Subido por atawalpa71

-Las-Luces-de-Septiembre

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LAS LUCES DE SEPTIEMBRE
Capítulo 1. El cielo sobre París
En 1936, Armand Sauvelle falleció en el hospital de Saint George, en la capital
francesa. Su mujer Simone y sus dos hijos, Irene y Dorian estaban presentes.
El hombre murió después de seis meses de sufrimiento de una enfermedad
que él mismo nunca fue capaz de nombrar. Armand se llevó consigo su magia
y risa contagiosa pero dejó muchas deudas que su familia no pudo afrontar.
Tuvieron que cambiar toda su vida. Su mujer, Simone tuvo que volver a trabajar
y sus hijos también. Dejaron de vestir prendas caras y a ir a colegios buenos.
Un antiguo amigo de Armand, Henri Leconte les ofreció instalarse en un
apartamento a cambio de que el hijo pequeño lo ayudara como chico de los
recados.
Más tarde, a Simone le ofrecieron un empleo en un pueblo de Bahía Azul como
ama de llaves de una residencia. Así, en junio de 1937, la familia Sauvelle se
iba rumbo a la costa de Normandía.
Capítulo 2. Geografía y anatomía
La Casa del Cabo, nombre de la casa donde residía la familia Sauvelle, estaba
situada en un acantilado. Era hecha de madera blanca y tenía una terraza.
Estaba rodeada de bosque, y entre éste se podía ver la casa de Lazarus Jann,
el hombre por el que trabajaba Simone.
Dorian había descubierto una nueva afición: dibujar mapas. Se iba a un
santuario que se encontraba entre los acantilados.
El pueblo donde vivían tenía un pequeño muelle de pescadores. Al este había
la Playa del Inglés con sus arenas blancas.
Lazarus Jann los había invitado a cenar en su residencia, Cravenmoore. Irene,
en su habitación, intentaba buscar un atuendo adecuado para la cita pero se
dio cuenta de que todos sus vestidos le iban pequeños. Su madre le ofreció
uno suyo.
Al llegar a la mansión de Cravenmoore, Dorian encontró un pájaro en el suelo.
Cuando lo examinó vio que era de madera. Después la puerta de la casa se
abrió y apareció Lazarus Jann. La casa estaba repleta de autómatas y
máquinas. La familia Sauvelle estaba impresionada. Lazarus supo ganarse la
confianza de los chicos haciendo bromas y contando historias. También les
contó que su mujer padecía una enfermedad incurable y no podía moverse de
la cama.
El trabajo de Simone consistía en supervisar todo el trabajo en la casa, recoger
la correspondencia, hablar con los proveedores, etc. Lazarus les proporcionaba
una casa y se comprometía a pagar la escolarización de los niños. También
tenían un sueldo mensual.
Capítulo 3. Bahía Azul
Irene se despertó y oyó una voz que no le era familiar. Trató de imaginar cómo
sería esa persona sólo escuchando cómo hablaba con su madre. Era una cosa
que solía hacer cuando era pequeña: cerrar los ojos e intentar imaginar a la
persona que hablaba. Esta vez sólo falló en el color de pelo. Era Hannah, la
doncella de Lazarus.
Desayunaron las tres juntas y Hannah les resumió un poco su vida. Su padre
era pescador y su madre panadera. Con ellos vivía su primo Ismael, que se
quedó huérfano. Su primo le enseñaba a leer y a multiplicar ya que no iba a la
escuela. Al terminar, Hannah se ofreció para enseñarle el pueblo a Irene.
Bahía Azul era muy diferente de París. Todo el mundo conocía a todo el mundo
y las noticias corrían rápidamente. La familia Sauvelle fue encontrando su sitio
en el pueblo. Simone tenía lugar entre las damas de Bahía Azul, Dorian hizo
algunos amigos y se divertía con ellos. Se enamoró de Greta Garbo, una mujer
de treinta años. Irene pasaba mucho rato con Hannah, que estaba obsesionada
en encontrarle novio a Irene, a lo que ella siempre decía que se lo pensaría.
Un día, Hannah se llevó a Irene a pasear por la Playa del Inglés. Estuvieron
hablando y le contó que recibía este nombre porque ahí había vivido durante
muchos años un pintor inglés cargado de deudas. Cuando murió, tres años
atrás, lo enterraron ahí, donde había pasado tantos días. Entonces apareció
Ismael con su velero. Se pasaba el día navegando. Ahí es donde Ismael e
Irene se conocieron. Irene se dio cuenta de que Ismael tenía una cicatriz a lo
largo de su pierna derecha.
Ismael se ofreció para llevarla a casa en su velero, llamado Kyaneos. Irene
aceptó. Durante el viaje, el chico le contó una leyenda del pueblo. Se dice que
un verano, durante el baile de máscaras, una mujer tomó un bote y se fue mar
a dentro. Unos dicen que fue para huir de un crimen, otros que tenía una cita
en el faro. Pero mientras cruzaba la bahía, hubo una tempestad y se ahogó. Su
cuerpo nunca se encontró y días más tarde, su máscara apareció en la arena.
Desde entonces la gente dice que durante los últimos días de verano se
pueden ver luces en la isla del faro.
Así, Irene le pregunta si se puede visitar el faro. Quedan para ir en una semana
los dos solos.
Capítulo 4. Secretos y sombras
Poco después del paseo en barco desde Playa del Inglés a la casa del Cabo,
todo el pueblo sabía que Ismael e Irene habían quedado el sábado. Bahía Azul
era un pueblo que no podía tener secretos. Era una cosa prácticamente
imposible.
Ismael estaba con su tío. Le pidió el día libre para el sábado para poder irse
con Irene al islote del faro. Su tío bromea sobre esto y le pregunta si le gusta la
chica. Él se sonroja y acaba asintiendo.
Simone solía entregar las facturas y las cartas a Lazarus a primera hora de la
mañana. Las dejaba encima del escritorio de su estudio para así no
interrumpirlo más tarde. Siempre era igual pero un día entró en el estudio y se
encontró que todas las cartas escritas desde Berlín por Daniel Hoffmann
estaban quemadas. Lazarus había intentado destruirlas. Pensó que no era
asunto suyo y se marchó decidida a no volver a hacerlo.
A medianoche, Hannah se despertó al oír continuamente un ruido que no le
dejaba dormir. Tras ponerse un bata y unas zapatillas, tomó el camino hacia la
habitación de donde procedía el ruido. Cruzó el pasillo, lleno de muñecos de
madera que la atemorizaban. Lo había cruzado centenares de veces pero
nunca de noche. Cuando llegó a la habitación, entró y cerró la puerta. Las
cortinas estaban empapadas porque estaba lloviendo. Se apresuró a cerrar la
ventana, que era la causante del ruido. Entonces se dio cuenta de que esa
habitación era de niño. Había una cama con un escritorio al lado, libros y ropa
pequeña. Pero se dio cuenta que no había ni un solo juguete. Examinando la
habitación encontró recortes de papeles en las paredes. Se veía a una mujer y
a un niño de no más de siete años. Titulares de noticias también se
encontraban colgados. Había uno que decía: “Un niño de ocho años es hallado
tras haber pasado siete días encerrado en un sótano, abandonado, en la
oscuridad”. En ese momento, Hannah oyó una voz que pronunciaba su
nombre. Encontró un frasco precioso que parecía perfume. Tras dudar unos
instantes, lo acabó abriendo y una negrura salió de dentro. Pudo ver una
sombra que la perseguía y corrió hasta el exterior de la casa. Se aventuró
bosque adentro y corrió. En un momento, la sombra estaba encima suyo. Poco
después sintió el aliento de la sombra sobre su rostro.
Capítulo 5. Un castillo entre las brumas
Éste era el día acordado entre Irene e Ismael para ir a navegar. Simone,
nerviosa, no paraba de hacer preguntas a su hija sobre el muchacho. Le dio un
beso en la mejilla y se fue con Ismael al vero. Ismael le mostraba partes de la
bahía y no podía parar de mirarla.
Mientras tanto, Simone se adentró en la biblioteca de Cravenmoore. Quedo
impresionada con la cantidad de libros que contenía. Ahí también estaba
Lazarus Jann, leyendo un libro titulado Doppelgänger. El fabricante de juguetes
le ofreció un café.
Irene e Ismael navegaron hacia el islote del faro. Amarraron el velero y bajaron
a tierra. Ismael le dijo a Irene que le siguiera y entraron los dos en la casa del
farero. Ahí ya no vivía nadie, estaban ellos solos. Ascendieron las escaleras
que conducían al faro. Desde ahí se podía contemplar Bahía Azul. Salieron al
exterior e Ismael le ofreció algo de lo que llevaba en la cesta que su tía había
preparado para comer.
Después de tomarse las tazas de café, Lazarus y Simone hablaban sobre
recuerdos, libros y viajes. Parecía que se conocieran de toda la vida, o esa era
la sensación que tenía Simone. Estaban conversando cuando Simone decidió
hacerle una pregunta. Le preguntó por qué se dedicaba a hacer juguetes. Así
es cómo Lazarus le contó la historia: cuando él era pequeño, era un niño
solitario, vivía en el distrito de Les Gobelins, en París, junto con sus padres y
sus tres hermanos. Apenas tenía amigos, sus únicos amigos eran los libros.
Más tarde conoció a un niño de su misma escalera, Jean Neville. Vivía sólo con
su madre. Quedó embarazada de mellizos pero al dar a luz, uno de ellos nació
muerto. Así, estuvo toda la vida echándole las culpas a Jean de la muerte de
su hermano. No le compró ningún juguete porque creía que no lo merecía. Una
noche, se despertó en sueños. Soñaba que una sombra lo perseguía. Su
madre fue a ver que le pasaba y se lo contó. Lo encerró en el sótano para que
pensara sobre el tema. Esa era entonces su excusa para todo: si no obedecía,
la sombra lo vendría a buscar. Cuando Lazarus se enteró de todo esto, gastó
sus ahorros en un juguete. En un momento en que su madre había salido a
comprar, fue a su casa y se lo entregó como un regalo. Más tarde se enteró
que el juguete no había durado más de un día, la madre de Jean lo había
quemado. Lo encerró en el sótano otra vez y se fue. Por otras causas, fue
detenida y hasta al cabo de una semana no volvió a casa. Cuando lo hizo, su
hijo ya no estaba y nadie supo nada más de él. Así, Lazarus decidió que ningún
niño volvería a quedarse sin juguetes.
Isamel e Irene aún estaban en el faro. Ismael abrazó a Irene. Sus labios se
acercaron y finalmente se besaron. Permanecieron un tiempo abrazados. Más
tarde, Ismael le confesó que le gustaría escribir seriales de misterio para la
radio. Los dos descendieron del faro e Ismael la llevó a un cofre que había en
la casa del farero. Extrajo un diario. Era el diario de la mujer que había
desaparecido esa noche del baile de máscaras. Volvieron a casa e Irene
prometió cuidar del diario.
Capítulo 6. El diario de Alma Maltisse
Irene empezó a leer el diario. Tras ir leyendo página a página, pensaba que
conocía aquella mujer. Creía que nunca antes había sabido tantas cosas de
una persona. Sentía pena por todo lo sucedido en aquella mujer. Cuando
acabó de leerlo, vio el velero de Ismael y se fue corriendo.
Navegaron hasta la laguna. Ahí, Irene se quitó el vestido y se tiró al agua.
Ismael, aunque tardó más, hizo lo mismo. Fueron nadando hasta la Cueva de
los Murciélagos. Irene abrió los ojos debajo del agua y pudo ver toda la
fauna marina que había: peces de colores, cangrejos, etc. Luego besó a
Ismael.
Hannah no aparecía y llevaba horas sin dar noticias. Simone recibió una
llamada del comisario jefe de la gendarmería de Bahía Azul.
Dorian había acabado todos los recados que su madre le había encargado.
Con la casa vacía, decidió ir a dar una vuelta por el bosque de Cravenmoore.
De pronto vio que en el bosque había huellas. Las examinó y siguió andando.
Entonces se acercó al tronco de un árbol que estaba totalmente abierto, como
una especie de herida. El chico salió corriendo.
Ismael e Irene estaban en la cueva. Se tumbaron encima de una roca que
sobresalía en el medio. Ismael le contó que eso era como su santuario, donde
estaba tranquilo y lejos de todo. No tardaron en irse ya que cuando sube la
marea la cueva se llena de agua. El camino de vuelta lo pasaron en silencio.
Llegaron a casa de los Sauvelle y se despidieron sin saber cuándo volverían a
verse.
Al llegar a casa, Irene notó que algo iba mal. Fue hasta su madre y vio que
había llorado. Entonces fue cuando Simone le dijo que Hannah había muerto.
Capítulo 7. Un camino de sombras
Después de saber la noticia de la muerte de Hannah, Irene cogió su bicicleta
para ir a casa de los tíos de Ismael. Al llegar, no se atrevió a llamar al timbre
pero de pronto el doctor Giraud salió de la casa. Le dijo que Ismael se había
ido con el velero y que no estaba. Ella palideció pero el doctor le dijo que era
un buen marinero y que volvería. Irene sintió deseos de coger una barca e irse
detrás de Ismael pero no podía hacer nada. Volvió a casa.
La cena fue breve y todos se fueron pronto a la cama. Dorian, que no estaba
durmiendo, se acercó a la ventana y pudo ver unas luces. Entonces salió de
casa dirección al bosque.
Mientras tanto, Irene no podía conciliar el sueño. Decidió leer el diario de Alma
Maltisse.
Dorian se adentró en el bosque. Se guiaba por las luces y quería saber que se
ocultaba ahí. Escuchó unos pasos de algo o de alguien y se escondió en unas
plantas. Intentaba no respirar. Cuando creía que se ahogaba, el personaje de
los pasos dejó un farol en el suelo y abrió la planta para ver qué había. El
hombre era Lazarus. Dorian pudo respirar tranquilo. Se fueron los dos a un
cobijo al lado de la fábrica de juguetes. Sirvieron tazas de chocolate y el niño le
explicó todo lo sucedido a Lazarus. El fabricante de juguetes estaba trabajando
en un nuevo artilugio. Se trataba de un autómata en forma de ángel, que quiso
mostrar a Dorian pero que a éste le dio miedo.
Lazarus le contó que Doppelgänger era un término alemán que significaba que
una sombra, por algún motivo, había perdido a su dueño. Así, le cuenta una
historia sobre un relojero, Blöcklin, de la ciudad de Berlín. Se dedicaba sólo a
hacer relojes, no tenía ni familia ni amigos. Un día recibió la visita de un extraño
señor llamado Andreas Corelli. El tal señor quería que fabricase un reloj con las
agujas en sentido contrario ya que padecía una enfermedad que lo estaba
llevando a la muerte. Así podría contar las horas los minutos y los segundos
que le quedaban de vida. Tardó dos semanas en realizar el trabajo, luego se lo
entregó. Al día siguiente, había envejecido muchísimo, y al siguiente parecía un
hombre de setenta años. Sin saber que hacer, se fue por la calle y en un bar se
le sentó al lado un hombre misterioso de unos veinte años. Era Andreas Corelli.
Le pidió por favor que le devolviera su juventud, que estaba dispuesto a lo que
fuera. Corelli le pidió su sombra y él aceptó. Cuando llegó a casa, encontró su
gato colgando por el cuello de un cable. En la pared estaba escrito Nilkcolb, su
nombre al revés. Oyó una voz y cuando se giró vio a su propio reflejo. Era su
sombra quien lo seguía. Los días siguientes, hubo una serie de crímenes.
Testigos aseguraban que era el relojero quien los cometía. Lo encerraron en la
prisión y los crímenes seguían teniendo lugar. Todo esto duró exactamente
veinticinco días. Entonces la sobra del relojero fue encerrada con él. Al día
siguiente, el relojero estaba muerto. Más tarde, Andreas Corelli se ofreció a
pagarlos gastos del entierro. El caso de los crímenes sigue abierto.
Dorian quedó impresionado con la historia. Lazarus le dijo que no era de
verdad. Le entregó una caja de madera. Dentro había un ángel como el que
había visto pero mucho más pequeño. Lo acompañó a casa y se despidieron.
Mientras Dorian dormía, el ángel abrió las alas, ladeó la cabeza y alzó un
brazo.
Capítulo 8. Incógnito
El entierro de Hannah tuvo lugar en el pequeño cementerio a lo alto de la colina
de Bahía Azul. La ceremonia final era sólo para la familia. Lazarus se ofreció a
llevar a Simone y a sus hijos a casa. Entonces Irene vio a Ismael, cerca del
acantilado del cementerio, mirando el mar. Su madre le dio permiso para ir.
Mientras, Simone y Dorian se iban a casa.
Irene encontró a Ismael sentado encima de una roca, mirando al océano. De
vuelta al pueblo, el muchacho se puso a contarle todo lo que había hecho
desde el conocimiento de la muerte de su prima. Ismael, al enterarse la noticia,
cogió su velero y se fue al islote del faro. Ahí pensó que lo que debía hacer era
averiguar el responsable del desastre y hacerlo pagar por ello. Entonces se fue
al laboratorio forense del doctor Giraud para coger todos los archivos
pertinentes a Hannah. Después de analizarlos, vio que según el dictamen
oficial fue un paro cardíaco pero que el doctor Giraud, en su opinión, creyó que
Hannah vio algo en el bosque que le provocó un ataque de pánico. Cree que la
única manera de saber de qué huía Hannah, que esa noche la pasó en
Cravenmoore, es ir esa misma noche al bosque.
Irene estaba leyendo el diario de Alma cuando Ismael dio un leve golpe en la
ventana. La chica se puso la chaqueta y bajó.
Se adentraron en el bosque hasta llegar cerca de la mansión de Cravenmoore.
Lazarus se disponía a salir de la casa y los chicos se escondieron en el interior
de un tronco. Estaba lleno de murciélagos e Irene estaba a punto de gritar
pero Ismael le tapó la boca. Esperaron a que Lazarus Jann se fuera
adentrando en el bosque y luego corrieron hasta la parte trasera de la casa,
donde había la fábrica de juguetes.
Ismael pudo abrir la puerta y los dos entraron. No había nada de luz. Entonces
Ismael sacó una cerilla y la encendió. Entonces se quedaron boquiabiertos
porque había una figura de Simone colgando. Aún no estaba terminada.
Quisieron irse de ahí inmediatamente y alcanzaron la puerta que conducía
dentro de la mansión. Una sombra entró dentro del cuerpo de metal que
Lazarus había mostrado a Dorian la noche anterior. La figura del ángel cobró
vida y se dispuso a perseguir a Irene e Ismael.
Capítulo 9. La noche transfigurada
Durante la noche, Lazarus va a la casa del cabo a visitar a Simone. La invita a
ser su pareja en el baile de las máscaras que se celebra en el pueblo. Ella
acepta, encantada. Después se ponen a hablar de Ismael, el chico que le gusta
a Irene.
Mientras tanto, Dorian desde su habitación los escuchaba. Sentía celos. Fue a
la ventana a mirar pero sintió que eso que hacía no estaba bien. Su habitación
estaba oscura y sintió miedo. Quiso encender la luz de su mesilla de noche
pero no se encendía, hizo el intento pero se apagó. Pensó que se había
fundido. Entonces pudo ver una sombra. Se movía por toda la habitación.
Repetía “vete de aquí”. De pronto vio como la sombra se metía dentro del
pomo de la puerta. Sólo entonces se encendió la luz. Más tarde vio cómo su
madre y Lazarus se despedían, él le daba un beso en la mejilla y se adentraba
en el bosque. Por mucho que lo intentó, no pudo ver la sombra de Lazarus.
Entre todo esto, Ismael e Irene seguían en la casa de Lazarus. Entraron y
pudieron llegar a la segunda planta, donde según Ismael, se encontraba la
habitación de Hannah. Cuando llegaron arriba, decidieron separase para, así,
poder examinar la planta más rápidamente.
Irene sentía miedo. Se encontró enfrente una puerta. No quería entrar porque
creía que no debía estar ahí pero algo le decía que entrara. Entró. Una vez
dentro, vio una gran pintura de una mujer muy blanca y preciosa. En un
escritorio había un libro negro abierto, lleno de polvo. Lo limpió y rápidamente
pudo reconocer la escritura. Le pareció que era de Alma Maltisse. Más al
fondo, al otro extremo del velo que separaba la habitación, había un lecho. Se
acercó. Separo el velo. En la cama había una mujer estirada que levantaba la
mano. En ese momento, un aire frío pasaba por ahí. Se giró y en la puerta
había una gran sombra. La puerta se abrió de golpe y unas uñas se asomaban.
Irene gritó.
Ismael, desde el otro lado de la casa, escuchó el grito de Irene. Corrió hacia
ella. Lo volvió a oír. Cuando llegó a la habitación dónde se encontraba Irene,
vio el ángel plata con los ojos rojos. Irene estaba muy asustada. Ismael cogió
un trozo de madera y lo usó para luchar con la bestia. El animal lo hizo
pedazos. Después usó sus cerillas para quemarle la capa. Estaba ardiendo
pero se la quitó. El chico ordenó a Irene que se fuese corriendo pero la chica
no le hizo caso. Se enfrentó a él. El animal se iba acercando y no les dejaba
salir. Tuvieron que salir por la ventana y ahí cayeron hasta el lago del jardín. El
animal cayó con ellos. Después se adentraron en el bosque. Aún les seguía.
Encontraron la segunda entrada a la cueva de los Murciélagos y se tiraron. La
bestia explotó pero la sombra seguía dentro. Los chicos se encontraban dentro
del mar y la marea subía. La sombra se fue, riendo.
Capítulo 10. Atrapados
Ismael e Irene seguían en la cueva. El nivel del agua estaba subiendo y no
había nada que pudieran hacer. Se pusieron a hablar sobre el tema de Alma
Maltisse.
Dorian no podía dormir. Para combatir el insomnio, fue a la cocina a comer
algo. Bajo sin hacer ruido para no despertar a su madre. En la cocina, cogió
unos bombones suizos que su madre guardaba. De pronto, alguien llamó a la
puerta. Dorian se asustó y preguntó quién era. No obtuvo respuesta. Volvieron
a llamar. Luego llamaron por la ventana de la cocina. Era la sombra. Dorian la
tenía a diez centímetros. Entró. Dorian tenía miedo. La sombra reía y decía que
le llevara con su madre. Se convirtió en el rostro de su padre. La sombra iba
dirección a la habitación de Simone y Dorian corrió detrás suyo. La sobra entró
en la habitación. Simone estaba inconsciente y la sombra la cogió, se la
llevaba. Dorian quiso recuperar a su madre pero no pudo hacer nada. La
sombra se fue, dirección al bosque, riendo y con su madre en brazos.
Los chicos, Irene e Ismael ya no tenían punto de apoyo en sus pies. Ismael
sostenía a Irene, que empezaba a estar inconsciente a causa del frío. Ismael le
prometió que saldría de ahí, solo debía esperar…
Lazarus Jann regresó a Cravenmoore y subió a ver a su mujer, Alexandra.
Tenía un mal presentimiento. Cuando vio las marcas de lucha y todo roto se
desesperó. Fue corriendo al lecho y le pidió perdón a su mujer. Notó una
presencia pero era demasiado tarde. Recibió un golpe en la nuca y quedó
inconsciente. Sólo pudo ver que era Christian, el autómata de la puerta. Lo
arrastraba por el pasillo. Después, perdió el sentido.
El alba llegaba y Ismael aún se mantenía despierto. Sujetaba a Irene. La marea
bajó y pudieron estirarse. Estaban vivos.
Capítulo 11. El rostro bajo la máscara
Irene e Ismael se despertaron en la playa. Irene tenía los labios secos y le dolía
todo el cuerpo. Ismael se despertó un poco más tarde. La única manera de salir
de ahí era trepando por los acantilados hasta llegar al bosque.
Simone despertó en una habitación de niño. Pero, según ella, una habitación
no habitada por ningún niño. Empezó a recordar cosas de la noche anterior. Se
preguntó y se lamentó dónde estarían Dorian e Irene. Si ella estaba
secuestrada, probablemente ellos también. Examinó la habitación. Había
recortes de periódicos y de fotos. En las fotos salía un niño de unos siete u
ocho años. También salían noticias sobre Lazarus Jann y su mujer Alexandra,
sobre su enlace. El niño aparecía con una noticia que decía que había estado
encerrado en un sótano diez días. Pero cuando Simone examinó al niño, vio los
ojos de Lazarus. Entonces Simone se dio cuenta de que no estaba sola en la
habitación.
Irene e Ismael llegaron a la cima de los acantilados sobre las cuatro de la tarde.
Nadie se quejó pero la dificultad fue tremenda. Tenían todos los brazos y
piernas llenas de heridas. Una vez arriba, tomaron el camino hacia el bosque.
Simone descubrió que el hombre que estaba en la habitación con ella era
Lazarus. Se quedó sin palabras. Quería a sus hijos. Él le decía que todavía no
podía salir, debía escuchar una historia antes. Simone le dijo que escucharía
su historia si luego la dejaba salir. Aceptó.
La historia que Lazarus contó era sobre su vida. Nació en el distrito de Les
Gobelins, en París. Su madre dio a luz en casa con la ayuda de una vecina,
Nicole. Después de nacer tardó unos minutos en llorar y su madre se pensó
que había nacido muerto. Pero no, estaba vivo. La madre lo interpretó como un
milagro y lo bautizó como Lazarus. Su madre padecía una enfermedad y
estaba muy mal. La vecina le decía que tenía que ir a jugar con los otros niños
pero no quería. La única esperanza que había en ese barrio era que viniera
Daniel Hoffmann, un fabricante de juguetes que recorría las calles de París
disfrazado y repartiendo juguetes. Su madre iba perdiendo capacidades
mentales, por lo tanto Lazarus creció solo. Deseaba que Hoffmann viniera a su
casa y rezaba cada noche. Entonces empezó a construir juguetes con lo que
encontraba. Su favorito era Gabriel, un ángel que lo protegía de la oscuridad y
de los peligros. Cuando su madre encontró todos sus juguetes, se lo llevó al
sótano y le contó que alguien le había hablado en sueños y que los juguetes
eran una invención de Lucifer y que con ellos intentaba condenar el alma de
todos los niños. La madre dijo que tenían que quemar todos los juguetes
porque si no, la sombra de su alma vendría a por él. Entonces la enfermedad
de su madre empeoró y lo empezó a encerrar en el sótano, dónde decía que la
sombra no lo podía encontrar. Un día, lo dejo ahí encerrado siete días pero ahí
ocurrió su segundo milagro: Daniel Hoffmann apareció. Lo sabía todo de él y le
dijo que él sería el heredero de todo esto, sólo tenía que darle su corazón.
Entonces con un frasco le quitó la sombra y le dijo que muy pronto sus
problemas se solucionarían. Más tarde, la policía lo sacó de ahí. Su madre
había muerto y su custodia pasaba a una parienta lejana. Vivió feliz. Al cumplir
los dieciocho años, recibió una carta que decía que tenía una casa a su
nombre, Cravenmoore en la costa de Normandía. Tardó varios años en ir a vivir
ahí. Todo estaba yendo como se esperaba hasta que conoció a Alexandra. Se
casó con ella y por lo tanto rompió la promesa. El día de la boda, cogió el
frasco con su sombra y la tiró por un acantilado.
Ismael e Irene llegaron a la Casa del Cabo. No había nadie y todo estaba
destrozado. Buscaron por todas partes a Dorian y a Simone pero ni rastro.
Irene lloraba. De pronto oyeron unos golpes. Venían del sótano. Era Dorian.
Con ayuda de los dos lo sacaron de donde estaba metido. Estaba asustado.
Irene le preguntó dónde estaba su madre y le dijo que la sombra se la había
llevado. Irene le ordenó que fuera al pueblo, a la gendarmería y dijera que su
madre había tenido un accidente en Cravenmoore y que estaba herida y que,
sobre todo, no mencionara la sombra.
Capítulo 12. Doppelgänger
Simone seguía en Cravenmoore. La máscara siguió contando su vida. Le contó
que con Alexandra era muy feliz. En los regalos de bodas, Alexandra encontró
un paquete para ella con una nota que decía que lo abriera cuando hicieran un
año de casados. Era un frasco según el paquete con el perfume de Lazarus. El
regalo era de Daniel Hoffmann. Cuando llegó el día, lo abrió. Toda su vida se
convirtió en una pesadilla. Entonces Lazarus empezó a recibir correspondencia
de Hoffmann desde Berlín. Una vez le envió un libro llamado Doppelgänger,
que era un libro sobre sombras. Entonces se dio cuenta que en la casa había
una sombra. Los ataques eran constantes. Rompía la ropa de Alexandra, le
tiraba cosas…Era el alma de Daniel y en Alexandra se hacía más fuerte.
Entonces Lazarus cerró la fábrica de juguetes y quiso volver a construir a
Gabriel, el ángel que los protegería. Pero no lo obedecía, obedecía a la
sombra. Lo que hacía la sombra era coger la energía de Lazarus. Entonces se
trasladó a vivir al islote del faro. Pero la noche del baile de máscaras,
Alexandra fue a por él. Cuando estaba cruzando la bahía, la sombra cayó
sobre ella y la arrastró a las profundidades. Al día siguiente, la sombra se
refugió en el bote de cristal y no la volvió a ver en veinte años. Simone se
levantó de la silla, no podía escuchar más. Lazarus le dijo que desde que
habían llegado Simone y sus hijos, no pudo evitar fijarse en Simone. Cuando
llegaron, la sombra despertó. Encontró a un inocente que la abrió, Hannah.
Lazarus se acercaba a Simone y ella le decía que se apartase. Entonces
Lazarus le dijo que sus hijos habían muerto. Ella, en un arrebato de rabia e ira,
cogió la vela y le quemó la máscara. Se rompió en pedazos. No había nada
detrás. Sólo una masa negra. Entonces oyó la voz de la sombra. La sombra,
con sus garras, la atrapó y se la llevó arrastrando hasta la oscuridad.
Ismael e Irene andaban por el bosque en dirección a Cravenmoore. Decidieron
entrar los dos y permanecer unidos.
Mientras, Dorian, llegó a la gendarmería. Tocó la puerta y esperó a que le
abriesen. Pidió agua, ya que no se aguantaba casi de pie. Después le contó al
comisario lo que su hermana le había dicho. El hombre le dijo que estaba solo
y no podía dejar el puesto, a lo que el niño le pidió que llamara a alguien.
Lazarus Jann se despertó y notó el dolor en la nuca. Recordó el rostro de
Christian. El autómata le había golpeado y lo había arrastrado hasta aquella
habitación sin utilizar en Cravenmoore. Luego, mirando por la ventana vio que
dos personas cruzaban el jardín en dirección a la puerta principal.
Irene e Ismael entraron en la casa. A los pocos segundos, la puerta se cerró a
sus espaldas. Apareció Christian, el mayordomo autómata con un cuchillo en la
mano. Irene gritó que no hiciera nada. El muñeco se paró y dejó caer el
cuchillo. Entonces se adentraron e Ismael cogió el cuchillo. Se oyó el nombre
de Irene. Aparecía una figura al fondo con los brazos abiertos. Irene se
pensaba que era Simone pero sólo era la figura que habían visto aquel día
ellos dos. Empezaron a correr y la autómata lo hacía detrás de ellos. Entraron
en la biblioteca y bloquearon la puerta. De pronto, parecía que hubiera alguien
ahí, los libros empezaron a caer. Las páginas del libro que había en el
escritorio, Doppelgänger, empezaron a moverse de un lado para otro. Un
manto negro empezó a extraer todas las palabras del libro y se iba esculpiendo
un cuerpo. Un poco más tarde, había un ejército de sombras: niños, ancianos,
adultos…Hacían gesto de ayuda. De pronto, la sombra las absorbió a todas.
Corrieron hacia un pasillo que daba a la tercera planta. Llegaron a una puerta e
Irene intentó abrirla. Mientras lo intentaba, la sombra se aproximó a Ismael.
Dibujó su rostro y él lo intentó cortar con el cuchillo. La lengua que asomaba
cayó encima de sus pies. Irene consiguió abrir la puerta y los dos entraron
dejando atrás el trozo de sombra. La otra parte subía por el muslo de Ismael en
forma de araña. Luego se puso encima de Irene e intentó subirse a su cuello.
Ismael le puso la vela encima y se empezó a fundir. El fuego le asustaba.
Ismael puso la vela en pie para ver dónde se encontraba. Era una sala de
duchas. Luego oyeron ruido por las cañerías, y las llaves de paso se abrían
lentamente. La sombra estaba ahí. Despacio, empezó a descender la sombra
por los orificios. Se dibujó un rostro, Lazarus. Irene avanzó hacia él, más
tranquila. Pero eso no era Lazarus, era la sombra. De pronto, dos largos brazos
intentaron coger a los chicos, pero Irene los apartó. Justo en ese momento
llegó Lazarus, gritando que se fuera de ahí. Luego les preguntó a los chicos
que estaban haciendo ahí e Irene le dijo que venía a por su madre. Ismael le
preguntó que qué era esa cosa y le dijo que era el mismo.
Lazarus los llevó a una habitación. Les dijo que se marchasen a casa, que aquí
no podían hacer nada. Entonces Irene tuvo idea de dónde podía estar su
madre. Entro en la habitación dónde había el cuadro de Alma Maltisse. Había
una butaca, y ahí estaba: Simone. Estaba viva. Trataron de levantarla. Desde
la pared, la sombra extendió unos brazos con garras.
Mientras, Dorian estaba de camino con el comisario, una ambulancia y el
doctor Giraud.
La sombra estaba atacando a los chicos. De pronto apareció Lazarus. La
sombra dejó a los chicos y Lazarus ordenó que se llevaran a Simone con ellos.
Estaban yéndose cuando Irene quiso mirar por la puerta. Lazarus se sentó en
el lecho y vio cómo abrazaba a su mujer. Era el abrazo más real que había
visto nunca. De pronto, la sombra venía por detrás. Irene avisó a Lazarus. Se
giró. Cogió un revólver y se disparó. Ismael fue a socorrerlo y vio a Alma. Era
una máquina. Cuando Alma murió, Lazarus cogió el cuerpo y construyó una
máquina. Ismael e Irene se fueron arrastrando a Simone.
Lazarus se levantó del lecho. La bala también estaba matando a la sombra. El
fabricante dejó que se quemara la casa. Lazarus, caminando entre las llamas,
sacó el bote donde había la sombra, la negrura entró y tiró el frasco al fuego.
Mientras, Irene e Ismael se llevaban a Simone. Miraron atrás. Cravenmoore
estaba en llamas.
Capítulo 13. Las Luces de Septiembre
No quedaba nada en Cravenmoore. Todo se lo había llevado el fuego. Todos
los recuerdos de aquel niño, Lazarus. Lo último que Ismael vio, fue a Lazarus
besando a su mujer en la frente.
Ismael e Irene estaban de camino a ninguna parte cuando de recuperaban de
aquella noche. Las luces de septiembre se habían ido con el alba. Ismael
propuso irse a casa y la chica aceptó. Después de unos días, la historia que
llevaban tiempo intentando descubrir, encajaría en todas sus piezas.
Lazarus fue perseguido por la maldición desde su nacimiento hasta la muerte
que él mismo provocó cuando vio que no había otra solución. Así podría
reunirse con Alma. Ni Daniel Hoffmann podría jamás destruir los vínculos entre
Lazarus Jann y Alma.
En la última parte del libro, vemos la carta que Irene le envía a Ismael. Le
cuenta como está todo ahora que ha pasado tantos años. Dorian se alistó y
sirvió al frente de África, tiene una novia, Michelle. Simone ya no sale de casa
pero es muy fuerte. Y ella no está casada, ha tenido algún novio pero nada
importante. Tiene previsto ir la próxima semana a Normandía, y revivir aquellos
momentos que pasaron juntos en Bahía Azul.
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