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EL ARTE DE MANIPULAR

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El arte de manipular
Wenceslao Calvo (05-08-2009)
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Evangélica Pueblo Nuevo
El arte de manipular
El diccionario de la Real Academia define de este modo la palabra manipular: ‘Intervenir con medios
hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad
o la justicia, y al servicio de intereses particulares.’ Contemplando el panorama actual todo indica que la
nuestra es la época de la manipulación, hasta el punto de que los manipuladores viven su momento de
esplendor; una especie de paraíso dorado, soñado por los manipuladores de todos los tiempos pero hecho
realidad en el nuestro.
El primer ámbito en el que los manipuladores trabajan es el del lenguaje, ya que el mensaje que van a
transmitir está compuesto por palabras y conceptos que han de ser bien modelados, toda vez que van a ser
los vehículos portadores de la información. Y una vez que tales conceptos han sido acuñados hay que darles
la máxima difusión posible, cosa que no les es difícil porque los manipuladores están situados en posiciones
claves en las estructuras del poder y tienen a su alcance poderosísimos medios para darles cauce. Pero lo
primero es dar forma a dichos conceptos. Naturalmente hay que recurrir a palabras ya existentes, aunque
dándoles un determinado giro que puede ser muy sutil (cuanto más mejor), de manera que se adapten a la
maquinación previamente planificada. Es decir, el manipulador define él mismo el concepto; ahora bien, en
ese hecho está ya contenida la perversión, pues tal definición no puede ser neutral al proceder de alguien
cuya intencionalidad es interesada y, por lo tanto, altamente sospechosa.
Tomemos un ejemplo muy actual en España con el uso del término ‘progresista’. Los manipuladores del
lenguaje han definido, según su propio interés, qué es ser progresista, cuáles son sus características
esenciales, por dónde han de ir sus simpatías políticas y cuáles deben ser sus posiciones morales. Una vez
definido esto, cualquiera que no encaje en la prefabricada definición, automáticamente no es progresista. A
continuación se da un paso más, consistente en descalificar al que no encaja creando otro concepto que lo
vitupere y ridiculice. Naturalmente aquí los manipuladores encuentran una fácil ayuda en la gramática, que
tiene antónimos para todas las palabras. Y así es como se llega a la cumbre de la manipulación: cualquier
persona que no sea progresista es sospechosa de ser ‘reaccionaria’. Al igual que los manipuladores del
cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, quienes definieron ellos mismos, para su propio interés,
qué era ser tonto (cualquiera que no viera la tela), así los actuales manipuladores han definido qué es ser
reaccionario (cualquiera que se oponga a sus ideas y planes). Así pues, si quieres ser ‘progresista’ has de
militar bajo la bandera que han confeccionado quienes han hecho la definición de esa palabra.
Los ejemplos de manipulación en el campo del lenguaje se multiplican casi hasta el infinito, aunque hay
algunos que son sobresalientes incluso a escala mundial. Es el caso de la falacia que se ha creado con el
término ‘orientación sexual’. Aquí nos encontramos, otra vez, con una definición interesada, creada en la
factoría gay, que consiste en afirmar la naturalidad y bondad de la atracción por el mismo sexo. Por
supuesto, también se ha creado un término peyorativo que descalifica a quien esté en desacuerdo y que es el
ya archiconocido de ‘homófobo’, de manera que otra vez los manipuladores definen ellos mismos lo que les
conviene, en este caso qué es ser homófobo (cualquiera que no coincida con sus criterios o califique la
homosexualidad de desviación o perversión). ¿Quieres no ser catalogado como homófobo? Tendrás que
plegarte a lo que los manipuladores del lenguaje han preestablecido, de otra manera serás acusado de serlo.
Y es que el temor a ser denigrado y ridiculizado, intrínseco al ser humano, es el aliado natural que ayuda a
los manipuladores en sus propósitos, porque nadie quiere pasar por algo vituperable, del mismo modo que en
el cuento de Andersen nadie quería pasar por tonto.
Los campos en los que los manipuladores actúan son tantos como hay en la vida: negocios, religión, política,
ciencia, información, educación… de forma que podemos estar seguros de una cosa: todo en esta vida es
factible de manipulación, incluso las cuestiones más trascendentales y en las que nos jugamos el todo por el
todo. Por eso se hace imprescindible discernir la fuente de donde procede el mensaje manipulador y la
finalidad última que persigue, a fin de protegernos a nosotros mismos y desenmascarar a los que pretenden
seguir sosteniendo el sofisma.
Existe alguien al que podríamos llamar el Gran Manipulador; uno que en los albores de la humanidad usó la
táctica de la manipulación con tanto éxito, que desde entonces la usa con todos los hijos de Adán. Es tal el
éxito que ha cosechado que los seres humanos nos hemos convertido en sus émulos, en aprendices del Gran
Manipulador. Y cada vez que alguien manipula a otros está implícitamente confesando que tiene al Gran
Manipulador como su maestro, su guía y su inspiración. El Gran Manipulador, en aquel día de Génesis 3,
hizo manipulación del lenguaje, al modificar astutamente los límites de la prohibición; hizo manipulación de
las intenciones de Dios, al sembrar una sombra de sospecha sobre la bondad de las mismas; e hizo
manipulación de los deseos humanos, al prometer un estado superior que les encumbraría a lo más alto. El
resultado no pudo ser más desastroso: vergüenza, condenación, destierro y muerte.
Solamente ha habido uno de la estirpe humana que no ha podido ser manipulado por el Gran Manipulador,
viniendo a este mundo precisamente con el propósito de quebrar su hegemonía. Eso significa dos cosas: (1)
Que podemos ir a Él confiadamente, sabiendo que lo que vamos a encontrar es puro y fidedigno y (2) que
por medio de Él podemos ser rescatados del poder del Gran Manipulador. Acerquémonos a Jesucristo, para
que aprendamos a vivir libres de manipular y de ser manipulados.
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