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AC-5242-2019 (2016-00230-01)

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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Magistrado Ponente
AC5242-2019
Radicación: 11001-31-03-023-2016-00230-01
Aprobado en Sala de primero de octubre de dos mil diecinueve
Bogotá, D. C., nueve (9) de diciembre de dos mil
diecinueve (2019).
Se decide sobre la admisión de la demanda de
Empresas Montecristo S.A., dirigida a sustentar el recurso
de casación contra la sentencia de 11 de febrero de 2019,
emitida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Bogotá, Sala Civil, en el proceso verbal incoado por la
recurrente frente a Leasing Bancolombia S.A. Compañía de
Financiamiento Comercial, hoy Bancolombia S.A.
1. ANTECEDENTES
1.1. La pretensión. En lo pertinente, la demandante
solicitó declarar la nulidad de la transacción celebrada con
la interpelada, el 18 de octubre de 2013, relacionada con un
contrato de leasing, y ordenar retrotraer el estado de las
cosas a la «liquidación final» de dicho negocio jurídico.
Radicación: 11001-31-03-023-2016-00230-01
1.2.
Los
hechos.
El
arrendamiento
financiero,
ajustado entre la demandada y la locataria L&P Express
S.A., el 13 de enero de 2010, tuvo por objeto un lote rural
ubicado en Cota (Cundinamarca).
La arrendataria cedió la posición contractual a la
sociedad actora, el 14 de junio de 2012, con autorización de
la compañía convocada, por el equivalente al valor de la
cuota inicial solucionada y al de los cánones causados,
continuando la cesionaria pagando las rentas sucesivas.
En julio de 2013, se acordó liquidar la deuda,
traducida en la entrega a la accionada del valor de la opción
de compra y el traspaso del derecho de dominio a favor de
José
Eduardo
Hernández
Hernández,
con
quien
la
pretensora había celebrado una promesa de compraventa.
Pagada la obligación, la empresa de leasing no
transfirió la propiedad, aduciendo el día anterior a la firma
de la escritura pública, que ésta no se podía correr por
cuanto la «opción de compra» estaba embargada.
Lo
anterior
contradecía
la
realidad,
pues
dicha
entidad, en respuesta a la medida preventiva decretada,
comunicó al juzgado que Empresas Montecristo S.A., la
cautelada, «no contaba con derechos», dado que, a finales de
2013, había dado por terminado el contrato de leasing.
El ardid y engaño fraguados llevó a la precursora a
aceptar, sin más, la transacción planteada, consistente en
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la devolución por la interpelada de la suma que recibió
como pago de la totalidad de la acreencia, dejando, como
consecuencia, afectada de nulidad esa negociación.
1.3. El escrito de réplica. La pasiva se opuso a las
súplicas, argumentando, en esencia, que la demandante
cesionaria incumplió lo estipulado para el ejercicio de la
opción de compra, siendo esa realmente, y no otra, la razón
para fulminar el leasing financiero.
1.4. La sentencia de primera instancia. El 13 de julo
de 2018, el Juzgado Veintitrés Civil del Circuito de Bogotá,
desestimó las pretensiones, al echar de menos, respecto del
convenio controvertido, la prueba del dolo, del error o de la
fuerza, máxime cuando el gerente de la actora conocía
temas jurídicos, pues era abogado y, además, sabía
desenvolverse en el mundo de los negocios.
1.5. El fallo de segundo grado. Confirma lo así
decidido.
1.5.1. Para el ad-quem, los vicios del consentimiento,
error o dolo, no tuvieron ocurrencia, por cuanto la medida
cautelar que imposibilitó la transferencia del derecho de
dominio del inmueble involucrado, «sí existía».
Cosa distinta es que, según el apelante, el embargo no
fuera óbice para ejercer los derechos derivados del leasing
financiero, al haberse finiquitado éste con anterioridad al
decreto de aquélla. Empero, si algo resultaba embargable, y
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ello constituía un dislate de apreciación jurídica de la
recurrente, es el derecho de opción de compra de Empresas
Montecristo S.A., toda vez que, mientras no se cumpliera
dicha contrato, en el entretanto, simplemente, el «locatario
apenas tendría una expectativa de consolidarlo».
En todo caso, la sociedad embargada, la ahora
precursora, «tenía a su alcance verificar la existencia de la
medida cautelar por cuanto en el proceso ejecutivo en el que
se decretó fungía como deudora demandada» y se «oponía a
la eficacia del embargo». Ergo, en esas condiciones,
«difícilmente puede afirmarse que se fraguó un engaño en su
contra o que se le indujo un error».
1.5.2. Si bien, agrega, Leasing Colombia S.A., después
del 29 de agosto de 2013, comunicó que «no era posible
atender la orden de embargo», al pagarse con anterioridad el
crédito financiero, esa medida cautelar no «estaba llamada
a decaer», precisamente, ante el «flagrante error de derecho,
inexcusable por demás», antes señalado.
1.5.3. Ligado a lo anterior, dijo, «en este asunto no
existe prueba» indicativa del acuerdo entre las partes y José
Eduardo Hernández Hernández, para transferir a éste el
derecho de dominio
del inmueble
involucrado, como
alternativa no solo para evadir los efectos del embargo, sino
para engañar y persuadir la firma de la transacción.
En gracia de discusión, si se aceptara demostrado ese
acuerdo, existían otros escollos insalvables para acceder a
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lo alegado. Por una parte, el libelo no contenía pretensiones
encaminadas a declarar la responsabilidad de la convocada
por el incumplimiento; y por otra, si el pacto fue ajustado
para sortear los efectos del embargo de los derechos del
arrendamiento financiero, «tendría objeto y causa ilícitos».
Por lo mismo, haciendo parte todo ello del ardid
maquinado por Leasing Bancolombia S.A., a fin obtener de
Empresas Montecristo S.A. la suscripción de la transacción,
ocurre que así como ésta «no podía desconocer la existencia
del embargo, tampoco podía invocar válidamente haber
resultado engañada por promesas que tenían como objeto o
por efecto cometer un fraude a la ley o resolución judicial»,
pues en la práctica, el acuerdo terminaría produciendo las
consecuencias que la «medida cautelar (…) tendía a evitar».
1.6. La demanda de casación. En los dos cargos
formulados, se denuncia la violación de los artículos 63,
1508, 1510, 1511, 1604, 1605, 1740, 1741 y 1742 del
Código Civil, 887 del Código de Comercio, 164, 176, 194 y
205 del Código General del Proceso, a raíz de la comisión
de errores probatorios.
1.6.1. En el primero, asociado con la medida cautelar,
la recurrente sostiene que el Tribunal, al concluir que el
embargo «sí existía», desfiguró el contenido del oficio del
arrendador financiero, dirigido al juzgado un día antes de la
transacción, pues allí se comunicó la inexistencia de los
derechos encartados, ciertamente, porque ante el pago
anticipado de la obligación, el leasing celebrado quedó
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«terminado por mutuo acuerdo», según la cláusula primera,
parte VII, literal c), todo lo cual también fue omitido.
Señala, por tanto, el vicio de nulidad concurría en el
caso, dado que si hubiese conocido lo indicado en dicha
comunicación, nunca habría «aceptado la firma de la
transacción que se le ponía en ese momento». Con mayor
razón, cuando la entidad convocada confesó que el motivo
de tal acuerdo, en efecto, se debió a la presencia del
embargo de los derechos de opción de compra.
El ad-quem, acota la censura, también desconoció la
comunicación de cesión de tales derechos a favor de José
Eduardo Hernández Hernández, enviada a la demandada el
29 de agosto de 2012, después del «pago total de lo
adeudado (…), incluida la opción de compra».
Desde luego, dice, lo cautelado «sí decayó» y en ello no
hay el error de alcance jurídico, puesto que la convocada
jamás puso a órdenes del juzgado los derechos que afirmó
aprehendió. Simplemente, «no atendió» el embargo, en
tanto, «sabía que el objeto de la medida ya no existía», dado
que dos meses antes fue «terminada la relación locataria».
1.6.2. En el segundo, al pasar por alto el Tribunal que
el 29 de agosto de 2013, la impugnante cedió sus derechos
en el contrato a José Eduardo Hernández Hernández, por
supuesto, una vez adquirió la prerrogativa de obtener el
dominio del bien objeto de locación mediante el pago
antelado de lo debido y de la opción de compra.
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Sostiene la recurrente, por tanto, el embargo decretado
en su contra, el 27 de septiembre de 2013, después de
dicha cesión, contestado negativamente por la arrendadora
financiera como correspondía, un día antes del 18 de
octubre de ese año, fecha de la transacción, carecía de todo
efecto jurídico, si se tiene en cuenta que, para esa época, la
opción de compra pertenecía a un tercero.
Concluye, el «error y dolo» fraguado para obtener la
celebración del acuerdo de voluntades atacado, tuvo plena
configuración, al acreditarse cómo la entidad demandada
ocultó que «no atendió el embargo, pero aparentó que le
había dado todo el alcance a esa medida».
1.7. Siendo ese el contenido esencial de los dos cargos
postulados, es del caso examinar su idoneidad formal.
2. CONSIDERACIONES
2.1. Frente a la recensión efectuada, resulta necesario
dejar sentadas algunas precisiones.
2.1.1. Así sea cierta la mentira fraguada por el ente
demandado, en cuanto informó al juzgado que los derechos
embargados eran inexistentes, mientras frente a la actora,
la medida le sirvió de excusa para no transferir la propiedad
del inmueble, bien a su nombre, ya en favor de un tercero,
al margen de si existía o no el embargo, otras razones
también fueron blandidas para sostener la decisión.
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Como se recuerda, para el Tribunal, el ardid en
cuestión de manera alguna pudo incidir en la voluntad del
representante de la precursora, puesto que no podía
desconocer
lo
acaecido
alrededor
del
embargo,
específicamente, respecto de sus efectos, en el sentido que
fuere, positivo o negativo.
Esto, al decir, «en cualquier caso», que Empresas
Montecristo S.A., dada su calidad de demandada en la
ejecución, «tenía a su alcance verificar la existencia de la
medida cautelar». Sucede sí, el «representante legal de la
convocante se oponía a la eficacia del embargo, y en esas
condiciones, difícilmente puede afirmarse que se fraguó un
engaño en su contra o que se le indujo en error».
2.1.2. Relacionado, en general, con los convenios, por
tanto, incluida la cesión, enderezados a transferir a un
tercero, al señor José Eduardo Hernández Hernández, el
inmueble controvertido, el ad-quem, con el fin de resolver
adversamente el particular, blandió dos razones basilares.
Por
una
parte,
diciéndose,
además,
de
manera
profusa, que la convocada «desconoció o no cumplió», cierto
era, en el asunto se echaba de menos la prueba de tales
acuerdos; y por otra, en gracia de discusión, teniéndolos
por acreditados, no se solicitó declarar su existencia «ni
súplicas (…) de responsabilidad por el incumplimiento».
2.2. Lo precedido resulta indispensable hacerlo, a
propósito del artículo 344 del Código General del Proceso,
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Radicación: 11001-31-03-023-2016-00230-01
en punto de los requisitos que debe contener una demanda
de casación, en orden a admitirla y resolverla de fondo.
2.2.1. Estas exigencias, como es conocido, estriban en
la naturaleza dispositiva y exceptiva del recurso, el cual
responde a motivos previstos en forma expresa por el
legislador y en precisas hipótesis normativas; de ahí el
adjetivo de extraordinario.
Las formalidades, desde luego, además, sirven para
diferenciar y delimitar ese medio defensivo de las instancias
ordinarias, en las cuales, al tener por mira el proceso como
thema decidendum, las partes pueden discurrir libremente
sobre las cuestiones de hecho y de derecho controvertidas.
Esto, en cambio, no sucede en casación, pues su
objeto
preciso
y
directo
lo
constituye
la
sentencia
impugnada como thema decissum, con fines nomofilácticos
y de unificación jurisprudencial en procura de la coherencia
del sistema jurídico, todo bajo la premisa de que el juzgador
no se equivocó y que lo decidido ingresa a la Corte cobijado
por la presunción de la legalidad y acierto.
El casacionista, por tanto, asido de las causales
legales, debe circunscribir su actividad a desvirtuar dicha
presunción; y la Corte, por su parte, a responder dentro del
estricto marco propuesto, sin que, en línea de principio, le
sea dado replantear acusaciones mal formuladas, suplir
deficiencias o superar inconsistencias o inexactitudes.
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En vía de ejemplo, tratándose de la violación indirecta
de la ley sustancial, ha de poner de presente que la
apreciación de las pruebas contenida en el fallo acusado es
errada en forma manifiesta e incidente, desde luego, sin
sustituir la valoración efectuada por el Tribunal porque esa
es una tarea confinada exclusivamente a las instancias.
La casación, tiene sentado la Sala, «constituye un
mecanismo especial de censura a las providencias judiciales,
distante en mucho de los recursos propios de las instancias,
pues la discusión ante la Corte procura demostrar las
desarmonías del fallo recurrido frente al ordenamiento
jurídico, y nunca convertirse en la oportunidad para recrear
el debate genérico de que se ocupó el proceso»1.
De ahí, en sede extraordinaria, los distintos elementos
de juicio no se ponderan libremente. El laborío verifica, en
lo material u objetivo, donde abreva el error de hecho, y en
el jurídico, fuente del yerro de derecho, si de cara a la
sentencia acusada, no del litigio, la valoración probatoria
realizada por el Tribunal fue o no acertada.
2.2.2. Por lo anterior, común a todas las causales de
casación, el numeral 2º del precepto citado, obliga al
recurrente a formular los cargos por separado «con la
exposición de los fundamentos de cada acusación en forma
clara, precisa y completa».
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CSJ. Casación Civil. Auto de 2 de junio de 2009, expediente 08749.
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En lo concerniente al subjúdice, el ataque abrazador
implica no solo identificar cada una de las razones basilares
que, por sí, sostienen la sentencia, sino que también debe
confutarlas todas. De ahí que de nada sirve acertar en
aquello y pecar en lo último.
Como tiene sentado la Corte, en doctrina aplicable,
“(…) los cargos operantes en un recurso de casación
únicamente son aquellos que se refieren a las bases
fundamentales
del
fallo
recurrido,
con
el
objeto
de
desvirtuarlas o quebrarlas, puesto que si alguna de ellas no
es atacada y por sí le presta apoyo suficiente al fallo
impugnado, éste debe quedar en pie, haciéndose de paso
inocuo el examen de aquellos otros desaciertos cuyo
reconocimiento reclama la censura”2.
La ratio legis de lo dicho estriba en que los argumentos
estructurales que se dejan enhiestos, al margen del juicio
del ad-quem, le seguirían prestando base firme a la
sentencia recurrida, ciertamente, al permanecer en pie la
presunción de legalidad y acierto de que los abriga.
2.3. Frente a lo expuesto, en el caso, los dos cargos
propuestos, separados o aunados, no se avienen a los
requisitos formales para admitirlos y resolverlos de mérito.
2.3.1. Con relación a los vicios del consentimiento,
aludidos en ambos cargos, para el Tribunal, desde la
CSJ. Civil. Sentencia 027 de 27 de julio de 1999; reiterada en fallos de 7 de
septiembre de 2006 y de 19 de agosto de 2015, y en auto de 22 de agosto de 2011,
entre otros muchos.
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perspectiva del comportamiento del representante de la
sociedad demandante, no se configuraban.
En concreto, por cuanto «tenía a su alcance verificar la
existencia de la medida cautelar» y «se oponía a la eficacia
del embargo, y en esas condiciones, difícilmente puede
afirmarse que se fraguó un engaño en su contra o que se le
indujo en error»3.
La acusación, en ese contexto, por tanto, debió
dirigirse igualmente a mostrar que el Tribunal incurrió en
errores probatorios, al sentar, frente a lo acaecido al interior
del proceso ejecutivo donde se decretó el embargo de los
derechos de opción de compra, que el representante de la
demandante tuvo a su alcance «verificar» la existencia de
esa medida, al punto que se «oponía» a su eficacia.
Sin embargo, como tal cosa no se hizo, la conclusión,
según la cual, «en esas condiciones, difícilmente puede
afirmarse que se fraguó un engaño en su contra o que se le
indujo en error», al margen del juicio del sentenciador, es
suficiente, por sí, para seguir prestándole base firme a la
decisión, ciertamente, al permanecer indemne la presunción
de legalidad y acierto que la abriga.
2.3.2. Lo mismo debe decirse de la transferencia a un
tercero del derecho de dominio del inmueble objeto del
arrendamiento financiero, en particular, a José Eduardo
Recuérdese que para el sentenciador de primera instancia, también el gerente de
la actora conocía temas jurídicos, pues era abogado y, además, sabía desenvolverse
3
en el mundo de los negocios.
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Hernández
Hernández,
cuestión
del
mismo
modo
mencionada en ambos cargos.
En la hipótesis de existir en el proceso los convenios o
acuerdos, incluida la cesión del derecho de opción de copra,
el juzgador encontró otro valladar insuperable para acceder
a lo alegado, consistente en que nada alrededor de la
responsabilidad contractual se había planteado.
Mas, como sobre la materia, en el contexto de los
cargos, no se acusó al Tribunal de contraevidente, el
cuestionamiento, entonces, resulta incompleto.
2.4. Aunque lo discurrido es bastante para inadmitir la
demanda de casación, tampoco hay lugar a observar lo
previsto en los artículos 16 de la Ley 270 de 1996
(modificado por el artículo 7 de la Ley 1285 de 2009), y 336,
in fine, del Código General del Proceso, consagratorios de la
casación oficiosa y la selección positiva de ciertos fallos.
Lo
primero,
en
defensa
de
los
derechos
constitucionales, el orden o el patrimonio público; y lo
segundo, cuando hay lugar a unificar o corregir la
jurisprudencia, o a ejercer un control de legalidad.
2.4.1. El simple hecho de haberse obtenido decisiones
adversas, no impone, en el ámbito constitucional o de
convencionalidad4, adoptar correctivos en la fase que
Convención Americana sobre de Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa
Rica, aprobada mediante Ley 16 de 1972.
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corresponda durante el trámite del recurso de casación,
pues para el efecto se requiere de la presencia de faltas
superlativas que hayan trascendido a los derechos y a las
garantías supralegales de la recurrente.
2.4.1.1. En el campo adjetivo, no se observan, porque
en el interior de la actuación se constata que dicha parte
mantuvo intactas las garantías de defensa y contradicción,
al punto que sobre la materia en el cargo nada se reclama.
2.4.1.2. En el terreno de los hechos y de las pruebas, y
en el campo puramente jurídico, no se encuentra allanado
el camino para proteger un derecho subjetivo.
En
particular,
porque
celebrada
la
transacción
impugnada, el 18 de octubre de 2013, esto es, después de
lo acaecido alrededor del embargo, según se dice, decretado
el 23 de septiembre de 2013, y presumiéndose como cierto,
por lo dicho, que la demandante, ejecutada en aquella
actuación, tuvo oportunidad de conocer y ponderar, no
resulta caprichoso o arbitrario asentir con el Tribunal que
«en esas condiciones, difícilmente puede afirmarse que se
fraguó un engaño en su contra o que se le indujo en error».
Ahora, como el debate, en general, giró alrededor del
contrato de transacción y del leasing financiero, no así en
torno a cualquier otro pacto, principal o accesorio, la
cesión,
por
ejemplo,
respecto
del
cual
se
predicara
incumplimiento de la convocada, bien con la pretensora, ya
de un tercero, también aparece razonable concluir con el
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ad-quem que todo ello se erigía en «verdaderos escollos para
la viabilidad del alegato de la parte demandante».
2.4.2. En la óptica de la selección positiva, nada
habría para la actuación de la Corte, al no aparecer temas
asociados con la aplicación o alcance de una norma
sustantiva, menos con diversidad de interpretaciones sobre
un mismo punto de derecho, ni con la necesidad de
erradicar del ordenamiento el valor de un precedente.
2.5. En ese orden ideas, se impone inadmitir el libelo
examinado, en aplicación de lo previsto en los artículos 346,
numeral 1º del Código General del Proceso.
3. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Civil, declara inadmisible la
demanda de que se trata, y desierto el recurso de casación
en
comento.
En
consecuencia,
ordena
devolver
el
expediente al Tribunal de origen para lo pertinente.
NOTIFÍQUESE
(En comisión de servicios)
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
(Presidente de la Sala)
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Radicación: 11001-31-03-023-2016-00230-01
(Ausencia justificada)
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
LUIS ALONSO RICO PUERTA
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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