunda creación a partir de la
mejora de cada uno de nosotros. Estarnos convencidos de que el equilibrio interior de
una persona va unido a la relación armónica con su entorno. De hecho, la vida siempre
enseña que en la misma complejidad reside una enorme sencillez.
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Jaume Soler
M. Mercè Conangla
I PARTE
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LA PSICOECOAFECTIVIDAD
Nunca una generación ha tenido tanta responsabilidad sobre sí misma y sobre su futuro
como la generación actual.
José Saramago
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CAPÍTULO PRIMERO
El despertar de la ecología emocional
La vida es un viaje experimental realizado involuntariamente. Es un viaje del espíritu a
través de la materia, y como es el espíritu quien viaja es en él donde se vive. Hay, no
obstante, almas contemplativas que han vivido más intensamente, más extensamente y
tumultuosamente que otras que han vivido externamente. El resultado lo es todo.
Aquello que se ha sentido ha sido lo que se ha vivido.
Fernando Pessoa Libro
del desasosiego
Toda una vida para vivir, todo un mundo a explorar
¿Nuestra vida a qué se puede comparar?
A la gota de rocío que salta del pico del pájaro acuático,
y en la cual se refleja la luna.
Maestro Dogen
Vida, sorpresa, misterio y belleza, mucha belleza... Aquí nos hallamos todos, pequeños
humanos poblando un pequeño planeta perdido en un espacio inmenso. Humanos
viviendo, con más o menos conciencia de estar vivos, el milagro de la vida y de la
belleza de nuestro mundo. Humanos con dificultad para apreciar la magia de los colores
de la luz de la luna reflejada en una pequeña gota de rocío. ¿Cuántos años llevamos
vivos y cuánta vida hemos vivido plenamente?
1
El ciclo de la vida y de las estaciones, fundamental para la vida en la Tierra tanto para
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los vegetales como para los animales y el hombre, se repite una y otra vez. La naturaleza
es la manifestación constante de la vida que recomienza una y otra vez, siempre
perseverante.
Una semilla que se abre y se convierte en planta, una planta que crece y da flor y fruto,
y luego muere y produce residuos. Unos residuos, o humus, que tienen también un
motivo de ser porque enriquecen la tierra y le proporcionan nutrientes gracias a los que
podrá iniciarse, nuevamente, el ciclo imparable de promesas que se convierten en
realidades. La primavera que florece, el verano donde todo madura, el otoño que libera
del peso de lo que está muerto y enlentece los ritmos biológicos y, finalmente, el
invierno donde todo encuentra reposo, duerme y descansa para recomenzar.
También las personas funcionamos con ciclos: ciclos de vida y muerte, de descanso y
trabajo, de construcción y destrucción, de calma e inquietud, de reflexión y acción.
Hablamos de vida, del mundo, de los demás y de nosotros; hablamos de nacer humanos
y transformarnos en personas, hablamos de potenciales y realidades, de nuestra
dimensión sapiens y de nuestra dimensión demens, y de la necesidad de equilibrar las
dos dimensiones. Hablamos de vivir y explorar: tenemos todo un mundo para recorrer y
todo un camino interior para encontrarnos y permitirnos nacer. En este camino, nuestra
inteligencia y nuestra afectividad deberán aprender a trabajar en equipo para construir y
construirnos, para no destruirnos a nosotros mismos, a nuestra especie, ni al mundo
maravilloso donde vivimos. Sólo hay una esperanza para contener la destrucción y la
violencia: recuperar nuestra sensibilidad para todo lo que está vivo.
La psicoecoafectividad: el equilibrio interno proyectado en el
equilibrio externo
El ser humano lleva millones de años viviendo en el planeta Tierra. La mayor parte del
tiempo la relación con su mundo afectivo, de forma similar a su relación con el medio
externo, no ha sido demasiado equilibrada. Tenemos muchos indicios de ello:
insatisfacción, insomnio, irritabilidad, represión, explosiones emocionales, fatiga, estrés
y enfermedades psíquicas. También tenemos muchos signos de desequilibrio social que
lo indican: la violencia y agresividad de unos contra otros, la falta de solidaridad, las
prisas, la tensión, el egoísmo, los sentimientos de soledad y de infelicidad, y tantas otras
señales que nos hacen pensar que estamos realizando una gestión incorrecta de nuestro
mundo emocional, de forma similar a la que estamos haciendo con los recursos de
nuestro planeta.
Desde hace un tiempo hemos conocido el despertar de una nueva forma de entender
las relaciones de las personas hacia sí mismas, los demás y el mundo. La ecología nos
propone un camino muy importante que podemos aplicar a nuestro mundo emocional: el
equilibrio. Nos enseña que una gestión adaptativa de nuestro mundo afectivo puede ser
esencial en nuestra vida y aumentar nuestra capacidad para construir una felicidad
auténtica y serena. Pessoa nos dice en el fragmento con que iniciamos este capítulo que
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la vida es un viaje experimental realizado involuntariamente. Pensamos que, a pesar de
que así sea, lo cierto es que, si ahora estamos aquí y estáis leyendo este libro, es porque
hemos decidido voluntariamente continuar el viaje.
Nadie puede obligar a nadie a vivir, ni tampoco puede decidir en su lugar de qué
forma debe vivir su vida. Podemos vivir medio dormidos, con poca conciencia de
nuestra realidad, dejándonos llevar por algo externo a nosotros mismos o, al contrario,
escoger experimentar la conciencia de vivir y mantenernos despiertos en un viaje intenso
e interesante. Y al elegir nos construimos y colocamos los fundamentos de un mundo
interno equilibrado o caótico. Si observamos con atención veremos que el equilibrio
interno se ve reflejado también en un equilibrio en nuestras relaciones con los demás y
con nuestro entorno. La persona que se relaciona bien consigo misma tiene también la
capacidad para hacerlo con los demás. En idéntico sentido se puede afirmar que quien
siempre tiene problemas en sus relaciones personales debería plantearse si esta dificultad
puede ser fruto de una mala relación consigo mismo.
Nuestro mundo caótico, inestable y lleno de sufrimiento, pide soluciones de urgencia
que deben nacer de cada uno de nosotros. Todos somos responsables de nuestro
deterioro, del deterioro social, de la fragmentación y disgregación mundial y del
desequilibrio que puede llevarnos a nuestra destrucción como especie. Se impone, pues,
la necesidad de ser creativos y buscar planteamientos más equilibrados en nuestra vida.
Es preciso y urgente que nuestra mente y nuestras emociones trabajen en equipo, que la
complejidad de nuestro mundo afectivo con el que la evolución biológica y cultural nos
ha dotado juegue a favor nuestro, en lugar de sabotear una y otra vez nuestro proyecto de
vida. En este sentido, la ecología nos abre vías interesantes que pueden aplicarse a la
gestión de nuestras emociones y sentimientos. Ésta es nuestra propuesta: la
psicoecología afectiva, la psico-eco-afectividad.
Los colores de nuestro paisaje
El hombre necesita ir de un lado a otro para tener la sensación de que se recorre a sí
mismo.
Juan José Millás
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El mundo emocional se puede comparar a los colores de los paisajes. Los paisajes son la
metáfora de las diferentes situaciones que vivimos. Existe una gran diversidad de
paisajes y cada uno está lleno de colores diferentes que vienen dados por las emociones
y los sentimientos. A su vez, cada sentimiento puede tener diferentes matices y grados de
intensidad. No existen sólo colores primarios sino muchas posibilidades de combinación
entre ellos, de la misma forma que raramente existe en nuestro mundo emocional una
emoción única y pura.
Podemos sentir al mismo tiempo amor y enojo; alegría mezclada con tristeza y
añoranza. Todos los paisajes tienen su encanto y su razón de ser2 e incluso, en un paisaje
tan árido y difícil como el desierto, podemos encontrar belleza y vida. Así, el desierto
podría ser una metáfora de la vivencia de una crisis: colores secos, amarillos, ocres,
marrones y rojos se suceden en una aparente falta de recursos. No sabemos cuándo va a
finalizar ni si podremos sobrevivir. Afectos como el miedo, la soledad, la pérdida, la
incertidumbre, la angustia, la rabia, la añoranza o el coraje... aparecen y tiñen nuestro
paisaje. A pesar de todo, si no cerramos nuestra mente y corazón, es posible aprender del
desierto e incluso reconocerle cierto encanto y belleza. Lo cierto es que quedarse con un
solo paisaje sería una pérdida de riqueza. También lo sería quedar anclarnos en
determinado estado emocional y cerrarnos a los demás sentimientos. Negarse a vivir y a
explorar los estados afectivos poco agradables nos priva de aprender y mejorar como
personas.
Emociones, ¿premios o castigos?
Alguna cosa he aprendido en este sorprendente y árduo peregrinaje.
Miquel Martí i Pol
Desde el inicio de la vida estamos programados para sobrevivir, y para conseguirlo
debemos incorporar conductas que nos protejan y nos permitan asegurar nuestra
continuidad como especie. El impulso de vida es intenso en el ser humano. Freud llamó
ello al aspecto mental que respondía a los instintos más básicos y que era totalmente
inconsciente. Weiner ha dado el nombre de idiota interior a nuestra parte más irracional,
mientras que otros estudiosos la sitúan en el sistema límbico, sede de nuestra
emocionalidad.
Lo que parece más claro es que las emociones, además de ser un sistema de
evaluación que nos informa de nuestra realidad dándole una carga afectiva, pueden
responder a un programa de premio y castigo. Su función sería premiar las conductas
más adaptativas, aquello que hacemos bien y que nos favorece, mientras que nos
penalizan cuando nuestra actuación es inadecuada. Así, si respondemos a las
expectativas de nuestro cerebro, seremos recompensados con emociones agradables:
felicidad, alegría, satisfacción. Si no respondemos de la forma adecuada seremos
castigados con emociones desagradables: tristeza, malestar, vergüenza, etcétera.3
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Los sentimientos impregnan casi todos los acontecimientos significativos de nuestra
vida y juegan un papel concreto. Así solemos sentirnos orgullosos cuando recibimos una
promoción (satisfacción de nuestro programa de poder), nos enfadamos cuando roban
nuestra casa (expectativa no satisfecha del programa de supervivencia y territorio), nos
sentimos alegres ante el nacimiento de un hijo (expectativa satisfecha de nuestro
programa de vínculo y sexo) o sentimos un dolor profundo ante la muerte de alguien a
quien amamos (expectativa insatisfecha del programa de vínculo). La finalidad será
aumentar el placer y minimizar el dolor.
Asumir el riesgo de vivir
El día en que ir al cine sea ir a la vida, la industria quebrará.
No obstante, el día en que ir a la vida sea como ir al cine,
se agotarán las entradas.
Juan José Millás
Vivir es, por propia definición, un riesgo a sufrir, pero también una posibilidad de
explorar, experimentar y aprender a construirnos como personas. Sólo los seres inertes
no sufren porque no tienen sensibilidad. Incluso en la aparente seguridad del útero
materno existe inseguridad y la posibilidad de esión. Nos referimos al hecho de vivir y
no a la simple supervivencia. La diferencia reside en el control de nuestra historia
personal y la adopción de un modelo de persona que elige ser responsable de sus
elecciones; alguien capaz de obrar de forma coherente con sus valores personales,
consciente del misterio y la oportunidad que supone vivir.
Asumir el riesgo de vivir supone asumir el riesgo de conocernos. Como bien dice
Hesse, podemos llegar a comprendernos los unos a los otros, pero sólo cada uno puede
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interpretarse a sí mismo. Ésta es una tarea de toda una vida.
La salud emocional
Los sentimientos que nos hacen más daño, las emociones que más nos afligen,
son las que son absurdas –el ansia de las cosas imposibles, precisamente porque
son imposibles, la añoranza de aquello que nunca ha existido, el deseo de lo que
podía haber sido, la pena de no ser otro, la insatisfacción de la existencia del
mundo–; todas aquellas medias tonalidades de la conciencia del alma crean en
nosotros un paisaje dolorido, una eterna puesta de sol de lo que somos [...].
Sentirnos es entonces un campo desierto al oscurecer, triste cañar al pie de un
río sin barcos, negreando claramente entre las lejanas orillas.
FERNANDO PESSOA4
Cuando no vivimos centrados en el presente y cargamos con la mochila del pasado o del
futuro nos desequilibramos. Estos filtros nos centran en algo que no está a nuestro
alcance porque nadie puede, por más tiempo que dedique a pensar y a obsesionarse con
ello, hacer retroceder el tiempo, cambiar el pasado o anticipar el futuro. Si entramos en
esta guerra perderemos muchas batallas y nos rodearemos de paisajes tristes y doloridos.
Toda forma de absoluto pertenece al dominio de la patología.5 La salud emocional se
consigue a base de abrirnos a nosotros mismos, a los demás y al entorno. Somos
sistemas abiertos de energía, seres espirituales que necesitamos intercambiar no sólo
ideas y conceptos, sino también sentimientos y emociones. Nos es preciso dar salida a
las potencialidades que tenemos dentro, aprendiendo a confiar en la vida y pasando a la
acción. Por eso es importante abrirnos y fluir con ella. No obstante, para conseguirlo
deberemos enfrentar dos fantasmas importantes que nos pueden frenar: el miedo al
abandono y el temor al rechazo.
Veamos este poema de Pedro Salinas, que es un ejemplo del equilibrio necesario para
gozar de una buena salud emocional y también una buena receta sobre cómo obtener un
buen nivel de satisfacción vital:
27
La salud emocional es el resultado de realizar una buena gestión emocional. Si
intentamos enmudecer las emociones, hacer como si no existieran y no desciframos la
importante información que nos aportan, podemos llegar a la apatía y al embotamiento
afectivo y convertirnos en seres insensibles. Los efectos pueden ser desastrosos. La falta
de control de nuestro mundo afectivo, permitiendo que nuestras emociones nos dirijan,
tampoco sería inteligente. Sólo si conseguimos realizar un buen trabajo de equipo entre
nuestra mente racional y emocional será posible dirigir acertadamente nuestra conducta.
Esta coherencia interna nos permitirá prevenir situaciones desadaptativas y patológicas:
depresión, angustia, cólera, manía y conductas violentas o autodestructivas.
La vida está llena de altibajos y nuestro objetivo es mantener el equilibrio. Si bien
tenemos escaso control sobre el momento en que aparece o nos vemos arrastrados por
determinada emoción, sí que podemos incidir sobre el tiempo en que ésta se mantendrá
activa. Nuestra salud emocional va ligada a nuestra salud física y espiritual. Somos una
globalidad no reducible a fragmentos aislados y desintegrados. La armonía y la
coherencia interna y externa son los indicios más claros de salud psicoecoafectiva.
28
La importancia del equilibrio y de la armonía
Debemos aprender a soportar lo que no podemos evitar. Nuestra vida está
compuesta, como la armonía del mundo, de cosas contrarias, así también de tonos
distintos, suaves y duros, agudos y sordos, blandos y graves. ¿Qué sería del músico
que sólo amase algunos de ellos? Es preciso que sepa usarlos en común y
mezclarlos. Lo mismo nosotros, el bien y el mal que son consustanciales a nuestra
vida.
Ensayos
Montaigne
Los seres humanos tendemos a buscar nuestra estabilidad y seguridad en el exterior,
intentando controlar nuestra realidad. También intentamos dirigir a los demás e incluso
pretendemos decirles cómo tiene que ser su proyecto de vida. En otros casos podemos
llegar a depositar el control de nuestra vida en manos de otras personas siendo capaces
de regalarles nuestros ojos y nuestra mirada viviendo pendientes de sus valoraciones y
juicios. Es como si les preguntásemos constantemente: «Usted, ¿me puede decir quién
soy yo?». Esta estrategia está condenada al fracaso al depositar nuestras esperanzas e
incluso nuestra identidad en algo que está fuera de nuestro alcance y que cambia
constantemente.
El autocontrol emocional nos permite conseguir el equilibrio y el encuentro con
nosotros mismos y relacionarnos con los demás de forma generosa respetando su libertad
y espacios necesarios. Ésta sera una buena base para iniciar el camino hacia la armonía.
El equipaje del otro no es el que yo creo
Es una petulancia pensar que sabemos con qué equipaje vital viaja otra persona, y
también una gran ingenuidad pensar que alguien puede saber, mejor que nosotros
mismos, cuál es el nuestro. Resumimos un cuento que Jorge Bucay explica referente a
este tema:
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Se dice que una señora argentina fue a comprar dos pasajes para un vuelo de primera
clase de Buenos Aires a Madrid. En el transcurso de la conversación, el empleado de la
agencia se dio cuenta de que el acompañante de la señora era un mono. La compañía
aérea se opuso a que un mono viajase en primera clase y no aceptó el argumento de la
mujer que afirmaba que, si ella pagaba, podía decidir con quién viajar y a dónde. Aun
así, la señora tenía mucha influencia y consiguió, gracias a la recomendación de un
directivo de la compañía, que se aceptara que el mono pudiera viajar, en una caja
especial cubierta con una lona, en la zona de las azafatas del avión, en lugar de ir en el
almacén de equipaje.
De mala gana la mujer aceptó y el día del vuelo llegó al avión con una jaula cubierta
por una lona que llevaba el nombre bordado de «Federico». Ella misma se ocupó de que
quedara bien instalada y se despidió del mono tocando la lona y diciendo: «Pronto
estaremos en tu tierra, Federico, tal y como le prometí a Joaquín».
A mitad del largo viaje, una azafata tuvo la ocurrencia de dar un plátano y agua al
mono y, al levantar la lona, se dio cuenta de que el animal estaba muerto, tendido en el
suelo de la jaula. Rápidamente avisó a los compañeros de a bordo quienes consternados,
conociendo las importantes influencias de la señora, llamaron a la base para explicar el
suceso y pedir instrucciones. Se les dijo que era preciso que la señora no se diera cuenta
de nada, puesto que sus lugares de trabajo peligrarían.
—Tenemos una idea —les dicen—. Haced una foto al mono y enviadla por fax al
aeropuerto de Barajas y nosotros daremos instrucciones para reemplazar al simio tan
pronto como aterricéis.
El personal lo hizo al pie de la letra. Al llegar a Madrid tuvo lugar la sustitución.
Compararon la foto del mono con el sustituto y, después de algunos retoques, dejaron al
simio vivo dentro de la jaula y se llevaron el cadáver de Federico. Al bajar del avión, la
señora reclamó la jaula al sobrecargo.
—Aquí tiene su mono, señora.
—¡Ay, Federico! Finalmente ya estamos en tu tierra... —dice la mujer, levantando la
lona—¡Pero si éste no es Federico!
—¿Cómo que no es Federico? ¿No ve, señora, que es su mono?
—De ninguna forma, ¡éste no es Federico!
—Señora, todos los monos son iguales. ¿Cómo sabe que no es Federico?
—Muy sencillo, porque Federico... estaba muerto.
La mujer llevaba el mono a enterrar a España porque se lo había prometido a su
marido antes de que éste muriera.
Lo cierto es que, a veces, damos por supuesto que sabemos con qué equipaje viaja el
otro. Nos inmiscuimos en su vida e incluso insistimos en decirle lo que lleva consigo, lo
que no lleva y qué debe hacer con su equipaje. Es esencial tener claro que no interferir e
inmiscuirse en la vida de los demás es uno de los puntos esenciales de la
psicoecoafectividad.
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La libertad de escoger
En cierto momento de la evolución animal ocurrió un acontecimiento singular
comparable a la primera aparición de la vida. Sucedió que, en el proceso de evolución,
la acción dejó de ser esencialmente determinada por el instinto... cuando la acción dejó
de estar determinada por mecanismos transmitidos hereditariamente. Cuando el animal
trasciende la naturaleza se convierte, biológicamente hablando, en el animal más
desvalido: nace el hombre. El hombre que vive en el jardín del Edén en completa
armonía con la naturaleza, pero sin conciencia de sí mismo, empieza su historia con el
primer acto de libertad: desobedeciendo una orden.
Erich Fromm
La sociedad nos condiciona, pero llega un momento en que este argumento ya no es
suficiente para explicar nuestra vida.
El adulto debe asumir la responsabilidad de sus hábitos adquiridos y de las elecciones
que hace. Escoger en libertad y asumir la responsabilidad es una tarea que no podemos
rehuir si queremos mantener un buen equilibrio psicoecoafectivo. Stuart Mill decía que
la libertad es el mejor remedio para los inconvenientes de la libertad. Por eso la libertad
de escoger debe ir acompañada de la libertad interior y de la responsabilidad inherente a
ella. Fernando Savater nos propone que, cuando escojamos, elijamos siempre aquellas
opciones que nos permitan más adelante un número mayor de opciones posibles, en
lugar de aquellas que nos cierren y nos dejen contra la pared. La mejor opción será la
que nos abra a nosotros mismos, a los demás y a las nuevas experiencias y alegrías,
evitando las que nos cierran y entierran.
En función de nuestras elecciones favoreceremos la construcción de un modelo
humano equilibrado o egoísta, insolidario y destructivo que puede provocar nuestra
desaparición como especie. De nosotros depende: escoger en libertad es revolucionario,
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por eso da miedo.
Que no se oxide nuestro corazón
Si adoptamos la perspectiva creativa y proactiva, sabremos y haremos aquello que
debemos hacer.
Marylin Ferguson
Estamos invadidos por máquinas. Apretamos un botón y tenemos un mundo a nuestro
alcance. Pero seguimos más tristes y solos que nunca y no se calma la sed de nuestro
corazón. Procuremos que no se oxide como hierro sin destino. Procuremos que no le
endurezca el trabajo o el egoísmo, la soledad o el odio. Procuremos que siga latiendo
siempre al lado de otro corazón. Con este deseo, cuyo autor desconocemos, pero que
compartimos, queremos finalizar este capítulo. Aquello que está en movimiento y se
utiliza, ni se oxida ni se atrofia. Es preciso realizar un buen mantenimiento de nuestro
mundo afectivo y no hay mejor mantenimiento que la acción.
La vida es como ir en bicicleta: uno se cae si deja de pedalear.6 Si la función hace al
órgano, dice la medicina, para cuidar nuestra salud psicoecoafectiva debemos aprender el
valor de nuestras emociones y sentimientos y a darles salida pacífica, generosa y
solidaria.
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CAPÍTULO SEGUNDO
El léxico psicoecoafectivo
El lenguaje es un medio imprescindible para conocer los sentimientos ajenos y para
comprenderlos. Sospecho que el léxico sentimental forma parte de los propios
sentimientos.
José Antonio Marina
Un estruendo de palabras
Somos sólo palabras, palabras que retumban en el éter. Palabras musitadas, gritadas,
escupidas, palabras repetidas millones de veces o palabras apenas formuladas por
bocas titubeantes. Yo no creo en el Más Allá, pero creo en las palabras. Todas las
palabras que las personas hemos dicho desde el principio de los tiempos se han quedado
dando vueltas por ahí, suspendidas en el magma del Universo. Ésa es la eternidad: un
estruendo inaudible de palabras. Y a lo mejor los sueños también son sólo eso: a lo
mejor son las palabras de los muertos, que se nos meten en la cabeza mientras
dormimos y forman imágenes.
La hija del caníbal Rosa Montero
Decía Kierkegaard que las palabras son salvadoras porque permiten la comunicación.
Otro autor, Pedro Salinas, decía que la lengua es una potencia vinculadora, pero que su
energía vinculadora está en razón directa de lo bien que alguien hable y de la
capacidad del que hable de poner en palabras su pensamiento y sus afectos. El lenguaje
es un medio imprescindible para identificar, conocer y comprender nuestros sentimientos
y los de los demás. El léxico sentimental forma parte de los propios sentimientos.
Juan José Millás escribe en uno de sus artículos que, al nacer, alguien toma en sus
brazos aquel pedazo de carne fresca y la comienza a amasar con palabras. Las palabras,
los mensajes que nos dan las personas que nos reciben, que nos cuidan y nos educan, van
configurando nuestras creencias y la conciencia de nosotros mismos: así somos niños o
niñas, altos o bajos, guapos o feos, inteligentes o tontos, competentes o incompetentes,
valientes o débiles... porque, como dice Millás, nos cuecen en una salsa de adjetivos,
nombres, pronombres, verbos, preposiciones y adverbios. El lenguaje condicionará
nuestra construcción y aceptación.
A veces no somos suficientemente conscientes del poder que las palabras tienen para
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construir una identidad. Pueden ayudarnos a crecer o pueden ser obstáculos a saltar,
pueden ser miel o pueden ser armas; pueden ser dardos que se clavan o puentes que
unen. Tanto es su poder que es preciso conocer su funcionamiento y significado.
José Antonio Marina nos explica que, al dar nombre a algo, relacionamos una
experiencia con el saber acumulado bajo el nombre que hemos aplicado. El lenguaje
tiene como finalidad adquirir una buena comprensión de nosotros mismos, de los demás
y del mundo que nos rodea; es un elemento indispensable en la comunicación humana.
Al ser capaces de relatar lo que ocurre en nuestro interior, somos capaces de poner en
orden nuestro caos interno. El hecho de relatar nuestra vivencia a otro ser humano, de
poner en orden las ideas y esforzarnos por expresarlas de forma coherente, provoca unos
efectos terapéuticos de primer orden: hemos dado sentido a lo que pensamos o sentimos.
La inteligencia ha tomado el control de nuestra parte primitiva y ha iniciado un trabajo
en equipo con nuestro mundo afectivo.
Es sano y necesario para nuestra salud establecer una comunicación de calidad. Las
palabras son un vehículo necesario porque, si bien el lenguaje corporal ya comunica
nuestro estado emocional, es la palabra la que nos permite mostrarnos generosos y
compartir nuestra particular visión y experiencia de vida con otro ser humano.
Todo está en la palabra
Han prohibido las palabras para que no pongan en peligro la frágil inmovilidad del
aire.
Miquel Martí i Pol
La importancia de adquirir un buen léxico para expresar nuestra afectividad está fuera de
duda. El poeta Miquel Martí i Pol nos dice en uno de sus poemas que lo que está claro
en las palabras, está claro en la vida. Pablo Neruda, en su libro Confieso que he vivido,
también hace una apología de ellas. Así, en un fragmento nos dice:
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Encontrar la palabra justa
No es nada fácil encontrar la palabra justa, sobre todo cuando nos movemos en el ámbito
emocional. Nuestro pensamiento es veloz y se mueve en muchas direcciones a la vez. La
palabra está siempre –como dice Saramago–7 necesitando pedir permiso, tropezando con
la duda, dando vueltas a un adjetivo o a un tiempo verbal que surge sin hacerse anunciar
por el sujeto. A veces decimos lo que no queremos decir, o no somos capaces de
expresar o encontrar las palabras adecuadas para pronunciar lo que sí necesitamos decir.
Pero son las palabras precisas, acertadas y bien hilvanadas las que son capaces de llenar
las ausencias, abrir las ventanas de otra alma y dotar de sentido nuestra experiencia vital.
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Explicamos un cuento: La isla de los sentimientos
Érase una vez una isla en la que habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza
y muchos, muchos más, incluido el Amor. Un día avisaron a sus habitantes de que la isla
se hundiría. Inmediatamente todos los sentimientos se dieron prisa en abandonar la isla.
Subieron a sus barcos y empezaron a navegar, alejándose. Todos menos el Amor, que
decidió quedarse un poquito más en la isla que tanto amaba antes de que se hundiera
para siempre.
Cuando la isla estaba a punto de anegarse por completo, el Amor empezó a ahogarse y
pidió ayuda. Pasó la Riqueza en su barco y el Amor le dijo:
—¡Riqueza, llévame contigo!
—No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco y no me queda espacio para ti —
respondió.
Después le pidió ayuda a la Vanidad, que estaba pasando en aquel momento por allí:
—Vanidad, por favor, ¡ayúdame!
—No te puedo ayudar, Amor, estás todo mojado y vas a arruinar mi barco —dijo.
Entonces el Amor pidió ayuda a la Tristeza:
—Tristeza, ¿puedo ir contigo?
—Ay, Amor, estoy tan triste que prefiero ir sola.
Desesperado, el Amor empezó a llorar. Entonces oyó una voz que le decía:
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—Ven, Amor, yo te llevo.
Era un viejecito muy amable. El Amor estaba tan feliz que se olvidó de preguntar su
nombre.
Al llegar a tierra firme, el Amor le preguntó a la Sabiduría:
—Sabiduría, ¿quién era el viejecito que me trajo hasta aquí?
—Era el Tiempo.
—¿El Tiempo? ¿Y por qué sólo el Tiempo me quiso llevar?
La Sabiduría le respondió:
—Porque sólo Tiempo es capaz de ayudar y entender un gran Amor.
Palabras para dejar de escondernos
Si sacas aquello que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas aquello que
hay dentro de ti, lo que no saques te destruirá.
Evangelio de Tomás
Dice André Compte-Sponville que la palabra sólo le interesa si es lo contrario de una
protección, cuando es riesgo, apertura, confesión y confidencia. Dice que le gusta que
alguien hable de la misma forma que se desnuda, no para que lo vean, como hacen los
exhibicionistas, sino para dejar de esconderse.8
Sólo de esta forma las palabras pueden ser una fuente de comunicación y riqueza
afectiva: en la medida en que permiten a otro ser humano acceder a un paisaje privado y
único del que la palabra puede ser la clave. No obstante, la palabra también puede ser
una protección o un disfraz y usarse para esconder el mundo interior. De nosotros
depende su uso creativo y honesto que nos permitirá crear vínculos que aliviarán el
sentimiento de soledad que, a veces, sentimos al encarar nuestro destino.
Glosario psicoecoafectivo
La primera mañana de la creación escribió las palabras que la última alba del juicio
final descifrará.
Omar Khayyám
A continuación se exponen un conjunto de palabras que se refieren a conceptos ligados a
nuestra psicoecoafectividad. Nuestro mundo afectivo tiene muchos puntos de unión con
el mundo exterior, de forma que si somos capaces de encontrar un buen equilibrio
interior, también seremos capaces de cuidar del mundo que nos rodea. Nuestro mundo y
nosotros, y nosotros con los demás y el mundo, configuramos un juego caótico, pero a la
vez armónico, que se llama vida, una vida que es preciso proteger porque es todo lo que
tenemos.
Abono emocional
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O vitaminas emocionales. Ayudan a crecer y a vivir. Van muy buscadas y son muy
valiosas. Tienen efectos incluso a dosis mínimas. Si se utilizan generosamente los
resultados pueden ser espectaculares. Gracias a ellas crecen sentimientos muy especiales:
amor, amistad, ternura. Ayudan a construir una buena autoestima y la confianza en uno
mismo. Pueden ser:
• Refuerzos positivos que surgen como fruto de una observación o valoración sincera del
otro o de su actuación: “Muy bien, veo que te has esforzado. Me gusta lo que has
hecho o dicho. Has tenido una conducta muy generosa. Te felicito.”
• Un abrazo, una sonrisa, una caricia.
• La expresión de agradecimiento. Comunicar al otro de qué forma influye positivamente
en nosotros: “Me gusta estar contigo; estoy contenta de tenerte como amigo; gracias
por escucharme...”
• Facilitar entornos plácidos, pero también estimulantes.
• Tiempo de silencio, tiempo de risa, tiempo para estar juntos, tiempo de soledad y de
intimidad.
• Respeto y aceptación.
Basuras emocionales
Residuos emocionales mal gestionados o sin gestionar. Contaminan el medio en forma
de agresiones verbales o conductas destructivas: quejas, resentimiento, rencor, mal
humor, desánimo, rumores, juicios negativos, furia, rabia, menosprecio, cinismo...
Tienen un impacto negativo en nosotros mismos y en nuestras relaciones personales.
Biodegradable
No te atragantes con recuerdos.
Miquel Martí i Pol
Cada otoño caen millones de hojas y ramas muertas de los árboles. Son materias
biodegradables. Las hojas se pudren y desaparecen, fundiéndose lentamente con la tierra,
haciéndola rica y saludable. Algunos detergentes y materias plásticas, en cambio, no se
pudren, no cambian, no son biodegradables. Se quedan en el suelo, en el agua o en el
aire y pueden envenenarlos.
El cambio, las pérdidas, por ejemplo, inciden en el ámbito emocional causando cierto
caos pero pueden ser integrados mediante procesos de transformación. No es sano
aferrarse a una emoción y no permitir que esta evolucione. Incluso materias
aparentemente sin utilidad o dolorosas pueden ayudar a hacer más fecundo el mundo
emocional; eso sí, han de ser materias biopsicodegradables.
Cartografía emocional
¿Por qué obstruimos el camino que conduce a los tesoros que poseemos? ¿Qué fuerza
nos da tanto miedo ante la inacción? Es la puerta, sólo la puerta que es pesada de
empujar. Es extraño que nuestra naturaleza posea a la vez la posibilidad del despertar y
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el miedo a entregarse a él.
OLIVIER GERMAIN-THOMAS
El mapa mental del mundo que utilizamos como guía en la vida diaria. Contiene la
memoria emocional, información con carga afectiva que señala zonas de peligro, de
exploración, rutas adecuadas…
Dice Von Oech que, hace siglos, cuando a los cartógrafos se les acababa el mundo
conocido antes de terminar de llenar el pergamino, dibujaban un dragón en la esquina de
la hoja. Este era un signo que indicaba a los exploradores que entrarían en territorio
desconocido bajo su propio riesgo. Lamentablemente, algunos exploradores tomaron
este símbolo de forma literal y tuvieron miedo a aventurarse en estos mundos
desconocidos. Otros, sin embargo, fueron más audaces y vieron en este símbolo una
señal de nuevas oportunidades e hicieron importantes descubrimientos.
Todos vamos elaborando una cartografía emocional en la que dejamos constancia de
nuestros miedos, nuestras zonas de peligro, los restos de nuestros naufragios y pérdidas.
Es muy importante descubrir dónde tenemos dibujados dragones en nuestro mapa ya que
estos límites pueden ser los territorios emocionales más importantes a explorar.
Precisamente son los dragones quienes nos indican nuestras posibles áreas de mejora y
crecimiento. Zonas de seguridad y comodidad o zonas de riesgo e incertidumbre. Son
estas últimas las que nos empujan a crecer.
Contaminación emocional
El mal genio es el que nos mete en líos. El orgullo es el que nos mantiene en ellos.
Los afectos en mal estado o sin elaborar pueden contaminar aquello que está cerca. Su
uso indiscriminado, en dosis inadecuadas y sin precauciones, puede causar efectos muy
nocivos. Muchos estados emocionales se contagian: el mal humor, el enojo, el desánimo,
la abulia, la desesperanza, la ansiedad y el miedo... contaminando nuestras relaciones
con las personas cercanas. Hay sentimientos de alto riesgo contaminante como el rancor,
el resentimiento y el odio.
Nuestros sistemas emocionales son sistemas abiertos y en constante comunicación con
el entorno. Es preciso manejar algunas emociones con prudencia ya que pueden ser
peligrosos para nuestro medio ambiente psicoecoafectivo en caso de uso inadecuado.
Somos responsables de autogestionar nuestras basuras emocionales y así colaborar en el
cuidado de nuestro clima emocional global manteniéndolo limpio y armónico.
Conservas emocionales
Sé feliz en un instante. Este instante es tu vida.
Omar Khayyám
Cuando el entorno afectivo es favorable, vivimos situaciones agradables y tenemos
experiencias de plenitud, tenemos una buena cosecha de sentimientos valiosos con los
cuales podemos fabricar conservas emocionales para cuando los tiempos no sean tan
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buenos. Dostoievski decía que la persona que acumula recuerdos felices en su infancia
está salvada para siempre. Una conserva emocional nos puede ayudar a mantener la
esperanza cuando nos encontramos en un momento de desierto o de mala cosecha.
Guardar en la memoria imágenes, palabras, situaciones especiales; llevar un diario de
agradecimientos por todo aquello que vale la pena en nuestra vida y por los dones que a
diario recibimos... son formas de nutrirnos para momentos de déficit.
Desierto
Como el hueso del fruto que debe abrirse para que su corazón aparezca al sol, es
preciso que conozcas el dolor. Y si tu corazón pudiese continuar maravillándose de los
milagros cotidianos de tu vida, tu dolor no te parecería menos maravilloso que tu
alegría: aceptarías las estaciones de tu corazón como has aceptado siempre las
estaciones que pasan por los campos.
KHALIL GIBRAN
El desierto corresponde a un momento emocional en el que uno se siente en tierra yerma,
falto de recursos, solo, sin saber a dónde va ni cómo acabará aquello que vive. Como en
un desierto, la situación que se vive es crítica, extrema y se sufre mucho. No se sabe si se
podrá superar. Sólo se siente que la vida emocional está en peligro. El desierto
emocional puede ser una metáfora de las situaciones de crisis: nos planteamos si las
podremos cruzar, si serán largas, si tendremos los recursos necesarios, si saldremos
vivos de ellas o qué precio vamos a tener que pagar. Tampoco sabemos si alguien nos
acompañará en esta travesía. El miedo, la incertidumbre, la soledad, el cansancio y la
sensación de abandono son algunos de los colores emocionales de este paisaje.
Desertización
Dice un personaje de La noche sagrada, de Tahar Ben Jelloun: «... Hay alguna cosa que
me inquieta: estoy amenazada por la indiferencia, algo que llamamos el desierto de las
emociones. Si dejo de sentir algo, me agostaré y desapareceré. Así es que mejor reír...
estamos de paso... No permitamos que el tiempo se aburra en nuestra presencia».
Graciela Baquero9
La desertización es el estado en el cual uno siente que en su interior no hay vida. Ha
habido una devastación emocional. Hace tiempo que no llueve. Han muerto o se han
arrancado todas las plantas. La tierra ha perdido el poder de nutrir y se ha vuelto
inhóspita. No se siente nada. Quizá, sólo muy adentro de la arena y la piedra, quedan
semillas de vida que están esperando un entorno más favorable. Cuando una persona no
siente, o no se permite sentir, se convierte en un muerto viviente. Tal vez no sufrirá, pero
el precio es demasiado caro: ha dejado de vivir.
Efecto invernadero y lluvia ácida
Tenemos apenas el tiempo de decir las cosas de cada día. Midamos bien los silencios, y
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los gestos, y las palabras.
Miquel Martí i Pol
Cuando vamos desprendiendo a nuestro alrededor partículas tóxicas y contaminantes,
éstas pueden irse acumulando hasta construir una capa a nuestro alrededor que no deje
pasar los rayos de sol, tan necesarios para la vida. Esto crea un microclima negativo y se
produce la lluvia ácida. Recibimos aquello que hemos emitido, y la vida, que intenta
crecer a nuestro alrededor, queda reducida a cenizas ante tanto elemento tóxico. Este
efecto puede ser provocado por la contaminación emocional, el uso abusivo e
inadecuado de mal humor, agresiones verbales y no verbales, rencor, resentimiento,
envidia, celos, posesión y odio; también la crítica constante, la queja, el victimismo, la
verbalización de sólo lo que no se ve bien, o no se vive bien, o no va como uno querría;
la tendencia a señalar siempre los defectos de los demás sin reconocer los puntos
positivos, los comentarios negativos, los juicios y los etiquetajes.
Lluvia ácida que quema, que arrastra todo lo que hay de vivo y positivo en una
relación. Poco a poco, vamos quedando aislados en un entorno hostil donde nada bueno
puede crecer, donde las relaciones de calidad se convierten en imposibles.
Energía emocional
Bienaventurados aquellos que sueñan sueños y están dispuestos a pagar el precio de
hacerlos realidad.
Cardenal Suenens
La energía emocional es el combustible que nos ayuda a vivir: automotivación, alegría,
amor, curiosidad, deseo, ternura, voluntad…
Hay personas alegres y positivas que parece que tengan más energía que el resto. Dice
Erica Jong que esto sucede porque no malgastan la energía en la represión o en la
autocontemplación. Sentirse miserable, dice, no es un pasatiempo, sino un trabajo a
dedicación completa. La automotivación será, pues, la competencia emocional a entrenar
para ser capaces de generar la energía necesaria para vivir y crear. La alegría, el amor y
la ternura nos van a aportar mucha de esta energía limpia y renovable. Ser joven de
espíritu no tiene que ver con la edad cronológica ni tampoco con las condiciones en que
uno vive.
Había una anciana que tenía muchos años pero era muy vital. A pesar de que se movía
apoyada en unas muletas era como una dinamo. Era voluntaria en el ayuntamiento y
siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. Un día un nuevo amigo le
preguntó qué enfermedad había padecido que le había dejado aquellas secuelas físicas.
Ella le explicó que, de niña, había sufrido poliomielitis y que durante unos años estuvo
casi paralítica.
El amigo le dijo:
—Evidentemente aún tienes un problema importante de movilidad. ¿Cómo te las
apañas para poder hacer tantas cosas?
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La anciana le respondió con una sonrisa:
—¡Ah, querido amigo, es que la parálisis nunca me afectó ni el corazón ni la mente!
Agujero de ozono psicoecoafectivo
Sus malas críticas íntimas eran tan penetrantes y tan duras que nunca era capaz de
arriesgarse a recibir, ni tan sólo una, del exterior.
Erica Jong
Pérdida de protección debido a que en una zona de nuestro espacio psicoecoafectivo hay
un «agujero» que hace que determinados estímulos sean recibidos sin el filtro mínimo
necesario. Cuando no somos capaces de recibir y filtrar determinado comentario, un
juicio de valor, cierta crítica, y notamos que sus efectos son dolorosos, debemos pensar
que tal vez tengamos un «agujero» en nuestro espacio psicoecoafectivo. Es tarea nuestra
averiguar sus dimensiones y qué podemos hacer para repararlo. La exagerada
susceptibilidad ante determinados comentarios o acontecimientos puede ser un síntoma
que dé la primera señal de alarma. Nos falta autoestima, esta capa protectora que nos
protege y da confianza. Ella nos permite discriminar qué críticas hay que considerar y
cuáles permitir que nos resbalen.
Espacios de crecimiento o Nicho psicoecoafectivo
Siempre es incierto el espacio de ti mismo en que lentamente puedes edificarte.
Miquel Martí i Pol
Se explica que el pez favorito de muchos coleccionistas es la carpa japonesa llamada koi.
Lo más fascinante de este pez es que, si lo mantenemos en una pecera pequeña sólo
crece unos centímetros de largo. Si lo colocamos en un recipiente mayor o en un
estanque pequeño puede llegar a tener más de dos palmos y si vive en un estanque mayor
puede alcanzar casi medio metro. Pero cuando crece en un lago grande, el pez koi puede
llegar a crecer hasta casi un metro.
Podemos hacer una analogía con las personas. Todos necesitamos un espacio idóneo
donde crecer y desarrollar nuestros potenciales. Nuestro entorno puede condicionar,
hasta cierto punto, nuestro grado de desarrollo, pero en lo que se refiere a nuestro
crecimiento emocional, el horizonte se halla más en nuestros ojos que en la realidad.
Todos fijamos nuestros propios límites. Podemos decidir el tamaño y condiciones de
nuestro espacio de crecimiento: no tenemos por qué vivir enclaustrados en peceras.
Reciclar sentimientos
El arte y la filosofía nos ayudan a transformar el dolor en conocimiento.
Schopenhauer
Reciclar sentimientos es el arte de la alquimia y la transformación. La idea de
movimiento se puede asociar a la idea de aprovechar la ocasión. Todo cambio o crisis
puede ser una oportunidad para evolucionar y descubrirse a uno mismo. Un material
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emocional que, en un principio, parece complicarnos la vida, puede transformarse,
mediante un proceso de elaboración, en algo muy positivo para nuestro crecimiento
personal. Tomamos un sentimiento que nos causa sufrimiento, lo tratamos de la forma
adecuada, añadimos otros ingredientes: esfuerzo, trabajo, ilusión y perseverancia; lo
pasamos por diversos filtros, lo lavamos bien y extraemos de él todos los aprendizajes
que contiene. El final del proceso es un cambio, un nuevo conocimiento y un paso de
mejora personal. Así es como los celos pueden transformarse en una mayor autonomía y
seguridad en uno mismo; la envidia en solidaridad y generosidad, y la ira en energía
positiva y creatividad; el miedo en confianza y superación personal.
Reservas naturales, espacios protegidos
El viaje más largo es el viaje hacia nuestro interior.
Dag Hammarskjold
A veces, en el transcurso de nuestra vida olvidamos que somos animales, más o menos
sapiens, que seguimos teniendo necesidad de espacio y de respeto a nuestro territorio
propio para poder funcionar de forma adaptativa. Y en ocasiones, no solamente no
ganamos espacios a medida que crecemos, sino que los vamos perdiendo al permitir que
nos invadan, o dejando de explorar a fin de no movernos de nuestra franja de rutina y
comodidad. Así podemos permitir que sentimientos y emociones desadaptativas nos
invadan y no dejen espacio a otros afectos necesarios en nuestra vida y esta falta de
espacio nos hace sentir ahogo y angustia.
Al hablar de protección de espacios no nos referimos sólo a espacios físicos sino
también a espacios de intimidad, de silencio, de soledad; espacios de decisión, de amor,
de serenidad, de creación; todos ellos espacios que nos hacen más personas. Por eso es
esencial declararlos zonas protegidas y evitar su invasión. Estos territorios interiores
forman parte de nuestro «pulmón verde», nos ayudan a respirar mejor y nos permiten
una mejor calidad de vida y equilibrio personal.
Segregación psicoecoafectiva
Afecto por afecto, es preferible la alegría a la tristeza.
André Compte-Sponville
En ecología, la separación de los materiales nos permite efectuar una buena gestión y
aprovechamiento cuando ya han cumplido su finalidad, evitando contaminaciones,
acumulaciones y permitiendo un buen reciclaje.
Con los afectos es preciso hacer lo mismo. En primer lugar, es necesario conocerlos y
diferenciarlos, dado que nos aportan informaciones que ni tienen la misma calidad ni las
mismas posibilidades de aportarnos el equilibrio que tanto buscamos. La segregación
psicoecoafectiva es la competencia que nos permitirá diferenciar los elementos tóxicos y
peligrosos de los adaptativos y bondadosos. El impacto de unos y otros en nuestra vida
es muy distinto.
Las emociones son datos valiosos si sabemos darles nombre, traducirlos, interpretarlos
43
y gestionarlos adecuadamente. Lo que sí que puede tener un impacto positivo o negativo
será el uso que hagamos de estas informaciones.
Debemos tener presente que algunos afectos son tan exigentes que nos piden
dedicación completa, centran totalmente nuestra atención y a veces son incompatibles
con el crecimiento de otros. Un ejemplo sería el odio, que es un afecto que requiere una
dedicación casi exclusiva, al igual que el amor. Un ejemplo de sentimiento tóxico, si no
sabemos gestionarlo, podría ser el resentimiento. El resentimiento es como beber
nosotros un vaso de cianuro esperando que sea el otro el que se muera. Es necesario
segregar bien nuestros afectos para poderlos gestionar con inteligencia fomentando
aquellos que nos ayuden a mejorar y dejando que desaparezcan los que crean
desequilibrio y son peligrosos para nuestro bienestar.
44
CAPÍTULO TERCERO
Ecología y sentimientos
El geómetra loco dibujó un punto en el papel y aplaudió sonriente. Inició desde el punto
una curva, aplaudió y después la alargó con aplicación, sacando la punta de la lengua.
Cerrando repentinamente el círculo, lloró. Así somos nosotros, que festejamos el
nacimiento de un niño y lloramos la muerte de nuestra madre.
Lanza del Vasto
El origen
Los cuatro elementos que según los filósofos griegos constituían el mundo, la tierra, el
aire, el fuego y el agua, son formas concretas de las experiencias de la sabiduría:
Así la tierra nació de su confusión, el agua de su temor, el aire de la consolidación de su
dolor,
mientras que el fuego... era inherente a todos estos elementos... como la ignorancia se
hallaba escondida en estos tres sufrimientos.
Evangelios Gnósticos
En el origen es la ignorancia, o quizá una sabiduría que se encuentra en una dimensión
fuera de nuestro alcance. Al inicio no somos conscientes y a medida que crecemos,
sufrimos dolores de parto para dejar atrás la ignorancia y adquirir el conocimiento de
nosotros mismos como seres únicos y diferentes de los demás. La conciencia no nace sin
dolor y surge de la confusión inicial y del hecho de vencer el temor. Una conciencia y un
conocimiento que nos hace crecer, pero que, al mismo tiempo, nos pone en evidencia la
soledad, que será parte de nuestro equipaje vital a lo largo de nuestra ruta.
La responsabilidad de ser
Se cuenta que una mujer agonizante se vio llevada, de repente, ante un tribunal celestial.
—¿Quién eres? —Le preguntó una voz.
—Soy la mujer del alcalde —repuso ella.
—Te he preguntado quién eres y no con quién estás casada.
—Soy la madre de cuatro hijos.
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—Te he preguntado quién eres y no cuántos hijos tienes.
—Soy maestra de escuela.
—Te he preguntado quién eres y no cuál es tu profesión.
—Soy cristiana.
—Te he preguntado quién eres y no tu religión.
—Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres.
—Te he preguntado quién eres y no lo que hacías.
Nuestra obligación es ser. No ser un personaje determinado, ni ser «alguien», sino
sencillamente, “ser”. Antes nos decían que debíamos luchar toda la vida por «ser
alguien», nosotros estamos convencidos de que debemos luchar para llegar a ser
«nosotros mismos». La evolución y despliegue de nuestro potencial y el descubrimiento
y construcción de nuestro sentido de vida es lo más revolucionario. Si nos hacemos
mayores manteniendo un trabajo personal diario tendremos la experiencia parecida a la
escalada de una montaña: mientras subimos nuestras fuerzas se ponen a prueba y a veces
disminuyen, pero nuestra mirada cada vez es más amplia y libre. Lo cierto es que si no
somos capaces de encontrar el paraíso en nuestro interior, no seremos nunca capaces de
hallarlo en casa de otra persona.
El ser humano, un ser que busca
No se trata de cómo yo te llame, sino a qué respondes tú. Pero si no sabes quién eres,
cualquiera puede ponerte un nombre. Y si cualquiera puede ponerte un nombre,
entonces responderás a cualquier cosa.
Proverbio Africano
Nunca tantas personas han buscado tanto como hoy en día.10 La búsqueda es una
constante, se viaja y explora en todas las direcciones y hacia todos los horizontes. Nunca
como hoy se ha huido tanto de la vejez, de la enfermedad y de la muerte; nunca tanto
como hoy se ha intentado hacer todo lo posible para prolongar la vida y hacerla grata.
Nunca como hoy ha habido más terror a la destrucción total de la humanidad. Nunca el
hombre ha sido tan pequeño y minúsculo ante el mundo y sus estímulos, ante los
diferentes universos que se abren a nivel microscópico y espacial. Aun así, también
nunca como ahora, este hombre tan pequeño ha intentado hacerse fuerte, creativo y
sabio. Nunca como ahora el ser humano ha buscado tanto el amor, la paz, la
comprensión y el equilibrio, aunque sea a costa de explorar caminos difíciles o
imposibles. Es en la búsqueda donde se halla la posibilidad de superarnos y mejorar. Es
en el descontento, en la falta de conformidad y en la interrogación constante donde
reside el impulso de trascender nuestro destino.
Códigos que es preciso traducir
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Todas las vidas son difíciles; el éxito de la realización de algunas de ellas radica en su
forma de afrontar los sufrimientos. Cada dolor es una confusa señal de que hay algo que
va mal, que puede engendrar tanto un buen como un mal resultado, en función de la
sagacidad y la fortaleza de quien lo sufre.
La ansiedad puede precipitar el pánico o bien dar lugar a un análisis de aquello que va
mal. La sensación de injusticia puede conducir al asesinato o a una innovadora obra de
teoría económica. La envidia puede desembocar en amargura o bien en una decisión de
competir con un rival y en la producción de una obra maestra.
Alain de Botton11
Los fenómenos afectivos aparecen en la conciencia sin que el individuo haya intervenido
de forma consciente. Nacen a partir de determinados estímulos internos como pueden ser
la información sobre el estado físico de nuestro cuerpo o bien nuestros pensamientos,
recuerdos e imaginación; también por estímulos externos procedentes de determinada
situación y de las conductas de otros.
Las emociones y sentimientos son informaciones que tenemos disponibles y que
pueden ampliar nuestro mapa de situación al proporcionarnos datos muy importantes
sobre cómo estamos llevando nuestro proyecto de vida, nuestras relaciones con los
demás y con nosotros mismos. Todo acontecimiento que produce una resonancia
afectiva en nosotros es importante por algún motivo. Por eso, el hecho de no considerar
estas informaciones o traducirlas incorrectamente puede reducir nuestra calidad de vida y
niveles de satisfacción vital. Nuestro mundo emocional es muy rico en paisajes y
tonalidades. En él conviven al mismo tiempo muchos afectos que se superponen unos a
otros o se potencian mutuamente: son los códigos que debemos saber descifrar para vivir
mejor y con mayor armonía.
Los paisajes más exóticos para explorar
No todo viaje es externo: hay transcursos decisivos que no van de un punto geográfico a
otro, sino que deambulan sólo por la intimidad de la conciencia [...]. La más audaz de
las travesías, el descubrimiento del más exótico paisaje, la más remota de las
peregrinaciones, no pueden proporcionarnos nada parecido a un estado de ánimo [...].
Aquello que nos sucede siempre nos sucede dentro. Después de todo, toda experiencia
siempre es interior.
FERNANDO SAVATER12
Toda una gama afectiva a nuestra disposición. ¿Qué diferencia hay entre sentimientos,
emociones y estados de ánimo? ¿Qué son las pasiones? Los afectos determinan siempre
actitudes y conductas. A su vez, las conductas y las valoraciones de las situaciones que
vivimos provocan el nacimiento de determinados afectos. Así, por ejemplo, el miedo nos
mueve a la huida, el amor a la aproximación, el asco al vómito, la vergüenza a la
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ocultación, la alegría a la acción, la tristeza a la introspección, la furia al ataque, la
ternura a la caricia y el odio a la destrucción.
Cuando el alma se dispara iniciamos la exploración, dice Savater, y la aventura nunca
falla. Podemos intentar prescindir de nuestras emociones y sentimientos y centrarnos
sólo en nuestro mundo racional, dejar pasar la aventura de sentir, de saber que sentimos
y qué sentimos. Pero también podemos aceptar el reto de vivir con conciencia nuestra
afectividad e incorporar esta información valiosa en nuestro mapa. Nos esperan entonces
los paisajes más exóticos a explorar.
¿Sentimientos buenos y malos? ¿Positivos y negativos?
El corazón tiene razones que la razón ignora.
Blaise Pascal
Todos los afectos tienen su razón de ser. Siempre nos proporcionan información
significativa y la cuestión es qué decidimos hacer con ella. La variedad emocional es
importante y es básico saber aceptar e integrarse en el paisaje que en cada momento nos
toca vivir. En todo caso, es preciso buscar los entornos más favorables y poner en juego
nuestros recursos y mecanismos de adaptación a fin de que nuestros afectos jueguen a
nuestro favor y no en su contra.
Una persona siente, y aquello de bueno o de malo que ocurra a continuación
dependerá en buena medida de su destreza para reconocer, traducir y gestionar esas
emociones, y del hecho de quedar anclado en ellas o de saber desprenderse y
canalizarlas. Los sentimientos pueden ser valorados como desadaptativos cuando
provocan más sufrimiento y obstaculizan la realización de nuestros planes de vida;
apartan a las personas de nuestro lado y tienen efectos destructivos sobre nuestra
personalidad; aparecen en momentos inadecuados, promueven un modelo
deshumanizado de persona y atentan contra la solidaridad global.
Se nos ha educado en la idea de que hay afectos permitidos o buenos y otros negativos
o malos y que, por tanto, no es lícito expresarlos o reconocerlos. Pero, ¿os habéis
preguntado en alguna ocasión qué pasaría si, de repente, todas aquellas emociones que
valoramos como negativas desaparecieran de nuestra vida? ¿Qué pasaría si el miedo, el
enojo, la ira o la aversión dejasen de informarnos? ¿Quién nos protegería de los peligros,
de los abusos y de los estímulos poco favorables? Es posible que nuestra existencia
estuviese en peligro al no tener la información pertinente para efectuar los cambios
adaptativos necesarios.
La auditoría psicoecoafectiva
Que pueda hacer tan sólo de mi vida una cosa sencilla y recta parecida a una flauta de
caña que tú puedas llenar de música.
48
Rabindranath Tagore
¿Alguien piensa que puede ser malo o negativo para un empresario hacer una auditoría
de su empresa? ¿Es malo o negativo saber que tiene un «agujero negro» en su
contabilidad? ¿O que está incumpliendo las normas de eliminación de residuos? ¿Es
negativo que sepa que las reservas de la empresa están mal gestionadas y que puede
quebrar? ¿Necesita saber si las inversiones que está haciendo no tienen los efectos
esperados o que las decisiones que se toman no sólo no se acercan, sino que dificultan
los objetivos propuestos? Estamos convencidos de que nadie negaría la necesidad de
tener estas informaciones. Esconder la cabeza bajo el ala no sirve más que para ir a la
quiebra. De igual forma ocurre con la gestión de los afectos: es esencial y bueno saber
cuál es nuestro balance emocional aunque pueda no ser agradable y nos cause dolor.
Hacer una auditoría emocional supone trabajar el autoconocimiento para saber qué
sentimos, qué significa esta información y qué cambios y decisiones debemos efectuar
para favorecer nuestro despliegue y equilibrio personal. ¿Qué gama de emociones
predomina en nuestra vida?
El autoconocimiento liberador
No vemos las cosas tal y como son, las vemos tal y como somos nosotros.
Anaïs Nin
Hay muchos tipos de conocimiento de uno mismo. Saber darse cuenta de lo que
sentimos es importante, pero la conciencia y los cambios no se producen sin dolor. El
crecimiento personal comporta cierto nivel de sufrimiento porque tomar conciencia, dar
nombre a los sentimientos y analizar nuestras actitudes y conductas es parecido a un
«parto emocional» que nos empujará a realizar cambios para recuperar la coherencia. Y,
en ocasiones, estos cambios pueden tener un enorme impacto en nuestra vida diaria. Al
tomar una decisión de cambio se van a producir pérdidas en nuestro balance vital,
además de las ganancias que se deriven. No obstante, no tomar decisiones también es
una decisión con consecuencias y, muchas veces, peores.
El camino del crecimiento personal supone perseverar en el autoconocimiento toda la
vida, entender por qué nos sentimos mal, por qué sentimos miedo y de qué tipo es, así
como por qué nos paralizamos cuando queremos decidir y actuar. Este camino no es
posible sin trabajo, constancia y voluntad. La autoconciencia es la primera de las
competencias emocionales y la base sobre la que vamos a construir las demás. Ahora
bien, si cuando tomamos conciencia de algo no actuamos en consecuencia, aún nos
podemos sentir más atados y oprimidos que antes de ser conscientes de ello. Hemos
entrado en contradicción, lo sabemos, y somos conscientes de que no estamos haciendo
nada para resolverlo. Tal vez, no nos sentimos con fuerzas para pagar los precios de los
cambios necesarios para resolver la incongruencia en la que vivimos.
Decimos que el autoconocimiento es liberador si lo emprendemos como la tarea de
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toda una vida y cuando trabajamos para ser congruentes. Entonces, ya no es posible vivir
echando la culpa a los demás de aquello que nos ocurre. Somos sujetos protagonistas y,
por tanto, activos y responsables.
Una leyenda hindú
Una vieja leyenda hindú explica que hubo un tiempo en el que todos los hombres eran
dioses. Pero se dice que abusaron tanto de su divinidad que Brahma, el Dios Supremo,
decidió quitarles el poder divino y esconderlo en un lugar inaccesible. El gran problema
fue encontrar el escondite apropiado. Cuando los dioses menores fueron convocados
para resolver el dilema, propusieron:
—Vamos a enterrar la divinidad del hombre bajo la tierra.
Brahma respondió:
—No será suficiente. Cavará y cavará, y al final la encontrará.
Entonces los dioses propusieron:
—Entonces, podemos tirar la divinidad a lo más profundo de los océanos.
Brahma respondió:
—No, pues tarde o temprano el hombre explorará las profundidades de los océanos y
seguramente un día la encontrará.
Entonces los dioses menores dijeron:
—No sabemos dónde esconderla. Parece que no hay un lugar en el cielo ni en la
Tierra, ni en el mar, donde no pueda descubrirla algún día.
Y Brahma dijo:
—Eso es lo que haremos con la divinidad del hombre. La vamos a esconder en lo más
profundo de sí mismo. Será el único lugar donde nunca se le va a ocurrir buscar.
Desde la noche de los tiempos, dice la leyenda, el hombre ha dado la vuelta a la tierra,
la ha explorado, escalado, navegado y cavado, a la búsqueda de algo que tiene en su
interior.
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CAPÍTULO CUARTO
Las leyes de la ecología emocional
El mejor gobierno: el de uno mismo. La mejorfilosofía: estar en paz con la conciencia.
La mejor ocupación: difundir la felicidad. El mejor arte: gravar en la memoria cosas
bellas.
Ley de la diversidad y riqueza de afectos
La vida natural depende de su diversidad y riqueza
Todos los afectos son necesarios
Soy de la opinión de que si usted quiere gozar del arco iris tendrá que soportar la lluvia.
DOLLY PARTON
Un bosque o un jardín en el que coexistan una gran variedad de especies será más rico y
tendrá mayores posibilidades de supervivencia que aquellos formados por una sola
variedad. La variedad afectiva permite más y mejores combinaciones, pone a prueba más
estrategias y, por tanto, posibilita mayor creatividad, capacidad de sorpresa y adaptación
inteligente. Los afectos nos proporcionan una información valiosa que, si sabemos captar
y traducir, nos permitirá vivir de forma más adaptativa y equilibrada. Así tomamos
conciencia de si nuestras conductas nos facilitan o boicotean la vida, de cómo nos
relacionamos con los demás y de la calidad de dichas relaciones. También nos pueden
impulsar a replantear nuestro proyecto vital o a efectuar modificaciones en el mismo.
En ocasiones nos disculpamos con los demás por sentir lo que sentimos pero lo cierto
es que no escogemos nuestras emociones. Incluso las emociones consideradas
socialmente inaceptables pueden ser piezas importantes para nuestra construcción
personal si somos capaces de mirarlas de frente y actuar en consecuencia. Todos los
afectos son necesarios y su variedad es una fuente de riqueza que nos permite
protegernos y proyectarnos en un entorno lleno de retos y cada vez más complejo.
Hay muertos que andan
Mientras no sepa qué necesita una planta, un animal, un niño, un hombre, una mujer, y
mientras no me desprenda de aquello que me figuro que es mejor para el otro y de mi
deseo de controlarlo, el amor es destructivo, un beso de la muerte.
Erich Fromm
El amor es el sentimiento que mejor indica que se está vivo de verdad. Al amar tejemos
51
unas redes sutiles y flexibles, pero también potentes con nuestro entorno que dotan de
sentido nuestra existencia. Éste es un relato que puede ayudarnos a reflexionar sobre
ello:
Un hombre que acababa de morir llegó al cielo. San Pedro lo sometió a un largo
interrogatorio:
—¿Has amado alguna mujer?
—No.
—¿Has amado a un amigo?
—No, a nadie he dado mi afecto.
—¿Has sentido ternura por un niño?
—No, nunca.
—¿Has amado la naturaleza?
—Tampoco.
San Pedro lo miró severamente y le dijo:
—Entonces... ¿por qué no habías llegado antes? ¡Hace mucho tiempo que estás
muerto!
Evitemos la censura afectiva
Podemos en cada gesto ganar nuevos ámbitos y con cada palabra acrecentar la
esperanza.
Miquel Martí i Pol
No hay afectos positivos o negativos, buenos o malos. Los afectos aparecen y nos
informan. Lo más importante es qué hacemos y cómo gestionamos estas informaciones.
La represión de los afectos o el intento de ceñir nuestro mundo emocional sólo a las
emociones que consideramos aceptables, simulando que los demás no existen, sólo nos
lleva al fracaso. Pero esto tampoco significa que debamos quedar atorados en ellos. Es
necesario detectar qué sentimos, traducirlo bien, y dejar que los afectos fluyan,
canalizándolos adecuadamente. La energía no debe bloquearse, necesita fluir. La ira, el
miedo, la angustia, la inseguridad, la desesperación, los celos, la vergüenza... existen,
como también existen la armonía, la seguridad, la tranquilidad, la esperanza y la
generosidad. Todas enriquecen nuestro mundo emocional, coexisten y comparten el
mismo espacio y debemos admitir que se dan por algún motivo.
Así, el proceso de gestión emocional adecuado podría tener los pasos siguientes:
• Sentir.
• Darnos cuenta de qué sentimos.
• Identificar el afecto dándole el nombre preciso.
• Traducir la información del mismo.
• Valorarla.
• Incorporarla a nuestro mapa de situación.
• Pasar a la acción, si es necesario, dejando que el afecto fluya dándole una salida no
agresiva.
52
No sentimos igual, ni falta que nos hace
El principio de la diversidad y riqueza de afectos es aplicable no sólo a nosotros mismos
sino también a nuestras relaciones con los demás. No sentimos igual, ni falta que nos
hace. Ante el mismo estímulo o ante la misma situación, una persona puede sentir coraje
y otra temor; una considerarla un obstáculo insalvable y otra un reto; una sentir ira y otra
ansia.
Se explica que un hombre entró en una habitación oscura. Le pareció que había una
serpiente en el suelo y, del susto, tuvo un infarto y murió. Otro hombre entró, al cabo de
un rato, en la misma habitación. Antes de entrar encendió la luz. En el centro de la
habitación había una enorme cuerda enrollada. No tuvo problema alguno.
Encender o no la luz, conocernos o no, puede condicionar la forma en que vivimos
determinada situación. Sería equivocado pensar que nuestra vivencia emocional es
idéntica a la de otra persona. Si partimos de este supuesto y actuamos en consecuencia
podemos tener una gran cantidad de conflictos interpersonales. Siempre debemos
comprobar antes cuál es el paisaje emocional del otro y en qué colores está pintado
(sentimientos) porque donde alguien ve un puente, otro puede ver un precipicio, donde
uno ve una serpiente, otro ve una cuerda. Es básico estar atentos y preguntar. Sólo así
nos será posible conseguir un diálogo profundo y una comunicación de calidad. ¿En qué
paisaje te encuentras? ¿De qué colores está pintado? ¿Cómo te sientes? ¿Qué sientes?
Son preguntas importantes. Somos ricos, variados y diversos en nuestros afectos y este
es el reto y la oportunidad de relacionarnos.
Ley de la interdependencia afectiva
Todas las formas de vida dependen entre sí.
Creo que hoy deberíamos decir: seamos hermanos porque estamos perdidos, perdidos
en un pequeño planeta de suburbio, de un suelo suburbano, de una galaxia periférica,
de un mundo privado de centro. Ahí estamos, pero tenemos las plantas, los pájaros, las
flores, tenemos la diversidad de la vida, las posibilidades de la mente humana. Este es
ahora nuestro único fundamento y nuestra única fuente de recursos posibles.
Edgar Morin
Somos sistemas de energía abiertos
Si vivimos como respiramos: tomando y soltando, no nos podremos equivocar.
Clarissa Pinkola-Estés
Los seres humanos somos sistemas energéticos abiertos. Podemos limitarnos a funcionar
con la propia energía dosificándola al máximo y usándola sólo para sobrevivir o escoger
una estrategia alternativa y emocionalmente más ecológica: la irradiación de energía
positiva y el intercambio reequilibrante. En el primer caso hay un bloqueo de energía
que nos priva de hacer y ser. Al querer ahorrarla y guardarla sólo para uno mismo no
tiene lugar el intercambio reequilibrante necesario para vivir productivamente. Al ser
53
egoístas con nuestra energía sólo conseguimos irla perdiendo.
«Nos hacemos» a base de relacionarnos con los demás y las estrategias de irradiación
e intercambio nos van a permitir desplegarnos, crear, nutrir y nutrirnos de esta energía en
un intercambio generoso y constante. Es una apuesta por la solidaridad energética.
Nadie es emocionalmente autosuficiente
El ser humano productivo es aquel que es activo desde dentro, que se relaciona
activamente con el mundo, aquel para el cual estar relacionado y vinculado con el
mundo es una necesidad interior.
ERICH FROMM
Antonio Gala dice que el hombre es un ser racional que no ejerce, un ser incapaz de
percibir que en su interior existe todo un universo que refleja el universo exterior del que
constituye una parte de forma ordenada y armónica. Dice: el mono loco es sordo a la
música de las esferas y ciego a la deslumbradora claridad de la verdad. Para este viaje
no necesitaba tanta alforja.
La interrelación con los demás y con nuestro entorno es una realidad. Constantemente
lanzamos mensajes emocionales a nuestro alrededor, mensajes que piden atención,
ternura, alejamiento, espacio; mensajes que transmiten angustia, necesidad de cercanía;
mensajes que pueden no ser captados por aquellos a quienes van destinados y que quizá
serán traducidos por otras personas más receptivas; mensajes que, en algunas ocasiones,
se perderán. La satisfacción de nuestra demanda va a depender de que haya una persona
sensible que la capte y le dé respuesta. Nos necesitamos unos de otros: en el terreno
emocional nadie es autosuficiente. El mundo afectivo de una persona está pintado con
una amplia gama de colores y tonalidades. A veces quisiéramos eliminar algún color que
nos causa sufrimiento, pero si aplicamos este principio nos daremos cuenta de que unos
afectos dependen hasta cierto punto de la existencia de otros.
Los hombres hacen planes para exterminar los mosquitos porque les molestan, pero
no se dan cuenta de que al exterminarlos hacen imposible la vida de las golondrinas que
se alimentan de mosquitos.
¿Cómo ser conscientes de la armonía, del equilibrio y de la paz si no hemos vivido
alguna vez la ansiedad, el desequilibrio y el desasosiego? ¿Cómo podemos percibir la
seguridad si no hemos convivido con el miedo? Los contrastes, el ying y el yang, lo
positivo y negativo, lo que capto y lo que transmito: todo es uno.
El efecto boomerang
El amor exige brazos abiertos. Con los brazos abiertos uno deja que el amor venga y se
vaya a voluntad, libremente, dado que de todas formas así lo hará. Si uno cierra sus
brazos para retener amor, se hallará tan sólo reteniéndose a sí mismo.
Leo Buscaglia
Esta generosidad amando y dando nuestra energía a los demás, ayudando o colaborando
desinteresadamente en un proyecto para mejorar el mundo, tiene un importante efecto
54
boomerang. La energía desprendida por amor, generosidad o bondad nos es devuelta
sobradamente y nos puede llegar de las personas más inesperadas. ¿Queréis una
anécdota? Os transcribimos a continuación una nota de una alumna de la cual, desde
hacía unos años, su profesora no sabía nada. Había sido una adolescente un poco difícil
en vías de ser considerada «un fracaso escolar». Decía así: Hola, soy una ex alumna
tuya. Ahora trabajo como educadora en una escuela pública de educación especial.
Todo me va muy bien. Y aunque quizá no te acuerdes de mí, yo sí que recuerdo a la
profesora que me motivó y ayudó. Aún continuo estudiando. Espero que todo te vaya
muy bien. Besos y muchas gracias. No dejó ni la dirección ni el teléfono. La profesora
no le pudo hacer saber lo importante que para ella fue esta nota después de tantos años.
Efecto boomerang, energía positiva que vuelve incrementada. Si hoy lee esta anécdota se
reconocerá en ella. La energía le habrá retornado de nuevo.
Todo lo bueno que hacemos tiene un impacto positivo en el Universo
Todo el mundo fuera de mí, no sólo me concierne sino que me constituye.
Jordi Llimona
Se cuenta que había una vez un escritor que vivía en una playa tranquila cerca de un
pueblo de pescadores. Todas las mañanas andaba por la orilla del mar para inspirarse, y
por las tardes se quedaba en casa escribiendo.
Un día, caminando por la playa vio a un joven que se dedicaba a recoger las estrellas
de mar que encontraba en la orilla y, una por una, las iba devolviendo al océano.
—¿Por qué haces esto? —preguntó el escritor.
—¿No se da cuenta? —dijo el joven—. La mar está baja y el sol brilla. Las estrellas se
secarán y morirán si las dejo en la arena.
—Joven, hay miles de kilómetros de costa en este mundo y centenares de miles de
estrellas de mar repartidas por las playas. ¿Piensas acaso que vas a conseguir algo? Tú
sólo retornas unas cuantas estrellas al océano. Sea como sea, la mayoría morirán.
El joven cogió otra estrella de la arena, la lanzó de retorno al mar, miró al escritor y le
dijo:
—Por lo menos, habrá valido la pena para esta estrella.
Aquella noche el escritor no durmió ni consiguió escribir nada. A primera hora de la
mañana se dirigió a la playa, se reunió con el joven y los dos juntos empezaron a
devolver estrellas de mar al océano.
El contagio emocional
Las políticas de gestión del medio ambiente deben basarse en el principio de
precaución. Las medidas medioambientales han de anticiparse, prevenir y eliminar
las causas de degradación del medio ambiente. En el caso de que existan amenazas
incipientes de daños graves o irreversibles, la falta de certeza científica completa no
debe evitar o retrasar las medidas que impidan la degradación del medio ambiente.
55
DECLARACIÓN EUROPEA DE BERGEN13
Las emociones y los sentimientos se contagian. La empatía tiene sus primeras
demostraciones en el fenómeno de la angustia empática que se da en los recién nacidos.
¿Sabéis que cuando uno de ellos llora en el nido del hospital muy pronto acaban
uniéndose a su llanto todos los demás?
14
Nuestro sistema límbico, sede de las emociones, es un sistema abierto y, por lo tanto,
condicionado externamente. Por eso nuestra estabilidad emocional depende en buena
parte de las relaciones que establecemos con los demás.
Tendemos a sintonizar con las emociones de las personas con quien nos relacionamos,
tanto en lo que se refiere a emociones desagradables –mal humor, irritabilidad,
pesimismo, ira– como placenteras –alegría, armonía, calma, buen humor–. Podríamos
deducir, pues, que en función de cómo escojamos nuestras relaciones tendremos más
posibilidades de contagiarnos en un sentido o en otro. Cuando nos contagiamos de
emociones desagradables que aumentan el sufrimiento hablamos de contaminación
emocional.
Una de nuestras responsabilidades como adultos es la elección del medio
psicoecoafectivo adecuado para nosotros. Si nos relacionamos en círculos de personas en
los que dominan las emociones negativas es necesario poner en práctica el principio de
precaución y emprender acciones para cambiar de círculo si no queremos acabar
contagiados.
Las constelaciones de afectos
Ninguna vida es capaz de cegar ni seducir tanto como la que se vive puertas adentro de
uno mismo.
Miquel Martí i Pol
¡Qué complejo es el mundo de los afectos! Como los astros en constelaciones giran unos
alrededor de otros en órbitas que a veces confluyen y colisionan. Todo un mundo
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interior, puertas adentro, que esconde un universo emocional que nunca acabamos de
explorar y en el que tenemos mucho miedo de perdernos. Puede ocurrir que, a partir de
determinada emoción, se desencadenen toda una catarata de afectos que se van ligando
unos a otros, alborotando el panorama emocional interno de forma similar a una
explosión en cadena que es difícil detener una vez iniciada. El paso de un tipo de afecto
a otro es fácil: forman algo parecido a sistemas planetarios o red donde una emoción gira
cerca de otra. Veamos un ejemplo:
Con el tiempo y un trabajo de elaboración podemos pasar de una emoción primaria
como la ira, que bien gestionada puede ser incluso positiva para nosotros,15 a un
sentimiento como el odio, que puede teñir de amargura toda nuestra vida. También
podemos pasar de la curiosidad a la sorpresa, de la sorpresa a la alegría y de la alegría al
amor. Es interesante conocer las constelaciones emocionales para afrontar lo que
sentimos y darle una salida sana. Es un viaje hacia un espacio interior más inexplorado
que nuestra geografía externa.
Ley de la gestión ecológica de los recursos afectivos
Todos los seres vivos y todos los recursos son limitados
El destino antropológico del homo-sapiens-demens es no dejar nunca de hacer
dialogar en nosotros sabiduría y locura, atrevimiento y prudencia, economía y
dispendio, templanza y consumación, desprendimiento y vínculo.
Edgar Morin
Una gestión inteligente
Es natural que las mentes diminutas maten al hombre antes de tiempo, que detengan su
desarrollo en aquel punto en que resulta más cómodo para la propia paz de espíritu.
57
Henry Miller
Los recursos de nuestro planeta –el agua, el aire, los minerales, las fuentes de energía, las
plantas y las especies animales– son limitados. Su explotación inadecuada y su mal uso
pueden provocar un desequilibrio difícil de contener cuando se llega a un punto crítico.
Sabemos, y cada vez somos más conscientes de ello, que ha de haber unos límites en el
consumo y que deben existir mecanismos para proteger lo que es valioso, ya que de ello
depende nuestra supervivencia individual y como especie. Gestionar el riesgo es
actualmente el reto científico y tecnológico más importante que tienen planteadas las
sociedades occidentales en el tema de medio ambiente. Se trata de hacer sostenible y
seguro su (excesivo y no sostenible) consumo de recursos y el aumento consiguiente de
los riesgos que esta forma de obrar comporta.
También en nuestro mundo afectivo existe un gran caudal de recursos que pueden
facilitar nuestra vida en el sentido de una mayor y mejor adaptación a nuestro entorno, el
logro de nuestros objetivos de vida y el cultivo de unas relaciones personales más
satisfactorias. No obstante, estos recursos tienen unos límites que dependerán, en buena
medida, de cómo sea la gestión que realizamos. Por ejemplo, una buena gestión de
nuestros recursos emocionales hará que nuestras fuentes de energía –la ilusión, la
automotivación o la alegría– sean energías renovables y que otras –como la ira, la
envidia y el miedo– sean energías reciclables.
Una incorrecta gestión puede provocar, en cambio, que la ira derive en resentimiento y
odio, y que la energía que estos afectos producen se pierda o se utilice para destruir.
Nuestros afectos son materiales delicados que no pueden utilizarse de cualquier forma.
De nosotros depende efectuar una gestión inteligente.
El principio de aprovechamiento de la energía psicoecoafectiva
Alma mía, no aspires a la vida inmortal, antes bien agota el campo de lo posible.
Píndaro
La energía no se crea ni se destruye, se transforma. Lo más importante no es tanto la
cantidad disponible como la forma en que la gestionamos. Es preciso saber invertir de
forma beneficiosa para nosotros. Se considera que entre los proyectos que crea la
inteligencia hay dos que son comunes a la mayoría de personas: ser felices y conseguir la
perfección. La búsqueda de la felicidad es el gran motor de muchas vidas. Queremos ser
felices, pero a menudo ignoramos qué nos da felicidad y, con este objetivo tan vago,
corremos el riesgo de elegir proyectos que, no sólo no nos conducen a la felicidad, sino
que, además, consumen nuestra energía. Es necesario reflexionar sobre cómo conjugar
este deseo con nuestras posibilidades de ser y de hacernos, con nuestra fuerza de
voluntad, y el sentido del deber que nos condiciona.
El principio de aprovechamiento de energía nos pide evitar ir tropezando
continuamente con la misma piedra; significa intentar no chocar siempre contra el
mismo obstáculo, supone aprender a decir no y también basta; nos mueve a tomar
conciencia de cuál es el momento oportuno para decir adiós a alguien o a algún
58
proyecto; nos enseña a saber abandonar y a saber recibir de forma inteligente y
consciente. La elección inteligente de nuestros objetivos es básica para la conservación
de unos niveles buenos de energía. A veces nos obcecamos en conseguir cosas que no
dependen de nosotros como, por ejemplo, cambiar a una persona que no quiere hacerlo.
Éste sería un ejemplo de misión condenada al fracaso. Es más inteligente invertir nuestra
energía en lo que tenemos un mayor margen de control: la mejora de nosotros mismos y
el despliegue de nuestro potencial humano.
59
CAPÍTULO QUINTO
El consumo afectivo
El ser humano de hoy se ha transformado en una mercancía y concibe su vida
como un capital que es necesario invertir a fin de que reporte beneficios. Si lo
consigue, es un triunfador y su vida tiene sentido; si no, es un fracasado.
ERICH FROMM
La influencia de los valores sociales en el consumo afectivo
Emociones para el consumo, sentimientos «a la carta»
La sociedad de consumo nos consume, y además, pagando.
La publicidad, la comodidad personal y la escasa educación recibida en materia de
sentimientos hace que sea bastante fácil engañarnos con sucedáneos y que nos den gato
por liebre. Nosotros lo ponemos bastante fácil debido a nuestras inseguridades y
dependencias emocionales. El día del padre, de la madre, del niño, de los abuelos y de
los enamorados intentan sutilmente mover nuestras emociones, a través de determinadas
campañas de publicidad, con una finalidad consumista y económica. Si alguien no sigue
las pautas se inducen sentimientos de culpa. Culpa por no «amar bastante, no ser atento,
o ser poco detallista». Así, nos venden coches, perfumes, ropa y accesorios, y nosotros
los compramos aunque, a menudo, nos sentimos vacíos y descontentos, ya que no era
eso lo que el anuncio nos ofrecía de forma implícita. Nosotros lo que queríamos obtener
realmente era sexo, belleza, triunfo, seguridad, estatus, poder, atractivo o amor.
¿Consumimos emociones? ¿Devoramos emociones? ¿Necesitamos que la adrenalina
corra por nuestra sangre para sentirnos mejor y más vivos? ¿Buscamos emociones como
un objetivo por sí mismo? ¿Sentimos como consecuencia de actuar, o actuamos para
sentir? Deportes de alto riesgo, películas, novelas, atracciones, juegos de rol, telebasura,
teatro, Internet... y tantos y tantos productos de consumo para sentir emociones fuertes
que llenen nuestro vacío afectivo o satisfagan nuestro deseo de vivir otras vidas. ¿Qué
nos quieren vender y qué estamos dispuestos a comprar? Seguridad, facilidad, poder,
control, felicidad, riesgo, seguridad, rapidez... puede ser arriesgado consumir estos
sucedáneos, estos afectos sustitutivos que nos llenan de infelicidad, vacío, falta de
sentido o vida virtual. Al querer protegernos del esfuerzo de vivir realmente en activo,
asumimos un riesgo mayor: el de una vida irreal que puede finalizar sin haber sido
60
iniciada.
Podemos elegir consumir emociones enlatadas o elaborar los afectos de forma natural.
Una decisión inteligente es señal de una buena salud emocional.
Sucedáneos emocionales
Los hombres serán más inteligentes y más agudos; pero no serán mejores ni más felices,
ni más fuertes en la acción... por lo menos, sólo lo serán a ratos.
Goethe a Eckermann
Los sucedáneos son materias similares a determinados productos, que se usan como
sustitutos a los originales, no tienen su calidad ni característica aunque muchas personas
se conforman con ellos. En el terreno emocional ¿podemos plantearnos su existencia?
Creemos que sí. Por ejemplo, ¿cuál podría ser el sucedáneo del amor? ¿Cuál es su
sucedáneo en el mercado de consumo emocional? ¿La necesidad? ¿La dependencia? ¿El
sexo? ¿El intercambio? ¿El enamoramiento? ¿Nos hemos dado cuenta de la sustitución?
¿Nos conformamos o queremos «el producto original y natural»?
Si permitimos la sustitución de sentimientos especiales por sucedáneos que no
requieren tanta energía ni esfuerzo por nuestra parte, si fomentamos la facilidad y la
rapidez... ¿cómo podemos construir relaciones creativas, maduras y solidarias? Si bien es
cierto que buscar la esencia es más difícil, sólo basándonos en la verdad del sentimiento
podemos construir una base sólida de felicidad.
Los cosméticos emocionales
Si quieres vivir en paz… dimite como Director General del mundo
¿Cómo enmascaramos lo que sentimos? ¿Por qué lo hacemos? A veces hacemos creer a
los demás que sentimos algo porque consideramos que es lo que esperan de nosotros.
¿Es quizá el precio que pagamos para que nos acepten o quieran? ¿Es el precio que
pagamos para vivir aparentemente más seguros sin que nos puedan dañar? ¿Qué
alteraciones o barnices ponemos encima de determinados sentimientos? ¿Qué emociones
creemos que deben ser maquilladas? ¿Qué efectos tiene esta estrategia?
Las máscaras emocionales que nos ponemos en función de lo que consideramos que
debemos sentir, o de lo que creemos que los otros esperan que sintamos, son una traición
a nuestros propios sentimientos y pueden ser una fuente importante de conflictos.
Maquillamos lo que creemos que puede ser censurado o mal visto, maquillamos su
intensidad y, a veces, su esencia. Si una persona ha sido educada con el mensaje de que
no es legítimo ni correcto enfadarse, es posible que se coloque una máscara de calma
aparente y esconda bajo ella una fuerte ira que, al no ser expresada y reprimirse, va a
transformarse en una energía destructiva y tóxica que en algún momento verá la luz.
El malestar físico y psicológico y el desequilibrio, al construir un estilo de relación
poco adaptativo, van a ser algunos de los efectos de esta máscara peligrosa.
La máscara de la invulnerabilidad: soy fuerte, nadie puede contra mí, también da
lugar a problemas importantes. La persona que la utiliza quiere crear la ilusión de que
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tiene poder y fuerza, de que es más fuerte que los demás. Así es que esconde y reprime
sus miedos más íntimos: el miedo al fracaso, al rechazo, a no ser amado y a no ser
reconocido por sus méritos. Cuando éstos aparecen los expulsa, los esconde y se coloca
su cosmético, su máscara. No expresa sus miedos porque, en el fondo, no confía en sí
misma ni en los demás. Pero sus miedos siguen allí, tapados por la máscara de la
invulnerabilidad. La soledad puede ser terrible. No confían y no expresan porque piensan
que el otro puede usar la información en su contra. Vuelcan su energía en el intento de
controlarlo todo: su entorno, las personas que están a su alrededor e incluso a sí mismas.
Ésta es otra misión imposible. La vida es movimiento, cambio y sorpresa, y la gente no
desea sentirse constantemente supervisada y controlada. En el momento más inesperado
este montaje les acaba explotando en las narices y se hunden en la miseria emocional
más absoluta.
La máscara del control quiere dejar claro el yo soy competente y nada se me escapa.
Este cosmético emocional da mucho trabajo, ya que se propone una misión imposible
como meta. Vivimos en la incertidumbre y, a veces, en el caos, y es normal que pueda
ser difícil aceptar lo inesperado y que, por lo tanto, el descontrol sea parte de nuestro
equipaje. Con esta máscara la persona no sólo intenta controlar su vida sino que se
empeña en dirigir la de los demás, supervisando lo que hacen, aconsejando o
imponiendo lo que deben hacer o decidir. La máscara de control esconde un mundo
afectivo lleno de dudas, incertidumbre, desconfianza, inseguridad y soledad.
Es importante dejar las máscaras y mostrarnos como somos. Posiblemente seamos más
vulnerables pero también estaremos más vivos y seremos más cercanos y fáciles de
amar. Vale la pena arriesgarnos a ser nosotros mismos puesto que tan sólo con
coherencia y honestidad vamos a poder mantener el equilibrio interior.
62
II PARTE
LA GESTIÓN AFECTIVA
DESADAPTATIVA
El corazón, si pudiese pensar, se pararía.
Fernando Pessoa
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CAPÍTULO SEXTO
La gestión desequilibrada de los afectos
La racionalidad es un instrumento maravilloso, pero hay cosas que superan a la
mente humana. La vida es una mixtura de aquello que no es razonable y de
racionalidad. Deberíamos aprender a jugar, lúdicamente hasta cierto punto, con
esta parte irracional de nuestras vidas y saber aceptarla. Confieso que cuando de
noche estoy solo en el bosque, tengo miedo, ¡no de los bandidos sino de los
fantasmas! Sé que es un miedo irracional, pero al mismo tiempo, sé que no lo puedo
reprimir.
Edgar Morin
La incorrecta gestión de los recursos emocionales
El conocimiento que en los últimos años hemos ganado sobre la vida humana y sus
circunstancias ha llenado literalmente millones de libros y debería habernos
ayudado a comprender y aceptar aquello que realmente es importante en la vida... a
esforzarnos para sentirnos satisfechos con nuestra familia, nuestros amigos, a ser
buenos y considerados con los demás y a trabajar para trascender o superar las
irracionalidades de la vida que constantemente nos acechan.
D. Weiner
Si el corazón pudiese pensar, se pararía
¿Por estar asustado? ¿Por estar desilusionado de su valoración de nosotros mismos, de
los demás y de la vida? ¿Decidiría que no merece la pena continuar latiendo para
mantener vivas a personas infelices que se autodestruyen, que son agresivas con los
demás, que no protegen el entorno y que no miran más allá de sus intereses egoístas?
Si el corazón pudiese pensar, ¿se pararía? Esperamos que no. Esperamos que vería la
necesidad de que, a pesar de todo, merece la pena preservar la vida y la lucha de tantas y
tantas personas que intentan esforzarse para mejorar, para cuidarse a sí mismas, a los
demás y al planeta. Nos gustaría creer que valoraría la música que el ser humano es
capaz de crear, la poesía, la pintura y todo el arte que nos permite trascender. Nos
gustaría creer que valoraría a tanta gente solidaria con los que sufren, que acompañan en
el dolor y en la desgracia; los esfuerzos de los maestros, de los padres para educar a los
hijos y de los hijos para crecer y hacerse, a pesar de las dificultades y de este entorno
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desequilibrado que hemos creado. Quisiéramos creer que si pudiera pensar, el corazón
decidiría seguir latiendo y latiendo, para continuar dándonos una oportunidad detrás de
otra.
Los recursos no son ilimitados
Tenga menos miedo y espere más; coma menos y mastique mejor; quéjese menos y
respire más; hable menos y diga más; odie menos y ame más; y todas las cosas buenas
serán suyas.
Proverbio Sueco
Tenemos la suerte de disfrutar de una vida, de un tiempo, de unos espacios y de unos
paisajes. Tenemos mucha suerte de poder obtener aquello que precisamos para vivir
gracias a la riqueza de la naturaleza y a sus fuentes de energía y alimento: aire, sol,
plantas, animales y tantos recursos que se hallan a nuestra disposición. Pero desde hace
tiempo sabemos que estos recursos no son ilimitados. No es sólo cuestión de cantidad
sino de calidad y de solidaridad. Es responsabilidad de todos los seres humanos que
poblamos este planeta efectuar una gestión ecológica de los recursos a fin de que todo
ser vivo tenga la oportunidad de desarrollar su propia existencia.
En el ámbito afectivo sucede algo parecido. Hay espacios de crecimiento que pueden
facilitar nuestra construcción personal y entornos relacionales hostiles que pueden
limitarnos si no somos conscientes y no tomamos el control de nuestra vida. Tenemos
una gran cantidad de recursos interiores cuya existencia ignoramos. Si malgastamos los
recursos de la Tierra podemos acabar destruyendo no sólo nuestra vida sino la VIDA en
mayúsculas. En nuestra vida emocional el primer paso sera tomar conciencia de cuáles
son nuestros recursos, hacer un buen uso de ellos, detectar las dificultades que tenemos y
poner remedio a las pérdidas de energía que sufrimos. Este es nuestro reto y nuestra
responsabilidad en nombre de la VIDA y de nuestra vida.
Dos sistemas operativos que conviven
Somos el homo sapiens-demens.
Edgar Morin
En nuestra mente conviven al mismo tiempo dos sistemas de gestión y dirección de la
conducta que pueden llegar a interferirse en numerosas ocasiones: un sistema operativo
racional nos permite la reflexión, el análisis, la deducción y la argumentación; y un
sistema operativo límbico, primitivo y arcaico, siempre en alerta, que nos protege de las
amenazas.
Si este segundo sistema considera que se ha producido una situación de peligro o
sufrimiento para nosotros, puede desactivar el sistema operativo racional (secuestro
emocional) y tomar el control de nuestra conducta. Entonces reaccionamos y nuestra
actuación no se rige por las leyes de la lógica ni de la oportunidad. Si bien en muchos
casos esta rapidez en la reacción nos puede salvar la vida en otros casos nuestras
emociones pueden interferir, dificultar o ser causa de graves problemas.
Erich Fromm afirmaba en uno de sus ensayos que si bien estamos viviendo
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técnicamente en la Era Atómica, la mayoría de hombres aún se encuentran
emocionalmente en la Edad de Bronce. Jaime Barylko decía que ser civilizado es admitir
que yo soy el bárbaro del otro. La convivencia entre la dimensión sapiens y la
dimensión demens implica reconocer esta parte primitiva que llevamos dentro. Sólo
siendo conscientes de ella y aceptándola podremos dar los pasos para actuar de forma
más reflexiva y menos agresiva.
El objetivo para lograr un correcto equilibrio emocional es sentir la emoción apropiada
en consonancia con las circunstancias. Cuando enmudecemos las emociones llegamos a
la apatía y al embotamiento afectivo. Si no las controlamos, podemos enfermar:
depresión, angustia, cólera o manía. Homo sapiens i homo demens deben aprender a
convivir y a trabajar juntos. Éste es un gran reto.
Cuando el caos vence
Se puede huir de todo menos de uno mismo, aunque el caos reine en nuestro interior.
Gao Xinajian
Dentro de cada persona se encuentra la posibilidad de un cielo o de un infierno personal,
una posibilidad de realización o de perdición. Y esta posibilidad es nuestra y de nadie
más. ¿Qué es lo que puede ocasionar que un niño se convierta en un adulto fracasado,
que un fracasado se convierta en un desesperado, un derrotado o un ser que se
autodestruye de mil formas distintas? ¿Qué es lo que puede hacer que incluso una
persona que ha recibido amor y tenido proyectos e ilusiones, en un determinado
momento de su vida, se convierta en un enfermo o en un ser violento y amargado? Si
bien en su interior se encontraba la semilla del cielo y del infierno, algo falló y venció el
caos. Y cuando alguien se hunde emocionalmente y el caos vence,16 puede verse
conducida a uno de los estados emocionales siguientes: un lío (se siente confundida
sobre lo que siente), un estercolero donde revolcarse (piensa que nadie comprende su
tormento y se hace la víctima) o bien un pozo (cuando se produce la repetición de una
herida emocional).
Veamos esta estrofa del poema Lluerna, de Miguel Martí i Pol:
... Siempre, está claro, queda el recurso de la huída;
muchas modalidades diferentes la avalan
a lo largo de los años: olvido, falsa revuelta,
engaño sutil, temor, victimismo,
argumentados todos ellos desde la óptica
que hace la ley a la medida del delito.
Pero cuando nos parece que el caos vence, aún no estamos perdidos: este caos puede
ser una oportunidad para mejorar como personas si somos capaces de aceptarlo y, paso a
paso, ir desanudando todo el lío emocional en el que nos vemos sumergidos. El
conocimiento de nosotros mismos y el autocontrol serán dos competencias clave para
lograrlo.
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Un balance emocional negativo
Debemos ceñirnos a lo difícil, todo lo que es vivo se ciñe a ello.
RAINER MARIA RILKE
El balance emocional negativo se produce cuando se realiza una gestión incorrecta de los
recursos emocionales y uno detecta que no siente satisfacción por el modo en que se
desarrolla su vida, sus relaciones y sus objetivos.
Los tonos y colores emocionales se vuelven oscuros, opacos y sin vida. Sentimientos
de tristeza, de soledad, resentimiento, constante descontento, irritabilidad, mal humor,
celos y conductas agresivas y egoístas dificultan la construcción creativa y equilibrada
de las relaciones personales. Son señales de que las actitudes, decisiones y conductas que
estamos tomando no favorecen nuestro crecimiento personal. Sufrimos y, a veces,
sufrimos mucho. Es la señal para revisar nuestra vida y descubrir si debemos efectuar
cambios, si llega el momento de dar un adiós o donde es preciso abrir nuevas puertas.
Los precios que pagamos
... Tenemos la inconstancia, la indecisión, la incertidumbre, los dolores, la
superstición, la inquietud por el futuro e incluso por después de la vida, la ambición,
la avaricia, la envidia, los celos, los apetitos desenfrenados locos e indomables, la
guerra, la mentira, la deslealtad, el desprecio y la curiosidad. Ciertamente hemos
pagado incomprensiblemente caro este precioso raciocinio del que nos sentimos
orgullosos y esta capacidad de juzgar y de conocer, si lo hemos adquirido al precio de
este número infinito de pasiones de las que constantemente estamos presos.
PIRRON
Toda evolución tiene un coste. Toda elección tiene un precio que, a veces, está repleto de
renuncias. La correcta o incorrecta gestión de nuestras emociones también tiene el suyo
y, cuando hablamos de costes, nos referimos a los que afectan a nuestro proyecto vital. A
veces a corto plazo, puede parecer más fácil mostrarnos pasivos y dejar de esforzarnos
que cuidar de nuestros afectos. Parece más fácil aislarse que relacionarse, ser egoístas
que generosos, inconstantes que perseverantes, agresivos que prudentes. Y si bien parece
que estas estrategias son más placenteras o más fáciles, pueden llegar a pasarnos una
factura muy cara. Acabamos pagando el precio de la soledad, del abandono y del
desamor.
Pirron nos dice que hemos pagado caro el precio de nuestra racionalidad y de nuestra
capacidad de aprender si se ha adquirido a costa de esta eterna lucha contra nuestras
pasiones. Pero ¿no podríamos pensar que es precisamente esta lucha constante y la
aceptación y enfrentamiento de este reto interminable al que como seres humanos nos
vemos sometidos cada día, lo que ha hecho posible nuestra evolución?
Fugas de energía
Necesitamos controlar al homo demens para ejercer un pensamiento racional,
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argumentado, crítico, complejo. Necesitamos inhibir en nosotros aquello que demens
tiene de asesino, malvado, imbécil. Necesitamos sabiduría que pide de nosotros
prudencia, templanza, mesura, desprendimiento.
EDGAR MORIN
Hay formas de actuar poco adaptativas que no favorecen a nuestra salud
psicoecoafectiva. Una de ellas es desaprovechar nuestra energía y permitir que esta
fuerza interna salga de forma desbocada y agresiva, o dedicarla a objetivos imposibles y
a proyectos inadecuados. Erich Fromm decía que cuando ponemos obstáculos a la
tendencia de la vida a crecer y a vivir, la energía inhibida sufre un proceso de
transformación y se convierte en una energía destructora. Las fugas de energía nos dejan
sin fuerza para vivir nuestro día a día. Es preciso poner límites a las personas que abusan
de nuestra disponibilidad; es necesario seleccionar bien los proyectos en los que
invertimos nuestro tiempo y esfuerzo; es esencial rodearnos de personas generosas en los
intercambios, que no nos utilicen como medios para sus fines. Es poco inteligente
perseverar en una conducta que se ha demostrado ineficaz. Somos seres creativos, y si
queremos resultados diferentes será preciso actuar distinto. No hacerlo así es una fuga
constante de energía que se podría invertir mucho mejor.
Cuando «nos saltan las fichas»: el desborde emocional
Todo el universo es una posada: no busques un chorro de paz; todos tus familiares se
alojan aquí, así es que espera molestias de todos.
PROVERBIO CHINO
Nuestra memoria emocional reside en una estructura llamada amígdala situada en
nuestro sistema límbico. Funciona de forma similar a la del disco duro de un ordenador
donde quedan almacenadas nuestras experiencias emocionales importantes desde el
inicio de nuestra vida.
El problema es que vamos acumulando vivencias que guardamos en forma de
«archivos por similitudes», experiencias de rechazo, ofensa, pérdida, agresión, alegría,
comprensión o amor. En determinado momento, debido a un estímulo externo o interno,
se puede desencadenar un «desbordamiento emocional». Es como si alguien hubiera
apretado la tecla del «intro» y hubiera abierto de repente todos los archivos con las
informaciones acumuladas. En este momento nuestra reacción es automática. El cerebro
emocional toma el control del cerebro racional y nos desbordamos. Puede suceder ante
un comentario que consideramos ofensivo, que creemos que nos desprestigia o pone en
entredicho. La reacción puede ser aparatosa: llanto, huida, gritos, agresión. Todo
depende del tipo de estímulo, del momento, de la forma, de la valoración de intención,
de cómo hayamos resuelto experiencias similares previas. Para que esto no nos ocurra,
es necesario realizar un trabajo de autoconocimiento y detección de las experiencias
emocionales importantes que hemos tenido durante nuestra vida, de nuestros puntos de
desbordamiento posibles y trabajar nuestro autocontrol.
Se cuenta que el escritor Mark Twain era tan famoso por su temperamento como por
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sus éxitos literarios. Parece ser que no era difícil provocarle y que, en estos casos, su ira
podía ser fulminante. En determinado momento de su vida empezó a aplicar una
estrategia de autocontrol. Dicen que cuando se sentía ofendido, su opción de réplica era
escribir una carta mordaz. Pero Twain guardaba esta carta en el bolsillo de su abrigo
durante tres días. Sólo si pasados estos tres días aún seguía enojado, la echaba al correo.
El perfeccionismo utópico
No seas más virtuoso de lo que tus fuerzas te permitan. No te exijas nada que sea
inverosímil.
Proverbio Chino
Perfección: Que tiene todas las cualidades requeridas, que no tiene el más mínimo
defecto.17 Hay que ser muy iluso para pretender este objetivo. ¿Cuántas personas se han
roto por el camino intentando conseguir esta utopía? ¿Cuántos desengaños se han
llevado? ¿Cuántas energías desperdiciadas? ¿Por qué nadie se lo advirtió?: «Nadie puede
ser perfecto». Quizá no hubiéramos hecho caso a esta advertencia. Hemos recibido, a
través de la educación, consignas y mensajes que hemos ido incorporando, a veces, sin
filtrar. Ya es hora de tomar conciencia de que la imperfección forma parte de nuestra
vida y de que el intento de ser perfectos en todo está totalmente condenado al fracaso.
¿Qué reside en el fondo de estos intentos constantes de perfección? La necesidad de
ser amado. Ésta es una necesidad básica para toda persona. ¿Quién no quiere amor? Pero
es preciso plantearse si este camino es el adecuado para conseguirlo. Probablemente uno
de los rasgos de las personas perfeccionistas sea la inseguridad en sí mismas y en sus
propios méritos, un afán exagerado de control y la percepción de que uno no es
suficientemente digno de recibir amor. La autovaloración negativa mueve al descontento
constante: nunca se es bastante inteligente, atractivo, culto... «Sé perfecto y serás digno
de amor», es la creencia que reside en este intento. Inútil combate donde todos son
vencidos, donde no hay armas para ganar la perfección. Es una batalla donde todos son
derrotados antes de iniciar el combate. No somos ni podemos ser perfectos, pero sí que
somos seres perfectibles. Y en este proceso estamos.
Invertir energía en proyectos inadecuados
¿Adónde va el tiempo perdido? Puede ser que vaya pululando por los limbos de lo
extraviado, conjuntamente con los libros no escritos, las palabras no dichas o los
sentimientos no vividos.
ROSA MONTERO
Dedicamos tiempo pensando proyectos, dándoles vueltas y más vueltas, pero no
pasamos a la acción para llevarlos a cabo. Gastamos mucha energía emocional aplazando
las cosas, lamentándonos de no haberlas hecho.
La energía es limitada y a menudo la invertimos de forma poco inteligente. No
diversificamos, nos centramos sólo en una faceta de nuestra vida y dejamos de lado las
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demás que se quedan sin alimentar: centrarse en el trabajo, olvidar la familia y descuidar
las relaciones personales; no darse la oportunidad de hacer realidad los sueños, invertir
tiempo y esfuerzo en intentar cambiar a otra persona genera decepción, frustración,
desilusión, ira, agresividad y sentimiento de pérdida. Es urgente seleccionar bien los
proyectos a los que queremos dar prioridad.
La incontinencia afectiva
Si no tienes cosas sabias para decir, es mejor que tengas la boca cerrada.
DICHO POPULAR
Es como dejar el grifo siempre abierto. La expresión de nuestras emociones y, sobre
todo, de nuestros sentimientos, debe estar bien regulada. No es necesario ir explicando lo
que sentimos al primero que pase. Los sentimientos son material sensible y hay que
vigilar a quién se confían para no ir recibiendo constantes decepciones. Esto no significa
desconfiar de todo el mundo, pero sí que es necesario aprender a protegernos y a cuidar
de nosotros mismos. ¿A quién daríais la custodia de una joya de valor? Seguramente a
alguien de vuestra confianza. Con los afectos es oportuno hacer lo mismo. Ir paso a paso
y regular su expresión. La incontinencia afectiva se identifica, a veces, con la sinceridad
–Yo, tal como lo siento, lo digo. Tal como pienso, expreso. Yo soy así de sincero–. Es
un error pensar que no debemos poner filtros al comunicarnos. Como seres racionales
que somos tenemos que usar nuestra inteligencia para adaptarnos mejor a nuestro
entorno. A veces, la sinceridad puede expresarse de forma inadecuada. Por eso es
importante aplicar nuestro autocontrol emocional y expresarnos tan exacta y
asertivamente como sea posible, asegurándonos de que lo hacemos a la persona
adecuada, en el momento oportuno, de la forma correcta y con el propósito justo, tal y
como propuso Aristóteles.18 La incontinencia afectiva es una falta de contención y de
prudencia y puede tener efectos desastrosos en nuestras relaciones personales.
La infrautilización de los recursos afectivos
El amplio sendero no tiene puerta, miles de caminos llegan a él. Cuando alguien cruza
esta entrada sin puerta, camina libremente entre el cielo y la Tierra.
MUMON
Disponemos de muchos recursos emocionales y es necesario aplicarlos a fin de
mantenerlos activos. Nuestro sistema emocional es un sistema de relación y evaluación
que puede aportarnos una información muy valiosa para vivir mejor y ser más felices.
Prescindir de él es poco inteligente y sólo nos conducirá a la infelicidad y a la repetición
constante de errores.
Las personas que sólo tienen en cuenta la razón corren el riesgo de desarrollar
relaciones poco gratificantes y tomar decisiones poco adaptativas. La dificultad para
saber qué es lo que siente y expresarlo empobrece sus relaciones personales.
Como dice Edgar Morin, si nos definimos sólo como homo sapiens estamos
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escondiendo la afectividad y la disociamos de la razón inteligente. Pero el desarrollo de
la inteligencia en los mamíferos se halla fuertemente correlacionada con el desarrollo de
la afectividad. El homo sapiens es también el homo demens.
El uso inteligente de nuestra racionalidad combinada con nuestra vertiente afectiva
nos va a permitir crear, inventar e imaginar. Renegar de nuestro lado demens nos podría
condenar a un mundo robotizado e insípido. Se trata de hallar el punto de equilibrio
necesario realizando un trabajo en equipo entre la razón y la emoción en vistas a una
acción más coherente.
La contaminación emocional
Si nos rodeamos de personas pequeñas, acabaremos convertidos en enanos.
Nuestros sistemas nerviosos contactan entre ellos y se intercambian datos. La elección
de nuestras relaciones puede modelar, en parte, el tipo de persona que llegaremos a ser.
Si nos relacionamos con personas superficiales, reprimidas o incontinentes emocionales
posiblemente podamos llegar a adoptar algunos de estos rasgos. Aprendemos a través de
modelos y, en este sentido, es preciso responsabilizarnos de nuestras elecciones
afectivas.
A veces “maquillamos” o confundimos lo que sentimos. Añadimos aditivos y
colorantes a nuestras emociones para aumentar su intensidad, para que tengan mejor
aspecto, para darles otro color o más brillo. En otras ocasiones vaciamos de contenido
algunas emociones y nos quedamos con sucedáneos. Confundimos generosidad con
sacrificio, prudencia con cobardía, amor con dependencia, compasión con lástima…
Quizá ya sea tiempo de aprender a descontaminar algunos de estos conceptos.
Se contagia el mal humor, el desánimo, la desesperanza, la agresividad, la ansiedad, la
irritabilidad… cuando alguien no las gestiona inciden en las personas que le rodean y
empeoran el clima emocional global. Tenemos mucho que hacer al respecto.
Un contaminante emocional: los rumores
Verdad, bondad y necesidad. Si no, mejor callar.
Se cuenta que el discípulo de un sabio filósofo llegó a casa y le dijo:
—Querido maestro, se ve que un amigo tuyo ha estado hablando mal de ti.
—¡Espera! —lo interrumpió el filósofo— ¿Has hecho pasar por los tres filtros lo que
ahora me vas a explicar?
—¿Los tres filtros? —dijo el discípulo.
—Sí. El primer filtro es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que me vas a decir es
absolutamente cierto?
—Bien, no lo sé directamente. Me lo han dicho unos vecinos.
—Por lo menos —dijo el sabio— lo habrás pasado por el segundo filtro que es la
bondad. A ver, ¿esto que me vas a decir es bueno para alguien?
—No, realmente, no. Más bien al contrario.
—Ah... entonces miremos el último filtro. El último filtro es la necesidad. ¿Crees que
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es realmente necesario hacerme saber esto que tanto te inquieta?
—De hecho, no.
—Entonces —dijo el sabio, sonriente— si no es ni verdad, ni es bueno ni es necesario,
mejor lo enterramos en el olvido.
Evitar las contaminaciones emocionales es responsabilidad nuestra. Si bien hay
personas que tienen un estilo fuertemente contaminante, depende de nosotros adoptar la
actitud correcta y pasar por los tres filtros aquello que nos comunican. Los rumores son
peligrosos y tienen efectos altamente perjudiciales, a la vez que suelen ser injustos por la
indefensión que provocan.
Las creencias pueden ser marcos inflexibles que distorsionan la realidad contaminando
su valoración, o bien pueden facilitar nuestro crecimiento si son lo bastante flexibles y
adaptativas. El pensamiento positivo marca la diferencia.
Reprimir los afectos
La vida en el desierto es pequeña pero brillante, y buena parte de lo que ocurre tiene
lugar bajo tierra.
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CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
La aspereza, la represión y la contención afectiva dificultan nuestras relaciones. Si
tenemos la creencia de que «es preciso ahorrar la expresión de nuestras emociones»
vamos a guardarnos lo que sentimos sin ser conscientes de que al dejar la expresión de
este sentimiento para más adelante, aumentamos las posibilidades de que se estropee.
Podemos reprimir nuestras emociones por miedo a que nos juzguen o nos hieran, por
temor a no gustar, a ser ridiculizados, a hacerlo mal, a no ser aceptados. La inseguridad
genera miedo y el miedo puede hacernos entrar en una zona emocional desértica. No
obstante, incluso en el desierto más yermo podemos hallar vida, aunque sea bajo la tierra
protegida del sol caliente y de las temperaturas heladas de la noche. Sólo es preciso
darnos permiso para que brote. Sólo permitiendo que nuestra energía emocional entre en
contacto con la de otra persona podremos conseguir relaciones gratificantes y de calidad.
La tala indiscriminada
Los hechos no dejan de existir por el simple hecho de ignorarlos.
ALDOUS HUXLEY
Generalizamos a toda nuestra vida las conclusiones extraídas como resultado de algo que
no ha ido bien o de una situación que nos ha causado dolor. Cuando nos hieren, sobre
todo si nos ha herido con mucha intensidad alguien de nuestro círculo relacional más
íntimo, podemos adoptar como estrategia la autoprotección y no permitir que nadie más
se acerque a nuestro mundo emocional. Empezamos a desconfiar de los que nos rodean,
cuestionamos sus actitudes, lo que nos dicen o sus conductas construyendo potentes
barreras de defensa. ¡Nunca más!, decimos. Y vamos saboteando toda posibilidad de
intimar con alguien. El motivo es el miedo a volver a ser heridos. Realmente, nos
podemos sentir muy solos porque levantamos muros en lugar de tender puentes. La
solución debe ser nunca dejar de vivir, y esto es precisamente lo que hacemos al dejar de
relacionarnos.
Hace poco un conocido político expresó la idea de que para evitar incendios en el
bosque lo mejor que se podía hacer era talar los árboles.
Es evidente que si los talamos no se podrán quemar, de la misma forma que si no
dejamos que nadie se acerque no nos van a herir pero, al adoptar esta estrategia, uno
muere en vida y solo incrementa su sufrimiento. La aptitud para gozar y la aptitud para
amar es también la aptitud para sufrir; la aptitud para ser felices es, al mismo tiempo, la
aptitud para la infelicidad. Somos capaces de reconocer la infelicidad porque hemos sido
felices, y el desamor porque hemos amado y hemos sido amados. Esta polaridad forma
parte de la vida.
Las basuras emocionales
Creo que Dios no creó basuras humanas, sólo gente con problemas de comportamiento.
J. Hunter
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Basuras crónicas
Un día me di cuenta de que las personas que dicen que nunca tienen ningún
problema, que lo tienen todo superado y no se preocupan absolutamente por nada y
nada les hace sufrir, son realmente insufribles.
Hablamos de basura emocional como aquellos residuos que generamos y que es preciso
eliminar porque, de no hacerlo, puede tener efectos perjudiciales para nuestra salud. Los
residuos deben ser eliminados de la forma adecuada intentando que no contaminen
nuestro entorno y no alteren su equilibrio. Veamos este poema de Mario Benedetti:
Las basuras crónicas son una carga afectiva inútil. Nos pesan, nos frenan, nos
desmoralizan y nos hacen vivir en el pasado, contaminan nuestro presente y dificultan
nuestro futuro. Es preciso deshacerse de ellas con urgencia.
La generación de contenidos emocionales tóxicos
En la psique nunca se pierde nada.
CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
Como ya hemos dicho antes, las emociones no son por sí mismas ni buenas ni malas, ni
positivas ni negativas. Sencillamente son datos que podemos interpretar o no y que
podemos considerar o no a la hora de tomar decisiones y efectuar cambios en nuestra
vida. No obstante, si nos aferramos a ellas y no las gestionamos de forma ecológica y
74
adaptativa, corremos el riesgo de que se vayan pudriendo y degenerando hasta llegar a
resultar tóxicas para la persona que las retiene. En este sentido es muy interesante el
proceso de degeneración de la ira. Ésta es una emoción primaria que surge cuando
alguna cosa o persona se nos interpone en la consecución de nuestros objetivos y bien
canalizada puede ser, incluso, útil. Pero ¿qué pasa si no la canalizamos? veamos el
esquema siguiente:
Un sentimiento como el odio no aparece de un día a otro, de igual forma que tampoco
uno se encuentra de repente con el amor. Ambos sentimientos requieren procesos de
elaboración complejos y tiempo, esfuerzo y materia prima. Es nuestra responsabilidad
aprender a detectar qué entramado afectivo construimos y si favorece o dificulta nuestra
vida. Como dice el proverbio: «Si el tronco no se mueve, las ramas se agitan en vano».
Embrollo emocional
—Doctor, ¡no sé qué me pasa! —Precisamente, es eso lo que le pasa.
No sabemos qué nos pasa. No nos aclaramos. Sólo sabemos que nos sentimos muy mal.
Se nos hace un nudo en la garganta o en la boca del estómago, o tenemos ganas de
vomitar, o nos tiemblan los labios y lloramos. Quisiéramos que este conjunto de
sensaciones tan desagradables desapareciera de repente y que todo volviera a la
75
normalidad.
Sufrimos: recibimos la información de muchos sentimientos y emociones que
confluyen a la vez. Algunas de estas emociones se contradicen entre ellas y de todo este
bombardeo estimular interno sale un output que puede ser: Me siento fatal, estoy hecho
un lío, no me aclaro. Uno puede sentirse a la vez sorprendido, irritado, confuso,
humillado, triste, frustrado, cansado y solo. Es el embrollo o caos emocional.
Cuando nos sentimos hundidos en este caos podemos intentar deshacer estos nudos
emocionales y poner un poco de orden. Nuestro equilibrio emocional se encuentra en
precario y es preciso recuperar el control.
En este caso podemos aplicar un ejercicio de autoconocimiento, el escáner
emocional,19 que consiste en elaborar una lista con todas las emociones que sentimos en
aquel momento. Ha de ser un listado sin censura, con las palabras que espontáneamente
salgan y sin pasarlas por el filtro de la racionalidad. Es necesario drenar estas emociones
dándoles salida. Cuando hayamos finalizado quedaremos sorprendidos de la gran
cantidad de afectos que confluyen en un caso así. Esta es nuestra realidad, no pasa nada.
La segunda parte del ejercicio consiste en desenredar la madeja emocional cogiendo
cada uno de los sentimientos o emociones anteriores y formando una frase que amplíe su
significado. Por ejemplo: sorprendido porque no esperaba determinada conducta,
irritado porque considero que no era el momento para expresar aquello, confundido
porque creía que aquella persona era de confianza y ahora lo pongo en duda, humillado
porque no quería que la información se hiciese pública al ser un tema íntimo, triste
porque tengo un sentimiento de pérdida de prestigio y de amistad; frustrado porque mis
expectativas no se han cumplido, cansado de que mis relaciones siempre vayan mal y
solo porque, en definitiva, siempre acabo dependiendo de mí mismo.
Lo mejor de esto es que, al escribir los sentimientos y emociones y posteriormente
pasar a desenrollar la madeja emocional, nuestro estado mejora al poner cierto orden en
el caos interior. Todo se vuelve más claro y por lo menos tenemos un mapa inicial de
situación. El mundo se parece a un gran océano: quien intenta nadar demasiado cargado
está demasiado pesado y se acaba hundiendo. Es preciso aligerar el lastre y drenar de la
forma adecuada las emociones.
Queda un último paso importante: la acción. Es preciso tomar decisiones a partir de
los puntos de mejora detectados. Si las respuestas que damos son coherentes nuestro
feed-back emocional mejorará sustancialmente.
76
CAPÍTULO SÉPTIMO
Atrapados en emociones que nos
esclavizan
Una construcción a medio hacer
Esta primera puerta que cruzamos pintada está de rojo. Por honda herida salimos de las
profundidades de una cueva, donde el amor, el asco o la costumbre de dos obreros
tristes nos fabrican en una agotadora jornada de segundos; salimos con defectos
estamos hechos trozos estamos hechos trizas y estamos hechos a veces deprisa, que no
dio tiempo a rasparnos la rebarba a definirnos bien... a cortarnos del todo el cordón
umbilical de la tristeza.
Gloria Fuertes
Nacemos seres humanos, pero no personas. No tuvimos tiempo de definirnos bien,
nacemos a medio hacer, con potencial pero con poca realidad. Y es nuestra tarea
construirnos con los materiales que se nos han dado y con aquellos que iremos
adquiriendo o encontrando en el transcurso de nuestra vida. Este trabajo laborioso nos
dará la categoría de personas. Somos responsables de no dejar esta construcción a
medias, de unir los trozos, de definirnos bien y de cortar el cordón umbilical de la
tristeza y de las dependencias.
Se relata una anécdota sobre el famoso Miguel Ángel. Se dice que estando trabajando
en su taller, se le acercó un admirador y le dijo:
—Maestro, ¿cómo consigues realizar estas esculturas maravillosas?
—Muy sencillo —respondió el genio—, tomo un bloque de mármol, visualizo la
imagen que contiene y le voy sacando todo lo que sobra.
Así pues, lo más importante es estar convencidos de que, dentro del bloque informe
del mármol, hay una figura esperando salir. Sólo así seremos capaces de perseverar en la
tarea de extraerla de la masa dentro de la cual está aprisionada.
Desarmonía y patología
La mejor manera de no mejorar es orientar la capacidad de crítica hacia el prójimo.
Paulo Coelho
El equilibrio y la armonía son esenciales para mantener una buena salud. La culpa, la
77
envidia, la ira, los celos, el odio, el miedo, el resentimiento, el mal humor, el descontento
y la infelicidad son síntomas que nos indican que estamos realizando una incorrecta
gestión de nuestra vida y, si se convierten en habituales, son indicadores no sólo de
desarmonía sino también de enfermedad.
Gandhi planteó una forma de no violencia o ahimsa. Para él la violencia siempre es un
síntoma de debilidad y una fisura en las propias creencias. La persona violenta se vale de
un mecanismo de proyección: vuelca en el exterior el odio o el desprecio que siente por
sí misma. El aumento de la violencia en nuestra sociedad y en nuestra vida se explica, en
parte, por nuestra incorrecta educación afectiva. Tenemos problemas en nuestra
autoestima y de confianza en nuestras capacidades y competencias cuando somos
especialmente sensibles a la crítica, exageramos mucho, nos mostramos excesivamente
críticos, tendemos a culpar a los demás, tenemos miedo a la competencia, nos sentimos
perseguidos y nos escondemos o autorrecriminamos.
Estas conductas reflejan nuestras creencias de incompetencia y sentimientos de
inferioridad. Es importante detectarlas a fin de irlas modificando y poder recuperar la
armonía.
La prisa violenta
El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo.
Paulo Coelho
Vivir20 con velocidades que atentan contra el propio ritmo y cadencia, prisas que como
un incendio queman todo lo que encuentran, falta de tiempo para escuchar, hablar, soñar,
reflexionar, mirar sin ser consciente de lo que se ve, son tan sólo algunos de los síntomas
de una forma de vivir que causa un profundo descontento e infelicidad y va tiñendo de
gris nuestra vida.
Jean-Paul Sartre describió la relación de la prisa con la violencia. La persona
apresurada quiere las cosas inmediatamente y para ello la violencia es, sin lugar a dudas,
el camino más corto. ¿Para qué guardar las formas que siempre son más lentas?21 Parece
indudable que las conductas agresivas van en aumento. Para respetar es preciso tener
muy claro que cada persona es única e irrepetible. La violencia es un producto de la
incompetencia emocional y del analfabetismo moral.22 La prisa es violenta, nos violenta
a nosotros mismos y nos hace adoptar conductas irrespetuosas hacia los demás. La
impaciencia, esta inquietud interna que nos hace querer acelerar el tiempo y no vivir en
nuestro presente, favorece estas conductas agresivas generadoras de malestar. Veamos
en este poema de Bertold Brecht la absurdidad que a menudo acompaña a la
impaciencia:
78
Prisa, ¿por qué? Prisa ¿para no vivir? Debemos plantearnos seriamente este tema y
adoptar las medidas precisas para hallar y respetar nuestro propio ritmo así como
también los tempos de los demás.
Tiempo sentido, tiempo vivido
Carpe diem.
Horacio
Dice un cuento que había un hombre que peregrinaba por el mundo fijándose en aquello
que veía. Un día llegó al pueblo de Kammir. Antes de entrar en él vio un caminito que le
llamó la atención por el hecho de que estaba cubierto de árboles y flores. Cogió aquel
desvío y llegó a una valla de madera con una puerta de bronce entreabierta, como
invitándole a entrar.
El hombre traspasó el umbral y empezó a andar lentamente entre unas piedras blancas
que estaban distribuidas entre los árboles como por azar. Era el cementerio del pueblo.
Se agachó para mirar una inscripción y leyó: Abdul Tareg vivió 8 años, 6 meses, 2
semanas y 3 días. El hombre sintió pena por el niño muerto tan joven y con curiosidad
fue leyendo las lápidas de alrededor. Cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que la
persona enterrada que había vivido más tiempo sólo tenía once años. Terriblemente
abatido se sentó a la salida del lugar y reflexionaba sobre qué extraña desgracia podía
haber sido la causa de la muerte de tantos niños cuando un viejo se dirigió hacia él y le
preguntó qué le pasaba. Él le comentó lo que le inquietaba:
—¿Qué pasó en este pueblo? ¿Por qué tantos niños están enterrados en este lugar?
¿Cuál es la terrible maldición que habéis sufrido?
—Serénese buen hombre —dijo el viejo—. No existe tal maldición. Lo que sucede es
que en nuestra cultura, cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una
libreta como esta que yo llevo. A partir de esta edad, cada vez que gozamos
intensamente de alguna cosa, o vivimos un momento especial o intenso, sentimos amor,
paz o felicidad, anotamos en el cuaderno esta vivencia indicando cuánto tiempo duró.
Así lo vamos haciendo todos y, cuando morimos, suman el tiempo que hemos vivido con
plenitud de sentido y conciencia y lo anotan en la lápida. Este es, amigo mío, el único y
79
verdadero tiempo vivido.
Afectos indicadores de desarmonía
Somos nosotros quienes debemos cambiar: nuestro mundo sólo mejorará cuando
seamos nosotros quienes mejoremos. Sólo es susceptible de cambiarse lo que se
entiende; lo que no se entiende sólo puede ser reprimido porque no cae bajo la luz del
conocimiento.
ANTONIO GALA23
El ser humano se caracteriza porque es una vida consciente de sí misma y la falta de
esta conciencia puede ser una de las fuentes de sus males. No nos conocemos y a
menudo nos sentimos dispersos o vivimos dormidos. Puede haber muchas causas de
desarmonía: apalancamos en ideas preconcebidas, creencias rígidas, costumbres y
rutinas o la búsqueda de seguridad ante todo. A menudo no hacemos caso del
sufrimiento moral que, de manera similar al sufrimiento físico, nos avisa de que hay algo
que no funciona bien en nuestro interior.
El sufrimiento puede haber sido causado por una decepción, una desilusión, una
frustración o una pérdida. Sentimos que no tenemos control para modificar nuestra
realidad porque el sufrimiento tiene su causa en el pasado. En muchas ocasiones nos
movemos en un círculo inacabable de dolor intentando cambiar una realidad que no
depende de nosotros. ¿Estamos condenados, pues, a sufrir? Es necesario adoptar otra
perspectiva: ¿por qué no cambiar nosotros cuando no podemos cambiar la realidad que
nos hace sufrir?
Para recuperar la armonía necesitamos tomar conciencia de nuestros sentimientos
desadaptativos: culpabilidad, premoniciones de catástrofes, pesimismo, depresión,
sentimiento de falta de sentido o envidia. A continuación, debemos recordar que estos
sentimientos son tan sólo informaciones que, bien gestionadas, nos dan la oportunidad de
mejorar. Finalmente, necesitamos tener presente que es preciso dejar de invertir energías
en poseer y dedicar mayores esfuerzos a trabajar nuestra dimensión «ser» y entrenar el
desprendimiento.
En este capítulo vamos a analizar algunos de estos sentimientos y emociones que
pueden crearnos malestar y desequilibrio si no les damos una salida adecuada: la
ansiedad, los celos, la envidia, el miedo, la ira, el odio, el resentimiento, la tristeza y la
vergüenza son algunas de ellas.
ANSIEDAD. Anatomía de la ansiedad
80
La espiral de la preocupación
Náusea: angustia existencial.
Jean-Paul Sartre
La impaciencia, al no respetar los tiempos de las personas y de los sucesos introduce un
cambio en nuestro ritmo de comunicación que altera nuestra vida emocional. Damos el
nombre de ansia al deseo impaciente. La ansiedad parece ser una característica de
nuestra cultura.
No es una emoción estática sino el inicio de un camino espiral en el que es muy fácil
entrar y muy complicado salir. Una vez iniciada la espiral de ansiedad es muy difícil
detenerla. Toda preocupación tiene como base el estado de alerta ante un peligro
potencial para nuestra supervivencia. Cuando el miedo activa nuestro cerebro emocional,
una parte de ansiedad viene dada al centrar toda nuestra atención en la amenaza
obligando a nuestra mente a buscar obsesivamente una salida y a ignorar las demás
informaciones disponibles.
La preocupación es un ensayo durante el cual consideramos las diferentes alternativas
de respuesta posibles. Tiene como función anticiparse a los peligros y buscar soluciones
positivas ante los mismos. Pero la preocupación puede convertirse en crónica e iniciar
una tendencia de personalidad ansiosa. Llega un punto en el que uno se siente
permanentemente preocupado aunque no sabe definir por qué. Es difícil controlarse, uno
se siente mal y los argumentos racionales que se le dan para tranquilizarle no le sirven
para nada. La mente se cierra en una actitud rígida e impermeable.
La espiral de preocupación suele iniciarse con un relato interno que va de un tema a
otro. A veces puede incluir una representación en imágenes de un infortunio o desgracia.
De todas las posibilidades existentes, el ansioso suele escoger la peor y esta imagen se va
repitiendo dentro de la mente. El cerebro emocional toma el control y el cerebro
racional, enmudecido, queda inoperante. La espiral gira acelerada, el corazón late
apresurado, más y más rápido, como si quisiera salir de su lecho para escapar.
La anticipación del futuro
[...] Hasta entonces el tiempo se le ha manifestado bajo el aspecto del presente que
avanza y se traga el futuro (cuando esperaba una cosa desagradable) o se rebelaba
contra su lentitud (cuando esperaba algo bueno). Esta vez, el tiempo se le aparece de
una forma completamente distinta: ya no es el presente victorioso que se apodera del
futuro, es el presente vencido, cautivo, secuestrado del pasado.
MILAN KUNDERA24
El ansioso no vive aquí y ahora. Se halla en una situación concreta, con unas personas
determinadas, pero su pensamiento se fuga y va elaborando imágenes y relatos que
anticipan desgracias, accidentes, problemas o finales desastrosos.
El presente, inexistente por no vivido, el pasado irrevocable y un futuro poco
esperanzador es el patrimonio del ansioso y la causa de un sufrimiento intenso.
81
Cuando todo se nos escapa
Entiendo bien a las bordadoras que lo son por dolor o a las que hacen punto de
media porque hay una vida que vivir. Mi vieja tía hacía solitarios durante el infinito
de la velada. Estas confesiones de sentir son mis solitarios. [...] Me desenrollo como
una madeja multicolor, o hago conmigo mismo figuras de cordel, como las que se
tejen en las manos extendidas y se van pasando de un niño a otro. Me preocupo sólo
de que el pulgar no falle el nudo que le toca. Después vuelvo la mano y la imagen
queda diferente. Y vuelvo a comenzar.
FERNANDO PESSOA
Cuando todo parece desmoronarse buscamos estrategias para sobrevivir. Así podemos
tener la sensación de que, por lo menos, tenemos cierto control en algo cuando nuestra
vida se nos escapa de las manos o por lo menos así nos lo parece. El caos nos produce
angustia y todo se vuelve incierto. Nos ahogamos en medio de emociones que no hemos
escogido y que, de repente, nos inundan. Tenemos la sensación de que el edificio de
nuestra vida, que con tanto tiempo, cuidado y dificultad hemos ido construyendo, se
hunde repentinamente sin que podamos hacer nada más que mirarlo con el corazón
encogido. Entonces, nos podemos centrar en algo que sí podemos controlar y, así,
hacemos punto de cruz, eliminamos las hojas secas y las malas hierbas de nuestras
plantas, hacemos punto, crucigramas o solitarios o... en un intento olvidar o por lo menos
aliviar nuestro dolor.
Un mensaje cifrado
La ansiedad nos informa de que tenemos dificultades en el tema del control. Intentamos
dominar todas las situaciones y no queremos que la vida nos coja desprevenidos. No nos
gustan demasiado ciertas sorpresas. Preferimos movernos en zonas conocidas y seguras.
Nos es difícil gestionar la incertidumbre y asumir el caos. Pero no queremos tener tan
solo el control de nuestra vida sino también el de la vida de los demás. También
quisiéramos anticipar y prevenir las desgracias, accidentes y cualquier forma de
imprevistos. No vivimos en el presente y constantemente viajamos hacia un pasado que
ha muerto o hacia un futuro que aún no existe. El mensaje que nos da la ansiedad nos da
la oportunidad de trabajar e incrementar la confianza en nosotros mismos, en los demás
y en la vida; nos dice que debemos ocuparnos y no tanto preocuparnos por las cosas.
Sólo actuando así podremos salir de su espiral.
La constelación de la ansiedad
La ansiedad puede ir acompañada del miedo, la preocupación, la inseguridad, la
desconfianza y el pesimismo. En su órbita giran la incertidumbre, la duda y la
impotencia. En su centro y alrededores hay un sufrimiento intenso.
Síntomas de deterioro
82
Cuando vivir es un sufrir constante
La ansiedad crónica puede convertirse en enfermedad adoptando formas diferentes como
fobias y crisis de ansiedad o angustia, durante las cuales uno se siente morir quedándose
sin respiración. Debemos tomar rápidas medidas si uno ya no puede continuar con su
vida normal, porque el miedo a los efectos de la ansiedad le hace adoptar tantas
precauciones o protecciones que cada vez es más dependiente de los demás. Cuando el
mundo se vuelve cada vez más pequeño, cuando se pierde más y más terreno, y el futuro
se convierte en un adversario que debe ser sometido, es preciso pedir ayuda. El miedo a
una parte de lo que significa vivir: decidir, equivocarse, ser rechazado, sufrir... hace que
uno decida no moverse, no hacer y no ser.
La pasividad hace que el mundo individual se vuelva progresivamente más reducido
tanto a nivel interior como exterior. No se sale de casa por miedo a tener una crisis de
ansiedad y a encontrarse mal; no se relaciona con nadie por miedo a que la relación no
funcione; no se pregunta por miedo a que se reciba un no por respuesta... no, no, no. El
pensamiento está tan distorsionado que uno ya no se plantea la posibilidad del Sí, de la
alegría, del amor y de las cosas buenas de la vida. Poco a poco se genera un fuerte
desequilibrio que hace desear, al que se ve aspirado por la espiral de la ansiedad, retornar
al útero materno donde piensa que hallará seguridad. Así detiene su crecimiento y su
vida.
La gestión adaptativa de la ansiedad
¿Por qué preocuparse?
De aquello por lo cual nos preocupamos se dice que:
• El cuarenta por ciento nunca sucede, la ansiedad es el resultado de una mente cansada.
• El treinta por ciento se refiere a decisiones anteriores que ya no pueden alterarse.
• El doce por ciento se centra en las críticas, en su mayoría falsas, hechas por personas
que se sienten inferiores.
• El diez por ciento está relacionado con nuestra salud y empeora al preocuparnos.
Sólo:
• El ocho por ciento es legítimo, hecho que demuestra que la vida no tiene grandes
problemas reales y, que los que hay, pueden afrontarse mejor cuando conseguimos
eliminar todas las preocupaciones sin sentido.
Estrategias emocionalmente ecológicas
Existen pocos remedios para la ansiedad que sean mejores que centrarse en el presente y
en la reflexión. Al dejar constancia de un problema por escrito o expresarlo en una
conversación, dejamos que afloren sus aspectos esenciales.
Así, al conocer su naturaleza, si bien no lo eliminamos, sí que nos desprendemos de
las características secundarias que lo suelen agravar: la confusión, la desubicación y la
83
sorpresa.
Algunas medidas a aplicar cuando uno nota el inicio de la ansiedad pueden ser:
• Tomar conciencia de ello y registrar el exceso de preocupación.
• Aplicar una técnica de meditación, relajación y respiración en el momento en que se
inicia la espiral de pensamientos recurrentes y obsesivos.
• Adoptar una postura crítica ante las creencias que sustentan la preocupación, en forma
de sano escepticismo.
• Ocuparse en lugar de preocuparse: ocuparnos en conocernos mejor a nosotros mismos,
arriesgarnos a decir: ¿Y qué si me equivoco? Si sale mal ya encontraré los recursos
necesarios para solucionarlo; trabajar el autocontrol centrándonos en el presente;
intentar hallar los aspectos positivos que tenemos.
CELOS. Anatomía de los celos
Se sufre de dos tipos de celos: los del amor y los del amor propio.
FIODOR DOSTOIEVSKY
Los celos van acompañados de un dolor en el pecho que nace al ver el bien y la
prosperidad de otro. Residen en la sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada
haya cambiado o pueda cambiar su afecto poniéndolo en otra persona.25 Sentimos celos
de lo que creemos poseer, o de lo que creemos tener derecho a poseer. Para Luis Rojas
Marcos, los celos son una amarga enfermedad que combina elementos de posesión y
desconfianza. William Shakespeare comparó los celos con un monstruo de ojos verdes
que menosprecia la carne de quien se alimenta. Según Nietzsche, la persona que está
cercada por las llamas de los celos acaba dirigiendo, como el escorpión, su aguijón
venenoso contra ella misma.
Código cifrado: una historia de posesión
Esta emoción indica que tenemos problemas de posesión, inseguridad y baja autoestima.
Debemos superar la tendencia a realizar comparaciones y trabajar la generosidad.
84
En los celos26 reside una compleja trama de sentimientos: el deseo de aferrarse a la
persona amada, desconfianza profunda, malestar provocado por el supuesto éxito del
rival y el miedo a perder o a compartir nuestra posesión. En el centro reside el orgullo.
Todo celoso es una persona insegura en uno o más aspectos de su identidad, pero suele
mantenerlo tan escondido que sólo una provocación lo hará ostensible. La inseguridad es
el resultado de una imagen depreciada de uno mismo, de la falta de confianza de ser
capaces de poder conseguir el objeto eróticamente deseado y, en caso de haberlo
conseguido, de la incapacidad para retenerlo.27 Por ello consideramos que cualquiera
que se acerca supone una amenaza a nuestros intereses.
La constelación de los celos
En la órbita de los celos se mueven muchos sentimientos y emociones: inseguridad,
desasosiego, desconfianza, miedo a la pérdida, orgullo, envidia y venganza.
En esta órbita gira también el sentido de la propiedad mal entendida, dado que nadie
puede ser propiedad de nadie en ninguna circunstancia. Y si no modificamos esta
creencia y comprendemos que las personas son libres para elegir con quién y en qué
nivel relacionarse, sufriremos mucho. El sufrimiento es el fluido de fondo de esta
constelación.
Síntomas de deterioro
En el ámbito de la afectividad la mejor manera de que no nos den nada, es que
necesitemos mucho.
Un camino con pendiente
El deterioro se inicia con una fuerte desconfianza en la propia valía, hecho que genera
inseguridad. La baja autoestima induce a pensar que uno no es lo bastante digno de ser
amado y que, si es comparado con otros, «tiene todas las de perder». Al dar el poder a la
opinión y apreciación del otro, el celoso vive pendiente de sus juicios, de sus palabras y
de sus conductas.
Aparece una mayor sensibilidad a la crítica, susceptibilidad y mucho miedo a perder a
la persona amada, por lo que uno se aferra más a ella, intenta controlarla, la invade y está
pendiente de sus idas y venidas así como de sus otras relaciones: se ha iniciado una
obsesión peligrosa.
Se puede llegar al punto de que se exija al otro la exclusividad de su afecto, ser el
único sujeto de su amor. Y esta exigencia de dedicación desmesurada va ahogando
progresivamente la relación y puede acabar provocando aquello que tanto se temía: que
el otro se aparte porque se siente cansado, ahogado y no puede seguir creciendo en esta
relación patológica.
85
La gestión adaptativa de los celos
Es asombroso cómo los celos, que pasan el tiempo haciendo pequeñas suposiciones
falsas, tengan tan poca imaginación cuando se trata de descubrir la verdad.
Marcel Proust
Estrategias ecológicas
• Trabajar el autoconocimiento.
• Aprender a identificar las propias cualidades y potencial interno.
• Clarificar las ideas y creencias, sobre todo en lo que se refiere al derecho de toda
persona a escoger sus relaciones, cuándo y cómo relacionarse. Tener claro que nadie
es propiedad de nadie y la mejor manera de perder a una persona es ahogándola con
un exceso de demanda.
• Trabajar la autonomía personal.
• Entrenarnos en el desprendimiento y aceptación de la provisionalidad.
• Aprender que la exclusividad en los afectos comporta la pérdida del amor. Como dice
Erich Fromm, quien sólo ama a una persona, no ama a nadie.
• Aprender a respetar los espacios propios y los de los demás.
• Dedicarnos tiempo para desarrollarnos ya que el hecho de sentirnos más realizados nos
dará más confianza.
• Trabajar en un proyecto de vida creativo centrándonos en la mejora de nosotros
mismos.
• Cultivar los valores de la confianza en los demás (la traición más grave es el engaño y
la incoherencia), la generosidad (desear que la persona que amamos sea querida y
amada por más personas es positivo e indica madurez y salud mental) y la humildad
(nadie puede llenar por sí solo la vida de otro y es bueno que así sea; pensar lo
contrario es un acto de orgullo sin sentido).
CULPA. Anatomía del sentimiento de culpa
Recordemos que fue el pecado y la culpa lo que nos alejó del paraíso; pero fue eso,
precisamente, lo que nos hizo humanos.
Erich Fromm
Culpa, el control social interno
Culpa: Sensación de peso, de desequilibrio interno, de inquietud, de asco hacia uno
mismo, de insatisfacción, sufrimiento y remordimiento. Sensación de ser mordido en el
pecho o en las entrañas. Hemos hecho o dejado de hacer algo que ha causado dolor a
otro. La culpa se puede construir a partir de una acción o de una omisión y de su
valoración posterior.
Este sentimiento está relacionado con la construcción de nuestra moral y se basa en
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aquello que es bueno y aceptable y en lo que no es ni moral, ni bueno, ni aceptable.
Según Kolakowski, la culpa es la ansiedad que sigue a la trasgresión de un tabú. Según
Sigmund Freud, el sentimiento de culpa es algo fatalmente inevitable y producto de la
existencia de un superyó que constantemente nos controla, juzga y censura.
La cultura de la culpa
La culpa es un fenómeno psicológico universal. La cultura de la culpa suele producir
fantasmas que inmovilizan muchas energías al dejarnos anclados en el pasado y en la noacción pero, al mismo tiempo, el sentimiento de culpa también nos puede hacer
reflexionar y mover a la mejora. Todo es cuestión de equilibrio y de cómo lo
gestionamos.
La agresividad que se genera en nuestra sociedad suele rebotar contra quien la ha
producido. Las sociedades que han apostado por la cultura de la culpa fomentan un
modelo de personas poco maduras, fáciles de controlar puesto que la culpa hace difícil
mantener conductas nacidas de la libertad. Es urgente cambiar la cultura de la culpa por
la cultura de la responsabilidad.
Un mensaje cifrado
Quien forja los destinos de otros cae en la culpa.
Stefan Zweig
El sentimiento de culpa nos informa de que hemos sido incoherentes hacia nuestra
propias normas o criterios éticos y de que estamos en conflicto.
Nos informa de que nuestra acción o pasividad ha tenido un impacto doloroso o ha
generado unas consecuencias negativas para alguien; que nos hemos inmiscuido en la
vida de otros o no hemos respetado su espacio emocional y vital. Nos mueve a reparar el
daño y a pedir disculpas.
Podemos sentir remordimientos después de haber tratado de forma ligera cosas
importantes, cuando hemos hablado con mala fe; hemos guardado silencio cuando
deberíamos habernos expresado, o hemos abandonado determinada compañía
perjudicial. El motivo es que nuestra conducta no ha sido ética. De todas formas, dejar
que el remordimiento coja el control sería como añadir una segunda equivocación a la
primera. Cuando alguien ha provocado un daño, lo mejor que puede hacer es pensar en
cómo hacer el bien y efectuar los cambios necesarios para repararlo.
La constelación emocional de la culpa
La culpa, por astuta y vieja, sabe acomodarse en todas partes y a toda condición; invade
emociones y puede incluso llegar a oscurecer sentimientos poderosos. Va ligada a:
• Ansiedad
• Angustia
• Asco
• Arrepentimiento
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• Contrición
• Insatisfacción
• Remordimiento
• Pesar
• Pesadumbre
• Sufrimiento
• Responsabilidad
• Vergüenza
Hay una diferencia entre arrepentimiento y remordimiento. El arrepentimiento puede
referirse a un propósito o acción no consumada. El remordimiento sólo se refiere a algo
consumado. Podemos estar arrepentidos de no haber hecho o dicho algo pero tenemos
remordimientos por haber hecho o dicho algo.
Síntomas de deterioro
El culpable es el otro: el autoengaño
No culpes a tu comida si no tienes apetito.
RABINDRANATH TAGORE
Si no gestionamos de forma adaptativa este sentimiento se produce una disminución del
respeto hacia nosotros mismos y se pone en marcha el mecanismo de autoengaño a fin
de restaurar un equilibrio aceptable en nuestro interior y disminuir el conflicto que
sentimos.
El autoengaño puede consistir en convencernos de que el otro merece lo que le hemos
hecho, que hemos actuado por su propio bien, que no podíamos haber hecho otra cosa, o
que es el culpable, de alguna forma, de su propia desgracia. ¡El autoengaño dispone de
muchos recursos!
No podía haber hecho otra cosa: la cesión del control
La culpa es el mejor fundamento para construirse la propia cárcel.
Si yo no podía haber hecho otra cosa, entonces no soy culpable. No tengo ninguna
responsabilidad sobre lo que ocurre y, si me lo llego a creer, estoy salvado. El problema
es que un nivel cero de control sólo se da en contadas ocasiones. Como dice Víctor
Frankl, si bien a veces no podemos controlar lo que sucede, casi siempre podemos
decidir nuestra actitud ante lo que vivimos. La cuestión es que no siempre estamos
dispuestos a pagar los precios que el posicionarnos así comporta y preferimos
convencernos a nosotros mismos de que no había nada que hubiéramos podido hacer.
El funcionamiento de este mecanismo depende de qué dosis de autoengaño seamos
capaces de tolerar. Quizá desaparezca el sentimiento de culpa, pero se ha iniciado la
represión emocional. En nuestro interior se ha archivado un tema pendiente que, aunque
no seamos conscientes de ello, sigue haciendo su curso y pudriéndose. Tarde o temprano
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nos llegará la factura y pagaremos el precio con intereses.
¿Remordimientos útiles?
Si me engañas una vez, es culpa tuya. Si me engañas dos veces es responsabilidad mía.
Esta vocecita interior que nos recrimina lo que hemos hecho mal o lo que hemos dejado
por hacer, la voz de la conciencia, nuestro «Pepito Grillo», el superyó o la voz de la
moral, es un mecanismo útil para cuestionarnos nuestra conducta y la ética de nuestro
hacer. No obstante, puede complicarnos la vida, especialmente si las normas que aplica
no han sido filtradas por nuestro adulto y son meras repeticiones de una serie de
consignas recibidas durante la infancia. La construcción moral es una tarea que puede
quedar por hacer y que tiene mucho que ver con el sentimiento de culpa.
Los remordimientos nos informan de que estamos en conflicto. A partir de ahí,
podemos reflexionar sobre lo que sucede –gestión adaptativa– o entrar en la espiral del
remordimiento, ansiedad, angustia, inoperatividad y autoflagelamiento; si no damos los
pasos necesarios para gestionar adaptativamente la culpa podemos enfermar física,
emocional y moralmente.
La gestión adaptativa de la culpa
En la responsabilidad adulta se exigen responsables; en la culpa infantil se piden
castigos.
Culpas y deudas
Quien quiere vivir sin culpa no puede tener parte en una casa ni en el destino de
otros, no se puede alimentar del esfuerzo ajeno ni beber del sudor de otros; no puede
depender del placer de la mujer ni de la exigencia de la sociedad.
STEFAN ZWEIG28
Tan pronto como percibimos que el hecho de seguir determinadas pautas de conducta
nos conduce a la autodestrucción, llega el momento de cuestionar nuestro modelo de
actuación y nuestras normas. Si vemos la culpa como una deuda, ésta sólo se podrá
saldar mediante el castigo, el perdón y la reparación. El perdón es un acto gratuito
mediante el cual el ofendido renuncia, sin estar obligado a ello, a reclamar lo que se le
debe y a ejercer su derecho. Es un acto de donación que comporta la supresión del
resentimiento. Supone la liquidación de un sentimiento y por ello son requisitos del
perdón el arrepentimiento y la solicitud de perdón.
Dice Miguel Bartra que para poder perdonar es preciso, antes que nada, saber
comprender. Y para comprender debemos ser empáticos y eso requiere un esfuerzo de
adoptar la perspectiva emocional del otro. Si no hay empatía no hay comprensión y si no
hay comprensión no puede haber perdón verdadero. Y si no hay perdón, la ofensa no
perdonada, no vengada ni olvidada se mantiene activa y acaba enrareciéndose y
89
convirtiéndose en rencor.
Edgar Morin nos dice que la autoética, esta ética de la comprensión, nos permite
cultivar la aptitud para el perdón y la magnanimidad.
Dos textos sobre la culpa
Rechaza los remordimientos. Tu mediocridad te ha salvaguardado seguramente de
causar daño y dolor sino en cantidades miserables. Prueba a sonreír a un
desconocido. Llama por una vez tú primero a uno de los amigos que cuando lloras te
90
llaman.
No te compadezcas de ti mismo, no seas el juez payaso de ti mismo. La única culpa
es la vileza; por otro lado, no eres el único que ha albergado envidia, pereza o aridez.
Es imposible que no haya en lo profundo de tu alma la sombra de algún don
modesto. ¡Levántate de la cama! Álzate y persigue los últimos destellos de tu «show».
Golpéate sin el vicio de condenarte. Renuncia a rumiar fórmulas. Desvíate del
itinerario obligado.
Tira los amuletos. Relee todo lo que has leído mal o has entendido mal u olvidado.
¡Reléelo todo y vuelve a olvidarlo! Desdramatízate. Transgrede la puntuación. Grita
a una platea finalmente vacía; actúa para los desconocidos, para las ausencias
encantadoras.
Escribe. Sí, eso, escribe un libro. Pero no éste, otro.
VITTORIO GASSMAN
«Culpa», «responsabilidad», «remordimiento»... Uno puede lamentar haber obrado
mal aunque esté razonablemente seguro de que nada ni nadie va a tomar represalias
contra él. Y es que, al actuar mal y darnos cuenta de ello, comprendemos que ya
estamos siendo castigados, que nos hemos estropeado a nosotros mismos
voluntariamente. No hay peor castigo que darse cuenta de que uno está boicoteando
con sus actos lo que en realidad quiere ser.
¿De dónde vienen los remordimientos? De nuestra libertad. Si no fuésemos libres
no podríamos sentirnos culpables (ni orgullosos, claro) de nada, y evitaríamos los
remordimientos. Por eso cuando sabemos que hemos hecho algo vergonzoso
procuramos asegurar que no tuvimos otro remedio que obrar así, que no pudimos
elegir. De lo que se trata es de tomarse en serio la libertad, o sea, de ser
responsables. Y lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables, que no se
pueden borrar a conveniencia una vez producidos.
Lo serio de la libertad es que cada acto libre que hago limita mis posibilidades al
elegir y realzar una de ellas. De modo que el «remordimiento» no es más que el
descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la
libertad, es decir, cuando la hemos utilizado en contradicción con lo que de veras
queremos como seres humanos. Y ser responsable es saberse auténticamente libre
para bien y para mal. A nadie se le regala la buena vida humana ni nadie consigue lo
conveniente para él sin coraje y sin esfuerzo. La decisión de vivir bien la tiene que
tomar cada cual respecto a sí mismo, día a día.
FERNANDO SAVATER29
ENVIDIA. Anatomía de la envidia
Conformarse con poco es difícil, pero conformarse con mucho es imposible.
La envidia, un espejo deformante
91
La envidia es un espejo que nos muestra nuestra propia incapacidad. Cuando nos
miramos en el espejo de la envidia siempre nos parece que los demás tienen más que
nosotros, y esto nos hace sentir constantemente frustrados. La envidia puede restringirse
a un ámbito o distorsionar con su espejo deformante toda nuestra vida. Es un sentimiento
molesto que nos puede estropear la alegría de compartir y vivir. La envidia nos hace
desear no ser quienes somos, escondernos y tratar de ser otros. Dice la sabiduría popular
que volverse «verde de envidia» es estar maduros para un disgusto.
Para Carlos Castilla del Pino la envidia no se basa tanto en aquello que posee el otro
como en la imagen que esta persona proyecta y que quisiéramos hacer nuestra.
La constelación emocional de la envidia
Según Covarrubias, la envidia es un dolor, concebido en el pecho, debido al bien y a la
prosperidad de otro. San Gregorio hizo el árbol genealógico de la envidia,30 que nos
muestra la constelación de afectos que están unidos a ella:
Vives dice que la envidia es una especie de encogimiento del espíritu a causa del bien
de otro. En este encogimiento hay una herida que produce dolor y tristeza. Es hija de la
SOBERBIA y de la PEQUEÑEZ ya que nadie que confíe en su valía, envidia a otro. La
envidia siempre supone la existencia de una deficiencia en la persona que la sufre.
La persona envidiosa va constantemente con una máscara puesta, dado que no puede
permitir que su sentimiento se note porque sería motivo de vergüenza. La envidia no está
socialmente bien vista, así que el envidioso se ve condenado a fingir y a reprimir la ira,
la indignación y la frustración que le provocan los éxitos y bienes conseguidos por el
otro. El descontento y la infelicidad también son sus consecuencias.
Poner a cada uno en su sitio
El envidioso se da cuenta de que otra persona sobresale de la media común y quiere
colocarla en su lugar o bien, si le es posible, colocarse a sí mismo a su misma altura.
También es posible que sienta indignación si alguien que considera un igual sufre menos
infortunios de los que considera que le tocarían, o goza de más ventajas de las que cree
que se merecería. Como dice Nietzsche, es como si el envidioso exigiese que la igualdad
que él quiere, le sea reconocida por la naturaleza y por el azar. Así, se indigna cuando
sus iguales no corren su misma suerte y si alguien que considera inferior se pone en
92
paridad de condiciones respecto a él por un favoritismo del destino. Esto le trastorna
dado que está convencido de que nadie puede acceder a un merecimiento o tener una
felicidad que exceda a la que él considera correspondería a su situación.
Un código a traducir
Mensaje cifrado: Tenemos problemas con la generosidad y tendencia a hacer
comparaciones. Nos falta empatía. La envidia es la manifestación de nuestra propia
incapacidad. Al igual que los celos, la envidia tiene sus fundamentos en la inseguridad y
ésta, en la falta de conocimiento del propio potencial y de la propia capacidad para
conseguir los objetivos deseados.
Síntomas de deterioro
En cualquier grupo de mamíferos organizados, incluido el humano, no importa
hasta qué punto sean cooperativos, siempre hay una lucha por el predominio
social. Mientras se libra esta batalla, cada individuo adulto adquiere un rango
social particular, dándose una posición o estatus dentro de la jerarquía del
grupo... El resultado es un constante estado de tensión por la posición.
DESMOND MORRIS31
La valoración de amenaza
La mejor manera de no mejorar es orientar nuestra capacidad de crítica hacia el
prójimo.
La crítica a lo que hacen, dicen o a cómo son los demás no proviene tanto de nuestra
razón como de nuestro ámbito emocional y, por lo tanto, no se mueve por las leyes de la
lógica. Tiene su origen en los colores emocionales que el contacto con el mundo del otro
pinta en nuestro paisaje. Nos sentimos amenazados y envidiosos cuando pensamos que
peligra nuestro estatus, nuestro territorio, nuestros vínculos o nuestra supervivencia. Y
dado que nuestra sociedad no acepta, en esta etapa de nuestra evolución, que vayamos
resolviendo nuestras diferencias a golpes, pasamos a utilizar la crítica para minar el
prestigio del otro.
La crítica indirecta es una agresión porque su víctima no tiene medios para defenderse
de ella. No es ni constructiva, ni lógica. Nos inunda y hace reaccionar agresivamente en
lugar de buscar soluciones creativas y de mejora personal. Nuestro sistema emocional
toma el mando de nuestras conductas porque la sensación de amenaza ha hecho aflorar
nuestra parte más primitiva.
Un camino hacia el odio
Si no hacemos caso de la información que nos aporta este sentimiento y no tomamos las
medidas adecuadas para acotarlo o transformarlo, evoluciona y puede llegar a degenerar
en odio. El envidioso intenta destruir a la persona envidiada. Puede contaminar
93
verbalmente en forma de murmuración o medias verdades, puede mentir y menospreciar
al otro y a sus logros. En general, elimina de su conducta cualquier forma de
generosidad, sin darse cuenta de que esto es destructivo para su persona. La
insatisfacción, el hecho de estar más pendiente del otro que de sí mismo, el desasosiego,
la amargura, la pérdida de la alegría por las cosas buenas y la alegría insana por los
males que el envidiado sufre, son algunos de los síntomas que nos indican que la envidia
se está convirtiendo en patológica.
La gestión adaptativa de la envidia
Nuestra felicidad depende más de cómo vivimos las cosas, que de las cosas que vivimos.
Antoni Bolinches
Mirar hacia adentro
Cuando sentimos envidia por algo positivo que le ha ocurrido a otra persona podemos
obrar de dos maneras:
• Reconocerlo y preguntarnos: ¿Por qué me pasa esto? ¿Qué hace que me sienta así?
¿Cómo podría dejar de aferrarme a este sentimiento? ¿Cuál es el antídoto?
• O bien buscar las causas en la otra persona y sentir pena de nosotros mismos pensando
que la vida no es justa y que no hemos estado de suerte: Es ella la que me hace sentir
así. Siempre presume (atribuyéndole rasgos de personalidad desagradables). Ha tenido
de suerte (menospreciando sus éxitos).
94
Sólo si miramos hacia adentro podremos convertir la envidia en una gran oportunidad
de mejora.
Estrategias ecológicas
Hay personas que deciden combatir la envidia utilizando la generosidad para
compensarla; a veces una generosidad-sacrificio, exagerada y poco sincera. De nada
sirve dar en exceso si no partimos de nuestro equilibrio y coherencia personal. La
estrategia más lenta pero a la vez más sólida es el crecimiento personal, un trabajo de
autoconocimiento lento y de mejora de la autoestima, un trabajo de motivación para
desplegar nuestros propios proyectos personales. Centrar la atención en uno mismo en
lugar de vivir pendientes de los demás es una buena línea de conducta. Si trabajamos
para cumplir nuestro proyecto de vida y luchamos por aquello que creemos que merece
la pena, no nos quedará tiempo para inverir en la construcción de la envidia.
IRA. Anatomía de la ira
Aquello que empieza en cólera, acaba en vergüenza.
BENJAMIN FRANKLIN
Ira: peligro de explosión
Cuando una persona señala a otra con el dedo, debe recordar que hay tres dedos más
apuntándola a ella.
El autocontrol emocional supone ser capaces de gestionar adecuadamente la energía
producida en nuestro interior cuando un obstáculo se interpone en la obtención de lo que
deseamos.
La ira promueve la destrucción de dicho obstáculo. Es como la metralla que salpica y
hace daño a todo el que se halla cerca de la explosión. Una palabra blanda calma la ira y
una palabra áspera enciende la cólera, nos dicen los Proverbios. Gritar, insultar o agredir
verbalmente genera una espiral de violencia de la que cada vez es más difícil salir. Se
compara la ira con un incendio descontrolado. Bañado por la ira, nuestro cerebro
emocional secuestra el control al cerebro racional que, durante un tiempo, es incapaz de
tomar decisiones adaptativas. La cólera es como una ráfaga de viento que apaga el farol
de la inteligencia. Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la
ira, un fuego que sólo se podrá extinguir si conseguimos contemplar las cosas desde un
punto de vista distinto. El detonante universal del enfado es la sensación de sentirse
amenazado no sólo en el sentido físico sino también cuando sentimos que peligran
nuestra autoestima y amor propio.32
La catarsis, soltar la ira sin control, se ha aconsejado como forma para manejar la
irritación y la furia. No obstante, sabemos que airear la ira sirve de poco o de nada para
reducirla ya que es una emoción altamente inflamable. La explosión de ira incrementa
aún más la excitación emocional del cerebro y hace que nos sintamos peor. Como dice el
95
maestro tibetano Chogyam Trungpa sobre la mejor forma de relacionarse con la ira, “Ni
la reprimas ni te dejes arrastrar por ella”.
Código cifrado: reacción defensiva contra un obstáculo
La ira es una emoción primaria que todos llevamos en nuestra programación emocional.
Nos informa de que existe un obstáculo que se interpone en el camino de lo que
queremos o deseamos y genera una energía interna que nos mueve a aclarar el camino y
a destruirlo, si es posible.
El tema de fondo es la legitimidad de la causa. Podemos sentirla ante una injusticia, al
ver que alguien arremete contra una persona indefensa, o bien cuando alguien nos dice
algo que no nos gusta, nos lleva la contraria o no nos da la razón. Existe, pues, una
cuestión de motivo, de adecuación, lugar y forma además de una cuestión de dosis: ira
bajo control o espiral de violencia en la que el cerebro racional deja de dirigir la
conducta.
Octavio Paz nos hablaba de Hanumán, el mono volador de la mitología hindú, figura
del Ramayana, un simio imitador, artista de las repeticiones que es la semilla semántica,
la semilla-bomba enterrada en nuestro subsuelo verbal. Y si bien en nuestros
antepasados los primates la ira podía ser un mecanismo que podía salvarles la vida, en
nuestra sociedad actual quien se deja llevar por ella está condenado a la inadaptación y a
tener problemas de relación. Gritar, agredir verbalmente y perder el control de nuestras
emociones son señales que indican la existencia de problemas de autocontrol.
La constelación emocional de la ira
Siempre hay razones para enfadarse, pero estas razones pocas veces son buenas.
BENJAMIN FRANKLIN
La ira es hija de la frustración. El enfado, el enojo y el mal humor son los estados de
ánimo más persistentes y difíciles de controlar. Hay un monólogo interno que los va
alimentando y que proporciona argumentos suficientes para volcarlos sobre alguien.
Así, en esta constelación tenemos:
• AGRESIVIDAD33
• CÓLERA34
• DESPECHO35
• ENOJO
• FURIA36
• FRUSTRACIÓN
• OFENSA
• INDIGNACIÓN
• RABIA
• VERGÜENZA
96
La rabia37 puede ser una emoción más fuerte que el miedo y la tristeza. Cuando
alguien se ha dejado llevar por la ira y ha perdido su autocontrol suele sentir otra
emoción que puede pertenecer a esta constelación: la vergüenza.
Síntomas de deterioro
La espiral de violencia
La ira es el afán de venganza con incandescencia del cuerpo.
Tomás de Aquino
La ira genera en nuestro interior una importante cantidad de energía negativa que
podemos exteriorizar, canalizar o reprimir. La causa de la ira es la convicción de que
determinada frustración no figuraba en el contrato de nuestra vida. La furia que
reprimimos durante mucho tiempo se convierte en rabia que, si no se canaliza de forma
adecuada evoluciona en rencor, ira envejecida, y se vuelve rancia, una furia mal
canalizada que se pudre. Al reprimir la ira y tragarnos la furia entramos en un estado de
rabia que nos expone a más sufrimiento dado que esta furia reprimida va degenerando en
un discurso interno destructivo. Incluso podemos padecer enfermedades debidas a la
somatización de esta ira. De ahí, sólo quedan dos pasos hasta llegar al resentimiento y al
odio.
El estrés provoca una disminución de los umbrales de irritabilidad. Esto explicaría que
después de un día duro de trabajo, una persona esté más predispuesta a irritarse por las
cuestiones más insignificantes, razones que en otras circunstancias no tendrían el poder
de provocar un secuestro emocional.38 Cuando nos hallamos en un estado de
irritabilidad y algún estímulo suscita un secuestro emocional, la descarga que se origina
es de especial intensidad. El enojo se construye sobre más enojo en una espiral que va
aumentando la temperatura de nuestro cerebro emocional. En esta situación, la ira puede
desembocar fácilmente en un estallido de violencia.39
El arrebatamiento
Cuando hay fuego, el amo de lo que se quema se olvida, incluso, de comer. Sí, para
después vengarse haciendo una comida sobre las cenizas.
Friedrich Nietzsche
97
Ante una persona que se rebela en contra nuestra, es necesario tomar las mismas
precauciones que tomaríamos en presencia de otro que haya atentado contra nuestra
vida, ya que si vivimos aún, es debido en buena parte a la ausencia, por lo menos
provisionalmente, del poder de matar en esta persona. De hecho, si las miradas mataran,
muchos de nosotros haría tiempo que estaríamos muertos.40
No es posible estrechar unas manos si tenemos las nuestras cerradas en puño. La ira
nos hace apretar los puños, pone nuestra musculatura en tensión, nos hace contener la
respiración hasta dejar de respirar por un momento, nos ofusca la visión y nos deforma el
rostro. La agresividad y la violencia parten de esta emoción básica mal canalizada.
Durante el arrebatamiento uno pierde totalmente el control de su mente racional. La
emoción toma las riendas de la conducta y, como un caballo desbocado, pierde
totalmente el camino de vista.
Las cicatrices de la ira
Quien domina su ira, domina a su peor enemigo.
Confucio
Se cuenta que había una vez un niño que siempre estaba malhumorado y de mal genio.
Cuando se enfadaba se dejaba llevar por su ira y decía y hacía cosas que herían a los que
tenía cerca. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que
tuviera un ataque de ira clavase un clavo en la puerta de su habitación. El primer día
clavó treinta y siete. En el transcurso de las semanas siguientes el número de clavos fue
disminuyendo. Poco a poco, fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que
clavar clavos en aquella puerta de madera maciza. Finalmente, llegó un día en que el
niño no clavó ningún clavo. Se lo dijo a su padre y éste le sugirió que cada día que no se
enojase desclavase uno de los clavos de la puerta.
Pasó el tiempo y, un día, le dijo al padre que ya había sacado todos los clavos.
Entonces, éste cogió de la mano al hijo, lo llevó a la puerta de la habitación y le dijo:
—Hijo, lo has hecho muy bien, pero mira los agujeros que han quedado en la puerta.
Cuando alguien habla con ira, sus palabras dejan cicatrices como éstas. Una herida
verbal puede ser tan dolorosa como una herida física. La ira deja señales. ¡No lo olvides
nunca!
Estas señales no sólo las tiene quien ha recibido el impacto. La persona iracunda
también sufre sus efectos: empobrecimiento de sus relaciones personales, baja
autoestima e infelicidad. Como bien dice el refrán: Si quieres recoger miel, no des
patadas al panal.
La gestión adaptativa de la ira
No mires al pasado con ira, ni al futuro con miedo, sino a tu alrededor con atención.
J. Thurker
98
Estrategias ecológicas
Nunca podrá ser justificada la indignación injusta porque el peso de la pasión la
lanza a la ruina. El hombre paciente se aguanta hasta la hora oportuna y, al final,
le es dado el gozo. Hasta el tiempo oportuno se guarda sus palabras y todos
proclaman su inteligencia.
Eclesiastés, 1:22-24
Séneca decía lo siguiente: Contra la ira, dilación. Éste puede ser un buen consejo, hacer
una pausa que permita a nuestro cerebro emocional tranquilizarse y a nuestro cerebro
racional recuperar el control. Para recuperar nuestro control debemos dejar que las
emociones se manifiesten y desaparezcan. Es necesario deshacerse de la ira. Cuando su
causa ha sido nuestra percepción de haber sido ofendidos, la estrategia más adaptativa
será aplicar el perdón. Perdonar al ofensor y perdonarnos a nosotros mismos.
La ira puede trabajar a nuestro favor cuando aplicamos la secuencia siguiente:
• Tomarnos tiempo y alejarnos un rato de la persona o situación desencadenante.
• Identificar la causa de la ira. ¿Cuál es la frustración o el obstáculo que la ha generado?
• Notar qué sentimientos de su constelación sentimos.
• Aceptar las emociones que sentimos y dejar que se desvanezcan.
• Analizar el entorno y contexto donde se ha desencadenado personas implicadas,
etcétera.
• Si nuestra valoración es que la ira ha sido motivada por una causa justa, nos
centraremos en hallar una solución no agresiva.
Reencontrar la calma
Soy hombre. Duro poco y es enorme la noche.
OCTAVIO PAZ
Es importante encontrar nuestra propia estrategia para tranquilizarnos. Aquí exponemos
algunas ideas:
• Tiempo fuera (tomarnos tiempo, aislarnos un rato, hacer un stop, respirar a fondo y
meditar).
• Pasear contemplando lo que vemos.
• Escribir lo que sentimos.
• Realizar un ejercicio físico intenso, por ejemplo, abdominales.
• Amasar, manipular barro.
• Pintar.
• Limpiar.
En general, es bueno aprender a canalizar la ira mediante estrategias creativas en lugar
de utilizar tácticas de destrucción. En ningún caso debemos tomar decisiones en estado
de ira. Una vez recuperado el control emocional, es importante afrontar de forma asertiva
el problema que ha causado esta reacción y disculparnos con las personas que puedan
haber sido heridas por nuestro estallido.
99
Explicamos un cuento
Se dice que un guerrero samurái fue a ver al Maestro zen Hakuin y le preguntó:
—¿Existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde se hallan las puertas que me llevarán a
ellos? ¿Dónde está la entrada?
Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus
mentes. Sólo conocen dos cosas: la vida y la muerte. Él no había ido allí a aprender
ninguna doctrina, tan sólo quería saber dónde estaban las puertas para evitar el infierno y
poder entrar en el cielo. Hakuin le respondió de la forma en que sólo un guerrero podía
haberle entendido.
—¿Quién eres? —preguntó Hakuin.
—Soy un guerrero samurái —respondió el guerrero—. Incluso el emperador me
respeta.
Hakuin se rió de él diciendo:
—¿Un samurái, tú? ¡Pero si pareces un pordiosero!
El samurái se sintió herido en su orgullo y olvidó lo que había ido a hacer. Se quitó la
espada del cinto y ya estaba a punto de matar. Entonces dijo Hakuin:
—Ésta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, son las llaves que la
abren.
Esto un guerrero lo puede comprender, e inmediatamente el samurái lo entendió.
Entonces colocó nuevamente su espada en la funda. Hakuin le dijo:
—Así es como se abren las puertas del cielo.
Aprender a convivir con la frustración
Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con conseguirlo indefectiblemente.
Fernando Savater
No sabemos quién nos hizo creer que el mundo funciona con criterios de justicia. Lo
cierto es que no es así, y la persona que tiene muy enraizada esta creencia se frustra
constantemente. En el centro de una frustración reside una estructura básica: la colisión
de un deseo con una realidad sólida.
Estos choques empiezan en nuestra primera infancia, cuando descubrimos que las
fuentes de nuestra satisfacción están fuera de nuestro control y que el mundo no se
adapta fielmente a nuestros deseos.41 Séneca nos dijo que si queremos tener alguna
posibilidad de ser más sabios debemos aprender a no empeorar la tozudez del mundo con
nuestras propias reacciones: furia, autocompasión, ansiedad, amargura, fariseísmo o
paranoia.
Sabemos que somos capaces de soportar mejor las frustraciones que comprendemos y
para las que nos hemos preparado, y que nos hacen mucho más daño aquellas que no
esperábamos o que no entendemos.
Para conseguir nuestros objetivos sin hundirnos ante las frustraciones debemos
aprender a saltar o a bordear el muro que la realidad nos pone por delante, de forma
suave e inteligente.
100
No sentimos ira cada vez que se nos niega algo que deseamos sino principalmente
cuando consideramos que nos lo merecemos. Así, los mayores accesos de furia ocurren
cuando hay acontecimientos que vulneran las reglas que consideramos fundamentales en
nuestra existencia. Para poder convivir con la frustración, es necesario aprender a ajustar
nuestras expectativas a las posibilidades de la realidad y esto supone reconciliarnos con
la imperfección de nuestra existencia. Uno no es tan propenso a la ira cuando no espera,
ni tanto, ni tan rápido.
MIEDO. Anatomía del miedo
Al hombre no lo hacen sufrir las cosas, sino la idea que tiene de las cosas.
EPICTETO
Miedo: Peligro de pérdida
Y llegó el día en que el riesgo que representaba permanecer cerrada en el capullo era
más doloroso que el riesgo de florecer.
Anaïs Nin
En el principio es el miedo.42 El miedo es una emoción primaria que tiene como misión
informarnos de la posibilidad de que las personas que amamos, nuestros proyectos o
nosotros mismos estemos en peligro y podamos sufrir algún daño.
Cuando tenemos miedo notamos una sensación desagradable; se nos acelera el pulso,
sudamos, temblamos, sentimos sequedad en la garganta, dificultad para respirar y
tensión muscular, una información valiosa que nos va a permitir tomar precauciones y
decisiones para prevenir o enfrentar los peligros.43
Hay miedos innatos y adquiridos. Estos últimos los construimos por aprendizaje
condicionado y aprendizaje social. En general tenemos miedo a sufrir y a aquello que no
podemos controlar. A menudo, tenemos más miedo de enfrentarnos a determinada
situación que de la propia situación. Buena parte del miedo nace de la ignorancia y del
101
hecho de no enfrentarse a lo que lo causa.
Una bolsa llena de miedos
Hay mucha gente que no cree en nada, pero tiene miedo de todo.
HEBBEL
Podríamos hacer un catálogo de miedos posibles. Aunque no todos tememos a lo mismo,
hay una serie de miedos primordiales que los seres humanos compartimos y que tienen
su origen en el desconocimiento de nosotros mismos. Antonio Gala, un escritor que
conoce bien la naturaleza humana, los enumera con detalle en el fragmento que sigue:
44
El miedo ya no se sitúa sólo en nuestro interior, sino que se va convirtiendo en global,
y ya no se trata de un miedo primordial sino de uno modelado por nuestro entorno
humano, geográfico, económico y cultural. Eduardo Galeano lo evidencia muy bien en
este escrito:
102
Un mensaje cifrado
La maravillosa riqueza de la experiencia humana perdería parte de su gratificante
alegría si no fuera por las limitaciones que debemos vencer. La cima no sería ni la
mitad de maravillosa si no hubiésemos cruzado antes los valles oscuros.
HELEN KELLER
El miedo nos informa de que nuestra vida o nuestro bienestar y el de las personas a las
que amamos está en peligro. Es necesario trabajar la confianza en nosotros mismos, la
voluntad y el valor, pero también la cesión del control y el desprendimiento, aceptando
el valor de la provisionalidad inherente a la vida. El miedo nos da la oportunidad de
trabajar nuestros límites y despertar nuestras potencialidades.
Situaciones que pueden desencadenar miedos
La soledad, el abandono y la separación de alguien a quien amamos; las catástrofes, la
crueldad y la perversidad en todas sus formas; los imprevistos, lo desconocido o incierto;
la violencia y la maldad... son situaciones que pueden causar miedo a cualquier ser
103
humano. Pero hay otros miedos condicionados por la educación recibida y por
determinadas experiencias traumáticas que uno ha vivido: el miedo a hablar en público, a
hacer el ridículo, a equivocarse, a relacionarse; miedos de todo tipo, casi tantos miedos
como personas; todo un catálogo de miedos.
La misma situación, vivida por personas distintas, con diferentes recursos y
competencias emocionales, puede desencadenar reacciones dispares. Donde uno ve un
precipicio, otro ve una oportunidad. La actitud y los recursos interiores marcan la
diferencia en la forma de vivir nuestra realidad.
La constelación emocional del miedo
Tened miedo de quien os tenga miedo.
DICHO PERSA
Cada miedo tiene tres partes: una parte es un residuo del pasado, la otra viene dada por la
carencia de certeza en nuestro presente y la última es el resultado de una valoración
negativa de nuestro futuro. En la base de todo esto se encuentra el sufrimiento humano y
casi todas las patologías psicológicas y emocionales que se dan. El miedo, como el
dolor, nos deja desnudos. Detrás de todos los miedos está el temor a la pérdida y, por
tanto, a sufrir. El miedo es el punto de partida de muchas otras emociones y
sentimientos: la ansiedad y la angustia nacen del miedo, la vergüenza y la culpa nacen
del miedo, la envidia y los celos, también. Como consecuencia del miedo aparece la
desconfianza en uno mismo, en los demás y en la vida.
Reacciones y emociones ligadas al miedo
• ANGUSTIA45
• DESCONFIANZA
• SUSTO
• SUSPICACIA
• SOSPECHA
• RECELO
• TEMOR46
• PÁNICO47
• ALARMA
• SOBRESALTO
• CELOS
• AVERSIÓN
• HORROR
• TIMIDEZ
• VERGÜENZA
Síntomas de deterioro
104
Veo muchos soldados, ¡si viese muchos guerreros! Uniforme se llama lo que llevan
puesto; ¡si no escondieran bajo él la uniformidad!
FRIEDRICH NIETZSCHE48
El círculo vicioso de los miedos
Nuestro miedo más profundo no es creer que somos inadecuados. Nuestro miedo más
profundo es saber que somos poderosos más allá de toda medida.
NELSON MANDELA
Cuando algo que existe en la raíz de nuestro miedo no se soluciona, a veces sustituimos
un miedo por otro. En el fondo existe algo que nos genera miedo, y sólo si detectamos
qué es podremos neutralizarlo. Si, por ejemplo, lo que nos causa miedo es un
sentimiento de incapacidad, tendremos que trabajar nuestras competencias emocionales,
intelectuales o sociales. Solamente así podremos dejar un círculo vicioso de miedos que
van relevándose entre sí.
Dice una antigua fábula india49 que un ratoncito siempre estaba angustiado porque
tenía miedo del gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió en gato. Pero entonces
resultó que el gato empezó a sentir miedo del perro, motivo por el cual el mago lo
convirtió en perro a su vez. Una vez perro, empezó a sentir miedo de la pantera y el
mago lo convirtió en pantera. Por este motivo, empezó a temer al cazador. Llegados a
este punto el mago se dio por vencido y le dijo:
—Nada de lo que yo haga por ti te va a ser de ayuda porque siempre tendrás corazón
de ratón.
Cambiar el corazón... de esto se trata. ¡Somos poderosos más allá de toda medida!
Cuando el miedo toma el control
Si estuvieras libre de todo miedo ¿sabes qué sucedería? Harías exactamente aquello que
quieres hacer.
Krishnamurti
Nuestro intelecto, nuestra voluntad y nuestro sentimiento dependen, en buena parte, de
nuestros juicios de valores. Por eso, cuando retenemos el miedo y no actuamos en
consecuencia, empezamos a ponernos enfermos. El miedo puede mover a la acción o
producir efectos paralizantes. En determinados momentos puede dejar de ser un miedo
adaptativo para pasar a tomar el control de nuestra vida y convertirse en destructivo. El
miedo a tener miedo es el peor de todos. Muchas cosas se pierden porque no han sido
pedidas. Muchas relaciones no crecen por miedo a asumir el riesgo de ser vulnerables.
La pasividad es una forma de huida, un intento de evitar enfrentarnos con aquello que
tememos. El miedo intenso nos paraliza, dejamos de actuar y nos sentimos indefensos.
No nos arriesgamos para no tener pérdidas, no amamos por miedo a ser rechazados; y no
nos comprometemos por miedo a no ser suficientemente constantes en nuestro
105
compromiso. En definitiva, no vivimos para no sufrir. Pero si no nos enfrentamos con el
sufrimiento, podemos padecer ansiedad, angustia, fobias y depresión fruto de nuestra
insatisfacción vital y de la falta de sentido de nuestra vida.
En otros casos, el miedo nos hace reaccionar y adoptar conductas agresivas.
Agredimos antes de ser agredidos y amenazamos, utilizando una coraza de control, para
esconder el miedo. Es una estrategia de la compensación que puede engañar a otros, pero
no a nosotros mismos. Dentro de cada persona violenta existe una persona insegura que
siente intensamente un miedo que no sabe manejar.
A veces, acabamos provocando aquello que temíamos. Es por miedo a destrozar vidas
que se hacen guerras y se destruye; es por miedo a no tener suficiente comida que se
acapara y surge el hambre y la miseria; es por miedo a perder a una persona que nos
aferramos a ella tan fuerte que acabamos por ahogarla.
El miedo es necesario para protegernos, siempre y cuando seamos nosotros quienes lo
gestionemos de forma inteligente. Ceder el control de nuestra vida a nuestros miedos nos
puede llevar al abismo. Tener miedo es parecido a estar en una isla rodeado de elementos
nocivos por todos lados. El día que uno vence el miedo y traspasa los límites de su isla
se da cuenta de que existe todo un mundo afuera por explorar.
La gestión adaptativa del miedo
No tengas miedo, extiende la mano y acoge el agua llena de luz del atardecer.
MIQUEL MARTÍ I POL
Estrategias emocionalmente ecológicas
En el reino animal podemos encontrar diferentes formas de reaccionar ante el miedo:
huir, luchar, inmovilizarse o someterse. Los seres humanos, no obstante, debemos
aprender otras estrategias para afrontarlo. En este fragmento de texto se expone una idea
útil para controlar cualquier tipo de emoción. Es una muestra de autocontrol emocional,
una habilidad de la inteligencia emocional muy necesaria para afrontar los miedos.
106
No es más valiente quien no tiene miedo, sino aquel que, a pesar de tenerlo, es capaz
de actuar.
Arriesgarse a saltar
Cuando avances en la vida verás un gran abismo: salta. No es tan grande como crees.
J. Campbell
Tememos hacer algo, creemos que «no podemos» y como consecuencia ya no lo
intentamos; tememos aquello que no podemos controlar y debido a que no nos
permitimos demostrarnos que sí que podemos, seguimos teniendo miedo. Es el pez que
se muerde la cola. Pero cuando alguien decide arriesgarse a enfrentar sus miedos se da
cuenta de que no sucede nada de lo temido y de que, en todo caso, ya no tiene
importancia. Se ha roto el círculo y esto es estimulante por sí mismo. En lugar de decir
que algo es imposible, es mejor decir: aún no lo he hecho. Cuando se toca fondo es
normal sentir miedo, miedo a estar solo y por estar solo con uno mismo. Sólo si somos
capaces de afrontar nuestros miedos, éstos disminuirán y desaparecerán.
Una forma de trabajar el miedo es haciéndonos la pregunta ¿Qué significaría?, de
forma encadenada hasta llegar al nivel máximo de respuesta. Veamos los ejemplos
siguientes:
Miedo: a estar solo
RESPUESTA 1
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Que no tendría con quién compartir.
107
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Que me sentiría triste y desamparado.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Quizá no tendría motivos para seguir.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Me podría deprimir y desear morir.
RESPUESTA 2
¿Qué significaría esto?
Respuesta: No tendría a nadie con quién compartir.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Debería aprender a vivir solo.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Debería aprender a vivir el silencio y a estar conmigo mismo.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: Podría aprender cosas nuevas de mí mismo.
¿Qué significaría esto?
Respuesta: La soledad puede ser una oportunidad de aprendizaje.
Comentario:
En el primer caso el miedo de fondo tiene mucho que ver con el miedo a la vida y a la
muerte. Indica relaciones de dependencia con los demás y una falta de trabajo en el
sentido de la propia vida.
El segundo grupo de respuestas llevan a la persona a darse cuenta de que aquello que
teme puede ser positivo para su desarrollo personal. La consecuencia del ejercicio puede
ser la desaparición del miedo, dado que ya se han detectado los aspectos positivos de lo
que se temía y puede verse como una oportunidad de mejora.
Tres relatos sobre el miedo
A veces no hay palabras capaces de ayudarnos a ser valientes. A veces es preciso
lanzarse, sin más.
Clarissa Pinkola-Estés
Dice una leyenda que un hombre cruzaba el desierto y se encontró con dos personajes en
su camino. Sus nombres eran Miedo y Plaga. Estos le dijeron que se dirigían a una
ciudad donde se proponían dar muerte a diez mil personas. El hombre le preguntó a
Plaga si ella se encargaría de matarlas a todas. Plaga sonrió y le dijo:
—No, yo solamente mataré a algunos centenares. Mi amigo Miedo se encargará del
resto.
Otra visión interesante sobre el miedo y, concretamente, sobre el miedo que va unido a
la libertad, nos la da esta anécdota de Eduardo Galeano:
Una mañana nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al
mediodía le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal y
108
como lo había dejado: bien hacia adentro de la jaula pegado a los barrotes,
temblando por el susto provocado por la libertad.
Finalmente, y sobre la importancia de enfrentarnos a nuestros miedos, un cuento sobre
una gaviota valiente:
Se cuenta que una gaviota llamada Jake vivía en las costas de Irlanda. Era una gaviota
muy saludable, atractiva e inteligente, pero no sabía volar. Cuando era muy pequeña, sus
padres y hermanos se habían perdido en una fuerte tormenta y nadie le había enseñado a
hacerlo. Jake había intentado aprender imitando a las otras gaviotas. Corría por el suelo y
aleteaba arriba y abajo intentando alzarse, pero no pasaba nada y las otras gaviotas se
reían de sus intentos. Después de un tiempo empezó a pensar que nunca lo conseguiría.
Un día fue a la cima de un acantilado y saltó. Lo único que sucedió es que cayó al fondo
del precipicio y se hizo daño. Algunas gaviotas se compadecieron de Jake y le cuidaron.
Pero esto sólo le hizo sentir más abatido, incompleto e incompetente que nunca. Un día
una gaviota muy vieja y sabia llegó a la costa donde Jake vivía. Cuando conoció su
problema le dijo que subiera a la cima de un acantilado especial, el más alto y escarpado.
En la cima encontraría una roca donde había escrito un mensaje secreto. Aquél era el
mensaje que necesitaba Jake para poder volar, le dijo la sabia gaviota. Ninguna gaviota
del entorno había subido nunca a aquel lugar tan difícil. Jake tuvo que atarse estrellas de
mar a los pies para que le ayudasen a aferrarse a las piedras. Subió lenta y
dolorosamente, pero consiguió llegar a la cima. Vio la gran roca y leyó su inscripción:
«Aquello que creas de todo corazón, puedes llegar a conseguirlo». Jake miró el
acantilado vertiginoso. Estaba aterrado, pero cerró los ojos y saltó. Empezó a caer y, en
aquellos momentos, recordó decirse a sí mismo: «Creo que puedo volar, ¡puedo volar!».
Estaba tan ocupado diciéndolo que dejó de dudar de sí mismo y, en lugar de estar
pendiente de la teoría y la técnica de vuelo que le habían explicado, sencillamente
empezó a volar. Y se encontró volando como las otras gaviotas, con sus alas extendidas
planeando sobre el viento. Fue el momento más maravilloso de su vida. Voló, se
sumergió en el agua y en ningún momento se preguntó si lo estaba haciendo bien. Lejos,
en la arena, las otras gaviotas lo estaban mirando y oyendo cantar: «¡Puedo volar, puedo
hacerlo!».
109
ODIO. Anatomía del odio
No se odia a quien se menosprecia, sino al adversario considerado igual o superior a
uno mismo.
FRIEDRICH NIETZSCHE50
El dilema: ¿crear o destruir?
La afectividad es a la vez aquello que nos ciega y aquello que nos ilumina, pero la
afectividad humana inventó algo que no existía: el odio, la maldad gratuita, la voluntad
de destruir por destruir.
EDGAR MORIN
Erich Fromm explica que, en el acto de creación, el hombre se trasciende a sí mismo
como criatura y se eleva por encima de la pasividad y de la accidentalidad de su misma
existencia hasta la esfera de la iniciativa y la libertad. Pero también hay otra forma de
110
satisfacer la necesidad de trascendencia: si no puedo crear la vida puedo destruirla.
Destruir la vida también es trascenderla. Así, la elección definitiva para el hombre en lo
que se refiere a la trascendencia puede ser crear o destruir, amar o bien odiar. La
voluntad de destruir surge cuando uno no es capaz de satisfacer la voluntad de crear.
Sólo los individuos libres y conscientes de su propia complejidad y diferencia pueden
llegar a convivir en tolerancia. El sentimiento de odio puede ser provocado por una ira
reprimida o por la envidia más tiempo y una enorme inversión de energía.
El odio es un sentimiento que nos informa de peligro intenso y promueve conductas
destructivas hacia uno mismo y hacia los demás. Fomenta la agresión, la discriminación,
la exclusión, el aislamiento, la espiral de violencia y la xenofobia.
El odio: una construcción laboriosa
El odio no es un sentimiento que aparezca de repente. Uno tiene que dedicar mucho
tiempo y esfuerzo a su elaboración. Pide una dedicación casi exclusiva llegando a teñir
con sus colores todos los ámbitos de la vida de quien odia.
El odio nos mueve a apartar e incluso a destruir el objeto o persona odiada a fin de que
desaparezca de nuestro mundo. Pero el odio es un arma de doble filo: a pesar de que
queremos deshacernos del otro, este sentimiento crea un vínculo con él incluso más
potente que el del amor.
Un mensaje cifrado: ¡peligro!
No seas un estorbo para ti mismo.
El mensaje del odio es claro: no nos aceptamos a nosotros mismos, nuestro autoconcepto
es negativo, nos sentimos impotentes, y en lugar de dirigir nuestra energía a mejorar o a
crear, la dedicamos a destruir al otro y, con él, a nosotros mismos. El espejo del otro
refleja nuestra propia debilidad. Nos hemos equivocado en la dirección de nuestra
conducta. La destrucción del otro también nos destruirá a nosotros y empeorará las
condiciones de nuestro mundo. El impacto global será máximo. ¡Peligro, peligro,
peligro!
La constelación emocional del odio
La aversión, el desprecio, el asco, la repulsión, la impotencia, la envidia, los celos, la
rabia, el rencor y el resentimiento son el caldo de cultivo del odio y giran constantemente
en su órbita. La sabiduría oriental nos dice en un proverbio que es mejor prender una
cerilla que maldecir en la oscuridad. La ira sería la cerilla encendida que, aunque es
destructiva, nunca suele tener el nivel de toxicidad del odio, aunque puede ser la pieza
inicial de su construcción.
Síntomas de deterioro
Cuanto más pequeño es un corazón, más odio alberga.
111
Victor Hugo
El trabajo del odio
Una evolución posible de este sentimiento es su racionalización. De hecho, es difícil que
alguien reconozca que odia sin empezar a justificarse y a buscar argumentos. La
racionalización nos permite odiar sin que sintamos desprecio por nosotros mismos. La
racionalización51 puede preceder el delirio paranoico y a las locuras razonadas. El odio
se acumula porque existe el trabajo de odio. Castilla del Pino afirma que odiar a alguien
es desear poseerlo para, de esta forma, amo absoluto de él, poder humillarlo, herirlo o
destruirlo. Este trabajo de destrucción progresiva del objeto odiado se nota en una serie
de conductas como la difamación, la calumnia o la crítica malévola, que pretenden el
desprestigio del otro. Cuando la intensidad del odio es mayor, el propósito será la
destrucción definitiva física o psicológica del odiado.
Odiar tiene un precio
Los hombres se unen más para compartir el mismo odio que para participar del mismo
amor.
Jacinto Benavente
Este precio es la propia destrucción, haya sido destruido o no el objeto odiado porque, a
pesar de todo, uno sigue unido para siempre a éste. Desvincularse es muy difícil e
incluso se puede llegar a transmitir este odio de generación en generación, de padres a
hijos. No se cumple la fantasía del que odia: ser feliz una vez el sujeto odiado ha
desaparecido. El desasosiego interior, la imposibilidad de amar, de crear y construir son
las marcas que el odiante lleva consigo siempre. El odio se contagia y va ligado a la
obsesión y al fanatismo. El sentido de la vida para quien odia es la destrucción puesto
que no tiene tiempo ni espacio para nada más.
La gestión adaptativa del odio
Un esfuerzo en sentido contrario
Diez veces al día debes dominarte; eso da un buen cansancio y es opio para el alma.
Diez veces al día debes reconciliarte contigo mismo, puesto que dominarse es cosa
amarga y la persona irreconciliada duerme mal.
FRIEDRICH NIETZSCHE52
A veces, la dificultad para curarnos del odio se puede compensar con una formación
reactiva, creando una relación con el objeto odiado en sentido inverso. Así, podemos
decidir amarlo o, por lo menos, intentar creer que lo hacemos, adoptando conductas en
este sentido. Si se utiliza esta estrategia, uno puede construir cierta rigidez moral y no
permite y reprime los pensamientos negativos hacia la persona odiada puesto que los
considera inaceptables. La compensación es el amor a los demás pero, como dice
112
Castilla del Pino, éste no deja de ser un amor impuesto, dado que es un axioma de la
psicología, que los sentimientos se tienen o no, pero no porque alguien los quiera tener o
dejar de tener.
Es preciso ir más a fondo y adoptar medidas preventivas en lugar de centrarnos sólo
en reducirlo o desactivarlo una vez ha aparecido. Es muy difícil desactivar este
sentimiento una vez ya está consolidado.
Estrategias emocionalmente ecológicas
Yo no siento la rabia de «vivir en contra de» ni tan sólo de «vivir para», sólo intento
«vivir con».
ANDRÉ COMPTE-SPONVILLE
La vida es como un eco. Si no nos gusta lo que recibimos debemos prestar atención a lo
que emitimos. Nadie que esté feliz y satisfecho consigo mismo y con su proyecto de vida
es capaz de odiar, dado que invierte su energía en la dirección contraria: la creatividad y
el amor.
¿No podría ser la promoción de la creatividad un medio preventivo de la violencia y
de la destrucción? Quien sabe el esfuerzo, las ilusiones, el tiempo, la voluntad y la
paciencia que se precisa para crear algo, no lo destruye tan alegremente. Somos nuestra
propia creación y a la vez participamos en la construcción y destrucción de nuestro
entorno.
En esta línea podemos apuntar algunas estrategias ecológicas para abordar este
sentimiento que es tan difícil de desactivar:
• Considerar el ser humano como un ser único y valioso por sí mismo.
• Educar en la comprensión de que los grupos están constituidos por personas con vida,
relaciones y afectos propios.
• Evitar el uso de las etiquetas para definir grupos, así como las generalizaciones,
incluidas las positivas.
• Difundir sentimientos de respeto y consideración del valor de las diferencias.
• Evitar considerar aquello que nos es propio como si fuera superior y mejor, ya que esto
nos lleva a considerar lo diferente como peor.
• Evitar el reduccionismo centrándonos sólo en algún aspecto de la persona, en alguna
característica o en alguna de sus conductas.
• Trabajar para incrementar el conocimiento y la seguridad en nosotros mismos ya que, a
mayor inseguridad, podemos ser mayor amenaza para los demás.
• Evitar culpabilizar a los otros.
• Fomentar un modelo de persona responsable.
• Recuperar y cultivar el amor como antídoto universal.
Hasta que no hagamos las paces con nosotros mismos no estaremos satisfechos de
quiénes somos ni de nuestra vida y, como consecuencia, no podremos estar en paz con
los demás.
113
Un poema sobre el odio
Del libro El mundo que respiro, de Mario Benedetti, extraemos este poema sobre el
odio.
Quien odia se roe a sí mismo y su agresividad le rebota encima. A su vida no le queda
espacio para los sentimientos creativos y amorosos. Quien odia acaba muriendo, como
bien dice Benedetti, de metástasis de odios.
RESENTIMIENTO. Anatomía del resentimiento
El resentimiento es la forma enfermiza en que los débiles construyen una percepción
deformada de la libertad.
FERNANDO SAVATER
Un sentimiento propio de humanos
No pronuncies opiniones arbitrarias, no cuelgues tu dolor a la orilla de tus pestañas;
antes bien planta flores y bambúes en los lugares que tienen destinados, cría peces y
gallinas; son fuente de alegría.
Proverbio chino
Sensación amarga, sequedad emocional, mezcla de celos, envidia, rabia... que se ha ido
pudriendo porque no se ha gestionado bien.
Los animales no sienten resentimiento. Este sentimiento requiere capacidades que sólo
tenemos los seres humanos. Es fruto de una socialización mal entendida. Ante una
situación que no corresponde a nuestras expectativas, en las que hay implicadas otras
personas y que no afrontamos de forma asertiva, iniciamos un proceso de represión de la
114
ira al considerar que es inaceptable mostrarla optando por la pasividad. Al no hacer nada
y no drenar la energía negativa que la frustración ha generado, empezamos a alimentar
este sentimiento que se va haciendo más grande a medida que le incorporamos
pensamientos distorsionados y creencias poco adaptativas.
Todo es culpa del otro
Si hay una fuerza que alimenta la raíz del dolor es la negativa de aprender más allá del
momento presente.
CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
El resentimiento es una forma de reactividad y deriva del posicionamiento inmaduro de
quien tiende a juzgar la acción de los demás en lugar de centrarse en su propia conducta.
Lo peor del resentido es que siempre piensa que tiene razón y adopta un estilo de
pensamiento rígido e impenetrable a los datos que no coinciden con su valoración de
situación.
Vaciarnos para viajar
Vacía, hermano mío, este barco; vacío navegará ligero.
PROVERBIO CHINO
Thomas Cleary53 plantea la siguiente situación: si una barca, cruzando un río, choca
contra una barca vacía que hace que la primera vuelque, los pasajeros del barco hundido
podrán alterarse, pero no sentir resentimiento. Ahora bien, si tan sólo hay una persona en
la segunda barca y ésta no responde a los gritos de los pasajeros de la primera, se
producirán con seguridad improperios en contra de ella.
La razón por la cual no están enfadados en el primer caso es debido a que la barca
estaba vacía. La razón por la cual se enojan en el segundo ejemplo es porque en la barca
había gente. Sólo vacíos de nuestro ego y de falsas expectativas viajaremos sin el peso
del resentimiento.
La constelación del resentimiento
Recordar: del latín: «re-cordis», que significa «volver a pasar por el corazón».
EDUARDO GALEANO
Para llegar al resentimiento debemos hacer un camino bastante largo. Podemos sentirnos
ofendidos y esto desencadena nuestra ira. Esta ira puede convertirse en rabia si no le
damos la salida adecuada. De la rabia pasamos al rencor y al resentimiento. La fase final
de esta construcción emocional puede ser el odio. En la órbita del resentimiento también
se hallan los celos y la envidia.
Un mensaje cifrado
Cuando la rabia te hace escupir contra el cielo, siempre acabas escupiendo a tu propia
cabeza.
115
PROVERBIO CHINO
Estamos en peligro. Nos llenamos de un sentimiento contaminante y tóxico. Echamos la
culpa a los demás y no enfrentamos los problemas que se presentan, dejando que se
acumulen y deterioren nuestras basuras emocionales. Es preciso asumir la
responsabilidad de nuestra vida.
El resentimiento nos indica la necesidad urgente de revisar nuestras creencias y de
drenar las ofensas acumuladas. ¡Peligro, peligro!
Síntomas de deterioro
El resentido, un ofendido crónico
El resentido es un descontento eterno: cuando era joven quería cambiar el mundo y
ahora que es viejo quisiera cambiar la juventud.
Uno puede estar resentido consigo mismo, con los demás o con la vida en general. La
persona resentida está permanentemente ofendida y posiblemente tenga en la mente un
listado de todo lo que considera que se le debe. No ha procesado adecuadamente los
problemas y los temas pendientes. Las emociones dejan de fluir de forma natural. Es
como si hubiéramos encerrado en una bolsa nuestras basuras emocionales y después las
hubiéramos escondido en una habitación cerrada. Aparentemente no pasa nada, pero en
su interior tiene lugar un proceso de degeneración y transformación de los productos
iniciales que acaban convertidos en materias fuertemente tóxicas para la propia salud
emocional.
El resentido es un obsesivo que introduce los mismos datos una y otra vez, en su
«ordenador mental», pero que no aprieta el “intro” que permitiría poner en marcha la
secuencia resolutiva del problema que plantea. Siente, siente y siente... y así miles de
veces, vuelve a sentir la misma ofensa y agravio. Se lamenta pero no actúa, y se limita a
«hacer hervir» este caldo tóxico.
Hay un dicho que señala que quien hace un favor crea un resentido. Por eso es tan
importante que, cuando alguien ayuda, evite crear una relación de poder que puede llegar
a ofender al receptor de la misma. Hay que tener mucha sensibilidad para no herir
susceptibilidades y para saber cuál es el momento adecuado para retirarnos.
El resentimiento, con toda la amargura que comporta, interfiere en nuestras
posibilidades de consolidarnos como seres humanos y proyectarnos en el futuro. Por eso,
quien siente resentimiento y permanece en él, tiene un permanente vacío en su vida.
La gestión adaptativa del resentimiento
Ningún hombre es tu enemigo. Todos los hombres son tus maestros.
Proverbio hindú
Romper la cadena de elaboración
116
Es necesario perdonar a los que te hacen sufrir porque te entrenan, obligándote
a elevarte sobre ti mismo. No creas que puedes parecer débil por ello. Se precisa
más valor para la misericordia que para la venganza.
La estrategia para gestionar adecuadamente este sentimiento consiste en romper su
cadena de elaboración. En función del punto en que nos encontremos podremos utilizar
unas estrategias u otras. De entrada, cuando alguien se siente ofendido sería bueno
reconocer este sentimiento de orgullo herido y aplicar la comunicación asertiva
exteriorizándolo: Estoy molesto o enfadado contigo por... Me siento herido cuando tú...
Me ha dolido tu respuesta... etcétera. Si estamos en la fase de rabia será necesario
canalizar la energía antes de que se convierta en rencor. Podemos transformarla en algo
positivo mediante el ejercicio físico, la creatividad, técnicas de relajación o de
respiración.
Si ya nos encontramos en la tercera etapa y ha empezado a aparecer el rencor o el
resentimiento podemos aplicar el perdón.54 Cuando no detenemos el proceso llegamos
al odio, sentimiento altamente destructivo y difícil de desactivar.
Escoger lo que debemos olvidar
Dejar vivir lo que ha de vivir y dejar morir lo que ha de morir es, sin duda, la meta más
agotadora, pero también una de las más satisfactorias.
CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
La vida sería imposible si lo recordásemos todo. Acumularíamos dolor y resentimiento.
El secreto para viajar ligero consiste en saber escoger qué es preciso olvidar. La memoria
puede mantenernos anclados en una especie de cementerio particular y para poder
continuar con nuestra vida, necesitamos aprender a desprendernos de los pesos muertos
que no nos dejan avanzar.
El resentimiento nos obliga a dedicar mucha energía, tiempo y pensamientos al pasado
y, por lo tanto, nos resta energía para vivir el presente y continuar con nuestra vida. Si
nos aferramos a los recuerdos desagradables y dolorosos y los vamos incubando en
forma de odio, estamos permitiendo que alguien que menospreciamos se mueva
libremente por nuestra mente. Hay que librarnos de ello.
Otras estrategias emocionalmente ecológicas
• Detectar las emociones y sentimientos que pueden obstaculi-zar nuestra búsqueda de
felicidad y bloquear nuestro camino vital.
• Tramitar los temas desagradables tan pronto como sea posible y de la mejor forma
posible utilizando estrategias asertivas.
• No hacer listados de ofensas, no acumular ni coleccionar agravios.
• Expresar los sentimientos, incluso los desagradables.
• Aprender a perdonar y a perdonarnos.
• Aprender a «pasar página», a reiniciar cada día sin la losa emocional del pasado.
117
• Recordarnos que somos seres provisionales y que «todo acaba pasando».
Explicamos un cuento
Sed severos hacia vosotros mismos e indulgentes hacia los demás, así alejareis los
resentimientos.
Dice una bella leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en determinado
punto del viaje discutieron. Uno acabó dando al otro una fuerte bofetada. El ofendido,
sin decir nada, se agachó y escribió con sus dedos en la arena: «Hoy mi mejor amigo me
ha dado una fuerte bofetada». Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis donde
decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se
lanzó a salvarlo y evitó que perdiese la vida. Al recuperarse del posible ahogamiento,
tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar se
podía leer: «Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida». Intrigado, su amigo le
preguntó:
—¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?
Sonriente, el otro respondió:
—Cuando un gran amigo nos ofende debemos escribir la ofensa en la arena, donde el
viento del olvido y del perdón se encargarán de borrarla y de apagarla. En cambio,
cuando un gran amigo nos ayuda o nos pasa algo grandioso, es preciso gravarlo en la
piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo
podrá borrarlo.
TRISTEZA. Anatomía de la tristeza
Los hombres especialmente tristes se traicionan cuando son felices: tienen una forma de
aferrarse a la felicidad que parece que la quieran aplastar y ahogarla por celos. ¡Bien
saben, ay, que la felicidad los rechaza y se aleja de ellos!55
Nietzsche
Tristeza para reconstruirnos
Las cosas íntimas toman forma y se convierten en activas, pero luego retornan a su
estado de quietud. Así sucede con las plantas que crecen exuberantes y magníficas, y
después retornan a la tierra donde nacieron.
PROVERBIO CHINO
Ciclos de crecimiento y reposo, ciclos de vida y de muerte, de actividad y de pausa. La
tristeza es una emoción primaria necesaria que llevamos en nuestro equipaje vital.
Tristeza... cuando todo se ve de color gris y sin luz, cuando perdemos en algún punto del
camino la motivación para ser y para hacer; tristeza... como si alguien nos hubiese
desconectado del flujo de la vida y nos quedásemos al margen, en la frontera de todo y
de todos, sin fuerza ni aliento.
118
La tristeza puede ser un refugio reflexivo de los afanes y ocupaciones de la vida
cotidiana. La tristeza provocada por una pérdida irreparable puede darnos una pausa para
fijar nuestra atención en lo que hemos perdido, reparar la energía gastada durante el
proceso de duelo y darnos tiempo para hacer los reajustes psicológicos necesarios antes
de iniciar nuevas empresas o continuar nuestro camino. Debemos escuchar bien la
tristeza porque nos aporta información muy valiosa sobre nuestra vida y nuestras
relaciones. Pero si la tristeza es una emoción útil y necesaria, la depresión no lo es y
forma parte de la patología.
Una suma de factores
Gloria Fuertes nos menciona, en un pequeño poema, una serie de factores que pueden
influir en el sentimiento de desilusión o tristeza que existe actualmente en nuestra
sociedad. Las pérdidas, la sensación de falta de control de nuestra vida, la falta de amor,
la artificialidad en nuestra forma de relacionarnos… todos estos y otros factores pueden
teñir de colores oscuros nuestro paisaje emocional.
Vivimos de la muerte.
Morimos de la vida.
Tenemos un padrastro,
tenemos una herida.
Tenemos la verbena
tenemos cataclismos
y nunca somos dueños
ni de nosotros mismos.
Tenemos lluvia artificial
risa artificial
vitamina artificial
Total = sólo tenemos tristeza natural
La constelación de la tristeza
• AISLAMIENTO
• AFLICCIÓN
• COMPASIÓN
• DESFALLECIMIENTO
• DESÁNIMO
• DOLOR
• INFELICIDAD
• MELANCOLÍA
• LLANTO
• PENA
• RECHAZO
• PASIVIDAD
• SOLEDAD
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Un mensaje cifrado: ¡detenerse!
Si miras mucho tiempo hacia el abismo llegas a sentir como si el abismo te mirara a ti.
STEFAN ZWEIG
En nuestro balance vital se han producido pérdidas. Hay que detenerse para valorar su
cuantía, reflexionar sobre nuestras estrategias y recursos y decidir qué podemos hacer
para continuar.
La tristeza nos desactiva, nos hace perder el impulso para actuar y nos permite una
pausa en el constante ir y venir de la vida. Necesitamos parar nuestra actividad habitual y
dedicar tiempo a la reflexión y al descanso. Esta detención en el movimiento diario nos
permite hacer balance de situación e iniciar nuestro trabajo de duelo por la pérdida que
hemos tenido. Detenerse, reflexionar y tomarse tiempo es el mensaje cifrado de la
tristeza.
Situaciones que nos pueden causar tristeza
En general la tristeza va unida a la vivencia subjetiva de haber tenido algún tipo de
pérdida: muerte, enfermedad, divorcio, separación, abandono, esperanza defraudada.
También se da cuando las situaciones que vivimos no corresponden a nuestras
expectativas, cuando actuamos de forma incongruente a nuestros valores o boicoteamos
nuestro propio proyecto de vida.
Síntomas de deterioro
El infierno y el cielo están en mí
No hay personas que desconozcan el sufrimiento y si hay alguna, es que no es persona.
Se dice que las lágrimas que no se dejan salir se depositan sobre nuestro corazón y que,
con el tiempo, se forma una costra que lo paraliza, al igual que hace la cal al incrustarse
en los engranajes de una lavadora. Es importante permitirnos expresar la tristeza y
también dar permiso a los demás para que la expresen. La represión y la contención
excesiva bloquean el proceso de duelo.
Sufrimos por las pérdidas, y esto es natural y forma parte de nuestra humanidad. La
aceptación de que el infierno y el cielo están en nuestro interior y el recuerdo de que la
tristeza va a convivir y alternarse con momentos de alegría y plenitud es esencial para
poder seguir adelante.
Cuando el paisaje es un pozo
Un pozo largo y oscuro, un camino sin salida, un desierto sin oasis, una selva espesa, un
bosque denso, un precipicio. De la tristeza por las pérdidas pasamos al convencimiento
de que, hagamos lo que hagamos, saldremos perdiendo siempre, de que no hay camino
ni salida, de que nada vale la pena y nuestra vida no tiene sentido. Nos hemos puesto
enfermos. Cuando desaparece el deseo de vivir, y aparecen otros síntomas físicos y
120
psicológicos –insomnio, inapetencia, desesperanza, cansancio, desgana..– puede ser una
señal de alarma indicativa de una depresión que será preciso tratar.
Ya no se trata de la tristeza que nos permite nuestra tarea de reintegración personal.
Nos hemos quedado “atascados” y decidimos no continuar el camino. Es el momento de
pedir ayuda, si antes no lo hemos hecho. Seguramente hay mucha confusión en nuestro
interior y guardamos mucho sufrimiento retenido en alguna parte. Es necesario efectuar
una limpieza emocional que nos permita cambiar los tonos y colores de nuestro paisaje
interior. Aun así, es posible salir del pozo si nos damos tiempo y tenemos a nuestro lado
personas que nos escuchen sin juzgarnos. Hay que poner en juego todas nuestras
habilidades y recursos afectivos y dejarnos ayudar. Y esto “también pasará”.
La gestión adaptativa de la tristeza
Eso también pasará
La tristeza es una emoción importante en nuestro equipaje afectivo ya que, a partir de
ella, podemos iniciar una reflexión y recuperar fuerzas para reintegrarnos. Para efectuar
el trabajo de duelo debemos tener presente la importancia de:
• Reconocer la emoción y darle nombre.
• Darnos el tiempo necesario para elaborar el proceso de pérdida.
• Respetar nuestro propio ritmo en el ser y en el hacer.
• Acompañarnos a ratos de personas a las que apreciemos y que sean capaces de respetar
nuestro duelo.
• Permitirnos espacios de silencio y de soledad.
• Recordar que, a pesar del sufrimiento actual, la vida ofrece muchos motivos de alegría
y que esta emoción también pasará.
• Verbalizar y efectuar un drenaje emocional sin juzgar ni censurar lo que sentimos o
pensamos.
• Pasear, mirar y contemplar (hacia afuera para descentrarnos).
Una antorcha espléndida
George Bernard Shaw dijo: Cuando muera quiero estar muy gastado porque cuanto más
trabaje más habré vivido. Gozo de la vida por ser aquello que es. Para mí la vida no es
una vela efímera, sino una espléndida antorcha que me pertenece por unos instantes y
quiero que desprenda toda la luz posible antes de pasarla a las generaciones futuras.
¿Cómo podríamos reconocer la alegría sin haber probado la tristeza? Aceptar la
tristeza y expresarla, sin esconderla ni tampoco recrearnos en ella, nos va a permitir ser
capaces de gozar y apreciar el resplandor de la antorcha de la vida.
VERGÜENZA. Anatomía de la vergüenza
La vergüenza paralizante
121
La vergüenza es una emoción primordial que parte del temor y regula la expresión de
otros sentimientos.56 La podemos definir como una turbación en el ánimo por el miedo
a sufrir algún tipo de desprecio, confusión o infamia. La vergüenza es la más íntima de
las emociones y una de las más difíciles de admitir y descargar. Es poderosa e influye
sobre las demás. Se manifiesta con una sensación de incomodidad. Uno tiene la
necesidad de esconder la cara, de ponerse de espaldas y de huir. A veces enrojece.
Quisiera que la tierra me tragara o Me habría querido fundir son algunas expresiones
coloquiales que expresan el sentir de la persona inundada por esta emoción.
Un secreto que se hace público, o razones poco honradas que quedan expuestas a los
demás, pueden ser causa de vergüenza. También se puede producir cuando tenemos el
convencimiento de que no merecemos determinado favor o distinción que se nos hace.
No nos sentimos dignos y pensamos que, por alguna equivocación, hemos accedido a un
lugar que no nos corresponde y no sabemos si debemos gozar del momento o salir
huyendo de allí. A menudo uno querría desaparecer.
Nuestra sociedad se ha valido de la vergüenza como forma de control social. Los
motivos de vergüenza son muy variados en función de las diferentes culturas.
Un mensaje cifrado
Nos informa de que nos sentimos inseguros o de que hemos sido poco honestos.
También nos indica que vivimos más pendientes del juicio de los demás que del propio.
Nos propone rehacer la construcción de nuestro autoconcepto, autoestima y adquirir el
valor de ser nosotros mismos a fin de disminuir el impacto de la mirada ajena en nuestra
vida.
La constelación emocional de la vergüenza
La vergüenza da la mano a la inseguridad y a la incomodidad y actúa inhibiendo las
emociones restantes, excepto la ira. Si se da en un grado elevado puede desencadenar
conductas violentas. La agresividad forma parte de esta constelación afectiva. A veces
también se asocia al sentimiento de culpa y suele ir seguida del sentimiento de
autodesprecio.
Síntomas de deterioro
Una vergüenza patológica
Es aquella que se da cada vez que uno recibe una crítica o vive un pequeño fracaso. Se
produce siempre en el curso de interacciones mantenidas con otras personas. Quien la
sufre tiene una gran dependencia de los demás. Muchos psicoanalistas piensan que el
sentimiento extremo de vergüenza se remonta a la infancia apareciendo hacia el segundo
año de vida.
A medida que el niño se va percibiendo como persona distinta de los demás, también
empieza a tomar conciencia de los mensajes emocionales que se le dan. Así, cuando los
122
padres no responden con simpatía y atención a los esfuerzos del niño para mostrar sus
habilidades, o cuando el niño nota que no se da importancia a sus esfuerzos, éste crece
sintiéndose inferior y desagradable y su autoconcepto y estima se construyen
negativamente.
La vergüenza patológica va acompañada a menudo del sentimiento de humillación y
acaba provocando reacciones de ira y conductas violentas.
¿Camuflarse para sobrevivir?
Si nos escondemos, no nos ven; si no nos ven, no nos juzgan; si no nos juzgan, no van a
podernos valorar negativamente y, por lo tanto, no nos sentiremos inseguros ni
avergonzados.
El camuflaje es útil en la naturaleza para sobrevivir. El animal que utiliza esta
estrategia suele adoptar los colores de su medio a fin de no ser visto: es la estrategia del
camaleón. Pero en el ser humano ¿es siempre bueno y oportuno valerse del camuflaje?
Si bien es cierto que nos evita la mirada del otro y, por consiguiente, el riesgo de no ser
aceptados o aprobados, el camuflaje también nos impide recibir aprobación, estímulos
positivos y afecto, ya que no permite que nos conozcan tal y como somos. Así, al no
diferenciarnos y no permitir que nos conozcan podemos llegar al punto de no saber ya ni
quiénes somos.
La gestión adaptativa de la vergüenza
Antídotos contra la vergüenza
Algunos especialistas, y entre ellos Sigmund Freud, han sugerido que uno de los
antídotos más efectivos contra la vergüenza es aprender a reírse de uno mismo. El
sentido del humor es una importante señal de salud mental. Quien es capaz de reírse con
los propios relatos de situaciones en las que se sintió humillado o resentido puede notar
un descenso inmediato del sentimiento de vergüenza. También es un buen antídoto ser
capaz de admitir de forma abierta ante los demás aquello que nos avergüenza. En
muchos de estos casos, uno puede acabar sintiéndose más respetado que juzgado.
¿Y qué? El ridículo se lo hace uno mismo
Cuando nos encontramos en una situación en la que consideramos que hemos hecho el
ridículo debemos empezar a practicar el ¿Y qué? Cuando nos ponemos rojos, ¿y qué?,
cuando el discurso que tanto habíamos preparado no sale bien, ¿y qué?, cuando no
gustamos a alguien, ¿y qué? Y a continuación, decirnos: Mañana volveré a intentarlo, o
bien: ellos se lo pierden. ¿Pasotismo? No. Sólo respecto a aquello que se refiere al juicio
superficial y a la valoración en forma de crítica destructiva de los demás. Después de
todo, ¿qué es el ridículo? El ridículo nos lo fabricamos nosotros mismos, es cultural y
totalmente subjetivo.
123
III PARTE
LA CUESTIÓN HUMANA
Cada día creo menos en la cuestión social, en la cuestión política, en la cuestión
moral o en cualquier otra cuestión que la gente haya inventado para no encarar
resueltamente la única cuestión real que existe: la cuestión humana. Mientras que
no encaremos esta cuestión, todo lo que estamos haciendo ahora no es sino hacer
rumor para no oírla.
MIGUEL DE UNAMUNO
124
CAPÍTULO OCTAVO
La gestión emocional ecológica
Hay cuatro reglas para vivir en la montaña: Hacer que los árboles no se coloquen de
forma artificial, que las rocas no se pongan en orden, que las casas no presenten ningún
lujo, que el corazón humano no comporte ningún artificio.
PROVERBIO CHINO
El saber imprescindible
Siempre y cuando una persona tenga una cantidad razonable de sentido común y de
experiencia, su propio modelo de arreglar la existencia es el mejor; no porque sea el
mejor por sí mismo, sino por el hecho de que es el suyo.
SOLEDAD PUÉRTOLAS
Dice Fernando Savater que de todos los saberes posibles existe por lo menos uno que es
imprescindible: el conocer que hay ciertas cosas que nos convienen y otras que no. Una
de las cosas que en la vida nos cuesta más aprender es hacer aquello que es estrictamente
necesario para conseguir nuestro equilibrio. La detección y evaluación de nuestros
sentimientos y emociones es una tarea que debemos emprender si queremos realizarnos
como seres humanos. Si sólo nos basamos en la razón y en los datos objetivos y fríos,
nuestro mapa de situación queda a medias y faltarán en él datos muy significativos para
decidir bien. Es necesario, pues, realizar un trabajo en equipo entre nuestra inteligencia
racional y nuestra inteligencia emocional.
Para Nietzsche, poseer vida equivale a tener coraje, ambición, dignidad, fortaleza de
carácter, humor e independencia y, paralelamente, la ausencia de beatería, de
conformidad, resentimiento y melindrosidad. Esta es una visión interesante y compatible
con lo que ahora recibe el nombre de inteligencia emocional. Sea como fuere, si bien no
somos libres para escoger aquello que nos pasa, sí que podemos escoger nuestra actitud
y nuestra respuesta ante ello.
125
Quizás pueda ser más cómodo a veces creer que no tenemos libertad para actuar
porque, en el fondo, no estamos dispuestos a pagar su precio, ni queremos asumir las
consecuencias que de ella se derivan. Pensar, reflexionar y analizar significa descubrir
que no existe una vía única de acción, que no hay soluciones fáciles y que las cosas
suelen ser más complejas de lo que aparentan. Esta conciencia puede producir una
ansiedad que deberemos aprender a tramitar de una forma adecuada.
Toda elección nos da nuevas posibilidades y nos obliga a efectuar renuncias. Sería
más sencillo no pensar, no reflexionar y aceptar sin filtrar los mensajes que
constantemente se nos dan. Sería más fácil, a corto plazo, movernos por consignas y
buscar soluciones epidérmicas a los problemas que la vida nos plantea. Pero esta
estrategia de huída tiene un precio elevado. En cada elección colocamos una nueva pieza
de nuestra construcción personal y, en estos momentos, es importante aplicar el saber
imprescindible: qué nos conviene y qué no, qué favorece a nuestra adaptación inteligente
y qué interfiere en nuestro desarrollo. De la respuesta que demos a estos interrogantes va
a depender, en buena parte, nuestro equilibrio psicoecoafectivo.
Estamos en camino, pero no caminando
Éste es tu problema: sabes pero no actúas. No eres un guerrero.
DAN MILLMAN
Así dice Ernesto Sábato en La resistencia: Estamos en camino pero no caminando. Y
continúa:
Ya nada anda a paso de hombre, ¿acaso quién de nosotros camina lentamente?
Pero el vértigo no está solo afuera, lo hemos asimilado a la mente que no para de
emitir imágenes, como si ella también hiciese zapping; y quizá la aceleración haya
llegado al corazón que ya late en clave de urgencia para que todo pase rápido y no
permanezca. Este común destino es la gran oportunidad, pero ¿quién se atreve a
saltar afuera? Tampoco sabemos ya rezar porque hemos perdido el silencio y también
el grito.
La salud psicoecoafectiva pide respetar nuestros tiempos, dejar de una vez la
aceleración y las prisas, recuperar el silencio interior y la rebeldía necesaria.
126
La vida está llena de altibajos y nuestro objetivo es mantener el equilibrio. Para
conseguirlo es necesario salir del ritmo vertiginoso que no nos deja ver ni sentirnos. Una
vez encontramos nuestro propio paso podremos llegar a ser personas más afectivas y
equilibradas; así, «caminando a paso de hombre», mirando y disfrutando del paisaje, de
los compañeros y de las sorpresas de nuestro camino.
Vivir cada día
Nos han educado para los sustantivos, pero la realidad son los verbos.
JAIME BARYLKO
En el camino espiritual no es preciso ir a la búsqueda de lo extraordinario, porque lo
extraordinario reside en la profundidad de lo cotidiano y ordinario. Carpe diem no
significa que debamos buscar hoy todos los placeres, sino que debemos buscar y
disfrutar de todos los placeres de hoy.57
No es lo mismo vivir en el presente que vivir para el presente. En el primer caso,
adoptamos un ritmo a nuestra medida que nos permite vivir intensa y conscientemente
cada momento; nos damos cuenta de la belleza y el misterio que supone cada nuevo día
y nos sentimos agradecidos por este privilegio. Se trata de gozar intensamente de los
placeres de hoy, aunque no sean los que nosotros habíamos previsto. Vivir en el presente
pide una actitud abierta en lugar de cerrarnos en rígidos esquemas de control.
Vivir para el presente significa, en cambio, quemar las naves, gastarlo todo hoy, no
proyectarnos en el mañana, no perseverar en nuestros proyectos, no adoptar
compromisos. Hoy todo, mañana ¿quién sabe? Vivir para el presente es propio de
personas desesperadas.
127
Así pues, cada día, al levantarnos nos podemos preguntar: ¿qué bien puedo hacer hoy?
Lo cierto es que el sol se va a poner esta tarde y se llevará otro día de nuestra vida y todo
lo bueno que hayamos dejado de hacer quedará sin haber sido hecho. Es responsabilidad
nuestra hacer que el fruto que hayamos cultivado sea dulce en lugar de negro y áspero.
Aprender a discernir
Cuando el científico ha finalizado su aprendizaje, el poeta lo sustituye en la carrera.
RAIMON PANIKKAR
La sabiduría es el adecuado discernimiento sobre cuándo somos libres para modelar la
realidad de acuerdo con nuestros deseos y cuándo debemos aceptar con tranquilidad lo
que es inalterable.58
No todo juega a favor de nuestra adaptación positiva al entorno. Si bien hay
sentimientos que es bueno cultivar porque ayudan a nuestra mejora como seres humanos,
hay otros que nos pueden llevar a nuestra destrucción. Diferenciar entre lo que nos
conviene, lo que debemos tramitar con rapidez y rotundidad, lo que puede ser reciclado y
transformado y lo que debe ser eliminado, es uno de los aprendizajes emocionales más
importantes. Si bien no somos responsables de lo que sentimos, sí lo somos de lo que
hacemos con aquello que sentimos.
Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta
El hombre puede ser desposeído de todo excepto de una cosa: la última de las libertades
humanas, la libertad de escoger la actitud que uno adopta ante cualquier conjunto de
circunstancias y de escoger su propio camino.
Viktor Frankl
¿Es la vida quien nos da lo que somos? La vida por sí misma es un valor importante:
nacemos, nos hallamos en un entorno que no hemos escogido y nos reciben manos que
nos pueden abrazar o rechazar, que nos acarician o nos aíslan. Nos encontramos en un
medio ruidoso o plácido, con más o menos recursos y con más o menos afecto o
estímulos. No hemos escogido inicialmente nada, pero vamos creciendo, nos vamos
haciendo y, poco a poco, tenemos opciones y elegimos. Escogemos unos caminos y
rechazamos otros, y es en este arduo proceso donde nos vamos modelando, haciéndonos
y deshaciéndonos constantemente. Y llega un momento en que ya es necesario dejar de
culpar a la vida o a los demás de lo que hemos logrado o hemos perdido y asumir la
responsabilidad de nuestros actos.
El pensar que algo nos será dado sin aportar nada por nuestra parte y quejarnos por no
haberlo recibido, es fuente de un constante desasosiego. Todo lo que vale la pena en la
vida es fruto del esfuerzo, de la lucha y de la aceptación, aunque sea por el simple hecho
128
de saber recibir con generosidad aquello que nos es dado. Es inteligente abrir nuestro
corazón para dejar entrar todo lo bueno y también para dejarlo salir libremente.
Ser uno mismo a pesar del entorno
Explica el columnista Sidney Harris que en cierta ocasión acompañaba a un amigo suyo
a comprar el periódico y al llegar al quiosco, su amigo saludó amablemente al vendedor.
El quiosquero, en cambio, respondió con modales bruscos y desconsiderados y le lanzó
el periódico de mala forma. Su amigo, no obstante, sonrió y pausadamente deseó al
quiosquero que pasase un buen fin de semana. Al continuar su camino, Sidney le dijo:
—Oye, ¿este hombre te trata siempre de forma tan mal educada?
—Sí, por desgracia.
—¿Y tú siempre te muestras con él tan educado y amable?
—Sí, así es.
—¿Me quieres decir por qué tú eres tan amable con él cuando él es tan antipático
contigo?
—Es muy fácil. Porque yo no quiero que sea él quien decida cómo me he de
comportar yo.
Los ideales y las utopías necesarias
Cada persona tiene la posibilidad de experimentar la vida de una manera original
y de abrir alternativas a su propia historia y a la historia colectiva. Cada día que
se abre al mundo todo depende de quienes están vivos y del ejemplo que
transmitirán a los que nazcan.
F. CAVALLI-SFORZA
Todo se encuentra en el estado mental. Todo aquello que el hombre ha construido y
conseguido, primero ha sido una idea o un sueño. Debemos permitirnos soñar y también
ser ambiciosos al fijarnos nuestros objetivos. Se dice que las metas son como las
estrellas, que siempre están fijas, y que las adversidades son como nubes, que son
temporales y pasajeras. Por eso es importante fijar nuestra mirada en las estrellas, y
mantener los pies bien anclados en el suelo.
Un proverbio chino dice que son necesarios diez años para hacer crecer un árbol, pero
que se necesitan cien para formar hombres. Uniendo fuerza mental y pasión, este
conglomerado formado por ilusión, voluntad, fuerza, trabajo y esfuerzo, pocas cosas se
pueden resistir. La función de las utopías es, precisamente, ayudarnos a caminar. Susana
Tamaro lo explica de forma clara en este fragmento:59
—¿Qué es el proyecto?
—Es algo que has de imaginar. Y después de haberlo imaginado, lo debes fabricar.
129
Es algo parecido a un puente. Tú puedes ir de un lado a otro, pero no lo puedes hacer
si antes no lo construyes. Al otro lado del puente se halla lo que buscabas. Sin
proyecto, el destino se te escapa de las manos como una corneta en un día sin viento.
Alejandro Jodorowsky, al hablar de la importancia de los sueños y del esfuerzo nos
explica que un arquero quiso cazar la luna y noche tras noche, sin reposo, lanzaba sus
flechas en dirección al astro. Sus vecinos empezaron a burlarse de él, pero, inmutable, el
arquero continuó lanzando sus flechas. Se dice que nunca alcanzó la luna, pero que se
convirtió en uno de los mejores arqueros del mundo.
La imagen mental que nos hacemos de aquello que realmente queremos conseguir
provoca que, poco a poco, uno vaya dando pasos que lo van acercando a su objetivo. De
ahí la importancia de pensar en grande y en positivo. Este texto de Rudyard Kipling va
en esta línea:
130
La llave del éxito: deseo, esfuerzo, perseverancia y acción
Si el hombre se atreviera a imaginar las posibilidades desconcertantes que la vida
le ofrece, las realizaría plenamente. Le invade la sospecha, aunque fugaz, de que
la edad, la muerte, el mal, el pecado, la fealdad, el crimen y la frustración no son
131
sino limitaciones concebidas por él sobre sí mismo y sus semejantes.
HENRY MILLER
La palabra quiero se encuentra en los labios de muchas personas y también en el corazón
de muchas otras, aunque en la voluntad de muy pocas. Aunque parezca extraño, donde
menos se halla es en la voluntad libre de las personas. Tendemos a confundir querer con
deseo. El deseo se refiere al ámbito afectivo y, en cambio, el querer hace referencia al
ámbito volitivo. Todos tenemos mayor facilidad para desear cosas que para quererlas
realmente. Querer algo de verdad significa quererlo nos cueste lo que nos cueste y tenga
el precio que tenga. Supone escoger una opción y comprometernos con ella. Éste puede
ser un camino duro y difícil que pone a prueba nuestra capacidad de perseverar en el
esfuerzo a pesar de las dificultades que podamos hallar.
Dice Lacordaire que es por este motivo por lo que uno tiene tan poca competencia
cuando intenta llegar a la cima y caminar en la ruta de la perfección. La palabra quiero
implica la aceptación, por parte de nuestra voluntad, de lo que ha presentado el intelecto
como bueno y conveniente, previa reflexión del objetivo propuesto y la valoración de los
obstáculos a vencer. Por eso tantas personas desisten y se contentan sentándose en el
camino renunciando a lo que ¿querían? Porque, de hecho, cuando decimos lo quiero,
¿decimos esta palabra con los labios, con el corazón y con la voluntad a la vez? La llave
del éxito reside en averiguar si lo que deseamos nos conviene y si queremos pagar el
precio que comporta su consecución. En caso de ser así, aquello lo queremos y la fuerza
de voluntad hará los pasos necesarios para conseguirlo.
No es suficiente creer o saber, debemos actuar. Dice Henry Miller que debemos
diferenciar acción de actuación. Según él, el hombre corriente participa de la acción,
pero el héroe actúa. Esta diferencia es importante.
Se explica que un joven vendedor fue a visitar a un agricultor y le empezó a hablar
con entusiasmo del libro que vendía.
—Este libro le explicará todo lo que necesita saber sobre la agricultura —afirmó el
vendedor, entusiasmado—. Le dirá cuándo sembrar y cuándo cosechar. Describe los
efectos del clima, todo lo que puede esperar y cuándo esperarlo. Explica todo lo que
debe saber.
—Joven —dijo el agricultor—, no es ahí donde reside la dificultad. Sé todo lo que
dice el libro. Lo que encuentro difícil es hacerlo.
132
Nada se consigue sin esfuerzo
¡Por mi amor y esperanza te insto a que no repudies el héroe que hay en tu alma!
¡Permanece fiel a tu más elevada esperanza!
FRIEDRICH NIETZSCHE60
Dicen que un hombre convirtió, en el espacio de dos años, un territorio pedregoso en un
jardín lleno de flores que se hizo famoso en la comarca. Un día un santo barón pasó por
el jardín y para que el jardinero no olvidara quién era el Creador Supremo de su obra, le
dijo:
—Jardinero, este jardín tan hermoso es una verdadera bendición que Dios te ha dado.
El jardinero comprendió el mensaje y le respondió:
—Tienes razón santo barón, si no fuese por el sol y por la lluvia, por la tierra y por el
milagro de las semillas y por las estaciones del año, no tendría ningún jardín; pero
deberías haber visto cómo estaba este lugar hace dos años, ¡cuando Dios lo tenía sólo
para sí mismo!
Sólo el trabajo y esfuerzo continuados permiten conseguir la transformación. Se dice
que existen dos clases de personas: las que trabajan y las que se adjudican el mérito. Se
aconseja intentar estar en el primer grupo dado que es en el que existe menor
competencia. El esfuerzo va unido al valor de no rendirse ante las dificultades y retos
que la vida nos presenta así como a la esperanza de un futuro mejor y más positivo.
Cuando alguien deja de creer en la posibilidad de superar una situación, deja de
esforzarse y se rinde. La esperanza aumenta nuestra capacidad de perseverar en las metas
a pesar de los obstáculos.
Si crees que estás perdido, lo estás
Un mal que los antibióticos nunca podrán curar es la formación prematura de
opiniones.
Dice una historia que dos ranas cayeron en un enorme cubo de nata en una lechería. Una
le dijo a la otra:
—Es mejor que nos demos por vencidas, estamos perdidas.
—Sigue nadando —le dijo su compañera—, conseguiremos salir de aquí de alguna
forma.
—¡Es inútil! —chilló la otra—, es demasiado espeso para nadar, demasiado blando
para saltar y demasiado resbaladizo para arrastrarse. Ya que de todas formas voy a morir,
es mejor que sea ahora.
Y dejándose caer, murió ahogada. Su amiga, en cambio, siguió moviéndose intentando
nadar sin rendirse. Cuando se hizo de día se encontró encima de un bloque de
mantequilla que ella misma había batido. Y allí se quedó, sonriente, un buen rato
133
mientras se comía las moscas que llegaban en bandadas de todas las direcciones.
Provisionalidad. Meditación de Séneca
La fortuna no otorga nada en propiedad. No hay nada estable, ni en privado ni en
público; tanto el destino de los hombres como el de las ciudades cambia. Todo lo que
muchas generaciones han construido con trabajo asiduo y la continua protección de los
dioses, lo dispersa y destruye en un solo día: una hora y un instante son suficientes para
abatir imperios. ¿Cuántas veces ciudades de Asia, cuántas veces ciudades de Acava se
han hundido en un solo empujón de un terremoto? ¡Cuántas fortalezas en Siria, cuántas
en Macedonia han sido tragadas! ¿Cuántas veces una calamidad parecida ha desolado
Chipre? Todas las obras de los mortales están condenadas a morir, vivimos en medio de
cosas que se marchitan. Has nacido mortal, has parido mortales. Piensa en ello,
espéralo...
Vivimos empeñados en funcionar con criterios de seguridad y permanencia, contratamos
seguros para todo, actuamos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo o como si
todo estuviera bajo nuestro control. Nada más equivocado. Los cambios, las
transformaciones y la muerte se van sucediendo en nuestra vida y nos encuentran sin
defensas. Nos cuesta asumirlo y nos aferramos y lo vivimos como pérdidas en un duelo
permanente.
Proponemos instaurar una pedagogía de la provisionalidad y la transformación. Nada
permanece y hay que recordarlo. Rosa Montero hace una interesante reflexión sobre
nuestra fragilidad y la dificultad de perseverar en la construcción de nuestra identidad:61
La transformación necesaria, la «no resistencia»
Si el viento es fuerte, cede al viento; si la lluvia es fuerte, cede a la lluvia; si el sol
quema, protégete la cabeza.
PROVERBIO CHINO
134
Se dice que un río, después de un trayecto recorriendo montes y campos llegó a las
arenas de un desierto y, de la misma forma que había intentado cruzar otros obstáculos
que había encontrado en el camino, empezó a atravesarlo. Pero se dio cuenta de que sus
aguas desaparecerían en la arena tan pronto entrara en ella. Estaba convencido de que su
destino era cruzar el desierto, pero no veía la forma de hacerlo. Entonces oyó una voz
que decía:
—El viento cruza el desierto y también lo puede hacer el río.
—Pero el viento puede volar y yo no. Soy absorbido por las arenas.
—Si te lanzas con violencia como has hecho hasta ahora —continuó la voz— no
conseguirás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en pantano. Debes dejar que el
viento te lleve a tu destino.
—Pero ¿cómo es posible esto?
—Debes consentir ser absorbido por el viento.
Esta idea no era aceptable para el río. Él nunca antes había sido absorbido y no quería
perder su identidad.
—¿Cómo puedo saber con certeza si una vez perdida mi forma la podré volver a
recuperar?
—El viento cumple su función. Eleva el agua, la transporta a su destino y la deja caer
en forma de lluvia. El agua vuelve nuevamente al río.
—Pero ¿no puedo seguir siendo siempre el mismo río que soy ahora?
—Tú no puedes en ningún caso permanecer así —continuó la voz—, tu esencia es
transportada y forma un nuevo río.
El río no lo veía claro, pero tampoco quería ser pantano o desaparecer. Así es que, en
un acto de confianza, elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento quien, gentil
y fácilmente, lo elevó hacia arriba y lejos, volviéndole a dejar caer en la cima de una
montaña, muchos kilómetros más allá.
—Mi esencia es el agua, sea en el estado que sea. La transformación me ha permitido
continuar siendo el mismo. Si no me hubiera transformado me hubiera perdido.
Todos, como el río, debemos aceptar que es preciso cambiar y transformarse para
proteger y mantener nuestra esencia.
La isostasia emocional
Tenemos un conflicto, dado que deseamos cosas contrapuestas. Escuchar y callar. Saber
y silenciar. Ahora bien, la vida siempre es así, ¿no es cierto? Llamamos vida al
complejo equilibrio que nace del juego de contrarios. La realidad siempre es paradoxal.
Las cosas se definen por aquello que son, pero también por lo que no son. La luz no se
entiende sin la oscuridad, lo masculino sin lo femenino, el ying sin el yang y el bien sin
el mal.
ROSA MONTERO62
135
El equilibrio y la armonía, el camino del centro, el punto medio... Evitar los extremos.
Esto no significa una vida teñida de grises ni tampoco una vida sin pasiones ni deseos.
Se trata de saber encontrar el punto adecuado, aprender a combinar los diferentes colores
emocionales, darnos cuenta de que podemos tener sentimientos contrapuestos y de que
esto es legítimo y normal. La idea es aprender de las informaciones que nos aportan
nuestros afectos y utilizar nuestra inteligencia para tomar la mejor dirección, el camino
más coherente con nuestro proyecto de vida.
El drenaje emocional
Cuando abrimos las puertas secretas de nuestras propias vidas y examinamos las
carnicerías ocultas en aquellos recónditos lugares, podemos descubrir que hemos
estado permitiendo la ejecución sumaria de nuestros objetivos y esperanzas más
decisivos. Y descubrimos también unos pensamientos, sentimientos y deseos exánimes,
que habían sido antes atrayentes y prometedores, pero que ahora se hallan exsangües.
CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
A veces recibimos información de que nuestro mundo afectivo no funciona demasiado
bien. No sabemos exactamente qué nos pasa, pero el output es negativo. Expresiones
como estoy fatal, nada va bien, o estoy harto, serían un reflejo de ello. El problema es
que estas expresiones son demasiado generales y no nos ayudan a delimitar cuál es el
problema. En consecuencia, tampoco nos permiten poner en juego las estrategias
necesarias para su resolución.
A fin de clarificarnos es importante hacer un drenaje emocional de forma parecida a
cuando tenemos un absceso y hay que extraer el pus. Imaginemos que existe una bolsa
llena de emociones atada y con una etiqueta que pone fatal. El ejercicio consiste en
aplicar el escáner emocional comentado anteriormente, abrir metafóricamente la bolsa
del fatal e ir extrayendo las emociones y sentimientos que están aprisionados hasta que
ya no quede ninguno por nombrar. Por ejemplo, un fatal puede contener mezcladas
caóticamente: tristeza, miedo, frustración, inquietud, soledad, enojo, desánimo.
La continuación de este drenaje sería construir una explicación a partir de cada afecto:
Me siento triste por..., siento miedo de..., etcétera. Una vez finalizada esta parte
constatamos que nos sentimos más aliviados a pesar de que continúe el malestar: hemos
organizado y dado sentido al caos. La siguiente fase del ejercicio será trabajar con el
pensamiento: ¿Qué pienso de esto? ¿qué opciones tengo? ¿qué quiero hacer? Hemos
dibujado un mapa de situación que tiene presente los tres niveles necesarios: mapa
afectivo, mapa cognitivo y mapa de posibilidades. Esta imagen panorámica nos permitirá
tomar, más adelante, decisiones responsables que pueden favorecer nuestra adaptación
inteligente.
Los siete principios de la gestión ecológica de las relaciones
136
Vivimos nuestra vida ante los demás; todos crecemos con testimonios. Se trata de una
gesta solitaria que se realiza en público. Aunque sólo fuera por eso, deberíamos
esforzarnos a vivir nuestras vidas con decoro...
ROSA MONTERO63
Siete principios que aplicados a nuestra vida pueden aumentar la calidad de nuestras
relaciones personales, prevenir problemas, equilibrar energías, mejorar la comunicación,
incrementar el respeto por uno mismo y por los demás, evitar las dependencias y las
relaciones de poder. Fáciles de describir, difíciles de poner en práctica… todo un reto
para nosotros. Sus resultados son espectaculares.
1. Principio de la autonomía personal
Ayúdate a ti mismo y todos te ayudarán.64
Ayudarse a uno mismo es un principio esencial para la buena gestión psicoecoafectiva.
Dice un proverbio: “El ave que se ayuda con sus alas es alimentada por los dioses”. Si
queremos relacionarnos de forma sana con otras personas es esencial trabajar para llegar
a ser lo mejor que podemos ser, creciendo y luchando por nuestro proyecto de vida. Si
bien no es fácil llegar a ser uno mismo, esta es la premisa sine qua non para conseguir
relaciones de calidad. Es cierto que al ser coherentes algunas personas nos van a
desterrar de su vida o no nos comprenderán. Pero, por otro lado, si renunciamos a
nuestro proyecto de desarrollo personal para sentirnos más seguros o ser más aceptados,
nosotros mismos nos habremos condenado al destierro, y eso es lo más terrible que nos
puede pasar. Sólo si somos capaces de ayudarnos encontraremos ayuda, porque
respetaremos a los demás y no los ahogaremos con nuestras demandas excesivas o
reclamaciones constantes.
2. Principio de la prevención de dependencias
No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos.
Se dice que el hombre bueno debería parecerse al agua: que es buena para todas las cosas
y no perjudica a nadie. Este principio es una de las reglas de oro de la gestión
emocionalmente ecológica de las relaciones. Cuando nos anticipamos a ayudar, sin que
se nos haya pedido, cuando nos sacrificamos por los demás, cuando actuamos como
salvadores de los que nos rodean, o cuando ponemos en nuestros labios las respuestas
que ellos deben dar, estamos evitando y entorpeciendo su desarrollo.
Si no aplicamos este principio promovemos relaciones de dependencia en las cuales
una de las personas cede el control y la otra lo asume. Aparece el sumiso, el pasivo que
«deja hacer» y que espera siempre que aparezca alguien que le solucione la vida.
También nos encontramos con la persona que tiene la creencia distorsionada del «soy
imprescindible, sin mí los demás están perdidos» y que basa su vida en ser necesitada.
Los peligros son grandes: por un lado, una puede llegar a sentirse explotada por la otra y
137
pasar de ser salvadora a sentirse víctima. Además, tenemos una persona que deja de
liderar su vida, que se convierte en exigente y egoísta, y en un menor de edad
permanente vegetando en un entorno de comodidad que no favorece su crecimiento. Con
el tiempo puede nacer resentimiento o alejamiento. El «ayudado» entra en conflicto
porque se sabe deudor, y eso no gusta a nadie. Ya lo dice el Bhagavad Gita: Es mejor
cumplir con nuestro deber que con el deber de otro, por bien que lo podamos hacer.
Es importante aprender a respetar el crecimiento propio de cada persona, de forma que
sea ella la que asuma el control de su vida y tome las decisiones de forma congruente
con sus recursos, su historia y sus estrategias personales.
Historia de una mariposa
Se dice que un hombre encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a casa para poder
ver cómo nacía. Un día se dio cuenta de que había un pequeño orificio en el capullo y,
entonces, se sentó a observar durante varias horas viendo cómo la mariposa luchaba para
poder salir de allí.
El hombre vio cómo se esforzaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del
pequeño orificio hasta que, en determinado momento, le pareció que ya no progresaba en
su intento. Tuvo la sensación de que había quedado atrapada. Entonces el hombre, en su
bondad, decidió ayudar a la mariposa y, con unas tijeras pequeñas, hizo un corte al lado
del orificio para hacerlo mayor y facilitarle la salida.
Así fue como la mariposa salió, pero tenía el cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas
y dobladas.
El hombre continuó observando, esperando que, en cualquier momento, las alas se
desdoblarían y crecerían lo suficiente como para soportar el peso del cuerpo que se
contraería y deshincharía. Nada de esto sucedió, y la mariposa sólo podía arrastrarse en
círculos con su cuerpo deformado y las alas dobladas. Nunca llegó a volar.
Lo que en su ignorancia no entendió el hombre-salvador, era que la restricción de la
obertura del capullo y la lucha de la mariposa por salir a través del agujero diminuto, era
la forma mediante la que la naturaleza forzaba a los fluidos de su cuerpo a ir hacia las
alas a fin de que fueran grandes y fuertes para volar.
La libertad y el vuelo sólo llegan después de la lucha y el hombre al privar a la
mariposa de su lucha, también le privó de su libertad y de su vuelo.
3. Principio del boomerang o de la correspondencia
Todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti mismo.65
Fromm recoge en su obra este principio: En el arte de vivir, el hombre es al mismo
tiempo artista y objeto de su arte, es el escultor y el mármol, el médico y el paciente. Si
nuestra construcción personal tiene lugar a partir de nuestra interacción con los demás,
queda claro que aquello que sembremos en nuestras relaciones personales acabará
volviendo a nosotros nuevamente. Lo que emitimos, recibimos. Si damos alegría nos
llegará alegría, si sembramos ira nos llegará ira y si sembramos amor recogemos amor.
La sabiduría popular lo dice claro: «De lo que se siembra se recoge». Por lo tanto, sería
138
inteligente, aunque sea por puro egoísmo positivo, sembrar, dar y hacer cosas positivas
para los demás.
La persona poco generosa acaba sola, la que odia y ofende acaba recibiendo ofensas y
siendo odiada. Ésta es la ley del boomerang: ¡Ojo con lo que emites, acabarás
recibiéndolo y, en ocasiones, con intereses! aunque no proceda de la misma persona ni
ocurra inmediatamente.
4. Principio del reconocimiento de la individualidad y la diferencia
No hagas a los demás aquello que quieres para ti, pueden tener gustos diferentes.66
Éste es el principio del respeto a la diferencia. Se dice que todos somos iguales. Nosotros
pensamos que, al contrario, todos somos diferentes y que es bueno que así sea y al no
admitir esta realidad, a veces actuamos como si todas las demás personas y el Universo
entero se tuvieran que regir por nuestras normas, principios y criterios.
—¿Verdad que te gusta? ¿Verdad que estás ya harto? ¡Déjame a mí, que yo sé lo que
tú necesitas! Pero si es fantástico, te lo digo yo; lo que a ti te conviene es...
Deducimos que si algo es bueno para nosotros también lo debe ser para el otro. Pero,
¿y si intentamos verlo de otra forma? ¿Y si antes de decidir por otro, preguntamos? ¿Y si
antes de hacer algo por el otro nos detenemos a pensar quién es y qué necesita? La
aplicación de este principio pide poner en práctica la empatía. Aprender a captar qué
siente y piensa nuestro interlocutor, estar atentos, escuchar de forma activa y preguntar
son formas de ser más sensibles y respetuosas que nos permitirán ayudar de verdad, si es
eso lo que pretendemos.
5. Principio de la moralidad natural
No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti.
Si bien las cosas que uno considera positivas varían en función de la persona, del
momento y etapa vital, hay una serie de hechos que no desearíamos nunca que nos
sucedieran y son compartidos universalmente: agresiones, falta de respeto, abandono,
ofensas, gritos, amenazas, olvido... No hacer a los demás aquello que no deseamos que
nos hagan a nosotros es un principio moral básico muy arraigado en el ser humano. De
hecho, va ligado al principio del boomerang puesto que todo lo negativo que emitimos
acabará rebotando contra nosotros mismos.
6. Principio de la autoaplicación previa
No podrás hacer ni dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti
mismo.
¡Cuántas personas hay que quieren «salvar» a los demás, tomar decisiones en su lugar,
decidir el curso que debe tomar su vida o cuidarlos y que, al mismo tiempo, son
incapaces de hacer lo mismo para sí mismas! Adoptar esta estrategia les lleva al
territorio del sufrimiento.
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La psicoecoafectividad parte de la idea de que cuidar de sí mismo es una de las
principales responsabilidades del adulto sano y maduro. Cuidarse significa buscar y crear
el mejor entorno para el desarrollo de sus potenciales humanos.
Hay personas que han sido educadas en el mensaje de «primero los demás y después
yo». Así es que nunca tienen tiempo para ellas, ni para descansar, ni para crear,
relacionarse, escuchar, ser... y dedican su energía emocional y física a dar tiempo a los
demás, hacer por los demás y a cuidar a los demás.
La cuestión es qué tipo de cuidados, de calidad de relación y de intercambio van a
establecer con estas personas. Si bien es posible que al principio sea satisfactorio, a la
larga, la persona que no se cuida, puede sentirse «explotada», descontenta y resentida
hacia sí misma por el lío acelerado en que se ha convertido su vida.
Quien quiera cuidar a otro debe empezar por respetarse y cuidar su salud en el sentido
más global del término. No puede escuchar quien no se escucha, no puede tranquilizar ni
dar paz quien no es capaz de encontrarla en sí mismo, no puede transmitir afecto a otro
quien no se estima y valora.
7. Principio de la limpieza relacional
Tenemos el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y que no
nos dejan crecer como personas.
Revisar qué tipos de relaciones tenemos, qué aportamos y qué nos aportan, si favorecen
o dificultan, facilitan o bloquean nuestro desarrollo, es un trabajo de mantenimiento
personal que no podemos rehuir. A veces, nos dejamos cautivar por determinadas
personas y construimos relaciones basadas más en lo que imaginamos que en la realidad.
Personas que abusan de nuestra buena fe, egoístas, irrespetuosas, maltratadoras,
deshonestas, informales… A pesar de tomar conciencia de que puedan tener efectos
nocivos en nuestra vida, podemos tener dificultad para desprendernos de ella. Una fuerza
nos ata y no somos capaces de desprendernos. Es conveniente librarnos de estas
dependencias que interfieren en nuestro desarrollo y afrontar el riesgo y la oportunidad
de desterrarlas de nuestra vida.
Los proverbios chinos lo explican muy bien: quien se acerca al pescado seco apesta;
quien se acerca a una orquídea huele bien. Y también: quien se acerca al fuego es el
primero en quemarse, o bien, quien se acerca al bermellón rojo, se vuelve rojo y quien
se acerca a la tinta negra se vuelve negro.
Dado que nos construimos al relacionarnos, debemos tener mucho cuidado al
seleccionar a las personas que nos acompañan en la vida y reflexionar acerca de lo que
nos conviene o no.
Una vez dado el paso y vencidas las fuertes resistencias —el miedo, la inseguridad, la
soledad, la ruptura de la rutina, el juicio social, la comodidad, etcétera—, nos sentiremos
fuertemente liberados, como si hubiéramos alzado el anda de nuestro barco e
iniciásemos un nuevo viaje con más libertad.
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Los efectos saludables de no inmiscuirnos en la vida de los
demás
La rana ve el mundo desde el suelo. El águila lo contempla desde el aire. ¿Quién tendrá
más razón al describirlo?
Nosotros no somos los demás, yo no soy tú y mi equipaje no es el tuyo. Tú no sabes qué
llevo en mi bolsa de viaje y yo ignoro que llevas tú en la tuya. Así pues, ¿cómo te voy a
decir yo cómo has de gestionar tu vida, cómo debes vivirla, qué debes decidir, qué sentir
o escoger? Si yo ya tengo dificultades para vivir la mía de forma creativa y equilibrada,
¿quién soy yo para creer que mi visión es superior a la tuya? Dado que los principios de
conducta son distintos no es prudente mantener el hábito de dar consejos a los demás,
aunque sea con el intento de ayudarles. Se trata de respetar en todo momento la libertad
del otro, su proceso y ritmo de aprendizaje. El hecho de no inmiscuirnos en su vida sólo
tendrá efectos positivos y nos va a evitar mucho sufrimiento además de tener otras
ventajas:
• Favorecemos la construcción de un modelo autónomo de persona.
• Respetamos la forma de ser propia y única de cada persona.
• Fomentamos la construcción de la confianza en uno mismo y en el propio criterio e
intuición.
• Desdramatizamos los errores, que pasan a ser parte del camino del aprendizaje, y los
integramos para que lo aprendido sea aplicable en el presente y en el futuro.
• Realizamos la prevención de reacciones agresivas, dado que no pontificamos ni
hacemos bandera de nuestras ideas y forma de ver el mundo.
• Fomentamos un estilo de comunicación más abierto y flexible que permite incorporar
visiones alternativas y complementarias a las nuestras.
• Trabajamos la humildad, la generosidad, el desprendimiento, la tolerancia y las
relaciones igualitarias.
Un proverbio chino dice que los hombres son como montañas cubiertas de nieve, es
necesario retroceder mucho para poder apreciar la verdadera dimensión y su inmensa
belleza. Lo mismo sucede con las personas, es necesario darles espacio y mantenernos a
la distancia adecuada para que puedan llegar a ser ellas mismas, sin contaminaciones,
interferencias y en toda su plenitud posible.
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CAPÍTULO NOVENO
Energías limpias, renovables y ecológicas
Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así. Aprovecharlo o que pase de largo, depende
de ti. Dale el día libre a la experiencia, para comenzar, y recíbelo como si fuera, «fiesta
de guardar».
JOAN MANUEL SERRAT
Energía psicoecoafectiva
Es necesario bailar cada día ni que sea con el pensamiento.
RABÍ NACHMAN DE BRESLAU
La energía no se crea ni se destruye, se transforma. Por eso debemos invertir esfuerzos
en la búsqueda de energías renovables, ecológicas y sanas. Vivir supone producir y
consumir energía. Dado que somos sistemas abiertos, estamos constantemente
efectuando intercambios a todos los niveles, y también a nivel energético. Necesitamos
encontrar fuentes de energía internas para no depender tanto del exterior y funcionar de
forma equilibrada. La capacidad de generar y conseguir, dentro de nosotros mismos, la
fuerza necesaria para vivir y desplegar nuestros proyectos, nos permite ser personas más
autónomas y maduras.
A menudo la solución de un malestar consiste en compensarlo con lo contrario. Por lo
tanto, el remedio al aburrimiento puede ser iniciar una nueva actividad, la intimidad con
otra persona puede ser un buen remedio a la soledad y el aislamiento puede ser necesario
cuando alguien está desbordado. Pero vivir el día a día nos pide mucha energía para
llevar a cabo lo que nos proponemos. Quien sólo pretende obtenerla de su entorno puede
encontrarse sin fuerza para actuar.
La automotivación es la mejor fuente de energía psicoecoafectiva. Incluye la alegría,
el optimismo, la visión positiva, la asertividad, la curiosidad, la obertura a la experiencia,
la voluntad y el humor. Es un sistema de energía no contaminante que se autoalimenta y
que, a su vez, estimula otras fuentes. Puede llegar a contagiar una serie de emociones y
sentimientos positivos que nos inducen a realizar actos que nos facilitan la adaptación
inteligente a nuestro entorno humano y natural. Podemos escoger en qué filtro emocional
queremos funcionar, y de esto va a depender nuestro nivel de energía psicoecoafectiva.
142
Un mar de pequeños fueguitos
Nos relata Eduardo Galeano que un hombre de Neguá, en la costa de Colombia, pudo
subir al cielo. Al volver explicó que había contemplado desde allí la vida humana. Y dijo
que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es esto —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada
persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos parecidos. Hay
fuegos grandes y fuegos pequeños y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego
sereno que ni se da cuenta del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos absurdos, no iluminan ni queman; pero otros queman la vida con
tantas ganas que no se les puede mirar sin parpadear, y quien se les acerca se enciende.
Apasionarse por vivir
¿Qué nos mueve en la vida? ¿Qué nos motiva? ¿Qué nos interesa? ¿Las necesidades, los
deseos, conseguir metas profesionales o personales, viajar, conocer gente? Sentirse
interesado no significa lo mismo que sentirse cautivado. Sólo si nos apasionamos por
algo o por alguien, sentimos y vivimos intensamente. Nos interesa alguien, nos
acercamos, observamos, analizamos, decidimos conocerlo, iniciamos un diálogo, habla,
escuchamos... ¿lo escuchamos? A veces este interés inicial desaparece sin que nos
demos cuenta y nos encontramos pensando en otra cosa, o bien, nuestros ojos se van,
impacientes, a la búsqueda de un objeto más interesante.
¿Somos superficiales en nuestros intereses? ¿Qué es mejor, tener muchos intereses
superficiales o una gran pasión? No hay una respuesta única. Todo tiene un precio y el
peligro de las pasiones es que nos capturan y centran tanto nuestro interés y energía que,
a veces, el resto del mundo y de personas no tienen cabida en nuestra vida. Se siente
intensamente, se vive intensamente, se goza y se sufre también intensamente.
La superficialidad, por otro lado, causa descontento y resta energía. Oímos hablar pero
no escuchamos. Estamos poco atentos a las necesidades de los demás y, a veces, aún
menos a las nuestras. Vivimos superficialmente, escuchamos superficialmente y amamos
superficialmente, de forma epidérmica. Nos sentimos desasosegados e insatisfechos al
no profundizar en nada, y en lugar de centrarnos en el presente y disfrutar de lo que
vivimos, hacemos como las abejas, vamos de flor en flor intentando nutrirnos. ¿Qué gran
pasión ha dejado señal en nuestra vida? ¿Interés y pasión? ¿Muchos intereses y pocas
pasiones? ¿Una pasión y pocos intereses? Es un tema complejo, pensamos que, tal vez,
podríamos intentar apasionarnos por vivir en cada momento aquello que nos corresponde
vivir.
¿Cómo es la ciudad de donde viene?
Se cuenta que una mujer estaba sentada en el borde de un camino muy cerca de la
143
entrada de una gran ciudad. Se le acercó un viajero y le preguntó:
—Dígame, buena mujer, ¿cómo es esta ciudad?
—¿Cómo es la ciudad de donde viene? —le preguntó ella.
—No es demasiado interesante —respondió el viajero—. Era una ciudad triste, con
gente desagradable y muchos problemas. Por eso me marché y busco un lugar mejor.
—Lo siento mucho —dijo la mujer—, esta ciudad donde entrará es idéntica a la suya.
El viajero se fue cabizbajo. Después de un rato, un nuevo viajero llegó a las puertas de
la ciudad, vio a la mujer y le preguntó:
—Dígame, buena señora, ¿cómo es esta ciudad?
—¿Cómo es la ciudad de donde viene? —le preguntó la mujer.
—Ah, era una buena ciudad, muy interesante. Allí encontré buenos amigos y
desarrollé proyectos importantes. Es una ciudad próspera y buena para vivir.
—¡Está de enhorabuena, señor! —dijo la mujer—. ¡Esta ciudad es idéntica a la suya!
Escoger el filtro adecuado
Cuanto más viejo me hago, más me doy cuenta de que las únicas cosas que no envejecen
son los sueños.
JEAN COCTEAU
Encontramos lo que buscamos. Nuestra percepción es totalmente selectiva y por eso,
cuando una mujer está embarazada sólo ve embarazadas, cuando alguien lleva un brazo
enyesado, porque se ha fracturado un hueso, sólo ve personas enyesadas por la calle. Si
buscamos colores rojos los encontramos, pero es posible que no percibamos los azules; y
si estamos contentos tendemos a verlo todo de colores brillantes. Escoger el filtro
adecuado es como escoger la paleta de colores para pintar el paisaje o contexto en el que
vivimos. La situación es la que es, pero tenemos la capacidad para decidir hasta cierto
punto los colores de nuestro paisaje emocional. Ésta ya es nuestra responsabilidad.
El objetivo es escoger el filtro adecuado y buscar el impulso para la acción dentro de
nosotros mismos. Lo podemos conseguir tomando conciencia de que tenemos a nuestra
disposición muchos pequeños placeres, aprendiendo a observar y a mirar mejor,
pensando en lo que nos gustaba hacer cuando éramos niños cuando el tiempo fluía
agradablemente y nos sentíamos en equilibrio, qué motivos de agradecimiento hay en
nuestra vida actual…
Hay que educar para favorecer esta motivación interna en lugar de basar la educación
en la recompensa externa, dado que ésta puede darse o no y en su ausencia la persona se
muestra pasiva o desmotivada. La autosuperación y el aprendizaje son objetivos válidos
y buenos por sí mismos y es dentro de nuestro corazón donde debemos buscar nuestra
fuerza.
Todos los momentos son especiales
144
Sé feliz siempre que puedas y verás que, casi siempre, puedes ser feliz.
ANTONI BOLINCHES
La estrategia a seguir es no guardar nada para una ocasión especial sino tomar
conciencia de que cada día o cada momento puede ser especial si nos lo proponemos.
Sería interesante hacer desaparecer de nuestro vocabulario frases como: un día de estos,
más adelante, cuando encuentre el momento... Cuando algo vale realmente la pena, es
necesario vivirlo y no dejarlo atrás. Así, si llenamos nuestra vida de momentos vividos
con intensidad gozando de lo que nos llega en cada instante como si fuera un valioso
regalo, sentiremos aumentar nuestra vitalidad. Hemos «cargado las pilas» y acumulado
energía limpia y renovable.
Sembrar energía positiva
Sin duda domina el arte de la destilación; pero lo que le interesa vitalmente es la
naturaleza alquímica de todas las relaciones.
HENRY MILLER
La energía debe circular. Para nosotros es bueno sembrar a nuestro alrededor esta
energía positiva porque, como si se tratara de una explosión en cadena, provocará que se
contagie de unas personas a otras. Las energías limpias no sólo no se pierden al pasarlas
a otras personas sino que incrementan su potencia. Por ejemplo, cuando alguien se siente
agradecido puede decidir no expresarlo y guardarlo para sí mismo, o bien, puede aplicar
el tercer principio de la gestión ecológica de las relaciones: Todo lo que haces a los
demás también te lo haces a ti mismo, y expresar lo que siente. Al compartirlo provocará
en el que lo recibe emociones positivas y eso será bueno, tanto para quien la ha recibido,
como para quien lo ha transmitido.
Fuerzas para seguir adelante
Si la cabeza te dice una cosa y el corazón otra, antes de tomar una decisión averigua
qué tienes mejor: el corazón o la cabeza.
MARILYN V. SAVANT
Dentro de este apartado de energías limpias, renovables y ecológicas, trataremos de la
alegría, la curiosidad, el deseo, la fortaleza, el silencio, la soledad, la voluntad y las
caricias positivas. Algunas, como la alegría y el deseo, son emociones, la curiosidad
puede considerarse una actitud mental; el silencio una conducta y la fortaleza una actitud
interna; la soledad un sentimiento y la voluntad una fuerza motriz y direccionadora de la
conducta.
Finalmente trataremos las caricias positivas como conductas de refuerzo que pueden
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facilitarnos el camino cuando las cosas no van como quisiéramos. Todas son formas de
energía que nos ayudarán a renovar las fuerzas para seguir adelante.
ALEGRÍA. Anatomía de la alegría
Los héroes ríen siempre: se ríen de lo necesario, se ríen incluso en su desventura y en su
desconsuelo. Juegan sin parar, porque están verdaderamente, humanamente, sanos. La
verdad del héroe es su risa. La alegría que brota de la gran seriedad de lo que es
irremediable, vencido momentáneamente.
FERNANDO SAVATER
Las semillas de la alegría
Quien no tiene alegría en sí mismo no la hallará ni en el cielo.
DICHO POPULAR
Según Jean-Paul Sartre, la alegría es la conciencia de la libertad creadora. Podemos
sentirnos alegres por el hecho de estar vivos, por estar al lado de la persona que amamos,
al contemplar un paisaje o algo especialmente bello, al escuchar música, cuando nos
sentimos amados, cuando creamos una obra y cuando nos hemos esforzado y tenido
éxito. Las semillas de la alegría se plantan desde el nacimiento y en función de quienes y
cómo nos han educado habremos aprendido, con mayor o menor éxito, a apreciar y gozar
de las cosas positivas que la vida nos regala y también del simple hecho de estar vivos.
La persona alegre es una persona que valora y sabe apreciar las cosas y, para que esto
suceda, en primer lugar deberá darse cuenta de que estas cosas existen, de que la vida
está llena de hechos maravillosos, de belleza, de personas interesantes y de posibilidades
inagotables. No obstante, uno puede aprender a cambiar su mirada cuando ésta tiende a
centrarse sólo en lo que es negativo, no está presente o no sucede. Para cultivar las
plantas de la alegría es necesario sembrar las semillas de la observación, la curiosidad, el
interés y la creatividad cuanto antes mejor. Las plantas de la alegría se alimentan de la
capacidad de vivir el presente con intensidad y se riegan con un trabajo diario de visión
positiva intentando recordarnos los motivos por los cuales vale la pena seguir viviendo.
¿Por qué no preguntarse diariamente ¿Por qué soy feliz? ¡Los resultados son
espectaculares!
Una emoción de fácil contagio
En una carta al director de un periódico67 un lector explicaba la siguiente anécdota:
Íbamos sonrientes, paseando mi pareja y yo por la calle, cogidos del brazo, cuando de
repente, una señora más joven se detuvo ante nosotros y con aire festivo exclamó:
—¡Felicidades!
Pensé que sabía que habíamos celebrado recientemente nuestras bodas de oro o que,
quizá, se alegraba de la recuperación de mi esposa, recién operada. Le di las gracias a la
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vez que mi mujer le decía:
—Me parece que no nos conocemos.
—Es cierto —respondió—. ¡Pero es que me ha emocionado verles tan felices!
Entonces lo comentamos: la alegría compartida... ¡cuánto ayuda a la felicidad!
La constelación de la alegría
Sensación de activación y de fuerza, impulso, visión positiva, energía. La alegría es la
gasolina que mueve el motor del impulso, es la fuente de energía que nos empuja a llevar
a cabo nuestros proyectos y a crear y amar. En la constelación de la alegría giran: el
amor, la amistad, la esperanza, el gozo, la euforia, la confianza y la felicidad. La alegría
también da la mano a la gratitud y a la generosidad.
Los beneficios de la alegría
• Aniquila la angustia.
• Anula la tristeza.
• Se opone al encogimiento y obturación del alma que no permite respirar.
• Amplía el ánimo.68
• Elimina la melancolía y la inquietud.
• Tonifica, conforta, aviva y da vigor.69
• Embellece las cosas y a las personas.
• Provoca una excitación vehemente.
• Proporciona la sensación de ligereza.70
• Expulsa el aburrimiento.71
Síntomas de deterioro
Hiperestimulados pero descontentos
La hiperexcitación no provoca deseo ni alegría, sino apatía y descontento. Hemos pasado
de tener una cosa a tener diez, pero no hemos incrementado por diez nuestra alegría de
tener una cosa. No funciona así: a más cantidad más alegría, sino que, en ocasiones,
sucede todo lo contrario puesto que la saturación elimina tanto el deseo como la alegría.
La alegría pide concentración en lo que sucede, pide sentir con los sentidos y gozar de
las cosas buenas y bellas que nos rodean. La dispersión de la atención reduce nuestra
capacidad de alegría y también el exceso por saturación de los sentidos. Debemos
vaciarnos para poder volvernos a llenar. Cuando queremos poseer y retener las cosas o
las personas, acaparamos y llenamos y esto no permite la entrada en nuestra vida de
nuevos sentimientos, sensaciones y personas.
La exageración de la euforia o su alargamiento en el tiempo con una intensidad
desmesurada y el histrionismo del que se esfuerza para que parezca pasarlo siempre bien,
reír y divertirse, pueden ser el resultado de una huída más que el producto de una alegría
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real. La verdadera alegría no es forzada, no pide constantes risas, ni formas de expresión
ampulosas. La alegría pide sobriedad, atención y dejar fluir.
El mal humor
Cuando el ser humano ya no está alegre y no ve ningún sentido en interesarse por la
vida, siente que, aun estando vivo, su alma está muerta; entonces se aburre y empieza a
odiar la vida y a desear destruirla.
ERICH FROMM
Descontento, irritabilidad, inquietud, impaciencia... el mal humor tiñe de gris todo
nuestro interior y traslada este color a nuestro entorno. En el mal humor se mezcla el
cansancio con la irritación por aquello que no va como querríamos, y perdemos el
control de nuestras emociones dejando que sean ellas las que manden. Hasta cierto
punto, somos conscientes de que actuamos de forma injusta, pero no tomamos las
riendas de nuestro tono vital. Y es que cuando uno quiere ver en gris, siempre hay gris
para ver.
Esta negatividad y bajo tono vital nos informan de que debemos reajustar nuestra
conducta, nuestras relaciones o el uso de nuestro tiempo ya que, tal y como vamos, no
estamos cuidando bien de nosotros mismos y nos sentimos descontentos. ¿Cómo puede
entonces hacernos sentir alegría cualquier otra cosa? No es posible. Quien siente un mal
humor crónico tiene problemas consigo mismo y con los demás. No está demasiado
contento de haberse conocido, ni de cómo gestiona su vida, y por eso salpica a todos con
su descontento.
Cuando el mal humor nos acompaña de forma habitual es urgente defender la alegría
como sea.
La gestión adaptativa de la alegría
Defender la alegría
La alegría está hecha de un material altamente sensible y delicado, y por eso debemos
aprender a defenderla y preservarla con cuidado.
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Explicamos un cuento
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente que, como todo sirviente de rey
triste, era muy feliz. Todas las mañanas le llevaba el desayuno y despertaba al rey
cantando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su cara relajada y su
actitud ante la vida siempre era alegre y serena. Un día el rey le llamó:
—Paje —le dijo— ¿cuál es tu secreto?
—¿Qué secreto, majestad?
—¿Cuál es el secreto de tu alegría?
—No hay ningún secreto, alteza.
—No me mientas, paje. He hecho cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira.
—No miento, alteza, no guardo ningún secreto.
—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿Por qué?
—Majestad, no tengo razones para estar triste. Me habéis honrado permitiendo que os
sirva, tengo esposa e hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, tenemos
vestido y alimento y además vuestra alteza nos premia de vez en cuando con algunas
monedas que nos permiten algunos caprichos. ¿Cómo no he de estar alegre y feliz?
—Si no me dices ahora mismo el secreto te haré decapitar —dijo el rey—, nadie
puede ser feliz por las razones que me has dado.
—Pero majestad, no hay secreto ni nada a esconder...
—¡Vete, antes de que llame al verdugo!
El sirviente salió de la habitación haciendo una reverencia. El rey estaba como loco.
No conseguía explicarse cómo el paje era feliz viviendo en un lugar prestado, llevando
ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando al final se calmó,
hizo llamar al sabio más sabio de sus asesores y le contó la conversación de la mañana.
—¿Por qué él es feliz?
—Ah, majestad, lo que sucede es que está fuera del círculo.
—¿Fuera del círculo?
—Así es.
—¿Y eso es lo que le hace feliz?
—No, majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
—A ver si lo entiendo: estar en el círculo te hace infeliz.
—Así es.
—¿Y qué círculo es éste?
—El círculo del 99.
—Verdaderamente, no lo entiendo.
—La única manera de que lo entendáis sería mostrándolo con hechos.
—¿Cómo?
—Haciendo entrar a su paje en el círculo.
—Eso, obliguémosle a entrar en él.
—No, alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
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—Entonces, habrá que engañarle.
—No es necesario, majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo.
—Pero ¿no se dará cuenta de que esto causará su infelicidad?
—Sí, se dará cuenta.
—Entonces no entrará.
—No lo podrá evitar.
—¿Dices, pues, que él se dará cuenta de la infelicidad por entrar en este círculo
ridículo y que de todas formas va a entrar y no podrá salir de él?
—Así es, majestad. ¿Está dispuesto a perder a un excelente sirviente para poder
entender cuál es la estructura del círculo?
—Sí, estoy dispuesto.
—Entonces esta noche lo vendré a buscar. Debe tener preparada una bolsa con 99
monedas de oro, ni una más ni una menos.
—¿Qué más?
—Nada más majestad. ¡Hasta esta noche, pues!
Aquella noche el sabio fue a buscar al rey y se dirigieron a casa del paje. Llamaron a
la puerta y el sabio dejó la bolsa con 99 monedas ante la puerta del paje, conjuntamente
con una nota que decía: «Estas cien monedas de oro son tuyas. Este tesoro es tu premio
por ser un buen hombre. ¡Disfrútalo y no expliques a nadie dónde lo has encontrado!».
El sirviente abrió la puerta, vio la bolsa, leyó la nota y se metió en casa. El rey y el
sabio espiaban por la ventana lo que hacía el hombre. La bolsa estaba abierta y había una
montaña de monedas de oro encima de la mesa. El paje tocaba y apilaba las monedas, las
juntaba y las separaba. Así, jugando, empezó a hacer montones de 10 y sumaba: 10, 20,
30, 40, 50... hasta llegar al último montón... ¡9 monedas! Su mirada recorrió la mesa
buscando la moneda que creía que faltaba, después miró al suelo y finalmente dentro de
la bolsa. «No puede ser» —pensó.
—¡Me han robado! —gritó— ¡Malditos!
Una vez más buscó la moneda por todos lados pero no la encontró. Sobre la mesa,
como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99
monedas, ¡sólo 99 monedas! Es mucho dinero —pensó—, pero me falta una moneda
para llegar a 100. Noventa y nueve no es un número completo, cien es un número mejor.
El rey y el sabio seguían mirando por la ventana. La cara del paje se había
transformado, su frente estaba arrugada, los rasgos faciales tensos y los ojos pequeños,
su boca con una expresión horrible... El sirviente guardó las monedas en la bolsa y
mirando alrededor para asegurarse de que nadie lo veía, escondió la bolsa entre la leña.
Entonces se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo debería ahorrar para poder comprar
la moneda 100? Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla. Quizá si trabajaba y
ahorraba de su salario y añadía algún dinero extra en doce o trece años tendría lo
suficiente para comprar la moneda de oro que faltaba, pensó. Tal vez podría pedir a su
mujer que buscase un segundo trabajo en el pueblo y, tal vez, cuando él acabara el
trabajo en el palacio también podría trabajar en otro lugar... Entonces necesitaría sólo...
siete años. ¡Pero siete años es mucho tiempo! Quizá podrían vender algo, o... El paje
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calculaba enloquecido. ¡Había entrado en el círculo del 99!
El rey y el sabio volvieron a palacio. Durante los meses siguientes el sirviente empezó
a seguir sus planes. Una mañana el paje entró en el dormitorio real dando un fuerte
portazo y protestando en voz baja.
—¿Qué te pasa? —dijo el rey, amablemente.
—No me pasa nada, nada de nada.
—Antes, no hace mucho, estabas contento, reías y cantabas todo el rato.
—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué quiere, majestad, que además de paje haga también de
bufón y de juglar?
Al cabo de un tiempo el rey despidió al sirviente. No era nada agradable tener un paje
que siempre estaba de mal humor.
Todos hemos sido educados en esta estúpida ideología: siempre nos falta algo para
sentirnos completos, y sólo estando completos nos podemos sentir alegres y felices. Y
como siempre nos falta algo, siempre tenemos motivos de infelicidad.
La alegría es una elección
La única revolución válida es la que uno hace en su interior.
LEON TOLSTOI
La alegría, como mejor opción para vivir, es una buena elección que hay que renovar
cada día de forma consciente. Al levantarnos podemos escoger un filtro para mirar
nuestra realidad brillante y transparente o bien uno opaco y gris.
Se dice que el discípulo de un venerable sabio estaba extrañado y sorprendido de que
su maestro estuviese siempre sonriente y feliz a pesar de las dificultades que vivía.
Intrigado, un día le dijo:
—Maestro, ¿cómo es que siempre se te ve tan contento y satisfecho?
El maestro le dijo:
—Amigo mío, no hay secreto alguno en esto. Cada mañana, cuando me despierto me
hago esta pregunta a mí mismo: ¿Qué escojo hoy? ¿Alegría o tristeza? Y siempre escojo
alegría.
CURIOSIDAD. Anatomía de la curiosidad
La auténtica lectura puede realizarse con cualquier cosa: una hoja de hierba, una
flor, la pezuña de un caballo, los ojos de un niño cuando son cautivados por la
maravilla o el éxtasis, el aspecto de un auténtico guerrero, la forma de una
pirámide o la serena calma grabada en la estatua de cualquier Buda. Si la facultad
indagadora no ha muerto, si el sentido para lo maravilloso no se ha atrofiado, si
hay hambre auténtica y no sólo simple apetito o deseo, uno no puede dejar de leer a
medida que avanza. El universo entero se convierte entonces en un libro abierto.
HENRY MILLER
152
Curiosidad para sobrevivir
El descubrimiento es una parte de la alegría de vivir.
LOU MARINOFF
La curiosidad no es sólo un estado afectivo, aunque pueda ser su inicio. Es un estado
mental de apertura a lo que tenemos alrededor o en nuestro interior y la base donde
reside el aprendizaje.
Sin curiosidad no hay interrogación y no hay relación. Según dice José Antonio
Marina,72 la palabra curiosidad procede del latín cura que significa inquietud. La
persona curiosa siempre está cuestionando y preguntando. Desea conocer, averiguar y
descubrir alguna cosa. El ser humano es un consumidor de estímulos que necesita la
novedad y el cambio pero que, al mismo tiempo, les teme.
Eurípides decía que el cambio nos es dulce y que la repetición impacienta, enoja,
aburre o desespera según los casos. ¿Pero realmente es así para todos? ¿De qué depende
que una persona mantenga la curiosidad toda la vida y que otra renuncie a ser curiosa y,
por lo tanto, a explorar? Vivimos en una tensión constante entre el consuelo que nos
ofrece la seguridad y la emoción resultante de las nuevas experiencias que, gracias a la
curiosidad y a la exploración, podemos tener.
Educar la curiosidad
Para los espíritus grandes y generosos, la curiosidad es la primera y la última pasión.
PROVERBIO CHINO
La educación de una persona dura mucho tiempo y cada una de sus etapas tiene un
contenido que debe ser asimilado y, si es posible, experimentado ampliamente. Si no es
así, en la etapa siguiente será difícil dar el paso correspondiente. Si cada fase es vivida
con intensidad, se irán manteniendo toda la vida dos factores claves: la curiosidad y la
capacidad de sorpresa. Estas virtudes inspiran a muchos «artistas de la vida». No
olvidemos que el arte, al igual que la ciencia, nace de la perplejidad y de la
interrogación.
¿Qué podemos hacer para estimular la curiosidad de los jóvenes? ¿Qué podemos hacer
para mantenerla presente en todas las etapas de nuestra vida? ¿Existe un período crítico
en nuestra maduración para desarrollar esta capacidad?
Educar la curiosidad y cuidarla como un material precioso es un gran reto y una forma
de prevenir las depresiones y las conductas destructivas.
La constelación de la curiosidad
La sorpresa, el deseo, la inquietud, la alerta, el desasosiego e incluso el aburrimiento
pueden ir unidos a la curiosidad. Cuando satisfacemos la curiosidad quedamos tranquilos
y contentos. La curiosidad da la mano a una mente abierta a lo inesperado, al valor de
asumir el riesgo de conocer, a la alegría del descubrimiento y a la confianza, fruto del
conocimiento adquirido mediante la experiencia.
153
Aprender a ver las maravillas
La vida está llena de sufrimiento pero también está llena de maravillas el azul del cielo,
el sol, la mirada de un niño. Sufrir no es suficiente. Es necesario ponernos también en
contacto con las maravillas de la vida. Están allí, dentro y fuera de nosotros mismos en
todas partes, en todo momento.
THICH NHAT HANH
Dice Henry Miller que la auténtica lectura se puede hacer en cualquier cosa. Podemos
aprender a leer una hoja de hierba, una flor o una nube. Como un niño podemos dejarnos
cautivar por la maravilla de una gota de lluvia, o por una ola del mar. Si la facultad de
indagar no ha muerto, y no perdemos el sentido de lo maravilloso, no dejaremos de
admirar la belleza de la naturaleza y el hecho de estar vivos.
Síntomas de deterioro
Cuando aparece el aburrimiento
—¿Sabes por qué las personas se aburren?—le había preguntado el abuelo de
repente.
—No.
—Porque no ven las puertas.
—¿Qué puertas?
—Las que están escondidas por todas partes.
—¿Por todas partes, dónde?
—En el aire, alrededor nuestro, en las casas, en los paisajes, en las estaciones de
autobús y en la panza de las personas. Si sabes abrir las puertas, nunca estarás
triste.
Susanna Tamaro
Estamos rodeados de todo un mundo de posibilidades, sólo hay que saber ver las puertas,
hacerse preguntas y aprender a mirar los paisajes de cada día. El aburrimiento puede ser
positivo hasta cierto punto porque la falta de estímulos puede ser un revulsivo para
intentar buscarlos. De todas formas, el aburrimiento constante, unido a la pasividad,
puede indicar que la curiosidad ha muerto y que estamos sin energía para explorar.
Cuando la curiosidad muere
Cuando la curiosidad muere también muere el deseo de explorar y de saber. Desaparece
el impulso necesario para descubrir y nos quedamos sin energía. Aparece la acidia, el
cansancio o tristeza de corazón, que convierte a la persona en perezosa y desmotivada.
La acidia tiene sus raíces en una curiosidad imposible de satisfacer que lleva primero a la
tristeza y más adelante a la depresión y a la desesperación.
Según Aubsburg, existen tres tipos de acidia: la primera es cierta amargura que inclina
a la sospecha y a la desesperación, la segunda es un estupor indolente que equivaldría a
154
la pereza y la tercera es una debilidad en la dimensión espiritual aunque en otras áreas
uno siga siendo activo y animoso. Cuando la curiosidad muere aparecen el tedio, el
aburrimiento y el cansancio moral. Uno puede buscar estímulos desesperadamente para
compensar su frustración. Muchas drogodependencias, conductas violentas y otras
adicciones tienen sus raíces en la muerte de la curiosidad y su incorrecta canalización.
La gestión adaptativa de la curiosidad
Fomentar la perplejidad como vía de autoconocimiento
Aprender a vivir es aprender a mirar con ojos nuevos, los paisajes de cada día.73
La primera mirada de un niño es una mirada de perplejidad. Sus ojos, grandes y abiertos,
miran a su alrededor como si todo fuese maravilloso. Y lo es, porque para él todo es
nuevo y todo lo estrena. El mundo es misterioso y una energía desconocida le nace de
dentro y lo mueve a probar, oler, tocar, mover, mirar y experimentar. Ha iniciado el
camino de la exploración, imprescindible para crecer y aprender. Nadie puede hacer en
su lugar esta tarea intransferible y necesaria. Y al empezar a conocer el mundo también
va iniciando el conocimiento de sí mismo y pone a prueba su fuerza, destreza, valor,
capacidad de soportar el fracaso y volver a empezar; su voluntad, su humildad para pedir
ayuda y su poder de seducción para conseguirla.
La exploración va unida a una serie de emociones y sentimientos que le dan una carga
positiva o negativa en función de los resultados obtenidos y de las personas que lo
acompañan. Alegría, sufrimiento, dolor, estímulo, reto, placer, castigo... pueden
asociarse a las diferentes experiencias vividas y le moverán a conservar o a reprimir esta
capacidad.
Aunque pueda ser difícil, es necesario fomentar la perplejidad y la capacidad de
admiración porque, a partir de aquí, generaremos la energía necesaria para hacer las
preguntas que nos pueden conducir a las respuestas o a nuevas preguntas. ¡Qué extraño!
¡Fíjate en esto! ¡Qué curioso! ¡Qué maravilla!... puntos de partida que nos van a llevar
al siguiente paso en el camino del descubrimiento.
Las preguntas pueden ser las respuestas
Al dominar el arte del interrogatorio podemos descubrir nuevas formas de hacer las
preguntas que más nos molestan y confunden. Como contrapartida, vamos a encontrar
respuestas nuevas y fructíferas que, a su vez, generarán una catarata de nuevas
preguntas.
CHRISTOPHER PHILLIPS
La curiosidad supone apertura mental y no conformarse con lo que nos dicen. Es
preguntar el porqué y el sentido de las cosas; es querer aprender y saber; es explorar.
Dice la doctora Clarissa Pinkola-Estés que formular la pregunta adecuada constituye
la acción central de la transformación, no sólo en los cuentos de hadas sino también en el
155
análisis y en el proceso en el que uno se construye como individuo. La pregunta clave da
lugar a la germinación de la conciencia. Preguntar es investigar. Las preguntas a menudo
revelan más sobre quien las formula que las propias respuestas. El simple hecho de
preguntar amplía nuestro mapa de situación y comprensión, aunque no sepamos cuál es
la respuesta a nuestro interrogante.
La investigación va unida al riesgo de no quedarse en territorio conocido, a la
incomodidad de no instalarse en una rutina automatizada, a la inquietud de lo que es
posible, a la creatividad de construir caminos alternativos y a la imaginación y
anticipación de un futuro mejor.
Atreverse a escuchar la intuición
La intuición es la auténtica voz del alma. Percibe el camino que hay que seguir para
poder sacar el mejor provecho de una situación. Tiene instinto de conservación, capta los
motivos y la intención subyacente y opta por aquello que va a causar la menor
fragmentación posible en nuestra psique.74
La intuición nos indica rutas posibles y señala con una luz especial aquellas que
pueden ser más convenientes para nosotros. Es importante escuchar este sentido ya que
nos aporta una información muy valiosa que, unida a la proporcionada por nuestra
inteligencia, amplía nuestro mapa mental y nos aporta energías limpias y renovables.
DESEO. Anatomía del deseo
El secreto para vivir bien consiste, en primer lugar, en desear lo que es necesario y,
después, en amar lo que se desea.
La cultura de la ganancia
Haz de ti mismo un ser sencillo, abraza tu naturaleza de origen, refrena tu egoísmo,
restringe tus deseos.
PROVERBIO CHINO
Estamos sumergidos en una cultura basada en la economía, que nos mueve a sustituir el
placer por la ganancia y que nos hace esclavos de una absurda contabilidad del deseo.75
Se nos quiere hacer creer que placer equivale a consumo. Intentan despertar nuestros
deseos de consumir y de ganar. Ambos son dos de los valores primordiales de nuestra
sociedad capitalista.
La cultura occidental presiona para favorecer la insatisfacción y la agresividad. La
necesidad de incentivar el consumo, la velocidad de las innovaciones tecnológicas, el
progreso económico y nuestra forma de vida se basan en la continua incitación al deseo.
Nos hemos condenado a vivir entre la ansiedad y la frustración. Así es que, cuando
satisfacemos una necesidad, aparece una nueva propuesta de deseo que nos mueve a
intentar satisfacerla. En este engranaje necesidad-deseo-satisfacción-consumo no hay
156
lugar para la felicidad, sólo para la angustia y la insatisfacción.
El deseo primordial
El Corán nos advierte sabiamente de que se nos pedirán cuentas de todos los placeres
permitidos de la vida que no hemos querido gozar cuando estábamos en la Tierra. Es
importante clarificar los términos deseo y carencia. Podemos desear aquello que nos
falta, esto sería una carencia, y sufrir y sentir ansiedad hasta satisfacer el deseo. También
podemos desear aquello que no nos falta y ya tenemos y, entonces, sentirnos felices.
Para Epicuro la lista de ingredientes esenciales del placer contendría los siguientes
elementos: tener las necesidades básicas cubiertas, amistad, libertad y reflexión. Para
este autor, tener dinero sin amistad, ni libertad, ni vida reflexiva, nunca nos llevará a la
felicidad.
El deseo es la fuerza de la vida que se manifiesta y nos da la capacidad para buscar
algo que nos mueva y produzca placer. La sexualidad sería un buen ejemplo de ello.
La constelación del deseo
Podríamos unir el deseo con la motivación y la automotivación. El deseo es el impulso
más primario que mueve al ser humano. Ansia, inquietud y miedo pueden acompañar al
deseo. También, en función del éxito para conseguir el objeto de deseo, podemos
encontrar en esta constelación la satisfacción o la insatisfacción, el placer o el dolor.
Los objetos de deseo
Sólo tiene el deseo de libertad quien tiene imaginación y una mente despierta. Es
importante diferenciar el hecho de desear lo necesario o lo que nos conviene, del deseo
de lo que es prescindible y de lo que, incluso, a veces no es bueno para nosotros.
Epicuro distingue tres grandes familias de deseos: los deseos naturales necesarios, los
deseos naturales innecesarios y los deseos que no son naturales ni necesarios. Los deseos
naturales necesarios incluirían lo que nos mueve a cubrir nuestras necesidades básicas:76
respirar, nutrirnos, movernos, protegernos del medio, del dolor, descansar,
reproducirnos, relacionarnos, sentirnos respetados y queridos, pertenecer a algo y
realizarnos. Dentro del segundo grupo, deseos naturales innecesarios, habría, por
ejemplo: comer bien, beber licores refinados, vestir con ostentación o con ropa de
«marca», una vivienda de lujo, etcétera. Finalmente, dentro del tercer grupo o deseos no
naturales ni necesarios: riquezas, poder, honores y otros.
Nuestra felicidad o infelicidad pueden depender, en buena parte, de nuestra selección
de posibles objetivos de deseo. Es necesario seleccionarlos de forma inteligente ya que
las acciones que haremos para satisfacer nuestros deseos pueden llegar a condicionar
parte de nuestra vida.
Síntomas de deterioro
157
Si alguien me dice que el deseo le ha hecho perder la libertad es porque no conoce la
pasión por la libertad.
Ojo con lo que deseas, puede serte concedido
Tener deseos no es, por sí mismo, un problema. La cuestión fundamental es cómo
canalizamos esta fuerza enorme que genera el deseo, hacia qué objetivos y, sobre todo, si
el cumplimiento de nuestros deseos supone una mejora de nuestra adaptación al entorno
o dificulta nuestro proyecto de vida. Si bien la lucha para dar cumplimiento a algunos de
nuestros deseos puede comportarnos problemas, debemos tener muy presente que
también puede ser un problema no tener ningún deseo.
Cuando tener es más importante que ser
El sistema humano no funciona correctamente si sólo satisface sus necesidades
materiales y no aquellas necesidades y aptitudes que le son propias, específicamente
humanas, como el amor, la ternura, la razón y la alegría.
ERICH FROMM
La apatía es una enfermedad que consiste en la falta de impulso interno, de curiosidad
para saber, de interés por nosotros mismos, por el mundo y de fuerza para actuar. Varios
psiquiatras infantiles77 explican que hace unos años predominaban las patologías que
tenían su origen en la represión, mientras que ahora cada vez tratan más casos de apatía
en personas jóvenes.
¿Qué está pasando? Una explicación es que nuestra sociedad ha fomentado, como
objetivo esencial, consumir y tener, en lugar de potenciar la dimensión del ser y la
enorme oferta de consumo puede abortar el deseo de conseguir las cosas. La falta de
objetivos personales y el hecho de sentirnos estimulados sólo si conseguimos o
acaparamos cosas, son otros factores a considerar. Tenemos muchas cosas, pero
¿tenemos objetivos estimulantes? ¿Qué nos mueve a actuar? ¿Qué nos estimula? Lo
cierto es que cuando uno consigue aquel objeto que tanto había deseado, no sólo no es
feliz sino que vuelve a sentirse vacío.
La violencia del deseo
Sólo hay una esperanza para contener la ola de violencia: hay que recuperar una
sensibilidad para todo lo que está vivo.
ERICH FROMM
Cuando la fuerza interior provocada por nuestro deseo insatisfecho se descontrola,
cuando el ansia es tan grande que ya toma las riendas y domina nuestra mente; cuando la
obsesión por el objeto de deseo atenta contra nuestra salud física y mental o cuando la
vía para conseguirlo es la vía violenta, nuestra parte más primaria aflora y captura a
nuestra mente racional. El homo demens domina al homo sapiens. ¡Estamos en peligro!
158
La gestión adaptativa del deseo
—Te concedo un solo deseo. Piénsalo bien y pide lo que quieras.
—Que este deseo sea yo quien pueda concederlo y que seas tú quien lo pida.
Alejandro Jodorowsky
Por una pedagogía del deseo
Hay dos catástrofes en la vida: la primera sucede cuando nuestros deseos no se
satisfacen; la segunda cuando se satisfacen.
GEORGES BERNARD SHAW
Los hechos confirman la importancia de realizar una pedagogía del deseo dado que, si no
lo educamos, estamos condenados a la frustración y al fracaso. No todo lo que deseamos
es necesario y no todo lo que necesitamos lo deseamos. Aprender a diferenciar entre lo
necesario y lo superfluo y entre lo que nos conviene, o no, forma parte de nuestra
responsabilidad y libertad. Por ejemplo, una cosa es desear dar lo mejor de uno mismo, y
esto es superación personal, y otra muy distinta es desear ser siempre el mejor en todo.
Esto último sería una meta imposible, un deseo patológico y un obstáculo para nuestra
maduración. Competir constantemente con los demás puede ser un camino de
autodestrucción. Y no podemos permitirnos este lujo.
Es bueno intentar dar satisfacción a nuestras necesidades, pero no lo es empeñarnos en
conseguir determinados objetos de deseo a cualquier precio. Por ejemplo, necesitamos
beber para hidratarnos, podemos desear un refresco, pero no lo necesitamos ya que con
agua tenemos suficiente; necesitamos un medio de transporte, no un coche último
modelo y lujoso, esto último lo deseamos. Por lo tanto, hay deseos adaptativos y otros
que lo son menos. Hay deseos innatos y otros aprendidos. Es inteligente diferenciar
necesidad y deseo para invertir correctamente nuestra energía emocional. Ahí juega un
gran papel la educación.
Estimular el deseo
Solicito visita de urgencia a psiquiatría por estado de inacción debido a una
deprivación afectiva.
UN PEDIATRA
La única forma de tratar la apatía es estimulando el deseo. A menudo se ha utilizado la
sustitución para intentar resolver estos problemas, pero los resultados, aunque a corto
plazo parecen buenos, a medio plazo suelen ser un fracaso.78 Por ejemplo, si al niño no
le gusta su colegio lo cambiamos, si no se divierte en su centro de ocio buscamos otro, si
no le agrada un juego le compramos otro nuevo, lo más importante es que no se frustre.
Así, cuando el joven tiene problemas con un amigo, quizá decida no resolverlos y buscar
a otro, y quizás aplique la misma estrategia con la pareja y con todo. Ha aprendido bien
que todo es sustituible en la vida y que hay recambio para todo. ¿Pero es éste un
159
aprendizaje sabio?
La sustitución y la suplencia constante eliminan la necesidad, y es la necesidad y el
deseo lo que nos mueve. Si recibimos algo, incluso antes de solicitarlo, si no
experimentamos qué significa el vacío, ni el aburrimiento, ni la soledad y si no
aprendemos a hacer los duelos correspondientes, tampoco vamos a sentir el impulso
interior de actuar. En vez de sustituir hay que estimular el deseo despertando la
curiosidad, el placer por aprender, la responsabilidad y, sobre todo, el amor. La falta de
afecto duerme a la gente y le resta el impulso y la confianza necesaria para explorar,
arriesgarse y madurar.
Educar en la frustración
Es más fácil curar a un reprimido que despertar a un abúlico.
DOCTOR FERRAN ANGULO GRACIA
Fromm explica en uno de sus libros79 la siguiente anécdota: un señor viajaba en coche
con su hijo de seis años. Era un día muy lluvioso y tormentoso. En el curso del camino
se les pinchó un neumático y, por este motivo, tuvieron que salir del coche, sacar la
rueda y cambiarla. Eso fue, naturalmente, muy incómodo para los dos. Entonces cuenta
que el niño dijo a su padre: Papá, ¿no podemos poner otro canal? Así era el mundo para
este niño. Si no me gusta un mundo, escojo otro.
El problema es que en la vida no podemos hacer zapping y que nos toca vivir
momentos de placer y momentos desagradables. No es bueno educar a los niños para
vivir sólo las cosas positivas porque ¿qué va a ocurrir cuando la vida los lleve a través de
paisajes difíciles? ¿Por qué nos da tanto miedo que conozcan la frustración?
La frustración no es mala y debe ser educada. Es conveniente vacunar a los niños con
pequeñas frustraciones para que de mayores no se hundan cuando sufran pérdidas
importantes.
Tendemos a preocuparnos y menos a ocuparnos. Lo cierto es que cuando algo no sale
bien podemos ser mucho más útiles a los demás escuchándoles atentamente y
permitiendo que expresen sus sentimientos de frustración o de pérdida, que
preocupándonos por llenar sus vacíos sustituyendo los objetos, ilusiones o personas
perdidas.
Aprender a orientar el deseo
No se trata de suprimir el deseo, sino de transformarlo, de convertirlo, de liberar de
la mejor forma posible su potencia: desear un poco menos lo que nos falta y un poco
más aquello que tenemos; desear un poco menos lo que no depende de nosotros y un
poco más aquello que sí depende. En resumen, se trata de esperar un poco menos y
querer un poco más, de esperar un poco menos y amar un poco más.
ANDRÉ COMPTE-SPONVILLE
El deseo es una fuerza que nos mueve y que nos proporciona la energía para luchar por
160
lo que deseamos. Es algo innato aunque no todo lo que deseamos es bueno para
nosotros. Es importante aprender a orientar bien el deseo y a tomar el control de nuestra
conducta en lugar de movernos por impulsos o por avidez. Cuando aprendemos a
canalizar esta fuerza disponemos de una fuente de energía muy poderosa que, unida a la
voluntad, nos permite conseguir metas y perseverar a pesar de los obstáculos.
El deseo junto con la alegría, la visión positiva y el humor, son elementos de
automotivación que nos permiten vivir cada día de forma más consciente y con mayor
nivel de bienestar.
FORTALEZA. Anatomía de la fortaleza
El héroe, en todas las tradiciones es, antes que nada, fuerte, y ser fuerte significa algo
muy parecido en todas las culturas: ser fuerte es ser intrépido y generoso. No temer la
destrucción física ante todas las cosas, no retroceder ante aquello que debe y puede ser
hecho, no someterse a lo que es extraño e injustamente hostil, no querer enaltecerse con
la humillación del otro, renunciar a todo el botín de la victoria con triunfal alegría,
conceder la paridad de la nobleza a quien ya no la espera y a quien aún no la merece.
La fuerza del héroe es el cumplimiento de aquello que nos prometemos con la virtud.
FERNANDO SAVATER
La resistencia inteligente
El hombre valiente no es violento el buen luchador no pierde su sangre fría.
PROVERBIO CHINO
El valor es la resistencia inteligente. Fortaleza, valor y voluntad: cada una de estas
energías nos impulsa a dirigir y a mantener la dirección adecuada de nuestra conducta.
Forman parte del autocontrol emocional y son necesarias para resistirnos al automatismo
y al gregarismo.
En la vida podemos tener muchos tropiezos, pero eso no significa que estemos
vencidos porque quien vive en pie aunque sea abatida de un golpe por su contrincante,
siempre puede volver a alzarse. En cambio, la persona hundida en el conformismo no
puede levantar la cabeza. Es necesario apostar por nosotros mismos y tomar el control de
nuestra vida. ¿Quién es más fuerte, aquél que en el transcurso de una batalla derrota a
mil guerreros o el que es capaz de dominarse a sí mismo? Asumir la aventura de vivir
requiere fortaleza, valor y trabajo, y sólo depende de una decisión personal libre y
responsable.
El valor de vivir la incertidumbre
No tengas miedo, extiende la mano y acoge el agua llena de luz de este atardecer que te
enciende las pupilas retador.
MIQUEL MARTÍ I POL
161
¡De qué caminos tan magníficos y sorprendentes está repleta nuestra vida! Todo es
incierto y, a la vez, maravilloso. Intentamos bordear los obstáculos que van apareciendo
y nos protegemos con certezas, rutinas o corazas pero de nada nos salva esta estrategia,
la vida nos lleva por caminos inesperados que son todo un reto para nosotros. Vivir
requiere el coraje de asumir la incertidumbre.
Se puede educar para no ser tan propensos a hundirnos a la primera de cambio cuando
las cosas no van como queremos. Podemos aprender a gestionar la incertidumbre y la
frustración y a contener los impulsos que interfieren en la consecución de nuestros
objetivos. Para ello tenemos que construirnos fuertes, sabios y valientes puesto que sólo
así viviremos con intensidad y conciencia.
La fortaleza se adquiere a fuerza de vivir y enfrentarnos a las situaciones que nos
ponen a prueba. No consiste en no sentir miedo, sino en ser capaces de hacer lo que debe
ser hecho y dejar de hacer lo que no debe ser hecho, a pesar de tenerlo.
La constelación de la fortaleza
Guerrero es todo aquel que no tiene miedo de abandonar una posición conquistada.
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Cuando hablamos de fortaleza hablamos de un concepto que incluye la magnanimidad,
la confianza, la seguridad, la magnificencia, la capacidad de autocontrolarse y la firmeza.
La fortaleza también es valor, coraje, voluntad, automotivación, flexibilidad y humildad;
es la capacidad de desprenderse y la constancia en la práctica de la virtud.
Síntomas de deterioro
Una barca que se queda en el puerto no corre ningún peligro, pero tampoco llegará a
ninguna parte.
Cuando nos colocamos una coraza
Si te falta un corazón de guerrero nunca tendrás ejército.
PROVERBIO CHINO
No es más fuerte el que no pide ayuda sino aquel que es capaz de pedirla cuando la
necesita. Tener fortaleza no significa llevar coraza, ni tampoco ser una persona siempre
segura y fuerte. Es una cualidad interior, una energía que uno desprende en los
momentos en que todo parece temblar y que nos permite mantener el equilibrio
emocional.
A veces para aparentar que somos fuertes nos ponemos una armadura que rechaza
todo lo que nos llega. Hemos confundido fortaleza con insensibilidad. Las corazas nos
protegen del daño exterior pero también nos aíslan y no permiten que los demás nos
conozcan ni que nosotros les conozcamos a ellos. Si bien evitan que nos hieran, no
permiten que en nuestro interior entren las cosas buenas: el amor, la compasión, la
162
ternura y, con ellas, la oportunidad de amar y ser amados.
Soy fuerte, puedo con todo... puede ser un indicio de debilidad. Soy frágil, a veces
puedo solo, a menudo necesito ayuda de los demás y entonces la pido... puede indicar
fortaleza. Somos humanos, nos pueden herir y, a pesar de todo, nos podemos aproximar
unos a otros, arriesgándonos a ser nosotros mismos y aceptándonos y valorándonos tal y
como somos, y no por lo que no somos y queremos aparentar.
No podré, no seré capaz
Los auténticos educadores son los aventureros y vagabundos, los hombres que se lanzan
al plasma viviente de la historia, de la leyenda y el mito.
HENRY MILLER
Cuando nos falta confianza en nosotros mismos nos sentimos débiles. Esta confianza
puede tener una base precaria si se asienta principalmente sobre las afirmaciones y
mensajes que uno recibe en la infancia y que, en la etapa adulta, aún no ha filtrado.
Nuestras creencias condicionan nuestras actitudes y también nuestras conductas. Si
creemos que no podremos, no vamos a poder. Es la profecía que se cumple a sí misma.
Habrá que cambiar las creencias si queremos cambiar nuestra conducta, y para hacerlo
será necesario exponernos a aquellas situaciones que tememos.
Existe una estrecha relación entre el estado de ánimo de una persona –su valor, sus
esperanzas o la falta de ambos– y la salud física y psicológica. En un nivel extremo, la
sensación de falta de fortaleza para afrontar la propia existencia y resolver los problemas
que la vida nos plantea, puede llevar a la renuncia, a la pasividad o al desespero. Al
respecto, Viktor Frankl nos dice que es necesario enseñar a los desesperados que, en
realidad, no importa que ya no esperen nada de la vida, sino que se hagan la pregunta:
¿qué espera la vida de mí?
La gestión adaptativa de la fortaleza
El horizonte se halla en nuestros ojos, no en la realidad.
Entrenar la fortaleza emocional
Un diamante es un trozo de carbón que ha sido transformado al aguantar una fuerte
presión.
Ser fuertes no significa hacer músculos y flexiones, sino ser capaces de ser coherentes,
ser capaces de aprender y ser capaces de correr riesgos. Ser fuertes significa asumir que
el éxito nunca está garantizado, sobre todo cuando recorremos caminos nuevos donde
siempre cabe el imprevisto y la sorpresa. Ser fuertes significa aceptar que la vida de cada
persona es un camino siempre nuevo que nunca más será recorrido por segunda vez y
que, a pesar de todo, vale la pena vivir esta aventura.
Para ser emocionalmente fuertes debemos entrenar nuestros músculos emocionales
progresiva y continuadamente desde el nacimiento hasta la muerte.
163
Quién es valiente
No es ése, es el otro. El valiente está quieto. Ni defiende ni ataca. ni mata ni muere; éste
es el valiente. El que llamáis cobarde. El que no triunfa, gana. El que no muerde, vence.
Ése que calla, tiene la razón. El que confió hasta en el hombre malo, el que se clava al
cuerno del amor, ¡ése es el valiente!
GLORIA FUERTES
A veces tenemos miedo de pedir ayuda pensando que es un signo de debilidad, pero la
fortaleza incluye la capacidad de mostrar nuestros sentimientos y de pedir ayuda cuando
sea necesario. No es valiente el que no tiene miedo sino aquel que sigue adelante y
afronta los retos que la vida le plantea a pesar de sentirlo. Ser valiente y fuerte no supone
ser agresivo y violento. El silencio y el autocontrol requieren, a menudo, mucho más
coraje y fortaleza.
Enfrentarse al dragón
Quizá todos los dragones de nuestra vida no sean más que princesas que esperan vernos
actuar, aunque sea una vez, de una forma hermosa y valiente. Quizá todo lo terrible sea,
en su esencia más profunda, algo desamparado que necesita nuestra ayuda.
RAINER MARÍA RILKE
Goethe decía que lo que podemos hacer o soñar debe ser abordado con gracia, y que la
audacia comporta el genio, el poder y la magia. El afrontamiento asertivo y, por lo tanto,
valiente de los problemas de la vida nos puede dar muchas sorpresas dado que donde
creíamos que había un dragón podemos acabar encontrando una princesa. No suele ser
tan terrible de cerca aquello que nos había asustado de lejos. Debemos enfrentarnos a
nuestros dragones, no con el impulso de la agresión y la violencia, sino con la sabiduría
de la flexibilidad, la fortaleza y la honestidad al mostrarnos tal y como somos, libres de
armaduras y espadas. Cuando son mirados de frente y a los ojos, la mayoría de dragones
desaparecen y nos dejan el camino libre.
Para volar hay que lanzarse
Los llevamos al borde del abismo y les ordenamos que volasen. Ellos no se movieron.
«¡Volad!», les dijimos. Pero ellos no se movieron. Los empujamos hacia el abismo.
Entonces, ellos volaron.
GUILLAUME APOLLINAIRE
Para volar hay que lanzarse y para aprender a vivir, también. Sería bueno hacerlo por
uno mismo y no porque otra persona nos diga que es el momento, o porque no hay más
remedio que volar o caer al abismo. Y para conseguirlo precisamos entrenamiento. Una
forma de hacerlo es ir, poco a poco, abordando los problemas diarios, sin esperar a estar
en una situación límite. La exploración y el descubrimiento son retos totalmente
personales e intransferibles. El camino que ha hecho una persona, su mapa de situación,
no puede ser transferido a otro porque la ruta es sólo suya y es ella la que la ha trazado a
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medida que ha ido caminando.
Se cuenta que un explorador regresó a su pueblo, después de un viaje al Amazonas.
Todos querían oír el relato de su experiencia. Pero ¿cómo podía él expresar con palabras
la sensación que había llenado su corazón al contemplar aquellas flores de tan explosiva
belleza y cuando escuchó los sonidos nocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que
sintió en su corazón cuando percibió el peligro de las fieras o cuando conducía su canoa
por las inciertas aguas de aquel río? Así es que les dijo:
—Id y descubridlo todo por vosotros mismos. Nada puede sustituir el riesgo y las
experiencias personales.
Pero para orientarlos les dibujó un mapa del Amazonas. Ellos tomaron el mapa, lo
colocaron en el Ayuntamiento del pueblo y empezaron a hacer copias para cada persona.
Sucedió que todos los que tenían una copia se empezaron a considerar expertos en el
Amazonas. ¿Acaso no era cierto que conocían cada rincón, cada curva del río, su
amplitud, su profundidad, dónde había rápidos y dónde saltos de agua?
Ninguno de ellos viajó nunca al Amazonas y el explorador lamentó toda su vida haber
dibujado aquel mapa.
SILENCIO. Anatomía del silencio
No abras la boca hasta estar seguro de que las palabras que pronunciarás serán
mejores que tu silencio.
La energía del silencio
Pero porque pido silencio no crean que voy a morirme. Me pasa todo lo contrario
sucede que voy a vivirme, sucede que soy yo y que sigo.
PABLO NERUDA
El silencio es una energía limpia, renovable y necesaria. Permite llenarnos de
tranquilidad, serenidad y fuerza, pero para ello el silencio debe estar lleno de significado
aunque esté vacío de palabras. Éste es el silencio que nos permite escuchar la
información de nuestro mundo afectivo y que crea un entorno ideal para vivirnos. A
veces el silencio es externo pero en nuestro interior hay mucho ruido fruto de una mente
y un mundo emocional revueltos. Es un silencio repleto de sentimientos y emociones que
tropiezan entre ellas. No es un silencio pleno. En cambio, cuando es el fruto de la
serenidad, el silencio produce paz y armonía llenándonos de fuerza.
Quien ha probado esta fuente de energía no quiere prescindir de ella. Hay momentos
en la vida en que uno ha de vivir el silencio, estar en silencio y escuchar el silencio. Las
palabras con sentido tienen sus raíces en un silencio interior, las grandes decisiones
requieren silencio para gestarse bien; cuando nos sentimos en desequilibrio emocional, el
silencio puede ser de gran ayuda para recuperar la armonía. La calma, la serenidad, la
paz e incluso la buena comunicación están unidas al silencio pleno, este silencio
necesario para encontrarnos con nosotros mismos, serenarnos, reflexionar, aprender,
165
descansar y comunicar.
En un entorno contaminado por ruidos e interferencias debemos esforzarnos por
recuperar el silencio externo, pero especialmente el interior, ya que nuestro bienestar
depende de él al darnos la posibilidad de sosegarnos y conectar con una fuente
inagotable de energía limpia.
No todos los silencios son energéticos. Existe el silencio de quien no sabe qué decir, el
silencio de la incomunicación o de la incomprensión, el silencio cobarde, el silencio de
la ignorancia, el silencio del bloqueo. No todos los silencios son energéticos como no
toda agua es potable. Ahora bien, si somos capaces de trabajar el silencio interior y el
exterior, si conseguimos el silencio donde las palabras callan, no porque no estén sino
porque ya no son necesarias, notaremos entonces una energía desbordante de
satisfacción que nos llena. ¡Hemos cargado baterías!
El silencio: plenitud y eternidad
El silencio está tan lleno de sabiduría en potencia y de espíritu como un bloque de
mármol en bruto que es en potencia una gran escultura.
ALDOUS HUXLEY
El silencio pleno no es sólo la ausencia de palabra sino también la abolición del
pensamiento que enmudece, un vacío interior que no grita de hambre sino que está lleno
de plenitud. Éste es el silencio liberador en el cual la conciencia del tiempo se funde y el
eterno presente reina.
No se llega a conseguir este silencio sin trabajo. Es un camino interior que todos
podemos explorar y que nos puede conducir a un espacio propio en el que nuestra mente
y nuestra afectividad se equilibren. Ya lo dice el poeta Miquel Martí i Pol: Aparte del
silencio / ¿qué hay más cercano a la plenitud que el amor?
Síntomas de deterioro
Hablar por hablar
Los que saben, no hablan los que hablan, no saben. El sabio enseña con sus actos no
con sus palabras.
CHANG TSE
Calla si tienes palabras más fuertes que el silencio, en caso contrario, guarda silencio.
Éste es un buen consejo del que pocas veces hacemos caso. Hacemos mal uso de las
palabras, contaminamos las palabras y contaminamos con palabras. Usamos palabras
para llenar los silencios que nos provocan angustia y nos mueven a un sentimiento de
soledad interior que nos da miedo. El mal uso de las palabras hace que éstas pierdan
valor. «Dar la palabra» era hace un tiempo una expresión que suponía un compromiso
que ligaba tanto como un contrato. Ahora, a veces no vale nada.
Hablamos con niveles de calidad bajos, repteimos tópicos y frases hechas, hablamos
166
de los demás y de hechos sin importancia. Pero ¿cuándo hablamos de lo que realmente
pensamos o expresamos lo que en verdad sentimos? Sólo estos niveles de calidad de
comunicación son capaces de crear vínculos entre las personas y pueden hacernos sentir
parte de la gran familia humana. Cuando hablamos por hablar, sin querer comunicar
nada, sin tener nada que decir, sólo para no sentir el silencio interior, estamos intentando
huir de nosotros mismos. Debemos vivir el silencio para llegar a la raíz de un problema y
empezar a trabajar en él. Los ríos más profundos, decía Curcio Quinto, son siempre los
más silenciosos.
Un ruido interno que resuena
No hablar no es «hacer silencio». Por lo menos no se trata del silencio lleno de energía.
Para conseguirla, el silencio debe ser interior. Y a menudo ocurre que en nuestro interior
nos habla una voz que, como un disco rayado, va haciendo comentarios de nuestras
jugadas, emite juicios de valor sobre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos.
Esta voz nos da consignas, órdenes, prohibiciones y burlas. Veamos una muestra:
En un pequeño espacio de tiempo, con la boca cerrada y silencio aparente, el interior
de esta persona está llena de la voz del padre, la voz de su «yo», la voz del chico que se
quiere defender y la voz de la madre que siempre le daba prisa.
No hay silencio. Como en un teatro, en el interior de nuestra mente van desfilando las
personas influyentes de nuestra vida. Como en un teatro donde todos seguimos un guión,
donde las distintas voces se pelean o negocian entre ellas y donde el yo intenta abrirse
camino. El superyó de Freud, los mensajes con que nos han ido bombardeando y
nuestros sistemas de contención social nos acompañan toda la vida en forma de
creencias que nos pueden ayudar a avanzar o frenar. Hay que aprender a acallar estas
voces que provocan desequilibrio y estrés. El aprendizaje del silencio interior es la única
herramienta que nos abrirá el camino hacia la serenidad y la paz.
El miedo al silencio
Ser silencio: Quien permanece inmóvil en el fondo de sí mismo, donde la palabra se
enraíza y nace, se atiene a la fuente inefable y se queda quieto.
167
RAINER MARIA RILKE
A veces, durante las sesiones de los grupos de crecimiento personal surge el silencio.
Entonces pasan cosas. Hay personas que cierran los ojos y se relajan. Hay quien empieza
a mirar insistentemente al monitor o responsable de la actividad como interpelándole sin
decir nada, como estimulándole a hacer o a decir algo. Otros estornudan, tosen, se
remueven inquietos en los asientos, juegan con los bolígrafos, miran hacia abajo, dibujan
en el papel. También puede oírse alguna risa nerviosa fruto de la tensión. Hay quien, de
repente, hace cualquier comentario para «romper el silencio». Si se alarga un poco este
silencio puede haber alguna persona que salga de la sala «porque ya no lo puede soportar
más».
El silencio nos mueve al encuentro con nosotros mismos, y por eso hay quien no lo
tolera ya que se desconoce y tiene miedo de penetrar en su interior por si encuentra
«algún fantasma» allí. No se han hecho amigos del silencio. No obstante, el silencio
puede ser una gran oportunidad y una interesante fuente de energía positiva. Cuando uno
nota que tiene miedo al silencio, tiene a su alcance la oportunidad de iniciar un camino
muy interesante de descubrimiento en esta dirección.
La gestión adaptativa del silencio
El silencio es el sol que madura las frutas del alma.
Una anécdota sobre el silencio
Una anécdota de unos directores de cine muy conocidos puede ser representativa de esta
energía positiva:
Se explica que una noche, Bergman y Ullmann, el director de cine sueco y su esposa,
actriz y actualmente también directora de cine, fueron a cenar con Woody Allen. Este
director norteamericano es un confesado admirador de Bergman. En el transcurso de esta
cena los tres permanecieron en silencio durante las horas que pasaron juntos. A la
mañana siguiente la pareja llamó a Allen para decirle lo fantástica que les pareció la
velada que habían pasado juntos. Allen les respondió que él también estaba encantado de
su encuentro.80
Silencio para contemplar la belleza
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca
[.../...]
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
168
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo
me gusta cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra, entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
SOLEDAD. Anatomía de la soledad
Nadie puede vivir en mi lugar
¡Qué solo estoy, Señor!
¡Qué solo y que rendido
de andar a la ventura
buscando mi destino!
En todos los mesones
he dormido,
en mesones de amor
y en mesones malditos,
sin encontrar jamás
mi albergue decisivo.
Y ahora estoy aquí, solo...
rendido
de andar a la ventura
por todos los caminos.
Ahora estoy aquí, solo,
en este pueblo de Ávila escondido
pensando
que no está aquí mi sitio
que no está aquí tampoco
mi albergue decisivo.
LEÓN FELIPE
La soledad es más una vivencia subjetiva que un estado que dependa de factores
externos a nosotros mismos. A una persona que está sola y se siente sola le queda
esperanza, pero a una persona que se siente sola y está acompañada sólo le queda la
desesperación. La soledad sentida en compañía es la peor de las soledades porque es
soledad-desconexión.
La soledad, entendida como fuente de energía positiva, va ligada a la libertad de ser
uno mismo, a la conquista de la madurez y a un espacio de crecimiento personal. Nadie
puede vivir en nuestro lugar, ni tampoco morir, amar, sufrir o pensar. La soledad nos
ofrece un espacio para hacernos y para ser. Para André Compte-Sponville, la soledad es
el esfuerzo de existir. Vivir equilibradamente la soledad no es sencillo, pero Rilke, en
169
sus Cartas a un joven poeta, nos decía que es necesario ceñirse a aquello que es difícil,
porque la propia vida lo es y, por tanto, es bueno estar solo porque la soledad es difícil,
de la misma forma que también es bueno amar porque el amor también lo es.
Soledad para crear
Podemos suponer que la persona con un equilibrio ideal puede hallar el sentido de su
vida tanto en sus relaciones interpersonales como en sus intereses.
ANTHONY STORR
Las personas creativas buscan constantemente descubrirse a sí mismas y encontrar el
sentido de su vida a través de lo que crean. Los procesos creativos requieren tiempo,
pausa y, preferiblemente, soledad. No obstante, también hay personas que incluso en
presencia de otros pueden sumergirse en un mundo interior íntimo y desconectarse de lo
que se dice o vive a su alrededor, son aquellas personas capaces de acceder a un espacio
de soledad independientemente de las condiciones de ruido o interferencias de su
entorno.
Nuestra sociedad penaliza, a veces, a las personas que escogen la opción de vivir
solas. Incluso son compadecidas: pobres, no han encontrado a nadie... Quizá ocurra
porque aún se entiende que la realización personal pasa obligatoriamente por elegir una
opción de pareja o familia que, supuestamente, dará lugar a una vida compartida y llena.
No entiende que vivir solo no significa obligadamente vivir con sentimiento de soledad.
No se llega a creer que uno pueda sentirse bien estando solo.
Es necesario realizar una pedagogía de la soledad positiva y educar para desarrollar
intereses diversos así como para ser capaces de vivir el tiempo desprogramado y libre.
Porque estar solo no equivale a estar desconectado ni aislado y porque optar por espacios
de soledad puede significar acceder, al mismo tiempo, a espacios de creatividad y
equilibrio.
Estar solo, sentirse solo
Estar aislado es estar sin contactos, sin relaciones, sin amigos, sin amores, y eso, por
descontado, es una desgracia. Estar solo es ser uno mismo, sin recurso a los demás y
ésta es la verdad de la existencia humana.
ANDRÉ COMPTE-SPONVILLE
Lo que ocurre en el interior de un ser humano cuando está solo es tan importante o más
como lo que sucede cuando éste interacciona con otras personas. Levantar muros en
lugar de tender puentes es uno de los factores básicos que provocan el sentimiento de
soledad. Todo lo que aísle, todas las corazas y mecanismos de defensa que nos separan
de los demás y de nosotros mismos promueven la desconexión. Cuando escondemos
nuestros sentimientos nos estamos alienando y nuestra soledad será proporcional al nivel
de desconexión que tengamos. Construir puentes en lugar de levantar muros, ¡éste es el
reto!
170
La constelación de la soledad
Paz, plenitud, calma, serenidad, placidez. En la constelación de la soledad buscada y
vivida en plenitud se encuentran la armonía, la tranquilidad y el bienestar.
Un mensaje cifrado
Cuando podemos estar solos sin sentirnos angustiados o deseo- sos, cuando podemos
estar solos y sentirnos en equilibrio y bien con nosotros mismos; cuando estamos solos y
en silencio, sin necesidad de hacer ruido, poner la tele o llamar a alguien, el mensaje que
recibimos significa: te aceptas, te quieres, has aprendido a convivir contigo mismo y esto
significa que estás preparado para establecer relaciones maduras y autónomas con otras
personas.
Síntomas de deterioro
La dificultad de ser uno mismo en compañía de otros
... Pero si estoy en un lugar desconocido, entre gente extraña o gente que percibo como
extraña, toda la habitación me oprime el pecho y soy incapaz de moverme, mi
personalidad al completo parece ponerse prácticamente bajo la piel y todo se convierte
en desespero.
FRANZ KAFKA81
Existen grandes diferencias en el grado en que somos capaces de ser y mostrarnos
cuando estamos en compañía de otros. Las situaciones de interacción y de grupo hacen
que más de uno se ponga una máscara para no exponerse al rechazo, al juicio social o a
la agresividad.
Intentamos comportarnos de forma aparentemente segura y mostrar nuestra mejor
faceta o bien quedamos inhibidos y nos replegamos para no llamar excesivamente la
atención. Relacionarse, no obstante, es exponerse y solamente aquella persona que se
permite vivir su soledad será capaz de mantener su coherencia, su identidad y esencia
siendo ella misma en compañía de los otros.
Una agenda repleta de actividad
El miedo a encontrarnos con nosotros mismos puede llevarnos a llenarnos de
actividades. Pasamos el día moviéndonos pero, a menudo, sin ninguna dirección: hacer
por hacer, hablar por hablar y el movimiento por el movimiento sin meta ni sentido.
El problema no es estar solos sino estar cada día más hartos de nosotros mismos y
preferir no darnos cuenta fabricando mecanismos para ensordecernos con los ruidos
exteriores. Quien huye de la soledad no es capaz de un verdadero encuentro.
Yo no necesito a nadie
En ocasiones, recuperar la libertad no significa desaprender sino replantear la soledad
171
desde la soledad reconquistada.
MIQUEL MARTÍ I POL
«Yo no necesito a nadie», afirmación que siempre es falsa ya que nos hacemos personas
a partir de nuestras relaciones con los demás. La afirmación anterior suele ser un intento
de mostrarse independiente, seguro y fuerte y esconde una fuerte censura de uno mismo.
Este autoengaño incrementa la sensación de soledad interna.
«Yo no necesito a nadie» puede significar que alguien se cree fuerte, fuerte e
independiente, pero también puede mostrar a una persona incapaz de vincularse. Así, es
importante diferenciar «depender de otro» de «estar vinculado afectivamente a otro ser
humano». Esta última ya es una de las necesidades básicas de todo ser humano sano.
Miedo a estar solo
—Maestro, me siento solo. —Es que no sabes estar contigo mismo.
Alejandro Jodorowsky
El miedo a estar solo parte del desconocimiento de uno mismo y del miedo al silencio
porque es en estos espacios libres de interferencias y vacíos de ruidos donde uno se
encuentra a sí mismo.
Este encuentro puede suponer el «placer de volver a casa», a este espacio íntimo que
conocemos y que es nuestro punto de equilibrio o, por el contrario, ser una fuente de
miedos y angustia. El miedo a estar solos parte del temor a lo desconocido y a lo
incierto. ¿Qué encontraremos en este espacio de soledad? Quizá algo terrible que no nos
va a gustar, pero... ¿y si encontrásemos en él la paz que tanto anhelamos?
Soledad forzosa o el sentimiento de abandono
No existe peor soledad que la carencia de amistad sincera.
FRANCIS BACON
La soledad forzosa es aquella que no ha sido elegida ni querida. Puede ser el resultado de
situaciones mal gestionadas o del aislamiento impuesto por otros. Se vive mal, como una
especie de castigo. No se asume y, por lo tanto, se busca a cualquier precio la compañía
de los otros o se entra en una rueda de actividad compulsiva y obsesiva. Todo para
librarse del miedo al vacío. Huir de la soledad puede provocar un desgaste enorme y una
gran insatisfacción personal.
Cuando no se elige estar solo, cuando alguien quisiera estar acompañado y está solo,
cuando alguien está acompañado pero se siente solo y desconectado e incomprendido;
cuando se vive el hecho de estar solo como abandono o castigo... aparece el sentimiento
de soledad angustiosa.
La soledad-desconexión es como una cárcel, un infierno de sufrimiento y un desierto
emocional creado, en parte, por nosotros mismos debido a que no hemos construido
vínculos emocionales de calidad. Desconectados de nosotros ¿cómo poder crear
conexiones positivas con los demás?
172
Soledad en compañía
La soledad no depende del número de personas que nos rodean porque podemos estar
con mucha gente y sentirnos totalmente aislados. En buena parte puede ser la
consecuencia de unos niveles pobres de comunicación interpersonal. Hablamos con
tópicos, hablamos de los demás o de hechos externos a nosotros mismos. Pero cuando
hablamos de nosotros mismos y expresamos con libertad y honestidad lo que pensamos
y sentimos, y no encontramos a un interlocutor que sepa apreciar nuestra confianza y nos
critican o juzgan, el miedo aparece y nos recluye en una coraza de autoprotección que
nos aísla de los demás. Podemos estar rodeados de personas y, a pesar de todo, el
sentimiento de abandono, de incomprensión, de desconexión y de aislamiento está
presente y es terrible y angustiante. Es la soledad en compañía.
La gestión adaptativa de la soledad
Es fácil llegar a «tener cosas». No es lo mismo que «llegar a ser». Para llegar a ser es
necesario un largo período de soledad.
MEYER FRIEDMAN Y R. ROSENMAN
Espacios para reintegrarnos o la capacidad de estar solos
La capacidad de estar solo es un rasgo de madurez emocional.
173
La meditación, la oración y la reflexión son procesos que hay que realizar en soledad.
Estos espacios íntimos son necesarios para reconstruirnos interiormente y para hacer
descubrimientos importantes sobre nosotros mismos. Nos dan tiempo para que
pensamientos y sentimientos que no estaban vinculados interaccionen entre sí e inicien
un diálogo. También nos permiten reequilibrar nuestro mundo afectivo y hacer callar a
nuestro pensamiento inquisidor y, a veces, obsesivo. La voz de la intuición sólo puede
oírse si somos capaces de «mantener silencio interior». Un silencio profundo que sea a la
vez interno y externo. Éste será otro elemento de este espacio de reintegración personal.
Según Winnicott, la capacidad de estar solo se basa en la experiencia de saber estar
solo en compañía de alguien. Anthony Storr afirma que esta capacidad está vinculada al
autodescubrimiento, a la comprensión de uno mismo y a la conciencia de las
necesidades, sentimientos e impulsos más profundos que se encuentran en nuestro
interior.
Soledad para unas relaciones personales satisfactorias
La soledad es una tormenta de silencio que arranca todas nuestras ramas muertas.
KHALIL GIBRAN
Para tener una relación de calidad con otra persona, uno ha de ser capaz de tener, en
primer lugar, una relación consigo mismo. Si no sabemos abrazar y habitar nuestra
propia soledad podemos acabar utilizando al otro como un escudo para protegernos de
nuestros miedos. Se llega a la soledad positiva a fuerza de renuncia, búsqueda y
esperanza.
Cargar energías
Yo, soy yo misma, reposando en mí misma.
MÂ ANAN DAMAYI
La soledad puede ser vivida a veces con angustia y otras con alivio. Es también una
lección necesaria para aprender en nuestra madurez. Es necesario ser maduro para saber
estar solo y aún más para desear estarlo. Hablamos de la soledad escogida
voluntariamente y que nos permite conectarnos con nosotros mismos.
La soledad puede ser también el precio de la independencia. En este caso puede llegar
a convertirse en una soledad plena, enriquecedora y a la vez creativa. El poeta Miquel
Martí i Pol dice que no se pueden hacer poemas sin soledad y eso no significa ser un
solitario, sino asumir un yo íntimo que queda cerrado en sí mismo. Para él, la soledad es
una forma de ver el mundo.
Estar solo: un comportamiento inteligente
Ningún hombre que no haya contrastado su vida con la soledad desplegará nunca las
capacidades de su intelecto.
THOMAS DE QUINCEY
174
El comportamiento inteligente es flexible y adaptativo. Es lo contrario de la conducta
gobernada por patrones rígidos y preprogramados. Este comportamiento no depende tan
sólo del aprendizaje sino también de la capacidad de no responder inmediatamente y de
forma automática a determinado estímulo. Por lo tanto, el autocontrol emocional forma
parte de la conducta inteligente ya que no se limita a reaccionar sino que incorpora la
reflexión.
Para Stenhouse hay tres requisitos para desarrollar una conducta inteligente que supere
la conducta instintiva: el primero es la capacidad para aplazar una respuesta en el
tiempo; la segunda, la existencia de un almacén central de memoria donde se puedan
archivar las experiencias y resultados vividos, la tercera sería el desarrollo de una
capacidad de abstracción y generalización. A nivel psicoecoafectivo podríamos añadir
una cuarta: la soledad en armonía.
Efectos terapéuticos de la soledad
Y te dispersas tan poco como sabes para no perderte a ti mismo.
MIQUEL MARTÍ I POL82
La soledad puede tener un efecto tan terapéutico como el apoyo emocional.83 Muchos
cambios de actitud se ven tan favorecidos por la soledad como por los cambios de
ambiente. La soledad también nos ayuda a desarrollar nuestra intuición.
La palabra retiro significa retroceder para tomar impulso. Un espacio de tiempo y de
calma para el descanso, la meditación, el silencio y el encuentro con uno mismo es una
fuente importante de energía y nos permite un mayor impulso y creatividad en nuestro
día a día. Jesús se retiró al desierto antes de iniciar su predicación; Mahoma se apartaba a
una cueva durante el mes del Ramadán, y se dice que Buda se iluminó bajo un árbol
después de un período de soledad y larga reflexión sobre la condición humana. Retirarse
para tomar impulso.
No obstante, para vivir la soledad de forma creativa no es preciso ir a un desierto ni a
una cueva. Podemos hacer en nuestro interior un refugio al que acceder para recuperar
las fuerzas necesarias. Sólo debemos aprender el camino y visitarlo a menudo. Allí
encontraremos un lugar seguro y un caudal de energía a nuestra disposición. La soledad
es una energía limpia y no contaminante cuando es una soledad buscada y vivida
plenamente.
Instantes de perfecta armonía: el sentimiento oceánico
En la infancia y la juventud, este éxtasis me sorprendía cuando estaba de
puertas afuera. Tendría cinco o seis años. Siete, no. Era una mañana de
principios de verano. Sobre los tilos resplandecía y temblaba una bella neblina
plateada. El aire estaba cargado de fragancia. La temperatura era como una
caricia. Recuerdo sin esfuerzo que subí a un tocón y de repente me sentí inmerso
en la «Alteridad». No la llamé así. No necesitaba palabras. Ella y yo éramos
uno.
175
BERNARD BERENSON
... El día estaba muriendo y la noche comenzaba a nacer, pero con mucha paz. Allí
estaban las fuerzas y procesos inconmensurables del cosmos, armónico y silencioso.
¡Armonía! ¡Era eso! Esto era lo que proporcionaba el silencio, un ritmo amable. Durante
un momento, era suficiente percibir este ritmo para sentirme parte de él.
Comunicación total, iluminación, unión con la naturaleza y con todos los seres vivos.
La soledad nos permite entrever fragmentos de vida de una luminosidad especial que
vienen dados por la posibilidad de conseguir una armonía, equilibrio y comunicación
entre nosotros y el universo que nos rodea. En estos momentos uno siente que todo tiene
sentido.
VOLUNTAD. Anatomía de la voluntad
Cada paso hacia adelante es un paso hacia lo desconocido y existe la posibilidad
de que sea peligroso. Significa también la renuncia a algo familiar, bueno y
satisfactorio. También supone una marcha y una separación, e incluso un tipo de
muerte predecesora de un renacer, con la consiguiente nostalgia, temor, soledad y
aflicción. A veces representa prescindir de una existencia más simple, más fácil y
menos esforzada, a cambio de una vida de mayores exigencias y dificultades. El
desarrollo sucede a pesar de estas pérdidas y requiere, por tanto, coraje,
voluntad, decisión y fuerza en el individuo.
El hombre autorrealizado
176
A. MASLOW
Una construcción creadora
Se trata de esperar un poco menos y querer un poco más.
André Compte-Sponville
La voluntad tiene un carácter ambivalente. Sin voluntad podemos quedar sometidos a
cualquier estímulo, pero una voluntad férrea puede convertirse en monstruosa por su
rigidez. Quien cede fácilmente es débil, quien no cede nunca es un maníaco. Calcular es
necesario, pero vivir calculando es mezquino.
José Antonio Marina dice que la voluntad no es una facultad sino una habilidad
construida culturalmente como el lenguaje, transmitida mediante la inoculación, como el
lenguaje, que para ser eficaz ha de estar automatizada, como el lenguaje, pero que, como
el lenguaje, puede ser utilizada de forma inerte o creadora.
Nada en el mundo puede ocupar el lugar de la perseverancia. El talento no lo puede
hacer, ya que no hay nada más común que gente de talento que no tiene éxito. Tampoco
el genio puede ocupar este lugar: la genialidad sin recompensa se da a menudo. La
preparación por sí sola tampoco la puede suplir ya que el mundo está lleno de gente
preparada que no ha logrado conseguir sus objetivos. Lo que marca la diferencia es la
persistencia y la determinación. Si bien iniciar un proyecto es importante, lo que permite
conseguirlo es nuestra voluntad y capacidad de perseverar en lo que nos hemos
propuesto.
Los retos son desafíos que nos ponemos a nosotros mismos y con los que nos
ponemos a prueba. Los ganadores y los perdedores no son fruto de un día sino que son
dos modelos de persona en los que uno ha de invertir mucho tiempo y esfuerzo. La
diferencia viene dada por la voluntad, la lucha e incluso la obstinación para la
consecución de lo que queremos.
Una reflexión sobre la voluntad
En buena parte de los actuales tratados de psicología no aparece en ningún lugar
la palabra voluntad; la palabra voluntad se ha sustituido por otro concepto que
parecía explicar lo mismo pero mejor: la motivación. Pero son distintos. En el
concepto voluntad, el sujeto determina su comportamiento, mientras que en el
concepto motivación lo que cuenta es el motivo. De forma que es posible inducir
el comportamiento de otras personas jugando con sus motivos, por lo cual
estamos educando a generaciones muy vulnerables a las adicciones. El hecho de
que hoy, para no hacer algo, se pueda esgrimir la excusa de que «no estoy
motivado» tiene una gravedad tremenda. Los padres dicen «No, si mi hijo es muy
inteligente, lo que pasa es que no está motivado». Pues mire, entre las
características de la inteligencia figura el ser capaz de motivarse a uno mismo.
Ser inteligente implica manejar la atención, hacer cosas que no se tiene ganas de
hacer e ir hacia adelante a pesar de los problemas.
177
JOSÉ ANTONIO MARINA84
La voluntad es la motivación inteligente. Es la energía limpia y necesaria para mantener
el impulso y perseverar en los proyectos. Es la inteligencia aplicada a la acción. Nadie
quiere lo bastante, si no es capaz de actuar. La comprensión es sólo comprensión
intelectual si no va seguida de una acción inmediata, dice Krishnamurti. La voluntad nos
dará la energía para llevar a cabo los proyectos o cambios necesarios para mejorar
nuestra vida. Para activarla, no obstante, necesitamos disciplina y valor. Nadie nace con
la voluntad activada. La voluntad debe educarse.
Un compromiso con uno mismo
La palabra QUIERO está en los labios de casi todos, también en el corazón de
bastantes, pero en la voluntad de muy pocos.
JEAN-BAPTISTE LACORDAIRE
La voluntad supone, en primer lugar, una decisión consciente de comprometernos con
nosotros mismos y con la lucha por el objetivo que nos hemos propuesto. Por eso
mismo, voluntad y responsabilidad son conceptos que van unidos. Ser fieles a nosotros
mismos es la premisa que hará posible comprometernos con los demás.
En la responsabilidad incluimos el sentimiento de competencia, el orden, el sentido del
deber, la necesidad de logro, la autodisciplina y la deliberación. Todos estos conceptos
tienen mucho que ver con la voluntad. Cuando nos comprometemos ponemos nuestra
voluntad al servicio de nuestra inteligencia y ésta genera una fuerza motriz que hace que
casi todo sea posible.
Nos interesa especialmente este concepto de voluntad como carácter. Proponemos una
persona protagonista de muchos planes simultáneos y dotada de habilidades, objetivos y
memoria; una persona capaz de resolver de forma inteligente una situación o un juego de
tensiones, conflictos, angustias, claudicaciones y arrepentimientos. Proponemos un
modelo humano creativo y equilibrado en el que la voluntad será la energía que permitirá
hacer realidad lo que uno se proponga a partir de su conocimiento interior profundo.
Voluntad y libertad
Ésta es la última palabra de la sabiduría: Sólo merece la libertad y la vida quien
diariamente sabe conquistarlas.
Fausto
GOETHE
A veces resulta difícil enfrentarse con «la posibilidad» y lo incierto y puede ser más fácil
y consolador refugiarse en una rutina y en las seguridades que hay en nuestra vida. Pero
hay que tener en cuenta que sin elección estamos sometidos al determinismo del impulso
o de la situación y que, por lo tanto, no habría libertad.
La gestión de la incertidumbre es posible, en buena parte, gracias al ejercicio de la
voluntad, que nos permite ejercer un control inteligente en el desarrollo de nuestro
178
proyecto vital. En lugar de buscar las seguridades afuera, nos conectamos con la
confianza que emana de nuestro interior.
Los existencialistas afirman que la esencia humana es la existencia de la libertad y que
la vida no se nos da hecha sino que es preciso que nosotros le demos forma a partir de
nuestras libres elecciones. La raíz de la libertad reside en la voluntad y la acción
voluntaria siempre parte de una decisión interior.
La construcción de la personalidad libre depende de la voluntad que, a su vez, depende
del entrenamiento social. La educación que fomenta el equilibrio personal se basa en el
respeto a estas tres reglas de oro: hacer el bien y evitar hacer el mal, no hacer el mal para
obtener un bien y no hacer a nadie aquello que no queremos que nos hagan a nosotros
mismos. En definitiva: responsabilidad, libertad y voluntad unidas.
Síntomas de deterioro
Es absolutamente necesario que todo hombre tenga algún lugar a donde ir, pues llega
un momento en que siente la necesidad absoluta de ir a algún lugar.
FIODOR DOSTOIEVSKY
Cuando no hay autorregulación
Es un horror tener poco entendimiento y mucha voluntad.
ANÓNIMO
Se cree que la sede de la voluntad reside en el lóbulo frontal del cerebro. También
sabemos que la voluntad sólo podrá estar operativa en tanto que uno consiga mantener
bien reguladas sus emociones. En caso contrario, el cerebro ejecutivo queda inoperante,
ahogado por el cúmulo de emociones confusas procedentes de la sede emocional. Sin
autorregulación y sin un correcto autocontrol, no será posible poner en marcha los
mecanismos ligados a la voluntad. Por lo tanto, es urgente educar el autocontrol de los
niños y jóvenes ya que en esta base podremos construir, mediante esfuerzo y práctica, el
edificio de la voluntad.
Cuando uno no es capaz de regular sus estados de ánimo y sus niveles de ansiedad, no
puede ejercer su fuerza de voluntad. No obstante, no debemos confundir voluntad con
tozudez o rigidez mental. Esta interpretación puede perjudicar una correcta comprensión
de este concepto. Una persona con voluntad es aquella que tiene una inteligencia dirigida
a la acción que favorece su crecimiento personal y, por tanto, será preciso que además de
regular sus emociones aprenda a ser flexible y a tener criterio.
Cuando la motivación externa sustituye a la voluntad
La humanización de la mente va unida, pues, a la emergencia de la regulación
voluntaria.
Dice Rotter que la manera que tenemos de evaluar los acontecimientos depende de
179
dónde situemos la causa de la acción: si depende de nosotros recibe el nombre de control
interno y si depende de los demás, de la suerte o del destino, control externo. La persona
que toma como base lo que es externo para controlar su conducta: premios,
recompensas, aprobación de los demás, etcétera, está indefensa, en manos de algo que
puede, o no, suceder y que no depende de ella. En cambio, cuando la fuerza que guía
nuestra conducta es interna, descansa en la voluntad y la perseverancia, hallamos dentro
de nosotros mismos el refuerzo y la energía que necesitamos para lograr nuestros
objetivos. Tenemos el control, independientemente de lo que ocurra afuera.
La cultura de la facilidad
Los perdedores y los triunfadores no se hacen de un día para otro. Los primeros lo
consiguen después de muchos años de dejadez, abandono y desidia; los segundos, al
contrario, después de una lucha consigo mismos, repleta de empuje, desvelos y repetidas
obstinaciones.
ENRIQUE ROJAS85
Todos conocemos la ley del mínimo esfuerzo. Estamos en un contexto social en el que
tendemos a buscar personas que nos resuelvan nuestros problemas o a quien culpar de
los mismos.
Queremos las cosas rápidas y fáciles. Queremos que nos lo den «todo masticado».
Renegamos del esfuerzo y, cuando aparecen dificultades, queremos apartarlas de nuestro
lado y traspasarlas a quien sea. Esta forma de funcionar hace que cada vez haya más
personas incapaces de enfrentar la vida esperando que la solución les llegue de fuera.
Creen que la encontrarán, de repente, al girar una esquina o que «les lloverá del cielo».
Están convencidas de que sólo deben sentarse a esperar y así, esperando, se les pasa la
vida sin que hayan hecho nada de lo que querían. Al perder la capacidad de
enfrentamiento y resolución de problemas, también pierden la capacidad para vivir.
La inmediatez
Estamos perdiendo el hábito de esperar. Nuestra sociedad fomenta la rapidez y las prisas
son nuestra normalidad. Pero ¿qué ha pasado con la espera, la abnegación, la renuncia, la
paciencia y el reto de la complejidad? Y el síntoma más grave es que ya no queremos tan
sólo respuestas rápidas, sino que, además, pedimos que nos adivinen y anticipen nuestros
deseos.
El hecho es que, nos guste o no, todos los temas importantes de la vida necesitan
tiempo: tiempo para sembrar una semilla, tiempo para que una planta crezca y dé frutos;
tiempo para crear una relación, tiempo para educar a un hijo, para estudiar una carrera.
Es bueno que hoy aún no sea posible apretar un botón y que esto suceda. Porque, ¿qué
valor tendría entonces?
El peligro de conformarse y ser sumiso
Por eso encontrarás tan poca competencia si quieres llegar a la cima y caminar
180
hacia el camino de la perfección. Por eso verás tanta gente que en la vida se
conforma con sentarse en medio del camino para contemplar cómodamente el
paisaje.
JEAN-BAPTISTE LACORDAIRE
La desilusión nos puede llevar a la desidia. Cuando no estamos dispuestos a
comprometernos y a esforzarnos; cuando vemos que para conseguir una meta es
necesario mucho trabajo y afrontar problemas; cuando hemos sido educados en la idea
de que todo ha de ser fácil y rápido… si aparecen obstáculos y frustraciones podemos
desanimarnos, conformarnos, resignarnos o dejar de luchar. Total ¿para qué esforzarnos
si tal vez no lleguemos a conseguir aquello por lo que luchamos? Así que ponemos
nuestra voluntad en punto muerto y adoptamos una estrategia pasiva. A partir de ahí,
morimos como sujetos activos e inteligentes y empezamos a vivir vegetando.
La gestión adaptativa de la voluntad
Existe un dragón feliz llamado «TÚ DEBES», pero en su contra el superhombre lanza
las palabras: «YO QUIERO».
FRIEDRICH NIETZSCHE
Escuchar y gestionar las emociones
Las emociones condicionan nuestra voluntad hasta el punto de que, como dice Ignacio
Morgado,86 una persona que tiene pocas emociones se encuentra con un panorama muy
plano a la hora de tomar decisiones. Otro caso distinto sería el de la persona con muchas
emociones caóticas que no sabe traducirlas, o no hace caso de los mensajes que éstas le
aportan. En ambos casos las consecuencias serán parecidas.
La autoconciencia emocional es básica a la hora de movilizar nuestra voluntad y
ponerla al servicio del proyecto adecuado. También será necesario activar las estrategias
de autogestión y automotivación para conseguir un estado emocional que nos permita
perseverar en nuestro objetivo a pesar de los problemas que se presenten.
Explicamos un cuento
Se cuenta que un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron
en un pozo profundo. Las demás ranas se reunieron alrededor del agujero y cuando
vieron que era un pozo tan profundo y de paredes tan lisas, se dieron cuenta de que, a
efectos prácticos, sus compañeras estaban muertas.
Las dos ranas caídas no hacían caso de los comentarios de sus compañeras e iban
dando saltos con todas sus fuerzas tratando de salir de allí. Mientras tanto, las otras iban
haciendo comentarios sobre la inutilidad de sus esfuerzos. Finalmente, una de las ranas
se rindió y cayó desplomada de agotamiento, muriendo enseguida. La otra rana, no
obstante, continuó saltando tan fuerte como podía una y otra vez.
181
Fuera, las ranas gritaban y le hacían señales para que dejase de sufrir y se dispusiera a
morir ya que no tenía sentido continuar su lucha. Pero la rana, saltando cada vez con más
fuerza, dio un salto enorme que la llevó a salir del pozo. Al verla fuera, sus compañeras
le dijeron:
—¡Qué bien que hayas salido a pesar de lo que te gritábamos!
La rana les dijo que era un poco sorda y que pensó que ellas la estaban animando para
que consiguiera salir.
Hay que perseverar en lo que es vital para nosotros a pesar de los juicios negativos que
puedan hacer los demás. Es necesario hacer oídos sordos a los ruidos externos y dejarnos
guiar por nuestra intuición e impulso interior.
Paciencia para convivir con la dificultad
Hay cosas que, sencillamente, se deben hacer aunque uno no tenga ganas, no sea
divertido ni sea fácil. Es preciso hacerlas porque es bueno para nosotros o para los
demás. También hay cosas que es importante no hacer aunque tengamos ganas de
hacerlas, sea divertido o sea fácil. En este caso es necesario dejar de hacerlas porque
puede ser malo para nosotros o para los demás, no convenirnos o ir en contra de nuestras
posibilidades de ser felices.
Por eso debemos trabajar la paciencia a fin de ser capaces de convivir con la dificultad
sin que esto suponga una fuga constante de energía o un bloqueo a nuestros proyectos.
La paciencia pide aceptar que todo tiene un ritmo propio que debe ser respetado. Sólo así
seremos capaces de superar los obstáculos sin desestabilizarnos o acumular excesiva
ansiedad.
Perseverar en lo que es vital
Cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al
escoger aquello que quiero hacer, voy transformándome poco a poco.
FERNANDO SAVATER
Es vital perseverar en la dimensión «ser» a pesar de las dificultades que aparecen, las
frustraciones, las pérdidas y las derrotas. Es básico perseverar para llevar a cabo con
éxito nuestro proyecto de vida a pesar de los mensajes en contra que recibimos.
Una palabra puede tener el poder de salvar o de hundir. Hacer o no caso de las
palabras de los demás es nuestra responsabilidad como adultos. Es necesario aprender a
colocar filtros entre lo que queremos realmente y aquello que nos conviene y lo negativo
que nos puedan transmitir los demás. Los juicios sociales, los etiquetajes y los mensajes
negativos pueden tener una gran influencia en nuestra vida. En esto no tenemos control,
pero sí que somos responsables de filtrarlos y de valorar si los vamos a considerar o no.
Se cuenta que en la NASA hay un póster muy hermoso con un mensaje escrito que
dice lo siguiente: Aerodinámicamente, el cuerpo de una abeja no está hecho para volar.
Lo mejor de todo es que la abeja no lo sabe. ¿Os habéis preguntado qué pasaría si la
abeja llegase a creer que no está hecha para volar? ¡Lo habéis adivinado! No volaría.
182
Tener fe en uno mismo y en la propia capacidad nos da la fuerza y la energía necesarias
para hacer lo que debemos hacer y desplegar todo nuestro potencial a pesar de las
aparentes condiciones desfavorables que tengamos.
Tomar el timón de nuestra vida
QUIERO, es el deseo vehemente, la férrea determinación de ser alguien, de conseguirlo,
de llegar a algún lugar. Es la palabra que no busca pretextos, que no se detiene ante un
puente caído, un árbol en el camino, una puerta cerrada, ante la fuerte lluvia no se deja
asustar por los relámpagos. QUIERO es la palabra que ante un rotundo NO trabaja
como un cincel en la roca hasta dejar una huella. Es la palabra que ha hecho de un
rutinario, un hombre creativo.
JUAN MANUEL TORRES
El contrario de la imbecilidad moral es tener conciencia, y para gestionar de forma
inteligente y moral nuestra vida debemos tener presente que:
• No todo da igual.
• Debemos fijarnos si aquello que hacemos corresponde a lo que queremos o no.
• Es necesario desarrollar el buen gusto moral.
• Tenemos que asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y de nuestros actos.
Caricias positivas: las vitaminas emocionales
La vida es el continente. El contenido de la vida lo podemos ir dando o pintando
nosotros, si es que podemos, pero verdaderamente es la vida en sí misma, porque la vida
no es algo que nosotros tengamos, es algo que nos tiene a nosotros. No hemos de ser
demasiado orgullosos [...]. El único consejo que se puede dar a todo ser humano para
que no se conforme con sobrevivir es que no se conforme tampoco con vivir, que viva
más de lo que pueda, que verdaderamente apure la vida porque no tiene otra cosa.
Lo más importante que hay en la vida es sólo eso: la vida. La vida es como una mesa.
Sobre ella se puede poner amor, desamor, flores o cualquier objeto feo o bonito, pero
sin la mesa todos estos objetos quedarían hechos añicos.
ANTONIO GALA87
Una caja llena de ternura
Se dice que un hombre castigó a su hija de tres añitos por haber malgastado un rollo de
papel de regalo dorado. En aquella época no tenían mucho dinero y por eso explotó de
furia cuando vio a su hija intentar envolver una caja para ponerla debajo del árbol de
Navidad.
Aun así, la niña llevó el regalo a su papá a la mañana siguiente diciéndole:
—Esto es para ti, papá.
Él se sintió avergonzado de su reacción furiosa del día anterior, pero se volvió a
183
molestar cuando vio que la caja estaba vacía.
—¿No sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que dentro de la caja debe
haber algo?
La niña lo miró con lágrimas en los ojos y le dijo:
—¡Oh, papá!, no está vacía. Yo he echado dentro de la caja muchos besos y todos son
para ti.
El hombre se sintió morir, rodeó con sus brazos a la niñita y le pidió perdón. Se dice
que siempre guardó la caja regalada por su hija y que cuando se sentía deprimido tomaba
de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que ella había puesto dentro.
¿Qué tengo que hacer para ser abrazado así?
En una columna de prensa firmada por Remei Margarit, ésta explicaba que en una
ocasión, a la vuelta de un congreso se encontró con un buen amigo que no veía desde
hacía mucho tiempo. Comenta que se dieron un fuerte abrazo y que, en aquel momento,
un joven desconocido que estaba cerca de ellos les preguntó:
—¿Qué debe hacer uno para ser abrazado así?
Dice que ella no supo qué responder al joven, pero que le quedó un recuerdo
imborrable del desamparo de la condición humana y de la vulnerabilidad que la pregunta
contenía.
Necesitamos el contacto con otro ser humano para tomar conciencia de cuáles son
nuestros límites, nuestras fronteras de piel, nuestra forma y contorno; para ser
conscientes de qué somos y de quién somos. En nuestra sociedad las personas menos
abrazadas son la gente anciana y los enfermos. Lo más triste es que ambos colectivos
suelen añadir a sus pérdidas el sufrimiento derivado del alejamiento, de la falta de tacto y
de contacto con otros seres humanos.
El abrazo es terapéutico cuando se da con el corazón, cuando es acogedor y se ofrece
sin miedo ni barreras. ¿Quién no se ha sentido fuera del tiempo cuando es abrazado con
un abrazo bien dado y acogedor? En aquel momento uno siente que está en casa, que
todo está bien y que ya no está solo ni desamparado. Ha entrado a formar parte de la red
de ternura que une a cada ser humano con la humanidad entera.
El valor de una sonrisa
Una sonrisa no cuesta nada y rinde mucho. Enriquece al que la recibe sin empobrecer
al que la da. No dura más que un instante, pero, a veces, su recuerdo es eterno. Nadie es
demasiado rico para prescindir de ella, nadie demasiado pobre para no merecerla. Es el
símbolo de la amistad, da reposo al cansado y anima al deprimido. No puede
comprarse, ni dejarse, ni robarse, porque no tiene valor hasta que se da. Y si alguna vez
encuentras a alguien que no sabe dar una sonrisa: sé generoso, dale la tuya. Porque
nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquella persona que no sabe darla a
los demás.
GANDHI
184
Podemos plantearnos hacer de la sonrisa una compañera para la vida. Esto puede ser más
fácil si aprendemos a descubrir todo lo bueno, todo el potencial y cualidades que habitan
en nuestro interior.
El poder de la música
Cantar significa utilizar la voz del alma.
CLARISSA PINKOLA-ESTÉS
La música es como un láser con capacidad para llegar a nuestras entrañas más profundas,
a aquellos puntos emocionales donde no llega la palabra, a aquellos recuerdos que
parecían perdidos en nuestro cosmos interior.
La música es mágica porque es un lenguaje emocional, sentimiento en su estado más
puro. Incluso a las plantas y a los animales les gusta la música. La música puede ser
curativa, nos permite abrir nuestra fuente de lágrimas y nos estimula a caminar y a abrir
paso con alegría.
Cantar es la voz del alma. ¿Por qué no cantamos tanto? ¿Alguien recuerda haber oído
cantar en los patios interiores de las casas? ¿Hemos perdido el canto espontáneo nacido
de las emociones interiores? ¿No sabemos el camino? Una nana, un aria, el ritmo
acompasado de los tambores parecido al latido del corazón humano... la música es una
vitamina emocional que es inteligente tomar. La sabiduría popular decía: quien canta,
sus males espanta. Cantar para encontrar el camino del alma, música para mantenerla
viva.
El humor, un beneficio para la salud
El sentido del humor es una de las armas con las que el alma lucha por su
supervivencia.
VIKTOR FRANKL
El humor consiste en ver el lado absurdo de las cosas serias y el lado serio de las cosas
absurdas. Hay diversos estudios que pretenden demostrar las propiedades curativas del
humor y de la risa. Entre ellos destaca uno llevado a cabo por la Universidad de
California, en Los Ángeles.88
Al buscar la relación que puede tener sobre el sistema psiconeuroinmunológico el
sentido del humor, uno de los resultados obtenidos es que el humor y la risa estimulan
nuestro sistema inmunitario.
El humor no es cosa de risa, dado que es una estrategia útil para transformar el
sufrimiento en una representación que pueda hacernos sonreír. Incluso podemos
aprender a reirnos de algo que nos da miedo, siempre y cuando consigamos introducir el
acontecimiento en una relación que nos dé seguridad. En este contexto, el humor se
convierte en un elemento de resiliencia o resistencia al sufrimiento. También se ha
comprobado que emociones como la ira, el miedo o la soledad tienen un efecto
inmunodepresor, de forma que las personas que están inmersas en estos colores
185
emocionales se defienden peor ante la enfermedad y les cuesta más recuperarse. En
cambio, el humor y la risa reducen los niveles de miedo y dolor, a la vez que ponen a
trabajar a nuestro organismo con más energía para luchar contra la enfermedad.
Otros estudios89 evidencian que no solamente las personas más inteligentes y
cultivadas que han ejercitado su cerebro tienen menos probabilidades de sufrir una
demencia, sino también aquellas que tienen actitudes más positivas, optimistas y que se
declaran más felices.
El humor también beneficia directamente al corazón.90 Reír unas cien veces al día
puede llegar a tener los mismos efectos cardiovasculares que hacer ejercicios de remo
durante diez minutos. La cuestión es que ¿quién ríe actualmente cien veces al día? ¿y
cincuenta? ¿diez? Es urgente recuperar la risa y el humor y no sólo los adultos sino
también los niños, que ya están dejando de reír. El humor es un rasgo humano que no
nos podemos dar el lujo de perder.
Para reír y desarrollar el sentido del humor es necesario recuperar nuestro niño
interior, dejar de vivir pendientes del reloj, tomarnos tiempo para observar lo que pasa a
nuestro alrededor, relativizar las cosas y trabajar para ver su lado absurdo, sacando la
punta a los acontecimientos.
Sabemos que los niños que desarrollan el sentido del humor se convierten en jóvenes
con mayor capacidad creativa y también con mejores estrategias para adaptarse a los
hechos insólitos. El humor requiere inteligencia emocional, está unido a la visión
positiva, a la flexibilidad mental, a la creatividad y es una gran vitamina emocional. ¡Y,
además, se contagia!
El cuidado de unos y otros
Parábamos atención especial a la bienvenida en la salutación inicial. Al unir por un
instante nuestras manos, ampliábamos el corazón hacia ellos. Solíamos bendecirlos con
sentimientos sinceros. Nos llenamos de silencio para escuchar, de paz para acomodar,
de generosidad para comprender y de aquella luz sosegada que uno anhela cuando
simplemente sueña un lugar donde volver.
LÓPEZ BALLESTER91
Acogida es la palabra clave. La persona acogedora es tierna y sensible a las necesidades
de los demás de la misma forma que lo es consigo misma. Sólo el que es capaz de cuidar
de sí mismo será capaz de cuidar a otro ser humano. Brazos y corazón abiertos, calidez y
escucha... ¿quién no quiere volver a casa?
Belleza para vivir
Quien tiene un para qué vivir podrá aguantar casi cualquier cómo.
Friedrich Nietzsche
Una mañana llegó a las puertas de la ciudad un mercader árabe y allí se encontró con un
pordiosero medio muerto de hambre, sintió pena por él y lo socorrió dándole dos
186
monedas de cobre.
Horas más tarde los dos hombres volvieron a coincidir cerca del mercado:
—¿Qué has hecho con las monedas que te he dado? —preguntó el mercader.
—Con una de ellas me he comprado pan, para tener de qué vivir; y con la otra me he
comprado una rosa, para tener por qué vivir.
Si bien es importante tener de qué vivir, es esencial para nuestra salud
psicoecoafectiva tener un por qué vivir. El ser humano se diferencia de los animales
porque busca el sentido de su existencia. Centrar nuestra vida en la satisfacción de
nuestras necesidades más básicas no es suficiente para tener energía y motivos para
vivir. La capacidad de captar y valorar la belleza y bondad de lo que nos rodea y de
dejarnos extasiar por ellas, hace de nuestro camino un espacio para el gozo y el
descubrimiento del placer ético y estético.
187
CAPÍTULO DÉCIMO
Espacios protegidos: ecosistemas
afectivos frágiles
La sabiduría sólo evita la locura mezclándose con la locura de la poesía y del amor.
EDGAR MORIN
Reservas naturales, espacios protegidos
La principal tarea del hombre en la vida es darse nacimiento a sí mismo, llegar a ser
aquello que potencialmente ya es. El producto más importante de este esfuerzo es su
propia personalidad.
ERICH FROMM
Las reservas naturales son espacios especiales muy necesarios para mantener el
equilibrio ecológico. Son entornos valiosos que no tienen precio, lugares especiales que
nos permiten apreciar la belleza y la maravilla de la vida en su estado más puro.
En nuestro interior también necesitamos estas reservas naturales, unos espacios
protegidos donde sea posible desarrollar sentimientos y valores especialmente frágiles
que precisan cuidados especiales. Existen especies únicas que sólo pueden vivir y crecer
en entornos libres de la contaminación y devastación externa. Y nosotros somos los
responsables de crear este medio adecuado donde pueden crecer estas especies
emocionales en peligro de extinción.
Especies en peligro de extinción
Estamos tan mutilados, tan descuartizados, que por un lado van las ideas, por el otro los
actos, por el otro los sentimientos y por el otro los recuerdos, como caminos que nunca
188
se cruzarán. Y cuando uno conoce una persona en la que estos caminos se cruzan de
verdad, se cruzan y confluyen, esto resulta como un milagro bíblico.
EDUARDO GALEANO92
Nuestra vida apresurada, la impaciencia, el ir de un lado a otro y la dificultad de
mantenernos atentos al presente, son algunos de los obstáculos para mantener nuestro
equilibrio psicoecoafectivo. Esta forma de vivir hace difícil incorporar a nuestras
conductas aquellos sentimientos que piden ciertas características que no cultivamos:
tiempo, paciencia, atención e interés. Tomemos, por ejemplo, el amor o la ternura. ¿Son
especies en peligro de extinción en nuestra vida? Si es así, es necesario convertirlas en
nuestras especies protegidas.
El camino para conseguir un correcto bienestar psicoecoafectivo es trabajar la
coherencia, estando atentos al eje mente-corazón-acción. Debemos valorar las zonas de
posible desequilibrio: ¿es posible que potenciemos más un aspecto que otro? ¿pensamos
mucho pero no pasamos a la acción? ¿sentimos mucho, pero no lo expresamos?
¿pensamos una cosa, sentimos otra y acabamos haciendo una tercera acción que no nos
contenta en ningún sentido?
En nuestra vida existen especies emocionales muy sensibles y extremadamente
delicadas. Son las que pueden dar calidad a nuestra vida y reequilibrarnos. Como todas
las especies en peligro, necesitan espacios apropiados, medios y cuidados adecuados
para crecer. Sólo así las salvaremos de la destrucción.
Catálogo de afectos extremadamente delicados
Sólo podemos influir en otras personas mediante fuerzas vitales que irradian de nosotros
como el amor o mediante nuestro modelo de conducta. La expresión y desarrollo de
afectos delicados son la muestra más palpable de lo que nos convierte en personas.
Porque, como dice Erich Fromm, cuando el ser humano se transforma en cosa, enferma,
lo sepa o no. Estos afectos delicados y a la vez poderosos nos permitirán desarrollar
nuestra potencia creadora y nuestra humanidad.
¿Cuáles son los afectos que pueden ayudarnos a mejorar y a ser más felices?
• El agradecimiento, que surge de nuestra capacidad de tomar conciencia y valorar la
vida con todo su contenido y reto.
• La amistad, que nos invita a crecer y a hacernos en una relación especial.
• El amor, que es la fuerza más creativa, el sentimiento más difícil de construir y,
posiblemente, el mejor camino para el equilibrio y la felicidad.
• La confianza, que es la llave de todas las relaciones personales.
• La compasión, que nos permite ser solidarios y compartir el sufrimiento, que nos
mueve a aliviarlo y a emprender acciones para mejorar nuestro mundo.
• La esperanza, que es una luz potente que nos permite proyectarnos en un futuro mejor.
• La felicidad, felicidad-plenitud, felicidad-armonía, felicidad-bienestar, felicidad-
189
equilibrio, felicidad... siempre fruto del equilibrio interior.
• La generosidad, que nutre todas las relaciones, y que debe aplicarse en uno mismo, a
fin de que no sea destructiva.
• La serenidad, fruto de la coherencia entre el ser y el hacer.
• La ternura, que extrae lo mejor de nosotros mismos, que respeta los ritmos de los
demás y da calidez a nuestro mundo.
Poderosos, difíciles, necesarios y posibles, estos sentimientos dan los colores más
bellos a nuestro mundo. Como un arco iris en el firmamento, brillan en toda su
intensidad y esplendor recordándonos que, a pesar de las tormentas, siempre es tiempo
de apostar por la vida.
AGRADECIMIENTO. Anatomía del agradecimiento
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
VIOLETA PARRA
Agradecer las pequeñas cosas
Según dice José Antonio Marina,93 la gratitud es el sentimiento que corresponde a la
buena acción recibida. Todos tenemos muchos motivos para sentirnos agradecidos, lo
que ocurre es que, en ocasiones, no lo recordamos y, quizás, no mostremos la gratitud
con suficiente frecuencia a los que nos rodean. Dar las gracias es importante, sobre todo
cuando deja de ser una palabra convencional y la decimos de corazón.
Para expresar agradecimiento no es necesario esperar a recibir grandes dones. Toda
vida es un regalo por sí misma y contiene muchos dones valiosos si somos capaces de
aprender a verlos.
190
94
El agradecimiento da alegría
El mundo se compone de los que dan y de los que reciben. Es posible que los segundos
coman mejor, pero es seguro que los primeros duermen mejor.
SÉNECA
Nos dice Alejandro Jodorowsky, en uno de sus relatos, que dos monjes estaban rezando.
Uno siempre tenía el aire de estar contento y el otro, a pesar de la oración, siempre
estaba triste. Así es que un día el triste le dijo al otro:
—Dime, ¿por qué si los dos rezamos con igual fervor, tú siempre estás contento y yo
no?
—Es que tú siempre rezas para pedir algo, en cambio yo sólo lo hago para agradecer
todo lo que me ha sido dado.
Sólo tenemos lo que hemos dado
Dormía y soñé que la vida era gozo. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y me di
cuenta de que el servicio era gozo.
RABINDRANATH TAGORE
Ésta es la gran paradoja. La generosidad y el agradecimiento van unidos casi siempre. La
persona agradecida es generosa al ser capaz de detectar los motivos por los cuales es
afortunada y, al mismo tiempo, al ser capaz de expresarlos.
Cuando alguien siente agradecimiento y no lo expresa, algo queda inconcluso. Es
como si la energía positiva generada en su encuentro con el objeto de su agradecimiento
191
quedase bloqueada en su interior y, por tanto, sin capacidad para fluir y producir efectos
positivos.
Sólo tenemos aquello que hemos dado y expresado. El resto sólo es mental y sólo vida
pensada y no vivida.
Aprender a valorar lo que tenemos
Dicen que un viajero encontró a un pastor y le dijo:
—¿Qué tiempo hará hoy?
—Hará un día como los que a mí me gustan.
—¿Y cómo sabes que hará el tiempo que a ti te gusta?
—Muy sencillo —dijo el pastor—, dado que he descubierto que no siempre puedo
tener aquello que a mí me gusta, he aprendido a que me guste y a estar agradecido por lo
que recibo. Por este motivo, seguro que tendré el día que a mí me gusta.
La constelación del agradecimiento
El agradecimiento va unido a las actitudes de sinceridad, apertura, atención y apreciación
de la vida. También está ligado a la alegría, la satisfacción y la aceptación. La persona
que siente agradecimiento es una persona que valora, ama y es generosa.
Síntomas de deterioro del agradecimiento
Sobre gratitud y deudas
Quien procura retornar demasiado pronto es deudor en contra de su voluntad, y quien
por la fuerza debe, es un ingrato.
SÉNECA
Los problemas pueden empezar cuando la gratitud se convierte en una obligación en
lugar de ser un sentimiento. Sentirse en deuda no es lo mismo que sentirse agradecido.
El agradecimiento implica gratuidad, de la misma forma que un regalo de verdad
también es gratuito y no espera contrapartida. Cuando damos algo a cambio de otra cosa
entramos en un terreno de relaciones mercantilistas donde aparecen acreedores y
deudores.
Séneca decía: Nuestros enemigos más importantes lo son, no tan sólo después de
haber recibido beneficios, sino precisamente por el hecho de haberlos recibido.
Immanuel Kant afirmaba: No es inverosímil que nos enemistemos con alguien por los
favores que nos haya hecho. Se deduce, pues, que es necesario tener mucha sensibilidad
para conseguir agradecer sin ofender, para dar sin que el otro se sienta deudor y para
saber recibir con generosidad.
Plantearnos nuestra posición y clarificar nuestras ideas respecto a la cuestión de dar y
recibir, del agradecimiento y la gratuidad, va a mejorar la calidad de nuestras relaciones
personales. Sobre todo si pasamos a la acción.
192
¿Halagar, reconocer o agradecer?
Las tres grandes cosas causantes de conflicto en la naturaleza humana son: la
competencia, la desconfianza y la gloria.
HOBBES
El agradecimiento es un sentimiento que se expresa de forma voluntaria y gratuita.
Somos conscientes de que hemos recibido algo valioso o un don, y expresamos nuestra
alegría por este hecho.
El halago es poco sincero y mercantilista. Podemos halagar a otra persona para
obtener alguna contrapartida y esto acaba evidenciándose porque tenemos una
contradicción entre lo que pensamos, sentimos y expresamos. La incoherencia acaba
mostrándose, y podemos llegar a perder el respeto por nosotros mismos y el respeto de
los demás.
Reconocimiento no significa forzosamente valoración. Podemos reconocer algo que
ha hecho otro, pero no sentirnos especialmente agradecidos. El agradecimiento, en
cambio, procede de nuestro ámbito afectivo y nace de lo más profundo de nuestro
corazón.
La gestión adaptativa del agradecimiento
Valorarse para valorar
Valorar es crear, y valorarse uno mismo es, entre todas las cosas valoradas, el tesoro
más valioso.
FRIEDRICH NIETZSCHE
¿Y qué podemos decir sobre valorarnos a nosotros mismos y sentirnos agradecidos por
la forma como nos cuidamos, escuchamos y amamos?
Es importante darnos las gracias porque somos luchadores capaces de levantarnos
cuando caemos; porque no lo estamos haciendo mal y perseveramos en el vivir; darnos
las gracias porque somos capaces de llorar y reír, porque nos consolamos cuando
estamos tristes, porque nos damos descanso cuando nos sentimos fatigados; porque nos
acariciamos cuando estamos desconsolados y nos decimos palabras tiernas cuando
necesitamos oírlas.
Es primordial empezar por nosotros mismos. Pero ¿y si todo lo que hemos escrito
sobre darse las gracias uno mismo alguien no lo hace? ¿Quizá porque piensa que no es
necesario? ¿Y si alguien está triste por no hacerlo? No pasa nada. Lo más importante es
haber empezado a tomar conciencia de cómo nos valoramos y de si nos sentimos
agradecidos por ser quienes somos y por quienes podemos llegar a ser. A partir de ahí
podemos empezar hoy mismo a escribirnos a nosotros mismos ¿por qué no? una carta,
donde señalemos todos los motivos que tenemos para sentir gratitud.
Fomentar la cultura del agradecimiento
193
Cuanto más noble es un hombre y su obra, más se enfadará si es tratado injustamente.
SÓCRATES
Todos necesitamos sentirnos valorados y la realidad es que vamos más bien escasos de
feedback positivo. ¿Quién no se ha sentido agradecido en algún momento por algo y, no
obstante, ha guardado este sentimiento en su interior? ¿Por qué retenemos la expresión
del sentimiento? ¿Quizá por vergüenza, por miedo al rechazo, por un falso sentido del
respeto, por inseguridad, por falta de habilidad al expresarnos?
Al no dejar que la gratitud fluya estamos interrumpiendo un flujo de acontecimientos
positivos que podrían iniciarse con su expresión. No es suficiente dar las gracias de una
forma general o inespecífica. Es importante concretar los motivos por los que nos
sentimos agradecidos ya que para el receptor es mucho más enriquecedor. El que da las
gracias, en este caso, ha dedicado un tiempo a pensar en él: Gracias por compartir
conmigo tus sentimientos; gracias por darme tu tiempo; gracias por este abrazo, por
esta sonrisa; gracias por tu alegría; gracias por colaborar conmigo...
Fomentar la cultura del agradecimiento tiene unos efectos espectaculares en nuestras
relaciones. La gente se siente más motivada y satisfecha, se reducen los niveles de
agresividad, el clima emocional mejora, aumenta la creatividad y la colaboración.
Fomentar la cultura del agradecimiento no tiene contraindicaciones y sí unos efectos
secundarios muy positivos.
AMISTAD. Anatomía de la amistad
La vida es el arte del encuentro. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Un entorno íntimo
Los amigos forman parte de nuestra vida y nuestra vida explica nuestras amistades. El
tiempo de la amistad es el tiempo por excelencia. El amigo es el que nos facilita un
entorno externo comprensivo que rescata la parte de nuestro yo que más ama la libertad.
El amigo es incondicional porque disfruta de la misma libertad que nuestro yo reclama.
Dice Antonio Gala que la amistad nace del descubrimiento que hacemos al otro de
nuestra intimidad y que, la más profunda, es aquella que nos ayuda a descubrirnos a
nuestros propios ojos. Porque la mirada del amigo es una mirada comprensiva que no
juzga y que nos permite ser tal y como somos, incluso en nuestras pequeñas miserias,
pero que al mismo tiempo nos ayuda a tomar conciencia de ellas y a fomentar la acción
encaminada a resolverlas.
Con el amigo podemos mostrarnos genuinos y evitar el uso social de las máscaras que
nos ponemos para protegernos. Tener un amigo es un gran descanso para nuestra alma.
Hagamos un trato
... Pero hagamos un trato
yo quisiera contar con usted
194
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
si no para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
MARIO BENEDETTI
La amistad nos aporta la confianza de que el otro está ahí. La certeza de que existe hace
más rica nuestra vida y es una parte importante de su sentido.
La medida necesaria
El amigo ha de saber adivinar, y callar cuando hace falta.
Los territorios íntimos tienen fronteras muy sutiles que debemos intuir estando atentos al
otro y a sus necesidades y emociones.
El terreno de la amistad debe cultivarse con cuidado a fin de no invadirlo, pero
tampoco debemos permitir que pase mucho tiempo sin visitarlo y cultivarlo. Nos
movemos en este punto de equilibrio sutil tan necesario en todos los temas importantes
de la vida: dejar espacio para la intimidad cuando es necesario y saber estar presentes
cuando se nos necesita. Sólo con mucho interés y, sobre todo, con mucho respeto y amor
podemos conseguirlo. Saber cuándo callar, cuándo hablar, cuándo es necesario un abrazo
y un contacto, cuándo una presencia, cuándo una mirada, unas flores, una carta, un estoy
aquí... requiere sensibilidad, atención y responsabilidad. Encontrar la medida justa y el
tono adecuado que se adapte al amigo supone trabajo y cuidado. Nadie ha dicho que esto
de la amistad sea fácil.
Elogio de la amistad
La amistad es una religión sin dios ni juicio final. También sin demonio. Una religión
que no es extraña al amor. Pero un amor donde la guerra y el odio están proscritos,
donde el silencio es posible. Éste podría ser el estado ideal de la existencia. Un estado
calmante. Un vínculo necesario y raro. No sufre ninguna impureza. Enfrente, el otro, el
ser a quien se ama, no es sólo un espejo que refleja, sino también el otro soñándose a sí
mismo.
La amistad perfecta debería ser una especie de soledad feliz, podada de sentimientos de
angustia, rechazo y aislamiento. No es una simple historia de duplicidad donde la
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imagen de uno mismo sería pasada por un filtro, un examen que aumentaría sus
defectos, carencias y reduciría las virtudes. La mirada del amigo habría de librarnos de
nuestra propia imagen con exigencia. La amistad se basaría entonces en esta
reciprocidad sin puntos débiles, guiada por el mismo principio del amor: el respeto que
nos debemos a nosotros mismos para que los demás nos lo devuelvan naturalmente.
TAHAR BEN JELLOUN95
Hablamos de esta amistad que nos ilumina y que es el fruto de la aceptación y del
respeto por nosotros mismos, de la amistad que no es turbulenta, dominante, ni exigente.
Esta amistad es la que comprende que el amigo no nos pertenece y que es libre para
hacer y para ser. En este concepto de amistad no entra el engaño ni la trampa. Es un
territorio tan amplio como estemos dispuestos a crear. Allí podemos crecer de la forma
que nos es propia, sin presiones, sin coacciones. Es un espejo limpio que nos devuelve
una mirada honesta de nosotros mismos. Ésta es la amistad de la que queremos hacer
elogio.
Acompañantes de camino hasta el final
En el fondo de mi corazón he amado mucho más a amigos muy sencillos, que no serán
nunca parte de la historia universal, como dos viejos amigos que perdí el año pasado,
que no querían nada para sí mismos, muy humildes y muy nobles, que sentían este
extraño placer de dar, de darse a los demás, que cada vez se usa menos. Estas dos
muertes las sentí mucho, a pesar de que pienso que, de alguna forma, uno va por el
camino acompañado por los que ya no están, cuando realmente han estado en nuestro
interior, y que uno los puede llamar y que de alguna forma ellos vienen.
EDUARDO GALEANO96
Los amigos son la familia escogida libremente. Nadie tiene amigos cuando nace, éstos
no aparecen de repente durante la vida. En el transcurso de nuestro viaje vital aparecen
personas nuevas que podemos intentar conocer o de las que podemos prescindir y
desinteresarnos.
Al iniciar una relación, solemos dotar a los desconocidos con los atributos que
deseamos que tengan para cubrir nuestras necesidades. En estos casos podemos irnos
frustrando constantemente, y lanzar quejas y reproches por aquello que queremos y no se
nos da. Y eso no es amistad.
Otra opción es dedicar tiempo a hablar, a intercambiar pensamientos, emociones,
visiones de la vida y compartir actividades e intereses; practicar la generosidad de dar y
darnos; y cultivar con paciencia el terreno de la amistad, sembrándolo, abonándolo y
cuidándolo con amor. Y algún día descubriremos que tenemos al lado un amigo o amiga
que comparte camino con nosotros y, que al mismo tiempo que hace el suyo propio, nos
permite que hagamos el nuestro en libertad.
La constelación de la amistad
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La amistad es una estrella alrededor de la que giran muchos planetas y satélites: la
ternura, la alegría, la generosidad, el agradecimiento son algunos de ellos. El amor es su
estrella siamesa. Valores como el respeto, el cuidado, la responsabilidad y la paciencia
forman parte de su constelación. La sensibilidad y la empatía nunca la pierden de vista.
Síntomas de deterioro
Un narcisismo acaparador
Quien no tiene amigos o no los consigue puede que sea porque está tan lleno de sí
mismo que no tiene espacio para nadie más. La amistad pide cuidado y un buen
mantenimiento, es como una planta que hay que regar, alimentar y a la que debemos
proporcionar un entorno adecuado de temperatura y humedad.
El alejamiento y la ausencia pueden deteriorar la amistad, y no nos referimos a la
importancia de la presencia física del amigo sino a la necesidad de proximidad
emocional con él. Quien sólo se mira a sí mismo aprende a concentrar la mirada en un
punto y pierde los demás trescientos cincuenta y nueve grados de visión, dejando de ver
a las otras personas, el mundo y sus maravillas. El «yo-yo-yo» no deja espacio para nada
más: ni la amistad ni el amor tienen ninguna posibilidad de ser cultivados por una
persona narcisista que sólo vive pendiente de sí misma y de sus necesidades. La planta
de la amistad necesita cuidados y generosidad para crecer.
Inseguridad posesiva
La amistad es siempre una dulce responsabilidad, nunca una oportunidad.
KAHLIL GIBRAN
La inseguridad nos mueve a construir relaciones de dependencia. Acabamos pidiendo o
exigiendo a la otra persona que nos dé algo que nosotros mismos no somos capaces de
darnos. Cuando nos sentimos inseguros, buscamos nuestra seguridad en el exterior y nos
aferramos a la persona que tenemos más cerca en un intento de que ésta nos haga de
muleta. Si lo hace, se creará una simbiosis que puede funcionar durante un tiempo, pero
que acabará con esta relación por el hecho de que es insana y no deja espacio para el
crecer.
Un amigo no debe ser utilizado para llenar agujeros en nuestra vida, para sustituir a
otra persona que nos ha fallado, para no estar solos, para que nos diga las cosas que
queremos oír o para pedirle algo sabiendo que no nos lo negará. El amigo no nos
pertenece, no es de nuestra propiedad. Amistad y libertad van de la mano. La amistad es
una elección y una responsabilidad, por eso es preciso dar al amigo el espacio que
necesita y ayudarle a crecer de la forma que le sea propia.
Un relato nos cuenta que un viejecito estaba sentado al lado de un camino a unos
kilómetros de un pueblo. Estaba cansado y sin fuerzas. Entonces pasó por allí un joven
que caminaba ligero.
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—Buen hombre —dijo el viejo—, tengo que ir al pueblo pero no tengo fuerzas. ¿serías
tan generoso de cargar conmigo y llevarme allí?
—Con mucho gusto —respondió el joven, viendo que el otro lo necesitaba realmente.
El joven se cargó el anciano a la espalda y éste le sujetó con fuerza. El viejo tenía
tanto miedo de caerse y se sentía tan inseguro que, a medida que avanzaban, iba
apretando más y más fuerte el cuello del joven. El chico intentaba decirle que aflojara,
que se estaba ahogando, pero el viejo, en su desesperación, no le hacía caso. Después de
unos minutos el viejo y el joven estaban en el suelo. El viejo había matado por asfixia al
joven que había cargado con él.
La inseguridad posesiva puede matar una relación por asfixia. Cuanto más queremos
retener a una persona y más la aprisionamos, mayores serán las posibilidades de que se
vaya y de que la relación se ahogue y agote por falta de espacio.
El desasosiego de los celos y la envidia
La amistad y el amor maduros nos dan equilibrio y un espacio de sosiego y seguridad. Al
ser amados y amar nos convertimos en mejores personas y accedemos a un espacio de
crecimiento y mejora personal. A veces se habla de amistades y amores que hacen sufrir.
Realmente, ¿la amistad y el amor pueden ir unidas al constante sufrimiento e inquietud,
al miedo, a la desconfianza, a los celos o a la envidia? ¿No es posible que estemos
hablando de sucedáneos de la amistad o del amor? Se dice que un poco de celos es
bueno para el amor. Esto sería como afirmar que un poco de veneno mezclado con la
comida le da mejor sabor. La persona que se siente celosa o envidiosa de un amigo
debería plantearse qué información importante le están dando estas emociones y qué
cambios debería hacer en su vida y en su relación a fin de mejorarla.
Los celos y la envidia son veneno si no se gestionan adecuadamente. Como ya se ha
planteado en capítulos anteriores, ambos sentimientos nos informan sobre posibles
puntos de mejora. Si a partir de este conocimiento tomamos las medidas adecuadas, el
sufrimiento desaparecerá y nuestra relación dará un paso hacia adelante. Si prescindimos
de ellas o nos dejamos llevar por ellas, vamos a vivir relaciones tumultuosas y poco
gratas que van a causar desequilibrio y desasosiego en nuestra vida.
La gestión adaptativa de la amistad
Un camino a recorrer a menudo
Recorre a menudo el camino que lleva a la casa de tu amigo para que no lo borren las
malas hierbas.
El amigo nos interpela, es como un espejo claro y limpio, libre de distorsión, que nos
retorna nuestra imagen y hace que nos veamos con mayor claridad. El camino de la
amistad debe recorrerse a menudo y debe ser un camino de libertad, sin vallas ni puertas
a las que sea necesario llamar.
A nadie se le ocurriría que, si se va de viaje seis meses y deja las plantas de su casa sin
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que nadie se encargue de regarlas ni cuidarlas, las pueda encontrar en excelentes
condiciones al volver. La amistad es como una planta muy delicada, pero a la vez
maltratada, mal interpretada y mal explicada. Hay personas que piensan que nace y vive
espontáneamente, sin necesidad de ser cuidada y este error de planteamiento hace que
sea muy difícil tener amigos de verdad. Si no caminamos a menudo hacia la casa del
amigo, acabamos olvidando el camino, nos perdemos y es difícil recuperar la ruta.
Una invitación a crecer
Porque la amistad en el ser humano es una parte que te es destinada y abre para ti una
puerta que quizá no abrirá nunca nadie más.
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
Cuando integramos la primera persona, el yo, en nuestra vida, se abre la posibilidad de la
segunda persona, el tú, y a partir de aquí se inicia el aprendizaje para integrar el
nosotros.
La amistad es una invitación al crecimiento personal, ya que las condiciones para
cultivarla son aspectos esenciales en nuestro desarrollo humano: la verdad, que nos
mueve a buscar lo que es auténtico y la sinceridad y madurez personal que nos
permitirán mantener una relación basada en la libertad y sin ataduras de dependencia.
Amistad, afectividad y silencio
Cuando el camino me cansa, amigo mío, ya no te pido que me hables, sino que me des la
mano.
RABINDRANATH TAGORE
La manifestación corporal y no verbal de la relación de amistad nos introduce en el
misterio de la afectividad. El afecto se manifiesta a través del tacto, de una mirada, de
una sonrisa, de una caricia, de un tono de voz, de un abrazo o de un silencio. Debemos
dar salida a nuestro afecto y es importante expresar nuestro sentimiento.
Los mejores amigos son los que saben guardar los mismos silencios, dice Fulton
Sheen. Estando con un amigo uno puede mantener un silencio pleno en el que no son
necesarias las palabras porque se ha llegado a un nivel de comunicación superior. Estos
espacios de silencio son espacios de comunión interpersonal en los que tienen prioridad
los códigos de comunicación no verbal.
Miradas llenas de ternura, de humor, de complicidad; el tacto de la piel, la caricia
suave, el abrazo estrecho; la calidez de la presencia del otro; la seguridad de que no
necesitamos palabras, la serenidad resultado de saber que somos aceptados y valorados
por ser quienes somos. ¿Quién no desea todo esto envuelto en un silencio pleno? Y es
que, como dice López Azpitarte: La mirada y la mano de una persona no sirve sólo para
ver o palpar sino que simbolizan y manifiestan la ternura escondida en el corazón.
Con las manos abiertas
Un día, un chico de trece años paseaba por la playa con su madre. Hubo un momento en
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que la miró con insistencia y le preguntó:
—Mamá, ¿qué puedo hacer para conservar a un amigo que he tenido mucha suerte de
encontrar?
La madre pensó unos momentos, se inclinó y recogió arena con sus dos manos. Con
las dos palmas abiertas hacia arriba, apretó un puño con fuerza. La arena se escapó entre
los dedos. Y cuanto más apretaba el puño, más arena se escapaba. En cambio, la otra
mano permanecía bien abierta: allí se quedó intacta la arena que había recogido.
El chico observó maravillado el ejemplo de la madre entendiendo que sólo con
apertura y libertad se puede mantener una amistad, y que el hecho de intentar retenerla o
encerrarla significaba perderla.
Tomar el cielo entre las manos
Un amigo es difícil como la misma vida, pero decir amigo es tomar el cielo entre las
manos, es sentirse hombre y, al caminar, amar sin tregua.
FERNÁNDEZ DEL CACHO
La amistad nos da alas para explorar, para crecer y para llegar a ser la mejor persona que
podemos ser. La amistad es difícil como la vida misma, pero ¿quién ha dicho que las
cosas deban ser fáciles en la vida? ¿dónde nos llevaría el camino de la facilidad? Seguro
que ni a superar retos y dificultades, ni a esforzarnos para mejorarnos a nosotros mismos
y a nuestro mundo.
La amistad es difícil. ¿Y qué? Es el camino que nos permite amar sin tregua y tocar el
cielo con las manos. Éste quizás no sea un camino demasiado fácil, pero sin duda es uno
de los mejores.
AMOR. Anatomía del amor
Los moralismos son cadenas. El amor es libertad.
Hechos para el amor
El amor es el único acto racional.
LEVINE
El amor es el sentimiento más importante que tenemos, que podemos dar y recibir.
El amor es el abrazo de muchos otros sentimientos y actitudes: ternura, respeto,
amistad, sensibilidad, cuidado del otro, compromiso y responsabilidad. Es la aspiración
más profunda del ser humano, su única realización en libertad. El ser humano está hecho
para el amor y esto significa que está hecho para realizarse dándose. Dejar el amor fuera
de nuestra vida sería un acto muy poco inteligente.
Ventana sobre la palabra
La A, tiene las piernas abiertas. La M, es un subibaja que va y viene entre el cielo y el
infierno. La O, un círculo cerrado, te asfixia. La R, está notoriamente embarazada.
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—Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas.
Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el aire.
EDUARDO GALEANO
Un AMOR en mayúsculas
Sólo eres amado cuando puedes mostrar tu debilidad sin que el otro la utilice en contra
tuya para afirmar su fuerza, decía Adorno en sus Mínima moralia. El verdadero amor es
delicadeza, crea lazos que no atan y permite ser y moverse a cada persona tal y como le
es propio.
La autenticidad del amor no proviene sólo de proyectar nuestra verdad en el otro sino
de dejarnos contaminar por su verdad; en caso contrario, sólo encontraremos aquello que
esperábamos encontrar al ir filtrando todo lo que nos llega. Es importante estar abiertos a
la sorpresa que supone su descubrimiento.
Lo más importante en la vida es dejar salir el amor y saber dejarlo entrar. A veces
pensamos que no lo merecemos, ponemos obstáculos y no nos dejamos amar. Hay que
apostar por la construcción de un AMOR en mayúsculas porque, en definitiva, es lo que
hace que nuestra vida tenga sentido.
El amor: una nación a fundar
El amor es la llave que abre las puertas de lo imposible.
PROVERBIO CHINO
La vivencia del amor en pareja es una de las experiencias más especiales en la vida de
una persona. Dos personas que inician la construcción de un amor común entran en un
territorio virgen, totalmente nuevo, que deberá ser explorado.
Su procedencia es diversa. Llegan con un equipaje hecho de costumbres, cultura,
historias y vivencias emocionales muy distintas. Incluso su sistema de comunicación
puede funcionar con códigos dispares. Así es que uno de ellos, o los dos a la vez, pueden
iniciar este nuevo camino intentando someter al otro, imponiéndole las visiones y
códigos que siempre han utilizado y menospreciando el bagaje que el otro miembro de la
pareja lleva incorporado. En este campo de batalla domina el poder al amor, y se van a
producir pérdidas, duelos y resentimiento. Pero existe otra opción: decidir conjuntamente
fundar una «nación nueva» en la que cada uno aporte toda la riqueza de su experiencia y
donde juntos puedan ser creativos en su diversidad. Nace así un amor que hará posible la
convivencia y un proyecto de crecimiento conjunto.
Un amor que dure
El modelo de pareja, amistad o familia perdurable es cada vez más excepcional. Quizá
aumenten el número de encuentros interpersonales, pero tienden más a la superficialidad
que al compromiso. Cuando en el ritmo propio de toda relación se llega a un punto en el
que aparece el concepto de compromiso o responsabilidad, hay personas que huyen y
prefieren volver a empezar una nueva relación. Esto les permite vivir sólo la borrachera
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de sentidos de la etapa de enamoramiento, la euforia del descubrimiento y del riesgo ante
lo que es desconocido y les evita la parte de trabajo del difícil arte de amar.
Sam Kean señala que el requisito esencial del amor que dura en el tiempo es aprender
a continuar dando atención a una persona a la que ya conocemos bien. Y dar atención es
todo lo contrario de dar las cosas por supuestas. Dar las cosas por supuestas, no
preguntar, y no estar atentos a los cambios del otro, son algunas de las causas principal
de mortalidad de las relaciones amorosas.
Hay que tener claro que uno puede comprometer conductas, pero no sentimientos. Yo
puedo decir: me comprometo a que, incluso cuando ya no sienta amor por ti, te seguiré
cuidando, te respetaré y me preocuparé de tu bienestar, pero quizá sea una utopía o
poco realista decir: prometo amarte toda la vida. Podemos comprometernos a cuidar del
amor que hoy tenemos para que perviva en el tiempo pero en ningún caso podemos
asegurar el sentimiento. Esto no depende sólo de nosotros.
La constelación del amor
Como si el amor fuera un sol, giran y se cruzan a su alrededor una gran cantidad de
astros iluminando la oscuridad del Universo. Amor-ternura, amor-amistad, amorplenitud, amor-paz, amor-generosidad, amor-agradecimiento, amor-cuidado, amor-todo.
Síntomas de deterioro del amor
La gente se queja de que no es amada cuando el verdadero problema reside en que no
sabe amar.
SERGIO SINAY
El principio de desintegración universal
Se nos ha dicho que el amor es eterno, pero lo cierto es que, si bien lo es el concepto, en
la práctica el amor sólo es eterno mientras dura. Es delicado como un pájaro que si se
aprieta demasiado se ahoga, y si no lo cuidas bien, escapa. Dice Edgar Morin que el
amor, como todo lo que está vivo y es humano, está sometido al segundo principio de la
termodinámica, que es el principio de degradación y desintegración universal. Pero lo
más importante de todo es que los seres vivos vivimos de nuestra propia desintegración
combatiéndola con la regeneración.
Es posible regenerar el amor cuando éste empieza a desintegrarse, pero hay que darse
cuenta a tiempo de qué sucede y tomar las medidas oportunas para alimentarlo y
protegerlo.
Analfabetismo amoroso
La carga de prejuicios, expectativas y creencias distorsionadas sobre el amor que nos han
inculcado y nosotros no hemos filtrado nos causa un sufrimiento profundo en nuestras
relaciones. Nuestros problemas afectivos crónicos pueden venir dados por algunos de
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estos planteamientos desadaptativos:
• Quiero ser más amado de lo que soy amado o me siento amado.
• No quiero dejar de amar a alguien que no me ama o que no me ama como yo quiero ser
amado, porque para mí sería un fracaso.
• Quisiera amar a alguien que siento que ya no amo tanto o que he dejado de amar,
porque todo sería más fácil en mi vida y no tendría que tomar decisiones que, a corto
plazo, van a causarme sufrimiento.
En los tres casos anteriores, si queremos continuar hacia adelante deberemos
emprender acciones y decisiones adaptativas:
• Tomar conciencia de lo que sentimos y de lo que nos comunica nuestro sentimiento.
• Comunicarnos mejor con el otro para expresarle cómo quisiéramos ser amados (cómo,
y no cuánto, ya que este término es difícil de medir).
• Cuando hace tiempo que no nos sentimos amados es mejor cerrar una relación que
aceptar los restos, ya que esto va socavando nuestra confianza y autoestima. Un
fracaso no es finalizar una relación, sino guardar las formas de una relación que ya
está muerta. A veces debemos decir adiós a algunas personas. El sufrimiento es un
sentimiento normal en las pérdidas y forma parte de nuestro proceso de duelo y
crecimiento personal.
El amor no debe ser sacrificio
Quien bien te quiere, te hará llorar.
DICHO POPULAR
Quien bien te quiere, ¿te hará llorar? Muchas veces la distancia más corta no es la línea
recta. A menudo, el amor nos trae problemas, disgustos y dudas, pero todo esto
desaparece cuando se ha conectado con su poder de aceptación, creatividad y
generosidad. A veces parece más sencillo intentar amar a aquellas personas que no nos
tratan bien o nos hieren antes que a aquellas que nos dicen las verdades difíciles y se
preocupan de nuestro crecimiento personal. Esto ocurre así porque muchas personas
consideran que el amor implica sacrificio y buscan situaciones que confirmen esta
creencia.
Ésta es una fórmula de deterioro del amor: el amor-sacrificio, el amor-salvador del
otro. La premisa que no debemos perder de vista es que nadie puede amar a otra
persona si no se respeta, cuida y ama a sí mismo, en primer lugar. Nadie debería
sacrificarse por otro hasta el punto de dejar de ser quien es y de renunciar a desplegar su
propio proyecto de vida. Quien pide o exige que lo hagamos no nos ama.
¿Y si se escapan?
Una maestra de párvulos observó que uno de los niños de su clase estaba extrañamente
triste y pensativo.
—¿Qué es lo que te preocupa? —le preguntó.
—Mis padres —respondió él—. Papá se pasa el día trabajando para que yo pueda
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vestirme, alimentarme y venir a la mejor escuela de la ciudad. Además hace horas extras
para poderme enviar algún día a la universidad. Y mi mamá se pasa el día cocinando,
limpiando, planchando y haciendo compras para que yo no tenga de qué preocuparme.
—¿Entonces, cuál es el problema?
—Tengo miedo de que traten de escaparse.97
El sacrificio por el otro puede ser una forma de deterioro del amor. Al centrarnos
tanto en hacer algo, podemos olvidar nuestra dimensión “ser”, dejar de estar atentos al
otro y no escucharlo. Nosotros decidimos qué necesita y nos centramos en dárselo,
incluso sin que nos sea solicitado. Centrados en ser “proveedores” de bienes, o favores,
olvidamos que las personas necesitamos afecto en mayor medida que cosas materiales.
El sacrificio es una pésima inversión de energía emocional y una forma distorsionada
de amor.
El universo puede ser un lugar muy frío
Los dolores que no pudimos expresar en nuestra infancia, si no los hemos resuelto, son
los que nos causan más problemas en las relaciones íntimas. A menudo el problema no
está en la relación del uno con el otro, sino en el niño herido que vamos arrastrando.
JORGE BUCAY
Dice Woody Allen que cuando nos enamoramos intentamos reencontrar en el ser amado
a todas las personas que amamos de pequeños y que, a su vez, le pedimos que corrija
todas las equivocaciones que aquellos padres, hermanos o amigos cometieron con
nosotros. Éste es un amor contradictorio porque, por un lado, intentamos volver al
pasado, al mismo tiempo que lo deshacemos y rehacemos.
Es una equivocación intentar que alguien llene todos nuestros vacíos emocionales y
adivine lo que nos falta. Al enamorarnos podemos cegarnos y dejar de ver quién es
realmente el otro, vistiéndolo con las características que desearíamos. Esto es un patético
intento de compensar alguna cosa que nos falta. Enamorarse es amar las coincidencias y
amar es enamorarse de las diferencias.98
Al nacer necesitamos mucho amor para convencernos de que es necesario seguir
viviendo, porque nuestro universo puede ser un lugar muy frío99 y somos nosotros
quienes lo revestimos con nuestros sentimientos. Si a partir del enamoramiento no
aprendemos a construir el amor, el frío y el vacío pueden matar nuestra relación.
La tragedia de aferrarse
Te amaré mientras estés a mi lado y seas mío. Si te vas, seguro que te odiaré.
No es lo mismo vincularse que aferrarse. El amor crea vínculos poderosos, pero son
vínculos que liberan y no atan. Para vincularnos positivamente con otra persona
debemos trabajar nuestro autoconocimiento emocional dado que éste genera confianza
en nosotros mismos. Lo cierto es que cuanto más inseguros nos sentimos, más centramos
nuestra estabilidad en el otro y podemos llegar a organizar toda nuestra vida alrededor de
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esta persona hasta el punto de depender emocionalmente de ella.
El problema es que cuando nos aferramos, mueren el deseo, el juego y el aspecto
lúdico de la relación. Al amarrarnos al otro corremos el riesgo de cansarlo y asfixiarlo,
por exceso de control. Esta necesidad excesiva del otro viene dada por la incapacidad de
amar de forma madura, por el deseo de posesión y de satisfacer nuestra necesidad de
poder.
No puedo vivir sin ti, es una frase que se considera de amor en canciones, textos y
películas. Pero no es una declaración de amor sino una indicación de peligro y trampa
emocional. Sería mucho más maduro poder llegar a decir: Puedo vivir perfectamente sin
ti, mi vida tiene sentido por sí misma y, aun así, quiero compartir mi vida contigo
porque te amo.
Es preciso tener muy claro que ni la pareja, ni un hijo, ni un amigo han de salvarnos de
nada. Es un error buscar en el otro la solución y compensación de nuestros problemas.
Sólo si aprendemos a vivir con nosotros mismos seremos capaces de convivir con otras
personas de forma madura y creativa.
La gestión adaptativa del amor
El amor sólo vive renaciendo sin parar.
EDGAR MORIN
Encontrarse sin buscar
Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en medio del desierto
o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se
encuentran, todo el pasado y el futuro pierden completamente su importancia y sólo
existe aquel momento.
PAULO COELHO
Nos han explicado que debemos buscar a la persona adecuada y que, cuando la
encontremos, entonces aparecerá el amor. ¡Qué gran error de principio y cuánto
sufrimiento genera! Desesperados, buscando la media naranja, el alma gemela,
esperando que el amor aparezca, angustiados por si nunca nos encontramos... buscando y
buscando. ¡Cuánta gente buscando, y cuánta soledad! Hemos confundido objeto con
capacidad. Amar es una elección casi independiente del objeto elegido. Aun así,
seguimos con la creencia de que los fracasos en nuestras relaciones han sido motivados
tan sólo por no haber encontrado a la persona adecuada.
Los encuentros sin búsqueda suelen ocurrir cuando uno se halla en un momento de
armonía y equilibrio íntimo, cuando hace la vida que quiere hacer y está dándole un
sentido. En esta situación, uno está sensible, atento y receptivo y, por lo tanto, desprende
atractivo. En momentos así puede tener lugar el encuentro con otra persona que esté en
una sintonía similar, y es en este contexto cuando puede iniciarse una relación madura en
la que cada persona sea autónoma y no una mitad de algo. Ésta es la historia de amor que
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puede tener éxito. El encuentro se inicia con el amor a uno mismo, que es el que nos va a
permitir llegar a amar a otro.
Renovarse y sorprender
Las personas que quieren mantener y hacer crecer el amor no deben apalancarse, deben
estar activas y renovarse constantemente procurando sorprender diariamente al otro. El
amor es una planta que necesita riego constante. Es equivocado pensar que una vez
encontrado el amor, el trabajo ya está hecho. Esta creencia causa graves dificultades en
las relaciones.
Tomar conciencia de nuestra capacidad de amar es sólo el inicio. El amor no se
encuentra, se construye, es una semilla que se siembra y que necesita tiempo, un entorno
adecuado, cuidado y calidez y, para crecer y dar fruto, debe renacer constantemente.
Explicamos un cuento
Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos con largas barbas blancas sentados
delante de su puerta.
—No os conozco —dijo—, pero seguramente debéis de tener hambre. Por favor,
entrad y tomad alguna cosa de comer.
—¿Está el hombre de la casa dentro? —preguntaron.
—No —dijo ella— ha salido.
—Así, no podemos entrar —respondieron.
Al oscurecer, llegó el esposo a la casa y ella le explicó lo que había sucedido.
—Ve a decirles que ya estoy en casa e invítales a entrar.
La mujer así lo hizo. Ellos respondieron:
—Nosotros no entramos a la casa juntos.
—¿Por qué? ¿Quiénes sois? —quiso saber ella.
Uno de los ancianos repuso:
—Su nombre es Riqueza —dijo, señalando a uno de sus amigos y luego añadió,
señalando al otro— él es Éxito y yo, Amor. Cada uno de nosotros es portador de un don
que puede ser vuestro. Ahora, entra en tu casa y habla con tu esposo para decidir juntos a
cuál de nosotros invitais a entrar.
La mujer así lo hizo y explicó al marido lo que el viejo le había dicho. ¡El marido
estaba encantado!
—¡Qué fantástico! —dijo— En este caso, si te parece bien, vamos a invitar a Riqueza
y que llene nuestra casa de bienes.
La mujer no estaba de acuerdo:
—Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?
Su nuera estaba escuchando la conversación y les dijo:
—Pienso que sería mejor que invitárais a Amor. Vuestra casa se llenaría de este
sentimiento.
—Escuchemos el consejo de nuestra nuera —dijo el esposo a la esposa—. Invita a
Amor a que entre en nuestra casa.
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La mujer salió fuera y se dirigió a los tres ancianos:
—Por favor, ¿quién es Amor? ¡Entra en nuestra casa!
Amor se levantó y empezó a caminar hacia la casa. Los otros dos también se
levantaron y le siguieron. Sorprendida, la mujer preguntó a Riqueza y a Éxito:
—Nosotros sólo hemos invitado a Amor. ¿Por qué venís vosotros también?
Los ancianos contestaron juntos:
—Si hubieses invitado a Riqueza o a Éxito los otros dos nos hubiéramos quedado
fuera, pero al invitar a Amor entraremos juntos, ya que donde sea que él vaya nosotros lo
acompañamos. Donde sea que haya amor, también habrá éxito y riqueza.
Escuchar el amor
Amor, te digo esta palabra, mil veces repetida, acaso sin pensarla, como
una letanía... No sé qué significa.
LUIS EDUARDO AUTE
Cada persona usa un código diferente en el amor y, a veces, formas muy sutiles de
lenguaje cifrado que sería bueno que aprendiéramos a interpretar y a traducir. Si no
hacemos un esfuerzo de comunicación para averiguar cuál es el código del otro podemos
malinterpretar algunos mensajes o no darnos cuenta de que, en el fondo de determinadas
conductas, anida el amor.
Vigila, ve con cuidado; pórtate bien, abrígate, conduce con precaución... pueden
significar: Me preocupa tu bienestar, tu seguridad, eres importante para mí, te deseo lo
mejor, te quiero. Cuando unos padres riñen a un hijo que ha llegado muy tarde, el hijo
quizá sólo oye en el discurso la ira que expresa. Pero posiblemente, aunque la ira esté
allí, también puede haber mucho miedo por la seguridad del hijo al que aman, mucha
ansiedad e inquietud. En el fondo de un lenguaje inadecuado fruto del caos emocional,
también podríamos encontrar amor. Y aunque lo ideal es aprender a usar un código
explícito y positivo, expresando directamente las emociones reales, hay quien tiene
limitaciones para formular un «te amo» directamente. Por timidez, por miedo al rechazo
o por falta de educación emocional, uno puede recurrir a otros códigos que pueden ser
malinterpretados.
De forma similar podemos valernos del lenguaje corporal: un apretón de manos, un
abrazo, una caricia rápida en el mejilla, un beso impulsivo, un tono de voz tierno o una
mirada dulce. Todos ellos signos de amor que si no estamos atentos nos podemos perder.
Podemos decir te quiero de muchas maneras: con el silencio, escuchando atentamente,
con una nota simpática, un contacto, una sonrisa o unas lágrimas. ¡Escuchemos al amor!
Si lo hacemos veremos que somos mucho más amados de lo que creemos, aunque no sea
con nuestro código sino con el que le es propio al otro.
En esta aceptación reside la sabiduría de no intentar transformar al otro ni exigirle que
aplique nuestro código personal.
Preservar el misterio
207
Si sólo amo lo que conozco... mi amor ¿es completo? Si sólo me aman por lo que
conocen de mí... ¿soy completamente amado? Cuando amamos... ¿no se nos iluminan
también las sombras?
SERGIO SINAY
Cada persona es un enigma para sí misma y para los demás. El otro siempre es diferente
y misterioso. Hay misterios en su interior que sólo a él pertenecen y a los que,
posiblemente, no llegaremos a acceder. Esto no debería ser un problema si aceptamos
que también nosotros tenemos una parte misteriosa que forma parte de nuestra
individualidad.
Estos espacios privados son preciosos y valiosos, y debemos respetarlos aunque estén
fuera de nuestra comprensión. El misterio forma parte de nuestro atractivo y del atractivo
del otro. Nunca podremos desvelar este espacio, ni falta que hace. El misterio es uno de
los ingredientes del amor y es importante saber preservarlo.
Pasar de amor a amar
Amar no es cuestión de objeto sino de capacidad.
ERICH FROMM
Pasar del sentimiento a la práctica es un paso definitivo y necesario. Podemos sentir
amor, pero si no somos capaces de canalizarlo y hacer que llegue al otro nos quedamos a
la mitad del camino. La forma en que nosotros expresamos nuestro amor puede no
coincidir con la forma en que el otro necesita ser amado. Esta cuestión sólo puede
resolverse mediante una buena comunicación que permita la adaptación entre las
necesidades y deseos de las dos personas. El objetivo es convertir el sentimiento de amor
en una conducta: amar. Esta tarea no es fácil, pero es una elección y comporta una
responsabilidad ya que amar es un trabajo a tiempo completo. No se trata ya de encontrar
una persona adecuada para amar, sino de trabajar nuestra capacidad de amar y repartir
amor a todos los que nos rodean.
Eliminar la exclusividad
En ti amo el mundo, la tierra y la gente de donde procedes, en ti amo.
RAIMON
Pensar que la relación con otra persona puede llegar a llenar todo nuestro mundo
afectivo es minimizar nuestra capacidad de amar y de relacionarnos de formas distintas.
Esta creencia nos limita y debemos eliminarla si queremos amar bien. Por esto es
importante vincularnos en libertad en lugar de gastar energías supervisando, controlando
y censurando las relaciones de nuestra pareja.
Toda persona debería ser capaz de mantener una amplia variedad de relaciones de
amistad y de amor, de diferentes tipos y niveles de compromiso. Esta base afectiva y
relacional es el mejor indicio de salud mental y es un elemento clave para mantener un
buen equilibrio psicoecoafectivo.
208
Volar juntos, pero no atados
Dice una vieja leyenda sioux que una vez llegaron, cogidos de la mano, dos jóvenes a la
tienda del viejo brujo: Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros,
y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más bellas mujeres de la tribu.
—Nos amamos —dijo el joven.
—Y queremos casarnos —continuó ella.
—Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
—Queremos un conjuro, un talismán.
—Alguna cosa que nos garantice que podemos estar siempre juntos.
—Que nos asegure que estaremos el uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el
día de nuestra muerte.
—Por favor —repitieron—, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo brujo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y con
tanto anhelo esperando su palabra.
—Hay una cosa —dijo el viejo, después de una pausa—. Pero no sé... es una tarea
muy difícil y sacrificada.
—No importa —dijeron los dos jóvenes.
—Lo que sea —reafirmó Toro Bravo.
—Bien —dijo el brujo—. Nube Alta, ¿ves la montaña al norte de nuestro pueblo?
Debes escalarla tú sola y, sin más armas que una red y tus manos, has de cazar el halcón
más espléndido y vigoroso de la montaña. Si lo atrapas debes traerlo aquí, con vida, el
tercer día después de la luna llena. ¿Lo has comprendido?
La joven asintió en silencio.
—Y tú, Toro Bravo —continuó el brujo—, deberás escalar la montaña del Trueno, y
cuando llegues a la cima debes encontrar la más brava de todas las águilas, y sólo con tus
manos y una red atraparla sin herirla y traerla aquí el mismo día que vendrá Nube Alta.
Y ahora, iros.
Los jóvenes se miraron con ternura y, después de una sonrisa, salieron a cumplir su
misión. Ella hacia el norte y él hacia el sur.
El día establecido, fuera de la tienda del brujo esperaban los dos jóvenes con sus
respectivas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que, con
cuidado, las sacasen de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y mostraron los ejemplares
cazados. Eran espléndidos, lo mejor, sin lugar a dudas, de sus respectivas estirpes.
—¿Volaban alto? —preguntó el brujo.
—Sí, sin duda. Tal y como nos pidió. ¿Y ahora qué? —preguntó el joven— ¿Debemos
matarlos y beber el honor de su sangre?
—No —dijo el viejo.
—Los cocinaremos y comeremos el valor de su carne —propuso la joven.
—No —repitió el viejo—. Haced lo que os diré: coged a las aves y las atáis entre ellas
por las patas con estas tiras de cuero. Cuando estén bien atadas, dejadlas volar libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que el brujo les pedía y soltaron a las aves. El águila
y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero sólo conseguían arrastrarse por el suelo.
209
Unos minutos después, irritadas por su incapacidad, las aves empezaron a darse golpes
con el pico y a agredirse entre ellas hasta hacerse daño.
—Éste es el conjuro. Nunca olvidéis lo que habéis visto. Vosotros dos sois como un
águila y un halcón: si os atáis el uno al otro, aunque lo hagáis por amor, no sólo viviréis
arrastrándoos sino que, tarde o temprano, empezaréis a haceros daño mutuamente. Si
queréis que vuestro amor perdure, volad juntos, pero nunca atados.
COMPASIÓN. Anatomía de la compasión
El hombre que, en lo más profundo de su corazón, siente que es feliz, espontáneo y
generoso, ve en el género humano a un solo hombre a quien ayudar y entender.
PROVERBIO CHINO
Una compasión vestida de ternura
¿Qué es la compasión? ¿Es sólo sentir simpatía por aquellos que sufren o también
comporta acción? Compasión significa participación en el dolor de otro. Supone sentir
tristeza por el mal que el otro sufre. No es sentir lástima de él sino «sentir con él».
La compasión, karuna en sánscrito, es la intención y capacidad de aliviar el
sufrimiento de otra persona o de cualquier otro ser vivo. La compasión sana debe ir
unida al sentimiento de ternura. Los budistas hablan de ser solidarios en la finitud, lo que
significa que todo ser, grande o pequeño, merece esta piedad cuidadosa por el mero
hecho de estar vivo y de compartir el común destino de la muerte. Ésta es una visión
psicoecoafectiva muy interesante, compatible con la segunda ley de la gestión ecológica
de las relaciones: la ley del boomerang o de la reciprocidad.
La compasión iluminada
La compasión iluminada trasciende la actuación inmediata que puede suponer ayudar en
un momento dado a la persona que sufre. Si uno se compadece de alguien que pasa
hambre y le da comida, el impacto de su actuación será sólo puntual, a no ser que le
enseñe también a cultivar sus alimentos, un oficio, le dé trabajo o haga acciones para
evitar la exclusión social.
La compasión iluminada supone ayudar al otro para que sea autónomo y tome
conciencia de sus recursos personales a fin de que pueda dar por sí mismo respuesta a los
retos que la vida le plantea. Por eso, la relación que debe establecerse se ha de basar en
el concepto de relación de ayuda y no en una relación de poder. En este sentido, a
menudo se ha confundido compasión con lástima y ayuda, con caridad.
¡No me compadezcas!, suele decirse. Ocurre porque la compasión mal entendida, y
peor aplicada, puede generar mucho más dolor y soledad que su ausencia, al no tratarse
de una compasión iluminada sino de una relación que puede ser vivida como
humillación.
La compasión universal
210
Quizá sea por instinto de conservación el motivo por el cual no sabría renunciar nunca
a ser compasivo.
FERNANDO SAVATER
La compasión y la sabiduría son dos de las piedras fundamentales del budismo. La
compasión es la solidaridad en el sufrimiento con todos los seres del mundo. Es un
concepto de solidaridad universal: todos compartimos vida y somos interdependientes,
así es que sería bueno comportarnos como buenos compañeros de ruta.
La primera práctica de la atención plena de los budistas nos habla de la reverencia
por la vida, y dice así:
Consciente del sufrimiento causado por la destrucción de la vida, me comprometo a
cultivar la compasión y a aprender formas de proteger la vida de las personas,
animales, plantas y minerales.
Tomo la firme determinación de no matar, no dejar que otros maten y no tolerar
ningún acto inmoral en el mundo, ni en mi pensamiento ni en mi forma de vivir.
La compasión universal parte de la idea de que la vida es un don precioso que está en
todas partes y adopta innumerables formas. Para una compasión sana hay que tener
comprensión, una buena apertura mental y afectiva, y estar atento al presente. Cuando
comprendemos, somos capaces de solidarizarnos y de sentir con el otro, darle una ayuda
respetuosa y comprometernos de forma global y responsable con la vida.
La constelación de la compasión
El clan de la compasión tiene cuatro familias:100 la compasión, la lástima, la piedad y la
conmiseración. La compasión va unida a sentimientos como la ternura, el amor, la
solidaridad, la empatía y la simpatía. También se mueven en su constelación el respeto a
la intimidad y a la libertad del otro, ya que de no ser así se convertiría en intromisión. La
compasión también es amiga de la no violencia y nos encamina hacia la armonía y la
paz.
Síntomas de deterioro
Compasión bajo sospecha
A lo largo de la historia la compasión ha sido un sentimiento bajo sospecha. Séneca la
consideraba un sentimiento pusilánime y propio de almas pequeñas que tenían
demasiado terror a la desgracia. Sigmund Freud afirmó que nunca había sentido el
sadismo de querer ayudar a nadie.
En nuestra sociedad occidental se ha confundido, a menudo, compasión con lástima y
piedad. ¿Cuántas veces hemos oído la expresión: «No quiero que sientas compasión de
mí»? Quizá aquí la palabra ha sido una trampa y lo correcto sería decir: «No quiero que
sientas lástima de mí, pero sí quiero que sientas conmigo». La lástima y la piedad son
sentimientos que no van unidos a una acción positiva y que, por lo tanto, no son de
211
ayuda real. Por eso han sido denostados, hasta el punto de llegar a desvirtuar
completamente el significado de la compasión y ponerla bajo sospecha. Es importante
usar el lenguaje preciso y limpiar las palabras maleadas para revestirlas de su significado
real. No tenemos ninguna posibilidad de sobrevivir como especie en este mundo si no
protegemos la compasión.
La autocompasión victimista
Me es tan fácil compadecerme de mí mismo que, por extensión, soy fácil a la piedad
hacia los demás.
FERNANDO SAVATER
La autocompasión, cuando equivale a victimismo puede ser una trampa. Nuestro papel
va a ser el de una víctima maltratada por los demás y por la vida. Uno vive con la
sensación de que las cosas suceden sin que podamos hacer nada. ¡Pobres de nosotros!,
pensamos, y la pena nos inunda. Al centrarnos en nuestro dolor dejamos de mirar al
mundo que nos rodea y pasamos por el filtro de la autocompasión toda la información
que recibimos. Y dado que estamos peor que los demás ¿por qué nos vamos a sentir
solidarios con su momento o con sus problemas? A partir de esta valoración, podemos
actuar de forma egoísta y autocentrada. Si esta espiral continúa es posible que incluso
uno llegue a beneficiarse de su sufrimiento e indefensión.
La autocompasión tiene su origen en la falta de responsabilidad personal. Quien ha
elegido en libertad no suele sentirse así por lo que debemos preguntarnos si nuestras
elecciones han sido motivadas por un falso sentido de la obligación o son el fruto de una
creencia desadaptativa como, por ejemplo: quiero que todos me amen y gustar a todos, y
lo haré todo por conseguirlo. El paso del papel de salvador al de víctima es muy
sencillo: uno puede llevar al otro. Cuando uno se autocompadece suele sentirse
vulnerable, incapaz, inútil e impotente con respecto a la consecución de sus metas. El
«no puedo» o «es imposible» son expresiones que forman parte del discurso habitual.
Así a la autocompasión se une la falta de confianza en uno mismo. Si no se para esta
espiral se llegará al sentimiento de indefensión y a la depresión. Es importante tomar
conciencia de esto y recuperar el control asumiendo la necesidad de efectuar algunos
cambios en nuestra vida.
Compartimos con Fernando Savater el pensamiento de que es difícil de admitir que
existan algunos tipos de compasión que no nazcan de la autocompasión. Si uno no ha
padecido, ¿cómo va a reconocer en otro el sufrimiento, de dónde va a obtener la
información que lo moverá a mostrarse solidario y compasivo? Así pues, la
autocompasión bien entendida sería la capacidad de una persona de tomar conciencia del
propio sufrimiento y, a partir de ahí, ser capaz de obtener la llave de acceso a la
comprensión del sufrimiento de otro ser humano.
Insensibilidad para no sufrir
Insensibilidad: cuando fabricamos corazas, construimos castillos, los rodeamos de
212
murallas, cavamos fosas y ponemos en su interior agua y pirañas.
La falta de compasión va unida a la falta de empatía, de sensibilidad, interés y respeto
por el otro. Esta ausencia indica un posible fallo en la construcción de nuestro sentido
moral o es un mecanismo de defensa para no sufrir que nos aleja de los demás. Los
psicópatas y los sociópatas no son compasivos porque no son empáticos: no sienten
cuando otro siente, no sufren cuando otro sufre. Este modelo humano, falto del
sentimiento compasivo, es altamente destructivo y peligroso.
La gestión adaptativa de la compasión
Sentir compasión no es suficiente. Debemos aprender a expresarla. Por eso el amor ha
de acompañar a la compasión. La comprensión y la sabiduría intuitiva nos muestran
cómo actuar.
THICH NHAT HANH
Ser buenos con nosotros mismos
La compasión, dice Ram Dass, empieza por uno mismo. Cuando nos queremos y nos
tratamos bien alimentamos nuestro crecimiento espiritual y cultivamos la compasión por
los demás. Gandhi lo definió muy bien: Creo en la unidad esencial de todas las personas
y, más aún, de todas las vidas. Por lo tanto, creo que si una persona crece
espiritualmente, el mundo entero sale ganando también en este sentido, y si una persona
retrocede, el mundo entero lo hace en igual medida.
Está claro que lo único que podemos dar es aquello que somos. Así pues, para ser
realmente compasivos con los demás debemos practicar en primer lugar con nosotros
mismos, aceptándonos y perdonándonos.
No perder el contacto con el sufrimiento
Para alimentar nuestra capacidad de compasión debemos mantenernos en contacto con el
sufrimiento del mundo practicando la atención y la observación. El paso siguiente será
dejar que este sentimiento de compasión fluya de dentro hacia afuera a través de
acciones compasivas.
La energía que procede de la compasión nace de nuestro interior. Para eso debemos
aprender a mirar con el corazón y desarrollar la visión interior. La compasión va unida a
la práctica de la no-violencia y a todas las acciones que favorecen la paz.
Escuchar con el corazón
Quien escucha con el corazón encuentra la armonía entre la palabra, el gesto y el
silencio.
J. BERMEJO
Educar la sensibilidad y educar con sensibilidad son las premisas básicas para conseguir
un modelo humano no agresivo y solidario. Por eso es importante educar la empatía, ya
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que sólo una persona capaz de “des-centrarse” y ponerse en el lugar de otra podrá
acompañarla en su sentir.
Quien es capaz de captar el mundo afectivo de otro ser humano será también capaz de
dar la respuesta adecuada a sus necesidades. En este caso no se sentirá aislado y podrá
practicar la generosidad que nos hace verdaderamente humanos. La práctica de la
compasión pide mantener una relación de iguales y no una relación de poder.
Escuchar con el corazón es sentir con el otro. Al sentir con el otro, expresarlo y actuar
en consecuencia y con responsabilidad nos solidarizamos con el sufrimiento de la
humanidad y hacemos que disminuya.
No tenemos demasiadas opciones más: o bien apostamos por este modelo de persona
sensible, pacífica y compasiva o estamos condenados a autodestruirnos.
CONFIANZA. Anatomía de la confianza
Cuando está dotado de un corazón sincero, el hombre es digno de confianza; cuando
está dotado de un carácter sencillo, el hombre es generoso y raramente se equivoca al
juzgar a los demás.
Seguridad y riesgo
La puerta más segura es la que se puede dejar abierta. La palabra confianza tiene su
origen en el verbo latino confido, que significa esperanza o seguridad en la buena fe de
alguien. La confianza parte de la creencia de que es posible prever el comportamiento
propio o ajeno, y esto produce un sentimiento positivo que anticipa un futuro libre de
amenazas. Confiar supone siempre un riesgo. Sólo puede haber confianza entre las
personas porque sólo éstas pueden comprometerse a actuar de determinada forma. La
confianza nunca es fruto de la teoría sino que nace de la experiencia y de la actuación.
La persona que confía tiene sentimientos de seguridad en sí misma y en sus propios
recursos, y por este motivo es capaz de confiar en otro ser humano. A pesar de ser
consciente de que al ceder el control corre un riesgo, está dispuesta a hacerlo porque cree
en el compromiso del otro y en el suyo propio.
Sin confianza no hay alegría
Ni tampoco diálogo, ni aprendizaje, ni iniciativa emprendedora, ni credibilidad. Sólo hay
precauciones, normas, rigidez, cinismo y estructuras de control a fin de sentirnos
seguros. La confianza comporta franqueza y la posibilidad de ser nosotros mismos sin
tener que tomar un exceso de precauciones para protegernos.
Sin confianza no puede haber crecimiento personal porque no se puede establecer una
comunicación sincera y directa en la que las palabras surjan del corazón y de la mente al
mismo tiempo. A pesar de que al relacionarnos nos exponemos, debemos asumir este
riesgo como una oportunidad para construirnos, ya que el hecho de no relacionarnos nos
debilita siempre.
Sin confianza tampoco hay paz ni serenidad porque estos sentimientos piden una
214
mirada limpia y de aceptación. Al aceptar y acoger somos capaces de confiar y no nos
sentimos solos, ya que se puede establecer una buena relación humana. Y cuando existe
una buena relación humana podemos sentir alegría y felicidad.
La gestión de la incertidumbre
Déjate caer del infierno, y tu caída quedará interceptada por el techo del cielo.
La confianza puede ser un sentimiento y también una actitud y un marco de conducta
hacia el futuro. Es la llave de toda relación y, sin ella, se hunden. Nos permite pensar que
mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, podrá
conseguir grandes cosas.
Vivimos en un mundo incierto, inmersos en constantes cambios, velocidad y prisas y
dentro de este contexto caótico, desenfrenado y lleno de incertidumbre, nosotros los
humanos vivimos nuestras vidas. Precisamente en estas circunstancias es donde la
confianza nos puede proporcionar el anclaje que nos permitirá sentirnos más seguros al
decidir, actuar y experimentar. En nuestro interior existe un espacio que nadie nos puede
quitar, donde reside la certeza de ser en el centro de la incertidumbre del vivir. Y es ahí
donde vive la confianza.
La historia de Miralepa
Dicen que cuando Miralepa fue a ver a su maestro al Tíbet, era tan humilde puro y
auténtico que los otros discípulos sintieron celos de él. Parecía seguro que tenía
posibilidades de ser el sucesor del Maestro y por este motivo los demás intentaron
deshacerse de él. Miralepa era muy confiado. Y cuando un día los discípulos le dijeron:
—Si realmente crees en el Maestro, ¿puedes lanzarte desde este abismo? Si confías no
te pasará nada. No te harás daño.
Miralepa saltó sin dudar un momento. Los compañeros bajaron corriendo puesto que
el valle estaba a 3.000 pies de profundidad. Esperaban encontrarlo deshecho, pero él
estaba sentado en la postura del loto y tremendamente feliz. Abrió los ojos y dijo:
—Teníais razón, la confianza salva.
Sus compañeros pensaron que se trataba de una coincidencia, así es que cuando un día
salieron de viaje y tuvieron que cruzar un río le dijeron:
—Tú no necesitas ir en barca. Tienes tanta confianza que puedes andar sobre las
aguas.
Y él caminó sobre las aguas. Ésta fue la primera vez que el Maestro se fijó en él.
—¿Qué estás haciendo? Esto es imposible —dijo el Maestro.
—Lo hago gracias a tu poder, Maestro —respondió Miralepa.
El Maestro pensó que si su poder y su nombre podían hacer esto por un hombre
ignorante y estúpido, él tendría que probarlo por sí mismo. Lo intentó y se hundió, y
nunca más se oyó hablar de él.
Y es que si confías plenamente incluso un Maestro no iluminado puede revolucionar
positivamente tu vida. Y, al contrario, un Maestro iluminado puede no serte de ninguna
215
ayuda. Todo está en tus manos y depende completamente de ti.
Visión positiva para confiar
Una empresa de zapatos envió a un viajante a África para que abriese mercado. Después
de un mes, el viajante volvió a la empresa con un informe totalmente negativo diciendo
que allí no había ninguna posibilidad:
—En África casi todos van descalzos. Por lo tanto, no vamos a vender nada.
La empresa, no obstante, decidió enviar allí a un segundo viajante. Después de un mes
elaboró un informe totalmente positivo:
—¡Estamos de enhorabuena, señores! En este país nadie tiene zapatos. ¡Tenemos todo
un mercado para abrir!
La constelación de la confianza
El sentimiento de confianza va unido a los de seguridad en uno mismo, a la sensación de
control y a la esperanza de que todo va a ir bien o de que, en caso de no ser así, uno
encontrará la forma de solucionarlo. Por lo tanto, también está en su órbita el sentimiento
de ser competente y capaz. De la confianza también nacen la alegría, la felicidad, la
aceptación, la paz y la serenidad.
Síntomas de deterioro
El continuum de la confianza
Imaginemos un segmento con un centro y dos extremos. En uno de ellos se sitúa la fe
ciega que nos podría llevar a la despersonalización y que sería peligrosa para la propia
construcción personal. A continuación tendríamos el margen de confianza en dos
niveles: superficial y profunda. En el centro, un punto de neutralidad correspondiente al
de la persona que ni confía ni deja de confiar, parecido a la indiferencia. En el extremo
contrario del segmento estarían todas las formas de desconfianza: defensa, incoherencia,
comunicación paradoxal, desgaste emocional e hipocresía. En la punta del segmento, la
paranoia como patología extrema producto de la falta de confianza llevada a los límites.
Lo contrario de la confianza es, pues, la desconfianza. La desconfianza es el
sentimiento que surge de la falta de seguridad sobre la conducta de alguien o respecto al
futuro. Uno desconfía de quien tiene una conducta impredecible, de cambio constante sin
pautas o criterios concretos. La confianza se va deteriorando cuando uno tiene más
experiencias derivadas de la evaluación negativa del futuro que positivas. La
desesperanza es el sentimiento generado por la creencia de que lo que deseamos no va a
suceder. En el fondo de ambos sentimientos se encuentra el miedo ante todo lo que
puede suponer una amenaza para nuestra supervivencia.
Los prejuicios limitadores
Se explica que una señora elegante supo que el tren que esperaba se retrasaría un mínimo
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de una hora. Fastidiada, fue al quiosco a comprar una revista, un paquete de galletas y
una botella de agua, y se sentó en un banco del andén dispuesta a esperar.
Mientras hojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y empezó a leer el periódico.
De repente, la mujer vio que aquel chico, sin decir palabra, abría el paquete de galletas y
comenzaba a comérselas una por una con despreocupación. La mujer se sintió muy
molesta. No quería ser mal educada, pero consideró que no podía dejarlo pasar. Así es
que con un gesto exagerado tomó el paquete, extrajo una galleta que exhibió delante del
chico y se la comió haciendo ostentación de ello. Como respuesta, el chico cogió otra y,
sonriendo, se la comió. La mujer estaba cada vez más enojada y repitió la provocación.
Nuevamente el chico tuvo la misma reacción. Y así continuaron galleta a galleta hasta
que sólo quedó una. «No va a atreverse», pensó la mujer. El chico cogió ostensiblemente
la galleta y con suavidad la partió por la mitad y le ofreció la mitad a la mujer,
levantándose a continuación del banco en dirección a la estación.
—Gracias —dijo con sarcasmo la mujer.
—De nada —respondió el joven, sonriendo y continuando su camino.
El tren anunció su salida. La mujer se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.
Al arrancar el tren, desde la ventanilla del asiento vio por última vez al chico. «¡Qué
cara y qué persona más desagradable y agresiva!», pensó. Abrió su bolso para sacar la
botella de agua y quedó totalmente aturdida al ver que en su interior estaba el paquete de
galletas aún intacto. ¡Se había comido las galletas del chico!
Cuando aparece la mentira
La confianza y la intimidad van unidas. Tener una relación íntima con alguien significa
tener una relación de confianza, aunque no significa perder el derecho a la privacidad ni
a tener un espacio propio. Una cosa es esconder o no comunicar cierta información al
otro, y eso formaría parte del derecho a la privacidad, y otra distinta es mentir. La
mentira rompe el edificio de la confianza que tanto cuesta levantar. La confianza se
alimenta de la honestidad y de la sinceridad. Cuando aparece la mentira todo el edificio
tiembla. Es muy difícil construir una relación de confianza y muy fácil hundirla con la
mentira.
La gestión adaptativa de la confianza
No me creas, si no confías en ti mismo.
Confiar en uno mismo: el primer paso
La confianza es la madre que da luz a todo tipo de realización.
CAMINO BUDISTA
Confiar no puede considerarse un valor absoluto por sí mismo dado que todo depende
del grado de confianza y, especialmente, de dónde se deposita. El primer paso para
gestionar adaptativamente la confianza es trabajar el autoconocimiento. Sólo si nos
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conocemos bien seremos capaces de valorar de forma adecuada las situaciones y
personas que nos rodean.
Quien no confía en sí mismo y deposita su confianza en las manos de otra persona es
altamente imprudente y su conducta peligrosa e, incluso, autodestructiva. Es necesario
aprender a distinguir bien cuándo es el momento de ser confiado y cuándo el de
mantener el control. La confianza y los sentimientos de seguridad que de ella derivan
nos permiten perseverar en el tiempo y comprometernos aunque no tengamos
recompensas inmediatas.
Lo que es esencial
Éste es el relato del día en que Juan se encontró a su amiga Carmen en un bar. Él tenía el
rostro muy abatido y descargó en ella todas sus preocupaciones: el trabajo, el dinero, su
relación de pareja, su vocación... todo parecía ir mal en su vida. Estaba muy
desilusionado de sí mismo. Carmen introdujo la mano en su cartera, le dio cien euros y le
dijo:
—Juan, ¿quieres este billete?
Juan la miró confuso y le dijo:
—Claro, Carmen. Son cien euros ¿quién no los quiere?
Entonces Carmen cogió el billete y lo arrugó hasta hacer una bolita. Se lo mostró a
Juan y le preguntó:
—¿Y ahora, aún los quieres?
—Carmen, ¿qué tiene que ver? Siguen siendo cien euros. Está claro que los tomo si
me los das.
Carmen volvió a coger el billete, lo tiró al suelo, lo aplasto con su pie y lo levantó
sucio y marcado.
—¿Sigues queriéndolo? —preguntó.
—Mira Carmen, sigo sin entender qué quieres, pero este billete sigue siendo de cien
euros esté sucio o aplastado, o sea, que su valor es el mismo y lo sigo queriendo.
—Entonces, Juan, debes saber que aunque en ocasiones las cosas no van como
queremos, aunque la vida nos arrugue o nos pise, seguimos siendo tan valiosos como
siempre hemos sido.
La llave de toda relación
La confianza es el lubricante crítico de los sistemas sociales.
JOSEP ARROW
La confianza es la llave de toda relación. Si no existe la confianza todo se paraliza y la
relación no avanza. Cuando no hay confianza reina la inseguridad, el sufrimiento y hay
un elevado coste emocional. Sólo si confiamos en nosotros mismos evitaremos crear
relaciones de dependencia en la cual uno siempre espera que el otro le solucione la vida
sin esforzarse para nada. Esta relación sería desigual, inmadura e injusta y no está basada
en la confianza sino en la comodidad o el poder.
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Para desarrollar la confianza debemos estar abiertos a las nuevas ideas y a los
sentimientos, así como detectar y combatir los prejuicios absurdos. Se trata de tomar la
responsabilidad de nuestra vida e intentar vivirla con honestidad y coherencia. También
debemos aprender a respetar a los demás en su diferencia y a desarrollar una escucha
activa abriéndonos de corazón y de mente al otro. Mediante la confianza se inicia la
posibilidad de una comunicación de verdadera calidad.
ESPERANZA. Anatomía de la esperanza
La esperanza es esta cosa halada que se deposita en el alma.
EMILY DICKINSON
Ampliar el presente
La mente tiene la capacidad de evolucionar hasta convertirse en algo bello.
PROVERBIO CHINO
La palabra esperanza proviene de la raíz indoeuropea “spe”, que ha dado origen a
diversos significados: considerar que algo ha de realizarse, aumentar, prosperar, poder,
ser capaz de. Es un sentimiento agradable provocado por la anticipación de algo que
queremos y que se nos presenta como posible. Anticipa la prosperidad y se relaciona con
el deseo, dado que uno siempre espera algo deseable. Para Santo Tomás aquello que se
espera debe reunir cuatro requisitos: ser un bien, futuro, dotado de grandeza o dificultad
y posible.
Es importante diferenciar la esperanza sana de la falsa esperanza. La primera tiene sus
raíces en lo que es posible, es realista, se enraíza en la realidad y se proyecta y combina
con un esfuerzo activo y consciente. La falsa esperanza, en cambio, puede ser peligrosa y
nos puede llevar a negar nuestra realidad y a quedarnos pasivos esperando lo que
queremos, pensando que llegará sin nuestra ayuda o intervención.
Esperanza ¿en qué y para qué?
Es difícil decir si la esperanza existe o no. La esperanza es como un camino del campo,
al principio no hay camino, pero a fuerza de caminar, la gente llega a trazar uno.
Podemos esperar algo y pensar que lo conseguiremos por nuestro esfuerzo o por la
propia dinámica de las cosas; o bien tener una esperanza basada en la promesa de ayuda
o colaboración de otra persona.
Es importante diferenciar la esperanza sana de la falsa esperanza. La primera tiene sus
raíces en lo que es posible, es realista, se enraíza en la realidad y se proyecta y combina
con un esfuerzo activo y consciente. La falsa esperanza, en cambio, puede ser peligrosa y
nos puede llevar a negar nuestra realidad y a quedarnos pasivos esperando lo que
queremos, pensando que llegará sin nuestra ayuda o intervención.
Tampoco debemos confundir esperanza y sueño. El sueño puede ser totalmente irreal,
219
mientras que la esperanza debe colocarse en aquello que es posible, aunque no dependa
totalmente de nosotros. Puede ser un sentimiento peligroso si hacemos de ella el centro
de toda nuestra vida emocional, dado que viviremos frustrados y ansiosos. Tenemos que
valorar muy bien qué esperamos, por qué esperamos y qué hacemos mientras esperamos
conseguirlo.
La constelación de la esperanza
En la constelación de la esperanza giran la paciencia, la seguridad, la confianza, la visión
positiva, la tranquilidad, la ansiedad, el valor y la ilusión. Cuando existe la esperanza
crece la creatividad y el gozo.
Síntomas de deterioro
Cuestión de medida
No esperes, sin dudar un poco. No desesperes, sin conservar un poco de esperanza.
La impaciencia, la ansiedad, la angustia, el miedo, la desesperanza y la desesperación
son síntomas de que la esperanza se está muriendo. La desesperanza es la creencia de
que no va a suceder lo que deseamos, y esto nos produce un sentimiento negativo. Si
creemos que el futuro es independiente de nuestra voluntad y que existe un destino o
hado es posible que dimitamos de la propia responsabilidad: pues si todo está escrito,
acabará pasando hagamos lo que hagamos. Los horóscopos, los augurios o el tarot
pueden dar falsas esperanzas a mucha gente que cree en ellos. Son señales de un tipo de
credulidad más que de esperanza ligadas a una conducta pasiva y perezosa.
De la esperanza a la pasividad
La esperanza es un buen desayuno, pero una mala cena.
FRANCIS BACON
Una cosa es tener esperanza, otra muy distinta es esperar y esperar sin hacer nada. La
esperanza no puede suplir a la acción puesto que nadie puede construir nuestra vida en
nuestro lugar. Tener esperanza no es ceder el control, y cuando alguien utiliza la
esperanza como un pretexto para dejar de luchar, cae en el hoyo de la pasividad que le
puede llevar a la impotencia.
La esperanza ha tenido muchos detractores. De hecho, Spinoza decía que en la
esperanza había una falta de conocimiento y una impotencia del alma, y que el placer, el
conocimiento y la acción no necesitaban para nada la esperanza porque esperar es desear
sin gozar, desear sin saber y desear sin poder. Está claro que si lo centramos todo en la
esperanza y nos olvidamos de que siempre debe ir unida al conocimiento, a la acción y a
la voluntad, caeremos en un estado de indefensión.
La desesperación destructiva
220
Erich Fromm afirma que cuando la vida deja de ser atractiva e interesante, el ser humano
puede caer en la desesperación e intentar obtener la satisfacción y los estímulos por otros
medios alternativos como la destrucción, aunque sea arriesgando la vida.
Podemos confundir deseo y esperanza y estos conceptos, si bien tienen puntos
comunes, son distintos. André Compte-Sponville piensa que la esperanza es un deseo,
pero que todo deseo no es una esperanza. La esperanza haría referencia al deseo de algo
que no tenemos y que se ignora si será satisfecho. En ella, la satisfacción de lo que
esperamos no depende totalmente de nosotros puesto que, cuando lo que esperamos
depende de nosotros, ya no se trata de esperar sino de querer, y es ahí donde empieza la
voluntad luchadora. La desesperación y la falta de voluntad unidas pueden empujarnos
por la pendiente de las conductas autodestructivas.
La gestión adaptativa de la esperanza
Abramos caminos a la esperanza, abramos caminos sin recelos, abramos caminos, que
el mundo avanza, abramos caminos, ahora mismo.
Cuidar la esperanza
Porque el ser humano no puede vivir sin esperanza, aquel a quien se le haya destrozado
totalmente la esperanza, odia la vida.
ERICH FROMM
En el cuento que sigue se plantea la alternativa entre la creación y la destrucción, entre el
amor y el odio. Este cuento es una invitación a la esperanza.
En el planeta Tierra, arrasado por la guerra, ha desaparecido todo, incluso el amor.
Pero un día una joven encontró una flor que estaba muriéndose y, conjuntamente con un
chico, decidieron cuidar de ella. La mimaron, cuidaron de sus necesidades y, poco a
poco, la flor empezó a revivir. Y con ella el amor reapareció en el mundo, y con el amor
todas las demás cosas valiosas de la vida. Pero la historia se repitió, y la Tierra volvió a
verse llena de guerra y destrucción. Nuevamente no quedó nada más que un hombre, una
mujer y una flor.101
El deber de dejar por lo menos un sueño
Un cohete acababa de explotar en mil pedazos. Tres astronautas quedaron flotando a la
deriva con la conciencia plena de su muerte inminente. Mientras salieron disparados sin
control hacia el espacio, uno de los astronautas, sereno y pensativo, fue cayendo hacia la
atmósfera terrestre. Mientras sus últimos instantes se consumían como llamas en el agua,
el hombre comprendió que su vida no había tenido sentido. Fue egoísta, mezquino e
indiferente. Recibió mucho y no dio nada. De repente, su cuerpo se inflamó, se incendió
y se consumió.
Abajo, en la Tierra, en un jardín, una niña miraba el cielo nocturno e intentaba
adivinar las formas del firmamento. La madre estaba con ella. Una cosa brillante se
221
apagó en el infinito. La niña le dijo a la madre que había visto una estrella fugaz.
—Pide tres deseos —le dijo la madre.
Todos nosotros somos, en algún sentido, como el astronauta que se precipita como un
meteorito sobre la Tierra. Por más inútil y absurda que haya sido nuestra existencia hasta
este momento, aún estamos a tiempo de encender por lo menos una esperanza en otro ser
humano.
Yo sé que algún día será así
La forma de generar el mejor futuro es vivir en el momento presente con profundidad,
responsabilidad, de forma despierta, con amor y comprensión.
THICH NHAT HANH
Un anciano chino se levantaba cada día al amanecer, subía a la cima de una montaña
cercana que tapaba la luz del sol de la mañana, recogía una piedra, bajaba de la montaña
y tiraba la piedra al otro lado del río que pasaba por allí. Su hijo y su nieto le
acompañaban en esta tarea:
—¿Por qué hacemos esto? —preguntó un día el nieto.
—Si continuamos haciéndolo y tú se lo enseñas a tus hijos y ellos a los suyos y vamos
transportando piedras —explicó el abuelo—, acabaremos moviendo esta montaña.
El chico insistió:
—Pero abuelo, usted nunca llegará a ver que el monte cambie de lugar.
El anciano afirmó con la cabeza y dijo:
—Sí, es cierto, pero yo sé que algún día será así.
Tener esperanza no significa no hacer nada y estar pasivo esperando lo que deseamos.
No es suficiente tener la esperanza en el corazón. Como el abuelo chino, debemos
ayudar a la esperanza mediante nuestro esfuerzo y tarea diaria. ¡Es importante trabajar en
equipo con ella!
FELICIDAD. Anatomía de la felicidad
¿Qué puedes hacer cuando al girar la esquina de tu calle, de repente, te invade un
sentimiento de felicidad –como si estuvieras en la gloria– como si te hubieras tragado
un trozo de sol brillante del atardecer y siguiese quemando dentro de tu pecho enviando
una lluvia de centellas a cada partícula de tu cuerpo?
KATHERINE MANSFIELD
Muchas visiones sobre la felicidad
Sé tu propia luz.
BUDA
Para nosotros la felicidad es un estado interior de serenidad y autonomía, es algo que va
222
de dentro hacia afuera y no al revés. No es un destino a donde uno llega, sino una forma
de viajar. Pero hay muchas formas diferentes de verla:
Felicidad como actitud: Nuestra felicidad depende más de cómo vivimos las cosas que
de las cosas que vivimos. Si queremos tener opciones reales de felicidad debemos
construir una realidad donde la felicidad tenga opciones.102
Felicidad-momento: Nadie crece solo, sino con los demás. Amar es crecer. Nos
educaron para la felicidad-cosa y lloramos al no encontrarla, mientras tanto nos pasa ante
las narices la felicidad-momento.103
Felicidad como virtud, plenitud y contemplación: Según Aristóteles, la plenitud
procede del interior de las personas. Esta felicidad es la excelencia de carácter y proviene
del logro de las virtudes clásicas: sabiduría, templanza, valentía y justicia. Para él,
«plenitud» significa llegar hasta donde uno es capaz. La felicidad sería una forma de
contemplación, pero también de actuación.
Felicidad como capacidad interna de la persona: Séneca dice que cada persona es
capaz de crearla. Las cosas externas casi no tienen importancia. Todo lo que un hombre
precisa se encuentra más allá del poder de otro hombre.
Felicidad como satisfacción de los instintos: Sigmund Freud pensaba que la
satisfacción plena y desinhibida de todos los deseos instintivos aseguraría la salud
mental y la felicidad. No obstante, sabemos que las personas que sólo dedican su vida a
satisfacer sin restricciones sus deseos no son felices, y a menudo presentan graves
síntomas y conflictos neuróticos. Por lo tanto, la gratificación completa de todas las
necesidades instintivas no sólo no constituye la base de la felicidad, sino que ni tan sólo
garantiza la salud mental.
Un editorial al New York Times
La felicidad no incorpora la ética, pero la ética es una de las formas de la felicidad.
FERNANDO SAVATER
En 1945, W. Odgen escribió en un periódico un editorial sobre el arte de la felicidad. Lo
que decía no ha perdido vigor a pesar del tiempo pasado. Veámoslo:
Hoy en día existe una curiosa condición en el mundo: nunca ha habido una época
en la que se dedicase más esfuerzo oficial para producir felicidad y, probablemente,
tampoco una época en la que el individuo dedique tan poca atención a trabajar las
cualidades personales que contribuyen a crearla.
[...] Lo que uno echa de menos en el mundo de hoy es la evidencia de una
determinación personal de desarrollar el carácter que, por sí mismo, y dadas unas
condiciones razonables, contribuye a la felicidad. Todo nuestro énfasis se centra en la
reforma de las condiciones de vida, de mejores salarios o controles de la estructura
económica, mejores viviendas, pero muy poco para que la gente pueda mejorarse a sí
misma.
223
La constelación de la felicidad
Felicidad es estar rodeado de mil deseos, es escuchar cómo crujen las ramas alrededor
del cuerpo.
FRANÇOIS MAURIAC
La felicidad da la mano a la confianza, a la serenidad, a la alegría, a la esperanza y al
equilibrio vital. Está unida a la generosidad, a la solidaridad, al agradecimiento y,
especialmente, a la sabiduría. La felicidad es la consecuencia del amor maduro.
Los ingredientes de la felicidad
Se han dado muchas fórmulas para conseguir la felicidad. Según Ogden, la felicidad
requiere esta fórmula:
• Ser compartida: hacer feliz a otro es ser feliz uno mismo.
• Ser silenciosa.
• Venir de dentro y descansar en la bondad y en una conciencia clara.
• Basarse en principios éticos. La religión puede no ser esencial para conseguirla, pero
no es posible sin una filosofía que repose en estos principios.
Según Alexander Chalmers los tres grandes factores de la felicidad son:
• Tener algo que hacer.
• Alguien a quien amar.
• Las esperanzas puestas en alguna cosa.
Según Antoni Bolinches104
• A más elementos que faciliten, más felicidad.
• A más elementos que dificulten, menos felicidad.
• Éste es un sistema en red. Todas las variables interaccionan, se potencian o se inhiben.
• La voluntad puede contribuir por la vía de la conducta a la determinación de los
acontecimientos que nos aproximan o alejan de ella.
• La felicidad es una opción de vida.
224
Elementos que la facilitan:
• Congruencia interna
• Amor armónico
• Realización personal
Elementos que la dificultan:
• Sentimiento de culpa105
• Vacío afectivo106
• Sentimiento de inferioridad107
Podemos deducir que el nivel de felicidad de nuestra vida va a depender en buena
parte de la serenidad de nuestra conciencia. Ya lo decía Gandhi: La felicidad se consigue
cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía. Esto es
coherencia.
Sabio, entonces feliz
Carlos Castilla del Pino afirma que en el mundo actual hay muchas personas con muchos
conocimientos, personas que saben pero que no son sabias, porque ser sabio implica
saber quiénes somos y vivir de forma congruente a este hecho. Es de sabios trabajar para
crear un hábitat que reuna las condiciones que nos permitan desarrollarnos como seres
225
humanos.108
Es sabio quien consigue amar y ser amado, se apasiona con lo que hace, goza de la amistad,
lealtad e inteligencia, y de los libros que puede leer una y otra vez, y de la música que no se cansa
de oír y de los cuadros que no para de mirar. Y se aleja y expulsa de su mundo todo lo que
considera estúpido, cruel, feo e incluso incómodo. Sabio, entonces feliz, nada más y nada
menos.108
Síntomas de deterioro
Cuando una puerta de la felicidad se cierra, otra se abre; pero a menudo nos quedamos
mirando tanto tiempo la puerta cerrada que no somos capaces de ver la que se ha
abierto para nosotros.
HELLEN KELLER
Los ladrones de la felicidad
Lo único que sé es que debemos ser felices antes de morir. Ésta es la única oportunidad
que tenemos.
CEBRIÁN109
Luis Rojas Marcos dice que hay cuatro ladrones que nos quitan la felicidad. El primero
es el dolor, el segundo el miedo a todo tipo de cosas, el tercero la depresión, porque nos
quita la esperanza y sin ella no se puede ser feliz, y por último, y no menos importante,
el odio, que es el combustible de muchas tragedias. Otro ladrón de la felicidad es el
aplazamiento constante de las cosas. Pensar que aún no ha llegado el momento de algo,
que estamos en una especie de ensayo general y que todavía no ha llegado nuestro
tiempo de vivir. La inconciencia y la negación de nuestra mortalidad nos lleva a aplazar
todo lo bueno que cada día está a nuestra disposición. Son ladrones de felicidad.
El remordimiento
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz.
Cumplida no fue su voluntad, mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona, siempre está a mi lado
226
la sombra de haber sido un desdichado.
JORGE LUIS BORGES110
La gestión adaptativa de la felicidad
Solidaridad para ser feliz
El hombre, animal egoísta, debe hacerse solidario; su felicidad personal se incluye
en la colectiva. Lo más innovador que ha hecho la inteligencia humana es crear
formas de relacionarse y organizar su felicidad personal y la convivencia social. La
búsqueda de la propia felicidad obliga paradójicamente al hombre a construir un
ámbito social, una forma de organizar las interacciones entre las personas, que lo
ponga en las mejores condiciones posibles para ser feliz.
JOSÉ ANTONIO MARINA111
No es posible construir nuestra felicidad al margen de la de los otros. Estamos inscritos
en una red relacional que necesita un equilibrio psicoecoafectivo para funcionar de
forma fluida. Aunque sea por puro egoísmo positivo, debemos preocuparnos y
solidarizarnos con los demás seres vivos que comparten nuestro mundo. Éste es el
camino de la felicidad posible.
Los beneficios de la felicidad
La felicidad nos proporciona una serie de beneficios que promueven cambios positivos
en todos los niveles. Nos provoca un sentimiento de confianza que nos libra de los
miedos y nos permite gozar de nuestras relaciones. Va unida a un sentimiento de
competencia y de eficacia que aumenta nuestra autoestima y nos hace sentir con plenitud
y percibir de forma más intensa y brillante todos los colores de nuestro paisaje afectivo.
Cómo sembrar la propia felicidad
Si la gente resiste las desgracias de la vida, es por la sensación de que todo puede
ocurrir aún.
Una persona feliz, comenta Hugh Downs, no es aquélla sometida a un determinado
número de circunstancias, sino una persona con determinado número de actitudes. La
felicidad es una cuestión de expectativas. La mayoría de las personas pueden ser más o
menos felices en la medida en que se lo propongan o no y en función de lo que esperen o
no.
Es importante aprender a encontrar la satisfacción en las cosas pequeñas y sencillas
porque los hechos extraordinarios no ocurren a menudo en la vida y, en todo caso, son
fugaces. Suelen ser las cosas ordinarias las que se quedan y, por este motivo, debemos
centrarnos en hallar la satisfacción y el bienestar en las cosas sencillas de nuestra vida
cotidiana.
227
Algunas formas de sembrar la propia felicidad son:112
• Gestionar bien el tiempo: un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo.
• Fijarse objetivos realistas.
• Disfrutar de nuestros pequeños logros.
• Autoestima: la perfección es imposible para el ser humano. Admitir las imperfecciones
y errores, así como la posibilidad de mejorar y aprender de ellos, es necesario para
aceptarnos.
• Actitud positiva: intentar extraer de cada situación algo positivo.
• Sentido del humor: relativizar las situaciones conflictivas es muy saludable.
• Reír: tiene efectos positivos sobre nuestro sistema inmunitario, estimula la circulación,
relaja y es bueno para nuestras relaciones sociales.
• Altruismo: ayudar a los demás aumenta nuestra autoestima y es bueno para el mundo.
• Mantener relaciones sociales: los vínculos sociales funcionan como redes de apoyo y
son fuente de satisfacción personal.
• No dejarse influir negativamente por los demás: rodearse de personas alegres, positivas
y trabajadoras que transmitan energía positiva y dejar de lado las agresivas y
negativas.
• Música, ejercicio físico y relajación.
• Creatividad e imaginación: intentar desarrollar aquella vertiente creativa que todos
tenemos en alguna medida.
• Escuchar mejor y expresar el afecto.
Dos vivencias de felicidad
He aprendido a ser feliz esté donde esté.
He aprendido que cada momento del día contiene todas las alegrías,
toda la paz, todas las fibras del tejido que llamamos vida.
El significado sólo se encuentra en el momento.
No hay ninguna otra fórmula para hallarlo.
Sentimos lo que nos permitimos sentir
en cada uno de los momentos del día.
Russ Berrie
No soy feliz,
sólo lo estoy
con la amenaza constante de que me lo quiten
trasgos, duendes y viejas,
–circunstancias si lo pienso–
me mordisquean esto de estar feliz.
(Si no pienso estoy bien.)
No soy feliz.
¿Será que no amo a todas las cosas?
Sí, a las cosas las amo.
228
No soy feliz.
Sí, casi amo a toda la gente;
¿será que no amo a toda la gente?
(es que cuesta tragar a la gentuza
teniendo anginas justicieras).
No soy feliz, por pasarme de rosca,
por pasar de la meta,
por salirme del tiesto,
por amar a todo el mundo como Dios manda;
y para ser feliz sólo tienes que amar a una persona
como manda Madame Naturaleza.
Gloria Fuertes
No corras,
no te preocupes.
Estás aquí sólo de visita.
Merece la pena que te detengas
A oler las flores.
WALTER C. HAGEN
El viejo estanque:
salta una rana.
El sonido del agua.
Basho
GENEROSIDAD. Anatomía de la generosidad
Lo que di, lo tengo, lo que gasté, lo tuve, lo que me quedó, lo perdí por no darlo.
EPITAFIO DE Cristóbal CHAPMAN
El placer de dar
El hombre que ofrece no dice: «ven a buscarlo».
Dice un proverbio chino que la persona más feliz es aquella que puede dar felicidad a los
demás aunque sea sólo con un poco de arroz. Ser generoso produce más felicidad que
recibir generosidad y es la expresión de nuestra vitalidad.
A veces nos preguntamos si tan sólo podemos dar aquello que tenemos. Alejandro
229
Jodorowsky escribe en uno de sus libros este pequeño relato que nos hace reflexionar:
—Maestro, sólo podemos dar lo que tenemos en nuestro interior. ¿Tengo razón?
—Nadie puede dar sólo lo que lleva dentro. La demanda del otro lo insemina. El don
se crea entre los dos.
Hay quien cree que no tiene nada para dar y, por este motivo, no realiza ninguna
acción generosa. Tiene miedo a que lo que dé no sea bastante valioso o bien aceptado.
Pero la demanda urgente de otra persona puede mover en su interior recursos que
estaban dormidos y le permiten dar la respuesta adecuada. Es como si tuviera la tierra
preparada y la demanda del otro fuera la semilla que puede hacer crecer la planta de su
generosidad.
El boomerang
Quien siembra generosamente obtiene una cosecha generosa; quien siembra poco,
recoge poco; quien no siembra nada, no tiene cosecha.
La ley del boomerang afirma que todo vuelve a su fuente aunque no siempre de la misma
forma. Vuelve transformado, y a menudo de la forma más inesperada y generosa. La
naturaleza es tan extremadamente sabia y justa que nunca nos dará mucho más de lo que
nosotros estemos dispuestos a darle. Las energías tienden a equilibrarse entre ellas.
Cuando hacemos algo por los demás y nos mostramos generosos producimos una
energía positiva que nos será devuelta generosamente.
Es importante plantearnos la generosidad como un valor a incorporar en nuestra
sociedad. Sembrar generosidad puede suponer recoger una cosecha enorme de efectos
positivos e inesperados.
Dar, incluso, la vida
Hace unos años, en un Hospital de Stanford, una niña llamada Liz sufría una enfermedad
extraña. La única oportunidad que tenía para vivir y recuperarse era recibir una
transfusión de sangre de su hermano de cinco años que había sobrevivido
milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos para
combatirla. El doctor le explicó al niño la situación con palabras sencillas y le preguntó
si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Dudó sólo un momento y después de
un gran suspiro dijo:
—Sí, lo haré si esto ha de salvar a Liz.
Mientras tenía lugar la transfusión, el niño estaba en la cama al lado de su hermana y
sonrió cuando vio que las mejillas de Liz volvían a tener color. De repente, la cara del
niño se puso pálida y desapareció su sonrisa. Miró al doctor y con voz temblorosa
preguntó:
—¿A qué hora empezaré a morirme?
Sólo era un niño y no había comprendido bien al doctor. Él pensaba que daría toda su
sangre a su hermana. A pesar de esto, había decidido dársela.
230
La constelación de la generosidad
Con la generosidad viajan la sencillez, el amor y la amistad. La generosidad pide fluidez
y apertura. Es amiga de la solidaridad y de la compasión. Va vestida de alegría y paz.
Síntomas de deterioro
Juega a dar: no hay juego más entretenido. Date, gástate, piensa, canta, y actúa como si
cantases. Que la heredera ingrata, la muerte, encuentre los baúles vacíos cuando venga
a reclamar su parte, que sólo encuentre los restos de una fiesta y la morada
abandonada.
Lanza del Vasto
Tierra yerma
No cerrar nunca las manos. No se agotarán las alegrías, ni los besos, ni los años, si no
las cierras.
Pedro Salinas
Quien no da y retiene, no permite que la energía interpersonal fluya y, por lo tanto, el
intercambio emocional no es posible.
Cuando hablamos de generosidad nos referimos a la capacidad de expresar las
emociones y sentimientos al otro, de no retener dentro una sonrisa, un contacto, un
abrazo o una caricia. Las personas avaras se parecen a las abejas y a las hormigas: lo
acumulan todo como si tuvieran que vivir eternamente. Retener las cosas impide que la
energía circule y altera el flujo del dar y del recibir. El egoísmo y la avaricia causan caos
y alteran el mundo emocional de las personas que no se permiten dar ni recibir dones.
La generosidad puede ser una actitud ante la vida que se contrapone al egoísmo, a la
retención y al acaparamiento. Para ser generosos debemos tomar conciencia de todo lo
valioso que tenemos en nuestro interior. Esta conciencia de nuestros recursos hará que
los podamos volver a generar. El acto de generosidad funciona a modo de un abono que
hace que la tierra sea más productiva. Cuando uno se siente seco por dentro, sin nada que
dar y sin capacidad para recibir, es que tiene algún bloqueo que hace que la fuente de la
generosidad no brote. La tierra interior se vuelve yerma y sin posibilidad de vida porque
donde no hay generosidad todo muere.
Propiedad privada
Éste es un relato interesante de Alejandro Jodorowsky:
El niño tiene en sus manos un vaso de agua que no quiere dar:
—¡Es mía! —grita.
Su abuelo, que lleva una gran jarra llena del precioso líquido, le dice sonriente:
—Déjame tu vaso.
—Bueno, pero debes devolvérmelo enseguida.
231
El viejo vacía el contenido del vaso en su jarra y la pone ante su nieto:
—Si me dices cuál es tu agua, te la puedes llevar.
Nadie puede salvarse solo
Dicen que Buda paseaba por los cielos a la orilla del Lago de la Flor de Loto. En las
profundidades del lago, Buda podia ver el Naraka o infierno. Mirando por allí se dio
cuenta de que un hombre llamado Kantaka, que había muerto hacía unos días, luchaba y
sufría en aquel infierno. Buda, lleno de compasión, quiso ayudarlo ya que siempre
ayudaba a quienes hubiesen hecho, al menos una vez en su vida, una buena acción.
Kantaka, a pesar de ser ladrón, una vez había actuado generosamente al dejar vivir
conscientemente a una araña que estaba a punto de pisar. Buda vio en esta acción
generosa un espíritu bueno y, para ayudarlo, lanzó a las profundidades del Naraka un
hilo de araña largo que llegó hasta donde estaba.
Kantaka se dio cuenta de que el hilo era como una cuerda de plata muy fuerte y, como
deseaba salir del infierno, se aferró al hilo a pesar de ser consciente de que la escalada
era muy peligrosa porque el hilo podía romperse por su peso. Así que empezó a subir y
subir, ayudado por manos y pies.
El hilo era largo. Cuando llegó a la mitad miró hacia abajo y se dio cuenta de que una
multitud de gente subía por el hilo detrás de él buscando también su liberación. El pánico
se apoderó de Kantaka:
—Esta cuerda no aguantará tanto peso y por su culpa acabaremos todos en el infierno.
Sería mejor que todos cayeran de nuevo al infierno. Así me libraría de su peso. ¿Por qué
me han tenido que seguir?
En aquel momento el hilo cedió exactamente al nivel de las manos de Kantaka, y
cayeron todos nuevamente en las profundidades tenebrosas del lago.
Buda miró entristecido hacia abajo. Y es que nadie puede salvarse solo, prescindiendo
de la salvación de los demás.
¿Una generosidad destructiva?
Hay un hilo muy delgado que separa el egoísmo constructivo de la generosidad
destructora.
¿Hay una forma de generosidad destructiva? Posiblemente aquella que puede hacer que
alguien no se esfuerce porque sabe que otro le va a solucionar el problema o le
proporcionará lo que necesita.
Hay quien entiende que ser generoso significa dar a quien sea, como sea y en la
cantidad que sea. Pero puede ser más educativo enseñar a una persona a ser capaz de
pedir ayuda y a esforzarse que anticiparnos a solucionarle sus problemas. Una persona
generosa no debería ser un salvador para los demás. La generosidad puede ser
destructiva cuando se basa en el intento de compensar las deficiencias propias a partir de
un sacrificio o donación excesiva, indiscriminada e ilimitada. También se puede dar la
incongruencia de una persona excesivamente generosa con los demás, que se comporta
de forma mezquina consigo misma.
232
La gestión adaptativa de la generosidad
Los dioses te devolverán multiplicado por cien aquello que des a los otros.
PROVERBIO CHINO
La clave de la generosidad
La clave de la generosidad no reside sólo en la capacidad de dar, sino también en la de
recibir los dones de los demás con agradecimiento. Ésta puede ser la forma de
generosidad más difícil para algunas personas, pero, al mismo tiempo, puede mejorar
nuestras relaciones y ser una importante fuente de satisfacción.
Lao Tse nos dice que si hacemos el bien seremos capaces de dormir en todas partes; si
nos mostramos generosos con nuestro prójimo, siempre encontraremos un techo para
acogernos en casa de unos amigos; y, en cambio, si hacemos el mal y no nos mostramos
generosos, ni una muralla de mármol nos protegerá contra la violenta cólera de los que
no confían en nosotros.
Explicamos dos cuentos
Historia de dos hermanos
Dicen que había una vez dos hermanos, uno soltero y otro casado. Tenían una granja
fértil que producía una cosecha abundante. Los dos hermanos se repartían las ganancias
a partes iguales. Todo iba bien, pero un día el hermano casado empezó a despertarse por
la noche pensando: «No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la
cosecha, pero yo tengo mujer y cinco hijos y tendré a alguien que me cuidará cuando sea
viejo. ¿Quién cuidará a mi hermano cuando envejezca? Él debería ahorrar para su futuro.
Su necesidad es mayor que la mía». Pensando en esto se levantó de la cama, cogió uno
de los sacos de grano de su granero y lo volcó en el granero de su hermano. Y así lo
hacía cada día.
También el hermano soltero empezó a despertarse por la noche. Se decía a sí mismo:
«Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la
cosecha. Yo, en cambio, no he de mantener a nadie. ¿Es justo que él, que tiene más
necesidad, se lleve la misma parte que yo? Entonces se levantaba de la cama, cogía un
saco de su granero y lo volcaba en el del hermano casado.
Un día se levantaron los dos a la vez de la cama y se encontraron uno con otro cuando
cada uno iba en dirección del granero del hermano cargando con un saca de grano en la
espalda. Amor y generosidad se dan la mano.
El buscador de tesoros
En cierta ocasión, un buscador de tesoros entró en un monasterio y fue recibido por el
prior de los monjes.
—¿Qué deseas? —le dijo el santo varón.
233
—Quiero encontrar la perla que no tiene precio —respondió el buscador de tesoros—.
¿Qué debo hacer?
El prior puso sus manos entre los pliegues de su hábito y sacó una cosa que le entregó.
—Yo la tengo y te la doy. Tómala, ya es tuya desde ahora —le dijo con sencillez
mientras le miraba como si fuese la cosa más natural del mundo.
El buscador de tesoros enmudeció de sorpresa y dijo, tartamudeando:
—¿Cómo es posible que me puedas dar algo tan valioso con tanto desinterés? Ésta es
una perla de valor inestimable que a todos nos gustaría tener encerrada bajo siete llaves.
¿Estás seguro de que no te importa desprenderte de ella?
El prior le respondió haciéndole esta pregunta:
—¿Qué es mejor realmente, poseer la perla que no tiene precio o regalarla?
Aquel hombre la tomó y se fue corriendo. Nunca dijo a nadie que la tenía, por miedo a
que se la quitaran, no le creyeran o sintieran envidia de él. Así es que la guardó en un
lugar seguro, cerrada bajo siete llaves. Desde entonces vive obsesionado noche y día con
la pregunta del prior:
—¿Qué es mejor realmente, poseer la perla que no tiene precio o regalarla?
Este interrogante, al que no ha dado respuesta, le ha quitado la alegría. Amar, vivir,
tener, guardar y, en su momento, saber dar con generosidad y desprenderse, ésta es la
llave de la alegría de vivir.
Ser generosos con nosotros mismos
La única manera de seguir nuestros sueños es ser generoso con nosotros mismos.
PAULO COELHO
No se puede dar lo que no se tiene, y mucho menos con alegría. Ser generoso es una
opción de vida y hay que empezar practicando con nosotros mismos y la primera
condición es darnos el medio psicoecoafectivo que necesitamos para crecer.
Ser generosos significa escucharnos con atención y estar atentos a nuestra necesidades
más íntimas; permitirnos desplegar nuestra creatividad, descansar, darnos espacio para
pensar y para estar solos, para soñar y para reír... para ser y hacernos mejores.
Generosidad en el amor
La vida nos la ganamos siempre, dándome, dándote.
PEDRO SALINAS
Una vez113 había un árbol que amaba a un niño pequeño y cada vez que el niño iba a
verle le cogía unas cuantas hojas para hacerse coronas y jugar a ser el rey del bosque.
Subía por su tronco y se columpiaba con sus ramas y se comía sus manzanas. También
jugaba al escondite con el árbol. Y cuando ya estaba cansado, se dormía en su sombra.
El niño amaba mucho al árbol. Y el árbol era feliz. Pero el tiempo pasó y el niño creció.
Y el árbol muchas veces se sentía solo. Entonces, un día, el niño fue a ver al árbol y el
árbol le dijo:
234
—Ven, chico, sube por mi tronco y colúmpiate en mis ramas, come mis manzanas,
juega bajo mi sombra y sé feliz.
—Soy demasiado mayor para subir y para jugar —dijo el chico—, quiero comprar
cosas y pasármelo bien, quiero dinero. ¿Tú me puedes dar dinero?
—Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas, chico, y las vendes en la ciudad.
Así tendrás dinero y serás feliz.
El chico subió al árbol, cogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol era feliz.
El chico estuvo mucho tiempo sin volver y el árbol estaba triste. Entonces un día el
chico volvió y el árbol se estremeció de alegría y le dijo:
—Ven chico, sube por mi tronco y colúmpiate en mis ramas y sé feliz.
—Estoy demasiado ocupado para subir a los árboles —dijo el chico—. Quiero una
casa que me resguarde del frío, una mujer e hijos. ¿Me puedes dar una casa?
—No tengo casa —dijo el árbol—. El bosque es mi casa, pero si quieres puedes cortar
mis ramas y hacerte una casa. Entonces serás feliz.
Entonces el chico cortó las ramas y construyó su casa. Y el árbol era feliz. El chico no
volvió en mucho tiempo. Pero el árbol era tan feliz que casi no podía hablar. Por fin el
chico, ya hombre, volvió, y el árbol le dijo:
—Ven chico, y juega.
—Soy demasiado mayor y estoy demasiado triste para jugar —dijo el chico—. Quiero
una barca que me lleve muy lejos de aquí. ¿Puedes darme una barca?
—Corta mi tronco y haz una barca. Podrás navegar y esto te hará feliz.
Así pues, cortó el tronco, construyó una barca y salió a navegar. Y el árbol era feliz.
Pasó mucho, mucho tiempo hasta que el chico, ya viejo, volvió.
—Lo siento —dijo el árbol—. Ya no me queda nada para darte. Ya no tengo
manzanas.
—Mis dientes son demasiado débiles para poder comerlas —dijo el chico.
—Ya no tengo tronco —dijo el árbol—. Ya no puedes subir en él.
—Estoy demasiado cansado para poder subirlo —dijo el chico.
—Lo siento —dijo el árbol—. Me gustaría darte algo, pero no me queda nada. Tan
sólo una corteza. Lo siento...
—No me son necesarias demasiadas cosas, ahora —dijo el chico—. Sólo necesito un
lugar quieto para sentarme y reposar. Estoy muy cansado.
—Bien —dijo el árbol, irguiéndose tanto como podía—. Una corteza vieja es buena
para sentarse y reposar un rato. Siéntate y reposa.
El chico —viejo—, lo hizo. Y el árbol, aún, se sintió feliz.
SERENIDAD. Anatomía de la serenidad
Existen unos pocos seres superiores y felices que nacen con un temperamento libre de
cualquier irritación por las cosas insignificantes. Estos espíritus se sienten serenos y
sonrientes como en su cielo innato, y una divina armonía suena a su alrededor. Esto es
estar en paz.
235
WILLIAM HAZLITT
Coherencia en el ser
Que no sea el fruto de tu acción el motivo; ni te enganches a la inacción.
BHAGAVAD GITA
La serenidad es un sentimiento y también un estado mental. Es la calma y la quietud que
necesitamos para vivir, para pensar y respirar con armonía. Es fruto de valorar la vida
por el mismo hecho de «ser vida»; es el resultado de la capacidad de dar las gracias por
lo que somos y provisionalmente tenemos, y del arte de amarnos y amar a los demás. Es
plenitud y vacío a la vez. Cuando alguien está sereno adquiere propiedades especiales:
los sucesos y las emociones llegan, se reconocen como tales y se van porque no se
retienen y fluyen como el tiempo y la vida. Nada se guarda, todo es provisional y así se
acepta.
La serenidad es fruto de la coherencia con nosotros mismos, del trabajo constante para
armonizar la mente con los afectos y la acción que de ellos se deriva. Hacemos lo que
creemos que debemos hacer, lo que queremos hacer y lo que escogemos hacer de forma
responsable, aunque no sea el camino más fácil. Sin coherencia no puede existir
serenidad, ni armonía, ni paz.
Hacer lo que hay que hacer
Dice Lao Tse que cuando llega el invierno el campesino tapa las grietas, cierra las
puertas, deshace los líos de hierbas secas, apaga la luz y sofoca el tumulto del vino en los
toneles. Esto es lo que hay que hacer.
Así el odio ya no podrá afectarlo, la desgracia no podrá atraparlo, ni el deshonor
golpearlo... porque está apartado del mundo.
Para conseguir serenidad hay que aprender a cerrar los asuntos que tenemos
pendientes y ser valientes para hacer lo que debe ser hecho. Los temas pendientes crean
intranquilidad y sufrimiento, son como péndulos que constantemente nos atormentan y,
aunque los queramos ignorar, van golpeándonos una y otra vez. Cerrar los círculos es
una expresión muy utilizada por los orientales. ¿Qué temas tenemos por cerrar? ¿Qué
adioses no han sido dados? ¿A quién no hemos dado las gracias? ¿A quién no hemos
dicho «te quiero»? ¿A quién estamos aferrados o de quién dependemos? ¿De qué tramo
de nuestro pasado no nos hemos librado? ¿De qué rencor estamos prisioneros? ¿A quién
no hemos perdonado?
Cerrar círculos significa liberarse de los pesos muertos que arrastramos en la vida. Tan
sólo si aprendemos a hacer aquello que debe ser hecho podremos gozar de un territorio
interior sereno.
La constelación de la serenidad
La paz es una medida, un color de cielo para cada persona, la paz es sensible a la luz
excesiva y tiene miedo de la oscuridad, se despierta de madrugada y se esfuma y llega,
236
también, cuando ya la creías perdida y, entonces, los caminos se aclaran y todas los
atajos son flancos y llevan al llano.
Salvador Sostres
La tranquilidad, la paz, la paciencia, la armonía, el valor, el silencio, el bienestar, el gozo
y la generosidad giran en torno a la serenidad. Ésta es una constelación llena de colores
de tonos suaves, pero, al mismo tiempo, luminosos y muy atrayentes.
Síntomas de deterioro
No saber estar inactivos
Toda la infelicidad de los hombres proviene de una sola cosa: no saber estar inactivos
en una habitación.
PASCAL
La inquietud nos empuja a estar en movimiento constante, pero este es un movimiento
sin dirección y lleno de ansiedad. Nos han educado en la idea de que siempre debemos
estar haciendo algo y, de no ser así, uno es perezoso o pasivo. Por eso algunas personas
se sienten mal cuando detienen su actividad física, dado que el mensaje de que «hay que
estar haciendo siempre algo» está muy enraizado en su interior. Llenar el tiempo
haciendo cosas evita que podamos experimentar lo que está sucediendo en nuestra vida y
reencontrarnos con nuestro yo interno. Pero es esencial equilibrar descanso y acción,
pasividad y actividad, contemplación y actuación si queremos mantenernos sanos.
Rencores, resentimiento y odio
Cuando nos ofendemos empieza a sonar una alarma que nos indica que la serenidad se
va lejos. El sentimiento de ofensa nos ata al ofensor. Quien busca motivos para
ofenderse siempre los encontrará, pero el principal problema no es la ofensa sino la
necesidad de sentirse ofendidos.
Si no gestionamos bien las emociones que nacen del sentimiento de haber sido
ofendidos, se producen una serie de reacciones en cadena que van transformando la ira
inicial en rabia reprimida. Y esta rabia no expresada se convertirá en rencor, ira
envejecida consolidada a fuerza de pensamientos obsesivos que nuestra mente fabrica y
repite reiteradamente. Este rencor es la primera pieza de la pared del resentimiento que
no sólo va dirigido contra el ofensor sino también contra los demás y la vida en general.
Aferrarnos al resentimiento es muy perjudicial para nuestra salud psicoecoafectiva ya
que no nos deja estar tranquilos puesto que permitimos que alguien a quien
despreciamos se mueva libremente por nuestra mente. La persona resentida actúa como
si todos le debiesen algo, se siente injustamente tratado y espera una compensación de
algún tipo. Si esta reparación no le llega se pone en marcha el trabajo del odio. Esto
elimina cualquier posibilidad de que la serenidad esté presente.
Sólo si aprendemos a perdonar desaparecerán las losas que nos tienen atrapados en la
237
angustia y la obsesión. Para recuperar la serenidad será necesario hundir este edificio
construido a fuerza de ira, rabia, rencor, resentimiento y odio, limpiar el terreno e iniciar
otra construcción con cimientos nuevos. Aprender a perdonar significará aprender a
soltar y a desprenderse de las ofensas y abrir el camino a la paz.
Cargas que nos pesan
Sufrimos porque nos identificamos.
R. LA CALLE
Hay personas que suelen cargar los problemas de los demás sobre sí mismas y si no
encuentran un problema en su camino se sienten inútiles y muy inquietas. Son salvadoras
vocacionales que si no encuentran un conflicto van a buscarlo. Se creen indispensables y
piensan que si no lo controlan todo, algo irá muy mal. No confían ni respetan a los que
tienen a su alrededor porque, en el fondo, los consideran incompetentes y se perciben a
sí mismas como superiores. La falta de conciencia de que no son indispensables puede
ser total. Dado que piensan que son una pieza fundamental en su familia o amistades, si
alguien les hace notar que no es así pueden rebelarse y mostrarse agresivas. Suelen
sentirse muy angustiadas y desconocen la serenidad. Han perdido el sentido de la medida
y no saben dar respuesta a sus necesidades.
¿Cargamos demasiado peso? Es posible que no nos hayamos desprendido de algunos
conflictos que ya forman parte del pasado, y anticipemos visiones negativas y problemas
sobre el futuro. Tanta carga no nos deja espacio para la serenidad; la ansiedad y los
miedos ocupan nuestro paisaje interior.
La gestión adaptativa de la serenidad
La inteligencia asociada a un carácter tranquilo es la base de un gran talento: la
sabiduría asociada a una mente serena, es la base de la verdadera sabiduría.
LAO TSE
Estar en paz
Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida
porque nunca me diste esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
... cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese externo!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
238
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz,
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
Cuando una persona no encuentra la paz en su interior es inútil que la busque en otro
lado. La paz no es algo que aparezca de repente, sino una conquista de cada día.
Contemplar la belleza
Mirar la flor del cerezo cubierta de nieve, examinar los crisantemos durante la helada y
cubrirlos con paja, cuidar las orquídeas durante la lluvia y oler su delicado perfume,
escuchar los bambúes ondular bajo la brisa.
PROVERBIO CHINO
¡Hay tanta belleza en la naturaleza, en la vida y en nuestro interior! Walter Hagen
decía: No te apresures, no te preocupes. Estás aquí solo de visita. Vale la pena que te
pares a oler las flores. Estamos de visita, y a menudo no nos damos cuenta de las
maravillas que nos rodean. Un fragmento de un poema de Miquel Martí i Pol lo expresa
claramente:
No es cansando los ojos con fruslerías
como aprenderemos a mirar,
sino sumergiendo la mirada en la densa
profundidad en que la quietud
ilumina secretos y borra la angustia.114
Vivir el momento
Cuando cae una lluvia fina, cierra la puerta sin hacer nada, saca el agua clara y
saborea varias tazas de té, admira la luna brillante y escucha la brisa delicada. Sólo así
conocerás una serenidad perfecta.
Proverbio chino
Vive el presente y apréndete aún más, es un consejo del poeta Miquel Martí i Pol.
Centrarse en el presente es una buena estrategia, y posiblemente la única que nos lleva al
camino de la serenidad. La completa apertura al momento presente requiere atención y
paciencia. La filosofía zen nos aconseja experimentar lo que cada momento nos brinda
como si fuera la primera vez. No debemos permitir que las cosas que no podemos tener,
que no tenemos o que decidimos no tener, interrumpan el gozo de lo que sí que se
encuentra presente.
La práctica de la atención plena puede ayudarnos a centrarnos y a recuperar la
serenidad:
“Cada vez que te sientas confundido, enfadado, agitado o asustado, siempre tienes un
239
lugar donde volver. La atención plena de la respiración es tu propia isla. Es muy segura.
«Sed una isla para vosotros mismos» significa que debemos saber cómo volver a
nosotros mismos en caso de peligro, de inseguridad o de pérdida. Esta práctica de tomar
refugio es muy concreta. Cuando volvemos a nuestra respiración —inspirar y espirar
profundamente— y encendemos la lámpara de la atención plena en nosotros mismos,
estamos salvados. En este estado somos nosotros mismos. La lámpara de la atención está
iluminada y tenemos muchas más posibilidades de ver las cosas con mayor claridad.”
Serenidad y liberación
La renuncia no es dejar una opción sino deshacerse de una carga.
Margarita Rivière
Se cuenta que cuando el rey de un país vecino anunció su propósito de visitar el
monasterio, todos empezaron a exteriorizar su nerviosismo. Sólo el Maestro continuó
tranquilo.
Una vez conducido el rey a la presencia del Maestro, le hizo una profunda reverencia
y le dijo:
—He oído decir que has conseguido la serenidad perfecta, la perfección mística, y
quisiera saber cuál es la esencia del misticismo.
—¿Por qué? —preguntó el Maestro.
—Deseo saberlo porque quiero poder controlar mi ser y el de mis súbditos para
conducir a mi pueblo a la armonía.
—Está bien —dijo el Maestro—, pero debo advertirte que, cuando hayas avanzado en
tu investigación descubrirás que esta armonía que buscas no se consigue a base de
control sino de desprendimiento.
La armonía y la serenidad no son nunca el fruto del control ni del dominio, sino el
resultado del encuentro con uno mismo y con los demás y del respeto y valoración de
todos los seres vivos. Así pues, para conseguir armonía debemos desarrollar un paisaje
donde nosotros seamos observadores privilegiados, donde aprendamos a escucharnos en
silencio y a encontrarnos en nuestras preguntas, en nuestras respuestas y en nuestras
acciones.
El territorio interior armónico
Alguna cosa he aprendido en este sorprendente y arduo peregrinaje.
MIQUEL MARTÍ I POL
El territorio interior armónico se consigue con el trabajo y el respeto a nosotros mismos
y a nuestras necesidades más íntimas. Esta armonía, que dará como fruto la serenidad,
puede conseguirse incorporando a nuestra vida valores como la lentitud y el silencio.
La lentitud nos permite regular y armonizar nuestros ritmos biológicos y psicológicos
y nos da la posibilidad de dejar fluir los acontecimientos y los sentimientos que éstos
provocan. Nos da tiempo para aprender a acoger el mundo y contemplar lo que nos
240
rodea. La lentitud nos permite vagar, escuchar, aburrirnos, soñar, esperar, contemplar,
escribir, admirar y proteger las especies emocionales en peligro de extinción.
El silencio nos permite concentrar la atención, eliminar los ruidos interiores que
interfieren en nuestra mirada y apreciar con ternura toda la belleza de la vida. En este
poema de Tao Quian podemos captar la serenidad que la contemplación y el silencio nos
pueden aportar: una serenidad impregnada de plenitud total:
TERNURA. Anatomía de la ternura
La sustancia del afecto es sencilla: una mirada, un tono de voz, un chiste, unos
recuerdos, una sonrisa, un paseo, una afición compartida. La mirada afectuosa
nos enseña, en primer lugar, que las personas están ahí, y después que podemos
pasar por alto lo que nos molesta de ellas, que es bueno sonreírles y que podemos
llegar a tratarles con cordialidad y aprecio.
José Ramón Ayllon115
Ternura, plenitud y tristeza
Las cosas mejores y más bellas del mundo no pueden verse ni tocarse, pero se sienten
con el corazón.
HELEN KELLER
Ternura: ritmo lento. La prisa queda afuera y sentimos intensamente el presente.
Sensación de calidez y calor, como olas suaves que van invadiendo nuestro cuerpo y que
salen del corazón.
Deseamos acariciar con suavidad aquella cara, aquellos cabellos y tocar aquella piel,
241
cada línea y cada contorno. La ternura nos despierta las ganas de abrazar al otro y
acunarlo para protegerlo de todo mal. Pone dulzura en nuestra cara y brillo en nuestros
ojos. Es compasiva porque nos vuelve más empáticos y nos hace sentir con el otro y a su
propio compás.
Chogyam Trungpa116 dice que en la ternura hay un elemento de tristeza que no
proviene de la compasión por uno mismo o de una pérdida, sino que es el fruto de una
situación natural de plenitud. Cuando sentimos ternura estamos tan plenos como si
estuviéramos a punto de deshacernos en lágrimas. Esta experiencia de tristeza se da
porque la ternura deja el corazón totalmente al descubierto, sin piel ni tejido que lo
recubran. Es posible que la auténtica razón de esta tristeza ligera que, a veces, acompaña
a la ternura sea el deseo de entregar este corazón totalmente lleno a la otra persona.
No estás solo, estoy contigo
La ternura encuentra su satisfacción en el propio acto, en la alegría de estar lleno de
amor y calidez, de tomarse al otro seriamente, de respetarlo y hacerlo feliz.
ERICH FROMM
No estás solo, estoy contigo y siento contigo. Cuando te veo, pienso en ti o estoy contigo,
me invade una sensación de calidez y me siento agradecido de compartir mi camino
contigo, de saber que tú existes. Éste es el discurso de la ternura que construye puentes
suaves y al mismo tiempo poderosos que nos permiten mostrar nuestra humanidad,
incluso a personas que no conocemos. Es un sentimiento que nos hace plenamente
humanos porque nos permite crear lazos de solidaridad con los demás seres vivos: nos
sentimos solidarios en la finitud y el destino compartido.
La constelación de la ternura
No es posible tocar el pétalo de una flor sin que una estrella se estremezca.
RABINDRANATH TAGORE
La ternura es uno de los componentes importantes del amor. Si el amor fuera una flor, la
ternura sería su perfume. También va ligada a sentimientos de estima, confianza,
empatía, simpatía, compasión, plenitud, generosidad y tranquilidad, así como la lentitud
y la calma.
Síntomas de deterioro
La ternura escondida
La ternura puede ser letal si se esconde.
IEVTUIXENKO
Cuando escondemos la ternura por miedo a ser rechazados o heridos, perdemos la
posibilidad de iluminar como pequeñas estrellas el mundo de otro ser humano. Al coartar
242
la expresión de este sentimiento creamos un bloqueo energético que hace más pobre y
triste el mundo entero.
La frialdad emocional puede crear una capa aislante que nos insensibilice en
apariencia aunque en nuestro interior sintamos intensamente. No dar salida a este
sentimiento nos causa sufrimiento y trastornos en nuestro equilibrio emocional.
Las prisas que ciegan
La existencia puede ser un lugar muy oscuro, y uno de los escasos recursos de que
disponemos para iluminar las sombras es el afecto.
Rosa Montero
La prisa se opone a la ternura. No puede existir una ternura apresurada. Cuando tenemos
prisa, nuestras conductas son poco cuidadas, perdemos de vista los detalles, obramos de
forma precipitada y, a veces poco sensible, y no observamos lo que nos rodea. La
ternura, por el contrario, libra el control del tiempo a la propia manifestación del
sentimiento. El verdadero signo de fuerza reside en permitirse el lujo de ser delicado,
dice el Tao. La persona tierna es sensible y acogedora porque es empática: le interesa lo
que el otro siente y es sensible a sus sentimientos y a sus necesidades. También es
generosa con su tiempo, sus ritmos, miradas y presencia.
El miedo a ser débiles
Una persona sin ternura es como un bosque sin pájaros.
DICHO POPULAR
Ternura no es debilidad. Ternura es fortaleza y seguridad. Podemos colocarnos una
máscara de dureza y no mostrar nuestra ternura por miedo a ser considerados flojos o
débiles. ¿Por qué tenemos tanto temor de mostrar nuestra sensibilidad? Hemos sido
educados con tantas protecciones que nos sentimos desnudos si mostramos esta faceta
tan dulce y humana. Cuando no dejamos salir la bondad y la generosidad que residen en
nuestro corazón, éste empieza a insensibilizarse, se endurece y nuestro territorio
emocional se desertiza cada vez más.
La gestión adaptativa de la ternura
No olvides nunca que tú vives, es decir, que posees, por lo tanto, una parte de la
Ternura Universal.
WILFRID LUCAS
Recuperar a nuestro niño
Cuando nace un niño le espera un mundo entero para estrenar, miles de cosas para
aprender, cientos de paisajes para admirar y un montón de experiencias para vivir. Los
ojos de los niños son capaces de iluminarse por las cosas más sencillas: una gota de
243
lluvia que brilla intensamente sobre una hoja, el tacto suave de una piel, la ligereza de
una pluma... todo les interesa y todo lo exploran. Son capaces de absorber la información
como si fueran esponjas. Quieren saber el porqué de todo y están totalmente abiertos al
mundo.
Todos nosotros hemos sido niños, pero en algún momento de la vida quizá hayamos
perdido a nuestro niño por el camino y nos hayamos convertido en adultos agobiados y
poco tiernos. A veces no disfrutamos de lo que nos rodea, permitimos que nuestras
responsabilidades nos ahoguen, asumimos criterios rígidos; nos autoprotegemos para no
ser heridos y nos volvemos escépticos difícilmente impresionables. Así dejamos de estar
atentos a las cosas pequeñas y, por lo tanto, a las cosas importantes.
Sería bueno intentar despertar a este niño dormido y acogerlo con calidez. Al hacerlo
así, la ternura revivirá.
Dos relatos sobre la ternura
Aplicar cada tres horas
Se cuenta que un pediatra eminente tenía un tratamiento muy eficaz para aquellos
recién nacidos que necesitaban ganar peso. Siempre que hacía su recorrido por la sala de
neonatología dejaba escrito de su puño y letra la instrucción siguiente para que la
aplicase la enfermera de turno:
“A este recién nacido se le debe acariciar y acunar amorosamente, al menos una vez
cada tres horas”.
La ternura puede ser salvadora
... Pero un abrazo salvador acudió el año siguiente a la vida de Morrie: su nueva
madrastra, Eva. Era una inmigrante rumana, bajita, de facciones poco marcadas,
cabellos oscuros rizados y la energía de dos mujeres. Tenía un fulgor que calentó la,
hasta aquel momento, lóbrega atmósfera que había ido creando su padre. Ella hablaba
cuando su nuevo marido estaba en silencio, cantaba canciones a los niños antes de ir a
dormir. Morrie se acostumbró a su voz melosa, a sus lecciones escolares, a su carácter
fuerte.
Cuando su hermano volvió del hospicio médico, aún con los elásticos de la
poliomielitis, compartieron una cama desplegable en la cocina del apartamento y Eva
les daba un beso de buenas noches. Morrie esperaba estos besos como un cachorro su
ración de leche y sentía, bien adentro, que volvía a tener una madre.117
Lento, lento, sin prisa
Aliento suave, como una brisa inefable que sube del alma, pasa por el corazón y brilla
con un calor sutil en los ojos, en la voz, en el gesto y en todo el ser.
Mario Mercier
La ternura se puede incorporar a nuestra vida mediante el cultivo de la lentitud, un valor
cada vez más escaso. En su composición hay palabras, silencios, gestos y miradas que
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acarician suavemente.
Lento, lento, sin prisa... porque no se pueden acelerar las cosas importantes de la vida:
el amor, las relaciones, los duelos, las alegrías. Lento, lento... para dejar que vaya
creciendo esta cálida inteligencia del alma que es la ternura.
Un antídoto contra la agresividad
Una palabra tierna vale por mil palabras vehementes.
Tenemos problemas con la agresividad. ¿No es posible que los ritmos desbocados y la
falta de ternura sean, en parte, sus causas?
Pensamos que para conseguir lo que queremos es preciso mostrarnos agresivos y
competitivos: ésta es la norma general en nuestra sociedad. Es necesario plantear
alternativas a este modelo que tiene efectos tan catastróficos. ¿Por qué no cultivar el
sentimiento de la ternura como forma de neutralizar la violencia?
La ternura nos hace respetar al otro en su diferencia y no le impone nuestra visión.
Nos hace mostrarnos compasivos con quien sufre y nos enseña a cuidar de forma amable
y cálida a los seres vivos que nos acompañan en nuestro camino. La ternura es solidaria
y por eso es un antídoto contra la violencia y la agresividad.
Erich Fromm nos lo dice claramente en una de sus obras: Sólo existe una esperanza
para contener la ola de violencia: debemos recuperar una sensibilidad hacia todo lo que
está vivo.
245
EPÍLOGO
El arte de vivir la psicoecoafectividad
En la actualidad estamos viviendo en un mundo moderno, civilizado e
industrializado, con avances de la ciencia que tendrían que haber ampliado
considerablemente nuestra expectativa. El conocimiento que hemos ganado sobre
la vida humana y sus circunstancias en los últimos cien años ha llenado
literalmente millones de libros y nos debería haber ayudado a comprender y
aceptar aquello que realmente es importante en la vida... a esforzarnos para
sentirnos satisfechos con nuestra familia, nuestros amigos, a ser buenos y
considerados con los demás y a trabajar para trascender o superar las
irracionalidades de la vida que constantemente nos acechan.
D. L. WEINER
La fuerza creadora
Los ideales tienen un poder anfetamínico.
JOSÉ ANTONIO MARINA
Nadie puede dispensarnos de la responsabilidad creadora de escoger nuestro camino,
dice Fernando Savater. En la misma línea, Víctor Frankl nos dice que somos seres en
construcción constante y que, a diario, nos vamos creando. «Nos hacemos» a medida que
vamos escogiendo y tomando decisiones y opciones de vida. Toda elección lleva
implícita la renuncia a otras opciones.
Queremos cosas contradictorias y lo queremos todo sin tener que renunciar a nada:
esto es una misión imposible. Como afirmaba Jaime Barylko: Vivir es crecer y crecer es
aprender a perder. Es necesario asumir que en el camino de nuestra vida vamos a
padecer pérdidas y que éstas son inevitables, así es que debemos aprender a convivir con
la frustración y con el sufrimiento. No obstante, también habrá ganancias y motivos de
alegría y plenitud si somos capaces de gestionar nuestras emociones y escoger con
inteligencia. Por eso es tan importante priorizar y diferenciar entre lo que deseamos en
determinado momento y lo que, en el fondo y a largo plazo, queremos. La reflexión
sobre lo que es realmente importante para nosotros, la toma de conciencia de cuáles son
nuestros valores y cuáles los objetivos a conseguir, así como también con qué recursos
contamos, nos dará las pistas para decidir cuál es el mejor camino para nosotros.
Poner de acuerdo nuestra mente y nuestro corazón, aprender a reconocer nuestras
emociones, a valorarlas, a gobernarlas y hacer un uso inteligente de su información es
esencial para conseguir una vida feliz y efectiva. También será un excelente punto de
246
partida para encontrar en nuestro interior la fuerza creadora para construir una persona
mejor y un mundo más humano y ecológico.
Viajar, explorar, desprenderse
El árbol decidió viajar. Cuando consiguió desprenderse de la tierra, se dio cuenta de
que sus ramas eran raíces celestes.
ALEJANDRO JODOROWSKY
Todos somos exploradores y aventureros en esta vida que tenemos para vivir. Éste es
nuestro viaje, y las emociones y sentimientos son nuestros paisajes del alma.
Vivir, viajar, explorar y desprenderse son verbos, y el verbo es acción. Una vida sólo
pensada no sirve de nada. Si no es compartida y si las ideas no se plasman en
experiencias reales es vida no vivida. Es urgente pasar de los sustantivos a los verbos. Es
preciso vivir en activo como protagonistas y no como espectadores.
Para viajar debemos aprender a decir adiós, a cerrar círculos, a librarnos de un
equipaje excesivo o pesado, a llevar encima sólo lo esencial y a buscar aquello que
necesitamos en el curso del camino. Viajar significa abrirnos a la experiencia y a los
compañeros de ruta, supone estar dispuestos a aprender nuevos ritmos, a caer y a
levantarse una y otra vez. El riesgo forma parte de la vida, pero si somos valientes y
damos un primer paso, veremos que no caemos en el vacío sino que aparecen raíces que
ignorábamos y nos permiten mantenernos en pie.
No se han podido llevar la música
¡De qué senderos tan magníficos e inimaginables están compuestas nuestra vidas! Todo
es viaje, todo es búsqueda.
HENRY MILLER
Eduardo Galeano nos narra una preciosa historia llena de esperanza:
Se dice que era un mago del arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta
sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos
bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas.
Una noche, en un sendero perdido fue asaltado por unos ladrones. Iba Mesé Figueredo
de camino a unas bodas, él encima de una mula, encima de la otra su arpa, cuando los
ladrones se le lanzaron encima y lo molieron a palos.
A la mañana siguiente alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo
sucio de fango y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un
hilo de voz:
—Se llevaron las mulas.
Y dijo también:
247
—Se llevaron el arpa.
Y, tomando aliento, rió:
—¡Pero no se han podido llevar la música!
La calidad de vida
Nos hemos obcecado tanto en el árbol del bien y del mal que nos hemos olvidado del
árbol de la vida.
RAIMON PANIKKAR
Dice la filosofía china que la calidad de vida deriva de la reflexión sobre el deber y la
moralidad, la interpretación de la experiencia y la comprensión de los procesos que
vivimos. La buena vida humana es buena vida entre seres humanos —dice Fernando
Savater— o si no, no será ni buena ni humana. Planteamos el hecho de que no es posible
hacernos si nos mantenemos aislados de los demás y si nos despreocupamos de nuestro
entorno y del continuo flujo de la vida.
Calidad de vida, calidad de vida humana y calidad de conciencia. Planteamos la
necesidad de la humanización. Nacemos seres humanos y podemos llegar a hacernos
personas, pero el proceso de humanización requiere la relación con los demás y afrontar
los retos y dificultades que esta comunicación supone. Toda vida verdadera es
encuentro, dijo Martin Buber. Sin el arte del encuentro no habrá humanidad. Las
relaciones tienen una naturaleza alquímica que puede provocar un profundo cambio
interno y externo. Cuando tenemos un encuentro real y profundo con otro ser humano
salimos transformados de esta interacción. Calidad de vida, calidad de conciencia y
calidad de relación.
Sin límites
—Quiero aprender a volar así —dijo Juan. Y una extraña luz brilló en sus ojos
—. Dime... ¿qué debo hacer?
Chiang habló con lentitud, observando a la joven gaviota con cuidado:
—Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier lugar que exista,
debes empezar por saber que has llegado.
El secreto, según Chiang, era que en el momento en que Juan dejase de verse a
sí mismo como prisionero de un cuerpo limitado con una envergadura de ciento
cuatro centímetros y un rendimiento susceptible de programación, podría volar.
El secreto era saber que su verdadera naturaleza vivía con la perfección de un
número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del espacio y del
tiempo.
RICHARD BACH118
248
Henry Miller119 nos habla de las limitaciones que, a veces, nos ponemos a nosotros
mismos:
Hablamos de límites y de la ausencia de límites. Hablamos de las fronteras que nos
ponemos y planteamos la cuestión de si estas fronteras existen realmente o somos
nosotros sus inventores. El horizonte no está en la realidad sino en nuestros ojos, que son
los que miran y nuestra mente la que limita.
¿Cuáles son nuestras posibilidades? ¿Qué potencial ignorado podemos llegar a
desplegar? Debemos empezar a imaginar y a soñar la posibilidad de que no haya límites.
Luego, debemos poner nuestra mente y nuestro corazón a trabajar en equipo y movilizar
nuestra energía hacia la mejora de nuestra persona, la solidaridad con los demás seres
vivos y la mejora de nuestro mundo. Todo esto... es asunto nuestro y no concierne.
La última semilla
Este relato de Alejandro Jodorowsky es para nosotros una esperanza de que, a pesar de
que pueda parecer que existe una fuerte tendencia a la deshumanización, la fuerza de la
vida acabe ganando.
249
¿Podrá sobrevivir el hombre?
Se trata de decir sí: sí a uno mismo, sí a los demás, sí al mundo, sí a todo, y esto es
sabiduría.
ANDRÉ COMPTE-SPONVILLE
Sólo podremos llegar a sobrevivir si aprendemos y nos hacemos más sabios y no se trata
de una sabiduría basada en la información y los contenidos, ni una sabiduría basada en el
pensamiento abstracto, sino una sabiduría del corazón y del alma, una sabiduría de la
voluntad, del silencio, del conocimiento y del amor.
¿De qué sirve que pensemos tanto si vivimos tan poco? ¿De qué nos sirve pasar por la
vida si no somos capaces de hacernos personas, de relacionarnos con los demás seres
humanos y mejorar el mundo?
Las crisis y los problemas forman parte de la vida y nos obligan a efectuar cambios en
nuestro interior y en nuestro mundo. Pero estos cambios pueden ser cambios
anticipatorios o preventivos, o bien, al contrario, pueden ser cambios catastróficos, fruto
250
del caos y de la destrucción. ¿Por qué no nos anticipamos al caos? ¿Por qué no nos
damos cuenta de que si seguimos con un modelo humano y social injusto,
desequilibrado, agresivo, egoísta e insolidario, estamos condenados a destruirnos? Desde
aquí queremos unir nuestras voces a tantas otras que tienen el convencimiento de que es
posible un cambio no violento y anticipatorio. Erich Fromm lo afirmó120 de forma clara
ya hace unos años: Hoy estamos otra vez en uno de estos momentos decisivos en que la
diferencia entre la solución violenta y la solución anticipada puede significar la
diferencia entre la destrucción y el fértil desarrollo de nuestra civilización.
Debemos hacer lo que es preciso y aquello que debe ser hecho para podernos convertir
en personas más inteligentes y equilibradas. Para ello debemos apostar por un nuevo
modelo humano y un mundo más justo y ecológico. Sólo si adquirimos esta conciencia
aumentaremos nuestro nivel de comprensión y podremos aplicar nuestra capacidad
creativa a la mejora del mundo y de nuestra vida.
Nuestro reto es conseguir un buen equilibrio psicoecoafectivo. No vemos ningún
futuro en el modelo de persona centrada sólo en sí misma y que se olvida del mundo que
la rodea; no vemos ningún futuro en aquella que piensa mucho, habla mucho, pero
practica poco; tampoco apostamos por la persona que se centra sólo en la acción y vive
en un constante movimiento irreflexivo desconectado de su vida interior.
Defendemos un modelo humano psicoecoafectivo de personas que trabajan para
conseguir un espacio interior armónico en el cual la razón y la emoción trabajan en
equipo; aquellas personas que buscan y proyectan esta armonía y equilibrio interior en
los demás y en el mundo que las rodea. Defendemos un modelo de humano preocupado
por los seres vivos que comparten su viaje, una persona empática, generosa y solidaria
que pasa a la acción.
Por este modelo de persona apostamos y trabajamos convencidos de que, sólo así, la
humanidad podrá sobrevivir y evolucionar. Desde aquí queremos decirnos un SÍ muy
fuerte a nosotros mismos, un SÍ muy fuerte al mundo y a la vida, y nos gustaría también
unirnos a vuestro SÍ, en un grito común. Y esto... será sabiduría.
251
252
253
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6 . Claude Pepper.
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8 . André Compte-Sponville, El amor, la soledad. Paidós Contextos, 2001.
9 . Lo Poético, travesía de significado.
10. Basado en el texto de A. R. Gil. Los cuentos de hadas; historia mágica del hombre.
11. Las consolaciones de la filosofía.
12. El contenido de la felicidad.
13. Declaración europea de Bergen sobre Medio Ambiente, Tratado de Maastricht y Convenio sobre cambio
climático de Río 92.
14. Nietzsche.
15. En el sentido de que nos puede ayudar a librarnos de los obstáculos que hallamos para conseguir los objetivos
o darnos la energía para actuar positivamente (ira transformada en acciones para combatir una injusticia, por
ejemplo).
16. Clarissa Pinkola-Estés.
17. Diccionari General de la Llengua Catalana.
18. Ética a Nicómaco.
19. M. Mercè Conangla, Cómo superar y convivir con las crisis emocionales. Editorial Amat, 2002.
20. Jaume Soler y M. Mercè Conangla, Donar temes a la vida. Editorial Pleniluni, 2001.
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23. Dormir y despertar.
24. La ignorancia. Tusquets Editores, 2000.
25. José Antonio Marina, Diccionario de los sentimientos. Anagrama, 2000.
26. José Antonio Marina.
27. Carlos Castilla del Pino.
28. Veinticuatro horas en la vida de una mujer. El Alcantilado, 2000.
29. Ética para Amador.
30. José Antonio Marina, Diccionario de los sentimientos. Anagrama, 2000.
31. The Human Zoo.
32. Zillman.
33. De cualquier modo, uno puede actuar agresivamente sin sentir ira.
34. Actualmente considerada como sinónimo de ira.
35. Cólera desesperada, infeliz y amarga, predispuesta a hacer algo poco razonable.
36. La furia es una enfermedad, nos hace perder el control. Podemos volvernos locos de furia.
37. Ira reprimida.
38. Pérdida de control de nuestra conducta. Nuestra mente racional está inoperante.
39. Rencor: ira envejecida.
40. Nietzsche.
41. Alain de Botton, Las consolaciones de la filosofía. Taurus, 2000.
42. Jaime Barylko.
43. Veronique Fleurquin, Diccionari dels sentiments. Alter Pirene, 1995.
44. Las afueras de Dios.
45. Designa el sentimiento de miedo sin objeto aparente.
46. Recelo de que algo malo haya sucedido ya.
47. Es un miedo grande sin fundamento.
48. Así habló Zaratustra «De la guerra y los guerreros».
49. Anthony de Mello, La oración de la rana. Sal Terrae, 1997.
50. Más allá del bien y del mal, 173.
51. Carlos Castilla del Pino, El odio. Tusquets Editores, 2002.
52. Así habló Zaratustra, «de las cátedras de la virtud».
53. El Tao de la política.
54. Véase apartado «sentimiento de culpa».
55. Más allá del bien y del mal, 279.
56. Thomas Scheff, sociólogo de la Universidad de California.
57. Fernando Savater.
58. Séneca.
59. Tobías y el Ángel.
60. Así habló Zaratustra, «Del árbol de la montaña».
61. Rosa Montero, El desorden empuja desde abajo. Artículo Revista El País.
62. La hija del caníbal.
63. «El difícil viaje de crecer». Artículo de prensa.
64. Nietzsche.
65. Erich Fromm.
66. Georges Bernard Shaw.
67. La Vanguardia, 26/11/2000.
68. Alegría viene de laetitia (dilatación del corazón, amplitud).
69. Decimos «alegrar un color», «alegrar el fuego», para significar que les damos vida.
257
70. Hacer las cosas alegremente significa hacerlo con ligereza, sin que supongan un peso.
71. Introduce el brillo, el interés, la energía y la excitación y diversión en nuestra vida.
72. Diccionario de los sentimientos. Anagrama, 2000.
73. Fragmento poema de M. Mercè Conangla.
74. Clarissa Pinkola-Estés, Mujeres que corren con lobos. Ediciones B, 2000.
75. Idea formulada por J. Ramoneda. Una quimera contemporánea. Babelia. El País, 7 julio de 2001.
76. Explicadas por A. Maslow.
77. Doctor Ferran Angulo Gracia. Departamento de Psiquiatria de Sant Joan de Déu.
78. Doctor Ferran Angulo Gracia.
79. El amor a la vida.
80. La Vanguardia, 6 de mayo de 2002.
81. Kafke’s other Trail: The letters to Felice. Canetti Elías and Middleton Christopher (translated by).
82. Un hivern plàcid. Edicions 62, 1994.
83. Anthony Storr. La soledad. Editorial Debate, 2001.
84. Revista Psicología y Salud Natural.
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86. Catedrático de Neurobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona.
87. Antonio Gala. Entrevista Integral, n.° 99, 1988.
88. El País, 26 de abril de 2000.
89. Publicados en el Journal of Personality and Social Psichology por Snowdon.
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95. Elogio de la amistad.
96. Libro de los abrazos.
97. Anthony de Mello, La oración de la rana. Sal Terrae, 1997.
98. Jorge Bucay y Silvia Salinas, Amarse con los ojos abiertos. Del Nuevo Extremo, 2000.
99. Woody Allen.
100. José Antonio Marina, Diccionario de los sentimientos. Anagrama, 2000.
101. La flor y la metralla. CCS, Madrid, 1978.
102. Antoni Bolinches.
103. Jaime Barylko.
104. Dialéctica interna de la felicidad. Este apartado está basado en las aportaciones de Antoni Bolinches, La
felicidad personal. Mondadori, 2001.
105. La culpa aparece en la conciencia cuando uno entra en conflicto con los principios éticos y normas sociales
interiorizadas.
106. La sensación de vacío afectivo depende más de cómo se vive el amor que del amor que uno vive.
107. Es uno de los factores que más pesan en la infelicidad.
108. Carlos Castilla del Pino. La felicidad y sus mitos. Babelia, El País, 7 de julio de 2001.
109. De la felicidad a la muerte. Tertulias Crisol. El País, 31 de enero de 1994.
110. El remordimiento, 1976.
111. Entrevista La Vanguardia, 15 agosto de 2000.
112. Extraído, en parte, de Rafael Bisquerra.
113. Relato atribuido a Shel Silverstein.
114. Primer llibre de Bloomsbury.
258
115. Luces en la caverna.
116. Shambala, la senda sagrada del guerrero.
117. Mitch Albom, Los martes con mi viejo profesor.
118. Juan Salvador Gaviota.
119. Los libros de mi vida.
120. ¿Podrá sobrevivir el hombre? Paidos, estudio.
259
Índice
Índice
Prólogo
Presentación
I PARTE
11
14
16
20
LA PSICOECOAFECTIVIDAD
Capítulo primero
El despertar de la ecología emocional
Toda una vida para vivir, todo un mundo a explorar
La psicoecoafectividad: el equilibrio interno proyectado en el
equilibrio externo
Los colores de nuestro paisaje
Emociones, ¿premios o castigos?
Asumir el riesgo de vivir
La salud emocional
La importancia del equilibrio y de la armonía
El equipaje del otro no es el que yo creo
La libertad de escoger
Que no se oxide nuestro corazón
Capítulo segundo
El léxico psicoecoafectivo
Un estruendo de palabras
Todo está en la palabra
Encontrar la palabra justa
Explicamos un cuento: La isla de los sentimientos
Palabras para dejar de escondernos
Glosario psicoecoafectivo
Abono emocional
Basuras emocionales
Biodegradable
Cartografía emocional
Contaminación emocional
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21
22
22
22
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24
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26
27
29
29
31
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32
33
33
33
34
35
36
36
37
37
37
38
38
38
39
Conservas emocionales
Desierto
Desertización
Efecto invernadero y lluvia ácida
Energía emocional
Agujero de ozono psicoecoafectivo
Espacios de crecimiento o Nicho psicoecoafectivo
Reciclar sentimientos
Reservas naturales, espacios protegidos
Segregación psicoecoafectiva
Capítulo tercero
Ecología y sentimientos
El origen
La responsabilidad de ser
El ser humano, un ser que busca
Códigos que es preciso traducir
Los paisajes más exóticos para explorar
¿Sentimientos buenos y malos? ¿Positivos y negativos?
La auditoría psicoecoafectiva
El autoconocimiento liberador
Una leyenda hindú
Capítulo cuarto
Las leyes de la ecología emocional
Ley de la diversidad y riqueza de afectos
Hay muertos que andan
Evitemos la censura afectiva
No sentimos igual, ni falta que nos hace
Ley de la interdependencia afectiva
Somos sistemas de energía abiertos
Nadie es emocionalmente autosuficiente
El efecto boomerang
261
39
40
40
40
40
41
42
42
42
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43
43
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45
45
45
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46
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48
48
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50
51
51
51
51
52
53
53
53
54
54
Todo lo bueno que hacemos tiene un impacto positivo en el
Universo
El contagio emocional
Las constelaciones de afectos
Ley de la gestión ecológica de los recursos afectivos
Una gestión inteligente
El principio de aprovechamiento de la energía psicoecoafectiva
Capítulo quinto
El consumo afectivo
La influencia de los valores sociales en el consumo afectivo
Emociones para el consumo, sentimientos «a la carta»
Sucedáneos emocionales
Los cosméticos emocionales
II PARTE
55
55
55
56
57
57
58
60
60
60
60
61
61
63
LA GESTIÓN AFECTIVA DESADAPTATIVA
Capítulo sexto
La gestión desequilibrada de los afectos
La incorrecta gestión de los recursos emocionales
Si el corazón pudiese pensar, se pararía
Los recursos no son ilimitados
Dos sistemas operativos que conviven
Cuando el caos vence
Un balance emocional negativo
Los precios que pagamos
Fugas de energía
Cuando «nos saltan las fichas»: el desborde emocional
El perfeccionismo utópico
Invertir energía en proyectos inadecuados
La incontinencia afectiva
La infrautilización de los recursos afectivos
La contaminación emocional
Un contaminante emocional: los rumores
Reprimir los afectos
La tala indiscriminada
262
63
64
64
64
64
65
65
66
67
67
67
68
69
69
70
70
71
71
72
73
Las basuras emocionales
Basuras crónicas
La generación de contenidos emocionales tóxicos
Embrollo emocional
Capítulo séptimo
Atrapados en emociones que nos esclavizan
Una construcción a medio hacer
Desarmonía y patología
La prisa violenta
Tiempo sentido, tiempo vivido
Afectos indicadores de desarmonía
ANSIEDAD. Anatomía de la ansiedad
La espiral de la preocupación
La anticipación del futuro
Cuando todo se nos escapa
Un mensaje cifrado
La constelación de la ansiedad
Síntomas de deterioro
Cuando vivir es un sufrir constante
La gestión adaptativa de la ansiedad
¿Por qué preocuparse?
Estrategias emocionalmente ecológicas
CELOS. Anatomía de los celos
Código cifrado: una historia de posesión
La constelación de los celos
Síntomas de deterioro
Un camino con pendiente
La gestión adaptativa de los celos
Estrategias ecológicas
CULPA. Anatomía del sentimiento de culpa
Culpa, el control social interno
La cultura de la culpa
Un mensaje cifrado
263
73
74
74
75
77
77
77
77
78
79
80
80
81
81
82
82
82
82
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84
85
85
85
85
86
86
86
86
86
87
87
La constelación emocional de la culpa
Síntomas de deterioro
El culpable es el otro: el autoengaño
No podía haber hecho otra cosa: la cesión del control
¿Remordimientos útiles?
La gestión adaptativa de la culpa
Culpas y deudas
Dos textos sobre la culpa
ENVIDIA. Anatomía de la envidia
La envidia, un espejo deformante
La constelación emocional de la envidia
Poner a cada uno en su sitio
Un código a traducir
Síntomas de deterioro
La valoración de amenaza
Un camino hacia el odio
La gestión adaptativa de la envidia
Mirar hacia adentro
Estrategias ecológicas
IRA. Anatomía de la ira
Ira: peligro de explosión
Código cifrado: reacción defensiva contra un obstáculo
La constelación emocional de la ira
Síntomas de deterioro
La espiral de violencia
El arrebatamiento
Las cicatrices de la ira
La gestión adaptativa de la ira
Estrategias ecológicas
Reencontrar la calma
Explicamos un cuento
Aprender a convivir con la frustración
MIEDO. Anatomía del miedo
264
87
88
88
88
89
89
89
89
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91
91
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92
93
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93
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94
94
94
95
95
95
96
96
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97
97
98
98
99
99
100
100
101
Miedo: Peligro de pérdida
Una bolsa llena de miedos
Un mensaje cifrado
Situaciones que pueden desencadenar miedos
La constelación emocional del miedo
Reacciones y emociones ligadas al miedo
Síntomas de deterioro
El círculo vicioso de los miedos
Cuando el miedo toma el control
La gestión adaptativa del miedo
Estrategias emocionalmente ecológicas
Arriesgarse a saltar
Tres relatos sobre el miedo
ODIO. Anatomía del odio
El dilema: ¿crear o destruir?
El odio: una construcción laboriosa
Un mensaje cifrado: ¡peligro!
La constelación emocional del odio
Síntomas de deterioro
El trabajo del odio
Odiar tiene un precio
La gestión adaptativa del odio
Un esfuerzo en sentido contrario
Estrategias emocionalmente ecológicas
Un poema sobre el odio
RESENTIMIENTO. Anatomía del resentimiento
Un sentimiento propio de humanos
Todo es culpa del otro
Vaciarnos para viajar
La constelación del resentimiento
Un mensaje cifrado
Síntomas de deterioro
El resentido, un ofendido crónico
La gestión adaptativa del resentimiento
265
101
102
103
103
104
104
104
104
105
105
106
106
107
108
110
110
111
111
111
111
112
112
112
112
113
114
114
114
115
115
115
115
116
116
116
Romper la cadena de elaboración
Escoger lo que debemos olvidar
Otras estrategias emocionalmente ecológicas
Explicamos un cuento
TRISTEZA. Anatomía de la tristeza
Tristeza para reconstruirnos
Una suma de factores
La constelación de la tristeza
Un mensaje cifrado: ¡detenerse!
Situaciones que nos pueden causar tristeza
Síntomas de deterioro
El infierno y el cielo están en mí
Cuando el paisaje es un pozo
La gestión adaptativa de la tristeza
Eso también pasará
Una antorcha espléndida
VERGÜENZA. Anatomía de la vergüenza
La vergüenza paralizante
Un mensaje cifrado
La constelación emocional de la vergüenza
Síntomas de deterioro
Una vergüenza patológica
¿Camuflarse para sobrevivir?
La gestión adaptativa de la vergüenza
Antídotos contra la vergüenza
¿Y qué? El ridículo se lo hace uno mismo
III PARTE
116
117
117
118
118
118
118
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119
120
120
120
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121
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122
122
122
123
123
123
123
124
LA CUESTIÓN HUMANA
Capítulo octavo
La gestión emocional ecológica
El saber imprescindible
Estamos en camino, pero no caminando
Vivir cada día
266
124
125
125
125
126
127
Aprender a discernir
Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta
Ser uno mismo a pesar del entorno
Los ideales y las utopías necesarias
La llave del éxito: deseo, esfuerzo, perseverancia y acción
Nada se consigue sin esfuerzo
Si crees que estás perdido, lo estás
Provisionalidad. Meditación de Séneca
La transformación necesaria, la «no resistencia»
La isostasia emocional
El drenaje emocional
Los siete principios de la gestión ecológica de las relaciones
1. Principio de la autonomía personal
2. Principio de la prevención de dependencias
3. Principio del boomerang o de la correspondencia
4. Principio del reconocimiento de la individualidad y la
diferencia
5. Principio de la moralidad natural
6. Principio de la autoaplicación previa
7. Principio de la limpieza relacional
Los efectos saludables de no inmiscuirnos en la vida de los demás
Capítulo noveno
Energías limpias, renovables y ecológicas
Energía psicoecoafectiva
Un mar de pequeños fueguitos
Apasionarse por vivir
¿Cómo es la ciudad de donde viene?
Escoger el filtro adecuado
Todos los momentos son especiales
Sembrar energía positiva
Fuerzas para seguir adelante
ALEGRÍA. Anatomía de la alegría
Las semillas de la alegría
Una emoción de fácil contagio
La constelación de la alegría
267
128
128
129
129
131
133
133
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Los beneficios de la alegría
Síntomas de deterioro
Hiperestimulados pero descontentos
El mal humor
La gestión adaptativa de la alegría
Defender la alegría
Explicamos un cuento
La alegría es una elección
CURIOSIDAD. Anatomía de la curiosidad
Curiosidad para sobrevivir
Educar la curiosidad
La constelación de la curiosidad
Aprender a ver las maravillas
Síntomas de deterioro
Cuando aparece el aburrimiento
Cuando la curiosidad muere
La gestión adaptativa de la curiosidad
Fomentar la perplejidad como vía de autoconocimiento
Las preguntas pueden ser las respuestas
Atreverse a escuchar la intuición
DESEO. Anatomía del deseo
La cultura de la ganancia
El deseo primordial
La constelación del deseo
Los objetos de deseo
Síntomas de deterioro
Ojo con lo que deseas, puede serte concedido
Cuando tener es más importante que ser
La violencia del deseo
La gestión adaptativa del deseo
Por una pedagogía del deseo
Estimular el deseo
Educar en la frustración
Aprender a orientar el deseo
FORTALEZA. Anatomía de la fortaleza
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La resistencia inteligente
El valor de vivir la incertidumbre
La constelación de la fortaleza
Síntomas de deterioro
Cuando nos colocamos una coraza
No podré, no seré capaz
La gestión adaptativa de la fortaleza
Entrenar la fortaleza emocional
Quién es valiente
Enfrentarse al dragón
Para volar hay que lanzarse
SILENCIO. Anatomía del silencio
La energía del silencio
El silencio: plenitud y eternidad
Síntomas de deterioro
Hablar por hablar
Un ruido interno que resuena
El miedo al silencio
La gestión adaptativa del silencio
Una anécdota sobre el silencio
Silencio para contemplar la belleza
SOLEDAD. Anatomía de la soledad
Nadie puede vivir en mi lugar
Soledad para crear
Estar solo, sentirse solo
La constelación de la soledad
Un mensaje cifrado
Síntomas de deterioro
La dificultad de ser uno mismo en compañía de otros
Una agenda repleta de actividad
Yo no necesito a nadie
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Miedo a estar solo
Soledad forzosa o el sentimiento de abandono
Soledad en compañía
La gestión adaptativa de la soledad
Espacios para reintegrarnos o la capacidad de estar solos
Soledad para unas relaciones personales satisfactorias
Cargar energías
Estar solo: un comportamiento inteligente
Efectos terapéuticos de la soledad
Instantes de perfecta armonía: el sentimiento oceánico
VOLUNTAD. Anatomía de la voluntad
Una construcción creadora
Una reflexión sobre la voluntad
Un compromiso con uno mismo
Voluntad y libertad
Síntomas de deterioro
Cuando no hay autorregulación
Cuando la motivación externa sustituye a la voluntad
La cultura de la facilidad
La inmediatez
El peligro de conformarse y ser sumiso
La gestión adaptativa de la voluntad
Escuchar y gestionar las emociones
Explicamos un cuento
Paciencia para convivir con la dificultad
Perseverar en lo que es vital
Tomar el timón de nuestra vida
Caricias positivas: las vitaminas emocionales
Una caja llena de ternura
¿Qué tengo que hacer para ser abrazado así?
El valor de una sonrisa
El poder de la música
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El humor, un beneficio para la salud
El cuidado de unos y otros
Belleza para vivir
Capítulo décimo
Espacios protegidos: ecosistemas afectivos frágiles
Reservas naturales, espacios protegidos
Especies en peligro de extinción
Catálogo de afectos extremadamente delicados
AGRADECIMIENTO. Anatomía del agradecimiento
Agradecer las pequeñas cosas
El agradecimiento da alegría
Sólo tenemos lo que hemos dado
Aprender a valorar lo que tenemos
La constelación del agradecimiento
Síntomas de deterioro del agradecimiento
Sobre gratitud y deudas
¿Halagar, reconocer o agradecer?
La gestión adaptativa del agradecimiento
Valorarse para valorar
Fomentar la cultura del agradecimiento
AMISTAD. Anatomía de la amistad
Un entorno íntimo
Hagamos un trato
La medida necesaria
Elogio de la amistad
Acompañantes de camino hasta el final
La constelación de la amistad
Síntomas de deterioro
Un narcisismo acaparador
Inseguridad posesiva
El desasosiego de los celos y la envidia
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La gestión adaptativa de la amistad
Un camino a recorrer a menudo
Una invitación a crecer
Amistad, afectividad y silencio
Con las manos abiertas
Tomar el cielo entre las manos
AMOR. Anatomía del amor
Hechos para el amor
Ventana sobre la palabra
Un AMOR en mayúsculas
El amor: una nación a fundar
Un amor que dure
La constelación del amor
Síntomas de deterioro del amor
El principio de desintegración universal
Analfabetismo amoroso
El amor no debe ser sacrificio
¿Y si se escapan?
El universo puede ser un lugar muy frío
La tragedia de aferrarse
La gestión adaptativa del amor
Encontrarse sin buscar
Renovarse y sorprender
Explicamos un cuento
Escuchar el amor
Preservar el misterio
Pasar de amor a amar
Eliminar la exclusividad
Volar juntos, pero no atados
COMPASIÓN. Anatomía de la compasión
Una compasión vestida de ternura
La compasión iluminada
La compasión universal
La constelación de la compasión
Síntomas de deterioro
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Compasión bajo sospecha
La autocompasión victimista
Insensibilidad para no sufrir
La gestión adaptativa de la compasión
Ser buenos con nosotros mismos
No perder el contacto con el sufrimiento
Escuchar con el corazón
CONFIANZA. Anatomía de la confianza
Seguridad y riesgo
Sin confianza no hay alegría
La gestión de la incertidumbre
La historia de Miralepa
Visión positiva para confiar
La constelación de la confianza
Síntomas de deterioro
El continuum de la confianza
Los prejuicios limitadores
Cuando aparece la mentira
La gestión adaptativa de la confianza
Confiar en uno mismo: el primer paso
Lo que es esencial
La llave de toda relación
ESPERANZA. Anatomía de la esperanza
Ampliar el presente
Esperanza ¿en qué y para qué?
La constelación de la esperanza
Síntomas de deterioro
Cuestión de medida
De la esperanza a la pasividad
La desesperación destructiva
La gestión adaptativa de la esperanza
Cuidar la esperanza
El deber de dejar por lo menos un sueño
Yo sé que algún día será así
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FELICIDAD. Anatomía de la felicidad
Muchas visiones sobre la felicidad
Un editorial al New York Times
La constelación de la felicidad
Los ingredientes de la felicidad
Sabio, entonces feliz
Síntomas de deterioro
Los ladrones de la felicidad
El remordimiento
La gestión adaptativa de la felicidad
Solidaridad para ser feliz
Los beneficios de la felicidad
Cómo sembrar la propia felicidad
Dos vivencias de felicidad
GENEROSIDAD. Anatomía de la generosidad
El placer de dar
El boomerang
Dar, incluso, la vida
La constelación de la generosidad
Síntomas de deterioro
Tierra yerma
Propiedad privada
Nadie puede salvarse solo
¿Una generosidad destructiva?
La gestión adaptativa de la generosidad
La clave de la generosidad
Explicamos dos cuentos
Ser generosos con nosotros mismos
Generosidad en el amor
SERENIDAD. Anatomía de la serenidad
Coherencia en el ser
Hacer lo que hay que hacer
La constelación de la serenidad
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Síntomas de deterioro
No saber estar inactivos
Rencores, resentimiento y odio
Cargas que nos pesan
La gestión adaptativa de la serenidad
Estar en paz
Contemplar la belleza
Vivir el momento
Serenidad y liberación
El territorio interior armónico
TERNURA. Anatomía de la ternura
Ternura, plenitud y tristeza
No estás solo, estoy contigo
La constelación de la ternura
Síntomas de deterioro
La ternura escondida
Las prisas que ciegan
El miedo a ser débiles
La gestión adaptativa de la ternura
Recuperar a nuestro niño
Dos relatos sobre la ternura
Lento, lento, sin prisa
Un antídoto contra la agresividad
Epílogo
El arte de vivir la psicoecoafectividad
La fuerza creadora
Viajar, explorar, desprenderse
No se han podido llevar la música
La calidad de vida
Sin límites
La última semilla
¿Podrá sobrevivir el hombre?
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