Subido por Luis Angel Garcia

ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO

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ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO
Un psicólogo, en una sesión grupal, levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica
pregunta: “¿Está medio lleno o medio vacío?” Sin embargo, preguntó: – ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es
importante. Depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo
sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará.
El peso del vaso no cambia, es siempre el mismo. Pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, y
más difícil de soportar se vuelve.”
Y continuó: “Las preocupaciones, los pensamientos negativos, los rencores, el resentimiento, son
como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas en ellos todo el día,
empiezan a doler. Y si piensas en ellos toda la semana, acabarás sintiéndote paralizado, e incapaz
de hacer nada.” ¡Acuérdate de soltar el vaso!
EN BUSCA DE LA AGUJA PÉRDIDA
Una tarde, en un pueblo pequeño donde todos se conocían, un grupo de jóvenes vio a anciana
Rabiya buscando desesperadamente algo en el jardín frente a su choza. Todos se acercaron a la
pobre anciana para ver si la podían ayudar.
-Rabiya, ¿Qué le pasa? ¿Qué ha perdido? ¿Le podemos ayudar? -le preguntaron.
-La anciana con tono triste contestó – perdí mi aguja de oro…
-Al oírla, los jóvenes se pusieron a buscar, pero de repente uno de los jóvenes dijo:
-Rabiya, el jardín es muy extenso y por contra, la aguja es muy pequeña; además pronto anochecerá,
¿Puedes decirnos más o menos por donde se le cayó y así poder centrarnos en esa zona?
-La anciana levantó la mirada, señaló hacia su casa y le contesto: Sí tienes razón. La aguja se me cayó
allí, dentro de casa.
Esto enfadó al grupo de jóvenes- Rabiya, ¿te has vuelto loca? Si la aguja se te cayó dentro de casa,
¿Por qué andamos buscándola aquí afuera?
Entonces Rabiya sonrió y les dijo- Es que aquí afuera hay luz, cosa que dentro de la casa no hay.
El joven que no entendía nada y pensaba que la anciana definitivamente había perdido la cabeza
dijo: Pero aun teniendo luz, si estamos buscando donde no has perdido la aguja, ¿Cómo pretendes
encontrarla? ¿No es mejor llevar una lámpara al interior de la casa y buscarla allí, donde la ha
perdido?
La anciana volvió a sonreír y contestó: sois tan inteligentes para ciertas cosas…. ¿por qué no
empleáis esa inteligencia?
Y continuó diciendo: Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas ¿cuándo vais a emplear esa
inteligencia para vosotros mismos, para vuestra vida interior?. Miles de veces os he visto a todos
vosotros buscando desesperadamente afuera. Buscando aquello que se os ha perdido en vuestro
interior. ¿Por qué buscáis la felicidad alrededor vuestro? ¿Acaso la habéis perdido allí, o realmente,
la habéis perdido en vuestro interior?
EL PROBLEMA
Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el
guardián murió, y había que sustituirlo.
El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor. “Voy a
presentarles un problema dijo-. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.
Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con
una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.
Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana,
la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma?
Todos estaban paralizados.
Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos,
caminó hacia el vaso con determinación, lo retiró del banco y lo puso en el suelo.
“Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: Yo fui muy claro, les dije que estaban
delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que
ser resueltos.
Puede tratarse de un vaso de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino
que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades. Sólo existe
una forma de lidiar con los problemas: afrontarlos. En esos momentos no podemos tener piedad, ni
dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto lleva consigo”.
TODOS TENEMOS GRIETAS
Un hombre cargador de agua de India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un
palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la
otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la
casa de su patrón; en cambio cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy
orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre
vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección, y se sentía miserable porque
solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le hablo al aguatero:
-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar
la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”
El aguatero le dijo compasivamente:
-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del
camino”. Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas flores a lo largo del trayecto. Sin embargo
se sintió apenada porque solo quedaba dentro suyo, la mitad del agua que debía llevar.
El aguatero le dijo entonces:
-“¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus
grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo camino por donde
vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores. Si no fueras
exactamente cómo eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”
LA CASA IMPERFECTA
Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de
jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más
placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse;
ya se las arreglarían de alguna manera.
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como
favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó
su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba
materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era
una infortunada manera de poner punto final a su carrera. Cuando el albañil terminó el trabajo, el
jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido
amigo —dijo-. Es un regalo para ti”. Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia
casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa
imperfecta que había construido!
A veces construimos nuestras vidas de manera distraída, sin poner en esa actuación lo mejor de
nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces, de
repente, vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que
hemos construido. Sí lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
UBUNTU
Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu Africana. Puso una canasta llena de frutas
cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando
dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después
se sentaron juntos a disfrutar del premio. Un valor perdido en la sociedad competitiva. Cuando él
les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron:
“Ubuntu”, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes? Ubuntu, en la
cultura Xhosa significa: Yo soy porque nosotros somos. ¿Qué reflexión te deja a ti esta manera de
comportarse?
EL GUERRERO SAMURÁI
Cerca de Tokio vivía un gran samurái ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar
de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta
tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar
la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado
de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad
fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del
samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron
en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Todos juntos se dirigieron a la plaza de la ciudad
y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le
escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante
horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose
ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los
alumnos le preguntaron:
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo
que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros? El maestro les
preguntó: -Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece
el obsequio? -A quien intentó entregarlo, respondió uno de los alumnos. Lo mismo vale para la
envidia, la rabia y los insultos. -Dijo el maestro, cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a
quien los llevaba consigo.
MATEN AL AMOR
Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el odio, que es el rey de los malos
sentimientos, los defectos y los vicios, convocó a una reunión urgente de todos ellos.
Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron
a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito… Cuando estuvieron todos habló el odio
y dijo: “Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien”… Los
asistentes no se extrañaron mucho pues era el odio el que estaba hablando y el siempre quiere
matar a alguien… Sin embargo, todos se preguntaban entre sí quién sería tan difícil de matar como
para que el odio los necesitara a todos.
“Quiero que maten al Amor”, dijo. Muchos sonrieron malévolamente, pues más de uno le tenía
ganas. El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo:”Yo iré y les aseguro que en un año el
Amor habrá muerto… Provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará”. Al cabo de un año se
reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter, quedaron muy decepcionados. “Lo
siento”, dijo “lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una Discordia el Amor la superaba y
salía adelante”..
Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición, quien haciendo alarde de su poder,
dijo: “En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo
por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará.” Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima
quien, efectivamente, cayó herida. Pero después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo
desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes burlones y perversos,
inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al Amor y lastimarlo con dudas y
sospechas infundadas. Pero el Amor, confundido, lloró y pensó que no quería morir, y con valentía
y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció. Año tras año el odio siguió en su lucha enviando a sus
más hirientes compañeros.
Envió a la Frialdad, al Egoísmo, al Reproche, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos
otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer, tomaba nueva fuerza y
todo lo superaba. El odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: “Nada que
hacer: El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos”.
De pronto, desde un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de
negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver. Su aspecto era fúnebre
como el de la muerte. “Yo matare al Amor”, dijo con seguridad. Todos se preguntaron quién era ese
que pretendía hacer por si solo lo que juntos ninguno había podido. El odio dijo, “ve y hazlo”
Tan sólo había pasado algún tiempo cuando el odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos
para comunicarles que, después de tanto luchar, por fin el AMOR HABÍA MUERTO. Todos estaban
felices, pero sorprendidos. Entonces, el sentimiento del sombrero negro hablo: “Ahí les entrego el
Amor totalmente muerto y destrozado”. Y sin decir más, se marchó. “Espera”, dijo el odio, “en tan
poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo por vivir…
¿¡quién eres?! El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: “SOY LA
RUTINA”………
HÁBIL ARQUERO
Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro
Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica
cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo
tiro. "Ahí está", le dijo al viejo maestro, "¡a ver si puedes igualar eso!".
Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la
montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña
hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con
calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano
árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se
paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin
fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro.
"Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que
te hace errar el tiro".
LOS TRES HIJOS DE BOKUDEN
Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega.
Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo
su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una
puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.
Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor.
Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto
cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la
puerta y saludó a los Maestros.
– Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de
convertirse en Maestro.
A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por
los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.
– Este es mi segundo hijo – explicó al invitado -, aún le queda un largo camino que recorrer.
El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que
tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.
– Y este – respondió el Maestro – es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.
METÁFORA DE LA CARRETA VACÍA
Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino.
Después de un breve silencio le preguntó:
– Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra?
La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:
– Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.
– Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.
Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:
– ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?
Entonces el padre respondió:
– Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la
carreta, mayor ruido hace.
Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación
y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que
poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo:
– Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
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