Subido por Sandra Neira

ULCERAS POR PRESION

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ULCERAS POR PRESION (UPP)
Las úlceras por presión son lesiones o trastornos de la integridad de la piel que se manifiestan
como zonas localizadas de necrosis isquémica; se dan en tejidos que cubren prominencias óseas
o en zonas de apoyo prolongado (sobre el colchón o sobre una silla). Pueden afectar a la
epidermis, la dermis, tejido celular subcutáneo y tejidos más profundos.
Se las considera un problema multicausal que conduce a una falta de oxígeno y de nutrientes
esenciales en un área de la piel, como consecuencia de un insuficiente aporte de sangre a los tejidos,
fruto de una presión prolongada. Una vez que se rompe la piel, se forma una úlcera que puede ser
dolorosa y que cicatriza con gran lentitud. Estas circunstancias favorecen la invasión de
microorganismos. Cuando se infecta la úlcera, el trastorno también puede afectar al músculo y al
hueso, con formación de trayectos fistulosos desde el punto de infección, junto con otras alteraciones.
Actualmente se utiliza el término presión en vez de decúbito, porque este último se refiere solo a
pacientes encamados, mientras que el primero abarca más causas de aparición de úlceras que las
provocadas por el decúbito (como sentarse en un sillón, úlceras yatrogénicas, sondajes, férulas, cánula
de traqueotomía, elementos de sujeción, etc.).
Se las considera incluidas en el concepto «heridas crónicas» (en el que son las lesiones dominantes),
junto a otras lesiones de la piel, como úlceras vasculares y cutáneas.
Constituyen un importante problema sociosanitario, que reduce considerablemente la calidad de vida
del paciente, empeora su pronóstico, aumenta la estancia hospitalaria y ocasiona importantes costes al
sistema de salud, tanto desde el punto de vista de los recursos humanos como de los materiales.
La incidencia de úlceras por presión es un indicador muy vinculado a la calidad de los cuidados de
enfermería, porque no se trata de una enfermedad, sino de un accidente asistencial que pone de
manifiesto el fallo o fracaso del equipo que cuida al paciente.
Factores extrínsecos
Son aquellas circunstancias que actúan sobre el organismo del paciente desde el exterior y que
pueden provocar la aparición de las úlceras por presión si actúan de forma mantenida. Su acción se ve
acelerada cuando concurren algunos de los factores intrínsecos. Los factores extrínsecos más
determinantes son:
t Presión: es la fuerza de compresión de los tejidos que se produce cuando los cambios de posición no
son frecuentes, como consecuencia del apoyo del cuerpo (sobre todo las prominencias óseas) sobre
una superficie dura. Conlleva el aplastamiento tisular.
Una presión mantenida en una zona lo suficientemente intensa como para alterar la circulación local
puede determinar, al cabo del tiempo, la aparición de una úlcera por presión.
t Fricción: es el roce que se produce entre la piel y la superficie sobre la que se apoya. Puede
producirse por rozamiento sobre arrugas de la cama, o partículas extrañas a ella, y por movilizaciones
inadecuadas del paciente. La fricción también puede existir en otras circunstancias, en situaciones
habituales, como el hacer largas rutas caminando o situaciones asistenciales en las que se estén
empleando cateterismos, como cuando se tiene colocada una sonda (vesical, nasogástrica, nasal,
rectal) o un tubo endotraqueal, etc.
Cizallamiento: fuerza aplicada o presión ejercida contra la superficie y las capas de la piel a medida
que los tejidos se deslizan en planos opuestos, pero paralelos, lo que ocasiona una fricción que puede
dar origen a lesiones en la dermis.
t Humedad: predispone, junto con el calor del propio organismo, a la maceración de los tejidos. Puede
ser consecuencia del sudor, de la orina o de las heces en un paciente incontinente, y del secado
defectuoso al realizar el aseo.
t Tiempo: la actuación prolongada de los factores anteriores es lo que, en último término, desencadena
la lesión.
Factores intrínsecos
Son aquellos factores que no pueden ser evitados fácilmente y que son característicos o propios del
paciente, derivados o secundarios de la enfermedad que presenta.
Algunos de los que aumentan las posibilidades de padecer esta lesión son:
t Pérdida de la función sensitiva y motora en parálisis debidas a lesiones cerebrales o medulares. Estos
pacientes, dada su pérdida de sensibilidad al dolor y a la presión, no perciben las molestias derivadas
del apoyo prolongado. Además, no pueden cambiar de posición voluntariamente, lo que añade riesgo
de sufrir una UPP.
t Disminución de la percepción (por inconsciencia o disminución de la conciencia), que determina que
no se den cuenta de la necesidad de cambiar de posición.
t Deficiencias nutricionales. Incluyen situaciones como la hipoproteinemia, deshidratación y déficit
vitamínicos (sobre todo de vitamina C, necesaria para la síntesis del colágeno), así como el sobrepeso
(que supone una mayor presión) y la delgadez (que provoca que se erosione la piel por haber menos
tejido celular subcutáneo).
t Déficit de oxígeno. Patologías que conducen a una deficiente oxigenación y/o vascularización de los
tejidos (alteraciones respiratorias –EPOC–, o circulatorias –arteriosclerosis–).
Combinación de factores
En la práctica, lo más común es que coexistan varios factores de los ya citados y aumente el riesgo de
aparición de esta lesión. Así, podemos considerar:
t Edad avanzada: existe una mayor fragilidad y menor elasticidad de la piel, junto con una tendencia
más alta a la inmovilidad, así como mayor incidencia de problemas de salud crónicos, peor estado
nutricional, tendencia a la incontinencia, etc.
t Permanencia en cama o en silla de ruedas durante largos periodos de tiempo, con disminución de la
movilidad, por procesos crónicos o terminales.
En definitiva todos estos factores influyen en:
 La resistencia de la piel
 La cohesión celular en la epidermis
 La renovación epidérmica
Una piel seca o agrietada tiene una probabilidad mucho mayor de desarrollar úlceras por presión.
Los factores expuestos suelen combinarse en los pacientes que presentan estas alteraciones. La
actuación del equipo de enfermería debe ser sistemática, abarcando un conjunto de medidas dirigidas
tanto a evitar los factores extrínsecos o locales como, en la medida de lo posible, los intrínsecos o
generales.
Esquema de la etiología de las úlceras por presión. Factores que intervienen en su aparición.
Localizaciones más frecuentes
Tienen relación con la posición que se mantiene durante más tiempo (en la cama, en la silla de ruedas,
etc.). Las zonas del cuerpo en que aparecen con más frecuencia las úlceras por presión son las que se
indican a continuación. Además, pueden aparecer sobre cualquier otra área de la piel que cubra
prominencias óseas.
Proceso de formación y estadios de evolución
La presión, la fricción o roce, la humedad y el tiempo en que se mantiene la misma posición pueden
determinar la aparición de una úlcera por presión, que será más susceptible de aparecer si además
concurren otros de los factores ya expuestos.
La presión capilar normal oscila entre 16 y 32 mmHg; si se ejercen presiones superiores a esta cifra
en una zona del cuerpo durante un corto periodo de tiempo, se produce una vasodilatación reactiva
que puede ser reversible. Pero si se ejerce durante un tiempo comprendido entre 2 y 6 horas, la lesión
podrá ser irreversible. A partir de un colapso vascular, a consecuencia de la compresión de los tejidos,
aparecerá anoxia y, si no se soluciona, isquemia y necrosis celular.
Al interrumpirse el flujo sanguíneo, se acumulan los productos de desecho en los tejidos y se produce
una inflamación: primero en el tejido celular subcutáneo (detectable mediante palpación) y después en
la superficie de la piel (se puede observar a simple vista).
Además, una vez destruida la integridad de la piel, puede complicarse con una infección local o una
septicemia, que agravaría el estado de salud del paciente e, incluso, podría conducirle a la muerte.
El tamaño de la lesión exterior no suele corresponder con el de los tejidos subyacentes, en los que la
superficie lesionada es mucho mayor. Lo observable desde el exterior puede ser una pequeña
manifestación respecto a los planos interiores de la úlcera por presión.
La a continuación muestra los cuatro estadios de evolución, los principales signos y la lesión con que
se corresponden.
En general, la hipoxia, como consecuencia de la compresión de los vasos sanguíneos de la piel y de
los tejidos subyacentes, produce un eritema en la zona de presión, que no cede cuando desaparece
la presión. Después se afecta la dermis y aparecen vesículas, e incluso puede aparecer erosión. Si no
se instaura el tratamiento apropiado, la necrosis sigue avanzando en profundidad y en extensión.
Aumentan las erosiones y el exudado, y aparece una costra o escara como resultado de la muerte
y destrucción de los tejidos. De continuar evolucionando, puede afectar al músculo y al hueso
(periostitis, osteítis, osteomielitis).
Plan de actuación de enfermería
Valoración del riesgo: Se trata de la identificación, análisis y evaluación del riesgo o facilidad de un
paciente de padecer esta lesión.
Se han elaborado diferentes escalas con el objetivo de facilitar al equipo de enfermería el uso de un
instrumento útil y sencillo que permita detectar de forma precoz el riesgo de padecer úlceras por
presión, para, de esta forma, planificar los adecuados cuidados de enfermería.
No se debe olvidar que la escala elegida no es más que un indicador y, por tanto, su eficacia y su
precisión en la detección del paciente de riesgo dependerán de otros factores (su correcta aplicación,
tanto de la propia escala como de las medidas consiguientes; la capacidad de observación del
profesional, etc.). Algunas de estas escalas relacionan la menor puntuación = mayor riesgo
(relación inversamente proporcional entre los factores estudiados), y otras la mayor puntuación =
mayor riesgo (relación directamente proporcional).
Una de las escalas más empleadas hoy día es la de Doreen Norton, que se aplica según la primera
relación expuesta. Esta escala, que apareció en 1962, fue diseñada en un principio para valorar la
población geriátrica y luego se extendió a todo tipo de pacientes. Comprende la observación y revisión
de cinco aspectos valorados en la situación del paciente:
 Estado físico general
 Estado mental
 Incontinencia
 Actividad
 Movilidad
Otras escalas agrupan estos tres últimos aspectos y añaden el estado nutricional y las enfermedades
predisponentes. La primera parte describe el sistema de valoración según la situación del paciente para
cada parámetro.
La segunda parte permite hacer cinco valoraciones sucesivas en distintas fechas. Como indica la tabla
siguiente, si el resultado de la suma total es inferior a 14, se pondrán en marcha los procedimientos
preventivos.
Se considera riesgo evidente: de 13 a 14 puntos.
Se considera riesgo muy alto: de 5 a 9 puntos.
Existen otras escalas que se emplean en la valoración de estas lesiones, como la de Braden, Arnell,
Nova-5, etc
Procedimientos preventivos
La prevención comprende una serie de actividades que se deben llevar a cabo sistemáticamente, con
rigurosidad, tanto en pacientes de riesgo como en los que ya se ha producido la lesión. Para valorar
el riesgo del paciente se puede emplear la escala de Norton, ya expuesta.
Los procedimientos se llevarán a cabo en la propia habitación del paciente, allí donde este se
encuentre (en la cama, en la silla, etc.) y durante las 24 horas del día.
Se prepararán previamente los recursos materiales que vayamos a utilizar según la actividad que se
realice. Podemos necesitar almohadas, cojines, colchones o camas especiales, ropa de cama limpia,
ropa para el paciente, equipo de higiene, loción para masajes, utensilios para la alimentación y otros
enseres. Además será preciso consultar previamente el plan de cuidados establecido en el equipo para
el paciente.
El protocolo de medidas preventivas incluye la realización continua, organizada y sistemática de las
actividades recogidas en los siguientes grupos de cuidados según su objetivo.
Los requisitos señalados por el GNEAUPP para el tratamiento de pacientes con úlceras por presión
son:
 Considerar al paciente como un ser integral
 Hacer especial énfasis en las medidas de prevención
 Involucrar al paciente y familia en la planificación y ejecución de cuidados
Eliminación o disminución de la presión y del tiempo
Este objetivo puede conseguirse empleando los siguientes procedimientos:
t Cambios posturales: debe establecerse un plan de cambios en el que la frecuencia de los mismos
será cada dos-tres horas, aproximadamente, individualizando esta medida según se precise. Se
realizarán durante las 24 horas del día. Los cambios se anotarán en el registro de enfermería,
indicando la hora de realización y la posición en la que se deja al paciente. Salvo que haya
contraindicaciones, se utilizarán los decúbitos supino y laterales, en el paciente encamado, utilizando
una rotación determinada. Cuando el paciente permanezca mucho tiempo sentado, deben hacerse
pequeños cambios de posición cada 15-30 minutos. Además, siempre que sea posible se animará al
paciente a que camine o se mueva para incrementar su actividad al máximo posible. Se realizarán
movilizaciones pasivas o activas según el programa establecido.
t uso de algunos dispositivos que se enumeran a continuación:
– Para aliviar la presión se pueden utilizar camas especiales (circolectrik, cama «libro», que permite
elevar o descender la cama por ambos lados), colchones específicos (de agua, de espuma, de esferas,
fluidificado, alternating, de látex, etc.), arco de cama (para evitar la presión de la ropa), etc.
– Además pueden utilizarse cojines, almohadas, almohadillas neumáticas o de silicona, toallas
enrolladas u otros sistemas que eviten el roce en las prominencias óseas y completen la correcta
posición del paciente.
– Tradicionalmente, también se empleaban vendajes protectores en algunas zonas (talón), lo que tenía
el inconveniente de la vigilancia continuada de la piel. Hoy día se utilizan apósitos hidrocelulares
especialmente diseñados para la zona que se va a proteger
Distintos tipos de apósitos para úlceras: a) bioactivo con iones de zinc; b) de hidrogel; c) de plata con
pomada neutra; d) poliamida con silicona
Según diversos estudios, estos apósitos cumplen los siguientes requisitos: mantienen el ambiente
húmedo y la temperatura adecuada, son biocompatibles, protegen de agresiones externas, absorben
los exudados, tienen una permeabilidad selectiva (al oxígeno y al vapor de agua), respetan la piel
periulceral
Protocolo de actuación
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preparar el equipo necesario según el estado y las características de la ulcera
explicar el procedimiento al paciente
lavarse las manos
explicar el procedimiento
procurarle intimidad, colocando un biombo si fuera necesario.
Realizar lavado de la ulcera con técnica aséptica: lavado con SSN, no antisépticos locales
Valorar piel perilesional y proteger si procede
Valorar la lesión y escoger el tratamiento adecuado.
En caso de uso de apósito, este debe sobrepasar2,5-4 cm el borde de la úlcera
En caso de localizaciones sacras pueden fijarse los bordes del apósito con esparadrapo
transpirable.
El cambio del apósito se realizará según las características tanto del apósito como de la herida,
pero en general cada 72 horas o según la saturación del apósito, salvo que se arrugue o que el
exudado supere los bordes peri ulcérales.
En caso de esfácelos o tejido necrótico es necesario desbridar.
Para evitar que se formen abscesos o se cierre en falso la lesión, será necesario rellenar
parcialmente —entre la mitad y las tres cuartas partes— las cavidades y tunelizaciones con
productos basados en el principio de la cura húmeda.
Ante la presencia de signos de infección local deberá intensificarse la limpieza y el desbridamiento,
realizando curas cada 12-24 horas. No se realizará nunca una curación oclusiva.
Para la obtención de muestras para cultivo:
 Aplicación percutánea, con punción en el borde periulceral y aspiración en una jeringa, que
después se introducirá en un medio para cultivo de aerobios y anaerobios.
 Frotis de la lesión mediante hisopo, que será la alternativa al método anterior y que se hará
después de lavar con suero fisiológico, evitando coger pus.
 Registrar la realización de la curación y anotar en el registro o introducir en el programa informático
lo concerniente a las observaciones
ALGORRITMO TERAPEUTICO
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